Eliart
miraba en todas las direcciones de
aquel extraño domo. ¿Estaba en realidad dentro de la espada? ¿Quizás dentro de
sí mismo? ¿O tal vez estaba soñando despierto? De algún modo, el manchego
intuía que ninguna de aquellas explicaciones era rotundamente exacta.
-No
es el momento de hacerse paranoias, jovencito -Respondió una voz aguda, propia
de un niño que aún no ha cambiado de timbre. Se trataba de Aries, que estaba
frente a él. Su voz era tan dulce como cálida era su sonrisa, algo bastante
chocante para un hombre de músculos tan definidos- Es tu momento. Debes
preguntar todo lo que aún no entiendes acerca de tu poder.
-Y de
lo que quieras -Contestó un ángel que llevaba un casco de bronce que protegía
sus carrillos, así como un cabello largo y negro como la noche. Se trataba de
Sagitario, el penúltimo signo que había despertado- En lo que podamos te
ayudaremos -Los demás asintieron y Capricornio, que parecía el jefe de todos
ellos y el más entrado en años, dio un paso hacia el líder de los I-Men que,
fruto de la sorpresa, se sentía más intimidado que de costumbre. Era incómodo.
Se tomó su tiempo. ¡Había tantas cosas de las que necesitaba respuestas! Desde
luego era una bendición que sus signos emanaran sabiduría además de aportarle
fuerza.
-Lo
primero que quiero saber es qué hago aquí y qué significa esto. O sea ¿dónde demonios estoy? Estaba a punto
de convencer a Gravitta de que la amistad era el lado correcto y de pronto he
aparecido aquí.
-Te
va a resultar un poco complicado de entender, Eliart. Estás en tu Interior. En
lo más profundo de ti mismo. Somos, por decirlo de alguna manera, parte de tu
esencia, de lo que eres -Explicó Capricornio, mientras acariciaba la hoja de su
espada, que era también la Espada de las Estrellas.
Eliart
clavó su mirada en la espada. No había tenido tiempo de observarla. Lucía brillante como el sol de una mañana de
agosto. No tardó en retomar el diálogo con los signos del zodiaco, a pesar de
no haber entendido nada.
-Vale…
¿Y quién se supone que soy yo? -Preguntó de manera algo simplona- Me sorprendió
tener estos poderes, y sé hasta que hay una leyenda que habla de un Eliart
anterior, que debe ser físicamente como Aries.
Pero todo el mundo sabe más de mí que yo mismo.
-¿Podrías
centrar un poco más tu pregunta? Tenemos que decirte algo antes de que marches
y no tenemos mucho tiempo -Respondió un ser mitad hombre mitad felino, con una
mata de pelo por abrigo que le cubría la mitad del tronco y una melena similar
a la de un león- Pero tampoco tenemos
poco tiempo. Eliart se arriesgó a hacer una pregunta más sencilla. Los signos,
aunque le trataban amigablemente no estaban dispuestos a ponérselo fácil.
-De
acuerdo. ¿Qué significa esta espada dorada? ¿Por qué ha despertado a la vez que
Capricornio? Y lo más importante, ¿tiene algún significado peculiar mi poder?
Le llevo dando vueltas desde que conocí a Wakabahashi y especialmente desde que
me habló del héroe que llevaba mi mismo apodo. Entiendo que nada de esto es una
casualidad ¿cierto?
Eliart
se percató que al pronunciar el nombre de su maestro muchos de los signos se
habían quedado con la boca abierta.
-Vaya,
¿has conocido a Wakabahashi antes de despertar la espada? Ahora entiendo por
qué has podido invocarme tan rápido. Te ha debido de entrenar hasta la
extenuación. Acompáñame. Te lo contaré todo - Respondió Capricornio. El resto
lo siguieron. Según andaban, la luz de las estrellas les iba iluminando el camino
y las sombras de la noche se disipaban poco a poco. Finalmente se pararon
frente a los restos de unas antiguas runas con complejos jeroglíficos, Una
cristalera estaba ahora sobre ellos, iluminada por el brillo del Domo de
estrellas. Los nueve signos se sentaron rodeando a Eliart y Capricornio tomó la
iniciativa.
-Como
te he dicho antes, este mundo forma parte de tu Interior. Es sabido en nuestras
normas que cuando el portador de los signos obtiene la espada, será capaz de
conocer esta dimensión y de viajar a ella en situaciones cruciales y momentos
en que las dudas enturbien su mente. Estar aquí es una respuesta en sí misma:
lo primero que explica es que has sido capaz de demostrar que eres de confianza
para portar el poder de los astros con merecimiento. Tienes un don, chico, un
don que no tienen muchos. Y hoy me has demostrado que puedo confiar en ti.
Aries fue el primer signo que despertaste y eso se debe, naturalmente, a que
naciste cuando Aries domina el horóscopo. Además, tu carácter se entiende mejor
si se asume que naciste a mediados de abril. Lo segundo que explica que estés
hoy aquí es que ya has sido capaz de invocar a 9 de los 12 que somos, lo cual
dice mucho de ti. ¡Teníamos ganas de conocerte! No nos gusta dar la fuerza a un
portador que no se la merece. Y es que no sólo se trata de destreza, amigo mío.
-Efectivamente-
Dijeron a coro dos tipos idénticos cubiertos por un aura azul eléctrico. Ambos
estaban calvos y era imposible distinguir si eran hombre o mujer. Realmente
daba lo mismo- La bondad es una condición para poder manejar tu espada dorada.
Necesitamos saber que eres la persona adecuada -Respondieron los Géminis al
unísono.
-Dominar
el agua, el fuego y la tierra… en eso se basa una vida exigente y próspera
-Explicó ahora Virgo, una chica joven, tímida, de cabello rubio y alisado
japonés. Tenía los ojos y la boca cerrada en todo momento por lo que parecía
estar hablando a través de la mente.
-O
sea… que tengo que ser bondadoso sin olvidarme de mejorar mi destreza. Es mi
deber como invocador de la fuerza del zodiaco.
-Algo
así. No te hagas mucho lío, muchacho -Respondió Tauro, un ser de tres metros y
espaldas anchas, con su voz grave.
-Siendo
sinceros, es importante que tú mismo descubras lo que quieres hacer con este
poder. No te hablo del juego, sino de más adelante. ¿Qué harías con tus poderes
si no estuvieses coaccionado por ninguna norma? -Preguntó Aries con un tono
maduro.
El líder de los I-Men dudó unos momentos.
Realmente no había tenido tiempo para pensar en qué haría después del juego,
más allá de que alguno de sus compañeros tenía que encontrar a los GM y darles
un escarmiento. De repente, una figura erguida y recubierta de amarillo se fue
abriendo paso entre las sombras. Su trono era el más pequeño de todos, pues
apenas medía 1,20. Se trataba de Libra, un hombre cubierto con un traje
amarillo, cuyos brazos sostenían dos placas, conformando una balanza
perfectamente simétrica.
-No
seáis tan duro con él, es un guerrero muy equilibrado. En su corazón hay
virtud. O al menos, lo intenta. No le contestes ahora, Eliart. No puedes pensar
como si no existiese el juego en estos momentos. De hecho, si no fuera por él,
no habrías despertado tanto poder.
-Te
has vuelto a quedar dormido mientras llegaba, Libra. Voy a hacerte un parte
disciplinario - Le increpó Capricornio, que no soportaba la mala educación.
El
resto rieron a carcajadas.
-Libra
debe estar muy cansado. Todavía no domino bien su poder ja, ja.
-Me
vas a necesitar, chico. Por eso he dormido todo lo posible mientras venías
hacia aquí -Respondió el signo, impidiendo un bostezo.
Los
signos se colocaron cada uno sobre su trono mientras la conversación se iba
haciendo más fluida.
Visto
desde lejos, el domo de estrellas era como una pequeña fortaleza dentro de la
cual había diversos tronos, cada uno con su correspondiente signo y alumbrado
tanto por la luz que emanaba del cielo estrellado del domo, como por pequeñas
antorchas que flotaban cerca de los tronos. La disposición de éstos era
circular de tal modo que los tronos que habían sido despertados estaban girados
en torno a Eliart. Los restantes le daban la espalda, permaneciendo en las
sombras. De hecho, varios de ellos apenas se veían. No obstante, entre Libra y
Sagitario había un trono dado la vuelta que resaltaba. Se trataba del trono más
alto de los que podían verse, alrededor de cuatro metros.
Eliart
cayó en la cuenta de que podría tratarse del único signo al que no había podido
despertar siguiendo el orden del zodiaco.
-¿Este
es Escorpio? -Dijo entusiasmado- ¿Por qué diantres no he podido despertarle?
-Verás,
Escorpio es el menos amigable de nosotros y un tipo muy reservado. Tienes que
ser capaz de ostentar un gran poder para que se plantee colaborar contigo.
-Vaya
y, ¿cuál es su poder? ¡Quiero saberlo!
-Pues…
-Justo cuando Capricornio iba a responder, Leo golpeó el suelo con un reloj de
arena. El golpe fue tan fuerte que varios signos se echaron atrás con sus
respectivos tronos. Eliart permaneció quieto.
-Eliart,
pregunta las cosas que más te preocupan. Cuando el último grano haya caído,
estarás de nuevo frente a Gravitta. No es el momento de resolver curiosidades,
sino problemas que te atormenten.
El
manchego sabía que tenía razón. Echó un vistazo al reloj y vio como tan sólo
quedaban unos cuantos granitos por deslizarse hacia abajo. Sin pensárselo dos
veces, les hizo la pregunta que llevaba haciéndose desde que conoció al
científico.
-¿Estoy
haciendo lo correcto? ¡He puesto en peligro a mis amigos! Demongirl ha muerto
por mi ambición de querer salvar a Gravitta de sí mismo. ¿Es eso justo? ¿Quién
soy yo para tomar esa decisión? -El corazón le latía a cien por hora. Rara vez
disponía de un rato para desahogarse de aquella manera. Los signos ni se
alteraron. Esperaron que el líder dejase atrás sus sollozos.
-Eliart.
Tú tienes un fuerte sentido de la Justicia -Intervino Libra- Nosotros no somos
jueces, ni tampoco tu conciencia. Somos unos seres peculiares que cohabitamos
en tu Interior. Te ayudamos a luchar cuando creemos que eres digno de usar
nuestra fuerza. No eres el primer portador de las estrellas que hay, como ya
sabes. Las Leyendas describen al antiguo Eliart como un ser sin igual. Es
cierto que sin nosotros no lo hubiese sido, pero nosotros no hubiésemos hecho
nada por él si no hubiésemos creído en su misión en la vida. Sabes lo que es
correcto y sabes lo que duele. Sólo hazlo y no mires hacia atrás. Lidia con
todos los problemas que surjan a partir de la decisión, eso es parte de ser un
líder. Nosotros creemos en ti, debes hacer lo mismo.
Eliart
quedó cautivado. Verdaderamente Libra hablaba de manera solemne. Tanto que se
le escapó una risita mientras le escuchaba.
-Eliart…
Gravitta nació cuando yo reino sobre el zodíaco -Dijo Capricornio- No me gusta
creer en las casualidades, así que, que hayas despertado la Espada de las
Estrellas justo en este combate, no me parece casual. No te confíes. Hasta ahora, sólo teníamos
permitido ofrecerte el 60 % de nuestra energía. Son las normas de los astros:
hasta que el portador no va al domo de estrellas no se puede liberar más
energía. Ahora tu cuerpo está preparado para resistir hasta un 80% del total de
nuestra fuerza. Pero no te descuides, Gravitta no es moco de pavo.
Eliart
por un momento se quedó boquiabierto. ¿De verdad sólo había estado peleando con
al 75%? ¿Hasta dónde podría llegar entonces su poder? Pensando en esto, al
instante se animó. No sabía muy bien qué había aprendido exactamente, pero
estaba lleno de confianza.
-Bien,
vamos allá. Salvaré a Gravitta de sí mismo y desvelaremos todos juntos el
misterio del juego. Espero ser capaz.
Capricornio
habló antes de dejarle marchar.
-No
temas, joven portador. A partir de ahora tus caídas serán tremendamente duras,
pero tu victoria será eterna y este filo dorado de tu espada dará testimonio de
la hazaña y de tu Nombre. Pero nunca olvides que no estás sólo. Tu fuerza
reside en la empatía y la capacidad para trabajar en equipo. Sin tus amigos, la
victoria no será posible. Ahora ve con determinación, portando esta espada y
haz lo que tengas que hacer. Muy pronto tú y tus amigos sabréis lo que el
futuro os aguarda.
Eliart
escuchó sus palabras conmovido, dejando caer lágrimas producto de la emoción,
pero también de la inseguridad. ¿Realmente estaría a la altura de las
expectativas que había puestas en él y en los I-Men?
-Cuando
el último grano de arena caiga, estará de nuevo frente a Gravitta. Si alguna
vez necesitas acudir al Domo, cierra bien los ojos y piensa en ello. Sabremos
si es el momento o no -Finalizó Capricornio. El brillo de las estrellas comenzó
a desvanecerse y los tronos se desperdigaron cada uno por su cuenta en la
inmensidad de la noche.
Eliart
sintió como su cuerpo era trasladado con la misma facilidad con la que apareció
en aquel domo. Ahora estaba frente a Gravitta de nuevo. No debía de haber
transcurrido mucho tiempo, parecía como si se tratase de un sueño. De pronto,
el líder de los I-Men se sentía más fuerte, con ganas de continuar. Ahora
estaba seguro de que la verdadera batalla era la que se libraba en el interior
de Gravitta, entre la semilla del odio, fruto de los deseos de venganza hacia
Guillermo y la posibilidad de abrirse a los demás que le ofrecía él. Sonrió y
miró a su rival, entre la confianza y el miedo a ser incapaz de ganar.
-Parece
que te has emocionado en exceso -Dijo Gravitta, que también sonrió, pero con
una voz fría como el hielo.
Eliart
no intentó intercambiar palabras, sabía que no era el momento apropiado. Debía
de ser capaz de seguirle el ritmo en combate.
-¡Vamos!
-Presionó el científico, espada en mano. Eliart no tardó en blandir su espada
para contrarrestar a su rival y comenzó un intercambio de golpes a corta
distancia. Ninguno de los dos parecía ceder terreno. Al poco, un movimiento
audaz de Gravitta le permitió ganar algo de distancia. Aprovechó el momento
para generar dos portales dimensionales que rodearon a Eliart atrás y adelante.
-¡Doble
Nova!- Sentenció Gravitta. De cada portal salió un Nova a toda velocidad, que
difícilmente Eliart podría esquivar.
-¿Te
has reservado esta carta para el final, eh? Bien, ahora verás -El manchego
cerró los ojos y en pocos segundos de la espada de las Estrellas se iluminó un
círculo con el aura blanca de Libra con dificultades, Eliart consiguió cambiar
el rumbo de una de las Novas con su espada, pero la otra le dio de lleno,
dejándole aturdido por unos instantes. Al poco dos esferas, blancas y negras
aparecieron alrededor de cada uno de los contendientes. En esta ocasión, aunque
la esfera blanca de Eliart era mucho más grande, la negra de Gravitta había
disminuido su tamaño respecto a la vez anterior.
-Vaya…estás
reflexionando. Me alegra saber que mis esfuerzos no son en vano -Sonrió Eliart
al tiempo que liberaba proyectiles de energía. Gravitta frunció el ceño.
-Es
cierto, Gravitta está dudando -Dijo Revelación en voz alta. J.J no se extrañó,
como tampoco lo hizo el Guerrero Celeste. En cambio, Gaia y el Capitán Vasco
estaban indignados con la situación.
-Pero
¿por qué quiere que Gravitta cambie? Sería mejor que acabase ya con esto.
Gravitta puede mejorar aún más y matarnos a todos después -Se quejó el Capitán
Vasco.
-Yo
creo que está bien claro el por qué. Por un lado, Eliart ya intentó cambiar a
Shocker ¿verdad? Y se sintió fracasado cuando el señor Irons se alejó del grupo
y se acercó a Gravitta. Quiere llevar a la gente por el camino correcto, aunque
sabe que es difícil. Cree en el arrepentimiento y en que la gente cambio -Dijo
el místico.
-Ya…
pero es que la gente no cambia. Ya es mayorcito para saber esas cosas
-Reflexionó Gaia, visiblemente alterada por el comportamiento de su novio.
-Bueno…
eso no es tan cierto. Yo era un gamberro en mi adolescencia. No paraba de
meterme en peleas y él me advirtió. Después de un tiempo me di cuenta de mis
errores y cambié de actitud. Tal vez sin sus lecciones no hubiese sido posible
-Contestó Shadow.
-El
caso es que mi maestro no es como lo imagináis. Y el problema es que no se da
cuenta -Corrigió J.J.
-Además,
está claro que entre esos dos hay algo especial -Dijo Death Master.
Con
el filo envuelto en blanco, Eliart blandió su espada contra la de Gravitta,
logrando empujarla. Al primer descuido,
la espada le hizo un leve corte al científico en uno de sus hombros, pero éste
se centró en contraatacar y le devolvió el golpe. Sangrando, ambos blandieron
sus espadas para darse la estocada final. Eliart empuñó la Estada de las Estrellas,
brillante y dorada y Gravitta la Espada del Universo, morada y oscura como la
más negra de las noches. Ambos
forcejearon hasta caer al suelo, exhaustos. Fruto del dolor que sentían, ambos
se tomaron una pausa para comprobar el estado de su barra de vida: en ambos
casos, tan sólo quedaba la cuarta parte de la última vida.
-¿Lo
ves? Nos estamos matando mutuamente -Sonrió Eliart haciendo amago de
levantarse- ¿Es éste el camino que eliges?
-Yo
no voy a morir aquí -Bramó el científico, invocando una diminuta cadena
gravitatoria que fue en dirección al líder de los I-Men. Éste blandió el filo
dorado de su espada y logró romperla, aunque con dificultades.
-Estamos
muy cansados, esa cadena no era nada comparada con las que sueles emplear. De
hecho, casi no puedo sujetar ya la espada. -Dijo mientras ésta desaparecía
hasta que su portador la volviera a necesitar. Gravitta hizo lo propio, pues
tampoco podía sostener el peso de su filo por más tiempo- Bien, acabemos de una
vez -Se preparó el I-Men.
Ni
corto ni perezoso, se acercó a su rival con las manos desnudas y le lanzó un
gancho a la cara. El científico resistió y contraatacó con un directo que
alcanzó uno de los hombros de Eliart. Y así, ambos continuaron la batalla a
puñetazo limpio. Sus labios sangraban y los moratones en sus cuerpos crecían.
Pero seguían en pie, uno frente al otro.
Fue entonces cuando dos amigos suyos no aguantaron más.
-Es
increíble ¡Se van a eliminar mutuamente! Tengo que detener esta escabechina -Se
dijo el Guerrero Celeste. Reunió el viento suficiente y voló en dirección al
campo de batalla. J.J, que sentía lo mismo, corrió al máximo ritmo que pudo y
de un poderoso salto siguió a Celestina.
-¡Para
Eliart! ¡Detente Jefe! -Gritaron al unísono el Guerrero Celeste y J.J.
Eliart
y Gravitta, conmovidos por tantas emociones, se dejaron caer en el hombro de
sus respectivos amigos. Eliart aprovechó para persuadir a Gravitta.
-Tú…
-Dijo con voz entrecortada- dices que no tienes amigos. Pero J.J. es tu amigo y
sabes que te importa. -El líder de los I-Men sonrió.
-Gracias
por venir, pero ahora déjame -Ordenó Eliart al cabo de unos instantes- Este
combate es algo personal -Sentenció de manera fría.
-¡Ni
hablar tío! ¡Déjalo estar! ¡Lo importante son los GM! ¿Recuerdas? Tenemos que
continuar vivos para desvelar los misterios del juego –Contesto el Guerrero
dirigiéndose a su amigo.
-Ya
lo he decidido, Celestina. No me iré sin él. A no ser que uno de los dos muera.
Mientras
Eliart insistía al Guerrero en que se fuera, Gravitta se volvió hacia J.J.
-J.J.,
¿tú crees que Eliart tiene razón? Tal vez sea cierta su percepción sobre la
amistad, pero me cuesta creerlo.
-Jefe,
precisamente tú eres lo más parecido a un “amigo” que yo he tenido. Pero no
estoy seguro de que su punto de vista sea el correcto. Lo que está claro, es
que él no te quiere muerto. Si no ¿por qué está dispuesto a dar su vida por
convencerte? -Reflexionó.
Inmerso en su lucha interna, Gravitta rechazó
aquellas dudas y negó con la cabeza.
-Será
mejor que te vayas J.J, acabaré con esto.
Enfadado,
el Guerrero emprendió el vuelo dispuesto a encontrar un lugar para pensar
alejado de sus amigos. Necesitaba reflexionar en solitario. Se detuvo a unos
500 metros del lugar donde estuvo situada la torre, en pleno bosque.
-¡Espera!
-Se trataba de J.J, que le había seguido el ritmo corriendo a toda prisa- No es
necesario que le des vueltas tú sólo. Yo también quiero poner un poco de
cordura en esta situación.
-Pues
gracias por ayudarme, supongo. No entiendo por qué Eliart está tan obsesionado
con convencer a Gravitta. Normalmente es una persona razonable, pero no sabe
distinguir cuando merece la pena esforzarse y cuando no.
-El
vínculo entre mi jefe y tu líder es muy extraño. Creo que era de esperar tanta
obstinación por parte de ambos. Son así: dos personas con las ideas muy claras,
con ideas que dan sentido a sus vidas y que no quieren que nadie las ponga en
entredicho. Están luchando por lo que creen que son. Pero están yendo demasiado
lejos.
-Mira,
J.J, no pretendo ser descortés, pero hay un abismo entre ambos. Aunque
últimamente no me esté gustando la actuación de Eliart, es un amigo con fuertes
convicciones que normalmente sabe qué decir cuando tienes un problema.
-Bueno,
ambos han tenido una trayectoria vital muy diferente, eso es cierto. Pero Gravitta
también es un hombre de fuertes convicciones. El problema es que le han hecho
bastante daño y no sabe cómo tratar con los demás.
El
Guerrero negó con la cabeza, expresando cierta disconformidad con las palabras
de J.J.
-El
haber sufrido no te da derecho a tener que hacer sufrir a los demás. Es así de
simple. No estaríamos inmersos en esto si Gravitta no hubiese secuestrado a
Gaia -Concluyó el I-Men.
Entonces
J.J soltó una carcajada.
-¿De
verdad piensas que estos dos no tenían por qué encontrarse en el juego? No
suelo creer en el destino, pero, en este caso, está claro que se han conocido
“por algo” o “para algo”. Si no, ¿a qué vendría tanta obsesión?
Abrumado,
Celestina no tenía claro qué responder. Lo mejor sería seguir intentándolo
hasta que el conflicto se zanjase de alguna manera.
-Volvamos
al campo de batalla. Vamos a decirles lo que opinamos, aunque nos juguemos la
vida nosotros también. Deben entender que todo tiene un límite -Dijo J.J con
serenidad.
-Espera
“¿opinamos?” yo pienso que tienen que dejar de pelear, pero no tengo claro que
tengan que hacer las paces o algo así. ¿Es eso en lo que estás pensando tú?
-Respondió el Guerrero Celeste.
-Mi
opinión sincera es que Gravitta debería darle una oportunidad a la amistad que
tu líder le ofrece. Pero yo no puedo interferir en lo que debe hacer.
Simplemente quiero detener esta pelea, al menos por ahora. ¿Me acompañas?
-Sugirió el destructor.
Antes
de que el I-Men pudiera reaccionar, un jugador levantó a toda velocidad a J.J
sobre sus hombros y lo arrojó contra una roca. El golpe le dio de lleno.
-¡No
os vayáis a ninguna parte! ¡Sois mi presa y moriréis aquí! -El que respondió
era un jugador con el pelo castaño y liso, espaldas anchas y aproximadamente
dos metros de altura, músculos perfectamente tonificados y mal carácter.
El
Guerrero Celeste se puso en guardia. El chico no parecía tener ganas de llegar
a un acuerdo.
-Mi
nombre es Manticore y, como habéis podido comprobar, puedo anular mi presencia
para pillar a mis presas por sorpresa.
Llevo sólo mucho tiempo. He formado equipo con muchos jugadores, pero
todos me han acabado rechazando por mi poder -Dijo en un tono tranquilo.
Repentinamente, cambió el tono y comenzó a gritar al tiempo que se tiraba del
pelo- ¡Este juego es un maldito infierno en el que no se puede confiar en
nadie! Por hacerlo ya he perdido dos vidas. ¡No quiero morir aquí, así que os
mataré!
J.J,
estupefacto, se levantó del suelo mientras el Guerrero Celeste trataba de
esquivar los puños del chico sin éxito. El I-Men estaba muy cansado. J.J
intervino en la pelea y pudo comprobar que Manticore estaba usando su propia
fuerza física, por lo que no podía anular su poder.
“En
cuanto a fuerza física este tío me supera. Y además estoy agotado. Debo andarme
con ojo” Se dijo J.J. De manera coordinada, El Guerrero Celeste y J.J se
lanzaron hacia su rival, pero debido al cansancio, la diferencia de velocidad
impuso a Manticore, que sacudió al Guerrero sin la mayor dificultad, tirándole
al suelo.
-¿Estás
bien, Celestina? -Dijo J.J ayudándole a incorporarse.
-No
me llames así…- contestó el I-Men, esforzándose por levantarse.
Entonces,
el jugador volvió a tener un ataque de cólera. Se tiró de los pelos mientras
emitía una serie de gruñidos indescifrables. De pronto, una frondosa barba
rubia comenzó a rodear sus carillos y sus dientes se convirtieron en fuertes
colmillos. Su cabello se tornó también
rubio y aumentó su volumen hasta dar lugar a una melena leonina. Tras esto, sus
piernas se transformaron en patas traseras de león y sus brazos en patas
delanteras.
-Mierda…
se está transformando -El Guerrero Celeste se concentró en “ver el viento” a su
alrededor y le atacó con una corriente de viento, alcanzando su cuerpo de león.
Manticore gruñó, pero aguantó el impacto mientras seguía transformándose.
Finalmente, de su cuerpo surgieron dos alas del mismo estilo que las de los
murciélagos, pero mucho más grandes y una cola con aguijón en su punta.
-¿De
qué me suena este monstruo? Creo que había un ser parecido en un videojuego…-
Reflexionó, esquivando las pezuñas de aquel monstruo.
-Claro
que te suena. Es una mantícora, una de las más feroces criaturas mitológicas.
Intentaré anular su poder -Aclaró J.J.
El
Guerrero asintió.
-Bien,
yo te cubro -Y ambos se acercaron a la fiera con prudencia. Con sus escasas
fuerzas, el Guerrero generó una fina barrera de viento para proteger al
destructor y que pudiera concentrarse- Date prisa que no podré mantener la
barrera mucho. ¡Viene hacia nosotros! -Gritó mientras la fiera se disponía a
abalanzarse.
-Qué
raro... no puedo hacer nada -Respondió J.J mientras observaba con atención el
traje. Pudo ver que estaba un poco roto, con pequeños agujeros- Parece que
sufrió desperfectos cuando se derrumbó la torre y está un poco roto. Hasta que
el jefe me lo arregle no puedo hacer gran cosa - Concluyó preocupado.
-Pues
sí que estamos buenos -Contestó el I-Men.
La
mantícora se abalanzó sobre el Guerrero y le mordió el hombro. Cuando J.J
intervino y le propinó una patada, ya le había arrancado un poco de piel.
Volando a toda velocidad, Manticore golpeó con sus alas a J.J y dejó a ambos
jugadores en el suelo.
En
completo silencio, la mantícora miró fijamente al Guerrero y movió su cola en
dirección a él.
-¡Cuidado,
va a envenenarte!- J.J empujó al I-Men e hizo el pino, logrando esquivar él
también el aguijón.
-Buf,
de milagro -Dijeron al unísono.
Mientras
tanto, Eliart y Gravitta seguían propinándose puñetazos. Gravitta había dado el
último golpe y Eliart se levantaba.
-¡Ja,
ja, ja, eres un cabezota! ¿No vas a rendirte nunca?
-No
lo haré. ¡Hasta que reconozcas que estabas equivocado! -Respondió derribándole
con el puño.
Los
contendientes se tomaron un respiro y de pronto, ambos sintieron que algo
estaba pasando a su alrededor. De manera tenue, comenzaron a sentir las
presencias de sus compañeros.
-¿Estás
sintiendo las mismas energías que yo?- Dijo Eliart.
-Están
en peligro- Asintió Gravitta.
Producto
de la furia que sentían por no saber si serían capaces de proteger al Guerrero
y a J.J, superaron los límites que les imponían el dolor y el cansancio. Las
alas de Sagitario acudieron a Eliart y Gravitta disminuyó la gravedad a su
alrededor para volar. Debían llegar a toda prisa.
El
Capitán Vasco también había sentido que el Guerrero estaba en peligro.
-¡Chicos,
pongámonos en marcha! Un jugador peligroso está lastimando a nuestra Celestina.
¡Vamos! - Ordenó mientras se preparaba.
-Detente,
camarada, detente -Le frenó el místico- ¿Adónde crees que vas a ir en tu
estado? Quédate aquí, no van a morir. Hacía tiempo que no veía el futuro con
tanta claridad y, por lo que sé, que vayamos ahora sólo servirá para causar
bajas innecesarias.
-¿Y
qué quieres? ¿Qué me quede esperando a ver si sobreviven? -El resto asentían,
mostrándose de acuerdo con el Capitán.
-
Mirad al cielo, mirad con atención. Justo ahora -En ese momento Eliart y
Gravitta, sobrevolaron el lugar- Van esos dos. Van juntos a luchar contra ese
tipo. No interrumpamos el momento, aunque duela.
La
mayoría comprendieron a qué se refería Revelación. Era mejor no meterse en
medio si iban juntos a luchar contra ese monstruo.
-Si
van a perder intervengo- Zanjó el Capitán.
-Todos
lo haremos, descuida. Pero no pasará. El Guerrero sólo podría tumbar a ese
bicho en otras circunstancias y J.J también. Es el estado en que se encuentran
lo que hace peligroso a ese jugador -Explicó Revelación- Creamos en la
Providencia ahora.
En el
campo de batalla, el Guerrero Celeste pensaba en cómo eliminar a aquel
monstruo.
-Creo
que hay algo que puede funcionar contra él -Dijo el Guerrero Celeste. No estoy
seguro al 100 por 100 pero deberíamos intentarlo. Necesito que lo distraigas
unos minutos. Sin morirte.
J.J
asintió y comenzó a hacer burlas al monstruo y a correr para esquivarlo. Como
el jugador había perdido totalmente la conciencia con la transformación, era
fácil que les siguiera la corriente. El Guerrero se estaba concentrando en
estudiar la velocidad de la mantícora al volar: quería aprovechar el viento que
generaba en el vuelo para volverlo en su contra.
-¡Bien,
lo tengo! ¡Puedo leer sus movimientos! -Exclamó. Lanzó una pequeña corriente de
viento para atraer la atención de la mantícora y ésta voló hacia él. Celestina
logró volver el viento generado en su vuelo, contra él, produciendo una fuerte
corriente de viento que le impedía avanzar. Pero la fiera reaccionó rápido.
Aleteó con firmeza encima de la corriente de viento y se oyó un fuerte
“¡crack!”. La corriente había desaparecido.
El
Guerrero miró a la bestia alucinando.
-¡Menuda
fuerza! ¡Ha roto mi corriente del viento con sus alas! - Dijo mientras huía.
“Nunca había visto a nadie hacer eso. Debe ser que estoy agotado y no puedo
manipular el viento con todo mi potencial”, pensó.
Molesto
por el ataque, la mantícora cargó contra los dos jugadores: Con cada garra
cogió a uno y los arrojó por los aires, pero no llegaron al suelo. Eliart cogió
a tiempo al Guerrero y Gravitta hizo lo propio con J.J.
-Justo
en el momento oportuno -Le dijo Eliart a Gravitta- Ah, por cierto, ese pesar
que has sentido hace un momento se llama responsabilidad con la gente que
aprecias, ya lo irás aprendiendo. -Explicó con sorna.
-¡No
es momento para habladurías! Centrémonos en lo importante -Refunfuñó el
científico. Ambos prestaron atención a los movimientos de Manticore ya que
estaban sometiendo a su cuerpo a un esfuerzo que no podrían aguantar mucho
tiempo.
-Alejaos,
nos encargaremos de esto -Comentó Eliart al Guerrero y J.J
-Pero
si estáis jadeando -Protestó el Guerrero.
-Si
no hubiéramos gastado tanta fuerza en nuestra pelea esto sería pan comido.
Dejad que carguemos con el peso de nuestros actos -Respondió el líder.
Ambos
asintieron, pero se quedaron cerca del campo de batalla por si era necesario
intervenir.
Al
rato, Gravitta habló.
-¿Ya
tienes energía suficiente para “eso”?
-Creo
que sí. Confiemos en sobrevivir.
-Bien,
zanjemos esto rápido -Dijo el científico.
Ambos
contendientes invocaron nuevamente las espadas justo en el momento que la
mantícora se dirigía hacia ellos.
Cuando
se encontraba cerca de ambos, de su aguijón salieron una serie de proyectiles
venenosos en dirección a Gravitta. Éste pudo esquivar algunos de ellos, pero el
último le hubiese alcanzado el corazón si no hubiese sido por que la espada de
Eliart se puso en medio.
La
criatura se dirigió entonces hacia Eliart e hizo lo mismo, pero esta vez con
más proyectiles. Dos de ellos estuvieron a punto de alcanzarle, pero la Espada
del Universo les detuvo.
-Vaya,
me has salvado la vida.
Gravitta
refunfuñó.
-No
digas tonterías. Sólo lo he hecho por devolverte el favor. En la próxima no
intervengo.
Con
torpeza, los dos contendientes esquivaron a la mantícora durante un buen rato
hasta que ésta mordió a Eliart y dio un zarpazo a Gravitta.
- No
podemos confiarnos. Tenemos que desafiar aún más nuestros límites -Sentenció
Eliart.
-Esto
es absurdo -Rio Gravitta- Se me está nublando la vista y todo.
Eliart
y Gravitta se concentraron en pelear juntos por una vez. Con dificultades,
esquivaron al monstruo y le hicieron un leve corte.
-Voy
a prepararme para el siguiente golpe. Necesitamos encajar dos golpes fuertes y
rápidos, Eliart. -Explicó el científico.
-De
acuerdo. ¡Aries! -Eliart llamó a su furia anaranjada y uno de los círculos de
su espada se iluminó de color naranja. Mientras tanto, Gravitta generó una
pequeña nova. Una fuerte corriente de energía naranjada se disparó desde la
Espada de las Estrellas, al tiempo que Gravitta lanzaba una potente esfera
gravitatoria. Al unísono, ambos impactaron a Manticore.
-¡Embestida!
¡Nova! -Gritaron al unísono. Y los ataques fueron tan veloces, que dieron de
lleno a la criatura. Con las alas chamuscadas y los colmillos rotos, la
mantícora se tambaleaba en el aire, apunto de iniciar un inminente descenso al
suelo fruto del impacto.
-¡Siguiente
asalto! -Dijo Eliart. Gravitta asintió y ambos atacaron a la criatura
blandiendo sus espadas. Ambas espadas atravesaron a la mantícora y ésta se
desangró al instante.
La
voz del juego sonó, frívola. Nombre: Manticore. Poder: suprimir la presencia y
transformarse en mantícora. Estado: eliminado.
Eliart
y Gravitta avanzaron hasta donde estaba el resto de los jugadores y volvieron a
situarse frente a frente, como si acudir al rescate de sus amigos hubiese sido
sólo un paréntesis en su batalla.
-¡Oh
no! ¡Ya están otra vez! -Se quejó Celestina. J.J permaneció en silencio. Lo
cierto es que ambos enemigos estuvieron parados varios minutos, totalmente
serios y en completo silencio.
Finalmente,
el científico rompió el hielo con una carcajada que dejó boquiabiertos tanto a
los Destructores como a los I-Men.
-¡Ja,
ja, ja! De acuerdo, Eliart. Creo que puedes tener razón -Se puso serio al
instante y prosiguió- Voy a dar una oportunidad a eso que llamas “amistad”.
Acto
seguido, con convencimiento pero con su frialdad característica, se volvió a
los I-Men.
-Sé
que os lo he hecho pasar mal, lo siento. Si no tenéis inconveniente, me
gustaría ayudaros ahora junto a los míos - Finalizó mirando a Death Master y a
J.J, quien asintió sonriendo. J.J estaba orgulloso de que su jefe hubiese
tomado esa decisión.
-¡Debes
estar bromeando!- Exclamó el Capitán
Vasco, incrédulo- ¿Te estás burlando de nosotros? ¿Quieres espiar a los I-Men
desde dentro para matarnos uno a uno? -Le increpó mostrando su puño.
-Entiendo
que esto puede ser un shock para vosotros. Pero mis convicciones son sinceras.
He estado dudando durante toda la batalla, e incluso he pensado en esto antes.
Pero no he visto que estaba equivocado hasta que vi a J.J en peligro. Si puedo
hacer algo para que confiéis en mí, lo haré. No dudéis en decírmelo -Contestó
el científico.
Garra
Nocturna, Waver y Erzzhia miraban al científico con miedo y desconfianza.
¿Ahora de pronto era un amigo? ¿Cómo podía ser aquello? La voz fría y distante
de Gravitta no ayudaba sino a aumentar las dudas. Enfadada, la defensora de la
Naturaleza intervino. Con una mirada de odio, se volvió hacia su novio.
-¿Así
que a pesar de todo lo que ha hecho este tipo, a pesar de la muerte de mi
hermana, estás dispuesto a ser su amiguito sólo porque dice que ha cambiado? No
te entiendo, eres repugnante. ¡Tú y tus malditos principios sois repugnantes!
-Gritó hecha una furia mientras se iba.
Eliart
iba a acercarse a dar una explicación a su novio, pero el Guerrero Celeste le
detuvo.
-Ahora
no querrá hablar contigo. Iré yo- Zanjó. El Guerrero Celeste estaba bastante
molesto con la situación. Por un lado, quería creer a Eliart. Al fin y al cabo,
su amigo había acertado en muchas ocasiones y compartían el mismo sentido de la
justicia. En realidad, se sentía atraído por ella y por su actitud ante la
vida. Pero por el otro lado, Gaia había perdido para siempre a su hermana y todos
habían luchado hasta la muerte contra Gravitta. Darle la mano como si no
hubiera pasado nada podía interpretarse como una burla, era demasiado fuerte
perdonarle así como así. Finalmente, estaba el sentido práctico que exigía el
juego: tal vez necesitaran a Gravitta frente a los jugadores que quedaban
vivos. Y probablemente Eliart hubiese pensado en eso también.
-Revelación,
¿tú qué piensas de todo esto? -Le preguntó la chica de agua.
-Gravitta
dice la verdad. Está dispuesto a cambiar y, de hecho, creo que interiormente ya
lo ha hecho -Contestó el místico- Puedo verlo. El problema es que seamos
capaces de perdonarle o no como grupo. No será fácil, pero es necesario.
Las
chicas se quedaron más tranquilas a raíz de la reflexión de Revelación. El
Capitán Vasco, en cambio, seguía siendo muy escéptico ante la nueva situación.
Shadow Walker y Kya se mostraron de acuerdo con Revelación y el moreno
aprovechó la coyuntura para dirigirse al científico.
-Gravitta…
en verdad, hay algo que puedes hacer por nosotros. De hecho, si tú eres
incapaz, perderé la esperanza de que alguien pueda hacerlo.
Shadow
le contó entonces a todos que Kya había sido una antigua jugadora que se quedó
atrapada en el juego y que todos sus recuerdos, eran en realidad una mentira
creada por los GM o por algún tipo de error del juego. Le planteó que sólo él
podría llevarla de regreso a la Tierra.
- Hay
algo que podría hacer, pero tendrá que ser cuando el juego nos traslade allí,
si es que lo hace. Tal vez pueda crear un portal dimensional en ese momento.
Como desaparecemos desde los pies hasta la cabeza, contaría con unos segundos
para crearlo y Kya tendría que saltar rápidamente. Saldrá bien, confiad en mí.
Ahora comamos y descansemos, eso es lo que hace falta.
Durante
las siguientes horas, mientras el sol se ponía, Eliart y Gravitta durmieron a
pierna suelta después de haber comido hasta hartarse. J.J y Death Master
charlaron y rieron con sus nuevos compañeros. Éste último más, ya que era menos
tímido que la mano derecha de Gravitta.
Kya y
Shadow, más contentos que nunca, se besaban como si no hubiera mañana. Y Gaia alternaba momentos de cólera con
episodios de lágrimas que empapaban la camiseta del Guerrero Celeste.
Cuando a la medianoche el equipo iba a
realizar la primera guardia, que le correspondía al Capitán Vasco, los
jugadores quedaron paralizados durante unos instantes y entonces, la voz del
juego habló.
-Buenas noches jugadores: enhorabuena a todos
los que habéis logrado sobrevivir hasta ahora. Ya vais quedando muy pocos y el
juego tendrá otra modalidad a partir de ahora. Os vamos a dejar unos días de
descanso en la Tierra. Entrenad si queréis, pero recordad no hacer públicos
vuestros poderes o nos veremos obligados a intervenir. ¡Hasta pronto y recordad
que sólo ganará uno! ¡Ja, ja, ja, ja! -Rio la excéntrica voz.
Durante
unos segundos, los jugadores volvieron en sí.
-¡Gravitta,
date prisa! -Le pidió Shadow- ¡Por favor!
Rápidamente,
el científico juntó sus manos y generó un portal dimensional mientras sus
piernas comenzaban a desaparecer. Kya, que al ser más bajita todavía no había
visto afectadas sus piernas, dio un salto firme. Al poco, la luz tenue del
juego en la que todos se fundían, hizo desaparecer también el portal
dimensional.
El
juego quedó desierto por primera vez en mucho tiempo. Ahora, los I-Men habían
vuelto a sus casas.