Waver y Garra se pusieron en guardia al oír unos pasos que se
acercaban cada vez más.
-¿Y ahora qué crees que nos espera?- Comentó Garra Nocturna,
visiblemente cansada de seguir el ritmo de su amiga.
-No lo sé... pero, ¿sabes? Será mejor que no nos alteremos. Si
estamos juntas podremos con todo- Añadió la I-Men de agua, guiñando
un ojo. A pocos metros de ellas se encontraba una gigantesca hidra
bicéfala. Sus cabezas tenían dientes largos y tremendamente
afilados. Su piel estaba conformada por escamas de color verde
azuladas y tenía un total de cuatro patas, dos delanteras y dos
traseras, todas ellas con uñas largas. También poseía un rabo. Las
dos adolescentes se miraron atónitas: pensaban que esa criatura era
sólo propia de la mitología y, en ese momento, la tenían a pocos
metros de distancia.
Waver temblaba al oír los incesantes rugidos de la bestia. Garra,
por el contrario, sintió que debía mantener la calma.
-Venga, mujer. Por muy grande que sea vencer a esta bestia no será
para tanto- Le animó Garra. La hidra se lanzó a por cada una de las
I-Men, sin que lograran apartarse. Garra aguantó la embestida, pero
Waver retrocedió. Aprovechó la lejanía respecto del área de
combate para generar corrientes de agua fría. Mientras, Garra encaró
a la bestia sin éxito, llevándose un fuerte zarpazo en el cuello,
obra de las gigantescas uñas de la bestia.
-¡Veremos quién araña mejor!- Saltó Garra, mientras lanzaba
varias cuchillas a la hidra. Debido a la inesperada velocidad de
aquella bestia, tan sólo dos cuchillas le hicieron cortes profundos,
alcanzando uno de sus cuellos. Waver supo aprovechar el ataque de su
amiga y rodeó a la hidra con una abundante capa de hecha con
corrientes de agua fría. De las aguas se generó una pequeña ola
que impactó en la hidra, pero sin demasiada fuerza. No obstante, la
bestia comenzó a enloquecer, moviendo sus patas y su rabo con más
fiereza y contundencia, siempre en dirección hacia las I-Men.
“Vaya... he empleado mucha fuerza para combatir a Garra. Ahora
apenas tengo fuerzas para manipular el agua”, pensaba mientras se
cubría de los movimientos de cola de la hidra. Al cabo de un rato,
no tuvo más remedio que retroceder. Por su parte, Garra estaba
adaptándose a la velocidad de los movimientos de su enemiga. Así,
sorteaba cada uno de sus arañazos e intentos de morderla y respondía
empleando con maestría sus cuchillas. En el tronco, la parte de
arriba de las patas y los cuellos, las heridas eran profundas y el
monstruo encolerizaba cada vez más. No tardó mucho en expresar su
rabia con la I-Men. Así, abrió su boca y mostró un aliento,
caliente, muy caliente.
Waver cayó entonces en cuáles eran las capacidades de la hidra en
la antigua mitología.
-Garra cuidado. ¡Puede escupir fuego con total naturalidad! ¡Y
también puede aumentar el número de cabezas! Tenemos que olvidarnos
de cortarle el cuello y centrarnos en la parte inferior. No queda
otra- Insistió la morena.
Pero su aviso llegaba un poco tarde. Tras el aliento, la hidra
comenzó a emitir fuego en todas direcciones, alcanzando de lleno a
Garra, que estaba dándole batalla cuerpo a cuerpo. La chica rodó
por el suelo, chamuscada de la cabeza a los pies.
Waver se disolvió en una fina corriente de agua y envolvió a su
amiga, a la vez que huía de los coletazos de la hidra. Optó por
continuar en forma líquida hasta llegar así a la cocina del
restaurante.
Por suerte, la hidra no tenía capacidad de raciocinio y no cayó en
la cuenta de que ese montón de agua que se esparcía, era la propia
I-Men. Enojada por no encontrar a sus presas, se acercó al
restaurante usando su olfato, levantando el polvo con cada pisada.
Una vez dentro del restaurante, Waver empleó agua fría para sanar
las quemaduras de Garra. Esta la miró con cara de agradecimiento, se
incorporó aún con dolores y se dispuso a hablar.
-No podemos quedarnos paradas. Con estos minutos bañada en agua fría
ha sido suficiente, gracias. Debemos combinar nuestras habilidades y
atacar desde lejos- Sugirió- Es la única manera de acabar cuanto
antes teniendo en cuenta nuestro cansancio.
Waver hizo ademán de salir a batirse con la hidra cuando su amiga la
detuvo.
-Espera, esto será lo que haremos- Se alzó, imperativa- Tú procura
realizar una barrera protectora empleando varias capas de agua fría,
debe ser lo suficientemente grande para cubrirnos a las dos y ser
más o menos de su altura. Bien, la idea es que vayas avanzando con
esa barrera hacia él, poco a poco. Yo mientras iré saliendo y
entrando para lanzarle mis cuchilladas más potentes, siempre
envuelta en tu agua. Con suerte cuando esté cara a cara contra la
barrera se encontrará débil. Ahí voy a necesitar que te emplees a
fondo: debe estar rodeada por agua. Puedes intentar modificar la
barrera para que tenga un aspecto punzante. Eso de un lado y una ola
gigante de otro, podrían darnos una rápida victoria, no podrá
resistir tanta fuerza...- Explicó.
-Pides mucho... eso, o tienes mucha confianza en mí- Admitió
ruborizada- Está bien, haré lo que pueda.
Las dos salieron, mirándose mutuamente, confiadas. Parte de su
entrenamiento era que aprendieran a luchar en equipo.
Erzzhia había sido llevada ante Sage, que observaba atentamente la
meditación de Revelación.
-Bien. ¿Has terminado de relajar el cuerpo y la mente? “Eso” que
te he enseñado te ha agotado demasiado. Pero ya te advertí que aún
queda uno de los núcleos centrales de tu entrenamiento. Para ello,
cuento con tu ayuda, chica- Hizo un gesto a la I-Men para que se
acercase- Tengo que decirte antes que nada que tienes una resistencia
admirable- La chica se miró los brazos. Estaba llena de moratones-
Luego nos ocuparemos de esas heridas. Ahora debo pedirte que entrenes
el Agua, a pesar de haber entrenado la Tierra. Puesto que Revelación
tiene capacidades de vidente y tú puedes establecer vínculos, es
importante que aprendáis a “sentiros”. Así, si en algún
momento os separáis en grupos u os dividís, Revelación podrá
transmitirte un poco de lo que percibe, aunque sólo sea mínimo. Si
por el contrario, la habilidad de un enemigo es psíquica, Erzzhia
será un freno para los que intenten meterse en la cabeza de mi
alumno. Espero que no te importe seguir entrenando, jovencita-
Murmuró Sage.
La chica asintió sin mostrarse demasiado entusiasta.
-Ahora introduciré perturbaciones psíquicas dañinas en el cerebro
de Revelación. No serán tan potentes como las ilusiones de
Mentalizer, pero tampoco serán débiles. La idea es intentar generar
ilusiones, con las que dañaros y confundiros. Erzzhia tendrá que
activar un vínculo de primer nivel con él. Sentir el dolor mental
que experimente. Sólo de este modo podrá producirse vuestra
“conexión”. Debéis conocer vuestras mentes. La diferencia con
el entrenamiento de antes se basa en que con estas ilusiones puedo
dañar vuestras mentes al instante, con ellas, dañar también a
vuestro cuerpo. Pero vuestro objetivo no es esquivarlas, sino
resistirlas y sentirlas, sin perecer. Si cuando termine cada tramo de
este entrenamiento continuáis debidamente cuerdos, estaréis
haciendo más resistente vuestra mente. Y, con ello, más clara.
Joven, coloca la palma de tu mano extendida sobre el hombro de
Revelación. Y cierra los ojos todo lo fuerte que puedas- Ambos
cerraron los ojos. El místico estaba en posición de loto, con la
mente despejada. No pensaba en nada más que en aguantar la ilusión
con firmeza. Si no lo hacía, Erzzhia sufriría por sus errores.
-¡Adelante!- Decidió Sage. Cerró sus ojos y comenzó a enviar
ilusiones dañinas a la mente del I-Men.
Revelación se vio a si mismo, junto a Erzzhia y el Capitán Vasco en
un lugar donde reinaba la oscuridad de la noche. No era capaz de ver
y sólo sentía un miedo incesante. Erzzhia comenzó a temblar a su
lado y también al margen de la ilusión, frente a Sage. Revelación,
envalentonado, comenzó a andar unos pocos metros con el Capitán,
hasta que alcanzó a su nariz un fuerte olor a moho. Caminó
impulsando por ese mal olor hasta que notó que estaba pisando un
brazo. En ese momento, como si una luz se encendiera, pudo ver con
claridad que se trataba de los cadáveres de algunos de sus amigos:
pudo distinguir a Eliart, a Shadow, a Celestina y a Demongirl. Se
volvió para sugerir a Erzzhia que no se acercase, pero ésta había
escuchado en su cabeza una voz muy insistente. Tanto, que había
tenido que avanzar a pesar de sus temblores iniciales. Al ver a su
hermano en el suelo, con el rostro demacrado, ojos y boca abierta, no
pudo evitar emitir un grito. Al instante, abrió sus ojos y volvió a
la realidad. Se llevó las manos a la boca y pudo comprobar que su
labio estaba sangrando.
-Te dejas llevar con demasiada facilidad, chica. Y eso no te hará
bien. Al dolor que le causan las ilusiones a Revelación, has añadido
el tuyo propio, que era aún mayor. Intenta ser fría como un témpano
de hielo y resiste. Son sólo ilusiones. Sólo eso. Recuérdalo-
Sugirió el maestro- Venga, empecemos de nuevo.
La chica extendió su mano de nuevo y fue transportada a aquella
horrible ilusión. Aquello le estaba sobrepasando.
Demongirl estaba confusa. Acababa de conocer a una persona que tenía
poderes similares a los suyos pero que los dominaba con gran
maestría. Además, estaba viva. ¿Habría mucha gente con poderes
que no había tenido que sufrir el juego? Si era así, ¿cómo
lograban esconderlo? ¿Sería también obra de los GM? Un colofón de
interrogantes llenaban su cabeza. Pero ahora tenía una nueva meta:
volver a ver a Lilith y demostrarle que era más habilidosa que ella.
Daba igual el tiempo que tuviese que pasar pero, sabiendo que estaba
viva en algún lugar de la Tierra, podría retarla. La chica-demonio
sentía una mezcla entre admiración y recelo: no podía evitar
pensar en ganarla.
“David... ahora tengo algo nuevo por lo que luchar. Este objetivo
me dará fuerzas para seguir luchando en este juego. Se que me
protegerás allí donde estés”, meditaba, sonriendo por primera
vez en mucho tiempo. Caminó sin descanso por donde había venido,
observando los montes de lava. Se cruzó con varios demonios en el
camino, pero muchos habían sido testigos de su combate con Lilith y
se apartaban al verla. Demongirl los miró con aire de superioridad
mientras se dirigía hacia la puerta. Y así, corriendo unos tramos y
andando a buen ritmo otros, la chica-demonio se apresuraba a llegar a
la puerta de entrada a esa dimensión. No paró ni un instante a
pesar del clima irascible de ese infierno. Debía llegar y ayudar a
Gaia. Fue cuando estaba a pocos metros cuando se encontró un gran
obstáculo. Un demonio de color negro, custodiaba la entrada junto a
otros diez. La I-Men sacó su espada de fuego e hizo un gesto con la
cabeza para que se apartaran, pues quería evitar toda clase de
peleas absurdas antes de entrar de nuevo en el juego. El demonio
negro se colocó frente a ella y miró con rabia a la I-Men.
-¡Tú... tú has acabado con mis compañeros!- Gritó con el ceño
fruncido- No saldrás de aquí con vida. Yo, el Gran Señor Lavarián
me encargaré de ello- Concluyó mientras hacía un gesto a sus diez
esbirros.
De los diez demonios, tan sólo dos de ellos eran también demonios
de nivel dos, capaces de pensar y hablar antes de actuar. Demongirl
llamó a su poder demoníaco y logró cubrir de escamas sus brazos y
piernas en pocos segundos. Era preferible luchar con todo desde el
comienzo y acabar cuanto antes. Dos demonios se lanzaron a por ella
con sus respectivas porras, pero la I-Men supo sortear sus
movimientos, pues eran bastante predecibles. No obstante, los ocho
restantes conformaron un círculo rodeando a la chica-demonio.
-¡Atacad, ahora!- Dijo uno de ellos. La mayoría se lanzaron hacia
ella sin romper su formación en círculo, haciendo que tuviese que
batirse contra algunos de ellos. Empleando la astucia, Demongirl se
situó frente al demonio que había dado las órdenes. Un demonio de
metro y medio y de color rojo. Con la espada de fuego, abatió sus
porras y logró hacerle un corte profundo en el estómago. Mientras
se resentía, la joven corrió a combatir al otro demonio de nivel
dos, al que azuzó con varios puños directos, imbuidos con su sangre
demoníaca. En escasos minutos ambas criaturas estaban aturdidas.
Sólo quedaban los demonios básicos y Lavarián, que se había
alejado del escenario del combate. Al ver a sus superiores heridos,
los ocho demonios restantes enloquecieron y golpearon envueltos en
furia. Sin embargo, ni su velocidad ni su fuerza le parecieron gran
cosa a Demongirl que, a pesar del cansancio, sólo recibió un par de
golpes fuertes de entre todos ellos. Hizo una ligera parada para
llamar a Destello y, tras deslumbrarlos, cortó en dos mitades a la
mayoría de los demonios. Sólo dos de los que conformaban el círculo
quedaron en pie y decidieron huir.
“Vaya... a pesar del cansancio me he deshecho de la mayoría
rápidamente. Y siento que podría seguir peleando, aunque no quiero
agotarme. En verdad esa tal Lilith me ha enseñado mucho”, pensaba
llena de orgullo. Tras un leve paréntesis, fue hacia Lavarián
dispuesta a acabar con él con su espada incandescente. El demonio
negro la miraba ahora boquiabierto e hizo ademán de querer evitar la
batalla. Era consciente de la clara superioridad de la I-Men.
-Has hecho que me retrase. Ya es demasiado tarde para perdonarte la
vida- Sentenció.
Lavarián mostró una velocidad mayor que el resto que sus
acompañantes, logrando esquivar la hoja incandescente en dos
ocasiones. Pero era insuficiente, ya que Demongirl se movía con
mayor destreza. Tras intercambiar varios golpes a corta distancia, la
I-Men le cortó por la mitad, verticalmente, partiendo de su cabeza y
llegando hasta sus pies. Pronto, el fuego acabó chamuscando al ser
que había sido su último obstáculo para regresar al mundo del
juego. La I-Men observó la puerta.
“Chicos, estoy preparada. Voy a volver para que ganemos a Gravitta.
Gaia, David, haré que os sintáis orgullosos de mí”, se
mentalizó mientras la abría.
Waver y Garra estaban preparadas para acabar con la hidra. Siguiendo
el plan propuesto, Waver cerró los ojos y llamó a todo el agua que
fluía en su interior. Al poco, una aura azul como el mar rodeó su
cuerpo y el agua comenzó a acumularse, cubriéndola por entero.
Garra entretuvo a la bestia mientras tanto, lanzado cuchillas a larga
distancia. Al cabo de un rato, y antes de que la hidra pudiese quemar
de nuevo a su compañera, Waver había logrado generar una
impresionante barrera basada en capas de agua bastante densas. El
agua estaba a temperaturas muy bajas.
-Lo he... logrado- Dijo Waver. Ahora todo dependería de la
estrategia planeada. Cubiertas por la barrera, ambas I-Men avanzaron
en dirección a la hidra, que también iba a su encuentro expulsando
llamaradas por cada una de sus dos cabezas. Envuelta en agua, Garra
salió al encuentro de la hidra, evitando sus coletazos y el fuego
con el mayor de los cuidados. Varias cuchillas causaron rajas
profundas en las patas de la hidra, lo que la hizo ir más despacio,
gimiendo de dolor.
-Bien, ya está herida. Ahora sólo tengo que seguir haciendo lo
mismo un rato más... no avances hasta que sea el momento- Propuso
Garra. La otra adolescente asintió y generó una espada de agua,
ordenando conformarla con su propia mente. Estaba muy orgullosa de
lograr manejar tanta cantidad de agua sólo desde su cerebro. “Esto
debe ser lo que quería Sage. Que no me disperse y utilice todas mis
habilidades para luchar”, meditaba sonriendo.
Garra atacó a la hidra portando la espada de agua y logró cortarle
las dos patas delanteras, dejándole tan sólo las dos traseras. Ese
corte fue un punto de inflexión en la batalla. Como consecuencia de
encontrarse sin sus dos patas delanteras, con las cuales se impulsaba
para acercarse a sus presas, reaccionó soltando todas las llamaradas
que eran posibles. Finalmente, Garra no pudo esquivar el fuego. El
fuego de la hidra rodeó a la I-Men. Aunque ésta estaba cubierta por
una fina capa de agua, ésta no tardó en evaporarse y parte del
fuego alcanzó a la adolescente.
Aprovechando que la joven yacía en el suelo, la hidra se dirigió
hacia ella con intención de herirla con su fuego y tras esto,
aplastarla. Consciente, Waver centró sus pensamientos en un único
objetivo: aumentar el tamaño de la barrera. A los pocos segundos,
varias corrientes de agua surgieron verticalmente al lado de Garra,
justo en el límite donde se encontraba la hidra. Garra se sintió
aliviada: gracias a la estrategia conjunta de ellas dos, la batalla
estaba casi decidida y se había salvado de unas quemaduras que, por
profundas, podrían haber sido irreversibles. La corriente de agua
fría arrastró a Garra junto al lugar de la barrera en que se
encontraba Waver.
-Quédate cerca de mí por si fracaso- Insistió Waver al tiempo que
cerraba los ojos. La hidra comenzó a lanzar llamaradas contra la
barrera, pero estas no lograban derruirla. De pronto, la capa
superior de la barrera comenzó a transformarse y una gran cantidad
de pinchos duros y afilados, como las hojas de una espada, se
expandieron por toda la barrera, protegiéndola de posibles amenazas.
Lo habían logrado- ¡Prueba el “modo erizo” de la barrera de
agua!- Bramó Waver, ordenando que la barrera avanzase frente a la
hidra. Enojada de que sus llamas no surtieran efecto, la hidra
comenzó a embestir con fuerza a la barrera, siendo alcanzada por
innumerables pinchos, que la dejaron prácticamente sin poder
moverse.
Garra observó que su amiga estaba ya muy débil, así que salió
lentamente de la barrera y lanzó varias cuchillas al corazón de la
hidra.
-No será necesario que generes una marea de olas para que acabemos
con ella. Yo le daré muerte, tú solo mantén la barrera- Explicó
Garra. Tras unos minutos más recibiendo golpes cerca del corazón,
los ojos de la criatura comenzaron a cerrarse y detuvo sus
movimientos. Había sido derrotada.
-Lo hemos conseguido- Finalizó Waver dejándose caer a descansar.
-Sí, y según Sage ésta era la última prueba. Nuestro
entrenamiento ha concluido.
Descansaron durante un rato y cuando abrieron los ojos había una
puerta igual a la que habían abierto para ir ahí. La puerta tenía
un aura misteriosa de poder. Las chicas se miraron y se incorporaron,
dispuestas a traspasar el umbral y volver al cruel juego.
El Capitán Vasco había visto cómo Dayana desaparecía después de
haberle besado en sus labios. Estaba anonadado. El mundo estaba lleno
de gente muy poderosa, más que él incluso. Eso le permitía
confirmar que tenía que seguir entrenando sin descanso. Tenía unos
amigos maravillosos y lucharía para no perderles. Por otra parte, se
encontraba muy confuso. Su padre le había ocultado que tenía
poderes durante toda su vida. ¡Su propio padre, la persona en la que
más confiaba! No paraba de hacerse preguntas al respecto. ¿Cuál
sería exactamente la naturaleza de las habilidades de su padre? ¿Era
posible que no hubiese heredado ninguna de ellas? ¿Qué sabía
acerca de ese tal Cerebro que decía enfrentarse a los GM? No era el
momento de darles respuesta, pero no podía evitar tenerlas en mente.
Por otro lado, tenía que hacer lo posible para restablecer el
orgullo que los destructores le habían arrebatado, dejándole por
los suelos. Tenía que hacerlo en memoria de su amiga Ana y también
por su mejor amigo, que fue víctima de sus primeros fracasos como
Capitán, en la ciudad de Bilbao. No podía permitir que el Guerrero
Celeste, Gaia, Waver, Eliart ni cualquiera de sus compañeros
muriera. Caminó hasta donde se hallaba la puerta y encontró algunos
trozos de las dianas que había roto al principio de su
entrenamiento.
-Gracias por todo lo que me has enseñado, Dayana- Dijo levantando la
vista hacia el cielo- Nunca te olvidaré.
Sin perder ni un instante, abrió la puerta de vuelta.
El Guerrero Celeste volaba en aquella dimensión a toda prisa, en
dirección a la puerta. Era consciente de todo lo que había logrado
aprender de su maestro.
“Siento que ahora puedo cortar cualquier cosa gracias a mi dominio
del viento. Nada ni nadie podrá detener mi espada vendaval”,
meditaba lleno de energía. Al cabo de un rato llamó al viento y se
dejó arrastrar por él por los cielos. Era tan agradable y seguro
para él, que sería mejor no gastar energías volando antes de la
batalla. Mientras se dejaba llevar, pensaba acerca de la conservación
que había tenido con Eliart en relación con el juego. “Me
gustaría que fueras tú el que ganara ”, le había hecho saber el
líder de los I-Men. A pesar de que no estaba muy de acuerdo con que
debiese ser él, sabía que podría llevar semejante peso sobre sus
hombros, incluso sí debía batirse después con los GM por su propia
cuenta. Estaba preparado para asumir su destino, fuera cual fuera. No
obstante, le preocupaba mucho el destino de su hermana pequeña,
Erzzhia. Haría lo que fuese por protegerla.
Pasó bastante tiempo, pero finalmente llegó a la puerta que
conducía al juego. Ahora sólo faltaba entrar y disponerse a
combatir contra los hombres de Gravitta. Confiado, abrió la puerta a
la espera de su aventura.
Gaia había pasado varias horas perdiéndose entre la maleza de los
bellos paisajes, portando el legado de Vanaheim,
aquel misterioso cetro, en su mano derecha. Se sentía decidida a
luchar, al contrario que de costumbre. El conocer a Hiedra tenía
mucho que ver con ese cambio de actitud: seguía sin gustarle pelear
pero era consciente de que tenía que velar por la naturaleza y por
la vida que de ella emana. Contra los psicópatas que les habían
encerrado en ese juego, la lucha era el único camino posible.
Físicamente, también estaba un poco cambiada. Su cabello rubio
había crecido y además, fruto de su entrenamiento una especie de
círculo se dibujaba ahora en su frente, de manera permanente, como
si se tratarse de un lunar. De sus límites emanaba un pequeño aura
de color verde claro. El color que representaba a la naturaleza. Tras
varias horas de caminar contemplando la naturaleza, decidió
acelerar.
“Espérame, Eliart, ya llego. Ahora seré mucho más
tenaz en la batalla, ya verás. Aunque no lo haré por ti, sino por
mi hermana y el equipo. Debemos ser conscientes de a qué nos
enfrentamos y hacerlo sin reparo. Lucharé sin poner mala cara,
aunque sólo sea por esta vez”, reflexionaba, siendo consciente de
lo mucho que echaba de menos a sus compañeros, en especial a Eliart
y a su hermana.
Finalmente llegó. La puerta de salida estaba junto a
ella y una vez la cruzase no habría vuelta atrás. Se volvió para
contemplar por última vez ese paisaje lleno de colores.
-Volveré a este lugar, lo presiento- Dijo mientras
cruzaba el umbral hacia la dimensión donde se encontraba el padre
del Capitán Vasco.
Eliart bajaba la montaña desde la última choza
empleando para ello su máxima velocidad. Al tiempo que escalaba,
sentía cómo la energía fluía en el interior de sus músculos.
Puesto que ya había finalizado el entrenamiento y urgía llegar a la
dimensión del juego lo más rápido que fuese posible, alternaba el
empleo de sus signos más rápidos, como Leo y Aries, con el uso de
su propia destreza. De esta manera, la bajada se hacía más
llevadera y tampoco se agotaría por usar los signos en exceso.
Después de quince días entrenando con Wakabahashi, Eliart se sentía
una persona diferente, capaz de ser el líder que los I-Men
necesitaban. Sus principios eran más firmes, su espíritu y su
cuerpo, más fuertes, y tenía claro que no pararía hasta comprender
los misterios que rodeaban al juego... ni tampoco hasta entender los
que acontecía a sus poderes. Desde que su maestro le había contado
la leyenda del portador del Zodiaco Original, tenía la ligera
sospecha de que su nombre de jugador no era casual y no paraba de
preguntarse qué significaría todo aquello.
“Quizás el futuro traiga respuestas, ahora debería
centrarme únicamente en salvar a mis compañeros”, se dijo
mientras negaba con la cabeza, tratando de rechazar estas incómodas
cuestiones. Sin embargo, teniendo el libro en sus manos, no pudo
evitar parar unos instantes para saber más sobre la leyenda del
antiguo Eliart. De este modo, abrió el libro por una página al
azar, aproximadamente cerca de la mitad. Para su sorpresa, no
contenía letra legible alguna, al menos en castellano. Se trataba de
una serie de símbolos geométricos, que no le recordaban a ningún
idioma actual conocido. Abrumado, cerró el libro con pesar y a los
pocos segundos, reaccionó de manera positiva, mostrando una leve
sonrisa. “Ju, ju, veo que tengo razón. El misterio tendrá que
esperar. En cierto modo, es mejor que sea así. Podré centrarme
únicamente en mi objetivo”. Así, con aire amenazante y pensando
en los destructores como su objetivo prioritario, el I-Men continuó
e, impulsado por Leo, llegó hasta la cuarta choza antes de que el
sol comenzase a ponerse. Anduvo unas dos horas más y cuando estaba
apunto de terminar de escalar el segundo tramo de la interminable
montaña, sus reflejos fallaron y estuvo apunto de caerse. Por
suerte, se agarró a una rama de arbusto con una de sus manos y a una
pequeña roca bastante erosionada. Se paró en seco en aquella
peligrosa posición, sin apenas fuerzas.
“Parece que tanto entrenar y luchar me está pasando
factura, no es normal que esté tan cansado... será el esfuerzo que
hice para lograr frenar la Voluntad de Dragón”, meditaba mientras
trataba de no caerse. “Aquel aura roja del Dragón emanaba una
energía extraordinaria.” Al recordar a su maestro, el líder se
mentalizó. Sus fuerzas no podían flaquear en ese preciso instante.
-No puedo fallar ahora, ya habrá tiempo para descansar-
Dijo llamando a las últimas energías que le quedaban. Con firmeza,
impulsó su cuerpo hacia abajo, hasta que dio con una roca que
parecía sólida. Después, bajó sus manos. Así, al cabo de pocos
minutos y haciendo uso exclusivo de sus músculos, alcanzó la
primera choza.
Cuando se disponía a bajar, notó que una nueva y
extraña energía le inundaba todo el cuerpo. El I-Men se sintió
alegre, porque sabía que se trataba de otro signo. Un guerrero
alado, portador de una enorme flecha, se dibujó en su frente,
conformando un círculo, como era habitual. Un aura blanca, como la
que comenzó a brillar levemente cuando trataba de frenar al Dragón,
le rodeó por entero.
-Vamos, allá ¡Escorpio!- Dijo con ganas de comprobar
el efecto de su nuevo signo. Sin embargo, nada sucedió.
“Que raro. ¿Por qué no reacciona?”, pensó el
líder de los I-Men. El líder repasó, contando con los dedos. El
orden del zodiaco griego y pudo comprobar que, efectivamente, el
signo número ocho, que correspondía al período que abarca del 23
de octubre al 21 de noviembre, no era otro que Escorpio. Pero, ¿y si
por lo que fuese, no se trataba de él? Eliart nunca se había parado
a pensar en que los signos pudiesen despertarse en desorden, ya que
nunca había sucedido, pero tampoco sabía mucho acerca de sus
poderes. Recordó que había notado como si una flecha se dibujase en
la frente. “Una flecha... creo que ya sé que signo acabo de
despertar.”
-Muéstrame tu poder, ¡Sagitario!- Exigió el I-Men al
tiempo que el aura blanca acudía a toda prisa, respondiendo a su
llamada. De pronto, de su espalda, a la altura de cada uno de los
omóplatos, surgieron dos inmensas alas compuestas por blancas y
duras plumas. El I-Men miró sus alas de arriba a abajo, fascinado.
Sin perder ni un segundo, se lanzó al vació y se concentró en
mover las alas que respondieron con un aleteo rápido. No se lo podía
creer, ¡estaba flotando! Imbuído por el aura blanca, bajó volando
el tramo que le faltaba para alcanzar la puerta donde todo ese
entrenamiento empezó. Durante los escasos minutos que tardó en
bajar contempló el horizonte y las nubes, sin acabar aún de
creérselo. Emocionado, dejó caer unas lágrimas de sus ojos
mientras aterrizaba. Acaba de cumplir el sueño de volar como las
aves.
Miró la puerta de salida, con mucha más calma y
energía.
-Bien, estoy preparado para la batalla. Venceré a
Gravitta si es necesario y no permitiré que les suceda nada malo a
mis amigos. Ni tampoco a ti, Gaia- Dijo mientras pasaba por la
puerta.
Mientras todos se dirigían hacia sus respectivas
puertas, Revelación y Erzzhia llevaban mucho tiempo resistiendo
fuertes ilusiones que les herían tanto el cuerpo como la mente.
Habían logrado sobrevivir al dolor causado por la muerte de sus
compañeros y más tarde habían sufrido las temperaturas más
extremas, propias de un cráter lleno de lava y más tarde de una
extensa llanura congelada. Habían resistido el dolor de andar sin
demora durante días y días, sin comida ni agua, para más tarde
librar una batalla con lo que parecía ser una especie de jugador
enmascarado y muy habilidoso que les derrotó con mucha facilidad. En
ese momento, sin embargo, se encontraban contemplando sus propias
muertes en una especie de Nada. Se trataba de un lugar totalmente
blanco, un espacio vacío que no parecía tener final. Tan sólo
podían distinguirse nítidamente sus cuerpos destrozados y sentían
que estaban fuera de ellos. Dos sombras hicieron su aparición
entonces, armadas con cimitarras y se dispusieron a atacarles.
Revelación trató de defenderse con su cetro pero no consiguió
invocar ningún elemento y la sombra le alcanzó con su puño
diestro. Erzzhia, decidida, encaró a la otra sombra con una tanda de
ataques físicos, combinando a cierto ritmo, puñetazos y patadas.
Mas la sombra se mantenía derecha, como si nada ocurriese.
En la dimensión de Sage, los dos estaban sudando sin
parar, temblorosos y con varias heridas. Fue al cabo de un tiempo
cuando el maestro dio una palmada y deshizo la ilusión.
Revelación abrió los ojos lentamente, seguido por
Erzzhia.
-Enhorabuena, habéis superado todas las ilusiones que
tenía previstas para vuestro entrenamiento conjunto. Revelación
podrá enviarte algunas de las señales que percibe en sus
predicciones, aunque no te será fácil identificarlas. No obstante,
vuestra conexión ya está en marcha- Explicó Northern-Tened,
lavaros la cara con agua fría, os servirá para despejaros- Propuso
mientras les alcanzaba un pequeño cubo lleno de agua. Ambos
asintieron y se lavaron- Es que tenéis que estar presentables-
Prosiguió, sonriente- Vuestros amigos deben de estar apunto de
llegar.
Así, la puerta que estaba más arriba de todas, la que
conducía al lugar de entrenamiento de Waver y Garra, fue la primera
en abrirse. La recién llegada a los I-Men salió, seguida de Waver.
Ambas estaban dispuestas a seguir luchando, a pesar de su cansancio.
Se acercaron y abrazaron a Erzzhia y Revelación.
-Gracias por proponernos entrenar a nosotras también,
Sage. Estos días en esa dimensión nos han ayudado mucho- Agradeció
Garra.
-¿Y los demás?- Intervino Waver.
-Acomodaos, acomodaos. No creo que tarden en llegar.
Cuando lleguen todos, examinaré los resultados de vuestro
entrenamiento, uno por uno, y os daré un mensaje importante- Informó
el padre del Capitán Vasco. Precisamente el vasco fue el siguiente
en llegar, cerrando la puerta de un portazo. A pesar de caminar con
un traje de doscientos kilos, corrió en dirección a su padre.
-¡Prueba superada, papá!- Se alzó orgulloso el
Capitán mientras los dos se abrazaban- Ahora tenemos mucho de que
hablar.
-No, hijo. No es el momento. Te explicaré esto cuando
vuelvas a la Tierra. Como dices, hay mucho de que hablar. Y la
batalla contra los destructores no puede esperar tanto.
-Vale, tienes razón. Lo comprendo- Admitió el Capitán
Vasco bajando la cabeza.
-No te desanimes, hombre. Piensa en que dentro de muy
poco podrás comprobar el resultado de tu entrenamiento- Le dijo su
padre, colocando su mano sobre los hombros de su hijo.
Revelación contempló la escena con ternura. Hacía
mucho que no veía a su familia y algunos tenían la suerte de poder
verla hasta en el juego. Por otra parte, el místico percibía el
enorme crecimiento del potencial del vasco durante su entrenamiento.
“Es increíble. No tiene parangón con la energía que emanaba
antes. ¿O será sólo que ahora capto mejor estas sensaciones?”.
La puerta que estaba justo enfrente de la del Capitán
se abrió de par en par y de su interior apareció el Guerrero
Celeste, quien se acercó a sus compañeros volando. Su pelo había
crecido, tenía ahora un poco de melena. Parecía más delgado
también.
-¡Hermano! Qué bien que estés aquí- Le abrazó
Erzzhia corriendo.
-Quita, quita, mujer. Yo también te echaba de menos-
Admitió, apartándose- Vaya, veo que el Capitán don nadie ha
llegado antes que yo. Tu entrenamiento ha debido de ser muy fácil.
El vasco no tardó en responderle y ambos empezaron a
discutir como de costumbre. Al poco, Shadow y Kya llegaron. Shadow
tenía barba de dos días y una pequeña perilla. Kya no estaba muy
cambiada, pero su semblante era diferente y su mirada, más profunda.
-Hola chicos. Ya estamos aquí- Dijo la pareja al
unísono. Todos se saludaron. El resto no tardarían mucho. Una de
las tres puertas que quedaban se abrió ligeramente y, sin emitir
apenas ruido, una joven rubia y confiada hizo su aparición, portando
un cetro blanco y emitiendo un aura verde fluida.
-Guau, ¿esa es Gaia?- Comentaron el Guerrero y Shadow,
extrañados.
-Se te ve... diferente- Admitió el Guerrero Celeste.
-Gracias... supongo- Dijo la rubia guiñándole un ojo.
Su cabello tenía más capas, señal de que había debido de pasar
una buena temporada en su universo. El círculo de su cabeza también
llamaba la atención. En cambio, seguía tan tranquila como siempre-
¿Y mi hermana? ¿Y Eliart?- Preguntó tras observar que no estaban.
-Justo son los dos únicos que aún no han llegado.
Espero que no tarden- Comentó el anciano, ligeramente preocupado.
Pasó alrededor de media hora y ni Demongirl ni Eliart habían
aparecido. Sus compañeros comenzaban a estar inquietos. ¿Habrían
superado sus respectivas pruebas?
Durante ese lapso de tiempo, Shadow se había apartado
de sus compañeros. Anduvo dos manzanas hasta estar lo
suficientemente alejado, pues quería hablar en privado con Rencor.
Invocó a su sombra por unos momentos.
-Tranquila, no estoy en medio de ningún combate. No vas
a tener que esforzarte. Sólo te he llamado porque hay algo que
necesito que me expliques- Aclaró el I-Men. La sombra se manifestó
a su lado.
-Dime. ¿Para qué me has invocado? Estoy muy cansado
y…
-Ya te he dicho que no es para pelear. Descuida. Es que
el entrenamiento con Dark Night me ha hecho pensar en nosotros, en
nuestra relación de sombra y portador. No quiero que nunca lleguemos
a enfrentarnos como lo hicieron Malicia y Dark Night- Ambos se dieron
la mano- Por eso, quiero que confiemos el uno en el otro. Quiero
conocer tu pasado. Me extrañó cuando dijiste que Malicia era “una
parte de ti” y que le habías conocido. ¿Podrías explicármelo?
-Shadow... tú
siempre tan amable. Dudo mucho que tú y yo acabemos siendo algún
día como Dark Night y Malicia. Tu has sabido entenderme desde el
principio y has contrarrestado las tentaciones hacia la oscuridad que
tengo por mi naturaleza como sombra, con muy buenas compañías que
te han hecho cambiar.
El moreno escuchaba atentamente y asentía. No quería
interrumpirle.
-Verás, te
lo contaré todo. Las sombras nacemos y vivimos en un mundo sombrío
hasta que un portador despierta nuestro poder. Cada una va
desarrollando su personalidad poco a poco, pero al principio somos
parte de un Todo. Una gigantesca masa de sombras de la que vamos
desprendiéndonos poco a poco. Esa primera etapa de nuestras vidas
sirve para transmitirnos la Esencia de las Sombras.
-¿La Esencia de
las Sombras?- Le interrumpió su portador con gesto de incrédulo.
-Sí, así la llaman los Viejos Maestros, que son
sombras que nunca llegan a tener portador y se encargan de regentar
ese mundo, ayudando al Gran Rey. La Esencia de las Sombras es
básicamente buscar poder, de manera insaciable. Normalmente estas
ansias, por nuestra naturaleza como sombras, nos las calman la
oscuridad y la maldad, que nos permiten ser poderosos con más
facilidad que siguiendo un camino recto. Por ello, cuando el espíritu
del portador es débil, tarde o temprano sucumbe a nuestra esencia y
se vuelve malvado. En otras palabras, el portador se consume y se
deja dominar por la sombra. Sin embargo, el objetivo de las sombras,
y así nos lo dicen cuando adquirimos personalidad y “cuerpo”
propio, es ayudar al portador. El portador debe ser capaz de ser uno
con nosotras y colmar nuestra necesidad de poder pero siguiendo el
camino y los límites que él mismo establezca. Nuestro portador debe
controlar nuestras ansias con firmeza, pero también con comprensión
y respeto. Por eso, creo que aunque algún día, cuando crezca un
poco más, mi esencia como sombra me desborde, tu sabrás cómo
frenarme y devolverme al camino correcto-
Comentó detalladamente, Rencor, sonriendo.
-Por eso conocía a Malicia. Estuvo siendo parte de
un Todo al mismo tiempo que yo. Aunque él se desarrolló muy rápido
y pronto tuvo carácter y personalidad propio. Para cuando yo ya
estaba fuera de ese Todo, él era una sombra bastante mala. Había
interiorizado mucho nuestra esencia como sombras y la había
entrenado para despertar un mayor poder. Se dedicaba a mofarse de los
que aún éramos pequeños y apenas teníamos fuerza- Finalizó.
-Entiendo. No has tenido una infancia fácil. Pero ahora
que estamos juntos todo eso va a ser diferente. Yo te controlaré
cuando tus ansias nos desborden, tranquilo. Juntos seremos poderosos,
Rencor- Le confirmó mientras le ordenaba volver a su dimensión.
Volvió hacia donde estaban sus compañeros, que todavía esperaban a
Demongirl y Eliart. Sentía que ahora se conocía un poco más a sí
mismo.
Finalmente, de una de las puertas salió Demongirl.
Había adelgazado un poco y fortalecido sus músculos. Abrazó a su
hermana y a sus compañeros.
-Estábamos preocupados. ¿Cómo es que has tardado
tanto?- Preguntó su hermana mayor.
-Bueno... enfrentarse con treinta demonios no es tarea
fácil- Dijo exagerando su hazaña.
Cinco minutos más tarde, la última puerta se abrió.
-¡Ahí está Eliart!- Gritó el Guerrero Celeste. El
líder de los I-Men apareció rodeado por el aura blanca y mostrando
sus alas. Todos los I-Men se quedaron impresionados al ver semejante
habilidad.
-Me apetecía volar- Explicó el líder con sencillez.
Revelación trató de sentir su energía y se quedó
maravillado. Físicamente también estaba algo cambiado. Su pelo
negro había crecido y estaba algo desordenado, sus músculos
parecían más fuertes y estaba más confiado que de costumbre.
Saludó a todos sus compañeros tras deshacer a Sagitario, con un
fuerte abrazo.
-Se nota que hemos entrenado sin vacilar, con todas
nuestras fuerzas. Pronto será el momento de demostrárselo a
Gravitta- Propuso el líder de los I-Men.
-Vaya, has perdido peso- Comentó Gaia, antes de que
ambos se besaran.
-Sí, mi maestro me dio mucha verdura y mucho pescado-
Tras unos minutos de esparcimiento, Northern Sage se dirigió a todo
el equipo.
-Lo primero que os quiero decir, es que estoy muy
orgulloso de todos vosotros. Habéis sido capaces de superar vuestros
entrenamientos con resultados satisfactorios. Ahora Cerebro y yo
sabemos que podemos confiar en vosotros. Es por ello que os traigo un
mensaje de su parte, escuchad atentamente, chicos- Cerró los ojos y
se dispuso a hablar. Su tono de voz era diferente ahora.
-“Os he prestado ayuda porque sois las primeras
personas que aparecen capaces de cambiar el Juego. No estáis
obligados a ayudarme, pero apreciaría que os reunierais conmigo en
la Tierra. Mis fuentes dicen que pronto volveréis a la Tierra. En
dos o tres días a lo sumo. Estad preparados, enviaré a alguien a
veros para poder hablar con vosotros”- Transmitió el sabio.
-No hace falta que me deis una respuesta ahora mismo.
Cerebro se comunicará con vosotros cuando estéis en la Tierra y
decidiréis qué hacer. Tanto Cerebro como yo somos conscientes de
que no es una decisión fácil. Seguirnos le costó la vida a
Thunderman, sin ir más lejos. Meditadlo y procurad seguir vivos para
entonces.
Muchos se sintieron aliviados por saber que pronto volverían a la
Tierra, pero Kya miró a Shadow con cara de preocupación.
-¿Vas a dejarme sola de nuevo, Shadow? No sé si podré soportar
tanto dolor ahora que sé que todo mi pasado es, en realidad, un
conjunto de ilusiones que los GM han introducido en mi cerebro- La
chica-gato se sentía todavía muy agobiada, necesitaba el consuelo
de su chico y, ante todo, su comprensión. El moreno respondió
abrazándola como si no hubiese mañana.
-Tranquila, te prometo que no volveré a dejarte sola. Volverás
conmigo a la Tierra. Pero por ahora no te preocupes más.
Shadow sabía que sería muy difícil cumplir esa promesa. Mas si
alguien sabía como crear un agujero dimensional para comunicarse con
la Tierra, ése era Gravitta. A pesar de su maldad, nadie podía
cuestionar su inteligencia ni sus conocimientos científicos. Tal vez
ahora que iban a pelear era el momento de acercarse a él, de alguna
manera.
-Bien, os llevaré cerca de la Torre donde os aguarda Gravitta con
sus Destructores. Pero antes, es preciso que os toméis estas frutas
de nuevo. Recuperaréis las fuerzas perdidas y parte de vuestras
heridas comenzaran a curarse. Lamentablemente, no es mucho más lo
que puedo hacer por vosotros- Reconoció Sage- Os dejaré comer
tranquilos y después os llamaré uno a uno, para hacer una
evaluación general de vuestros entrenamientos.
Así, los I-Men devoraron las frutas como si llevasen años sin comer
y fueron llamados por Sage. La mayoría salieron muy contentos de la
conversación, conscientes de que se habían esforzado mucho pero
también de que era preciso seguir esforzándose, pues los jugadores
que iban sobreviviendo eran, lógicamente, cada vez más fuertes.
-Bueno, veo que estáis preparados para marchar. Os dejaré más
frutas para que tengáis provisiones. No puedo llevaros hasta la
torre, pero sí trasladaros a un lugar cercano.
-Oiga, una pregunta señor. ¿Cuánto tiempo ha pasado en el juego?-
Preguntó Celestina.
-Pues... cuando llegué ante vosotros era el día onceavo. Ese día
descansasteis y al siguiente partisteis a entrenar. Luego, fue el día
doceavo cuando comenzaron vuestros entrenamientos. Habéis estado
dos días entrenando con lo cual, ahora estamos en el catorceavo día
de juego.
Los I-Men no salían de su asombro. ¿Cómo era posible que hubiese
pasado tan poco tiempo en el juego después de tantos días
entrenando en las dimensiones? El mundo tenía muchos secretos que ni
siquiera alcanzaban a entender.
Eliart se volvió hacia el equipo. Quería estar seguro de que todos
habían asumido la dura batalla que les esperaba.
-Chicos, sé que la mayoría de vosotros sentís las mismas ganas de
revancha que siento yo. Sé que algunos tenéis razones de peso para
querer enfrentarse contra Gravitta- Miró a Gaia mientras decía esto
último- Pero aceptar la invitación a la torre donde se encuentran
conlleva muchos riesgos. Lucharemos con todas nuestras fuerzas y les
daremos un escarmiento, pero todos debemos estar preparados para
asumir lo que pueda pasar. Es, posiblemente, un reto de vida o
muerte. Así que, antes de partir debo preguntároslo una vez más.
¿Estáis conmigo?- Finalizó el I-Men.
-Por supuesto, amigo- Comentó el Guerrero, que seguía llevando la
piedra que el líder le entregó el primer día de juego.
-Te seguiremos hasta el final- Confirmaron Revelación y Gaia. Todos
asintieron. Por primera vez en mucho tiempo había unanimidad en
aceptar el desafío del científico.
-En ese caso, ¡vayamos, no hay tiempo que perder!- Propuso Northern-
Poneros en círculo rodeándome a mí. Os trasladaré lo más cerca
que pueda y mi misión aquí habrá concluido- Antes de
teletransportarlos, miró a su hijo- Podrás comentarme lo que
quieras cuando llegues a la Tierra. Te has hecho muy fuerte, hijo
mío. Estoy orgulloso de ti- Finalizó al tiempo que una radiación
de color azul envolvía a los I-Men y los transportaba al interior
del juego.
Mientras los I-Men se disponían a volver al juego, los Arcángeles,
uno de sus equipos rivales, estaba en medio de una ardua batalla.
Habían estado deambulando después de la pelea con los I-Men,
envueltos en dudas sobre el juego. Finalmente, encontraron un pequeño
campamento que convirtieron en su cuartel general. En ese preciso
momento, un grupo de séis jugadores que les habían asaltado
peleaban contra un nuevo miembro de Arcángeles, un tipo alto, fuerte
y de piel morena, Árkanon y Bianca. El resto estaban descansando en
el interior de la casa.
-Preparaos, compañeros. Aunque nos dupliquen en número, podremos
vencerles- Dijo Árkanon.
Uno de los seis desenvainó un corto acero a poca distancia de
Bianca, quien lo esquivó con un poco de dificultad. Otro, llamó al
poder de las rocas y un formidable y duro escudo hizo su aparición
en su mano derecha, al igual que lo hizo una espada dura como la roca
en la izquierda. Este jugador se volvió hacia el líder de los
Arcángeles, que ya se estaba ocupando de otros dos oponentes. De
pronto, un potente misil fue disparado desde el campamento, dando
alcance al escudo conformado por rocas. Un jugador con armadura
dorada y un reloj en la muñeca hizo su aparición.
-Tranquilos, hijos. El superhéroe Irons se ocupará del resto. Mira
que os dije que quería dormir y que no hicieseis ruido ¿eh?- Dijo
riéndose al mismo tiempo que su líder. Ambos habían hecho buenas
migas. Se pusieron en guardia, dispuestos a acabar con aquellos
jugadores a los que superaban ampliamente en fuerza y agilidad.
Los I-Men aparecieron con el atardecer en algún lugar de un frondoso
bosque y se dispusieron a comprobar dónde estaba la Torre. Aún
faltaba bastante, a juzgar por el mapa que venía en la invitación
de Gravitta. Pero debían continuar en línea recta. Aquel bosque era
tan precioso como extenso, mas no parecía tener pérdida siguiendo
lo explicado en el mapa. Sabían que Gravitta deseaba el
enfrentamiento tanto como ellos, con lo que era evidente que no
habían hecho el mapa para despistarles. Tras varias horas caminando,
comenzó a anochecer y decidieron el orden en el que harían las
guardias ya que podía resultar peligroso continuar caminando por la
noche. Divisaron un pequeño claro que resultaba ideal para
pernoctar.
-Será mejor que duramos aquí- Aconsejó el vidente- Mañana nos
levantaremos al alba.
De pronto, todos se quedaron paralizados. Un pequeño altavoz con el
signo “GM” surgió de la nada y una voz comenzó a hablar.
-Enhorabuena a todos los jugadores que seguís con vida. Está
siendo divertido ¿eh? Ja, ja, ja. Bien, como premio por haber
aguantado hasta la noche del catorceavo día de juego, vamos a hacer
que todos los jugadores cuenten con 3 vidas desde este momento, para
nivelar. Si alguno ha usado algún orbe de vida y contaba con más de
3, tendrá que asumir sencillamente, que ya no tiene vidas extra.
Bueno, os dejamos que sigáis luchando. ¡Suerte a todos, y recordad:
sólo puede quedar uno! ¡Ja, ja, ja.!-
Concluyó la escalofriante voz y el altavoz desapareció.
Los I-Men comenzaron a moverse y comprobaron que en sus tarjetas
figuraban las tres barras de vida. Entonces, Eliart no pudo evitar
preguntarse al respecto de lo que acababa de suceder. ¿Sabía
Cerebro que los GM iban a darles más vidas en ese preciso momento,
justo antes de batirse con Gravitta? ¿Era disparatado pensar algo
así?
En silencio, el equipo se acostó. El Guerrero Celeste se encargaría
de hacer la primera guardia.
Fin del catorceavo día de juego. Jugadores restantes: 82.
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