El Capitán miraba con cuidado a su rival, el Vikingo de
Acero. Este estaba riéndose como un loco.
-¿Qué te hace tanta gracia?- Inquirió el vasco
mientras levantaba su escudo. El rubio le miró con una cara
desquiciada.
-¡Me has quitado una vida! ¿No te parece gracioso? Ja,
ja, ja- El destructor se inclinó sobre su estómago debido a la
fuerza de su carcajada. El I-Men se contuvo para no saltar sobre él.
“Si pierdo la concentración estoy perdido”, lograba reflexionar.
El Vikingo paró entonces de reírse y fijó la vista en su enemigo.
Ahora sus labios eran una delgada línea- Nunca había sospechado que
un insecto pudiera quitarme una vida... Te mereces que te aplaste con
todo mi poder, gusano.
De repente el brazo izquierdo del rubio se tiñó de
gris metálico. El Capitán no entendía que estaba haciendo, pero
sin duda era parte de su poder así que elevó el escudo,
preparándose para lo que pudiera venir. El color metálico se
extendió por el resto del cuerpo del destructor, quien volvía a
sonreír.
-Este es mi modo Full Metal. ¿Te gusta? Sólo
Gravitta fue capaz de derrotarme así, y ahora verás por qué- El
Vikingo salió lanzado con aún más velocidad que antes y arremetió
con su puño derecho. El I-Men interpuso su escudo y preparó un
contraataque, pero la fuerza de su rival golpeó con dureza el
escudo, mandando a volar al Capitán. Este chocó contra la pared y
perdió el aire. Su vida se resintió. El Vikingo no paró ahí,
volvió a la carga levantando ambos brazos. El I-Men se recuperó y
de un saltó evitó el derribo.
-¡Furia vasca!- El aura rojiblanca le rodeó con
fiereza. “No tengo otra opción, me destrozará como me de otra
vez”, entonces reparó en su escudo. Estaba aboyado. El Capitán
frenó en seco y observó el objeto- ¿Qué?
Pero fue un terrible error, el Vikingo ya caía sobre el
con sus puños como cañones. El I-Men logró reaccionar gracias a su
gran experiencia en combate y levanto el escudo como acto reflejo.
Pero el destructor no detuvo su ataque, redobló la fuerza. El puño
dio de lleno en el debilitado escudo, que ahora se rompió en
pedazos. El Capitán recibió un derechazo que sintió como si un
coche le estuviera atropellando. Su primera vida desapareció del
todo al tiempo que salía volando debido a la fuerza del ataque.
-Oh, mierda...- El vasco logró incorporarse. Cuando vio
al Vikingo de Acero este estaba mirándose el puño con el que había
destrozado el escudo. Los nudillos estaban rotos y el metal de la
mano resquebrajado. El destructor sonreía.
-Vaya, pensaba que mi metal era lo más resistente que
había en este mundo, pero parece ser que tu escudo está hecho del
mismo material que mi poder... eso explica porque ambos se han roto a
la vez- El rubio le miró con ansias- Venga, vamos a zanjar esto.
-Como quieras, pienso ponerte en tu sitio- El Capitán
estaba impactado por la pérdida de su escudo, pero no dejó que le
afectara. Se concentró y pensó en todo lo que se jugaban en aquella
pelea. Como respuesta a sus sentimientos el aura rojiblanca
incrementó su tamaño. A continuación aplicó lo que Dayana le
enseñó en su entrenamiento y concentró su voluntad en un único
objetivo; “Derrotar al Vikingo”. Ambos salieron lanzados el uno
contra el otro.
El Vikingo atacaba sin cuartel, sus poderosos puñetazos
eran como meteoritos, prácticamente imparables. Al mismo tiempo su
coraza le protegía de cualquier golpe, por lo que no tenía que
cuidar sus defensas en lo más mínimo. El caso del Capitán era el
contrario. Sabía que si lograba encajar un directo a su enemigo
podría hacerle daño, pero él a pesar de su increíble resistencia
no podía permitirse recibir un golpe. Sin escudo ni siquiera su aura
podría evitar perder una vida. Los puñetazos volaban en todas
direcciones, el ataque del destructor era furioso y rápido. Cada vez
estaba más cerca de golpear a su rival, pero este siempre lograba
evadirlo por escasos milímetros.
-¡Eres rápido para ser un insecto!- Bramó el Vikingo
mientras recuperaba el aliento- Si no estuviera recubierto de acero a
lo mejor estaría sudando. ¡Vamos!
El Capitán no respondió, seguía concentrado en
mantener el poder de su aura. “Soy ligeramente más rápido que él,
aunque no por mucho. Debo encontrar el hueco para darle mi mejor
golpe”, meditaba. El destructor reanudó su acometida, pero esta
vez su velocidad no era tan dramática como antes. “Si es tan
fuerte como parece es posible que nunca haya tenido batallas largas,
debo aprovechar eso a mi favor. Después de entrenar días enteros
con Dayana mi resistencia se ha multiplicado...”, se dijo a sí
mismo el Capitán.
-¡Ven por aquí, torito!- Le provocó. El Vikingo ni
siquiera pensó que fuera alguna clase de táctica, simplemente
asumía que su rival era igual que él. Un tipo duro orgulloso de su
fuerza física, de manera que embistió con sus brazos por delante
como dos poderosas lanzas. El I-Men corrió usando su máxima
velocidad para mantenerse justo fuera del rango de su rival, que
trataba de acorralarle.
-¡Te pienso hacer papilla!- Gritaba el Vikingo al
tiempo que golpeaba el suelo con fuerza. El golpe fue tan contundente
que abrió un agujero hasta el piso inferior. La intensidad
desestabilizó al I-Men, que tropezó y cayó sin remedio. El rubio
saltó para caer sobre él- ¡Te tengo!
-¡Mierda!- Exclamó el vasco al tiempo que rodaba en el
suelo. Fue lo suficientemente rápido y evadió la carga del otro.
Pero el Vikingo ya se levantaba para seguir su ataque. “Debo atacar
ahora o nunca”, pensó el I-Men. Desde el suelo se apoyó sobre las
manos y realizó una patada baja que pilló desprevenido al Vikingo.
El golpe dio en la parte trasera de la rodilla del destructor, quien
cayó al suelo. El Capitán aprovechó para levantarse y poner algo
de distancia- Joder, creo que eso me ha dolido más a mí que a
él...- Susurró mientras el pie le palpitaba.
El Vikingo miraba el suelo al tiempo que temblaba. Se
levantó despacio y miró en dirección al Capitán. Sus ojos
mostraban una furia inconmensurable.
-Has hecho que caiga sobre mis rodillas... Ja, antes
sólo pensaba matarte. Ahora pienso colgar tu cabeza como trofeo- Le
dijo al vasco.
En el Sexto piso las cosas tampoco pintaban muy bien
para los I-Men. J.J acababa de liberar su poder y atacaba a Shadow,
quien apenas podía contener los golpes del destructor. La energía
que liberaba J.J le rodeaba y formaba cúmulos de poder que lanzaba
como si fueran pelotas. Sin embargo cuando llegaban a su destino
estallaban liberando una gran onda de choque. Gracias a que Rencor
estaba allí gran parte del daño lo absorbía la sombra, por lo cual
aún seguía en pie.
-Mierda, no puedo seguir así mucho tiempo más...- Las
sombras le envolvieron y conformaron la armadura oscura, que se
ajusto a su cuerpo. “He peleado batallas muy duras, incluso logré
quitarle una vida a Light y otra J.J. Si me concentro puedo hacerlo”,
pensaba. Invocó una ola de sombras que dirigió contra su rival.
El destructor saltó para esquivarla y lanzó dos orbes
de energía que el I-Men esquivó. Shadow aprovechó entonces y lanzó
su propio orbe oscuro, pero J.J pudo evadirlo. Entonces comenzaron
una lucha cuerpo a cuerpo. La velocidad del destructor había
aumentado considerablemente al liberar su energía, lo que sumado a
su destreza le hacía casi imparable. Rencor apareció entonces en la
espalda de J.J y atacó con ambos puños sujetando dagas de
oscuridad. Sin embargo su rival se giró y las paró con sus manos,
entonces desarmó a Rencor y le propino un duro derechazo que
descargó muchísima energía. Fue Shadow quien recibió el golpe,
cayendo al suelo, y entonces J.J entendió todo.
-Oh, así que por eso apenas te hacía daño...
Entonces, ¿debo atacar a la sombra para hacerte a ti el daño?-
Preguntó al tiempo que levantaba el brazo derecho. Este se iluminó
con la energía amarilla y comenzó a concentrarse en la punta de los
dedos. Rencor le miraba con rabia, “Si me da con eso Shadow perderá
una vida casi seguro, debo poner algo de distancia o...”, pensaba
la sombra, pero entonces J.J le agarró con su mano libre.
-¡Maldita sea!- Exclamó.
-Cuando libero mi energía mi sistema nervioso funciona
cinco veces más rápido que el de un humano normal... prácticamente
nadie puede igualar mis reflejos. Ahora muere.
Pero entonces Shadow apareció del cuerpo de Rencor y
agarró el brazo que sostenía la energía. Mientras J.J pensaba que
le había herido seriamente se había introducido en la dimensión
sombría y luego había utilizado el cuerpo de Rencor como puerta de
salida. El destructor abrió los ojos mucho, sorprendido.
-Esto no me detendrá- Se liberó del agarre y atravesó
el pecho de Shadow con su mano llena de energía. El moreno sabía
que no le haría daño, pues Rencor aún estaba allí, de manera que
se dejó atravesar.
-Ahora no podrás escapar- Dijo Shadow mientras las
sombras agarraban el brazo incrustado en el pecho del I-Men. Más
sombras aparecían del cuerpo del moreno y estas envolvían a J.J.
Entonces las sombras explotaron en un mar de oscuridad que hizo
temblar la habitación.
J.J y Shadow salieron de la humareda, ambos estaban
heridos por el ataque oscuro. Rencor había absorbido mucho daño por
todos los ataques y se había visto obligado a replegarse a su
dimensión oscura. Pero el daño al destructor había sido muy leve,
cosa que sorprendió a Shadow.
-¿Qué? Ese golpe debería haberte hecho mucho más
daño...- La mano derecha de Gravitta sonrió al tiempo que se
limpiaba algo de polvo del hombro.
-Parece que no entiendes mi poder... Soy una fuente de
energía, de cualquier tipo de energía. Si uso la suficiente energía
soy capaz de transformar esta energía en cualquier otro tipo de
energía, como calor o luz. En el momento en que tus sombras me
rodearon emití toda la luz posible desde mi cuerpo, neutralizando
gran parte de tu daño...
-Eso no tiene sentido, ese poder no puede existir... no
tiene límites- Razonó Shadow. J.J bajó la mirada.
-Claro que tiene límite, como nunca lo he usado
demasiado, todavía no soy capaz de sacar todo su potencial... Pero,
¿a qué precio? Muchas más veces de las que me gustaría he perdido
el control, matando a los que estaban a mi alrededor. Si esta vez
estoy usándolo es por Gravitta, gracias a él soy capaz de tener el
control suficiente.
-Ya veo...- El joven miraba confuso a J.J. “No me
puedo imaginar por lo que ha tenido que pasar este chico. Y pensar
que Gravitta precisamente le ayudó. Estoy cansado y Rencor ha tenido
que retirarse... ¿Puedo vencerle?”, pensaba entonces Shadow.
Sumido en esos oscuros pensamientos llegó al sexto piso Revelación.
El místico esperaba la escena ya, así que no se sorprendió al ver
a J.J con su poder liberado, ni al ver a Shadow hecho un asco.
-Por fin llego, llevo un buen rato sintiendo el peligro
que corres, Shadow. ¿Cómo estás?
-He tenido mejores momentos, la verdad...- Admitió. El
Místico se había alejado demasiado de Erzzhia y ya no podía
sentirla, los muros de la Torre ejercían su influencia, anulando
toda interferencia.
-Debería ayudarte, por lo que he podido ver en el
futuro- Comenzó a decir Revelación, pero entonces el moreno levantó
la mano.
-¿Cuántas vidas tienes, amigo?- Inquirió. El otro se
mordió el labio, veía con toda claridad a donde quería llegar
Shadow.
-Una- Respondió escuetamente.
-Entonces mantente al margen, J.J no es alguien con
quien puedas luchar a medias... Y si perdemos esta llave...
-No te olvides que basta con reunir cuatro de las
llaves, aunque perdamos la Sexta llave aún tenemos las otras cinco-
Razonó el místico, pero el moreno negó con la cabeza. El
destructor se puso en postura.
-Lamento tener que cortar la cháchara, pero hemos de
pelear. Intervén si lo crees necesario, pero asume el precio- Dijo
J.J, calmado. El fulgor amarillo reapareció con más fuerza y
comenzó a concentrar energía en sus manos. A continuación lanzó
dos esferas de energía que Shadow se esforzó por evitar. Las
explosiones limitaron la visión de Revelación, quien en su fuero
interno se preparaba para entrar en escena.
El Guerrero llegó entonces al cuarto piso. Nada más
llegar sintió una presión enorme que había evitado hasta entonces
gracias a la piedra de la torre. Buscó por la habitación y su
mirada encontró al Vikingo recubierto de alguna clase de metal. La
energía que emanaba era monstruosa. Por otro lado el Capitán corría
de un lado a otro, esquivaba y sudaba a partes iguales.
-¡Capitán! ¡Vengo a ponerte al día, luego subiré!-
Exclamó. Ambos luchadores no le prestaron atención, siguieron su
continuo duelo. Al cabo de un minuto el Capitán gritó.
-¡Venga habla, te escucho!- Celestina narró por encima
lo ocurrido en los tres primeros pisos. Cuando le contó lo de
Demongirl su velocidad bajó un poco, cosa que casi le costó otra
vida. Afortunadamente pudo reponerse a tiempo. Tras darle la
información el Guerrero invocó el viento y subió a toda velocidad,
dejando atrás el cuarto piso.
El Vikingo caía entonces sobre el I-Men, enarbolando
ambos puños. Sin embargo esta vez el Capitán no lo esquivó,
realizó un movimiento de pies y entró dentro del rango de ataque,
evitando los ataques y preparando el suyo propio.
-¡Lanza Vasca!- Aplicando todo su entrenamiento
concentró toda la energía en su puño derecho y descargó su golpe
más fuerte en el costado del Vikingo. Los movimientos del héroe
habían sido tan rápidos que el destructor no fue capaz de
reaccionar y retrocedió unos centímetros debido al golpe. Al cabo
de unos segundos el Vikingo se recompuso.
-Tú, ¡menudo golpe!- Exclamó- Lo estás poniendo
interesante- Se miró el costado y observó que había unas pequeñas
fisuras un poco más abajo del corazón, en su costado izquierdo.
Silbó- Menudo ataque, tienes que tener destrozada la mano.
-Como si eso fuera un problema- La mano derecha del
Capitán sangraba. Los nudillos estaban abiertos y el dedo anular
colgaba inerte. A pesar de todo eso, el I-Men consideraba una
victoria haber podido conservar la mano. La furia vasca volvió y
creció en tamaño.
-¿De dónde sale toda esa fuerza? ¿No me digas que la
muerte de tu compañera te preocupa tanto?- Preguntó el Vikingo de
Acero con desdén.
-¡Cállate!- Rugió el Capitán mientras sus
pensamientos volaban. “Era una gran mujer y persona, no me puedo
creer que ya no esté aquí. Pero al menos lo hizo por un buen
motivo, salvar a Gaia. No puedo dejar que su valor sea despreciado”,
pensaba. El aura roji-blanca brillaba. El Vikingo sonrió al tiempo
que cargaba de nuevo con ambos brazos.
-¡Toma esto insecto!
Ambos saltaron y comenzaron a correr de un lado a otro.
“De nuevo su velocidad ha bajado otro poco, realmente no está
acostumbrado a largas peleas. De no haber sido por eso no podría
haberme acercado como lo hice antes”, pensaba el I-Men. Mientras
esquivaba y saltaba pisó un pedazo de su escudo. Entonces su mirada
se posó en los restos dispersos por la estancia. “Tal vez...”.
El Vikingo entonces arremetía con su puño derecho, mientras que el
Capitán trataba de repetir su maniobra y asestar otro golpe. Pero
justo cuando iba a acercarse, descubrió que el brazo izquierdo de su
rival se mantenía en guardia, cubriendo su pecho como si fuera un
escudo.
-¡Has caído!- Gritó el destructor mientras su brazo
izquierdo salía lanzado como si tuviera un resorte. El vasco
reaccionó lo más rápido posible y se lanzó al suelo, pero no fue
lo suficientemente rápido y el brazo de su enemigo le rozó la
mejilla. La fuerza del roce lo hizo retroceder y su segunda vida se
resintió. Inmediatamente la rozadura se abrió como una herida de
cuchillo y empezó a sangrar.
Gracias a su gran velocidad logró escapar del rango del
Vikingo, pero las cosas pintaban feas. “No debo permitir que esto
me frene, tengo que encontrar una manera de acceder a las grietas del
costado, si le doy otro golpe romperé su coraza... Pero si usa su
brazo izquierdo como escudo tengo un problema serio. No puedo
bloquear ese contraataque... solo tengo una opción”, meditaba.
Durante un par de minutos continuaron su lucha, hasta que el Vikingo
bajó otro nivel la velocidad. Fue entonces cuando el Capitán reunió
la determinación necesaria para hacer lo que debía.
-¡Por Demongirl!- Exclamó al tiempo que corría hacía
el Vikingo. Este sonrió y se lanzó hacía el I-Men levantando su
brazo derecho. El ataque del destructor fue evitado por poco, pues el
Capitán se había agachado para rodar por el suelo y levantarse de
un salto. “No pasarás de mi brazo izquierdo, mocoso”, pensó el
Vikingo mientras se cubría. Cuando el Capitán se incorporó
dispuesto a atacar descubrió el brazo de su enemigo como esperaba;
formando un escudo.
-¡Muere!- Gritó el Vikingo al tiempo que su brazo
izquierdo atacaba como un cañón. Sin embargo el Capitán no trató
de esquivarlo, plantó los pies en el suelo y levantó su propio
brazo izquierdo como si fuera un escudo. Toda la fuerza de su aura
estaba concentrada en él, formando una barrera. El puñetazo del
destructor impactó con muchísima fuerza, producto de la rabia y
frustración que llevaba sintiendo el Vikingo todo este rato.
Pero el I-Men no tembló si quiera. Mantuvo la postura
unos instantes al tiempo que arremetía con su brazo derecho
directamente a las grietas en el costado de su rival. “Con toda su
aura concentrada para defenderse no será capaz de hacerme daño.
¡Adelante, destrózate la mano mientras te machaco!”, pensaba el
Vikingo triunfante. Sin embargo, cuando el ataque del Capitán dio de
lleno, el destructor sintió como si algo muy frío le penetrara. De
inmediato perdió su segunda vida y comenzó a escupir sangre. Cayó
de rodillas mientras se agarraba el pecho. El vasco retrocedió, su
brazo izquierdo colgaba inerte, seguramente se había roto algún
hueso.
-Bastardo... ¿qué has hecho? ¿Cómo has podido...?-
Preguntó el destructor desconcertado.
-¿No decías que sólo había una cosa capaz de
penetrar tu armadura?- Sonrió el Capitán. A pesar de todo el I-Men
había perdido la mitad de su vida, de manera que sólo tenía una y
media. Al menos superaba a su rival.
El Vikingo abrió los ojos como platos. Bajó la mirada
y descubrió un pedazo de metal incrustado en su costado. Se lo
arrancó y descubrió que era uno de los fragmentos puntiagudos del
escudo destrozado del vasco. “No puede ser... ¿cuando lo ha cogido
sin que me diera cuenta?”, pensaba. Entonces la respuesta vino a
él.
-No me lo creo... ¿Cogiste el escudo cuando rodaste por
el suelo para evitar mi puñetazo? ¿Calculaste los movimientos
precisos para esta situación?
-Así es. Eres tremendamente fuerte, pero hay una cosa
que nos diferencia. Yo tengo mucha más experiencia en combate y
mucha más resistencia. No me fue difícil deducir la manera de
atacarte. Y gracias por la idea, tenía que bloquear tu último
ataque si quería acceder al único momento en el que bajabas la
guardia. Usar tu brazo como escudo me hizo darme cuenta de que tal
vez debía sacrificar el mío para ganarte...- Explicó el Capitán
mientras recuperaba el aliento. La perdida de sangre comenzaba a
hacerse notar. Al mismo tiempo el brazo izquierdo le enviaba quejas,
podría tener algunos huesos rotos.
-Maldito desgraciado...- Susurró el Vikingo al tiempo
que la sala comenzaba a temblar- Tú, no sólo me quitas dos vidas,
si no que encima tienes el descaro de reírte de mí. Lo vas a pagar
caro, mequetrefe- De repente el destructor se levantó. Ahora parecía
más alto, más fuerte. Pero lo más alarmante era que parecía
seguir creciendo. Su voz se hacía más grave por momentos- Había
desarrollado esta técnica pensando en algún día destrozar a
Gravitta... y ganar el juego, pero tendré que aplastarte con todo mi
poder. Prepárate, ni si quiera esta torre podrá contenerme.
El Guerrero llegaba entonces al quinto piso. En él
encontró a Death Master sentado sobre su trono. El pálido seguidor
de Gravitta le miró. Un escalofrío recorrió la espalda del
Guerrero. No podía ser que alguien hubiera perdido. Se encaró al
hombre y frunció el ceño.
-¿Dónde está mi amigo?- Inquirió. El otro le miró
con curiosidad y luego señaló el techo.
-¿Revelación? Arriba. Me contó unos interesantes
cuentos y decidí rendirme, chico- Explicó con toda la calma. El
I-Men no se lo creyó al principio. Miró su reloj, aún quedaban
quince minutos. Si subía a toda velocidad podría comprobar el
estado de sus compañeros y, en el peor de los casos, bajar y acabar
con Death dentro del tiempo establecido.
-Si eso es así, ¿qué ha pasado con la llave?-
Preguntó entonces Celestina. Death Master frunció también el ceño.
No le gustaba el tono de aquel tipo.
-Se la di. ¿Qué esperabas que hiciera?- Preguntó algo
envalentonado el destructor. El Guerrero no confiaba en él, pero si
alguien era capaz de convencer a otro de rendirse, ese era sin duda
Revelación.
-Muy bien, me voy- Finalizó el Guerrero mientras subía
las escaleras a toda velocidad. El viento se agitó en torno a él y
le impulsó aún más.
“Si lo que dice es cierto entonces ahora tenemos tres
llaves. La primera, la tercera y la quinta. Basta con que el Capitán
o Shadow derroten a uno más y podremos liberar a Eliart de la trampa
de Gravitta. Sin embargo, el hecho de que Death esté ahí implica
que en el último piso estará seguramente J.J. No le vi en la
ciudad, pero no cabe duda de que es el súbdito más poderoso de
Gravitta. Ya me enfrente una vez a él y... dudo que Shadow logre
acabar con él...”, meditaba. Se concentró y subió con más
energía que nunca. No le tomó ni un minuto alcanzar el sexto piso.
Cuando llegó las fuerzas que colisionaban le hicieron retroceder.
Shadow estaba en el suelo, una fea herida en el estómago
evidenciaba que acababa de caer. La sangre brotó y su segunda vida
desapareció con presteza. Revelación temblaba mirando la escena. La
energía envolvía a J.J, quien preparaba un nuevo ataque. Celestina
lo analizó todo en unas milésimas de segundo y reaccionó
increíblemente rápido. Voló hasta su amigo y se interpuso entre
J.J y Shadow, bloqueando el poderoso ataque del destructor.
-Vaya, pero si eres tú. Tengo ganas de ver como has
crecido, ya era hora de nuestra revancha- Comentó J.J. El Guerrero
observó que estaba sudando y que estaba malherido hasta cierto
punto.
-Puede que Shadow no haya podido contigo, pero ha hecho
un trabajo excelente, yo acabaré contigo- De repente alguien atacó
por la espalda al destructor, quien reaccionó a tiempo y esquivó el
puñetazo de Revelación en modo espiritual. La voz de Gravitta
resonó.
-Intervención del Guerrero y Revelación. Shadow ha
perdido el combate, y por lo tanto la sexta llave se ha perdido- Algo
brilló dentro de uno de los bolsillos de J.J. Una llave con un séis
escrito flotó en el aire y se desintegró. Shadow logró
incorporarse.
-¡No, qué habéis hecho!- Exclamó. Entonces el
Guerrero se giró.
-Tranquilo, ahora tenemos tres llaves y el Capitán aún
está peleando. Confío en él, es fuerte. Ahora todo depende de él,
ya es hora de que demuestre si es un héroe- Explicó Celestina
mientras Shadow procesaba todo.
-Un momento, ¿tres llaves? ¿Alguien ha perdido?-
Revelación miró a Celestina. El místico supo todo lo que había
ocurrido con solo dar un vistazo a su amigo, en seguida su poder se
activó. Fue el mismo Guerrero quien contestó.
-Gaia iba muy mal... Demongirl subió al segundo piso
para darnos la llave cuando... Vio la escena. No pudo resistir ver a
su hermana perder e intervino. Perdimos la segunda llave, pero
Demongirl derrotó a Psikosis- Shadow parecía aliviado, pero al ver
la tensión aún presente en los otros dos se volvió a preocupar-
Y... Demongirl murió también, perdió el control de sus poderes...
aunque intenté detenerla...
-Ya... veo...- Un extraño sentimiento se alojó en el
pecho de Shadow. Quiso gritar y llorar de rabia, pero se contuvo y
clavó sus ojos en J.J. Este permanecía quieto, mirándoles- ¿Por
qué no nos atacas ahora mientras hablamos, eh?
-No lo sé, supongo que no es mi costumbre- Respondió
sin darle importancia- ¿Qué mas da? ¿Me atacaréis los tres a la
vez?
Los I-Men se miraron. Shadow quería pelear, aunque
fuera por venganza, pero fue Revelación quien posó su mano sobre el
hombro del moreno.
-No deberías alimentar esos sentimientos, esto no es
culpa de ningún jugador- Dijo el místico. El Guerrero aún hervía
por dentro, pero asintió. Llevaba un tiempo dándole vueltas y apoyó
a su amigo.
-Revelación está en lo cierto. Ni si quiera Gravitta
es quizá tan malo como creemos, centra tu furia contra los creadores
de este terrible juego... en el fondo todo es culpa de quien quiera
que dirija esto.
-Tenéis razón... pero es duro- Asumió Shadow mientras
bajaba la cabeza. De repente el suelo comenzó a temblar. ¿Qué
estaba pasando?
-¿Es esto cosa tuya, J.J?- Preguntó el Guerrero. Pero
fue Revelación, quien pudo ver el futuro, el que respondió.
-¡No, no es él! ¡Rápido, acercaos a mí!- Los tres
se apiñaron y Revelación activó su runa rosa, preparando la
barrera para cuando fuera el momento adecuado. J.J conocía los
poderes del místico, así que se envolvió con su energía para
conformar una esfera protectora. Entonces conformó varias capas de
poder que giraban en torno a él y confluían, haciendo una defensa
férrea.
Entonces el suelo estalló y todo voló por los aires.
El Capitán se quitó de encima un cascote. De alguna
manera había sobrevivido al colapso del edificio. Donde antes había
una torre de piedra negra ahora no había nada, tan solo una enorme
nube de polvo gris. Sin embargo el Séptimo piso estaban intacto, se
mantenía flotando en el aire, probablemente gracias a algún poder.
Unas voces sonaron a la espalda del Capitán, quien se giró para ver
como Waver iba hacía él.
-¡Capitán, estás bien!- Dijo mientras se preparaba
para ayudarle. Pero entonces el vasco levantó un brazo.
-¡No te acerques! Si el Guerrero os ha informado de
cual es la situación entonces no puedes intervenir, debo derrotar al
Vikingo de Acero para conseguir la cuarta llave- Explicó, rápido.
Waver se extrañó.
-¿A quién?
-A él- Dijo mientras levantaban la cabeza. Dentro de la
nube un brazo se agitó y apartó el polvo. Un enorme gigante de
quince metros se elevaba hacía el cielo. Su cuerpo estaba recubierto
de una sustancia parecida al metal. Era el Vikingo de Acero. Este
abrió la boca y habló. Su voz era gutural.
-Dóoonde estáaaaas, inseeeectooo...- Decía alargando
las palabras. El Capitán entonces bajó la cabeza y se quitó su
traje, dejando únicamente puesto la ropa interior. Waver se sonrojó,
¿por qué hacía eso?
De repente una poderosa energía emanó del cuerpo del
vasco y la furia vasca reapareció como un fuego brillante. Una gran
onda de choque hizo caer a Waver.
-Perdona, tenía que liberar mi poder, no me queda otra
opción- Se excusó. La chica le miró y de repente observó que ya
no emitía ningún aura.
-¿Dónde ha ido tu poder?- Preguntó, asustada.
-Estamos envueltos en él- Contestó mientras sonreía.
Waver miró en derredor. Era verdad, no es que el aura hubiera
desaparecido, es que era tan grande que estaban dentro de ella. Los
límites de la furia vasca marcaban un radio de varios metros-
Durante todo este tiempo sólo he usado el setenta por ciento de mí
poder. Mi traje siempre absorbía una parte. En un momento de
verdadera necesidad me quito el traje... y todo el poder acumulado
durante estos meses viene a mí en una increíble oleada de energía.
-Eso quiere decir...
-Sí, es algo que sólo puedo hacer una vez cada mucho
tiempo- Explicó.
-¿Y por qué no lo hiciste antes? ¿Para salvar a Gaia
o derrotar al Gobernador?- Preguntó Waver, confusa.
-Porque no lo controlaba... es demasiada aura para ser
usada- Explicó- Este sistema está preparado desde hace mucho
tiempo, pero cada vez que lo usaba me hería a mí mismo de manera
seria, y hacía mucho daño a los que había cerca... Ha sido gracias
al entrenamiento con mi maestra que ahora puedo controlarlo.
Mientras hablaban el Vikingo les había localizado y
levantaba el puño para descargar su golpe. Un enorme brazo del
tamaño de un autobús caía ahora sobre ellos. El Capitán
retrocedió medio paso para ajustar su postura y respondió dando su
propio golpe. Ambos puños chocaron y una onda de choque hizo volar
los escombros y también a Waver. Sin embargo la fuerza del vasco era
superior, de manera que el Vikingo retrocedió su brazo como efecto,
haciendo que se balanceara.
-Parece que con esta fuerza puedo resistir tu poder...
Aunque seas grande no eres mucho más fuerte... pondré fin a esto...
Porque cuando libero mi carta final ya no es la furia vasca... es la
¡Sentencia Vasca!
Tiempo restante: 00:16:23.