miércoles, 18 de mayo de 2016

Capítulo 53 - 'La Confesión de Gravitta'

Eliart saltó hacía delante, levantando los puños imbuidos en el aura amarilla de Libra. Su velocidad llegaba a la altura de Aries, pero su fuerza era comparable a Géminis. Gravitta esquivaba los puñetazos usando más la intuición que la vista, pues a pesar de todo el I-Men era demasiado rápido para él. “Tengo que encontrar una manera de paliar la diferencia de velocidad, en cuanto a fuerza sé que puedo responder... Es hora de que utilice los portales”, meditaba el pelirrojo al tiempo que se elevaba en el aire y penetraba en uno de sus agujeros de gusano.
El manchego adoptó una postura defensiva, pues cuando el otro se introducía en sus túneles era imposible seguirle la pista. “Ahora podría aparecer por cualquier lado, debo estar preparado”, se decía así mismo. Más allá vio como algunos portales se situaban próximos, y a través de ellos pasaba Gravitta, cada vez a más velocidad. “Esta usando los portales y la aceleración de la gravedad para moverse muy rápido, eso quiere decir que está preparando un gran golpe”.
Al cabo de unos segundos Gravitta salió a toda velocidad de uno de los portales próximos a Eliart, quien apenas tuvo tiempo de reaccionar, levantando la mano. El puñetazo del científico iba cargado de energía e impactó con muchísima fuerza contra el I-Men, quien salió lanzado contra la pared. Pero Eliart giró en el aire y apoyó los pies sobre la pared y se impulsó de vuelta.
-¡Toma esto!- Exclamó mientras caía sobre su rival. Gravitta saltó y esquivó el ataque, luego agitó una de sus cadenas como si fuera un látigo.
-¡No te creas que será tan fácil!- Respondió Gravitta. El líder de los I-Men esquivaba los ataques de las cadenas, que abrían boquetes en el suelo con cada golpe, y poco a poco iba recortando distancias. Cuando se encontró lo suficientemente cerca aceleró su velocidad y cargó energía en el puño derecho.
-¡Directo de la justicia!- Lanzó el golpe contra el costado del otro, pero las cadenas acudieron raudas a interponerse entre ambos contendientes. El golpe impactó contra Gravitta, pero su defensa logró absorber gran parte del daño- ¡Todavía no he acabado!
Eliart lanzó numerosos puñetazos al aire, liberando energía de Libra en forma de proyectiles. Gravitta tomó algo de distancia y elevó la mano, aplicando frente a él un campo gravitatorio, su técnica más básica. Las flechas de luz se apagaron al impactar contra el suelo. “Los ataques a distancia no funcionarán contra él. Ahora mismo la única ventaja que tengo es que mantener los portales le debe estar drenando mucha energía. No sé cuanto le queda a Libra de su poder, pero no debe ser mucho...”, meditaba Eliart. En ese momento Gravitta cargó energía con sus manos y lanzó dos Novas hacía los portales que había a los lados. Los proyectiles morados fueron tragados por los agujeros de gusano.
El I-Men tenía que intentar forzar las fuerzas de su rival, si dejaba que desplegase todos sus trucos acabaría atrapado en su juego. Salió lanzado hacía delante, impulsado todavía por Libra, pero el aura amarilla comenzaba a decaer, pronto cesaría su efecto. Recortó en un instante la distancia que los separaba, y Gravitta no elevó esta vez el vuelo, su energía también comenzaba a flaquear y no podía malgastarla. Usando las cadenas de gravedad trató de repeler el furioso ataque de su rival, pero Eliart era muy rápido y lograba atravesar las defensas del pelirrojo.
-Maldito seas...- Murmuró el científico al recibir un leve puñetazo. De no haber sido por su entrenamiento con J.J ahora iría mucho peor. Cuando tuvo su primer enfrentamiento contra Eliart se dio cuenta de que el cuerpo a cuerpo era su mayor fallo. Por eso había practicado todos los días combates cuerpo a cuerpo junto a su mano derecha. Ahora los frutos de aquellas prácticas salían a la luz.
Llegado cierto punto su energía comenzó a disminuir y tuvo que elegir entre mantener los portales abiertos o usar sus cadenas, de manera que las cadenas se desintegraron en el aire. El I-Men se sorprendió por esa decisión, pero redobló sus esfuerzos de tratar de alcanzar a Gravitta. El destructor aguantó la acometida y aplicó un campo de gravedad frente a él que obligó a Eliart a retroceder. Ya casi lo tenía donde quería.
-Me pregunto qué estarás tramando...- Comentó entonces Eliart. El pelirrojo sonrió y le indicó con una mano que fuera a él. El I-Men sabía que era una trampa, pero no pudo resistirse y se lanzó. Sin embargo Libra flaqueó, su límite había llegado. Eliart se percató justo a tiempo y activó a Leo en el último segundo. Gracias a ello aumentó drásticamente su velocidad. Gravitta no pudo verlo venir esta vez y recibió un puñetazo en el estómago. Pero había encajado el golpe a propósito, de manera que no le hiciera mucho daño, y no perdió una vida. En su lugar agarró el brazo de su rival y aplicó un capo gravitatorio sobre ambos, quedando inmovilizados.
-Ya te tengo en el sitio adecuado, Eliart- Le susurró el destructor mientras sonreía. De repente, de uno de los portales que había tras Eliart, surgieron las dos Novas que había lanzado Gravitta con anterioridad.
Así que por eso quería retenerme aquí, he caído en su trampa pero... Aún tengo a Tauro”, pensaba el chico mientras llamaba a su energía defensiva, pero esta no acudió. Las Novas impactaron en la espalda del manchego, que perdió una vida y tosió sangre. Gravitta detuvo entonces el campo gravitatorio y puso algo de distancia.
-Vaya, esperaba que tuvieras que activar Tauro y así hacerte cambiar mucho de signos, gastando tu energía, pero por algún motivo no la has usado. Me pregunto por qué- Decía Gravitta en esos momentos. Eliart estaba anonadado, era la primera vez que los signos no acudían cuando los llamaba. Entonces recordó que cuando despertó a Libra sintió a su vez que un poder dentro de él se guardaba. “Tal vez significa que mientras uso a Libra tengo que sacrificar temporalmente uno de mis otros Signos a cambio... me pregunto si será algo aleatorio o siempre es Tauro”.
-¡Cáncer!- Exclamó entonces el I-Men, viéndose en una situación difícil. Por fortuna el aura verde y blanca sí acudió a la llamada, restaurándole una vida y haciendo aparición el escudo circular. Gravitta sonrió.
-Al menos te he obligado a utilizar ya esa carta, de manera que no puedes recuperarte. Si no puedes usar a Tauro, entonces te quedan principalmente Aries, Leo y Sagitario. Dudo que puedas usar tan pronto a Géminis y Libra.
Eliart no decía nada, pues sabía que su rival tenía razón. En su interior sentía que podía llamar de nuevo a Libra si lo necesitaba, pero intuía que eso implicaría la desaparición de otro de sus signos, y no quería arriesgarse. Entonces cayó en la cuenta de algo.
-Más o menos tienes razón, Gravitta. Pero hay un signo que no has visto, creo que te gustará, ju, ju, ju- Respondió el I-Men mientras sonreía sin disimulo. El científico enarcó una ceja y se preparó, ¿qué podría estar guardando? Un aura enorme y rosa apareció en torno a Eliart- ¡Virgo!
El despliegue de energía fue brutal, en parte a propósito, pues Eliart quería confundir a su rival y que pensara que se trataba de un signo ofensivo. Y así fue, Gravitta retrocedió medio paso mientras se cubría con las manos.
De repente todo rastro de energía del I-Men desapareció, por completo. Gravitta abrió los ojos e inspeccionó el terreno, ¿dónde estaba? El Guerrero Celeste tampoco había visto nunca en acción a Virgo, y se mostró debidamente sorprendido. “¿Qué es esto? ¿Puede ser que se haya hecho invisible? ¿Y su energía? Debería sentir al menos algo... pero esto es...”, de repente el tren de pensamientos del científico se cortó de cuajo, pues acababa de recibir un puñetazo muy duro en la boca del estómago. Al pillarle desprevenido recibió bastante daño, pero a juzgar por el efecto que había tenido, no iba imbuido con Aries ni ninguna otra aura. El pelirrojo reaccionó con rapidez y se introdujo en uno de sus agujeros de gusano, para poner distancia. A continuación apareció por otro en el extremo más alejado de la sala.
-Ese virgo le ha hecho indetectable, de alguna manera. Pero a juzgar por la fuerza de su ataque diría que no le otorga ningún otro poder especial. Hasta que llegue aquí cuento con unos diez segundos, suponiendo que corra. Tengo que pensar algo, vamos- Se decía a sí mismo el destructor. Entonces notó la sorpresa en el rostro del Guerrero. “No ha usado este signo antes, o no mucho, por lo que es probable que no lo domine... Y no tiene pinta de que dure demasiado...”, entonces levantó las manos y creó un campo gravitatorio frente a él, de manera que cualquiera que entrase se viese retenido- Si entra dentro del rango de mi gravedad lo notaré, sólo puede atacarme ahora por la espalda...
Cerró los ojos y esperó el momento adecuado. No podía fiarse de sus sentidos, así que aprovechó lo aprendido con J.J y sus experiencias en batallas. Sólo la intuición y su Sexto sentido serían capaces de decirle cuando atacaría Eliart. “Todavía no”, se decía. Al cabo de unos minutos se hizo evidente que el I-Men estaba esperando el momento oportuno, gastando las fuerzas de su rival. De repente hubo un estallido de energía justo a la espalda del científico, y este se giró para ver al otro envuelto en un aura roja.
-¡Leo!- Eliart lanzaba un puñetazo mientras que Gravitta se giraba a toda velocidad y cargaba toda la energía que podía en sus manos. “No puedo mantener los portales, si no quiero perder deberé renunciar a ellos...”, decidió. En una fracción de segundo centró todo su poder en generar una Nova que lanzó a bocajarro. Al mismo tiempo toda la fuerza del I-Men se centraba en su puño- ¡Rugido de Leo!- Dijo Eliart.
-¡Nova!- Respondió Gravitta.
Ambos ataques impactaron con fiereza en los pechos de cada uno, echándolos atrás. El I-Men salió lanzado y se golpeó con la pared, recibiendo un muy duro golpe de la esfera de gravedad. Al mismo tiempo el Rugido empujó a Gravitta, haciéndole quemaduras por todo el cuerpo. Ambos contadores de vidas bajaron a uno. Se recuperaron con relativa rapidez y se miraron. No pudieron evitar reírse.
-Vaya, esto me trae recuerdos... La última vez dejamos el combate justo aquí. Tu rugido destrozó mi chaqueta y mi Nova te hizo chocar contra la pared- Dijo el científico. Eliart sonreía.
-Sí, es una sensación extraña- Admitió. “Ahora es el momento de hablar con él, siento que ha usado todo lo que tenía, al igual que yo. No encontraré mejor momento”, decidió. De repente los portales por toda la sala comenzaron a vibrar de manera furiosa. Las grietas que marcaban sus límites aumentaron de tamaño y su energía se hizo inestable. Gravitta se concentró y redujo el poder de sus portales, aunque de todas maneras estos explotaron, destrozando el techo del edificio. La energía gravitatoria impregnó las rocas, y estas quedaron flotando por el cielo, formando una especie de cinturón de asteroides.
-Ah... la energía que me estaban quitando era demasiada, y empezaba a perder el control sobre ellos, no tenía otra opción- Afirmó Gravitta mientras se elevaba en el aire y se situaba sobre una de las rocas flotantes- Vamos ven, acabemos con esto aquí arriba.
-Como quieras- Eliart dio un salto aprovechando los remanentes de Leo y se subió a otra roca. Entonces fijó su mirada en el otro- Pero antes hablaremos, Gravitta.
-Qué quieres, tenemos que decidir cual de los caminos que seguimos es el mejor. El adecuado.
-Y lo haremos, el diálogo también es una batalla. Pero intelectual- Adujo el I-Men mientras sonreía. Gravitta también lo hizo- Ya has usado todas tus técnicas. Igual que yo. He absorbido todo tu odio, toda tu furia. Así no llegarás a ningún lado, entiéndelo por favor. Esa oscuridad y soledad a la que te abocas sólo te llevará a la autodestrucción. ¿Realmente no quieres a nadie a quien poder llamar amigo?
-Eliart...- Gravitta bajó la cabeza. Los recuerdos se agolpaban en su mente- No me dejarás en paz hasta que te de la razón, ¿verdad? No me conoces, no me puedes entender.
-Entonces déjame intentarlo. Tienes una oportunidad ahora de cambiar tu destino, y sé que no eres idiota. ¿La dejarás pasar por orgullo?- El líder de los I-Men había tocado uno de los puntos débiles de Gravitta, pues este aborrecía a la gente orgullosa. Entonces el pelirrojo tomó una decisión.
-Está bien. Parece que no te quedarás tranquilo de otra manera, te contaré mi historia. Y una vez sepas la oscuridad que me rodea, no podrás negar que mi camino es el adecuado- Entonces bajó la mirada hasta el Guerrero Celeste- Pero tu amigo deberá irse, no quiero que él escuche esto.
-Celestina, por favor- Dijo al instante Eliart. Luego le miró- Está todo bien aquí, puedes bajar con los demás, deben estar preocupados.
-Yo...- Entonces, sin saber muy bien por qué, se vio en la necesidad de decir algo- Gravitta, más te vale que pienses muy bien lo que vas a hacer. Eliart y otros como Shadow o Revelación han sido demasiado amables contigo. J.J y Death siguen abajo, vivos y esperándote. Espero que todo esto valga para algo... Ahora, me voy.
Girándose con resignación llamó al viento y se dispuso a volver a tierra. Cuando llegó al suelo los demás estaban expectantes, mirando al cielo. Los secuaces de Gravitta también estaban por ahí cerca, de manera que podían escucharles. El I-Men miró a sus amigos antes de hablar, vio que Revelación asentía, ya sabía que quería decirles.
-Han estado peleando, de una manera muy épica. Ahora están ambos con una vida, y han usado prácticamente todos sus trucos, o eso parece. Ahora...- Le costó esfuerzo decirlo- Ahora están hablando.
-¿Hablando?- Preguntó Gaia, que ya había despertado- ¿Cómo que hablando? ¿Es una broma? Eliart debería estar acabando con ese tipejo.
-¿A qué te refieres con que están hablando?- Preguntó Shadow, pensando en Kya.
-A que Eliart está tratando de convencer a Gravitta de que deponga las armas, por así decirlo.
Creo que... quiere hacerse amigo suyo- El Guerrero bajó la cabeza, lo cierto es que no estaba de acuerdo con la decisión de su amigo. Pero él no debía juzgarlo. Serían los demás quienes serían más mordaces al respecto.
-Tienes que estar de coña- Dijo el Capitán- ¿Después de todo eso? Por su causa hemos perdido a Demongirl. No podemos dejar sencillamente que se vaya tan tranquilo.
-Bueno, eso en realidad es parte del Juego- Intervino entonces J.J, que estaba sentado más allá- En realidad las peleas que tenemos que hacer no son por voluntad propia. Ninguno, ni nosotros ni vosotros querría pelear. Si estas cosas pasan, es por culpa del Juego. No de mi maestro, así que no manchéis su nombre.
-¿Y qué me dices de la ayuda que prestó en la ciudad?- Inquirió entonces Garra, pues sabía que el científico estuvo allí. Esta vez fue Death Master quien habló.
-El Guerrero mismo os puede confirmar que si peleó fue porque lo obligasteis. El sólo hizo una visita de cortesía al Gobernador, pues en el pasado se ayudaron. Cuando quiso irse de la ciudad le retuvisteis, a pesar de que él no quería pelear. Incluso dejó con vida al Guerrero, y pudo eliminarle.
-Eso... es verdad- Tuvo que reconocer. Entonces Gaia veía que los detractores de la idea estaban perdiendo terreno y tuvo que levantar la voz.
-¿Acaso os olvidáis de lo que me hizo? ¿Del rapto? ¿De las heridas que me causó? Tú lo viste Shadow, como rompió su palabra y me hirió- Entonces J.J entrecerró los ojos. El moreno no decía nada, pues se sentía dividido. Por un lado no olvidaba la promesa que le rompió, pero por otro era consciente de que tal vez el único capaz de llevar a la Tierra a Kya era el científico. Entonces J.J habló.
-¿Por qué mientes Gaia?- Todos los I-Men se quedaron sorprendidos. ¿Qué? La rubia se puso roja, y Kya bajó la cabeza- El único daño físico que recibiste fue la bofetada que te dio porque estabas siendo muy subversiva. ¿No les contaste que todo el daño que sufriste, fue a manos de Kya? ¿Y tú por qué no has dicho la verdad, gata? No toleraré que se mienta sobre mi maestro y se lo inculpe de unos actos que no son suyos.
-¿Es eso verdad, Gaia?- Preguntó un sorprendido Capitán. Gaia estaba roja, no decía nada. Kya también se veía visiblemente avergonzada. Shadow miró a su novia como si fuera la primera vez que la veía.
-¿Entonces Gravitta en realidad no rompió su promesa?
-Es verdad lo que dice, Shadow... en realidad yo se lo hice todo. Pero en ese tiempo estaba confundida, no entendía porque todos eran tan distintos a mí. Y ella me daba mucha envidia, tenía tanta gente que la quería... Lo siento- Los I-Men estaban impactados, pues darse cuenta de que en realidad nada era blanco o negro era difícil. Ahora todos dudaban en su fuero interno, como decía J.J, ¿era realmente malvado Gravitta, o sólo perseguía sus objetivos? Una cosa era cierta, de no ser por el Juego, jamás habrían tenido ningún motivo para pelear.
En el Séptimo piso, Gravitta se preparaba para hablar. Las rocas sobre las que flotaban giraban con lentitud en torno al eje de la destruida Torre. A Gravitta no le preocupaba demasiado la estructura, pues sabía que gracias a su magia se repondría sola. Eliart guardaba silencio, esperando. Al cabo de unos minutos el pelirrojo comenzó su relato.
-Todo comenzó cuando yo tenía seis años- Dijo- Yo y mi familia eramos la típica familia feliz. Una madre, un padre, un hijo y una hija. Mi hermana tenía tres años. En aquel momento mi padre tuvo un cambio de actitud muy radical, apenas tengo recuerdos de esos días, pero sí recuerdo con claridad ver a mi madre sufrir por algo que no entendía.
>>En su momento no lo sabía, pero ahora sé que lo que ocurrió es que mi padre despertó sus poderes, al igual que nosotros en su día, Eliart. A raíz de ello su personalidad cambió de manera drástica, ya no pensaba igual que antes. Gracias a su trabajo como científico nos mantenía a todos, pero empezó a perder la razón, o eso creo yo. Sus ideas y sus experimentos empezaban a ser peligrosos y extraños. Sin embargo era muy bueno en lo suyo, y por eso los superiores no estaban seguros de qué hacer al respecto. Pero todo cambió cuando cumplí diez años. Iba con mi madre y mi hermana en nuestro coche, cuando tuvimos un accidente.
Gravitta bajó la cabeza, aún pensaba en esa noche.
-Mi madre murió al instante. Mi hermana, no- Su voz se redujo a un hilo- Cuando desperté yo sólo tenía un moratón. Ella estaba atravesada por un hierro. La vi morir lentamente, pero al menos estaba a su lado. No puedes imaginarte como era Ella, Eliart. La niña más dulce y amable que hayas conocido jamás. Y era tan inteligente... Aquello me impactó tanto que quedé en estado catatónico durante años. Mi padre, por supuesto, perdió la razón del todo. Lo echaron del laboratorio y parecía que las cosas irían de mal en peor.
>>Pero hace trece años, cuando yo tenía doce, otra cosa cambió. Ciertas personas del Gobierno se enteraron de lo bueno que era mi padre como químico y biólogo, y necesitaban alguien capaz de tomar riesgos. Lo reclutaron para el proyecto de Súper Fuerza y Súper Velocidad Vasca.
-Eso es...
-Sí, lo que permitió que naciera el Capitán Vasco. Mi padre fue el principal ejecutor del proyecto junto a un par de colegas. Sabía que él era especial, así que puso unas exigencias desorbitadas. Pero inesperadamente se las concedieron. Logró convencer a un amigo suyo multimillonario para que pusieran un satélite en órbita para él... Para que pudiera llevar a cabo su mayor experimento hasta el momento. El Gobierno decidió ser complaciente y puso mucho de su parte en cuanto a mano de obra, instalaciones y muchas otras cosas. Sospecho que existe una red más profunda detrás de todo esto, pero no lo he averiguado aún.
>>Finalmente, hace diez años, el proyecto estuvo acabado. Se inyectó el suero a un joven bilbaíno y se convirtió en un héroe, o esa es la teoría. Yo, durante todo ese tiempo, había permanecido encerrado en mí mismo, no pude superar la imagen de mi hermana muerta. Y mi padre no hizo el menor esfuerzo por ayudarme. Sólo se fijó en mí cuando por fin acabó su proyecto y tuvo a su disposición el satélite. ¿Sabes qué hizo? Nos llevó al espacio. No es una broma, su plan consistía en ir a la órbita terrestre... y experimentar. ¿Sabes quién fue el sujeto de pruebas? Fui yo, su propio hijo.
>>Estuve allí nueve años. Debido a las experiencias nuevas y al hecho de estar tan lejos de casa, poco a poco desperté de mi letargo, y algo nuevo dentro de mi brillaba como un fuego. No estaba dispuesto simplemente a convertirme en un muñeco, decidí que quería vivir. Así que al principio hice todo lo que mi padre me pedía en pro de sus experimentos. Y no solo eso, también me enseñó Biología, Química, Física, Matemáticas. Se encargó de traspasarme todos los conocimientos que pudo. Yo era un adolescente terriblemente influenciable, y no entendía nada, sólo absorbía los conocimientos que podía y me preparaba para bajar de nuevo a la Tierra. Necesitaba un objetivo, algo a lo que aferrarme.
>>Allí, a los veintitrés años, descubrí finalmente mi poder de controlar la gravedad. Mi padre estaba que no cabía en si de goce. Pero entonces cometió su mayor error...
Gravitta miraba el suelo chapado de metal. Estaba de pie sobre él, como si hubiera gravedad. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando. Estaba controlando la gravedad a voluntad propia. Su padre soltó una exclamación por el altavoz.
-¡Sí! ¡Lo hemos logrado, Sigfri!- Dijo usando el nombre terrestre de Gravitta. El pelirrojo no entendía por qué estaba pasando todo aquello, pero se contagió de la felicidad que mostraba su padre. Nuca estaba feliz, así que debía de haber pasado algo realmente bueno.
-¿Esto era lo que queríamos? ¿Podemos volver ya a la Tierra, padre?
-No, no. Después de trece años preparando el terreno, por fin he logrado que despiertes poderes. No podemos simplemente dejarlo ahora, hijo.
Algo en la mente del joven hizo una rápida conexión. “Trece años, trece. Lleva todo ese tiempo preparando el terreno... ¿Qué?”, pensó a toda velocidad. Gracias al entrenamiento mental tan severo al que le habían sometido, el joven Gravitta había desarrollado mucho su capacidad mental, por eso asoció y dedujo en un instante.
-Hace trece años... fue cuando el accidente ocurrió, en el que mamá y...
-Sí, sí. No te preocupes por eso. No he querido decir nada.
-Ya...- Pero una terrible sospecha se alojó en el pecho de Gravitta. ¿Era si quiera posible que su padre fuera tan malvado?
Después de aquello pasó un año más, Gravitta aprovechaba cualquier momento para intentar sacar toda la información de la que disponía. Finalmente, un día, logró romper los códigos de seguridad del ordenador central del satélite. Desde allí pudo acceder a la red privada de su padre. ¿Qué era lo que se traía entre manos? Y lo encontró. Se horrorizó cuando lo vio. En una carpeta llamada “Proyecto S”, numerosos archivos en forma de diario se almacenaban. Gravitta no disponía de mucho tiempo, de manera que leyó lo más rápido que pudo.
Diario, tengo poderes. Soy Guillermo Castellano y he despertado poderes. Esto es inaudito”, eso decía la primera entrada. Durante tres años de diario no había realmente nada sustancial, hasta el momento en el que el diario llegaba al accidente de su familia. Gravitta abrió los ojos como platos al leerlo; “Ha llegado el momento. Tengo motivos para sospechar que mi hijo tiene el potencial de despertar poderes. Sin embargo para ello he de realizar el experimento más difícil de todos. He de crear las condiciones adecuadas, es necesario situarlo en una brecha emocional y mental. Si la supera sus posibilidades son ilimitadas”, decía.
Eliart se estremeció.
-No querrás decir que...
-Sí. Eso es justo lo que digo...- Murmuraba Gravitta- Mi padre las mato, a las dos. Era todo parte de un plan loco para despertar mi potencial. ¿Y para qué? La furia que sentí en ese momento es inenarrable. Pero ahí no acabó la cosa.
Gravitta no podía dejar de leer. Las siguiente entradas mostraban desolación, Guillermo creía que su proyecto había fracasado. “No ha funcionado, mi Hijo sólo se ha convertido en una carcasa vacía de lo que era antes. Ya casi no habla, no come. No hace nada. Se ha convertido en un despojo inútil”, decían las entradas. Más adelante narraba el encuentro con un tal “Northern Sage”. Aparentemente fue él quien le ofreció la posibilidad de trabajar en el proyecto vasco. Y también le facilitó contactos, entre ellos los datos del Señor Constanzo, alguien con mucho dinero que podría ayudar a costear la nómina del afamado científico. Al parecer el tal Sage también tenía poderes, y advirtió a Guillermo sobre algo llamado el Juego. Aparentemente quedaban un par de años para que se llevara a cabo un reclutamiento de gente con poderes.
Fue entonces cuando decidió crear su plan del satélite, utilizando promesas y diferentes cebos se ganó la confianza de Constanzo. También utilizó sus influencias y métodos algo sucios para lograr sus objetivos. Debía ponerse a salvo de ese terrible Juego del que le habían hablado. Fue entonces cuando cayó en la cuenta de que si llevaba a su Hijo podría tratar de seguir sometiéndolo a estímulos, tal vez así llegara el momento.
El Gravitta de veinticuatro años de entonces estalló en furia. ¿Esa era su vida? ¿Su vida se resumía a eso? El mayor de los traumas de su vida era producto de un padre loco. Había pasado cinco años mirando las paredes, muerto, y luego había sido llevado a una estación espacial. Había pasado nueve años entrenando allí arriba con alguna esperanza de bajar y vivir una vida. Y ahora descubría que nada tenía sentido, que en realidad era todo obra de un loco. Un loco que lo había reducido a un experimento humano. Guillermo llegó en ese momento a la habitación y vio que su hijo estaba leyendo los documentos. La mirada de odio que el pelirrojo dirigió entonces a su padre no tenía parangón.
-Y peleamos. A miles de kilómetros sobre la Tierra- Explicó Gravitta- Mis poderes eran muy recientes, no los manejaba bien. Me derrotó muy fácilmente, pero no me mató, sólo me dejó inconsciente. Huyó a la Tierra en la única lanzadera que tenía la estación. Cuando desperté el satélite había sido saboteado por él, me intentó matar a mí también.
-¿Y cómo saliste de ahí?
-¡Ja! Me había enseñado demasiado. El odio tan puro que sentí en ese momento me ayudó a encontrar una respuesta, gracias a mis conocimientos y a mis poderes logré abrir durante una fracción de segundo un portal que me trajo a la Tierra antes de que el satélite cayera.
-Entonces, aquella noticia de hace casi un año en la que un Satélite viejo cayó...
-Sí, era ese. Había vuelto a la Tierra después de todo. Sin embargo... Yo no entendía nada. Con diez años me aislé, y con quince fue llevado a un ambiente totalmente muerto. Pase otros nueve allí arriba, lejos de cualquier persona. No sabía vivir, Eliart, era un total inepto para las relaciones humanas. Por eso no entiendo qué quieres decir con tus cuentos de la amistad. Sólo son distracciones. Lo único que me mueve es la Ira y el Odio que siento hacía el ser que es mi padre. Me ha convertido en un monstruo, y por eso he de matarlo. No puedes evitarlo Eliart, es mi destino. En parte por eso vine aquí, sabía que era posible que hubiera sido traído al Juego. Creo que era de los pocos que sabía donde se metía cuando fue al faro.
-Ya veo...- Eliart cerró los ojos un instante. Ahora sabía que no podía simplemente ganar a Gravitta y hacerle entrar en razón. Tenía que llegar a él, a cualquier precio- Lo que has pasado no es justo, Gravitta. Y estoy de acuerdo en una cosa, tu padre merece un castigo. Jugó con tu vida y con las de tu familia. Pero no puedes hacerlo sólo, no puedes hacerlo a través del odio. Te consumirás y te destruirás. Y eso no tiene ningún sentido. Dame una oportunidad, te haré ver el lado bueno de la humanidad, te enseñaré lo que vale una amistad. Sólo debes confiar en mí, aún no es tarde.
-Yo...- Gravitta estaba muy confuso en su interior. Todo lo que había aprendido nada más llegar a la Tierra fue una cosa. No confiar en nadie. Ni si quiera en tu padre, especialmente en tu padre. ¿Podía seguir él ese camino del que le hablaba Eliart? ¿Podía? ¿Debía rechazar los sentimientos que le habían empujado tan lejos? No- No puedo desprenderme de este odio, no conozco la amistad. No.
-Yo también pasé por momentos muy duros- Comenzó a decir Eliart mientras un aura dorada se dibujaba a su alrededor- No como los tuyos, claro. Pero yo también sé lo que es la soledad, sé lo que es sufrir el rechazo. Pero, ¿sabes quién me salvo? Mis amigos, ellos me han convertido en lo que soy ahora, gracias a ellos he renacido como una nueva persona, alegre. Ahora no me dejo vencer por el lado negativo del mundo . Y pienso salvarte de ti mismo, porque tu mirada me dice lo que tú no te atreves a hacer. A aceptar mi mano. Estoy decidido- Un aura dorada se amplificó en torno al I-Men mientras su resolución aumentaba. En su frente se dibujaba un círculo y dentro de este había una cabra con cola de pez. Eliart supo por instinto lo que debía hacer- Adelante, ¡Capricornio!
El cielo se oscureció durante una fracción de segundo. De repente en lo alto brilló una estrella y esta comenzó a caer. Gravitta y Eliart miraron como la estrella se precipitaba. Cuando estuvo más cerca observaron que se trataba de un objeto. Este finalmente aterrizó frente a los pies del I-Men. Una espada dorada se había clavado en la roca. La espada refulgía con el mismo aura que envolvía a Eliart, de manera que decidió acercarse y cogerla. La arrancó de la roca y al instante sintió como la fuerza le envolvía. La espada constaba de una empuñadura que permitía cogerla con una o dos manos, según la situación. A continuación tenía una guardia estilizada con un ópalo naranja incrustado. Por último tenía una hoja ancha de cerca de un metro de largo con un “I” inscrito.
Al cogerla brillaron a cada lado de la hoja seis círculos de manera tenue. Eliart miró a Gravitta.
-Esta es mi determinación a hacerte ver la luz, Gravitta. No puedes seguir luchando, si lo haces acabarás muriendo. Dame esa oportunidad. Recuerda a Libra, ¿viste la esfera blanca? Tienes luz dentro de ti.
-No puedo perder, jamás- Gravitta miraba concentrado a la espada de Eliart. Esta no se parecía en nada al resto de armas que alguien invocaba con sus poderes, la espada que había llamado era algo milenario, no al alcance de cualquiera. “Necesito algo para combatirla, debo exprimir mi poder, no puedo perder...”, pensaba Gravitta, quien sintió una fuerza que le llamaba desde dentro de su corazón. Sus instintos le hicieron crear un Sol oscuro que rápidamente se convirtió en un agujero de gusano. Este colapsó y se tragó a sí mismo, creando una brecha en el espacio-tiempo. De repente el tejido del universo se había roto y en el aire se veía una grieta al lado del científico, como si fuera un cristal roto. Gravitta introdujo la mano dentro de la grieta y extrajo una espada igual a la de Eliart, pero de color morado.
La empuñadura y la hoja eran algo más largas y estilizadas, pero no era una espada tan robusta como la dorada. La guardia era algo más corta, y tenía incrustada una amatista morada. En la hoja había inscrito un “II”. La espada del Universo y la espada de las Estrellas resonaron al encontrarse tan cerca la una de la otra, y a sus dueños no les pasó desapercibido.
-Parece que antes de tomar una decisión, primero deberíamos chocar espadas- Dijo Gravitta mientras reía. Eliart bajó la barbilla.
-Como quieras, pero si te gano, aceptarás mi propuesta.
-Está bien. Aceptó que tu poder de la amistad es fuerte, pero antes necesito saber si mi poder es lo suficientemente fuerte.
Ahora lo sé. No lo quiere admitir, pero quiere coger mi mano. Debo ganarle, y entonces... Entonces podré enseñarle lo que le arrebataron”, meditaba Eliart. De repente pasó algo extraño. Su espada quería decirle algo. ¿Su espada? Miró la empuñadura y sintió como si fuera llevado a otro lugar. Cerró los ojos ante la sensación de vértigo que lo envolvió. Cuando abrió los ojos ya no se encontraba en la cima de la torre.
A su alrededor había un cielo oscuro y estrellado, como un domo gigantesco. A sus pies también, sentía como si estuviera apoyado en un cristal. Entonces a su alrededor comenzaron a iluminarse tronos dorados, bastantes de ellos. Algunos, en cambio, permanecieron en la oscuridad. Frente a él un hombre majestuoso se levantó de su trono y se acercó a Eliart. El hombre medía cerca de un metro ochenta y vestía una armadura medieval muy ornamentada. Su casco representaba a una cabra. La espada que llevaba enfundada era igual a la que el propio I-Men llevaba. De alguna manera, Eliart supo que no tenía nada que temer.
-Tú... Eres Capricornio, ¿verdad?- Preguntó el chico. El hombre se quitó el casco y dejó ver un rostro maduro y con barba. Sus ojos eran como el hierro, pero cálidos al mismo tiempo.
-Así es, joven Eliart. Estaba deseando que despertaras mi poder por fin- Contestó el hombre con una voz cálida- Bienvenido a la dimensión de las constelaciones, al Domo de las Estrellas. Desde aquí hemos seguido tus pasos, yo y los demás. Pero no podías entrar hasta hallar la fuerza para sostener la espada de las Estrellas. Ahora que estás aquí y antes de que pelees con Gravitta, los demás y yo queremos decirte algo.
Eliart se giró y pudo ver a los demás en sus tronos. Reconoció al instante a Tauro, un hombre bajo y fornido pero con una sonrisa muy campechana. Más allá vio a una joven doncella de cabello rubio que parecía muy tímida, debía de ser Virgo. Todos los demás estaban allí, incluso Escorpio, aunque su trono permanecía en las sombras. Pudo ver el rostro en penumbra del poder que, de alguna manera, se había saltado. A su vez había varios tronos más que permanecían en la oscuridad, el resto de signos que faltaban por despertar.

Por último vio a Aries, un joven de pelo castaño que se parecía mucho a él. Era, sin ninguna duda, el primer Eliart del que su maestro le había hablado.

lunes, 2 de mayo de 2016

Capítulo 52 - 'El Séptimo piso'

Eliart sintió una terrible sacudida bajo sus pies. Durante todo el rato había esperado frente a la puerta tras la que se escondía Gravitta. Al subir vio a todos los destructores en sus respectivas salas, pero no les prestó mucha atención, su mente estaba enfocada en un sólo objetivo. Llegar hasta su más fiero rival. En el séptimo piso encontró un pequeño vestíbulo donde había algunas sillas dispuestas. Pero no se sentó. Se plantó frente a la doble puerta que había al fondo, que era de sólida piedra negra, al igual que el resto de la torre.
El líder de los I-Men había decidido confiar en sus compañeros, sabía que podrían contra cualquier cosa que les esperase abajo. A pesar de todo no dejaba de preguntarse si había hecho bien. Tal vez se precipitó, pero ya no había marcha atrás. En el momento en el que subió su decisión se vio impulsada por una necesidad de permanecer solo, de aislarse. Los eventos recientes habían hecho tambalear su resolución, de manera que necesitaba concentrarse y meditar. No podía permitirse dudar ni un instante de sus objetivos.
-I-Men, estoy con vosotros- Murmuró mientras miraba la puerta y el reloj continuaba con su cuenta atrás. Quedaban menos de quince minutos.


El Guerrero Celeste estaba algo confuso. Cuando la barrera de Revelación los envolvió sintió como si el mundo cayera sobre él. Los tres se mantuvieron juntos mientras el místico usaba todas sus fuerzas para protegerlos. Al cabo de unos instantes todo el temblor se detuvo y estaban rodeados por una espesa capa de polvo grisáceo.
-¿Qué ha pasado?- Preguntó mientras los otros dos se miraban entre ellos. En medio de la polvareda apareció un gigante de color plateado y Revelación lo entendió al instante.
-Oh, ha sido el Vikingo de Acero, que al parecer tiene una habilidad que le permite convertirse en un gigante. Eso ha destruido la torre- Explicó a sus compañeros. Shadow caía sobre una rodilla, estaba visiblemente cansado. El Guerrero se agachó para ayudarle, pero el moreno negó la ayuda.
-Estoy bien, sólo necesito un momento...- Dijo con voz apagada. De entre los escombros salió entonces J.J, que aparentemente no había sufrido ninguna herida. Celestina no pudo evitar ponerse en guardia, pero todos sabían que ya no tenía intenciones de pelear. En su lugar apenas les miró por encima del hombro.
-¿Estará bien dejarlo así?- Preguntó el Guerrero. Revelación asintió.
-Creo que sí. Ahora lo importante es que el Capitán derrote al Vikingo de una vez por todas, los relojes siguen funcionando lo que implica que el juego sigue en marcha- Expuso con inteligencia el místico. Los otros dos asintieron y se alejaron de ahí para buscar a los demás.
J.J entre tanto rebuscaba entre los escombros. No tardó en encontrar su traje y ponérselo. “Ha faltado poco, estaba empezando a perder el control sobre mi energía. Al menos el traje no ha resultado dañado. Por las conversaciones que he oído de esos tres parece que Death sigue vivo por algún lado, debería buscarlo”. Utilizando su habilidad de leer presencias en seguida ubicó a su compañero, que estaba bajo un cascote, pero todavía vivo. Fue hasta él y le ayudó a salir. Tras el derrumbe había perdido un poco de vida, pero al contar con una entera pudo sobrevivir sin problemas. J.J se cruzó de brazos tras haberle rescatado.
-¿Es verdad lo que habló Revelación? ¿Te rendiste?- Preguntó. Death miró con cuidado a J.J, no sabía exactamente qué es lo que pretendía, así que decidió ser sincero.
-Sí, bueno. El melenudo me derrotó, logró inmovilizarme y pudo haberme matado. Pero no lo hizo. La llave era suya igualmente, simplemente llegamos a un acuerdo. Me dejó marchar, y yo me rendí. Y también comentó algo sobre Gravitta... y no entendí muy bien esa parte, pero parece que trama algo- Explicó algo entrecortado. J.J no mostró ninguna emoción, se quedó pensativo.
-Shadow, Revelación... y ese Eliart. En nuestra anterior pelea Eliart y mi Maestro recibieron una muy fuerte impresión del otro. Sospecho que el líder de los I-Men pretende cambiar a mi Maestro- El joven se río- Supongo que no puedo evitar sentir curiosidad.
-No sé muy bien la historia que tenéis con estos tipos, pero después de la dura batalla que ha habido, ¿ves posible que suceda algo así?- Death estaba confuso, pero también sentía esa curiosidad de la que hablaba J.J.
-Quien sabe, Gravitta ya no es el mismo. Creo que lo averiguaremos todos a la vez- J.J se sentó sobre una roca mientras pensaba- Cualquier cosa puede pasar Death, cualquiera.


Waver, Garra, Erzzhia y Kya, junto con una inconsciente Gaia, veían el combate del Capitán. El inmenso aura que rodeaba al vasco parecía de otro mundo. El gigante lanzaba puñetazo tras puñetazo, pero el I-Men los contestaba con sus propios puños, haciendo retroceder poco a poco a su enemigo. Los chicos llegaron entonces hasta ellas.
-¡Kya!- Exclamó Shadow mientras abrazaba a su querida. La chica-gata se dejó envolver por el chico. Revelación se acercó a Erzzhia y con una mirada entendieron que estaban todos al día con la información.
-Por fin, ya empezaba a pensar que no saldríais de ahí vivos- Dijo Garra con un suspiro. El Guerrero logró esbozar una sonrisa mientras miraba al Capitán.
-Sí, a pesar de todo hemos logrado derrotar a casi todos los destructores, con las mínimas bajas posibles- Todos pensaban en Demongirl, pero nadie quiso mencionarlo en voz alta. Las miradas de todos se centraban en el Capitán y le daban ánimos. J.J y Death Master también observaban la pelea desde lo alto de una roca. Las chicas notaron su presencia y Revelación les explicó por encima lo que había ocurrido.
El Capitán entonces meditaba sobre la manera más adecuada de derrotar a su rival. El impulso de la sentencia vasca no era ilimitado, cada vez que usaba esos poderosos golpes el aura se iba gastando poco a poco. “Me queda un poco más de la mitad con la que empecé, si quiero acabar con esto tiene que ser ya. Sólo tengo que alejar un poco más al gigante de los otros”, pensaba el vasco mientras seguía haciendo retroceder al Vikingo.
-Maldiiito seaaas...- Decía el Vikingo, ofuscado por la repentina fuerza del I-Men. Se concentró y logró aumentar la velocidad de sus puños, pero el vasco era muy rápido para él, de manera que tuvo que comenzar a seguirlo. Debido a su tamaño sólo tuvo que dar un par de pasos, pero para el Capitán fue suficiente.
-¡Muy bien!- Exclamó para que pudiera oírle- ¡No has parado de llamarme insecto, pero te demostraré ahora mismo quien es el que manda!
El I-Men hizo un esfuerzo por concentrar el máximo de aura, a pesar de todo el tamaño seguía siendo considerable. Esperó el momento adecuado, pues sabía que su enemigo querría atacarle cuanto antes. Y así fue, el puñetazo del Vikingo de Acero no se hizo esperar. “Tengo que aguantar hasta el momento adecuado”, pensaba mientras se quedaba quieto y en postura de combate. Justo cuando iba a darle lo esquivó y salió lanzado contra el pie en el cual el Vikingo estaba depositando en ese momento más peso. El impacto sonó como una gran campanada, pero el efecto fue el deseado. El destructor perdió por completo el equilibro y cayó de bruces contra el suelo, haciéndose mucho daño debido a su gran tamaño y peso.
-Esto no acaba aquí...- Susurró el Capitán al tiempo que saltaba en el aire varios metros. Había gastado cerca de la mitad de su aura actual para lograr tirar al gigante. Ahora estaba poniendo en su puño todas las fuerzas que le quedaban. Aplicando la técnica enseñada por Dayana comenzó a gritar- ¡Lanza vasca! ¡Ahhhhhh!
El Vikingo trató de girarse, pero el Capitán cayó como un rayo fulminante contra la espalda de este, justo donde se encontraba el corazón. La concentración de energía, sumado al hecho de que usaba a su favor la caída, hicieron posible que atravesara limpiamente a su enemigo. El golpe fue tan brutal que hizo temblar el suelo, e incluso los I-Men sintieron en su cuerpo la sacudida del ataque. La última vida del Vikingo de Acero desapareció, y con ella su transformación. Ahora sólo quedaba en el suelo la figura del hombre moribundo.
-Vaya... me derrotaste... esto es... inaudito- Logró decir mientras su vida se iba apagando. El Capitán se giró parar mirarle, pero no encontró goce en su victoria. La voz del Juego acudió cuando el cuerpo desapareció en el aire. Jugador: Vikingo de Acero. Poder: Fuerza extrema y cubrir su piel de un poderoso metal. Estado: Eliminado. Dónde había yacido apareció un destello plateado, era la llave.
-Lo logré, gané la cuarta llave...- Dijo el Capitán al tiempo que la recogía y la admiraba. “Esto va por ti Demongirl, lograremos seguir adelante, cueste lo que cueste”, pensó. Las lágrimas acudieron a sus ojos y las dejó fluir durante unos instantes. Sintió como sus amigos se acercaban y se limpió. Ahora que ya había acabado con el destructor sólo restaba Gravitta. Miró su reloj, quedaban apenas tres minutos para la cuenta atrás.
-¡Capitán, has ganado!- Exclamó Shadow sonriéndole mientras llevaba en brazos a Gaia. El Vasco esbozó una sonrisa mientras llegaban hasta él. Waver le abrazó y Revelación le palmeó la espalda.
-Bien hecho, camarada.
-Muy bien sí, sí, luego lo celebraremos. Esto aún no ha acabado, tenemos que darle las llaves a Eliart antes de que el tiempo se acabe, ¡rápido!- Intervino el Guerrero Celeste, que todavía no se había relajado. Entonces extrajo de su bolsillo las llaves Uno y Tres- Aquí están las llaves que ganamos Demongirl y yo. Revelación, Capitán, dadme las vuestras. Soy el único que puede llevárselas a Eliart.
-Aquí tienes, Celestina- Dijo el Capitán mientras le entregaba la Cuarta llave. El místico extrajo de su bolsillo la Quinta llave y también se la dio.
-Ahora está en tus manos, ¡ve!- Finalizó Revelación. El Guerrero asintió y tomo algo de distancia. El Séptimo piso flotaba bastante alto, pero creía que podría conseguirlo.
El viento se agitó y el I-Men comenzó a leerlo con sutileza, gracias a toda la experiencia acumulada no le costó encontrar el camino más adecuado. Dio un gran salto y se impulsó con sus propias corrientes ayudado de las que ya existían. Al cabo de unos instantes ya estaba volando directo al último piso de la torre. Los demás observaban con la boca abierta como se abría paso a través del cielo. El viento agitó el pelo del Guerrero, que como una flecha ascendía y ascendía.
Eliart miraba la puerta y luego el reloj. Dos minutos. El tiempo se acababa y la última sacudida que había sentido le había traído la sensación del Capitán. ¿Iría todo bien? Cerró los ojos, confiaba en sus amigos. Entonces, de las escaleras que venían del Sexto piso, sintió una corriente de aire y se giró.
-¿Celestina?- Preguntó. El sonido de alguien corriendo se escuchaba con eco. De repente, de las escaleras, apareció la figura de su amigo.
-¡Que no me llames así!- Exclamaba al tiempo que llegaba hasta su amigo y sonreían. Eliart le estudió con la mirada. Estaba algo herido y cansado, pero vivo.
-Vaya, he de admitir que estaba algo preocupado- Dijo el líder mientras devolvía la sonrisa. La cara del Guerrero reflejó tensión, pero extendió la mano y enseñó las cuatro llaves. Eliart entendió al instante lo que significaba.
-¿Cuatro llaves? Quieres decir que dos de nosotros...- Comenzó a decir el manchego. Celestina le interrumpió.
-No, no. Sólo Demongirl. No pudo evitar intervenir en la pelea de Gaia... la salvó y derrotó a Psikosis... Pero perdió el control sobre su poder. Fue inevitable- Admitió el Guerrero mientras bajaba la vista. Eliart no se desanimó, por fin había asimilado la naturaleza del Juego y, aunque sentía lástima por la pérdida, no podía dejar que esos sentimientos le cegaran, de manera que se sobrepuso.
-Está bien. Ahora al menos estará con Llama Helada- El Guerrero asintió, admirando la fortaleza que demostraba su amigo. El reloj pitó, quedaba sólo un minuto para que la cuenta atrás acabara.
-Toma la llaves, será mejor que entres cuanto antes y derrotes a Gravitta- Eliart tomó las llaves y se dispuso a meterlas en sus huecos, pero entonces se detuvo.
-Guerrero, tengo que contarte algo antes de que todo comience- El chico no entendía qué sería tan importante en ese momento, pero decidió escuchar lo que su amigo tenía que decir- Pelearé contra Gravitta pero... voy a intentar salvarle de su oscuridad. Estoy seguro de que si no fuera por el juego las cosas no serían así. Tengo que averiguar por qué actúa como lo hace. Espero que lo entiendas, simplemente no puedo abandonarlo, es algo muy personal para mí.
-Eliart...- El Guerrero estaba confuso. Sospechaba algo así, pero oírlo directamente de su amigo no fue fácil. Conocía muy bien al otro, incluso en su momento intento hablar con Shocker, y con Árkanon demostró que el diálogo podía salvar situaciones desesperadas. Pero, suponiendo que lograra convencer a su gran rival... ¿Lo aceptarían los I-Men?- Entiendo que es parte de ti, que no puedes dejarlo estar. Haz lo que creas necesario, pero no te pases de bueno. Ya hablaremos de ello tras la batalla, ahora entra antes de que eso estalle.
-No te preocupes. No lo hará- Los segundos pasaban, y Eliart todavía no abría la puerta. En su lugar mantenía una sonrisa en la cara. Diez segundos. Cinco. Cuatro. Tres. Dos. Uno. El reloj emitió un fuerte pitido y, de repente, se desprendió de la mano del Guerrero y de Eliart. Cayeron inertes al suelo. Sin explosiones- ¿Ves? Te lo dije. Gravitta también quiere tener una batalla justa, estaba convencido de que no querría herirme de manera tan poco honorable.
-Entonces, ¿por qué todo este juego?
-Supongo que quería probar la fuerza de los que me acompañan. Gravitta sólo ha estado poniendo a prueba una y otra vez nuestros lazos. Nuestra amistad. Es algo que no entiende del todo, pero ahora lograré hacerle ver la luz. Ahora, ha llegado el momento. Deséame suerte.
El Guerrero estaba impresionado. Eliart había visto perfectamente a través de las intenciones de Gravitta, lo cual demostrada que las intuiciones del líder no eran erradas. Quizá, después de todo, no era una esperanza tan vana la que tenía. Las llaves giraron en sus cerraduras y la puerta se abrió con un crujido. La Sala era grande y circular. La piedra negra se elevaba varios metros, dejando el techo a unos diez metros del suelo. Aquella estancia parecía más una nave industrial que una sala propiamente dicha. Al fondo estaba Gravitta, sentado en una sencilla silla de madera. Frente a él había un par de monitores.
-Así que con eso nos veías y lograbas hablarnos, ¿eh?- Preguntó Eliart, quien sintió un cosquilleo en el estómago al encontrarse al fin cara a cara con su gran rival.
-Así es, me lo proporcionó la Torre. Ya os expliqué la poderosa magia que posee- Contestó el pelirrojo al tiempo que se ponía de pie. Era más alto que Eliart, pero no estaba tan musculado como este- Vaya, yo quería poner algo de tensión con el juego de los relojes, pero parece que viste todo el truco desde el principio.
-En realidad era una apuesta, y la gané- Explicó Eliart mientras calentaba- Ya lo has visto, las peleas. Hemos ganado, creo que te demuestro de nuevo lo poderosos que son nuestros vínculos. La amistad es una gran fuerza, ¿no?
-Sabía que dirías eso...- Refunfuñó Gravitta al tiempo que se estiraba- y yo te digo que no habéis podido con J.J, ni siquiera cuando Shadow, Revelación y el Guerrero estaban juntos. Pero no tiene sentido hablar de más. Tenemos una pelea que zanjar.
-Estoy de acuerdo, te demostraré que soy mucho más fuerte. Y te haré entender el valor de la amistad, Gravitta.
-Y yo te haré entender el poder del odio, Eliart.
Eliart llamó a Aries y una poderosa aura naranja como nunca antes vista le envolvió, desatando un torrente de energía. Gravitta tuvo que admitir que era impresionante, pero entonces desató su poder y una sutil aura morada le rodeó. No era ni de lejos tan fuerte como la de su rival, pero tendría que bastar. El I-Men decidió tantearle y salió lanzado hacía delante, embistiendo. Gravitta respondió levantando un brazo y al instante el área frente a él aumentó drásticamente su gravedad. Eliart esperaba ese ataque, así que en el último instante saltó a un lado para esquivarlo. Usó su gran velocidad para rodear el campo de gravedad y llegar hasta el científico.
En un instante llegó hasta Gravitta y levantó el brazo para asestar un directo. El líder de los destructores supo que era demasiado tarde para tratar de esquivarlo, así que respondió a su vez con su puño derecho, impulsando su velocidad varias veces con la aceleración gravitatoria. La energía de Gravitta se había hecho mucho más poderosa desde la última vez, había aprendido a concentrar más sus fuerzas y a aplicar los campos más rápido. Ambos golpes chocaron el uno contra el otro y la onda expansiva los hizo retroceder a ambos varios pasos.
Durante unos segundos se miraron, como viendo por primera vez al otro. Entonces Gravitta se elevó en el aire. “Es mucho más rápido que antes y mucho más fuerte, será mejor que me ponga serio desde el principio. Tengo unos segundos antes de que venga...”, pensó el científico mientras cargaba energía.
-¿Te piensas que puedes huir de mí tan tranquilamente? ¡Sagitario!- El aura blanca estalló a su alrededor y las alas blancas aparecieron en su espalda. Al usar un signo normalmente el anterior desaparecía, pero con Sagitario era ligeramente diferente. Efectivamente Aries se iría, pero disponía de unos instantes en los que podía usar combinados ambos signos. El líder de los I-Men agitó las alas y alzó el vuelo, impulsado también por la fuerza de Aries.
Gravitta se sorprendió sobremanera, pero logró esquivar el envite de su rival. A continuación se giró para ver como Eliart giraba en el aire, preparando un nuevo ataque.
-Con que esas tenemos, entonces recurriré directamente a los soles- El pelirrojo desplegó el poder que había acumulado y los Soles oscuros que ya usó una vez se desplegaron por toda la habitación, formando un círculo en el cual la gravedad aumentaba varias veces. Eliart no esperaba que usara esa poderosa carta tan temprano, pues era evidente que era un gran despliegue de poder por parte del destructor. Ambos cayeron del aire, pues la gravedad aumentada no permitía volar dentro de sus límites. Además la gran fuerza evitaba que Eliart pudiera moverse si no usaba a Leo.
-Parece que ya vas en serio, ¿eh? La única manera de salir de aquí, es con ¡Leo!- Ahora fue el aura roja la que brilló con fuerza. Usando todas sus fuerzas para derrotar la poderosa atracción de la gravedad, el I-Men logró imponerse y salir lanzado contra su rival. Pero Gravitta había aprovechado muy bien el tiempo. Durante los escasos instantes que le había dejado su enemigo había cargado energía.
-Prueba esta nueva técnica, ¡Nova!- La esfera de energía que lanzó parecía muy similar a la que usó en su anterior encuentro, pero algo en su energía alarmó a Eliart. “Si eso me golpea será muy malo”, pensó. No quería tener que recurrir a Tauro, pues usar demasiados signos seguidos le cansaría muy rápido, tenía que intentar esquivarlo. Gravitta leyó sus intenciones y aumentó la presión de los Soles oscuros. Eliart sintió como se quedaba anclado al suelo, pero llamó a su fuerza interior y logró esquivar por los pelos la Nova. El ataque impactó contra el suelo un par de metros más allá del manchego, pero sintió su poder. Primero explotaba aumentando mucho su tamaño, pero luego se retraía en lo que parecía ser una especie de agujero negro, causando la desaparición de todo lo que estaba en su rango.
Tras la explosión se quedaron un instante quietos, jadeando por el esfuerzo. Entonces Gravitta sonrió.
-Lo has logrado esquivar, me sigues sorprendiendo, Eliart.
-Y tú a mi, jamás imaginé que podrías aumentar aún más de poder.
-No has visto nada, ¡vamos!
Eliart estaba disfrutando, a pesar de todo el dolor por el que se había visto obligado a pasar, no había nadie que pudiera hacer sacar su lado más animal. Dejó que el león se apoderara de él y corrió hacía Gravitta, quien se preparó aumentando la fuerza de sus golpes con la aceleración gravitatoria. Comenzó entonces un furioso intercambio de golpes, de no haber sido por el área de Soles oscuros la velocidad de Leo hubiera sido imposible de paliar para el científico. El Guerrero se asomó por la puerta y vio la pelea que estaba teniendo lugar. No pudo dejar de impresionarse. Sabía que tanto Eliart como Gravitta habían mejorado sus habilidades, pero esto escapaba totalmente de sus cálculos. ¿Hasta que punto podían ser de fuertes?
Eliart sentía que estaba forzando su velocidad a cada instante, la terrible presión que ejercían los Soles era demasiado, pero tenía su lado bueno, y es que Gravitta estaba comenzando a acusar el cansancio de usar esa técnica. “Debo esperar el momento adecuado y lanzar un ataque de géminis, con eso podré conseguir ventaja”, meditaba. Tras unos minutos en los que los golpes volaban, Eliart sintió una ligera disminución de la fuerza del campo. “¡Ahora!”, se dijo a sí mismo. El aura azul eléctrico estalló a su alrededor y los dos Eliart aparecieron al instante. Juntos saltaron sobre el sorprendido científico.
-Maldita sea- Elevó ambas manos aplicando campos gravitatorios frente a él para tratar de frenar a sus enemigos, pero a pesar de que logró atrapar a uno, el otro esquivó el ataque y cayó sobre Gravitta en una lluvia de puños y patadas.
Los golpes iban cargados con la fuerza géminis, de manera que el estallido de energía fue increíble. Gravitta trató de parar algunos golpes, pero fue inevitable que recibiera unos cuantos. Salió lanzado varios metros y cayó al suelo. Casi al instante la fuerza de los Soles disminuyó bastante.
-Vamos, sé que eso no ha acabado contigo, ¡levanta!- El pelirrojo se incorporó, a pesar del poderoso golpe no había perdido ninguna vida- ¿No le he hecho daño? ¿Cómo es posible?
-No seas necio, Eliart. Claro que me has hecho daño. Lo que pasa es que me guardo algunas sorpresas más- El destructor se liberó entonces de su gabardina oscura y mostró como tenía el torso y los brazos cubiertos por unas cadenas que irradiaban una energía morada- Estas cadenas han actuado como una cota de malla, más o menos. Supongo que puedo enseñarte qué más puedo hacer con ellas.
Gravitta desenroscó las cadenas que estaban en sus brazos y agitó cada una como si fuera un látigo. Una en la mano izquierda y otra en la derecha. Eliart sonrió y reanudó el ataque. El científico no incrementó de nuevo la presión de los Soles, pues sabía que sería en vano, en su lugar agitó los las cadenas y creo un área de protección. Uno de los Eliart trató de entrar y recibió un golpe, pero no fue un golpe ordinario, la cadena concentraba mucha mas masa de la que aparentaba y el daño era muy fuerte.
-Mierda, parece que tendré que tener cuidado con esas cadenas... No imaginé que serían tan duras.
El I-Men observó el patrón que su enemigo hacía para protegerse y encontró una manera sencilla de atravesarlo. “Aunque me cansaré, pero es inevitable”. Entonces con uno de los cuerpos invocó a Tauro y, con el otro, a Leo. Ambas auras sumaron sus fuerzas a las de Géminis y salieron lanzados hacía el área de protección de su enemigo. Primero fue el envuelto en Tauro, que recibió el impacto de ambas cadenas. A pesar de su increíble resistencia se resintió, pues eran muy poderosas, pero lo importante es que había logrado detener durante un instante la defensa de su enemigo. Gravitta se dio cuenta y trató de poner algo de espacio, pero el Eliart con Leo ya caía sobre él, dándole un gran derechazo.
-¡Rugido de Leo!- Exclamaba mientras el fuego salía de su puño. Las cadenas del torso protegieron levemente al destructor, pero aún así perdió una vida y cayó al suelo. Eliart iba a continuar su ataque cuando de repente se dio cuenta de algo. Las cadenas que estaban en torno al pecho de su rival se habían quedado pegadas a su puño y ahora comenzaban a rodearle y a pegarse en torno a él. Se giró para mirar a la copia con Tauro, pero esta también estaba envuelta en cadenas, producto de haber parado la defensa de su enemigo.
-¡Ja, ja, ja! Pensaba que el Guerrero te había advertido sobre lo definitivo de esta técnica, ya no importa lo que hagas, estás a mi merced.
El Guerrero, que observaba desde la puerta, se horrorizó. “Si ha caído en sus cadenas no habrá manera de que se libere, yo tardé un par de horas sólo para quitármelas de encima. ¿Debería intervenir o...? No sé qué hacer...”, se martirizaba Celestina. Eliart sintió como las cadenas estaban pegadas a su cuerpo por una fuerza extraña, cayó sin remedio al suelo, tanto la copia con Tauro con la copia con Leo. El peso añadido de las cadenas era tan grande que ni siquiera Tauro pudo resistirlo. El I-Men forcejeó, aún tenía la fuerza de Géminis combinada con sus otros signos, pero a pesar de todo las cadenas no cedieron.
-No importa lo que hagas, recibirás el siguiente golpe- Gravitta redujo aún más la potencia de sus Soles oscuros, tenerlos activos tanto tiempo le drenaba fuerzas, y ahora necesitaba reunir el máximo de su energía. Levantó las manos y en cada una comenzó a acumularse la energía gravitatoria. A continuación las juntó en una única esfera- Esta técnica es la Súper Nova. Cinco veces más fuerte que una Nova normal, ¡prepárate!
El poder de Géminis se agotaba, de manera que Eliart decidió fusionar sus cuerpos para acumular todo el poder junto y concentrarlo en Tauro. “Vamos, tengo que resistirlo”, pensaba. Entonces sintió una ligera brisa y vio como el Guerrero pretendía entrar en la habitación. Eliart se giró parar mirarlo y frunció el ceño. Su amigo se quedó paralizado en el sitio.
No quiere que intervenga... pero... Maldita sea Eliart”, maldecía para sus adentros el chico. Gravitta se afianzó y lanzó la Súper Nova, que voló a toda velocidad hacía el I-Men. El proyectil giraba cada vez más rápido, achatándose. Recorrió el espacio que los separaba en una fracción de segundo e impacto de lleno contra Eliart. La explosión abarcó cerca de cinco metros de diámetro y en seguida se retrajo produciendo un extraño sonido de succión.
-Me pregunto si seguirás vivo...- Y así fue, el I-Men había perdido una vida, pero gracias a Tauro el daño no había sido tanto.
-Claro que sí, aún hay muchas cosas que debo mostrarte...- Susurró Eliart. El Guerrero vio entonces como su amigo sonreía. ¿Se guardaba un As en la manga?
-¿Por qué sonríes, necio?- Inquirió el científico, que también se había percatado.
-Porque no me lo estás poniendo fácil. Sabía que eras fuerte, pero no imaginaba que tendría que recurrir a todo lo que he aprendido para derrotarte- Eliart cerró los ojos y rogó por que todo fuera bien. Un aura amarilla comenzó a aparecer en torno a él. Gravitta no reconoció el aura y se puso en guardia, a pesar de que todavía permanecía encadenado. Eliart abrió los ojos- ¡Libra!
La balanza gigante apareció en el aire, flotando frente a Eliart. Cada uno de los platos apuntaba en dirección a cada uno de los contendientes. El Guerrero quedó fascinado por el aura tan espléndida que emitía el artilugio. Entonces en el plato que apuntaba a Eliart apareció una esfera blanca bastante grande y, al lado, una diminuta esfera negra. El líder de los I-Men apreció que era ligeramente mayor que la última vez. “Supongo que la muerte de Demongirl si me ha afectado, después de todo”, dedujo. Pero lo más interesante pasó en el otro plato de la balanza, el que apuntaba a Gravitta. Una esfera negra apareció, no era tan grande como la blanca de Eliart, pero era de un tamaño considerable. Pero eso no fue todo, una esfera blanca apareció, y era la mitad de grande que la negra. Eliart sonrió mientras las esferas se fusionaban. La parte del manchego permaneció blanca, casi sin inmutarse por la viruta negra. El lado del científico se volvió gris, pues la influencia de la esfera blanca era importante. La gran diferencia de bondad se decantó con fuerza hacía Eliart, y el rayo de energía amarilla salió disparado contra él, inundándole de una poderosa energía que nunca antes había sentido. Hizo fuerza con los brazos y rompió las cadenas, luego se levantó.
-Vaya, vaya. Parece que ocultas un lado bondadoso después de todo, ¿no es así?- Preguntó Eliart mientras admiraba su nueva fuerza. Debido a la gran diferencia que existía entre ellos el poder que había recibido equivalía como mínimo a un Géminis combinado con un Aries y un Tauro. Era lo más poderoso que había sentido nunca.
-Tch- Gravitta no parecía contento. Entonces los Soles oscuros comenzaron a abombarse en diversos puntos. “Parece que el tiempo de los Soles ha llegado a su máximo, justo en el momento adecuado”, pensó el científico. Chascó los dedos y las masas oscuras de gravedad se replegaron hasta formar cada una una diminuta canica. Luego se agrandaron un poco y agrietaron el espacio a su alrededor, habían formado pequeñas aperturas que daban a una especie de túnel oscuro- Puede que tú tengas una gran carta oculta, pero yo también. Estos son los portales dimensionales. Creados a partir de la implosión de los Soles cuando acaba su vida útil. Puedo decidir eliminarlos o concentrar su energía y masa y dar lugar a estos portales. Lo cierto es que lo descubrí recientemente, pero creo que te gustará lo que se puede hacer con ellos.
-Ya veo- Eliart decidió que era el momento de hablar, antes de llevar a otro nivel la pelea- Pero espera, Gravitta. Quiero hablar contigo.
-¿Qué quieres?
-¿Recuerdas lo que hablamos durante nuestra primera pelea? En aquel entonces te ofrecí un sitio en los I-Men si te redimías, vi la esperanza del cambio en ti. Y ahora la veo aún más fuerte, ¿realmente sigues renegando de la amistad? ¿Sigues obcecado en tu venganza?
-No entiendes nada- Murmuró Gravitta mientras miraba al suelo con furia- No se trata sólo de una venganza. Se trata de eliminar a quien me hizo ser quien soy. No te haces una idea de lo que he tenido que pasar, del sufrimiento y de sus consecuencias. Yo no soy como vosotros, con vuestras vidas alegres en una bonita ciudad.
-Entonces explícamelo, el odio te consumirá si sigues el camino que tienes planeado- Eliart miraba con firmeza a los ojos del pelirrojo, y veía un abismo de negrura tras el azul de sus pupilas. El Guerrero había vuelto al marco de la puerta, quería mantenerse lo más al margen posible.
-El odio es lo único que me queda, Eliart. La amistad sólo es algo que me entorpecería. Necesito fuerza, y sólo la conseguiré si sigo mi odio, si gano este Juego a cualquier coste. Una vez me libere de estas cadenas y haya reunido suficiente poder comenzaré mi búsqueda. No puedo darte más detalles.
-¿Y qué pasa con J.J? No puedes engañarme, sé que te importa- Gravitta no dijo nada. Por una vez estaba de acuerdo con Eliart. El I-Men apreció el silencio de su rival. “Definitivamente algo ha cambiado, tengo que hacer sacar toda su rabia y odio, tengo que hacerlo salir y tomarlo todo. Estoy seguro de que cuando vea que con su odio no es suficiente, entonces accederá a escucharme”, decidió el líder mientras se preparaba para pelear.
Gravitta sonrió y creó dos cadenas de gravedad nuevas, manejando cada una con una mano distinta. Al mismo tiempo los portales comenzaron a flotar por toda la habitación, cubriendo el máximo de rincones posibles. Entonces Eliart salió lanzado con la increíble velocidad de Libra. No llegaba al nivel de Leo, pero estaba cerca. Gravitta le vio venir y comenzó a levitar en el aire, pero el I-Men dio un gran salto para llegar hasta él. Chocaron en el aire y comenzaron a intercambiar golpes, pero ninguno de ellos salió con ventaja.
Eliart cayó al suelo y miró hacía su enemigo, quien ahora blandía una de las cadenas para golpearle. El manchego reaccionó a tiempo y de un salto la esquivó. Entonces se dio cuenta de que podía manipular el aura de Libra como si fuera parte de su cuerpo. Probó a concentrar energía y se sorprendió al ver que esta respondía formando una daga de luz amarilla.
-¡Luz justiciera!- Lanzó el proyectil de energía hacía Gravitta, pero este entró en uno de los portales que había creado y desapareció. Eliart comenzó a mirar en derredor, pero no sabía por donde aparecería su rival. De repente escuchó tras él un sonido metálico, de manera que se apartó hacía un lado. La cadena de gravedad golpeó justo donde estaba un segundo antes.
Eliart se giró para ver como Gravitta caía sobre él, usando su puño derecho para asestar un directo. La gravedad se concentró en ese brazo y aumentó muchísimo su velocidad. El I-Men no retrocedió, sabía que Libra le brindaría suficiente fuerza, de manera que él devolvió el golpe con su propio puño derecho. De nuevo ambos golpes chocaron e igualaron su fuerza, haciéndolos retroceder.
-Parece que ese tal Libra te ha dado mucha fuerza... En ese caso lo daré todo- Comentó Gravitta mientras volvía a elevar el vuelo.
-Perfecto, eso estaba esperando- Eliart se concentró y Libra respondió aumentando un poco su energía- No pienso dejar que te escapes esta vez sin darme una explicación, Gravitta.
Ambos se miraron y de nuevo sintieron esa conexión especial que compartieron durante su primer combate. Gravitta no quería reconocer las palabras de Eliart, tenía miedo de bajar la guardia que durante tanto tiempo había construido. Su dolor era muy fuerte como para dejarlo salir así como así. Al mismo tiempo el I-Men sentía una profunda lástima por las palabras de su rival. Él también pasó por duras situaciones hace mucho tiempo pero, gracias a sus amigos, entre los que ahora se encontraban los I-Men, le habían ayudado a resurgir de sus cenizas y a convertirse en la persona que era ahora. Cuando Eliart miraba a Gravitta veía una parte de sí mismo. Y Gravitta veía en Eliart una luz que no entendía, una luz que parecía mentira.

El momento pasó y ambos volvieron a la carga.