domingo, 21 de julio de 2013

Capítulo 32 - 'Consecuencias'

Shadow miraba atónito como Kinético se esfumaba. Al mismo tiempo, Garra caía extenuada al suelo mientras el círculo de sangre se desvanecía. El I-Men se acercó sin dudarlo y la cogió de la cabeza, parecía seguir viva. A continuación echó un vistazo a la tarjeta de la chica, contaba con algo menos de una vida, muy poco. Estando ella inconsciente en medio de un Palacio hostil no era una muy buena situación, juzgó. De repente sintió la mente de Erzzhia.
-Por fin puedo hablar con vosotros, ¿qué ha pasado?- Quiso saber.
-Nos infiltramos correctamente, pero nada mas llegar apareció Kinético- Shadow sintió como la otra se estremecía- Hemos tenido que luchar y Garra lo ha derrotado, aunque ahora está muy mal, creo que voy a volver...
-Entiendo, es increíble que le hayáis podido derrotar... daros prisa- Pidió ella.
-Por supuesto- Aseguró Shadow.
-Un momento- Insistió- ¿Sabéis qué es lo que pasa allí, cómo el Gobernador los controla? Hace unos instantes sentimos una alteración psíquica muy fuerte, una orden proveniente de la torre.
-Debió de ser cuando nos vio pelear, Kinético le advirtió de nuestros planes, pues nos había leído la mente, se fue corriendo escaleras arriba, hacía la torre, probablemente fue allí cuando dio la orden de la que hablas- Aventuró Shadow. Erzzhia parecía satisfecha con la respuesta y cortó la comunicación.
El I-Men tomó a la rubia en brazos y echó a andar antes de que el Gobernador decidiera hacer algo personalmente. Concentró sus fuerzas y, poco a poco, se sumergió de lleno en la dimensión sombría de dentro de su cuerpo. En el vestíbulo de piedra blanca tan sólo quedó una diminuta sombra apenas visible, que se desplazaba.
La sombra no tardó en desaparecer bajo las puertas del Palacio e irse.


En el patio de la Casa de Curación, el Guerrero y Gaia encaraban una dura batalla. Rawolf y Dimitri no eran dos cualesquiera. El primero era muy rápido y brutal, su esencia medio animal hacía que fuera totalmente impredecible, y era más poderoso que el propio Capitán a pleno poder. Dimitri no era tan fuerte, sin embargo era muy rápido, tanto que apenas le podían seguir el ritmo. De hecho Gaia estaba en desventaja frente a él.
-Celestina- Dijo- Deberíamos cambiar de oponente.
-¿Tú crees?- Respondió el otro mientras esquivaba los arañazos de Rawolf, de nuevo transformado en un lobo humanoide. El Guerrero observó a Dimitri y pensó que la otra tenía razón, de manera que aprovecharon y giraron, sustituyendo a sus rivales.
-Hey chica, no huyas, prefiero tu sangre...- Comentó Dimitri, visiblemente divertido ante la situación. El Guerrero pareció enfadarse con lo que había dicho aquel tipo, de manera que se impulsó con el viento, logrando una gran velocidad. El vampiro hizo salir sangre de su propio cuerpo y la empezó a manejar como si fuera un arma. Ambos chocaron y empezaron a intercambiar golpes.
-¡Toma!- Celestina concentró el viento y formó la Hoja Tornado en torno a su brazo derecho, con el que arremetió, intentando cortar al otro. Sin embargo su enemigo era muy diestro en el combate, así que logró evitarlo.
-¡Vaya! Resulta que no eres malo, igual tú me diviertes más, ¡vamos!- Los ojos de Dimitri se encendieron, rojos, y algo pareció bullir en su interior, cuando reanudó el ataque, su velocidad se había duplicado.
-¡Mierda! Eres rápido- Tuvo que admitir el I-Men, que se dio cuenta de que sólo podría hacer algo si recurría a la habilidad que había usado contra Lizzarit, ''ver el viento''. Puso algo de distancia y se concentró- ¡Adelante!- Abrió los ojos y de nuevo era capaz de observar como las corrientes fluían, enredándose las unas a las otras y girando. Aprovechando los vientos se movió con sutileza, de nuevo parecía que estuviera bailado.
-¡Se puede saber qué haces! ¡Estamos peleando!- Exclamó Dimitri, indignado. El hombre se lanzó, furioso y atacando con la sangre alrededor de las manos, formando cuchillas. El Guerrero no se asustó, simplemente esperó el momento adecuado y comenzó a esquivar a su rival como si ni si quiera se estuviera esforzando, fue entonces cuando Dimitri cayó en la cuenta de que aquel tipo no era un cualquiera. Redobló sus esfuerzos y esta vez el I-Men tuvo que parar algunos golpes.
Viendo que estaban en un punto muerto, Celestina decidió acumular energía y lanzar un potente ataque para desestabilizar a su enemigo. Debido a su concentración no le tomó demasiado tiempo y, cuando lo tuvo listo, liberó todo su poder de golpe, esperando sorprender al vampiro. Y así fue, Dimitri no se esperaba que el Guerrero fuera capaz de atacar de esa manera en esas circunstancias, así que torrente de viento liberado le pilló desprevenido, atrapándolo y llevándolo de un lado a otro, sin poder hacer nada.
Aprovechando que el enemigo estaba a su merced, Celestina saltó enarbolando su Hoja Tornado, dispuesto a atravesar al otro. Sin embargo Dimitri no era tampoco un cualquiera, así que incluso en medio del vórtice de viento fue capaz de detener al I-Men. El viento fue cesando y los dejó de nuevo en tierra. Estaban sudando por el esfuerzo.
-Vaya, eres un sujeto interesante...- Murmuró Dimitri. El Guerrero Celeste se asqueó ante el comentario del vampiro.
-Pues tú no, no me gustas nada...- Dijo el I-Men. ''Además, ese poder es sumamente raro, ¿en qué consistirá exactamente? Por lo que he visto parece que puede controlar su propia sangre, y esas marcas en sus labios, parece que hace poco ha bebido sangre... es muy sospechoso y tenebroso'', meditaba.
En el otro rincón del patio, Gaia y Rawolf habían entablado un combate igual de arduo. La rubia había rodeado su cuerpo de una densa madera mientras hacía brotar raíces y plantas por todos lados, dispuesta a atrapar al chico. Pero este era sumamente ágil y lograba evitar casi todas las plantas y, las pocas que lograban alcanzarle, acababan destrozadas por sus garras.
-¡Grrr!- Gruñó mirando a la I-Men. Una furia animal le recorría, haciendo que atacara como un auténtico loco, sin tener en cuenta si quiera su propia seguridad. Se encorvó y el pelaje gris le cubrió el cuerpo mientras se hacía más espeso. Las garras de sus extremidades se hacían más afiladas y mortíferas, y sus colmillos parecían agrandarse. En sus ojos amarillos no se podía ver ni un vestigio de humanidad.
-No sé que me inspiras exactamente, si lástima o asco...- Dijo ella, aunque dudaba que pudiera entenderle. Rawolf mostró una mueca de enfado y se lanzó hacía delante. Gaia invocó un árbol que creció frente a ella de manera asombrosa. El chico hundió su garra en el tronco, astillándolo y atravesándolo. La rubia pudo evitar el ataque por poco, pues el brazo del hombre estaba ahora atrapado.
Se puso en uno de los laterales mientras levantaba su brazo que iba haciéndose de madera y aumentando de tamaño. Cuando estuvo listo propinó un fortísimo golpe desde arriba, como si manejara un gran mazo. El polvo se levantó y nubló la vista de la I-Men. Cuando pudo ver de nuevo le sorprendió lo que vio, Rawolf estaba sujetando su mano con el brazo que tenía libre.
-¡Auuuuuu!- Aulló. Gaia deshizo la transformación y una sensación de miedo se alojó en su pecho, al parecer aquel chico tenía la habilidad de infundir un miedo irracional. Haciendo muecas de esfuerzo, Rawolf liberó el brazo con violencia de la madera. Miró a la chica y se relamió.
-¡Ni hablar, no seré tu comida!- Hizo crecer un árbol bajo sus propios pies, para poner distancia entre ella y el lobo, pero este saltó al techo del edificio para luego impulsarse en dirección a la copa del vegetal- ¡Idiota, no podrás esquivar en el aire!- Exclamó ella, saltando sobre él y azuzándolo de nuevo con su brazo transformado. Esta vez Rawolf no pudo evitarlo y recibió el golpe de lleno, cayendo con un fuerte estruendo al suelo.
Una de sus vidas bajó un poco, se había herido. Gaia cayó también, pero evitó hacerse daño invocando unas ramas para frenarse. Luego miró atentamente al lobo, que parecía aun más enfadado que antes.
Ambas batallas continuaron combatiendo unos momentos pero, de repente, sintieron una especie de vibración en el aire. Dimitri y Rawolf se miraron, tensos. El lobo dio un salto y se encaramó al techo, mientras el vampiro hacía lo mismo, juntos se marcharon mientras miraban a los I-Men.
-Este ha sido el primer asalto, cabeza tazón, luego seguimos- Se burló mientras se marchaban, los I-Men no entendían que acababa de pasar.
-¿Y esto? ¿Por qué se van?- Preguntaba la chica.
-Ni idea, pero mejor así...- Entonces sintieron en su mente a Erzzhia.
-Chicos, he percibido algo... parece ser que el Gobernador ha enviado una nueva orden para que se reagrupen, o algo así. Los enemigos que estaban por aquí también han huido- Les explicó. Ambos se miraron, sin saber qué hacer. El Guerrero habló con su hermana.
-¿Y ahora? ¿Cómo sigue tu plan, oh, gran hermana mía?- Inquirió, mostrándose sarcástico.
-Lo hablaremos aquí en la casa, cuando estemos todos juntos, volver, será lo mejor- Les sugirió.
Gaia y Celestina pensaron que, efectivamente, era lo mejor que podían hacer, así que marcharon en dirección a su casa.


En el trono, el Gobernador observaba las imágenes que el Orbe retransmitía. Había estado mirando las batallas que se sucedían a lo largo de la ciudad. Tras las derrotas de Kinético e Infecto, ellos habían logrado derrotar a la curandera Holy, lo cual suponía un buen avance. Además, ahora mismo Garra estaba fuera de juego gracias al Alcalde.
Por eso el Gobernador había pensando que lo mejor sería reagrupar a los suyos y organizar un ataque más eficiente, si las cosas seguían así podría sufrir muchas más pérdidas, cosa que no le interesaba para nada. Le había costado mucho hacer emerger aquella ciudad, y el Orbe le había ayudado muchísimo, pues amplificaba los poderes de manera extraordinaria. De no haber sido por Erzzhia, ahora la ciudad sería mucho más numerosa. De nuevo se reprendió por no haber tratado de eliminarla antes.
Miró por la ventana, el Sol comenzaba a declinar y se ocultaba por las montañas. Había llamado a un jugador que tal vez podría echarle un cable si las cosas se le iban demasiado de las manos, y no tardaría en llegar. Unos pasos resonaron, se trataba de su invitado. Este se acercaba cada vez más, hasta que finalmente apareció por las escaleras. El que entró era pelirrojo y tenía una gran melena, sus ojos eran azules y fríos, su ropa era oscura.
-Me alegro de verte, Gravitta- Saludó el Gobernador.
-Yo no me alegro mucho, Me...- Comenzó a decir.
-¡¡No digas mi nombre!!- Exclamó enfurecido el primero- Aquí soy el Gobernador.
-Entiendo... bueno, recibí tu mensaje- Comentó el científico- Decía que era urgente y he venido, ¿qué diantres pasa?
-Los I-Men- Los ojos de Gravitta relucieron, ese nombre era harto importante para él.
-¿Qué han hecho esos ahora?- Inquirió.
-Están en mi ciudad, pensé que podría dominarlos, pero debido a una pequeña interferencia se han rebelado y me tienen en jaque- Admitió el otro- Intentaré aplastarlos con la ayuda de mis ciudadanos, pero no sé si podré, acabo de perder a dos buenos combatientes.
-¿Quieres que pelee a tu lado? No sé...
-No, no hace falta- Respondió el Gobernador- Al menos espero que no haga falta. Supongo que tras estos días ya habrás reclutado un nuevo equipo, ¿no?
-En efecto- Gravitta sonrió- Somos los Siete Destructores.
-Bonito nombre- Ironizó el otro- Ahora en serio, si estamos en serios problemas, me gustaría que mandaras a tu equipo, al menos a alguno de ellos. Recuerda que gracias a mi pudiste encontrar a varios...
-Lo recuerdo- Gravitta parecía meditarlo- Bueno, no es que me haga especial ilusión, pero eres un buen aliado, así que si es necesario mandaré a mi equipo.
-Gracias, ahora estoy más tranquilo- El Gobernador se recostó contra el respaldo del trono y señaló una de las sillas que había alrededor del Orbe- ¿Por qué no te sientas? Está anocheciendo, sería buena idea que te quedaras, no quiero ser un anfitrión desagradecido. Mis chicos no tardarán en volver, estaría bien que los conocieras.
-De acuerdo.
Un poco a regañadientes y para no ser descortés, Gravitta se sentó. En efecto, no tardaron en aparecer poco a poco personas que se iban reuniendo allí. Primero entró un hombre alto de melena castaña y ojos penetrantes y oscuros. Llevaba una gabardina negra y un sombrero. Justo detrás de él iba un chico joven con pintas góticas y pelo grasiento, tenía unos andares renqueantes, como si sufriera de un dolor agudo en la piernas derecha. El Gobernador los presentó como Dimitri y Rawolf. Unos instantes después entraron tres chicas. Una de ellas era bajita y morena, de ojos muy bellos, respondía al nombre de Candy Soul. La siguiente era alta y delgada, con un cuerpo atlético recubierto de tatuajes tribales, parecía fuerte. Tenía el pelo moreno y los ojos plateados. La última era de estatura media, espalda ancha y pelo rubio, sin embargo no era precisamente guapa, y una herida que le cruzaba la cara la afeaba un poco. Se trataban de Silver y Amazón. Por último, entró un hombre alto y de porte regio. Tenía el pelo castaño y corto, a la altura de las orejas. Presentaba una incipiente barba que le quedaba bastante bien. Su nombre era Light Knight.
-Ya estamos todos- Anunció. Gravitta miró al hombre y su mirada era muy clara, ''¿este es tu ejército?'', pensaba- No te preocupes amigo, aun hay dos ahí afuera.
-¿Y cómo es que no vienen?- Preguntó el científico.
-Están entretenidos- El Orbe reflejó a Llama Helada y a Womenice peleando con ferocidad contra el Capitán y Demongirl. Gravitta casi saltó hacía delante, sorprendido.
-¿¡Llama Helada está de tú lado!?- Preguntó asombrado.
-En efecto, Erzzhia no llegó a tiempo con él...- Miró la imagen- A todos les he dado órdenes de volver, pero parece que Womenice tiene problemas por culpa de ese vasco, y no me conviene perder más gente... Light Knight, ve allí y asegúrate de que ambos volvéis sanos y salvos.
Light Knight le miró con unos ojos reprobatorios y marchó sin decir nada. Los demás permanecían en sus sitios, sin decir nada, como autómatas.
-No parecía muy contento- Susurró Gravitta.
-Él es muy fuerte, si me hace caso es porque quiere a Womenice, y ella si está bajo mi influjo...
-¿Y los demás?- Siguió el científico.
-Nos escuchan y nos entienden, pero no pueden pensar por si mismos, dependen de lo que les ordene, así que no te preocupes.
-Entiendo- Entonces el pelirrojo cayó en la cuenta de algo- Has dicho que vuelvan Womenice y Light Knight... pero, ¿qué piensas hacer con Llama?
-A él le he dado una orden distinta...- Tras la máscara se dibujó una cruel sonrisa- Su orden es eliminar a Demongirl.


En el Almacén helado, la pelea de hielo contra los I-Men continuaba. Demongirl y el Capitán habían estado recibiendo periódicamente noticias a través de la comunicación con Erzzhia, de manera que sabían como estaban yendo el resto de las peleas. También sabían que ellos eran los últimos, y cada vez las probabilidades de devolver a Llama Helada a la normalidad parecían más remotas.
El Capitán se enfrentaba a Womenice, pero cada vez la deba la sensación de que algo iba mal. La chica no paraba de reír de manera frenética, parecía histérica. Además le sacaba la lengua constantemente, como burlándose de él. Pero lo que más sacaba de quicio era que no parara de llamar a Llama, ''cariño'', por respeto a Demongirl.
-¡Cariño, este no es ni la mitad de fuerte que tú!- Decía en esos momentos. El vasco ni lo pensó, lanzó su escudo con todas las fuerzas que pudo. Cortando el aire, el escudo destrozo las criaturas de hielo de la chica y le pasó rozándola, haciéndole una diminuta herida- ¡Ni si quiera puedes acertarme!
El I-Men se lanzó hacía delante, dispuesto a atacarle con todas sus fuerzas, pero el frío estaba haciendo mella en su cuerpo, a pesar de que su traje era aislante. Womenice no era tan rápida como él, sin embargo lograba evitarle haciendo uso de su hielo de las maneras más astutas, congelando el suelo, o incluso llamando criaturas. En un momento en el que estaba cerca de la pared, donde se había incrustado el escudo, aprovechó para recuperarlo.
-Bueno, me estoy aburriendo ya de ti, chico- Dijo la rubia, que a continuación acumuló energías en las manos mientras las juntaba.
-A ver con qué me sorprendes ahora...- Susurró para si el I-Men.
-¡Adelante!- Una poderosa corriente de frío se arremolinó frente a ella y el hielo comenzó a tomar forma. Hasta entonces había estado utilizando criaturas medianas, más bien pequeñas, pero nada había preparado al Capitán para enfrentarse a un gigantesco mamut de tres metros de alto. La masa de hielo parecía estar completamente viva y, con furia, embistió con los poderosos cuernos.
-¡Furia Vasca!- Rugió el Capitán imbuyéndose en el aura roji-blanca mientras agarraba los cuernos de la bestia. Comenzó una batalla de voluntades, la de Womenice y su monstruo, y la del Capitán, que rugía furioso. Durante unos instantes que se hicieron eternos, parecía que ninguno de los dos fuera a ceder, pero, de repente, el mamut retrocedió unos centímetros.
-¿¡Qué!?- Vociferó la chica- ¡No puede ser, es mi gran Creación! ¡Vamos Mamut de mierda, tumba a ese fantoche!
El Vasco se enfureció aun más cuando escuchó como hablaba al animal, aunque fuera de hielo. A pesar del frío, el esfuerzo hacía sudar al I-Men, que reunió sus energías y las lanzó contra el animal, todas a una. Finalmente logró empujarlo y hacer que cayera. A continuación saltó sobre este, aún con la furia vasca activada, y lo empezó a destrozar con los puños. En ello estaba, cuando de golpe apareció Womenice por detrás sujetando un cristal de hielo.
-¡Muérete!- Gritaba como loca mientras blandía el cristal de un lado a otro. Era evidente que no estaba acostumbrada a manejar armas y que había perdido el norte. El Capitán era mucho más diestra que ella, así que la evadió sin problemas y le asestó un duro derechazo que la mando a volar contra la pared. Pero no se escuchó el ruido propio de un choque. Cuando el I-Men volvió la vista descubrió a un chico alto y delgado que sostenía a Womenice.
-¿Estás bien, cariño?- Preguntaba él, protector. Ella parecía estar medio inconsciente.
-¡Quita, no te necesito!- Gritó furiosa mientras pataleaba como una niña. El hombre tuvo que dejarla en el suelo- ¿Qué haces aquí, Light?
-El Gobernador me ha mandado aquí para sacarte de esta nevera- Susurró él, evidentemente se le notaba frustrado por algún motivo. La rubia no parecía satisfecha con la respuesta, pero tuvo que hacerle caso.
-Está bien, ¿y Llama Helada?- Preguntó.
-No he recibido órdenes con respecto a él, vámonos- Pero ella se negó.
-¡No me iré sin él!- Light Knight no pareció conforme con la respuesta, pues enarcó una ceja y mostró cara de descontento. Se movió a una velocidad increíble y noqueó a Womenice como si fuera la cosa más fácil del mundo. Antes de dejarla caer cogió su peso muerto y se lo cargó a los hombros. Iba a irse por la puerta, pero el Capitán no podía permitir que escaparan.
-¡Alto ahí! No puedo permitir que escapéis- Les dijo. El hombre exhaló un suspiro hastiado.
-Mira Capitán, ahora mismo no quiero tener que pelear, tan sólo poner a salvo a esta idiota, así que más te vale dejarme pasar- Contestó el otro, mordaz. El Capitán bajó la cabeza, como preparándose para cargar, pero antes de hacer nada, Light ya estaba sobre él, atacándole con lo que parecía ser una espada brillante.
Hubo un fuerte destello, después un fogonazo, todo seguido de un gran estruendo. El Capitán se liberó del montón de estanterías que le habían caído encima para descubrir una pequeña herida en el abdomen. Miró en derredor y allí estaba su enemigo, mirándole por encima del hombro, ni si quiera había bajado a Womenice del hombro. Un escalofrío que nada tenía que ver con la temperatura recorrió el cuerpo del I-Men. Haciendo acopio de valor enarboló su escudo y se lanzó contra el hombre. Light volvió a atacar con esa espada brillante, y esta vez el Capitán supo responder con su escudo, bloqueándolo.
El otro se quedo sorprendido, pero tan sólo un instante, recuperó en seguida la compostura. Entonces su cuerpo comenzó a iluminarse, como si emitiera una especie de energía. Se movió y ya no estaba en el campo de visión del vasco, quien, más por instinto que por otra cosa, se giró y levantó el escudo. Había adivinado bien, Light Knight se había puesto a su espalda aprovechando esa ''velocidad'', aunque parecía más bien que era intocable, el I-Men ni si quiera le había visto. Bloqueó el segundo ataque y retrocedió, Light estaba sudando.
-Vaya, pensaba derrotarte rápido, pero eres un hueso duro, no me he topado con muchos como tú, Capitán Vasco- Dijo el hombre admitiendo la pericia del otro.
-Gracias, pero es mi deber. Debo derrotaros- Contestó.
-Piénsalo, si no me paro a pelear contigo es por Womenice. Has visto mi poder, si quisiera podría pelear contigo y tu amiga y derrotaros- Explicó- Te estoy haciendo un favor al ignorarte, así que déjame salir de aquí y ayuda a tu amiga con Llama Helada. Si os dais prisa tal vez podáis huir a tiempo.
El Capitán Vasco lo pensó seriamente, quizá aquel tipo tuviera algo de razón. Era muy fuerte, y lo más importante ahora era volver con Demongirl y encargarse de Llama Helada. Finalmente asintió y dejó el camino despejado.
-Gracias- Susurró Light Knight, quien se fue por la puerta sin más. El I-Men revisó su tarjeta, aún le quedaban todas las vidas, aunque la tercera estaba algo bajada. Sacudió la cabeza, no creía que hubiera tipos tan fuertes. Fue hasta donde se encontraba Demongirl y la encontró luchando con fiereza.
-¡Ah!- Gritaba mientras agitaba las espadas. Llama Helada, totalmente congelado, las paraba con las cuchillas de sus brazos. El Capitán corrió y atacó a su antiguo compañero, dando así un respiro a la chica.
-¿Cómo va la cosa? ¿No logra nada Erzzhia?- Preguntó entre jadeos mientras asestaba golpes con ambos brazos, que el otro resistía.
-Parece ser que no, y no se me ocurre ninguna manera de hacerle volver en sí- Dijo ella, visiblemente dolida. Unas lágrimas acudieron a sus ojos, pero apretó los parpados e intentó evitar que cayeran.
-Según Erzzhia, alguien le ''controlaba'', ¿no?- Preguntó el vasco. La chica asintió, pesarosa. El Capitán esbozó una sonrisa- Entonces derrotemos al Gobernador, podemos obligarle a devolver a la normalidad a Llama.
-Claro, es buena idea- En ese momento la hermana de Celestina les habló.
-No he podido evitar ''escuchar'' lo que decíais, creo que es mala idea- Dijo en un tono que no admitía réplica- Por lo que sabemos ellos son unos nueve o diez... ¿iréis ahora al Palacio a luchar contra ellos en estas circunstancias? Lo mejor sería que noquearais a Llama Helada y lo traigáis, tal vez en persona pueda hacer algo...
El silencio les envolvió. Llama Helada les miraba, estaba en esos momentos maquinando algo para poder hacerles frente. Demongirl tuvo que darle la razón a la otra, así que se encaró de nuevo a su ex-novio. El Capitán hizo ademán de luchar también, pero la I-Men levantó un brazo, deteniéndole.
-Déjame, yo me encargo de esto...- Susurró. El vasco iba a protestar, pero ella le fulminó con la mirada. Dándose cuenta de lo inútil que sería insistir, retrocedió.
-Dejaros de cháchara, vamos a terminar esto...- Dijo Llama, crispado. Su cuerpo empezó a temblar y, de repente, su mitad derecha empezó a arder, como si fuera una antorcha. Casi al instante el ambiente se caldeó. Sin decir nada más, el hombre saltó hacía delante mientras manipulaba el fuego.
Demongirl hizo uso de sus piernas demoníacas y se desplazó a gran velocidad, eludiendo los ataques ígneos. ''Debo dejarle KO, así podremos llevarlo...'', pensaba. Dándose fuerzas con ese pensamiento, aumentó la velocidad y se situó tras el otro. Llama Helada giró a toda prisa para evitar el golpe, pero era tarde, el puñetazo de la I-Men fue contundente. Salió disparado varios metros y cayó inerte al suelo. Había perdido una vida, pero el golpe fue en la sien, de manera que estaba inconsciente. La chica se relajó, lo había logrado. Iba a deshacer su transformación cuando, de repente, pasó algo.
El cuerpo de Llama Helada se levantó. El Gobernador, que estaba viendo el combate, no iba a dejar que se lo llevaran tan fácilmente. Usando el Orbe le había ordenado que se levantara y peleara. Le había costado, pero el ex-I-Men logró ponerse en pie.
-Esto aún no se acaba...- Dijo, furioso.


En la casa reinaba la penumbra. El Sol apenas alumbraba ya. En el salón de la casa de los I-Men estaban Erzzhia, Waver, Kya y Eliart. Cada uno en una silla, ponían al corriente al líder de todo lo que había pasado desde la mañana. Revelación seguía postrado en el sofá, aun febril y sin poder despertar.
-Entiendo... supongo que después de ver como ha reaccionado la ciudad, debemos asumir que tenías razón- Dijo Eliart mientras miraba a la hermana del Guerrero, quien asintió- Entonces tenía razón, mis instintos no me fallaban. Pero esto nos coloca en una situación muy mala- Continuó pensando en voz alta. Waver se inclinó en la silla.
-Una cosa, ¿dónde está Holy?- Eliart apretó los labios. No quería hablar aún de ello, lo mejor era que el Guerrero fuera el primero en saberlo. Erzzhia se había enterado de todo al contactar por primera vez con él, pero tuvo la prudencia de no decir nada. Todos miraban al joven.
-Bueno, será mejor que lo explique cuando estemos todos- Respondió de manera escueta. Miró a Erzzhia- ¿Les queda mucho a los demás?
-Un segundo- Se llevó las manos a la cabeza, para concentrarse. Cuando estaba conectado a alguien podía establecer su ubicación concreta, siempre y cuando no estuviera muy lejos- Están llegando, en unos minutos estarán aquí.
Nada más decir esas palabras la puerta se abrió. Se trataba de Shadow, que llevaba en brazos a una inconsciente Garra Nocturna. La tumbaron entre varias sillas mientras Kya iba corriendo a abrazar al chico, estaba muy preocupada pese a que Erzzhia le decía que estaba bien. Él les contó de primera mano todo lo que había pasado en el Palacio, incluida la batalla contra el Alcalde, Kinético. Eliart parecía sorprendido por todo lo que había pasado sin que él tuviera la menor idea. Estaba algo enfadado con sus amigos por no haberle avisado antes, pero en seguida se dio cuenta de que habían actuado como mejor pudieron, y no se lo reprochó. Además, aún se sentía muy culpable por la muerte de Holy, tendría que haber insistido más en que no fueran allí, pensaba.
Al cabo de unos minutos, tal y como Erzzhia había predicho, aparecieron Gaia y el Guerrero, que habían acudido con toda la velocidad que les fue posible. Ambos parecían estar en buenas condiciones, así que se sentaron junto a los demás. Relataron la búsqueda por las calles de la Casa de Curación, como encontraron a Eliart y como más tarde combatieron al vampiro y al hombre lobo. Erzzhia entonces les puso al corriente del combate en el Palacio y de los combates contra Candy Soul, Silver y Amazón.
-Así que ya veis, creo que es evidente que el Gobernador se trae algo entre manos... no logro entender como ha podido manipular a tanta gente, pero lo ha hecho. No tenían motivos para atacarnos- Comentó Erzzhia.
-¿Y si nos atacan porque hemos entrado en el Palacio?- Sugirió Shadow.
-No creo, como has dicho, Kinético os atacó nada más veros, no esperó a que le dierais ninguna explicación. Además advirtió al Gobernador- Repuso ella- Llama Helada nunca hubiera actuado como lo hizo si no fue obligado, de eso estáis seguros, ¿no?
-Si, eso es cierto- Admitió Waver.
-Eso es una prueba de que es capaz de controlar a las personas y engañarlas- Continuó Erzzhia, implacable- Luego está el hecho de que a todos nos atacaran más o menos simultáneamente. Los que hasta entonces eran amables de repente eran terribles enemigos, ¿cómo pudo organizar de esa manera a la ciudad? Creo que los maneja como títeres- Levantó un dedo- Y, por último, apuesto a que no habéis visto a nadie en la calle mientras volvíais. Ahora que su ayudante mentalista no está con él y que está concentrado en dirigir a sus súbditos, no se ha preocupado de crear las ilusiones de las personas...
-Joder, tienes razón- Comentó Eliart- No sé qué hubiéramos hecho sin ti- Ella sonrió en respuesta a la sonrisa del líder. Entonces el Guerrero se levantó.
-Un segundo, ¿y Holy?- Preguntó, asustado de golpe- ¿Está arriba descansando? Gaia me comentó que se había ido antes, y no la había visto...- Eliart miró al suelo. La hermana de Celestina puso mala cara.
-Verás...- Comenzó Eliart. Miró a los ojos al Guerrero-... Dimitri, el vampiro, la eliminó- Dijo secamente. El Guerrero se desplomó sobre la silla. Parecía que le costaba asimilarlo. Miró de nuevo al líder y luego a los demás. Entonces las lágrimas aparecieron en su rostro. Con un evidente esfuerzo se levantó y se fue a la cocina.
-¿Estás bien?- Preguntó Shadow. El Guerrero ni le miró y pasó de largo.
-Necesitará estar solo un rato- Sugirió Kya, mientras abrazaba al moreno. Waver estaba silenciosa, Holy era una buena amiga, la conocía desde el primer día de juego. Pensó en su hermano, no quería perderle a él también. Erzzhia se levantó y miró por la ventana, en parte para alejarse del ambiente que se había creado en el salón, la tensión era palpable.
La noche se cernía ya sobre la ciudad, apenas quedaban unos minutos de luz. Afortunadamente, esa era una noche de Luna llena, así que a pesar de todo, no estarían a oscuras. Envió un mensaje mental a Demongirl, ''daros prisa'', decía.


En el Almacén la situación no era fácil. De alguna manera Llama Helada se había recuperado del noqueamiento, y ahora estaba de nuevo en actitud de combate. El Fuego ardía con ferocidad a su alrededor mientras el hielo congelaba su otra mitad. Agitó el brazo llameante y lanzó numerosas bolas de fuego, que fueron contra Demongirl. La chica estaba demasiado atónita para responder, y recibió el impacto de algunas de ellas. Entonces el Capitán se interpuso y frenó unas cuantas con su escudo. Avergonzada, apartó al hombre.
-Deja, ya estoy bien, puedo con esto- Aseguró. El vasco se apartó a regañadientes. Llama Helada no dio un solo momento de tregua, en seguida fue a por la chica, que le esperaba. Con el brazo helado creó una poderosa espada que agarró con ambas manos. La blandió con maestría, haciendo retroceder a la I-Men. Ella intentó bloquear la gigantesca espada, pero era imposible, al final sus propias espadas acabaron destrozadas.
-¡Ja, toma eso!- Agitó de nuevo el hielo y a punto estuvo de hacerle una herida más seria. Demongirl retrocedió para pensar y entonces tuvo una idea. Se concentró y llamó a su espada más fuerte. Frente a ella apareció la gran Claymore de doble filo, casi tan grande como ella misma. La agarró, pero se dio cuenta de que apenas era capaz de levantarla. Llama Helada aprovechó el momento, viendo que ella no se movía, y agitó su propia arma.
-¡Mierda!- La I-Men alzó como pudo la espada, pero era demasiado pesada. Recibió un fuerte impacto en el costado y salió lanzada contra un montón de cajas de madera, que amortiguaron su caída. Había perdido la mitad de la vida. Maldijo por lo bajo. ¡Pues claro! No tenía activados los brazos demoníacos, así no era capaz de manejarla bien. ¿Podría usarlos mientras usaba también las piernas? Se levantó y llamó a todas las reservas de energía que poseía.
-¿Qué haces niña?- Escupió Llama Helada mientras la miraba. Ella no le contestó, necesitaba reunir todas sus fuerzas- No pienso esperar a ver qué haces...- Iba a ir a por ella, pero entonces sintió algo en la espalda, alguien le había lanzado un pedazo de hielo. Se giró y vio como el Capitán Vasco sostenía otro en la mano- ¿Qué pasa? ¿No puedes atacarme tú mismo?
-Si puedo, Patxi, pero tan sólo te entretengo un poco, para darle tiempo a ella- Contestó socarronamente mientras sonreía. Entonces hubo un estallido de energía proveniente de la I-Men. La onda de choque hizo trastabillar a los otros dos.
Los dos hombres miraron a tiempo para ver la transformación. Los brazos de la chica se agitaban en el aire, un aura oscura los rodeó. Las escamas negras empezaron a cubrirlos lentamente, desprendiendo una poderosa energía que pulsaba, como si latiera. Demongirl abrió los ojos y estos eran ahora rojos y brillantes.
-¡¡Ah!! ¡Brazos demoníacos!- Bramó, haciendo que el hielo se quebrara con su potente vozarrón. A continuación el ambiente se relajó. Ella cogió su Claymore, esta vez sin dificultad, y miró con dureza a Llama Helada- Te pienso traer de vuelta, aunque sea lo último que haga.
Ambos se lanzaron el uno contra el otro, dispuestos a darlo todo, aunque por motivos distintos. Él quería asesinarla, tal y como el Gobernador le ordenaba. Ella, en cambio, quería traerle de vuelta, para poder estar a su lado. Hubo un choque de fuerzas y la energía echó atrás al Capitán, que se cubría con un brazo. Cuando pudo mirar de nuevo quedó maravillado. Era un combate increíble, ella mostraba una entereza envidiable, mientras que él hacía gala de un estilo sumamente pulcro y cuidado, como si hubiera combatido toda su vida.
Demongirl estaba ofuscada en esos momentos, hasta entonces nunca se había sentido tan llena de poder pero, ¿de qué le valía? Con ese poder no era capaz de traer de vuelta a Llama Helada, cada vez la obligaba a ir más lejos, a atacar con más rudeza, a ser más y más fuerte. Si las cosas seguían así, podían acabar muy mal, tarde o temprano no sería capaz de controlarse, ella estaba hecha para pelear con todo. Mientras las armas chocaban podía ver sus ojos, encendidos, casi parecían los mimos ojos que la miraban con ternura por la noche, o mientras daban un paseo. Aquellos ojos la habían mirado con infinito amor, con verdadera pasión. Y ahora, en cambio, la miraban con una furia ciega, con enfado. No pudo evitarlo, empezó a llorar sin remedio mientras peleaba.
El Capitán observó como ella empezaba a llorar. Se le encogía el corazón al pensar en lo fuerte que tenía que ser su situación. No pudo evitar dejarse llevar por sus recuerdos y pensar en su tierra y en su familia y, como no, también pensó en Ana, su gran amiga. Aunque, en el fondo, para él era mucho más que sólo eso, a pesar de no atreverse a hacer nada. Un nuevo estallido de energía le sacó de su ensimismamiento. Llama Helada rodeaba su espada con un fuego especialmente fuerte. Demongirl gritaba.
-¡Para Llama!- Se notaba desesperación en su voz- ¡Soy yo, soy yo!- Las lágrimas, saladas, no dejaban de caer. Ahora que había empezado se veía incapaz de parar. El antiguo I-Men la miró, desconcertado, como si algo en su cabeza hubiera reaccionado, luego la sacudió con fuerza, parecía confuso.
-¡Cállate niña!- Rugió- ¡Deja de intentar confundirme, voy a matarte!
Y no dijo nada más. Se impulsó hacía delante, poniendo frente a él la espada helada envuelta en llamas. El Capitán observo intranquilo que Demongirl Se dejaba caer en el suelo, desactivando sus poderes, ¡se había rendido! El I-Men reaccionó al instante.
-¡Furia Vasca!- El aura acudió a él al momento, producto de la desesperación. Sin pensarlo lanzó su escudo, que atravesó el Almacén en una milésima de segundo. Llama Helada estuvo a punto de ser alcanzado, pero se había apartado justo en el momento adecuado. Al menos había logrado retenerle unos instantes cruciales. El vasco no esperó, se lanzó también.
Los dos hombres chocaron con violencia, la llamaradas salían despedidas en todas direcciones, Demongirl ya ni si quiera les miraba.
-¡Cómete esto! ¡Por Patxi! ¡Ahhhh!- Rugía furioso. Llama Helada no podía reaccionar con la suficiente velocidad y recibía un golpe tras otro. Finalmente el vasco concentró toda su fuerza y lanzó su mejor golpe- ¡Ira Vasca!
El golpe fue contundente y decisivo, lanzó al ex-I-Men contra la pared, haciendo que perdiera su segunda vida y dejándole en un estado lamentable. Demongirl chilló.
-¡David, David!- Gritaba como una histérica. Llama Helada logró incorporarse, pero era evidente que no podía continuar con la pelea. La chica llegó hasta él e intento abrazarle, pero se deshizo de ella con un ademán furioso.
-¡Quita! ¡Aléjate de mi!- Exclamó. Ella le miró y descubrió que era él de nuevo, cosa que le sorprendió- Lo siento, Capitán, perdóname... ¡Debéis iros, voy a estallar!
-¿¡Qué!?- Exclamó el vasco- ¡No digas bobadas, vas a volver con nosotros!
-Eso, ¡ven!- Le animó ella. Pero el alto negaba con la cabeza.
-No, ya no me puedo controlar a mi mismo, alguien está obligándome, no puedo pararme, sólo sé que me hará volar en mil pedazos con mi poder... os pido que os vayáis, por favor...- Su mirada era muy expresiva, no le quitaba ojo a Demongirl. Mientras hablaba el fuego se iba haciendo cada vez más y más intenso, al tiempo que se concentraba en su cuerpo. Pronto él mismo tomó un color rojizo muy peligroso, similar a la superficie del Sol- No queda mucho tiempo, voy a morir, iros.
-¡No! ¡Si hace falta moriré contigo!- Decía ella.
-¡No! Tú debes vivir... escucha...- Bajó la cabeza- Te quiero, siempre te querré, pero no mueras por mi, vete y vive, y gana esto. Venga mi muerte...- Bajó la cabeza y no volvió a mirarles- Capitán, te lo pido por favor... llévatela...
-¡¡No, no!!- El Vasco hizo caso de la última petición de su amigo y, con asombrosa dificultad, logró arrastrar a Demongirl. Ella le daba codazos y puñetazos- ¡¡No, déjame, déjame!!
El Capitán comenzó a llorar, abrumado por las emociones y se obligó a seguir adelante. Golpeó a la chica y salió del Almacén justo en el momento en que un poderoso estallido resonaba. Una ola de fuego llegó hasta ellos y los hizo caer al suelo, hiriéndoles. Una voz resonó, no muy lejos. La voz decía:
Jugador: Llama Helada, poder: Fuego y hielo, estado: eliminado.

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