Eliart sintió una terrible sacudida bajo sus pies.
Durante todo el rato había esperado frente a la puerta tras la que
se escondía Gravitta. Al subir vio a todos los destructores en sus
respectivas salas, pero no les prestó mucha atención, su mente
estaba enfocada en un sólo objetivo. Llegar hasta su más fiero
rival. En el séptimo piso encontró un pequeño vestíbulo donde
había algunas sillas dispuestas. Pero no se sentó. Se plantó
frente a la doble puerta que había al fondo, que era de sólida
piedra negra, al igual que el resto de la torre.
El líder de los I-Men había decidido confiar en sus
compañeros, sabía que podrían contra cualquier cosa que les
esperase abajo. A pesar de todo no dejaba de preguntarse si había
hecho bien. Tal vez se precipitó, pero ya no había marcha atrás.
En el momento en el que subió su decisión se vio impulsada por una
necesidad de permanecer solo, de aislarse. Los eventos recientes
habían hecho tambalear su resolución, de manera que necesitaba
concentrarse y meditar. No podía permitirse dudar ni un instante de
sus objetivos.
-I-Men, estoy con vosotros- Murmuró mientras miraba la
puerta y el reloj continuaba con su cuenta atrás. Quedaban menos de
quince minutos.
El Guerrero Celeste estaba algo confuso. Cuando la
barrera de Revelación los envolvió sintió como si el mundo cayera
sobre él. Los tres se mantuvieron juntos mientras el místico usaba
todas sus fuerzas para protegerlos. Al cabo de unos instantes todo el
temblor se detuvo y estaban rodeados por una espesa capa de polvo
grisáceo.
-¿Qué ha pasado?- Preguntó mientras los otros dos se
miraban entre ellos. En medio de la polvareda apareció un gigante de
color plateado y Revelación lo entendió al instante.
-Oh, ha sido el Vikingo de Acero, que al parecer tiene
una habilidad que le permite convertirse en un gigante. Eso ha
destruido la torre- Explicó a sus compañeros. Shadow caía sobre
una rodilla, estaba visiblemente cansado. El Guerrero se agachó para
ayudarle, pero el moreno negó la ayuda.
-Estoy bien, sólo necesito un momento...- Dijo con voz
apagada. De entre los escombros salió entonces J.J, que
aparentemente no había sufrido ninguna herida. Celestina no pudo
evitar ponerse en guardia, pero todos sabían que ya no tenía
intenciones de pelear. En su lugar apenas les miró por encima del
hombro.
-¿Estará bien dejarlo así?- Preguntó el Guerrero.
Revelación asintió.
-Creo que sí. Ahora lo importante es que el Capitán
derrote al Vikingo de una vez por todas, los relojes siguen
funcionando lo que implica que el juego sigue en marcha- Expuso con
inteligencia el místico. Los otros dos asintieron y se alejaron de
ahí para buscar a los demás.
J.J entre tanto rebuscaba entre los escombros. No tardó
en encontrar su traje y ponérselo. “Ha faltado poco, estaba
empezando a perder el control sobre mi energía. Al menos el traje no
ha resultado dañado. Por las conversaciones que he oído de esos
tres parece que Death sigue vivo por algún lado, debería buscarlo”.
Utilizando su habilidad de leer presencias en seguida ubicó a su
compañero, que estaba bajo un cascote, pero todavía vivo. Fue hasta
él y le ayudó a salir. Tras el derrumbe había perdido un poco de
vida, pero al contar con una entera pudo sobrevivir sin problemas.
J.J se cruzó de brazos tras haberle rescatado.
-¿Es verdad lo que habló Revelación? ¿Te rendiste?-
Preguntó. Death miró con cuidado a J.J, no sabía exactamente qué
es lo que pretendía, así que decidió ser sincero.
-Sí, bueno. El melenudo me derrotó, logró
inmovilizarme y pudo haberme matado. Pero no lo hizo. La llave era
suya igualmente, simplemente llegamos a un acuerdo. Me dejó marchar,
y yo me rendí. Y también comentó algo sobre Gravitta... y no
entendí muy bien esa parte, pero parece que trama algo- Explicó
algo entrecortado. J.J no mostró ninguna emoción, se quedó
pensativo.
-Shadow, Revelación... y ese Eliart. En nuestra
anterior pelea Eliart y mi Maestro recibieron una muy fuerte
impresión del otro. Sospecho que el líder de los I-Men pretende
cambiar a mi Maestro- El joven se río- Supongo que no puedo evitar
sentir curiosidad.
-No sé muy bien la historia que tenéis con estos
tipos, pero después de la dura batalla que ha habido, ¿ves posible
que suceda algo así?- Death estaba confuso, pero también sentía
esa curiosidad de la que hablaba J.J.
-Quien sabe, Gravitta ya no es el mismo. Creo que lo
averiguaremos todos a la vez- J.J se sentó sobre una roca mientras
pensaba- Cualquier cosa puede pasar Death, cualquiera.
Waver, Garra, Erzzhia y Kya, junto con una inconsciente
Gaia, veían el combate del Capitán. El inmenso aura que rodeaba al
vasco parecía de otro mundo. El gigante lanzaba puñetazo tras
puñetazo, pero el I-Men los contestaba con sus propios puños,
haciendo retroceder poco a poco a su enemigo. Los chicos llegaron
entonces hasta ellas.
-¡Kya!- Exclamó Shadow mientras abrazaba a su querida.
La chica-gata se dejó envolver por el chico. Revelación se acercó
a Erzzhia y con una mirada entendieron que estaban todos al día con
la información.
-Por fin, ya empezaba a pensar que no saldríais de ahí
vivos- Dijo Garra con un suspiro. El Guerrero logró esbozar una
sonrisa mientras miraba al Capitán.
-Sí, a pesar de todo hemos logrado derrotar a casi
todos los destructores, con las mínimas bajas posibles- Todos
pensaban en Demongirl, pero nadie quiso mencionarlo en voz alta. Las
miradas de todos se centraban en el Capitán y le daban ánimos. J.J
y Death Master también observaban la pelea desde lo alto de una
roca. Las chicas notaron su presencia y Revelación les explicó por
encima lo que había ocurrido.
El Capitán entonces meditaba sobre la manera más
adecuada de derrotar a su rival. El impulso de la sentencia vasca no
era ilimitado, cada vez que usaba esos poderosos golpes el aura se
iba gastando poco a poco. “Me queda un poco más de la mitad con la
que empecé, si quiero acabar con esto tiene que ser ya. Sólo tengo
que alejar un poco más al gigante de los otros”, pensaba el vasco
mientras seguía haciendo retroceder al Vikingo.
-Maldiiito seaaas...- Decía el Vikingo, ofuscado por la
repentina fuerza del I-Men. Se concentró y logró aumentar la
velocidad de sus puños, pero el vasco era muy rápido para él, de
manera que tuvo que comenzar a seguirlo. Debido a su tamaño sólo
tuvo que dar un par de pasos, pero para el Capitán fue suficiente.
-¡Muy bien!- Exclamó para que pudiera oírle- ¡No has
parado de llamarme insecto, pero te demostraré ahora mismo quien es
el que manda!
El I-Men hizo un esfuerzo por concentrar el máximo de
aura, a pesar de todo el tamaño seguía siendo considerable. Esperó
el momento adecuado, pues sabía que su enemigo querría atacarle
cuanto antes. Y así fue, el puñetazo del Vikingo de Acero no se
hizo esperar. “Tengo que aguantar hasta el momento adecuado”,
pensaba mientras se quedaba quieto y en postura de combate. Justo
cuando iba a darle lo esquivó y salió lanzado contra el pie en el
cual el Vikingo estaba depositando en ese momento más peso. El
impacto sonó como una gran campanada, pero el efecto fue el deseado.
El destructor perdió por completo el equilibro y cayó de bruces
contra el suelo, haciéndose mucho daño debido a su gran tamaño y
peso.
-Esto no acaba aquí...- Susurró el Capitán al tiempo
que saltaba en el aire varios metros. Había gastado cerca de la
mitad de su aura actual para lograr tirar al gigante. Ahora estaba
poniendo en su puño todas las fuerzas que le quedaban. Aplicando la
técnica enseñada por Dayana comenzó a gritar- ¡Lanza vasca!
¡Ahhhhhh!
El Vikingo trató de girarse, pero el Capitán cayó
como un rayo fulminante contra la espalda de este, justo donde se
encontraba el corazón. La concentración de energía, sumado al
hecho de que usaba a su favor la caída, hicieron posible que
atravesara limpiamente a su enemigo. El golpe fue tan brutal que hizo
temblar el suelo, e incluso los I-Men sintieron en su cuerpo la
sacudida del ataque. La última vida del Vikingo de Acero
desapareció, y con ella su transformación. Ahora sólo quedaba en
el suelo la figura del hombre moribundo.
-Vaya... me derrotaste... esto es... inaudito- Logró
decir mientras su vida se iba apagando. El Capitán se giró parar
mirarle, pero no encontró goce en su victoria. La voz del Juego
acudió cuando el cuerpo desapareció en el aire. Jugador: Vikingo de
Acero. Poder: Fuerza extrema y cubrir su piel de un poderoso metal.
Estado: Eliminado. Dónde había yacido apareció un destello
plateado, era la llave.
-Lo logré, gané la cuarta llave...- Dijo el Capitán
al tiempo que la recogía y la admiraba. “Esto va por ti Demongirl,
lograremos seguir adelante, cueste lo que cueste”, pensó. Las
lágrimas acudieron a sus ojos y las dejó fluir durante unos
instantes. Sintió como sus amigos se acercaban y se limpió. Ahora
que ya había acabado con el destructor sólo restaba Gravitta. Miró
su reloj, quedaban apenas tres minutos para la cuenta atrás.
-¡Capitán, has ganado!- Exclamó Shadow sonriéndole
mientras llevaba en brazos a Gaia. El Vasco esbozó una sonrisa
mientras llegaban hasta él. Waver le abrazó y Revelación le palmeó
la espalda.
-Bien hecho, camarada.
-Muy bien sí, sí, luego lo celebraremos. Esto aún no
ha acabado, tenemos que darle las llaves a Eliart antes de que el
tiempo se acabe, ¡rápido!- Intervino el Guerrero Celeste, que
todavía no se había relajado. Entonces extrajo de su bolsillo las
llaves Uno y Tres- Aquí están las llaves que ganamos Demongirl y
yo. Revelación, Capitán, dadme las vuestras. Soy el único que
puede llevárselas a Eliart.
-Aquí tienes, Celestina- Dijo el Capitán mientras le
entregaba la Cuarta llave. El místico extrajo de su bolsillo la
Quinta llave y también se la dio.
-Ahora está en tus manos, ¡ve!- Finalizó Revelación.
El Guerrero asintió y tomo algo de distancia. El Séptimo piso
flotaba bastante alto, pero creía que podría conseguirlo.
El viento se agitó y el I-Men comenzó a leerlo con
sutileza, gracias a toda la experiencia acumulada no le costó
encontrar el camino más adecuado. Dio un gran salto y se impulsó
con sus propias corrientes ayudado de las que ya existían. Al cabo
de unos instantes ya estaba volando directo al último piso de la
torre. Los demás observaban con la boca abierta como se abría paso
a través del cielo. El viento agitó el pelo del Guerrero, que como
una flecha ascendía y ascendía.
Eliart miraba la puerta y luego el reloj. Dos minutos.
El tiempo se acababa y la última sacudida que había sentido le
había traído la sensación del Capitán. ¿Iría todo bien? Cerró
los ojos, confiaba en sus amigos. Entonces, de las escaleras que
venían del Sexto piso, sintió una corriente de aire y se giró.
-¿Celestina?- Preguntó. El sonido de alguien corriendo
se escuchaba con eco. De repente, de las escaleras, apareció la
figura de su amigo.
-¡Que no me llames así!- Exclamaba al tiempo que
llegaba hasta su amigo y sonreían. Eliart le estudió con la mirada.
Estaba algo herido y cansado, pero vivo.
-Vaya, he de admitir que estaba algo preocupado- Dijo el
líder mientras devolvía la sonrisa. La cara del Guerrero reflejó
tensión, pero extendió la mano y enseñó las cuatro llaves. Eliart
entendió al instante lo que significaba.
-¿Cuatro llaves? Quieres decir que dos de nosotros...-
Comenzó a decir el manchego. Celestina le interrumpió.
-No, no. Sólo Demongirl. No pudo evitar intervenir en
la pelea de Gaia... la salvó y derrotó a Psikosis... Pero perdió
el control sobre su poder. Fue inevitable- Admitió el Guerrero
mientras bajaba la vista. Eliart no se desanimó, por fin había
asimilado la naturaleza del Juego y, aunque sentía lástima por la
pérdida, no podía dejar que esos sentimientos le cegaran, de manera
que se sobrepuso.
-Está bien. Ahora al menos estará con Llama Helada- El
Guerrero asintió, admirando la fortaleza que demostraba su amigo. El
reloj pitó, quedaba sólo un minuto para que la cuenta atrás
acabara.
-Toma la llaves, será mejor que entres cuanto antes y
derrotes a Gravitta- Eliart tomó las llaves y se dispuso a meterlas
en sus huecos, pero entonces se detuvo.
-Guerrero, tengo que contarte algo antes de que todo
comience- El chico no entendía qué sería tan importante en ese
momento, pero decidió escuchar lo que su amigo tenía que decir-
Pelearé contra Gravitta pero... voy a intentar salvarle de su
oscuridad. Estoy seguro de que si no fuera por el juego las cosas no
serían así. Tengo que averiguar por qué actúa como lo hace.
Espero que lo entiendas, simplemente no puedo abandonarlo, es algo
muy personal para mí.
-Eliart...- El Guerrero estaba confuso. Sospechaba algo
así, pero oírlo directamente de su amigo no fue fácil. Conocía
muy bien al otro, incluso en su momento intento hablar con Shocker, y
con Árkanon demostró que el diálogo podía salvar situaciones
desesperadas. Pero, suponiendo que lograra convencer a su gran
rival... ¿Lo aceptarían los I-Men?- Entiendo que es parte de ti,
que no puedes dejarlo estar. Haz lo que creas necesario, pero no te
pases de bueno. Ya hablaremos de ello tras la batalla, ahora entra
antes de que eso estalle.
-No te preocupes. No lo hará- Los segundos pasaban, y
Eliart todavía no abría la puerta. En su lugar mantenía una
sonrisa en la cara. Diez segundos. Cinco. Cuatro. Tres. Dos. Uno. El
reloj emitió un fuerte pitido y, de repente, se desprendió de la
mano del Guerrero y de Eliart. Cayeron inertes al suelo. Sin
explosiones- ¿Ves? Te lo dije. Gravitta también quiere tener una
batalla justa, estaba convencido de que no querría herirme de manera
tan poco honorable.
-Entonces, ¿por qué todo este juego?
-Supongo que quería probar la fuerza de los que me
acompañan. Gravitta sólo ha estado poniendo a prueba una y otra vez
nuestros lazos. Nuestra amistad. Es algo que no entiende del todo,
pero ahora lograré hacerle ver la luz. Ahora, ha llegado el momento.
Deséame suerte.
El Guerrero estaba impresionado. Eliart había visto
perfectamente a través de las intenciones de Gravitta, lo cual
demostrada que las intuiciones del líder no eran erradas. Quizá,
después de todo, no era una esperanza tan vana la que tenía. Las
llaves giraron en sus cerraduras y la puerta se abrió con un
crujido. La Sala era grande y circular. La piedra negra se elevaba
varios metros, dejando el techo a unos diez metros del suelo. Aquella
estancia parecía más una nave industrial que una sala propiamente
dicha. Al fondo estaba Gravitta, sentado en una sencilla silla de
madera. Frente a él había un par de monitores.
-Así que con eso nos veías y lograbas hablarnos, ¿eh?-
Preguntó Eliart, quien sintió un cosquilleo en el estómago al
encontrarse al fin cara a cara con su gran rival.
-Así es, me lo proporcionó la Torre. Ya os expliqué
la poderosa magia que posee- Contestó el pelirrojo al tiempo que se
ponía de pie. Era más alto que Eliart, pero no estaba tan musculado
como este- Vaya, yo quería poner algo de tensión con el juego de
los relojes, pero parece que viste todo el truco desde el principio.
-En realidad era una apuesta, y la gané- Explicó
Eliart mientras calentaba- Ya lo has visto, las peleas. Hemos ganado,
creo que te demuestro de nuevo lo poderosos que son nuestros
vínculos. La amistad es una gran fuerza, ¿no?
-Sabía que dirías eso...- Refunfuñó Gravitta al
tiempo que se estiraba- y yo te digo que no habéis podido con J.J,
ni siquiera cuando Shadow, Revelación y el Guerrero estaban juntos.
Pero no tiene sentido hablar de más. Tenemos una pelea que zanjar.
-Estoy de acuerdo, te demostraré que soy mucho más
fuerte. Y te haré entender el valor de la amistad, Gravitta.
-Y yo te haré entender el poder del odio, Eliart.
Eliart llamó a Aries y una poderosa aura naranja como
nunca antes vista le envolvió, desatando un torrente de energía.
Gravitta tuvo que admitir que era impresionante, pero entonces desató
su poder y una sutil aura morada le rodeó. No era ni de lejos tan
fuerte como la de su rival, pero tendría que bastar. El I-Men
decidió tantearle y salió lanzado hacía delante, embistiendo.
Gravitta respondió levantando un brazo y al instante el área frente
a él aumentó drásticamente su gravedad. Eliart esperaba ese
ataque, así que en el último instante saltó a un lado para
esquivarlo. Usó su gran velocidad para rodear el campo de gravedad y
llegar hasta el científico.
En un instante llegó hasta Gravitta y levantó el brazo
para asestar un directo. El líder de los destructores supo que era
demasiado tarde para tratar de esquivarlo, así que respondió a su
vez con su puño derecho, impulsando su velocidad varias veces con la
aceleración gravitatoria. La energía de Gravitta se había hecho
mucho más poderosa desde la última vez, había aprendido a
concentrar más sus fuerzas y a aplicar los campos más rápido.
Ambos golpes chocaron el uno contra el otro y la onda expansiva los
hizo retroceder a ambos varios pasos.
Durante unos segundos se miraron, como viendo por
primera vez al otro. Entonces Gravitta se elevó en el aire. “Es
mucho más rápido que antes y mucho más fuerte, será mejor que me
ponga serio desde el principio. Tengo unos segundos antes de que
venga...”, pensó el científico mientras cargaba energía.
-¿Te piensas que puedes huir de mí tan tranquilamente?
¡Sagitario!- El aura blanca estalló a su alrededor y las alas
blancas aparecieron en su espalda. Al usar un signo normalmente el
anterior desaparecía, pero con Sagitario era ligeramente diferente.
Efectivamente Aries se iría, pero disponía de unos instantes en los
que podía usar combinados ambos signos. El líder de los I-Men agitó
las alas y alzó el vuelo, impulsado también por la fuerza de Aries.
Gravitta se sorprendió sobremanera, pero logró
esquivar el envite de su rival. A continuación se giró para ver
como Eliart giraba en el aire, preparando un nuevo ataque.
-Con que esas tenemos, entonces recurriré directamente
a los soles- El pelirrojo desplegó el poder que había acumulado y
los Soles oscuros que ya usó una vez se desplegaron por toda la
habitación, formando un círculo en el cual la gravedad aumentaba
varias veces. Eliart no esperaba que usara esa poderosa carta tan
temprano, pues era evidente que era un gran despliegue de poder por
parte del destructor. Ambos cayeron del aire, pues la gravedad
aumentada no permitía volar dentro de sus límites. Además la gran
fuerza evitaba que Eliart pudiera moverse si no usaba a Leo.
-Parece que ya vas en serio, ¿eh? La única manera de
salir de aquí, es con ¡Leo!- Ahora fue el aura roja la que brilló
con fuerza. Usando todas sus fuerzas para derrotar la poderosa
atracción de la gravedad, el I-Men logró imponerse y salir lanzado
contra su rival. Pero Gravitta había aprovechado muy bien el tiempo.
Durante los escasos instantes que le había dejado su enemigo había
cargado energía.
-Prueba esta nueva técnica, ¡Nova!- La esfera de
energía que lanzó parecía muy similar a la que usó en su anterior
encuentro, pero algo en su energía alarmó a Eliart. “Si eso me
golpea será muy malo”, pensó. No quería tener que recurrir a
Tauro, pues usar demasiados signos seguidos le cansaría muy rápido,
tenía que intentar esquivarlo. Gravitta leyó sus intenciones y
aumentó la presión de los Soles oscuros. Eliart sintió como se
quedaba anclado al suelo, pero llamó a su fuerza interior y logró
esquivar por los pelos la Nova. El ataque impactó contra el suelo un
par de metros más allá del manchego, pero sintió su poder. Primero
explotaba aumentando mucho su tamaño, pero luego se retraía en lo
que parecía ser una especie de agujero negro, causando la
desaparición de todo lo que estaba en su rango.
Tras la explosión se quedaron un instante quietos,
jadeando por el esfuerzo. Entonces Gravitta sonrió.
-Lo has logrado esquivar, me sigues sorprendiendo,
Eliart.
-Y tú a mi, jamás imaginé que podrías aumentar aún
más de poder.
-No has visto nada, ¡vamos!
Eliart estaba disfrutando, a pesar de todo el dolor por
el que se había visto obligado a pasar, no había nadie que pudiera
hacer sacar su lado más animal. Dejó que el león se apoderara de
él y corrió hacía Gravitta, quien se preparó aumentando la fuerza
de sus golpes con la aceleración gravitatoria. Comenzó entonces un
furioso intercambio de golpes, de no haber sido por el área de Soles
oscuros la velocidad de Leo hubiera sido imposible de paliar para el
científico. El Guerrero se asomó por la puerta y vio la pelea que
estaba teniendo lugar. No pudo dejar de impresionarse. Sabía que
tanto Eliart como Gravitta habían mejorado sus habilidades, pero
esto escapaba totalmente de sus cálculos. ¿Hasta que punto podían
ser de fuertes?
Eliart sentía que estaba forzando su velocidad a cada
instante, la terrible presión que ejercían los Soles era demasiado,
pero tenía su lado bueno, y es que Gravitta estaba comenzando a
acusar el cansancio de usar esa técnica. “Debo esperar el momento
adecuado y lanzar un ataque de géminis, con eso podré conseguir
ventaja”, meditaba. Tras unos minutos en los que los golpes
volaban, Eliart sintió una ligera disminución de la fuerza del
campo. “¡Ahora!”, se dijo a sí mismo. El aura azul eléctrico
estalló a su alrededor y los dos Eliart aparecieron al instante.
Juntos saltaron sobre el sorprendido científico.
-Maldita sea- Elevó ambas manos aplicando campos
gravitatorios frente a él para tratar de frenar a sus enemigos, pero
a pesar de que logró atrapar a uno, el otro esquivó el ataque y
cayó sobre Gravitta en una lluvia de puños y patadas.
Los golpes iban cargados con la fuerza géminis, de
manera que el estallido de energía fue increíble. Gravitta trató
de parar algunos golpes, pero fue inevitable que recibiera unos
cuantos. Salió lanzado varios metros y cayó al suelo. Casi al
instante la fuerza de los Soles disminuyó bastante.
-Vamos, sé que eso no ha acabado contigo, ¡levanta!-
El pelirrojo se incorporó, a pesar del poderoso golpe no había
perdido ninguna vida- ¿No le he hecho daño? ¿Cómo es posible?
-No seas necio, Eliart. Claro que me has hecho daño. Lo
que pasa es que me guardo algunas sorpresas más- El destructor se
liberó entonces de su gabardina oscura y mostró como tenía el
torso y los brazos cubiertos por unas cadenas que irradiaban una
energía morada- Estas cadenas han actuado como una cota de malla,
más o menos. Supongo que puedo enseñarte qué más puedo hacer con
ellas.
Gravitta desenroscó las cadenas que estaban en sus
brazos y agitó cada una como si fuera un látigo. Una en la mano
izquierda y otra en la derecha. Eliart sonrió y reanudó el ataque.
El científico no incrementó de nuevo la presión de los Soles, pues
sabía que sería en vano, en su lugar agitó los las cadenas y creo
un área de protección. Uno de los Eliart trató de entrar y recibió
un golpe, pero no fue un golpe ordinario, la cadena concentraba mucha
mas masa de la que aparentaba y el daño era muy fuerte.
-Mierda, parece que tendré que tener cuidado con esas
cadenas... No imaginé que serían tan duras.
El I-Men observó el patrón que su enemigo hacía para
protegerse y encontró una manera sencilla de atravesarlo. “Aunque
me cansaré, pero es inevitable”. Entonces con uno de los cuerpos
invocó a Tauro y, con el otro, a Leo. Ambas auras sumaron sus
fuerzas a las de Géminis y salieron lanzados hacía el área de
protección de su enemigo. Primero fue el envuelto en Tauro, que
recibió el impacto de ambas cadenas. A pesar de su increíble
resistencia se resintió, pues eran muy poderosas, pero lo importante
es que había logrado detener durante un instante la defensa de su
enemigo. Gravitta se dio cuenta y trató de poner algo de espacio,
pero el Eliart con Leo ya caía sobre él, dándole un gran
derechazo.
-¡Rugido de Leo!- Exclamaba mientras el fuego salía de
su puño. Las cadenas del torso protegieron levemente al destructor,
pero aún así perdió una vida y cayó al suelo. Eliart iba a
continuar su ataque cuando de repente se dio cuenta de algo. Las
cadenas que estaban en torno al pecho de su rival se habían quedado
pegadas a su puño y ahora comenzaban a rodearle y a pegarse en torno
a él. Se giró para mirar a la copia con Tauro, pero esta también
estaba envuelta en cadenas, producto de haber parado la defensa de su
enemigo.
-¡Ja, ja, ja! Pensaba que el Guerrero te había
advertido sobre lo definitivo de esta técnica, ya no importa lo que
hagas, estás a mi merced.
El Guerrero, que observaba desde la puerta, se
horrorizó. “Si ha caído en sus cadenas no habrá manera de que se
libere, yo tardé un par de horas sólo para quitármelas de encima.
¿Debería intervenir o...? No sé qué hacer...”, se martirizaba
Celestina. Eliart sintió como las cadenas estaban pegadas a su
cuerpo por una fuerza extraña, cayó sin remedio al suelo, tanto la
copia con Tauro con la copia con Leo. El peso añadido de las cadenas
era tan grande que ni siquiera Tauro pudo resistirlo. El I-Men
forcejeó, aún tenía la fuerza de Géminis combinada con sus otros
signos, pero a pesar de todo las cadenas no cedieron.
-No importa lo que hagas, recibirás el siguiente golpe-
Gravitta redujo aún más la potencia de sus Soles oscuros, tenerlos
activos tanto tiempo le drenaba fuerzas, y ahora necesitaba reunir el
máximo de su energía. Levantó las manos y en cada una comenzó a
acumularse la energía gravitatoria. A continuación las juntó en
una única esfera- Esta técnica es la Súper Nova. Cinco veces más
fuerte que una Nova normal, ¡prepárate!
El poder de Géminis se agotaba, de manera que Eliart
decidió fusionar sus cuerpos para acumular todo el poder junto y
concentrarlo en Tauro. “Vamos, tengo que resistirlo”, pensaba.
Entonces sintió una ligera brisa y vio como el Guerrero pretendía
entrar en la habitación. Eliart se giró parar mirarlo y frunció el
ceño. Su amigo se quedó paralizado en el sitio.
“No quiere que intervenga... pero... Maldita sea
Eliart”, maldecía para sus adentros el chico. Gravitta se afianzó
y lanzó la Súper Nova, que voló a toda velocidad hacía el I-Men.
El proyectil giraba cada vez más rápido, achatándose. Recorrió el
espacio que los separaba en una fracción de segundo e impacto de
lleno contra Eliart. La explosión abarcó cerca de cinco metros de
diámetro y en seguida se retrajo produciendo un extraño sonido de
succión.
-Me pregunto si seguirás vivo...- Y así fue, el I-Men
había perdido una vida, pero gracias a Tauro el daño no había sido
tanto.
-Claro que sí, aún hay muchas cosas que debo
mostrarte...- Susurró Eliart. El Guerrero vio entonces como su amigo
sonreía. ¿Se guardaba un As en la manga?
-¿Por qué sonríes, necio?- Inquirió el científico,
que también se había percatado.
-Porque no me lo estás poniendo fácil. Sabía que eras
fuerte, pero no imaginaba que tendría que recurrir a todo lo que he
aprendido para derrotarte- Eliart cerró los ojos y rogó por que
todo fuera bien. Un aura amarilla comenzó a aparecer en torno a él.
Gravitta no reconoció el aura y se puso en guardia, a pesar de que
todavía permanecía encadenado. Eliart abrió los ojos- ¡Libra!
La balanza gigante apareció en el aire, flotando frente
a Eliart. Cada uno de los platos apuntaba en dirección a cada uno de
los contendientes. El Guerrero quedó fascinado por el aura tan
espléndida que emitía el artilugio. Entonces en el plato que
apuntaba a Eliart apareció una esfera blanca bastante grande y, al
lado, una diminuta esfera negra. El líder de los I-Men apreció que
era ligeramente mayor que la última vez. “Supongo que la muerte de
Demongirl si me ha afectado, después de todo”, dedujo. Pero lo más
interesante pasó en el otro plato de la balanza, el que apuntaba a
Gravitta. Una esfera negra apareció, no era tan grande como la
blanca de Eliart, pero era de un tamaño considerable. Pero eso no
fue todo, una esfera blanca apareció, y era la mitad de grande que
la negra. Eliart sonrió mientras las esferas se fusionaban. La parte
del manchego permaneció blanca, casi sin inmutarse por la viruta
negra. El lado del científico se volvió gris, pues la influencia de
la esfera blanca era importante. La gran diferencia de bondad se
decantó con fuerza hacía Eliart, y el rayo de energía amarilla
salió disparado contra él, inundándole de una poderosa energía
que nunca antes había sentido. Hizo fuerza con los brazos y rompió
las cadenas, luego se levantó.
-Vaya, vaya. Parece que ocultas un lado bondadoso
después de todo, ¿no es así?- Preguntó Eliart mientras admiraba
su nueva fuerza. Debido a la gran diferencia que existía entre ellos
el poder que había recibido equivalía como mínimo a un Géminis
combinado con un Aries y un Tauro. Era lo más poderoso que había
sentido nunca.
-Tch- Gravitta no parecía contento. Entonces los Soles
oscuros comenzaron a abombarse en diversos puntos. “Parece que el
tiempo de los Soles ha llegado a su máximo, justo en el momento
adecuado”, pensó el científico. Chascó los dedos y las masas
oscuras de gravedad se replegaron hasta formar cada una una diminuta
canica. Luego se agrandaron un poco y agrietaron el espacio a su
alrededor, habían formado pequeñas aperturas que daban a una
especie de túnel oscuro- Puede que tú tengas una gran carta oculta,
pero yo también. Estos son los portales dimensionales. Creados a
partir de la implosión de los Soles cuando acaba su vida útil.
Puedo decidir eliminarlos o concentrar su energía y masa y dar lugar
a estos portales. Lo cierto es que lo descubrí recientemente, pero
creo que te gustará lo que se puede hacer con ellos.
-Ya veo- Eliart decidió que era el momento de hablar,
antes de llevar a otro nivel la pelea- Pero espera, Gravitta. Quiero
hablar contigo.
-¿Qué quieres?
-¿Recuerdas lo que hablamos durante nuestra primera
pelea? En aquel entonces te ofrecí un sitio en los I-Men si te
redimías, vi la esperanza del cambio en ti. Y ahora la veo aún más
fuerte, ¿realmente sigues renegando de la amistad? ¿Sigues obcecado
en tu venganza?
-No entiendes nada- Murmuró Gravitta mientras miraba al
suelo con furia- No se trata sólo de una venganza. Se trata de
eliminar a quien me hizo ser quien soy. No te haces una idea de lo
que he tenido que pasar, del sufrimiento y de sus consecuencias. Yo
no soy como vosotros, con vuestras vidas alegres en una bonita
ciudad.
-Entonces explícamelo, el odio te consumirá si sigues
el camino que tienes planeado- Eliart miraba con firmeza a los ojos
del pelirrojo, y veía un abismo de negrura tras el azul de sus
pupilas. El Guerrero había vuelto al marco de la puerta, quería
mantenerse lo más al margen posible.
-El odio es lo único que me queda, Eliart. La amistad
sólo es algo que me entorpecería. Necesito fuerza, y sólo la
conseguiré si sigo mi odio, si gano este Juego a cualquier coste.
Una vez me libere de estas cadenas y haya reunido suficiente poder
comenzaré mi búsqueda. No puedo darte más detalles.
-¿Y qué pasa con J.J? No puedes engañarme, sé que te
importa- Gravitta no dijo nada. Por una vez estaba de acuerdo con
Eliart. El I-Men apreció el silencio de su rival. “Definitivamente
algo ha cambiado, tengo que hacer sacar toda su rabia y odio, tengo
que hacerlo salir y tomarlo todo. Estoy seguro de que cuando vea que
con su odio no es suficiente, entonces accederá a escucharme”,
decidió el líder mientras se preparaba para pelear.
Gravitta sonrió y creó dos cadenas de gravedad nuevas,
manejando cada una con una mano distinta. Al mismo tiempo los
portales comenzaron a flotar por toda la habitación, cubriendo el
máximo de rincones posibles. Entonces Eliart salió lanzado con la
increíble velocidad de Libra. No llegaba al nivel de Leo, pero
estaba cerca. Gravitta le vio venir y comenzó a levitar en el aire,
pero el I-Men dio un gran salto para llegar hasta él. Chocaron en el
aire y comenzaron a intercambiar golpes, pero ninguno de ellos salió
con ventaja.
Eliart cayó al suelo y miró hacía su enemigo, quien
ahora blandía una de las cadenas para golpearle. El manchego
reaccionó a tiempo y de un salto la esquivó. Entonces se dio cuenta
de que podía manipular el aura de Libra como si fuera parte de su
cuerpo. Probó a concentrar energía y se sorprendió al ver que esta
respondía formando una daga de luz amarilla.
-¡Luz justiciera!- Lanzó el proyectil de energía
hacía Gravitta, pero este entró en uno de los portales que había
creado y desapareció. Eliart comenzó a mirar en derredor, pero no
sabía por donde aparecería su rival. De repente escuchó tras él
un sonido metálico, de manera que se apartó hacía un lado. La
cadena de gravedad golpeó justo donde estaba un segundo antes.
Eliart se giró para ver como Gravitta caía sobre él,
usando su puño derecho para asestar un directo. La gravedad se
concentró en ese brazo y aumentó muchísimo su velocidad. El I-Men
no retrocedió, sabía que Libra le brindaría suficiente fuerza, de
manera que él devolvió el golpe con su propio puño derecho. De
nuevo ambos golpes chocaron e igualaron su fuerza, haciéndolos
retroceder.
-Parece que ese tal Libra te ha dado mucha fuerza... En
ese caso lo daré todo- Comentó Gravitta mientras volvía a elevar
el vuelo.
-Perfecto, eso estaba esperando- Eliart se concentró y
Libra respondió aumentando un poco su energía- No pienso dejar que
te escapes esta vez sin darme una explicación, Gravitta.
Ambos se miraron y de nuevo sintieron esa conexión
especial que compartieron durante su primer combate. Gravitta no
quería reconocer las palabras de Eliart, tenía miedo de bajar la
guardia que durante tanto tiempo había construido. Su dolor era muy
fuerte como para dejarlo salir así como así. Al mismo tiempo el
I-Men sentía una profunda lástima por las palabras de su rival. Él
también pasó por duras situaciones hace mucho tiempo pero, gracias
a sus amigos, entre los que ahora se encontraban los I-Men, le habían
ayudado a resurgir de sus cenizas y a convertirse en la persona que
era ahora. Cuando Eliart miraba a Gravitta veía una parte de sí
mismo. Y Gravitta veía en Eliart una luz que no entendía, una luz
que parecía mentira.
El momento pasó y ambos volvieron a la carga.
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