martes, 15 de diciembre de 2015

Capítulo 46 - 'La entrada de la Torre'

Waver se levantó algo cansada. Los demás dormían alrededor, bajo los árboles. Observó a Gaia y a Eliart acurrucados un poco más allá. La adolescente esbozó una sonrisa, a pesar de todo ese tipo de cosas lograban animarla un poco, ver que podía haber esperanzas incluso en un lugar como el Juego. Saco un cigarro y se lo llevó a los labios. De repente alguien le tendió un mechero.
-¿Fuego?- Shadow apareció de entre las sombras. La última guardia había sido la suya. La chica se acercó para encender el tabaco.
-Gracias- Contestó ella mientras daba una profunda calada. El moreno se encendió uno propio y ambos recorrieron juntos el camino que se abría entre los árboles. Waver miró al chico- ¿No deberías vigilar mientras los demás duermen?
-Sí, pero he notado como el Capitán se removía, ya está despierto- Se excusó- Si algo pasa él estará alerta- Shadow observó a la otra mientras pensaba- ¿Te acuerdas como nos conocimos? Tú y Llama Helada querías darme una paliza.
-Es verdad- Waver sonrió con ligereza- Ha pasado tanto tiempo desde entonces, ¿cuánto ha sido? ¿Un mes, más?
-No lo sé, entre tanto viaje a la tierra, al juego, a las otras dimensiones... ya he perdido la cuenta, pero ha sido mucho tiempo. O al menos así lo ha parecido- La muerte de Llama Helada estaba reciente en la memoria, y a pesar de todo Waver se resintió un poco al pensar en él. Shadow se dio cuenta de ello- Oye, perdona por recordarlo. Sé que es duro, pero tampoco puedes permitirte olvidarle. Aquella vez cuando peleamos... realmente me parecisteis duros, y ahora que te veo sé que has crecido mucho en este tiempo. Te has vuelto muy fuerte, estoy seguro de que derrotarías a aquel Shadow que seguía a Gravitta.
-Sigue siendo irónico que ahora vayas a luchar contra él- Comentó Waver tratando de cambiar de tema.
-Bueno, me gustaría, pero él también se habrá hecho más fuerte. No sé si podría plantarle cara, además...- Pensó en Eliart- Eliart querrá encargarse de él personalmente, ya sabes como es. No puede soportar lo que pasó la última vez- Ambos pensaron en Irons, en Gaia. Gravitta les había hecho pasar malos ratos.
-Lo sé- Escucharon unos ruidos a su espalda y ambos se giraron para ver a Garra aparecer. La rubia sonrió al verlos.
-¡Por fin!- Exclamó- Andáis muy rápido, venga volved. Ya nos hemos levantado todos, estamos tomando el desayuno antes de ir a la guarida de Gravitta.


Eliart reflexionaba mientras mordisqueaba una pieza de fruta. Lo que les había dado Sage se estaba acabando, pero entre las verduras recolectadas por Gaia y los animales cazados por Demongirl y el Capitán, por ahora tenían de sobra. “Estoy nervioso. Después de tanto tiempo por fin volveré a encontrármelo, cara a cara”, tenía un nudo sobre el estómago que le impedía comer con normalidad. Gaia le vio y se acercó para darle un abrazo por detrás. El manchego dio un saltó de la sorpresa.
-¡Gaia! Menudo susto me has dado.
-Eso te pasa por estar tan concentrado en tus pensamientos- Contestó ella al tiempo que le daba un tierno beso en la mejilla. Erzzhia se sonrojó al verlos. A pesar de tener la edad de Waver la hermana de Celestina era mucho más inocente- ¿Qué te preocupa tanto?
-Pues...- Eliart no podía decirle sus verdaderos sentimientos. No lo entendería. Gaia había sido raptada una vez por el científico. Jamás comprendería su intención de intentar llevarle por el buen camino. Pero sí podía decirle una parte de la verdad- Estoy nervioso. La última vez que le vi apenas pude darle combate, y eso que desperté a Leo en el momento crítico. A pesar de todo lo que hemos entrenado... Temo no estar a la altura, esta es la prueba de fuego. Y ante todo no quiero poneros en peligro.
-Estando en este juego ya estamos en peligro, ahora la decisión que tenemos que hacer es como preferimos morir- Dijo de manera algo pesimista Gaia, pues la mención a Gravitta le hacía recordar el terrible cautiverio. Luego sacudió la cabeza, intentando despejarse- Pero si estamos aquí es porque queremos. Fue decisión de todos seguirte, y todos queremos luchar juntos. Si no es ahora con Gravitta será contra Árkanon, o contra alguien peor. Toca luchar.
-Tienes razón. Pero eso no quita que quiera protegeros- El líder cubrió los hombros de la chica con su brazo para apoyarla. El chico se encontraba sorprendido, era la primera vez que veía a Gaia asumir con esa naturalidad las batallas. Ciertamente lo que había pasado en la ciudad la había hecho cambiar. Ahora era un poco más dura. Pero él sabía que por dentro seguía siendo una persona sensible y que sufría por la pelea.
El Capitán y el Guerrero estaban peleando entre ellos, para variar. Discutían acerca de quien tomaría el último filete. Fue Kya quien se lo llevó, siendo más rápida que los otros dos. Los tres comenzaron a gritarse tonterías cuando, sin querer, golpearon a Demongirl en la espalda. La chica se giró y los miró fríamente.
-¿Qué hacéis?- Inquirió. Los chicos se quedaron congelados, esperando una represalia, pero la chica demonio tan solo arqueó una ceja- Anda, dejad de haced el memo, que hoy tenemos que estar centrados- La morena volvió a lo que estaba, afilar sus espadas. Los chicos se miraron mientras Kya subía a un árbol a comer su filete.
-¿Qué ha sido eso?- Preguntó el Guerrero. El Capitán se encogió de hombros.
-No lo sé. Desde que volvió de su entrenamiento se ha mostrado más fría, como si su fuego se hubiera apagado- Celestina meditó sobre ello mientras ambos se alejaban.
-Es evidente que lo de Llama le ha afectado más que a los demás. Pero normalmente estaría deseando golpear un montón de traseros. No afilando con paciencia y calma sus espadas.
-Estoy de acuerdo- El Capitán pensó en Ana- Creo que la entiendo. Después de tantas peleas, por fin probamos lo que es una verdadera derrota. Holy y Argem eran buenos compañeros, pero Llama Helada era distinto.
-Es curioso, me tomé bastante bien lo de Holy, visto en retrospectiva- Afirmó el Guerrero- Supongo que siempre he estado preparado para perderos. Sé que suena terrible, pero la solución no es deprimirse... es seguir peleando por un futuro mejor.
-Sí... pero bueno, dejemos los sentimentalismos, que eres mi archi-enemigo.
-Pensaba que eras tu propio enemigo, Capitán memo- Dijo Celestina mientras volvían a la pelea.
Al cabo de unos minutos más apareció Revelación mientras los demás ya estaban preparados para salir. El místico había pasado gran parte de la mañana ausente, perdido en el bosque. Se acercó a donde estaba Eliart, hablando con el Capitán, Demongirl y Gaia.
-Saludos, camaradas- Eliart sonrió al verle, siempre le daba seguridad a la hora de tomar decisiones.
-Genial, ya estamos todos- Confirmó el líder- Shadow a ido a buscar a Kya, por ahí llegan. Estábamos localizando la torre e intentando sentir sus presencias. Aunque el camino parece bastante obvio, pero mejor no confiarse.
-Buena decisión, sin embargo, ya he visto la guarida de Gravitta- Afirmó el místico.
-¿Qué? ¿Dónde está?- Preguntó el Capitán mientras levantaba el brazo. Revelación señaló una senda que se abría por el bosque.
-Sólo hay que seguir por aquí, estamos a menos de una hora andando. Deberíamos ir ya.
-Las chicas ya están listas- Dijo el Guerrero acercándose a los demás. Waver, Garra y Erzzhia estaban detrás, mirando a Eliart. El líder se apartó un poco para que entraran en la conversación.
-Bien, antes de ir deberíamos decidir quien llevará las comunicaciones con Erzzhia en caso de que nos separemos- Dijo Eliart. La hermana de Celestina se adelantó.
-Puedo hacer como en la ciudad, mantener un vínculo telepático con todos- Aseguró.
-Sé que puedes, pero no quiero que estés agotada sin motivo- Adujo el líder mientras la miraba a los ojos- A pesar de todo eres la única persona capaz de contrarrestar efectivamente ataques psíquicos. Si tienen alguien capaz de hacernos daño mental, te necesitaremos. Prefiero que no estés exhausta si se da el caso.
-Yo... Está bien- Aceptó ella de mala gana.
-Bien. Si podemos asaltarles como hicieron ellos nos dividiremos en fuerzas iguales. Lo ideal serían tres grupos, con al menos dos atacantes y un apoyo- Explicó Eliart su táctica- En el primer grupo iremos Demongirl, Erzzhia, Waver y yo. Demongirl y yo seremos los atacantes, Erzzhia el apoyo, y Waver protegerá a Erzzhia. En el segundo irán el Capitán, el Guerrero y Gaia. Gaia será el apoyo. En el último irán Shadow, Garra, Revelación y Kya. Revelación será el apoyo y Kya le ayudará. Erzzhia, te conectarás con Revelación y con Gaia, así estaremos los tres equipos sincronizados. La idea es pillarles por sorpresa, y eliminarlos lo más rápido que podamos.
-Me sorprende tu táctica, pensaba que preferías el enfrentamiento individual, Eliart- Dijo Shadow mientras le escudriñaba.
-Sí... pero ahora estoy pensando en sacaros vivos de aquí, chicos.
-¿Y no querrás enfrentarte a Gravitta solo?- Preguntó entonces Kya, que sabía que su antiguo jefe no querría luchar contra alguien más. Los demás estaban atentos, pendientes de la respuesta del líder.
-Sí, claro que quiero. Pero ahora esto consiste en ganar, ¿no? Me gustaría intentar tener un mano a mano con él... Pero si no es posible, iremos con todo. ¿Alguna objeción?- Preguntó a sus I-Men mientras estos le escuchaban. Nadie dijo nada. Demongirl sonrió.
-Parece que por fin eres un líder de verdad, vamos a partirles la cara a esos capullos.


Gravitta estaba sentado a la cabecera de una larga mesa de madera. Una ventana le llevaba el brillante color dorado del amanecer. Sus pensamientos flotaban en torno a los I-Men, como ya empezaba a ser costumbre. Se encontraba en la habitación anexa al Sexto piso de la torre. Se preguntaba donde podrían estar sus enemigos cuando, de pronto, J.J entró por la puerta.
-Ya vienen- Dijo, escueto. La mirada del pelirrojo le instó a hablar más- He notado un grupo poderoso de presencias viniendo desde el bosque. Como mucho a medio día estarán frente a la torre.
-Entiendo...- Una idea voló por la cabeza del científico- ¿Has dicho poderosas presencias? ¿Cómo de poderosas?
-Voy a evaluarlo...- Contestó J.J mientras se concentraba. Al cabo de unos segundos abrió los ojos- He reconocido a Demongirl y al Capitán Vasco, contra quienes peleé. También está el chico de viento, el Guerrero Celeste. Sorprendentemente es la segunda fuerza más grande de su grupo. Reconozco a Shadow y Kya. El resto son fuerzas que no conozco de antes... Y una de ellas es increíblemente fuerte. Pretende ocultar su poder pero desde aquí lo puedo ver como un faro enorme de energía.
-Debe ser Eliart, es su líder. Y el único que podría plantarme cara- Adujo Gravitta. J.J asintió mientras sonreía- Y tú, claro.
-Así es, maestro- J.J miró a los ojos de su amigo- La fuerza de Eliart es comparable a la tuya. Para serte sincero... no puedo decirte quien podría ganar cuando os enfrentéis.
-Ya. Bueno, si es mi rival más le vale estar a la altura- El líder de los destructores apartó la mirada de su compañero y observó el cielo a través de la ventana. A J.J no se le escapó el detalle de que había llamado a Eliart “rival”, y no “enemigo”. Se fue de la habitación con discreción.
Desde que habían vuelto de la tierra Gravitta estaba muy distinto a como lo conociera antes del Juego. Antes era mucho más arisco y cruel. Se ganaba los favores de otros a través del miedo y la muestra de poder. Ahora se había vuelto mucho más sutil, sabía ofrecer buenos tratos, y por lo tanto compañeros más leales. A pesar de todo, él se había considerado siempre distinto del resto de secuaces de Gravitta. Él había sido el primero, y nunca falló en estar ahí. En cierta manera su relación era lo más parecido a una amistad que tenía el líder de los Destructores. La única persona que quizás fuera valorada era Death Master.
Desde que Eliart habló con Gravitta su carácter se había suavizado, se pasaba más tiempo pensando. J.J le conocía muy bien, y había visto incluso una sombra de duda en sus ojos. “Pero a mi eso me da lo mismo. Si sigo vivo hoy en día es gracias a él, así que mi apoyo lo tendrá pase lo que pase, y tome las decisiones que tome”, reflexionaba el destructor.
Llegó entonces donde los demás, en una de las habitaciones. Psikosis había derrotado en un combate a Leariat, aunque por poco. Era imprescindible que mantuvieran un orden estricto sobre quien debía ser más fuerte. Así lo exigían las reglas de la Torre.
-Chicos, id cada uno a vuestro piso. Los I-Men ya están aquí, y quieren la revancha.
Chairner y el Vikingo de Acero sonrieron, con ganas de partirles la cara de nuevo. Death Master se encogió de hombros, a él eso le daba igual. La rubia parecía algo preocupada, pero no le dio mayor importancia. Leariat desechó con un gesto de la mano a esa “amenaza”.


Los I-Men salieron por fin del bosque, que acababa abruptamente al cruzarse con un río. Al otro lado había un camino de tierra que llevaba hasta el pie de la gran Torre, la cual llevaban un tiempo divisando entre las copas de los árboles. Al tener ya a la vista la estructura estaban divididos en los grupos que Eliart había hecho antes. Directos de frente iba el grupo más ofensivo; Guerrero Celeste, el Capitán y Gaia. Por el flanco derecho iba el grupo de Revelación, mientras que por el izquierdo iba el de Eliart.
El Capitán iba en cabeza, pues tenía el don de sentir las presencias. El Guerrero iba el segundo, preparado para liberar su viento hacía donde hiciera falta. En última lugar iba Gaia, que vigilaba la retaguardia y estaba en contacto con Revelación y Erzzhia. Los tres habían perdido de vista a los otros grupos, pero sabían que estaban cerca, así que se pusieron en marcha con energía. La idea era que ellos fueran la distracción principal. Sus habilidades eran directas, potentes y versátiles, podían hacer de avanzadilla perfectamente. Mientras tanto los demás se infiltrarían por distintos lugares de la torre e irían mermando las fuerzas de Gravitta.
Se iban acercando a la entrada cuando de repente Gaia sintió un pinchazo en la cabeza. Era el místico.
-Deteneos todos- Les ordenó. Gaia llamó a los otros, que se pararon. Revelación habló de nuevo- Noto una sensación extraña... Esta torre es impenetrable. Estoy viendo que la decisión que hemos tomado no funcionará.
-Estoy de acuerdo- Aportó entonces Erzzhia, que parecía tener un don natural para sentir alteraciones psíquicas- Algo en esta torre repelerá nuestros poderes, esta roca negra es especial. No sé muy bien lo que significa- Hubo un repentino silencio mental. Al cabo de unos instantes Erzzhia habló de nuevo- Eliart nos cree a Revelación y a mi, así que ha decidió que nos reagrupemos frente a la puerta principal. Dice que si tenemos que hacer un asalto directo, mejor permanecer juntos.
Gaia les contó a los otros lo que ocurría. El Capitán soltó una maldición mientras Celestina se llevaba una mano a la barbilla. A los pocos minutos aparecieron los otros grupos, igual de enfadados y nerviosos. Demongirl se acercó al místico y lo cogió.
-¿Qué ha pasado?- Inquirió. El melenudo no se amedrentó y señaló a la torre.
-¿Por qué no lo descubrimos?- Dijo en tono misterioso. El grupo al completo se acercó hasta la base de la estructura negra. De cerca era evidente que rezumaba algún tipo de poder.
-Esto no puede ser obra de Gravitta... no concibo un poder tan conveniente como para crear un edifico de estas proporciones e impenetrable- Dedujo el Guerrero. Shadow asintió.
-Sí, ni siquiera aunque me metiera dentro de mi sombra podría deslizarme entre las rocas... es como si no hubiera espacio. Algo me echa atrás.
-Eliart, ¿por qué no tratas de derribar el muro?- Sugirió Gaia- Es la prueba más directa que tenemos de si podemos pasar. Y eres el más fuerte.
-Está bien, pero si lo hacemos abandonaremos por completo cualquier tipo de estrategia que implique sigilo- El Capitán soltó un bufido.
-No te olvides que tienen a J.J de su lado, ese tío es muy fuerte, seguro que nos han detectado desde hace mucho. Y estamos discutiendo frente a su casa, es evidente que quieren que entremos por la puerta- Demongirl enarcó una ceja. ¿El Capitán estaba diciendo cosas coherentes?
-De acuerdo, entonces acabemos cuanto antes- Un aura verde oscuro recorrió a Eliart de pies a cabeza. El aire vibró de poder y los I-Men se sorprendieron, era el Tauro más potente que habían visto nunca. El líder levantó un puño y miró a la pared- ¡Destructor de Tauro!
La tierra a los pies de Eliart se sacudió y se rompió por la fuerza, pero la torre no mostró el más leve rasguño. La piedra permanecía intacta allí donde el I-Men había golpeado. Los demás se quedaron impresionados por al robustez del edificio.
-Parece que no caerá. Vayamos por la puerta- Dijo Eliart mientras se miraba la mano. Fueron todos juntos hasta la puerta principal, un rectángulo abierto en la roca que tenía forma de puerta, como una gran cueva. Tras varios metros adentro había una puerta más pequeña de madera, que era la verdadera entrada.
Eliart se paró para examinar la entrada de la cueva y la puerta de madera que había al fondo. Revelación hizo lo mismo, mientras Demongirl hizo amago de querer entrar. El místico la detuvo con su cetro, y la chica se molestó.
-Espera, aquí hay algo- Dijo, a modo de explicación. De repente una voz llegó hasta ellos, vibrante. Era Gravitta.
-Bienvenidos a mi humilde morada. Veo que recibisteis la invitación, aunque os habéis tomado vuestro tiempo para llegar a la torre- Los I-Men miraban en todas direcciones, pero no podían ubicar la fuente de la voz- Como ha dicho mi antiguo amigo Revelación hay algo que impide el paso a la cueva. No puede entrar cualquiera en la Torre- Eliart frunció el ceño. Aquella voz le traía recuerdos y sentimientos. Miró más allá y pudo ver a Gaia mordiéndose el labio- Veréis, la torre existe desde hace mucho tiempo, yo la encontré así. Sin embargo tiene unas reglas que deben ser seguidas, o descarga su poder sobre quien las rompa. Por ejemplo, el número de habitantes nunca puede ser más de siete, y cada uno habita uno de los pisos, aunque el movimiento entre ellos es libre. La segunda norma es que los siete habitantes deben vivir en orden de fuerza, siendo el del primer piso el más débil, y el del Séptimo el más fuerte.
-¿Y qué nos quieres decir con todo esto, Gravitta?- Inquirió entonces el Guerrero, envalentonándose- No hemos venido a jugar una partida de rol precisamente, hemos venido a darte para el pelo.
-Oh, sin duda- Se rió el científico- Pero si no seguís las reglas no podréis entrar a “darme para el pelo”, así que escuchadme- Hubo un pequeño silencio- La tercera norma y más importante, es que solo pueden traspasar la barrera que protege la cueva aquellos que tengan la destreza o el potencial de derrotar al dueño del primer piso. De esta manera la torre consigue siempre habitantes más poderosos que los anteriores, y así es como yo conquisté esta torre, derrotando a los anteriores dueños.
-Así que básicamente estás diciendo que sólo aquellos con la suficiente fuerza para derrotar a tu primer mono pueden entrar- Dijo Demongirl de manera ácida. Gravitta también se rió.
-Sí, pero todavía no veo que hayáis entrado. Cuando os decidáis tal vez os cuente más cosas.
Eliart se giró para mirar a sus compañeros. Los veía decididos y dispuestos a darlo todo, pero ahora tenía que hablar con ellos. Se reunieron y formaron un corrillo.
-¿Qué queréis hacer? ¿Deberíamos entrar y seguir sus normas?- Preguntó Eliart.
-Yo digo que entremos. Por lo que ha dicho son solo siete, podemos patearles el culo- Dijo en seguida Demongirl. Gaia asintió.
-Estoy de acuerdo, ahora somos mucho más fuertes que antes- Secundó el Capitán. Shadow y Kya se adelantaron.
-Nosotros también queremos entrar- Garra y Erzzhia asintieron. Waver no decía nada. Eliart miró por última a Revelación y Celestina, que parecían estar de acuerdo.
-Pues entremos- Sentenció el líder.
Él fue el primero en entrar. Se acercó hasta el borde de la cueva y pasó la mano, apenas notó una turbulencia en el aire, como una fina capa. Entró por completo sin que pasara nada y miró hacía atrás, esperando. El Capitán y el Guerrero le siguieron, y entraron igual de fácilmente. Shadow y Revelación fueron los siguiente e hicieron otro tanto. Waver posó su mano sobre la barrera. Ella notaba una resistencia más fuerte, y por poco no pudo atravesar la barrera. Demongirl entró como si hubiera tan solo aire, y Gaia la siguió, aunque le costó más. Garra fue la última, y entró sin mucha dificultad. Solo quedaban fuera Kya y Erzzhia. La hermana de Celestina le cedió el paso.
-Ve tú primero- La gata la miró y se encogió de hombros, tratando de entrar. Sin embargo la barrera parecía repentinamente impenetrable. Erzzhia se sobresaltó- ¿Qué está pasando?- Se acercó también, pero la barrera ahora era como un muro de ladrillos irrompible.
-Parece ser que vosotras no sois lo suficientemente fuertes, no podéis pasar- Dijo Gravitta. Waver miró al techo.
-Maldito cabrón- Soltó. Entonces la chica de agua decidió salir- Me quedaré con ellas, nunca sabemos lo que puede pasar. ¿Tú qué harás, Garra?- La rubia se sorprendió. Para ella sus principales amigas eran Waver y Erzzhia, y ambas estaban fuera. Aunque era parte de los I-Men no sentía esa necesidad de venganza contra Gravitta, de manera que salió.
-Nos quedaremos las cuatro aquí, Kya, Waver y yo protegeremos a Erzzhia, por si nos separamos para poder encontrarnos rápidamente- Dijo la rubia mientras miraba a Shadow- Así que volved.
-Asumo que no entrará ni saldrá nadie más... así que cerraré la puerta- Dijo Gravitta. Donde estaba la barrera apareció una muralla de piedra negra al igual que el resto del edificio. Sobre la puerta de madera un letrero naranja se iluminó y dejó caer siete relojes. Los I-Men los recogieron y la voz de Gravitta volvió a resonar- Ahora que habéis entrado debéis seguir las reglas del Amo de la Torre. Es decir, mis reglas. Tenéis que poneros los relojes si queréis luchar contra nosotros. Cuando lo hagáis os explicaré lo que sigue.
-Bueno chicos, de perdidos al río. Sigamos por ahora sus indicaciones, le ganaremos jugando a su juego. Así la victoria será mejor- Les animó Eliart. Los demás asintieron y todos se colocaron el pequeño reloj, sonó un clic y una barrera cubrió los relojes.
-Esa barrera es para protegerlos. Y tampoco podéis quitároslos. Es curioso como funciona este lugar, cuando uno es el Amo de la Torre esta te permite crear unas reglas, cualesquiera, que se harán realidad siempre que se esté dentro del recinto. Por supuesto existen límites, no es una máquina de conceder deseos. Pero la magia de la torre ha creado esos relojes...
-Déjate de charlas, vamos al lío- Dijo el Capitán. Gravitta sonrió.
-De acuerdo. En esos relojes acaba de empezar una cuenta regresiva de dos horas. En cada uno de los pisos espera uno de mis destructores. Como ya sabéis las reglas de la torre sabéis que cada uno es más fuerte que el anterior. Yo, por supuesto, estoy esperando en el Séptimo piso por ti, Eliart. El juego que os propongo es sencillo, cada uno de los destructores tiene una llave, en total seis. Si queréis acceder al Séptimo piso necesitáis al menos cuatro llaves. Pero...- Hubo un pequeño silencio que elevó la tensión-... Las llaves solo las tendréis si derrotáis al destructor en un combate uno a uno. Si perdéis, la llave se destruye. Si rompéis la reglas del combate individual, la llave se destruye. Y por último, pero no menos importante. Tenéis un plazo de dos horas, como ya dije antes... Si el plazo se lleva a cabo, el reloj de Eliart explotará y, como mínimo, le amputará el brazo izquierdo.
-Sabandija...- Murmuró Celestina. Eliart de repente empezó a reírse.
-Por mi perfecto. Un combate sólo contra ti es lo que quería, Gravitta. No os preocupéis chicos, como ha dicho mi querido amigo esto es solo un juego, llegaremos arriba en un instante, y con las seis llaves. Entonces entraré y acabaré con esto. ¡Vamos!
Todos siguieron a Eliart a través de la puerta de madera. Una vez entraron todos divisaron una escaleras que ascendían pegadas a la pared. Dentro no era todo de piedra negra, el suelo era de mármol blanco, lleno de alfombras rojas y cojines color crema por toda la estancia. Al fondo había una chimenea y unos cuantos sofás. Las escaleras que subían tenían una barandilla dorada. Eliart puso un pié en la escalera.
-Chicos, voy a subir hasta el último piso, os esperaré allí para que traigáis las llaves- El líder no dejó que le vieran el rostro. En su lugar se activó Leo y salió disparado como un rayo. Los demás se miraron, sorprendidos. De una de las puertas entró en la estancia Leariat, que les observó con cautela.
-Buenos días. Ya me dijeron que vendrían amigos de Gravitta...- Los I-Men le miraron. Revelación se llevó una mano a la barbilla.
-A este no le vimos en la ciudad- Dijo, reflexionando- Y allí fueron cinco Destructores. Asumiendo que J.J y Gravitta son el sexto y séptimo ocupantes de la torre... entonces este es nuevo.
-Oh, ¿conocíais a Ceniza? Despaché a ese perdedor hace tiempo- El místico se preocupó. ¿El más débil de ellos era más fuerte que Ceniza?
-¿Quién peleará con él?- Preguntó a los demás. Ninguno de ellos estaba seguro, Celestina se adelantó, pero Revelación le frenó- No amigo, tú eres de los más fuertes de nosotros, deberías conservarte para los pisos superiores.
-¿Por qué no lo decides tú, Revelación? Utilizando tu don de adivinación puedes asignarnos los rivales más fuertes- Sugirió Gaia, pero entonces Demongirl se adelantó mientras desenvainaba una espada. El místico trato de detenerla, pero ella fue más rápida y se lanzó para dar un puñetazo al destructor, que lo paró con su mano. Entonces la chica usó su espada para lanzar una estocada, que Leariat esquivó por los pelos.
-Parece que el rival ya ha sido decidido- Retumbó por la sala la voz de Gravitta- Cualquier intervención ahora os hará perder la llave número uno.
Revelación maldijo por lo bajo. Gracias a su poder podía ver que Demongirl tenía las de ganar, pero el enfrentamiento adecuado hubiera sido Gaia. De todas maneras si no querían perder la llave debían subir.
-Parece que Demongirl luchará contra el destructor. Será mejor que subamos chicos, solo tenemos dos horas para llevar las llaves al último piso- Dijo Revelación. Los demás asintieron y subieron las escaleras que Eliart había escalado con tanta presteza.
Entre tanto, en el salón la chica demonio saltaba sobre su oponente con ferocidad. Ahora llevaba en la mano derecha su espada ígnea, y en la izquierda a Destello. Leariat era rápido y esquivaba con eficacia las acometidas de su enemiga. El joven era alto y delgado, pero bajo la fina camisa blanca que usaba se adivinaban unos músculos poderosos. Llevaba el pelo completamente rapado y sus movimientos no eran de un aficionado.
A los pocos minutos la I-Men bajó un poco la intensidad, si el combate se alargaba necesitaría la fuerza para más adelante. El destructor se acercó entonces a la pared y retiró un arma que estaba colgada. Se trataba de un bastón de acero de un metro de largo. El hombre agitó el bastón y realizó unos movimientos con maestría.
-¿Estás preparada para esto?- Preguntó él con el rostro serio. Demongirl pensó en soltarle una barbaridad, pero luego recordó el entrenamiento de Lilith y sus enseñanzas. “Debo mantener la mente serena”, pensó. De todas maneras observó que Leariat no estaba burlándose de ella, solo era una persona seria- Veo que no respondes, tomaré eso como un sí.
Sin mediar más palabras el destructor atacó de frente, levantando su bastón. La chica levantó su espada de fuego, que comenzó a arder, e intercambiaron algunos golpes. Las chispas y las cenizas volaban por la habitación. Demongirl decidió aprovechar el escenario y de un salto cayó fuera de la alfombra, para a continuación tirar de esta y hacer perder el equilibrio a su enemigo. Sin embargo, él lo vio venir y dio un salto para esquivarlo.
-¡Ahora!- Aprovechando que estaba en el aire, la I-Men lanzó a Destello. Leariat no lo vio venir y la espada le atravesó, limpiamente.
Pero algo extraño ocurrió, no sólo le atravesó, pasó de largo sin hacerle una leve herida. ¿Qué había ocurrido? ¿Tal vez su enemigo podía provocar ilusiones? Leariat usó la confusión de su rival para saltar sobre ella, enarbolando su bastón de acero.
-¡Toma!- En el último momento la chica logró interponer su espada ígnea, pero el poderoso ataque aboyó la espada e hizo retroceder a Demongirl- ¡Aún no he acabado!
Leariat lanzó una patada baja que hizo caer a la morena al suelo, golpeándose la cabeza. De nuevo el bastón de acero bajó en picado para golpear el estómago de la chica. Sin embargo, Demongirl reaccionó a tiempo y detuvo el ataque con su mano derecha, transformándola en el último instante en demoníaca. Las escamas negras cubrieron su extremidad.
-Yo tampoco he acabado- Invocando una de sus espadas normales, se deshizo de la presa de su rival y se incorporó, poniendo algo de distancia entre ellos. “Su velocidad y su fuerza son extraordinarias, pero no es nada que un humano con entrenamiento no pueda lograr... ¿Entonces, cuál es su poder? Si es hacer ilusiones de algún tipo estaré en problemas, no tengo la protección de Erzzhia, y los mentalistas son mi punto débil...”, meditaba Demongirl.

La invasión de la torre acababa de empezar. Tiempo restante; 1:52:36.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Capítulo 45 - 'El equipo se vuelve a reunir'

 Waver y Garra se pusieron en guardia al oír unos pasos que se acercaban cada vez más.
-¿Y ahora qué crees que nos espera?- Comentó Garra Nocturna, visiblemente cansada de seguir el ritmo de su amiga.
-No lo sé... pero, ¿sabes? Será mejor que no nos alteremos. Si estamos juntas podremos con todo- Añadió la I-Men de agua, guiñando un ojo. A pocos metros de ellas se encontraba una gigantesca hidra bicéfala. Sus cabezas tenían dientes largos y tremendamente afilados. Su piel estaba conformada por escamas de color verde azuladas y tenía un total de cuatro patas, dos delanteras y dos traseras, todas ellas con uñas largas. También poseía un rabo. Las dos adolescentes se miraron atónitas: pensaban que esa criatura era sólo propia de la mitología y, en ese momento, la tenían a pocos metros de distancia.
Waver temblaba al oír los incesantes rugidos de la bestia. Garra, por el contrario, sintió que debía mantener la calma.
-Venga, mujer. Por muy grande que sea vencer a esta bestia no será para tanto- Le animó Garra. La hidra se lanzó a por cada una de las I-Men, sin que lograran apartarse. Garra aguantó la embestida, pero Waver retrocedió. Aprovechó la lejanía respecto del área de combate para generar corrientes de agua fría. Mientras, Garra encaró a la bestia sin éxito, llevándose un fuerte zarpazo en el cuello, obra de las gigantescas uñas de la bestia.
-¡Veremos quién araña mejor!- Saltó Garra, mientras lanzaba varias cuchillas a la hidra. Debido a la inesperada velocidad de aquella bestia, tan sólo dos cuchillas le hicieron cortes profundos, alcanzando uno de sus cuellos. Waver supo aprovechar el ataque de su amiga y rodeó a la hidra con una abundante capa de hecha con corrientes de agua fría. De las aguas se generó una pequeña ola que impactó en la hidra, pero sin demasiada fuerza. No obstante, la bestia comenzó a enloquecer, moviendo sus patas y su rabo con más fiereza y contundencia, siempre en dirección hacia las I-Men.
“Vaya... he empleado mucha fuerza para combatir a Garra. Ahora apenas tengo fuerzas para manipular el agua”, pensaba mientras se cubría de los movimientos de cola de la hidra. Al cabo de un rato, no tuvo más remedio que retroceder. Por su parte, Garra estaba adaptándose a la velocidad de los movimientos de su enemiga. Así, sorteaba cada uno de sus arañazos e intentos de morderla y respondía empleando con maestría sus cuchillas. En el tronco, la parte de arriba de las patas y los cuellos, las heridas eran profundas y el monstruo encolerizaba cada vez más. No tardó mucho en expresar su rabia con la I-Men. Así, abrió su boca y mostró un aliento, caliente, muy caliente.
Waver cayó entonces en cuáles eran las capacidades de la hidra en la antigua mitología.
-Garra cuidado. ¡Puede escupir fuego con total naturalidad! ¡Y también puede aumentar el número de cabezas! Tenemos que olvidarnos de cortarle el cuello y centrarnos en la parte inferior. No queda otra- Insistió la morena.
Pero su aviso llegaba un poco tarde. Tras el aliento, la hidra comenzó a emitir fuego en todas direcciones, alcanzando de lleno a Garra, que estaba dándole batalla cuerpo a cuerpo. La chica rodó por el suelo, chamuscada de la cabeza a los pies.
Waver se disolvió en una fina corriente de agua y envolvió a su amiga, a la vez que huía de los coletazos de la hidra. Optó por continuar en forma líquida hasta llegar así a la cocina del restaurante.
Por suerte, la hidra no tenía capacidad de raciocinio y no cayó en la cuenta de que ese montón de agua que se esparcía, era la propia I-Men. Enojada por no encontrar a sus presas, se acercó al restaurante usando su olfato, levantando el polvo con cada pisada. Una vez dentro del restaurante, Waver empleó agua fría para sanar las quemaduras de Garra. Esta la miró con cara de agradecimiento, se incorporó aún con dolores y se dispuso a hablar.
-No podemos quedarnos paradas. Con estos minutos bañada en agua fría ha sido suficiente, gracias. Debemos combinar nuestras habilidades y atacar desde lejos- Sugirió- Es la única manera de acabar cuanto antes teniendo en cuenta nuestro cansancio.
Waver hizo ademán de salir a batirse con la hidra cuando su amiga la detuvo.
-Espera, esto será lo que haremos- Se alzó, imperativa- Tú procura realizar una barrera protectora empleando varias capas de agua fría, debe ser lo suficientemente grande para cubrirnos a las dos y ser más o menos de su altura. Bien, la idea es que vayas avanzando con esa barrera hacia él, poco a poco. Yo mientras iré saliendo y entrando para lanzarle mis cuchilladas más potentes, siempre envuelta en tu agua. Con suerte cuando esté cara a cara contra la barrera se encontrará débil. Ahí voy a necesitar que te emplees a fondo: debe estar rodeada por agua. Puedes intentar modificar la barrera para que tenga un aspecto punzante. Eso de un lado y una ola gigante de otro, podrían darnos una rápida victoria, no podrá resistir tanta fuerza...- Explicó.
-Pides mucho... eso, o tienes mucha confianza en mí- Admitió ruborizada- Está bien, haré lo que pueda.
Las dos salieron, mirándose mutuamente, confiadas. Parte de su entrenamiento era que aprendieran a luchar en equipo.


Erzzhia había sido llevada ante Sage, que observaba atentamente la meditación de Revelación.
-Bien. ¿Has terminado de relajar el cuerpo y la mente? “Eso” que te he enseñado te ha agotado demasiado. Pero ya te advertí que aún queda uno de los núcleos centrales de tu entrenamiento. Para ello, cuento con tu ayuda, chica- Hizo un gesto a la I-Men para que se acercase- Tengo que decirte antes que nada que tienes una resistencia admirable- La chica se miró los brazos. Estaba llena de moratones- Luego nos ocuparemos de esas heridas. Ahora debo pedirte que entrenes el Agua, a pesar de haber entrenado la Tierra. Puesto que Revelación tiene capacidades de vidente y tú puedes establecer vínculos, es importante que aprendáis a “sentiros”. Así, si en algún momento os separáis en grupos u os dividís, Revelación podrá transmitirte un poco de lo que percibe, aunque sólo sea mínimo. Si por el contrario, la habilidad de un enemigo es psíquica, Erzzhia será un freno para los que intenten meterse en la cabeza de mi alumno. Espero que no te importe seguir entrenando, jovencita- Murmuró Sage.
La chica asintió sin mostrarse demasiado entusiasta.
-Ahora introduciré perturbaciones psíquicas dañinas en el cerebro de Revelación. No serán tan potentes como las ilusiones de Mentalizer, pero tampoco serán débiles. La idea es intentar generar ilusiones, con las que dañaros y confundiros. Erzzhia tendrá que activar un vínculo de primer nivel con él. Sentir el dolor mental que experimente. Sólo de este modo podrá producirse vuestra “conexión”. Debéis conocer vuestras mentes. La diferencia con el entrenamiento de antes se basa en que con estas ilusiones puedo dañar vuestras mentes al instante, con ellas, dañar también a vuestro cuerpo. Pero vuestro objetivo no es esquivarlas, sino resistirlas y sentirlas, sin perecer. Si cuando termine cada tramo de este entrenamiento continuáis debidamente cuerdos, estaréis haciendo más resistente vuestra mente. Y, con ello, más clara. Joven, coloca la palma de tu mano extendida sobre el hombro de Revelación. Y cierra los ojos todo lo fuerte que puedas- Ambos cerraron los ojos. El místico estaba en posición de loto, con la mente despejada. No pensaba en nada más que en aguantar la ilusión con firmeza. Si no lo hacía, Erzzhia sufriría por sus errores.
-¡Adelante!- Decidió Sage. Cerró sus ojos y comenzó a enviar ilusiones dañinas a la mente del I-Men.
Revelación se vio a si mismo, junto a Erzzhia y el Capitán Vasco en un lugar donde reinaba la oscuridad de la noche. No era capaz de ver y sólo sentía un miedo incesante. Erzzhia comenzó a temblar a su lado y también al margen de la ilusión, frente a Sage. Revelación, envalentonado, comenzó a andar unos pocos metros con el Capitán, hasta que alcanzó a su nariz un fuerte olor a moho. Caminó impulsando por ese mal olor hasta que notó que estaba pisando un brazo. En ese momento, como si una luz se encendiera, pudo ver con claridad que se trataba de los cadáveres de algunos de sus amigos: pudo distinguir a Eliart, a Shadow, a Celestina y a Demongirl. Se volvió para sugerir a Erzzhia que no se acercase, pero ésta había escuchado en su cabeza una voz muy insistente. Tanto, que había tenido que avanzar a pesar de sus temblores iniciales. Al ver a su hermano en el suelo, con el rostro demacrado, ojos y boca abierta, no pudo evitar emitir un grito. Al instante, abrió sus ojos y volvió a la realidad. Se llevó las manos a la boca y pudo comprobar que su labio estaba sangrando.
-Te dejas llevar con demasiada facilidad, chica. Y eso no te hará bien. Al dolor que le causan las ilusiones a Revelación, has añadido el tuyo propio, que era aún mayor. Intenta ser fría como un témpano de hielo y resiste. Son sólo ilusiones. Sólo eso. Recuérdalo- Sugirió el maestro- Venga, empecemos de nuevo.
La chica extendió su mano de nuevo y fue transportada a aquella horrible ilusión. Aquello le estaba sobrepasando.


Demongirl estaba confusa. Acababa de conocer a una persona que tenía poderes similares a los suyos pero que los dominaba con gran maestría. Además, estaba viva. ¿Habría mucha gente con poderes que no había tenido que sufrir el juego? Si era así, ¿cómo lograban esconderlo? ¿Sería también obra de los GM? Un colofón de interrogantes llenaban su cabeza. Pero ahora tenía una nueva meta: volver a ver a Lilith y demostrarle que era más habilidosa que ella. Daba igual el tiempo que tuviese que pasar pero, sabiendo que estaba viva en algún lugar de la Tierra, podría retarla. La chica-demonio sentía una mezcla entre admiración y recelo: no podía evitar pensar en ganarla.
“David... ahora tengo algo nuevo por lo que luchar. Este objetivo me dará fuerzas para seguir luchando en este juego. Se que me protegerás allí donde estés”, meditaba, sonriendo por primera vez en mucho tiempo. Caminó sin descanso por donde había venido, observando los montes de lava. Se cruzó con varios demonios en el camino, pero muchos habían sido testigos de su combate con Lilith y se apartaban al verla. Demongirl los miró con aire de superioridad mientras se dirigía hacia la puerta. Y así, corriendo unos tramos y andando a buen ritmo otros, la chica-demonio se apresuraba a llegar a la puerta de entrada a esa dimensión. No paró ni un instante a pesar del clima irascible de ese infierno. Debía llegar y ayudar a Gaia. Fue cuando estaba a pocos metros cuando se encontró un gran obstáculo. Un demonio de color negro, custodiaba la entrada junto a otros diez. La I-Men sacó su espada de fuego e hizo un gesto con la cabeza para que se apartaran, pues quería evitar toda clase de peleas absurdas antes de entrar de nuevo en el juego. El demonio negro se colocó frente a ella y miró con rabia a la I-Men.
-¡Tú... tú has acabado con mis compañeros!- Gritó con el ceño fruncido- No saldrás de aquí con vida. Yo, el Gran Señor Lavarián me encargaré de ello- Concluyó mientras hacía un gesto a sus diez esbirros.
De los diez demonios, tan sólo dos de ellos eran también demonios de nivel dos, capaces de pensar y hablar antes de actuar. Demongirl llamó a su poder demoníaco y logró cubrir de escamas sus brazos y piernas en pocos segundos. Era preferible luchar con todo desde el comienzo y acabar cuanto antes. Dos demonios se lanzaron a por ella con sus respectivas porras, pero la I-Men supo sortear sus movimientos, pues eran bastante predecibles. No obstante, los ocho restantes conformaron un círculo rodeando a la chica-demonio.
-¡Atacad, ahora!- Dijo uno de ellos. La mayoría se lanzaron hacia ella sin romper su formación en círculo, haciendo que tuviese que batirse contra algunos de ellos. Empleando la astucia, Demongirl se situó frente al demonio que había dado las órdenes. Un demonio de metro y medio y de color rojo. Con la espada de fuego, abatió sus porras y logró hacerle un corte profundo en el estómago. Mientras se resentía, la joven corrió a combatir al otro demonio de nivel dos, al que azuzó con varios puños directos, imbuidos con su sangre demoníaca. En escasos minutos ambas criaturas estaban aturdidas. Sólo quedaban los demonios básicos y Lavarián, que se había alejado del escenario del combate. Al ver a sus superiores heridos, los ocho demonios restantes enloquecieron y golpearon envueltos en furia. Sin embargo, ni su velocidad ni su fuerza le parecieron gran cosa a Demongirl que, a pesar del cansancio, sólo recibió un par de golpes fuertes de entre todos ellos. Hizo una ligera parada para llamar a Destello y, tras deslumbrarlos, cortó en dos mitades a la mayoría de los demonios. Sólo dos de los que conformaban el círculo quedaron en pie y decidieron huir.
“Vaya... a pesar del cansancio me he deshecho de la mayoría rápidamente. Y siento que podría seguir peleando, aunque no quiero agotarme. En verdad esa tal Lilith me ha enseñado mucho”, pensaba llena de orgullo. Tras un leve paréntesis, fue hacia Lavarián dispuesta a acabar con él con su espada incandescente. El demonio negro la miraba ahora boquiabierto e hizo ademán de querer evitar la batalla. Era consciente de la clara superioridad de la I-Men.
-Has hecho que me retrase. Ya es demasiado tarde para perdonarte la vida- Sentenció.
Lavarián mostró una velocidad mayor que el resto que sus acompañantes, logrando esquivar la hoja incandescente en dos ocasiones. Pero era insuficiente, ya que Demongirl se movía con mayor destreza. Tras intercambiar varios golpes a corta distancia, la I-Men le cortó por la mitad, verticalmente, partiendo de su cabeza y llegando hasta sus pies. Pronto, el fuego acabó chamuscando al ser que había sido su último obstáculo para regresar al mundo del juego. La I-Men observó la puerta.
“Chicos, estoy preparada. Voy a volver para que ganemos a Gravitta. Gaia, David, haré que os sintáis orgullosos de mí”, se mentalizó mientras la abría.


Waver y Garra estaban preparadas para acabar con la hidra. Siguiendo el plan propuesto, Waver cerró los ojos y llamó a todo el agua que fluía en su interior. Al poco, una aura azul como el mar rodeó su cuerpo y el agua comenzó a acumularse, cubriéndola por entero. Garra entretuvo a la bestia mientras tanto, lanzado cuchillas a larga distancia. Al cabo de un rato, y antes de que la hidra pudiese quemar de nuevo a su compañera, Waver había logrado generar una impresionante barrera basada en capas de agua bastante densas. El agua estaba a temperaturas muy bajas.
-Lo he... logrado- Dijo Waver. Ahora todo dependería de la estrategia planeada. Cubiertas por la barrera, ambas I-Men avanzaron en dirección a la hidra, que también iba a su encuentro expulsando llamaradas por cada una de sus dos cabezas. Envuelta en agua, Garra salió al encuentro de la hidra, evitando sus coletazos y el fuego con el mayor de los cuidados. Varias cuchillas causaron rajas profundas en las patas de la hidra, lo que la hizo ir más despacio, gimiendo de dolor.
-Bien, ya está herida. Ahora sólo tengo que seguir haciendo lo mismo un rato más... no avances hasta que sea el momento- Propuso Garra. La otra adolescente asintió y generó una espada de agua, ordenando conformarla con su propia mente. Estaba muy orgullosa de lograr manejar tanta cantidad de agua sólo desde su cerebro. “Esto debe ser lo que quería Sage. Que no me disperse y utilice todas mis habilidades para luchar”, meditaba sonriendo.
Garra atacó a la hidra portando la espada de agua y logró cortarle las dos patas delanteras, dejándole tan sólo las dos traseras. Ese corte fue un punto de inflexión en la batalla. Como consecuencia de encontrarse sin sus dos patas delanteras, con las cuales se impulsaba para acercarse a sus presas, reaccionó soltando todas las llamaradas que eran posibles. Finalmente, Garra no pudo esquivar el fuego. El fuego de la hidra rodeó a la I-Men. Aunque ésta estaba cubierta por una fina capa de agua, ésta no tardó en evaporarse y parte del fuego alcanzó a la adolescente.
Aprovechando que la joven yacía en el suelo, la hidra se dirigió hacia ella con intención de herirla con su fuego y tras esto, aplastarla. Consciente, Waver centró sus pensamientos en un único objetivo: aumentar el tamaño de la barrera. A los pocos segundos, varias corrientes de agua surgieron verticalmente al lado de Garra, justo en el límite donde se encontraba la hidra. Garra se sintió aliviada: gracias a la estrategia conjunta de ellas dos, la batalla estaba casi decidida y se había salvado de unas quemaduras que, por profundas, podrían haber sido irreversibles. La corriente de agua fría arrastró a Garra junto al lugar de la barrera en que se encontraba Waver.
-Quédate cerca de mí por si fracaso- Insistió Waver al tiempo que cerraba los ojos. La hidra comenzó a lanzar llamaradas contra la barrera, pero estas no lograban derruirla. De pronto, la capa superior de la barrera comenzó a transformarse y una gran cantidad de pinchos duros y afilados, como las hojas de una espada, se expandieron por toda la barrera, protegiéndola de posibles amenazas. Lo habían logrado- ¡Prueba el “modo erizo” de la barrera de agua!- Bramó Waver, ordenando que la barrera avanzase frente a la hidra. Enojada de que sus llamas no surtieran efecto, la hidra comenzó a embestir con fuerza a la barrera, siendo alcanzada por innumerables pinchos, que la dejaron prácticamente sin poder moverse.
Garra observó que su amiga estaba ya muy débil, así que salió lentamente de la barrera y lanzó varias cuchillas al corazón de la hidra.
-No será necesario que generes una marea de olas para que acabemos con ella. Yo le daré muerte, tú solo mantén la barrera- Explicó Garra. Tras unos minutos más recibiendo golpes cerca del corazón, los ojos de la criatura comenzaron a cerrarse y detuvo sus movimientos. Había sido derrotada.
-Lo hemos conseguido- Finalizó Waver dejándose caer a descansar.
-Sí, y según Sage ésta era la última prueba. Nuestro entrenamiento ha concluido.
Descansaron durante un rato y cuando abrieron los ojos había una puerta igual a la que habían abierto para ir ahí. La puerta tenía un aura misteriosa de poder. Las chicas se miraron y se incorporaron, dispuestas a traspasar el umbral y volver al cruel juego.


El Capitán Vasco había visto cómo Dayana desaparecía después de haberle besado en sus labios. Estaba anonadado. El mundo estaba lleno de gente muy poderosa, más que él incluso. Eso le permitía confirmar que tenía que seguir entrenando sin descanso. Tenía unos amigos maravillosos y lucharía para no perderles. Por otra parte, se encontraba muy confuso. Su padre le había ocultado que tenía poderes durante toda su vida. ¡Su propio padre, la persona en la que más confiaba! No paraba de hacerse preguntas al respecto. ¿Cuál sería exactamente la naturaleza de las habilidades de su padre? ¿Era posible que no hubiese heredado ninguna de ellas? ¿Qué sabía acerca de ese tal Cerebro que decía enfrentarse a los GM? No era el momento de darles respuesta, pero no podía evitar tenerlas en mente. Por otro lado, tenía que hacer lo posible para restablecer el orgullo que los destructores le habían arrebatado, dejándole por los suelos. Tenía que hacerlo en memoria de su amiga Ana y también por su mejor amigo, que fue víctima de sus primeros fracasos como Capitán, en la ciudad de Bilbao. No podía permitir que el Guerrero Celeste, Gaia, Waver, Eliart ni cualquiera de sus compañeros muriera. Caminó hasta donde se hallaba la puerta y encontró algunos trozos de las dianas que había roto al principio de su entrenamiento.
-Gracias por todo lo que me has enseñado, Dayana- Dijo levantando la vista hacia el cielo- Nunca te olvidaré.
Sin perder ni un instante, abrió la puerta de vuelta.


El Guerrero Celeste volaba en aquella dimensión a toda prisa, en dirección a la puerta. Era consciente de todo lo que había logrado aprender de su maestro.
“Siento que ahora puedo cortar cualquier cosa gracias a mi dominio del viento. Nada ni nadie podrá detener mi espada vendaval”, meditaba lleno de energía. Al cabo de un rato llamó al viento y se dejó arrastrar por él por los cielos. Era tan agradable y seguro para él, que sería mejor no gastar energías volando antes de la batalla. Mientras se dejaba llevar, pensaba acerca de la conservación que había tenido con Eliart en relación con el juego. “Me gustaría que fueras tú el que ganara ”, le había hecho saber el líder de los I-Men. A pesar de que no estaba muy de acuerdo con que debiese ser él, sabía que podría llevar semejante peso sobre sus hombros, incluso sí debía batirse después con los GM por su propia cuenta. Estaba preparado para asumir su destino, fuera cual fuera. No obstante, le preocupaba mucho el destino de su hermana pequeña, Erzzhia. Haría lo que fuese por protegerla.
Pasó bastante tiempo, pero finalmente llegó a la puerta que conducía al juego. Ahora sólo faltaba entrar y disponerse a combatir contra los hombres de Gravitta. Confiado, abrió la puerta a la espera de su aventura.


Gaia había pasado varias horas perdiéndose entre la maleza de los bellos paisajes, portando el legado de Vanaheim, aquel misterioso cetro, en su mano derecha. Se sentía decidida a luchar, al contrario que de costumbre. El conocer a Hiedra tenía mucho que ver con ese cambio de actitud: seguía sin gustarle pelear pero era consciente de que tenía que velar por la naturaleza y por la vida que de ella emana. Contra los psicópatas que les habían encerrado en ese juego, la lucha era el único camino posible. Físicamente, también estaba un poco cambiada. Su cabello rubio había crecido y además, fruto de su entrenamiento una especie de círculo se dibujaba ahora en su frente, de manera permanente, como si se tratarse de un lunar. De sus límites emanaba un pequeño aura de color verde claro. El color que representaba a la naturaleza. Tras varias horas de caminar contemplando la naturaleza, decidió acelerar.
Espérame, Eliart, ya llego. Ahora seré mucho más tenaz en la batalla, ya verás. Aunque no lo haré por ti, sino por mi hermana y el equipo. Debemos ser conscientes de a qué nos enfrentamos y hacerlo sin reparo. Lucharé sin poner mala cara, aunque sólo sea por esta vez”, reflexionaba, siendo consciente de lo mucho que echaba de menos a sus compañeros, en especial a Eliart y a su hermana.
Finalmente llegó. La puerta de salida estaba junto a ella y una vez la cruzase no habría vuelta atrás. Se volvió para contemplar por última vez ese paisaje lleno de colores.
-Volveré a este lugar, lo presiento- Dijo mientras cruzaba el umbral hacia la dimensión donde se encontraba el padre del Capitán Vasco.


Eliart bajaba la montaña desde la última choza empleando para ello su máxima velocidad. Al tiempo que escalaba, sentía cómo la energía fluía en el interior de sus músculos. Puesto que ya había finalizado el entrenamiento y urgía llegar a la dimensión del juego lo más rápido que fuese posible, alternaba el empleo de sus signos más rápidos, como Leo y Aries, con el uso de su propia destreza. De esta manera, la bajada se hacía más llevadera y tampoco se agotaría por usar los signos en exceso. Después de quince días entrenando con Wakabahashi, Eliart se sentía una persona diferente, capaz de ser el líder que los I-Men necesitaban. Sus principios eran más firmes, su espíritu y su cuerpo, más fuertes, y tenía claro que no pararía hasta comprender los misterios que rodeaban al juego... ni tampoco hasta entender los que acontecía a sus poderes. Desde que su maestro le había contado la leyenda del portador del Zodiaco Original, tenía la ligera sospecha de que su nombre de jugador no era casual y no paraba de preguntarse qué significaría todo aquello.
Quizás el futuro traiga respuestas, ahora debería centrarme únicamente en salvar a mis compañeros”, se dijo mientras negaba con la cabeza, tratando de rechazar estas incómodas cuestiones. Sin embargo, teniendo el libro en sus manos, no pudo evitar parar unos instantes para saber más sobre la leyenda del antiguo Eliart. De este modo, abrió el libro por una página al azar, aproximadamente cerca de la mitad. Para su sorpresa, no contenía letra legible alguna, al menos en castellano. Se trataba de una serie de símbolos geométricos, que no le recordaban a ningún idioma actual conocido. Abrumado, cerró el libro con pesar y a los pocos segundos, reaccionó de manera positiva, mostrando una leve sonrisa. “Ju, ju, veo que tengo razón. El misterio tendrá que esperar. En cierto modo, es mejor que sea así. Podré centrarme únicamente en mi objetivo”. Así, con aire amenazante y pensando en los destructores como su objetivo prioritario, el I-Men continuó e, impulsado por Leo, llegó hasta la cuarta choza antes de que el sol comenzase a ponerse. Anduvo unas dos horas más y cuando estaba apunto de terminar de escalar el segundo tramo de la interminable montaña, sus reflejos fallaron y estuvo apunto de caerse. Por suerte, se agarró a una rama de arbusto con una de sus manos y a una pequeña roca bastante erosionada. Se paró en seco en aquella peligrosa posición, sin apenas fuerzas.
Parece que tanto entrenar y luchar me está pasando factura, no es normal que esté tan cansado... será el esfuerzo que hice para lograr frenar la Voluntad de Dragón”, meditaba mientras trataba de no caerse. “Aquel aura roja del Dragón emanaba una energía extraordinaria.” Al recordar a su maestro, el líder se mentalizó. Sus fuerzas no podían flaquear en ese preciso instante.
-No puedo fallar ahora, ya habrá tiempo para descansar- Dijo llamando a las últimas energías que le quedaban. Con firmeza, impulsó su cuerpo hacia abajo, hasta que dio con una roca que parecía sólida. Después, bajó sus manos. Así, al cabo de pocos minutos y haciendo uso exclusivo de sus músculos, alcanzó la primera choza.
Cuando se disponía a bajar, notó que una nueva y extraña energía le inundaba todo el cuerpo. El I-Men se sintió alegre, porque sabía que se trataba de otro signo. Un guerrero alado, portador de una enorme flecha, se dibujó en su frente, conformando un círculo, como era habitual. Un aura blanca, como la que comenzó a brillar levemente cuando trataba de frenar al Dragón, le rodeó por entero.
-Vamos, allá ¡Escorpio!- Dijo con ganas de comprobar el efecto de su nuevo signo. Sin embargo, nada sucedió.
Que raro. ¿Por qué no reacciona?”, pensó el líder de los I-Men. El líder repasó, contando con los dedos. El orden del zodiaco griego y pudo comprobar que, efectivamente, el signo número ocho, que correspondía al período que abarca del 23 de octubre al 21 de noviembre, no era otro que Escorpio. Pero, ¿y si por lo que fuese, no se trataba de él? Eliart nunca se había parado a pensar en que los signos pudiesen despertarse en desorden, ya que nunca había sucedido, pero tampoco sabía mucho acerca de sus poderes. Recordó que había notado como si una flecha se dibujase en la frente. “Una flecha... creo que ya sé que signo acabo de despertar.”
-Muéstrame tu poder, ¡Sagitario!- Exigió el I-Men al tiempo que el aura blanca acudía a toda prisa, respondiendo a su llamada. De pronto, de su espalda, a la altura de cada uno de los omóplatos, surgieron dos inmensas alas compuestas por blancas y duras plumas. El I-Men miró sus alas de arriba a abajo, fascinado. Sin perder ni un segundo, se lanzó al vació y se concentró en mover las alas que respondieron con un aleteo rápido. No se lo podía creer, ¡estaba flotando! Imbuído por el aura blanca, bajó volando el tramo que le faltaba para alcanzar la puerta donde todo ese entrenamiento empezó. Durante los escasos minutos que tardó en bajar contempló el horizonte y las nubes, sin acabar aún de creérselo. Emocionado, dejó caer unas lágrimas de sus ojos mientras aterrizaba. Acaba de cumplir el sueño de volar como las aves.
Miró la puerta de salida, con mucha más calma y energía.
-Bien, estoy preparado para la batalla. Venceré a Gravitta si es necesario y no permitiré que les suceda nada malo a mis amigos. Ni tampoco a ti, Gaia- Dijo mientras pasaba por la puerta.


Mientras todos se dirigían hacia sus respectivas puertas, Revelación y Erzzhia llevaban mucho tiempo resistiendo fuertes ilusiones que les herían tanto el cuerpo como la mente. Habían logrado sobrevivir al dolor causado por la muerte de sus compañeros y más tarde habían sufrido las temperaturas más extremas, propias de un cráter lleno de lava y más tarde de una extensa llanura congelada. Habían resistido el dolor de andar sin demora durante días y días, sin comida ni agua, para más tarde librar una batalla con lo que parecía ser una especie de jugador enmascarado y muy habilidoso que les derrotó con mucha facilidad. En ese momento, sin embargo, se encontraban contemplando sus propias muertes en una especie de Nada. Se trataba de un lugar totalmente blanco, un espacio vacío que no parecía tener final. Tan sólo podían distinguirse nítidamente sus cuerpos destrozados y sentían que estaban fuera de ellos. Dos sombras hicieron su aparición entonces, armadas con cimitarras y se dispusieron a atacarles. Revelación trató de defenderse con su cetro pero no consiguió invocar ningún elemento y la sombra le alcanzó con su puño diestro. Erzzhia, decidida, encaró a la otra sombra con una tanda de ataques físicos, combinando a cierto ritmo, puñetazos y patadas. Mas la sombra se mantenía derecha, como si nada ocurriese.
En la dimensión de Sage, los dos estaban sudando sin parar, temblorosos y con varias heridas. Fue al cabo de un tiempo cuando el maestro dio una palmada y deshizo la ilusión.
Revelación abrió los ojos lentamente, seguido por Erzzhia.
-Enhorabuena, habéis superado todas las ilusiones que tenía previstas para vuestro entrenamiento conjunto. Revelación podrá enviarte algunas de las señales que percibe en sus predicciones, aunque no te será fácil identificarlas. No obstante, vuestra conexión ya está en marcha- Explicó Northern-Tened, lavaros la cara con agua fría, os servirá para despejaros- Propuso mientras les alcanzaba un pequeño cubo lleno de agua. Ambos asintieron y se lavaron- Es que tenéis que estar presentables- Prosiguió, sonriente- Vuestros amigos deben de estar apunto de llegar.
Así, la puerta que estaba más arriba de todas, la que conducía al lugar de entrenamiento de Waver y Garra, fue la primera en abrirse. La recién llegada a los I-Men salió, seguida de Waver. Ambas estaban dispuestas a seguir luchando, a pesar de su cansancio.
Se acercaron y abrazaron a Erzzhia y Revelación.
-Gracias por proponernos entrenar a nosotras también, Sage. Estos días en esa dimensión nos han ayudado mucho- Agradeció Garra.
-¿Y los demás?- Intervino Waver.
-Acomodaos, acomodaos. No creo que tarden en llegar. Cuando lleguen todos, examinaré los resultados de vuestro entrenamiento, uno por uno, y os daré un mensaje importante- Informó el padre del Capitán Vasco. Precisamente el vasco fue el siguiente en llegar, cerrando la puerta de un portazo. A pesar de caminar con un traje de doscientos kilos, corrió en dirección a su padre.
-¡Prueba superada, papá!- Se alzó orgulloso el Capitán mientras los dos se abrazaban- Ahora tenemos mucho de que hablar.
-No, hijo. No es el momento. Te explicaré esto cuando vuelvas a la Tierra. Como dices, hay mucho de que hablar. Y la batalla contra los destructores no puede esperar tanto.
-Vale, tienes razón. Lo comprendo- Admitió el Capitán Vasco bajando la cabeza.
-No te desanimes, hombre. Piensa en que dentro de muy poco podrás comprobar el resultado de tu entrenamiento- Le dijo su padre, colocando su mano sobre los hombros de su hijo.
Revelación contempló la escena con ternura. Hacía mucho que no veía a su familia y algunos tenían la suerte de poder verla hasta en el juego. Por otra parte, el místico percibía el enorme crecimiento del potencial del vasco durante su entrenamiento. “Es increíble. No tiene parangón con la energía que emanaba antes. ¿O será sólo que ahora capto mejor estas sensaciones?”.
La puerta que estaba justo enfrente de la del Capitán se abrió de par en par y de su interior apareció el Guerrero Celeste, quien se acercó a sus compañeros volando. Su pelo había crecido, tenía ahora un poco de melena. Parecía más delgado también.
-¡Hermano! Qué bien que estés aquí- Le abrazó Erzzhia corriendo.
-Quita, quita, mujer. Yo también te echaba de menos- Admitió, apartándose- Vaya, veo que el Capitán don nadie ha llegado antes que yo. Tu entrenamiento ha debido de ser muy fácil.
El vasco no tardó en responderle y ambos empezaron a discutir como de costumbre. Al poco, Shadow y Kya llegaron. Shadow tenía barba de dos días y una pequeña perilla. Kya no estaba muy cambiada, pero su semblante era diferente y su mirada, más profunda.
-Hola chicos. Ya estamos aquí- Dijo la pareja al unísono. Todos se saludaron. El resto no tardarían mucho. Una de las tres puertas que quedaban se abrió ligeramente y, sin emitir apenas ruido, una joven rubia y confiada hizo su aparición, portando un cetro blanco y emitiendo un aura verde fluida.
-Guau, ¿esa es Gaia?- Comentaron el Guerrero y Shadow, extrañados.
-Se te ve... diferente- Admitió el Guerrero Celeste.
-Gracias... supongo- Dijo la rubia guiñándole un ojo. Su cabello tenía más capas, señal de que había debido de pasar una buena temporada en su universo. El círculo de su cabeza también llamaba la atención. En cambio, seguía tan tranquila como siempre- ¿Y mi hermana? ¿Y Eliart?- Preguntó tras observar que no estaban.
-Justo son los dos únicos que aún no han llegado. Espero que no tarden- Comentó el anciano, ligeramente preocupado. Pasó alrededor de media hora y ni Demongirl ni Eliart habían aparecido. Sus compañeros comenzaban a estar inquietos. ¿Habrían superado sus respectivas pruebas?
Durante ese lapso de tiempo, Shadow se había apartado de sus compañeros. Anduvo dos manzanas hasta estar lo suficientemente alejado, pues quería hablar en privado con Rencor. Invocó a su sombra por unos momentos.
-Tranquila, no estoy en medio de ningún combate. No vas a tener que esforzarte. Sólo te he llamado porque hay algo que necesito que me expliques- Aclaró el I-Men. La sombra se manifestó a su lado.
-Dime. ¿Para qué me has invocado? Estoy muy cansado y…
-Ya te he dicho que no es para pelear. Descuida. Es que el entrenamiento con Dark Night me ha hecho pensar en nosotros, en nuestra relación de sombra y portador. No quiero que nunca lleguemos a enfrentarnos como lo hicieron Malicia y Dark Night- Ambos se dieron la mano- Por eso, quiero que confiemos el uno en el otro. Quiero conocer tu pasado. Me extrañó cuando dijiste que Malicia era “una parte de ti” y que le habías conocido. ¿Podrías explicármelo?
-Shadow... tú siempre tan amable. Dudo mucho que tú y yo acabemos siendo algún día como Dark Night y Malicia. Tu has sabido entenderme desde el principio y has contrarrestado las tentaciones hacia la oscuridad que tengo por mi naturaleza como sombra, con muy buenas compañías que te han hecho cambiar.
El moreno escuchaba atentamente y asentía. No quería interrumpirle.
-Verás, te lo contaré todo. Las sombras nacemos y vivimos en un mundo sombrío hasta que un portador despierta nuestro poder. Cada una va desarrollando su personalidad poco a poco, pero al principio somos parte de un Todo. Una gigantesca masa de sombras de la que vamos desprendiéndonos poco a poco. Esa primera etapa de nuestras vidas sirve para transmitirnos la Esencia de las Sombras.
-¿La Esencia de las Sombras?- Le interrumpió su portador con gesto de incrédulo.
-Sí, así la llaman los Viejos Maestros, que son sombras que nunca llegan a tener portador y se encargan de regentar ese mundo, ayudando al Gran Rey. La Esencia de las Sombras es básicamente buscar poder, de manera insaciable. Normalmente estas ansias, por nuestra naturaleza como sombras, nos las calman la oscuridad y la maldad, que nos permiten ser poderosos con más facilidad que siguiendo un camino recto. Por ello, cuando el espíritu del portador es débil, tarde o temprano sucumbe a nuestra esencia y se vuelve malvado. En otras palabras, el portador se consume y se deja dominar por la sombra. Sin embargo, el objetivo de las sombras, y así nos lo dicen cuando adquirimos personalidad y “cuerpo” propio, es ayudar al portador. El portador debe ser capaz de ser uno con nosotras y colmar nuestra necesidad de poder pero siguiendo el camino y los límites que él mismo establezca. Nuestro portador debe controlar nuestras ansias con firmeza, pero también con comprensión y respeto. Por eso, creo que aunque algún día, cuando crezca un poco más, mi esencia como sombra me desborde, tu sabrás cómo frenarme y devolverme al camino correcto- Comentó detalladamente, Rencor, sonriendo.
-Por eso conocía a Malicia. Estuvo siendo parte de un Todo al mismo tiempo que yo. Aunque él se desarrolló muy rápido y pronto tuvo carácter y personalidad propio. Para cuando yo ya estaba fuera de ese Todo, él era una sombra bastante mala. Había interiorizado mucho nuestra esencia como sombras y la había entrenado para despertar un mayor poder. Se dedicaba a mofarse de los que aún éramos pequeños y apenas teníamos fuerza- Finalizó.
-Entiendo. No has tenido una infancia fácil. Pero ahora que estamos juntos todo eso va a ser diferente. Yo te controlaré cuando tus ansias nos desborden, tranquilo. Juntos seremos poderosos, Rencor- Le confirmó mientras le ordenaba volver a su dimensión. Volvió hacia donde estaban sus compañeros, que todavía esperaban a Demongirl y Eliart. Sentía que ahora se conocía un poco más a sí mismo.
Finalmente, de una de las puertas salió Demongirl. Había adelgazado un poco y fortalecido sus músculos. Abrazó a su hermana y a sus compañeros.
-Estábamos preocupados. ¿Cómo es que has tardado tanto?- Preguntó su hermana mayor.
-Bueno... enfrentarse con treinta demonios no es tarea fácil- Dijo exagerando su hazaña.
Cinco minutos más tarde, la última puerta se abrió.
-¡Ahí está Eliart!- Gritó el Guerrero Celeste. El líder de los I-Men apareció rodeado por el aura blanca y mostrando sus alas. Todos los I-Men se quedaron impresionados al ver semejante habilidad.
-Me apetecía volar- Explicó el líder con sencillez.
Revelación trató de sentir su energía y se quedó maravillado. Físicamente también estaba algo cambiado. Su pelo negro había crecido y estaba algo desordenado, sus músculos parecían más fuertes y estaba más confiado que de costumbre. Saludó a todos sus compañeros tras deshacer a Sagitario, con un fuerte abrazo.
-Se nota que hemos entrenado sin vacilar, con todas nuestras fuerzas. Pronto será el momento de demostrárselo a Gravitta- Propuso el líder de los I-Men.
-Vaya, has perdido peso- Comentó Gaia, antes de que ambos se besaran.
-Sí, mi maestro me dio mucha verdura y mucho pescado- Tras unos minutos de esparcimiento, Northern Sage se dirigió a todo el equipo.
-Lo primero que os quiero decir, es que estoy muy orgulloso de todos vosotros. Habéis sido capaces de superar vuestros entrenamientos con resultados satisfactorios. Ahora Cerebro y yo sabemos que podemos confiar en vosotros. Es por ello que os traigo un mensaje de su parte, escuchad atentamente, chicos- Cerró los ojos y se dispuso a hablar. Su tono de voz era diferente ahora.
-“Os he prestado ayuda porque sois las primeras personas que aparecen capaces de cambiar el Juego. No estáis obligados a ayudarme, pero apreciaría que os reunierais conmigo en la Tierra. Mis fuentes dicen que pronto volveréis a la Tierra. En dos o tres días a lo sumo. Estad preparados, enviaré a alguien a veros para poder hablar con vosotros”- Transmitió el sabio.
-No hace falta que me deis una respuesta ahora mismo. Cerebro se comunicará con vosotros cuando estéis en la Tierra y decidiréis qué hacer. Tanto Cerebro como yo somos conscientes de que no es una decisión fácil. Seguirnos le costó la vida a Thunderman, sin ir más lejos. Meditadlo y procurad seguir vivos para entonces.
Muchos se sintieron aliviados por saber que pronto volverían a la Tierra, pero Kya miró a Shadow con cara de preocupación.
-¿Vas a dejarme sola de nuevo, Shadow? No sé si podré soportar tanto dolor ahora que sé que todo mi pasado es, en realidad, un conjunto de ilusiones que los GM han introducido en mi cerebro- La chica-gato se sentía todavía muy agobiada, necesitaba el consuelo de su chico y, ante todo, su comprensión. El moreno respondió abrazándola como si no hubiese mañana.
-Tranquila, te prometo que no volveré a dejarte sola. Volverás conmigo a la Tierra. Pero por ahora no te preocupes más.
Shadow sabía que sería muy difícil cumplir esa promesa. Mas si alguien sabía como crear un agujero dimensional para comunicarse con la Tierra, ése era Gravitta. A pesar de su maldad, nadie podía cuestionar su inteligencia ni sus conocimientos científicos. Tal vez ahora que iban a pelear era el momento de acercarse a él, de alguna manera.
-Bien, os llevaré cerca de la Torre donde os aguarda Gravitta con sus Destructores. Pero antes, es preciso que os toméis estas frutas de nuevo. Recuperaréis las fuerzas perdidas y parte de vuestras heridas comenzaran a curarse. Lamentablemente, no es mucho más lo que puedo hacer por vosotros- Reconoció Sage- Os dejaré comer tranquilos y después os llamaré uno a uno, para hacer una evaluación general de vuestros entrenamientos.
Así, los I-Men devoraron las frutas como si llevasen años sin comer y fueron llamados por Sage. La mayoría salieron muy contentos de la conversación, conscientes de que se habían esforzado mucho pero también de que era preciso seguir esforzándose, pues los jugadores que iban sobreviviendo eran, lógicamente, cada vez más fuertes.
-Bueno, veo que estáis preparados para marchar. Os dejaré más frutas para que tengáis provisiones. No puedo llevaros hasta la torre, pero sí trasladaros a un lugar cercano.
-Oiga, una pregunta señor. ¿Cuánto tiempo ha pasado en el juego?- Preguntó Celestina.
-Pues... cuando llegué ante vosotros era el día onceavo. Ese día descansasteis y al siguiente partisteis a entrenar. Luego, fue el día doceavo cuando comenzaron vuestros entrenamientos. Habéis estado dos días entrenando con lo cual, ahora estamos en el catorceavo día de juego.
Los I-Men no salían de su asombro. ¿Cómo era posible que hubiese pasado tan poco tiempo en el juego después de tantos días entrenando en las dimensiones? El mundo tenía muchos secretos que ni siquiera alcanzaban a entender.
Eliart se volvió hacia el equipo. Quería estar seguro de que todos habían asumido la dura batalla que les esperaba.
-Chicos, sé que la mayoría de vosotros sentís las mismas ganas de revancha que siento yo. Sé que algunos tenéis razones de peso para querer enfrentarse contra Gravitta- Miró a Gaia mientras decía esto último- Pero aceptar la invitación a la torre donde se encuentran conlleva muchos riesgos. Lucharemos con todas nuestras fuerzas y les daremos un escarmiento, pero todos debemos estar preparados para asumir lo que pueda pasar. Es, posiblemente, un reto de vida o muerte. Así que, antes de partir debo preguntároslo una vez más. ¿Estáis conmigo?- Finalizó el I-Men.
-Por supuesto, amigo- Comentó el Guerrero, que seguía llevando la piedra que el líder le entregó el primer día de juego.
-Te seguiremos hasta el final- Confirmaron Revelación y Gaia. Todos asintieron. Por primera vez en mucho tiempo había unanimidad en aceptar el desafío del científico.
-En ese caso, ¡vayamos, no hay tiempo que perder!- Propuso Northern- Poneros en círculo rodeándome a mí. Os trasladaré lo más cerca que pueda y mi misión aquí habrá concluido- Antes de teletransportarlos, miró a su hijo- Podrás comentarme lo que quieras cuando llegues a la Tierra. Te has hecho muy fuerte, hijo mío. Estoy orgulloso de ti- Finalizó al tiempo que una radiación de color azul envolvía a los I-Men y los transportaba al interior del juego.


Mientras los I-Men se disponían a volver al juego, los Arcángeles, uno de sus equipos rivales, estaba en medio de una ardua batalla. Habían estado deambulando después de la pelea con los I-Men, envueltos en dudas sobre el juego. Finalmente, encontraron un pequeño campamento que convirtieron en su cuartel general. En ese preciso momento, un grupo de séis jugadores que les habían asaltado peleaban contra un nuevo miembro de Arcángeles, un tipo alto, fuerte y de piel morena, Árkanon y Bianca. El resto estaban descansando en el interior de la casa.
-Preparaos, compañeros. Aunque nos dupliquen en número, podremos vencerles- Dijo Árkanon.
Uno de los seis desenvainó un corto acero a poca distancia de Bianca, quien lo esquivó con un poco de dificultad. Otro, llamó al poder de las rocas y un formidable y duro escudo hizo su aparición en su mano derecha, al igual que lo hizo una espada dura como la roca en la izquierda. Este jugador se volvió hacia el líder de los Arcángeles, que ya se estaba ocupando de otros dos oponentes. De pronto, un potente misil fue disparado desde el campamento, dando alcance al escudo conformado por rocas. Un jugador con armadura dorada y un reloj en la muñeca hizo su aparición.
-Tranquilos, hijos. El superhéroe Irons se ocupará del resto. Mira que os dije que quería dormir y que no hicieseis ruido ¿eh?- Dijo riéndose al mismo tiempo que su líder. Ambos habían hecho buenas migas. Se pusieron en guardia, dispuestos a acabar con aquellos jugadores a los que superaban ampliamente en fuerza y agilidad.


Los I-Men aparecieron con el atardecer en algún lugar de un frondoso bosque y se dispusieron a comprobar dónde estaba la Torre. Aún faltaba bastante, a juzgar por el mapa que venía en la invitación de Gravitta. Pero debían continuar en línea recta. Aquel bosque era tan precioso como extenso, mas no parecía tener pérdida siguiendo lo explicado en el mapa. Sabían que Gravitta deseaba el enfrentamiento tanto como ellos, con lo que era evidente que no habían hecho el mapa para despistarles. Tras varias horas caminando, comenzó a anochecer y decidieron el orden en el que harían las guardias ya que podía resultar peligroso continuar caminando por la noche. Divisaron un pequeño claro que resultaba ideal para pernoctar.
-Será mejor que duramos aquí- Aconsejó el vidente- Mañana nos levantaremos al alba.
De pronto, todos se quedaron paralizados. Un pequeño altavoz con el signo “GM” surgió de la nada y una voz comenzó a hablar.
-Enhorabuena a todos los jugadores que seguís con vida. Está siendo divertido ¿eh? Ja, ja, ja. Bien, como premio por haber aguantado hasta la noche del catorceavo día de juego, vamos a hacer que todos los jugadores cuenten con 3 vidas desde este momento, para nivelar. Si alguno ha usado algún orbe de vida y contaba con más de 3, tendrá que asumir sencillamente, que ya no tiene vidas extra. Bueno, os dejamos que sigáis luchando. ¡Suerte a todos, y recordad: sólo puede quedar uno! ¡Ja, ja, ja.!- Concluyó la escalofriante voz y el altavoz desapareció.
Los I-Men comenzaron a moverse y comprobaron que en sus tarjetas figuraban las tres barras de vida. Entonces, Eliart no pudo evitar preguntarse al respecto de lo que acababa de suceder. ¿Sabía Cerebro que los GM iban a darles más vidas en ese preciso momento, justo antes de batirse con Gravitta? ¿Era disparatado pensar algo así?
En silencio, el equipo se acostó. El Guerrero Celeste se encargaría de hacer la primera guardia.

Fin del catorceavo día de juego. Jugadores restantes: 82.