jueves, 17 de septiembre de 2015

Capítulo 40 - 'El triángulo de la vida'

Todos estaban expectantes y sorprendidos, mirando al Capitán, quien abrió la boca de manera exagerada. El misterioso hombre de la capa oscura había llamado al vasco “hijo mío”. Entonces se llevó una mano a la máscara y la apartó para revelar un rostro envejecido, propio de alguien en torno a los cincuenta o incluso sesenta años. Una parte de su máscara permanecía ocultando la nuca del hombre. Las arrugas que recorrían su rostro se hicieron más profundas al sonreír al héroe rojiblanco.
-¡Papá! ¿Eres tú?- El vaco no terminaba de creerse lo que estaba ocurriendo. Fue entonces cuando su instinto saltó y se puso en guardia- Eso es imposible, mi padre está muy lejos de aquí, en su casa. Y no tiene poderes de ninguna clase.
-Ya... sobre eso, debo pedirte perdón por ocultártelo todo, sobre mis poderes, pero era necesario. Has sido siempre muy inmaduro para conocer la verdad. Pero ahora que ya estás envuelto en todo esto del Juego, ha llegado la hora de empezar a ser más sinceros el uno con el otro- Respondió el hombre- Acércate- El Capitán dudaba, pero al final se aproximo al que decía ser su padre. Este se inclinó sobre el oído del vasco y susurró unas palabras. De inmediato el Capitán sonrió y abrazó al hombre.
-Está bien chicos, mi padre me ha dicho algo que sólo él y yo conocemos. Digamos que es nuestro secreto- El héroe parecía ahora mucho más tranquilo. Era la primera vez que sonreía desde hacía unos días. Entonces el hombre de la capa retomó la palabra.
-Me llamo Northern Sage, o al menos es mi seudónimo- Les explicó el hombre mientras los I-Men comenzaban a asumir la situación. Las dudas se agolpaban en la mente de todos, pero Sage levantó las manos como para evitar nuevas preguntas- Sé que ahora estáis cansados tras las duras batallas y que estaréis preguntándoos muchas cosas. Necesitáis descanso y recuperar las energías, por eso os he traído esto- Dijo mientras sacaba de debajo de la capa un bulto en forma de saco. Lo arrojó a los pies de Eliart, quien abrió la tela encontrando fruta- Es una comida hecha especialmente por un amigo, cuando la comáis recuperaréis vuestras fuerzas, además vuestro espíritu se calmará.
-Pero, no entiendo papá- Contestó el Capitán algo obstinado- ¿Eres un jugador?
-Veo que no os quedaréis tranquilos hasta que haya solventado algunas dudas...- Asumió Sage mientras reía- No soy un jugador, ni mucho menos. Digamos que me he colado en el Juego con la ayuda de Cerebro. Supongo que os suena esa persona, ¿verdad? Es quien me ha ayudado a traerme aquí, y quien ha preparado esa fruta. Es una gran persona, lamentó mucho no poder veros. Él sabía que habíais recibido un recado de parte de Thunder-Man, y estaba preparado para reunirse con vosotros aquel día, justo cuando iban a traeros de vuelta aquí.
-¿Cerebro?- Eliart se sorprendió mucho, ya se había olvidado de aquel personaje después de todas las cosas que habían sucedido- ¿Tan poderoso es que ha logrado traerle a usted aquí? ¿Saltándose las reglas?
-Así es chico, tú debes de ser Eliart, ¿verdad?- El líder de los I-Men se sorprendió- ¿Qué cómo sé tu nombre? Estás hablando con un sabio chico, tengo una gran red de contactos, entre ellos el poderoso Cerebro. Pero no tiene sentido hablar de ello ahora, no del mundo real, quiero decir. Estáis inmersos en una terrible batalla, en “El Juego”. Ahora no es momento para resolver vuestras dudas puesto que sólo os distraería de vuestro objetivo, y este es “sobrevivir”- Declaró en tono marcial el misterioso hombre- Sí, nos estamos saltando las reglas, pero por un buen motivo. Cuando acabe todo esto, o si podéis volver a la Tierra otra vez, estoy seguro de que Cerebro estará encantado de recibiros y de resolver vuestras dudas. Pero ahora hemos de centrarnos en lo verdaderamente importante. ¡Tenéis que haceros más fuertes si queréis llegar hasta el final!
-Ya, ya veo- Eliart asumió las palabras que el padre de su amigo le decía con tanta franqueza. De alguna manera decidió que Sage tenía razón, si no podían salir de aquella pesadilla de nada valdría conocerlo todo. Tenían que hacerse fuertes- ¿Pero cómo nos haremos más fuertes?
-¿Es que no me escuchas?- Preguntó el anciano- Ahora vais a comer y a recuperar vuestras fuerzas. Y mañana, cuando estéis preparados, os explicaré por qué he venido aquí y cual es mi misión- Los I-Men, unos más y otros menos, aceptaron lo dicho. Estaban exhaustos tras la batalla contra los ciudadanos y después contra los destructores. Si algo necesitaban, era desde luego descanso. Se repartieron las frutas entre ellos y, aunque eran pocas, lograron saciarles de algún misterioso modo. Además notaban como aquella comida reponía sus fuerzas a una gran velocidad, sentían sus cuerpos ser curados desde dentro.
Aquella noche Gaia se acostó junto a Eliart. Después de esos días tan turbulentos apenas habían podido estar juntos, y de alguna manera la chica se sentía especialmente inquieta. Incluso se culpaba internamente por la muerte de sus amigos en la ciudad. El líder de los I-Men estaba muy absorto en sus pensamientos y no había sido capaz de ver lo mal que estaba su novia. Gravitta ocupaba una gran parte de su mente en esos momentos, por fin tendría la posibilidad de enfrentarle y zanjar de una vez por todas su disputa.
-Eliart, tengo miedo- Reconoció la chica mientras estaban acurrucados sobre una de la camas. Él la abrazo y la besó con dulzura en el pelo.
-Lo sé, y en cierta manera yo también... Pero de nada servirá lamentarse- Eliart se imaginaba las múltiples maneras en las que todo aquello podía acabar y un dolor sordo se le alojaba en el pecho. Pero se repetía una y otra vez que lograría salir de allí- Hemos de ser fuertes, mañana Sage nos dirá por qué está aquí, y creo que nos podrá ayudar bastante.
Gaia guardó silencio frente a esas palabras. No era capaz de admitir que ella era en parte culpable de todo aquel sufrimiento. Ella había insistido en que fueran a esa ciudad. Sabía de sobra que la culpa no era realmente suya, pero si tal vez no hubiera insistido tanto, puede que entonces Llama Helada y Holy siguieran vivos. Gaia encontraba en el mutismo de Eliart un pequeño reproche, una acusación velada. Pero tal vez era su imaginación, no podía imaginar que simplemente su chico estaba demasiado preocupado, o tal vez realmente fuera como ella pensaba.
Onceavo día de Juego, finalizado. Jugadores restantes: 93.


Gravitta aguardaba en el piso más alto de la torre que había ocupado. En cada piso de la torre había una gran sala central donde una escalera de caracol te llevaba a los demás pisos. Además había un par de puertas en extremos opuestos de cada estancia central. Una de las puertas te llevaba a un pequeño dormitorio, la otra a unas estancias que aportaban ciertas comodidades. El pelirrojo descubrió aquel lugar nada más reclutar a Psikosis, quien se mostró bastante animada con la idea de unirse a ellos. Así, Gravitta, J.J., Death Master y Psikosis entraron en ella. Dentro encontraron al Vikingo de Acero y a Chairner, quienes aparentemente viajaban juntos desde hacía un tiempo y habían ocupado aquel castillo. Gravitta les mostró su poder y los reclutó a todos, pero había aprendido la lección.
Con los S-Men se mostró demasiado autoritario, demasiado prepotente incluso. Tal vez fuera verdad que era el más fuerte de allí, pero había aprendido una cosa de Eliart, y es que los aliados reclutados con amistad y favores eran mucho más leales que los reclutados con fuerza (así lo habían demostrado Shadow, Irons y Kya). Por ese motivo trató de ayudar a sus nuevos camaradas de la mejor manera que pudo. A Death Master le ayudó a frenar la putrefacción del brazo en la tierra, a Psikosis con buenas palabras y demostrando que era buena idea ir con él. Al Vikingo tuvo que derrotarlo en un combate, pero sin hacerle demasiado daño, lo cual probó al hombre que aquel tipo tal vez mereciera la pena. Por eso dedicó unos días del Juego a entrenar a sus camaradas, necesitaba que fueran aún más fuertes de lo que eran si querían plantarle cara a los I-Men.
Gravitta era sumamente observador, así que analizó los puntos fuertes y débiles de cada uno y los hizo entrenar bajo un campo de gravedad aumentada, para fortalecerlos en todos los sentidos. Al mismo tiempo J.J. y Death Master les enseñaban lucha cuerpo a cuerpo y técnicas de primeros auxilios respectivamente. Ceniza fue el último en llegar, el último día antes de la llamada del Gobernador. Cuando Mentalizer llamó al pelirrojo a ir a la ciudad, este no podía imaginar lo cerca que habían estado todo ese tiempo los I-Men. Ahora, casi al amanecer del doceavo día sus súbditos volvían por fin. En el Séptimo piso les esperaba junto a J.J.
-¿Qué tal ha ido?- Preguntó el líder de los Destructores. Death Master fue el primero en responder.
-P-pues ha ido bien, sí, sí- Una risa un tanto extraña salió de su garganta. El Vikingo de Acero le apartó de un manotazo.
-¡Les hemos aplastado! Menudos plebeyos- Proclamó mientras levantaba un brazo para mostrar su enorme bíceps- Los dejamos hechos polvo, tenías razón, gracias al entrenamiento nos hemos vuelto mucho más fuertes. Todos salvo Ceniza hemos destrozado a nuestros oponentes.
-¿Los habéis eliminado?- Inquirió Gravitta, recuperando algo de su tono amenazante de antaño. El Vikingo hinchó el pecho para responder, pero fue Psikosis quien se adelantó esta vez.
-No, tal y como nos indicaste les dejamos vivos... y les lanzamos el desafío para que vengan, así que es posible que en unos días, cuando estén frescos, vengan a retarnos- Aseguró la rubia.
-Sí, así será- Reafirmó Gravitta mientras se levantaba de su asiento- Eliart no querrá dejar las cosas así, y tenemos una cuenta pendiente... pero quiero presentaros a alguien. Adelante- De las escaleras bajó alguien desde la azotea. Se trataba de un chico bajito y delgado, pero fibrado. Llevaba la cabeza rapada y una gafas con montura de acero y cristales ovalados- Se llama Leariat. Sintió mi presencia y trató de retarme, al ver el potencial tanto mío como de J.J tuvo que admitir su derrota y... al ver su fuerza no pude resistirme a pedirle que se uniera a los Siete Destructores.
-Pero, ¿con él no seríamos Ocho?- Preguntó Ceniza, molesto. Gravitta sabía que haría esa pregunta. Sabía que Ceniza, quien no había entrando con ellos, no estaba al nivel del resto, así que aprovechó la llegada de alguien con tanto potencial como Leariat.
-Sí, de manera que uno de vosotros debe dejarnos... Ceniza, si quieres mantener tu puesto aquí y volverte más fuerte debes pelear contra Leariat. Sólo los más fuertes pueden llamarse a sí mismos Destructores, ¿no crees?- El fumador se mordió un labio. Estaba cansado por la pelea y el viaje, pero si era cierto que aquel chico había peleado contra el pelirrojo, tal vez también estuviera cansado.
-Está bien, vamos allá- Mientras los demás se apartaban para ver, los dos chicos comenzaron su enfrentamiento. Uno de los dos no llegaría a terminar de ver el amanecer.


Los I-Men se despertaron con las primeras luces del alba. El primero de ellos fue el Capitán, quien fue con su padre, quien aparentemente no había dormido nada. Entablaron una conversación no muy profunda, pues Northern Sage estaba muy centrado en su cometido. El héroe trató de sonsacarle algo de información, pero fue imposible, su padre estaba cerrado en banda. El resto de los I-Men también comenzó a levantarse y a reunirse en torno al misterioso hombre que los esperaba sobre una piedra bien grande.
-Buenos días a todos- Empezó- Ahora ya estáis más calmados y descansados, de manera que tomar, mientras os cuento lo que he venido a hacer necesitáis desayunar- Extrajo otro bulto y un nuevo saco con fruta cayó ante ellos.
-¿Más fruta?- Preguntó molesto Celestina.
-No te quejes, algunos todavía no estamos sanados del todo, y encima es un regalo, así que no lo rechaces- Contestó Demongirl mientras se apropiaba de una gran naranja y una manzana. Se repartieron de nuevo la comida y empezaron a comer. El Capitán se acercó a su Padre.
-¿No quieres nada?- Sage sonrió.
-Con tu sensibilidad para percibir auras ya deberías haberte dado cuenta, hijo- Respondió el anciano con una sonrisa. El Capitán se extrañó.
-¿A qué te refieres?- Demongirl le miró.
-A que Northern no está aquí realmente, ¿verdad? Yo no puedo sentir su aura, así que una de dos, o bien tiene una habilidad increíble para ocultarla o sencillamente “no está aquí”.
-Así es- Confirmo el hombre- Ya es hora de que comience a aclararos algunas cosas. Cerebro lleva un tiempo esperando a un grupo como vosotros, a alguien que le ayude a liberar al mundo de cosas como “El Juego”, pero hasta ahora había sido en vano. Lleva mucho tiempo luchando contra los “GM”, de diversas maneras. Yo mismo, por ejemplo, tengo poderes y sin embargo nunca he ido al juego, en parte gracias a Cerebro que me localizó y evitó que mi presencia fuera percibida por los “GM”. Aparentemente prestan la atención mínima a la Tierra, confían mucho en los borradores, un error un tanto grave desde mi punto de vista, son fáciles de engañar a pesar de su terrible fuerza.
-Sí, es verdad que son muy fuertes... incluso pudieron con el ganador del Juego, Thunder-Man...- Susurró alicaído el Guerrero. Sage negó con la cabeza.
-Te equivocas, en parte al menos. Fue gracias a Cerebro que Thunder-Man pudo escapar del control de los creadores del Juego, sin embargo esto era algo mucho más difícil que simplemente evitar que encontraran a alguien, esto implicaba liberar a alguien cuyo control ya estaba asegurado. Y por tanto llamó la atención de los “GM”. Thunder-Man tuvo que luchar brevemente contra ellos para escapar por los pelos. Con heridas graves logró escabullirse en la Tierra, y a pesar de que recibió ayuda de agentes clandestinos de Cerebro, pues no soy el único, no pudo evitar la persecución. Durante diez años estuvo huyendo, en su gran escapada derrotó a setenta y ocho borradores. Al principio le fue fácil, pues tenía el poder de alguien que ha ganado este terrible Juego. Pero los borradores aprendían con cada derrota, cada vez eran más y más fuertes. Diez años de huida hicieron mella en la resistencia del ex-jugador. Y cada vez los borradores le encontraban antes- Sage hizo una pausa. Todos los I-Men guardaban Silencio. Algunas como Kya, Erzzhia y Garra no terminaban de entender exactamente quien era ese Thunder-Man, pero ya habría tiempo para preguntar después a sus amigos- Debido a que era la única persona del bando de Cerebro que había sido descubierta era la única que podía ponerse en contacto con nuevos jugadores, puesto que así no ponía en riesgo a la resistencia que existe en la Tierra. Así fue como dio con vosotros, los nuevos Jugadores. Ni si quiera yo, padre de uno de ellos, fue consciente de lo que estaba pasando. Tal vez Thunder-Man hubiera podido contra ese último borrador... o tal vez estaba harto de Diez años de escapar, sus fuerzas estaban al límite, pero por fin había logrado su cometido, por fin era capaz de enlazar a Cerebro con nuevos Jugadores. Quizá eligiera morir.
El silencio se apoderó del grupo. Una pesada sombra se cernía ahora sobre ellos. Hasta ese momento no habían sido conscientes de lo grave de la situación, siempre habían tratado de ser optimistas pensando que todo tendría una solución, una clave sencilla que resolvería todo. Pero no era así, no iba a ser así jamás. Al parecer ya existía gente en la Tierra que luchaba contra el Juego, y ese tal Cerebro parecía una persona realmente poderosa, la clave para enfrentar a los “GM”. Era una batalla mucho más allá de sus capacidades, pero por algún motivo, ellos estaban también metidos en ello.
-¿Y por qué nosotros?- Preguntó Eliart, y eso era lo que rondaba la cabeza de todos ellos.
-Esperaba esa pregunta- Sonrió Sage- En primer lugar fuisteis capaces de encontrar a Thunder-Man aunque no fuera muy difícil. Él os probó también. Durante su pelea con el borrador vosotros no os quedasteis quietos, y la ayuda que recibió Thunder-Man demostró que sois buenas personas. Normalmente alguien no pelea contra un ser que le supera de manera tan amplía. Además sois un grupo con cierto número de personas, y con una fuerza y, sobre todo, un gran potencial. Cerebro ha decidido que no merece la pena esperar más y ha apostado por vosotros. Por eso estoy aquí. Él lleva un tiempo reuniendo personas, pero nunca han sido muchas, sin embargo ha conservado gracias a sus poderes recuerdos de las mismas. Por eso es capaz de proyectar las imágenes de esas personas como si fueran reales, aunque ahora estén muertas. Lo que veis de mi no es mi auténtico yo, es sólo una copia creada por Cerebro, en parte por eso soy capaz de “Estar” en el Juego. Lo cual no quiere decir que no sea real- Les explicó- Mi deber es entrenaros. Cerebro ha seleccionado para vosotros los maestros más adecuados para cada uno, con poderes que en cierta manera se asemejan a los vuestros. La mayoría de ellos ya no están aquí, pero los que aún seguimos vivos en la Tierra recibiremos los recuerdos que se creen aquí, así que cuando regreséis podéis buscarnos. Pronto llegará el momento en el que derrotaremos al Juego.
Los I-Men se sintieron esperanzados por una vez. Ahora comenzaban a entender todo lo que estaba pasando a su alrededor. Sin embargo Demongirl, astuta como siempre, lanzó una pregunta.
-Entiendo que los “GM”, sea lo que sea eso, no vigilen la Tierra demasiado gracias a sus guardianes, los borradores. Pero aquí, como dicen en sus comunicados, nos vigilan día y noche. Como pretendes entrenarnos y explicar tu presencia.
-Es cierto que aquí casi se pueden considerar dioses. Pero no son omnipotentes, se les puede engañar- Sage señaló la cúpula violeta que les cubría- Mis poderes nos ocultan, no lo dudes. Y gracias a Cerebro os llevaré a dimensiones alternativas, donde ha preparado encuentros con vuestros maestros personalizados. Todos vosotros recibiréis un cuidadoso entrenamiento destinado a reforzar vuestras debilidades, ya es hora de que sepáis lo que es el triángulo de la vida.
-¿El triángulo de qué?- Pregunta Shadow, curioso. Northern se humedeció los labios para seguir.
-El triángulo de la vida- Repite- ¿Nuca os habéis preguntado de qué está hecho el mundo? Por supuesto tenemos una explicación científica. Ya sabéis de lo que hablo, la materia, los átomos, y muchas otras cosas. Sin embargo, la existencia de poderes sobrenaturales tan fantásticos revela una cosa, y es que el universo es más complejo de lo que parece. Existe una dimensión espiritual, donde se cree que radica la fuente de estos poderes. Según ciertas creencias el mundo esta compuesto de cuatro elementos. El fuego, el agua, la tierra y el aire. Cada uno de estos elementos puede ser más o menos puro, dar lugar a otros y conformar a las criaturas vivas. Los humanos somos bastante complejos y estamos hechos por la combinación del fuego, el agua y la tierra. El aire es el único elemento que no conforma ningún ser vivo. Conocemos a la combinación de los tres elementos esenciales como el “Triángulo de la vida”.
>>La Tierra representa la materia, el cuerpo. Alguien con una gran cantidad de Tierra tendrá un cuerpo fuerte y resistente, capaz de grande proezas. El Agua representa la mente. El agua es fluida, no se puede atrapar. Puede ser tranquila pero esconder bajo su superficie una gran tormenta. Las personas con una gran cantidad de Agua son muy intuitivas, inteligentes y observadoras. El Fuego, por último, representa el alma, el espíritu. Es donde reside la pasión y los sentimientos. Un gran fuego implica una gran empatía, pero también puedes acabar consumido por tus propios sentimientos. De manera normal cada uno desarrolla más unos aspectos de si mismo que otros. Pero para crecer de manera adecuada y desencadenar el mayor de nuestros potenciales debemos alcanzar el equilibrio en el triángulo. Los guerreros que antaño seguían estas prácticas acababan siendo grandes héroes. Y ese es el entrenamiento que Cerebro ha preparado para vosotros, al principio puede pareceros muy básico, pero cuando logréis el equilibrio despertaréis vuestra verdadera esencia, y creceréis.
Sage levantó una mano y con un chasquido hizo aparecer en el aire unas puertas de madera. Unas escaleras que se sostenían en el aire llegaban hasta los umbrales. Había séis puertas flotantes, cada una al parecer con un nombre grabado en ella, de izquierda a derecha eran: Demongirl, Gaia, Capitán Vasco, Guerrero Celeste, Shadow y Eliart.
-Los que tienen un nombre en una de las puertas tiene preparado un entrenamiento personalizado, pues Cerebro encontró a un maestro adecuado. Yo me quedaré aquí y entrenaré a Revelación. Pero por supuesto, no estáis obligados a realizarlo- Continuó diciendo Sage- podéis aprovechar esta oportunidad, pero siempre podéis echaros atrás. Eso sí, todos debéis estar de acuerdo. Os dejaré unos instantes para que lo penséis.
-Gracias, Sage- Contestó Eliart mientras se volvía hacía sus compañeros. El desayuno había hecho efecto y ahora todos estaban casi al cien por cien. Todos miraban al líder, esperando a ver qué tenía que decir. Eliart carraspeó y habló sin dudar- Chicos, os diré la verdad. Durante la batalla con los Arcángeles y más tarde contra la Ciudad sentí que mi fuerza no era suficiente. En parte gracias a nuestra suerte y a personas como Árkanon, Light Knight, Erzzhia y Garra seguimos hoy aquí. Pero si queremos ir a por Gravitta no nos bastará con el poder que tenemos ahora. Yo creo que debemos seguir el camino que Cerebro nos ha preparado y aceptar su propuesta.
-No conocemos a esa persona- Dijo Celestina- No sabemos como nos la puede jugar, pero sí es cierto una cosa, y es que quiere derrocar a los creadores del Juego. Creo que sólo por eso merece la pena hacerlo- Demongirl se alzó.
-¡Ja! Además, ni si quiera estamos firmando ningún contrato. Este hombre es el padre del Capitán, si él confía en Cerebro creo que debemos hacerlo. Así seremos más fuertes- Razonó.
-Estoy de acuerdo, pero, ¿qué haremos nosotras?- Inquirió Erzzhia mientras Garra asentía. Eliart tomó de nuevo la palabra.
-Le preguntaremos que haréis vosotras, también tenéis derecho a volveros más fuertes- Los miró a todos para confirmar su decisión. Uno a uno fueron asintiendo- Pues vamos allá.
-Ya veo, así que decís que sí- Confirmó Sage con un asentimiento. El líder le planteó las dudas acerca de las chicas, y el sabio sonrió- Lo cierto es que Cerebro no encontró un maestro adecuado para Waver, y no contábamos con Erzzhia y Garra en primera instancia. Pero me confió la labor de entrenaros, así que viendo lo unidas que estáis podréis realizar un entrenamiento supervisado por mi. Quizá no será tan eficaz, pero de algo valdrá. ¿Os parece bien?
-Sí, muchas gracias- Contestó Garra Nocturna. Sage chasqueó de nuevo los dedos y una Séptima puerta apareció al lado de las anteriores- Que cada uno se coloque frente a las escaleras que llevan a su puerta asignada. Os llevará a la dimensión donde espera vuestro maestro. Antes de partir os evaluaré y determinaré que os falta para alcanzar el equilibrio.
Cada uno se colocó frente a las escaleras, tal y como el padre del vasco les indicó. Kya se situó frente a su novio, no sabía que ocurriría, pero no quería separarse de él bajo ningún concepto. Sage se acercó a las primeras, Garra, Erzzhia y Waver, quienes iban a ir juntas por la primera puerta. Puso la mano derecha sobre las cabezas de las chicas, una a una, y al final les habló.
-Erzzhia, tu espíritu y tu mente son muy maduros para tu edad, pero tienes un cuerpo muy débil que no te permite mantener el ritmo. Debes entrenar la tierra. Garra, tu cuerpo es ágil y tus poderes le dan aún más fuerza, y posees una mente clara. Debes entrenar por tanto el Fuego, debes creer más en ti y tus compañeros, entrena tu pasión y tus sentimientos. Por último, Waver, tu debes entrenar el agua, tras las pérdidas que has sufrido hacen que tu mente esté pasando por un momento crítico, debes hacerte fuerte y superar los traumas. Haz que las aguas retornen a su cauce- Las tres chicas se miraron sorprendidas, era como si aquel hombre hubiera mirado dentro de ellas con un tercer ojo- Es bastante curioso que, en cierta manera, las tres os complementéis tan bien. ¡Id a vuestro destino!
Las chicas subieron las escaleras y marcharon. Nada más abrir la puerta una misteriosa fuerza las engulló. Las escaleras se desvanecieron, pero la puerta permaneció en lo alto. Los demás miraron sorprendidos todo aquello. A continuación Sage se fue acercando a cada uno para repetir el proceso.
-Demongirl, tu entrenaras el Fuego, debes aprender a controlar tu furia y tus emociones, ¡ve!- La morena salió lanzada a la puerta- Gaia, tu debilidad es la Tierra, y en menor medida el agua. Encuentra tu camino- La chica subió las escaleras al tiempo que miraba a Eliart. Este sonrió en respuesta y la rubia entró- Capitán, hijo, tu deberás entrenar el agua. Tanto tu cuerpo como tu espíritu tiene una gran fuerza, pero tu falta de criterio a veces puede ser terrible. Entrenarás con alguien que te enseñará mucho, adelante- Miró a Celestina- Tú eres de los más equilibrados, pero debes entrenar la Tierra, tu poder será mucho más grande si aumentas tus capacidades físicas- Se acercó ahora a Shadow y Kya- Tú, Shadow, veo que tu mayor debilidad es la Tierra. El cuerpo que tienes no es capaz de soportar la terrible tensión de tus poderes. Y tú, la pequeña Kya, necesitas entrenar el Agua. Veo que estás aquí con él, ¿acaso quieres tomar también su entrenamiento?
-No me pienso separar de mi amor, no otra vez- Aseguró ella, arisca. Sage asintió.
-Lo imaginaba. Supongo que por eso Cerebro escogió a “ese” Maestro. Ten en cuenta que está pensado para Shadow, pero puede que a ti también te venga bien, ir pues- Ahora, en medio de la ciudad destruida, solo quedaban Sage, Revelación y Eliart. Northern se acercó al líder y colocó su mano sobre la cabeza de este, como hizo con los anteriores. Pero, a diferencia de estos, tardó algo más en sacar sus conclusiones- Eliart... debes entrenar el Fuego, has de controlar tus emociones.
-Sí, imaginaba que sería algo así...- Asimiló Eliart mientras bajaba la mirada. Pero entonces Sage sonrió.
-No sólo eso, también debes entrenar el Agua. Las dudas te nublan la mente, no eres capaz de pensar con cabeza- Eliart se puso colorado, era al único al que le había dicho que debía entrenar dos cosas. Pero Sage continuó, implacable- Y, por supuesto, también debes entrenar la Tierra. Como líder debes mejorar aún mucho, tienes una importante falta de poder en las tres categorías del triángulo, Eliart.
-No puede ser, ¿las tres?- Preguntó anonadado. Northern esta vez no sonrió.
-Así es, Eliart. Tu entrenamiento será sin duda el más difícil de todos. Aunque quizá el más intuitivo. ¿Estás dispuesto a someterte a ello?- Así que por eso a él le había dejado para el final, ¿eh? Quería ponerlo a prueba y darle una oportunidad para volverse atrás cuando nadie más miraba, inteligente.
-No- Dijo casi sin pensárselo- No iré atrás ahora, Sage. Aceptaré el reto y mi misión. Mejoraré el Fuego, el Agua y la Tierra. Y volveré para ser el verdadero líder de los I-Men.
-Así me gusta- El chico escaló a toda velocidad, imbuido en puro optimismo. Alcanzó la puerta y miró atrás.
-Revelación, cuando volvamos, todos seremos más fuertes. ¡Hasta luego!- Desapareció tras la puerta.
-Ya sólo quedas tú, el místico- Dijo Sage- Ya te he observado, y tu mayor hueco reside en el Agua, en tu mente. Eres fuerte, pero tras lo de Mentalizer has comenzado a dudar de ti mismo. Solventaremos eso, no te preocupes, yo seré tu Maestro.
-La providencia así lo ha querido, no creo que nada de esto sea casualidad. Todas nuestras decisiones nos han llevado hasta aquí...- El místico dejó el cetro en el suelo y se acercó hasta su maestro- Adelante, comencemos.


Leariat se levantaba victorioso. Mostraba algunos rasguños producto de la pelea contra Ceniza, pero finalmente se había impuesto. Gravitta sonrió mientras el resto de Destructores observaba la escena, algo incómodos. El pelirrojo sentía que, aunque lo que había hecho era lo correcto, pues aumentaba el poder de su equipo, quizá estos no estuvieran muy de acuerdo, de manera que comenzó una especie de discurso.
-Ya sé que esto tal vez os parezca algo barbárico, al fin y al cabo, quizá Ceniza no se merecía este castigo...- Carraspeó- Pero no hemos de olvidar nuestro objetivo, ganaremos el juego, y para ello hemos de eliminar a los demás. No es divertido, es lo que hemos de hacer.
Algunos asintieron. El Vikingo de Acero, no. Mantenía la vista fija en Gravitta mientras sonreía con sorna. Los demás puede que estuvieran engañados, pero él sabía que aquel personaje no pretendía ganar con todos ellos, pretendía ganar en solitario, pero no podía culparle, él pensaba lo mismo. Esperaba con paciencia el momento en el que pudiera alzarse con la victoria. “Esperaré el momento en que J.J no esté por medio y lo derrotaré”, pensaba.


El Guerrero estaba sorprendido. Se encontraba en una dimensión donde no había nada, una completa negrura, al menos al principio. Al cabo de unos instantes divisó estrellas lejanas que brillaban. Sentía que su cuerpo viajaba a algún sitio, pero no sabía cual, ni cuando llegaría. Al cabo de unos minutos (u horas, quien sabe) vio una luz brillante que iba aumentando de tamaño. De repente se encontró chocando contra un suelo arenoso. Cuando se incorporó se encontraba rodeado de unas palmeras que se elevaban hacía un cielo crepuscular. La arena era fina y blanca y podía sentir una brisa fresca proveniente de una masa de agua cercana. Siguió sus impresiones sobre el viento y llegó hasta el agua, aquello era un oasis. Entonces alguien apareció a su espalda.
-¡Hola! Pero si eres tú, Celestina, cuanto tiempo- Dijo el extraño. El I-Men se giró en redondo y se quedó boquiabierto cuando ante sus ojos pudo ver la silueta del antiguo ganador del juego, de Thunder-Man- ¿No vas a saludarme si quiera?
-Esto, hola- Respondió el chico algo cohibido. ¿Él sería quien le enseñaría? “Guau, es increíble, es como si Link me enseñara a combatir en Hyrule”. Entonces cayó en la cuenta de que aquella persona estaba muerta y recordó las palabras de Sage; “son solo representaciones creadas por Cerebro, reales, pero que dejarán de existir cuando cumplan su cometido”. Un cubo de escalofrío le recorrió la espalda. El bonachón de Thunder-Man intuía que le pasaba por la cabeza a su alumno, así que se acercó y le dio una muy real palmada en la espalda.
-Vamos, no te desanimes. Lo que pasó pasó, y nada podrá cambiarlo. Lo que sí podemos cambiar es tu fuerza. ¿No crees?- Preguntó, en tono misterioso. El Guerrero no pudo resistir la tentación.
-Sí, lo siento. Es solo que me hubiera gustado hacer algo más- Se disculpó con torpeza.
-Bueno, no te preocupes, y vamos a empezar- Thunder-Man sonrió y le señaló una dirección- En primer lugar vamos a tratar de aumentar tu resistencia. Ya eres bastante fuerte, pero debes empezar a ser capaz de usar tu viento de manera mas continua. Utilizaré mis poderes y me iré por allí, al principio despacio, pero en cuanto observe que te has acostumbrado al ritmo, aumentaré ligeramente mi velocidad... y así sucesivamente. Cuando considere que has alcanzado el nivel adecuado, llegaremos al siguiente reto.
El Guerrero estaba pletórico, menudo maestro le había tocado. Estaba hasta arriba de energía gracias a las fruta de Sage y de manera inmediata invocó el viento para mostrar su predisposición. El hombre le respondió invocando su rayo.
-¡Sígueme!- Y salió disparado entre las palmeras. El I-Men no perdió ni un instante y se impulsó con su viento. No tardó en alcanzar a su maestro, quien le sonrió. Siguieron corriendo unos minutos, y entonces Thunder-Man aumentó drásticamente el ritmo, dejando de nuevo atrás a Celestina, quien comenzaba a ver la dificultad en aquella prueba. Movió los brazos para controlar un mayor volumen de viento y se lanzó aún más rápido, pero esta vez no lograba alcanzar al hombre, que se alejaba cada vez más.
Maldita sea, ya es casi imposible alcanzarle, tendré que recurrir tan temprano a mi técnica definitiva”, pensaba. Se concentró en la atmósfera de alrededor y dejó fluir sus sentidos. Cerró los ojos al tiempo que seguía corriendo y, cuando los abrió, observó con total claridad el viento que circulaba a su alrededor. Mientras veía el viento escogió las corrientes más veloces y se incorporó a ellas, al mismo tiempo que se impulsaba, con lo que alcanzó una velocidad sin igual, llegando en un instante hasta su maestro, e incluso superándole. Pero Thunder-Man no había acabado, activó el modo de batalla que usó contra el borrador y se mantuvo a la par que su discípulo. Quería que aguantara el máximo tiempo posible para aumentar poco a poco su resistencia y el tiempo que podía usar esa habilidad, y luego probaría a acelerar un poco más.
El Guerrero aguantó sin problemas durante unos minutos, pero en seguida notó como su impulso perdía velocidad. “No puede ser, no llevamos ni un cuarto de hora y ya empiezo a estar en mi límite, ¿siempre he sido tan débil?”, se preguntó, algo furioso consigo mismo. Thunder-Man le observaba de reojo, sabía que pronto su alumno se encontraría frente a un muro que debería superar. Si lo lograba pronto comenzaría a aumentar sus capacidades de manera abismal. El I-Men seguía inmerso en una batalla interna. Las fuerzas se iban drenando poco a poco, el viento pronto dejaría de ser lo suficientemente fuerte como para llevar el ritmo de su Maestro.
El momento había llegado, era todo o nada, perder o ganar. El Guerrero se negó a seguir siendo sólo el chico friki, quería pelear al máximo para no tener que ver sufrir a nadie más. Motivado por esos pensamientos fue como si rompiera unas cadenas. La energía de su espíritu salía a raudales, otorgándole toda la fuerza necesaria. Thunder-Man supo ver el cambio en el chico y aprovechó la situación para acelerar de nuevo otro poco. Celestina respondió igualando su ritmo. El ex-ganador quiso probar los límites del joven acelerando otro poco más. Esta vez con algo más de esfuerzo, el I-Men logró alcanzarle, pero su rostro estaba perlado de sudor, el pelo se le pegaba a la frente y comenzaba a resollar.


El Capitán se encontraba en un campo de hierba verde, aquello parecía un monte. Rodeando al monte encontró un bosque, aunque no supo identificar los árboles. Ascendió hasta la cima, pues allí sentía algo. Cuando llegó encontró un solitario árbol y a sus pies a un chica joven, de baja estatura y largo pelo rubio cayéndole por la espalda. El hombre no supo que hacer, pero ella reaccionó en seguida, se levantó y se giró para ver a su alumno. La chica era verdaderamente guapa, de ojos azules y piel como la porcelana. Además de un generoso busto que dejó boquiabierto al héroe. “Santo cielo, son incluso más grande que las de Demongirl, y ya es decir”, logró pensar. La mujer pareció no darse cuenta de la reacción de él y comenzó a hablar.
-¡Hola! Me llamo Dayana, encantada. Durante este tiempo del que disponemos te entrenaré, así que, ¿qué tal si me dices quien eres?
-Eh, esto, sí claro. Soy el Capitán Vasco, héroe de Bilbao y de todo el País Vasco- Respondió el I-Men, orgulloso. Entonces se percató de algo- Pero, un momento. No te ofendas pero, ¿tú vas a ser mi maestra? ¿No eres algo... enana?
La chica torció el gesto, obviamente si se había ofendido. En un instante apareció detrás del Capitán y le agarró un brazo para aplicar presión. El hombre no pudo responder a tiempo y se vio acorralado por la tremenda fuerza de la otra.
-Tal vez sea pequeña, pero soy más fuerte que tú, “Capitán”- Dijo ella, mordaz, al tiempo que le liberaba de la llave- Ahora entiendo por qué Cerebro me eligió a mí, parece que alguien necesita una dosis de humildad. Bien, descríbeme tus poderes y veremos que podemos hacer.
El Capitán se mostró ahora más sumiso. No le había gustado que le atacara tan de repente, pero tenía que admitir que era el método más eficaz para ganarse su respeto. Le contó todo lo que sabía sobre sus poderes, mientras Dayana asentía.
-Ya veo, y debes entrenar el Agua- Ella cerró los ojos durante unos segundos, y en seguida sonrió, tenía una idea. Chascó los dedos y unas dianas aparecieron- Necesitas aprender a controlar tu fuerza. Por mucho poder que tengas si lo malgastas no servirá de nada. Para entrenar tu mente deberás activar esa Furia Vasca de la que hablas, acostumbrarte a mantenerla mucho tiempo activa. Luego atacarás a estas dianas. Fíjate, el círculo más concéntrico tiene aproximadamente el radio de tu puño. Deberás golpear exactamente en el centro, pero controlando tu poder y usando sólo el necesario. Si te pasa de poder, la diana entera resultará dañada o reventará. Si usas poco no lograrás romper la madera y te harás daño. ¿Has entendido?
El Capitán se rascó la cabeza. Nunca había hecho algo así, el siempre entrenaba su fuerza, su velocidad o su capacidad de lanzar cosas. También había hecho entrenamientos de simulación de batallas, pero Dayana tenía razón en una cosa. No medía bien la fuerza necesaria para lo que hacía y siempre acababa liberando mucho más poder del necesario, si dominaba al fin su mente (el Agua) y lograba superar el reto de las dianas, aumentaría mucho su poder.
-Vamos allá, ¡Furia Vasca!- El Aura rojiblanca le cubrió entero y vibró con fuerza. Primero debería aguantar unos minutos así para acostumbrarse a no liberar demasiada energía y poder usar más tiempo aquel modo. Eso resultó fácil, así que al cabo de diez minutos se decidió a tratar de golpear las dianas. Dayana observó con cuidado para ayudarle a corregir la técnica.
El I-Men encaró la primera de los círculos de madera y concentró su fuerza en el puño derecho, que llevó hacía atrás para descargar el golpe. Liberó su fuerza, tratando de no pasarse, pero la madera reventó en mil pedazos.
-¡Mal, mal, mal! ¡Santo cielo, lo haces todo al revés!- Ella se acercó y adoptó una postura similar a la de él- Mira, gastas mucho tiempo en el retroceso y la acumulación de poder, pero párate a pensar, ¿qué es lo que te da precisamente tu Furia? Exactamente, fuerza. Deberías aprovecharte de ello y usar golpes más débiles, pero mucho más rápidos. Si concentras de manera adecuada tu aura puedes hacer golpes igual de potentes que este, pero más concentrados, más eficaces y, sobretodo, mucho más rápidos- El Capitán miró sus puños como si nunca los hubiera vista antes. Ahora se arrepentía de haber sido tan idiota con ella, era una gran maestra- ¿A qué esperas? Sigamos, tienes mucho que aprender.
-¡Sí, maestra!- Gritó él, lleno de emoción.


Gaia estaba fascinada. Se encontraba en un bosque increíblemente denso, donde los árboles se elevaban muchos metros hacía el cielo, imponentes. La espesura de la vegetación oscurecían de tal manera el suelo, que casi parecía que era de noche. La rubia se abrió paso entre el follaje, que por suerte a esa altura no era demasiado. No tuvo que andar mucho para encontrar a un hombre de mediana edad descansando contra un tronco. El chico tendría alrededor de veinticinco años, vestía una chaqueta hecha de hojas verdes esmeralda y un pantalón marrón muy tosco. Tenia los ojos cerrados y parecía estar sumamente concentrado en algo. La I-Men dudó, pero al final se acercó.
-Hola- Dijo él. Sin embargo Gaia se extrañó, no le había visto mover los labios ni abrir los ojos. De nuevo escuchó la voz- Soy Hiedra, y seré tu maestro, jovencita. ¿Cómo te llamas?
-Eh, esto. ¿Cómo me estás hablando?- El tal Hiedra abrió los ojos y sonrió.
-Te he hablado a través de los árboles. Debido a tus poderes eres capaz de captar sus “pensamientos”- La voz del hombre era dulce pero firme, sin fisuras. Y transmitía un poder y sabiduría muy profundos. Era una voz propia de alguien con muchos más años a sus espaldas-No te asuste y dime, ¿cómo te llamas?
-Soy Gaia, eh, hola- Balbuceó ella en respuesta.
-Pareces sorprendida, pero Sage ya te habrá puesto al día, ¿verdad? Vamos a entrenar. Para que entiendas lo que ha pasado te explicaré mi poder, soy capaz de fusionarme con la naturaleza y sus ecosistemas. Allá donde existe algo de vida, puedo canalizar su fuerza a través de mi cuerpo y aprovecharme de su energía y manipularla- Hiedra la miró de arriba a abajo- Por lo que siento tu poder es algo diferente. Pero, ¿a qué esperemos? Pelea conmigo.
Sin mediar palabra se lanzó sobre ella, alzando los puños. Gaia respondió levantando los brazos y haciendo crecer una rama de un árbol cercano para que la cubriera, pero su oponente era muy fuerte. Hiedra destrozó la rama y asestó un duro golpe a la I-Men, quien cayó al suelo. Pero el maestro no paró ahí, convirtió sus brazos en madera robusta y atacó de nuevo. La rubia rodó por la tierra para poner distancia y se levantó de un salto.
-Ahora verás- Susurró ella. Llamó a las fuerzas de la naturaleza y un aura verde emergió de su piel. Su brazo derecho se convirtió en un gran tronco con el que arremetió sin dudarlo. Pero el otro ya esperaba un movimiento así y frenó el ataque con su brazo izquierdo como si nada. De nuevo él atacaba, afortunadamente no era muy rápido y Gaia fue capaz de aguantar la sucesión de golpes.
-No está mal, pasemos al siguiente nivel- Dijo él mientras la madera que cubría sus brazos se extendía por el pecho y de ahí al resto del cuerpo. Pronto estuvo cubierto de pies a cabeza por una madera oscura muy resistente. Entonces se fundió con un árbol cercano y apareció directamente en al espalda de Gaia, quien no pudo responder a tiempo y de nuevo chocó contra el suelo.
La I-Men quiso levantarse para seguir peleando, pero Hiedra la sujetó con uno de sus brazos mientras sonreía a través de la madera.
-Tranquila, ya hemos acabado por ahora, tenía que ver como utilizabas tus poderes- Liberó a la chica y esta se levantó algo indignada. “Maldita sea, ya sé que no soy la más fuerte de los I-Men, pero de ahí a que me halla pegado esta paliza...”, pensaba. El Maestro la miró fijamente, podía intuir que pensaba- Supongo que recuerdas lo que te expliqué de mi poder. Como ya te dije canalizo el poder de la naturaleza y eso me permite cubrirme de madera, fusionarme con los árboles y algunas habilidades más. Pero tu poder es algo más. Tú te transformas literalmente en un árbol, y eso es porque a diferencia de mí, tu absorbes la energía de las plantas.
-¿Qué? ¡Eso no puede ser!- Exclamó ella, horrorizada. ¿Cómo podía haber estado robando su energía a los seres vivos que tanto amaba y protegía?
-No te preocupes. A cambio tú liberas energía de manera pasiva para equilibrar la balanza- Dijo Hiedra tratando de tranquilizar a la chica, y pareció surtir efecto- Si queremos aumentar tu fuerza lo primero que debes aprender es a sincronizarte de manera eficaz con la naturaleza, así usarás únicamente la fuerza necesaria de esta. En cuanto alcances el nivel adecuado comenzará el entrenamiento para que completes tu transformación en árbol, ese modo esconde un gran poder.
-Ya veo...- Gaia bajó la cabeza. A pesar de que no le gustaba pelear se veía inmersa en un duro entrenamiento para aumentar su fuerza. No había estado del todo de acuerdo en aceptar la propuesta de Cerebro, pero todos tenían muchas ganas, ¿cómo podría decir que no? Suspiró, asumiendo que ya era tarde para cualquier replica y decidió que lo daría todo en aquella práctica. Mejoraría.


Eliart despertó tirado en un suelo rocoso. Le dolía toda la parte izquierda del cuerpo, pero a pesar de ello logró sentarse y apoyarse contra una pared rocosa que se elevaba hacía el cielo. El líder de los I-Men miró entonces en derredor, fijándose en todos los detalles. Pero no había mucho que observar, se encontraba en un desierto de arcillas, el suelo estaba resquebrajado. Hasta donde alcanzaba la vista solo veía un suelo rojizo y lleno de cicatrices. De vez en cuando algún arbusto mustio y marrón crecía, pero eran sumamente escasos.
Finalmente se incorporó del todo, ya no sentía ningún dolor. Se dio la vuelta y observó la mole rocosa donde se hubo apoyado. Echó la cabeza atrás hasta que el cuello el dolió, pero no pudo ver el final de aquella montaña. Entonces sintió una punzada muy fuerte, era su instinto, de manera más clara que nunca.
-Así que quieren que suba la montaña, ¿eh? No será fácil- Comenzó a rodear la roca para buscar un lugar desde el que comenzar el ascenso, pues la cara en la que estaba era prácticamente perpendicular al suelo. Al cabo de unos minutos encontró unos bártulos tirados de cualquier manera en el suelo. Entre ellos encontró una cantimplora repleta de agua fresca y un par de paquetes de comida bien protegida- Parece que son suministros. Supongo que esto no será una tarea de unos minutos.
Siguió andando y pronto vio una pared de la roca que no era demasiado inclinada, al menos era escalable para alguien novato como él. Además se percató de que había numerosos salientes, hierbas y demás elementos que podrían facilitar su ascensión. Se concentró y llamó a sus fuerzas. “Vamos allá, ¡Aries!”, pero nada pasó. El aura naranja no acudió como era costumbre. Eliart se extrañó y lo intentó de nuevo, pero no dio resultado. Sus poderes no funcionaban. Por algún extraño motivo eso no le sorprendió, más bien al contrario. “Así sí que será un reto, je”. Y sin más dilación comenzó la ascensión de la montaña rocosa.
Al principio resultó casi sencillo. Los salientes eran bastante grandes y no estaban muy separados, de manera que estaba casi siempre sobre uno de ellos. Pero pronto las cosas cambiaron. La inclinación empezó a ser un problema, además del cansancio. El sudor se le metía en los ojos y dificultaba la vista en algunos momentos. Para colmo los salientes eran cada vez más estrecho y espaciados. Empezó a tener que vigilar cada paso que daba, pues aunque la mayoría de los asideros que encontraba estaban hechos sobre resistente roca, algunos de ellos eran montones de tierra aglutinada, y esos podían desprenderse con mucha más facilidad. Al cabo de lo que se le antojaron horas encontró una diminuta cueva en la que entró sin dudarlo. A pesar de llamarlo cueva en realidad era poco más que un agujero cavado en la roca de dos metros de profundidad.
-Uf, uf- Resoplaba Eliart. Se miró las manos, estas presentaban unas feas heridas en las yemas. No había ido nada preparado para semejante ascensión y su cuerpo se quejaba. Negó con la cabeza, si comenzaba a dudar sería su perdición- No pudo rendirme- Decidió ver cuanto había avanzado, pero en seguida se arrepintió, desde esa posición daba la sensación de que apenas llevaba 10 metros, aunque no era precisamente poco. Tras unos minutos de merecido descanso y un trago a la cantimplora retomó el ascenso.
Comenzó a sangrar por las manos, pero Eliart ignoró el dolor, sabía que tenía que ascender, no había otra opción. El tiempo comenzó a fluir de una manera extraña, para el I-Men sólo existía el siguiente saliente, la próxima parada para dar un trago de agua. No había tiempo para pensar en nada más, y mucho menos en la caída. Conforme subía las fuerzas le fallaban, y en un par de ocasiones perdió pie de manera drástica. Por suerte supo reponerse del susto y continuar. En un pequeño rincón de su mente una parte de sí mismo se quejaba, intentaba hacerle ver a Eliart que aquello era una locura, pero el líder sumía esos pensamientos traicioneros en lo más profundo de su cabeza. No debía dudar, eso era todo.
Subió al siguiente saliente y, de repente, se encontraba ante una gran explanada, una terraza donde había un gran espacio. Eliart se sorprendió tanto que le costó darse cuenta de que había llegado a algún sitio. Se izó sobre el borde y finalmente se dejó caer sobre la roca, fría. ¿Fría? Abrió los ojos y se encontró con un cielo estrellado, un cielo nocturno. ¿Tanto tiempo había pasado? Entonces escuchó un ruido tras él. Con un gran esfuerzo se levantó para ver de qué se trataba. En un extremo de la explanada había una choza de paja y madera no muy grande. La puerta era un agujero negro, y al lado en el suelo había un pequeño bebedero vacío. El suelo estaba lleno de una hierba oscura, salvo en el borde, donde él estaba.
En medio de aquel panorama un hombre de rasgos asiáticos le miraba. ¿Desde cuando llevaba aquel hombre mirándole? Probablemente desde que subió, porque hasta entonces no había detectado ningún movimiento. El hombre era calvo por completo, pero tenía un pequeño bigote gris. Numerosas arrugas surcaba su rostro, era evidente que se trataba de un anciano, a pesar de que el brillo en sus ojos revelaban una vitalidad oculta. Lo cierto es que parecía un monje.
-Vaya Eliart, has tardado más de lo que pensaba- Dijo el hombre lentamente, como si estuviera jugando a algo. Entonces el hombre se inclinó a modo de saludo- Saludos, soy Wakabahashi Taipei, y tengo que hacerte una pregunta.
-¿Eres tú mi maestro?- Logró preguntar Eliart, pues estaba agotado.
-Eso depende de lo que me respondas...- Contestó el hombre de manera misteriosa mientras se llevaba una mano a la barbilla- Dime, Eliart, ¿qué es más importante para ti, saber lo que se oculta detrás de “El Juego”, o la vida de tus compañeros?

martes, 1 de septiembre de 2015

Capítulo 39 - 'Revancha'

La ciudad había sido liberada del tiránico gobernador. Era como un sueño que continúa al acabar una horrible pesadilla. A todos les convenía descansar y comer, ya que la mayoría estaban heridos por los combates, así que se apalancaron en el salón de la casa de la Segunda Calle. Por primera vez, ni el Capitán ni el Guerrero Celeste hacían bromas mientras comían fruta en el salón, pues estaban consternados por las muertes de Holy y Tejedora. Revelación trataba de eliminar sus quebraderos de cabeza. Light Knight había hablado de Gravitta. ¿Estaba pretendiendo asaltarles? Era difícil eludir esos pensamientos, y los besos contantes de Kya y Shadow Walker no ayudaban para distraerse, así que comenzó a relatar lo que experimentó cuando se encontraba en trance debido a la maniobra de Mentalizer.
-Sentía que tenía los ojos abiertos de par en par y que me esforzaba por ver. Pero sólo veía una luz blanca. Nada más. No había ideas, ni imágenes de ningún tipo. Era como ver y sentir la nada. Una nada de la que no puedes escapar. De pronto, tras un rato, dejaba de ver el blanco y todo ante mis ojos era negro. Empezaba a sentir que caía agua por mi rostro, como si estuviera sudando y sumergido en alguna especie de agua sucia. Intentaba pensar, pero todas las ideas eran rechazadas. Era una visión muy desoladora. La parte es buena es que ya nos hemos librado de ese tipo. Pero estad alerta. No creo que tarden mucho en llegar- Sugirió a Erzzhia, al Capitán y al Guerrero.
En una habitación cercana Eliart yacía inconsciente. Se encontraba postrado sobre una cama, arropado por una sábana y los brazos de Gaia, que al mismo tiempo tenía ganas de hablar con su hermana. No había tenido tiempo de preguntar cómo estaba tras la muerte de Llama Helada.
-¿Estás bien, hermana?- Preguntó Gaia mientras la abrazaba. Demongirl aprovechó que la puerta estaba fuertemente cerrada y que nadie podía escucharles para abrazar con mucha fuerza a su hermana y dejar que las lágrimas bañasen sus ojos, aunque sin emitir ruido alguno. Habían sido demasiadas emociones. Ahora tendrían que ser más fuertes que nunca y cuidar de Waver, que no era más que una adolescente rebelde. Sabían que aquello era demasiado para lo que podía soportar.
Por otro lado Garra Nocturna y Waver se habían acercado al antiguo sanatorio de Infecto, para ver si, por suerte, había más orbes para recuperar vidas. Buscaron durante media hora, pero nada de nada.
Mientras tanto, los hombres de Gravitta ya estaban en la isla.
-Vamos a ver, ¿donde están esos plebeyos? No creo que sea difícil encontrarlos- Dijo el Vikingo de Acero. Era un individuo rubio, de espaldas anchas y notablemente fuerte. Alto y ancho, aunque no gordo. Llevaba un cuerno de mamut relleno de cerveza colgado del cuello y un casco con cuernos sobre la cabeza. Su rostro denotaba una fuerte seguridad en sí mismo.
-Según las indicaciones de J.J, no debe faltar mucho, Vikingo de Acero- Explicó Death Master-¡Me hice un mapa según hablaba y todo!- Dijo mientras se lo enseñaba al Vikingo.
-Ya lo veo. ¡Eres un genio!- Se mofó. Death Master estaba también seguro de sí mismo, sabía que era fuerte. No estaba tan tembloroso como cuando conoció a Gravitta en la Tierra. Tenía un cabello largo y negro, pero sin coleta y su cuerpo era pálido y huesudo.
Junto con ellos, había tres compañeros más. Uno iba delante fumando como un carretero. Tenía dos cigarrillos entre sus labios y generaba mucho más humo del que cabría esperar incluso de una persona que fuma los cigarros de dos en dos. Vestía con estilo punk, una chaqueta vaquera con chapas de varios grupos de ska, cadenas colgando en los pantalones y una cresta de color rubia en el centro de la cabeza, llevando el resto rapado. Su nombre era Ceniza. Al lado iba una chica altiva y de carácter fuerte. Tenía el pelo castaño con toques rubios y se hacía llamar Psikosis. A pesar de aquel nombre, su vestimenta era de lo más normal, pantalón y camiseta deportivas. Parecía que era una amante de los deportes en el mundo real. Ceniza y Psikosis iban hablando durante el camino.
-Cof, cof- Tosía ella- Joder, ¡apártate para hablar conmigo, si no quieres que te haga picadillo! Tu asqueroso humo huele a kilómetros- Se quejaba la chica. La verdad es que el abundante humo era molesto y más para alguien que lleva una sana vida de deportista, sacrificando muchos vicios.
-Ja, ja. Relax, mujer, relax. Nunca sabes si ésta será la última batalla. Hay que disfrutar del momento. Ahora toca relajarse y divertirse con un par de canutos, luego tocará centrarse a pelear. Esa es mi filosofía de vida, cada cosa a su tiempo, respetando a los demás.
-Bah, ¿Esa es tu concepción de la diversión? Es un pena que con lo guapo que eres te pases la vida fumando y bebiendo.
-Bueno... también practico algo de kárate y pesas- Alardeó satisfecho, poniéndose colorado.
-Me lo pensaré- Comentó la chica, guiñando un ojo- Ahora avanza. ¡Vamos! Que vas pisando huevos.
-Sí, mi sargento- Contestó burlón.
-Ja, ja, que patético y sumiso es ese hombre. ¿No crees, Chairner? Tú eres el que más mola de aquí. Al menos, entiendes de buena música- Comentó el Vikingo al Destructor que estaba a su derecha. Chairner tenía rostro serio, melena negra pero ondulada, una camiseta también negra de un grupo de thrash Metal y brazaletes con largas cadenas. Solía ir con los cascos puestos pero tenía un oído tan fino que podía escuchar todo lo que le decían.
-Así es. Yo molo bastante- Contestó seco y sin quitarse los cascos- A ver qué nos encontramos ahora...
De pronto, Death Master se detuvo:
-¡Esperad! Voy a ocultar nuestras presencias... ¡les daremos un susto en toda regla !- Afirmó.
Avanzaron peligrosamente por la ciudad y entretanto, las nuevas del equipo volvieron a la casa de la Segunda Calle sin haber encontrado ningún orbe de recuperación.
Al cabo de unos minutos, Revelación tuvo una extraña sensación y comenzó a temblar, “algo” estaba a punto de suceder, pero era incapaz de distinguir qué o quién era, debido en parte al bloqueo de Death Master. “¿Será Gravitta? Desde luego es el momento menos oportuno para que aparezca. ¡Maldición, y Eliart en cama! Bueno, en cualquier caso debe tratarse de jugadores, es una sensación intensa”.
-Guerrero Celeste, Capitán, Shadow... creo que alguien viene, no sé si es peligroso o no, pero tengo un mal presentimiento. Acabad de comer, ¡rápido! ¡No hay tiempo que perder!- Comentó mientras se dirigía al resto de las habitaciones para que todos bajasen. Demongirl y Gaia bajaron a la sala de estar, mientras que Erzzhia se comunicaba con Waver y Garra.
Varias pisadas se oían, se acercaban a pasos agigantados. Celestina, Shadow, Kya y el Guerrero se pusieron firmes frente a la puerta pero tenían el estómago lleno. Los jugadores aporrearon la puerta de la entrada, y no parecían tener intención de parar. El Guerrero Celeste se preocupaba por momentos al ver que Revelación estaba extremadamente pálido.
-¡Abrid la puerta, gusanos!- Gritó Psikosis- Si no, la echaremos abajo. El Vikingo de acero incrédulo, le dedicó una sonrisa burlona.
-¡Pero qué monada eres, pidiendo las cosas con educación!- Mientras decía eso se adelantó y, levantando su enorme y robusta pierna, derribó la puerta de la casa de una patada. El cemento para él era tan frágil como el papel y no digamos ya la madera.
Los I-Men se quedaron boquiabiertos al ver a cinco jugadores que parecían fuertes, frente a ellos. El miedo les paralizaba pero no debían dejar que sus adversarios lo supieran.
-No... ésto ahora no. ¿Cómo diantres vamos a sobrevivir con lo exhaustos que estamos?- Se lamentó el Guerrero. A pesar de no sentir sus energías, el Capitán Vasco sabía por su experiencia en combate que debían ser bastante poderosos. “Estoy seguro de que tienen una energía extraordinaria”, se decía.
Es obvio que no vienen con buenas intenciones, pero vamos a intentarlo. No estamos preparados para otra batalla tan descomunal”, pensó el místico.
-¿A qué habéis venido?- Preguntó a los destructores.


-Sentimos ser inoportunos- Intervino la voz sosegada de Death Master- Pero era parte de nuestro cometido. Somos los leales Destructores de Gravitta- Sin decir ni una palabra más, blandió la espada de huesos en sus manos y rápidamente atizó a los de primera fila, El Capitán y Revelación, abriéndose paso entre los I-Men. Cuando se cruzó con la chica-demonio, ésta le encaró con su espada incandescente, impidiéndole el paso. Waver se colocó a su espalda para defenderla de un contraataque.
-¡Comenzad!- Ordenó Death Master. El resto se pusieron en marcha, dispuestos a atacar a los I-Men.
-Oh, no. ¿Otra vez Gravitta?- Se quejaron Waver y Gaia. Shadow y Kya fruncieron el ceño. Su antiguo jefe clamaría venganza también contra ellos y Revelación por abandonarle.
Revelación sintió un escalofrío, ¿Gravitta les odiaba tanto que no les había dejado ni un momento de tregua, o tal vez no era así? Por su parte, Celestina recordó entonces las palabras que le dijo Gravitta cuando intentó detenerle en la ciudad. Hazte más fuerte. Eliart te necesitará para un juego que os tengo preparado.
-¡Claro! Todo encaja. ¿Será éste el juego del que hablaba?- Le daba vueltas mientras trataba de no dejarse llevar por el pánico.
-Veamos, ¿quién de vosotros es Eliart?- Preguntó el Vikingo de acero con aire de superioridad. Gaia se extrañó y pensó en ponerlo a salvo. ¿Por qué lo preguntaba? ¿Se trataba de una venganza personal? Fuera lo que fuera, si él estuviera consciente, nunca se escondería. Al escuchar al Vikingo, Gaia, dejándose llevar por sus instintos, corrió en dirección a la habitación donde se encontraba el líder, seguida del Vikingo a toda prisa.
-¡No podemos permitir que toque a Eliart!- El Guerrero Celeste hizo uso de su velocidad para llegar a la puerta de la habitación antes que el Destructor y, a duras penas, lo consiguió.
-¿Me vais a impedir el paso vosotros dos?- Con un ligero placaje apartó a los dos I-Men y se acercó a la cama. Al ver que el líder estaba inconsciente, no pudo evitar una honda carcajada- Ja, ja ja, ¿y éste tipo es el más fuerte de vuestro grupo? ¿Vuestra esperanza? Esperaba más, sois patéticos. Enseguida lo remato- Comentó mientras alardeaba de su descomunal músculo.
-No lo harás hasta pasar por encima de nuestro cadáver- Se apresuró a decir el vasco, contento de haber llegado justo a tiempo.
-Y no te será fácil- Advirtió Shadow- Nosotros dos nos ocuparemos de él. El resto id fuera a luchar con los otros- dijo con firmeza.
El Guerrero Celeste y Gaia accedieron y regresaron a la sala de estar, donde Demongirl blandía su espada incandescente contra la espada de huesos de Death Master, pero no conseguía hacerle retroceder.
-Mierda, para ser tan huesudo, es muy fuerte- Se quejó la I-Men, mientras sorteaba el afilado hueso. El destructor la sorprendió ahora haciendo muestra de su fuerza física, y la asestó un gancho en el pecho, desplazándola unos metros. Estaba cansada del combate con Womenice y no podía cumplir con todas las expectativas. Cuando se reincorporó para atacar, no vio a su rival. “¿donde se habría metido?”, se preguntaba, mirando a todas direcciones. De pronto, apareció a su espalda como si viniera de la nada.
-También soy rápido- Dijo en un tono serio. Le propinó un directo a la espalda, seguida de otro dado con la otra mano: tanto la velocidad como la fuerza del Destructor superaba al de la I-Men, cansada de la anterior batalla. La chica-demonio mostraba su asombro, abriendo los ojos de par en par y con temblores a lo largo de su cuerpo.
Estoy como bloqueada, le veo borroso. Será complicado acertar. Debe ser que por mi cansancio me fallan los reflejos, tengo que andarme con cuidado...”, dudaba la chica, a la par que esquivaba la espada huesuda de su rival. De pronto, le pareció ver que estaba frente a dos enemigos iguales que se intercambiaban continuamente la posición. Los nervios hacían mella, pero trataba de controlarse y contraatacar. Waver, que estaba escondida un par de metros atrás, se adelantó.
-¡Torrente!- Exclamó a la vez que se lanzaba ante el esquelético Destructor.


Por su parte, el Capitán Vasco y Shadow Walker se encontraban en la habitación donde dormía Eliart, que había perdido la conciencia. Enfrentaban al portentoso Vikingo de Acero. Éste había dejado que el Guerrero Celeste y Gaia salieran de la habitación, después de llamarles “mosquitas muertas”. Le parecía que aquel Capitán Vasco y aquel joven de piel morena le presentarían más pelea.
-¡Se ve que tenéis carácter, a ver si me demostráis de qué estáis hechos!- Dijo- Os esperaré con los brazos cruzados.
El Capitán se lanzó rápidamente, envuelto en las sombras de Shadow para no utilizar su Furia Vasca. Lo que menos necesitaba era cansarse más. Golpeó al Vikingo con dos fuertes ganchos pero el Destructor no hizo ningún intento de esquivarlos, seguro de poder aguantar sin pestañear. El vasco continuó golpeando hasta cansarse de su propio ritmo. “Llevo demasiados golpes seguidos y no le he hecho nada... ¡Por fin un tipo duro!”, se ruborizó mientras se le dibujaba una sonrisa. Con enemigos así no faltaban ganas de combatir.
-Bueno, ¿ya me toca a mí?- Preguntó el Vikingo, mi entras movía su brazo derecho. Shadow se le adelantó golpeándole ligeramente en la nariz. Lo cual sorprendió al Destructor, que le sonrió- No está mal, plebeyo morenito, no está mal. Un poco más y me haces daño de verdad- El Vikingo de acero agarró al I-Men por su brazo derecho, con el que éste le había atacado, y lo levantó, haciéndolo dar vueltas en el aire y tirándolo al otro extremo de la habitación, provocando varias grietas en el pared y el suelo de la sala.
El Capitán Vasco no perdió el tiempo y ya estaba encima de su enemigo: le atacó esta vez imbuido en su “Furia Vasca”, haciendo uso de una notable fuerza. Esta vez, el Vikingo no se quedó de brazos cruzados, sino que ambos nudillos y ganchos chocaron unos con otros. El vasco sentía que su fuerza física era alucinante. Y efectivamente, iba ganando. Poco a poco, la furia vasca retrocedía. El Vikingo se apartó unos instantes y logró acertarle con una patada extremadamente fuerte en el costado que le hizo chillar.
¡Me está dejando a la altura del betún! ¡Ya hasta grito de dolor, como Celestina!”, pensaba para sus adentros. Su orgullo estaba herido en tan sólo unos minutos de combate, lo que también le hacía reconocer que tenía frente a él un feroz luchador que tampoco parecía alarmarse frente a nada. Sobrevivir en aquel juego se hacía cada vez más difícil, pero eso le daba energías para querer continuar. Shadow Walker fue en ayuda de su compañero y generó un orbe oscuro en dirección a la cabeza del Vikingo de acero, quien no tuvo la mayor dificultad para esquivarlo. El Destructor enseguida se adelantó y le asestó un puñetazo. Shadow lo sintió como si le hubiesen golpeado con una barra de metal y cayó al suelo sin poder evitarlo. El Capitán Vasco se dispuso a un rápido contraataque y le propinó un golpe directo con su puño derecho, pero el Vikingo lo aguantó y le devolvió el golpe, haciendo caer de bruces al Capitán.
-Había oído hablar mucho de ti, Capitán. Mi padre te admiraba mucho. Normalmente él llama genios a mucha gente patética con ironía, para divertirse riéndose de ellos. Sin embargo, cuando decía que el Capitán vasco era un genio, se le iluminaba la cara. Yo enseguida sabía que iba en serio. Eras un guerrero formidable, o eso pensaba él. Me he llevado una gran decepción, esperaba más de ti, pero no es eres más que un vulgar jugador que no tiene nada que hacer contra nosotros. Bah...- Dijo enfurruñado mientras se acercaba a Eliart.
El Capitán sintió más dolor por estas palabras que por los golpes de su oponente. ¿Sería verdad que no era más que un luchador mediocre?, meditaba al tiempo que intentaba no pensar en el dolor.
-Me pregunto qué tendrá de especial este chico para que mi jefe le da tanta importancia... no parece gran cosa y en cambio todo su grupo lucha para protegerle sin importar las consecuencias- Observaba mientras los dos I-Men hacían esfuerzos sobrehumanos por levantarse del suelo.


Al mismo tiempo, Chairner obedecía las órdenes de Death Master a regañadientes, porque le consideraba un pardillo que no sabía nada de la vida. Sin embargo, servía a Gravitta sin dudarlo porque sabía que lo tenía todo para ser un auténtico líder: temido por todos, disciplinado, calculador y poderoso. Si algún jugador tenía posibilidades de salir victorioso del juego, ese era su jefe. Chairner se acercó a donde estaban Erzzhia y Garra Nocturna, en una esquina de la habitación. Se disponía atacarlas pero se quedó prendado del cuerpo de la hermana de celestina: Su silueta de adolescente ya desarrollada, sus curvas y su abundante pelo moreno le hicieron detenerse. Así que haciendo caso omiso de la mirada amenazante de Garra, se dirigió a Erzzhia.
-Parece que el destino ha querido que encuentre una belleza el día de hoy. Son fascinantes las cosas que nos suceden sin que planeemos nada ¿no crees?- Comentó mientras le daba a Erzzhia un ligero codazo. La adolescente le miró anonadada, sin saber qué decir. Le parecía bastante guapo pero era un enemigo y ahora debían centrarse en el combate- Garra Nocturna se preparaba para atacar pero el Guerrero Celeste se adelantó.
-¡No te atrevas a ligar con mi hermana!- Gritó mientras se acercaba al destructor, dispuesto a pelear.
Al verle llegar, Chairner se puso serio y la amabilidad que empleaba para cortejar a Erzzhia desapareció. El Destructor era un rockero profesional que tocaba la guitarra eléctrica y vestía con un pantalón vaquero del que colgaban una cadenas muy largas, y dos brazaletes de los que colgaban largas cadenas metálicas, uno en cada mano. El Guerrero Celeste pensaba que aquellos brazaletes serían la fuente de su poder. Comenzó a generar una corriente de viento hasta tener dos pequeñas esferas concentradas. Quería primero tantear al adversario antes de usar toda su capacidad. Chairner agarró una de sus dos largas cadenas metálicas y la utilizó a modo de látigo y le devolvió el golpe tan rápido que impactó de lleno en el I-Men, que pudo comprobar el potencial de su propia técnica. Seguro de sí mismo, el rockero se acercó para golpearle con los puños, pero Garra se interpuso en su camino tratando de arañarle . Chairner sorteó el zarpazo a duras penas pero ya tenía al Guerrero atacando de nuevo, esta vez con un remolino.
-Mmm, no está mal. Pero no te servirá de mucho- Explicó el destructor rockero, mientras golpeaba el remolino con su brazalete derecho. La fuerza del mismo se notó en el aire y el remolino se evaporó sin dejar rastro. Celestina y Garra se quedaron boquiabiertos y su hermana babeaba al ver a aquel chico tan fuerte.
¿Cómo es posible esto? ¡Ha destruido mi remolino con un puñetazo! Tendré que usar mucha más fuerza y atacarle desde la distancia”, se decía en voz baja el I-Men. Chairner no le dejó tregua: agarró sus cadenas metálicas con ambos puños y su grosor comenzó a disminuir, al tiempo que sus brazaletes se hinchaban. A los pocos segundos, el Guerrero hacía recibido un fuerte derechazo en la cara. Sus puños eran tan duros como el metal.
Celestina pensó unos instantes: ¿su rival había trasladado la fuerza de su cadena metálica a sus propios puños por medio de aquellos brazaletes? “Lo mejor será andarse con ojo y ganar distancia”, pensó mientras hacía ademán por levantarse.


Kya se enfrentaba a la deportista Psikosis que la había herido brutalmente con sólo dos patadas. La gata intentaba centrarse en el combate, pero era difícil con lo cansada que estaba. “No doy abasto... ¿Estará bien Shadow?”, pensaba mientras cambiaba a gigante.
-Sería una pena destruir la casa. ¿Te parece bien que luchemos fuera? Gravitta no ha dicho que destruyamos nada necesariamente- Propuso la destructora con la mirada fija en su rival.
-Está bien- Confirmó una Kya gigante que se lanzó sin miramientos. Hábilmente, la destructora esquivó las uñas de la I-Men y la asestó una patada cargada de fuerza. Kya se sintió como si estuviera apunto de desmayarse. Aquello no parecía una simple patada.
-Gaia, será mejor que vayas a ayudarla- Le dijo Revelación a la rubia, señalando a la gata- Está teniendo problemas. La superioridad de Psikosis es más que evidente, pero quizás entre las dos podáis hacer algo. Yo tengo dos vidas intactas, puedo hacer frente a este jugador... yo sólo- Concluyó mientras miraba a Ceniza , que continuaba fumando.
Gaia asintió y fue en ayuda de la gata, dejando a Revelación frente al que parecía el más pacífico de los destructores.
-De modo que vas a pelear conmigo ¿no, es así colega?- Preguntó Ceniza mientras emitía humo por ambos lados de la boca. Era difícil mirarle a la cara sin tragar aquel espeso humo.
Revelación lo miraba fijamente de arriba hacia abajo, intentando averiguar más cosas sobre él y con la nariz tapada para no oler todo el rato tabaco. Debido a los otros combates, tampoco tenía mucho espacio para moverse. “Este luchador es el claro ejemplo de que que a veces las apariencias engañan. Su cuerpo es muy delgado, probablemente por fumar mucho y comer poco. Su tono parece menos agresivo, pero siento su aura y sé que no debo distraerme ni un minuto. Soy el único que está en condiciones de hacer algo, al menos hasta que Eliart recobre la conciencia”, reflexionaba el vidente.
-Veo que me miras, pero no dices nada. ¿Quieres fumar un poco?- Ofreció el destructor sacando un paquete de cigarros de uno de los bolsillos de su pantalón, lleno de pequeños agujeros.
-No, gracias. Me gusta que seas amable, pero sé que no eres buena gente. Eres el típico chico joven sin ideales que va a lo seguro. ¿Me equivoco?- Le increpó Revelación, que había podido descubrir sobre su comportamiento en el juego mientras lo observaba.
-Sé que durante el tiempo del juego has hecho todo lo posible para sobrevivir. Has intentado seducir mujeres y lo has conseguido en ocasiones, cosa incomprensible debido a tu permanente e intenso olor a tabaco, has dejado a otros en la estacada sólo para huir, e incluso has empujado a un compañero hacia la propia muerte. Todo para sobrevivir tú a toda costa. Lo entiendo y no voy a juzgarte por ello. Ya que sé que este juego a muchos cuerdos los volverá locos, a muchos locos, los hará encontrar la razón. Hará de los indecisos y desesperados, héroes con arrojo y hará que los que se tienen a sí mismos por héroes, entren en una depresión al darse cuenta de que todo por lo que se tenían era una mentira. Pero nosotros hemos podido caer en todo eso y, sin embargo, actuamos con lealtad, sacrificándonos por nuestros compañeros sin que nos importe morir. Eso me hace pensar que hay personas mejores que otras, y eso debe tenerse en cuenta cuando llega el momento de impartir justicia. Estás con Gravitta sólo porque es fuerte y puede protegerte, pero si estuviese en apuros no le ayudarías. Es por eso que no me importará acabar contigo.
-Relax, hombre relax- Contestó mientras hacía una pausa para dar una honda calada, el tabaco era su principal adición- ¿Eres un adivino o algo así?
-Soy aquel que juzgará tus actos. Si tienes algo de lo que arrepentirte, en un rato llegará el momento. Vayamos fuera- Dijo mientras la runa de agua se iluminaba. Nada más salir por la puerta de la casa, varias corrientes de agua se lanzaron a por su rival, tratando de disipar el humo. Sin embargo, Ceniza parecía esperar un ataque y frunció el ceño a la par que la densidad del humo aumentaba, rodeando a Revelación. El agua concentrada se dirigió hacia el estómago del destructor pero la humareda actuó como freno.
-¿Pretendías hacerme algo con un chorro de agua potente?- Replicó el destructor, molesto. Una espesa corriente de humo comenzó a rodear a Revelación como si de un remolino se tratase, desde los pies hasta la cabeza. Se pegaba cada vez más al cuerpo provocando que el I-Men tosiera un par de veces y perdiese reflejos. Al mismo tiempo, el humo aumentaba su presión.
-¡Muere ahogado con una de mis técnicas más básicas!- Sentenció mientras emitía humo con sus manos.
Revelación estaba estupefacto, mientras hacía esfuerzos por mantener la consciencia. “¿Una técnica básica? Espero que esté alardeando. No obstante, hay una salida momentánea. Si consigo acercarme a él, lo tengo, puedo sentir que en fuerza física no es rival para mí”, meditaba. Tras unos segundos más, la runa blanca se iluminó y una tremenda corriente de aire emergió con más fuerza que nunca. Revelación se estaba ensañando para lograr disipar el humo, controlando la corriente de aire. El remolino fue perdiendo terreno frente a la habilidad del I-Men, quien condujo el aire hasta el pecho de su rival. Esta vez no pudo protegerse.
-Tenías razón. Era una técnica básica. Tendrás que esforzarte más, caballero- Dijo esta vez el vidente. Mientras hablaba, con un sobre esfuerzo, se situó frente a su rival y le propinó una tanda de puñetazos y patadas, sin perder el aliento. El destructor, que efectivamente no estaba dotado de una gran preparación física, retrocedía por momentos. De pronto, se colocó un cigarrillo sobre los labios, lo prendió y lo escupió hacia su oponente.
-¡Golpe de tabaco: estalla!- El cigarrillo cayó en la frente de Revelación y explotó, haciéndole caer de bruces. Al ponerse en pie, el olor a tabaco maloliente rodeaba todo el campo de batalla. Se trataba de un tabaco especial. Un tabaco que, además de generar una considerable humareda que actuaba como barrera frente al rival, al mismo tiempo le hacía perder facultades a la hora de atacar, era capaz de penetrar en el cuerpo del I-Men, a través de la ropa. Revelación tosía de una manera exagerada y comenzaba a sentir dolor en los pulmones. Aquel cigarro era puro veneno. Pero eso no podía distraerlo. Si alguien podía hacer algo contra los destructores de Gravitta era él en aquellos momentos. A pesar de las dificultades, logró alcanzar a su adversario mediante un gancho derecho que le acertó en el hombro. Sin perder ni un instante, hizo el pino en el aire y se situó sobre él para asestarle un placaje, seguido de una patada en la boca del estómago. Ceniza lanzó un alarido y se vino abajo. El I-Men ganaba en fuerza y velocidad, pero él en habilidades y estratagemas, como la capacidad de modificar el escenario con su poder. Los dos adversarios estaban ya jadeando e intuían que el otro podía salir con alguna extraña sorpresa.
Ceniza se reincorporó y, haciendo gala de una mayor velocidad se situó a la espalda de Revelación, agarrándole del cuello con sus brazos. En uno de ellos, portaba otro cigarrillo.
-Ya te he mostrado mis habilidades con el humo y el tabaco. Ahora toca que experimentes... la ceniza- Dicho esto, el cigarro se hizo trizas en su mano y el cuerpo del destructor comenzó a teñirse de un gris blanquecino, propio de la ceniza, de la cara a los pies. Su piel estaba ahora hecha de ceniza, con contornos que mezclaban la sangre y rastros del fuego. Ceniza asestó un directo a Revelación que le alcanzó cerca de la ingle. El místico pudo notar el cambio: la ceniza no sólo había multiplicado su fuerza física, sino que además ardía. Ceniza prosiguió con una suerte de ataques físicos, frente a los que el I-Men apenas podía ofrecer resistencia. El último derechazo en la cara le hizo tambalearse. Había perdido una vida. Ya sólo le quedaba una para ser eliminado de aquel cruel juego. Pero no era el momento de irse.


Mientras tanto, a pocos metros de Revelación, la única destructora estaba peleando de manera envidiable. Eran dos I-Men contra ella y seguía siendo claramente superior. Gaia lanzaba su tronco con firmeza y concreción, fijándose en el avance enemigo. Kya se valía de los troncos de su amiga para lograr avanzar y situarse frente a Psikosis. La chica, que estuvo a punto de ser atrapada por Gaia en varias ocasiones, no se daba por vencida.
-Lleváis un buen rato atacando igual ¿qué os pasa? ¿No os va la variedad? ¡Yo os enseñaré !- Sin perder el humor, asestó una fuerte patada en el hombro de Gaia, tan descomunal que la hizo perder el control sobre el tronco. Kya se abalanzó hacia ella tratando de arañarla, pero la destructora sorteó hábilmente los golpes. “Estoy cansada, no puedo descontrolar mi poder ahora... y Gaia también está bastante malherida... a ver si alguien para esto, por favor”, se lamentaba la mujer-gato. Normalmente, ella siempre luchaba hasta el final en un combate. Pero esta vez era diferente, se sentía totalmente derrotada al poco de empezar. ¿Sería su final aquella isla?
Concentrada en emplear lo mejor posible sus facultades, Gaia logró transformar su pierna izquierda y su brazo derecho en sólidos troncos y en el mismo instante. Haciendo uso de la mayor rapidez posible, le asestó un golpe combinado a la destructora que la alcanzó de lleno. Las uñas de una Kya diminuta fueron el remate. Esta vez sí la habían alcanzado. La destructora, en cambio, se reincorporó. Sangraba en el lado izquierdo del labio, pero sus vidas permanecían prácticamente intactas.
-Aguanto muy bien los golpes. Pero enhorabuena, Gaia, me has alcanzado- Reconoció la destructora- Pero ya estás cansada. Ese tronco ahora mismo es como de plástico- Psikosis asestó una contundente patada y logró romper una de las ramas del árbol, viendo como todo él se resentía. Efectivamente habían empleado todas sus habilidades para alcanzarla. Kya jadeaba. Psikosis la propinó una puñetazo directo que la hizo caerse de espaldas. Las dos I-Men estaban en el suelo frente a una destructora apenas herida.
De pronto, Gaia entendió lo más preocupante de aquella batalla imprevista: no habían logrado percatarse de las habilidades de su adversaria. ¿Realmente sólo era ágil, fuerte y resistente o había algo más?


En el interior de la casa de la Segunda Calle, Celestina había logrado generar distancia frente a su oponente. Desde la otra punta del salón, lanzó un pequeño remolino de viento, más fuerte que el anterior. Sin embargo, Chairner no hizo ademán de esquivarlo y aguantó el golpe con la dureza de su cuerpo. En verdad había absorbido la dureza de las cadenas. Garra no le dejó tregua y se lanzó hacia él y éste la despachó dando un salto hacia donde estaba el Guerrero.
-Tú eres mi rival, no me dejabas ligar tranquilo. No hacía falta ponerse así, hombre. Vais a morir tarde o temprano de todas maneras, así que deja que me divierta con tu hermana- Se mofó el destructor. Estos comentarios encendieron al Guerrero Celeste, quien duplicando su velocidad se dispuso a cortar el cuello de su adversario.
-¡Corte Vendaval!- Dijo mientras juntaba sus dedos índice y corazón al tiempo que separaba el pulgar. Esta vez le dio pero no en el lugar esperado. El corte afectó al tronco haciéndole una pequeña herida.
-Ha estado cerca. Voy a tener que ponerme serio- El destructor se tocó varias veces su melena y aceleró. Se situó delante del Guerrero a escasos centímetros, y le asestó una tirada de golpes impulsados por sus dos brazaletes. El dolor le dejó en un estado crítico: apenas podía levantarse. Era consciente de que no se trataba sólo del cansancio, aquellos tipos eran fuertes. Sin embargo, no parecían tener intención de matarlos. “¿Por qué Gravitta quiere hacernos sufrir? ¿Por qué se ensaña con Eliart y con los I-Men? Podrían atacar a otros jugadores, digo yo”, pensaba. Sin embargo, sabía que había una especie de rivalidad con Gravitta, algo “más” que no había con otros equipos.
Garra se dispuso a atacar pero Celestina la retuvo.
-¡No vayas! En un rato trataré de plantarle cara de nuevo...- Le dijo en voz baja el Guerrero, al tiempo que la agarraba suavemente del hombro para que no se moviera.


Por su parte, el Capitán Vasco estaba enfurecido: hacía tiempo que no le minusvaloraban tanto. Aquel Vikingo le sacaba de quicio. Shadow Walker rodeó la habitación de sombras, trasladando a Eliart a la dimensión oscura para que estuviese a salvo. Acto seguido, esperó a que el Capitán descargase su ira asestando al enemigo un directo imbuido en la “Furia Vasca”, para lanzar varios orbes oscuros.
-Oh, que miedo. ¿Creéis que tengo tres años y miedo a la oscuridad? ¡Sé donde estáis perfectamente!- Fardó el destructor. Y, efectivamente, los orbes oscuros no surtieron gran efecto en una piel tan dura como el acero. Rápidamente, el Vikingo asestó un fuerte gancho a la sombra que desequilibró al moreno, hasta el punto de hacerle expulsar a Eliart de la dimensión sombría- ¡Anda! Con qué habíais escondido al líder. ¿Eh? Bueno, acabo con vosotros dos y me pongo con él.
El Capitán Vasco, que yacía en el suelo, se reincorporó al escuchar estas palabras. No podía permitir que hiriesen a Eliart. Lanzó su escudo al enemigo a modo de distracción y consiguió golpearle contra la ventana. El cristal se rompió ipso facto y un horrible olor a tabaco empezó a penetrar en la sala.
-Menudo compañero de equipo tengo. Ya podría morirse para librarnos de tanta insalubridad pública- Se quejó el Vikingo. En el suelo, el líder de los I-Men empezó a revolverse: le vino el recuerdo del día que llegó al faro. Un humo de tabaco horrible que le ahogaba, que le abrumaba y que le hizo correr. El tabaco de Ceniza daba la misma sensación. Al recordar ésto, y fruto de aquel olor irascible, el líder abrió los ojos despacio. Aprovechó un momento de distracción del Vikingo para reanimarse como pudo y éste se lo encontró ya de frente.
-¿Quién eres tú?- Dijo el joven líder, amenazante- ¿Qué les has hecho a mis camaradas?- El rostro de Eliart era una mezcla entre furia e impotencia: sus amigos habían tenido que luchar por protegerle. Eso era demasiado para él.
-¿Te levantas ya listo para la acción? Qué bien, chico. Sí que tienes energía- Se rió el Vikingo de Acero- Pareces tan fuerte como Gravitta insinúa.
Al oír la palabra “Gravitta” Eliart se sintió entre angustiado y relajado. Era un extraño sentimiento, como de alegría y de enfado al mismo tiempo. Tenía ganas de volver a encontrarse con ese hombre de mirada fría y valores errados.
-Así que esto es obra de Gravitta ¿eh? Y bien, ¿dónde ésta? Tengo una cuenta pendiente con él, no con sus secuaces- Sentenció Eliart con firmeza.
-El jefe estaba ocupado, pero tranquilo que ya me encargo yo de matarte- Concluyó el Vikingo, al tiempo que se disponía a lanzarle un gancho. Eliart activó el aura anaranjada y se adelantó a su puño con la embestida cabrista. Una embestida tan débil que no le hizo ni cosquillas al fuerte destructor. Sin embargo, antes de que el enemigo se volcase hacia el líder de los I-Men, Shadow comenzó a lanzar orbes oscuros concentrados con toda la energía que le quedaba. Fueron lo suficientemente molestos para distraer al Vikingo.


El chico huesudo y de pelo largo y la chica- demonio habían avanzado durante la pelea, hacia fuera de la casa, pues la calle era mejor terreno para los estilos de lucha de ambos. A pesar de que llevaban pocos minutos combatiendo, Death Master se imponía con una diferencia notoria. Dos Death Master parecían esquivar continuamente los golpes de la morena sin que ésta le dejase tiempo para pensárselo. Demongirl era hábil, pero no lo suficiente. Estaba muy debilitada para usar sus escamas demoníacas, pero era consciente de que, aunque no fuese así, la diferencia seguiría siendo abrumadora. ¿De dónde había reclutado Gravitta a esos tipos? El destructor se acercó y rápidamente la embistió con su espada de huesos sin que la morena pudiera cubrirse con su espada incandescente, la única que había conseguido invocar.
Por primera vez en todos los días de juego se encontraba en el suelo y dolorida a los pocos minutos de batalla. Desde el suelo pudo ver con claridad que había estado viendo doble: ¡se trataba de un sólo enemigo pero que se movía a gran velocidad! Era increíblemente rápido. La chica-demonio tuvo una idea: tal vez si le deslumbraba ganaba tiempo y podía asestarle un golpe físico. Mientras se concentraba en sortear las patadas que le lanzaba Death Master, sin hacer amago de querer darle de lleno, la chica-demonio invocó su espada de luz y aprovechó el destello de su filo para auparse y ponerse tras Death.
Venga, trasmutaré una de mis piernas a demonio, aunque no creo que pueda. Tengo que lograr al menos dañarle. Es ahora o nunca. No puedo consentir que me humille”, reflexionaba con preocupación. Finalmente lo logró: las escamas demoníacas cubrieron su pierna derecha, con la que otorgó una fuerte patada a las partes nobles de su rival.
-No es mi estilo, pero me has atacado cuando estaba descansando y además, triste. Así que te fastidias- Sonrió la I-Men. Death Master, en cambio, no se lo tomó con humor. En pocos instantes volvió a la carga, mostrando una mayor rapidez. En esta ocasión parecía que había tres tipos iguales atacando a Demongirl por todos los flancos posibles: derecha, izquierda, de frente y de espaldas. La morena cayó al suelo cansada de los combates. Mientras una débil Waver se lanzaba sin apenas ganas sobre el destructor. El fin parecía próximo.
Revelación parecía la última esperanza. Aún con una sola vida, se incorporó y miró fijamente a los ojos de Ceniza. Ceniza mostraba una sonrisa burlona característica en él, propia de los momentos en que cree que va ganando. Aunque sabía que el usar el cetro el cansaba, el místico, después de analizar la situación, dedujo que era la mejor opción.
-Veamos si el rayo me ayuda- Comentó al tiempo que la runa amarilla se iluminaba. Revelación frunció el ceño. Debía concentrarse sólo en los rayos. Tenía que realizar ataques potentes y de largo alcance para desmoronar su coraza hecha de cenizas. Diversos rayos partieron desde el cetro, en todas dirección. El místico se estaba concentrando. Ceniza había dejado de emitir tabaco con lo que el olor del ambiente se hacía más soportable. Dos rayos alcanzaron a Ceniza y le hicieron prender generando una profunda grieta en su espalda. De repente sucedió algo inesperado: El cuerpo del destructor se difuminó en pequeñas cenizas, una especie de corriente que le permitía desenvolverse con rapidez. No obstante, los rayos le habían hecho sangrar y entre los granos de ceniza había numerosas manchas ensangrentadas por el efecto de la electricidad. Aunque le pilló de sorpresa esa capacidad, el místico reaccionó rápido: desactivó sus rayos y trató de invocar el agua.
-No te servirá de nada esconderte de mi juicio. A todos nos llega la Hora- Sentenció mientras un potente chorro de agua inundaba las electrificadas cenizas. El destructor cayó tendido en el suelo, sin capa de cenizas que le protegiera. Indudablemente, su primera vida se había evaporado.
-No puede ser, me está ganando- Se quejó- Debo combinar mis poderes. Y mostrarle cómo los elevo a la máxima potencia. Sólo tiene una vida y debe andar ya bastante débil.
Ceniza extendió sus brazos e introdujo dos cigarrillos en su boca. Un gigantesco humo de tabaco comenzó a expandirse por su cuerpo y hacia el terreno, ocupando todo el espacio hasta la puerta de la casa de la Segunda Calle. Era de una densidad mayor que la de antes y de un olor más intenso, tanto que comenzó a infiltrarse entre las ventanas rotas de la casa. Revelación se percató, aunque con dificultades, porque el humo nublaba la visión, de que tiraba la colilla de uno de los cigarrillos. Indudablemente ese cigarro ya había cumplido con su cometido. El segundo de ellos, tras sacarlo de la boca, lo usó para ungir su cuerpo desde la cabeza. De nuevo obtuvo la piel de ceniza pero esta vez era más frágil. Había gastado mucha energía. El tabaco envolvía la piel de ceniza de tal modo que el destructor tenía una doble y maloliente coraza.
El tabaco se expandía por todo el terreno de combate y Revelación sentía que se desvanecía: a medida que se acercaba a su rival, las dificultades para respirar aumentaban. Los pulmones se resentían al avanzar...
-Agh... si no fuese por el tabaco iría ganando, ¡maldita sea!- Se quejó el místico. Tres esferas compuestas por humo de tabaco se dirigieron hacia él, una por la espalda y otras dos por los lados. El místico pudo preverlo y esquivó dos de ellas, pero la otra le dio de lleno. Con aquel dolor en los pulmones acercarse para propinar un golpe directo al destructor era harto difícil. El I-Men ni siquiera lograba concentrarse. Ceniza, fundiéndose en el ambiente, apareció justo detrás del vidente y la asestó un fuerte directo que le hizo tambalearse.
-Ya te queda poco- Afirmó al tiempo que generaba una nueva esfera de humo de tabaco. Esta vez, haciendo uso de las pocas fuerzas que le quedaban, la evitó y logró situarse tras su oponente, propinándole una buena tanda de patadas que empujaron al destructor varios metros hacia atrás. En fuerza física Revelación seguía siendo ligeramente superior, con lo que su contendiente sólo veía una salida para acabar de una vez por todas con aquella batalla: incrementar la presión del humo de tabaco. No debía prenderlo con su propia coraza de cenizas, ya que aquel pequeño I-Men era capaz de invocar el agua.
El destructor se entre la humareda al tiempo que generaba una cortina de humo de tabaco cada vez más extensa y rápida. Era como una especie de ola gigante, que se dirigía, recta, hacia Revelación. Tenía intención de atraparle.
El místico estaba apunto de desistir. Sabía que podía ganar a aquel tipo, pero necesitaba expulsar el efecto del tabaco de su interior. De pronto, recordó su habilidad definitiva: tal vez si lograba concentrarse pudiera liberar la runa negra. A pesar de que la había utilizado contra Mentalizer, ahora se trataba de una situación igualmente crítica. “No tengo opción. Debo cerrar los ojos, alejarme de este olor y de su consecuente dolor... meditar... ¡para despertar el caos!”, bramaba para su interior. “Tengo que hacer lo que Eliart haría si le acompañasen todas sus fuerzas”.
Revelación cerró los ojos, debía olvidarse de aquel intenso dolor. Evitó respirar durante algunos instantes y concentrarse sólo en su energía y en ganar la batalla. Pronto le vinieron a la cabeza algunos tenues movimientos de Ceniza: estaba aumentando el poder de la cortina adhiriendo esferas de humo de manera constante. Claramente, a pesar de que contaba con dos vidas, aquel golpe podía ser el definitivo. Manteniendo los ojos cerrados y la nariz bajo presión, comenzó a moverse ligeramente. No obstante, no notaba que sus piernas lo acompañaran, era algo extraño. La cortina estaba a escasos metros, pero aún no se notaba con fuerzas. Fue entonces cuando la concentración le hizo perder la noción del espacio. Sus ojos, sin pupilas, señalaban que el místico se encontraba en una fase de trance. A los pocos segundos, sus pupilas volvieron en sí, y pudieron ver al destructor más débil de todos con los ojos como platos: ¡Revelación estaba levitando en el interior de una especie de esfera! ¡Había logrado superponerse a la cortina de humo!
-¡Vaya! Ha funcionado. Mi concentración me ha hecho ignorar el dolor causado a mis pulmones. Puede que simplemente lo haya asumido como algo normal, algo que me acompaña y no debe dolerme. Además, a pesar de tener muy poca vida, me siento con ganas de luchar. Adelante, runa negra!- Dijo titubeando.
Ceniza no perdió el tiempo e hizo acelerar la cortina de humo, que alcanzó al I-Men. No obstante, a pesar del dolor, la runa despertó su locura. Con más fuerza que nunca, Revelación se lanzó con firmeza hacia su víctima mediante un surtido variado de artes marciales. Ceniza tuvo que hacer desaparecer el humo para hacerle frente en el cuerpo a cuerpo. No aguantaba más.
-¿Notas el caos?- Comentó el místico- La concentración hace que el caos sea la solución a este combate. El castigo que requieren tus múltiples pecados. Dime ¿te arrepientes de algo?- Preguntó con aire de monje perdona vidas.
-No digas... tonterías- Jadeó el destructor a la vez que comenzaba a perder reflejos. Revelación estaba al límite y se auto dañaba con cada golpe. Debían acabar. Ambos contendientes confiaron en sus puños para darse el golpe de gracia. Fue el gancho derecho de Revelación el que se impuso al izquierdo de Ceniza, a pesar de la coraza que él mismo ostentaba. La segunda vida del destructor se había esfumado pero parecía resentirse también de la única que le quedaba. Se reincorporó débilmente. Había sido una batalla agotadora.


Desde la torre de los Destructores, J.J comenzó a comunicarse mentalmente con Death Master.
-Podemos sentir que habéis estado genial, chicos. Ahora volved. Ya les habéis dado un buen susto. Recordad darle a Eliart nuestra ubicación exacta. El jefe así lo desea. ¡Cambio y corto!- Concluyó.


Death Master miró a Demongirl que hacía esfuerzos por levantarse y la detuvo:
-No lo hagas. Ya tuviste bastante. ¡Los Destructores debemos marcharnos!- Recordó al tiempo que la mayoría de ellos se reunían. Ceniza se incorporaba como podía al equipo.
-Un momento. ¡De aquí no se va nadie Patxi!- Gritó el Capitán Vasco mientras corría hacia la puerta.
-¡Deteneos!- Se impuso el líder de los I-Men- No pienso dejaros marchar.
-Tranquilo, Eliart. Ahora estás tan débil que cualquiera podría vencerte- Insistió el huesudo- Y tus compañeros no son gran cosa- Continuó para hacer mella en los ánimos del grupo.
-Por alguna extraña razón, plebeyo, nuestro jefe os perdona la vida. Yo no habría dudado en acabar con vosotros ahora mismo- Añadió el Vikingo de acero.
Death Master se dirigió a Eliart y le mostró un papel: En él había un mapa donde figuraba la Torre de los Destructores.
-Si no quieres ser un cobarde, ajustarás tus cuentas con Gravitta. Allí os esperaremos, pero no tardéis mucho, o iremos a buscaros, y será peor.
El Guerrero Celeste, el Capitán Vasco y Demongirl no podían con semejante humillación y fueron tras ellos, seguidos de Kya, Shadow, Revelación y Eliart. Justo cuando parecía que iban a alcanzarlos, una fuerza extraña hizo revotar al Capitán y tras él, a todos los demás que no pudieron echar el freno.
-¿Y eso? ¿Qué diantres es esto ahora? ¡Parece una barrera!- Se alzó el Guerrero Celeste, mirando a todas partes con preocupación.
-En efecto, Guerrero Celeste, así es- Contestó una voz desde la nada.
-¿Quién habla?- Interrogó Revelación que, por primera vez en el día tenía una sensación positiva.
A los pocos segundos un individuo altivo, entrado en años, con una máscara negra que le cubría el rostro y una larga capa verde oscura que le llegaba hasta los pies estaba encima de nuestros héroes. Parecía levitar en el aire.
-¡Está volando!- Fantaseó Eliart, algo menos preocupado.
-No, Eliart. Estoy sobre esa barrera invisible que os ha impedido el paso- Aclaró el extraño con un tono muy cortante. Esto no gustó al líder que decidió averiguar quién era.
-¿Y qué derecho tenías a detenernos? ¿Quién te crees que eres?- Le presionó, insistente.
-Lo hice por vuestro bien. No estáis preparados para luchar con Gravitta- Concluyó solemne.
-¡Vaya creído! ¡Y lo mejor es que me suena de algo su voz!- Exclamó el Capitán Vasco. Miró a Celestina, que le contestó en señal de aprobación. Ambos se alzaron contra el recién llegado, que les sorteó sin mostrar el menor atisbo de interés, y de una leve patada, les apartó.
-Ju, ju. No está mal- Dijo el hombre mientras se quitaba la máscara- Pero estas habilidades debéis usarlas sólo con vuestros enemigos.
Hizo una pausa mientras se quitaba la máscara para mirar al vasco detenidamente. Éste le respondía sin pestañear.
-Has mejorado mucho, Capitán. Estoy orgulloso, hijo mío- Se quitó la máscara del todo mientras el rostro de todo el equipo se tornaba confuso.
¿Qué estaba pasando?