lunes, 11 de marzo de 2013

Capítulo 19 - 'Sin mirar atrás'

La lluvia caía lentamente sobre la ciudad de Bilbao, sin embargo el calor era intenso para ser noviembre. El Capitán Vasco contemplaba la ciudad desde la cima de un edificio de unas catorce plantas. Había poco ruido, era viernes y sabía muy bien qué significaba éso. Miró el reloj y sin más preámbulos se dispuso a marchar discretamente hacia su hogar. Guardó su uniforme y bajó en el ascensor. Era algo que de vez en cuando necesitaba. Mientras bajaba, se hacía preguntas sobre el tal Thunder-Man y sobre el juego. Justo el día anterior había sido la reunión de los I-Men.
-Me hubiese gustado acudir mañana chicos, pero me es imposible salir de Bilbao- Se castigaba el Capitán para sus adentros. Al poco rato llegó a su casa.
-Rápido Juan Diego, ¡la parienta vendrá de un momento a otro y no es galán ni propio de nuestra familia hacer esperar a toda una dama!- Dijo su padre llevando consigo una ropa cómoda de deporte.
-Joder papá, ¿otra vez con éso? Que sólo somos amigos
-Ya, ya, igualmente vete vistiendo. Ya sabes lo que significa que sea viernes.
El Capitán comenzó a vestirse con cierta rapidez. Los viernes era el único día de la semana que podía hacer algo que le encantaba y que le llenaba especialmente: enseñar.
La mayoría de los dojos de Artes Marciales y deportes de contacto en general habían sufrido cambios en sus estrategias cuando apareció el super-héroe. Solicitaban su presencia a las autoridades para exhibiciones y clases. El mundo del combate y la defensa personal alteró su metodología teniendo al héroe vasco como modelo a seguir, sobre todo desde que comenzó a luchar contra criminales como el ''Guipuchi'', con los que no podía ni la policía. Tanto prestigio le abrumaba y, aunque el mismo Capitán también recibía sesiones de defensa personal impartidas por reconocidos maestros, en seguida se mostró diestro en su aprendizaje y pensó que en aquella vida de extensos reportajes televisivos, viajes a horas intempestivas, poca privacidad y lucha con delincuentes, podría emplear su tiempo libre en enseñar técnicas de combate, en formar a los futuros héroes que protegerían su tierra si en algún momento él faltase.
Siempre le había gustado tratar con niños, y la idea de ser un buen maestro le fascinaba. No estaba descontento con su vida de héroe. La asumía y la vivía con ganas, era todo un privilegio. Pero a veces hasta los más famosos echan de menos pasar desapercibidos y ser personas corrientes pululando por una gran ciudad. Desde hacía cosa de 3 meses, una fundación que llevaba su nombre le había regalado una pequeña instalación para poner su propio club de lucha. Por supuesto en su apretada agenda se encontraba encuentros con otros centros de Artes Marciales, pero al suyo era al que acudía puntualmente cada semana. No había muchos alumnos porque el precio lo escogía la fundación y evidentemente era bastante caro.
La puerto sonó y Ana entró por la puerta.
-Pasa hija pasa- Habló el padre- Aún no se ha vestido.
-¡Ya estoy!- Salió al fin el Capitán. Saludó amablemente a su amiga Ana que como cada viernes le acompañaba al club.
-¿Qué les tienes preparado para hoy?- Preguntó la chica interesada.
-Ya verás. Es original y te va a gustar. Pero también seré duro contigo ¿eh?
Ana llevaba puesta también ropa deportiva y, aunque no estaba a a la altura de muchos alumnos, de vez en cuando se unía a los ejercicios. La joven era una antigua amiga del Capitán.
-Hoy voy muy preparada “Capitán”- Dijo con tono burlesco.
-Muy bien, muy bien.
Después de andar unos minutos escasos llegaron a un descampado donde se situaba una construcción de madera bastante ancha. En la parte de atrás había una pequeña piscina climatizada con un tronco de árbol atravesándola. La sala principal de la casa de madera estaba cubierta por tatamis, con los zapatos de los chicos puestos a los lados de éste, desprendiéndose un olor característico.
-¡Saludos maestro!- Reverenciaron con una leve inclinación todos los chicos al unísono cuando Ana y Juan Diego cruzaron el umbral de la puerta.
-¡Hola a todos!- Habló el Capitán Vasco- Veo que estáis ya los diez así que podemos empezar.
Los chicos se pusieron en dos filas unos tras otros, salvo Lucas que era el alumno más aventajado de la escuela, que se puso frente a ellos. El ejercicio era sencillo: debían imitar los movimientos de su compañero e ir subiendo la velocidad.
-Ana, incorpórate si quieres- La chica asintió y se colocó detrás del todo. Tras el calentamiento, el Capitán Vasco les mostró un par de movimientos de coordinación de brazos, piernas y cadera, además de algunas formas de competir en un conflicto callejero: los reflejos y la resistencia eran fundamentales y había que potenciarlos. El Capitán Vasco no sabía mucho de llaves pero sí conocía actitudes y movimientos de combate. Tras las enseñanzas del Capitán llegó el turno de las peleas uno contra uno, luego dos contra uno y se iban turnando los diez alumnos. Finalmente el Capitán les propuso ir a la zona de la piscina.
-¿Otra vez un ejercicio de equilibrio caminando sobre el tronco?- Dijo Azucena, la única chica de la academia.
-No exactamente, digamos que hoy es más complicado pero tiene premio- La palabra “premio” suscitó entusiasmo entre los niños del club- Empezarás tú, Azucena, y después Lucas- El hombre fue un momento al interior del aula y sacó una bandeja llena de pinchos morunos que se puso en cada hueco de entre los dedos- ¿Veis estos pinchos? Huelen que alimentan ¿eh? ¡Pues si los queréis tenéis que atraparlos según los lance al vuelo de un salto mientras camináis sin perder el equilibrio! Venga que no es tan difícil.- Ana se retiró del ejercicio y los “Hombres del Capitán” se dispusieron a pasar la prueba. A pesar de la dureza de los entrenamientos, todos se lo pasaban en grande y aceptaban victorias y derrotas con una sonrisa.
Al acabar el ejercicio con gran éxito para Lucas, Azucena y dos alumnos más, el Capitán Vasco les mandó ponerse en círculo para decirles algo importante:
-Alumnos; es posible que las dos próximas semanas no pueda daros clases. Tengo algunos compromisos que no creo que consiga anular- Dijo en clara alusión al Juego, que no sabía cuánto tiempo le llevaría- En mi ausencia Lucas impartirá las clases, siguiendo los métodos de siempre ¿De acuerdo?
Ana se quedó sorprendida al oír éstas palabras: sabía lo mucho que le importaban al Capitán sus alumnos del club, así que algo muy gordo tenía que retenerle para que no pudiera asistir. Tenía plena confianza en el Capitán Vasco y pensaba que era mutuo y, de algún modo, le molestaba que no le contara todo, aunque fueran asuntos de Alto Secreto del Estado.
-¿Eh? ¿y eso Juandi?- Preguntó su amiga.
-Luego te lo explico- Mintió el Capitán, que sabía que no podía contar nada sobre el juego. Sin embargo, el rostro de Ana se tranquilizó al oír sus palabras.
Los alumnos entendieron a su Capitán y se retiraron diciéndole que volviera cuanto antes pudiese.


Al día siguiente, en Navalcarnero, el cadáver de Thunder-Man yacía en el suelo. Cuando cerró los ojos hubo un momento de silencio entre los I-Men. Ninguno dijo palabra. Acaban de conocerle, pero era un tipo que estaba dispuesto a ayudarles aún a costa de su vida.
Sin decir nada, Eliart golpeó con su puño el terreno, hasta hacer un agujero lo bastante grande como para que pudieran dar sepultura al héroe caído. Llama Helada cogió el cuerpo del antiguo ganador y lo depositó en su interior, después lo cubrieron de nuevo con tierra y decidieron permanecer unos minutos en silencio por él, luego entraron a registrar la casa por si encontraban algo útil. Nada. Era una casa ordenada pero no tenía apenas nada que les sirviera de pista. Tan sólo el viejo portátil de Thunder-Man.
-Me llevaré el ordenador a casa. Es posible que tenga algún tipo más de información, aunque haya que descifrarla, será mejor éso que dejarlo aquí... no vaya a ser que algún monstruo de éstos u otro jugador lo descubra...- Susurró el Guerrero Celeste mientras, sintiéndose algo culpable, se llevaba el aparato.
-Sí, si. Llévalo contigo- Dijo Revelación. Era hora de irse de aquel horrible lugar que seguía oliendo a muerte. Subieron al bus y empezaron a hablar sobre qué harían ahora.
-Bueno, ¿entonces ahora qué?- Preguntó Shadow Walker.
-Pues... está claro ¿No chicos? Deberíamos hablar con ese tal “Cerebro”- Repuso Eliart- Umm ¿crees que es una buena decisión Revelación? ¿Consigues adivinar algo sobre ese tío?
-No, lo siento. De algún modo no veo nada claro. Nada de nada ésta vez, es extraño.
-Supongo que puede ser tanto buena como mala señal- Intervino el Guerrero Celeste.
-En cualquier caso, yo pienso que debemos ir en memoria de Thunder-Man y decir que vamos en su nombre. Si ése tipo le salvó de estar atrapado en el juego, no podemos pasar del tema. No ahora- Explicó Llama Helada.
-Bah, como queráis- Se quejó Waver.
-Lo que está claro es que debemos continuar averiguando sobre el juego, ahora que ya hemos empezado. ¿Quedamos en dos días para ir a ese callejón?- Propuso el líder de los I-Men y éstos asintieron. El día restante lo dedicarían a descansar.


Tras recibir las fórmulas de Gravitta, Irons decidió actuar sin esperar un sólo segundo. De modo que ofreció a Gravitta estar presente en una rueda de prensa que daría esa misma tarde y en la cual presentaría su nuevo proyecto de energía limpia e inagotable y haría alguna demostración, sin embargo Gravitta rehusó. “Prefiero guardar el anonimato sobre este asunto, además ya tengo planes esta tarde” le había dicho su frívolo y calculador jefe. Irons decidió entonces recurrir a algunos becarios que trabajaron en la empresa de su padre. No se fiaba mucho de ellos pero les pagaría bien por asistir y tener así más reconocimiento científico. Llamó a la dirección de uno de los periódicos más populares del país y al rato recibió gran número de llamadas por su proyecto, dejando a Tom encargado de atenderlas. Él debía acondicionar una central energética algo anticuada. Cogió un Audi T.T y se llevó un pequeño robot que había fabricado gracias a sus conocimientos, intentando evitar usar sus poderes. Cuando empezó el juego tenía pensado utilizar sus poderes para modificar los aparatos sin mucha dificultad, pero al ver que los organizadores del juego dejaron claro que estaba totalmente prohibido usarlos, decidió fabricar un pequeño robot que fuera capaz de hacerlo. Gracias a las sucesivas investigaciones en conjunto con Gravitta no había sido muy complicado. En diez minutos llegó al lugar. Era un recinto vallado que tenía el aspecto de un viejo polígono industrial. Hasta la entrada estaba vieja y había que forcejear para abrirla. La instalación principal en contraste tenía tecnología moderna que pedía decir una contraseña en voz alta para comprobar si eras personal autorizado.
-1.5-1992- Dijo David al tiempo que las puertas se abrían. Había ido con su padre en otras ocasiones y sabía la contraseña aunque desconocía lo que significaba. Al tiempo la atronadora música de AC/DC sonó en su móvil. Era un mensaje de Tom: Al día siguiente sería la rueda de prensa- Iré un poco apretado de tiempo, pero podré si renuncio a comer- Se dijo el empresario y comenzó.
Estaba en una sala amplia en cuyo centro había un alto y ancho generador de energía con innumerables cables que apuntaban en todas direcciones. A su alrededor se distinguían distintos aparatos: Sobre todo eran transformadores que convertían la energía extraída en electricidad y también había equipos informáticos. El techo estaba recubierto con paneles solares que almacenaban la energía en baterías. A través de un sistema de tuberías se aprovechaba también la energía geotérmica que provenía del calor interno de la la Tierra, éstas energías renovables serían claves para el proyecto. Todas las salas del viejo recinto estaban al servicio de esta sala. Necesitaba básicamente mezclar el potencial energético en el alto generador de energía y el empleo de sustancias químicas en consonancia con la fórmula de Gravitta. Así debería obtener unas partículas similares a las solares pero artificiales, con facilidad para subdividirse y un gran potencial. Una sola de esas partículas podría suministrar energía a una ciudad de 200.000 habitantes.
El robot se puso en marcha y fue poniendo en funcionamiento todos los generadores y aparatos electrónicos. Al cabo de un par de horas todos los aparatos se encontraban transmitiendo la energía generada directamente al generador ancho, la nave principal de la sala. El robot vertió sobre el interior del generador una sustancia química que mezclaba tonalidades verdosas amarillentas y azuladas. Al instante se fundió con la energía almacenada y al cabo de un rato hubo un pequeño estallido: el robot había sufrido una sobrecarga por realizar tantas funciones a la vez y se había hecho añicos. Por suerte, la instalación seguía funcionando con normalidad.
-Joder, estúpido trasto- Dijo Irons quejándose de su creación- Está bien, sé que va contra las normas pero tendré que continuar yo mismo- David Irons llevaba mucho tiempo pensando en utilizar su mente para controlar la tecnología, pensaba que sería más eficaz que utilizar los brazos. No obstante había que tomar precauciones. Activó su armadura y cerró los ojos tomándose un par de minutos. Desde su mente ordenó a los aparatos continuar el proceso de acumulación energética, y se dispuso a introducir de nuevo la sustancia química.
-A ver, con cuidado...- Se decía y vertió de nuevo el líquido. Al cabo de media hora y sin que hubiese ningún problema, el generador había llenado su máxima capacidad así que Irons detuvo el proceso: Había hecho falta varias horas y estaba agotado. Comprobó el depósito y sonrió. Se habían generado partículas de tono amarillento (que era el predominante) cuya potencia era extraordinaria-Este proyecto será bueno hasta para ligar y pasar de la estirada de Demongirl- Pensó.
Introdujo en un recipiente aislante la cantidad necesaria de partículas para hacer la demostración en la rueda de prensa, llevó el resto de la carga energética a una sala abandonada que poseía el depósito energético más grande de todo el recinto. De nuevo tuvo que indicar una contraseña pero no hubo mucho problema. No contaría a la prensa con detalle cómo lo había conseguido, pero sí los frutos del proyecto. Según sus cálculos había material para varias años y el juego no duraría tanto, no obstante contrataría un equipo de expertos para la fabricación de robots capaces de tratar la producción energética.


Al día siguiente el Salón de Actos de la vieja empresa de su padre estaba a rebosar. Los principales diarios españoles e internacionales estaban presentes al igual que los Ministros de Industria, Energías Renovables y Defensa y el Jefe de la oposición que había cancelado unas entrevistas. Tom también acudió y algunos empresarios prestigiosos como el señor Don Miguel Rivas, accionista mayoritario y presidente de la empresa “Bodegas Rivas S.A”, famosa por producir mucha cantidad de vino en tiempo récord. Acudieron también científicos y antiguos inversores. Pero ningún amigo.
David decidió empezar recordando a su abuelo y sobre todo a su difunto padre, luego pasó a contar el proyecto:
-Hoy es un gran día. Hoy es el día en que el sueño de la vida de mi padre y mi propio sueño, comienzan a hacerse realidad: Un mundo donde no dependeremos de la energía contaminante y dónde evitaremos los chantajes de los dueños del petróleo. Es hora de empezar ¡Podemos dar energía y alta tecnología a el mundo entero si nos lo proponemos! Pero no empecemos la casa por el tejado. Lo primero será familiarizarnos con esta energía.
Irons chascó los dedos y el equipo de becarios apareció portando las partículas en el recipiente aislante y, cuidadosamente, usaron una máquina para extraerla y mostrarla al público. Las caras de asombro llenaron la sala.
-Como podéis ver es una partícula parecida a las solares, sólo que lograda mediante una alteración química y a partir de fuentes de energía distintas, la solar incluida- Los científicos becarios hicieron diferentes demostraciones dividiendo las partículas y mostrando sus posibilidades.
-Y, tras esta demostración, quiero decir que aquí comienza una Nueva Etapa, y a una nueva etapa le corresponde un nombre. Por eso bautizo esta empresa con un nuevo nombre: Irons Tecnology Corporation. Por supuesto espero que este éxito podamos celebrarlo y desarrollarlo todos juntos y así todos saldremos beneficiados- Terminó el Sr.Irons aludiendo a las ventajas y subvenciones que debería darle el Gobierno.
Al acabar la presentación, entre un sinfín de aplausos, David recibió felicitaciones de parte de los asistentes.
-Tu padre estaría orgulloso, era un buen hombre y a criado a un chico singular- Le dijo un empresario agrícola, que sabía que se llevaba fatal con su padre.
Finalmente Miguel Rivas se le acercó y le ofreció acudir a una fiesta que daría en su mansión esa misma tarde. Era un empresario joven que provenía de una familia de millonarios. Tenían aproximadamente la mi misma edad. David se volvió a Tom para pedirle que se ocupara de todo. Le encargó buscar a un representante para su empresa, alguien de fiar. Confiaba en el talento de Tom y necesitaba tener un representante para que cuando volviera de nuevo al juego se encargara de dar la cara por la empresa. El mayordomo le vigilaría para que no hiciera ninguna tontería y se encargaría de administrar, como ya hacía, los recursos familiares.
Sin más, David Irons no se lo pensó dos veces y se marchó a la fiesta de Mansión Rivas, donde pasó una de los mejores días de su vida en compañía de una modelo Italiana. Al volver a su casa pensó que estaba muy orgulloso de sí mismo. Ahora no tenía que fingir ser poderoso, sino que efectivamente lo era.


En el día de descanso antes de la cita con Cerebro, los I-Men hacían su vida cotidiana, o al menos lo intentaban.
Demongirl entró en el vestíbulo del instituto y llegó a clase bastante cansada: Se había pasado la noche estudiando y recuperando el tiempo perdido. Era la época de exámenes y estaba saturada por todo.
-¡Señorita delegada!- Le dijo una chica repipi y muy bien vestida.
-¿Sí?- Contesto una Demongirl con voz ronca.
-Toma, todos estos papeles son quejas para la reunión de la asociación de alumnos de las 7- Dijo poniendo un taco de papeles sobre la mesa.
De pronto Demongirl se incorporó: la reunión era por la tarde, con lo que tendría que leerse toda la documentación y preparar un informe breve a ordenador. No tenía ni un minuto libre para hacer deporte como tanto quería y ver a Llama Helada, pero intentaría correr media hora antes de irse a dormir. Quería saber más cosas sobre el misterioso juego pero no le quedaba otra que confiar en el resto de los I-Men, aunque muchos no le inspiraban precisamente confianza. Era una chica con mucha personalidad y le encantaba tomar el mando, sentía que sólo si hacía las cosas ella misma podrían salir bien. Por eso solía tomar responsabilidades que el resto de chicos hubieran delegado en otra persona. Todo eso la había obligado a madurar algo más rápido que a sus compañeros, lo que no quitaba que en el fondo siguiera siendo una adolescente.
Por su parte, su hermana Gaia, había decidido no ir a clase ese día. Se quedó dormida hasta bien entrado el mediodía y después se dispuso a continuar leyendo “Vida y Destino”en inglés. También pensaba en el juego y en lo que había pasado con Eliart. Tenía ganas de verle. Al día siguiente iría a la cita misteriosa, quería saber quién era el tal “Cerebro”. Tenía asumido que pronto volverían al juego aunque no le gustara nada, así que mejor irse sabiendo todo. Le gustaría poder contárselo a su hermana, la mayor, que siempre tenía respuestas para todo, pero sabía que no era una buena idea. Gaia era una persona bastante soñadora, si se distraía en seguida su mente volaba por derroteros misteriosos, muchas veces se sorprendía a ella misma. Al igual que su hermana era bastante autoritaria, lo que dentro de la casa ocasionaba bastante confrontaciones, sin embargo eran capaces de compaginar esa actividad violenta con una convivencia relativamente agradable. Le apasionaba leer y escuchar música, y aprender, sobre todo aprender. Su gran defecto, al contrario que su hermana, era su pereza. Le encantaba remolonear.
Llama Helada, al igual que su novia, estaba muy ocupado. Sus padres trabajaban lejos y volvían a casa por la noche, así que tenía que encargarse de las tareas del hogar y de una adolescente caprichosa.
-¿Puedes dejar de comer patatas y tirarlas al suelo pequeñaja? ¡Acabo de limpiar!- Exclamó el chico a su hermana.
-Déjame en paz y ve a tu rollo- Contestó Waver sacando la lengua y enciendo un cigarrillo.
-En fin, menuda cría que me ha tocado por hermana macho- Se quejaba para sí.
Era un chico calmado y a la vez con ganas de hacer muchas cosas. Le gustaba mucho ver y quedar con Demongirl. Aunque había salido con un par de chicas antes, nunca había sentido tanto como estando a su lado. Al acabar las tareas del hogar echó unas cuantas partidas a la consola, le encantaban los juegos bélicos en primera persona, y se motivaba pensando en el juego en que había conocido a los I-Men. A él luchar no le gustaba demasiado, pero tampoco tenía ningún problema en dar batalla si la ocasión lo merecía. Se regía por unos ideales de justicia y lealtad propios de caballeros de la edad media.
En una zona cercana al parque del Retiro, el joven Shadow Walker jugaba al fútbol con sus primos pequeños que eran también sus vecinos. Llevaba en España siete años, pero de vez en cuando se acordaba de Santo Domingo, donde nació. Tenía muchas preguntas acerca del juego y aunque le gustaba pavonearse con las tías e ir de gallito, no entendía cómo alguien podía acumular tanta rabia y tanto odio como le pasaba a Gravitta. Veía con lástima a Kya siempre al servicio del ''Amo''. Le gustaría poderla decir lo que pensaba. Se sentía defraudado a sí mismo por haber sido un S-Men.
Por otra parte, sabía que gente como Revelación o Eliart merecían la pena. Se alegraba de haberse reencontrado con Isi, en el instituto eran buenos amigos y le gustaría que volviera a ser así. De hecho, le había dicho de quedar para charlar un rato esa misma tarde. El líder no tardó en aparecer.
-Hola, ¡buenas!- Dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Qué tal tío?- Preguntó Shadow.
Tras un breve saludo dieron una vuelta por el Retiro y charlaron sobre los viejos tiempos. Eliart recordó cosas que no quería recordar. Se acordó con nombres y apellidos de alguna gentuza que había en aquel antiguo instituto y de algunas peleas entre las bandas que allí merodeaban. Tuvo suerte de ser el ojo derecho de muchos profesores. Shadow se acordó del día que conoció a Eliart: Éste estaba paseando cerca del instituto cuando pasó por delante de los gamberros, ente los que se encontraba Mark, que era el nombre verdadero de Shadow. Estaban tirando piedras a un establecimiento que estaba cerrado y Eliart les dijo en diversos tonos que parasen, pero el más bravucón le contestó de forma burlesca:
-Bah estúpido friki ¡Mira cómo vas vestido!- Era verdad, iba muy desaliñado en ese momento-¿Qué me vas a hacer?- Sin más el chulo fue a darle y Eliart no quiso devolvérsela, no porque no tuviese ganas, sino porque no quería salir perdiendo ni recibir un parte en la escuela. Finalmente el chico insistía, así que Eliart le golpeó fuertemente en la cara. Shadow se encaró a Eliart y fue el momento en que Eliart soltó un discurso sobre lo que era justo y lo que no, que provocó risas desternillantes en todos. Sin embargo, Eliart pudo ver cómo el discurso había conmovido a Shadow que sólo se había reído por compromiso con su colegas. En una ocasión posterior volvieron a verse pero aquella vez era Shadow el que estaba siendo apalizado y Eliart intervino en su defensa. Desde entonces comenzaron a llevarse bien aunque Shadow llevaba su amistad con uno de los “raritos” con discreción ya que si sus colegas le descubrían...
De pronto una llamada del Guerrero Celeste interrumpió el paseo:
-Oye tío hay una noticia de prensa que quiero que veas, te la envié por mail- Dijo el chico con tono apresurado. Luego colgó repentinamente.
-Ya veo, ¿tienes internet en casa? Le preguntó a Shadow- Su respuesta fue afirmativa y ambos subieron.
La noticia era de la prensa digital y ponía lo siguiente: “Se descubre una energía que nos sacará de la crisis energética”. En la portada aparecía el Sr.Irons sonriente mostrando el experimento.
-Vaya... lo ha conseguido- Dijo Eliart. De pronto tuvo ganas de estar sólo. Se despidió de Shadow y marchó a casa pensativo. Ese chico había cumplido su objetivo en la vida antes de que él hubiese tenido claro cuál era el suyo. Pero le preocupaba que ahora que tenía poder se inclinara hacia el mal. Aunque seguía sintiéndose traicionado, no dejaba de verle como un amigo con el que compartió su petaca y le gustaría que los demás I-Men volvieran a verlo así.
Se puso un poco de música y resolvió sin dificultad los ejercicios de la universidad. Después decidió entrenar un rato y prepararse para el día siguiente.


Finalmente llegó el esperado día de la cita con Cerebro. Fueron muchos los que no podían ir, pero Gaia, Eliart, el Guerrero Celeste, Shadow, Revelación y Holy se presentaron. Después de la experiencia con Thunder-Man era conveniente que la curandera fuera. El cielo estaba encapotado y amenazaba lluvia, por lo que decidieron darse prisa.
-Bien, no debemos hacernos notar demasiado. Por lo que dice el mapa es un callejón estrecho y poco iluminado- Comento el Guerrero Celeste, algo asustado por los truenos que se oían a lo lejos.
Fueron en metro hasta uno de los barrios más alejados del centro. Tuvieron que cruzar un pequeño puente y luego un parque entero. Al principio Gaia y Holy no quisieron adentrarse en el parque, estaba ya muy oscuro y no parecía nada seguro, sin embargo si querían llegar a tiempo debían atravesarlo. A duras penas los demás lograron convencerlas, pero sólo tras oír a Revelación afirmar que no había ningún peligro cercano. Tardaron un rato en recorrerlo, y fue gracias a Shadow, que en la oscuridad era capaz de guiarse mejor. Cuando llegaron de nuevo a la ciudad les sorprendió lo que vieron. Casas bajas y en muy mal estado. Otro trueno bramó y una fina capa de agua comenzó a caer. Apretaron el paso y finalmente divisaron un estrecho callejón al oliente, lleno de cartones y charcos.
-Uhh que mal rollo, no me quedaría aquí a vivir ni aunque mi vecino fuera el Capitán Vasco- Bromeó el Guerrero.
-Igual hemos llegado muy pronto, no sé- Susurró Eliart.
Los I-Men se refugiaron bajo un pequeño balcón de una de las casa cercanas, siempre vigilando el callejón, por si alguien se acercaba. Comenzaron a hacerse preguntas, ''¿Y si aquel tipo no venía?'', ''¿Se asustaría si veía a tanta gente allí?''. No tenían modo de saberlo. Los minutos pasaban y todo permanecía en calma, solo el repiqueteo de las gotas contra el suelo interrumpía la quietud del ambiente.
De pronto, cuando ya pensaban que nadie vendría, oyeron unas pisadas acercándose y una voz les llamó:
-¿Sois los I-Men?- Hablaba una silueta encapuchada desde la penumbra. Antes de que pudieran responder, sus cuerpos fueron desapareciendo lentamente y las tarjetas del juego comenzaron a brillar. Los I-Men se miraron estupefactos, ¡ahí estaba Cerebro, y el juego se los estaba llevando! Habían estado tan cerca.
Sin duda era hora de volver...

lunes, 4 de marzo de 2013

Capítulo 18 - 'La investigación avanza'

La nube de polvo imposibilitaba la visión al grupo de los I-Men. Eliart sintió que algo se quedaba sin fuerzas dentro y el miedo le invadió. ''Espero que Thunder-Man esté bien'', miró a Celestina y asintió.
-¡Viento!- El hacker levantó los brazos y una corriente de aire se llevó la polvareda. Cuando se despejó vieron al Borrador y al hombre tirados en el suelo. Al monstruo le faltaba el brazo izquierdo y el ala derecha, además de tener un boquete considerable en el abdomen. Por su parte el antiguo ganador sangraba con profusión por la frente, además se intuía una herida más seria en el pecho.
-¡Thunder-Man, no!- Exclamó Eliart, que fue corriendo a su lado para socorrerle. Llama Helada y Revelación se acercaron también. El líder de los I-Men le sostuvo la cabeza, aun estaba caliente, respiraba y su corazón latía, aunque con debilidad- Donde narices está Holy cuando se le necesita.
-Mierda, esto no puede estar pasando...- Susurró Llama Helada. De repente el Borrador se incorporó a pesar de las graves heridas y les miró.
-¡Está acabado! Y pronto lo estaréis vosotros también, niñatos, habéis roto las reglas... y seréis castigados- Dijo entre silbidos. Shadow se envolvió en sombras y se lanzó contra el ser.
-¡Alejar a Thunder-Man, yo me encargo de este tipejo!- Les gritó mientras chocaba con violencia contra su rival. El Borrador aguantó el impacto y se preparó para plantarle cara- Por culpa de tu jefe, ese tal GM, estamos metidos en un estúpido juego- Dijo el moreno mientras le propina puñetazos cargados de rabia- Vais a pagármelas todas juntas.
-Ju, ju, ju- El monstruo se rió por lo bajo mientras resistía con su único brazo las acometidas del otro. Cuando Shadow flaqueó debido al esfuerzo aprovechó para lanzarle una patada que le hizo perder el equilibrio, cayendo al suelo con fuerza. Entonces un rayo de energía blanca le brotó de la boca, hiriendo al joven. El Guerrero Celeste se impulsó para llegar allí cuanto antes. Comprimió el viento en su brazo y se preparó para atacar.
-¡Espada vendaval!- Gritó mientras una afilada y poderosa corriente le rodeaba el brazo derecho. Intentó cortar al Borrador, que se vio obligado a apartarse para evitar daños. Celestina miró preocupado a su compañero- ¿Estás bien?
-Si, me ha dolido, pero creo que puedo seguir- Con algo de esfuerzo Shadow ignoró el dolor y se puso al lado del hacker para pelear juntos- ¡Vamos allá!
El Guerrero invocó una corriente que les diera más velocidad, de manera que salieron disparados. Entonces el chico de viento alcanzó una aceleración tremenda, rodeó a su enemigo y provocó un giro en el aire muy potente. Alrededor de los combatientes se formó un torbellino que aumentaba la presión del aire y dificultaba los movimientos. Mientras todo esto ocurría el chico de las sombras se había fundido para formar una marea negra hecha de sombras. El borrador no pudo reaccionar a tiempo debido a las heridas causadas por Thunder-Man y sólo pudo mantener la guardia, preparado por si le atacaban.
El chico del pelo tazón se había montado en la corriente del torbellino y giraba alrededor de su contrincante, esperando el momento oportuno. En una de las vueltas se vio en la espalda de su enemigo y salió lanzado como una bala contra el, espada en ristre. El Borrador se esperaba algo así, de manera que se giró para repeler el ataque, pero de repente la sombra del suelo emergió y le empezó a rodear el cuerpo, como un montón de tentáculos oscuros.
-Maldito seas...- Dijo airado. Nada pudo evitar que el Guerrero le atravesara de lado a lado con la espada- ¡Agh!
El Borrador concentró su energía y la expulsó con fuerza casi al instante, produciendo una onda de impacto muy fuerte, lo que le permitió liberarse además de causar un serio daño a los I-Men. A Shadow le afectó bastante, pues ya estaba herido, y aunque Celestina salió menos grave, también estaba dañado. El chico moreno iba a desplomarse cuando el hacker le cogió en brazos y se lo llevó con ayuda del viento.
-Mierda, es fuerte...- La herida de la espada era profunda, pero no parecía haberle eliminado, ¿cómo era posible aquello? ¡Le habían atravesado el pecho!- Es completamente inhumano...
Mientras tanto Eliart observaba toda al situación con aprensión, no sabía si socorrer a Thunder-Man o ir a luchar al lado de sus compañeros. Notó como bajaba la temperatura del ganador.
-¡Llama Helada, ayúdame! Está perdiendo calor...- Dijo el líder.
-¿Quieres que le de calor?- Preguntó extrañado- Aunque le de calor, eso no quiere decir que se vaya a curar, tan solo se sentirá un poco mejor, pero...
-Me da igual, tu hazlo, tal vez consigamos que aguante lo suficiente...- Waver, quien hasta entonces se hubo mantenido a la expectativa, se adelantó.
-Chicos, se que parece una locura, pero puedo introducirme en su cuerpo en forma líquida. Desde dentro podría intentar minimizar los daños... aunque no puedo evitar los daños más serios...
-Cualquier ayuda es buena, hazlo por favor- Rogó Eliart. Se levantó y miró a Thunder-Man- Os lo encargo a vosotros- Y dejándolo en manos de los hermanos fue a la batalla. Había estado dándole vueltas al tema de como derrotar al monstruo, y creía tener una idea.
El Borrador le vio y se acercaron de frente.
-¿Ahora te toca a ti, polluelo?- Preguntó burlón.
-¡Cállate monstruo! ¡Géminis!- Y entonces la energía azulada le rodeó con fuerza, se dividió en dos Eliarts con mucha energía cada uno. A continuación se miraron- ¡Tauro!- Grito uno- ¡Leo!- Exclamó el otro. Las auras verdes y rojas se mezclaron en cada uno de ellos con la azul. Entonces chocaron los puños y sucedió algo extraordinario, ambos Eliart se fueron fusionando poco a poco. Al final de todo el proceso solo quedaba uno de ellos con toda la energía de los astros de Tauro y Leo- ¡Estoy listo!
-Me gusta tu espectáculo de luces, pero con eso no me derrotarás- Susurró el ser.
De repente el líder de los I-Men salió disparado, gracias a la velocidad de Leo pudo golpear con fuerza a su rival, quien no fue capaz de reaccionar a tiempo. El Borrador se recuperó y le devolvió el puñetazo con energía, sin embargo la defensa de Tauro absorbió el ataque. ''La defensa y fuerza de Tauro, combinadas con la Increíble velocidad y poder de Leo, es la combinación perfecta, pues una signo suple las carencias del otro, pero es agotador... no aguantaré mucho'' pensaba el joven para sus adentros. Acumuló energía en el brazo derecho y de nuevo descargó su poder sobre el blanco pecho de su enemigo. Esta vez la energía abrió un boquete.
-¡Mierda!- Gritó mientras salía despedido. El Monstruo trató de levantarse pero entonces apareció rápido como el viento el Guerrero Celeste. El brazo derecho estaba rodeado por una corriente en forma de espada.
-¡Espada vendaval!- Le cortó la cabeza con eficacia, luego le dio una patada y Shadow Walker la aplastó con sus puños envueltos en sombras.
-Est-o....me..lo...paga...réis...- Logró decir el Borrador antes de deshacerse en polvo blanco.
-Joder por fin hemos terminado con el capullo este- Dijo Celestina.
-Si, era duro de pelar- Confirmó Shadow. Entonces Llama Helada les llamó.
-¡Chicos, Thunder-Man ha despertado!- Todos corrieron a ver como estaba el ganador. Justo en ese momento Waver salía de su cuerpo y recuperaba la forma humana.
-No he podido hacer gran cosa con sus heridas...- Murmuró solemne. Entonces el hombre escupió algo de sangre, tosió y finalmente les miró a todos con unos ojos satisfechos.
-Parece que sois fuertes, me alegro... lo necesitaréis para lo que os espera...- Tosió de nuevo y esta vez le tomó más tiempo hablar-...escuchar, me muero, ya no puedo ayudaros... pero se de alguien que podrá contestar a todas vuestras respuestas...- Cerró lo ojos y cogió aire-...Se llama Cerebro- Entonces les dijo que había quedado con el en un callejón de Madrid dentro de varios días- Nunca le he visto, así que no puedo deciros más... tan solo que él logró sacarme... de ''allí''... el lugar donde están ellos... suerte...- Entonces exhaló su último aliento y murió delante de los I-Men, que estaban consternados.


Gravitta estaba en el laboratorio de Irons, colocando algunos elementos en su sitio. Una vez lo tuvo todo preparado se sentó en el escritorio blanco y miró unos resultados en una tabla. Gracias a los poderes tecnológicos de Irons podían manipular nanotecnología extremadamente diminuta. Sin embargo los conocimientos químicos necesarios para manipularlo correctamente debían ser amplios. Entre los dos intentaban buscar una fórmula que produjera un máximo de eficiencia. Estaba cerca de lograrlo.
Por otro lado había puesto a analizar el papel del sobre, el sello y la tinta con la que habían escrito la invitación del juego, además de buscar rastros. Por supuesto no encontró una huella o material genético. Gracias a los sellos había logrado seguir el rastro del sobre a lo largo del mundo, al parecer se había enviado y reenviado desde numerosos países, pasando incluso varias veces por algunos. Gracias a la tinta pudo descartar unos cuantos países que no utilizaban esa concreta, y pudo eliminar otros gracias al papel. Tras numerosos estudios determinó que el país origen de la invitación era el Reino unido, Londres. Frente al ordenador intentó averiguar la empresa que la mandó, pero se topo con muros informáticos que se lo impedían.
-Joder, esta información esta cifrada, y de ordenadores no es que sepa mucho- Irons rondaba por el laboratorio y le escuchó, de manera que se acercó.
-Déjame a mi, tengo algunas dotes de hacker, y mis poderes y eso...- Gravitta se apartó y le dejó trastear. Al cabo de unos instantes se apartó y le miró satisfecho- Listo, ahí tienes al información que querías. ¿De qué se trata?
-De nada importante, gracias- Le cortó el científico de manera seca- Ah, y ya he terminado las fórmulas que querías para tu tecnología, he optimizado la reacción y la obtención de energía, ahora sólo tienes que trasladarlo a una gran central.
-¿En serio? Eres más rápido de lo que pensaba, hice bien en pedirte ayuda...- El joven empresario se quedó un rato más observando, pero no tardó en alejarse. Antes de salir del laboratorio se giró de nuevo- Y del otro tema... ¿sabes algo?
-¿De lo de tu padre? No, lo siento- Esta vez Gravitta lo decía en serio, le hubiera gustado ayudarle, pero el asesino había usado un veneno prácticamente imposible de rastrear, de manera que poco podía hacer él. Irons se despidió y salió. Ahora que se encontraba sólo abrió la información que tenía en el ordenador, la empresa que envió los sobres con la invitación se llamaba ''GaMers Corporation''. Se fijó bien en el nombre- Ya veo... GM... tiene que ser esta. Rastrearé su centro de operaciones, donde se ubique la empresa.
Al cabo de un rato descubrió el lugar y guardó la información, luego usó un programa que le había regalado un amigo suyo y eliminó toda la información del ordenador, y toda la que pudo de los servidores de internet, a Irons no le sería fácil acceder a aquello ni saber que había estado haciendo. De repente el móvil le vibró en el bolsillo, cuando lo sacó descubrió un mensaje de J.J. El mensaje decía; ''He encontrado un candidato perfecto para que se una, lo llevaré hoy a las cinco en punto al garito de debajo de tu casa''. A Gravitta no le hacía mucha gracia tener que estar tan cerca de su domicilio, pero le confirmó a su subalterno que iría a la cita.


Irons intentaba desde su ordenador ver que es lo que tanto le interesaba a su compañero, sin embargo no fue capaz de sacar nada en claro. ''El tío es cuidadoso'' pensó. Lo cierto es que no terminaba de fiarse del científico, aunque le estaba agradecido, de no ser por él su proyecto energético no hubiera avanzado tan rápido. De hecho estaba apunto de acabarlo, mientras Gravitta trabajaba en el laboratorio él usaba sus recursos para preparar unas grandes instalaciones y las acondicionaba, ya tan solo le quedaba poner en marcha toda la parafernalia y pronto sería capaz de sacar al mundo de la grave crisis.
-Ya queda poco Padre- Susurró mientras miraba el cuadro de la pared sentado al otro lado del escritorio. La silla no era nada cómoda, tres generaciones de culos la habían endurecido y resultaba molesto, ''pero desde aquí dirigió mi padre'' pensaba Irons. Pero además de sus pensamientos sobre la empresa y su familia también meditaba acerca del Juego. Lo cierto es que la tal Kya le inspiraba algo de atracción, no podía evitarlo. En su mente maquinaba la mejor manera de aprovechar sus poderes y a los demás para llegar hasta el final, su determinación a sobrevivir era inmensa, y no permitiría que nadie, ni si quiera Eliart, se interpusiera.
Escuchó entonces como alguien salía de la casa, miró por el ventanal y observó alejarse a Gravitta, parecía que estaría fuera aquel día. De nuevo se preguntó que clase de investigación estaría preparando.


El líder de los S-Men llegó al bar donde se había citado con J.J. Llegaba con quince minutos de antelación, algo normal en él, pues quería asegurarse de conocer bien el terreno antes de encontrarse con otro jugador, nunca se sabía que es lo que podía ir mal. Se sentó en una mesa al fondo, oculta tras una columna, un sitio ideal para conversaciones íntimas. Se pidió una copa de vino barato y esperó. No tardó en aparecer su aliado. J.J iba seguido de un tipo alto y delgaducho, con el pelo negro liso y largo, que le llagaba hasta los hombros. En sus ojos centelleaba un ápice de locura, llevaba el brazo derecho completamente vendado hasta el codo, parecía enfermizo. Le vieron y se sentaron con él.
-Hola Maestro- Saludó J.J. El nuevo le miró.
-Buenas, me alegro de conocerte, soy Gravitta- Dijo el pelirrojo. El nuevo puso una mueca rara en la cara. Probablemente sonreía.
-Hola, hola, encantado, me llaman Death Master, ju, ju, me han dicho que eres fuerte- La voz sonaba débil y lejana, pero algo le decía que todo era una especie de actuación. Además le costaba articular las palabras, definitivamente le pasaba algo.
-Pues si, soy fuerte, bastante- Confirmó Gravitta, casi con arrogancia- Me ha dicho J.J que quieres unirte a mi grupo, ¿eres tú fuerte?
-Si me permite maestro, le puse a prueba antes de traerlo, debo decir que como mínimo está la altura de la tal Demongirl, si no más.
-¿La chica que te dio tantos problemas?
-Si, señor...- Admitió el joven de mala gana. Luego miró a Death Master y le sonrió- Creo que será un gran fichaje.
-Eso espero, hablemos de tus poderes...- El nuevo miró en derredor con miedo, parecía que la mención de sus poderes era algo que no le gustaba.
-No, no sería buena idea, no, no, hablar de ello puede ser peligroso, si, y más aquí, si, si- Entonces se quitó el vendaje del brazo derecho- Solo puedo enseñarle esto, esto.
Gravitta contempló entre asqueado y fascinado el brazo del chico. Estaba como quemado y lacerado, sin embargo la carne estaba muerta, de algunas heridas salía un asqueroso pus verdoso. Algún que otro gusano aparecía de vez en cuando, y en algunas zonas se veía el hueso. Tuvo que apartar al mirada.
-¿Qué demonios significa esto?- Death Master soltó una risita histérica.
-Es mi poder, él me lo hizo, si, si. Es peligroso, si, es poderoso, también, si, si- Poco a poco volvió a vendarse el brazo- Cuando no sabía manejarlo, no, sin querer me hice esto, si. Y ahora la muerte me va devorando, si, hace unos días me llegaba solo a la muñeca, pero se extiende, si, si.
-Esto es un problema, pero creo que algo podré hacer con ello- ''Si te deben un favor son más leales'' pensó el científico- Tal vez pueda detener el proceso de putrefacción, pero deberás hablarme sobre tu poder.
-¿De, de verdad?
-Si, pero vayámonos de aquí, se me han quitado las ganas de beber...
Los tres hombres se pusieron en pié y se fueron del Bar.


Aquella noche Irons y Gravitta cenaron en silencio. Hacía varios días que no coincidían.
-Irons, me gustaría pedirte un favor- Dijo el pelirrojo entre bocado y bocado. El empresario dejó los cubiertos en la mesa y cruzó las manos.
-Tú dirás.
-Necesito algo de dinero, mi investigación me hace pasar por Londres, tendré que coger un avión, cuanto antes- El otro se pensó bien su respuesta.
-Está bien, te daré el dinero, pero si me dices en que consiste tu investigación.
-No, lo siento.
-Entonces nada- Se dispuso a seguir comiendo, pero Gravitta le interrumpió.
-Tal vez me des el dinero si te digo lo que he averiguado sobre el asesinato de tu padre, ¿te parece bien eso?- Irons le miró durante unos segundos, como petrificado.
-Joder, eres un maldito chantajista, está bien acepto, dime que sabes.
-Pues sé que quien quiera que matara a tu padre sabe de química lo suficiente como para no dejar rastro de ningún elemento en el vino... Sé que tu padre ha trabajado en numerosos proyectos secretos, así que es posible que algún viejo amigo suyo tuviera que silenciarle. Deberías buscar en sus archivos secretos, si es que aun los conserva, los nombres de sus compañeros... entre ellos estará el asesino.
-Ya veo, gracias... ven en un rato a mi despacho y hablaremos de tu presupuesto.
Irons se levantó de la mesa y se fue sin llevar los platos a la cocina. Gravitta se tomó su tiempo para cenar y para meditar, al fin y al cabo su aliado necesitaría unos minutos para ordenar su mente. Transcurrida una hora y un poco más se decidió a subir al despacho. Cuando entró el empresario tenía el semblante serio. La luz era escasa y sumía la habitación en la penumbra.
-He mirado, se han llevado casi todos los archivos secretos, no queda casi nada- Era lo que el pelirrojo se temía.
-Esto confirma que fue un antiguo compañero suyo.
-Si- Entonces Irons sonrió- Pero no ha tenido en cuenta las copias secretas de los archivos... acabo de leerlos y he hecho una lista con los nombres de los compañeros. He omitido a los que solo aparecieron una vez y hace mucho tiempo. He eliminado a los que han muerto y a los que se con certeza que estaban en otro país durante aquella noche.
-Vaya, un gran trabajo, lo admito- Le halagó Gravitta. Se acercó hasta la mesa y vio en las manos del joven un papel. El empresario se lo tendió y lo observó. Leyó tres nombres; Miguel Hernandez, Samuel Burrieta y Guillermo Castellano.
-Lo mejor de todo es que tan solo uno de ellos es verdaderamente un científico, el resto son agregados de diferentes especialidades- Irons notó como le cambiaba el rostro a su compañero- ¿Te suenan a caso alguno de ellos?
-Bueno, se que el tal Guillermo es un científico reconocido...
-Exacto, creo que ha sido él- Confirmó Irons satisfecho.
-¿Estás seguro?- Preguntó Gravitta.
-Si, comenzaron a trabajar juntos hace casi diez años, en el proyecto SF-SV-V... ya sabes, el experimento que vio a nacer...
-...al Capitán Vasco, lo sé- El hombre se puso a meditar. Conocía a Guillermo, pero no quería compartir esa información, de manera que se hizo el loco- En fin, me alegro por ti, ahora deberíamos hablar del presupuesto.
-Por supuesto, como finalmente me has ayudado mucho con el tema de mi padre y con mi investigación energética voy a darte todo lo que necesites- Le tendió una tarjeta de crédito, satisfecho.
-Preferiría dinero metálico, las tarjetas son muy fáciles de rastrear...
-Como prefieras- Irons lo había previsto, de manera que abrió un cajón y extrajo de él un sobre grueso, probablemente lleno de billetes- Aquí está, ¿seguirás necesitando mi laboratorio?
-No lo sé, es posible.
-Bueno, cuando acabes no olvides devolverme la tarjeta de mi padre.
-Por supuesto- Se despidió y salió de la habitación. Cogió el teléfono y llamó a J.J. Tras varios pitidos el chico contestó- Escucha, mañana por la mañana voy para Londres, ya te contaré por qué, ¿tenemos alguna noticia de Kya?
-Ninguna, maestro. Death Master y yo hemos estado ocupándonos de su brazo, tal y como usted nos indicó, parece que la putrefacción se ha detenido a la altura del hombro, ya no le devora.
-Bien, eso es una buena noticia. Deja ya la búsqueda de la gata, cuando volvamos al juego acordaremos como encontrarnos si es que regresamos a la Tierra más veces. ¿Has encontrado algún otro posible candidato a unirse?
-No, señor.
-En ese caso manteneros con vida, no sé cuando podré volver, andaros con cuidado, adiós.
Colgó y se fue a su casa a dormir, mañana esperaba averiguar algo importante.


No dudó en coger el primer avión de la mañana. Para las diez ya estaba en pleno centro londinense. No conocía mucho la ciudad, había estado un par de veces antes, pero de pasada. Si se daba prisa no tendría por qué pasar la noche allí, de manera que se puso cuanto antes a buscar la dirección de la empresa. Iba abrigado hasta la nariz, era otoño cerrado, muy cerca ya del invierno, y la aguanieve el golpeaba el rostro.
Pasó por numerosas calles, la mayoría de ellas estrechas y poco transitadas, estaba en unas horas bastante adecuadas para visitar la ciudad, la mayoría de la gente estaba trabajando. Sin embargo en cuanto puso un pie en las avenidas mas transitadas dejó de disfrutar del paseo. La marabunta le dificultaba el andar y los continuos empujones eran muy molestos. ''Como me gustaría mandar a toda esta gente a volar'' pensó.
En un par de ocasiones se acercó a monumento clásicos o a palacios históricos, y aunque le gustaban no les presto mucho atención, estaba centrado en su misión. ''Tal vez allí sea capaz de averiguar quién está detrás de todo esto, sus motivaciones, y por qué ha hecho lo que ha hecho''. Le daba vueltas al tema de reagrupar a su gente, había perdido demasiados efectivos en su inútil batalla contra los I-Men, y había perdido frente a Eliart, o al menos así lo sentía él. No se quitaba de cabeza al joven, creía en la gente y pensaba que las cosas podían hacerse con ilusión y ganas. ''No, no se puede'' era la opinión de Gravitta. Por eso le gustaba Londres, era una ciudad con un toque melancólico, como él mismo. Estaba desencantado con la realidad, y los numerosos problemas que había tenido con su familia fueron clave en su desarrollo emocional. Más en concreto fue su figura paterna la que le hizo ser como era.
''Un vengador'' pensó.
A medida que avanzaba el día la nieve pasó a una simple lluvia. Las calles estaban llenas de charcos, empapadas. Gravitta no tardó en calarse hasta los huesos. Al cabo de un rato se cansó y entró en un café. Pidió una taza y se sentó a entrar en calor, tenía algo de hambre. Entre sorbo y sorbo aprovechó para consultar su información y tratar de dar con el lugar. Le llevó unos instantes ubicarse y descubrir que estaba relativamente cerca. Fue a pagar a la barra y se marchó de allí.
De nuevo estaba en la calle, esta vez orientado y sabiendo a donde iba con más seguridad. Acortó el camino por una callejuela estrecha y solitaria, algo raro en una zona tan transitada. Sintió una extraña fuerza a su alrededor y se puso alerta, preparado para lo que pudiera pasar. La sensación se fue igual que vino. ''¿Hay alguien cerca con poderes? Lo mejor será darse prisa... a saber que puede haber por aquí'' pensó. Reanudó la marcha sin más preámbulos y recordó el mapa que vio hace unos minutos en el café. Giró a la derecha en la siguiente esquina y dio de lleno con el edificio que buscaba, grande pero discreto, unos despachos. Quiso entrar sin más, pero de inmediato se topó con un problema, los guardias intentaron revisar su identidad.
-¿Quién es usted?- Le preguntaron en inglés. Gravitta sacó un fajo de mil libras para cada uno. Eran una pequeña parte de la fortuna que le había dejado Irons. Los guardias abrieron los ojos como platos, como soborno no estaba mal. El pelirrojo se llevo un dedo a los labios y los hombres cogieron el dinero y se apartaron. Lo más probable era que le delataran, pero le daría unos minutos de margen. Sin vacilar entró y fue hasta las escaleras, los ascensores solían contar con cámaras, Inglaterra es uno de los países más vídeo-vigilados. Una vez llegó a la que supuso era la planta de los directivos fue hasta el despacho más opulento, el que sin duda sería el del jefe.
El corazón le latía muy fuerte y le golpeaba las sienes, el nerviosismo se le enredaba como una capa que le complicaba los movimientos. En último recurso podía siempre recurrir a su poder, pero prefería no averiguar en que consistía la represalia del tal GM. Aunque dentro de poco podría preguntárselo en persona. Finalmente llegó al fondo del pasillo y abrió las pesadas puertas de madera gruesa, penetró y espero encontrarse con un secretario, pero lo que halló fue unas estancias vacías. El mobiliario estaba intacto, pero el silencio se apoderaba del lugar.
-¿Qué demonios?- Investigó el resto de las salas, hasta el despacho principal. No encontró absolutamente a nadie.
Al cabo de un rato se topó con una pequeña habitación donde un hombre sencillo limpiaba el suelo. La sala era poco más grande que un dormitorio individual. El señor fregaba el suelo con energía. Gravitta se acercó y le habló en inglés.
-Perdone, ¿nadie trabaja aquí?- El tipo paró de trabajar y le miró a través de unas viejas gafas. Había notado al instante que no era de allí. Parecía que mordía algo, y su blanco bigote se movía al compás.
-Si, yo trabajo aquí- Respondió secamente.
-Eso ya lo veo, caballero, pero, ¿no puede decirme nada más?- Insistió el científico. El hombre volvió a su trabajo, pero Gravitta no se iba. Al cabo de unos segundos resopló y le miró de nuevo.
-Como quiera- Señaló a un ordenador viejo que había cerca- Mi trabajo es simple, mantengo este sitio y me encargo de que no le pase nada malo a este cacharro... Nada más, eres al primera persona que veo en estas salas en meses, así que si no te importa, déjame trabajar en paz.
Gravitta retrocedió un poco ante el tono del señor, pero su contestación le aclaró algunas cosas. Miró por la ventana y contempló la calle, haciéndose el distraído. Esperó a que el otro se fuera a otra habitación y miró el ordenador, que estaba encendido.
-Desde aquí deben haberse gestionado las invitaciones, no puede ser de otra manera- Sin embargo al cabo de un rato se dio cuenta de que aquel ordenador era muy especial, su sistema operativo no tenia nada que ver con lo que hubiera visto antes, es más, ni siquiera estaba conectado a internet o a un sistema externo. Estaba totalmente aislado, tan sólo imprimía papeles que alguien se llevaría- Claro, así es más difícil rastrearlo todo...
De repente se dio cuenta de lo que eso significaba.
-El GM no está en la Tierra, debe de estar en un ''mundo paralelo'' o algo así... puede que esté en el juego.
Con esas revelaciones consideró que ya estaba satisfecho. Se decidió a volver al aeropuerto cuanto antes, su investigación había acabado, y ahora tan sólo sabía que el que estaba detrás del juego no existía, o no estaba en este mundo. Era una información valiosa, pero con eso no llegaba mucho más lejos.
Entonces sintió algo, el Juego le estaba llamando, ¿era hora de volver?