miércoles, 18 de noviembre de 2015

Capítulo 44 - 'El otro Eliart'

Demongirl desenvainó su espada al tiempo que la mujer que se hacía llamar Lilith. El arma de esta última era una estilizada katana de origen japonés. La I-Men sonrió al verlo. “Con un arma tan delgada seré capaz de atravesar sus defensas”, pensaba. Se lanzó sobre ella mientras enarbolaba su espada.
-¡Toma!- Lanzó un tajo directo al vientre de la rubia, que de un salto esquivó su ataque. Demongirl se sorprendió, pero levantó de nuevo su arma, justo a tiempo para bloquear el contra-ataque.
La morena puso algo de distancia al tiempo que invocaba su espada de fuego con la mano libre, parecía que aquella mujer le daría algo de guerra. Lilith ni siquiera pestañeó ante la segunda espada de su rival. De hecho se lanzó de cabeza contra ella, su katana se convirtió en un destello plateado y mortal. Usando ambas espadas Demongirl fue capaz de detener la acometida, pero entonces vio como la otra sonreía.
-Así no me detendrás- Susurró. Entonces los brazos de la rubia se tensaron y su musculatura aumentó de manera exagerada. Ante el despliegue de fuerza la I-Men no pudo hacer nada, salió lanzada hacía atrás, golpeando la roca de la caverna y quemándose la espalda. Lilith se irguió y miró con despreció a la chica- ¿Y con esa fuerza pretendes ganarme?
Demongirl esperó unos segundos en el suelo para recuperarse del impacto. -´Los reflejos de esta tía no son nada malos, tal vez debería pensar ir más en serio, me dejaré de juegos´-, meditaba. Se incorporó mirando a su contrincante, alzó ambas espadas y volvió a la carga. La rubia sonrió al tiempo que chocaban espadas. Las armas liberaban chispas con cada impacto.
-¡Ahora!- La espada incandescente emitió un brillo rojizo al tiempo que se prendía, tomando por sorpresa a Lilith. Demongirl comenzó entonces un furioso ataque combinando el poder de sus espadas y su agilidad. La otra sacó una de sus pequeñas dagas y se valió de sus propias armas para frenar a la I-Men. La I-Men veía como lograba pararla poco a poco, así que dejó que la furia viniera a ella. Las escamas negras cubrieron su mano derecha y comenzaron a subir por el brazo. Los ojos de la morena se pusieron rojos- ¡Prueba la fuerza del demonio!
El fuego de su espada se hizo más intenso, notaba como la fuerza aumentaba con cada pulsación. Lilith no se amedrentó, interpuso su katana entre ambas y sus brazos se hincharon de nuevo, obteniendo unos músculos enormes. Y Demongirl fue detenida de nuevo, para asombro de ella misma.
-Vaya, vaya, tienes un poder interesante ahí- Dijo Lilith al tiempo que se deshacía de la I-Men. Entonces envainó su katana y guardó su daga. La rubia estaba mirando fijamente los ojos de la morena, intentando ver algo más allá- Ya veo, esto debe ser cosa de Cerebro.- Cayó finalmente, aclarando sus dudas sobre por qué estaba en aquel lugar.
-¿Qué?- Demongirl se quedó de piedra, mirándola. ¿No se suponía que sus maestros estaban ya preparados para entrenarles?- No entiendo, ¿tú eres mi maestra, entonces?
-Bueno, no sé exactamente que te habrán dicho- Comentó Lilith mientras la miraba de aquella manera tan fulminante- Pero me da bastante lástima lo débil que eres. Y lo mal que usas tu sangre demoníaca- Parecía reflexionar- Cerebro ya me había advertido que tal vez me pediría ayuda, pero no imaginé que sería tan pronto, y menos aún para entrenar a una mocosa como tú.
-Oye, basta ya de meterse conmigo. Contestó Demongirl, airada- Puede que seas más fuerte que yo, pero nadie nace sabiendo, ¿o acaso siempre has sido tan poderosa?
-¿Yo? Sí, claro- Bromeó Lilith- Bueno, no sé exactamente como habrá hecho Cerebro para traerme. Lo más probable es que yo sea solo una copia creada a partir de la original... Pues estaba en la Tierra antes de ser traída aquí.
-¿Vives en la Tierra, dónde?- Preguntó la I-Men, ansiosa por saber más.
-Yo... no puedo decírtelo- Lilith parecía luchar en su interior- Creo que Cerebro aún no cree que estés preparada para esa información. Porque de alguna manera, no puedo recordarlo.
Demongirl se mordió el labio inferior. ¿Con que esas se traía Cerebro? “Si no quiere que sepamos toda la información, será porque tiene algo que ocultar, pero... ¿el qué?”. Ella no se fiaba nada de aquel tipo, en la Tierra no pudieron conocerle, y ahora después de tanto tiempo descubrían que era una especie de líder que luchaba de manera clandestina contra los organizadores del Juego. Y de manera totalmente independiente había sido capaz de introducir a unas entidades en el Juego, exclusivamente para que entrenaran con ellos y se hicieran más fuertes. ¿Por qué? ¿Qué intenciones escondía? Era evidente que quería usar la fuerza de los I-Men para sus propósitos. Demongirl agitó la cabeza. “Ahora mismo da igual, estoy aquí, y usaré a Cerebro y todos los medios que me de para hacerme fuerte... Y luego ya veremos si decido ayudarle”, decidió.
-Bueno, entonces puedes llamarme maestra, si te hace ilusión- Dijo Lilith al tiempo que desenvainaba de nuevo su katana- Pero no te piensen que voy a ser blanda o algo así. No se me da bien enseñar, así que tan sólo pelearemos hasta que seas capaz de dominar tu forma demoníaca. Ya eres fuerte, ahora lo que necesitas es experiencia, es entender tu poder.
-Perfecto, sin complicarse la vida... ¡directos al grano!- Contestó la morena mientras agitaba las espadas en sus manos.


Gaia ahora estaba en forma de árbol. A través de numerosos viajes por el árbol blanco de hojas multicolor, fue capaz de sincronizar sus sentimientos con la naturaleza. A partir del día en que lo descubrió pasaba las mañanas dentro del árbol, por la tarde luchaba contra Hiedra y antes de dormir meditaban, cada día en un lugar distinto. Sin embargo aquella mañana, su maestro se encontraba frente al árbol blanco. Parecía estar durmiendo, pero Gaia había aprendido mucho de él, y sabía que seguramente se estaría preparado para atacarla.
Así fue. Cuando estuvo los suficientemente cerca, Hiedra lanzó una raíz bajo la I-Men, pero esta la esquivó sin problemas.
-”Bien, bien. Desde luego ya eres otra persona totalmente distinta.- La halagó su maestro, hablando a través de la naturaleza, mientras la miraba.”- “Veo también que ya controlas la forma de árbol, no está mal. Noto tu fuerza fluyendo por todo el ecosistema.”
-Todo es gracias al entrenamiento... ahora me siento fuerte.
-Y lo eres, has despertado tu poder real, ahora ya no solo trabajas por el bien de la naturaleza. Ahora trabajas con la naturaleza- Contestó Hiedra con su propia voz mientras se levantaba. Gaia sabía que su maestro solo utilizaba su propia voz cuando quería decir algo importante, así que se tensó, preparada para escuchar
- Hoy ya no tengo más pruebas para ti, Gaia. Hoy tengo un regalo que ofrecerte, si eres capaz de tomarlo, claro- La rubia asintió. Estaba ansiosa- Cuando entre en el árbol de nuevo, este decidirá si estás preparado. Será la última vez que nos veamos, has crecido mucho. Cuando llegaste aquí solo eras un brote torcido, y ahora eres un fuerte roble.
Hiedra la abrazó, cosa que sorprendió mucho a la I-Men. Entonces se dio cuenta de que estaban despidiéndose.
-¿No te volveré a ver? ¿Dónde vives, maestro?- Preguntó ella, preocupada.
-Yo ya no vivo Gaia- Contestó él, solemne- Esto es una despedida, Cerebro ya ha usado los recuerdos que tenía de mí. Ya no queda nada. Ahora entra, el tiempo se agota.
Las lágrimas acudieron a los ojos de la chica. Realmente Hiedra había sido un gran maestro, en todos los sentidos. Era la persona que mejor le había comprendido en toda su vida y realmente lamentaba mucho tener que alejarse de él. Pero ahora sabía que la vida era así. Las cosas llegaban y se iban, tenía que aceptarlo. Se limpió los ojos y asintió, decidida. Había gente que la necesitaba. Aún en forma de árbol penetró en el tronco blanco y de inmediato la oscuridad se apoderó de ella. No miró atrás, pero sabía que Hiedra ya no estaba allí.
Sintió como regresaba a su forma humana, el árbol no quería que se presentara ante él con una forma que no fuera la suya. Gaia notó que aquella vez estaba penetrando realmente profundo dentro del hueco, hacia el centro del árbol. Hacia su corazón. Poco a poco la luz llegó desde el final del túnel, y la chica se encontró en un bosque. Espesa era la vegetación alrededor, dejando solo un pequeño sendero que seguir. A los pocos metros el sendero se abría, dejando un hueco en la arboleda. En el centro se hallaba un tocón blanco bañado por un haz de luz. Gaia sintió que aquel tocón era el corazón roto del árbol blanco, así que fue a sentarse sobre él.
Mientras meditaba sobre el tocón, el árbol comenzó a enviarle una vorágine de sentimientos. Gaia comprendió que se trataba de una especie de confesión. Abriendo su espíritu aceptó todas las sensaciones, haciéndolas parte de ella, y luego dejándolas ir. Cuando el árbol blanco hubo terminado, una voz resonó en la mente de la chica.
-“Estaba ya ansioso por poder comunicarme contigo, Gaia- La rubia dio un ligero respingo. La voz del árbol era cristalina y reverberante, como un millar de voces en una- Mi nombre es Vanaheim. Como te explicó Hiedra existo en esta dimensión desde tiempos inmemoriales, y seguiré existiendo. He visto crecer la primera brizna de hierba, y he visto perecer mundos y tiempos enteros. Sin embargo tu eres una de las pocas que ha llegado tan hondo dentro de mí, por eso te daré una parte de mi poder, para que defiendas el orden de las cosas allá donde vayas”.
Uno de los nudos del tocón comenzó a retorcerse. Gaia emitió un aura verde y alimentó con su energía al corazón de Vanaheim, pues sentía que no podía simplemente tomar algo sin dar nada a cambio. El nudo creció en tamaño y comenzó a tomar forma. Al mismo tiempo la energía de la chica era drenada. Cuando Gaia abrió los ojos se encontró con un cetro blanco y nudoso, hecho de madera del tocón. Se encontraba erguido sobre la tierra, frente a ella. Era el regalo de Vanaheim, un cetro hecho con la madera de su corazón, e imbuido con su energía. La rubia se levantó por fin y sostuvo entre sus manos el cetro.
-“Ahora marcha, joven. Aún queda mucho que escribir sobre tu destino...”
-Gracias, Vanaheim.
Gaia salió del árbol, y mientras lo hacía un círculo verde y diminuto aparecía en su frente. Cuando salió no encontró a Hiedra, como era de esperar.
-Bueno, ya estoy lista. Ahora solo tengo que encontrar la puerta y volver con los demás- Se dijo a sí misma, segura y llena de confianza.


El Guerrero Celeste caía ahora al suelo, agotado. Después de mucho entrenamiento logró llegar a desviar los rayos de mayor nivel de su maestro, incluso con diez de ellos a la vez. Repitieron también el entrenamiento de velocidad en un par de ocasiones, y cada vez era más y más rápido. Ahora cada vez que necesitaba ver el viento, lograba hacerlo en unos instantes, sin tener que concentrarse demasiado. Sin embargo, aquella última etapa de su entrenamiento estaba siendo especialmente dura. Thunderman decía una y otra vez que ya tenía la velocidad y destreza dominados, que ahora necesitaba centrarse en su resistencia y en aumentar la densidad de su energía.
Y para ello tenía que soportar los rayos cargados de poder que le lanzaba su maestro, cosa nada fácil. Thunderman se elevaba en ese momento, producto de su poder. La electricidad recorría su cuerpo con una potencia increíble. La energía se reunía en su brazo derecho.
-Prepárate Celestina, ahí va otro rayo- Dijo, esta vez sin ningún tipo de bromas de por medio.
-Vale... vamos allá- Contestó el I-Men, visiblemente cansado. Se levantó del suelo y de manera inconsciente llamó el viento a su alrededor, que comenzó a arremolinarse sobre él. El brazo del maestro seguía acumulando energía, se le acababa el tiempo. Reuniendo toda la energía de la que fue capaz, utilizó el viento a su alrededor para protegerse, justo cuando el rayo caía sobre él.
Hubo un destello. El rayo caía sin cesar, Thunderman estaba exprimiendo toda la energía que tenía.
-¡Aguanta Celestina!- Bramó. El Guerrero se mantenía en pie, soportando con los brazos en alto todo el potencial del ataque, que caía directamente sobre él. El viento luchaba contra la electricidad en un combate sin igual. Durante unos instantes más, ambas fuerzas colisionaron hasta que, finalmente, Thunderman se quedó sin energía. Bajó al suelo, exhausto. Celestina estaba de rodillas en el suelo, jadeando.
-Lo he... logrado... ¡he podido aguantar el rayo!- Exclamó mientras se levantaba, agotado. Su maestro le dio una palmada en la brazo.
-Lo has hecho bien, Celestina- Se miraron y sonrieron- Sin embargo, eso ha sido lo último que podía enseñarte. El tiempo se acaba, Cerebro no puede mantenernos más aquí, debes volver ya al Juego.
-Pe-pero...
-No titubees, ahora eres mucho más fuerte que cuando llegaste a mí. Ahora podrás combatir al lado de Eliart y los demás hasta el final- Thunderman miró al Sol, que por primera vez desde que llegaran, estaba poniéndose- Deberías marchar ya, tienes que llegar hasta la puerta para regresar antes de que el Sol caiga del todo. Esto es un adiós, me alegra haber podido ser de ayuda incluso después de morir.
-Muchas gracias por todo, Thunderman. Todo lo que has hecho no será en vano, lo prometo. Ganaremos el juego de alguna manera, nos encontraremos con Cerebro y derrotaremos a los que están detrás de esto.
-Me alegra oírlo- El ex-ganador sonrió y comenzó a andar mientras se iba desvaneciendo- Adiós, Guerrero Celeste.
-Adiós, maestro.
El I-Men observó como aquel buen hombre desaparecía. Lo que había dicho no era tan solo un sueño o una esperanza, era algo que pensaba llevar a cabo. No podía fallar al jugador caído. Sintiéndose renovado por las palabras de su maestro llamó al viento, que acudió con furiosa fuerza. Casi de inmediato comenzó a volar en dirección a la puerta, levantando una nube de arena a su paso.
-¡Vamos allá, Juego!


Wakabahashi bajaba la cabeza y cuadraba los hombros. En su espalda el tatuaje del dragón refulgió con fuerza. Un aura roja e intensa cubría al maestro, intimidando a Eliart. El líder observaba el impresionante despliegue de poder de la voluntad del dragón por segunda vez, y era impresionante.- ´Esta vez tengo que detenerlo, es mi prueba definitiva, la muestra de todo lo que he crecido durante este entrenamiento. Debo demostrar que soy el verdadero líder de los I-Men. Debo demostrar que los demás pueden seguirme.´-Pensaba mientras veía como el anciano maestro le miraba con picardía.
-¡Voluntad del Dragón!- Wakabahashi cargó a una velocidad increíble, levantando polvo a su paso. Eliart había fallado antes, pero no lo haría de nuevo. Sin invocar ninguno de sus signos levantó ambos brazos, dispuesto a parar a su maestro.
-¡Ahhh!- Exclamó el I-Men en el momento en que Wakabahashi impactó contra él. Las manos de ambos se encontraron en el aire y presionaban el uno contra el otro. Al principio el empuje del maestro era imparable, arrastraba a Eliart sin que este pudiera hacer nada. Pero a los pocos segundos la cosa cambió.
Tierra”, pensó Eliart. “He escalado todos los días la ladera de una montaña, sin descanso. Cada día al amanecer he ascendido, más y más. Ahora mis brazos tienen la fuerza de la montaña”, meditaba. El maestro poco a poco dejó de empujar, ahora no podía arrastrar a Eliart. Wakabahashi sonrió he hizo fuerza con los brazos y con los músculo de su cuerpo. Se sobrepuso a su alumno y usando su fuerza le aplastaba hacía el suelo.
Agua”, pensó esta vez Eliart. “Cada tarde he peleado mano a mano con mi Maestro. Bajo la presión de perder la poca comida que podía conseguir, siendo hostigado por sus dudas. Por mi petición hacía el Guerrero Celeste. Por mi ambición de convertir a Gravitta. Por mis sentimientos y mis dudas hacía Gaia. Pero ahora lo he superado, no dudaré. Venceré”. Con esos pensamientos, la fuerza de Eliart pareció crecer, al estar sus sentimientos en consonancia con él. Usó esa fuerza y recuperó el terreno perdido, levantando la presión de Wakabahashi. Ahora se encontraba mano a mano, igualados.
Fuego”, fue él último vértice del triángulo en el que pensó. “Día tras día llegaba exhausto. Y día tras día peleaba a pesar de no tener fuerzas ni para levantar un tenedor. Y a pesar de todo en ningún momento me he rendido, no he cejado en mi empeño. Y he superado cada prueba que se me ha presentado”. Un leve aura blanca envolvía ahora a Eliart, sus ojos resplandecían de pasión. “Ahora mismo nadie puede decir que mi espíritu no sea como un fuego ardiente”, pensó al tiempo que empujaba ligeramente a su maestro. Con una explosión de poder empujó y las manos de ambos se separaron, echándolos atrás unos pasos.
El aura del Dragón se apagó. Wakabahashi miraba a Eliart como nunca lo había hecho antes. El líder se miró las manos llenas de cayos, impresionado por lo que acababa de pasar. Aunque fuera durante unos instantes, había detenido la voluntad del Dragón.
-Yo...
-Lo has hecho, sí- Dijo Taipei sonriendo. Se acercó a Eliart y posó su mano sobre el hombro de este- Lo has logrado, estoy orgulloso. Eres el mejor alumno que he tenido nunca, no lo dudo.
-Yo... Gracias, Maestro- Logró contestar el joven mientras hacía una reverencia.
-Levántate muchacho, aún me quedan algunas lecciones que puedo darte antes de que te vayas. Esta oscureciendo, ¿qué te parece si cenamos algo?- Comentó el anciano alegremente. Eliart sonrió, algo le decía que esta vez le esperaba algo distinto. Y así fue. Juntos cocinaron y al cabo de una hora tenían ante ellos una cena espectacular.
Una fuente de arroz con especias estaba en el centro. A los lados había platos de carne y pescado por igual cocinados de manera elaborada. Eliart sabía que la mayoría de lo que veía era de origen asiático, pero no era capaz de ponerle nombre a los platos. Había numerosas salsas dispuestas, e incluso una pequeña jarra de sake caliente, que el I-Men sí reconoció.
-Comamos, Eliart- Dijo el maestro, y ambos se armaron con sus palillos. Por supuesto, no tardaron en dejarlo todo limpio como una patena. Eliart se disponía a dormir, pero Wakabahashi lo detuvo.- Salgamos a la noche, joven alumno. Hoy quiero hablarte de algo bajo las estrellas.
Juntos fueron hasta la cima de la montaña, que no quedaba lejos. Allí les recibió una piedra gris y plana desde la que se dominaba la alta montaña y los valles lejanos. El I-Men divisó la inmensa llanura por la que había venido. Parecía tan lejano. Wakabahashi se sentó en la piedra y cruzó la piernas, meditando. Eliart no se sorprendió, y de hecho imitó a su maestro. Así pasó el tiempo. El viento los azotaba, y les llevaba esencias de la naturaleza que los embriagaban. La caricia del viento, a pesar de ser fuerte, era al mismo tiempo delicada, como la mano de un amante. Eliart se dejó llevar por las sensaciones, relajando el cuerpo. Las últimas semanas de entrenamiento se interiorizaban en su alma. Todo lo aprendido con Wakabahashi había sido una experiencia, dura pero reconfortante. Cuando ya se había olvidado de por qué estaban ahí, su maestro habló.
-Hoy, Eliart, has hecho que me emocione- Comenzó. El líder sabía por el tono de su maestro que no debía interrumpirle, así que aguardó con paciencia- Hacía mucho que alguien era capaz de frenar el avance de la Voluntad del Dragón. En cierta manera me has enseñado algo, y eso es un hecho sorprendente. La vida es algo sorprendente, y debemos preservar su esencia pura. Te preguntarás por qué te explico todo esto...
>>¿Alguna vez te has preguntado de dónde nacen esos poderes? Supongo que no te sorprenderás si te digo que hace mucho tiempo, no existían. Los humanos éramos sólo eso, humanos. Me acordé de esta leyenda cuando te conocí, la Leyenda del Maestro del Zodiaco Original. Como te he dicho nadie tenía poderes en la antigüedad, era una época oscura, el lado más cruel y violento de la humanidad estaba libre, como una bestia sanguinaria. Del espíritu de alguien noble surgió por primera vez lo que hoy conocemos como “poderes”. El se valía del poder místico de las estrellas, de las constelaciones, y lo hacía suyo. Su nombre era Eliart, y llegó a dominar el poder increíble que estaba a su alcance.
>>Eliart fue descubierto cuando era pequeño por agentes del emperador de su pueblo originario. El emperador decidió usarlo como un Guerrero excepcional. Sin embargo, el noble espíritu de Eliart pronto se rebeló contra aquello. Él decidió que no pertenecía a ningún pueblo, pertenecía a la humanidad. Como te he dicho fue el primero, pero a partir de entonces otras personas desarrollaron estos poderes, y pronto la humanidad quiso usarlo como una nueva arma de destrucción. Sin embargo Eliart se convirtió en un héroe, pues detuvo los conflictos más importantes, detuvo a las personas que usaban de manera irresponsable su poder y logró una paz momentánea. Pero sabía que tarde o temprano alguien usaría esos poderes en el nombre del mal, del egoísmo, la codicia o el odio. Y si él no estaba, ¿quién salvaría a los pobre humanos sin poderes?
>>Fundo entonces la Orden de los Espadachines, de la que se erigió líder. Y paralelamente apareció el Oráculo, una formación sin ningún tipo de afiliación, que heredarían el legado de Eliart. El Oráculo se compuso por tres personas extraordinariamente fuertes, ajenas a la Orden y solo siendo superados por Eliart. Una vez asegurado el porvenir de la humanidad ocurrió algo terrible. El joven héroe que había librado a todos de un destino oscuro, murió. Joven, poderoso y en plena época dorada. Afortunadamente la Orden y el Oráculo han logrado mantener la paz... Hasta la llegada de ellos.
-¿Ellos?- Esta vez Eliart no pudo contenerse. ¿Quiénes?
-Lo que te acabo de contar es una leyenda, sin embargo contiene una parte de verdad innegable. Y si es así, ¿no te parece que lo que te he dicho choca contra lo que está sucediendo?- Inquirió el maestro. Eliart dudó
- El Juego, chico. El Juego es a todas luces algo contra lo que Eliart estaría totalmente en contra. Si es así, ¿por qué la Orden o el Oráculo no lo han detenido?
-¿Tal vez esa parte de la leyenda es mentira?- Propuso Eliart, aunque sabía que estaba equivocado.
-No, esa parte es verdad. Existen, pero no han podido detenerlos... El Juego...- Wakabahashi se atragantó. No podía seguir hablando- No puedo revelarte más. La cantidad de información que Cerebro me permite contarte es muy restringida. No querrá daros más de la necesaria, apuesto a que espera el momento en el que estéis preparados para saberlo todo. De hecho, conociéndole, querrá reunirse con vosotros en cuanto exista una oportunidad.
-Si ha podido traer al Juego a Northern Sage y nos ha permitido dimensiones alternativas a todos para reunirnos con un grupo de gente como tú... ¿Cómo es que no es capaz de acercarse a nosotros igual de fácilmente?
-Piensa antes de hablar, joven- Le recriminó Wakabahashi- Es evidente que no puede. La presión sobre él es enorme. No te imaginas hasta que punto. De manera metafórica y literal es el Cerebro, que planea la caída de los GM. Si él mismo viniera a veros casualmente al Juego, ¿qué crees que pasaría? ¿Acaso no crees que estará ahora mismo siendo buscado de manera exhaustiva?
-Ya, ya entiendo...- Murmuró Eliart, confuso. Las revelaciones que le ofrecía Wakabahashi eran increíbles. Se preguntó cuanto de esto debía compartir con sus I-Men.
-A pesar de todo he podido contarte mucho más de lo que esperaba...- El Maestro sonrió, se veía muy contento- Esta copia mía es muy barata. Mi verdadero poder es mucho mayor, incluso he logrado sobrepasar un poco la restricción que me impuso Cerebro. No debes quedarte con lo que yo te diga, vive por ti mismo Eliart, acumula toda la experiencia que puedas y gana este terrible Juego, salva a tus amigos. Y encuéntrame en la Tierra. Sigo vivo, y te esperaré.
-¿Dónde estás?
-No puedo decírtelo, pero estoy encerrado. Por así decirlo. Cuando nos encontremos... lo entenderás todo. Ten, lleva este libro contigo. Presiento que en algún momento te será de gran ayuda. Versa sobre la leyenda que te acabo de confiar- Wakabahashi miró la horizonte. El Sol se elevaba poco a poco- Ha llegado la hora. Debes volver al terrible Juego. Reúnete con tus compañeros.
-Sí- Eliart se levantó mientras que su maestro comenzó a volverse transparente- Muchas gracias por su adiestramiento. Le buscaré.
Con una reverencia el I-Men bajó de la cima, dejando atrás la piedra. Wakabahashi lo vio marcharse mientras una lágrima le bajaba por la mejilla. “Ojalá no tuviera que colocar sobre tus hombros tanta presión, pero cuento contigo”, pensó mientras desaparecía en el aire.


El Capitán estaba sudando a mares. Por fin había acabado con su entrenamiento de las dianas. Llevaba días y días aporreando dianas, había llegado a perfeccionar esa terrible técnica de concentrar sus golpes. Y oh, Dios mío, como apestaba el traje a sudor. Cada movimiento era una agonía. Al principio cincuenta kilos le parecieron una tontería, así que a los dos días pidió a Dayana que le cambiara el traje. Ella accedió y le puso uno de doscientos kilos. Teniendo en cuenta que él levantaba coches y los lanzaba como si fueran piedras, no parecía mucho peso, pero después de tantos días comenzaba a ser algo realmente molesto. Porque ya no era solo una cuestión de músculo, su agilidad se había visto mermada, e incluso cada respiración era una lucha con un traje tan pesado.
Aquella tarde su maestra le había propuesto un tipo distinto de entrenamiento. El vasco se preguntaba de qué podía tratarse, pues intuía que no le quedaba mucho tiempo. La rubia le llevó hasta lo alto de la colina donde se conocieron. El Capitán recordó que se enfrentaron y que él salió bastante mal parado. La chica se giró y le miró.
-No nos queda mucho tiempo, Cerebro no puede mantenernos más aquí- Comenzó- Por eso creo que ha llegado la hora de demostrar si tu entrenamiento ha servido para algo.
-Entiendo...- El I-Men sonrió, él mismo entrenaba chavales en su tierra, así que podía predecir qué es lo que haría ahora Dayana- ¿Quieres pelear, eh?
-¡Muy bien! Lo has adivinado, así que te llevas un premio- Respondió ella sonriente. Pero la cara le cambió en un segundo- ¡Un puñetazo!
La chica salió disparada contra el Capitán, que apenas tuvo tiempo de cubrirse con el brazo izquierdo. De inmediato echó de menos su escudo, pues el puñetazo de su maestra era como una bola de demolición. Mañana tendría un moratón enorme. Pero Dayana no detuvo su ataque, realizó una finta que acabó en una patada directa a la barbilla del Capitán. El vasco logró verla justo a tiempo y se apartó por los pelos. El traje realmente estaba siendo una molestia, pero no podía quejarse, era parte del entrenamiento. -´Ha llegado la hora de poner lo que he aprendido en práctica, ¡vamos allá!´- Pensó el I-Men, quien llamó a su Furia Vasca. El aura roji-blanca acudió rápido y con fuerza. Gracias a todo el tiempo que había pasado con ella activada, ahora podía controlarla mucho más fácilmente.
-¡Toma esto!- Estaba acostumbrado a pelear sin el traje, por eso se sorprendió cuando no alcanzó a Dayana. Realmente era una molestia. “No, no puedo echarle la culpa al traje, soy yo, que soy demasiado débil. Necesito más fuerza”, meditaba.
-Creo que me pondré seria, ve a por tu escudo si no quieres morir aquí- El Capitán pensó en soltarle alguna bravuconería, pero entonces sintió el aura de su maestra. Ella comenzó a emitir una intensa energía amarilla que la envolvía como si fuera plasma. Ante tal muestra de poder el vasco se olvidó del orgullo y recogió su escudo. La rubia sonrió- Vaya, pero si mas has hecho caso.
-Bueno, a los rivales fuertes los enfrento con todo mi poder. ¡Ven!
Dayana voló sobre la hierba, sorprendiendo a su alumno, quien interpuso el escudo casi por instinto. El puñetazo de ella explotó con fuerza, haciéndole retroceder. Aprovechando que ahora el vasco contaba con menos visión, debido al escudo, se situó a su espalda, lanzando un nuevo directo. Pero el Capitán ya empezaba a leer en los patrones de su maestra, pues por algo era un luchador experto. Se giró justo a tiempo y desvió su ataque con la mano derecha.
La furia vasca se arremolinó en torno a la mano derecha del Capitán, que atacó utilizando toda la velocidad de la que fue capaz. Dayana usó su poder para aumentar la velocidad y logró evadirlo. El puñetazo fue tan impresionante que un pedazo del aura roji-blanca se desprendió, chocando contra la tierra y haciendo que explotara.
¿Qué ha sido eso?”, se preguntó el hombre mirándose la mano. “Mi aura... ha salido disparada, como si cuando la concentrara se convirtiera en un proyectil”. La maestra le habló.
-¡Genial! Esa era la técnica que quería enseñarte- Explicó ella- No es raro que los luchadores como nosotros, fuertes, rápidos y con grandes reflejos desarrollemos auras de poder. Cada una tiene su propia naturaleza, pero guardan elementos en común. Durante esta semana y media has estando casi permanentemente usándola, lo que te permite usarla más y mejor, y cansándote menos.
>>Y con el entrenamiento de las dianas ahora tus puñetazos son mucho más fuertes. Además la chaqueta ha entrenado tu resistencia a nivel global, haciéndote más fuerte. Lo único que quedaba era que desarrollaras el disparo de aura. Ya empezaba a preocuparme porque no te salía, hasta que me di cuenta de que como mejor se aprende... es en un combate.
El Capitán sonrió a su maestro. Ahora lo entendía todo. Entonces Dayana concentró su aura en el brazo derecho, al igual que el vasco.
-Vamos a disparar nuestras auras ahora... Me contendré, pues de lo contrario no tendrías opciones... pero...
-¿¡Qué!?- Exclamó el vasco- ¡No te contengas! ¿O crees que no estoy a la altura? Lánzame el mejor disparo de aura que puedas, ¡vamos!
-Muy bien, no te subestimaré- Dayana parecía sorprendida- Si vences a mi aura, habrás superado el entrenamiento con un diez. ¡Toma!
Estaban a varios metros de distancia cuando lanzaron sus puñetazos al aire, simultáneamente. El Capitán sabia que el aura de Dayana era mucho más potente. Pero él cargaba demasiadas cosas sobre sus hombros, no podía permitirse el lujo de perder. Era el precio de hacerse llamar “Capitán Vasco”. Ambas auras salieron disparadas, colisionando en el aire.
-¡Ahhh!- Exclamó el I-Men, haciendo estallar su aura. Su disparó se abrió paso a través del de su maestra, que lo esquivó a duras penas. El disparo voló directo hasta el árbol que había en la cima de la colina. Impactó contra este y lo partió por la mitad con un estallido.
-¡Oh!- Dijo la rubia- ¡Muy buen disparo! Sin duda has crecido mucho.
-Mierda- Contestó él- Gaia me mataría si supiera lo que acaba de pasar...
-¿Qué?- Preguntó la maestra, pero él negó con la cabeza. Ahora que se había acordado de sus amigos se dio cuenta de que los echaba de menos.
-No es nada...- Susurró. Hizo además de quitarse el traje- He de irme ya, ¿no? El entrenamiento ha finalizado.
-Sí... pero no te quites el traje, quédatelo- Dijo ella al tiempo que se ruborizaba y se acercaba al Capitán- Así seguirás entrenando siempre. Quítatelo solo si te enfrentas contra alguien formidable que requiera de todo tu poder.
-Así lo haré...- Dayana se acercó y se puso de puntillas para depositar un leve beso en los labios de él. El vasco pensó en su amiga, Ana, pero no se apartó. Sabía que sería la última vez que vería a su maestra- Yo...
-No digas nada- Se adelantó ella- Yo ya estoy muerta. Esto solo ha sido un intento de volver a sentir la vida... ya no hay nada más que puedas hacer aquí. Pero es tu momento. Tuyo y de tus compañeros. Así que vete
El Capitán parpadeó. Le parecía que la imagen de la rubia se hacía transparente. ¿Estaba desapareciendo? Sonrió y levantó la mano para despedirse de ella al tiempo que se giraba. Quería quedarse con esa imagen valiente de ella.


Las cosas marchaban algo distintas en lo más profundo de la dimensión infernal. La intrépida Demongirl luchaba con todas sus fuerzas contra Lilith, pero la rubia era, sencillamente, superior. Recorrieron durante sus continuas peleas tramos de aquella cueva ardiente, hasta acabar descansando a la orilla de un lago de color sospechoso. La I-Men estaba exhausta. Después de cada sesión de entrenamiento ella y Lilith curaban sus heridas y discutían los fallos de la morena.
-Has atacado muy pronto- Comenzó su maestra- Atacas con demasiado ímpetu, con demasiada violencia. Malgastas energía a lo loco cuando invocas tu poder demoníaco, esperando acabar rápido con un torbellino de fuerza. Y si bien a veces puede salir como lo esperabas... muchas veces el rival puede ser capaz de aguantar tu acometida, y entonces estarás agotada. Como ahora- Lilith le tendió una de las bolas de arroz y carne que llevaba en su riñonera. También algo de fruta. Aquella comida hacía milagros, pues le curaba las heridas con rapidez y le devolvía las fuerzas. El agua era un problema mayor, pues allí abajo estaba ardiendo. De tal manera que bebían sopa más que agua.
-Siempre me dices lo mismo, pero no encuentro otra manera de pelear. Cuando utilizo el poder del demonio simplemente la furia recorre mis venas. Es la base de mi poder.
-Por un lado sí, tienes razón. No digo que no estés furiosa. Digo que controles la ira. Una ira controlada te daría mucho más poder, pues lo usarías bien- Respondió la maestra. Entonces frunció el ceño- Si no eres capaz de hacerlo tendrás problemas cuando quieras hacer una transformación completa. Te consumirás.
-Yo...- Demongirl recordó los últimos momentos de Llama Helada. Precisamente por perder el control su querido amor había perdido la vida. De nuevo un sentimiento de furia le nacía en lo mas hondo del pecho- Lo entiendo.
-Pues venga, sigamos. Creo que hoy puede ser un día productivo.
Lilith se levantó al tiempo que desenvainaba su katana plateada. Demongirl se contagió del entusiasmo de su maestra y desenvainó su espada de fuego. En la otra mano apareció Destello, la espada luminosa. Ambas se miraron y giraron en torno a la otra, midiéndose antes de empezar. La I-Men trató de ser paciente, siempre era ella la que empezaba, dándole algo de ventaja a su maestra. Pero al cabo de unos momentos no pudo suprimir por más tiempo sus ganas de pelea y se lanzó blandiendo las armas.
La rubia se agachó y se concentró en bloquear con elegancia los ataques de su rival. Al tener dos espadas tenía una ligera ventaja, pero al mismo tiempo su fuerza se repartía entre ambas armas. Lilith, por el contrario, podía atacar sumamente rápido con su única katana, destrozando cualquier ataque que le lanzara. Demongirl en seguida se dio cuenta de que no llegaría a ningún lado así. Tenía que ir al cien por cien.
-¡Brazos demoníacos!- Pensando en Llama Helada sus escamas negras acudieron, raudas y obedientes. Desde la punta de los dedos hasta los hombros las escamas cubrían cada centímetro de piel, otorgándole fuerza y velocidad. Lilith no se quedó atrás, sus propios brazos aumentaron el tamaño de su musculatura, para responder a la creciente fuerza de su alumna.
El intercambio de golpes era incesante. Algunos demonios las oían batallar y se acercaban, curiosos, pero al ver a semejantes portentos se alejaban. Sabían que no durarían mucho si se aproximaban. La I-Men pronto se acostumbró al ritmo de su maestra, comenzaba a ver sus ataques. Desde la primera vez que usó su poder había adquirido mucha experiencia, y decidió poner en práctica lo dicho por Lilith. Decidió controlar su furia. Sentirla, pero sin dejar que le nublara la vista. Nada más ponerlo en práctica su mente se despejó, de repente sentía todo con mucha más nitidez. Era como haberse quitado una venda de los ojos.
La rubia se dio cuenta del cambió experimentado por la otra, pero no pudo responder a tiempo. Los ataques de Demongirl se volvieron aún más precisos y potentes, obligándola a retroceder. No podía detenerla solo con su katana, así que extrajo una de sus dagas para compensar las dos armas de la morena. Pero entonces la I-Men elevó su espada y lanzó un destello.
-¡Ah!- Exclamó al tiempo que lanzaba un tajo. Lilith lo vio llegar e interpuso su daga, pero el filo ardiente de la espada de fuego la atravesó y le hizo un profundo corte en le pecho. La maestra utilizó su katana, que emitió un brillo plateado, y se deshizo con un elegante giro de la espada de fuego.
-Ese corte no ha estado mal...- Lilith se apartó, jadeando. Numerosos cortes superficiales le cubrían los brazos y las piernas, producto del furioso ataque de la I-Men. El tajo del pecho sangraba profusamente, inundando su ropa. Entonces las heridas comenzaron a humear al tiempo que se cerraban, como si estuvieran llenas de brasas. Demongirl abrió los ojos de par en par- ¿Creías que sería tan fácil como simplemente concentrarte un poco? Uno de mis poderes es la regeneración acelerada, gracias a mi sangre demoníaca. Vas a necesitar más si quieres hacerme un corte de verdad.
-Nunca es tan fácil, ¿eh?- La I-Men calculó que aún disponía de unos pocos segundos antes de que Lilith se curase del todo, así que cerró los ojos y se concentró. La furia se acumulaba en su pecho, ardiente y rabiosa. La alimentó como se alimenta un fuego salvaje, pero esta vez guiándolo para que siguiera sus órdenes. Como resultado sus piernas comenzaron a cubrirse de escamas negras. Demongirl abrió los ojos, que ahora eran de color rojo, y centró su poder en llamar a la Claymore, que apareció a su lado.
-Bonita espada- Comentó la rubia mientras se erguía, ya curada- Con ese poder que tienes ahora tal vez tenga problemas, creo que ha llegado la hora de enseñarte algo más de mi poder- La rubia se concentró y un viento le levantó el cabello, que flotó alrededor de su cabeza. Unas alas de escamas blancas le crecieron en la espalda, además de una cola acaba en punta, también blanca. Los ojos de la maestra pasaron de azul a violeta- Y también...- Llevó su mano a la espalda y extrajo su propio mandoble. Guardó la katana al tiempo que blandía con maestría su otra espada, que era tan sólo un poco más pequeña que la Claymore de Demongirl.
-Vaya, parece que tú también puedes convertirte en demonio...- Susurró la I-Men. Su maestra soltó una carcajada.
-¡Por supuesto!- Diminutas escamas blancas aparecían en torno a los ojos de Lilith- Sin embargo mi demonio es muy fuerte, si me transformase no habría manera de enseñarte nada... porque te acabaría matando.
-¡Eso ya lo veremos!
Demongirl se impulsó con la increíble velocidad que le daban sus piernas demoníacas, pero la otra esquivó los ataques sin problemas. Usando las alas se elevaba y se movía muy rápido, atacando desde diferentes ángulos. La I-Men no estaba acostumbrada a ataques aéreos, de manera que tuvo que cambiar a una pose defensiva, se puso más en guardia que nunca. La espada de Lilith tal vez no fuera más grande, pero la fuerza monstruosa de su portadora y el ataque desde arriba aplicaban mucha más presión sobre la Claymore. La morena se mordía el labio, normalmente cuando sacaba su arma definitiva nadie podía resistirse.
Tiene razón, no todo es cuestión de fuerza. Necesito controlar mi furia y liberarla con control”, pensaba la alumna. Algo oscuro en su interior le pedía sangre, pero ella evitó esos pensamientos al tiempo que saltaba hacía atrás para evitar nuevos ataques de Lilith. “Tengo que llevarla a un lugar donde volar no sea una opción, de alguna manera tengo que evitar esa ventaja”, decidió. Las escamas de sus piernas respondieron a su determinación, ascendiendo ligeramente por el vientre y haciendo aparecer una cola negra.
Demongirl contuvo otra arremetida y lanzó un par de tajos al aire para poner algo de distancia entre ella y su maestra. A continuación agarró una piedra ardiente y la lanzó al aire para luego cortarla con furia. Numerosas piedras cayeron sobre Lilith, que no esperaba este tipo de ataque. La rubia se cubrió con las alas, sin recibir ningún daño. Cuando las apartó vio como la otra corría.
-¿Crees que puedes escapar?- Se lanzó en picado sobre Demongirl, pero era tarde, se había ido por uno de los túneles. Lilith sospechó qué tramaba, pero decidió entrar de igual manera en la oquedad en la roca. Nada más hacerlo la I-Men saltó sobre ella, aunque no la pilló desprevenida.
Cayeron al suelo y rodaron. Ambas espadas se quedaron en el suelo, levantando polvo. Dentro de la caverna la maestra no podía usar su vuelo, pues el espacio era reducido. Lilith se sacudió de encima a la morena para tratar de escapar, pero cuando iba a salir una roca tapó la salida. Demongirl había lanzado su Claymore para provocar una avalancha directamente sobre el hueco.
-Interesante, parece que por fin empiezas a usar la cabeza y controlar tu...- Lilith no pudo terminar la frase. Aprovechando la momentánea distracción de la maestra, Demongirl se acercó con un potente impulso y lanzando un derechazo directo a la cara de la rubia.
-¡Y todavía no ha acabado!- Asestó continuos golpes, en el estómago y en la cara, haciendo caer de espaldas a Lilith. Demongirl se encaramó sobre ella, usando sus rodillas para bloquear los brazos de la otra. Levantó el brazo e invocó a su espada, Destello, para luego bajar su filo hasta el cuello de Lilith.- Muerta.
Ambas se quedaron en esa posición durante unos instantes. Entonces la rubia comenzó a reírse a carcajadas. La I-Men no se movió, no sabía si la pelea continuaría y no relajó su agarre. La maestra la miró a los ojos, divertida.
-Buen movimiento- Le halagó- Desde luego cuando controlar tu poder te vuelves mucho más fuerte. Ya casi podrías dominar la transformación.
Fue entonces cuando Demongirl se fijó en ello. Las escamas le llegaban casi hasta el pecho, cubriendo todo su vientre y piernas. Sus brazos también estaban convertidos, y una parte de su espalda. Unas pocas escamas habían aparecido también en torno a los ojos. Sus colmillos habían crecido ligeramente.
-Yo...
-¿No te habías dado cuenta? Es normal- Lilith hizo un movimiento brusco usando su poder y se quitó de encima a la I-Men, que se puso en guardia- No, no. Ya hemos acabado el entrenamiento. Mi deber era asegurarme de que desarrollaras tus capacidades demoníacas. Y lo hemos logrado. Si quieres exprimir ese poder al máximo y llegar a dominar la transformación completa... necesitas solo experiencia y poner en práctica lo que te he enseñado durante todos estos días.
-¿Días? ¿Cómo que días?
-¿Cuantas veces nos hemos parado a comer? Piénsalo, llevas aquí mucho más tiempo del que piensas- Aseguró Lilith al tiempo que volvía a la normalidad. Entonces su silueta se hizo transparente- Pero tu entrenamiento no ha terminado del todo.. Si quieres sobrevivir deberás llegar de nuevo a la puerta donde hayas entrado. No serviría de nada buscar la salida al infierno atravesando estas montañas hasta encontrar una sin lava , tal y como te dije que ocurre en otras dimensiones infernales,porque esta dimensión es distinta, es parte de tu entrenamiento. Deberás atravesar el infierno de nuevo... y nuestra pelea ha atraído a muchas fieras... me pregunto si lo lograrás.
-Ya veo...- Demongirl sonrió sin deshacer su transformación, necesitaría todo su poder para llegar a la salida- Gracias por todo, ahora siento que soy más fuerte.
-Nunca has sido débil. Simplemente no sabías como usar esa fuerza... pero ahora sí- Justo antes de que se desvaneciera le guiñó un ojo- Búscame en la Tierra, ahí podremos luchar de verdad, y entonces usaré mi verdadero poder...

Finalmente la imagen de la poderosa Lilith desapareció, dejando a Demongirl sola. Pero su confianza se había multiplicado, y su poder ahora era más peligroso que nunca. “Ya voy para allá, Gaia”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario