El Guerrero Celeste llevaba muchas horas “viendo” el viento y
tratando de seguir a su maestro. Éste le había propuesto alcanzarle
como primer entrenamiento, pero su velocidad iba aumentando cada vez
un poco más. Lo que para él parecía ser un paseo, para el gamer de
los I-Men era prácticamente un calvario.
-Buf... Me dijo que siguiese recto para alcanzarle, pero, ¿dónde
estará este tío? Esto no acaba nunca- Celestina miró a su
alrededor, decidiendo descansar unos minutos. Era un terreno
relativamente árido, con numerosas grietas que dibujaban un terreno
complicado para caminar. Al volver la vista atrás, pudo comprobar
que había una zona con abundante vegetación: palmeras, pequeños
pinos, sauces... un sinfín de especies arbóreas. Quizás también
encontrase agua, pero sabía que aquello equivaldría a hacer
trampas.
-Diantres, me siento tentado a descansar pero. ¡No, debo alcanzarle.
Me dijo que descansara como mucho cinco minutos!- Dicho esto, el
I-Men se impulsó en su propia corriente de viento y duplicó la
velocidad a la que había ido hasta el momento. Tras media hora yendo
a toda velocidad, el Guerrero Celeste divisó una sombra que le
parecía familiar: estaba sentado sobre una roca más o menos
agrietada, descansando plácidamente. El I-Men bajó para saludar a
maestro. Estaba exhausto. Aquella zona era mucho más árida y
agrietada que cuando se paró. El sol, en lo alto, brillaba con la
intensidad de un verano en el levante español y el viento, cortante,
quemaba la piel.
-Al fin me encontraste- Rompió el silencio Thunderman- Y eso que te
dejé quince minutos de ventaja. Has tardado aproximadamente una hora
y media. Teniendo en cuenta que este espacio recorrido en la Tierra y
el Juego equivale a doscientos kilómetros y que casi todo el viento
lo has tenido que captar, se puede decir que apruebas. Con una
calificación de suficiente, no más. Intenta sacar un notable, al
menos, en la próxima prueba- Comentó guiñando un ojo.
-No puede ser... ¿entonces lo he hecho mal?- Se ruborizó mientras
le miraba con cara de querer recibir una explicación.
-Ja, ja, ja. No, no. Sé que te has esforzado. Has dado lo mejor de
ti. Pero eso a los siete destructores no les va a importar ¿verdad?
Hay que seguir, trabajar duramente- El Guerrero Celeste se dispuso a
realizar una serie de flexiones antes de proseguir, pero Thunderman
le detuvo- Por hoy es suficiente. Aunque el sol esté en lo alto, ya
son las diez de la noche. Acompáñame- Anduvieron durante diez
minutos.
-Esto que ves de frente es el “Parque de las Rocas”- Explicó el
maestro- Es el lugar donde realizaremos el entrenamiento mañana.
Tranquilo, no hay prisa- El Guerrero Celeste vio cómo era aquel
lugar: era una pequeña colina compuesta por infinidad rocas de
tamaños y durezas muy diversas, algunas ligeramente resquebrajadas.
-¿Qué tendré que hacer aquí?- Dijo con precaución.
-Esperaba esa pregunta. No parece un escenario apropiado ¿verdad? Es
porque es un entrenamiento de diferente naturaleza. Lo que
intentaremos ahora es que salves esas rocas de la destrucción. Como
puedes ver, hay muchas. Algunas enteras y otras con algunas grietas.
Yo me colocaré enfrente e iré lanzando rayos en dirección a ellas.
Tu misión es cortarlos. Debes frenar mis rayos antes de que arrasen
el Parque de las Rocas.
-Pe-pero eso es imposible. ¡Su velocidad es muy superior a la mía!
Sus rayos son terriblemente rápidos- Se quejó el I-Men.
-Podrás hacerlo. Además iré incrementando la velocidad de poco en
poco, como en el anterior entrenamiento. Pero la diferencia es que
esta vez no me contendré- Alardeó. El I-Men tragó saliva. ¿Antes
se había estado conteniendo? ¿Cuál era el límite de aquel hombre?
Como llevaba años peleando cuando murió frente al borrador, no
parecía ni la mitad de fuerte que ahora. Era un tipo extraordinario-
Por cierto, ¿te gusta el sushi?- Dijo mientras sacaba un tupper de
uno de sus bolsillos- También te vendría bien algo de carne a la
brasa. Este sol tan bonito nos ayudará a hacer este filete crudo.
Cenaremos fuerte para mañana entrenar duro- Le propuso finalmente
el maestro- Mañana podrás mostrarme todo lo que sabes, incluida la
técnica del vuelo. Muy pocos luchadores logran volar, así que debes
aprovecharlo al máximo.
-¡Sí!- Dijo más animado el Guerrero.
Y así llegó la mañana siguiente en aquella extraña dimensión.
El sol estaba todavía más alto que por la tarde y tanto maestro
como discípulo estaban sudando nada más levantarse y desayunar un
poco de fruta. Thunderman se marchó hacia un pequeño pico, justo
enfrente de la colina y comenzó a emitir algunos pequeños rayos de
corto alcance. Celestina se colocó en guardia, preparándose.
Tres rayos se dirigieron a ambos laterales del Campo de las Rocas.
Dos hacia el extremo de la izquierda y una hacia el de la derecha. El
Guerrero Celeste se paró en seco, meditó unos segundos y se impulsó
en el viento para tratar de cortar los rayos de la izquierda
-¡Corte Vendaval!- Se impuso el I-Men. El viento rodeó sus dedos y
logró cortar uno de los rayos, pero los otros dos alcanzaron su
objetivo, resquebrajando varias rocas y rompiendo otras tantas.
-¡Ahora probaremos con cinco!- Ordenó el maestro- Celestina,
concéntrate y mira el viento. Puedes hacerlo mucho mejor.
El Guerrero se animó. Thunderman repitió su modus operandi y en
esta ocasión, lanzó cinco veloces rayos, uno de ellos dirigido
hacia donde estaba el I-Men y dos en ambas direcciones, izquierda y
derecha. El Guerrero logró ver el viento y cortó el que le venía
de frente. Acto seguido se impulsó y, con dos fuertes corrientes de
viento, desvió tres de los rayos restantes. Sólo uno golpeó las
rocas.
-Mucho mejor. No siempre hay que usar el Corte Vendaval. A veces con
desviar los golpes o evitarlos es suficiente- Comentó el maestro-
Nuestro entrenamiento constará de cinco niveles y como estarás
adivinando estos rayos son de nivel uno. Entrenaremos durante tres
días, mañanas y tardes, comiendo tres veces al día y descansando
lo necesario. A los tres días tu destreza en velocidad y fuerza será
notoria. Además, aquí siempre hace sol, así que será bastante
duro- Finalizó Thunderman.
El Guerrero tragó saliva. No iba a ser fácil.
Dayana observaba los golpes del Capitán Vasco con cierta
preocupación. Era inaudito, llevaba treinta dianas rotas porque se
había pasado al golpearlas. Las treinta habían estallado en mil
pedazos. ¿Cómo podía haber sobrevivido siendo tan vasto? “La
fuerza debe poder controlarse, si no, no sirve de nada”, pensaba la
maestra.
-¡Mal de nuevo!- Saltó mientras tocaba una campana, que indicaba
que había que repetir la prueba- Así no avanzamos, estás jadeando.
Será mejor que descanses y te centres unos minutos- Propuso.
El Capitán negó con la cabeza.
-¡Ni hablar, estoy apunto de lograrlo!- Se dijo- No permitiré que
mis compañeros me dejen atrás- Miró con determinación a Dayana y
esta cedió colocando la diana número treinta y uno en la pared. Era
verdad que había estado mejorando, en las últimas dianas había
contenido su fuerza, pero todavía no dominaba bien al puntería.
Tenía que coordinar el cuerpo con la mente. El vasco cerró los ojos
un momento para abrirlos seguidamente mientras observaba el centro de
la diana. Esta vez no podía fallar. Se impulsó y, haciendo gala de
una fuerza inhumana concentrada sólo en su puño derecho, logró
golpear únicamente el centro de la diana.
Dayana abrió los ojos de par en par. Al fin, después de tanto
tiempo, su alumno había cumplido.
-¡Bravo! Iba a decir que te mereces un descanso, pero sé que no
quieres descansar aún. Te dejaré entrenar dos horas más, hasta
que caiga la noche. Después cenaremos y descansaremos a pierna
suelta. Lo más duro empezará mañana.
Dayana le mostró veinte dianas más.
-Romper sólo el centro de estas veinte en dos horas, parando cuando
consideres y sin mi presión, equivale a haber realizado un
entrenamiento de tres horas de hipertrofia diarios durante al menos
un año. Tus músculos mostrarán todo su potencial porque lograrás
dominar tu mente. Yo mientras tanto leeré un libro, tengo varios
pendientes- Finalizó.
El Capitán Vasco se preparó para ello y en los diez primeros
minutos logró romper el corazón de dos dianas. No lo había logrado
por azar, sino que sus habilidades mejoraban continuamente. Al día
siguiente, el Capitán Vasco se despertó temprano, con ganas de
conocer cuál sería la siguiente prueba. Miró un par de veces a su
maestra: era joven, maciza y sexy.
-Ya se que estoy buena- Comentó la chica como si tratase de resaltar
lo evidente- Pero no es el momento de mirarme los pechos con la
mirada atenta. ¡Es el momento de prestarme atención mirándome a la
cara!- Chilló cambiando el timbre de la voz.
El vasco se calló y atendió. La chica imponía.
-Bien, tu segunda prueba consistirá en hacer lo mismo que hasta
ahora, pero con otro traje- El Capitán ya iba a protestar cuando la
chica le detuvo- Tranquilo, no hay de qué preocuparse. Tu padre te
conoce muy bien y me hizo una sugerencia con la que te sentirás muy
cómodo- Dayana hizo aparecer un traje que era idéntico al del
vasco, bordado de la misma manera.
-Será el traje del Capitán Vasco pero con una pequeña diferencia.
Esta tela pesa alrededor de cincuenta kilos. Debes ser capaz de
entrenar igual pero aguantando ese peso, lo cual requerirá una mente
muy despejada, capaz de aguantar lo que venga- Afirmó- Después, si
lo deseas, puedes quedarte tu nuevo traje .Así, romperás dos mil
dianas en cinco días de entrenamiento, entrenando ocho horas al día,
pero durmiendo con el traje pesado. Debes llevarlo todo el día. Si
no superas la prueba, tienes que invitarme a cenar, y yo como mucho-
Concluyó la maestra.
El Capitán Vasco la miró de arriba a abajo con descaro. Quedar con
aquella rubia no era ningún castigo.
-Ya, ya sé que no te importaría cenar conmigo-Dijo vanagloriándose-
Sólo hay un pequeño problema: hace muchos años que no estoy en el
mundo de los vivos, con lo que tendrías que morir para cumplir tu
parte del trato- Dijo respondiendo a la mente del I-Men. Éste no
parecía entenderlo. ¿De verdad no podría conocer a esa chica tan
fuerte en la Tierra porque ya no estaba entre los vivos? ¿Hasta
donde llegaba el poder de ese tal Cerebro?
Miró con determinación las dianas: haría lo que estuviese en sus
manos para limpiar su orgullo, herido por los Destructores.
Gaia se despertó en medio de un claro de aquel frondoso y húmedo
bosque. Permaneció tumbada unos minutos, contemplando la belleza del
lugar: había tantas especies de árboles que ni siquiera era capaz
de distinguir la mitad. Desde árboles propios de climas oceánicos,
hasta palmeras propias de zonas tropicales, pasando por cerezos con
sus pétalos rosados. Todo mezclado pero en armonía, mientras el
viento se movía de unas a otras copas de árboles. Viendo semejante
entorno, lo que menos pedía el corazón de la rubia era pelear. De
lo que de verdad tenía ganas era de explorar aquella dimensión.
Como no escuchó a Hiedra, decidió que podía investigar un poco.
“Luego trataré de sentirle a través de la naturaleza, imagino que
encontrarle será parte del entrenamiento. Pero ahora quiero
disfrutar de este pasaje”, meditaba la joven mientras caminaba.
Trataba de evadirse de todo lo relacionado con el juego, pero varios
pensamientos relacionados con el mismo la inundaban inevitablemente.
¿Por qué tenía que estar atrapada en un lugar donde cada día
morían tantas personas sin merecerlo? ¿Quienes se creían esos
tales GM para causar gratuitamente tanto dolor? También pensó en
Eliart, que estaba muy absorto en sí mismo. Los últimos
acontecimientos parecían haberle afectado demasiado, más incluso
que al resto. A opinión de la joven, él siempre quería cargar con
el peso de las cruces de todo el mundo, sin importar el dolor.
Caminando llegó a una pequeña llanura que recibía los rayos de sol
con mucha intensidad. Allí pudo distinguir varios pequeños animales
que merodeaban en círculo: cervatillos y corderos especialmente. Al
fondo, entre la maleza, se erguía un extraño árbol cuyo tronco
era de color blanco marfil y cuya copa se componía de hojas de todos
los colores pero con un brillo cristalino en su interior. La rubia,
atraída por aquella maravilla de quince metros de altura, se acercó.
Pudo ver con nitidez que el color blanco del tronco también tenía
un brillo cristalino y observando con detenimiento, comprobó que
había una pequeña apertura redonda, asemejándose a una puerta que
invitaba a entrar. La chica transformó sus dos brazos en ramas y
alcanzó ambos lados de la apertura. Empujó su cuerpo y entró con
los ojos cerrados. Fue entonces cuando una sensación oscura y
perturbadora la inundó. Era como una fuerza negativa, malvada, que
impulsaba hacia atrás como si se tratase de un fuerte vendaval.
Abrió los ojos y sólo vio oscuridad, pero también sintió dolor,
mucho dolor. Tanto que no pudo soportarlo y retrocedió. Al poco
estaba de nuevo fuera, frente al árbol, sudando y gritando.
-“La Naturaleza no es siempre buena y amable. También puede ser
vengativa y causar el caos. Tú, Gaia, siempre piensas que la gente
tiene, en última instancia, buena voluntad. Pero no es cierto. Tú,
tiendes a creer y trabajar por las utopías pero tienes que hacerlo
sin olvidar que la oscuridad está ahí, al acecho. Mientras buscas
alcanzar la armonía con la naturaleza, sentir el pensamiento de sus
seres vivos, de sus ecosistemas, una parte de ésta interpretará tu
insistencia con desconfianza. Y esto es porque la naturaleza, por
medio de los seres vivos que la componen, humanos incluidos,
experimenta el dolor. Y cuando el dolor le resulta insoportable,
responde con destrucción y violencia. Más les valdría a los seres
humanos entenderlo y ser conscientes de las consecuencias que esto
puede tener para la Tierra”- Expuso la voz de Hiedra.
-Pe-pero, ¿éste bosque que es exactamente? Quiero decir ¿Estas
especies...?- Antes de que continuase, el maestro la cortó.
-Sé lo que estás pensando. Sí, se puede decir que esta vegetación
existe. Pero no todo los que se conoce está en el espacio que
habitan los hombres, ni en el tiempo donde generan la Historia. En
esta dimensión, tiempos y espacios confluyen, y por eso puedes ver
tanta mezcla de especies. Es ideal para tu entrenamiento porque aquí
el clima y la vegetación es producto de una mezcla y por tanto hará
que te adaptes con facilidad a casi cualquier clima- Esta vez Hiedra
se dejó ver, encontrándose a espaldas de la I-Men.
-Ya entiendo- Asintió la rubia.
-Bien. Me alegra de que lo entiendas- Comentó, seco- La verdad es
que me imaginaba que hoy llegarías un poco más tarde porque
querrías explorar este lugar. No es para menos, es magnífico. Pero
será mejor que tras este inciso continuemos con tu entrenamiento.
¿Cómo describirías lo que has sentido al entrar a la apertura de
ese árbol?
-Pues... sentía mucho miedo y, sobre todo, dolor. Un dolor intenso
que me paralizaba e impulsaba a escapar. La verdad es que me cuesta
de describirlo con palabras- Dijo la joven, atemorizada.
El maestro, que normalmente sonreía mientras hablaba sin mover los
labios a través de las copas de los árboles, la miró ahora con
dureza.
-“Si lo único que percibiste fue dolor y miedo entonces has
comprendido menos de lo que me pensaba. Es difícil, pero debes, al
término de este entrenamiento, comprender la Naturaleza a través
del corazón”- Hizo una pausa leve, la más pacífica de los I-Men
no parecía entender nada y le miraba con los ojos abiertos como
platos- “La apertura de este árbol es inmensa, representa un
ecosistema completamente diferente al que existe en el exterior del
mismo. Allí es más complicado respirar para los humanos y hay
muchas especies vegetales y animales. En ese agujero negro, el
espacio se relativiza y todo un ecosistema amplio cabe dentro de un
árbol. Sé que cuesta creerlo, pero el motivo por el que notaste
tanto dolor apenas al entrar tiene que ver con la proximidad de seres
vivos que hay en su interior. Esto es porque la Madre Naturaleza pone
de manifiesto su dolor y su placer por medio de los seres vivos que
cohabitan en sus ecosistemas. Si son seres capaces de sentir pero no
de pensar, tanto más fácil para la Naturaleza expresar su esencia.
Debes entender ese complejo y dolorido ecosistema a través de tu
poder. Como miembro de la especie humana tienes raciocinio para
comprender el funcionamiento de los hábitats. Pero eso no basta.
Debes mostrar empatía para que esa comprensión pase, por medio de
tus poderes, a ser entendimiento. Sólo así la Naturaleza te abrirá
las puertas y te dejará desplegar todo tu poder”- Finalizó
Hiedra, hablando a partir del hábitat.
-“Espero que me hayas entendido”- Dijo de nuevo la voz- “¿Más
o menos?”
-Creo que voy entendiendo a lo que te refieres- Contestó Gaia.
Decidida, el aura verde la rodeó por todo el cuerpo.
-“Debes entrar en ese agujero. Si superas el miedo inicial podrás
ver a los seres que allí habitan y captar la esencia de la
Naturaleza. Yo me manifestaré cuando sea el momento adecuado para
que nuestra lucha continúe”- Finalizó, desapareciendo por
completo.
Gaia se acercó a la cavidad de aquel misterioso árbol y se
introdujo en un mundo diferente. Aún con el aura verde, lo veía
todo oscuro. Sentía el mismo vendaval que antes, pero no dejó que
le moviese hacia detrás. Debía ser firme, como las raíces de un
árbol.
“Si mi entrenamiento es de tierra, eso quiere decir que debo ser
más fuerte para entender a la Naturaleza. Está claro”, se dijo a
sí misma. “Espero que mi hermana y Eliart estén bien. Todos
debemos ser fuertes. Ellos dos siempre me lo recuerdan.”
Sus brazos se fueron transformando en potentes troncos, al igual que
sus piernas, quedando de humana sólo el torso y la cabeza. En este
estado y con el aura verde, miró lo que tenía delante y logró ver
a través del color negro, que se iba esclareciendo. Se podía ver
con cierta claridad un pequeño zorro que intentaba comer en la
hierba. Ella estaba sobre una roca. La I-Men cerró los ojos para
concentrarse y pudo divisar también una pequeña cordillera así
como notar una cierta humedad. Parecía que había agua por aquella
zona. Decidió caminar con sus troncos como si fueran piernas. Era
difícil hacerlo relajadamente, fuera de los combates y con una
atmósfera cortante. A medida que ahondaba en aquel mundo le iba
faltando el aire. No tardó en acercarse hacia donde se encontraba el
zorro. Al llegar, le vio con claridad. Acarició al animal con sus
manos transformadas en árbol y éste le respondió con un cariñoso
lametazo. La joven prosiguió. Tras andar un rato sintió un fuerte
dolor, un dolor que no había sentido tras transformarse, de una
intensidad muy parecida a la que le expulsó de aquella apertura la
primera vez. Sintió de donde procedía el dolor y siguió su rastro
hasta encontrar un lago medio seco con peces muertes flotando. La
joven sintió aquel inmenso dolor que se manifestaba como un fuego en
su interior. Decidió asumirlo y al hacerlo su aura verde se tiño de
rojo y comenzó a sangrar.
-¿Qué ha pasado aquí?- Preguntó indignada y con dureza.
-“La contaminación del lago destruyó parte del ecosistema”- Le
respondió un árbol directamente a sus pensamientos.
-Ya veo. Siento este dolor, esta maldad que nos destruye- Su aura
verde se fortalecía según interiorizaba el dolor a medida que se
acercaba. Cogió dos peces con sus manos y los inundó con su aura.
Fue entonces cuando vio que la contaminación se redujo, quedando
sólo en el fondo. El lago ganó algo de agua pura en la que depositó
nuevamente a aquel pez de color azul y con rayas negras. Sentía un
dolor intenso, que la hacía tambalearse, pero estaba siendo una con
la Naturaleza.
-“Vaya, esta joven tiene más habilidades de las que se piensa”-
Observó el maestro- Bien jovencita, continuemos la batalla. No te
has percatado pero has pasado mucho tiempo andando por aquí. Vamos,
serían casi medio día en el juego, aunque aquí no llega a quince
minutos. También es por esto que sientes cansancio. ¡Prepárate!-
Se alzó Hiedra con voz propia.
Revelación llevaba un día de entrenamiento y ya comenzaba a ver
imágenes nítidas y a prevenirse contra las ideas e imágenes
confusas. Su mente tenía que estar receptiva tanto a las imágenes
transmitidas como al pensamiento de mantener los cuatro elementos
activados. Sage le transmitió una imagen relativamente familiar:
pudo ver a los I-Men, sus compañeros, todos caídos en el suelo.
Enfrente, Gravitta reía a carcajada limpia junto a J.J que
permanecía dentro de su traje. Lo podía ver con claridad. Entonces
oyó una voz destacada, que le hablaba de manera amable.
-Vuelve a tu Origen. Vuelve a mi seno. La Providencia no ha
elegido a Eliart, fuiste tú el que te dejaste convencer por la labia
y la bondad de ese estúpido. Pero estás equivocado. Mira, estás
viendo cuál será el resultado del partido. Los siete destructores
son tremendamente fuertes. ¿No quieres saber qué hay detrás? Debes
permanecer junto a Gravitta. Él es bueno, más de lo que aparenta.
Revelación se quedó paralizado por un momento, aunque los elementos
no se apagaron. No todas las ideas de ese mensaje eran negativas.
-Tranquilo, aún no ha terminado. Eso es lo que dice una voz. ¿Qué
tienes que hacer tú al respecto?- Le preguntó Sage, mientras le
sugería cerrar los ojos. En esta ocasión, concibió otra imagen en
aquel escenario distópico. Allí estaba él, con dudas, sin saber
qué hacer. Miraba a sus compañeros desde lejos mientras se acercaba
a Gravitta.
-¡No!, no quiero acercarme a ellos. Gravitta tiene algo extraño, es
verdad. No es sólo pura crueldad, pero está muy absorbido por sus
ansias de venganza contra el mundo. Él no puede detener a los GM ni
tiene el mínimo interés en eso- Se dijo casi gritando.
-Entonces controla esa imagen. Está en tu cabeza aunque yo la haya
transmitido. Tu conciencia tiene que ser más fuerte que los
pensamientos externos. ¡Recházalo!- Le propuso el padre del
Capitán.
Haciendo un sobre esfuerzo, Revelación logró cambiar la imagen y
dirigió a su “yo” mental hasta donde estaban los I-Men. Eliart
se alzó con fuerza. En la dimensión en la que se encontraba
físicamente, sus pupilas desaparecieron, como cuando perdía el
control o despertaba una nueva habilidad. Pero lo que pasaba era
diferente: estaba muy metido en su conciencia, tratando de
anticiparse al futuro, viendo ese escenario a través de sí mismo,
partiendo del rechazo a los malos pensamientos. El místico se
encontraba absorto y los elementos desaparecieron por unos momentos.
Tan sólo al cabo de un rato volvió en sí y los elementos volvieron
a girar automáticamente a su alrededor.
-Es normal que desaparecieran tus habilidades físicas. Has
necesitado mucha concentración para aumentar tanto tu habilidad de
vidente. Ahora ya has visto todas las posibilidades del combate con
los Destructores. Y como ves, todos los finales son inciertos. Lo
único claro es que ya sabes cuál debe ser tu papel en la contienda-
Le explicó Sage.
-Así... es- Respondió el místico, jadeando.
-Ahora será mejor que descanses. En un rato continuaremos. Toca
reforzar “esa habilidad” de la que hablé. Y después
comenzaremos con las imágenes que duelen físicamente y seguiremos
con las confusiones. Para lo cual voy a necesitar una importante
colaboración- Dijo el anciano, siempre con amabilidad.
Kya, con aspecto gatuno, corría hacia abajo tratando de alcanzar la
tercera dimensión sombría. Era un viaje arduo y, justo cuando
estaba a punto de abandonar el primer nivel de oscuridad, fue
asaltada nuevamente, en esta ocasión por tres sombras.
-Es peligroso estar por aquí jovencita. ¿No te han dicho en tu
casa que no vayas sola por lugares desconocidos? Este lugar es la
casa de Malicia... la residencia de las Sombras- La
Sombra que hablaba, ubicada justo delante de Kya, se volvió hacia
las otras dos, que estaban más a la izquierda- ¡No dejéis
que la intrusa escape!
Sin dejar ni un minuto de tregua, las tres sombras se juntaron en una
y fueron a por Kya. Por suerte, la chica-gata se esperaba algo así y
logró esquivar el primer movimiento, pero a una velocidad inesperada
la sombra le presionó la cabeza y la empujó hacia atrás.
-Prueba esto. ¡Mi orbe
oscuro!- La sombra lanzó la
esfera oscura sobre la mujer-gata, que rápidamente se hizo diminuta
para sortearla. Pero una pequeña sombra, salida de las paredes del
interior de Malicia, captó su presencia y la atrapó. Kya sentía
que le costaba respirar dentro de aquella sombra. Palpó la sombra
con la diminuta palma de sus manos y vio que se trataba de una
sustancia viscosa. La felina se encontraba atrapada y optó por
transformarse en gigante para poder escapar de la sombra. Aunque
logró deshacerse de ella, su tranquilidad duró poco: la sombra
grande ya estaba encima y la alcanzó con un potente orbe oscuro.
Herida, la I-Men miró desafiante a la sombra. Sabía que no podía
huir todo el rato, ya que si presentaba combate facilitaría las
cosas a su chico. La gata se lanzó con fiereza contra la sombra y la
hirió con sus uñas afiladas. Acto seguido, convertida en pequeña
le regaló cuatro cuchilladas recorriendo la sombra de arriba a abajo
en zigzag. Estos golpes ahuyentaron a las sombras por el momento y el
camino parecía despejado.
“Bien, es mi momento. Debo continuar bajando para rescatar a Dark
Night”, La I-Men se adentró en el segundo nivel de oscuridad y no
pudo evitar sentir escalofríos: en aquel lugar no se veía un pijo.
Ir a ciegas era lo único que se podía hacer. “Si éste es el
segundo nivel de oscuridad, ¿cómo será el tercero?”,
reflexionaba con preocupación.
-Debo usar al máximo mis capacidades felinas- Dijo en voz baja para
sí. Esforzándose, sus ojos de gata trataron de escudriñar desde
lejos cada rincón, para comprobar dónde había sombras. Con su
olfato comprendía si había rastros de aquella sustancia viscosa de
la que estaban compuestas las sombras. Distinguió dos caminos y optó
por el de la izquierda, ya que el de la derecha “olía a sombra.”
Con cuidado, Kya avanzaba corriendo por la dimensión sombría. Pero
al cabo de un rato el camino que se encontraba ante ella se volvió
aún más oscuro. Una voz mucho más grave que las anteriores saltó.
-¿De verdad creías que podrías avanzar? ¡No pasarás del
segundo nivel!. Este es tu fin-
Esta vez era una sombra con forma extraña, era como una cara sin
ojos ni nariz, cuadrada y con una sonrisa con una gran dentadura por
la que emitía los sonidos. La sombra se extendió envolviendo a la
gata a la vez que otras sombras hacían su aparición.
-En el primer nivel nos
has hecho daño, hemos tenido un descuido y has logrado escapar. Pero
¿sabes? ¡Puedo devolverte arriba de una patada!- Bramó
otra sombra, esta con forma humana, que apareció sujetando agarrando
a Kya por los pies. Con fuerza, giró a la gata, la soltó en el aire
y, sin perder ni un segundo, la propinó una patada en dirección
hacia arriba. Al ver que todos sus progresos podrían ser en balde,
la gata enloqueció. Se entregó a toda su furia y a sus deseos de
venganza. Así, su cabello aumentó y dejo rienda suelta a sus
instintos, que sustituyeron a su razón. Al tiempo que rugía, logró
hacerse un ovillo y de este modo frenar el efecto de la patada. Tomó
un nuevo impulso hacia abajo lo más rápido que se lo permitía su
cuerpo cansado y, obteniendo la forma diminuta, probó sus cuchillas
más afiladas que antes de enloquecer sobre la sombra con forma
humana. Esta retrocedió y la otra lanzó varios orbes oscuros
seguidos. Sólo el último alcanzó a la gata, pero le dio de lleno y
cayó en el suelo de aquel segundo piso de oscuridad.
-Los has hecho bien para
ser tan insensata. ¿Lo sabías? Sólo hay un problema. Con tu pelea
has despertado al resto de sombras- Explicó
la sombra sonriendo con sorna.
Múltiples sombras de diferentes tamaños y formas, aunque la mayoría
con forma humana, fueron a por la joven desde todas las direcciones.
La chica comenzó a perder los nervios, sabía que contra tantos no
tenía mucho que hacer. Tres sombras se quedaron en la retaguardia,
preparando lo que parecía ser algún tipo de esfera. Dos, que iban a
la cabeza, recibieron a Kya con espadas sombrías. La mujer-gata no
se arrugó: haciendo uso de sus habilidades felinas rehuyó las dos
espadas y, transformándose en gigante, apaleó a las sombras con una
buena tunda de patadas según iban viniendo. En modo gigante, sus
golpes eran aún más contundentes, pero a cambio perdía velocidad.
Shadow se levantaba de cada insólito golpe ejecutado por Malicia. La
armadura de sombras de éste aún le cubría entero. De repente
sintió un fuerte golpe en su interior y tuvo que encogerse de dolor.
El estómago le ardía.
-¡Mierda, maldita gata!- Se quejó la malvada sombra. Shadow sonrió.
Gracias a su chica tendría tiempo para invertir el resultado de la
batalla. El I-Men arremetió contra su enemigo por medio de una tanda
de patadas que no parecían acabar nunca. Le tenía acorralado porque
no paraba ni un segundo de atacar. Pero tras casi un minuto, paró un
momento y Malicia aprovechó ese intervalo de tiempo para lanzarlo
hábilmente por los aires. Tras ganar distancia, lo siguió con una
espada de sombras. Pero Shadow Walker generó un escudo improvisado y
logró desviar el corte. Ambos contendientes intercambiaron golpes
físicos, especialmente ganchos con el puño derecho. Sin embargo, la
fuerza de Malicia marcó la diferencia y Shadow cayó al suelo, sin
poder apenas moverse.
-Si esto fuese el juego te
quedarían muy poca vida- Rió
la sombra- Te doy la enhorabuena. Has conseguido manipular
a Rencor hasta el punto de hacer de él un buen chico. Tienes talento
para domar las sombras débiles, las que reblandecen su
comportamiento y abandonan su parte oscura. Yo entiendo por qué
Rencor lo ha hecho. Entiendo por qué te sigue. Es sencillamente
porque encarnar lo oscuro no es una tarea fácil. Siempre se está
experimentando soledad y sufrimiento. Pero también sientes poder. El
poder que precisamente viene de encarnar la oscuridad. Pero muchos
simplemente no soportan ese rol. Se cambian de bando y, al hacerlo,
renuncian a una parte considerable de su fuerza.
Shadow miró de reojo a su rival. Era probable que lo que Malicia
decía fuese cierto, ya que al fin y al cabo no había conseguido ni
siquiera destrozar su armadura. ¿Acercarse a la oscuridad,
entregarse al Mal hacía más fuerte a las sombras? El I-Men negó
con la cabeza. Tanto él como Rencor se habían hecho más fuertes
tras acercarse a Eliart y entender lo que era tener amigos. La
amistad le hacía ser fuerte y más responsable que antes. Además,
gracias a Kya había conocido el amor.
“¡Kya!”, pensó de pronto. Llevaba mucho tiempo en la dimensión
sombría, era preciso sacarla de ahí antes de que las sombras de
Malicia acabaran con ella. Al pensar en su chica, sacó fuerzas
suficientes para intentar levantarse. Mas su enemigo le pisó el
pecho.
-No me interrumpas. No he
terminado. ¡Voy a rematarte!- Exclamó
Malicia al tiempo que blandía su espada en dirección al corazón
del moreno. De repente sintió que algo le estaba tirando de los
hombros. Rencor había llegado a tiempo.
-Incorpórate, Shadow.
Recuerda que tu y yo somos un equipo-
Confirmó la sombra del I-Men. La sombra y el chico se miraron y
usaron su poder de manera conjunta, pero manteniendo cortado el
vínculo. Un gigantesco Orbe Oscuro fue generado en pocos segundos e
impactó a Malicia a muy poca distancia, consiguiendo destruir su
armadura.
-Ahora es el momento-
Propuso la sombra- Malicia está distraído. Debes
introducirte en su dimensión y rescatar a Dark Night y a Kya. Seguro
que los dos te necesitan. No olvides lo que dijo el maestro Sage:
debes entrenar el agua. Usa la cabeza en coordinación con el
músculo. Esta batalla no la podemos ganar sólo con fuerza bruta-
Concluyó. Seguidamente obsequió a Malicia con un directo y, con la
otra mano, logró hacerle una hendidura con un cuchillo sombrío.
Shadow se puso frente a la hendidura y, cuando Malicia se recompuso,
el I-Men ya había penetrado en el primer nivel de oscuridad.
-Ju, ju, ju. Entrar en mi
interior no os servirá nada. Si buceo en la oscuridad soy aún más
fuerte- Alardeó la sombra del
maestro dispuesta a meterse dentro de sí misma. Rencor fue rápido:
con una zancadilla logró que se tambaleara y le propinó varios
golpes. No obstante, la sombra estaba exhausta. “Date prisa Shadow.
No le detendré por mucho tiempo”, se lamentaba mientras Malicia le
devolvía velozmente los golpes.
Kya en modo gigante había logrado superar los ataques de las sombras
y tener campo libre. Con sus ojos de felino y su olfato, se detuvo
unos instantes para reconocer el ambiente: olía a una mezcla entre
viscosidad, moho y humedad propia de una cueva. Volvió la mirada
hacia atrás y pudo ver que había avanzado bastante. Pero no veía
mucho más allá del camino. Entonces decidió hablar. Aunque
despertase a las sombras daría igual, tarde o temprano iban a
entrometerse en su camino.
-¡Dark Night, maestro! ¿Puedes oírme?- Balbuceaba la más gatuna
de los I-Men. Pero no obtuvo respuesta. Sólo dos sombras, una de
cada lado, trataron de atacarla. Pero se valió de un salto para
esquivarlas. Carecían de fuerza, con lo que era posible que a su
novio le estuviese yendo bien arriba. Al no recibir respuesta alguna,
se introdujo aún más en la oscuridad. Pero se encontró con una
pared hecha de sombras y un suelo fortalecido.
“Vaya, parece que será difícil acceder al último nivel... y que
será imposible sin molestar a las sombras”, la gata empezaba a
comprender la prueba de Sage: no se trataba sólo de usar la fuerza.
La maña también era importante. Así, afiló sus uñas tan rápido
como pudo y trató de rajar el suelo. Si hacía una fuerte apertura,
podría penetrar en el máximo nivel.
Shadow, por su parte, estaba encontrando muchas dificultades. Malicia
estaba poniendo todo su empeño en aumentar la oscuridad del primer
nivel y en que se generasen continuamente sombras. Rencor no era
rival para él, con lo que podía concentrar gran parte de sus
fuerzas en detener al moreno en el primer nivel. Por suerte, gracias
a su poder, Shadow podía sentir las sombras. Y sabía que a poco que
avanzase, iban a estar por todas partes.
“No podré entablar combate con tantas sombras en mi estado. No al
mismo tiempo. Ese Malicia es extraordinario”, meditaba con una
sonrisa. “Lo que debo hacer es tratar de engañarles”. La única
manera de confundirlas era teñirse a sí mismo de sombra. Así, o
pasaba desapercibido, o trataría de fingir que era Malicia para que
le cedieran el paso. Pero, ¿podría lograrlo sin ayuda de Rencor?
Tenía que intentarlo. Si quería evitar el máximo de batallas
posibles, era la única manera. Se concentró y llamó a toda la
energía que tenía en su cuerpo. Un aura negra, propia de las
sombras, comenzó a rodearle. Una oscuridad fue naciendo de su
espalda, extendiéndose hacia los hombros, cuello y cabeza, y después
hacia las piernas. Logró cubrirse entero, sin embargo, algo era
distinto. Sentía una soledad muy fuerte a su alrededor y un inmenso
vacío. También era mucho más débil que estando con Rencor, aunque
más fuerte que una pequeña sombra.
Procuró no hacer ruido, generar una pequeña corriente de sombras e
ir bajando poco a poco por esa dimensión. Mas el movimiento atrajo a
algunas sombras.
-Eh... ¿Qué haces
bajando compañero? ¿Eres uno de los nuestros?- Shadow
permaneció en silencio. Prefirió no contestar y fue la sombra la
que se acercó a olerle- Umm... ¡hueles como nosotros!
¿Por qué pretendes bajar abajo? ¿Vas a por la intrusa?
Shadow envuelto en sombras, asintió con la cabeza.
-Noto que eres fuerte. Así
que, bien. Baja al siguiente nivel si quieres. Aquí ya no hay nadie.
Además entre todas las sombras nos valemos. ¡Da igual donde esté
cada una!- Dicho esto, la
ignorante sombra se retiró y Shadow aprovechó para deslizarse a
toda prisa.
-¡No tan rápido!-
Otra sombra, que estaba delante, le hizo parar en seco- Has
podido engañar a mi otra parte porque tiene poco poder. Es una
sombra elemental. Pero hasta aquí has llegado, estúpido I-Men-
La sombra enarbolaba una espada sombría con la que recibió a Shadow
que, sin decir palabra, aguantó el golpe. La sombra llamó a otras
de alrededor y entre todas rodearon al moreno y comenzaron a darle.
El I-Men decidió aguantar durante unos minutos, hasta que una de las
sombras preguntó.
-¡Eh, intruso! No lo
entiendo. ¿Cómo es que no te defiendes? Puedo oler tu fuerza. ¿Será
que tienes algún plan para destruirnos?
Shadow guardó silencio, puso una voz grave, lo más parecida a la de
Malicia y camuflado entre la oscuridad, respondió.
-¡No, idiotas! Soy
Malicia. He dividido el grueso de mi poder en dos. Una de mis partes
acaba de entrar, he decidido bajar con todo para derrotar a esa gata
que quiere que Dark Night despierte- Algunas
sombras básicas, que no eran capaces de distinguir a otras sombras
más que por el olor de la viscosidad y el nivel de poder, se
quedaron estupefactas. Al ver que le escuchaban con atención, Shadow
prosiguió- Bueno, ¿qué? ¿venís conmigo?- Empuñó
una espada sombría bastante grande- Venid conmigo y así
seremos más fuertes. No hace falta que nos fusionemos, porque
estando separados abarcaremos mejor el espacio-
Finalizó y al instante una legión de sombras se puso de su parte.
-Pero no entiendo-
Dijo una sombra dubitativa- ¿Por qué querías atizar a
Malicia? ¡Él es nosotros!-
Exclamó una de las sombras contra la más fuerte que había impedido
el paso a Shadow.
-¡No lo entendéis!, yo
no soy el intruso es él-
Replicó la sombra elaborada varias veces. Pero era tarde. Una parte
de las sombras se habían revelado contra sí mismas porque estaban
confusas y una fuerte batalla en su interior, postró a Malicia en la
superficie.
-Maldito sea tu amiguito,
se ha hecho pasar por mí. ¡Tendré que bajar!-
Gritó Malicia, que estaba perdiendo poder. Se introdujo en sí
mismo, seguido de Rencor. Pero Shadow ya estaba junto con una legión
de sombras en el segundo nivel, que estaba prácticamente despejado
porque Malicia concentraba todo su poder en bajar.
Kya se encontraba en el último nivel, había conseguido herir a la
sombra que custodiaba la entrada, que perdía fuerzas por momentos
por el desarrollo de la batalla. No obstante, tenía que hacerlo todo
a ciegas porque en aquel nivel su vista felina no servía de
prácticamente nada. La oscuridad era total y moverse era toda una
aventura. La mujer-gata no perdió ni el más mísero instante. Tenía
la impresión de que su novio estaba al llegar.
-¡Dark Night! ¡Dark Night! ¿Estás ahí?- Dijo sin elevar
demasiado la voz.
Perplejo, el debilitado maestro la escuchó.
-Sigue tu instinto. Estoy cerca. Pero ten cuidado. Estoy encerrado en
una cárcel hecha de sombras- Advirtió el maestro.
-¡Aquí nadie va a ir a ninguna parte!- Chilló
una sombra que apenas podía distinguirse del ambiente. Kya dio un
salto, guiada únicamente por sus instinto. Pero la sombra le siguió
a toda prisa y decidió hacerse diminuta para despistar a su rival.
La sombra se distrajo unos momentos, mirando en todas direcciones en
espera de la chica. Y ésta, con maña, se situó cerca de la cárcel
de sombras y trató de rajar las verjas con sus uñas. Logró hacer
un gran agujero que abría el paso a Dark, pero a cambio, las sombras
que custodiaban la cárcel le apretaron en todas partes del cuerpo.
Volvió a su tamaño habitual, pero las sombras se agrandaron con
ella. La sombra que le había dado combate creó una fina lanza y la
pinchó en una de las piernas.
-¡Aaah! ¡Parad, esto es demasiado!- Se quejaba la I-Men entre
sollozos.
Por suerte, Dark estaba libre. Las sombras de la cárcel sólo podían
abrirse desde fuera ya que Malicia había logrado controlarle casi
por entero. Pero ahora, liberado, era diferente. Generó dos potentes
orbes oscuros y logró despejar de sombras el tercer piso. No se
puede decir que hubiese mucha luz, pero al menos Kya y él pudieron
verse.
-Antes de nada, voy a llamar a las sombras. La mayoría no me harán
caso. Pero si logro confundir a algunas se enzarzarán contra Malicia
y eso nos dará tiempo- Afirmó el maestro. Cerró sus ojos y se
concentró en llamar a las sombras, como su amo, para que revelaran
contra el intruso Malicia. Las sombras se dividirían ahora entre dos
amos, salvo algunas que pensaban que Shadow era Malicia. Acto
seguido miró a Kya con alegría y con cara de emoción.
-¡Oh, Kya! ¡Eres tú! No es posible, ha pasado tanto tiempo...- Le
estrechó la mano para que la gata pudiese levantarse.
-Pero ¿qué narices estás diciendo? ¡Yo no te conozco de nada!-
Refunfuñó la gata- ¿Puedes ayudar a Shadow?- La gata se disponía
a subir pero el Maestro la detuvo.
-Espera un momento. ¿Me estás diciendo que no me recuerdas? ¿No
recuerdas nada? ¿Tampoco a Livorthood ni a Thunderman? Ni siquiera
a Evantal?- Dijo con preocupación.
-Shadow me contó cosas sobre un tal Thunderman pero yo no le conozco
en persona- Contestó la chica, que estaba empezando a preocuparse.
Dark observó que Kya no llevaba encima ninguna tarjeta.
-Ya veo. Bueno, entonces imagino que será mejor empezar desde el
principio. Kya, ¿no te resulta extraño que el resto de tus
compañeros tengan una especie de tarjeta y no paren de hablar, tras
cada combate de las vidas que les quedan? Seguro que lo has escuchado
más de una vez.
-Sí, pero no les reprocho nada. ¡Ellos parecen pensarse que esto es
un juego! Y eso es porque no han sufrido lo que he sufrido yo. He
visto cómo moría toda mi raza de mujeres gato, lo he sentido con
mis propios ojos. Y lo único que me queda es este pequeño retrato-
Sacó del bolsillo el cuadro que llevaba siempre consigo.
El maestro lo miró detenidamente. La chica esperaba que él pudiese
ver la foto, ya que tanto parecía conocerla.
-Kya... siento decirte que aquí dentro no hay nada- Contestó sin
tapujos.
-¡Claro que lo hay! Allí está la foto de mi madre junto a mi tía
y una parte de mi familia- Saltó indignada- Diantres, por alguna
razón parece que sólo yo puedo verlo- Se quejó la I-Men.
-Como tu maestro debo decirte que eso es imposible, Kya. No tienes
poder de ver cosas que otros no ven. No tienes habilidades psíquicas
ni nada de eso. Te conozco bien. Tus poderes son alterar tu tamaño y
convertirte progresivamente en un felino- Alegó con contundencia.
La chica estaba algo confusa. De
alguna manera quería saber más acerca de sí misma, ya que no
recordaba todo. Le pareció misteriosa la forma en que Gravitta o
Irons desaparecieron de pronto cuando lo de los S-Men, pero supuso
simplemente que tenían que descansar de tanto combate. Mucha gente
que había conocido desaparecía de repente, aunque no recordaba
todos sus rostros. Sabía que había un misterio por resolver, pero
no estaba segura de querer saberlo.
-Parece que alguien ha estado manipulándote, compañera. Te contaré
lo que sé. Tú no eres de este mundo. Ni tu, ni Shadow ni yo.
Tampoco lo es Sage. Nadie lo es. Bueno, tal vez esos “GM”. Tú
estuviste conmigo hace tiempo aquí, junto con Thunderman y otros
compañeros. Formamos un poderoso equipo en este lugar. Esto es un
juego Kya. Un malévolo juego donde obligan a humanos de todas partes
a enfrentarse. Nuestra edición fue un poco diferente probablemente.
Otra gente, seguramente peores escenarios... Pero, en esencia, era
todo lo mismo. Luchar por sobrevivir por capricho de algo o de
alguien. Luchar a muerte, como vosotros ahora. Para ello se disponía
de una tarjeta, donde se puntualizaban tus vidas. Parecidas
seguramente a las que tus compañeros tendrán ahora.
La gata le miraba sin pestañear. Estaba horrorizada, ¿toda su vida
era parte de un juego? Las primeras lágrimas estaban empezando a
caer cuando Shadow, seguido de varias sombras, llegó al lugar. Al
ver a su chica les pidió dispersarse.
-¡Shadow!- Se alegró la chica-gata. Abrazó a su novio con tanta
fuerza que parecía que iba a lo iba a asfixiar. De alguna manera,
sabía que debía de estar con ella.
-¿Qué está pasando aquí?- Preguntó el moreno. La chica le
interrumpió.
-Shadow, parece que el maestro sabe más de mí que yo misma.
¿Recuerdas que te dije que tenía lagunas de mi pasado? Pues... él
parece saber muchas cosas- Finalizó acongojada y triste.
-Prosigo entonces- Dijo Dark Night- En definitiva, tú fuiste una
jugadora de mi equipo. No entiendo por qué, pero parece que te
quedaste aquí. Cuando enloquecí y me convertí en Malicia,
Thunderman me paró con mucho esfuerzo. Yo fui eliminado del juego y
ahora Cerebro me trajo como prueba para ustedes, como un simple
recuerdo. Pero cuando eso pasó tu seguías viva. Recuerdo que te
quedaba una vida aún y tenías mucha energía, como siempre. No
entiendo por qué estás aquí. Thunderman ganó el juego, así que
tu debiste quedar eliminada. Tendías a quedarte en coma muchas
veces, cuando forzabas demasiado. A veces, al quedarte así entre las
rocas, era difícil encontrarte. ¿Pudo ser que después de un fuerte
combate un rival te diese por muerta? ¿Pero por qué los GM no se
percataron?
-Ese juego fue hace diez años, ¿no?- Razonó Shadow- Estamos
hablando de una época en la que la tecnología estaba menos
desarrollada... Podría tratarse de un fallo. Por mucho que los GM
sean extraordinariamente poderosos, no hay información para pensar
que son infalibles. Y la tecnología no lo es.
-Todo apunta a que pudo ser eso, sí. Lo que pretendo decirte con
esto, Kya, es que todos esos recuerdos de una vida pasada, que te
llevan a querer venganza contra los que eliminaron a tu familia y a
tu raza son falsos. Son producto de que algo o alguien a alterado tu
mente al alterar la edición del juego- Afirmó con contundencia- Lo
más parecido a alguien con tus habilidades era Evantal, una rival a
la que nos enfrentamos que era capaz de convertirse en guepardo.
Recuerdo que te impactó mucho aquella mujer. Es posible que hayan
utilizado esos recuerdos para alterar tu pasado. Oh, Dios, es
horrible- Le dijo casi con lágrimas mientras iba a abrazarla.
La joven apartó tanto al maestro como a Shadow y comenzó a patalear
dando fuertes puñetazos al suelo a la paz que lloraba sin parar.
-¡No, no! ¡No es posible! ¡Toda mi vida hasta ahora ha sido una
mentira!- Se quejó la chica.
Pero las desgracias nunca vienen solas. La Sombra de Malicia, más
grande que antes por haber absorbido a sus sombras más fieles,
acababa de hacer su aparición en el primer nivel.