Todos estaban expectantes y sorprendidos, mirando al
Capitán, quien abrió la boca de manera exagerada. El misterioso
hombre de la capa oscura había llamado al vasco “hijo mío”.
Entonces se llevó una mano a la máscara y la apartó para revelar
un rostro envejecido, propio de alguien en torno a los cincuenta o
incluso sesenta años. Una parte de su máscara permanecía ocultando
la nuca del hombre. Las arrugas que recorrían su rostro se hicieron
más profundas al sonreír al héroe rojiblanco.
-¡Papá! ¿Eres tú?- El vaco no terminaba de creerse
lo que estaba ocurriendo. Fue entonces cuando su instinto saltó y se
puso en guardia- Eso es imposible, mi padre está muy lejos de aquí,
en su casa. Y no tiene poderes de ninguna clase.
-Ya... sobre eso, debo pedirte perdón por ocultártelo
todo, sobre mis poderes, pero era necesario. Has sido siempre muy
inmaduro para conocer la verdad. Pero ahora que ya estás envuelto en
todo esto del Juego, ha llegado la hora de empezar a ser más
sinceros el uno con el otro- Respondió el hombre- Acércate- El
Capitán dudaba, pero al final se aproximo al que decía ser su
padre. Este se inclinó sobre el oído del vasco y susurró unas
palabras. De inmediato el Capitán sonrió y abrazó al hombre.
-Está bien chicos, mi padre me ha dicho algo que sólo
él y yo conocemos. Digamos que es nuestro secreto- El héroe parecía
ahora mucho más tranquilo. Era la primera vez que sonreía desde
hacía unos días. Entonces el hombre de la capa retomó la palabra.
-Me llamo Northern Sage, o al menos es mi seudónimo-
Les explicó el hombre mientras los I-Men comenzaban a asumir la
situación. Las dudas se agolpaban en la mente de todos, pero Sage
levantó las manos como para evitar nuevas preguntas- Sé que ahora
estáis cansados tras las duras batallas y que estaréis
preguntándoos muchas cosas. Necesitáis descanso y recuperar las
energías, por eso os he traído esto- Dijo mientras sacaba de debajo
de la capa un bulto en forma de saco. Lo arrojó a los pies de
Eliart, quien abrió la tela encontrando fruta- Es una comida hecha
especialmente por un amigo, cuando la comáis recuperaréis vuestras
fuerzas, además vuestro espíritu se calmará.
-Pero, no entiendo papá- Contestó el Capitán algo
obstinado- ¿Eres un jugador?
-Veo que no os quedaréis tranquilos hasta que haya
solventado algunas dudas...- Asumió Sage mientras reía- No soy un
jugador, ni mucho menos. Digamos que me he colado en el Juego con la
ayuda de Cerebro. Supongo que os suena esa persona, ¿verdad? Es
quien me ha ayudado a traerme aquí, y quien ha preparado esa fruta.
Es una gran persona, lamentó mucho no poder veros. Él sabía que
habíais recibido un recado de parte de Thunder-Man, y estaba
preparado para reunirse con vosotros aquel día, justo cuando iban a
traeros de vuelta aquí.
-¿Cerebro?- Eliart se sorprendió mucho, ya se había
olvidado de aquel personaje después de todas las cosas que habían
sucedido- ¿Tan poderoso es que ha logrado traerle a usted aquí?
¿Saltándose las reglas?
-Así es chico, tú debes de ser Eliart, ¿verdad?- El
líder de los I-Men se sorprendió- ¿Qué cómo sé tu nombre? Estás
hablando con un sabio chico, tengo una gran red de contactos, entre
ellos el poderoso Cerebro. Pero no tiene sentido hablar de ello
ahora, no del mundo real, quiero decir. Estáis inmersos en una
terrible batalla, en “El Juego”. Ahora no es momento para
resolver vuestras dudas puesto que sólo os distraería de vuestro
objetivo, y este es “sobrevivir”- Declaró en tono marcial el
misterioso hombre- Sí, nos estamos saltando las reglas, pero por un
buen motivo. Cuando acabe todo esto, o si podéis volver a la Tierra
otra vez, estoy seguro de que Cerebro estará encantado de recibiros
y de resolver vuestras dudas. Pero ahora hemos de centrarnos en lo
verdaderamente importante. ¡Tenéis que haceros más fuertes si
queréis llegar hasta el final!
-Ya, ya veo- Eliart asumió las palabras que el padre de
su amigo le decía con tanta franqueza. De alguna manera decidió que
Sage tenía razón, si no podían salir de aquella pesadilla de nada
valdría conocerlo todo. Tenían que hacerse fuertes- ¿Pero cómo
nos haremos más fuertes?
-¿Es que no me escuchas?- Preguntó el anciano- Ahora
vais a comer y a recuperar vuestras fuerzas. Y mañana, cuando estéis
preparados, os explicaré por qué he venido aquí y cual es mi
misión- Los I-Men, unos más y otros menos, aceptaron lo dicho.
Estaban exhaustos tras la batalla contra los ciudadanos y después
contra los destructores. Si algo necesitaban, era desde luego
descanso. Se repartieron las frutas entre ellos y, aunque eran pocas,
lograron saciarles de algún misterioso modo. Además notaban como
aquella comida reponía sus fuerzas a una gran velocidad, sentían
sus cuerpos ser curados desde dentro.
Aquella noche Gaia se acostó junto a Eliart. Después
de esos días tan turbulentos apenas habían podido estar juntos, y
de alguna manera la chica se sentía especialmente inquieta. Incluso
se culpaba internamente por la muerte de sus amigos en la ciudad. El
líder de los I-Men estaba muy absorto en sus pensamientos y no había
sido capaz de ver lo mal que estaba su novia. Gravitta ocupaba una
gran parte de su mente en esos momentos, por fin tendría la
posibilidad de enfrentarle y zanjar de una vez por todas su disputa.
-Eliart, tengo miedo- Reconoció la chica mientras
estaban acurrucados sobre una de la camas. Él la abrazo y la besó
con dulzura en el pelo.
-Lo sé, y en cierta manera yo también... Pero de nada
servirá lamentarse- Eliart se imaginaba las múltiples maneras en
las que todo aquello podía acabar y un dolor sordo se le alojaba en
el pecho. Pero se repetía una y otra vez que lograría salir de
allí- Hemos de ser fuertes, mañana Sage nos dirá por qué está
aquí, y creo que nos podrá ayudar bastante.
Gaia guardó silencio frente a esas palabras. No era
capaz de admitir que ella era en parte culpable de todo aquel
sufrimiento. Ella había insistido en que fueran a esa ciudad. Sabía
de sobra que la culpa no era realmente suya, pero si tal vez no
hubiera insistido tanto, puede que entonces Llama Helada y Holy
siguieran vivos. Gaia encontraba en el mutismo de Eliart un pequeño
reproche, una acusación velada. Pero tal vez era su imaginación, no
podía imaginar que simplemente su chico estaba demasiado preocupado,
o tal vez realmente fuera como ella pensaba.
Onceavo día de Juego, finalizado. Jugadores restantes:
93.
Gravitta aguardaba en el piso más alto de la torre que
había ocupado. En cada piso de la torre había una gran sala central
donde una escalera de caracol te llevaba a los demás pisos. Además
había un par de puertas en extremos opuestos de cada estancia
central. Una de las puertas te llevaba a un pequeño dormitorio, la
otra a unas estancias que aportaban ciertas comodidades. El pelirrojo
descubrió aquel lugar nada más reclutar a Psikosis, quien se mostró
bastante animada con la idea de unirse a ellos. Así, Gravitta, J.J.,
Death Master y Psikosis entraron en ella. Dentro encontraron al
Vikingo de Acero y a Chairner, quienes aparentemente viajaban juntos
desde hacía un tiempo y habían ocupado aquel castillo. Gravitta les
mostró su poder y los reclutó a todos, pero había aprendido la
lección.
Con los S-Men se mostró demasiado autoritario,
demasiado prepotente incluso. Tal vez fuera verdad que era el más
fuerte de allí, pero había aprendido una cosa de Eliart, y es que
los aliados reclutados con amistad y favores eran mucho más leales
que los reclutados con fuerza (así lo habían demostrado Shadow,
Irons y Kya). Por ese motivo trató de ayudar a sus nuevos camaradas
de la mejor manera que pudo. A Death Master le ayudó a frenar la
putrefacción del brazo en la tierra, a Psikosis con buenas palabras
y demostrando que era buena idea ir con él. Al Vikingo tuvo que
derrotarlo en un combate, pero sin hacerle demasiado daño, lo cual
probó al hombre que aquel tipo tal vez mereciera la pena. Por eso
dedicó unos días del Juego a entrenar a sus camaradas, necesitaba
que fueran aún más fuertes de lo que eran si querían plantarle
cara a los I-Men.
Gravitta era sumamente observador, así que analizó los
puntos fuertes y débiles de cada uno y los hizo entrenar bajo un
campo de gravedad aumentada, para fortalecerlos en todos los
sentidos. Al mismo tiempo J.J. y Death Master les enseñaban lucha
cuerpo a cuerpo y técnicas de primeros auxilios respectivamente.
Ceniza fue el último en llegar, el último día antes de la llamada
del Gobernador. Cuando Mentalizer llamó al pelirrojo a ir a la
ciudad, este no podía imaginar lo cerca que habían estado todo ese
tiempo los I-Men. Ahora, casi al amanecer del doceavo día sus
súbditos volvían por fin. En el Séptimo piso les esperaba junto a
J.J.
-¿Qué tal ha ido?- Preguntó el líder de los
Destructores. Death Master fue el primero en responder.
-P-pues ha ido bien, sí, sí- Una risa un tanto extraña
salió de su garganta. El Vikingo de Acero le apartó de un manotazo.
-¡Les hemos aplastado! Menudos plebeyos- Proclamó
mientras levantaba un brazo para mostrar su enorme bíceps- Los
dejamos hechos polvo, tenías razón, gracias al entrenamiento nos
hemos vuelto mucho más fuertes. Todos salvo Ceniza hemos destrozado
a nuestros oponentes.
-¿Los habéis eliminado?- Inquirió Gravitta,
recuperando algo de su tono amenazante de antaño. El Vikingo hinchó
el pecho para responder, pero fue Psikosis quien se adelantó esta
vez.
-No, tal y como nos indicaste les dejamos vivos... y les
lanzamos el desafío para que vengan, así que es posible que en unos
días, cuando estén frescos, vengan a retarnos- Aseguró la rubia.
-Sí, así será- Reafirmó Gravitta mientras se
levantaba de su asiento- Eliart no querrá dejar las cosas así, y
tenemos una cuenta pendiente... pero quiero presentaros a alguien.
Adelante- De las escaleras bajó alguien desde la azotea. Se trataba
de un chico bajito y delgado, pero fibrado. Llevaba la cabeza rapada
y una gafas con montura de acero y cristales ovalados- Se llama
Leariat. Sintió mi presencia y trató de retarme, al ver el
potencial tanto mío como de J.J tuvo que admitir su derrota y... al
ver su fuerza no pude resistirme a pedirle que se uniera a los Siete
Destructores.
-Pero, ¿con él no seríamos Ocho?- Preguntó Ceniza,
molesto. Gravitta sabía que haría esa pregunta. Sabía que Ceniza,
quien no había entrando con ellos, no estaba al nivel del resto, así
que aprovechó la llegada de alguien con tanto potencial como
Leariat.
-Sí, de manera que uno de vosotros debe dejarnos...
Ceniza, si quieres mantener tu puesto aquí y volverte más fuerte
debes pelear contra Leariat. Sólo los más fuertes pueden llamarse a
sí mismos Destructores, ¿no crees?- El fumador se mordió un labio.
Estaba cansado por la pelea y el viaje, pero si era cierto que aquel
chico había peleado contra el pelirrojo, tal vez también estuviera
cansado.
-Está bien, vamos allá- Mientras los demás se
apartaban para ver, los dos chicos comenzaron su enfrentamiento. Uno
de los dos no llegaría a terminar de ver el amanecer.
Los I-Men se despertaron con las primeras luces del
alba. El primero de ellos fue el Capitán, quien fue con su padre,
quien aparentemente no había dormido nada. Entablaron una
conversación no muy profunda, pues Northern Sage estaba muy centrado
en su cometido. El héroe trató de sonsacarle algo de información,
pero fue imposible, su padre estaba cerrado en banda. El resto de los
I-Men también comenzó a levantarse y a reunirse en torno al
misterioso hombre que los esperaba sobre una piedra bien grande.
-Buenos días a todos- Empezó- Ahora ya estáis más
calmados y descansados, de manera que tomar, mientras os cuento lo
que he venido a hacer necesitáis desayunar- Extrajo otro bulto y un
nuevo saco con fruta cayó ante ellos.
-¿Más fruta?- Preguntó molesto Celestina.
-No te quejes, algunos todavía no estamos sanados del
todo, y encima es un regalo, así que no lo rechaces- Contestó
Demongirl mientras se apropiaba de una gran naranja y una manzana. Se
repartieron de nuevo la comida y empezaron a comer. El Capitán se
acercó a su Padre.
-¿No quieres nada?- Sage sonrió.
-Con tu sensibilidad para percibir auras ya deberías
haberte dado cuenta, hijo- Respondió el anciano con una sonrisa. El
Capitán se extrañó.
-¿A qué te refieres?- Demongirl le miró.
-A que Northern no está aquí realmente, ¿verdad? Yo
no puedo sentir su aura, así que una de dos, o bien tiene una
habilidad increíble para ocultarla o sencillamente “no está
aquí”.
-Así es- Confirmo el hombre- Ya es hora de que comience
a aclararos algunas cosas. Cerebro lleva un tiempo esperando a un
grupo como vosotros, a alguien que le ayude a liberar al mundo de
cosas como “El Juego”, pero hasta ahora había sido en vano.
Lleva mucho tiempo luchando contra los “GM”, de diversas maneras.
Yo mismo, por ejemplo, tengo poderes y sin embargo nunca he ido al
juego, en parte gracias a Cerebro que me localizó y evitó que mi
presencia fuera percibida por los “GM”. Aparentemente prestan la
atención mínima a la Tierra, confían mucho en los borradores, un
error un tanto grave desde mi punto de vista, son fáciles de engañar
a pesar de su terrible fuerza.
-Sí, es verdad que son muy fuertes... incluso pudieron
con el ganador del Juego, Thunder-Man...- Susurró alicaído el
Guerrero. Sage negó con la cabeza.
-Te equivocas, en parte al menos. Fue gracias a Cerebro
que Thunder-Man pudo escapar del control de los creadores del Juego,
sin embargo esto era algo mucho más difícil que simplemente evitar
que encontraran a alguien, esto implicaba liberar a alguien cuyo
control ya estaba asegurado. Y por tanto llamó la atención de los
“GM”. Thunder-Man tuvo que luchar brevemente contra ellos para
escapar por los pelos. Con heridas graves logró escabullirse en la
Tierra, y a pesar de que recibió ayuda de agentes clandestinos de
Cerebro, pues no soy el único, no pudo evitar la persecución.
Durante diez años estuvo huyendo, en su gran escapada derrotó a
setenta y ocho borradores. Al principio le fue fácil, pues tenía el
poder de alguien que ha ganado este terrible Juego. Pero los
borradores aprendían con cada derrota, cada vez eran más y más
fuertes. Diez años de huida hicieron mella en la resistencia del
ex-jugador. Y cada vez los borradores le encontraban antes- Sage hizo
una pausa. Todos los I-Men guardaban Silencio. Algunas como Kya,
Erzzhia y Garra no terminaban de entender exactamente quien era ese
Thunder-Man, pero ya habría tiempo para preguntar después a sus
amigos- Debido a que era la única persona del bando de Cerebro que
había sido descubierta era la única que podía ponerse en contacto
con nuevos jugadores, puesto que así no ponía en riesgo a la
resistencia que existe en la Tierra. Así fue como dio con vosotros,
los nuevos Jugadores. Ni si quiera yo, padre de uno de ellos, fue
consciente de lo que estaba pasando. Tal vez Thunder-Man hubiera
podido contra ese último borrador... o tal vez estaba harto de Diez
años de escapar, sus fuerzas estaban al límite, pero por fin había
logrado su cometido, por fin era capaz de enlazar a Cerebro con
nuevos Jugadores. Quizá eligiera morir.
El silencio se apoderó del grupo. Una pesada sombra se
cernía ahora sobre ellos. Hasta ese momento no habían sido
conscientes de lo grave de la situación, siempre habían tratado de
ser optimistas pensando que todo tendría una solución, una clave
sencilla que resolvería todo. Pero no era así, no iba a ser así
jamás. Al parecer ya existía gente en la Tierra que luchaba contra
el Juego, y ese tal Cerebro parecía una persona realmente poderosa,
la clave para enfrentar a los “GM”. Era una batalla mucho más
allá de sus capacidades, pero por algún motivo, ellos estaban
también metidos en ello.
-¿Y por qué nosotros?- Preguntó Eliart, y eso era lo
que rondaba la cabeza de todos ellos.
-Esperaba esa pregunta- Sonrió Sage- En primer lugar
fuisteis capaces de encontrar a Thunder-Man aunque no fuera muy
difícil. Él os probó también. Durante su pelea con el borrador
vosotros no os quedasteis quietos, y la ayuda que recibió
Thunder-Man demostró que sois buenas personas. Normalmente alguien
no pelea contra un ser que le supera de manera tan amplía. Además
sois un grupo con cierto número de personas, y con una fuerza y,
sobre todo, un gran potencial. Cerebro ha decidido que no merece la
pena esperar más y ha apostado por vosotros. Por eso estoy aquí. Él
lleva un tiempo reuniendo personas, pero nunca han sido muchas, sin
embargo ha conservado gracias a sus poderes recuerdos de las mismas.
Por eso es capaz de proyectar las imágenes de esas personas como si
fueran reales, aunque ahora estén muertas. Lo que veis de mi no es
mi auténtico yo, es sólo una copia creada por Cerebro, en parte por
eso soy capaz de “Estar” en el Juego. Lo cual no quiere decir que
no sea real- Les explicó- Mi deber es entrenaros. Cerebro ha
seleccionado para vosotros los maestros más adecuados para cada uno,
con poderes que en cierta manera se asemejan a los vuestros. La
mayoría de ellos ya no están aquí, pero los que aún seguimos
vivos en la Tierra recibiremos los recuerdos que se creen aquí, así
que cuando regreséis podéis buscarnos. Pronto llegará el momento
en el que derrotaremos al Juego.
Los I-Men se sintieron esperanzados por una vez. Ahora
comenzaban a entender todo lo que estaba pasando a su alrededor. Sin
embargo Demongirl, astuta como siempre, lanzó una pregunta.
-Entiendo que los “GM”, sea lo que sea eso, no
vigilen la Tierra demasiado gracias a sus guardianes, los borradores.
Pero aquí, como dicen en sus comunicados, nos vigilan día y noche.
Como pretendes entrenarnos y explicar tu presencia.
-Es cierto que aquí casi se pueden considerar dioses.
Pero no son omnipotentes, se les puede engañar- Sage señaló la
cúpula violeta que les cubría- Mis poderes nos ocultan, no lo
dudes. Y gracias a Cerebro os llevaré a dimensiones alternativas,
donde ha preparado encuentros con vuestros maestros personalizados.
Todos vosotros recibiréis un cuidadoso entrenamiento destinado a
reforzar vuestras debilidades, ya es hora de que sepáis lo que es el
triángulo de la vida.
-¿El triángulo de qué?- Pregunta Shadow, curioso.
Northern se humedeció los labios para seguir.
-El triángulo de la vida- Repite- ¿Nuca os habéis
preguntado de qué está hecho el mundo? Por supuesto tenemos una
explicación científica. Ya sabéis de lo que hablo, la materia, los
átomos, y muchas otras cosas. Sin embargo, la existencia de poderes
sobrenaturales tan fantásticos revela una cosa, y es que el universo
es más complejo de lo que parece. Existe una dimensión espiritual,
donde se cree que radica la fuente de estos poderes. Según ciertas
creencias el mundo esta compuesto de cuatro elementos. El fuego, el
agua, la tierra y el aire. Cada uno de estos elementos puede ser más
o menos puro, dar lugar a otros y conformar a las criaturas vivas.
Los humanos somos bastante complejos y estamos hechos por la
combinación del fuego, el agua y la tierra. El aire es el único
elemento que no conforma ningún ser vivo. Conocemos a la combinación
de los tres elementos esenciales como el “Triángulo de la vida”.
>>La Tierra representa la materia, el cuerpo.
Alguien con una gran cantidad de Tierra tendrá un cuerpo fuerte y
resistente, capaz de grande proezas. El Agua representa la mente. El
agua es fluida, no se puede atrapar. Puede ser tranquila pero
esconder bajo su superficie una gran tormenta. Las personas con una
gran cantidad de Agua son muy intuitivas, inteligentes y
observadoras. El Fuego, por último, representa el alma, el espíritu.
Es donde reside la pasión y los sentimientos. Un gran fuego implica
una gran empatía, pero también puedes acabar consumido por tus
propios sentimientos. De manera normal cada uno desarrolla más unos
aspectos de si mismo que otros. Pero para crecer de manera adecuada y
desencadenar el mayor de nuestros potenciales debemos alcanzar el
equilibrio en el triángulo. Los guerreros que antaño seguían estas
prácticas acababan siendo grandes héroes. Y ese es el entrenamiento
que Cerebro ha preparado para vosotros, al principio puede pareceros
muy básico, pero cuando logréis el equilibrio despertaréis vuestra
verdadera esencia, y creceréis.
Sage levantó una mano y con un chasquido hizo aparecer
en el aire unas puertas de madera. Unas escaleras que se sostenían
en el aire llegaban hasta los umbrales. Había séis puertas
flotantes, cada una al parecer con un nombre grabado en ella, de
izquierda a derecha eran: Demongirl, Gaia, Capitán Vasco, Guerrero
Celeste, Shadow y Eliart.
-Los que tienen un nombre en una de las puertas tiene
preparado un entrenamiento personalizado, pues Cerebro encontró a un
maestro adecuado. Yo me quedaré aquí y entrenaré a Revelación.
Pero por supuesto, no estáis obligados a realizarlo- Continuó
diciendo Sage- podéis aprovechar esta oportunidad, pero siempre
podéis echaros atrás. Eso sí, todos debéis estar de acuerdo. Os
dejaré unos instantes para que lo penséis.
-Gracias, Sage- Contestó Eliart mientras se volvía
hacía sus compañeros. El desayuno había hecho efecto y ahora todos
estaban casi al cien por cien. Todos miraban al líder, esperando a
ver qué tenía que decir. Eliart carraspeó y habló sin dudar-
Chicos, os diré la verdad. Durante la batalla con los Arcángeles y
más tarde contra la Ciudad sentí que mi fuerza no era suficiente.
En parte gracias a nuestra suerte y a personas como Árkanon, Light
Knight, Erzzhia y Garra seguimos hoy aquí. Pero si queremos ir a por
Gravitta no nos bastará con el poder que tenemos ahora. Yo creo que
debemos seguir el camino que Cerebro nos ha preparado y aceptar su
propuesta.
-No conocemos a esa persona- Dijo Celestina- No sabemos
como nos la puede jugar, pero sí es cierto una cosa, y es que quiere
derrocar a los creadores del Juego. Creo que sólo por eso merece la
pena hacerlo- Demongirl se alzó.
-¡Ja! Además, ni si quiera estamos firmando ningún
contrato. Este hombre es el padre del Capitán, si él confía en
Cerebro creo que debemos hacerlo. Así seremos más fuertes- Razonó.
-Estoy de acuerdo, pero, ¿qué haremos nosotras?-
Inquirió Erzzhia mientras Garra asentía. Eliart tomó de nuevo la
palabra.
-Le preguntaremos que haréis vosotras, también tenéis
derecho a volveros más fuertes- Los miró a todos para confirmar su
decisión. Uno a uno fueron asintiendo- Pues vamos allá.
-Ya veo, así que decís que sí- Confirmó Sage con un
asentimiento. El líder le planteó las dudas acerca de las chicas, y
el sabio sonrió- Lo cierto es que Cerebro no encontró un maestro
adecuado para Waver, y no contábamos con Erzzhia y Garra en primera
instancia. Pero me confió la labor de entrenaros, así que viendo lo
unidas que estáis podréis realizar un entrenamiento supervisado por
mi. Quizá no será tan eficaz, pero de algo valdrá. ¿Os parece
bien?
-Sí, muchas gracias- Contestó Garra Nocturna. Sage
chasqueó de nuevo los dedos y una Séptima puerta apareció al lado
de las anteriores- Que cada uno se coloque frente a las escaleras que
llevan a su puerta asignada. Os llevará a la dimensión donde espera
vuestro maestro. Antes de partir os evaluaré y determinaré que os
falta para alcanzar el equilibrio.
Cada uno se colocó frente a las escaleras, tal y como
el padre del vasco les indicó. Kya se situó frente a su novio, no
sabía que ocurriría, pero no quería separarse de él bajo ningún
concepto. Sage se acercó a las primeras, Garra, Erzzhia y Waver,
quienes iban a ir juntas por la primera puerta. Puso la mano derecha
sobre las cabezas de las chicas, una a una, y al final les habló.
-Erzzhia, tu espíritu y tu mente son muy maduros para
tu edad, pero tienes un cuerpo muy débil que no te permite mantener
el ritmo. Debes entrenar la tierra. Garra, tu cuerpo es ágil y tus
poderes le dan aún más fuerza, y posees una mente clara. Debes
entrenar por tanto el Fuego, debes creer más en ti y tus compañeros,
entrena tu pasión y tus sentimientos. Por último, Waver, tu debes
entrenar el agua, tras las pérdidas que has sufrido hacen que tu
mente esté pasando por un momento crítico, debes hacerte fuerte y
superar los traumas. Haz que las aguas retornen a su cauce- Las tres
chicas se miraron sorprendidas, era como si aquel hombre hubiera
mirado dentro de ellas con un tercer ojo- Es bastante curioso que, en
cierta manera, las tres os complementéis tan bien. ¡Id a vuestro
destino!
Las chicas subieron las escaleras y marcharon. Nada más
abrir la puerta una misteriosa fuerza las engulló. Las escaleras se
desvanecieron, pero la puerta permaneció en lo alto. Los demás
miraron sorprendidos todo aquello. A continuación Sage se fue
acercando a cada uno para repetir el proceso.
-Demongirl, tu entrenaras el Fuego, debes aprender a
controlar tu furia y tus emociones, ¡ve!- La morena salió lanzada a
la puerta- Gaia, tu debilidad es la Tierra, y en menor medida el
agua. Encuentra tu camino- La chica subió las escaleras al tiempo
que miraba a Eliart. Este sonrió en respuesta y la rubia entró-
Capitán, hijo, tu deberás entrenar el agua. Tanto tu cuerpo como tu
espíritu tiene una gran fuerza, pero tu falta de criterio a veces
puede ser terrible. Entrenarás con alguien que te enseñará mucho,
adelante- Miró a Celestina- Tú eres de los más equilibrados, pero
debes entrenar la Tierra, tu poder será mucho más grande si
aumentas tus capacidades físicas- Se acercó ahora a Shadow y Kya-
Tú, Shadow, veo que tu mayor debilidad es la Tierra. El cuerpo que
tienes no es capaz de soportar la terrible tensión de tus poderes. Y
tú, la pequeña Kya, necesitas entrenar el Agua. Veo que estás aquí
con él, ¿acaso quieres tomar también su entrenamiento?
-No me pienso separar de mi amor, no otra vez- Aseguró
ella, arisca. Sage asintió.
-Lo imaginaba. Supongo que por eso Cerebro escogió a
“ese” Maestro. Ten en cuenta que está pensado para Shadow, pero
puede que a ti también te venga bien, ir pues- Ahora, en medio de la
ciudad destruida, solo quedaban Sage, Revelación y Eliart. Northern
se acercó al líder y colocó su mano sobre la cabeza de este, como
hizo con los anteriores. Pero, a diferencia de estos, tardó algo más
en sacar sus conclusiones- Eliart... debes entrenar el Fuego, has de
controlar tus emociones.
-Sí, imaginaba que sería algo así...- Asimiló Eliart
mientras bajaba la mirada. Pero entonces Sage sonrió.
-No sólo eso, también debes entrenar el Agua. Las
dudas te nublan la mente, no eres capaz de pensar con cabeza- Eliart
se puso colorado, era al único al que le había dicho que debía
entrenar dos cosas. Pero Sage continuó, implacable- Y, por supuesto,
también debes entrenar la Tierra. Como líder debes mejorar aún
mucho, tienes una importante falta de poder en las tres categorías
del triángulo, Eliart.
-No puede ser, ¿las tres?- Preguntó anonadado.
Northern esta vez no sonrió.
-Así es, Eliart. Tu entrenamiento será sin duda el más
difícil de todos. Aunque quizá el más intuitivo. ¿Estás
dispuesto a someterte a ello?- Así que por eso a él le había
dejado para el final, ¿eh? Quería ponerlo a prueba y darle una
oportunidad para volverse atrás cuando nadie más miraba,
inteligente.
-No- Dijo casi sin pensárselo- No iré atrás ahora,
Sage. Aceptaré el reto y mi misión. Mejoraré el Fuego, el Agua y
la Tierra. Y volveré para ser el verdadero líder de los I-Men.
-Así me gusta- El chico escaló a toda velocidad,
imbuido en puro optimismo. Alcanzó la puerta y miró atrás.
-Revelación, cuando volvamos, todos seremos más
fuertes. ¡Hasta luego!- Desapareció tras la puerta.
-Ya sólo quedas tú, el místico- Dijo Sage- Ya te he
observado, y tu mayor hueco reside en el Agua, en tu mente. Eres
fuerte, pero tras lo de Mentalizer has comenzado a dudar de ti mismo.
Solventaremos eso, no te preocupes, yo seré tu Maestro.
-La providencia así lo ha querido, no creo que nada de
esto sea casualidad. Todas nuestras decisiones nos han llevado hasta
aquí...- El místico dejó el cetro en el suelo y se acercó hasta
su maestro- Adelante, comencemos.
Leariat se levantaba victorioso. Mostraba algunos
rasguños producto de la pelea contra Ceniza, pero finalmente se
había impuesto. Gravitta sonrió mientras el resto de Destructores
observaba la escena, algo incómodos. El pelirrojo sentía que,
aunque lo que había hecho era lo correcto, pues aumentaba el poder
de su equipo, quizá estos no estuvieran muy de acuerdo, de manera
que comenzó una especie de discurso.
-Ya sé que esto tal vez os parezca algo barbárico, al
fin y al cabo, quizá Ceniza no se merecía este castigo...-
Carraspeó- Pero no hemos de olvidar nuestro objetivo, ganaremos el
juego, y para ello hemos de eliminar a los demás. No es divertido,
es lo que hemos de hacer.
Algunos asintieron. El Vikingo de Acero, no. Mantenía
la vista fija en Gravitta mientras sonreía con sorna. Los demás
puede que estuvieran engañados, pero él sabía que aquel personaje
no pretendía ganar con todos ellos, pretendía ganar en solitario,
pero no podía culparle, él pensaba lo mismo. Esperaba con paciencia
el momento en el que pudiera alzarse con la victoria. “Esperaré el
momento en que J.J no esté por medio y lo derrotaré”, pensaba.
El Guerrero estaba sorprendido. Se encontraba en una
dimensión donde no había nada, una completa negrura, al menos al
principio. Al cabo de unos instantes divisó estrellas lejanas que
brillaban. Sentía que su cuerpo viajaba a algún sitio, pero no
sabía cual, ni cuando llegaría. Al cabo de unos minutos (u horas,
quien sabe) vio una luz brillante que iba aumentando de tamaño. De
repente se encontró chocando contra un suelo arenoso. Cuando se
incorporó se encontraba rodeado de unas palmeras que se elevaban
hacía un cielo crepuscular. La arena era fina y blanca y podía
sentir una brisa fresca proveniente de una masa de agua cercana.
Siguió sus impresiones sobre el viento y llegó hasta el agua,
aquello era un oasis. Entonces alguien apareció a su espalda.
-¡Hola! Pero si eres tú, Celestina, cuanto tiempo-
Dijo el extraño. El I-Men se giró en redondo y se quedó
boquiabierto cuando ante sus ojos pudo ver la silueta del antiguo
ganador del juego, de Thunder-Man- ¿No vas a saludarme si quiera?
-Esto, hola- Respondió el chico algo cohibido. ¿Él
sería quien le enseñaría? “Guau, es increíble, es como si Link
me enseñara a combatir en Hyrule”. Entonces cayó en la cuenta de
que aquella persona estaba muerta y recordó las palabras de Sage;
“son solo representaciones creadas por Cerebro, reales, pero que
dejarán de existir cuando cumplan su cometido”. Un cubo de
escalofrío le recorrió la espalda. El bonachón de Thunder-Man
intuía que le pasaba por la cabeza a su alumno, así que se acercó
y le dio una muy real palmada en la espalda.
-Vamos, no te desanimes. Lo que pasó pasó, y nada
podrá cambiarlo. Lo que sí podemos cambiar es tu fuerza. ¿No
crees?- Preguntó, en tono misterioso. El Guerrero no pudo resistir
la tentación.
-Sí, lo siento. Es solo que me hubiera gustado hacer
algo más- Se disculpó con torpeza.
-Bueno, no te preocupes, y vamos a empezar- Thunder-Man
sonrió y le señaló una dirección- En primer lugar vamos a tratar
de aumentar tu resistencia. Ya eres bastante fuerte, pero debes
empezar a ser capaz de usar tu viento de manera mas continua.
Utilizaré mis poderes y me iré por allí, al principio despacio,
pero en cuanto observe que te has acostumbrado al ritmo, aumentaré
ligeramente mi velocidad... y así sucesivamente. Cuando considere
que has alcanzado el nivel adecuado, llegaremos al siguiente reto.
El Guerrero estaba pletórico, menudo maestro le había
tocado. Estaba hasta arriba de energía gracias a las fruta de Sage y
de manera inmediata invocó el viento para mostrar su predisposición.
El hombre le respondió invocando su rayo.
-¡Sígueme!- Y salió disparado entre las palmeras. El
I-Men no perdió ni un instante y se impulsó con su viento. No tardó
en alcanzar a su maestro, quien le sonrió. Siguieron corriendo unos
minutos, y entonces Thunder-Man aumentó drásticamente el ritmo,
dejando de nuevo atrás a Celestina, quien comenzaba a ver la
dificultad en aquella prueba. Movió los brazos para controlar un
mayor volumen de viento y se lanzó aún más rápido, pero esta vez
no lograba alcanzar al hombre, que se alejaba cada vez más.
“Maldita sea, ya es casi imposible alcanzarle, tendré
que recurrir tan temprano a mi técnica definitiva”, pensaba. Se
concentró en la atmósfera de alrededor y dejó fluir sus sentidos.
Cerró los ojos al tiempo que seguía corriendo y, cuando los abrió,
observó con total claridad el viento que circulaba a su alrededor.
Mientras veía el viento escogió las corrientes más veloces y se
incorporó a ellas, al mismo tiempo que se impulsaba, con lo que
alcanzó una velocidad sin igual, llegando en un instante hasta su
maestro, e incluso superándole. Pero Thunder-Man no había acabado,
activó el modo de batalla que usó contra el borrador y se mantuvo a
la par que su discípulo. Quería que aguantara el máximo tiempo
posible para aumentar poco a poco su resistencia y el tiempo que
podía usar esa habilidad, y luego probaría a acelerar un poco más.
El Guerrero aguantó sin problemas durante unos minutos,
pero en seguida notó como su impulso perdía velocidad. “No puede
ser, no llevamos ni un cuarto de hora y ya empiezo a estar en mi
límite, ¿siempre he sido tan débil?”, se preguntó, algo furioso
consigo mismo. Thunder-Man le observaba de reojo, sabía que pronto
su alumno se encontraría frente a un muro que debería superar. Si
lo lograba pronto comenzaría a aumentar sus capacidades de manera
abismal. El I-Men seguía inmerso en una batalla interna. Las fuerzas
se iban drenando poco a poco, el viento pronto dejaría de ser lo
suficientemente fuerte como para llevar el ritmo de su Maestro.
El momento había llegado, era todo o nada, perder o
ganar. El Guerrero se negó a seguir siendo sólo el chico friki,
quería pelear al máximo para no tener que ver sufrir a nadie más.
Motivado por esos pensamientos fue como si rompiera unas cadenas. La
energía de su espíritu salía a raudales, otorgándole toda la
fuerza necesaria. Thunder-Man supo ver el cambio en el chico y
aprovechó la situación para acelerar de nuevo otro poco. Celestina
respondió igualando su ritmo. El ex-ganador quiso probar los límites
del joven acelerando otro poco más. Esta vez con algo más de
esfuerzo, el I-Men logró alcanzarle, pero su rostro estaba perlado
de sudor, el pelo se le pegaba a la frente y comenzaba a resollar.
El Capitán se encontraba en un campo de hierba verde,
aquello parecía un monte. Rodeando al monte encontró un bosque,
aunque no supo identificar los árboles. Ascendió hasta la cima,
pues allí sentía algo. Cuando llegó encontró un solitario árbol
y a sus pies a un chica joven, de baja estatura y largo pelo rubio
cayéndole por la espalda. El hombre no supo que hacer, pero ella
reaccionó en seguida, se levantó y se giró para ver a su alumno.
La chica era verdaderamente guapa, de ojos azules y piel como la
porcelana. Además de un generoso busto que dejó boquiabierto al
héroe. “Santo cielo, son incluso más grande que las de Demongirl,
y ya es decir”, logró pensar. La mujer pareció no darse cuenta de
la reacción de él y comenzó a hablar.
-¡Hola! Me llamo Dayana, encantada. Durante este tiempo
del que disponemos te entrenaré, así que, ¿qué tal si me dices
quien eres?
-Eh, esto, sí claro. Soy el Capitán Vasco, héroe de
Bilbao y de todo el País Vasco- Respondió el I-Men, orgulloso.
Entonces se percató de algo- Pero, un momento. No te ofendas pero,
¿tú vas a ser mi maestra? ¿No eres algo... enana?
La chica torció el gesto, obviamente si se había
ofendido. En un instante apareció detrás del Capitán y le agarró
un brazo para aplicar presión. El hombre no pudo responder a tiempo
y se vio acorralado por la tremenda fuerza de la otra.
-Tal vez sea pequeña, pero soy más fuerte que tú,
“Capitán”- Dijo ella, mordaz, al tiempo que le liberaba de la
llave- Ahora entiendo por qué Cerebro me eligió a mí, parece que
alguien necesita una dosis de humildad. Bien, descríbeme tus poderes
y veremos que podemos hacer.
El Capitán se mostró ahora más sumiso. No le había
gustado que le atacara tan de repente, pero tenía que admitir que
era el método más eficaz para ganarse su respeto. Le contó todo lo
que sabía sobre sus poderes, mientras Dayana asentía.
-Ya veo, y debes entrenar el Agua- Ella cerró los ojos
durante unos segundos, y en seguida sonrió, tenía una idea. Chascó
los dedos y unas dianas aparecieron- Necesitas aprender a controlar
tu fuerza. Por mucho poder que tengas si lo malgastas no servirá de
nada. Para entrenar tu mente deberás activar esa Furia Vasca de la
que hablas, acostumbrarte a mantenerla mucho tiempo activa. Luego
atacarás a estas dianas. Fíjate, el círculo más concéntrico
tiene aproximadamente el radio de tu puño. Deberás golpear
exactamente en el centro, pero controlando tu poder y usando sólo el
necesario. Si te pasa de poder, la diana entera resultará dañada o
reventará. Si usas poco no lograrás romper la madera y te harás
daño. ¿Has entendido?
El Capitán se rascó la cabeza. Nunca había hecho algo
así, el siempre entrenaba su fuerza, su velocidad o su capacidad de
lanzar cosas. También había hecho entrenamientos de simulación de
batallas, pero Dayana tenía razón en una cosa. No medía bien la
fuerza necesaria para lo que hacía y siempre acababa liberando mucho
más poder del necesario, si dominaba al fin su mente (el Agua) y
lograba superar el reto de las dianas, aumentaría mucho su poder.
-Vamos allá, ¡Furia Vasca!- El Aura rojiblanca le
cubrió entero y vibró con fuerza. Primero debería aguantar unos
minutos así para acostumbrarse a no liberar demasiada energía y
poder usar más tiempo aquel modo. Eso resultó fácil, así que al
cabo de diez minutos se decidió a tratar de golpear las dianas.
Dayana observó con cuidado para ayudarle a corregir la técnica.
El I-Men encaró la primera de los círculos de madera y
concentró su fuerza en el puño derecho, que llevó hacía atrás
para descargar el golpe. Liberó su fuerza, tratando de no pasarse,
pero la madera reventó en mil pedazos.
-¡Mal, mal, mal! ¡Santo cielo, lo haces todo al
revés!- Ella se acercó y adoptó una postura similar a la de él-
Mira, gastas mucho tiempo en el retroceso y la acumulación de poder,
pero párate a pensar, ¿qué es lo que te da precisamente tu Furia?
Exactamente, fuerza. Deberías aprovecharte de ello y usar golpes más
débiles, pero mucho más rápidos. Si concentras de manera adecuada
tu aura puedes hacer golpes igual de potentes que este, pero más
concentrados, más eficaces y, sobretodo, mucho más rápidos- El
Capitán miró sus puños como si nunca los hubiera vista antes.
Ahora se arrepentía de haber sido tan idiota con ella, era una gran
maestra- ¿A qué esperas? Sigamos, tienes mucho que aprender.
-¡Sí, maestra!- Gritó él, lleno de emoción.
Gaia estaba fascinada. Se encontraba en un bosque
increíblemente denso, donde los árboles se elevaban muchos metros
hacía el cielo, imponentes. La espesura de la vegetación oscurecían
de tal manera el suelo, que casi parecía que era de noche. La rubia
se abrió paso entre el follaje, que por suerte a esa altura no era
demasiado. No tuvo que andar mucho para encontrar a un hombre de
mediana edad descansando contra un tronco. El chico tendría
alrededor de veinticinco años, vestía una chaqueta hecha de hojas
verdes esmeralda y un pantalón marrón muy tosco. Tenia los ojos
cerrados y parecía estar sumamente concentrado en algo. La I-Men
dudó, pero al final se acercó.
-Hola- Dijo él. Sin embargo Gaia se extrañó, no le
había visto mover los labios ni abrir los ojos. De nuevo escuchó la
voz- Soy Hiedra, y seré tu maestro, jovencita. ¿Cómo te llamas?
-Eh, esto. ¿Cómo me estás hablando?- El tal Hiedra
abrió los ojos y sonrió.
-Te he hablado a través de los árboles. Debido a tus
poderes eres capaz de captar sus “pensamientos”- La voz del
hombre era dulce pero firme, sin fisuras. Y transmitía un poder y
sabiduría muy profundos. Era una voz propia de alguien con muchos
más años a sus espaldas-No te asuste y dime, ¿cómo te llamas?
-Soy Gaia, eh, hola- Balbuceó ella en respuesta.
-Pareces sorprendida, pero Sage ya te habrá puesto al
día, ¿verdad? Vamos a entrenar. Para que entiendas lo que ha pasado
te explicaré mi poder, soy capaz de fusionarme con la naturaleza y
sus ecosistemas. Allá donde existe algo de vida, puedo canalizar su
fuerza a través de mi cuerpo y aprovecharme de su energía y
manipularla- Hiedra la miró de arriba a abajo- Por lo que siento tu
poder es algo diferente. Pero, ¿a qué esperemos? Pelea conmigo.
Sin mediar palabra se lanzó sobre ella, alzando los
puños. Gaia respondió levantando los brazos y haciendo crecer una
rama de un árbol cercano para que la cubriera, pero su oponente era
muy fuerte. Hiedra destrozó la rama y asestó un duro golpe a la
I-Men, quien cayó al suelo. Pero el maestro no paró ahí, convirtió
sus brazos en madera robusta y atacó de nuevo. La rubia rodó por la
tierra para poner distancia y se levantó de un salto.
-Ahora verás- Susurró ella. Llamó a las fuerzas de la
naturaleza y un aura verde emergió de su piel. Su brazo derecho se
convirtió en un gran tronco con el que arremetió sin dudarlo. Pero
el otro ya esperaba un movimiento así y frenó el ataque con su
brazo izquierdo como si nada. De nuevo él atacaba, afortunadamente
no era muy rápido y Gaia fue capaz de aguantar la sucesión de
golpes.
-No está mal, pasemos al siguiente nivel- Dijo él
mientras la madera que cubría sus brazos se extendía por el pecho y
de ahí al resto del cuerpo. Pronto estuvo cubierto de pies a cabeza
por una madera oscura muy resistente. Entonces se fundió con un
árbol cercano y apareció directamente en al espalda de Gaia, quien
no pudo responder a tiempo y de nuevo chocó contra el suelo.
La I-Men quiso levantarse para seguir peleando, pero
Hiedra la sujetó con uno de sus brazos mientras sonreía a través
de la madera.
-Tranquila, ya hemos acabado por ahora, tenía que ver
como utilizabas tus poderes- Liberó a la chica y esta se levantó
algo indignada. “Maldita sea, ya sé que no soy la más fuerte de
los I-Men, pero de ahí a que me halla pegado esta paliza...”,
pensaba. El Maestro la miró fijamente, podía intuir que pensaba-
Supongo que recuerdas lo que te expliqué de mi poder. Como ya te
dije canalizo el poder de la naturaleza y eso me permite cubrirme de
madera, fusionarme con los árboles y algunas habilidades más. Pero
tu poder es algo más. Tú te transformas literalmente en un árbol,
y eso es porque a diferencia de mí, tu absorbes la energía de las
plantas.
-¿Qué? ¡Eso no puede ser!- Exclamó ella,
horrorizada. ¿Cómo podía haber estado robando su energía a los
seres vivos que tanto amaba y protegía?
-No te preocupes. A cambio tú liberas energía de
manera pasiva para equilibrar la balanza- Dijo Hiedra tratando de
tranquilizar a la chica, y pareció surtir efecto- Si queremos
aumentar tu fuerza lo primero que debes aprender es a sincronizarte
de manera eficaz con la naturaleza, así usarás únicamente la
fuerza necesaria de esta. En cuanto alcances el nivel adecuado
comenzará el entrenamiento para que completes tu transformación en
árbol, ese modo esconde un gran poder.
-Ya veo...- Gaia bajó la cabeza. A pesar de que no le
gustaba pelear se veía inmersa en un duro entrenamiento para
aumentar su fuerza. No había estado del todo de acuerdo en aceptar
la propuesta de Cerebro, pero todos tenían muchas ganas, ¿cómo
podría decir que no? Suspiró, asumiendo que ya era tarde para
cualquier replica y decidió que lo daría todo en aquella práctica.
Mejoraría.
Eliart despertó tirado en un suelo rocoso. Le dolía
toda la parte izquierda del cuerpo, pero a pesar de ello logró
sentarse y apoyarse contra una pared rocosa que se elevaba hacía el
cielo. El líder de los I-Men miró entonces en derredor, fijándose
en todos los detalles. Pero no había mucho que observar, se
encontraba en un desierto de arcillas, el suelo estaba resquebrajado.
Hasta donde alcanzaba la vista solo veía un suelo rojizo y lleno de
cicatrices. De vez en cuando algún arbusto mustio y marrón crecía,
pero eran sumamente escasos.
Finalmente se incorporó del todo, ya no sentía ningún
dolor. Se dio la vuelta y observó la mole rocosa donde se hubo
apoyado. Echó la cabeza atrás hasta que el cuello el dolió, pero
no pudo ver el final de aquella montaña. Entonces sintió una
punzada muy fuerte, era su instinto, de manera más clara que nunca.
-Así que quieren que suba la montaña, ¿eh? No será
fácil- Comenzó a rodear la roca para buscar un lugar desde el que
comenzar el ascenso, pues la cara en la que estaba era prácticamente
perpendicular al suelo. Al cabo de unos minutos encontró unos
bártulos tirados de cualquier manera en el suelo. Entre ellos
encontró una cantimplora repleta de agua fresca y un par de paquetes
de comida bien protegida- Parece que son suministros. Supongo que
esto no será una tarea de unos minutos.
Siguió andando y pronto vio una pared de la roca que no
era demasiado inclinada, al menos era escalable para alguien novato
como él. Además se percató de que había numerosos salientes,
hierbas y demás elementos que podrían facilitar su ascensión. Se
concentró y llamó a sus fuerzas. “Vamos allá, ¡Aries!”, pero
nada pasó. El aura naranja no acudió como era costumbre. Eliart se
extrañó y lo intentó de nuevo, pero no dio resultado. Sus poderes
no funcionaban. Por algún extraño motivo eso no le sorprendió, más
bien al contrario. “Así sí que será un reto, je”. Y sin más
dilación comenzó la ascensión de la montaña rocosa.
Al principio resultó casi sencillo. Los salientes eran
bastante grandes y no estaban muy separados, de manera que estaba
casi siempre sobre uno de ellos. Pero pronto las cosas cambiaron. La
inclinación empezó a ser un problema, además del cansancio. El
sudor se le metía en los ojos y dificultaba la vista en algunos
momentos. Para colmo los salientes eran cada vez más estrecho y
espaciados. Empezó a tener que vigilar cada paso que daba, pues
aunque la mayoría de los asideros que encontraba estaban hechos
sobre resistente roca, algunos de ellos eran montones de tierra
aglutinada, y esos podían desprenderse con mucha más facilidad. Al
cabo de lo que se le antojaron horas encontró una diminuta cueva en
la que entró sin dudarlo. A pesar de llamarlo cueva en realidad era
poco más que un agujero cavado en la roca de dos metros de
profundidad.
-Uf, uf- Resoplaba Eliart. Se miró las manos, estas
presentaban unas feas heridas en las yemas. No había ido nada
preparado para semejante ascensión y su cuerpo se quejaba. Negó con
la cabeza, si comenzaba a dudar sería su perdición- No pudo
rendirme- Decidió ver cuanto había avanzado, pero en seguida se
arrepintió, desde esa posición daba la sensación de que apenas
llevaba 10 metros, aunque no era precisamente poco. Tras unos minutos
de merecido descanso y un trago a la cantimplora retomó el ascenso.
Comenzó a sangrar por las manos, pero Eliart ignoró el
dolor, sabía que tenía que ascender, no había otra opción. El
tiempo comenzó a fluir de una manera extraña, para el I-Men sólo
existía el siguiente saliente, la próxima parada para dar un trago
de agua. No había tiempo para pensar en nada más, y mucho menos en
la caída. Conforme subía las fuerzas le fallaban, y en un par de
ocasiones perdió pie de manera drástica. Por suerte supo reponerse
del susto y continuar. En un pequeño rincón de su mente una parte
de sí mismo se quejaba, intentaba hacerle ver a Eliart que aquello
era una locura, pero el líder sumía esos pensamientos traicioneros
en lo más profundo de su cabeza. No debía dudar, eso era todo.
Subió al siguiente saliente y, de repente, se
encontraba ante una gran explanada, una terraza donde había un gran
espacio. Eliart se sorprendió tanto que le costó darse cuenta de
que había llegado a algún sitio. Se izó sobre el borde y
finalmente se dejó caer sobre la roca, fría. ¿Fría? Abrió los
ojos y se encontró con un cielo estrellado, un cielo nocturno.
¿Tanto tiempo había pasado? Entonces escuchó un ruido tras él.
Con un gran esfuerzo se levantó para ver de qué se trataba. En un
extremo de la explanada había una choza de paja y madera no muy
grande. La puerta era un agujero negro, y al lado en el suelo había
un pequeño bebedero vacío. El suelo estaba lleno de una hierba
oscura, salvo en el borde, donde él estaba.
En medio de aquel panorama un hombre de rasgos asiáticos
le miraba. ¿Desde cuando llevaba aquel hombre mirándole?
Probablemente desde que subió, porque hasta entonces no había
detectado ningún movimiento. El hombre era calvo por completo, pero
tenía un pequeño bigote gris. Numerosas arrugas surcaba su rostro,
era evidente que se trataba de un anciano, a pesar de que el brillo
en sus ojos revelaban una vitalidad oculta. Lo cierto es que parecía
un monje.
-Vaya Eliart, has tardado más de lo que pensaba- Dijo
el hombre lentamente, como si estuviera jugando a algo. Entonces el
hombre se inclinó a modo de saludo- Saludos, soy Wakabahashi Taipei,
y tengo que hacerte una pregunta.
-¿Eres tú mi maestro?- Logró preguntar Eliart, pues
estaba agotado.
-Eso depende de lo que me respondas...- Contestó el
hombre de manera misteriosa mientras se llevaba una mano a la
barbilla- Dime, Eliart, ¿qué es más importante para ti, saber lo
que se oculta detrás de “El Juego”, o la vida de tus compañeros?