jueves, 17 de septiembre de 2015

Capítulo 40 - 'El triángulo de la vida'

Todos estaban expectantes y sorprendidos, mirando al Capitán, quien abrió la boca de manera exagerada. El misterioso hombre de la capa oscura había llamado al vasco “hijo mío”. Entonces se llevó una mano a la máscara y la apartó para revelar un rostro envejecido, propio de alguien en torno a los cincuenta o incluso sesenta años. Una parte de su máscara permanecía ocultando la nuca del hombre. Las arrugas que recorrían su rostro se hicieron más profundas al sonreír al héroe rojiblanco.
-¡Papá! ¿Eres tú?- El vaco no terminaba de creerse lo que estaba ocurriendo. Fue entonces cuando su instinto saltó y se puso en guardia- Eso es imposible, mi padre está muy lejos de aquí, en su casa. Y no tiene poderes de ninguna clase.
-Ya... sobre eso, debo pedirte perdón por ocultártelo todo, sobre mis poderes, pero era necesario. Has sido siempre muy inmaduro para conocer la verdad. Pero ahora que ya estás envuelto en todo esto del Juego, ha llegado la hora de empezar a ser más sinceros el uno con el otro- Respondió el hombre- Acércate- El Capitán dudaba, pero al final se aproximo al que decía ser su padre. Este se inclinó sobre el oído del vasco y susurró unas palabras. De inmediato el Capitán sonrió y abrazó al hombre.
-Está bien chicos, mi padre me ha dicho algo que sólo él y yo conocemos. Digamos que es nuestro secreto- El héroe parecía ahora mucho más tranquilo. Era la primera vez que sonreía desde hacía unos días. Entonces el hombre de la capa retomó la palabra.
-Me llamo Northern Sage, o al menos es mi seudónimo- Les explicó el hombre mientras los I-Men comenzaban a asumir la situación. Las dudas se agolpaban en la mente de todos, pero Sage levantó las manos como para evitar nuevas preguntas- Sé que ahora estáis cansados tras las duras batallas y que estaréis preguntándoos muchas cosas. Necesitáis descanso y recuperar las energías, por eso os he traído esto- Dijo mientras sacaba de debajo de la capa un bulto en forma de saco. Lo arrojó a los pies de Eliart, quien abrió la tela encontrando fruta- Es una comida hecha especialmente por un amigo, cuando la comáis recuperaréis vuestras fuerzas, además vuestro espíritu se calmará.
-Pero, no entiendo papá- Contestó el Capitán algo obstinado- ¿Eres un jugador?
-Veo que no os quedaréis tranquilos hasta que haya solventado algunas dudas...- Asumió Sage mientras reía- No soy un jugador, ni mucho menos. Digamos que me he colado en el Juego con la ayuda de Cerebro. Supongo que os suena esa persona, ¿verdad? Es quien me ha ayudado a traerme aquí, y quien ha preparado esa fruta. Es una gran persona, lamentó mucho no poder veros. Él sabía que habíais recibido un recado de parte de Thunder-Man, y estaba preparado para reunirse con vosotros aquel día, justo cuando iban a traeros de vuelta aquí.
-¿Cerebro?- Eliart se sorprendió mucho, ya se había olvidado de aquel personaje después de todas las cosas que habían sucedido- ¿Tan poderoso es que ha logrado traerle a usted aquí? ¿Saltándose las reglas?
-Así es chico, tú debes de ser Eliart, ¿verdad?- El líder de los I-Men se sorprendió- ¿Qué cómo sé tu nombre? Estás hablando con un sabio chico, tengo una gran red de contactos, entre ellos el poderoso Cerebro. Pero no tiene sentido hablar de ello ahora, no del mundo real, quiero decir. Estáis inmersos en una terrible batalla, en “El Juego”. Ahora no es momento para resolver vuestras dudas puesto que sólo os distraería de vuestro objetivo, y este es “sobrevivir”- Declaró en tono marcial el misterioso hombre- Sí, nos estamos saltando las reglas, pero por un buen motivo. Cuando acabe todo esto, o si podéis volver a la Tierra otra vez, estoy seguro de que Cerebro estará encantado de recibiros y de resolver vuestras dudas. Pero ahora hemos de centrarnos en lo verdaderamente importante. ¡Tenéis que haceros más fuertes si queréis llegar hasta el final!
-Ya, ya veo- Eliart asumió las palabras que el padre de su amigo le decía con tanta franqueza. De alguna manera decidió que Sage tenía razón, si no podían salir de aquella pesadilla de nada valdría conocerlo todo. Tenían que hacerse fuertes- ¿Pero cómo nos haremos más fuertes?
-¿Es que no me escuchas?- Preguntó el anciano- Ahora vais a comer y a recuperar vuestras fuerzas. Y mañana, cuando estéis preparados, os explicaré por qué he venido aquí y cual es mi misión- Los I-Men, unos más y otros menos, aceptaron lo dicho. Estaban exhaustos tras la batalla contra los ciudadanos y después contra los destructores. Si algo necesitaban, era desde luego descanso. Se repartieron las frutas entre ellos y, aunque eran pocas, lograron saciarles de algún misterioso modo. Además notaban como aquella comida reponía sus fuerzas a una gran velocidad, sentían sus cuerpos ser curados desde dentro.
Aquella noche Gaia se acostó junto a Eliart. Después de esos días tan turbulentos apenas habían podido estar juntos, y de alguna manera la chica se sentía especialmente inquieta. Incluso se culpaba internamente por la muerte de sus amigos en la ciudad. El líder de los I-Men estaba muy absorto en sus pensamientos y no había sido capaz de ver lo mal que estaba su novia. Gravitta ocupaba una gran parte de su mente en esos momentos, por fin tendría la posibilidad de enfrentarle y zanjar de una vez por todas su disputa.
-Eliart, tengo miedo- Reconoció la chica mientras estaban acurrucados sobre una de la camas. Él la abrazo y la besó con dulzura en el pelo.
-Lo sé, y en cierta manera yo también... Pero de nada servirá lamentarse- Eliart se imaginaba las múltiples maneras en las que todo aquello podía acabar y un dolor sordo se le alojaba en el pecho. Pero se repetía una y otra vez que lograría salir de allí- Hemos de ser fuertes, mañana Sage nos dirá por qué está aquí, y creo que nos podrá ayudar bastante.
Gaia guardó silencio frente a esas palabras. No era capaz de admitir que ella era en parte culpable de todo aquel sufrimiento. Ella había insistido en que fueran a esa ciudad. Sabía de sobra que la culpa no era realmente suya, pero si tal vez no hubiera insistido tanto, puede que entonces Llama Helada y Holy siguieran vivos. Gaia encontraba en el mutismo de Eliart un pequeño reproche, una acusación velada. Pero tal vez era su imaginación, no podía imaginar que simplemente su chico estaba demasiado preocupado, o tal vez realmente fuera como ella pensaba.
Onceavo día de Juego, finalizado. Jugadores restantes: 93.


Gravitta aguardaba en el piso más alto de la torre que había ocupado. En cada piso de la torre había una gran sala central donde una escalera de caracol te llevaba a los demás pisos. Además había un par de puertas en extremos opuestos de cada estancia central. Una de las puertas te llevaba a un pequeño dormitorio, la otra a unas estancias que aportaban ciertas comodidades. El pelirrojo descubrió aquel lugar nada más reclutar a Psikosis, quien se mostró bastante animada con la idea de unirse a ellos. Así, Gravitta, J.J., Death Master y Psikosis entraron en ella. Dentro encontraron al Vikingo de Acero y a Chairner, quienes aparentemente viajaban juntos desde hacía un tiempo y habían ocupado aquel castillo. Gravitta les mostró su poder y los reclutó a todos, pero había aprendido la lección.
Con los S-Men se mostró demasiado autoritario, demasiado prepotente incluso. Tal vez fuera verdad que era el más fuerte de allí, pero había aprendido una cosa de Eliart, y es que los aliados reclutados con amistad y favores eran mucho más leales que los reclutados con fuerza (así lo habían demostrado Shadow, Irons y Kya). Por ese motivo trató de ayudar a sus nuevos camaradas de la mejor manera que pudo. A Death Master le ayudó a frenar la putrefacción del brazo en la tierra, a Psikosis con buenas palabras y demostrando que era buena idea ir con él. Al Vikingo tuvo que derrotarlo en un combate, pero sin hacerle demasiado daño, lo cual probó al hombre que aquel tipo tal vez mereciera la pena. Por eso dedicó unos días del Juego a entrenar a sus camaradas, necesitaba que fueran aún más fuertes de lo que eran si querían plantarle cara a los I-Men.
Gravitta era sumamente observador, así que analizó los puntos fuertes y débiles de cada uno y los hizo entrenar bajo un campo de gravedad aumentada, para fortalecerlos en todos los sentidos. Al mismo tiempo J.J. y Death Master les enseñaban lucha cuerpo a cuerpo y técnicas de primeros auxilios respectivamente. Ceniza fue el último en llegar, el último día antes de la llamada del Gobernador. Cuando Mentalizer llamó al pelirrojo a ir a la ciudad, este no podía imaginar lo cerca que habían estado todo ese tiempo los I-Men. Ahora, casi al amanecer del doceavo día sus súbditos volvían por fin. En el Séptimo piso les esperaba junto a J.J.
-¿Qué tal ha ido?- Preguntó el líder de los Destructores. Death Master fue el primero en responder.
-P-pues ha ido bien, sí, sí- Una risa un tanto extraña salió de su garganta. El Vikingo de Acero le apartó de un manotazo.
-¡Les hemos aplastado! Menudos plebeyos- Proclamó mientras levantaba un brazo para mostrar su enorme bíceps- Los dejamos hechos polvo, tenías razón, gracias al entrenamiento nos hemos vuelto mucho más fuertes. Todos salvo Ceniza hemos destrozado a nuestros oponentes.
-¿Los habéis eliminado?- Inquirió Gravitta, recuperando algo de su tono amenazante de antaño. El Vikingo hinchó el pecho para responder, pero fue Psikosis quien se adelantó esta vez.
-No, tal y como nos indicaste les dejamos vivos... y les lanzamos el desafío para que vengan, así que es posible que en unos días, cuando estén frescos, vengan a retarnos- Aseguró la rubia.
-Sí, así será- Reafirmó Gravitta mientras se levantaba de su asiento- Eliart no querrá dejar las cosas así, y tenemos una cuenta pendiente... pero quiero presentaros a alguien. Adelante- De las escaleras bajó alguien desde la azotea. Se trataba de un chico bajito y delgado, pero fibrado. Llevaba la cabeza rapada y una gafas con montura de acero y cristales ovalados- Se llama Leariat. Sintió mi presencia y trató de retarme, al ver el potencial tanto mío como de J.J tuvo que admitir su derrota y... al ver su fuerza no pude resistirme a pedirle que se uniera a los Siete Destructores.
-Pero, ¿con él no seríamos Ocho?- Preguntó Ceniza, molesto. Gravitta sabía que haría esa pregunta. Sabía que Ceniza, quien no había entrando con ellos, no estaba al nivel del resto, así que aprovechó la llegada de alguien con tanto potencial como Leariat.
-Sí, de manera que uno de vosotros debe dejarnos... Ceniza, si quieres mantener tu puesto aquí y volverte más fuerte debes pelear contra Leariat. Sólo los más fuertes pueden llamarse a sí mismos Destructores, ¿no crees?- El fumador se mordió un labio. Estaba cansado por la pelea y el viaje, pero si era cierto que aquel chico había peleado contra el pelirrojo, tal vez también estuviera cansado.
-Está bien, vamos allá- Mientras los demás se apartaban para ver, los dos chicos comenzaron su enfrentamiento. Uno de los dos no llegaría a terminar de ver el amanecer.


Los I-Men se despertaron con las primeras luces del alba. El primero de ellos fue el Capitán, quien fue con su padre, quien aparentemente no había dormido nada. Entablaron una conversación no muy profunda, pues Northern Sage estaba muy centrado en su cometido. El héroe trató de sonsacarle algo de información, pero fue imposible, su padre estaba cerrado en banda. El resto de los I-Men también comenzó a levantarse y a reunirse en torno al misterioso hombre que los esperaba sobre una piedra bien grande.
-Buenos días a todos- Empezó- Ahora ya estáis más calmados y descansados, de manera que tomar, mientras os cuento lo que he venido a hacer necesitáis desayunar- Extrajo otro bulto y un nuevo saco con fruta cayó ante ellos.
-¿Más fruta?- Preguntó molesto Celestina.
-No te quejes, algunos todavía no estamos sanados del todo, y encima es un regalo, así que no lo rechaces- Contestó Demongirl mientras se apropiaba de una gran naranja y una manzana. Se repartieron de nuevo la comida y empezaron a comer. El Capitán se acercó a su Padre.
-¿No quieres nada?- Sage sonrió.
-Con tu sensibilidad para percibir auras ya deberías haberte dado cuenta, hijo- Respondió el anciano con una sonrisa. El Capitán se extrañó.
-¿A qué te refieres?- Demongirl le miró.
-A que Northern no está aquí realmente, ¿verdad? Yo no puedo sentir su aura, así que una de dos, o bien tiene una habilidad increíble para ocultarla o sencillamente “no está aquí”.
-Así es- Confirmo el hombre- Ya es hora de que comience a aclararos algunas cosas. Cerebro lleva un tiempo esperando a un grupo como vosotros, a alguien que le ayude a liberar al mundo de cosas como “El Juego”, pero hasta ahora había sido en vano. Lleva mucho tiempo luchando contra los “GM”, de diversas maneras. Yo mismo, por ejemplo, tengo poderes y sin embargo nunca he ido al juego, en parte gracias a Cerebro que me localizó y evitó que mi presencia fuera percibida por los “GM”. Aparentemente prestan la atención mínima a la Tierra, confían mucho en los borradores, un error un tanto grave desde mi punto de vista, son fáciles de engañar a pesar de su terrible fuerza.
-Sí, es verdad que son muy fuertes... incluso pudieron con el ganador del Juego, Thunder-Man...- Susurró alicaído el Guerrero. Sage negó con la cabeza.
-Te equivocas, en parte al menos. Fue gracias a Cerebro que Thunder-Man pudo escapar del control de los creadores del Juego, sin embargo esto era algo mucho más difícil que simplemente evitar que encontraran a alguien, esto implicaba liberar a alguien cuyo control ya estaba asegurado. Y por tanto llamó la atención de los “GM”. Thunder-Man tuvo que luchar brevemente contra ellos para escapar por los pelos. Con heridas graves logró escabullirse en la Tierra, y a pesar de que recibió ayuda de agentes clandestinos de Cerebro, pues no soy el único, no pudo evitar la persecución. Durante diez años estuvo huyendo, en su gran escapada derrotó a setenta y ocho borradores. Al principio le fue fácil, pues tenía el poder de alguien que ha ganado este terrible Juego. Pero los borradores aprendían con cada derrota, cada vez eran más y más fuertes. Diez años de huida hicieron mella en la resistencia del ex-jugador. Y cada vez los borradores le encontraban antes- Sage hizo una pausa. Todos los I-Men guardaban Silencio. Algunas como Kya, Erzzhia y Garra no terminaban de entender exactamente quien era ese Thunder-Man, pero ya habría tiempo para preguntar después a sus amigos- Debido a que era la única persona del bando de Cerebro que había sido descubierta era la única que podía ponerse en contacto con nuevos jugadores, puesto que así no ponía en riesgo a la resistencia que existe en la Tierra. Así fue como dio con vosotros, los nuevos Jugadores. Ni si quiera yo, padre de uno de ellos, fue consciente de lo que estaba pasando. Tal vez Thunder-Man hubiera podido contra ese último borrador... o tal vez estaba harto de Diez años de escapar, sus fuerzas estaban al límite, pero por fin había logrado su cometido, por fin era capaz de enlazar a Cerebro con nuevos Jugadores. Quizá eligiera morir.
El silencio se apoderó del grupo. Una pesada sombra se cernía ahora sobre ellos. Hasta ese momento no habían sido conscientes de lo grave de la situación, siempre habían tratado de ser optimistas pensando que todo tendría una solución, una clave sencilla que resolvería todo. Pero no era así, no iba a ser así jamás. Al parecer ya existía gente en la Tierra que luchaba contra el Juego, y ese tal Cerebro parecía una persona realmente poderosa, la clave para enfrentar a los “GM”. Era una batalla mucho más allá de sus capacidades, pero por algún motivo, ellos estaban también metidos en ello.
-¿Y por qué nosotros?- Preguntó Eliart, y eso era lo que rondaba la cabeza de todos ellos.
-Esperaba esa pregunta- Sonrió Sage- En primer lugar fuisteis capaces de encontrar a Thunder-Man aunque no fuera muy difícil. Él os probó también. Durante su pelea con el borrador vosotros no os quedasteis quietos, y la ayuda que recibió Thunder-Man demostró que sois buenas personas. Normalmente alguien no pelea contra un ser que le supera de manera tan amplía. Además sois un grupo con cierto número de personas, y con una fuerza y, sobre todo, un gran potencial. Cerebro ha decidido que no merece la pena esperar más y ha apostado por vosotros. Por eso estoy aquí. Él lleva un tiempo reuniendo personas, pero nunca han sido muchas, sin embargo ha conservado gracias a sus poderes recuerdos de las mismas. Por eso es capaz de proyectar las imágenes de esas personas como si fueran reales, aunque ahora estén muertas. Lo que veis de mi no es mi auténtico yo, es sólo una copia creada por Cerebro, en parte por eso soy capaz de “Estar” en el Juego. Lo cual no quiere decir que no sea real- Les explicó- Mi deber es entrenaros. Cerebro ha seleccionado para vosotros los maestros más adecuados para cada uno, con poderes que en cierta manera se asemejan a los vuestros. La mayoría de ellos ya no están aquí, pero los que aún seguimos vivos en la Tierra recibiremos los recuerdos que se creen aquí, así que cuando regreséis podéis buscarnos. Pronto llegará el momento en el que derrotaremos al Juego.
Los I-Men se sintieron esperanzados por una vez. Ahora comenzaban a entender todo lo que estaba pasando a su alrededor. Sin embargo Demongirl, astuta como siempre, lanzó una pregunta.
-Entiendo que los “GM”, sea lo que sea eso, no vigilen la Tierra demasiado gracias a sus guardianes, los borradores. Pero aquí, como dicen en sus comunicados, nos vigilan día y noche. Como pretendes entrenarnos y explicar tu presencia.
-Es cierto que aquí casi se pueden considerar dioses. Pero no son omnipotentes, se les puede engañar- Sage señaló la cúpula violeta que les cubría- Mis poderes nos ocultan, no lo dudes. Y gracias a Cerebro os llevaré a dimensiones alternativas, donde ha preparado encuentros con vuestros maestros personalizados. Todos vosotros recibiréis un cuidadoso entrenamiento destinado a reforzar vuestras debilidades, ya es hora de que sepáis lo que es el triángulo de la vida.
-¿El triángulo de qué?- Pregunta Shadow, curioso. Northern se humedeció los labios para seguir.
-El triángulo de la vida- Repite- ¿Nuca os habéis preguntado de qué está hecho el mundo? Por supuesto tenemos una explicación científica. Ya sabéis de lo que hablo, la materia, los átomos, y muchas otras cosas. Sin embargo, la existencia de poderes sobrenaturales tan fantásticos revela una cosa, y es que el universo es más complejo de lo que parece. Existe una dimensión espiritual, donde se cree que radica la fuente de estos poderes. Según ciertas creencias el mundo esta compuesto de cuatro elementos. El fuego, el agua, la tierra y el aire. Cada uno de estos elementos puede ser más o menos puro, dar lugar a otros y conformar a las criaturas vivas. Los humanos somos bastante complejos y estamos hechos por la combinación del fuego, el agua y la tierra. El aire es el único elemento que no conforma ningún ser vivo. Conocemos a la combinación de los tres elementos esenciales como el “Triángulo de la vida”.
>>La Tierra representa la materia, el cuerpo. Alguien con una gran cantidad de Tierra tendrá un cuerpo fuerte y resistente, capaz de grande proezas. El Agua representa la mente. El agua es fluida, no se puede atrapar. Puede ser tranquila pero esconder bajo su superficie una gran tormenta. Las personas con una gran cantidad de Agua son muy intuitivas, inteligentes y observadoras. El Fuego, por último, representa el alma, el espíritu. Es donde reside la pasión y los sentimientos. Un gran fuego implica una gran empatía, pero también puedes acabar consumido por tus propios sentimientos. De manera normal cada uno desarrolla más unos aspectos de si mismo que otros. Pero para crecer de manera adecuada y desencadenar el mayor de nuestros potenciales debemos alcanzar el equilibrio en el triángulo. Los guerreros que antaño seguían estas prácticas acababan siendo grandes héroes. Y ese es el entrenamiento que Cerebro ha preparado para vosotros, al principio puede pareceros muy básico, pero cuando logréis el equilibrio despertaréis vuestra verdadera esencia, y creceréis.
Sage levantó una mano y con un chasquido hizo aparecer en el aire unas puertas de madera. Unas escaleras que se sostenían en el aire llegaban hasta los umbrales. Había séis puertas flotantes, cada una al parecer con un nombre grabado en ella, de izquierda a derecha eran: Demongirl, Gaia, Capitán Vasco, Guerrero Celeste, Shadow y Eliart.
-Los que tienen un nombre en una de las puertas tiene preparado un entrenamiento personalizado, pues Cerebro encontró a un maestro adecuado. Yo me quedaré aquí y entrenaré a Revelación. Pero por supuesto, no estáis obligados a realizarlo- Continuó diciendo Sage- podéis aprovechar esta oportunidad, pero siempre podéis echaros atrás. Eso sí, todos debéis estar de acuerdo. Os dejaré unos instantes para que lo penséis.
-Gracias, Sage- Contestó Eliart mientras se volvía hacía sus compañeros. El desayuno había hecho efecto y ahora todos estaban casi al cien por cien. Todos miraban al líder, esperando a ver qué tenía que decir. Eliart carraspeó y habló sin dudar- Chicos, os diré la verdad. Durante la batalla con los Arcángeles y más tarde contra la Ciudad sentí que mi fuerza no era suficiente. En parte gracias a nuestra suerte y a personas como Árkanon, Light Knight, Erzzhia y Garra seguimos hoy aquí. Pero si queremos ir a por Gravitta no nos bastará con el poder que tenemos ahora. Yo creo que debemos seguir el camino que Cerebro nos ha preparado y aceptar su propuesta.
-No conocemos a esa persona- Dijo Celestina- No sabemos como nos la puede jugar, pero sí es cierto una cosa, y es que quiere derrocar a los creadores del Juego. Creo que sólo por eso merece la pena hacerlo- Demongirl se alzó.
-¡Ja! Además, ni si quiera estamos firmando ningún contrato. Este hombre es el padre del Capitán, si él confía en Cerebro creo que debemos hacerlo. Así seremos más fuertes- Razonó.
-Estoy de acuerdo, pero, ¿qué haremos nosotras?- Inquirió Erzzhia mientras Garra asentía. Eliart tomó de nuevo la palabra.
-Le preguntaremos que haréis vosotras, también tenéis derecho a volveros más fuertes- Los miró a todos para confirmar su decisión. Uno a uno fueron asintiendo- Pues vamos allá.
-Ya veo, así que decís que sí- Confirmó Sage con un asentimiento. El líder le planteó las dudas acerca de las chicas, y el sabio sonrió- Lo cierto es que Cerebro no encontró un maestro adecuado para Waver, y no contábamos con Erzzhia y Garra en primera instancia. Pero me confió la labor de entrenaros, así que viendo lo unidas que estáis podréis realizar un entrenamiento supervisado por mi. Quizá no será tan eficaz, pero de algo valdrá. ¿Os parece bien?
-Sí, muchas gracias- Contestó Garra Nocturna. Sage chasqueó de nuevo los dedos y una Séptima puerta apareció al lado de las anteriores- Que cada uno se coloque frente a las escaleras que llevan a su puerta asignada. Os llevará a la dimensión donde espera vuestro maestro. Antes de partir os evaluaré y determinaré que os falta para alcanzar el equilibrio.
Cada uno se colocó frente a las escaleras, tal y como el padre del vasco les indicó. Kya se situó frente a su novio, no sabía que ocurriría, pero no quería separarse de él bajo ningún concepto. Sage se acercó a las primeras, Garra, Erzzhia y Waver, quienes iban a ir juntas por la primera puerta. Puso la mano derecha sobre las cabezas de las chicas, una a una, y al final les habló.
-Erzzhia, tu espíritu y tu mente son muy maduros para tu edad, pero tienes un cuerpo muy débil que no te permite mantener el ritmo. Debes entrenar la tierra. Garra, tu cuerpo es ágil y tus poderes le dan aún más fuerza, y posees una mente clara. Debes entrenar por tanto el Fuego, debes creer más en ti y tus compañeros, entrena tu pasión y tus sentimientos. Por último, Waver, tu debes entrenar el agua, tras las pérdidas que has sufrido hacen que tu mente esté pasando por un momento crítico, debes hacerte fuerte y superar los traumas. Haz que las aguas retornen a su cauce- Las tres chicas se miraron sorprendidas, era como si aquel hombre hubiera mirado dentro de ellas con un tercer ojo- Es bastante curioso que, en cierta manera, las tres os complementéis tan bien. ¡Id a vuestro destino!
Las chicas subieron las escaleras y marcharon. Nada más abrir la puerta una misteriosa fuerza las engulló. Las escaleras se desvanecieron, pero la puerta permaneció en lo alto. Los demás miraron sorprendidos todo aquello. A continuación Sage se fue acercando a cada uno para repetir el proceso.
-Demongirl, tu entrenaras el Fuego, debes aprender a controlar tu furia y tus emociones, ¡ve!- La morena salió lanzada a la puerta- Gaia, tu debilidad es la Tierra, y en menor medida el agua. Encuentra tu camino- La chica subió las escaleras al tiempo que miraba a Eliart. Este sonrió en respuesta y la rubia entró- Capitán, hijo, tu deberás entrenar el agua. Tanto tu cuerpo como tu espíritu tiene una gran fuerza, pero tu falta de criterio a veces puede ser terrible. Entrenarás con alguien que te enseñará mucho, adelante- Miró a Celestina- Tú eres de los más equilibrados, pero debes entrenar la Tierra, tu poder será mucho más grande si aumentas tus capacidades físicas- Se acercó ahora a Shadow y Kya- Tú, Shadow, veo que tu mayor debilidad es la Tierra. El cuerpo que tienes no es capaz de soportar la terrible tensión de tus poderes. Y tú, la pequeña Kya, necesitas entrenar el Agua. Veo que estás aquí con él, ¿acaso quieres tomar también su entrenamiento?
-No me pienso separar de mi amor, no otra vez- Aseguró ella, arisca. Sage asintió.
-Lo imaginaba. Supongo que por eso Cerebro escogió a “ese” Maestro. Ten en cuenta que está pensado para Shadow, pero puede que a ti también te venga bien, ir pues- Ahora, en medio de la ciudad destruida, solo quedaban Sage, Revelación y Eliart. Northern se acercó al líder y colocó su mano sobre la cabeza de este, como hizo con los anteriores. Pero, a diferencia de estos, tardó algo más en sacar sus conclusiones- Eliart... debes entrenar el Fuego, has de controlar tus emociones.
-Sí, imaginaba que sería algo así...- Asimiló Eliart mientras bajaba la mirada. Pero entonces Sage sonrió.
-No sólo eso, también debes entrenar el Agua. Las dudas te nublan la mente, no eres capaz de pensar con cabeza- Eliart se puso colorado, era al único al que le había dicho que debía entrenar dos cosas. Pero Sage continuó, implacable- Y, por supuesto, también debes entrenar la Tierra. Como líder debes mejorar aún mucho, tienes una importante falta de poder en las tres categorías del triángulo, Eliart.
-No puede ser, ¿las tres?- Preguntó anonadado. Northern esta vez no sonrió.
-Así es, Eliart. Tu entrenamiento será sin duda el más difícil de todos. Aunque quizá el más intuitivo. ¿Estás dispuesto a someterte a ello?- Así que por eso a él le había dejado para el final, ¿eh? Quería ponerlo a prueba y darle una oportunidad para volverse atrás cuando nadie más miraba, inteligente.
-No- Dijo casi sin pensárselo- No iré atrás ahora, Sage. Aceptaré el reto y mi misión. Mejoraré el Fuego, el Agua y la Tierra. Y volveré para ser el verdadero líder de los I-Men.
-Así me gusta- El chico escaló a toda velocidad, imbuido en puro optimismo. Alcanzó la puerta y miró atrás.
-Revelación, cuando volvamos, todos seremos más fuertes. ¡Hasta luego!- Desapareció tras la puerta.
-Ya sólo quedas tú, el místico- Dijo Sage- Ya te he observado, y tu mayor hueco reside en el Agua, en tu mente. Eres fuerte, pero tras lo de Mentalizer has comenzado a dudar de ti mismo. Solventaremos eso, no te preocupes, yo seré tu Maestro.
-La providencia así lo ha querido, no creo que nada de esto sea casualidad. Todas nuestras decisiones nos han llevado hasta aquí...- El místico dejó el cetro en el suelo y se acercó hasta su maestro- Adelante, comencemos.


Leariat se levantaba victorioso. Mostraba algunos rasguños producto de la pelea contra Ceniza, pero finalmente se había impuesto. Gravitta sonrió mientras el resto de Destructores observaba la escena, algo incómodos. El pelirrojo sentía que, aunque lo que había hecho era lo correcto, pues aumentaba el poder de su equipo, quizá estos no estuvieran muy de acuerdo, de manera que comenzó una especie de discurso.
-Ya sé que esto tal vez os parezca algo barbárico, al fin y al cabo, quizá Ceniza no se merecía este castigo...- Carraspeó- Pero no hemos de olvidar nuestro objetivo, ganaremos el juego, y para ello hemos de eliminar a los demás. No es divertido, es lo que hemos de hacer.
Algunos asintieron. El Vikingo de Acero, no. Mantenía la vista fija en Gravitta mientras sonreía con sorna. Los demás puede que estuvieran engañados, pero él sabía que aquel personaje no pretendía ganar con todos ellos, pretendía ganar en solitario, pero no podía culparle, él pensaba lo mismo. Esperaba con paciencia el momento en el que pudiera alzarse con la victoria. “Esperaré el momento en que J.J no esté por medio y lo derrotaré”, pensaba.


El Guerrero estaba sorprendido. Se encontraba en una dimensión donde no había nada, una completa negrura, al menos al principio. Al cabo de unos instantes divisó estrellas lejanas que brillaban. Sentía que su cuerpo viajaba a algún sitio, pero no sabía cual, ni cuando llegaría. Al cabo de unos minutos (u horas, quien sabe) vio una luz brillante que iba aumentando de tamaño. De repente se encontró chocando contra un suelo arenoso. Cuando se incorporó se encontraba rodeado de unas palmeras que se elevaban hacía un cielo crepuscular. La arena era fina y blanca y podía sentir una brisa fresca proveniente de una masa de agua cercana. Siguió sus impresiones sobre el viento y llegó hasta el agua, aquello era un oasis. Entonces alguien apareció a su espalda.
-¡Hola! Pero si eres tú, Celestina, cuanto tiempo- Dijo el extraño. El I-Men se giró en redondo y se quedó boquiabierto cuando ante sus ojos pudo ver la silueta del antiguo ganador del juego, de Thunder-Man- ¿No vas a saludarme si quiera?
-Esto, hola- Respondió el chico algo cohibido. ¿Él sería quien le enseñaría? “Guau, es increíble, es como si Link me enseñara a combatir en Hyrule”. Entonces cayó en la cuenta de que aquella persona estaba muerta y recordó las palabras de Sage; “son solo representaciones creadas por Cerebro, reales, pero que dejarán de existir cuando cumplan su cometido”. Un cubo de escalofrío le recorrió la espalda. El bonachón de Thunder-Man intuía que le pasaba por la cabeza a su alumno, así que se acercó y le dio una muy real palmada en la espalda.
-Vamos, no te desanimes. Lo que pasó pasó, y nada podrá cambiarlo. Lo que sí podemos cambiar es tu fuerza. ¿No crees?- Preguntó, en tono misterioso. El Guerrero no pudo resistir la tentación.
-Sí, lo siento. Es solo que me hubiera gustado hacer algo más- Se disculpó con torpeza.
-Bueno, no te preocupes, y vamos a empezar- Thunder-Man sonrió y le señaló una dirección- En primer lugar vamos a tratar de aumentar tu resistencia. Ya eres bastante fuerte, pero debes empezar a ser capaz de usar tu viento de manera mas continua. Utilizaré mis poderes y me iré por allí, al principio despacio, pero en cuanto observe que te has acostumbrado al ritmo, aumentaré ligeramente mi velocidad... y así sucesivamente. Cuando considere que has alcanzado el nivel adecuado, llegaremos al siguiente reto.
El Guerrero estaba pletórico, menudo maestro le había tocado. Estaba hasta arriba de energía gracias a las fruta de Sage y de manera inmediata invocó el viento para mostrar su predisposición. El hombre le respondió invocando su rayo.
-¡Sígueme!- Y salió disparado entre las palmeras. El I-Men no perdió ni un instante y se impulsó con su viento. No tardó en alcanzar a su maestro, quien le sonrió. Siguieron corriendo unos minutos, y entonces Thunder-Man aumentó drásticamente el ritmo, dejando de nuevo atrás a Celestina, quien comenzaba a ver la dificultad en aquella prueba. Movió los brazos para controlar un mayor volumen de viento y se lanzó aún más rápido, pero esta vez no lograba alcanzar al hombre, que se alejaba cada vez más.
Maldita sea, ya es casi imposible alcanzarle, tendré que recurrir tan temprano a mi técnica definitiva”, pensaba. Se concentró en la atmósfera de alrededor y dejó fluir sus sentidos. Cerró los ojos al tiempo que seguía corriendo y, cuando los abrió, observó con total claridad el viento que circulaba a su alrededor. Mientras veía el viento escogió las corrientes más veloces y se incorporó a ellas, al mismo tiempo que se impulsaba, con lo que alcanzó una velocidad sin igual, llegando en un instante hasta su maestro, e incluso superándole. Pero Thunder-Man no había acabado, activó el modo de batalla que usó contra el borrador y se mantuvo a la par que su discípulo. Quería que aguantara el máximo tiempo posible para aumentar poco a poco su resistencia y el tiempo que podía usar esa habilidad, y luego probaría a acelerar un poco más.
El Guerrero aguantó sin problemas durante unos minutos, pero en seguida notó como su impulso perdía velocidad. “No puede ser, no llevamos ni un cuarto de hora y ya empiezo a estar en mi límite, ¿siempre he sido tan débil?”, se preguntó, algo furioso consigo mismo. Thunder-Man le observaba de reojo, sabía que pronto su alumno se encontraría frente a un muro que debería superar. Si lo lograba pronto comenzaría a aumentar sus capacidades de manera abismal. El I-Men seguía inmerso en una batalla interna. Las fuerzas se iban drenando poco a poco, el viento pronto dejaría de ser lo suficientemente fuerte como para llevar el ritmo de su Maestro.
El momento había llegado, era todo o nada, perder o ganar. El Guerrero se negó a seguir siendo sólo el chico friki, quería pelear al máximo para no tener que ver sufrir a nadie más. Motivado por esos pensamientos fue como si rompiera unas cadenas. La energía de su espíritu salía a raudales, otorgándole toda la fuerza necesaria. Thunder-Man supo ver el cambio en el chico y aprovechó la situación para acelerar de nuevo otro poco. Celestina respondió igualando su ritmo. El ex-ganador quiso probar los límites del joven acelerando otro poco más. Esta vez con algo más de esfuerzo, el I-Men logró alcanzarle, pero su rostro estaba perlado de sudor, el pelo se le pegaba a la frente y comenzaba a resollar.


El Capitán se encontraba en un campo de hierba verde, aquello parecía un monte. Rodeando al monte encontró un bosque, aunque no supo identificar los árboles. Ascendió hasta la cima, pues allí sentía algo. Cuando llegó encontró un solitario árbol y a sus pies a un chica joven, de baja estatura y largo pelo rubio cayéndole por la espalda. El hombre no supo que hacer, pero ella reaccionó en seguida, se levantó y se giró para ver a su alumno. La chica era verdaderamente guapa, de ojos azules y piel como la porcelana. Además de un generoso busto que dejó boquiabierto al héroe. “Santo cielo, son incluso más grande que las de Demongirl, y ya es decir”, logró pensar. La mujer pareció no darse cuenta de la reacción de él y comenzó a hablar.
-¡Hola! Me llamo Dayana, encantada. Durante este tiempo del que disponemos te entrenaré, así que, ¿qué tal si me dices quien eres?
-Eh, esto, sí claro. Soy el Capitán Vasco, héroe de Bilbao y de todo el País Vasco- Respondió el I-Men, orgulloso. Entonces se percató de algo- Pero, un momento. No te ofendas pero, ¿tú vas a ser mi maestra? ¿No eres algo... enana?
La chica torció el gesto, obviamente si se había ofendido. En un instante apareció detrás del Capitán y le agarró un brazo para aplicar presión. El hombre no pudo responder a tiempo y se vio acorralado por la tremenda fuerza de la otra.
-Tal vez sea pequeña, pero soy más fuerte que tú, “Capitán”- Dijo ella, mordaz, al tiempo que le liberaba de la llave- Ahora entiendo por qué Cerebro me eligió a mí, parece que alguien necesita una dosis de humildad. Bien, descríbeme tus poderes y veremos que podemos hacer.
El Capitán se mostró ahora más sumiso. No le había gustado que le atacara tan de repente, pero tenía que admitir que era el método más eficaz para ganarse su respeto. Le contó todo lo que sabía sobre sus poderes, mientras Dayana asentía.
-Ya veo, y debes entrenar el Agua- Ella cerró los ojos durante unos segundos, y en seguida sonrió, tenía una idea. Chascó los dedos y unas dianas aparecieron- Necesitas aprender a controlar tu fuerza. Por mucho poder que tengas si lo malgastas no servirá de nada. Para entrenar tu mente deberás activar esa Furia Vasca de la que hablas, acostumbrarte a mantenerla mucho tiempo activa. Luego atacarás a estas dianas. Fíjate, el círculo más concéntrico tiene aproximadamente el radio de tu puño. Deberás golpear exactamente en el centro, pero controlando tu poder y usando sólo el necesario. Si te pasa de poder, la diana entera resultará dañada o reventará. Si usas poco no lograrás romper la madera y te harás daño. ¿Has entendido?
El Capitán se rascó la cabeza. Nunca había hecho algo así, el siempre entrenaba su fuerza, su velocidad o su capacidad de lanzar cosas. También había hecho entrenamientos de simulación de batallas, pero Dayana tenía razón en una cosa. No medía bien la fuerza necesaria para lo que hacía y siempre acababa liberando mucho más poder del necesario, si dominaba al fin su mente (el Agua) y lograba superar el reto de las dianas, aumentaría mucho su poder.
-Vamos allá, ¡Furia Vasca!- El Aura rojiblanca le cubrió entero y vibró con fuerza. Primero debería aguantar unos minutos así para acostumbrarse a no liberar demasiada energía y poder usar más tiempo aquel modo. Eso resultó fácil, así que al cabo de diez minutos se decidió a tratar de golpear las dianas. Dayana observó con cuidado para ayudarle a corregir la técnica.
El I-Men encaró la primera de los círculos de madera y concentró su fuerza en el puño derecho, que llevó hacía atrás para descargar el golpe. Liberó su fuerza, tratando de no pasarse, pero la madera reventó en mil pedazos.
-¡Mal, mal, mal! ¡Santo cielo, lo haces todo al revés!- Ella se acercó y adoptó una postura similar a la de él- Mira, gastas mucho tiempo en el retroceso y la acumulación de poder, pero párate a pensar, ¿qué es lo que te da precisamente tu Furia? Exactamente, fuerza. Deberías aprovecharte de ello y usar golpes más débiles, pero mucho más rápidos. Si concentras de manera adecuada tu aura puedes hacer golpes igual de potentes que este, pero más concentrados, más eficaces y, sobretodo, mucho más rápidos- El Capitán miró sus puños como si nunca los hubiera vista antes. Ahora se arrepentía de haber sido tan idiota con ella, era una gran maestra- ¿A qué esperas? Sigamos, tienes mucho que aprender.
-¡Sí, maestra!- Gritó él, lleno de emoción.


Gaia estaba fascinada. Se encontraba en un bosque increíblemente denso, donde los árboles se elevaban muchos metros hacía el cielo, imponentes. La espesura de la vegetación oscurecían de tal manera el suelo, que casi parecía que era de noche. La rubia se abrió paso entre el follaje, que por suerte a esa altura no era demasiado. No tuvo que andar mucho para encontrar a un hombre de mediana edad descansando contra un tronco. El chico tendría alrededor de veinticinco años, vestía una chaqueta hecha de hojas verdes esmeralda y un pantalón marrón muy tosco. Tenia los ojos cerrados y parecía estar sumamente concentrado en algo. La I-Men dudó, pero al final se acercó.
-Hola- Dijo él. Sin embargo Gaia se extrañó, no le había visto mover los labios ni abrir los ojos. De nuevo escuchó la voz- Soy Hiedra, y seré tu maestro, jovencita. ¿Cómo te llamas?
-Eh, esto. ¿Cómo me estás hablando?- El tal Hiedra abrió los ojos y sonrió.
-Te he hablado a través de los árboles. Debido a tus poderes eres capaz de captar sus “pensamientos”- La voz del hombre era dulce pero firme, sin fisuras. Y transmitía un poder y sabiduría muy profundos. Era una voz propia de alguien con muchos más años a sus espaldas-No te asuste y dime, ¿cómo te llamas?
-Soy Gaia, eh, hola- Balbuceó ella en respuesta.
-Pareces sorprendida, pero Sage ya te habrá puesto al día, ¿verdad? Vamos a entrenar. Para que entiendas lo que ha pasado te explicaré mi poder, soy capaz de fusionarme con la naturaleza y sus ecosistemas. Allá donde existe algo de vida, puedo canalizar su fuerza a través de mi cuerpo y aprovecharme de su energía y manipularla- Hiedra la miró de arriba a abajo- Por lo que siento tu poder es algo diferente. Pero, ¿a qué esperemos? Pelea conmigo.
Sin mediar palabra se lanzó sobre ella, alzando los puños. Gaia respondió levantando los brazos y haciendo crecer una rama de un árbol cercano para que la cubriera, pero su oponente era muy fuerte. Hiedra destrozó la rama y asestó un duro golpe a la I-Men, quien cayó al suelo. Pero el maestro no paró ahí, convirtió sus brazos en madera robusta y atacó de nuevo. La rubia rodó por la tierra para poner distancia y se levantó de un salto.
-Ahora verás- Susurró ella. Llamó a las fuerzas de la naturaleza y un aura verde emergió de su piel. Su brazo derecho se convirtió en un gran tronco con el que arremetió sin dudarlo. Pero el otro ya esperaba un movimiento así y frenó el ataque con su brazo izquierdo como si nada. De nuevo él atacaba, afortunadamente no era muy rápido y Gaia fue capaz de aguantar la sucesión de golpes.
-No está mal, pasemos al siguiente nivel- Dijo él mientras la madera que cubría sus brazos se extendía por el pecho y de ahí al resto del cuerpo. Pronto estuvo cubierto de pies a cabeza por una madera oscura muy resistente. Entonces se fundió con un árbol cercano y apareció directamente en al espalda de Gaia, quien no pudo responder a tiempo y de nuevo chocó contra el suelo.
La I-Men quiso levantarse para seguir peleando, pero Hiedra la sujetó con uno de sus brazos mientras sonreía a través de la madera.
-Tranquila, ya hemos acabado por ahora, tenía que ver como utilizabas tus poderes- Liberó a la chica y esta se levantó algo indignada. “Maldita sea, ya sé que no soy la más fuerte de los I-Men, pero de ahí a que me halla pegado esta paliza...”, pensaba. El Maestro la miró fijamente, podía intuir que pensaba- Supongo que recuerdas lo que te expliqué de mi poder. Como ya te dije canalizo el poder de la naturaleza y eso me permite cubrirme de madera, fusionarme con los árboles y algunas habilidades más. Pero tu poder es algo más. Tú te transformas literalmente en un árbol, y eso es porque a diferencia de mí, tu absorbes la energía de las plantas.
-¿Qué? ¡Eso no puede ser!- Exclamó ella, horrorizada. ¿Cómo podía haber estado robando su energía a los seres vivos que tanto amaba y protegía?
-No te preocupes. A cambio tú liberas energía de manera pasiva para equilibrar la balanza- Dijo Hiedra tratando de tranquilizar a la chica, y pareció surtir efecto- Si queremos aumentar tu fuerza lo primero que debes aprender es a sincronizarte de manera eficaz con la naturaleza, así usarás únicamente la fuerza necesaria de esta. En cuanto alcances el nivel adecuado comenzará el entrenamiento para que completes tu transformación en árbol, ese modo esconde un gran poder.
-Ya veo...- Gaia bajó la cabeza. A pesar de que no le gustaba pelear se veía inmersa en un duro entrenamiento para aumentar su fuerza. No había estado del todo de acuerdo en aceptar la propuesta de Cerebro, pero todos tenían muchas ganas, ¿cómo podría decir que no? Suspiró, asumiendo que ya era tarde para cualquier replica y decidió que lo daría todo en aquella práctica. Mejoraría.


Eliart despertó tirado en un suelo rocoso. Le dolía toda la parte izquierda del cuerpo, pero a pesar de ello logró sentarse y apoyarse contra una pared rocosa que se elevaba hacía el cielo. El líder de los I-Men miró entonces en derredor, fijándose en todos los detalles. Pero no había mucho que observar, se encontraba en un desierto de arcillas, el suelo estaba resquebrajado. Hasta donde alcanzaba la vista solo veía un suelo rojizo y lleno de cicatrices. De vez en cuando algún arbusto mustio y marrón crecía, pero eran sumamente escasos.
Finalmente se incorporó del todo, ya no sentía ningún dolor. Se dio la vuelta y observó la mole rocosa donde se hubo apoyado. Echó la cabeza atrás hasta que el cuello el dolió, pero no pudo ver el final de aquella montaña. Entonces sintió una punzada muy fuerte, era su instinto, de manera más clara que nunca.
-Así que quieren que suba la montaña, ¿eh? No será fácil- Comenzó a rodear la roca para buscar un lugar desde el que comenzar el ascenso, pues la cara en la que estaba era prácticamente perpendicular al suelo. Al cabo de unos minutos encontró unos bártulos tirados de cualquier manera en el suelo. Entre ellos encontró una cantimplora repleta de agua fresca y un par de paquetes de comida bien protegida- Parece que son suministros. Supongo que esto no será una tarea de unos minutos.
Siguió andando y pronto vio una pared de la roca que no era demasiado inclinada, al menos era escalable para alguien novato como él. Además se percató de que había numerosos salientes, hierbas y demás elementos que podrían facilitar su ascensión. Se concentró y llamó a sus fuerzas. “Vamos allá, ¡Aries!”, pero nada pasó. El aura naranja no acudió como era costumbre. Eliart se extrañó y lo intentó de nuevo, pero no dio resultado. Sus poderes no funcionaban. Por algún extraño motivo eso no le sorprendió, más bien al contrario. “Así sí que será un reto, je”. Y sin más dilación comenzó la ascensión de la montaña rocosa.
Al principio resultó casi sencillo. Los salientes eran bastante grandes y no estaban muy separados, de manera que estaba casi siempre sobre uno de ellos. Pero pronto las cosas cambiaron. La inclinación empezó a ser un problema, además del cansancio. El sudor se le metía en los ojos y dificultaba la vista en algunos momentos. Para colmo los salientes eran cada vez más estrecho y espaciados. Empezó a tener que vigilar cada paso que daba, pues aunque la mayoría de los asideros que encontraba estaban hechos sobre resistente roca, algunos de ellos eran montones de tierra aglutinada, y esos podían desprenderse con mucha más facilidad. Al cabo de lo que se le antojaron horas encontró una diminuta cueva en la que entró sin dudarlo. A pesar de llamarlo cueva en realidad era poco más que un agujero cavado en la roca de dos metros de profundidad.
-Uf, uf- Resoplaba Eliart. Se miró las manos, estas presentaban unas feas heridas en las yemas. No había ido nada preparado para semejante ascensión y su cuerpo se quejaba. Negó con la cabeza, si comenzaba a dudar sería su perdición- No pudo rendirme- Decidió ver cuanto había avanzado, pero en seguida se arrepintió, desde esa posición daba la sensación de que apenas llevaba 10 metros, aunque no era precisamente poco. Tras unos minutos de merecido descanso y un trago a la cantimplora retomó el ascenso.
Comenzó a sangrar por las manos, pero Eliart ignoró el dolor, sabía que tenía que ascender, no había otra opción. El tiempo comenzó a fluir de una manera extraña, para el I-Men sólo existía el siguiente saliente, la próxima parada para dar un trago de agua. No había tiempo para pensar en nada más, y mucho menos en la caída. Conforme subía las fuerzas le fallaban, y en un par de ocasiones perdió pie de manera drástica. Por suerte supo reponerse del susto y continuar. En un pequeño rincón de su mente una parte de sí mismo se quejaba, intentaba hacerle ver a Eliart que aquello era una locura, pero el líder sumía esos pensamientos traicioneros en lo más profundo de su cabeza. No debía dudar, eso era todo.
Subió al siguiente saliente y, de repente, se encontraba ante una gran explanada, una terraza donde había un gran espacio. Eliart se sorprendió tanto que le costó darse cuenta de que había llegado a algún sitio. Se izó sobre el borde y finalmente se dejó caer sobre la roca, fría. ¿Fría? Abrió los ojos y se encontró con un cielo estrellado, un cielo nocturno. ¿Tanto tiempo había pasado? Entonces escuchó un ruido tras él. Con un gran esfuerzo se levantó para ver de qué se trataba. En un extremo de la explanada había una choza de paja y madera no muy grande. La puerta era un agujero negro, y al lado en el suelo había un pequeño bebedero vacío. El suelo estaba lleno de una hierba oscura, salvo en el borde, donde él estaba.
En medio de aquel panorama un hombre de rasgos asiáticos le miraba. ¿Desde cuando llevaba aquel hombre mirándole? Probablemente desde que subió, porque hasta entonces no había detectado ningún movimiento. El hombre era calvo por completo, pero tenía un pequeño bigote gris. Numerosas arrugas surcaba su rostro, era evidente que se trataba de un anciano, a pesar de que el brillo en sus ojos revelaban una vitalidad oculta. Lo cierto es que parecía un monje.
-Vaya Eliart, has tardado más de lo que pensaba- Dijo el hombre lentamente, como si estuviera jugando a algo. Entonces el hombre se inclinó a modo de saludo- Saludos, soy Wakabahashi Taipei, y tengo que hacerte una pregunta.
-¿Eres tú mi maestro?- Logró preguntar Eliart, pues estaba agotado.
-Eso depende de lo que me respondas...- Contestó el hombre de manera misteriosa mientras se llevaba una mano a la barbilla- Dime, Eliart, ¿qué es más importante para ti, saber lo que se oculta detrás de “El Juego”, o la vida de tus compañeros?

No hay comentarios:

Publicar un comentario