viernes, 15 de abril de 2016

Capítulo 51 - 'Soy un tipo duro'

El Capitán miraba con cuidado a su rival, el Vikingo de Acero. Este estaba riéndose como un loco.
-¿Qué te hace tanta gracia?- Inquirió el vasco mientras levantaba su escudo. El rubio le miró con una cara desquiciada.
-¡Me has quitado una vida! ¿No te parece gracioso? Ja, ja, ja- El destructor se inclinó sobre su estómago debido a la fuerza de su carcajada. El I-Men se contuvo para no saltar sobre él. “Si pierdo la concentración estoy perdido”, lograba reflexionar. El Vikingo paró entonces de reírse y fijó la vista en su enemigo. Ahora sus labios eran una delgada línea- Nunca había sospechado que un insecto pudiera quitarme una vida... Te mereces que te aplaste con todo mi poder, gusano.
De repente el brazo izquierdo del rubio se tiñó de gris metálico. El Capitán no entendía que estaba haciendo, pero sin duda era parte de su poder así que elevó el escudo, preparándose para lo que pudiera venir. El color metálico se extendió por el resto del cuerpo del destructor, quien volvía a sonreír.
-Este es mi modo Full Metal. ¿Te gusta? Sólo Gravitta fue capaz de derrotarme así, y ahora verás por qué- El Vikingo salió lanzado con aún más velocidad que antes y arremetió con su puño derecho. El I-Men interpuso su escudo y preparó un contraataque, pero la fuerza de su rival golpeó con dureza el escudo, mandando a volar al Capitán. Este chocó contra la pared y perdió el aire. Su vida se resintió. El Vikingo no paró ahí, volvió a la carga levantando ambos brazos. El I-Men se recuperó y de un saltó evitó el derribo.
-¡Furia vasca!- El aura rojiblanca le rodeó con fiereza. “No tengo otra opción, me destrozará como me de otra vez”, entonces reparó en su escudo. Estaba aboyado. El Capitán frenó en seco y observó el objeto- ¿Qué?
Pero fue un terrible error, el Vikingo ya caía sobre el con sus puños como cañones. El I-Men logró reaccionar gracias a su gran experiencia en combate y levanto el escudo como acto reflejo. Pero el destructor no detuvo su ataque, redobló la fuerza. El puño dio de lleno en el debilitado escudo, que ahora se rompió en pedazos. El Capitán recibió un derechazo que sintió como si un coche le estuviera atropellando. Su primera vida desapareció del todo al tiempo que salía volando debido a la fuerza del ataque.
-Oh, mierda...- El vasco logró incorporarse. Cuando vio al Vikingo de Acero este estaba mirándose el puño con el que había destrozado el escudo. Los nudillos estaban rotos y el metal de la mano resquebrajado. El destructor sonreía.
-Vaya, pensaba que mi metal era lo más resistente que había en este mundo, pero parece ser que tu escudo está hecho del mismo material que mi poder... eso explica porque ambos se han roto a la vez- El rubio le miró con ansias- Venga, vamos a zanjar esto.
-Como quieras, pienso ponerte en tu sitio- El Capitán estaba impactado por la pérdida de su escudo, pero no dejó que le afectara. Se concentró y pensó en todo lo que se jugaban en aquella pelea. Como respuesta a sus sentimientos el aura rojiblanca incrementó su tamaño. A continuación aplicó lo que Dayana le enseñó en su entrenamiento y concentró su voluntad en un único objetivo; “Derrotar al Vikingo”. Ambos salieron lanzados el uno contra el otro.
El Vikingo atacaba sin cuartel, sus poderosos puñetazos eran como meteoritos, prácticamente imparables. Al mismo tiempo su coraza le protegía de cualquier golpe, por lo que no tenía que cuidar sus defensas en lo más mínimo. El caso del Capitán era el contrario. Sabía que si lograba encajar un directo a su enemigo podría hacerle daño, pero él a pesar de su increíble resistencia no podía permitirse recibir un golpe. Sin escudo ni siquiera su aura podría evitar perder una vida. Los puñetazos volaban en todas direcciones, el ataque del destructor era furioso y rápido. Cada vez estaba más cerca de golpear a su rival, pero este siempre lograba evadirlo por escasos milímetros.
-¡Eres rápido para ser un insecto!- Bramó el Vikingo mientras recuperaba el aliento- Si no estuviera recubierto de acero a lo mejor estaría sudando. ¡Vamos!
El Capitán no respondió, seguía concentrado en mantener el poder de su aura. “Soy ligeramente más rápido que él, aunque no por mucho. Debo encontrar el hueco para darle mi mejor golpe”, meditaba. El destructor reanudó su acometida, pero esta vez su velocidad no era tan dramática como antes. “Si es tan fuerte como parece es posible que nunca haya tenido batallas largas, debo aprovechar eso a mi favor. Después de entrenar días enteros con Dayana mi resistencia se ha multiplicado...”, se dijo a sí mismo el Capitán.
-¡Ven por aquí, torito!- Le provocó. El Vikingo ni siquiera pensó que fuera alguna clase de táctica, simplemente asumía que su rival era igual que él. Un tipo duro orgulloso de su fuerza física, de manera que embistió con sus brazos por delante como dos poderosas lanzas. El I-Men corrió usando su máxima velocidad para mantenerse justo fuera del rango de su rival, que trataba de acorralarle.
-¡Te pienso hacer papilla!- Gritaba el Vikingo al tiempo que golpeaba el suelo con fuerza. El golpe fue tan contundente que abrió un agujero hasta el piso inferior. La intensidad desestabilizó al I-Men, que tropezó y cayó sin remedio. El rubio saltó para caer sobre él- ¡Te tengo!
-¡Mierda!- Exclamó el vasco al tiempo que rodaba en el suelo. Fue lo suficientemente rápido y evadió la carga del otro. Pero el Vikingo ya se levantaba para seguir su ataque. “Debo atacar ahora o nunca”, pensó el I-Men. Desde el suelo se apoyó sobre las manos y realizó una patada baja que pilló desprevenido al Vikingo. El golpe dio en la parte trasera de la rodilla del destructor, quien cayó al suelo. El Capitán aprovechó para levantarse y poner algo de distancia- Joder, creo que eso me ha dolido más a mí que a él...- Susurró mientras el pie le palpitaba.
El Vikingo miraba el suelo al tiempo que temblaba. Se levantó despacio y miró en dirección al Capitán. Sus ojos mostraban una furia inconmensurable.
-Has hecho que caiga sobre mis rodillas... Ja, antes sólo pensaba matarte. Ahora pienso colgar tu cabeza como trofeo- Le dijo al vasco.


En el Sexto piso las cosas tampoco pintaban muy bien para los I-Men. J.J acababa de liberar su poder y atacaba a Shadow, quien apenas podía contener los golpes del destructor. La energía que liberaba J.J le rodeaba y formaba cúmulos de poder que lanzaba como si fueran pelotas. Sin embargo cuando llegaban a su destino estallaban liberando una gran onda de choque. Gracias a que Rencor estaba allí gran parte del daño lo absorbía la sombra, por lo cual aún seguía en pie.
-Mierda, no puedo seguir así mucho tiempo más...- Las sombras le envolvieron y conformaron la armadura oscura, que se ajusto a su cuerpo. “He peleado batallas muy duras, incluso logré quitarle una vida a Light y otra J.J. Si me concentro puedo hacerlo”, pensaba. Invocó una ola de sombras que dirigió contra su rival.
El destructor saltó para esquivarla y lanzó dos orbes de energía que el I-Men esquivó. Shadow aprovechó entonces y lanzó su propio orbe oscuro, pero J.J pudo evadirlo. Entonces comenzaron una lucha cuerpo a cuerpo. La velocidad del destructor había aumentado considerablemente al liberar su energía, lo que sumado a su destreza le hacía casi imparable. Rencor apareció entonces en la espalda de J.J y atacó con ambos puños sujetando dagas de oscuridad. Sin embargo su rival se giró y las paró con sus manos, entonces desarmó a Rencor y le propino un duro derechazo que descargó muchísima energía. Fue Shadow quien recibió el golpe, cayendo al suelo, y entonces J.J entendió todo.
-Oh, así que por eso apenas te hacía daño... Entonces, ¿debo atacar a la sombra para hacerte a ti el daño?- Preguntó al tiempo que levantaba el brazo derecho. Este se iluminó con la energía amarilla y comenzó a concentrarse en la punta de los dedos. Rencor le miraba con rabia, “Si me da con eso Shadow perderá una vida casi seguro, debo poner algo de distancia o...”, pensaba la sombra, pero entonces J.J le agarró con su mano libre.
-¡Maldita sea!- Exclamó.
-Cuando libero mi energía mi sistema nervioso funciona cinco veces más rápido que el de un humano normal... prácticamente nadie puede igualar mis reflejos. Ahora muere.
Pero entonces Shadow apareció del cuerpo de Rencor y agarró el brazo que sostenía la energía. Mientras J.J pensaba que le había herido seriamente se había introducido en la dimensión sombría y luego había utilizado el cuerpo de Rencor como puerta de salida. El destructor abrió los ojos mucho, sorprendido.
-Esto no me detendrá- Se liberó del agarre y atravesó el pecho de Shadow con su mano llena de energía. El moreno sabía que no le haría daño, pues Rencor aún estaba allí, de manera que se dejó atravesar.
-Ahora no podrás escapar- Dijo Shadow mientras las sombras agarraban el brazo incrustado en el pecho del I-Men. Más sombras aparecían del cuerpo del moreno y estas envolvían a J.J. Entonces las sombras explotaron en un mar de oscuridad que hizo temblar la habitación.
J.J y Shadow salieron de la humareda, ambos estaban heridos por el ataque oscuro. Rencor había absorbido mucho daño por todos los ataques y se había visto obligado a replegarse a su dimensión oscura. Pero el daño al destructor había sido muy leve, cosa que sorprendió a Shadow.
-¿Qué? Ese golpe debería haberte hecho mucho más daño...- La mano derecha de Gravitta sonrió al tiempo que se limpiaba algo de polvo del hombro.
-Parece que no entiendes mi poder... Soy una fuente de energía, de cualquier tipo de energía. Si uso la suficiente energía soy capaz de transformar esta energía en cualquier otro tipo de energía, como calor o luz. En el momento en que tus sombras me rodearon emití toda la luz posible desde mi cuerpo, neutralizando gran parte de tu daño...
-Eso no tiene sentido, ese poder no puede existir... no tiene límites- Razonó Shadow. J.J bajó la mirada.
-Claro que tiene límite, como nunca lo he usado demasiado, todavía no soy capaz de sacar todo su potencial... Pero, ¿a qué precio? Muchas más veces de las que me gustaría he perdido el control, matando a los que estaban a mi alrededor. Si esta vez estoy usándolo es por Gravitta, gracias a él soy capaz de tener el control suficiente.
-Ya veo...- El joven miraba confuso a J.J. “No me puedo imaginar por lo que ha tenido que pasar este chico. Y pensar que Gravitta precisamente le ayudó. Estoy cansado y Rencor ha tenido que retirarse... ¿Puedo vencerle?”, pensaba entonces Shadow. Sumido en esos oscuros pensamientos llegó al sexto piso Revelación. El místico esperaba la escena ya, así que no se sorprendió al ver a J.J con su poder liberado, ni al ver a Shadow hecho un asco.
-Por fin llego, llevo un buen rato sintiendo el peligro que corres, Shadow. ¿Cómo estás?
-He tenido mejores momentos, la verdad...- Admitió. El Místico se había alejado demasiado de Erzzhia y ya no podía sentirla, los muros de la Torre ejercían su influencia, anulando toda interferencia.
-Debería ayudarte, por lo que he podido ver en el futuro- Comenzó a decir Revelación, pero entonces el moreno levantó la mano.
-¿Cuántas vidas tienes, amigo?- Inquirió. El otro se mordió el labio, veía con toda claridad a donde quería llegar Shadow.
-Una- Respondió escuetamente.
-Entonces mantente al margen, J.J no es alguien con quien puedas luchar a medias... Y si perdemos esta llave...
-No te olvides que basta con reunir cuatro de las llaves, aunque perdamos la Sexta llave aún tenemos las otras cinco- Razonó el místico, pero el moreno negó con la cabeza. El destructor se puso en postura.
-Lamento tener que cortar la cháchara, pero hemos de pelear. Intervén si lo crees necesario, pero asume el precio- Dijo J.J, calmado. El fulgor amarillo reapareció con más fuerza y comenzó a concentrar energía en sus manos. A continuación lanzó dos esferas de energía que Shadow se esforzó por evitar. Las explosiones limitaron la visión de Revelación, quien en su fuero interno se preparaba para entrar en escena.


El Guerrero llegó entonces al cuarto piso. Nada más llegar sintió una presión enorme que había evitado hasta entonces gracias a la piedra de la torre. Buscó por la habitación y su mirada encontró al Vikingo recubierto de alguna clase de metal. La energía que emanaba era monstruosa. Por otro lado el Capitán corría de un lado a otro, esquivaba y sudaba a partes iguales.
-¡Capitán! ¡Vengo a ponerte al día, luego subiré!- Exclamó. Ambos luchadores no le prestaron atención, siguieron su continuo duelo. Al cabo de un minuto el Capitán gritó.
-¡Venga habla, te escucho!- Celestina narró por encima lo ocurrido en los tres primeros pisos. Cuando le contó lo de Demongirl su velocidad bajó un poco, cosa que casi le costó otra vida. Afortunadamente pudo reponerse a tiempo. Tras darle la información el Guerrero invocó el viento y subió a toda velocidad, dejando atrás el cuarto piso.
El Vikingo caía entonces sobre el I-Men, enarbolando ambos puños. Sin embargo esta vez el Capitán no lo esquivó, realizó un movimiento de pies y entró dentro del rango de ataque, evitando los ataques y preparando el suyo propio.
-¡Lanza Vasca!- Aplicando todo su entrenamiento concentró toda la energía en su puño derecho y descargó su golpe más fuerte en el costado del Vikingo. Los movimientos del héroe habían sido tan rápidos que el destructor no fue capaz de reaccionar y retrocedió unos centímetros debido al golpe. Al cabo de unos segundos el Vikingo se recompuso.
-Tú, ¡menudo golpe!- Exclamó- Lo estás poniendo interesante- Se miró el costado y observó que había unas pequeñas fisuras un poco más abajo del corazón, en su costado izquierdo. Silbó- Menudo ataque, tienes que tener destrozada la mano.
-Como si eso fuera un problema- La mano derecha del Capitán sangraba. Los nudillos estaban abiertos y el dedo anular colgaba inerte. A pesar de todo eso, el I-Men consideraba una victoria haber podido conservar la mano. La furia vasca volvió y creció en tamaño.
-¿De dónde sale toda esa fuerza? ¿No me digas que la muerte de tu compañera te preocupa tanto?- Preguntó el Vikingo de Acero con desdén.
-¡Cállate!- Rugió el Capitán mientras sus pensamientos volaban. “Era una gran mujer y persona, no me puedo creer que ya no esté aquí. Pero al menos lo hizo por un buen motivo, salvar a Gaia. No puedo dejar que su valor sea despreciado”, pensaba. El aura roji-blanca brillaba. El Vikingo sonrió al tiempo que cargaba de nuevo con ambos brazos.
-¡Toma esto insecto!
Ambos saltaron y comenzaron a correr de un lado a otro. “De nuevo su velocidad ha bajado otro poco, realmente no está acostumbrado a largas peleas. De no haber sido por eso no podría haberme acercado como lo hice antes”, pensaba el I-Men. Mientras esquivaba y saltaba pisó un pedazo de su escudo. Entonces su mirada se posó en los restos dispersos por la estancia. “Tal vez...”. El Vikingo entonces arremetía con su puño derecho, mientras que el Capitán trataba de repetir su maniobra y asestar otro golpe. Pero justo cuando iba a acercarse, descubrió que el brazo izquierdo de su rival se mantenía en guardia, cubriendo su pecho como si fuera un escudo.
-¡Has caído!- Gritó el destructor mientras su brazo izquierdo salía lanzado como si tuviera un resorte. El vasco reaccionó lo más rápido posible y se lanzó al suelo, pero no fue lo suficientemente rápido y el brazo de su enemigo le rozó la mejilla. La fuerza del roce lo hizo retroceder y su segunda vida se resintió. Inmediatamente la rozadura se abrió como una herida de cuchillo y empezó a sangrar.
Gracias a su gran velocidad logró escapar del rango del Vikingo, pero las cosas pintaban feas. “No debo permitir que esto me frene, tengo que encontrar una manera de acceder a las grietas del costado, si le doy otro golpe romperé su coraza... Pero si usa su brazo izquierdo como escudo tengo un problema serio. No puedo bloquear ese contraataque... solo tengo una opción”, meditaba. Durante un par de minutos continuaron su lucha, hasta que el Vikingo bajó otro nivel la velocidad. Fue entonces cuando el Capitán reunió la determinación necesaria para hacer lo que debía.
-¡Por Demongirl!- Exclamó al tiempo que corría hacía el Vikingo. Este sonrió y se lanzó hacía el I-Men levantando su brazo derecho. El ataque del destructor fue evitado por poco, pues el Capitán se había agachado para rodar por el suelo y levantarse de un salto. “No pasarás de mi brazo izquierdo, mocoso”, pensó el Vikingo mientras se cubría. Cuando el Capitán se incorporó dispuesto a atacar descubrió el brazo de su enemigo como esperaba; formando un escudo.
-¡Muere!- Gritó el Vikingo al tiempo que su brazo izquierdo atacaba como un cañón. Sin embargo el Capitán no trató de esquivarlo, plantó los pies en el suelo y levantó su propio brazo izquierdo como si fuera un escudo. Toda la fuerza de su aura estaba concentrada en él, formando una barrera. El puñetazo del destructor impactó con muchísima fuerza, producto de la rabia y frustración que llevaba sintiendo el Vikingo todo este rato.
Pero el I-Men no tembló si quiera. Mantuvo la postura unos instantes al tiempo que arremetía con su brazo derecho directamente a las grietas en el costado de su rival. “Con toda su aura concentrada para defenderse no será capaz de hacerme daño. ¡Adelante, destrózate la mano mientras te machaco!”, pensaba el Vikingo triunfante. Sin embargo, cuando el ataque del Capitán dio de lleno, el destructor sintió como si algo muy frío le penetrara. De inmediato perdió su segunda vida y comenzó a escupir sangre. Cayó de rodillas mientras se agarraba el pecho. El vasco retrocedió, su brazo izquierdo colgaba inerte, seguramente se había roto algún hueso.
-Bastardo... ¿qué has hecho? ¿Cómo has podido...?- Preguntó el destructor desconcertado.
-¿No decías que sólo había una cosa capaz de penetrar tu armadura?- Sonrió el Capitán. A pesar de todo el I-Men había perdido la mitad de su vida, de manera que sólo tenía una y media. Al menos superaba a su rival.
El Vikingo abrió los ojos como platos. Bajó la mirada y descubrió un pedazo de metal incrustado en su costado. Se lo arrancó y descubrió que era uno de los fragmentos puntiagudos del escudo destrozado del vasco. “No puede ser... ¿cuando lo ha cogido sin que me diera cuenta?”, pensaba. Entonces la respuesta vino a él.
-No me lo creo... ¿Cogiste el escudo cuando rodaste por el suelo para evitar mi puñetazo? ¿Calculaste los movimientos precisos para esta situación?
-Así es. Eres tremendamente fuerte, pero hay una cosa que nos diferencia. Yo tengo mucha más experiencia en combate y mucha más resistencia. No me fue difícil deducir la manera de atacarte. Y gracias por la idea, tenía que bloquear tu último ataque si quería acceder al único momento en el que bajabas la guardia. Usar tu brazo como escudo me hizo darme cuenta de que tal vez debía sacrificar el mío para ganarte...- Explicó el Capitán mientras recuperaba el aliento. La perdida de sangre comenzaba a hacerse notar. Al mismo tiempo el brazo izquierdo le enviaba quejas, podría tener algunos huesos rotos.
-Maldito desgraciado...- Susurró el Vikingo al tiempo que la sala comenzaba a temblar- Tú, no sólo me quitas dos vidas, si no que encima tienes el descaro de reírte de mí. Lo vas a pagar caro, mequetrefe- De repente el destructor se levantó. Ahora parecía más alto, más fuerte. Pero lo más alarmante era que parecía seguir creciendo. Su voz se hacía más grave por momentos- Había desarrollado esta técnica pensando en algún día destrozar a Gravitta... y ganar el juego, pero tendré que aplastarte con todo mi poder. Prepárate, ni si quiera esta torre podrá contenerme.


El Guerrero llegaba entonces al quinto piso. En él encontró a Death Master sentado sobre su trono. El pálido seguidor de Gravitta le miró. Un escalofrío recorrió la espalda del Guerrero. No podía ser que alguien hubiera perdido. Se encaró al hombre y frunció el ceño.
-¿Dónde está mi amigo?- Inquirió. El otro le miró con curiosidad y luego señaló el techo.
-¿Revelación? Arriba. Me contó unos interesantes cuentos y decidí rendirme, chico- Explicó con toda la calma. El I-Men no se lo creyó al principio. Miró su reloj, aún quedaban quince minutos. Si subía a toda velocidad podría comprobar el estado de sus compañeros y, en el peor de los casos, bajar y acabar con Death dentro del tiempo establecido.
-Si eso es así, ¿qué ha pasado con la llave?- Preguntó entonces Celestina. Death Master frunció también el ceño. No le gustaba el tono de aquel tipo.
-Se la di. ¿Qué esperabas que hiciera?- Preguntó algo envalentonado el destructor. El Guerrero no confiaba en él, pero si alguien era capaz de convencer a otro de rendirse, ese era sin duda Revelación.
-Muy bien, me voy- Finalizó el Guerrero mientras subía las escaleras a toda velocidad. El viento se agitó en torno a él y le impulsó aún más.
Si lo que dice es cierto entonces ahora tenemos tres llaves. La primera, la tercera y la quinta. Basta con que el Capitán o Shadow derroten a uno más y podremos liberar a Eliart de la trampa de Gravitta. Sin embargo, el hecho de que Death esté ahí implica que en el último piso estará seguramente J.J. No le vi en la ciudad, pero no cabe duda de que es el súbdito más poderoso de Gravitta. Ya me enfrente una vez a él y... dudo que Shadow logre acabar con él...”, meditaba. Se concentró y subió con más energía que nunca. No le tomó ni un minuto alcanzar el sexto piso. Cuando llegó las fuerzas que colisionaban le hicieron retroceder.
Shadow estaba en el suelo, una fea herida en el estómago evidenciaba que acababa de caer. La sangre brotó y su segunda vida desapareció con presteza. Revelación temblaba mirando la escena. La energía envolvía a J.J, quien preparaba un nuevo ataque. Celestina lo analizó todo en unas milésimas de segundo y reaccionó increíblemente rápido. Voló hasta su amigo y se interpuso entre J.J y Shadow, bloqueando el poderoso ataque del destructor.
-Vaya, pero si eres tú. Tengo ganas de ver como has crecido, ya era hora de nuestra revancha- Comentó J.J. El Guerrero observó que estaba sudando y que estaba malherido hasta cierto punto.
-Puede que Shadow no haya podido contigo, pero ha hecho un trabajo excelente, yo acabaré contigo- De repente alguien atacó por la espalda al destructor, quien reaccionó a tiempo y esquivó el puñetazo de Revelación en modo espiritual. La voz de Gravitta resonó.
-Intervención del Guerrero y Revelación. Shadow ha perdido el combate, y por lo tanto la sexta llave se ha perdido- Algo brilló dentro de uno de los bolsillos de J.J. Una llave con un séis escrito flotó en el aire y se desintegró. Shadow logró incorporarse.
-¡No, qué habéis hecho!- Exclamó. Entonces el Guerrero se giró.
-Tranquilo, ahora tenemos tres llaves y el Capitán aún está peleando. Confío en él, es fuerte. Ahora todo depende de él, ya es hora de que demuestre si es un héroe- Explicó Celestina mientras Shadow procesaba todo.
-Un momento, ¿tres llaves? ¿Alguien ha perdido?- Revelación miró a Celestina. El místico supo todo lo que había ocurrido con solo dar un vistazo a su amigo, en seguida su poder se activó. Fue el mismo Guerrero quien contestó.
-Gaia iba muy mal... Demongirl subió al segundo piso para darnos la llave cuando... Vio la escena. No pudo resistir ver a su hermana perder e intervino. Perdimos la segunda llave, pero Demongirl derrotó a Psikosis- Shadow parecía aliviado, pero al ver la tensión aún presente en los otros dos se volvió a preocupar- Y... Demongirl murió también, perdió el control de sus poderes... aunque intenté detenerla...
-Ya... veo...- Un extraño sentimiento se alojó en el pecho de Shadow. Quiso gritar y llorar de rabia, pero se contuvo y clavó sus ojos en J.J. Este permanecía quieto, mirándoles- ¿Por qué no nos atacas ahora mientras hablamos, eh?
-No lo sé, supongo que no es mi costumbre- Respondió sin darle importancia- ¿Qué mas da? ¿Me atacaréis los tres a la vez?
Los I-Men se miraron. Shadow quería pelear, aunque fuera por venganza, pero fue Revelación quien posó su mano sobre el hombro del moreno.
-No deberías alimentar esos sentimientos, esto no es culpa de ningún jugador- Dijo el místico. El Guerrero aún hervía por dentro, pero asintió. Llevaba un tiempo dándole vueltas y apoyó a su amigo.
-Revelación está en lo cierto. Ni si quiera Gravitta es quizá tan malo como creemos, centra tu furia contra los creadores de este terrible juego... en el fondo todo es culpa de quien quiera que dirija esto.
-Tenéis razón... pero es duro- Asumió Shadow mientras bajaba la cabeza. De repente el suelo comenzó a temblar. ¿Qué estaba pasando?
-¿Es esto cosa tuya, J.J?- Preguntó el Guerrero. Pero fue Revelación, quien pudo ver el futuro, el que respondió.
-¡No, no es él! ¡Rápido, acercaos a mí!- Los tres se apiñaron y Revelación activó su runa rosa, preparando la barrera para cuando fuera el momento adecuado. J.J conocía los poderes del místico, así que se envolvió con su energía para conformar una esfera protectora. Entonces conformó varias capas de poder que giraban en torno a él y confluían, haciendo una defensa férrea.
Entonces el suelo estalló y todo voló por los aires.


El Capitán se quitó de encima un cascote. De alguna manera había sobrevivido al colapso del edificio. Donde antes había una torre de piedra negra ahora no había nada, tan solo una enorme nube de polvo gris. Sin embargo el Séptimo piso estaban intacto, se mantenía flotando en el aire, probablemente gracias a algún poder. Unas voces sonaron a la espalda del Capitán, quien se giró para ver como Waver iba hacía él.
-¡Capitán, estás bien!- Dijo mientras se preparaba para ayudarle. Pero entonces el vasco levantó un brazo.
-¡No te acerques! Si el Guerrero os ha informado de cual es la situación entonces no puedes intervenir, debo derrotar al Vikingo de Acero para conseguir la cuarta llave- Explicó, rápido. Waver se extrañó.
-¿A quién?
-A él- Dijo mientras levantaban la cabeza. Dentro de la nube un brazo se agitó y apartó el polvo. Un enorme gigante de quince metros se elevaba hacía el cielo. Su cuerpo estaba recubierto de una sustancia parecida al metal. Era el Vikingo de Acero. Este abrió la boca y habló. Su voz era gutural.
-Dóoonde estáaaaas, inseeeectooo...- Decía alargando las palabras. El Capitán entonces bajó la cabeza y se quitó su traje, dejando únicamente puesto la ropa interior. Waver se sonrojó, ¿por qué hacía eso?
De repente una poderosa energía emanó del cuerpo del vasco y la furia vasca reapareció como un fuego brillante. Una gran onda de choque hizo caer a Waver.
-Perdona, tenía que liberar mi poder, no me queda otra opción- Se excusó. La chica le miró y de repente observó que ya no emitía ningún aura.
-¿Dónde ha ido tu poder?- Preguntó, asustada.
-Estamos envueltos en él- Contestó mientras sonreía. Waver miró en derredor. Era verdad, no es que el aura hubiera desaparecido, es que era tan grande que estaban dentro de ella. Los límites de la furia vasca marcaban un radio de varios metros- Durante todo este tiempo sólo he usado el setenta por ciento de mí poder. Mi traje siempre absorbía una parte. En un momento de verdadera necesidad me quito el traje... y todo el poder acumulado durante estos meses viene a mí en una increíble oleada de energía.
-Eso quiere decir...
-Sí, es algo que sólo puedo hacer una vez cada mucho tiempo- Explicó.
-¿Y por qué no lo hiciste antes? ¿Para salvar a Gaia o derrotar al Gobernador?- Preguntó Waver, confusa.
-Porque no lo controlaba... es demasiada aura para ser usada- Explicó- Este sistema está preparado desde hace mucho tiempo, pero cada vez que lo usaba me hería a mí mismo de manera seria, y hacía mucho daño a los que había cerca... Ha sido gracias al entrenamiento con mi maestra que ahora puedo controlarlo.
Mientras hablaban el Vikingo les había localizado y levantaba el puño para descargar su golpe. Un enorme brazo del tamaño de un autobús caía ahora sobre ellos. El Capitán retrocedió medio paso para ajustar su postura y respondió dando su propio golpe. Ambos puños chocaron y una onda de choque hizo volar los escombros y también a Waver. Sin embargo la fuerza del vasco era superior, de manera que el Vikingo retrocedió su brazo como efecto, haciendo que se balanceara.
-Parece que con esta fuerza puedo resistir tu poder... Aunque seas grande no eres mucho más fuerte... pondré fin a esto... Porque cuando libero mi carta final ya no es la furia vasca... es la ¡Sentencia Vasca!

Tiempo restante: 00:16:23.

viernes, 1 de abril de 2016

Capítulo 50 - 'Un poder más allá de la muerte'

Estando en el interior del quinto piso, Revelación levantó las manos y adoptó una postura de combate. Death Master le observaba desde su trono de huesos. El pálido destructor no hacía ademán de querer bajar del asiento. Al cabo de unos instantes el I-Men habló.
-¿No piensas bajar de ahí?- Preguntó. Death ladeó la cabeza al tiempo que gruñía.
-La verdad es que preferiría evitarlo- Entonces levantó su brazo derecho, que estaba afectado por sus poderes hasta el hombro, y chascó los dedos. Un enorme portal circular de color blanco apareció flotando en el aire. Con tres metros de diámetro, el portal emitía una luz cegadora que se fue atenuando.
Revelación observó la aparición con su mirada astuta. Sus poderes de predicción enseguida comenzaron a funcionar. Sin embargo no era capaz de ver más allá. El destructor seguía mirándole, como esperando a que dijera algo. Entonces se levantó y posó su mano sobre el portal.
-¿Sabes qué es esto?
-No, y es algo extraño. Normalmente mi poder me da la capacidad de ver a través de las personas... pero cuando veo tu portal sólo puedo ver... el fin- Respondió el místico, dudando.
-Exacto... este portal conecta con el mundo más allá de la muerte. Mi poder representa la capacidad de viajar entre este mundo y el otro- Afirmó Death Master. Revelación se esforzó en no mostrarse sorprendido- Una vez metí mi mano en este portal... y mi mano murió, comenzó a pudrirse, y la putrefacción se extendía por mi brazo. Cuando se lo enseñé a Gravitta no tenía ya ninguna esperanza, pero él encontró una manera de parar el efecto. Me ayudó a controlar mi poder, y aunque no puedo revertir lo que me pasó... ahora soy más fuerte.
El portal se abrió mostrando una niebla que no dejaba ver nada. La niebla penetró en la estancia y unos gemidos vinieron a lo lejos. Death Master mantenía el ceño fruncido al tiempo que mantenía el portal de la muerte abierto. Entonces comenzaron a llegar desde el umbral personas muy pálidas. El I-Men no cayó en la cuenta de lo que eran hasta que fue tarde.
-¿Eso son cadáveres?- Inquirió.
-Sí... por algún motivo me reconocen como su líder, supongo que por ello me llamo el amo de la muerte. Creo que podrías considerarlos zombis. Su fuerza es algo de otro mundo, literalmente.
La sala se llenó de aquellos seres pálidos. Estaban completamente desnudos, pero sin embargo no parecían ni hombres ni mujeres. De hecho apenas recordaban vagamente a la forma de un ser humano. Revelación se dio cuenta gracias a su poder que, en realidad, eran la forma física de almas en pena, obligadas a moverse de nuevo. Death Master le miró, y todos los zombis reconocieron en el místico a una víctima. Con gemidos comenzaron a arrastrarse hasta él.
-No pienses que esto me detendrá, Death- Dijo con contundencia Revelación al tiempo que extraía unos papeles de su traje. Los papeles tenían forma rectangular, alargada y con letras negras pintadas en ellas. Eran producto de su duro entrenamiento con Sage. - Estos papeles místicos canalizan la fuerza de mi espíritu en forma de conjuros. Con ellos soy capaz de anular la voluntad de aquellos más débiles que yo, ¿crees que tus muertos lograrán aguantar?
-Son mis no-muertos. La verdadera pregunta es si tendrás suficientes papeles de esos...
-Ya veremos- Revelación sonrió, pero Death tenía razón, si seguían saliendo a aquel ritmo del portal no habría papel en el mundo suficiente. El I-Men se lanzó al tiempo que los zombis extendían los brazos, tratando de atraparle. El místico los sorteaba con habilidad al tiempo que les pegaba los papeles en la cabeza. Nada más hacerlo los no-muertos se detenían, superados por la voluntad de su enemigo.
Death se mordió el labio al tiempo que invocaba más no-muertos desde el portal. Revelación usaba sus dotes de adivinación, sumado a sus artes marciales, y mandaba a los zombis a volar, no siendo rivales para él. El I-Men seguía avanzando poco a poco entre las hordas de cuerpos pálidos, algunos los paralizaba con los conjuros mientras que a otros los mandaba a volar con sus puños. Los que eran golpeados no tardaban en reincorporarse, como si no hubiera pasado nada. A medida que iba avanzando se veía cada vez más rodeado por los cuerpos sin vida de los monstruos.
-Eres otro humano normal, Revelación, avanzas a ciegas luchando contra todo... y de repente te das cuenta de que el final es el mismo, que estás rodeado de muerte- Sentenció el destructor mientras miraba sin prestar mucha atención. “Esto ya está hecho, ni si quiera he necesitado mi propia fuerza...”, pensaba mientras se sentaba de nuevo en su torno de huesos. Sin embargo los zombis comenzaron a volar en todas direcciones.
-¡Tienes razón, Death!- Exclamaba el místico al tiempo que se deshacía del grupo de cadáveres. Un aura blanca le cubría levemente- Todos moriremos, es inevitable. Pero incluso tú, que te llames el dueño de la muerte, intentaste evitarla. Sin embargo, lo importante no es el final, es el camino que recorremos.
Con este discurso el aura alrededor de Revelación aumentó de tamaño, era como si su espíritu de lucha se manifestara físicamente. El collar de cuentas rojas que llevaba flotaba alrededor de su cuello. El destructor se encogió de manera involuntaria en su silla. Los no-muertos atacaron de nuevo al I-Men desde todos los ángulos, y este los bloqueaba y los expulsaba con los golpes de sus manos. Con cada palmada que daba arrancaba una cabeza, abriéndose paso entre la horda. Finalmente despachó al último que se interponía entre él y su verdadero rival.
Death saltó de tronó levantando su brazo derecho, dispuesto a derribar a Revelación, que respondió usando también su puño. Ambos chocaron en el aire y una onda expansiva recorrió la sala. Sin embargo, el místico resultó perdedor, saliendo lanzado hacía atrás. Se incorporó de un salto, apenas había recibido daño, y observó a su oponente. El brazo muerto del chico parecía distinto del resto de su cuerpo.
-Tu brazo no sólo está muerto, ¿verdad?- Preguntó. Death sonrió con amargura.
-No, tienes razón- Miró su brazo al tiempo que flexionaba los dedos- Normalmente alguien no podría moverlo, pero como has observado soy capaz de dirigir oleadas de no-muertos. Controlar un brazo no supone mucho esfuerzo, y al parecer tiene ventajas. No consume nada de energía, pues es un tejido muerto, y no posee las limitaciones de la carne, supera los límites humanos. Con mi brazo izquierdo puedo levantar veinte kilos con dificultad... sin embargo mi brazo derecho es capaz de levantar coches enteros.
-Ya veo, eso explica esa fuerza tan sobrenatural- El espíritu del guerrero se hizo más nítido en torno a Revelación. Entonces los restos de los no-muertos comenzaron a moverse, sorprendiendo al I-Men. “Vaya, pensaba que había acabado con ellos, pero salvo los que tienen conjuros, los demás seguirán atacando...”, reflexionó.
-No dejarán de moverse hasta que te devoren, o hasta que yo se lo ordene- Murmuró Death al tiempo que adoptaba una postura de combate. Parece que se había decidido a entrar en la pelea de manera directa.
Si no elimino a los zombis primero tendré un problema, pues me distraerán del principal objetivo, que es Death Master. Y no puedo ignorar al destructor para derrotar a sus cadáveres, si es cierto lo que dice puedo salir muy mal parado si me alcanza. Vamos Revelación, piensa, piensa...”, meditaba el I-Men mientras evaluaba la situación. Su poder de adivinación entró en juego, mostrándole el camino con menos riesgos.
-Así debe ser- Afirmó por lo bajo.


Shadow miraba a un tiempo las escaleras y a otro a J.J, quien lo esperaba en actitud de combate. Estaban en el sexto piso, lo que implicaba que él era el seguidor de Gravitta más fuerte, sin contar al propio científico. “Ciertamente soy mucho más fuerte que en aquel entonces, cuando aún estábamos en el mismo equipo. Pero no fui capaz ni de atisbar su poder ni una sola vez, me preguntó si seré capaz de estar a su altura”, se preguntaba el muchacho. Los rasgados ojos de la mano derecha de Gravitta no mostraban ningún sentimiento.
-Sabes, estaban pensando que, a pesar de haber estado en tu bando una vez... realmente no sé apenas nada de ti. Ni lo que esconde tu nombre, ni lo que esconden tus poderes- Explicó Shadow, esperando algún tipo de reacción. J.J esbozó una sonrisa.
-Esos detalles sólo los conocen dos personas, Gravitta y yo. Y precisamente ese misterio que me rodea es mi mayor fuerza, ¿no crees? Si supieras todo sobre mí, sabrías como actuar. Mi mayor fuerza es que no conoces mis límites.
-Pero sin un poder real, esa fuerza se queda en nada.
-Bueno, yo no diría que mi poder no es “real”- J.J mantenía la postura. No flaqueó ni dio ninguna oportunidad a Shadow de comenzar con ventaja. “Lo único que sé de él es que derrotó al Guerrero, a Demongirl y al Capitán hace tiempo. Y no llegó a mostrar su poder. También por algún motivo los demás no eran capaces de usar sus poderes cerca de él. Es indudable que tiene un método de anular las habilidades de los demás, pero... ¿es ese su poder? ¿Cuál es?”, pensaba el moreno, dudando antes de lanzarse.
Pero la duda fue su peor decisión, pues el destructor aprovechó precisamente esos instantes para arremeter contra el I-Men. Shadow logró reaccionar a tiempo e interpuso su brazo justo en la trayectoria de la patada. Pero J.J no se detuvo ahí, apoyado en una de sus manos giró su cuerpo y comenzó a lanzar un ataque tras otro, haciendo retroceder a su rival. Shadow quiso llamar a sus sombras, pero por algún motivo estas no acudían. “Parece ser que yo tampoco puedo activar mis poderes, maldita sea...”, se lamentaba. Entonces J.J dio un salto y se dejó caer con fuerza sobre el otro, que no pudo ver a tiempo el ataque y recibió un fuerte puñetazo en la cara.
A pesar de todo logró aguantar el tipo y no cayó al suelo. El destructor no le dio tregua, en seguida reanudó el incesante ataque. Pero entonces algo había cambiado.
-¡Que te lo has creído!- Exclamó el I-Men, revelando su furia interna. Recibió con los puños en alto a su rival, quien fue contenido por la extraordinaria fuerza de Shadow- Tal vez no pueda activar mis sombras, pero de todos los I-Men soy el más fuerte físicamente si eliminamos los poderes, ¡así que toma esto!
Usando su cuerpo como arma, arremetió con fiereza contra J.J, que se vio sobrepasado por la bestialidad del chico. Durante unos segundos pareció que el joven moreno lograba acorralar al otro, pero en seguida el seguidor de Gravitta recuperó el ritmo del combate, esquivando las acometidas que le lanzaban. “Puede que tenga razón, su fuerza natural es algo a tener en cuenta, pero si hablamos de técnica, soy superior”, dedujo en seguida J.J, rechazando un puñetazo de Shadow y propinándole un duro revés.
Sin embargo el I-Men no retrocedió, al contrario. Enardecido continuó el pulso, sobreponiéndose a los golpes que recibía. Tal y como J.J sospechaba, sus conocimientos técnicos del combate era más bien nulos. Pero Shadow contaba con un arma que el otro no tenía a su alcance Durante sus años de instituto se había movido por barrios muy peligrosos, y se había encontrado con muchas bandas, formando parte de ellas, luchando contra ellas en verdaderas guerras callejeras. De todos los I-Men era el que más experiencia peleando tenía, y siempre había dependido de su cuerpo para hacerlo. Había recibido muchas palizas, y también las había dado. Gracias a la presión que sometía a J.J, sus golpes no eran muy fuertes, lo cual permitía a Shadow aguantarlos. Además su intuición como pandillero le había dotado de una destreza desarrollada durante las peleas, por lo que a pesar de no conocer ningún arte de lucha, podía intentar igualar a su rival.
Durante unos minutos continuaron con su batalla, golpe tras golpe. La peor parte se la estaba llevando el I-Men, pero su resistencia era encomiable, y estaba logrando que J.J se agotara, cosa muy extraña para el destructor. Llegado cierto punto el moreno se deshizo de uno de los ataques de su rival y atrapó su brazo, lanzándole contra la pared. J.J no pudo detener el impacto y recibió un duro golpe en la espalda que le quitó un poco de vida. Cuando logró levantarse de nuevo, Shadow había tomado distancia.
-Desde aquí parece que puedo usar mi poder, curioso, ¿no crees?- Preguntó el joven al tiempo que las sombras le envolvían. En sus manos se concentraron unas esferas oscuras. El destructor no quiso darle tiempo a hacer nada y salió lanzando, tratando de llegar hasta él. Pero el I-Men no se lo puso fácil, se deslizó usando sus sombras, como si patinara, y al mismo tiempo iba lanzando los orbes oscuros, uno a uno. Por supuesto J.J tenía la habilidad suficiente para esquivarlos, provocando explosiones de oscuridad por toda la habitación.
Ahora es mi oportunidad”, pensó el moreno al tiempo que lanzaba los dos últimos orbes oscuros. Los lanzó de tal manera que la única forma de J.J para esquivarlos fue dar un portentoso salto de metro y medio. Shadow esperaba justo eso, de manera que usó sus propias sombras como trampolín parar llegar un poco más alto que su rival y caer sobre él.
-¡Envite oscuro!- Exclamó al tiempo que caía sobre el destructor. Este levantó las manos para tratar de bloquear de alguna manera el ataque, pero a pesar de que las sombras se dispersaron en cuanto estuvo muy cerca, la fuerza ya estaba hecha. Aprovechando además la gravedad, el golpe que recibió J.J fue contundente, haciéndole perder su primera vida. Una vez en el suelo J.J no perdió ni un instante, se recobró y enganchó a su rival en una llave.
-¡Toma esto!- Haciendo presión logró quitarle una vida. Shadow chilló de dolor y se revolvió usando toda su fuerza- Cuanta más fuerza hagas, peor será...- Trató de disuadirle el destructor, pero Shadow no se rindió, usó la fuerza de sus piernas y logró deshacerse de la presa.
J.J se sorprendió, pero enseguida recuperó la postura de combate. Hacía mucho que no le quitaban una vida, el único capaz había sido ese Guerrero Celeste, hace ya bastante tiempo. Shadow se levantó finalmente del suelo, dolorido y mirando con furia a su enemigo. Entonces el destructor se dio cuenta de que si quería derrotar a este enemigo, no bastaría con su poder normal.
-Parece ser que tendré que tomar medidas extraordinarias contra ti. Preferiría no hacerlo pero... debo ganarte, Shadow- Entonces el joven comenzó a desabotonarse su mono negro. A medida que lo hacía el I-Men sentía una fuerza creciente en su rival. Finalmente J.J se desprendió de su mono por competo, liberando su fuerza por primera vez dentro del juego.
-¿Qué es esto?- Shadow sintió al instante que sus poderes volvían. Lo que quiera que evitaba que funcionaran había desaparecido. Pero estaba más preocupado por lo que tenía delante. Un leve fulgor amarillo cubría el torso desnudo de J.J, quien sólo mantenía un ligero pantalón que se ajustaba a sus piernas. La definida musculatura no era nada sorprendente, pues el cuerpo del destructor era muy delgado. Lo verdaderamente increíble era la energía que este emitía- ¿Y este poder de dónde sale?
-Siempre ha estado dentro de mí...- Susurró J.J mirando a su rival- Pero desde que apareció lo he maldecido. Supongo que podrías considerarme como una bomba nuclear, en cualquier momento puedo estallar. Mi cuerpo es una fuente inestable de energía. Ni si quiera yo conozco el límite de esta energía, pero es tan peligroso que jamás la he usado contra alguien.
-¿Cómo demonios has podido esconder algo así? No es algo normal. ¿Es ese traje? ¿Lo encontraste en el juego?- Shadow trataba de responder a sus preguntas, pero no encontraba una respuesta lógica. J.J sonrió.
-No, alguien con esta abrumadora fuerza hubiera destacado demasiado en el faro, ¿no crees?- El destructor cerró los ojos, pensativo. Luego los abrió y miró con determinación a Shadow- Fue gracias a Gravitta. Lo conocí en la Tierra, hará ahora dos años. En aquel entonces me ocultaba, por mi culpa varias personas habían muerto, no sabía controlar mi tremendo poder. Muchas personas me buscaban, pero de alguna manera siempre pude esquivarlas. Hasta que él me encontró. Al principio Gravitta sólo buscaba gente fuerte con la que pudiera cumplir su misión, y yo fui el primer elegido. Usando una tela especial que alguien le había enseñado, pudo diseñar el traje que acabo de quitarme.
-¿Y qué hace ese traje?- Inquirió Shadow, absorto por los descubrimientos que estaba haciendo.
-Anula mi poder, y también el de cualquiera que se acercase mucho a mi. Gravitta no sabía como fabricarlo, así que uso el único pedazo de tela existente para crearme ese traje, eso representó mucho para mí. Era la primera persona capaz de acercarse a mí, la primera que me tendió la mano, aunque fuera por sus propios motivos. Y por eso y otras cosas le sigo desde entonces. Vosotros decís que es cruel y malvado...- La mirada de J.J decayó- Pero no le conocéis como yo, quizá sus métodos a veces sena violentos, pero él no es mala persona. Y sobre todo desde que conoció a Eliart, está cambiado.
-Ya veo... entiendo como te sientes con Gravitta, J.J. Y entiendo por qué le sigues, ha sido una persona que hizo mucho por ti- Shadow se llevó la mano al corazón- Para mí Eliart es igual, fue como un hermano mayor durante mucho tiempo, intentó ayudarme de numerosas maneras, aunque al final no sirviera de nada. Sin embargo si estoy aquí es por él. En el fondo somos iguales, ¿no te parece?
-Tal vez- J.J esta vez frunció el ceño con fuerza al mirar a Shadow- Pero estamos en el juego. Y Eliart y Gravitta pelearán dentro de unos momentos, no podemos detenernos ahora.
-Alguien me enseñó que nunca es tarde para cambiar- Afirmó el chico de sombras, creyendo ser capaz de llevar a J.J a su lado.
-Y tenía razón, aún se puede cambiar... pero he decidido seguir a Gravitta tanto en sus errores como en sus aciertos, y ahora debo eliminarte por él. Pretendo hacer que gane este juego, Shadow, así que vamos, levanta tus puños.
-Como quieras.
Shadow se cubrió por completo de sombras, su armadura oscura apareció casi al instante. “Contra este oponente no puedo andarme con chiquitas, será mejor que lo saque todo”, pensaba. Una sombra se extendió desde el cuerpo del I-Men, dando lugar a Rencor.


Revelación de repente sintió un tirón psíquico. Algo acaba de pasar. Algo importante. Sus instintos le hacían querer pararse a meditar para tratar de predecir el futuro, pero en ese instante Death arremetía contra él. Usando su arte de combate combinado con el espíritu del Guerrero, Revelación había salido bastante bien parado del enfrentamiento cuerpo a cuerpo, a pesar de la brutal fuerza de su enemigo. Los no-muertos saltaban también tratando de desgarrar el cuerpo del místico, pero este respondía con eficacia a sus ataques. De repente un curso de acción se presentó en la mente del I-Men.
-¡Toma esto!- Invocando su cetro lanzo un ataque contra Death, quien aprovechó al mismo tiempo para lanzar un derechazo directo al estómago del I-Men. Ambos ataques dieron en su objetivo, la runa roja se activo y una llamarada explotó en la cara del destructor. La fuerza liberada del tejido muerto de Death Master mandó a volar a Revelación, que ni siquiera con la protección de su espíritu del Guerrero pudo evitar perder una vida. Sin embargo el fuego del bastón había hecho mucho daño también al destructor, quitándole una vida.
El golpe en la cabeza hizo que se desconcentrara, de manera que el portal desapareció en el aire. Al menos ya no aparecerían más no-muertos. Revelación se levantó y miró en derredor, apenas una treintena de cadáveres estaban en condiciones de luchar contra él. En el otro extremo de la sala, justo frente al trono de huesos, Death hacía esfuerzos por levantarse. “Ahora es el momento”, pensó mientras levantaba su cetro por encima de su cabeza, La runa roja brilló de nuevo, esta vez más fuerte. Una llamarada comenzó a girar en torno a él. Llevando su concentración al extremo formó unas bolas de fuego que dirigió contra cada uno de los zombis, que estallaron en llamas.
Los cuerpos entraron en combustión con una facilidad increíble, seguramente debido a los gases que el cuerpo producía producto de la putrefacción. El fuego consumió a los no-muertos como si fueran paja. Death Master se levantó y observó como sus muñecos ardían.
-Vaya, he de reconocer que no esperaba que lograras deshacerte de todos ellos, y al mismo tiempo hacerme tanto daño como para eliminar el portal de la muerte- Le alabó su rival. Entonces una de sus costillas salió de su caja torácica. El destructor la extrajo por completo sin que una sola gota de sangre cayera al suelo- Contra ti los números no cuentan, no importa la cantidad de no-muertos que invoque, eres más fuerte que ellos. Por eso ha llegado el momento de enseñarte mi verdadera fuerza, el esgrima de la muerte.
La costilla creció de tamaño en la mano de Death, hasta convertirse en una espada de hueso muy similar a una katana ,que empuñaba con la mano derecha. Revelación se dio cuenta de que no la sostenía de cualquier manera. De hecho parecía que su postura tenía algo de especial. Sin dejar de usar el espíritu del Guerrero elevó su cetro, poniéndose en guardia.
-Tu postura no es la de un principiante... ¿Eres un espadachín?- Quiso saber el místico. Gracias a sus poderes en seguida pudo ver que sí, y además conoció algo de la historia del pasado de Death, pero decidió esperar una respuesta.
-Bueno, algo así. Mi abuelo era japonés y fundó una escuela de esgrima. Mi padre renegó de ello, pues era español- Death sonrió- Yo aprendí algo con mi abuelo antes de que muriera, pero de todas formas mi débil cuerpo nunca fue suficiente para aguantar la potencia de las técnicas que uso.
-Ya veo, y ahora que has abierto el portal de la muerte...
-En efecto, ahora mi brazo derecho es capaz no sólo de ejecutarlas, sino además de sobrepasar su poder original. Aunque el precio que he tenido que pagar ha sido la muerte de mi brazo... ¿irónico no crees?
-Ciertamente lo es- Respondió Revelación. Había sido breve, estaba concentrado en escudriñar los posibles futuros que se abrían ante él. Sin embargo la mayoría acababan bastante mal para él. Podía encontrar una forma de derrotar a Death, pero siempre terminaba siendo un doble KO, o bien él estaban tan cansado que no podía hacer nada más. Sin embargo, un futuro en concreto mostraba una tercera opción, una opción en la cual ninguno de los dos moría... y más allá se abrían nuevas posibilidades. “Hasta hace un segundo ese futuro no existía, algo ha pasado recientemente que ha hecho vibrar el futuro. Lo más probable es que Shadow haya hecho un acto cuya consecuencia estoy sintiendo... Esta opción me dejará exhausto, pero si lo logro el resultado puede merecer la pena... vamos allá”, decidió.
El cetro comenzó a brillar de manera extraña, la runa negra estaba encendiéndose. “Una vez activada dispondré de escasos minutos para acabar el combate, será suficiente. No debería usarla, el desgaste es demasiado, pero no veo otra opción”, reflexionaba. La furiosa energía oscura recorrió al místico, levantándole el pelo como si el viento recorriera la habitación. Death Master esperaba con paciencia el movimiento de Revelación.
-Vamos, te espero- Le dijo. El místico veía con mucha más claridad el futuro ahora, la runa negra le despejaba la mente y le permitía discernir los acontecimientos con mayor certeza. Gracias a ello pudo ver que el esgrima de la muerte era una serie de posiciones mayormente defensivas que aprovechaban la vulnerabilidad de ciertos puntos del oponente al atacar.
-Allá voy...- Susurró Revelación al tiempo que el espíritu del guerrero se combinaba con su runa negra. Se lanzó rápido como el viento. De todos los I-Men era el que menos había desarrollado su poder en términos físicos, si no sobre todo mentalmente. A pesar de ello sus técnicas eran ahora mucho más eficaces. Arremetió con el bastón desde uno de los flancos del destructor, pues vio que era su punto más débil. Death lo vio venir justo a tiempo y respondió con un revés de su espada. La fuerza seguía siendo demasiado para el I-Men, que no pudo atravesar la defensa férrea.
-Death is everywhere- Susurró el destructor al tiempo que su cuerpo obtenía una tonalidad blanquecina, similar a la de su brazo derecho. “Mierda, esa habilidad que había visto con mi visión era justo la que quería evitar...”, pensó Revelación al tiempo que se preparaba para recibir el ataque de su enemigo. Death Master no se hizo esperar, extrajo otra costilla de su cuerpo y ahora usaba dos katanas de hueso. Dio un gran salto y cayó con fiereza sobre el místico, que apenas pudo esquivarlo.
-¡Runa azul!- Exclamó al tiempo que que lanzaba una ola sobre Death. Este no se inmuto, reanudó su ataque lanzando estocadas con ambas armas. Revelación se cubrió con el cetro al tiempo que empleaba sus técnicas. Los golpes volaban en ambas direcciones, de no ser por la runa negra el I-Men no habría podido aguantar la fuerza del destructor.
-Y ahora... ¡doble colmillo de la muerte!- Dijo Death usando una postura ofensiva y cargando con sus espadas. El I-Men agitó su cetro y la runa azul claro se iluminó. Dejó que las espadas le alcanzaran, clavándose en su estómago, al tiempo que con el cetro tocaba el pecho de Death Master, quien al instante fue cubierto por una fina capa de hielo.
-Así... está mejor...- Susurró Revelación sangrando por la boca al tiempo que perdía su segunda vida tras extraer las espadas. Sin perder tiempo extrajo cinco conjuros de su ropa y los colocó en la cabeza, brazos y piernas de su enemigo. Entonces cerró los ojos y llamó al poder místico que poseía y con el cual estaba conectado- Ahora... ¡Sello!
El hielo repleto de fracturas, pronto se rompería. De repente los conjuros se conectaron por unas líneas negras pintadas en el aire, formando un pentágono. Una misteriosa fuerza selló los movimientos de Death.
-Bien, se acabó el combate, querido amigo- El destructor lo miraba desde su posición, inmóvil- Tal vez dejarme atravesar no haya sido la mejor estrategia que podría haber pensado... pero he logrado mi objetivo- El I-Men se acercó a rebuscar entre los bolsillo de Death Master hasta encontrar la llave metálica con el cinco negro dibujado- Aquí está la quinta llave, perfecto.
El místico se separó del destructor y comenzó a marcharse, pero de pronto el hielo se rompió.
-Eh, ¿no decías que tus conjuros sólo detenían a aquellos con menor voluntad que la tuya?- Su enemigo estaba moviéndose, muy poco, pero lo había logrado. Estaba rompiendo el sello con su tremenda fuerza. Revelación había previsto este escenario, pero aún así tuvo que reconocer que era sorprendente- Supongo que en cuanto logre quitarme estos papeles podré moverme con libertad. Por cierto, ¿a dónde vas con esa llave?
-¡Maldita sea!- Con un movimiento rápido Revelación alcanzó a su rival y le propinó un duro palmetazo. El espíritu del guerrero envolvió en su aura al místico, otorgando fuerza extra. Death salió disparado varios metros, el impacto fue muy fuerte. A pesar de todo no perdió una vida. El I-Men no perdió el tiempo, saltó y llegó de nuevo hasta el destructor justo cuando este estaba a punto de retirarse uno de los sellos- ¡Gran palmada!
El golpe dio en la cabeza a Death, quien perdió durante un instante el conocimiento y perdió su segunda vida. La sangre comenzó a salirse por la nariz. La piel del destructor comenzó entonces a recuperar su color normal, salvo el brazo derecho, por supuesto. Revelación lo levantó y le retiró los conjuros. Entonces le abofeteó la cara, despertándole.
-¿Eh? ¿Qué ha pasado?- Preguntó, confuso. Al ver a Revelación trató de levantarse, pero el I-Men le retuvo.
-Espera, quiero que entiendas que acaba de pasar aquí- El joven destructor se quedó mirándole sin entender- Acabas de desmayarte... y no te he rematado. En su lugar he roto el sello y te he dejado vivir. ¿Significa eso algo para ti?
-Ja, ja, ja- Death rompió a reír- No deja de ser irónico que quieras dejar vivir al dueño de la muerte.
-Aparte de que el nombre es algo pretencioso, creo que eres más útil vivo que muerto, Death. Eliminado no me vales de nada, y sin embargo Gravitta apreciará que sigues vivo- Explicó Revelación. Death no terminaba de entender y fue a preguntar una cosa, pero el místico se adelantó a su pregunta- No, no pretendo volver a él, si es eso lo que te preguntas. Lo que pretende es darle una oportunidad de que vuelva a la luz. Mi líder, Eliart, se piensa que no sabemos lo que pretende, pero yo mejor que nadie se que intentará hacer entrar en razón a Gravitta. Y creo que merece la pena el intento.
-¿Por eso me dejas vivo? Gravitta puede ser mi líder, pero no es el tipo de persona que aprecia demasiado a los demás. No creo que signifique mucho para él- Dedujo Death.
-Tal vez, pero sin embargo te ayudó. Y creo que te considera una de las pocas personas de valor que tiene alrededor. Mi poder no falla, la posibilidad existe y está ahí. Dejándote vivo aumento ese futuro, que espero se lleve a cabo- El destructor se puso en pie, pues Revelación ya no trataba de detenerle. Era mucho más inteligente de lo que parecía, así que ató cabos en seguida.
-Si tanto te preocupa lograr ese futuro, es porque los demás no son muy buenos, ¿me equivoco?
-No lo haces, Death- Confirmó Revelación- La pelea contra Gravitta no tiene muy buena pinta para Eliart, asumiendo que logremos colectar las llaves necesarias... Veo probable que consigamos las llaves, pero el desenlace de ese combate no traerá nada bueno a los I-Men, y la providencia me dice que debo hacer algo.
-Bueno, me caes bien. Lo cierto es que has logrado despertar mi curiosidad, Revelación. Me rindo en nuestra pelea, puedes llevarte la llave quinta. De todas maneras si siguiéramos peleando no sé quien ganaría, y prefiero no atravesar todavía mi portal- Comentó Death al tiempo que reía y fue a sentarse en su trono.
Revelación sintió de nuevo otra perturbación psíquica. De nuevo algo había cambiado, y seguro se debía a su conversación con el destructor. Se encaminó a las escaleras ascendentes para subir al Sexto piso. “Definitivamente las opciones están aumentado, todo dependerá de ti, Eliart”, pensó.


El Guerrero llegó finalmente al primer piso. En sus brazos descansaba Gaia, totalmente inconsciente. Con esfuerzo miró la sala, llena de destrucción por todos lados. “Aquí fue donde Demongirl derrotó a Leariat. Hace menos de una hora, pero como noto su terrible ausencia...”, reflexionaba el Guerrero. Demongirl había sido de las primeras personas en encontrarse en aquel terrible viaje. Desde el primer día habían compartido sus destinos, y ahora que el de ella se había separado del de los demás, la cosa no pintaba nada bien. Abrió la puerta y se encaminó hasta la barrera que separaba el territorio de la torre del exterior. Gravitta habló.
-Guerrero, existe una regla que no pensé que haría falta decir. Si abandonas la barrera no podrás volver a entrar... tenlo presente- Comunicó a su huésped. El I-Men miró al techo con furia. Las chicas se acercaron al límite de la barrera al ver a Celestina. Las chicas mostraban heridas de diferente grado.
-¿Qué ha pasado aquí?- Preguntó el chico, asustado. Miró a su hermana, que parecía haber recibido algún golpe- ¿Estás bien, Erzzhia?
-Si, estamos bien- Respondió Garra- Un par de idiotas seguidores de Gravitta nos atacaron. Por suerte pudimos con ellos, al fin y al cabo si fueran más fuertes estarían en la torre. ¿Qué ha pasado dentro? ¿Cómo está Gaia?
-Su rival la dejó inconsciente. Imaginaba que Erzzhia os estaría manteniendo al tanto, pero las cosas se han complicado un poco...- El Guerrero dejó a Gaia en el límite de la barrera, donde las chicas pudieron llevar a su lado. Entonces el chico les hizo un breve resumen de todo lo que estaba pasando dentro. Incluida la muerte de Demongirl. Waver cayó de rodillas al escuchar la terrible noticia, las lágrimas acudieron. Kya sintió una extraña presión en el estómago. Erzzhia y Garra se miraron con preocupación.
-¿No sabías nada de esto, Erzzhia?- Inquirió Garra. La chica se sonrojó.
-Bueno, algo podía intuir, debido a mis comunicaciones, pero la piedra de la torre repele todo tipo de poder, no quise sacar conclusiones precipitadas sin confirmar nada... Lo siento- Garra se llevó una mano a la cabeza.
-¿Y qué harás ahora, Guerrero?- Preguntó Waver, mirándole desde el suelo.
-Volveré a subir, debo entregar las llaves uno y tres. El memo del capitán es fuerte, logrará una llave. Y no me imagino a Shadow o Revelación perdiendo, así que no os preocupéis, saldremos de aquí, os lo prometo- Afirmó con contundencia. Entonces se giró antes de que pudieran decir nada y retomó el camino a lo alto de la torre.



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