La lluvia caía lentamente sobre la ciudad de Bilbao, sin embargo el
calor era intenso para ser noviembre. El Capitán Vasco contemplaba
la ciudad desde la cima de un edificio de unas catorce plantas. Había
poco ruido, era viernes y sabía muy bien qué significaba éso.
Miró el reloj y sin más preámbulos se dispuso a marchar
discretamente hacia su hogar. Guardó su uniforme y bajó en el
ascensor. Era algo que de vez en cuando necesitaba. Mientras bajaba,
se hacía preguntas sobre el tal Thunder-Man y sobre el juego. Justo
el día anterior había sido la reunión de los I-Men.
-Me hubiese gustado acudir mañana chicos, pero me es imposible salir
de Bilbao- Se castigaba el Capitán para sus adentros. Al poco rato
llegó a su casa.
-Rápido Juan Diego, ¡la parienta vendrá de un momento a otro y no
es galán ni propio de nuestra familia hacer esperar a toda una
dama!- Dijo su padre llevando consigo una ropa cómoda de deporte.
-Joder papá, ¿otra vez con éso? Que sólo somos amigos
-Ya, ya, igualmente vete vistiendo. Ya sabes lo que significa que sea
viernes.
El Capitán comenzó a vestirse con cierta rapidez. Los viernes era
el único día de la semana que podía hacer algo que le encantaba
y que le llenaba especialmente: enseñar.
La mayoría de los dojos de Artes Marciales y deportes de contacto en
general habían sufrido cambios en sus estrategias cuando apareció
el super-héroe. Solicitaban su presencia a las autoridades para
exhibiciones y clases. El mundo del combate y la defensa personal
alteró su metodología teniendo al héroe vasco como modelo a
seguir, sobre todo desde que comenzó a luchar contra criminales como
el ''Guipuchi'', con los que no podía ni la policía. Tanto
prestigio le abrumaba y, aunque el mismo Capitán también recibía
sesiones de defensa personal impartidas por reconocidos maestros, en
seguida se mostró diestro en su aprendizaje y pensó que en aquella
vida de extensos reportajes televisivos, viajes a horas
intempestivas, poca privacidad y lucha con delincuentes, podría
emplear su tiempo libre en enseñar técnicas de combate, en formar a
los futuros héroes que protegerían su tierra si en algún momento
él faltase.
Siempre le había gustado tratar con niños, y la idea de ser un buen
maestro le fascinaba. No estaba descontento con su vida de héroe. La
asumía y la vivía con ganas, era todo un privilegio. Pero a veces
hasta los más famosos echan de menos pasar desapercibidos y ser
personas corrientes pululando por una gran ciudad. Desde hacía cosa
de 3 meses, una fundación que llevaba su nombre le había regalado
una pequeña instalación para poner su propio club de lucha. Por
supuesto en su apretada agenda se encontraba encuentros con otros
centros de Artes Marciales, pero al suyo era al que acudía
puntualmente cada semana. No había muchos alumnos porque el precio
lo escogía la fundación y evidentemente era bastante caro.
La puerto sonó y Ana entró por la puerta.
-Pasa hija pasa- Habló el padre- Aún no se ha vestido.
-¡Ya estoy!- Salió al fin el Capitán. Saludó amablemente a su
amiga Ana que como cada viernes le acompañaba al club.
-¿Qué les tienes preparado para hoy?- Preguntó la chica
interesada.
-Ya verás. Es original y te va a gustar. Pero también seré duro
contigo ¿eh?
Ana llevaba puesta también ropa deportiva y, aunque no estaba a a la
altura de muchos alumnos, de vez en cuando se unía a los ejercicios.
La joven era una antigua amiga del Capitán.
-Hoy voy muy preparada “Capitán”- Dijo con tono burlesco.
-Muy bien, muy bien.
Después de andar unos minutos escasos llegaron a un descampado donde
se situaba una construcción de madera bastante ancha. En la parte de
atrás había una pequeña piscina climatizada con un tronco de árbol
atravesándola. La sala principal de la casa de madera estaba
cubierta por tatamis, con los zapatos de los chicos puestos a los
lados de éste, desprendiéndose un olor característico.
-¡Saludos maestro!- Reverenciaron con una leve inclinación todos
los chicos al unísono cuando Ana y Juan Diego cruzaron el umbral de
la puerta.
-¡Hola a todos!- Habló el Capitán Vasco- Veo que estáis ya los
diez así que podemos empezar.
Los chicos se pusieron en dos filas unos tras otros, salvo Lucas que
era el alumno más aventajado de la escuela, que se puso frente a
ellos. El ejercicio era sencillo: debían imitar los movimientos de
su compañero e ir subiendo la velocidad.
-Ana, incorpórate si quieres- La chica asintió y se colocó detrás
del todo. Tras el calentamiento, el Capitán Vasco les mostró un par
de movimientos de coordinación de brazos, piernas y cadera, además
de algunas formas de competir en un conflicto callejero: los reflejos
y la resistencia eran fundamentales y había que potenciarlos. El
Capitán Vasco no sabía mucho de llaves pero sí conocía actitudes
y movimientos de combate. Tras las enseñanzas del Capitán llegó el
turno de las peleas uno contra uno, luego dos contra uno y se iban
turnando los diez alumnos. Finalmente el Capitán les propuso ir a la
zona de la piscina.
-¿Otra vez un ejercicio de equilibrio caminando sobre el tronco?-
Dijo Azucena, la única chica de la academia.
-No exactamente, digamos que hoy es más complicado pero tiene
premio- La palabra “premio” suscitó entusiasmo entre los niños
del club- Empezarás tú, Azucena, y después Lucas- El hombre fue un
momento al interior del aula y sacó una bandeja llena de pinchos
morunos que se puso en cada hueco de entre los dedos- ¿Veis estos
pinchos? Huelen que alimentan ¿eh? ¡Pues si los queréis tenéis
que atraparlos según los lance al vuelo de un salto mientras
camináis sin perder el equilibrio! Venga que no es tan difícil.-
Ana se retiró del ejercicio y los “Hombres del Capitán” se
dispusieron a pasar la prueba. A pesar de la dureza de los
entrenamientos, todos se lo pasaban en grande y aceptaban victorias y
derrotas con una sonrisa.
Al acabar el ejercicio con gran éxito para Lucas, Azucena y dos
alumnos más, el Capitán Vasco les mandó ponerse en círculo para
decirles algo importante:
-Alumnos; es posible que las dos próximas semanas no pueda daros
clases. Tengo algunos compromisos que no creo que consiga anular-
Dijo en clara alusión al Juego, que no sabía cuánto tiempo le
llevaría- En mi ausencia Lucas impartirá las clases, siguiendo los
métodos de siempre ¿De acuerdo?
Ana se quedó sorprendida al oír éstas palabras: sabía lo mucho
que le importaban al Capitán sus alumnos del club, así que algo muy
gordo tenía que retenerle para que no pudiera asistir. Tenía plena
confianza en el Capitán Vasco y pensaba que era mutuo y, de algún
modo, le molestaba que no le contara todo, aunque fueran asuntos de
Alto Secreto del Estado.
-¿Eh? ¿y eso Juandi?- Preguntó su amiga.
-Luego te lo explico- Mintió el Capitán, que sabía que no podía
contar nada sobre el juego. Sin embargo, el rostro de Ana se
tranquilizó al oír sus palabras.
Los alumnos entendieron a su Capitán y se retiraron diciéndole que
volviera cuanto antes pudiese.
Al día siguiente, en Navalcarnero, el cadáver de Thunder-Man yacía
en el suelo. Cuando cerró los ojos hubo un momento de silencio entre
los I-Men. Ninguno dijo palabra. Acaban de conocerle, pero era un
tipo que estaba dispuesto a ayudarles aún a costa de su vida.
Sin decir nada, Eliart golpeó con su puño el terreno, hasta hacer
un agujero lo bastante grande como para que pudieran dar sepultura al
héroe caído. Llama Helada cogió el cuerpo del antiguo ganador y lo
depositó en su interior, después lo cubrieron de nuevo con tierra y
decidieron permanecer unos minutos en silencio por él, luego
entraron a registrar la casa por si encontraban algo útil. Nada. Era
una casa ordenada pero no tenía apenas nada que les sirviera de
pista. Tan sólo el viejo portátil de Thunder-Man.
-Me llevaré el ordenador a casa. Es posible que tenga algún tipo
más de información, aunque haya que descifrarla, será mejor éso
que dejarlo aquí... no vaya a ser que algún monstruo de éstos u
otro jugador lo descubra...- Susurró el Guerrero Celeste mientras,
sintiéndose algo culpable, se llevaba el aparato.
-Sí, si. Llévalo contigo- Dijo Revelación. Era hora de irse de
aquel horrible lugar que seguía oliendo a muerte. Subieron al bus y
empezaron a hablar sobre qué harían ahora.
-Bueno, ¿entonces ahora qué?- Preguntó Shadow Walker.
-Pues... está claro ¿No chicos? Deberíamos hablar con ese tal
“Cerebro”- Repuso Eliart- Umm ¿crees que es una buena decisión
Revelación? ¿Consigues adivinar algo sobre ese tío?
-No, lo siento. De algún modo no veo nada claro. Nada de nada ésta
vez, es extraño.
-Supongo que puede ser tanto buena como mala señal- Intervino el
Guerrero Celeste.
-En cualquier caso, yo pienso que debemos ir en memoria de
Thunder-Man y decir que vamos en su nombre. Si ése tipo le salvó de
estar atrapado en el juego, no podemos pasar del tema. No ahora-
Explicó Llama Helada.
-Bah, como queráis- Se quejó Waver.
-Lo que está claro es que debemos continuar averiguando sobre el
juego, ahora que ya hemos empezado. ¿Quedamos en dos días para ir a
ese callejón?- Propuso el líder de los I-Men y éstos asintieron.
El día restante lo dedicarían a descansar.
Tras recibir las fórmulas de Gravitta, Irons decidió actuar sin
esperar un sólo segundo. De modo que ofreció a Gravitta estar
presente en una rueda de prensa que daría esa misma tarde y en la
cual presentaría su nuevo proyecto de energía limpia e inagotable y
haría alguna demostración, sin embargo Gravitta rehusó. “Prefiero
guardar el anonimato sobre este asunto, además ya tengo planes esta
tarde” le había dicho su frívolo y calculador jefe. Irons decidió
entonces recurrir a algunos becarios que trabajaron en la empresa de
su padre. No se fiaba mucho de ellos pero les pagaría bien por
asistir y tener así más reconocimiento científico. Llamó a la
dirección de uno de los periódicos más populares del país y al
rato recibió gran número de llamadas por su proyecto, dejando a Tom
encargado de atenderlas. Él debía acondicionar una central
energética algo anticuada. Cogió un Audi T.T y se llevó un pequeño
robot que había fabricado gracias a sus conocimientos, intentando
evitar usar sus poderes. Cuando empezó el juego tenía pensado
utilizar sus poderes para modificar los aparatos sin mucha
dificultad, pero al ver que los organizadores del juego dejaron claro
que estaba totalmente prohibido usarlos, decidió fabricar un pequeño
robot que fuera capaz de hacerlo. Gracias a las sucesivas
investigaciones en conjunto con Gravitta no había sido muy
complicado. En diez minutos llegó al lugar. Era un recinto vallado
que tenía el aspecto de un viejo polígono industrial. Hasta la
entrada estaba vieja y había que forcejear para abrirla. La
instalación principal en contraste tenía tecnología moderna que
pedía decir una contraseña en voz alta para comprobar si eras
personal autorizado.
-1.5-1992- Dijo David al tiempo que las puertas se abrían. Había
ido con su padre en otras ocasiones y sabía la contraseña aunque
desconocía lo que significaba. Al tiempo la atronadora música de
AC/DC sonó en su móvil. Era un mensaje de Tom: Al día siguiente
sería la rueda de prensa- Iré un poco apretado de tiempo, pero
podré si renuncio a comer- Se dijo el empresario y comenzó.
Estaba en una sala amplia en cuyo centro había un alto y ancho
generador de energía con innumerables cables que apuntaban en todas
direcciones. A su alrededor se distinguían distintos aparatos: Sobre
todo eran transformadores que convertían la energía extraída en
electricidad y también había equipos informáticos. El techo
estaba recubierto con paneles solares que almacenaban la energía en
baterías. A través de un sistema de tuberías se aprovechaba
también la energía geotérmica que provenía del calor interno de
la la Tierra, éstas energías renovables serían claves para el
proyecto. Todas las salas del viejo recinto estaban al servicio de
esta sala. Necesitaba básicamente mezclar el potencial energético
en el alto generador de energía y el empleo de sustancias químicas
en consonancia con la fórmula de Gravitta. Así debería obtener
unas partículas similares a las solares pero artificiales, con
facilidad para subdividirse y un gran potencial. Una sola de esas
partículas podría suministrar energía a una ciudad de 200.000
habitantes.
El robot se puso en marcha y fue poniendo en funcionamiento todos los
generadores y aparatos electrónicos. Al cabo de un par de horas
todos los aparatos se encontraban transmitiendo la energía generada
directamente al generador ancho, la nave principal de la sala. El
robot vertió sobre el interior del generador una sustancia química
que mezclaba tonalidades verdosas amarillentas y azuladas. Al
instante se fundió con la energía almacenada y al cabo de un rato
hubo un pequeño estallido: el robot había sufrido una sobrecarga
por realizar tantas funciones a la vez y se había hecho añicos. Por
suerte, la instalación seguía funcionando con normalidad.
-Joder, estúpido trasto- Dijo Irons quejándose de su creación-
Está bien, sé que va contra las normas pero tendré que continuar
yo mismo- David Irons llevaba mucho tiempo pensando en utilizar su
mente para controlar la tecnología, pensaba que sería más eficaz
que utilizar los brazos. No obstante había que tomar precauciones.
Activó su armadura y cerró los ojos tomándose un par de minutos.
Desde su mente ordenó a los aparatos continuar el proceso de
acumulación energética, y se dispuso a introducir de nuevo la
sustancia química.
-A ver, con cuidado...- Se decía y vertió de nuevo el líquido. Al
cabo de media hora y sin que hubiese ningún problema, el generador
había llenado su máxima capacidad así que Irons detuvo el proceso:
Había hecho falta varias horas y estaba agotado. Comprobó el
depósito y sonrió. Se habían generado partículas de tono
amarillento (que era el predominante) cuya potencia era
extraordinaria-Este proyecto será bueno hasta para ligar y pasar de
la estirada de Demongirl- Pensó.
Introdujo en un recipiente aislante la cantidad necesaria de
partículas para hacer la demostración en la rueda de prensa, llevó
el resto de la carga energética a una sala abandonada que poseía el
depósito energético más grande de todo el recinto. De nuevo tuvo
que indicar una contraseña pero no hubo mucho problema. No contaría
a la prensa con detalle cómo lo había conseguido, pero sí los
frutos del proyecto. Según sus cálculos había material para varias
años y el juego no duraría tanto, no obstante contrataría un
equipo de expertos para la fabricación de robots capaces de tratar
la producción energética.
Al día siguiente el Salón de Actos de la vieja empresa de su padre
estaba a rebosar. Los principales diarios españoles e
internacionales estaban presentes al igual que los Ministros de
Industria, Energías Renovables y Defensa y el Jefe de la oposición
que había cancelado unas entrevistas. Tom también acudió y algunos
empresarios prestigiosos como el señor Don Miguel Rivas, accionista
mayoritario y presidente de la empresa “Bodegas Rivas S.A”,
famosa por producir mucha cantidad de vino en tiempo récord.
Acudieron también científicos y antiguos inversores. Pero ningún
amigo.
David decidió empezar recordando a su abuelo y sobre todo a su
difunto padre, luego pasó a contar el proyecto:
-Hoy es un gran día. Hoy es el día en que el sueño de la vida de
mi padre y mi propio sueño, comienzan a hacerse realidad: Un mundo
donde no dependeremos de la energía contaminante y dónde evitaremos
los chantajes de los dueños del petróleo. Es hora de empezar
¡Podemos dar energía y alta tecnología a el mundo entero si nos lo
proponemos! Pero no empecemos la casa por el tejado. Lo primero será
familiarizarnos con esta energía.
Irons chascó los dedos y el equipo de becarios apareció portando
las partículas en el recipiente aislante y, cuidadosamente, usaron
una máquina para extraerla y mostrarla al público. Las caras de
asombro llenaron la sala.
-Como podéis ver es una partícula parecida a las solares, sólo que
lograda mediante una alteración química y a partir de fuentes de
energía distintas, la solar incluida- Los científicos becarios
hicieron diferentes demostraciones dividiendo las partículas y
mostrando sus posibilidades.
-Y, tras esta demostración, quiero decir que aquí comienza una
Nueva Etapa, y a una nueva etapa le corresponde un nombre. Por eso
bautizo esta empresa con un nuevo nombre: Irons Tecnology
Corporation. Por supuesto espero que este éxito podamos celebrarlo y
desarrollarlo todos juntos y así todos saldremos beneficiados-
Terminó el Sr.Irons aludiendo a las ventajas y subvenciones que
debería darle el Gobierno.
Al acabar la presentación, entre un sinfín de aplausos, David
recibió felicitaciones de parte de los asistentes.
-Tu padre estaría orgulloso, era un buen hombre y a criado a un
chico singular- Le dijo un empresario agrícola, que sabía que se
llevaba fatal con su padre.
Finalmente Miguel Rivas se le acercó y le ofreció acudir a una
fiesta que daría en su mansión esa misma tarde. Era un empresario
joven que provenía de una familia de millonarios. Tenían
aproximadamente la mi misma edad. David se volvió a Tom para pedirle
que se ocupara de todo. Le encargó buscar a un representante para su
empresa, alguien de fiar. Confiaba en el talento de Tom y necesitaba
tener un representante para que cuando volviera de nuevo al juego se
encargara de dar la cara por la empresa. El mayordomo le vigilaría
para que no hiciera ninguna tontería y se encargaría de
administrar, como ya hacía, los recursos familiares.
Sin más, David Irons no se lo pensó dos veces y se marchó a la
fiesta de Mansión Rivas, donde pasó una de los mejores días de su
vida en compañía de una modelo Italiana. Al volver a su casa pensó
que estaba muy orgulloso de sí mismo. Ahora no tenía que fingir ser
poderoso, sino que efectivamente lo era.
En el día de descanso antes de la cita con Cerebro, los I-Men hacían
su vida cotidiana, o al menos lo intentaban.
Demongirl entró en el vestíbulo del instituto y llegó a clase
bastante cansada: Se había pasado la noche estudiando y recuperando
el tiempo perdido. Era la época de exámenes y estaba saturada por
todo.
-¡Señorita delegada!- Le dijo una chica repipi y muy bien vestida.
-¿Sí?- Contesto una Demongirl con voz ronca.
-Toma, todos estos papeles son quejas para la reunión de la
asociación de alumnos de las 7- Dijo poniendo un taco de papeles
sobre la mesa.
De pronto Demongirl se incorporó: la reunión era por la tarde, con
lo que tendría que leerse toda la documentación y preparar un
informe breve a ordenador. No tenía ni un minuto libre para hacer
deporte como tanto quería y ver a Llama Helada, pero intentaría
correr media hora antes de irse a dormir. Quería saber más cosas
sobre el misterioso juego pero no le quedaba otra que confiar en el
resto de los I-Men, aunque muchos no le inspiraban precisamente
confianza. Era una chica con mucha personalidad y le encantaba tomar
el mando, sentía que sólo si hacía las cosas ella misma podrían
salir bien. Por eso solía tomar responsabilidades que el resto de
chicos hubieran delegado en otra persona. Todo eso la había obligado
a madurar algo más rápido que a sus compañeros, lo que no quitaba
que en el fondo siguiera siendo una adolescente.
Por su parte, su hermana Gaia, había decidido no ir a clase ese día.
Se quedó dormida hasta bien entrado el mediodía y después se
dispuso a continuar leyendo “Vida y Destino”en
inglés. También pensaba en el juego y en lo que había pasado con
Eliart. Tenía ganas de verle. Al día siguiente iría a la cita
misteriosa, quería saber quién era el tal “Cerebro”. Tenía
asumido que pronto volverían al juego aunque no le gustara nada, así
que mejor irse sabiendo todo. Le gustaría poder contárselo a su
hermana, la mayor, que siempre tenía respuestas para todo, pero
sabía que no era una buena idea. Gaia era una persona bastante
soñadora, si se distraía en seguida su mente volaba por derroteros
misteriosos, muchas veces se sorprendía a ella misma. Al igual que
su hermana era bastante autoritaria, lo que dentro de la casa
ocasionaba bastante confrontaciones, sin embargo eran capaces de
compaginar esa actividad violenta con una convivencia relativamente
agradable. Le apasionaba leer y escuchar música, y aprender, sobre
todo aprender. Su gran defecto, al contrario que su hermana, era su
pereza. Le encantaba remolonear.
Llama Helada, al igual que su novia, estaba muy ocupado. Sus padres
trabajaban lejos y volvían a casa por la noche, así que tenía que
encargarse de las tareas del hogar y de una adolescente caprichosa.
-¿Puedes dejar de comer patatas y tirarlas al suelo pequeñaja?
¡Acabo de limpiar!- Exclamó el chico a su hermana.
-Déjame en paz y ve a tu rollo- Contestó Waver sacando la lengua y
enciendo un cigarrillo.
-En fin, menuda cría que me ha tocado por hermana macho- Se quejaba
para sí.
Era un chico calmado y a la vez con ganas de hacer muchas cosas. Le
gustaba mucho ver y quedar con Demongirl. Aunque había salido con un
par de chicas antes, nunca había sentido tanto como estando a su
lado. Al acabar las tareas del hogar echó unas cuantas partidas a la
consola, le encantaban los juegos bélicos en primera persona, y se
motivaba pensando en el juego en que había conocido a los I-Men. A
él luchar no le gustaba demasiado, pero tampoco tenía ningún
problema en dar batalla si la ocasión lo merecía. Se regía por
unos ideales de justicia y lealtad propios de caballeros de la edad
media.
En una zona cercana al parque del Retiro, el joven Shadow Walker
jugaba al fútbol con sus primos pequeños que eran también sus
vecinos. Llevaba en España siete años, pero de vez en cuando se
acordaba de Santo Domingo, donde nació. Tenía muchas preguntas
acerca del juego y aunque le gustaba pavonearse con las tías e ir de
gallito, no entendía cómo alguien podía acumular tanta rabia y
tanto odio como le pasaba a Gravitta. Veía con lástima a Kya
siempre al servicio del ''Amo''. Le gustaría poderla decir lo que
pensaba. Se sentía defraudado a sí mismo por haber sido un S-Men.
Por otra parte, sabía que gente como Revelación o Eliart merecían
la pena. Se alegraba de haberse reencontrado con Isi, en el instituto
eran buenos amigos y le gustaría que volviera a ser así. De hecho,
le había dicho de quedar para charlar un rato esa misma tarde. El
líder no tardó en aparecer.
-Hola, ¡buenas!- Dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Qué tal tío?- Preguntó Shadow.
Tras un breve saludo dieron una vuelta por el Retiro y charlaron
sobre los viejos tiempos. Eliart recordó cosas que no quería
recordar. Se acordó con nombres y apellidos de alguna gentuza que
había en aquel antiguo instituto y de algunas peleas entre las
bandas que allí merodeaban. Tuvo suerte de ser el ojo derecho de
muchos profesores. Shadow se acordó del día que conoció a Eliart:
Éste estaba paseando cerca del instituto cuando pasó por delante de
los gamberros, ente los que se encontraba Mark, que era el nombre
verdadero de Shadow. Estaban tirando piedras a un establecimiento que
estaba cerrado y Eliart les dijo en diversos tonos que parasen, pero
el más bravucón le contestó de forma burlesca:
-Bah estúpido friki ¡Mira cómo vas vestido!- Era verdad, iba muy
desaliñado en ese momento-¿Qué me vas a hacer?- Sin más el chulo
fue a darle y Eliart no quiso devolvérsela, no porque no tuviese
ganas, sino porque no quería salir perdiendo ni recibir un parte en
la escuela. Finalmente el chico insistía, así que Eliart le golpeó
fuertemente en la cara. Shadow se encaró a Eliart y fue el momento
en que Eliart soltó un discurso sobre lo que era justo y lo que no,
que provocó risas desternillantes en todos. Sin embargo, Eliart pudo
ver cómo el discurso había conmovido a Shadow que sólo se había
reído por compromiso con su colegas. En una ocasión posterior
volvieron a verse pero aquella vez era Shadow el que estaba siendo
apalizado y Eliart intervino en su defensa. Desde entonces comenzaron
a llevarse bien aunque Shadow llevaba su amistad con uno de los
“raritos” con discreción ya que si sus colegas le descubrían...
De pronto una llamada del Guerrero Celeste interrumpió el paseo:
-Oye tío hay una noticia de prensa que quiero que veas, te la envié
por mail- Dijo el chico con tono apresurado. Luego colgó
repentinamente.
-Ya veo, ¿tienes internet en casa? Le preguntó a Shadow- Su
respuesta fue afirmativa y ambos subieron.
La noticia era de la prensa digital y ponía lo siguiente: “Se
descubre una energía que nos sacará de la crisis energética”. En
la portada aparecía el Sr.Irons sonriente mostrando el experimento.
-Vaya... lo ha conseguido- Dijo Eliart. De pronto tuvo ganas de estar
sólo. Se despidió de Shadow y marchó a casa pensativo. Ese chico
había cumplido su objetivo en la vida antes de que él hubiese
tenido claro cuál era el suyo. Pero le preocupaba que ahora que
tenía poder se inclinara hacia el mal. Aunque seguía sintiéndose
traicionado, no dejaba de verle como un amigo con el que compartió
su petaca y le gustaría que los demás I-Men volvieran a verlo así.
Se puso un poco de música y resolvió sin dificultad los ejercicios
de la universidad. Después decidió entrenar un rato y prepararse
para el día siguiente.
Finalmente llegó el esperado día de la cita con Cerebro. Fueron
muchos los que no podían ir, pero Gaia, Eliart, el Guerrero Celeste,
Shadow, Revelación y Holy se presentaron. Después de la experiencia
con Thunder-Man era conveniente que la curandera fuera. El cielo
estaba encapotado y amenazaba lluvia, por lo que decidieron darse
prisa.
-Bien, no debemos hacernos notar demasiado. Por lo que dice el mapa
es un callejón estrecho y poco iluminado- Comento el Guerrero
Celeste, algo asustado por los truenos que se oían a lo lejos.
Fueron en metro hasta uno de los barrios más alejados del centro.
Tuvieron que cruzar un pequeño puente y luego un parque entero. Al
principio Gaia y Holy no quisieron adentrarse en el parque, estaba ya
muy oscuro y no parecía nada seguro, sin embargo si querían llegar
a tiempo debían atravesarlo. A duras penas los demás lograron
convencerlas, pero sólo tras oír a Revelación afirmar que no había
ningún peligro cercano. Tardaron un rato en recorrerlo, y fue
gracias a Shadow, que en la oscuridad era capaz de guiarse mejor.
Cuando llegaron de nuevo a la ciudad les sorprendió lo que vieron.
Casas bajas y en muy mal estado. Otro trueno bramó y una fina capa
de agua comenzó a caer. Apretaron el paso y finalmente divisaron un
estrecho callejón al oliente, lleno de cartones y charcos.
-Uhh que mal rollo, no me quedaría aquí a vivir ni aunque mi vecino
fuera el Capitán Vasco- Bromeó el Guerrero.
-Igual hemos llegado muy pronto, no sé- Susurró Eliart.
Los I-Men se refugiaron bajo un pequeño balcón de una de las casa
cercanas, siempre vigilando el callejón, por si alguien se acercaba.
Comenzaron a hacerse preguntas, ''¿Y si aquel tipo no venía?'',
''¿Se asustaría si veía a tanta gente allí?''. No tenían modo de
saberlo. Los minutos pasaban y todo permanecía en calma, solo el
repiqueteo de las gotas contra el suelo interrumpía la quietud del
ambiente.
De pronto, cuando ya pensaban que nadie vendría, oyeron unas pisadas
acercándose y una voz les llamó:
-¿Sois los I-Men?- Hablaba una silueta encapuchada desde la
penumbra. Antes de que pudieran responder, sus cuerpos fueron
desapareciendo lentamente y las tarjetas del juego comenzaron a
brillar. Los I-Men se miraron estupefactos, ¡ahí estaba Cerebro, y
el juego se los estaba llevando! Habían estado tan cerca.
Sin duda era hora de volver...