La ciudad había sido liberada del tiránico gobernador.
Era como un sueño que continúa al acabar una horrible pesadilla. A
todos les convenía descansar y comer, ya que la mayoría estaban
heridos por los combates, así que se apalancaron en el salón de la
casa de la Segunda Calle. Por primera vez, ni el Capitán ni el
Guerrero Celeste hacían bromas mientras comían fruta en el salón,
pues estaban consternados por las muertes de Holy y Tejedora.
Revelación trataba de eliminar sus quebraderos de cabeza. Light
Knight había hablado de Gravitta. ¿Estaba pretendiendo asaltarles?
Era difícil eludir esos pensamientos, y los besos contantes de Kya y
Shadow Walker no ayudaban para distraerse, así que comenzó a
relatar lo que experimentó cuando se encontraba en trance debido a
la maniobra de Mentalizer.
-Sentía que tenía los ojos abiertos de par en par y
que me esforzaba por ver. Pero sólo veía una luz blanca. Nada más.
No había ideas, ni imágenes de ningún tipo. Era como ver y sentir
la nada. Una nada de la que no puedes escapar. De pronto, tras un
rato, dejaba de ver el blanco y todo ante mis ojos era negro.
Empezaba a sentir que caía agua por mi rostro, como si estuviera
sudando y sumergido en alguna especie de agua sucia. Intentaba
pensar, pero todas las ideas eran rechazadas. Era una visión muy
desoladora. La parte es buena es que ya nos hemos librado de ese
tipo. Pero estad alerta. No creo que tarden mucho en llegar- Sugirió
a Erzzhia, al Capitán y al Guerrero.
En una habitación cercana Eliart yacía inconsciente.
Se encontraba postrado sobre una cama, arropado por una sábana y los
brazos de Gaia, que al mismo tiempo tenía ganas de hablar con su
hermana. No había tenido tiempo de preguntar cómo estaba tras la
muerte de Llama Helada.
-¿Estás bien, hermana?- Preguntó Gaia mientras la
abrazaba. Demongirl aprovechó que la puerta estaba fuertemente
cerrada y que nadie podía escucharles para abrazar con mucha fuerza
a su hermana y dejar que las lágrimas bañasen sus ojos, aunque sin
emitir ruido alguno. Habían sido demasiadas emociones. Ahora
tendrían que ser más fuertes que nunca y cuidar de Waver, que no
era más que una adolescente rebelde. Sabían que aquello era
demasiado para lo que podía soportar.
Por otro lado Garra Nocturna y Waver se habían acercado
al antiguo sanatorio de Infecto, para ver si, por suerte, había más
orbes para recuperar vidas. Buscaron durante media hora, pero nada de
nada.
Mientras tanto, los hombres de Gravitta ya estaban en la
isla.
-Vamos a ver, ¿donde están esos plebeyos? No creo que
sea difícil encontrarlos- Dijo el Vikingo de Acero. Era un individuo
rubio, de espaldas anchas y notablemente fuerte. Alto y ancho, aunque
no gordo. Llevaba un cuerno de mamut relleno de cerveza colgado del
cuello y un casco con cuernos sobre la cabeza. Su rostro denotaba una
fuerte seguridad en sí mismo.
-Según las indicaciones de J.J, no debe faltar mucho,
Vikingo de Acero- Explicó Death Master-¡Me hice un mapa según
hablaba y todo!- Dijo mientras se lo enseñaba al Vikingo.
-Ya lo veo. ¡Eres un genio!- Se mofó. Death Master
estaba también seguro de sí mismo, sabía que era fuerte. No estaba
tan tembloroso como cuando conoció a Gravitta en la Tierra. Tenía
un cabello largo y negro, pero sin coleta y su cuerpo era pálido y
huesudo.
Junto con ellos, había tres compañeros más. Uno iba
delante fumando como un carretero. Tenía dos cigarrillos entre sus
labios y generaba mucho más humo del que cabría esperar incluso de
una persona que fuma los cigarros de dos en dos. Vestía con estilo
punk, una chaqueta vaquera con chapas de varios grupos de ska,
cadenas colgando en los pantalones y una cresta de color rubia en el
centro de la cabeza, llevando el resto rapado. Su nombre era Ceniza.
Al lado iba una chica altiva y de carácter fuerte. Tenía el pelo
castaño con toques rubios y se hacía llamar Psikosis. A pesar de
aquel nombre, su vestimenta era de lo más normal, pantalón y
camiseta deportivas. Parecía que era una amante de los deportes en
el mundo real. Ceniza y Psikosis iban hablando durante el camino.
-Cof, cof- Tosía ella- Joder, ¡apártate para hablar
conmigo, si no quieres que te haga picadillo! Tu asqueroso humo huele
a kilómetros- Se quejaba la chica. La verdad es que el abundante
humo era molesto y más para alguien que lleva una sana vida de
deportista, sacrificando muchos vicios.
-Ja, ja. Relax, mujer, relax. Nunca sabes si ésta será
la última batalla. Hay que disfrutar del momento. Ahora toca
relajarse y divertirse con un par de canutos, luego tocará centrarse
a pelear. Esa es mi filosofía de vida, cada cosa a su tiempo,
respetando a los demás.
-Bah, ¿Esa es tu concepción de la diversión? Es un
pena que con lo guapo que eres te pases la vida fumando y bebiendo.
-Bueno... también practico algo de kárate y pesas-
Alardeó satisfecho, poniéndose colorado.
-Me lo pensaré- Comentó la chica, guiñando un ojo-
Ahora avanza. ¡Vamos! Que vas pisando huevos.
-Sí, mi sargento- Contestó burlón.
-Ja, ja, que patético y sumiso es ese hombre. ¿No
crees, Chairner? Tú eres el que más mola de aquí. Al menos,
entiendes de buena música- Comentó el Vikingo al Destructor que
estaba a su derecha. Chairner tenía rostro serio, melena negra pero
ondulada, una camiseta también negra de un grupo de thrash Metal y
brazaletes con largas cadenas. Solía ir con los cascos puestos pero
tenía un oído tan fino que podía escuchar todo lo que le decían.
-Así es. Yo molo bastante- Contestó seco y sin
quitarse los cascos- A ver qué nos encontramos ahora...
De pronto, Death Master se detuvo:
-¡Esperad! Voy a ocultar nuestras presencias... ¡les
daremos un susto en toda regla !- Afirmó.
Avanzaron peligrosamente por la ciudad y entretanto, las
nuevas del equipo volvieron a la casa de la Segunda Calle sin haber
encontrado ningún orbe de recuperación.
Al cabo de unos minutos, Revelación tuvo una extraña
sensación y comenzó a temblar, “algo” estaba a punto de
suceder, pero era incapaz de distinguir qué o quién era, debido en
parte al bloqueo de Death Master. “¿Será Gravitta? Desde luego es
el momento menos oportuno para que aparezca. ¡Maldición, y Eliart
en cama! Bueno, en cualquier caso debe tratarse de jugadores, es una
sensación intensa”.
-Guerrero Celeste, Capitán, Shadow... creo que alguien
viene, no sé si es peligroso o no, pero tengo un mal presentimiento.
Acabad de comer, ¡rápido! ¡No hay tiempo que perder!- Comentó
mientras se dirigía al resto de las habitaciones para que todos
bajasen. Demongirl y Gaia bajaron a la sala de estar, mientras que
Erzzhia se comunicaba con Waver y Garra.
Varias pisadas se oían, se acercaban a pasos
agigantados. Celestina, Shadow, Kya y el Guerrero se pusieron firmes
frente a la puerta pero tenían el estómago lleno. Los jugadores
aporrearon la puerta de la entrada, y no parecían tener intención
de parar. El Guerrero Celeste se preocupaba por momentos al ver que
Revelación estaba extremadamente pálido.
-¡Abrid la puerta, gusanos!- Gritó Psikosis- Si no, la
echaremos abajo. El Vikingo de acero incrédulo, le dedicó una
sonrisa burlona.
-¡Pero qué monada eres, pidiendo las cosas con
educación!- Mientras decía eso se adelantó y, levantando su
enorme y robusta pierna, derribó la puerta de la casa de una
patada. El cemento para él era tan frágil como el papel y no
digamos ya la madera.
Los I-Men se quedaron boquiabiertos al ver a cinco
jugadores que parecían fuertes, frente a ellos. El miedo les
paralizaba pero no debían dejar que sus adversarios lo supieran.
-No... ésto ahora no. ¿Cómo diantres vamos a
sobrevivir con lo exhaustos que estamos?- Se lamentó el Guerrero. A
pesar de no sentir sus energías, el Capitán Vasco sabía por su
experiencia en combate que debían ser bastante poderosos. “Estoy
seguro de que tienen una energía extraordinaria”, se decía.
“Es obvio que no vienen con buenas intenciones, pero
vamos a intentarlo. No estamos preparados para otra batalla tan
descomunal”, pensó el místico.
-¿A qué habéis venido?- Preguntó a los destructores.
-Sentimos ser inoportunos- Intervino la voz sosegada de
Death Master- Pero era parte de nuestro cometido. Somos los leales
Destructores de Gravitta- Sin decir ni una palabra más, blandió la
espada de huesos en sus manos y rápidamente atizó a los de primera
fila, El Capitán y Revelación, abriéndose paso entre los I-Men.
Cuando se cruzó con la chica-demonio, ésta le encaró con su espada
incandescente, impidiéndole el paso. Waver se colocó a su espalda
para defenderla de un contraataque.
-¡Comenzad!- Ordenó Death Master. El resto se pusieron
en marcha, dispuestos a atacar a los I-Men.
-Oh, no. ¿Otra vez Gravitta?- Se quejaron Waver y Gaia.
Shadow y Kya fruncieron el ceño. Su antiguo jefe clamaría venganza
también contra ellos y Revelación por abandonarle.
Revelación sintió un
escalofrío, ¿Gravitta les odiaba tanto que no les había dejado ni
un momento de tregua, o tal vez no era así? Por su parte, Celestina
recordó entonces las palabras que le dijo Gravitta cuando intentó
detenerle en la ciudad. “Hazte
más fuerte. Eliart te necesitará para un juego que os tengo
preparado.”
-¡Claro! Todo encaja. ¿Será éste el juego del que
hablaba?- Le daba vueltas mientras trataba de no dejarse llevar por
el pánico.
-Veamos, ¿quién de
vosotros es Eliart?- Preguntó el Vikingo de acero con aire de
superioridad. Gaia se extrañó y pensó en ponerlo a salvo. ¿Por
qué lo preguntaba? ¿Se trataba de una venganza personal? Fuera lo
que fuera, si él estuviera consciente, nunca se escondería. Al
escuchar al Vikingo, Gaia, dejándose llevar por sus instintos,
corrió en dirección a la habitación donde se encontraba el líder,
seguida del Vikingo a toda prisa.
-¡No podemos permitir que toque a Eliart!- El Guerrero
Celeste hizo uso de su velocidad para llegar a la puerta de la
habitación antes que el Destructor y, a duras penas, lo consiguió.
-¿Me vais a impedir el paso vosotros dos?- Con un
ligero placaje apartó a los dos I-Men y se acercó a la cama. Al ver
que el líder estaba inconsciente, no pudo evitar una honda
carcajada- Ja, ja ja, ¿y éste tipo es el más fuerte de vuestro
grupo? ¿Vuestra esperanza? Esperaba más, sois patéticos. Enseguida
lo remato- Comentó mientras alardeaba de su descomunal músculo.
-No lo harás hasta pasar por encima de nuestro cadáver-
Se apresuró a decir el vasco, contento de haber llegado justo a
tiempo.
-Y no te será fácil- Advirtió Shadow- Nosotros dos
nos ocuparemos de él. El resto id fuera a luchar con los otros- dijo
con firmeza.
El Guerrero Celeste y Gaia accedieron y regresaron a la
sala de estar, donde Demongirl blandía su espada incandescente
contra la espada de huesos de Death Master, pero no conseguía
hacerle retroceder.
-Mierda, para ser tan huesudo, es muy fuerte- Se quejó
la I-Men, mientras sorteaba el afilado hueso. El destructor la
sorprendió ahora haciendo muestra de su fuerza física, y la asestó
un gancho en el pecho, desplazándola unos metros. Estaba cansada del
combate con Womenice y no podía cumplir con todas las expectativas.
Cuando se reincorporó para atacar, no vio a su rival. “¿donde se
habría metido?”, se preguntaba, mirando a todas direcciones. De
pronto, apareció a su espalda como si viniera de la nada.
-También soy rápido- Dijo en un tono serio. Le propinó
un directo a la espalda, seguida de otro dado con la otra mano: tanto
la velocidad como la fuerza del Destructor superaba al de la I-Men,
cansada de la anterior batalla. La chica-demonio mostraba su asombro,
abriendo los ojos de par en par y con temblores a lo largo de su
cuerpo.
“Estoy como bloqueada, le veo borroso. Será
complicado acertar. Debe ser que por mi cansancio me fallan los
reflejos, tengo que andarme con cuidado...”, dudaba la chica, a la
par que esquivaba la espada huesuda de su rival. De pronto, le
pareció ver que estaba frente a dos enemigos iguales que se
intercambiaban continuamente la posición. Los nervios hacían mella,
pero trataba de controlarse y contraatacar. Waver, que estaba
escondida un par de metros atrás, se adelantó.
-¡Torrente!- Exclamó a la vez que se lanzaba ante el
esquelético Destructor.
Por su parte, el Capitán Vasco y Shadow Walker se
encontraban en la habitación donde dormía Eliart, que había
perdido la conciencia. Enfrentaban al portentoso Vikingo de Acero.
Éste había dejado que el Guerrero Celeste y Gaia salieran de la
habitación, después de llamarles “mosquitas muertas”. Le
parecía que aquel Capitán Vasco y aquel joven de piel morena le
presentarían más pelea.
-¡Se ve que tenéis carácter, a ver si me demostráis
de qué estáis hechos!- Dijo- Os esperaré con los brazos cruzados.
El Capitán se lanzó rápidamente, envuelto en las
sombras de Shadow para no utilizar su Furia Vasca. Lo que menos
necesitaba era cansarse más. Golpeó al Vikingo con dos fuertes
ganchos pero el Destructor no hizo ningún intento de esquivarlos,
seguro de poder aguantar sin pestañear. El vasco continuó
golpeando hasta cansarse de su propio ritmo. “Llevo demasiados
golpes seguidos y no le he hecho nada... ¡Por fin un tipo duro!”,
se ruborizó mientras se le dibujaba una sonrisa. Con enemigos así
no faltaban ganas de combatir.
-Bueno, ¿ya me toca a mí?- Preguntó el Vikingo, mi
entras movía su brazo derecho. Shadow se le adelantó golpeándole
ligeramente en la nariz. Lo cual sorprendió al Destructor, que le
sonrió- No está mal, plebeyo morenito, no está mal. Un poco más y
me haces daño de verdad- El Vikingo de acero agarró al I-Men por su
brazo derecho, con el que éste le había atacado, y lo levantó,
haciéndolo dar vueltas en el aire y tirándolo al otro extremo de la
habitación, provocando varias grietas en el pared y el suelo de la
sala.
El Capitán Vasco no perdió el tiempo y ya estaba
encima de su enemigo: le atacó esta vez imbuido en su “Furia
Vasca”, haciendo uso de una notable fuerza. Esta vez, el Vikingo no
se quedó de brazos cruzados, sino que ambos nudillos y ganchos
chocaron unos con otros. El vasco sentía que su fuerza física era
alucinante. Y efectivamente, iba ganando. Poco a poco, la furia vasca
retrocedía. El Vikingo se apartó unos instantes y logró acertarle
con una patada extremadamente fuerte en el costado que le hizo
chillar.
“¡Me está dejando a la altura del betún! ¡Ya hasta
grito de dolor, como Celestina!”, pensaba para sus adentros. Su
orgullo estaba herido en tan sólo unos minutos de combate, lo que
también le hacía reconocer que tenía frente a él un feroz
luchador que tampoco parecía alarmarse frente a nada. Sobrevivir en
aquel juego se hacía cada vez más difícil, pero eso le daba
energías para querer continuar. Shadow Walker fue en ayuda de su
compañero y generó un orbe oscuro en dirección a la cabeza del
Vikingo de acero, quien no tuvo la mayor dificultad para esquivarlo.
El Destructor enseguida se adelantó y le asestó un puñetazo.
Shadow lo sintió como si le hubiesen golpeado con una barra de metal
y cayó al suelo sin poder evitarlo. El Capitán Vasco se dispuso a
un rápido contraataque y le propinó un golpe directo con su puño
derecho, pero el Vikingo lo aguantó y le devolvió el golpe,
haciendo caer de bruces al Capitán.
-Había oído hablar mucho de ti, Capitán. Mi padre te
admiraba mucho. Normalmente él llama genios a mucha gente patética
con ironía, para divertirse riéndose de ellos. Sin embargo, cuando
decía que el Capitán vasco era un genio, se le iluminaba la cara.
Yo enseguida sabía que iba en serio. Eras un guerrero formidable, o
eso pensaba él. Me he llevado una gran decepción, esperaba más de
ti, pero no es eres más que un vulgar jugador que no tiene nada que
hacer contra nosotros. Bah...- Dijo enfurruñado mientras se
acercaba a Eliart.
El Capitán sintió más dolor por estas palabras que
por los golpes de su oponente. ¿Sería verdad que no era más que un
luchador mediocre?, meditaba al tiempo que intentaba no pensar en el
dolor.
-Me pregunto qué tendrá de especial este chico para
que mi jefe le da tanta importancia... no parece gran cosa y en
cambio todo su grupo lucha para protegerle sin importar las
consecuencias- Observaba mientras los dos I-Men hacían esfuerzos
sobrehumanos por levantarse del suelo.
Al mismo tiempo, Chairner obedecía las órdenes de
Death Master a regañadientes, porque le consideraba un pardillo que
no sabía nada de la vida. Sin embargo, servía a Gravitta sin
dudarlo porque sabía que lo tenía todo para ser un auténtico
líder: temido por todos, disciplinado, calculador y poderoso. Si
algún jugador tenía posibilidades de salir victorioso del juego,
ese era su jefe. Chairner se acercó a donde estaban Erzzhia y Garra
Nocturna, en una esquina de la habitación. Se disponía atacarlas
pero se quedó prendado del cuerpo de la hermana de celestina: Su
silueta de adolescente ya desarrollada, sus curvas y su abundante
pelo moreno le hicieron detenerse. Así que haciendo caso omiso de la
mirada amenazante de Garra, se dirigió a Erzzhia.
-Parece que el destino ha querido que encuentre una
belleza el día de hoy. Son fascinantes las cosas que nos suceden sin
que planeemos nada ¿no crees?- Comentó mientras le daba a Erzzhia
un ligero codazo. La adolescente le miró anonadada, sin saber qué
decir. Le parecía bastante guapo pero era un enemigo y ahora debían
centrarse en el combate- Garra Nocturna se preparaba para atacar pero
el Guerrero Celeste se adelantó.
-¡No te atrevas a ligar con mi hermana!- Gritó
mientras se acercaba al destructor, dispuesto a pelear.
Al verle llegar, Chairner se puso serio y la amabilidad
que empleaba para cortejar a Erzzhia desapareció. El Destructor era
un rockero profesional que tocaba la guitarra eléctrica y vestía
con un pantalón vaquero del que colgaban una cadenas muy largas, y
dos brazaletes de los que colgaban largas cadenas metálicas, uno en
cada mano. El Guerrero Celeste pensaba que aquellos brazaletes
serían la fuente de su poder. Comenzó a generar una corriente de
viento hasta tener dos pequeñas esferas concentradas. Quería
primero tantear al adversario antes de usar toda su capacidad.
Chairner agarró una de sus dos largas cadenas metálicas y la
utilizó a modo de látigo y le devolvió el golpe tan rápido que
impactó de lleno en el I-Men, que pudo comprobar el potencial de su
propia técnica. Seguro de sí mismo, el rockero se acercó para
golpearle con los puños, pero Garra se interpuso en su camino
tratando de arañarle . Chairner sorteó el zarpazo a duras penas
pero ya tenía al Guerrero atacando de nuevo, esta vez con un
remolino.
-Mmm, no está mal. Pero no te servirá de mucho-
Explicó el destructor rockero, mientras golpeaba el remolino con su
brazalete derecho. La fuerza del mismo se notó en el aire y el
remolino se evaporó sin dejar rastro. Celestina y Garra se quedaron
boquiabiertos y su hermana babeaba al ver a aquel chico tan fuerte.
“¿Cómo es posible esto? ¡Ha destruido mi remolino
con un puñetazo! Tendré que usar mucha más fuerza y atacarle desde
la distancia”, se decía en voz baja el I-Men. Chairner no le dejó
tregua: agarró sus cadenas metálicas con ambos puños y su grosor
comenzó a disminuir, al tiempo que sus brazaletes se hinchaban. A
los pocos segundos, el Guerrero hacía recibido un fuerte derechazo
en la cara. Sus puños eran tan duros como el metal.
Celestina pensó unos instantes: ¿su rival había
trasladado la fuerza de su cadena metálica a sus propios puños por
medio de aquellos brazaletes? “Lo mejor será andarse con ojo y
ganar distancia”, pensó mientras hacía ademán por levantarse.
Kya se enfrentaba
a la deportista Psikosis que la había herido brutalmente con sólo
dos patadas. La gata intentaba centrarse en el combate, pero era
difícil con lo cansada que estaba. “No doy abasto... ¿Estará
bien Shadow?”, pensaba mientras cambiaba a gigante.
-Sería una pena destruir la casa. ¿Te parece bien que
luchemos fuera? Gravitta no ha dicho que destruyamos nada
necesariamente- Propuso la destructora con la mirada fija en su
rival.
-Está bien- Confirmó una Kya gigante que se lanzó sin
miramientos. Hábilmente, la destructora esquivó las uñas de la
I-Men y la asestó una patada cargada de fuerza. Kya se sintió como
si estuviera apunto de desmayarse. Aquello no parecía una simple
patada.
-Gaia, será mejor que vayas a ayudarla- Le dijo
Revelación a la rubia, señalando a la gata- Está teniendo
problemas. La superioridad de Psikosis es más que evidente, pero
quizás entre las dos podáis hacer algo. Yo tengo dos vidas
intactas, puedo hacer frente a este jugador... yo sólo- Concluyó
mientras miraba a Ceniza , que continuaba fumando.
Gaia asintió y fue en ayuda de la gata, dejando a
Revelación frente al que parecía el más pacífico de los
destructores.
-De modo que vas a pelear conmigo ¿no, es así
colega?- Preguntó Ceniza mientras emitía humo por ambos lados de la
boca. Era difícil mirarle a la cara sin tragar aquel espeso humo.
Revelación lo miraba fijamente de arriba hacia abajo,
intentando averiguar más cosas sobre él y con la nariz tapada para
no oler todo el rato tabaco. Debido a los otros combates, tampoco
tenía mucho espacio para moverse. “Este luchador es el claro
ejemplo de que que a veces las apariencias engañan. Su cuerpo es muy
delgado, probablemente por fumar mucho y comer poco. Su tono parece
menos agresivo, pero siento su aura y sé que no debo distraerme ni
un minuto. Soy el único que está en condiciones de hacer algo, al
menos hasta que Eliart recobre la conciencia”, reflexionaba el
vidente.
-Veo que me miras, pero no dices nada. ¿Quieres fumar
un poco?- Ofreció el destructor sacando un paquete de cigarros de
uno de los bolsillos de su pantalón, lleno de pequeños agujeros.
-No, gracias. Me gusta que seas amable, pero sé que no
eres buena gente. Eres el típico chico joven sin ideales que va a lo
seguro. ¿Me equivoco?- Le increpó Revelación, que había podido
descubrir sobre su comportamiento en el juego mientras lo observaba.
-Sé que durante el tiempo del juego has hecho todo lo
posible para sobrevivir. Has intentado seducir mujeres y lo has
conseguido en ocasiones, cosa incomprensible debido a tu permanente e
intenso olor a tabaco, has dejado a otros en la estacada sólo para
huir, e incluso has empujado a un compañero hacia la propia muerte.
Todo para sobrevivir tú a toda costa. Lo entiendo y no voy a
juzgarte por ello. Ya que sé que este juego a muchos cuerdos los
volverá locos, a muchos locos, los hará encontrar la razón. Hará
de los indecisos y desesperados, héroes con arrojo y hará que los
que se tienen a sí mismos por héroes, entren en una depresión al
darse cuenta de que todo por lo que se tenían era una mentira. Pero
nosotros hemos podido caer en todo eso y, sin embargo, actuamos con
lealtad, sacrificándonos por nuestros compañeros sin que nos
importe morir. Eso me hace pensar que hay personas mejores que otras,
y eso debe tenerse en cuenta cuando llega el momento de impartir
justicia. Estás con Gravitta sólo porque es fuerte y puede
protegerte, pero si estuviese en apuros no le ayudarías. Es por eso
que no me importará acabar contigo.
-Relax, hombre relax- Contestó mientras hacía una
pausa para dar una honda calada, el tabaco era su principal adición-
¿Eres un adivino o algo así?
-Soy aquel que juzgará tus actos. Si tienes algo de lo
que arrepentirte, en un rato llegará el momento. Vayamos fuera- Dijo
mientras la runa de agua se iluminaba. Nada más salir por la puerta
de la casa, varias corrientes de agua se lanzaron a por su rival,
tratando de disipar el humo. Sin embargo, Ceniza parecía esperar un
ataque y frunció el ceño a la par que la densidad del humo
aumentaba, rodeando a Revelación. El agua concentrada se dirigió
hacia el estómago del destructor pero la humareda actuó como freno.
-¿Pretendías hacerme algo con un chorro de agua
potente?- Replicó el destructor, molesto. Una espesa corriente de
humo comenzó a rodear a Revelación como si de un remolino se
tratase, desde los pies hasta la cabeza. Se pegaba cada vez más al
cuerpo provocando que el I-Men tosiera un par de veces y perdiese
reflejos. Al mismo tiempo, el humo aumentaba su presión.
-¡Muere ahogado con una de mis técnicas más básicas!-
Sentenció mientras emitía humo con sus manos.
Revelación estaba estupefacto, mientras hacía
esfuerzos por mantener la consciencia. “¿Una técnica básica?
Espero que esté alardeando. No obstante, hay una salida momentánea.
Si consigo acercarme a él, lo tengo, puedo sentir que en fuerza
física no es rival para mí”, meditaba. Tras unos segundos más,
la runa blanca se iluminó y una tremenda corriente de aire emergió
con más fuerza que nunca. Revelación se estaba ensañando para
lograr disipar el humo, controlando la corriente de aire. El remolino
fue perdiendo terreno frente a la habilidad del I-Men, quien condujo
el aire hasta el pecho de su rival. Esta vez no pudo protegerse.
-Tenías razón. Era una técnica básica. Tendrás que
esforzarte más, caballero- Dijo esta vez el vidente. Mientras
hablaba, con un sobre esfuerzo, se situó frente a su rival y le
propinó una tanda de puñetazos y patadas, sin perder el aliento. El
destructor, que efectivamente no estaba dotado de una gran
preparación física, retrocedía por momentos. De pronto, se colocó
un cigarrillo sobre los labios, lo prendió y lo escupió hacia su
oponente.
-¡Golpe de tabaco: estalla!- El cigarrillo cayó en la
frente de Revelación y explotó, haciéndole caer de bruces. Al
ponerse en pie, el olor a tabaco maloliente rodeaba todo el campo de
batalla. Se trataba de un tabaco especial. Un tabaco que, además de
generar una considerable humareda que actuaba como barrera frente al
rival, al mismo tiempo le hacía perder facultades a la hora de
atacar, era capaz de penetrar en el cuerpo del I-Men, a través de la
ropa. Revelación tosía de una manera exagerada y comenzaba a sentir
dolor en los pulmones. Aquel cigarro era puro veneno. Pero eso no
podía distraerlo. Si alguien podía hacer algo contra los
destructores de Gravitta era él en aquellos momentos. A pesar de las
dificultades, logró alcanzar a su adversario mediante un gancho
derecho que le acertó en el hombro. Sin perder ni un instante, hizo
el pino en el aire y se situó sobre él para asestarle un placaje,
seguido de una patada en la boca del estómago. Ceniza lanzó un
alarido y se vino abajo. El I-Men ganaba en fuerza y velocidad, pero
él en habilidades y estratagemas, como la capacidad de modificar el
escenario con su poder. Los dos adversarios estaban ya jadeando e
intuían que el otro podía salir con alguna extraña sorpresa.
Ceniza se reincorporó y, haciendo gala de una mayor
velocidad se situó a la espalda de Revelación, agarrándole del
cuello con sus brazos. En uno de ellos, portaba otro cigarrillo.
-Ya te he mostrado mis habilidades con el humo y el
tabaco. Ahora toca que experimentes... la ceniza- Dicho esto, el
cigarro se hizo trizas en su mano y el cuerpo del destructor comenzó
a teñirse de un gris blanquecino, propio de la ceniza, de la cara a
los pies. Su piel estaba ahora hecha de ceniza, con contornos que
mezclaban la sangre y rastros del fuego. Ceniza asestó un directo a
Revelación que le alcanzó cerca de la ingle. El místico pudo notar
el cambio: la ceniza no sólo había multiplicado su fuerza física,
sino que además ardía. Ceniza prosiguió con una suerte de ataques
físicos, frente a los que el I-Men apenas podía ofrecer
resistencia. El último derechazo en la cara le hizo tambalearse.
Había perdido una vida. Ya sólo le quedaba una para ser eliminado
de aquel cruel juego. Pero no era el momento de irse.
Mientras tanto, a pocos metros de Revelación, la única
destructora estaba peleando de manera envidiable. Eran dos I-Men
contra ella y seguía siendo claramente superior. Gaia lanzaba su
tronco con firmeza y concreción, fijándose en el avance enemigo.
Kya se valía de los troncos de su amiga para lograr avanzar y
situarse frente a Psikosis. La chica, que estuvo a punto de ser
atrapada por Gaia en varias ocasiones, no se daba por vencida.
-Lleváis un buen rato atacando igual ¿qué os pasa?
¿No os va la variedad? ¡Yo os enseñaré !- Sin perder el humor,
asestó una fuerte patada en el hombro de Gaia, tan descomunal que la
hizo perder el control sobre el tronco. Kya se abalanzó hacia ella
tratando de arañarla, pero la destructora sorteó hábilmente los
golpes. “Estoy cansada, no puedo descontrolar mi poder ahora... y
Gaia también está bastante malherida... a ver si alguien para esto,
por favor”, se lamentaba la mujer-gato. Normalmente, ella siempre
luchaba hasta el final en un combate. Pero esta vez era diferente, se
sentía totalmente derrotada al poco de empezar. ¿Sería su final
aquella isla?
Concentrada en emplear lo mejor posible sus facultades,
Gaia logró transformar su pierna izquierda y su brazo derecho en
sólidos troncos y en el mismo instante. Haciendo uso de la mayor
rapidez posible, le asestó un golpe combinado a la destructora que
la alcanzó de lleno. Las uñas de una Kya diminuta fueron el remate.
Esta vez sí la habían alcanzado. La destructora, en cambio, se
reincorporó. Sangraba en el lado izquierdo del labio, pero sus vidas
permanecían prácticamente intactas.
-Aguanto muy bien los golpes. Pero enhorabuena, Gaia, me
has alcanzado- Reconoció la destructora- Pero ya estás cansada. Ese
tronco ahora mismo es como de plástico- Psikosis asestó una
contundente patada y logró romper una de las ramas del árbol,
viendo como todo él se resentía. Efectivamente habían empleado
todas sus habilidades para alcanzarla. Kya jadeaba. Psikosis la
propinó una puñetazo directo que la hizo caerse de espaldas. Las
dos I-Men estaban en el suelo frente a una destructora apenas herida.
De pronto, Gaia entendió lo más preocupante de aquella
batalla imprevista: no habían logrado percatarse de las habilidades
de su adversaria. ¿Realmente sólo era ágil, fuerte y resistente o
había algo más?
En el interior de la casa de la Segunda Calle, Celestina
había logrado generar distancia frente a su oponente. Desde la otra
punta del salón, lanzó un pequeño remolino de viento, más fuerte
que el anterior. Sin embargo, Chairner no hizo ademán de esquivarlo
y aguantó el golpe con la dureza de su cuerpo. En verdad había
absorbido la dureza de las cadenas. Garra no le dejó tregua y se
lanzó hacia él y éste la despachó dando un salto hacia donde
estaba el Guerrero.
-Tú eres mi rival, no me dejabas ligar tranquilo. No
hacía falta ponerse así, hombre. Vais a morir tarde o temprano de
todas maneras, así que deja que me divierta con tu hermana- Se mofó
el destructor. Estos comentarios encendieron al Guerrero Celeste,
quien duplicando su velocidad se dispuso a cortar el cuello de su
adversario.
-¡Corte Vendaval!- Dijo mientras juntaba sus dedos
índice y corazón al tiempo que separaba el pulgar. Esta vez le dio
pero no en el lugar esperado. El corte afectó al tronco haciéndole
una pequeña herida.
-Ha estado cerca. Voy a tener que ponerme serio- El
destructor se tocó varias veces su melena y aceleró. Se situó
delante del Guerrero a escasos centímetros, y le asestó una tirada
de golpes impulsados por sus dos brazaletes. El dolor le dejó en un
estado crítico: apenas podía levantarse. Era consciente de que no
se trataba sólo del cansancio, aquellos tipos eran fuertes. Sin
embargo, no parecían tener intención de matarlos. “¿Por qué
Gravitta quiere hacernos sufrir? ¿Por qué se ensaña con Eliart y
con los I-Men? Podrían atacar a otros jugadores, digo yo”,
pensaba. Sin embargo, sabía que había una especie de rivalidad con
Gravitta, algo “más” que no había con otros equipos.
Garra se dispuso a atacar pero Celestina la retuvo.
-¡No vayas! En un rato trataré de plantarle cara de
nuevo...- Le dijo en voz baja el Guerrero, al tiempo que la agarraba
suavemente del hombro para que no se moviera.
Por su parte, el Capitán Vasco estaba enfurecido: hacía
tiempo que no le minusvaloraban tanto. Aquel Vikingo le sacaba de
quicio. Shadow Walker rodeó la habitación de sombras, trasladando a
Eliart a la dimensión oscura para que estuviese a salvo. Acto
seguido, esperó a que el Capitán descargase su ira asestando al
enemigo un directo imbuido en la “Furia Vasca”, para lanzar
varios orbes oscuros.
-Oh, que miedo. ¿Creéis que tengo tres años y miedo a
la oscuridad? ¡Sé donde estáis perfectamente!- Fardó el
destructor. Y, efectivamente, los orbes oscuros no surtieron gran
efecto en una piel tan dura como el acero. Rápidamente, el Vikingo
asestó un fuerte gancho a la sombra que desequilibró al moreno,
hasta el punto de hacerle expulsar a Eliart de la dimensión sombría-
¡Anda! Con qué habíais escondido al líder. ¿Eh? Bueno, acabo con
vosotros dos y me pongo con él.
El Capitán Vasco, que yacía en el suelo, se
reincorporó al escuchar estas palabras. No podía permitir que
hiriesen a Eliart. Lanzó su escudo al enemigo a modo de distracción
y consiguió golpearle contra la ventana. El cristal se rompió ipso
facto y un horrible olor a tabaco empezó a penetrar en la sala.
-Menudo compañero de equipo tengo. Ya podría morirse
para librarnos de tanta insalubridad pública- Se quejó el Vikingo.
En el suelo, el líder de los I-Men empezó a revolverse: le vino el
recuerdo del día que llegó al faro. Un humo de tabaco horrible que
le ahogaba, que le abrumaba y que le hizo correr. El tabaco de Ceniza
daba la misma sensación. Al recordar ésto, y fruto de aquel olor
irascible, el líder abrió los ojos despacio. Aprovechó un momento
de distracción del Vikingo para reanimarse como pudo y éste se lo
encontró ya de frente.
-¿Quién eres tú?- Dijo el joven líder, amenazante-
¿Qué les has hecho a mis camaradas?- El rostro de Eliart era una
mezcla entre furia e impotencia: sus amigos habían tenido que luchar
por protegerle. Eso era demasiado para él.
-¿Te levantas ya listo para la acción? Qué bien,
chico. Sí que tienes energía- Se rió el Vikingo de Acero- Pareces
tan fuerte como Gravitta insinúa.
Al oír la palabra “Gravitta” Eliart se sintió
entre angustiado y relajado. Era un extraño sentimiento, como de
alegría y de enfado al mismo tiempo. Tenía ganas de volver a
encontrarse con ese hombre de mirada fría y valores errados.
-Así que esto es obra de Gravitta ¿eh? Y bien, ¿dónde
ésta? Tengo una cuenta pendiente con él, no con sus secuaces-
Sentenció Eliart con firmeza.
-El jefe estaba ocupado, pero tranquilo que ya me
encargo yo de matarte- Concluyó el Vikingo, al tiempo que se
disponía a lanzarle un gancho. Eliart activó el aura anaranjada y
se adelantó a su puño con la embestida cabrista. Una embestida tan
débil que no le hizo ni cosquillas al fuerte destructor. Sin
embargo, antes de que el enemigo se volcase hacia el líder de los
I-Men, Shadow comenzó a lanzar orbes oscuros concentrados con toda
la energía que le quedaba. Fueron lo suficientemente molestos para
distraer al Vikingo.
El chico huesudo y de pelo largo y la chica- demonio
habían avanzado durante la pelea, hacia fuera de la casa, pues la
calle era mejor terreno para los estilos de lucha de ambos. A pesar
de que llevaban pocos minutos combatiendo, Death Master se imponía
con una diferencia notoria. Dos Death Master parecían esquivar
continuamente los golpes de la morena sin que ésta le dejase tiempo
para pensárselo. Demongirl era hábil, pero no lo suficiente. Estaba
muy debilitada para usar sus escamas demoníacas, pero era consciente
de que, aunque no fuese así, la diferencia seguiría siendo
abrumadora. ¿De dónde había reclutado Gravitta a esos tipos? El
destructor se acercó y rápidamente la embistió con su espada de
huesos sin que la morena pudiera cubrirse con su espada
incandescente, la única que había conseguido invocar.
Por primera vez en todos los días de juego se
encontraba en el suelo y dolorida a los pocos minutos de batalla.
Desde el suelo pudo ver con claridad que había estado viendo doble:
¡se trataba de un sólo enemigo pero que se movía a gran velocidad!
Era increíblemente rápido. La chica-demonio tuvo una idea: tal vez
si le deslumbraba ganaba tiempo y podía asestarle un golpe físico.
Mientras se concentraba en sortear las patadas que le lanzaba Death
Master, sin hacer amago de querer darle de lleno, la chica-demonio
invocó su espada de luz y aprovechó el destello de su filo para
auparse y ponerse tras Death.
“Venga, trasmutaré una de mis piernas a demonio,
aunque no creo que pueda. Tengo que lograr al menos dañarle. Es
ahora o nunca. No puedo consentir que me humille”, reflexionaba con
preocupación. Finalmente lo logró: las escamas demoníacas
cubrieron su pierna derecha, con la que otorgó una fuerte patada a
las partes nobles de su rival.
-No es mi estilo, pero me has atacado cuando estaba
descansando y además, triste. Así que te fastidias- Sonrió la
I-Men. Death Master, en cambio, no se lo tomó con humor. En pocos
instantes volvió a la carga, mostrando una mayor rapidez. En esta
ocasión parecía que había tres tipos iguales atacando a Demongirl
por todos los flancos posibles: derecha, izquierda, de frente y de
espaldas. La morena cayó al suelo cansada de los combates. Mientras
una débil Waver se lanzaba sin apenas ganas sobre el destructor. El
fin parecía próximo.
Revelación parecía la última esperanza. Aún con una
sola vida, se incorporó y miró fijamente a los ojos de Ceniza.
Ceniza mostraba una sonrisa burlona característica en él, propia de
los momentos en que cree que va ganando. Aunque sabía que el usar el
cetro el cansaba, el místico, después de analizar la situación,
dedujo que era la mejor opción.
-Veamos si el rayo me ayuda- Comentó al tiempo que la
runa amarilla se iluminaba. Revelación frunció el ceño. Debía
concentrarse sólo en los rayos. Tenía que realizar ataques potentes
y de largo alcance para desmoronar su coraza hecha de cenizas.
Diversos rayos partieron desde el cetro, en todas dirección. El
místico se estaba concentrando. Ceniza había dejado de emitir
tabaco con lo que el olor del ambiente se hacía más soportable. Dos
rayos alcanzaron a Ceniza y le hicieron prender generando una
profunda grieta en su espalda. De repente sucedió algo inesperado:
El cuerpo del destructor se difuminó en pequeñas cenizas, una
especie de corriente que le permitía desenvolverse con rapidez. No
obstante, los rayos le habían hecho sangrar y entre los granos de
ceniza había numerosas manchas ensangrentadas por el efecto de la
electricidad. Aunque le pilló de sorpresa esa capacidad, el místico
reaccionó rápido: desactivó sus rayos y trató de invocar el agua.
-No te servirá de nada esconderte de mi juicio. A todos
nos llega la Hora- Sentenció mientras un potente chorro de agua
inundaba las electrificadas cenizas. El destructor cayó tendido en
el suelo, sin capa de cenizas que le protegiera. Indudablemente, su
primera vida se había evaporado.
-No puede ser, me está ganando- Se quejó- Debo
combinar mis poderes. Y mostrarle cómo los elevo a la máxima
potencia. Sólo tiene una vida y debe andar ya bastante débil.
Ceniza extendió sus brazos e introdujo dos cigarrillos
en su boca. Un gigantesco humo de tabaco comenzó a expandirse por su
cuerpo y hacia el terreno, ocupando todo el espacio hasta la puerta
de la casa de la Segunda Calle. Era de una densidad mayor que la de
antes y de un olor más intenso, tanto que comenzó a infiltrarse
entre las ventanas rotas de la casa. Revelación se percató, aunque
con dificultades, porque el humo nublaba la visión, de que tiraba la
colilla de uno de los cigarrillos. Indudablemente ese cigarro ya
había cumplido con su cometido. El segundo de ellos, tras sacarlo de
la boca, lo usó para ungir su cuerpo desde la cabeza. De nuevo
obtuvo la piel de ceniza pero esta vez era más frágil. Había
gastado mucha energía. El tabaco envolvía la piel de ceniza de tal
modo que el destructor tenía una doble y maloliente coraza.
El tabaco se expandía por todo el terreno de combate y
Revelación sentía que se desvanecía: a medida que se acercaba a su
rival, las dificultades para respirar aumentaban. Los pulmones se
resentían al avanzar...
-Agh... si no fuese por el tabaco iría ganando,
¡maldita sea!- Se quejó el místico. Tres esferas compuestas por
humo de tabaco se dirigieron hacia él, una por la espalda y otras
dos por los lados. El místico pudo preverlo y esquivó dos de ellas,
pero la otra le dio de lleno. Con aquel dolor en los pulmones
acercarse para propinar un golpe directo al destructor era harto
difícil. El I-Men ni siquiera lograba concentrarse. Ceniza,
fundiéndose en el ambiente, apareció justo detrás del vidente y la
asestó un fuerte directo que le hizo tambalearse.
-Ya te queda poco- Afirmó al tiempo que generaba una
nueva esfera de humo de tabaco. Esta vez, haciendo uso de las pocas
fuerzas que le quedaban, la evitó y logró situarse tras su
oponente, propinándole una buena tanda de patadas que empujaron al
destructor varios metros hacia atrás. En fuerza física Revelación
seguía siendo ligeramente superior, con lo que su contendiente sólo
veía una salida para acabar de una vez por todas con aquella
batalla: incrementar la presión del humo de tabaco. No debía
prenderlo con su propia coraza de cenizas, ya que aquel pequeño
I-Men era capaz de invocar el agua.
El destructor se entre la humareda al tiempo que
generaba una cortina de humo de tabaco cada vez más extensa y
rápida. Era como una especie de ola gigante, que se dirigía, recta,
hacia Revelación. Tenía intención de atraparle.
El místico estaba apunto de desistir. Sabía que podía
ganar a aquel tipo, pero necesitaba expulsar el efecto del tabaco de
su interior. De pronto, recordó su habilidad definitiva: tal vez si
lograba concentrarse pudiera liberar la runa negra. A pesar de que la
había utilizado contra Mentalizer, ahora se trataba de una situación
igualmente crítica. “No tengo opción. Debo cerrar los ojos,
alejarme de este olor y de su consecuente dolor... meditar... ¡para
despertar el caos!”, bramaba para su interior. “Tengo que hacer
lo que Eliart haría si le acompañasen todas sus fuerzas”.
Revelación cerró los ojos, debía olvidarse de aquel
intenso dolor. Evitó respirar durante algunos instantes y
concentrarse sólo en su energía y en ganar la batalla. Pronto le
vinieron a la cabeza algunos tenues movimientos de Ceniza: estaba
aumentando el poder de la cortina adhiriendo esferas de humo de
manera constante. Claramente, a pesar de que contaba con dos vidas,
aquel golpe podía ser el definitivo. Manteniendo los ojos cerrados y
la nariz bajo presión, comenzó a moverse ligeramente. No obstante,
no notaba que sus piernas lo acompañaran, era algo extraño. La
cortina estaba a escasos metros, pero aún no se notaba con fuerzas.
Fue entonces cuando la concentración le hizo perder la noción del
espacio. Sus ojos, sin pupilas, señalaban que el místico se
encontraba en una fase de trance. A los pocos segundos, sus pupilas
volvieron en sí, y pudieron ver al destructor más débil de todos
con los ojos como platos: ¡Revelación estaba levitando en el
interior de una especie de esfera! ¡Había logrado superponerse a la
cortina de humo!
-¡Vaya! Ha funcionado. Mi concentración me ha hecho
ignorar el dolor causado a mis pulmones. Puede que simplemente lo
haya asumido como algo normal, algo que me acompaña y no debe
dolerme. Además, a pesar de tener muy poca vida, me siento con
ganas de luchar. Adelante, runa negra!- Dijo titubeando.
Ceniza no perdió el tiempo e hizo acelerar la cortina
de humo, que alcanzó al I-Men. No obstante, a pesar del dolor, la
runa despertó su locura. Con más fuerza que nunca, Revelación se
lanzó con firmeza hacia su víctima mediante un surtido variado de
artes marciales. Ceniza tuvo que hacer desaparecer el humo para
hacerle frente en el cuerpo a cuerpo. No aguantaba más.
-¿Notas el caos?- Comentó el místico- La
concentración hace que el caos sea la solución a este combate. El
castigo que requieren tus múltiples pecados. Dime ¿te arrepientes
de algo?- Preguntó con aire de monje perdona vidas.
-No digas... tonterías- Jadeó el destructor a la vez
que comenzaba a perder reflejos. Revelación estaba al límite y se
auto dañaba con cada golpe. Debían acabar. Ambos contendientes
confiaron en sus puños para darse el golpe de gracia. Fue el gancho
derecho de Revelación el que se impuso al izquierdo de Ceniza, a
pesar de la coraza que él mismo ostentaba. La segunda vida del
destructor se había esfumado pero parecía resentirse también de la
única que le quedaba. Se reincorporó débilmente. Había sido una
batalla agotadora.
Desde la torre de los Destructores, J.J comenzó a
comunicarse mentalmente con Death Master.
-Podemos sentir que habéis estado genial, chicos.
Ahora volved. Ya les habéis dado un buen susto. Recordad darle a
Eliart nuestra ubicación exacta. El jefe así lo desea. ¡Cambio y
corto!- Concluyó.
Death Master miró a Demongirl que hacía esfuerzos por
levantarse y la detuvo:
-No lo hagas. Ya tuviste bastante. ¡Los Destructores
debemos marcharnos!- Recordó al tiempo que la mayoría de ellos se
reunían. Ceniza se incorporaba como podía al equipo.
-Un momento. ¡De aquí no se va nadie Patxi!- Gritó el
Capitán Vasco mientras corría hacia la puerta.
-¡Deteneos!- Se impuso el líder de los I-Men- No
pienso dejaros marchar.
-Tranquilo, Eliart. Ahora estás tan débil que
cualquiera podría vencerte- Insistió el huesudo- Y tus compañeros
no son gran cosa- Continuó para hacer mella en los ánimos del
grupo.
-Por alguna extraña razón, plebeyo, nuestro jefe os
perdona la vida. Yo no habría dudado en acabar con vosotros ahora
mismo- Añadió el Vikingo de acero.
Death Master se dirigió a Eliart y le mostró un papel:
En él había un mapa donde figuraba la Torre de los Destructores.
-Si no quieres ser un cobarde, ajustarás tus cuentas
con Gravitta. Allí os esperaremos, pero no tardéis mucho, o iremos
a buscaros, y será peor.
El Guerrero Celeste, el Capitán Vasco y Demongirl no
podían con semejante humillación y fueron tras ellos, seguidos de
Kya, Shadow, Revelación y Eliart. Justo cuando parecía que iban a
alcanzarlos, una fuerza extraña hizo revotar al Capitán y tras él,
a todos los demás que no pudieron echar el freno.
-¿Y eso? ¿Qué diantres es esto ahora? ¡Parece una
barrera!- Se alzó el Guerrero Celeste, mirando a todas partes con
preocupación.
-En efecto, Guerrero Celeste, así es- Contestó una voz
desde la nada.
-¿Quién habla?- Interrogó Revelación que, por
primera vez en el día tenía una sensación positiva.
A los pocos segundos un individuo altivo, entrado en
años, con una máscara negra que le cubría el rostro y una larga
capa verde oscura que le llegaba hasta los pies estaba encima de
nuestros héroes. Parecía levitar en el aire.
-¡Está volando!- Fantaseó Eliart, algo menos
preocupado.
-No, Eliart. Estoy sobre esa barrera invisible que os ha
impedido el paso- Aclaró el extraño con un tono muy cortante. Esto
no gustó al líder que decidió averiguar quién era.
-¿Y qué derecho tenías a detenernos? ¿Quién te
crees que eres?- Le presionó, insistente.
-Lo hice por vuestro bien. No estáis preparados para
luchar con Gravitta- Concluyó solemne.
-¡Vaya creído! ¡Y lo mejor es que me suena de algo su
voz!- Exclamó el Capitán Vasco. Miró a Celestina, que le contestó
en señal de aprobación. Ambos se alzaron contra el recién llegado,
que les sorteó sin mostrar el menor atisbo de interés, y de una
leve patada, les apartó.
-Ju, ju. No está mal- Dijo el hombre mientras se
quitaba la máscara- Pero estas habilidades debéis usarlas sólo con
vuestros enemigos.
Hizo una pausa mientras se quitaba la máscara para
mirar al vasco detenidamente. Éste le respondía sin pestañear.
-Has mejorado mucho, Capitán. Estoy orgulloso, hijo
mío- Se quitó la máscara del todo mientras el rostro de todo el
equipo se tornaba confuso.
¿Qué estaba pasando?
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