lunes, 2 de mayo de 2016

Capítulo 52 - 'El Séptimo piso'

Eliart sintió una terrible sacudida bajo sus pies. Durante todo el rato había esperado frente a la puerta tras la que se escondía Gravitta. Al subir vio a todos los destructores en sus respectivas salas, pero no les prestó mucha atención, su mente estaba enfocada en un sólo objetivo. Llegar hasta su más fiero rival. En el séptimo piso encontró un pequeño vestíbulo donde había algunas sillas dispuestas. Pero no se sentó. Se plantó frente a la doble puerta que había al fondo, que era de sólida piedra negra, al igual que el resto de la torre.
El líder de los I-Men había decidido confiar en sus compañeros, sabía que podrían contra cualquier cosa que les esperase abajo. A pesar de todo no dejaba de preguntarse si había hecho bien. Tal vez se precipitó, pero ya no había marcha atrás. En el momento en el que subió su decisión se vio impulsada por una necesidad de permanecer solo, de aislarse. Los eventos recientes habían hecho tambalear su resolución, de manera que necesitaba concentrarse y meditar. No podía permitirse dudar ni un instante de sus objetivos.
-I-Men, estoy con vosotros- Murmuró mientras miraba la puerta y el reloj continuaba con su cuenta atrás. Quedaban menos de quince minutos.


El Guerrero Celeste estaba algo confuso. Cuando la barrera de Revelación los envolvió sintió como si el mundo cayera sobre él. Los tres se mantuvieron juntos mientras el místico usaba todas sus fuerzas para protegerlos. Al cabo de unos instantes todo el temblor se detuvo y estaban rodeados por una espesa capa de polvo grisáceo.
-¿Qué ha pasado?- Preguntó mientras los otros dos se miraban entre ellos. En medio de la polvareda apareció un gigante de color plateado y Revelación lo entendió al instante.
-Oh, ha sido el Vikingo de Acero, que al parecer tiene una habilidad que le permite convertirse en un gigante. Eso ha destruido la torre- Explicó a sus compañeros. Shadow caía sobre una rodilla, estaba visiblemente cansado. El Guerrero se agachó para ayudarle, pero el moreno negó la ayuda.
-Estoy bien, sólo necesito un momento...- Dijo con voz apagada. De entre los escombros salió entonces J.J, que aparentemente no había sufrido ninguna herida. Celestina no pudo evitar ponerse en guardia, pero todos sabían que ya no tenía intenciones de pelear. En su lugar apenas les miró por encima del hombro.
-¿Estará bien dejarlo así?- Preguntó el Guerrero. Revelación asintió.
-Creo que sí. Ahora lo importante es que el Capitán derrote al Vikingo de una vez por todas, los relojes siguen funcionando lo que implica que el juego sigue en marcha- Expuso con inteligencia el místico. Los otros dos asintieron y se alejaron de ahí para buscar a los demás.
J.J entre tanto rebuscaba entre los escombros. No tardó en encontrar su traje y ponérselo. “Ha faltado poco, estaba empezando a perder el control sobre mi energía. Al menos el traje no ha resultado dañado. Por las conversaciones que he oído de esos tres parece que Death sigue vivo por algún lado, debería buscarlo”. Utilizando su habilidad de leer presencias en seguida ubicó a su compañero, que estaba bajo un cascote, pero todavía vivo. Fue hasta él y le ayudó a salir. Tras el derrumbe había perdido un poco de vida, pero al contar con una entera pudo sobrevivir sin problemas. J.J se cruzó de brazos tras haberle rescatado.
-¿Es verdad lo que habló Revelación? ¿Te rendiste?- Preguntó. Death miró con cuidado a J.J, no sabía exactamente qué es lo que pretendía, así que decidió ser sincero.
-Sí, bueno. El melenudo me derrotó, logró inmovilizarme y pudo haberme matado. Pero no lo hizo. La llave era suya igualmente, simplemente llegamos a un acuerdo. Me dejó marchar, y yo me rendí. Y también comentó algo sobre Gravitta... y no entendí muy bien esa parte, pero parece que trama algo- Explicó algo entrecortado. J.J no mostró ninguna emoción, se quedó pensativo.
-Shadow, Revelación... y ese Eliart. En nuestra anterior pelea Eliart y mi Maestro recibieron una muy fuerte impresión del otro. Sospecho que el líder de los I-Men pretende cambiar a mi Maestro- El joven se río- Supongo que no puedo evitar sentir curiosidad.
-No sé muy bien la historia que tenéis con estos tipos, pero después de la dura batalla que ha habido, ¿ves posible que suceda algo así?- Death estaba confuso, pero también sentía esa curiosidad de la que hablaba J.J.
-Quien sabe, Gravitta ya no es el mismo. Creo que lo averiguaremos todos a la vez- J.J se sentó sobre una roca mientras pensaba- Cualquier cosa puede pasar Death, cualquiera.


Waver, Garra, Erzzhia y Kya, junto con una inconsciente Gaia, veían el combate del Capitán. El inmenso aura que rodeaba al vasco parecía de otro mundo. El gigante lanzaba puñetazo tras puñetazo, pero el I-Men los contestaba con sus propios puños, haciendo retroceder poco a poco a su enemigo. Los chicos llegaron entonces hasta ellas.
-¡Kya!- Exclamó Shadow mientras abrazaba a su querida. La chica-gata se dejó envolver por el chico. Revelación se acercó a Erzzhia y con una mirada entendieron que estaban todos al día con la información.
-Por fin, ya empezaba a pensar que no saldríais de ahí vivos- Dijo Garra con un suspiro. El Guerrero logró esbozar una sonrisa mientras miraba al Capitán.
-Sí, a pesar de todo hemos logrado derrotar a casi todos los destructores, con las mínimas bajas posibles- Todos pensaban en Demongirl, pero nadie quiso mencionarlo en voz alta. Las miradas de todos se centraban en el Capitán y le daban ánimos. J.J y Death Master también observaban la pelea desde lo alto de una roca. Las chicas notaron su presencia y Revelación les explicó por encima lo que había ocurrido.
El Capitán entonces meditaba sobre la manera más adecuada de derrotar a su rival. El impulso de la sentencia vasca no era ilimitado, cada vez que usaba esos poderosos golpes el aura se iba gastando poco a poco. “Me queda un poco más de la mitad con la que empecé, si quiero acabar con esto tiene que ser ya. Sólo tengo que alejar un poco más al gigante de los otros”, pensaba el vasco mientras seguía haciendo retroceder al Vikingo.
-Maldiiito seaaas...- Decía el Vikingo, ofuscado por la repentina fuerza del I-Men. Se concentró y logró aumentar la velocidad de sus puños, pero el vasco era muy rápido para él, de manera que tuvo que comenzar a seguirlo. Debido a su tamaño sólo tuvo que dar un par de pasos, pero para el Capitán fue suficiente.
-¡Muy bien!- Exclamó para que pudiera oírle- ¡No has parado de llamarme insecto, pero te demostraré ahora mismo quien es el que manda!
El I-Men hizo un esfuerzo por concentrar el máximo de aura, a pesar de todo el tamaño seguía siendo considerable. Esperó el momento adecuado, pues sabía que su enemigo querría atacarle cuanto antes. Y así fue, el puñetazo del Vikingo de Acero no se hizo esperar. “Tengo que aguantar hasta el momento adecuado”, pensaba mientras se quedaba quieto y en postura de combate. Justo cuando iba a darle lo esquivó y salió lanzado contra el pie en el cual el Vikingo estaba depositando en ese momento más peso. El impacto sonó como una gran campanada, pero el efecto fue el deseado. El destructor perdió por completo el equilibro y cayó de bruces contra el suelo, haciéndose mucho daño debido a su gran tamaño y peso.
-Esto no acaba aquí...- Susurró el Capitán al tiempo que saltaba en el aire varios metros. Había gastado cerca de la mitad de su aura actual para lograr tirar al gigante. Ahora estaba poniendo en su puño todas las fuerzas que le quedaban. Aplicando la técnica enseñada por Dayana comenzó a gritar- ¡Lanza vasca! ¡Ahhhhhh!
El Vikingo trató de girarse, pero el Capitán cayó como un rayo fulminante contra la espalda de este, justo donde se encontraba el corazón. La concentración de energía, sumado al hecho de que usaba a su favor la caída, hicieron posible que atravesara limpiamente a su enemigo. El golpe fue tan brutal que hizo temblar el suelo, e incluso los I-Men sintieron en su cuerpo la sacudida del ataque. La última vida del Vikingo de Acero desapareció, y con ella su transformación. Ahora sólo quedaba en el suelo la figura del hombre moribundo.
-Vaya... me derrotaste... esto es... inaudito- Logró decir mientras su vida se iba apagando. El Capitán se giró parar mirarle, pero no encontró goce en su victoria. La voz del Juego acudió cuando el cuerpo desapareció en el aire. Jugador: Vikingo de Acero. Poder: Fuerza extrema y cubrir su piel de un poderoso metal. Estado: Eliminado. Dónde había yacido apareció un destello plateado, era la llave.
-Lo logré, gané la cuarta llave...- Dijo el Capitán al tiempo que la recogía y la admiraba. “Esto va por ti Demongirl, lograremos seguir adelante, cueste lo que cueste”, pensó. Las lágrimas acudieron a sus ojos y las dejó fluir durante unos instantes. Sintió como sus amigos se acercaban y se limpió. Ahora que ya había acabado con el destructor sólo restaba Gravitta. Miró su reloj, quedaban apenas tres minutos para la cuenta atrás.
-¡Capitán, has ganado!- Exclamó Shadow sonriéndole mientras llevaba en brazos a Gaia. El Vasco esbozó una sonrisa mientras llegaban hasta él. Waver le abrazó y Revelación le palmeó la espalda.
-Bien hecho, camarada.
-Muy bien sí, sí, luego lo celebraremos. Esto aún no ha acabado, tenemos que darle las llaves a Eliart antes de que el tiempo se acabe, ¡rápido!- Intervino el Guerrero Celeste, que todavía no se había relajado. Entonces extrajo de su bolsillo las llaves Uno y Tres- Aquí están las llaves que ganamos Demongirl y yo. Revelación, Capitán, dadme las vuestras. Soy el único que puede llevárselas a Eliart.
-Aquí tienes, Celestina- Dijo el Capitán mientras le entregaba la Cuarta llave. El místico extrajo de su bolsillo la Quinta llave y también se la dio.
-Ahora está en tus manos, ¡ve!- Finalizó Revelación. El Guerrero asintió y tomo algo de distancia. El Séptimo piso flotaba bastante alto, pero creía que podría conseguirlo.
El viento se agitó y el I-Men comenzó a leerlo con sutileza, gracias a toda la experiencia acumulada no le costó encontrar el camino más adecuado. Dio un gran salto y se impulsó con sus propias corrientes ayudado de las que ya existían. Al cabo de unos instantes ya estaba volando directo al último piso de la torre. Los demás observaban con la boca abierta como se abría paso a través del cielo. El viento agitó el pelo del Guerrero, que como una flecha ascendía y ascendía.
Eliart miraba la puerta y luego el reloj. Dos minutos. El tiempo se acababa y la última sacudida que había sentido le había traído la sensación del Capitán. ¿Iría todo bien? Cerró los ojos, confiaba en sus amigos. Entonces, de las escaleras que venían del Sexto piso, sintió una corriente de aire y se giró.
-¿Celestina?- Preguntó. El sonido de alguien corriendo se escuchaba con eco. De repente, de las escaleras, apareció la figura de su amigo.
-¡Que no me llames así!- Exclamaba al tiempo que llegaba hasta su amigo y sonreían. Eliart le estudió con la mirada. Estaba algo herido y cansado, pero vivo.
-Vaya, he de admitir que estaba algo preocupado- Dijo el líder mientras devolvía la sonrisa. La cara del Guerrero reflejó tensión, pero extendió la mano y enseñó las cuatro llaves. Eliart entendió al instante lo que significaba.
-¿Cuatro llaves? Quieres decir que dos de nosotros...- Comenzó a decir el manchego. Celestina le interrumpió.
-No, no. Sólo Demongirl. No pudo evitar intervenir en la pelea de Gaia... la salvó y derrotó a Psikosis... Pero perdió el control sobre su poder. Fue inevitable- Admitió el Guerrero mientras bajaba la vista. Eliart no se desanimó, por fin había asimilado la naturaleza del Juego y, aunque sentía lástima por la pérdida, no podía dejar que esos sentimientos le cegaran, de manera que se sobrepuso.
-Está bien. Ahora al menos estará con Llama Helada- El Guerrero asintió, admirando la fortaleza que demostraba su amigo. El reloj pitó, quedaba sólo un minuto para que la cuenta atrás acabara.
-Toma la llaves, será mejor que entres cuanto antes y derrotes a Gravitta- Eliart tomó las llaves y se dispuso a meterlas en sus huecos, pero entonces se detuvo.
-Guerrero, tengo que contarte algo antes de que todo comience- El chico no entendía qué sería tan importante en ese momento, pero decidió escuchar lo que su amigo tenía que decir- Pelearé contra Gravitta pero... voy a intentar salvarle de su oscuridad. Estoy seguro de que si no fuera por el juego las cosas no serían así. Tengo que averiguar por qué actúa como lo hace. Espero que lo entiendas, simplemente no puedo abandonarlo, es algo muy personal para mí.
-Eliart...- El Guerrero estaba confuso. Sospechaba algo así, pero oírlo directamente de su amigo no fue fácil. Conocía muy bien al otro, incluso en su momento intento hablar con Shocker, y con Árkanon demostró que el diálogo podía salvar situaciones desesperadas. Pero, suponiendo que lograra convencer a su gran rival... ¿Lo aceptarían los I-Men?- Entiendo que es parte de ti, que no puedes dejarlo estar. Haz lo que creas necesario, pero no te pases de bueno. Ya hablaremos de ello tras la batalla, ahora entra antes de que eso estalle.
-No te preocupes. No lo hará- Los segundos pasaban, y Eliart todavía no abría la puerta. En su lugar mantenía una sonrisa en la cara. Diez segundos. Cinco. Cuatro. Tres. Dos. Uno. El reloj emitió un fuerte pitido y, de repente, se desprendió de la mano del Guerrero y de Eliart. Cayeron inertes al suelo. Sin explosiones- ¿Ves? Te lo dije. Gravitta también quiere tener una batalla justa, estaba convencido de que no querría herirme de manera tan poco honorable.
-Entonces, ¿por qué todo este juego?
-Supongo que quería probar la fuerza de los que me acompañan. Gravitta sólo ha estado poniendo a prueba una y otra vez nuestros lazos. Nuestra amistad. Es algo que no entiende del todo, pero ahora lograré hacerle ver la luz. Ahora, ha llegado el momento. Deséame suerte.
El Guerrero estaba impresionado. Eliart había visto perfectamente a través de las intenciones de Gravitta, lo cual demostrada que las intuiciones del líder no eran erradas. Quizá, después de todo, no era una esperanza tan vana la que tenía. Las llaves giraron en sus cerraduras y la puerta se abrió con un crujido. La Sala era grande y circular. La piedra negra se elevaba varios metros, dejando el techo a unos diez metros del suelo. Aquella estancia parecía más una nave industrial que una sala propiamente dicha. Al fondo estaba Gravitta, sentado en una sencilla silla de madera. Frente a él había un par de monitores.
-Así que con eso nos veías y lograbas hablarnos, ¿eh?- Preguntó Eliart, quien sintió un cosquilleo en el estómago al encontrarse al fin cara a cara con su gran rival.
-Así es, me lo proporcionó la Torre. Ya os expliqué la poderosa magia que posee- Contestó el pelirrojo al tiempo que se ponía de pie. Era más alto que Eliart, pero no estaba tan musculado como este- Vaya, yo quería poner algo de tensión con el juego de los relojes, pero parece que viste todo el truco desde el principio.
-En realidad era una apuesta, y la gané- Explicó Eliart mientras calentaba- Ya lo has visto, las peleas. Hemos ganado, creo que te demuestro de nuevo lo poderosos que son nuestros vínculos. La amistad es una gran fuerza, ¿no?
-Sabía que dirías eso...- Refunfuñó Gravitta al tiempo que se estiraba- y yo te digo que no habéis podido con J.J, ni siquiera cuando Shadow, Revelación y el Guerrero estaban juntos. Pero no tiene sentido hablar de más. Tenemos una pelea que zanjar.
-Estoy de acuerdo, te demostraré que soy mucho más fuerte. Y te haré entender el valor de la amistad, Gravitta.
-Y yo te haré entender el poder del odio, Eliart.
Eliart llamó a Aries y una poderosa aura naranja como nunca antes vista le envolvió, desatando un torrente de energía. Gravitta tuvo que admitir que era impresionante, pero entonces desató su poder y una sutil aura morada le rodeó. No era ni de lejos tan fuerte como la de su rival, pero tendría que bastar. El I-Men decidió tantearle y salió lanzado hacía delante, embistiendo. Gravitta respondió levantando un brazo y al instante el área frente a él aumentó drásticamente su gravedad. Eliart esperaba ese ataque, así que en el último instante saltó a un lado para esquivarlo. Usó su gran velocidad para rodear el campo de gravedad y llegar hasta el científico.
En un instante llegó hasta Gravitta y levantó el brazo para asestar un directo. El líder de los destructores supo que era demasiado tarde para tratar de esquivarlo, así que respondió a su vez con su puño derecho, impulsando su velocidad varias veces con la aceleración gravitatoria. La energía de Gravitta se había hecho mucho más poderosa desde la última vez, había aprendido a concentrar más sus fuerzas y a aplicar los campos más rápido. Ambos golpes chocaron el uno contra el otro y la onda expansiva los hizo retroceder a ambos varios pasos.
Durante unos segundos se miraron, como viendo por primera vez al otro. Entonces Gravitta se elevó en el aire. “Es mucho más rápido que antes y mucho más fuerte, será mejor que me ponga serio desde el principio. Tengo unos segundos antes de que venga...”, pensó el científico mientras cargaba energía.
-¿Te piensas que puedes huir de mí tan tranquilamente? ¡Sagitario!- El aura blanca estalló a su alrededor y las alas blancas aparecieron en su espalda. Al usar un signo normalmente el anterior desaparecía, pero con Sagitario era ligeramente diferente. Efectivamente Aries se iría, pero disponía de unos instantes en los que podía usar combinados ambos signos. El líder de los I-Men agitó las alas y alzó el vuelo, impulsado también por la fuerza de Aries.
Gravitta se sorprendió sobremanera, pero logró esquivar el envite de su rival. A continuación se giró para ver como Eliart giraba en el aire, preparando un nuevo ataque.
-Con que esas tenemos, entonces recurriré directamente a los soles- El pelirrojo desplegó el poder que había acumulado y los Soles oscuros que ya usó una vez se desplegaron por toda la habitación, formando un círculo en el cual la gravedad aumentaba varias veces. Eliart no esperaba que usara esa poderosa carta tan temprano, pues era evidente que era un gran despliegue de poder por parte del destructor. Ambos cayeron del aire, pues la gravedad aumentada no permitía volar dentro de sus límites. Además la gran fuerza evitaba que Eliart pudiera moverse si no usaba a Leo.
-Parece que ya vas en serio, ¿eh? La única manera de salir de aquí, es con ¡Leo!- Ahora fue el aura roja la que brilló con fuerza. Usando todas sus fuerzas para derrotar la poderosa atracción de la gravedad, el I-Men logró imponerse y salir lanzado contra su rival. Pero Gravitta había aprovechado muy bien el tiempo. Durante los escasos instantes que le había dejado su enemigo había cargado energía.
-Prueba esta nueva técnica, ¡Nova!- La esfera de energía que lanzó parecía muy similar a la que usó en su anterior encuentro, pero algo en su energía alarmó a Eliart. “Si eso me golpea será muy malo”, pensó. No quería tener que recurrir a Tauro, pues usar demasiados signos seguidos le cansaría muy rápido, tenía que intentar esquivarlo. Gravitta leyó sus intenciones y aumentó la presión de los Soles oscuros. Eliart sintió como se quedaba anclado al suelo, pero llamó a su fuerza interior y logró esquivar por los pelos la Nova. El ataque impactó contra el suelo un par de metros más allá del manchego, pero sintió su poder. Primero explotaba aumentando mucho su tamaño, pero luego se retraía en lo que parecía ser una especie de agujero negro, causando la desaparición de todo lo que estaba en su rango.
Tras la explosión se quedaron un instante quietos, jadeando por el esfuerzo. Entonces Gravitta sonrió.
-Lo has logrado esquivar, me sigues sorprendiendo, Eliart.
-Y tú a mi, jamás imaginé que podrías aumentar aún más de poder.
-No has visto nada, ¡vamos!
Eliart estaba disfrutando, a pesar de todo el dolor por el que se había visto obligado a pasar, no había nadie que pudiera hacer sacar su lado más animal. Dejó que el león se apoderara de él y corrió hacía Gravitta, quien se preparó aumentando la fuerza de sus golpes con la aceleración gravitatoria. Comenzó entonces un furioso intercambio de golpes, de no haber sido por el área de Soles oscuros la velocidad de Leo hubiera sido imposible de paliar para el científico. El Guerrero se asomó por la puerta y vio la pelea que estaba teniendo lugar. No pudo dejar de impresionarse. Sabía que tanto Eliart como Gravitta habían mejorado sus habilidades, pero esto escapaba totalmente de sus cálculos. ¿Hasta que punto podían ser de fuertes?
Eliart sentía que estaba forzando su velocidad a cada instante, la terrible presión que ejercían los Soles era demasiado, pero tenía su lado bueno, y es que Gravitta estaba comenzando a acusar el cansancio de usar esa técnica. “Debo esperar el momento adecuado y lanzar un ataque de géminis, con eso podré conseguir ventaja”, meditaba. Tras unos minutos en los que los golpes volaban, Eliart sintió una ligera disminución de la fuerza del campo. “¡Ahora!”, se dijo a sí mismo. El aura azul eléctrico estalló a su alrededor y los dos Eliart aparecieron al instante. Juntos saltaron sobre el sorprendido científico.
-Maldita sea- Elevó ambas manos aplicando campos gravitatorios frente a él para tratar de frenar a sus enemigos, pero a pesar de que logró atrapar a uno, el otro esquivó el ataque y cayó sobre Gravitta en una lluvia de puños y patadas.
Los golpes iban cargados con la fuerza géminis, de manera que el estallido de energía fue increíble. Gravitta trató de parar algunos golpes, pero fue inevitable que recibiera unos cuantos. Salió lanzado varios metros y cayó al suelo. Casi al instante la fuerza de los Soles disminuyó bastante.
-Vamos, sé que eso no ha acabado contigo, ¡levanta!- El pelirrojo se incorporó, a pesar del poderoso golpe no había perdido ninguna vida- ¿No le he hecho daño? ¿Cómo es posible?
-No seas necio, Eliart. Claro que me has hecho daño. Lo que pasa es que me guardo algunas sorpresas más- El destructor se liberó entonces de su gabardina oscura y mostró como tenía el torso y los brazos cubiertos por unas cadenas que irradiaban una energía morada- Estas cadenas han actuado como una cota de malla, más o menos. Supongo que puedo enseñarte qué más puedo hacer con ellas.
Gravitta desenroscó las cadenas que estaban en sus brazos y agitó cada una como si fuera un látigo. Una en la mano izquierda y otra en la derecha. Eliart sonrió y reanudó el ataque. El científico no incrementó de nuevo la presión de los Soles, pues sabía que sería en vano, en su lugar agitó los las cadenas y creo un área de protección. Uno de los Eliart trató de entrar y recibió un golpe, pero no fue un golpe ordinario, la cadena concentraba mucha mas masa de la que aparentaba y el daño era muy fuerte.
-Mierda, parece que tendré que tener cuidado con esas cadenas... No imaginé que serían tan duras.
El I-Men observó el patrón que su enemigo hacía para protegerse y encontró una manera sencilla de atravesarlo. “Aunque me cansaré, pero es inevitable”. Entonces con uno de los cuerpos invocó a Tauro y, con el otro, a Leo. Ambas auras sumaron sus fuerzas a las de Géminis y salieron lanzados hacía el área de protección de su enemigo. Primero fue el envuelto en Tauro, que recibió el impacto de ambas cadenas. A pesar de su increíble resistencia se resintió, pues eran muy poderosas, pero lo importante es que había logrado detener durante un instante la defensa de su enemigo. Gravitta se dio cuenta y trató de poner algo de espacio, pero el Eliart con Leo ya caía sobre él, dándole un gran derechazo.
-¡Rugido de Leo!- Exclamaba mientras el fuego salía de su puño. Las cadenas del torso protegieron levemente al destructor, pero aún así perdió una vida y cayó al suelo. Eliart iba a continuar su ataque cuando de repente se dio cuenta de algo. Las cadenas que estaban en torno al pecho de su rival se habían quedado pegadas a su puño y ahora comenzaban a rodearle y a pegarse en torno a él. Se giró para mirar a la copia con Tauro, pero esta también estaba envuelta en cadenas, producto de haber parado la defensa de su enemigo.
-¡Ja, ja, ja! Pensaba que el Guerrero te había advertido sobre lo definitivo de esta técnica, ya no importa lo que hagas, estás a mi merced.
El Guerrero, que observaba desde la puerta, se horrorizó. “Si ha caído en sus cadenas no habrá manera de que se libere, yo tardé un par de horas sólo para quitármelas de encima. ¿Debería intervenir o...? No sé qué hacer...”, se martirizaba Celestina. Eliart sintió como las cadenas estaban pegadas a su cuerpo por una fuerza extraña, cayó sin remedio al suelo, tanto la copia con Tauro con la copia con Leo. El peso añadido de las cadenas era tan grande que ni siquiera Tauro pudo resistirlo. El I-Men forcejeó, aún tenía la fuerza de Géminis combinada con sus otros signos, pero a pesar de todo las cadenas no cedieron.
-No importa lo que hagas, recibirás el siguiente golpe- Gravitta redujo aún más la potencia de sus Soles oscuros, tenerlos activos tanto tiempo le drenaba fuerzas, y ahora necesitaba reunir el máximo de su energía. Levantó las manos y en cada una comenzó a acumularse la energía gravitatoria. A continuación las juntó en una única esfera- Esta técnica es la Súper Nova. Cinco veces más fuerte que una Nova normal, ¡prepárate!
El poder de Géminis se agotaba, de manera que Eliart decidió fusionar sus cuerpos para acumular todo el poder junto y concentrarlo en Tauro. “Vamos, tengo que resistirlo”, pensaba. Entonces sintió una ligera brisa y vio como el Guerrero pretendía entrar en la habitación. Eliart se giró parar mirarlo y frunció el ceño. Su amigo se quedó paralizado en el sitio.
No quiere que intervenga... pero... Maldita sea Eliart”, maldecía para sus adentros el chico. Gravitta se afianzó y lanzó la Súper Nova, que voló a toda velocidad hacía el I-Men. El proyectil giraba cada vez más rápido, achatándose. Recorrió el espacio que los separaba en una fracción de segundo e impacto de lleno contra Eliart. La explosión abarcó cerca de cinco metros de diámetro y en seguida se retrajo produciendo un extraño sonido de succión.
-Me pregunto si seguirás vivo...- Y así fue, el I-Men había perdido una vida, pero gracias a Tauro el daño no había sido tanto.
-Claro que sí, aún hay muchas cosas que debo mostrarte...- Susurró Eliart. El Guerrero vio entonces como su amigo sonreía. ¿Se guardaba un As en la manga?
-¿Por qué sonríes, necio?- Inquirió el científico, que también se había percatado.
-Porque no me lo estás poniendo fácil. Sabía que eras fuerte, pero no imaginaba que tendría que recurrir a todo lo que he aprendido para derrotarte- Eliart cerró los ojos y rogó por que todo fuera bien. Un aura amarilla comenzó a aparecer en torno a él. Gravitta no reconoció el aura y se puso en guardia, a pesar de que todavía permanecía encadenado. Eliart abrió los ojos- ¡Libra!
La balanza gigante apareció en el aire, flotando frente a Eliart. Cada uno de los platos apuntaba en dirección a cada uno de los contendientes. El Guerrero quedó fascinado por el aura tan espléndida que emitía el artilugio. Entonces en el plato que apuntaba a Eliart apareció una esfera blanca bastante grande y, al lado, una diminuta esfera negra. El líder de los I-Men apreció que era ligeramente mayor que la última vez. “Supongo que la muerte de Demongirl si me ha afectado, después de todo”, dedujo. Pero lo más interesante pasó en el otro plato de la balanza, el que apuntaba a Gravitta. Una esfera negra apareció, no era tan grande como la blanca de Eliart, pero era de un tamaño considerable. Pero eso no fue todo, una esfera blanca apareció, y era la mitad de grande que la negra. Eliart sonrió mientras las esferas se fusionaban. La parte del manchego permaneció blanca, casi sin inmutarse por la viruta negra. El lado del científico se volvió gris, pues la influencia de la esfera blanca era importante. La gran diferencia de bondad se decantó con fuerza hacía Eliart, y el rayo de energía amarilla salió disparado contra él, inundándole de una poderosa energía que nunca antes había sentido. Hizo fuerza con los brazos y rompió las cadenas, luego se levantó.
-Vaya, vaya. Parece que ocultas un lado bondadoso después de todo, ¿no es así?- Preguntó Eliart mientras admiraba su nueva fuerza. Debido a la gran diferencia que existía entre ellos el poder que había recibido equivalía como mínimo a un Géminis combinado con un Aries y un Tauro. Era lo más poderoso que había sentido nunca.
-Tch- Gravitta no parecía contento. Entonces los Soles oscuros comenzaron a abombarse en diversos puntos. “Parece que el tiempo de los Soles ha llegado a su máximo, justo en el momento adecuado”, pensó el científico. Chascó los dedos y las masas oscuras de gravedad se replegaron hasta formar cada una una diminuta canica. Luego se agrandaron un poco y agrietaron el espacio a su alrededor, habían formado pequeñas aperturas que daban a una especie de túnel oscuro- Puede que tú tengas una gran carta oculta, pero yo también. Estos son los portales dimensionales. Creados a partir de la implosión de los Soles cuando acaba su vida útil. Puedo decidir eliminarlos o concentrar su energía y masa y dar lugar a estos portales. Lo cierto es que lo descubrí recientemente, pero creo que te gustará lo que se puede hacer con ellos.
-Ya veo- Eliart decidió que era el momento de hablar, antes de llevar a otro nivel la pelea- Pero espera, Gravitta. Quiero hablar contigo.
-¿Qué quieres?
-¿Recuerdas lo que hablamos durante nuestra primera pelea? En aquel entonces te ofrecí un sitio en los I-Men si te redimías, vi la esperanza del cambio en ti. Y ahora la veo aún más fuerte, ¿realmente sigues renegando de la amistad? ¿Sigues obcecado en tu venganza?
-No entiendes nada- Murmuró Gravitta mientras miraba al suelo con furia- No se trata sólo de una venganza. Se trata de eliminar a quien me hizo ser quien soy. No te haces una idea de lo que he tenido que pasar, del sufrimiento y de sus consecuencias. Yo no soy como vosotros, con vuestras vidas alegres en una bonita ciudad.
-Entonces explícamelo, el odio te consumirá si sigues el camino que tienes planeado- Eliart miraba con firmeza a los ojos del pelirrojo, y veía un abismo de negrura tras el azul de sus pupilas. El Guerrero había vuelto al marco de la puerta, quería mantenerse lo más al margen posible.
-El odio es lo único que me queda, Eliart. La amistad sólo es algo que me entorpecería. Necesito fuerza, y sólo la conseguiré si sigo mi odio, si gano este Juego a cualquier coste. Una vez me libere de estas cadenas y haya reunido suficiente poder comenzaré mi búsqueda. No puedo darte más detalles.
-¿Y qué pasa con J.J? No puedes engañarme, sé que te importa- Gravitta no dijo nada. Por una vez estaba de acuerdo con Eliart. El I-Men apreció el silencio de su rival. “Definitivamente algo ha cambiado, tengo que hacer sacar toda su rabia y odio, tengo que hacerlo salir y tomarlo todo. Estoy seguro de que cuando vea que con su odio no es suficiente, entonces accederá a escucharme”, decidió el líder mientras se preparaba para pelear.
Gravitta sonrió y creó dos cadenas de gravedad nuevas, manejando cada una con una mano distinta. Al mismo tiempo los portales comenzaron a flotar por toda la habitación, cubriendo el máximo de rincones posibles. Entonces Eliart salió lanzado con la increíble velocidad de Libra. No llegaba al nivel de Leo, pero estaba cerca. Gravitta le vio venir y comenzó a levitar en el aire, pero el I-Men dio un gran salto para llegar hasta él. Chocaron en el aire y comenzaron a intercambiar golpes, pero ninguno de ellos salió con ventaja.
Eliart cayó al suelo y miró hacía su enemigo, quien ahora blandía una de las cadenas para golpearle. El manchego reaccionó a tiempo y de un salto la esquivó. Entonces se dio cuenta de que podía manipular el aura de Libra como si fuera parte de su cuerpo. Probó a concentrar energía y se sorprendió al ver que esta respondía formando una daga de luz amarilla.
-¡Luz justiciera!- Lanzó el proyectil de energía hacía Gravitta, pero este entró en uno de los portales que había creado y desapareció. Eliart comenzó a mirar en derredor, pero no sabía por donde aparecería su rival. De repente escuchó tras él un sonido metálico, de manera que se apartó hacía un lado. La cadena de gravedad golpeó justo donde estaba un segundo antes.
Eliart se giró para ver como Gravitta caía sobre él, usando su puño derecho para asestar un directo. La gravedad se concentró en ese brazo y aumentó muchísimo su velocidad. El I-Men no retrocedió, sabía que Libra le brindaría suficiente fuerza, de manera que él devolvió el golpe con su propio puño derecho. De nuevo ambos golpes chocaron e igualaron su fuerza, haciéndolos retroceder.
-Parece que ese tal Libra te ha dado mucha fuerza... En ese caso lo daré todo- Comentó Gravitta mientras volvía a elevar el vuelo.
-Perfecto, eso estaba esperando- Eliart se concentró y Libra respondió aumentando un poco su energía- No pienso dejar que te escapes esta vez sin darme una explicación, Gravitta.
Ambos se miraron y de nuevo sintieron esa conexión especial que compartieron durante su primer combate. Gravitta no quería reconocer las palabras de Eliart, tenía miedo de bajar la guardia que durante tanto tiempo había construido. Su dolor era muy fuerte como para dejarlo salir así como así. Al mismo tiempo el I-Men sentía una profunda lástima por las palabras de su rival. Él también pasó por duras situaciones hace mucho tiempo pero, gracias a sus amigos, entre los que ahora se encontraban los I-Men, le habían ayudado a resurgir de sus cenizas y a convertirse en la persona que era ahora. Cuando Eliart miraba a Gravitta veía una parte de sí mismo. Y Gravitta veía en Eliart una luz que no entendía, una luz que parecía mentira.

El momento pasó y ambos volvieron a la carga.

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