martes, 1 de septiembre de 2015

Capítulo 39 - 'Revancha'

La ciudad había sido liberada del tiránico gobernador. Era como un sueño que continúa al acabar una horrible pesadilla. A todos les convenía descansar y comer, ya que la mayoría estaban heridos por los combates, así que se apalancaron en el salón de la casa de la Segunda Calle. Por primera vez, ni el Capitán ni el Guerrero Celeste hacían bromas mientras comían fruta en el salón, pues estaban consternados por las muertes de Holy y Tejedora. Revelación trataba de eliminar sus quebraderos de cabeza. Light Knight había hablado de Gravitta. ¿Estaba pretendiendo asaltarles? Era difícil eludir esos pensamientos, y los besos contantes de Kya y Shadow Walker no ayudaban para distraerse, así que comenzó a relatar lo que experimentó cuando se encontraba en trance debido a la maniobra de Mentalizer.
-Sentía que tenía los ojos abiertos de par en par y que me esforzaba por ver. Pero sólo veía una luz blanca. Nada más. No había ideas, ni imágenes de ningún tipo. Era como ver y sentir la nada. Una nada de la que no puedes escapar. De pronto, tras un rato, dejaba de ver el blanco y todo ante mis ojos era negro. Empezaba a sentir que caía agua por mi rostro, como si estuviera sudando y sumergido en alguna especie de agua sucia. Intentaba pensar, pero todas las ideas eran rechazadas. Era una visión muy desoladora. La parte es buena es que ya nos hemos librado de ese tipo. Pero estad alerta. No creo que tarden mucho en llegar- Sugirió a Erzzhia, al Capitán y al Guerrero.
En una habitación cercana Eliart yacía inconsciente. Se encontraba postrado sobre una cama, arropado por una sábana y los brazos de Gaia, que al mismo tiempo tenía ganas de hablar con su hermana. No había tenido tiempo de preguntar cómo estaba tras la muerte de Llama Helada.
-¿Estás bien, hermana?- Preguntó Gaia mientras la abrazaba. Demongirl aprovechó que la puerta estaba fuertemente cerrada y que nadie podía escucharles para abrazar con mucha fuerza a su hermana y dejar que las lágrimas bañasen sus ojos, aunque sin emitir ruido alguno. Habían sido demasiadas emociones. Ahora tendrían que ser más fuertes que nunca y cuidar de Waver, que no era más que una adolescente rebelde. Sabían que aquello era demasiado para lo que podía soportar.
Por otro lado Garra Nocturna y Waver se habían acercado al antiguo sanatorio de Infecto, para ver si, por suerte, había más orbes para recuperar vidas. Buscaron durante media hora, pero nada de nada.
Mientras tanto, los hombres de Gravitta ya estaban en la isla.
-Vamos a ver, ¿donde están esos plebeyos? No creo que sea difícil encontrarlos- Dijo el Vikingo de Acero. Era un individuo rubio, de espaldas anchas y notablemente fuerte. Alto y ancho, aunque no gordo. Llevaba un cuerno de mamut relleno de cerveza colgado del cuello y un casco con cuernos sobre la cabeza. Su rostro denotaba una fuerte seguridad en sí mismo.
-Según las indicaciones de J.J, no debe faltar mucho, Vikingo de Acero- Explicó Death Master-¡Me hice un mapa según hablaba y todo!- Dijo mientras se lo enseñaba al Vikingo.
-Ya lo veo. ¡Eres un genio!- Se mofó. Death Master estaba también seguro de sí mismo, sabía que era fuerte. No estaba tan tembloroso como cuando conoció a Gravitta en la Tierra. Tenía un cabello largo y negro, pero sin coleta y su cuerpo era pálido y huesudo.
Junto con ellos, había tres compañeros más. Uno iba delante fumando como un carretero. Tenía dos cigarrillos entre sus labios y generaba mucho más humo del que cabría esperar incluso de una persona que fuma los cigarros de dos en dos. Vestía con estilo punk, una chaqueta vaquera con chapas de varios grupos de ska, cadenas colgando en los pantalones y una cresta de color rubia en el centro de la cabeza, llevando el resto rapado. Su nombre era Ceniza. Al lado iba una chica altiva y de carácter fuerte. Tenía el pelo castaño con toques rubios y se hacía llamar Psikosis. A pesar de aquel nombre, su vestimenta era de lo más normal, pantalón y camiseta deportivas. Parecía que era una amante de los deportes en el mundo real. Ceniza y Psikosis iban hablando durante el camino.
-Cof, cof- Tosía ella- Joder, ¡apártate para hablar conmigo, si no quieres que te haga picadillo! Tu asqueroso humo huele a kilómetros- Se quejaba la chica. La verdad es que el abundante humo era molesto y más para alguien que lleva una sana vida de deportista, sacrificando muchos vicios.
-Ja, ja. Relax, mujer, relax. Nunca sabes si ésta será la última batalla. Hay que disfrutar del momento. Ahora toca relajarse y divertirse con un par de canutos, luego tocará centrarse a pelear. Esa es mi filosofía de vida, cada cosa a su tiempo, respetando a los demás.
-Bah, ¿Esa es tu concepción de la diversión? Es un pena que con lo guapo que eres te pases la vida fumando y bebiendo.
-Bueno... también practico algo de kárate y pesas- Alardeó satisfecho, poniéndose colorado.
-Me lo pensaré- Comentó la chica, guiñando un ojo- Ahora avanza. ¡Vamos! Que vas pisando huevos.
-Sí, mi sargento- Contestó burlón.
-Ja, ja, que patético y sumiso es ese hombre. ¿No crees, Chairner? Tú eres el que más mola de aquí. Al menos, entiendes de buena música- Comentó el Vikingo al Destructor que estaba a su derecha. Chairner tenía rostro serio, melena negra pero ondulada, una camiseta también negra de un grupo de thrash Metal y brazaletes con largas cadenas. Solía ir con los cascos puestos pero tenía un oído tan fino que podía escuchar todo lo que le decían.
-Así es. Yo molo bastante- Contestó seco y sin quitarse los cascos- A ver qué nos encontramos ahora...
De pronto, Death Master se detuvo:
-¡Esperad! Voy a ocultar nuestras presencias... ¡les daremos un susto en toda regla !- Afirmó.
Avanzaron peligrosamente por la ciudad y entretanto, las nuevas del equipo volvieron a la casa de la Segunda Calle sin haber encontrado ningún orbe de recuperación.
Al cabo de unos minutos, Revelación tuvo una extraña sensación y comenzó a temblar, “algo” estaba a punto de suceder, pero era incapaz de distinguir qué o quién era, debido en parte al bloqueo de Death Master. “¿Será Gravitta? Desde luego es el momento menos oportuno para que aparezca. ¡Maldición, y Eliart en cama! Bueno, en cualquier caso debe tratarse de jugadores, es una sensación intensa”.
-Guerrero Celeste, Capitán, Shadow... creo que alguien viene, no sé si es peligroso o no, pero tengo un mal presentimiento. Acabad de comer, ¡rápido! ¡No hay tiempo que perder!- Comentó mientras se dirigía al resto de las habitaciones para que todos bajasen. Demongirl y Gaia bajaron a la sala de estar, mientras que Erzzhia se comunicaba con Waver y Garra.
Varias pisadas se oían, se acercaban a pasos agigantados. Celestina, Shadow, Kya y el Guerrero se pusieron firmes frente a la puerta pero tenían el estómago lleno. Los jugadores aporrearon la puerta de la entrada, y no parecían tener intención de parar. El Guerrero Celeste se preocupaba por momentos al ver que Revelación estaba extremadamente pálido.
-¡Abrid la puerta, gusanos!- Gritó Psikosis- Si no, la echaremos abajo. El Vikingo de acero incrédulo, le dedicó una sonrisa burlona.
-¡Pero qué monada eres, pidiendo las cosas con educación!- Mientras decía eso se adelantó y, levantando su enorme y robusta pierna, derribó la puerta de la casa de una patada. El cemento para él era tan frágil como el papel y no digamos ya la madera.
Los I-Men se quedaron boquiabiertos al ver a cinco jugadores que parecían fuertes, frente a ellos. El miedo les paralizaba pero no debían dejar que sus adversarios lo supieran.
-No... ésto ahora no. ¿Cómo diantres vamos a sobrevivir con lo exhaustos que estamos?- Se lamentó el Guerrero. A pesar de no sentir sus energías, el Capitán Vasco sabía por su experiencia en combate que debían ser bastante poderosos. “Estoy seguro de que tienen una energía extraordinaria”, se decía.
Es obvio que no vienen con buenas intenciones, pero vamos a intentarlo. No estamos preparados para otra batalla tan descomunal”, pensó el místico.
-¿A qué habéis venido?- Preguntó a los destructores.


-Sentimos ser inoportunos- Intervino la voz sosegada de Death Master- Pero era parte de nuestro cometido. Somos los leales Destructores de Gravitta- Sin decir ni una palabra más, blandió la espada de huesos en sus manos y rápidamente atizó a los de primera fila, El Capitán y Revelación, abriéndose paso entre los I-Men. Cuando se cruzó con la chica-demonio, ésta le encaró con su espada incandescente, impidiéndole el paso. Waver se colocó a su espalda para defenderla de un contraataque.
-¡Comenzad!- Ordenó Death Master. El resto se pusieron en marcha, dispuestos a atacar a los I-Men.
-Oh, no. ¿Otra vez Gravitta?- Se quejaron Waver y Gaia. Shadow y Kya fruncieron el ceño. Su antiguo jefe clamaría venganza también contra ellos y Revelación por abandonarle.
Revelación sintió un escalofrío, ¿Gravitta les odiaba tanto que no les había dejado ni un momento de tregua, o tal vez no era así? Por su parte, Celestina recordó entonces las palabras que le dijo Gravitta cuando intentó detenerle en la ciudad. Hazte más fuerte. Eliart te necesitará para un juego que os tengo preparado.
-¡Claro! Todo encaja. ¿Será éste el juego del que hablaba?- Le daba vueltas mientras trataba de no dejarse llevar por el pánico.
-Veamos, ¿quién de vosotros es Eliart?- Preguntó el Vikingo de acero con aire de superioridad. Gaia se extrañó y pensó en ponerlo a salvo. ¿Por qué lo preguntaba? ¿Se trataba de una venganza personal? Fuera lo que fuera, si él estuviera consciente, nunca se escondería. Al escuchar al Vikingo, Gaia, dejándose llevar por sus instintos, corrió en dirección a la habitación donde se encontraba el líder, seguida del Vikingo a toda prisa.
-¡No podemos permitir que toque a Eliart!- El Guerrero Celeste hizo uso de su velocidad para llegar a la puerta de la habitación antes que el Destructor y, a duras penas, lo consiguió.
-¿Me vais a impedir el paso vosotros dos?- Con un ligero placaje apartó a los dos I-Men y se acercó a la cama. Al ver que el líder estaba inconsciente, no pudo evitar una honda carcajada- Ja, ja ja, ¿y éste tipo es el más fuerte de vuestro grupo? ¿Vuestra esperanza? Esperaba más, sois patéticos. Enseguida lo remato- Comentó mientras alardeaba de su descomunal músculo.
-No lo harás hasta pasar por encima de nuestro cadáver- Se apresuró a decir el vasco, contento de haber llegado justo a tiempo.
-Y no te será fácil- Advirtió Shadow- Nosotros dos nos ocuparemos de él. El resto id fuera a luchar con los otros- dijo con firmeza.
El Guerrero Celeste y Gaia accedieron y regresaron a la sala de estar, donde Demongirl blandía su espada incandescente contra la espada de huesos de Death Master, pero no conseguía hacerle retroceder.
-Mierda, para ser tan huesudo, es muy fuerte- Se quejó la I-Men, mientras sorteaba el afilado hueso. El destructor la sorprendió ahora haciendo muestra de su fuerza física, y la asestó un gancho en el pecho, desplazándola unos metros. Estaba cansada del combate con Womenice y no podía cumplir con todas las expectativas. Cuando se reincorporó para atacar, no vio a su rival. “¿donde se habría metido?”, se preguntaba, mirando a todas direcciones. De pronto, apareció a su espalda como si viniera de la nada.
-También soy rápido- Dijo en un tono serio. Le propinó un directo a la espalda, seguida de otro dado con la otra mano: tanto la velocidad como la fuerza del Destructor superaba al de la I-Men, cansada de la anterior batalla. La chica-demonio mostraba su asombro, abriendo los ojos de par en par y con temblores a lo largo de su cuerpo.
Estoy como bloqueada, le veo borroso. Será complicado acertar. Debe ser que por mi cansancio me fallan los reflejos, tengo que andarme con cuidado...”, dudaba la chica, a la par que esquivaba la espada huesuda de su rival. De pronto, le pareció ver que estaba frente a dos enemigos iguales que se intercambiaban continuamente la posición. Los nervios hacían mella, pero trataba de controlarse y contraatacar. Waver, que estaba escondida un par de metros atrás, se adelantó.
-¡Torrente!- Exclamó a la vez que se lanzaba ante el esquelético Destructor.


Por su parte, el Capitán Vasco y Shadow Walker se encontraban en la habitación donde dormía Eliart, que había perdido la conciencia. Enfrentaban al portentoso Vikingo de Acero. Éste había dejado que el Guerrero Celeste y Gaia salieran de la habitación, después de llamarles “mosquitas muertas”. Le parecía que aquel Capitán Vasco y aquel joven de piel morena le presentarían más pelea.
-¡Se ve que tenéis carácter, a ver si me demostráis de qué estáis hechos!- Dijo- Os esperaré con los brazos cruzados.
El Capitán se lanzó rápidamente, envuelto en las sombras de Shadow para no utilizar su Furia Vasca. Lo que menos necesitaba era cansarse más. Golpeó al Vikingo con dos fuertes ganchos pero el Destructor no hizo ningún intento de esquivarlos, seguro de poder aguantar sin pestañear. El vasco continuó golpeando hasta cansarse de su propio ritmo. “Llevo demasiados golpes seguidos y no le he hecho nada... ¡Por fin un tipo duro!”, se ruborizó mientras se le dibujaba una sonrisa. Con enemigos así no faltaban ganas de combatir.
-Bueno, ¿ya me toca a mí?- Preguntó el Vikingo, mi entras movía su brazo derecho. Shadow se le adelantó golpeándole ligeramente en la nariz. Lo cual sorprendió al Destructor, que le sonrió- No está mal, plebeyo morenito, no está mal. Un poco más y me haces daño de verdad- El Vikingo de acero agarró al I-Men por su brazo derecho, con el que éste le había atacado, y lo levantó, haciéndolo dar vueltas en el aire y tirándolo al otro extremo de la habitación, provocando varias grietas en el pared y el suelo de la sala.
El Capitán Vasco no perdió el tiempo y ya estaba encima de su enemigo: le atacó esta vez imbuido en su “Furia Vasca”, haciendo uso de una notable fuerza. Esta vez, el Vikingo no se quedó de brazos cruzados, sino que ambos nudillos y ganchos chocaron unos con otros. El vasco sentía que su fuerza física era alucinante. Y efectivamente, iba ganando. Poco a poco, la furia vasca retrocedía. El Vikingo se apartó unos instantes y logró acertarle con una patada extremadamente fuerte en el costado que le hizo chillar.
¡Me está dejando a la altura del betún! ¡Ya hasta grito de dolor, como Celestina!”, pensaba para sus adentros. Su orgullo estaba herido en tan sólo unos minutos de combate, lo que también le hacía reconocer que tenía frente a él un feroz luchador que tampoco parecía alarmarse frente a nada. Sobrevivir en aquel juego se hacía cada vez más difícil, pero eso le daba energías para querer continuar. Shadow Walker fue en ayuda de su compañero y generó un orbe oscuro en dirección a la cabeza del Vikingo de acero, quien no tuvo la mayor dificultad para esquivarlo. El Destructor enseguida se adelantó y le asestó un puñetazo. Shadow lo sintió como si le hubiesen golpeado con una barra de metal y cayó al suelo sin poder evitarlo. El Capitán Vasco se dispuso a un rápido contraataque y le propinó un golpe directo con su puño derecho, pero el Vikingo lo aguantó y le devolvió el golpe, haciendo caer de bruces al Capitán.
-Había oído hablar mucho de ti, Capitán. Mi padre te admiraba mucho. Normalmente él llama genios a mucha gente patética con ironía, para divertirse riéndose de ellos. Sin embargo, cuando decía que el Capitán vasco era un genio, se le iluminaba la cara. Yo enseguida sabía que iba en serio. Eras un guerrero formidable, o eso pensaba él. Me he llevado una gran decepción, esperaba más de ti, pero no es eres más que un vulgar jugador que no tiene nada que hacer contra nosotros. Bah...- Dijo enfurruñado mientras se acercaba a Eliart.
El Capitán sintió más dolor por estas palabras que por los golpes de su oponente. ¿Sería verdad que no era más que un luchador mediocre?, meditaba al tiempo que intentaba no pensar en el dolor.
-Me pregunto qué tendrá de especial este chico para que mi jefe le da tanta importancia... no parece gran cosa y en cambio todo su grupo lucha para protegerle sin importar las consecuencias- Observaba mientras los dos I-Men hacían esfuerzos sobrehumanos por levantarse del suelo.


Al mismo tiempo, Chairner obedecía las órdenes de Death Master a regañadientes, porque le consideraba un pardillo que no sabía nada de la vida. Sin embargo, servía a Gravitta sin dudarlo porque sabía que lo tenía todo para ser un auténtico líder: temido por todos, disciplinado, calculador y poderoso. Si algún jugador tenía posibilidades de salir victorioso del juego, ese era su jefe. Chairner se acercó a donde estaban Erzzhia y Garra Nocturna, en una esquina de la habitación. Se disponía atacarlas pero se quedó prendado del cuerpo de la hermana de celestina: Su silueta de adolescente ya desarrollada, sus curvas y su abundante pelo moreno le hicieron detenerse. Así que haciendo caso omiso de la mirada amenazante de Garra, se dirigió a Erzzhia.
-Parece que el destino ha querido que encuentre una belleza el día de hoy. Son fascinantes las cosas que nos suceden sin que planeemos nada ¿no crees?- Comentó mientras le daba a Erzzhia un ligero codazo. La adolescente le miró anonadada, sin saber qué decir. Le parecía bastante guapo pero era un enemigo y ahora debían centrarse en el combate- Garra Nocturna se preparaba para atacar pero el Guerrero Celeste se adelantó.
-¡No te atrevas a ligar con mi hermana!- Gritó mientras se acercaba al destructor, dispuesto a pelear.
Al verle llegar, Chairner se puso serio y la amabilidad que empleaba para cortejar a Erzzhia desapareció. El Destructor era un rockero profesional que tocaba la guitarra eléctrica y vestía con un pantalón vaquero del que colgaban una cadenas muy largas, y dos brazaletes de los que colgaban largas cadenas metálicas, uno en cada mano. El Guerrero Celeste pensaba que aquellos brazaletes serían la fuente de su poder. Comenzó a generar una corriente de viento hasta tener dos pequeñas esferas concentradas. Quería primero tantear al adversario antes de usar toda su capacidad. Chairner agarró una de sus dos largas cadenas metálicas y la utilizó a modo de látigo y le devolvió el golpe tan rápido que impactó de lleno en el I-Men, que pudo comprobar el potencial de su propia técnica. Seguro de sí mismo, el rockero se acercó para golpearle con los puños, pero Garra se interpuso en su camino tratando de arañarle . Chairner sorteó el zarpazo a duras penas pero ya tenía al Guerrero atacando de nuevo, esta vez con un remolino.
-Mmm, no está mal. Pero no te servirá de mucho- Explicó el destructor rockero, mientras golpeaba el remolino con su brazalete derecho. La fuerza del mismo se notó en el aire y el remolino se evaporó sin dejar rastro. Celestina y Garra se quedaron boquiabiertos y su hermana babeaba al ver a aquel chico tan fuerte.
¿Cómo es posible esto? ¡Ha destruido mi remolino con un puñetazo! Tendré que usar mucha más fuerza y atacarle desde la distancia”, se decía en voz baja el I-Men. Chairner no le dejó tregua: agarró sus cadenas metálicas con ambos puños y su grosor comenzó a disminuir, al tiempo que sus brazaletes se hinchaban. A los pocos segundos, el Guerrero hacía recibido un fuerte derechazo en la cara. Sus puños eran tan duros como el metal.
Celestina pensó unos instantes: ¿su rival había trasladado la fuerza de su cadena metálica a sus propios puños por medio de aquellos brazaletes? “Lo mejor será andarse con ojo y ganar distancia”, pensó mientras hacía ademán por levantarse.


Kya se enfrentaba a la deportista Psikosis que la había herido brutalmente con sólo dos patadas. La gata intentaba centrarse en el combate, pero era difícil con lo cansada que estaba. “No doy abasto... ¿Estará bien Shadow?”, pensaba mientras cambiaba a gigante.
-Sería una pena destruir la casa. ¿Te parece bien que luchemos fuera? Gravitta no ha dicho que destruyamos nada necesariamente- Propuso la destructora con la mirada fija en su rival.
-Está bien- Confirmó una Kya gigante que se lanzó sin miramientos. Hábilmente, la destructora esquivó las uñas de la I-Men y la asestó una patada cargada de fuerza. Kya se sintió como si estuviera apunto de desmayarse. Aquello no parecía una simple patada.
-Gaia, será mejor que vayas a ayudarla- Le dijo Revelación a la rubia, señalando a la gata- Está teniendo problemas. La superioridad de Psikosis es más que evidente, pero quizás entre las dos podáis hacer algo. Yo tengo dos vidas intactas, puedo hacer frente a este jugador... yo sólo- Concluyó mientras miraba a Ceniza , que continuaba fumando.
Gaia asintió y fue en ayuda de la gata, dejando a Revelación frente al que parecía el más pacífico de los destructores.
-De modo que vas a pelear conmigo ¿no, es así colega?- Preguntó Ceniza mientras emitía humo por ambos lados de la boca. Era difícil mirarle a la cara sin tragar aquel espeso humo.
Revelación lo miraba fijamente de arriba hacia abajo, intentando averiguar más cosas sobre él y con la nariz tapada para no oler todo el rato tabaco. Debido a los otros combates, tampoco tenía mucho espacio para moverse. “Este luchador es el claro ejemplo de que que a veces las apariencias engañan. Su cuerpo es muy delgado, probablemente por fumar mucho y comer poco. Su tono parece menos agresivo, pero siento su aura y sé que no debo distraerme ni un minuto. Soy el único que está en condiciones de hacer algo, al menos hasta que Eliart recobre la conciencia”, reflexionaba el vidente.
-Veo que me miras, pero no dices nada. ¿Quieres fumar un poco?- Ofreció el destructor sacando un paquete de cigarros de uno de los bolsillos de su pantalón, lleno de pequeños agujeros.
-No, gracias. Me gusta que seas amable, pero sé que no eres buena gente. Eres el típico chico joven sin ideales que va a lo seguro. ¿Me equivoco?- Le increpó Revelación, que había podido descubrir sobre su comportamiento en el juego mientras lo observaba.
-Sé que durante el tiempo del juego has hecho todo lo posible para sobrevivir. Has intentado seducir mujeres y lo has conseguido en ocasiones, cosa incomprensible debido a tu permanente e intenso olor a tabaco, has dejado a otros en la estacada sólo para huir, e incluso has empujado a un compañero hacia la propia muerte. Todo para sobrevivir tú a toda costa. Lo entiendo y no voy a juzgarte por ello. Ya que sé que este juego a muchos cuerdos los volverá locos, a muchos locos, los hará encontrar la razón. Hará de los indecisos y desesperados, héroes con arrojo y hará que los que se tienen a sí mismos por héroes, entren en una depresión al darse cuenta de que todo por lo que se tenían era una mentira. Pero nosotros hemos podido caer en todo eso y, sin embargo, actuamos con lealtad, sacrificándonos por nuestros compañeros sin que nos importe morir. Eso me hace pensar que hay personas mejores que otras, y eso debe tenerse en cuenta cuando llega el momento de impartir justicia. Estás con Gravitta sólo porque es fuerte y puede protegerte, pero si estuviese en apuros no le ayudarías. Es por eso que no me importará acabar contigo.
-Relax, hombre relax- Contestó mientras hacía una pausa para dar una honda calada, el tabaco era su principal adición- ¿Eres un adivino o algo así?
-Soy aquel que juzgará tus actos. Si tienes algo de lo que arrepentirte, en un rato llegará el momento. Vayamos fuera- Dijo mientras la runa de agua se iluminaba. Nada más salir por la puerta de la casa, varias corrientes de agua se lanzaron a por su rival, tratando de disipar el humo. Sin embargo, Ceniza parecía esperar un ataque y frunció el ceño a la par que la densidad del humo aumentaba, rodeando a Revelación. El agua concentrada se dirigió hacia el estómago del destructor pero la humareda actuó como freno.
-¿Pretendías hacerme algo con un chorro de agua potente?- Replicó el destructor, molesto. Una espesa corriente de humo comenzó a rodear a Revelación como si de un remolino se tratase, desde los pies hasta la cabeza. Se pegaba cada vez más al cuerpo provocando que el I-Men tosiera un par de veces y perdiese reflejos. Al mismo tiempo, el humo aumentaba su presión.
-¡Muere ahogado con una de mis técnicas más básicas!- Sentenció mientras emitía humo con sus manos.
Revelación estaba estupefacto, mientras hacía esfuerzos por mantener la consciencia. “¿Una técnica básica? Espero que esté alardeando. No obstante, hay una salida momentánea. Si consigo acercarme a él, lo tengo, puedo sentir que en fuerza física no es rival para mí”, meditaba. Tras unos segundos más, la runa blanca se iluminó y una tremenda corriente de aire emergió con más fuerza que nunca. Revelación se estaba ensañando para lograr disipar el humo, controlando la corriente de aire. El remolino fue perdiendo terreno frente a la habilidad del I-Men, quien condujo el aire hasta el pecho de su rival. Esta vez no pudo protegerse.
-Tenías razón. Era una técnica básica. Tendrás que esforzarte más, caballero- Dijo esta vez el vidente. Mientras hablaba, con un sobre esfuerzo, se situó frente a su rival y le propinó una tanda de puñetazos y patadas, sin perder el aliento. El destructor, que efectivamente no estaba dotado de una gran preparación física, retrocedía por momentos. De pronto, se colocó un cigarrillo sobre los labios, lo prendió y lo escupió hacia su oponente.
-¡Golpe de tabaco: estalla!- El cigarrillo cayó en la frente de Revelación y explotó, haciéndole caer de bruces. Al ponerse en pie, el olor a tabaco maloliente rodeaba todo el campo de batalla. Se trataba de un tabaco especial. Un tabaco que, además de generar una considerable humareda que actuaba como barrera frente al rival, al mismo tiempo le hacía perder facultades a la hora de atacar, era capaz de penetrar en el cuerpo del I-Men, a través de la ropa. Revelación tosía de una manera exagerada y comenzaba a sentir dolor en los pulmones. Aquel cigarro era puro veneno. Pero eso no podía distraerlo. Si alguien podía hacer algo contra los destructores de Gravitta era él en aquellos momentos. A pesar de las dificultades, logró alcanzar a su adversario mediante un gancho derecho que le acertó en el hombro. Sin perder ni un instante, hizo el pino en el aire y se situó sobre él para asestarle un placaje, seguido de una patada en la boca del estómago. Ceniza lanzó un alarido y se vino abajo. El I-Men ganaba en fuerza y velocidad, pero él en habilidades y estratagemas, como la capacidad de modificar el escenario con su poder. Los dos adversarios estaban ya jadeando e intuían que el otro podía salir con alguna extraña sorpresa.
Ceniza se reincorporó y, haciendo gala de una mayor velocidad se situó a la espalda de Revelación, agarrándole del cuello con sus brazos. En uno de ellos, portaba otro cigarrillo.
-Ya te he mostrado mis habilidades con el humo y el tabaco. Ahora toca que experimentes... la ceniza- Dicho esto, el cigarro se hizo trizas en su mano y el cuerpo del destructor comenzó a teñirse de un gris blanquecino, propio de la ceniza, de la cara a los pies. Su piel estaba ahora hecha de ceniza, con contornos que mezclaban la sangre y rastros del fuego. Ceniza asestó un directo a Revelación que le alcanzó cerca de la ingle. El místico pudo notar el cambio: la ceniza no sólo había multiplicado su fuerza física, sino que además ardía. Ceniza prosiguió con una suerte de ataques físicos, frente a los que el I-Men apenas podía ofrecer resistencia. El último derechazo en la cara le hizo tambalearse. Había perdido una vida. Ya sólo le quedaba una para ser eliminado de aquel cruel juego. Pero no era el momento de irse.


Mientras tanto, a pocos metros de Revelación, la única destructora estaba peleando de manera envidiable. Eran dos I-Men contra ella y seguía siendo claramente superior. Gaia lanzaba su tronco con firmeza y concreción, fijándose en el avance enemigo. Kya se valía de los troncos de su amiga para lograr avanzar y situarse frente a Psikosis. La chica, que estuvo a punto de ser atrapada por Gaia en varias ocasiones, no se daba por vencida.
-Lleváis un buen rato atacando igual ¿qué os pasa? ¿No os va la variedad? ¡Yo os enseñaré !- Sin perder el humor, asestó una fuerte patada en el hombro de Gaia, tan descomunal que la hizo perder el control sobre el tronco. Kya se abalanzó hacia ella tratando de arañarla, pero la destructora sorteó hábilmente los golpes. “Estoy cansada, no puedo descontrolar mi poder ahora... y Gaia también está bastante malherida... a ver si alguien para esto, por favor”, se lamentaba la mujer-gato. Normalmente, ella siempre luchaba hasta el final en un combate. Pero esta vez era diferente, se sentía totalmente derrotada al poco de empezar. ¿Sería su final aquella isla?
Concentrada en emplear lo mejor posible sus facultades, Gaia logró transformar su pierna izquierda y su brazo derecho en sólidos troncos y en el mismo instante. Haciendo uso de la mayor rapidez posible, le asestó un golpe combinado a la destructora que la alcanzó de lleno. Las uñas de una Kya diminuta fueron el remate. Esta vez sí la habían alcanzado. La destructora, en cambio, se reincorporó. Sangraba en el lado izquierdo del labio, pero sus vidas permanecían prácticamente intactas.
-Aguanto muy bien los golpes. Pero enhorabuena, Gaia, me has alcanzado- Reconoció la destructora- Pero ya estás cansada. Ese tronco ahora mismo es como de plástico- Psikosis asestó una contundente patada y logró romper una de las ramas del árbol, viendo como todo él se resentía. Efectivamente habían empleado todas sus habilidades para alcanzarla. Kya jadeaba. Psikosis la propinó una puñetazo directo que la hizo caerse de espaldas. Las dos I-Men estaban en el suelo frente a una destructora apenas herida.
De pronto, Gaia entendió lo más preocupante de aquella batalla imprevista: no habían logrado percatarse de las habilidades de su adversaria. ¿Realmente sólo era ágil, fuerte y resistente o había algo más?


En el interior de la casa de la Segunda Calle, Celestina había logrado generar distancia frente a su oponente. Desde la otra punta del salón, lanzó un pequeño remolino de viento, más fuerte que el anterior. Sin embargo, Chairner no hizo ademán de esquivarlo y aguantó el golpe con la dureza de su cuerpo. En verdad había absorbido la dureza de las cadenas. Garra no le dejó tregua y se lanzó hacia él y éste la despachó dando un salto hacia donde estaba el Guerrero.
-Tú eres mi rival, no me dejabas ligar tranquilo. No hacía falta ponerse así, hombre. Vais a morir tarde o temprano de todas maneras, así que deja que me divierta con tu hermana- Se mofó el destructor. Estos comentarios encendieron al Guerrero Celeste, quien duplicando su velocidad se dispuso a cortar el cuello de su adversario.
-¡Corte Vendaval!- Dijo mientras juntaba sus dedos índice y corazón al tiempo que separaba el pulgar. Esta vez le dio pero no en el lugar esperado. El corte afectó al tronco haciéndole una pequeña herida.
-Ha estado cerca. Voy a tener que ponerme serio- El destructor se tocó varias veces su melena y aceleró. Se situó delante del Guerrero a escasos centímetros, y le asestó una tirada de golpes impulsados por sus dos brazaletes. El dolor le dejó en un estado crítico: apenas podía levantarse. Era consciente de que no se trataba sólo del cansancio, aquellos tipos eran fuertes. Sin embargo, no parecían tener intención de matarlos. “¿Por qué Gravitta quiere hacernos sufrir? ¿Por qué se ensaña con Eliart y con los I-Men? Podrían atacar a otros jugadores, digo yo”, pensaba. Sin embargo, sabía que había una especie de rivalidad con Gravitta, algo “más” que no había con otros equipos.
Garra se dispuso a atacar pero Celestina la retuvo.
-¡No vayas! En un rato trataré de plantarle cara de nuevo...- Le dijo en voz baja el Guerrero, al tiempo que la agarraba suavemente del hombro para que no se moviera.


Por su parte, el Capitán Vasco estaba enfurecido: hacía tiempo que no le minusvaloraban tanto. Aquel Vikingo le sacaba de quicio. Shadow Walker rodeó la habitación de sombras, trasladando a Eliart a la dimensión oscura para que estuviese a salvo. Acto seguido, esperó a que el Capitán descargase su ira asestando al enemigo un directo imbuido en la “Furia Vasca”, para lanzar varios orbes oscuros.
-Oh, que miedo. ¿Creéis que tengo tres años y miedo a la oscuridad? ¡Sé donde estáis perfectamente!- Fardó el destructor. Y, efectivamente, los orbes oscuros no surtieron gran efecto en una piel tan dura como el acero. Rápidamente, el Vikingo asestó un fuerte gancho a la sombra que desequilibró al moreno, hasta el punto de hacerle expulsar a Eliart de la dimensión sombría- ¡Anda! Con qué habíais escondido al líder. ¿Eh? Bueno, acabo con vosotros dos y me pongo con él.
El Capitán Vasco, que yacía en el suelo, se reincorporó al escuchar estas palabras. No podía permitir que hiriesen a Eliart. Lanzó su escudo al enemigo a modo de distracción y consiguió golpearle contra la ventana. El cristal se rompió ipso facto y un horrible olor a tabaco empezó a penetrar en la sala.
-Menudo compañero de equipo tengo. Ya podría morirse para librarnos de tanta insalubridad pública- Se quejó el Vikingo. En el suelo, el líder de los I-Men empezó a revolverse: le vino el recuerdo del día que llegó al faro. Un humo de tabaco horrible que le ahogaba, que le abrumaba y que le hizo correr. El tabaco de Ceniza daba la misma sensación. Al recordar ésto, y fruto de aquel olor irascible, el líder abrió los ojos despacio. Aprovechó un momento de distracción del Vikingo para reanimarse como pudo y éste se lo encontró ya de frente.
-¿Quién eres tú?- Dijo el joven líder, amenazante- ¿Qué les has hecho a mis camaradas?- El rostro de Eliart era una mezcla entre furia e impotencia: sus amigos habían tenido que luchar por protegerle. Eso era demasiado para él.
-¿Te levantas ya listo para la acción? Qué bien, chico. Sí que tienes energía- Se rió el Vikingo de Acero- Pareces tan fuerte como Gravitta insinúa.
Al oír la palabra “Gravitta” Eliart se sintió entre angustiado y relajado. Era un extraño sentimiento, como de alegría y de enfado al mismo tiempo. Tenía ganas de volver a encontrarse con ese hombre de mirada fría y valores errados.
-Así que esto es obra de Gravitta ¿eh? Y bien, ¿dónde ésta? Tengo una cuenta pendiente con él, no con sus secuaces- Sentenció Eliart con firmeza.
-El jefe estaba ocupado, pero tranquilo que ya me encargo yo de matarte- Concluyó el Vikingo, al tiempo que se disponía a lanzarle un gancho. Eliart activó el aura anaranjada y se adelantó a su puño con la embestida cabrista. Una embestida tan débil que no le hizo ni cosquillas al fuerte destructor. Sin embargo, antes de que el enemigo se volcase hacia el líder de los I-Men, Shadow comenzó a lanzar orbes oscuros concentrados con toda la energía que le quedaba. Fueron lo suficientemente molestos para distraer al Vikingo.


El chico huesudo y de pelo largo y la chica- demonio habían avanzado durante la pelea, hacia fuera de la casa, pues la calle era mejor terreno para los estilos de lucha de ambos. A pesar de que llevaban pocos minutos combatiendo, Death Master se imponía con una diferencia notoria. Dos Death Master parecían esquivar continuamente los golpes de la morena sin que ésta le dejase tiempo para pensárselo. Demongirl era hábil, pero no lo suficiente. Estaba muy debilitada para usar sus escamas demoníacas, pero era consciente de que, aunque no fuese así, la diferencia seguiría siendo abrumadora. ¿De dónde había reclutado Gravitta a esos tipos? El destructor se acercó y rápidamente la embistió con su espada de huesos sin que la morena pudiera cubrirse con su espada incandescente, la única que había conseguido invocar.
Por primera vez en todos los días de juego se encontraba en el suelo y dolorida a los pocos minutos de batalla. Desde el suelo pudo ver con claridad que había estado viendo doble: ¡se trataba de un sólo enemigo pero que se movía a gran velocidad! Era increíblemente rápido. La chica-demonio tuvo una idea: tal vez si le deslumbraba ganaba tiempo y podía asestarle un golpe físico. Mientras se concentraba en sortear las patadas que le lanzaba Death Master, sin hacer amago de querer darle de lleno, la chica-demonio invocó su espada de luz y aprovechó el destello de su filo para auparse y ponerse tras Death.
Venga, trasmutaré una de mis piernas a demonio, aunque no creo que pueda. Tengo que lograr al menos dañarle. Es ahora o nunca. No puedo consentir que me humille”, reflexionaba con preocupación. Finalmente lo logró: las escamas demoníacas cubrieron su pierna derecha, con la que otorgó una fuerte patada a las partes nobles de su rival.
-No es mi estilo, pero me has atacado cuando estaba descansando y además, triste. Así que te fastidias- Sonrió la I-Men. Death Master, en cambio, no se lo tomó con humor. En pocos instantes volvió a la carga, mostrando una mayor rapidez. En esta ocasión parecía que había tres tipos iguales atacando a Demongirl por todos los flancos posibles: derecha, izquierda, de frente y de espaldas. La morena cayó al suelo cansada de los combates. Mientras una débil Waver se lanzaba sin apenas ganas sobre el destructor. El fin parecía próximo.
Revelación parecía la última esperanza. Aún con una sola vida, se incorporó y miró fijamente a los ojos de Ceniza. Ceniza mostraba una sonrisa burlona característica en él, propia de los momentos en que cree que va ganando. Aunque sabía que el usar el cetro el cansaba, el místico, después de analizar la situación, dedujo que era la mejor opción.
-Veamos si el rayo me ayuda- Comentó al tiempo que la runa amarilla se iluminaba. Revelación frunció el ceño. Debía concentrarse sólo en los rayos. Tenía que realizar ataques potentes y de largo alcance para desmoronar su coraza hecha de cenizas. Diversos rayos partieron desde el cetro, en todas dirección. El místico se estaba concentrando. Ceniza había dejado de emitir tabaco con lo que el olor del ambiente se hacía más soportable. Dos rayos alcanzaron a Ceniza y le hicieron prender generando una profunda grieta en su espalda. De repente sucedió algo inesperado: El cuerpo del destructor se difuminó en pequeñas cenizas, una especie de corriente que le permitía desenvolverse con rapidez. No obstante, los rayos le habían hecho sangrar y entre los granos de ceniza había numerosas manchas ensangrentadas por el efecto de la electricidad. Aunque le pilló de sorpresa esa capacidad, el místico reaccionó rápido: desactivó sus rayos y trató de invocar el agua.
-No te servirá de nada esconderte de mi juicio. A todos nos llega la Hora- Sentenció mientras un potente chorro de agua inundaba las electrificadas cenizas. El destructor cayó tendido en el suelo, sin capa de cenizas que le protegiera. Indudablemente, su primera vida se había evaporado.
-No puede ser, me está ganando- Se quejó- Debo combinar mis poderes. Y mostrarle cómo los elevo a la máxima potencia. Sólo tiene una vida y debe andar ya bastante débil.
Ceniza extendió sus brazos e introdujo dos cigarrillos en su boca. Un gigantesco humo de tabaco comenzó a expandirse por su cuerpo y hacia el terreno, ocupando todo el espacio hasta la puerta de la casa de la Segunda Calle. Era de una densidad mayor que la de antes y de un olor más intenso, tanto que comenzó a infiltrarse entre las ventanas rotas de la casa. Revelación se percató, aunque con dificultades, porque el humo nublaba la visión, de que tiraba la colilla de uno de los cigarrillos. Indudablemente ese cigarro ya había cumplido con su cometido. El segundo de ellos, tras sacarlo de la boca, lo usó para ungir su cuerpo desde la cabeza. De nuevo obtuvo la piel de ceniza pero esta vez era más frágil. Había gastado mucha energía. El tabaco envolvía la piel de ceniza de tal modo que el destructor tenía una doble y maloliente coraza.
El tabaco se expandía por todo el terreno de combate y Revelación sentía que se desvanecía: a medida que se acercaba a su rival, las dificultades para respirar aumentaban. Los pulmones se resentían al avanzar...
-Agh... si no fuese por el tabaco iría ganando, ¡maldita sea!- Se quejó el místico. Tres esferas compuestas por humo de tabaco se dirigieron hacia él, una por la espalda y otras dos por los lados. El místico pudo preverlo y esquivó dos de ellas, pero la otra le dio de lleno. Con aquel dolor en los pulmones acercarse para propinar un golpe directo al destructor era harto difícil. El I-Men ni siquiera lograba concentrarse. Ceniza, fundiéndose en el ambiente, apareció justo detrás del vidente y la asestó un fuerte directo que le hizo tambalearse.
-Ya te queda poco- Afirmó al tiempo que generaba una nueva esfera de humo de tabaco. Esta vez, haciendo uso de las pocas fuerzas que le quedaban, la evitó y logró situarse tras su oponente, propinándole una buena tanda de patadas que empujaron al destructor varios metros hacia atrás. En fuerza física Revelación seguía siendo ligeramente superior, con lo que su contendiente sólo veía una salida para acabar de una vez por todas con aquella batalla: incrementar la presión del humo de tabaco. No debía prenderlo con su propia coraza de cenizas, ya que aquel pequeño I-Men era capaz de invocar el agua.
El destructor se entre la humareda al tiempo que generaba una cortina de humo de tabaco cada vez más extensa y rápida. Era como una especie de ola gigante, que se dirigía, recta, hacia Revelación. Tenía intención de atraparle.
El místico estaba apunto de desistir. Sabía que podía ganar a aquel tipo, pero necesitaba expulsar el efecto del tabaco de su interior. De pronto, recordó su habilidad definitiva: tal vez si lograba concentrarse pudiera liberar la runa negra. A pesar de que la había utilizado contra Mentalizer, ahora se trataba de una situación igualmente crítica. “No tengo opción. Debo cerrar los ojos, alejarme de este olor y de su consecuente dolor... meditar... ¡para despertar el caos!”, bramaba para su interior. “Tengo que hacer lo que Eliart haría si le acompañasen todas sus fuerzas”.
Revelación cerró los ojos, debía olvidarse de aquel intenso dolor. Evitó respirar durante algunos instantes y concentrarse sólo en su energía y en ganar la batalla. Pronto le vinieron a la cabeza algunos tenues movimientos de Ceniza: estaba aumentando el poder de la cortina adhiriendo esferas de humo de manera constante. Claramente, a pesar de que contaba con dos vidas, aquel golpe podía ser el definitivo. Manteniendo los ojos cerrados y la nariz bajo presión, comenzó a moverse ligeramente. No obstante, no notaba que sus piernas lo acompañaran, era algo extraño. La cortina estaba a escasos metros, pero aún no se notaba con fuerzas. Fue entonces cuando la concentración le hizo perder la noción del espacio. Sus ojos, sin pupilas, señalaban que el místico se encontraba en una fase de trance. A los pocos segundos, sus pupilas volvieron en sí, y pudieron ver al destructor más débil de todos con los ojos como platos: ¡Revelación estaba levitando en el interior de una especie de esfera! ¡Había logrado superponerse a la cortina de humo!
-¡Vaya! Ha funcionado. Mi concentración me ha hecho ignorar el dolor causado a mis pulmones. Puede que simplemente lo haya asumido como algo normal, algo que me acompaña y no debe dolerme. Además, a pesar de tener muy poca vida, me siento con ganas de luchar. Adelante, runa negra!- Dijo titubeando.
Ceniza no perdió el tiempo e hizo acelerar la cortina de humo, que alcanzó al I-Men. No obstante, a pesar del dolor, la runa despertó su locura. Con más fuerza que nunca, Revelación se lanzó con firmeza hacia su víctima mediante un surtido variado de artes marciales. Ceniza tuvo que hacer desaparecer el humo para hacerle frente en el cuerpo a cuerpo. No aguantaba más.
-¿Notas el caos?- Comentó el místico- La concentración hace que el caos sea la solución a este combate. El castigo que requieren tus múltiples pecados. Dime ¿te arrepientes de algo?- Preguntó con aire de monje perdona vidas.
-No digas... tonterías- Jadeó el destructor a la vez que comenzaba a perder reflejos. Revelación estaba al límite y se auto dañaba con cada golpe. Debían acabar. Ambos contendientes confiaron en sus puños para darse el golpe de gracia. Fue el gancho derecho de Revelación el que se impuso al izquierdo de Ceniza, a pesar de la coraza que él mismo ostentaba. La segunda vida del destructor se había esfumado pero parecía resentirse también de la única que le quedaba. Se reincorporó débilmente. Había sido una batalla agotadora.


Desde la torre de los Destructores, J.J comenzó a comunicarse mentalmente con Death Master.
-Podemos sentir que habéis estado genial, chicos. Ahora volved. Ya les habéis dado un buen susto. Recordad darle a Eliart nuestra ubicación exacta. El jefe así lo desea. ¡Cambio y corto!- Concluyó.


Death Master miró a Demongirl que hacía esfuerzos por levantarse y la detuvo:
-No lo hagas. Ya tuviste bastante. ¡Los Destructores debemos marcharnos!- Recordó al tiempo que la mayoría de ellos se reunían. Ceniza se incorporaba como podía al equipo.
-Un momento. ¡De aquí no se va nadie Patxi!- Gritó el Capitán Vasco mientras corría hacia la puerta.
-¡Deteneos!- Se impuso el líder de los I-Men- No pienso dejaros marchar.
-Tranquilo, Eliart. Ahora estás tan débil que cualquiera podría vencerte- Insistió el huesudo- Y tus compañeros no son gran cosa- Continuó para hacer mella en los ánimos del grupo.
-Por alguna extraña razón, plebeyo, nuestro jefe os perdona la vida. Yo no habría dudado en acabar con vosotros ahora mismo- Añadió el Vikingo de acero.
Death Master se dirigió a Eliart y le mostró un papel: En él había un mapa donde figuraba la Torre de los Destructores.
-Si no quieres ser un cobarde, ajustarás tus cuentas con Gravitta. Allí os esperaremos, pero no tardéis mucho, o iremos a buscaros, y será peor.
El Guerrero Celeste, el Capitán Vasco y Demongirl no podían con semejante humillación y fueron tras ellos, seguidos de Kya, Shadow, Revelación y Eliart. Justo cuando parecía que iban a alcanzarlos, una fuerza extraña hizo revotar al Capitán y tras él, a todos los demás que no pudieron echar el freno.
-¿Y eso? ¿Qué diantres es esto ahora? ¡Parece una barrera!- Se alzó el Guerrero Celeste, mirando a todas partes con preocupación.
-En efecto, Guerrero Celeste, así es- Contestó una voz desde la nada.
-¿Quién habla?- Interrogó Revelación que, por primera vez en el día tenía una sensación positiva.
A los pocos segundos un individuo altivo, entrado en años, con una máscara negra que le cubría el rostro y una larga capa verde oscura que le llegaba hasta los pies estaba encima de nuestros héroes. Parecía levitar en el aire.
-¡Está volando!- Fantaseó Eliart, algo menos preocupado.
-No, Eliart. Estoy sobre esa barrera invisible que os ha impedido el paso- Aclaró el extraño con un tono muy cortante. Esto no gustó al líder que decidió averiguar quién era.
-¿Y qué derecho tenías a detenernos? ¿Quién te crees que eres?- Le presionó, insistente.
-Lo hice por vuestro bien. No estáis preparados para luchar con Gravitta- Concluyó solemne.
-¡Vaya creído! ¡Y lo mejor es que me suena de algo su voz!- Exclamó el Capitán Vasco. Miró a Celestina, que le contestó en señal de aprobación. Ambos se alzaron contra el recién llegado, que les sorteó sin mostrar el menor atisbo de interés, y de una leve patada, les apartó.
-Ju, ju. No está mal- Dijo el hombre mientras se quitaba la máscara- Pero estas habilidades debéis usarlas sólo con vuestros enemigos.
Hizo una pausa mientras se quitaba la máscara para mirar al vasco detenidamente. Éste le respondía sin pestañear.
-Has mejorado mucho, Capitán. Estoy orgulloso, hijo mío- Se quitó la máscara del todo mientras el rostro de todo el equipo se tornaba confuso.
¿Qué estaba pasando?

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