Shadow miraba atónito como Kinético se esfumaba. Al
mismo tiempo, Garra caía extenuada al suelo mientras el círculo de
sangre se desvanecía. El I-Men se acercó sin dudarlo y la cogió de
la cabeza, parecía seguir viva. A continuación echó un vistazo a
la tarjeta de la chica, contaba con algo menos de una vida, muy poco.
Estando ella inconsciente en medio de un Palacio hostil no era una
muy buena situación, juzgó. De repente sintió la mente de Erzzhia.
-Por fin puedo hablar con vosotros, ¿qué ha
pasado?- Quiso saber.
-Nos
infiltramos correctamente, pero nada mas llegar apareció Kinético-
Shadow sintió como la otra se estremecía- Hemos tenido
que luchar y Garra lo ha derrotado, aunque ahora está muy mal, creo
que voy a volver...
-Entiendo, es
increíble que le hayáis podido derrotar... daros prisa-
Pidió ella.
-Por
supuesto- Aseguró Shadow.
-Un momento-
Insistió- ¿Sabéis qué es lo que pasa allí, cómo el
Gobernador los controla? Hace unos instantes sentimos una alteración
psíquica muy fuerte, una orden proveniente de la torre.
-Debió de ser cuando nos vio pelear, Kinético le
advirtió de nuestros planes, pues nos había leído la mente, se fue
corriendo escaleras arriba, hacía la torre, probablemente fue allí
cuando dio la orden de la que hablas- Aventuró Shadow. Erzzhia
parecía satisfecha con la respuesta y cortó la comunicación.
El I-Men tomó a la rubia en brazos y echó a andar
antes de que el Gobernador decidiera hacer algo personalmente.
Concentró sus fuerzas y, poco a poco, se sumergió de lleno en la
dimensión sombría de dentro de su cuerpo. En el vestíbulo de
piedra blanca tan sólo quedó una diminuta sombra apenas visible,
que se desplazaba.
La sombra no tardó en desaparecer bajo las puertas del
Palacio e irse.
En el patio de la Casa de Curación, el Guerrero y Gaia
encaraban una dura batalla. Rawolf y Dimitri no eran dos
cualesquiera. El primero era muy rápido y brutal, su esencia medio
animal hacía que fuera totalmente impredecible, y era más poderoso
que el propio Capitán a pleno poder. Dimitri no era tan fuerte, sin
embargo era muy rápido, tanto que apenas le podían seguir el ritmo.
De hecho Gaia estaba en desventaja frente a él.
-Celestina- Dijo- Deberíamos cambiar de oponente.
-¿Tú crees?- Respondió el otro mientras esquivaba los
arañazos de Rawolf, de nuevo transformado en un lobo humanoide. El
Guerrero observó a Dimitri y pensó que la otra tenía razón, de
manera que aprovecharon y giraron, sustituyendo a sus rivales.
-Hey chica, no huyas, prefiero tu sangre...- Comentó
Dimitri, visiblemente divertido ante la situación. El Guerrero
pareció enfadarse con lo que había dicho aquel tipo, de manera que
se impulsó con el viento, logrando una gran velocidad. El vampiro
hizo salir sangre de su propio cuerpo y la empezó a manejar como si
fuera un arma. Ambos chocaron y empezaron a intercambiar golpes.
-¡Toma!- Celestina concentró el viento y formó la
Hoja Tornado en torno a su brazo derecho, con el que arremetió,
intentando cortar al otro. Sin embargo su enemigo era muy diestro en
el combate, así que logró evitarlo.
-¡Vaya! Resulta que no eres malo, igual tú me
diviertes más, ¡vamos!- Los ojos de Dimitri se encendieron, rojos,
y algo pareció bullir en su interior, cuando reanudó el ataque, su
velocidad se había duplicado.
-¡Mierda! Eres rápido- Tuvo que admitir el I-Men, que
se dio cuenta de que sólo podría hacer algo si recurría a la
habilidad que había usado contra Lizzarit, ''ver el viento''. Puso
algo de distancia y se concentró- ¡Adelante!- Abrió los ojos y de
nuevo era capaz de observar como las corrientes fluían, enredándose
las unas a las otras y girando. Aprovechando los vientos se movió
con sutileza, de nuevo parecía que estuviera bailado.
-¡Se puede saber qué haces! ¡Estamos peleando!-
Exclamó Dimitri, indignado. El hombre se lanzó, furioso y atacando
con la sangre alrededor de las manos, formando cuchillas. El Guerrero
no se asustó, simplemente esperó el momento adecuado y comenzó a
esquivar a su rival como si ni si quiera se estuviera esforzando, fue
entonces cuando Dimitri cayó en la cuenta de que aquel tipo no era
un cualquiera. Redobló sus esfuerzos y esta vez el I-Men tuvo que
parar algunos golpes.
Viendo que estaban en un punto muerto, Celestina decidió
acumular energía y lanzar un potente ataque para desestabilizar a su
enemigo. Debido a su concentración no le tomó demasiado tiempo y,
cuando lo tuvo listo, liberó todo su poder de golpe, esperando
sorprender al vampiro. Y así fue, Dimitri no se esperaba que el
Guerrero fuera capaz de atacar de esa manera en esas circunstancias,
así que torrente de viento liberado le pilló desprevenido,
atrapándolo y llevándolo de un lado a otro, sin poder hacer nada.
Aprovechando que el enemigo estaba a su merced,
Celestina saltó enarbolando su Hoja Tornado, dispuesto a atravesar
al otro. Sin embargo Dimitri no era tampoco un cualquiera, así que
incluso en medio del vórtice de viento fue capaz de detener al
I-Men. El viento fue cesando y los dejó de nuevo en tierra. Estaban
sudando por el esfuerzo.
-Vaya, eres un sujeto interesante...- Murmuró Dimitri.
El Guerrero Celeste se asqueó ante el comentario del vampiro.
-Pues tú no, no me gustas nada...- Dijo el I-Men.
''Además, ese poder es sumamente raro, ¿en qué consistirá
exactamente? Por lo que he visto parece que puede controlar su propia
sangre, y esas marcas en sus labios, parece que hace poco ha bebido
sangre... es muy sospechoso y tenebroso'', meditaba.
En el otro rincón del patio, Gaia y Rawolf habían
entablado un combate igual de arduo. La rubia había rodeado su
cuerpo de una densa madera mientras hacía brotar raíces y plantas
por todos lados, dispuesta a atrapar al chico. Pero este era
sumamente ágil y lograba evitar casi todas las plantas y, las pocas
que lograban alcanzarle, acababan destrozadas por sus garras.
-¡Grrr!- Gruñó mirando a la I-Men. Una furia animal
le recorría, haciendo que atacara como un auténtico loco, sin tener
en cuenta si quiera su propia seguridad. Se encorvó y el pelaje gris
le cubrió el cuerpo mientras se hacía más espeso. Las garras de
sus extremidades se hacían más afiladas y mortíferas, y sus
colmillos parecían agrandarse. En sus ojos amarillos no se podía
ver ni un vestigio de humanidad.
-No sé que me inspiras exactamente, si lástima o
asco...- Dijo ella, aunque dudaba que pudiera entenderle. Rawolf
mostró una mueca de enfado y se lanzó hacía delante. Gaia invocó
un árbol que creció frente a ella de manera asombrosa. El chico
hundió su garra en el tronco, astillándolo y atravesándolo. La
rubia pudo evitar el ataque por poco, pues el brazo del hombre estaba
ahora atrapado.
Se puso en uno de los laterales mientras levantaba su
brazo que iba haciéndose de madera y aumentando de tamaño. Cuando
estuvo listo propinó un fortísimo golpe desde arriba, como si
manejara un gran mazo. El polvo se levantó y nubló la vista de la
I-Men. Cuando pudo ver de nuevo le sorprendió lo que vio, Rawolf
estaba sujetando su mano con el brazo que tenía libre.
-¡Auuuuuu!- Aulló. Gaia deshizo la transformación y
una sensación de miedo se alojó en su pecho, al parecer aquel chico
tenía la habilidad de infundir un miedo irracional. Haciendo muecas
de esfuerzo, Rawolf liberó el brazo con violencia de la madera. Miró
a la chica y se relamió.
-¡Ni hablar, no seré tu comida!- Hizo crecer un árbol
bajo sus propios pies, para poner distancia entre ella y el lobo,
pero este saltó al techo del edificio para luego impulsarse en
dirección a la copa del vegetal- ¡Idiota, no podrás esquivar en el
aire!- Exclamó ella, saltando sobre él y azuzándolo de nuevo con
su brazo transformado. Esta vez Rawolf no pudo evitarlo y recibió el
golpe de lleno, cayendo con un fuerte estruendo al suelo.
Una de sus vidas bajó un poco, se había herido. Gaia
cayó también, pero evitó hacerse daño invocando unas ramas para
frenarse. Luego miró atentamente al lobo, que parecía aun más
enfadado que antes.
Ambas batallas continuaron combatiendo unos momentos
pero, de repente, sintieron una especie de vibración en el aire.
Dimitri y Rawolf se miraron, tensos. El lobo dio un salto y se
encaramó al techo, mientras el vampiro hacía lo mismo, juntos se
marcharon mientras miraban a los I-Men.
-Este ha sido el primer asalto, cabeza tazón, luego
seguimos- Se burló mientras se marchaban, los I-Men no entendían
que acababa de pasar.
-¿Y esto? ¿Por qué se van?- Preguntaba la chica.
-Ni idea, pero mejor así...- Entonces sintieron en su
mente a Erzzhia.
-Chicos, he percibido algo... parece ser que el
Gobernador ha enviado una nueva orden para que se reagrupen, o algo
así. Los enemigos que estaban por aquí también han huido- Les
explicó. Ambos se miraron, sin saber qué hacer. El Guerrero habló
con su hermana.
-¿Y ahora? ¿Cómo sigue tu plan, oh, gran hermana
mía?- Inquirió, mostrándose sarcástico.
-Lo hablaremos aquí en la casa, cuando estemos todos
juntos, volver, será lo mejor- Les sugirió.
Gaia y Celestina pensaron que, efectivamente, era lo
mejor que podían hacer, así que marcharon en dirección a su casa.
En el trono, el Gobernador observaba las imágenes que
el Orbe retransmitía. Había estado mirando las batallas que se
sucedían a lo largo de la ciudad. Tras las derrotas de Kinético e
Infecto, ellos habían logrado derrotar a la curandera Holy, lo cual
suponía un buen avance. Además, ahora mismo Garra estaba fuera de
juego gracias al Alcalde.
Por eso el Gobernador había pensando que lo mejor sería
reagrupar a los suyos y organizar un ataque más eficiente, si las
cosas seguían así podría sufrir muchas más pérdidas, cosa que no
le interesaba para nada. Le había costado mucho hacer emerger
aquella ciudad, y el Orbe le había ayudado muchísimo, pues
amplificaba los poderes de manera extraordinaria. De no haber sido
por Erzzhia, ahora la ciudad sería mucho más numerosa. De nuevo se
reprendió por no haber tratado de eliminarla antes.
Miró por la ventana, el Sol comenzaba a declinar y se
ocultaba por las montañas. Había llamado a un jugador que tal vez
podría echarle un cable si las cosas se le iban demasiado de las
manos, y no tardaría en llegar. Unos pasos resonaron, se trataba de
su invitado. Este se acercaba cada vez más, hasta que finalmente
apareció por las escaleras. El que entró era pelirrojo y tenía una
gran melena, sus ojos eran azules y fríos, su ropa era oscura.
-Me alegro de verte, Gravitta- Saludó el Gobernador.
-Yo no me alegro mucho, Me...- Comenzó a decir.
-¡¡No digas mi nombre!!- Exclamó enfurecido el
primero- Aquí soy el Gobernador.
-Entiendo... bueno, recibí tu mensaje- Comentó el
científico- Decía que era urgente y he venido, ¿qué diantres
pasa?
-Los I-Men- Los ojos de Gravitta relucieron, ese nombre
era harto importante para él.
-¿Qué han hecho esos ahora?- Inquirió.
-Están en mi ciudad, pensé que podría dominarlos,
pero debido a una pequeña interferencia se han rebelado y me tienen
en jaque- Admitió el otro- Intentaré aplastarlos con la ayuda de
mis ciudadanos, pero no sé si podré, acabo de perder a dos buenos
combatientes.
-¿Quieres que pelee a tu lado? No sé...
-No, no hace falta- Respondió el Gobernador- Al menos
espero que no haga falta. Supongo que tras estos días ya habrás
reclutado un nuevo equipo, ¿no?
-En efecto- Gravitta sonrió- Somos los Siete
Destructores.
-Bonito nombre- Ironizó el otro- Ahora en serio, si
estamos en serios problemas, me gustaría que mandaras a tu equipo,
al menos a alguno de ellos. Recuerda que gracias a mi pudiste
encontrar a varios...
-Lo recuerdo- Gravitta parecía meditarlo- Bueno, no es
que me haga especial ilusión, pero eres un buen aliado, así que si
es necesario mandaré a mi equipo.
-Gracias, ahora estoy más tranquilo- El Gobernador se
recostó contra el respaldo del trono y señaló una de las sillas
que había alrededor del Orbe- ¿Por qué no te sientas? Está
anocheciendo, sería buena idea que te quedaras, no quiero ser un
anfitrión desagradecido. Mis chicos no tardarán en volver, estaría
bien que los conocieras.
-De acuerdo.
Un poco a regañadientes y para no ser descortés,
Gravitta se sentó. En efecto, no tardaron en aparecer poco a poco
personas que se iban reuniendo allí. Primero entró un hombre alto
de melena castaña y ojos penetrantes y oscuros. Llevaba una
gabardina negra y un sombrero. Justo detrás de él iba un chico
joven con pintas góticas y pelo grasiento, tenía unos andares
renqueantes, como si sufriera de un dolor agudo en la piernas
derecha. El Gobernador los presentó como Dimitri y Rawolf. Unos
instantes después entraron tres chicas. Una de ellas era bajita y
morena, de ojos muy bellos, respondía al nombre de Candy Soul. La
siguiente era alta y delgada, con un cuerpo atlético recubierto de
tatuajes tribales, parecía fuerte. Tenía el pelo moreno y los ojos
plateados. La última era de estatura media, espalda ancha y pelo
rubio, sin embargo no era precisamente guapa, y una herida que le
cruzaba la cara la afeaba un poco. Se trataban de Silver y Amazón.
Por último, entró un hombre alto y de porte regio. Tenía el pelo
castaño y corto, a la altura de las orejas. Presentaba una
incipiente barba que le quedaba bastante bien. Su nombre era Light
Knight.
-Ya estamos todos- Anunció. Gravitta miró al hombre y
su mirada era muy clara, ''¿este es tu ejército?'', pensaba- No te
preocupes amigo, aun hay dos ahí afuera.
-¿Y cómo es que no vienen?- Preguntó el científico.
-Están entretenidos- El Orbe reflejó a Llama Helada y
a Womenice peleando con ferocidad contra el Capitán y Demongirl.
Gravitta casi saltó hacía delante, sorprendido.
-¿¡Llama Helada está de tú lado!?- Preguntó
asombrado.
-En efecto, Erzzhia no llegó a tiempo con él...- Miró
la imagen- A todos les he dado órdenes de volver, pero parece que
Womenice tiene problemas por culpa de ese vasco, y no me conviene
perder más gente... Light Knight, ve allí y asegúrate de que ambos
volvéis sanos y salvos.
Light Knight le miró con unos ojos reprobatorios y
marchó sin decir nada. Los demás permanecían en sus sitios, sin
decir nada, como autómatas.
-No parecía muy contento- Susurró Gravitta.
-Él es muy fuerte, si me hace caso es porque quiere a
Womenice, y ella si está bajo mi influjo...
-¿Y los demás?- Siguió el científico.
-Nos escuchan y nos entienden, pero no pueden pensar por
si mismos, dependen de lo que les ordene, así que no te preocupes.
-Entiendo- Entonces el pelirrojo cayó en la cuenta de
algo- Has dicho que vuelvan Womenice y Light Knight... pero, ¿qué
piensas hacer con Llama?
-A él le he dado una orden distinta...- Tras la máscara
se dibujó una cruel sonrisa- Su orden es eliminar a Demongirl.
En el Almacén helado, la pelea de hielo contra los
I-Men continuaba. Demongirl y el Capitán habían estado recibiendo
periódicamente noticias a través de la comunicación con Erzzhia,
de manera que sabían como estaban yendo el resto de las peleas.
También sabían que ellos eran los últimos, y cada vez las
probabilidades de devolver a Llama Helada a la normalidad parecían
más remotas.
El Capitán se enfrentaba a Womenice, pero cada vez la
deba la sensación de que algo iba mal. La chica no paraba de reír
de manera frenética, parecía histérica. Además le sacaba la
lengua constantemente, como burlándose de él. Pero lo que más
sacaba de quicio era que no parara de llamar a Llama, ''cariño'',
por respeto a Demongirl.
-¡Cariño, este no es ni la mitad de fuerte que tú!-
Decía en esos momentos. El vasco ni lo pensó, lanzó su escudo con
todas las fuerzas que pudo. Cortando el aire, el escudo destrozo las
criaturas de hielo de la chica y le pasó rozándola, haciéndole una
diminuta herida- ¡Ni si quiera puedes acertarme!
El I-Men se lanzó hacía delante, dispuesto a atacarle
con todas sus fuerzas, pero el frío estaba haciendo mella en su
cuerpo, a pesar de que su traje era aislante. Womenice no era tan
rápida como él, sin embargo lograba evitarle haciendo uso de su
hielo de las maneras más astutas, congelando el suelo, o incluso
llamando criaturas. En un momento en el que estaba cerca de la pared,
donde se había incrustado el escudo, aprovechó para recuperarlo.
-Bueno, me estoy aburriendo ya de ti, chico- Dijo la
rubia, que a continuación acumuló energías en las manos mientras
las juntaba.
-A ver con qué me sorprendes ahora...- Susurró para si
el I-Men.
-¡Adelante!- Una poderosa corriente de frío se
arremolinó frente a ella y el hielo comenzó a tomar forma. Hasta
entonces había estado utilizando criaturas medianas, más bien
pequeñas, pero nada había preparado al Capitán para enfrentarse a
un gigantesco mamut de tres metros de alto. La masa de hielo parecía
estar completamente viva y, con furia, embistió con los poderosos
cuernos.
-¡Furia Vasca!- Rugió el Capitán imbuyéndose en el
aura roji-blanca mientras agarraba los cuernos de la bestia. Comenzó
una batalla de voluntades, la de Womenice y su monstruo, y la del
Capitán, que rugía furioso. Durante unos instantes que se hicieron
eternos, parecía que ninguno de los dos fuera a ceder, pero, de
repente, el mamut retrocedió unos centímetros.
-¿¡Qué!?- Vociferó la chica- ¡No puede ser, es mi
gran Creación! ¡Vamos Mamut de mierda, tumba a ese fantoche!
El Vasco se enfureció aun más cuando escuchó como
hablaba al animal, aunque fuera de hielo. A pesar del frío, el
esfuerzo hacía sudar al I-Men, que reunió sus energías y las lanzó
contra el animal, todas a una. Finalmente logró empujarlo y hacer
que cayera. A continuación saltó sobre este, aún con la furia
vasca activada, y lo empezó a destrozar con los puños. En ello
estaba, cuando de golpe apareció Womenice por detrás sujetando un
cristal de hielo.
-¡Muérete!- Gritaba como loca mientras blandía el
cristal de un lado a otro. Era evidente que no estaba acostumbrada a
manejar armas y que había perdido el norte. El Capitán era mucho
más diestra que ella, así que la evadió sin problemas y le asestó
un duro derechazo que la mando a volar contra la pared. Pero no se
escuchó el ruido propio de un choque. Cuando el I-Men volvió la
vista descubrió a un chico alto y delgado que sostenía a Womenice.
-¿Estás bien, cariño?- Preguntaba él, protector.
Ella parecía estar medio inconsciente.
-¡Quita, no te necesito!- Gritó furiosa mientras
pataleaba como una niña. El hombre tuvo que dejarla en el suelo-
¿Qué haces aquí, Light?
-El Gobernador me ha mandado aquí para sacarte de esta
nevera- Susurró él, evidentemente se le notaba frustrado por algún
motivo. La rubia no parecía satisfecha con la respuesta, pero tuvo
que hacerle caso.
-Está bien, ¿y Llama Helada?- Preguntó.
-No he recibido órdenes con respecto a él, vámonos-
Pero ella se negó.
-¡No me iré sin él!- Light Knight no pareció
conforme con la respuesta, pues enarcó una ceja y mostró cara de
descontento. Se movió a una velocidad increíble y noqueó a
Womenice como si fuera la cosa más fácil del mundo. Antes de
dejarla caer cogió su peso muerto y se lo cargó a los hombros. Iba
a irse por la puerta, pero el Capitán no podía permitir que
escaparan.
-¡Alto ahí! No puedo permitir que escapéis- Les dijo.
El hombre exhaló un suspiro hastiado.
-Mira Capitán, ahora mismo no quiero tener que pelear,
tan sólo poner a salvo a esta idiota, así que más te vale dejarme
pasar- Contestó el otro, mordaz. El Capitán bajó la cabeza, como
preparándose para cargar, pero antes de hacer nada, Light ya estaba
sobre él, atacándole con lo que parecía ser una espada brillante.
Hubo un fuerte destello, después un fogonazo, todo
seguido de un gran estruendo. El Capitán se liberó del montón de
estanterías que le habían caído encima para descubrir una pequeña
herida en el abdomen. Miró en derredor y allí estaba su enemigo,
mirándole por encima del hombro, ni si quiera había bajado a
Womenice del hombro. Un escalofrío que nada tenía que ver con la
temperatura recorrió el cuerpo del I-Men. Haciendo acopio de valor
enarboló su escudo y se lanzó contra el hombre. Light volvió a
atacar con esa espada brillante, y esta vez el Capitán supo
responder con su escudo, bloqueándolo.
El otro se quedo sorprendido, pero tan sólo un
instante, recuperó en seguida la compostura. Entonces su cuerpo
comenzó a iluminarse, como si emitiera una especie de energía. Se
movió y ya no estaba en el campo de visión del vasco, quien, más
por instinto que por otra cosa, se giró y levantó el escudo. Había
adivinado bien, Light Knight se había puesto a su espalda
aprovechando esa ''velocidad'', aunque parecía más bien que era
intocable, el I-Men ni si quiera le había visto. Bloqueó el segundo
ataque y retrocedió, Light estaba sudando.
-Vaya, pensaba derrotarte rápido, pero eres un hueso
duro, no me he topado con muchos como tú, Capitán Vasco- Dijo el
hombre admitiendo la pericia del otro.
-Gracias, pero es mi deber. Debo derrotaros- Contestó.
-Piénsalo, si no me paro a pelear contigo es por
Womenice. Has visto mi poder, si quisiera podría pelear contigo y tu
amiga y derrotaros- Explicó- Te estoy haciendo un favor al
ignorarte, así que déjame salir de aquí y ayuda a tu amiga con
Llama Helada. Si os dais prisa tal vez podáis huir a tiempo.
El Capitán Vasco lo pensó seriamente, quizá aquel
tipo tuviera algo de razón. Era muy fuerte, y lo más importante
ahora era volver con Demongirl y encargarse de Llama Helada.
Finalmente asintió y dejó el camino despejado.
-Gracias- Susurró Light Knight, quien se fue por la
puerta sin más. El I-Men revisó su tarjeta, aún le quedaban todas
las vidas, aunque la tercera estaba algo bajada. Sacudió la cabeza,
no creía que hubiera tipos tan fuertes. Fue hasta donde se
encontraba Demongirl y la encontró luchando con fiereza.
-¡Ah!- Gritaba mientras agitaba las espadas. Llama
Helada, totalmente congelado, las paraba con las cuchillas de sus
brazos. El Capitán corrió y atacó a su antiguo compañero, dando
así un respiro a la chica.
-¿Cómo va la cosa? ¿No logra nada Erzzhia?- Preguntó
entre jadeos mientras asestaba golpes con ambos brazos, que el otro
resistía.
-Parece ser que no, y no se me ocurre ninguna manera de
hacerle volver en sí- Dijo ella, visiblemente dolida. Unas lágrimas
acudieron a sus ojos, pero apretó los parpados e intentó evitar que
cayeran.
-Según Erzzhia, alguien le ''controlaba'', ¿no?-
Preguntó el vasco. La chica asintió, pesarosa. El Capitán esbozó
una sonrisa- Entonces derrotemos al Gobernador, podemos obligarle a
devolver a la normalidad a Llama.
-Claro, es buena idea- En ese momento la hermana de
Celestina les habló.
-No he podido evitar ''escuchar'' lo que decíais,
creo que es mala idea- Dijo en un tono que no admitía réplica-
Por lo que sabemos ellos son unos nueve o diez... ¿iréis ahora
al Palacio a luchar contra ellos en estas circunstancias? Lo mejor
sería que noquearais a Llama Helada y lo traigáis, tal vez en
persona pueda hacer algo...
El silencio les envolvió. Llama Helada les miraba,
estaba en esos momentos maquinando algo para poder hacerles frente.
Demongirl tuvo que darle la razón a la otra, así que se encaró de
nuevo a su ex-novio. El Capitán hizo ademán de luchar también,
pero la I-Men levantó un brazo, deteniéndole.
-Déjame, yo me encargo de esto...- Susurró. El vasco
iba a protestar, pero ella le fulminó con la mirada. Dándose cuenta
de lo inútil que sería insistir, retrocedió.
-Dejaros de cháchara, vamos a terminar esto...- Dijo
Llama, crispado. Su cuerpo empezó a temblar y, de repente, su mitad
derecha empezó a arder, como si fuera una antorcha. Casi al instante
el ambiente se caldeó. Sin decir nada más, el hombre saltó hacía
delante mientras manipulaba el fuego.
Demongirl hizo uso de sus piernas demoníacas y se
desplazó a gran velocidad, eludiendo los ataques ígneos. ''Debo
dejarle KO, así podremos llevarlo...'', pensaba. Dándose fuerzas
con ese pensamiento, aumentó la velocidad y se situó tras el otro.
Llama Helada giró a toda prisa para evitar el golpe, pero era tarde,
el puñetazo de la I-Men fue contundente. Salió disparado varios
metros y cayó inerte al suelo. Había perdido una vida, pero el
golpe fue en la sien, de manera que estaba inconsciente. La chica se
relajó, lo había logrado. Iba a deshacer su transformación cuando,
de repente, pasó algo.
El cuerpo de Llama Helada se levantó. El Gobernador,
que estaba viendo el combate, no iba a dejar que se lo llevaran tan
fácilmente. Usando el Orbe le había ordenado que se levantara y
peleara. Le había costado, pero el ex-I-Men logró ponerse en pie.
-Esto aún no se acaba...- Dijo, furioso.
En la casa reinaba la penumbra. El Sol apenas alumbraba
ya. En el salón de la casa de los I-Men estaban Erzzhia, Waver, Kya
y Eliart. Cada uno en una silla, ponían al corriente al líder de
todo lo que había pasado desde la mañana. Revelación seguía
postrado en el sofá, aun febril y sin poder despertar.
-Entiendo... supongo que después de ver como ha
reaccionado la ciudad, debemos asumir que tenías razón- Dijo Eliart
mientras miraba a la hermana del Guerrero, quien asintió- Entonces
tenía razón, mis instintos no me fallaban. Pero esto nos coloca en
una situación muy mala- Continuó pensando en voz alta. Waver se
inclinó en la silla.
-Una cosa, ¿dónde está Holy?- Eliart apretó los
labios. No quería hablar aún de ello, lo mejor era que el Guerrero
fuera el primero en saberlo. Erzzhia se había enterado de todo al
contactar por primera vez con él, pero tuvo la prudencia de no decir
nada. Todos miraban al joven.
-Bueno, será mejor que lo explique cuando estemos
todos- Respondió de manera escueta. Miró a Erzzhia- ¿Les queda
mucho a los demás?
-Un segundo- Se llevó las manos a la cabeza, para
concentrarse. Cuando estaba conectado a alguien podía establecer su
ubicación concreta, siempre y cuando no estuviera muy lejos- Están
llegando, en unos minutos estarán aquí.
Nada más decir esas palabras la puerta se abrió. Se
trataba de Shadow, que llevaba en brazos a una inconsciente Garra
Nocturna. La tumbaron entre varias sillas mientras Kya iba corriendo
a abrazar al chico, estaba muy preocupada pese a que Erzzhia le decía
que estaba bien. Él les contó de primera mano todo lo que había
pasado en el Palacio, incluida la batalla contra el Alcalde,
Kinético. Eliart parecía sorprendido por todo lo que había pasado
sin que él tuviera la menor idea. Estaba algo enfadado con sus
amigos por no haberle avisado antes, pero en seguida se dio cuenta de
que habían actuado como mejor pudieron, y no se lo reprochó.
Además, aún se sentía muy culpable por la muerte de Holy, tendría
que haber insistido más en que no fueran allí, pensaba.
Al cabo de unos minutos, tal y como Erzzhia había
predicho, aparecieron Gaia y el Guerrero, que habían acudido con
toda la velocidad que les fue posible. Ambos parecían estar en
buenas condiciones, así que se sentaron junto a los demás.
Relataron la búsqueda por las calles de la Casa de Curación, como
encontraron a Eliart y como más tarde combatieron al vampiro y al
hombre lobo. Erzzhia entonces les puso al corriente del combate en el
Palacio y de los combates contra Candy Soul, Silver y Amazón.
-Así que ya veis, creo que es evidente que el
Gobernador se trae algo entre manos... no logro entender como ha
podido manipular a tanta gente, pero lo ha hecho. No tenían motivos
para atacarnos- Comentó Erzzhia.
-¿Y si nos atacan porque hemos entrado en el Palacio?-
Sugirió Shadow.
-No creo, como has dicho, Kinético os atacó nada más
veros, no esperó a que le dierais ninguna explicación. Además
advirtió al Gobernador- Repuso ella- Llama Helada nunca hubiera
actuado como lo hizo si no fue obligado, de eso estáis seguros, ¿no?
-Si, eso es cierto- Admitió Waver.
-Eso es una prueba de que es capaz de controlar a las
personas y engañarlas- Continuó Erzzhia, implacable- Luego está el
hecho de que a todos nos atacaran más o menos simultáneamente. Los
que hasta entonces eran amables de repente eran terribles enemigos,
¿cómo pudo organizar de esa manera a la ciudad? Creo que los maneja
como títeres- Levantó un dedo- Y, por último, apuesto a que no
habéis visto a nadie en la calle mientras volvíais. Ahora que su
ayudante mentalista no está con él y que está concentrado en
dirigir a sus súbditos, no se ha preocupado de crear las ilusiones
de las personas...
-Joder, tienes razón- Comentó Eliart- No sé qué
hubiéramos hecho sin ti- Ella sonrió en respuesta a la sonrisa del
líder. Entonces el Guerrero se levantó.
-Un segundo, ¿y Holy?- Preguntó, asustado de golpe-
¿Está arriba descansando? Gaia me comentó que se había ido antes,
y no la había visto...- Eliart miró al suelo. La hermana de
Celestina puso mala cara.
-Verás...- Comenzó Eliart. Miró a los ojos al
Guerrero-... Dimitri, el vampiro, la eliminó- Dijo secamente. El
Guerrero se desplomó sobre la silla. Parecía que le costaba
asimilarlo. Miró de nuevo al líder y luego a los demás. Entonces
las lágrimas aparecieron en su rostro. Con un evidente esfuerzo se
levantó y se fue a la cocina.
-¿Estás bien?- Preguntó Shadow. El Guerrero ni le
miró y pasó de largo.
-Necesitará estar solo un rato- Sugirió Kya, mientras
abrazaba al moreno. Waver estaba silenciosa, Holy era una buena
amiga, la conocía desde el primer día de juego. Pensó en su
hermano, no quería perderle a él también. Erzzhia se levantó y
miró por la ventana, en parte para alejarse del ambiente que se
había creado en el salón, la tensión era palpable.
La noche se cernía ya sobre la ciudad, apenas quedaban
unos minutos de luz. Afortunadamente, esa era una noche de Luna
llena, así que a pesar de todo, no estarían a oscuras. Envió un
mensaje mental a Demongirl, ''daros prisa'', decía.
En el Almacén la situación no era fácil. De alguna
manera Llama Helada se había recuperado del noqueamiento, y ahora
estaba de nuevo en actitud de combate. El Fuego ardía con ferocidad
a su alrededor mientras el hielo congelaba su otra mitad. Agitó el
brazo llameante y lanzó numerosas bolas de fuego, que fueron contra
Demongirl. La chica estaba demasiado atónita para responder, y
recibió el impacto de algunas de ellas. Entonces el Capitán se
interpuso y frenó unas cuantas con su escudo. Avergonzada, apartó
al hombre.
-Deja, ya estoy bien, puedo con esto- Aseguró. El vasco
se apartó a regañadientes. Llama Helada no dio un solo momento de
tregua, en seguida fue a por la chica, que le esperaba. Con el brazo
helado creó una poderosa espada que agarró con ambas manos. La
blandió con maestría, haciendo retroceder a la I-Men. Ella intentó
bloquear la gigantesca espada, pero era imposible, al final sus
propias espadas acabaron destrozadas.
-¡Ja, toma eso!- Agitó de nuevo el hielo y a punto
estuvo de hacerle una herida más seria. Demongirl retrocedió para
pensar y entonces tuvo una idea. Se concentró y llamó a su espada
más fuerte. Frente a ella apareció la gran Claymore de doble filo,
casi tan grande como ella misma. La agarró, pero se dio cuenta de
que apenas era capaz de levantarla. Llama Helada aprovechó el
momento, viendo que ella no se movía, y agitó su propia arma.
-¡Mierda!- La I-Men alzó como pudo la espada, pero era
demasiado pesada. Recibió un fuerte impacto en el costado y salió
lanzada contra un montón de cajas de madera, que amortiguaron su
caída. Había perdido la mitad de la vida. Maldijo por lo bajo.
¡Pues claro! No tenía activados los brazos demoníacos, así no era
capaz de manejarla bien. ¿Podría usarlos mientras usaba también
las piernas? Se levantó y llamó a todas las reservas de energía
que poseía.
-¿Qué haces niña?- Escupió Llama Helada mientras la
miraba. Ella no le contestó, necesitaba reunir todas sus fuerzas- No
pienso esperar a ver qué haces...- Iba a ir a por ella, pero
entonces sintió algo en la espalda, alguien le había lanzado un
pedazo de hielo. Se giró y vio como el Capitán Vasco sostenía otro
en la mano- ¿Qué pasa? ¿No puedes atacarme tú mismo?
-Si puedo, Patxi, pero tan sólo te entretengo un poco,
para darle tiempo a ella- Contestó socarronamente mientras sonreía.
Entonces hubo un estallido de energía proveniente de la I-Men. La
onda de choque hizo trastabillar a los otros dos.
Los dos hombres miraron a tiempo para ver la
transformación. Los brazos de la chica se agitaban en el aire, un
aura oscura los rodeó. Las escamas negras empezaron a cubrirlos
lentamente, desprendiendo una poderosa energía que pulsaba, como si
latiera. Demongirl abrió los ojos y estos eran ahora rojos y
brillantes.
-¡¡Ah!! ¡Brazos demoníacos!- Bramó, haciendo que el
hielo se quebrara con su potente vozarrón. A continuación el
ambiente se relajó. Ella cogió su Claymore, esta vez sin
dificultad, y miró con dureza a Llama Helada- Te pienso traer de
vuelta, aunque sea lo último que haga.
Ambos se lanzaron el uno contra el otro, dispuestos a
darlo todo, aunque por motivos distintos. Él quería asesinarla, tal
y como el Gobernador le ordenaba. Ella, en cambio, quería traerle de
vuelta, para poder estar a su lado. Hubo un choque de fuerzas y la
energía echó atrás al Capitán, que se cubría con un brazo.
Cuando pudo mirar de nuevo quedó maravillado. Era un combate
increíble, ella mostraba una entereza envidiable, mientras que él
hacía gala de un estilo sumamente pulcro y cuidado, como si hubiera
combatido toda su vida.
Demongirl estaba ofuscada en esos momentos, hasta
entonces nunca se había sentido tan llena de poder pero, ¿de qué
le valía? Con ese poder no era capaz de traer de vuelta a Llama
Helada, cada vez la obligaba a ir más lejos, a atacar con más
rudeza, a ser más y más fuerte. Si las cosas seguían así, podían
acabar muy mal, tarde o temprano no sería capaz de controlarse, ella
estaba hecha para pelear con todo. Mientras las armas chocaban podía
ver sus ojos, encendidos, casi parecían los mimos ojos que la
miraban con ternura por la noche, o mientras daban un paseo. Aquellos
ojos la habían mirado con infinito amor, con verdadera pasión. Y
ahora, en cambio, la miraban con una furia ciega, con enfado. No pudo
evitarlo, empezó a llorar sin remedio mientras peleaba.
El Capitán observó como ella empezaba a llorar. Se le
encogía el corazón al pensar en lo fuerte que tenía que ser su
situación. No pudo evitar dejarse llevar por sus recuerdos y pensar
en su tierra y en su familia y, como no, también pensó en Ana, su
gran amiga. Aunque, en el fondo, para él era mucho más que sólo
eso, a pesar de no atreverse a hacer nada. Un nuevo estallido de
energía le sacó de su ensimismamiento. Llama Helada rodeaba su
espada con un fuego especialmente fuerte. Demongirl gritaba.
-¡Para Llama!- Se notaba desesperación en su voz- ¡Soy
yo, soy yo!- Las lágrimas, saladas, no dejaban de caer. Ahora que
había empezado se veía incapaz de parar. El antiguo I-Men la miró,
desconcertado, como si algo en su cabeza hubiera reaccionado, luego
la sacudió con fuerza, parecía confuso.
-¡Cállate niña!- Rugió- ¡Deja de intentar
confundirme, voy a matarte!
Y no dijo nada más. Se impulsó hacía delante,
poniendo frente a él la espada helada envuelta en llamas. El Capitán
observo intranquilo que Demongirl Se dejaba caer en el suelo,
desactivando sus poderes, ¡se había rendido! El I-Men reaccionó al
instante.
-¡Furia Vasca!- El aura acudió a él al momento,
producto de la desesperación. Sin pensarlo lanzó su escudo, que
atravesó el Almacén en una milésima de segundo. Llama Helada
estuvo a punto de ser alcanzado, pero se había apartado justo en el
momento adecuado. Al menos había logrado retenerle unos instantes
cruciales. El vasco no esperó, se lanzó también.
Los dos hombres chocaron con violencia, la llamaradas
salían despedidas en todas direcciones, Demongirl ya ni si quiera
les miraba.
-¡Cómete esto! ¡Por Patxi! ¡Ahhhh!- Rugía furioso.
Llama Helada no podía reaccionar con la suficiente velocidad y
recibía un golpe tras otro. Finalmente el vasco concentró toda su
fuerza y lanzó su mejor golpe- ¡Ira Vasca!
El golpe fue contundente y decisivo, lanzó al ex-I-Men
contra la pared, haciendo que perdiera su segunda vida y dejándole
en un estado lamentable. Demongirl chilló.
-¡David, David!- Gritaba como una histérica. Llama
Helada logró incorporarse, pero era evidente que no podía continuar
con la pelea. La chica llegó hasta él e intento abrazarle, pero se
deshizo de ella con un ademán furioso.
-¡Quita! ¡Aléjate de mi!- Exclamó. Ella le miró y
descubrió que era él de nuevo, cosa que le sorprendió- Lo siento,
Capitán, perdóname... ¡Debéis iros, voy a estallar!
-¿¡Qué!?- Exclamó el vasco- ¡No digas bobadas, vas
a volver con nosotros!
-Eso, ¡ven!- Le animó ella. Pero el alto negaba con la
cabeza.
-No, ya no me puedo controlar a mi mismo, alguien está
obligándome, no puedo pararme, sólo sé que me hará volar en mil
pedazos con mi poder... os pido que os vayáis, por favor...- Su
mirada era muy expresiva, no le quitaba ojo a Demongirl. Mientras
hablaba el fuego se iba haciendo cada vez más y más intenso, al
tiempo que se concentraba en su cuerpo. Pronto él mismo tomó un
color rojizo muy peligroso, similar a la superficie del Sol- No queda
mucho tiempo, voy a morir, iros.
-¡No! ¡Si hace falta moriré contigo!- Decía ella.
-¡No! Tú debes vivir... escucha...- Bajó la cabeza-
Te quiero, siempre te querré, pero no mueras por mi, vete y vive, y
gana esto. Venga mi muerte...- Bajó la cabeza y no volvió a
mirarles- Capitán, te lo pido por favor... llévatela...
-¡¡No, no!!- El Vasco hizo caso de la última petición
de su amigo y, con asombrosa dificultad, logró arrastrar a
Demongirl. Ella le daba codazos y puñetazos- ¡¡No, déjame,
déjame!!
El Capitán comenzó a llorar, abrumado por las
emociones y se obligó a seguir adelante. Golpeó a la chica y salió
del Almacén justo en el momento en que un poderoso estallido
resonaba. Una ola de fuego llegó hasta ellos y los hizo caer al
suelo, hiriéndoles. Una voz resonó, no muy lejos. La voz decía:
Jugador: Llama Helada, poder: Fuego y hielo, estado:
eliminado.
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