Kya y Shadow se fundían en un cariñoso abrazo. Enterarse de que
todos sus recuerdos y toda su vida eran fruto de la manipulación de
los GM había sido demasiado. Pero ahora debían terminar la batalla
que tenían pendiente.
-Por muchos que seáis, ¡no podréis ganarme!- Gritó Malicia
mientras absorbía las sombras de su propio cuerpo que, confusas,
habían marchado junto a Shadow hasta el último nivel. La oscuridad
del lugar aumentó aún más si cabe.
-Menos mal que yo tengo a Rencor y tú tienes una vista de lince- Se
contentó Shadow, mirando a su amada. La chica se limpió las
lágrimas de los ojos y le devolvió la mirada con un gesto
afirmativo.
“Vamos a por él!”, pensaron ambos I-Men. Shadow restableció el
vínculo que mantenía con Rencor, que volvió a ser su dimensión
sombría. Acto seguido, miró entre las sombras hasta localizar a
Malicia: tenía una armadura resistente y una larga sonrisa en la
cara.
-Venga, ¡atacadme!- Dijo con
seguridad. El moreno lanzó varios orbes oscuros generados por sus
propias sombras lo más rápido que pudo, pero era consciente de que
tanto el poder como la habilidad de aquella malvada sombra eran
extraordinarios. Tras esquivarlos sin problemas, un Shadow imbuido en
una sólida armadura le atacaba con una espada de sombras.
-¡El lanzamiento de Orbes era una trampa!- Sonrió, orgulloso y
guiñó el ojo hacia enfrente, donde no parecía haber nadie. Una
diminuta Kya, invisible entre tanta oscuridad, se hizo gigante y
arañó a Malicia con sus potentes garras. El ataque combinado surtió
efecto y la sombra retrocedió. Dark Night había aprovechado para
acercarse a su alter-ego lentamente. Parecía dispuesto a rematarle
con una lanza hecha de sombras.
-Ya veo, vas a hacerlo
¿verdad? Vas a acabar conmigo. Después de todo el poder que te he
dado. Yo soy tú y tú eres yo, no lo olvides nunca. Si me haces
desaparecer tú también desaparecerás. Deberías sentirte
orgulloso de este poder en lugar de rechazarlo. ¿Que soy malvado? Si
fuese tan bondadoso como tú , hubiese sido imposible almacenar tanto
poder. Piénsalo.
El maestro Dark notó que sus fuerzas le flaqueaban tras oír el
discurso. Su “yo” sombrío tenía más determinación y más
fuerza que él. Dudó unos instantes y dejó la lanza en el suelo, lo
que provocó la sorpresa del I-Men.
-¡Maestro, no le escuches! Nosotros te ayudaremos a controlarlo-
Afirmó con determinación.
-Ja, ja, ja. ¿Vosotros
dos? Al final sólo conseguiréis hacerme perder el tiempo-Al
ritmo que hablaba, de las hendiduras de la armadura surgieron una
sarta de armas variadas: cuchillos, cimitarras, diminutas dagas y
puñales en sus laterales, pistolas, rifles y escopetas en su parte
frontal. Todo ello hecho de sombras- Sufrid, ¡mi arsenal
de armas sombrías!-
Las armas blancas fueron
lanzadas estratégicamente, hacia cada uno de los I-Men y hacia Dark
Night. Kya cayó al suelo, dolorida, y Shadow, aunque sorteó tres de
ellas, sufrió un ligero corte por causa de la cuarta. Las armas de
fuego, por su parte, dispararon esferas de sombras en todas
direcciones, como si se tratase de balas, causando la destrucción a
su paso. Dark Night rechazó dos de estas balas, pero éstas se
separaron en dirección a ambos I-Men, dándoles de lleno. Al ver a
Shadow y Kya convalecientes e indefensos, la mirada del maestro
experimentó un cambio. Frunció el ceño y miró con contundencia a
su otro yo.
-¿Por mi culpa ha pasado esto? ¿Todo esto es porque no me sé
controlar? ¡No, esto no puede estar pasando! ¡No puedo con tanto
dolor!- El maestro enloquecía por momentos y tenía una fuerte
batalla en su interior. Malicia se lanzó contra él con el puño
alzado, ya que había gastado casi todas sus energías. La sombra
jadeaba. Dark Night contraatacó con otro puño y logró dañarle. Su
fuerza aumentaba con su firmeza y hacía menguar la de su sombra- Ya
veo. No he sido capaz de dominarte nunca. Siempre me faltó el coraje
que hoy, al ver a esta nueva generación de héroes, me sobra. Nunca
he tenido la fortaleza psicológica suficiente, pero esto se acabó.
Te controlaré por el bien de todos- Shadow y Kya se sorprendieron
mientras hacían esfuerzos por levantarse del suelo. Les habían
llamado héroes, el apelativo más honorable que les habían dicho
hasta el momento.
Dicho ésto, Malicia comenzó a a estar nervioso. La batalla había
mermado sus capacidades y ahora Dark Night no parecía el débil amo
de siempre. Lanzó cuatro orbes oscuros y dos alcanzaron al maestro,
mas éste resistió el dolor con valentía, recogió la lanza del
suelo y atravesó a Malicia, aun con armadura. A continuación, cerró
los ojos unos instantes y los bordes de sus ojos fueron rodeados por
un aura negra.
-¡Restablecer vínculo!- Ordenó, seguro de sí mismo. El aura negra
se esparció por todo el cuerpo de Dark Night y seguidamente por el
de Malicia. A la vez que el aura se extendía, el cuerpo de la sombra
perdía nitidez y poco a poco, sus dedos se evaporaron en la inmensa
aura, seguido de todo su cuerpo- Has sido un rival muy digno. Sin
duda, el más fuerte con el que me he enfrentado. Dejarme someter por
ti me costó la vida y le costó la vida a otros jugadores, la
mayoría amigos. Y eso es lo que hoy tenía que poner en orden. Ju,
ju, ese genio de Cerebro lo tenía todo pensado, seguro. Que
despertase a Kya, que Shadow tuviese que fortalecer su ingenio en una
batalla claramente desigual y que yo pudiese cobrar mi venganza
aunque sea después de mi muerte.
Cuando terminó de hablar Malicia estaba ya dentro de él, formando
parte de sí mismo. Shadow pudo sentir que sus poderes juntos eran
increíbles. La dimensión sombría desapareció y los tres guerreros
se encontraron en la puerta de salida de la cueva. Shadow no pudo
evitar abrazar a su maestro.
-Has logrado disuadirle, eres brutal, tío- Dijo haciendo amago de
querer un combate.
-No hubiese sido posible sin vosotros. Creo que habéis aprendido
bastante en este corto período de tiempo. No os habéis dado cuenta,
pero dentro de esa dimensión habéis estado luchando dos días
ininterrumpidamente, lo cual os convierte en unos luchadores
extraordinarios que no concilian el sueño si hay una meta
importante. Ha sido un placer conocerte, Shadow, y ha sido genial
poder volver a verte, Kya. Lamento lo ocurrido con tu vida pasada.
Kya bajó la cabeza, no quería llorar en un momento así.
-Sé lo que estás pensando- Dijo Dark mirándole a los ojos- Estos
malditos GM necesitan una lección. Concentra tu venganza en conocer
la verdad acerca de este juego. Estoy seguro que podrás hacer una
vida normal si logras volver a la Tierra- Finalizó la conversación
con Kya y se volvió hacia el moreno- Tienes mucha capacidad, tío.
Has logrado dominar a Rencor pero, cuidado, a medida que tu poder
aumente, Rencor puede volverse más rebelde. Es la naturaleza propia
de las sombras y algo con lo que debemos vivir. La batalla más
importante es la batalla interior, ya nos lo enseñó Arjona en el
Bhagavad Gita.
-¿Quién? ¿En dónde?- le miró perplejo el I-Men.
-Es igual, no importa- Zanjó el tema el Maestro- Mi consejo es que
sigas teniendo esa buena relación que mantienes con Rencor. A ver si
así logras elevarte sobre las sombras.
Mientras decía estas palabras, su cuerpo empezó a desaparecer,
desde los pies.
-¿Qué pasa Maestro? ¿Ya te marchas?- Preguntó el I-Men.
-Sí, esto ha sido una despedida. El futuro queda en buenas manos.
Ese tonto de Thunderman tenía razón con su optimismo. ¡Lástima
que mi misión se acabe!- Finalizó con una sonrisa y desapareció
por completo. Automáticamente, del final de la cueva salió un
extraño agujero que los absorbió. Era hora de volver al juego.
En una dimensión árida, dominada por un suelo rocoso y agrietado y
por un Sol que brillaba sin cesar, Garra y Waver llevaban algunas
horas combatiendo sin emplearse a fondo. Era un pequeño
calentamiento, entre otras cosas para no herir a Erzzhia demasiado
pronto, ya que ella sólo debía resistir la fuerza de sus golpes a
través de sus vínculos. La chica de agua dirigió una corriente de
agua contra su amiga y ésta la evitó con un salto, que la situó a
su espalda.
-Me toca- Susurró sacando dos
cuchillas, una en cada mano. Sin embargo, la chica de agua fue más
rápida y se diluyó en una corriente- Mierda, su habilidad le da
bastantes ventajas. Debo atraparla en la distancia corta- Dijo para
sí. Waver se volvió en forma de corriente de agua contra
Garra. Pero ésta fue más hábil: de un pequeño salto se colocó
encima de la corriente y se dejó caer. El agua se disipó y Waver
cayó al suelo.
Agarró sus cuchillas y lanzó una de ellas, alcanzando el hombro de
la I-Men de agua. Tras esto, empleó una serie de puñetazos y
patadas, que Waver no pudo evadir. La hermana de Llama Helada
retrocedió debido a los golpes y Garra se paró en seco.
-Estás muy distraída. Podrías haber esquivado mis golpes sin
ningún problema. ¿Es por lo de tu hermano? Aunque tengamos que
pelear, no dejas de ser mi amiga...
-No... no sé que es exactamente, la verdad. Es un cúmulo de
acontecimientos. Todo ha sucedido tan deprisa. ¿Qué le diré a mi
hermana pequeña y a mis padres si logro volver a la Tierra yo sola?
Lo sé, no es un escenario muy probable, pero me preocupa no poder
mirarles a la cara. Además de eso, estoy en shock, no entiendo nada
de este juego. A nuestra edad, las chicas normales están de fiesta
hasta que el cuerpo aguante. Llegan tarde a casa y sus padres les
echan la bronca. Al día siguiente se hacen quebraderos de cabeza
pensando en el tío que les gusta. Y nosotras ¿qué hacemos? ¡Luchar
para sobrevivir a un juego absurdo!- Se quejó la quinceañera.
-Las chicas normales son bastante aburridas- Intervino Garra- De eso
puedo dar fe. Tu problema es que sólo estás viendo la parte mala,
pero no ves la buena.
Waver la escuchó atentamente, al igual que Erzzhia.
-Nosotras tenemos un don. Un don que podemos elegir cómo emplear.
¿No nos convierte eso en chicas interesantes?- Dijo tratando de
quitarle hierro al asunto. Las tres rieron un buen rato.
-Está bien, puede que tengas razón y sea sólo que soy una
adolescente desagradecida. Pero ¡ahora prepárate, voy con todo!
Waver fabricó una serie de esferas que concentraban agua caliente y
las dirigió hacia su amiga, a la vez que avanzaba hacia ella
manteniendo una distancia prudencial, pues sabía que Garra era mejor
en el combate cuerpo a cuerpo. Garra recibió el impacto de dos de
ellas y Waver aprovechó para invocar una gran cantidad de corrientes
de agua, como si se tratase de pequeños lagos en constante
movimiento. Las aguas comenzaron a juntarse unas con otras, rodeando
a Garra hasta conformar un círculo perfecto.
“Ahora, id avanzando”, ordenó la I-Men con sus pensamientos. Se
alejó y fabricó una serie de cuchillas de agua lo más rápido que
pudo. Garra rechazó con destreza todas menos una que le dio de
lleno. Cuando pudo mirar a su alrededor, la cantidad de agua que la
rodeaba era mucho mayor. Erzzhia sentía los golpes y en sus brazos
comenzaron a dibujarse pequeños moratones. Debía resistir. Saber
aguantar el dolor era necesario para poder volverse más fuerte y
poder ayudar mejor al equipo.
-¡Marea!- Exclamó Waver. Automáticamente, de la corriente de agua
surgieron dos gigantescas olas que acertaron de lleno a Garra y la
hicieron caer precipitadamente al suelo. La hermana del Guerrero
Celeste y la propia Garra bufaban de dolor.
-¡Eh, perdonadme! ¿Estáis bien las dos?- Se acercó Waver,
preocupada- No he podido controlar mis fuerzas.
Garra se levantó, frunció el ceño, y la obsequió con un rápido
puñetazo en la cara.
-¡Estúpida! ¡Esa Marea ha sido una técnica muy fuerte para
tratarse de un calentamiento! Podías haberme quitado una vida en el
juego...- Exclamó indignada- Se supone que somos amigas- Finalizó
mientras le daba la espalda.
Erzzhia, que sangraba un poco en el hombro derecho, se reincorporó
también.
-Yo... lo siento, no pretendía atacar con tanta fuerza- Reconoció
la chica de agua. Erzzhia miró a Garra con tono de reproche. Era
evidente que no lo había hecho a propósito. Garra asintió, lo
entendía, así que cambió el tono.
-Bien, no pasa nada. Lucharemos en serio, entonces- Contestó. Una
idea rondaba por su cabeza. Tenía miedo de esta pelea entre amigas.
Al fin y al cabo, acababa de conocer a la joven hacía pocos días,
al igual que a todo el grupo salvo a Erzzhia. No sabía hasta que
punto podía fiarse y por eso se había alterado con su técnica.
“Bueno, independientemente del daño que nos hagamos, más daño se
supone que puede hacernos ese tal Gravitta y su equipo de jugadores.
Lo mejor será que de lo mejor de mí sin preocuparme de ella, ni de
Erzzhia”, reflexionaba mientras miraba de reojo a su mejor amiga.
Con más estabilidad emocional, dio rienda suelta a su fuerza. Afinó
la vista y divisó a Waver, que se encontraba detrás de una pequeña
roca. Dos garras afiladas fueron lanzadas hacia ella, quien
contrarrestó con un puñal hecho de agua. El puñal colisionó con
una de las cuchillas y la otra volvió a Garra, que se colocó a la
espalda de su amiga y le hizo un fuerte arañazo.
-No está mal...- Admitió la chica de agua, que se cubría ahora con
una barrera conformada por varias capas de agua, que la rodeaban.
Garra cargó contra la barrera con su cuerpo aunque fue insuficiente.
En un momento de distracción de Garra, Waver deshizo la barrera y la
atizó en la cabeza, con una porra hecha de agua fría como el hielo.
Sin embargo, la chica se mantuvo firme a pesar del dolor. La batalla
parecía igualada y ambas sentían que su vínculo de amigas se
fortalecía.
-Está bien por el momento, chicas- Propuso Erzzhia- Mi cuerpo
empieza a cansarse. Lo mejor será que descansemos un rato- Sacó una
bolsa de detrás de ella- Sage me proporcionó numerosas piezas de
fruta para nuestro entrenamiento y hace poco se ha comunicado
mentalmente conmigo. Me ha dicho que hay un pequeño bar abandonado
donde seguro que encontramos algo de carne y pescado. Podríamos ir
allí, parece que nos quedaremos varios días- Las otras dos I-Men se
mostraron de acuerdo y dedicaron el resto de la tarde a andar todo
recto, con la esperanza de encontrar aquel lugar. Finalmente, tras
varias horas de viaje, encontraron un oasis con una cabaña rústica
con una pequeña pizarra sin nada escrito. Parecía ser un viejo
restaurante, de esas casas de comidas donde el pan de pueblo está
recién hecho. Por dentro había algunas mesas con sillas tiradas por
el suelo y una cocina estrecha, de pequeñas dimensiones. Miraron en
la nevera y encontraron carne y pescado en buen estado. Al fondo,
había una sala vacía espaciosa así que optaron por instalarse
allí.
Así fueron pasando los días y las chicas comenzaron a conocerse
mejor. Todos los días entrenaban desde la mañana, cada vez
empleándose más a fondo. Descansaban un poco al mediodía y después
continuaban hasta que anochecía.
El quinto día estaban exhaustas incluso antes de empezar.
Una Garra un tanto agotada daba pasos descuidados en dirección a
Waver y ésta, tampoco muy avispada, no sabía aprovecharlo. Erzzhia
permanecía en una esquina del restaurante con los vínculos
activados y llena de hematomas. No obstante, no dudaba ni por un
momento que lo que le tocaba hacer era aguantar. Volvería mucho más
fuerte al juego. De pronto, una voz grave comenzó a oírse, sin que
fuese posible saber de donde venía.
-Bravo, vais muy bien. Estoy muy orgulloso. Waver, Garra, ahora os
tocará luchar en equipo, pero será el último día de
entrenamiento- Se trataba de la voz grave y amable de Sage- En cuanto
a ti, Erzzhia, debes venir conmigo- La voz finalizó y la hermana del
Guerrero se esfumó sin dejar rastro. Las otras dos quedaron
perplejas. ¿A quién debían enfrentarse? Aquello aparentemente
estaba vacío. Pero unas pisadas que venían de lejos no se hicieron
esperar.
El líder de los I-Men se levantó de la cama con ganas de comenzar a
escalar la montaña. Llevaba una semana realizando el mismo modus
operandi: se levantaba con el amanecer y comenzaba a subir la montaña
sin descanso. Después de comer silenciosamente, se había pasado las
siete tardes intentado dañar a su maestro, pero no lo había
conseguido, aunque cada día aguantaba cinco minutos más que el
anterior. No obstante, se sentía un poco humillado, ya que
Wakabahashi no había mostrado aún ninguno de sus poderes y se
limitaba a emplear la fuerza física. Por eso aquel día tenía que
ser diferente. Ya estaba harto. Subió la montaña hambriento,
haciendo uso de su fuerza de voluntad. A decir verdad , sentía que
se estaba aclimatando. Cada vez era más sencillo llegar a la choza.
-Vaya, veo que te superas más y más cada día- Le alagó el
maestro.
-Sí, pero aún no es suficiente. ¿De qué me sirve si todavía no
he podido ver ninguno de tus poderes?- Se quejó con rabia.
-Eliart, debes ser paciente. La paciencia es una virtud,
probablemente la que más te cuesta junto a la prudencia. Eres como
un niño a veces. Confías mucho en ti mismo y tiendes a lanzarte al
vacío sin nada más a lo que agarrarte. ¿Así es como quieres ganar
a un científico que lo tiene todo calculado como Gravitta? Debes
sosegar, amigo mío, por tu bien y por el de todo tu grupo- Explicó
con una voz calmada.
El líder refunfuñó y bajó la cabeza. Su maestro tenía mucha
razón. Ensimismado en estos pensamientos iba directo hacia el
interior de la choza cuando el asiático le detuvo.
-Hoy haremos una excepción, Eliart. Deberás golpearme antes de
comer. Si no lo haces, no comerás- Comentó tajante- Y hoy me he
encargado de preparar algo que te gustará especialmente.
Eliart le miró con una sonrisa en la cara. El maestro ya sabía cómo
sacar todo su potencial. “Ya llevamos una semana aquí. ¿Será hoy
el día que conseguirá despertar sus poderes o todavía no? Cada vez
me cuesta más la espera. Estoy deseando ver a este chico en acción”,
meditaba el anciano.
-Está bien. Que así sea- Aceptó Eliart. Se lanzó contra su
maestro, alternando puños directos y patadas. El maestro se
adelantaba a sus ataques mostrando unos reflejos increíbles, sin
duda inusuales para alguien de su edad. Wakabahashi tomó la
iniciativa, se colocó a la espalda del I-Men y le arreó una fuerte
colleja en la nuca. Cuando Eliart se giró, el maestro ya estaba
detrás a él.
“Necesito más velocidad… ¡Y también más fuerza! ¿Qué
diantres pasa con mis poderes?”, se lamentaba. El maestro le
intentó alcanzar con una fuerte patada pero esta vez Eliart la
esquivó velozmente, se llenó de furia y corrió en dirección hacia
el. Tenía que golpearle, aunque sólo fuera por orgullo. El maestro
se movió unos milímetros y se dispuso a darle un puñetazo. Eliart
se concentró por un momento en pararlo y logró contenerlo con una
de sus manos. Rápidamente, alcanzó al viejo con un golpe de
rodilla. El maestro se detuvo y le sonrío.
-No me esperaba que la primera vez que me golpearas fuese con tu
rodilla, pero estoy emocionado. Lo has conseguido. Y además sin
poderes- Reconoció maravillado- Sabía que sería hoy, al fin
podremos pelear de verdad.
Eliart se no dijo nada. Le miró sonriente mientras las gotas de
sudor bañaban su cara. Se dejó caer en el suelo fruto del
cansancio.
-No es momento de descansar, querido alumno. Es momento de una buena
comida- Le interrumpió. Ambos se dirigieron al interior de la choza-
Ten, te lo has ganado- El maestro puso en el plato de Eliart un
bistec bastante grueso y muy hecho, acompañado de patatas fritas.
Después de llevar toda la semana comiendo pescados, caldos y
verduras le pareció muy apetecible- ¿Qué se te pasa por la
cabeza?- Quiso saber Taipei que ya conocía muy bien a su alumno.
-Mis poderes...- El maestro no le dejó continuar.
-Pronto, Eliart. Pronto lograrás usarlos. Si has conseguido
alcanzarme, eso quiere decir que tu cuerpo se está adaptando a este
lugar. Pero prométeme una cosa.
El I-Men le hizo un gesto afirmativo.
-Cuando despiertes tu poder, no lo utilices para subir la montaña
más rápido. Emplea tu cuerpo únicamente y tu fortaleza mental.
Como hasta ahora- Le pidió.
-Trato hecho- Respondió el I-Men con determinación- Ahora salgamos
fuera. Voy a ganarte- Dijo, burlón.
-Ja, ja, ja, ese es el espíritu. Pero tengo que decirte que sólo
será así en tu imaginación- Le corrigió mientras salían y se
preparaban.
Eliart marchó hacia el maestro, deseando que sus poderes estuvieran
con él. Trató de alcanzarle, pero su maestro lo evitó mediante un
salto y logró ventaja para asestarle, desde arriba, una buena tanda
de patadas. El I-Men las aguantó, a la espera de encontrar alguna
flaqueza en los reflejos del maestro, ya que era extraño que dejase
un flanco sin cubrir. Tras las patadas, el maestro le atacó con un
gancho izquierdo dejando un lado al descubierto.
-¡Te has olvidado de tu costado!- Bramó Eliart aprovechando para
golpear como loco. El maestro contrarrestó sus golpes y ambos se
fundieron en una lluvia de puños y patadas. Eliart sintió calor,
mucho calor. Estaba empleando toda su velocidad para seguir el ritmo
del anciano y, aún así, no era suficiente. Quería sentir que tenía
más energía. “Te necesito ahora... ¡Aries!”, se concentró en
este pensamiento al tiempo que su cuerpo ardía cada vez más. En ese
momento, la energía anaranjada empezó a fluir por todo su cuerpo y
la mirada de ambos contendientes se llenó de alegría- ¡Vamos,
embestida!- De frente, se lanzó hacia el anciano y logró hacerle
retroceder. El maestro se frenó en seco y Eliart hizo lo mismo.
-Se acabó el calentamiento. Es de caballeros esperar a que el
contrincante se prepare- Le explicó para justificar su parada. Sin
más preámbulos, un aura amarilla muy intensa y densa iluminó la
figura del anciano. Un tatuaje con forma de rata apareció en el
centro de su frente- ¡Rayo roedor!
Los ojos de la rata en forma de tatuaje comenzaron a brillar y una
fuerte corriente de energía amarilla fue en dirección hacia Eliart
a un ritmo fulminante. De sus manos, además, salía energía
concentrada. Eliart presintió que aquel golpe era imposible de
esquivar. Iba a una velocidad increíble, como cuando Light Knight
utilizaba su máxima potencia. Tenía que ser capaz de aguantar aquel
golpe. Llamó a Tauro, su signo más resistente, y el aura verde
oscura le respondió. Sus músculos se preparaban para aguantar el
embate. Cuando el rayo de energía pasó, toda su ropa estaba
chamuscada y tenía varias quemaduras en el torso.
-Uf, que fuerza tiene. Y es sólo un ataque. Es fantástico. Debo
aprenderlo todo sobre él, debo superarle- Se dijo a sí mismo el
I-Men.
-Eso no será fácil. Pero harás lo que puedas- Concluyó el
maestro- Veamos como te las arreglas con esferas repletas de energía.
Wakabahashi atacó al I-Men con varias esferas, pero iban menos
rápidas de lo esperado y bastó el impulso de aries para sortearlas.
Eliart se dejó rodear por el aura verde oscura. Tauro en la corta
distancia no tenía rival.
-¡Destructor de Tauro!- Se dispuso a atacarle con un directo pero el
maestro despareció al instante, dejando tras de sí un ruido, como
si fuese una especie de soplido.
-Estoy aquí- Dijo justo desde arriba de Eliart, impulsándose hacia
abajo y cubierto por un aura de color marrón y un nuevo tatuaje,
esta vez en el pezón izquierdo- Acabo de usar el caballo. El signo
proporciona reflejos y capacidad para dar saltos bastante grandes.
Curiosamente, su movimiento se parece al que usa el caballo en el
ajedrez. Tu técnica no está mal, pero le falta velocidad. Es
bastante sencilla esquivarla, pero si no lo fuese sería muy
efectiva. No está mal ese Tauro- Dijo.
-Te burlas de mí. ¡Te burlas de mí!- El I-Men se alteró por
momentos y llamó a Leo, su signo más poderoso. La cara de león se
apareció en sus puños- ¡Rugido de Leo!- El maestro recibió el
ataque pero realizó una maniobra que dejó al manchego boquiabierto:
con la palma de su mano, detuvo a Leo y se lo devolvió. En el rostro
de Eliart no cabía mayor sorpresa, tanta que fue incapaz de
esquivarlo y recibió el efecto de su propio ataque.
Se levantó del suelo y sonrió aunque estaba lleno de rabia. ¿Cómo
podía ser tan fuerte?
-¿Puedes explicarme como has hecho eso?- Quiso saber el I-Men- Ni
siquiera he visto que utilizaras uno de tus signos para ello.
-No todo el poder de uno viene dado por los signos, querido alumno.
Lo que has visto es consecuencia de muchas décadas de entrenamiento-
Concluyó y fue a por su aprendiz con dos fuentes de energía en cada
mano, esta vez en forma de rata- Y dime, Eliart. ¿Qué sientes
realmente por Gaia? Veo sentimientos confusos en tu interior- Le
preguntó seriamente.
-¿Eh? ¿A qué viene eso ahora? ¡Mejor centrarse en la pelea!-
Saltó el líder eludiendo la pregunta.
-Si dices eso es porque tienes muchas dudas sin resolver. Y eso está
muy mal. Si el Agua está fuera de su cauce, la Tierra no funciona. Y
el Fuego puede mover montañas pero no gana batallas él sólo, ya
que puede desbordarse. Ese es el Triángulo de la Vida- Expuso el
sabio mientras lanzaba las bolas de rata a toda velocidad. Antes de
responder, el I-Men empleó el Rugido de Leo para encarar el ataque e
ir a misma velocidad. Mas cuando iba a rozar la rata de energía,
ésta pareció cobrar vida, se movió a toda velocidad, cual roedor y
dejó ver unos dientes afilados- ¡Rayo de la Gran Rata!- De los
colmillos de la rata surgieron rayos hechos de energía amarilla en
todas direcciones.
El rugido logró cortar algunos pero otros rodearon al I-Men. Se
encontraba atrapado entre numerosos rayos. En cambio el maestro,
saltando rayo a rayo, llegó hasta él.
-No escapes a mi pregunta- Insistió- Decir la verdad es parte de tu
entrenamiento, es parte de tu futuro, parte de tu Destino- Maestro y
alumno continuaron su duelo entre los huecos de aquella cárcel de
energía.
-Pues... - Dijo Eliart sin dejar de darle una patada- Estoy muy
enamorado de ella. Pero a veces siento que le molesta mi forma de
ser, no sé como explicarlo.
-Explícate, explícate. Pero sin dejarte zonas por cubrir- Le
aconsejó mientras le golpeaba en los riñones con otra esfera de
energía. Eliart no se quejaba, pero se veía que le costaba seguir
el ritmo.
-¡Adelante Tauro!- Lo invocó Eliart al tiempo que sus músculos
aumentaban de volumen. Alcanzó al maestro con un directo pero éste
no sintió a penas el dolor- Gaia odia luchar y me preocupa el hecho
de que siempre que hay que tomar una decisión en el grupo tengamos
opiniones diferentes.
-¿Y pueden esas diferencias de opinión socavar lo que habéis
cimentado con amor?- Preguntó el Maestro mientras hacía una
exhibición del poder del Caballo: saltó hasta casi las nubes y bajó
a una velocidad vertiginosa frente a Eliart, al que derribó con tres
puñetazos, haciéndole chocar con uno de los rayos de energía. Cayó
al suelo ipso facto y no pudo incorporarse hasta después de unos
segundos. Sus labios ya expulsaban sangre- Quizás en el suelo
pienses con más claridad- Sugirió el maestro, que estaba empezando
a pensar que estaba siendo un entrenamiento muy duro.
-¡No, continuemos! ¡Quiero ver más signos!- Dijo con emoción en
sus ojos- Y respecto a tu pregunta… creo que no- Finalizó mientras
preparaba su ataque- ¡Ahora te tengo a tiro! ¡Destructor de Tauro!-
Se alzó el valiente manchego. El aura verde oscura le envolvió y
atizó al maestro con un potente gancho que le hizo retroceder hasta
fuera de la cárcel de energía. Seguidamente, utilizó el poder de
Leo para alcanzarle sin perder ni un instante.
“Esta vez iré tan rápido que no podrá detenerlo”, pensaba. Sin
embargo, Wakabahashi reaccionó a tiempo y empleando el caballo
redujo la distancia entre ambos.
-¡Coz del Caballo!- Dijo el maestro. El vello del caballo tatuado en
su pecho brillaba con intensidad y el aura marrón se concentraba de
cintura para abajo. La pierna del maestro se impulsó hacia detrás y
le propinó una coz a Eliart que le impulsó varios metros.
Taipei aprovechó para retornar la conversación.
-¿Y si crees que no a qué viene tanta incertidumbre en tu interior?
¿No será que temes que el problema se haga mayor?- Preguntó con
toda tranquilidad al tiempo que volvía a utilizar la rata. En esta
ocasión puso sus manos juntas, en señal de oración y cerró los
ojos.
“Cierra los ojos, se burla de mi poder. ¡Y me sienta fatal!”, el
I-Men se indignaba para sus adentros. Recurrió de nuevo a Leo, no
quería emplear tan pronto el poder de Géminis porque lo consideraba
su última carta para sorprenderle. Se lanzó a por su maestro con
una furia tremenda, tanta que las pulsaciones de su corazón no
dejaban de aumentar. Fue al tercer intento que logró alcanzarle de
lleno con su puño izquierdo y, sin hacer amago de descanso, se dejó
imbuir por Aries y placó a su oponente, quien por primera vez en el
combate, mordió el polvo. El I-Men se sonrió y detuvo su ataque.
Estaba cansado y comenzaba a tener dificultades para respirar.
-Paremos un rato, te estás quedando sin aire- Ordenó el maestro.
Eliart negó con la cabeza.
-No... te dije que.. entrenaría al tiempo que te respondía... y eso
ha-haré- El I-Men hablaba entrecortado. Wakabahashi se reincorporó
y se puso en guardia.
-Que conste que es bajo tu responsabilidad. Eres tú el que insiste-
Aclaró. El I-Men estaba fascinado. Aquel anciano sólo le había
mostrado dos signos y ya era el rival más fuerte con el que se había
encontrado.
-Vamos allá. ¡Cáncer!- Se decidió el I-Men. El aura verde clara
le inundó y sintió que recuperaba fuerzas. Seguramente ya no podría
volver a usarlo pero era una situación de emergencia.
-Bonito escudo has invocado. A ver cuánto te dura- Sonrió el
maestro dejándose imbuir por un aura de color morado. En el pezón
izquierdo, a la altura del corazón, se dibujó el tatuaje de un
robusto buey.
Eliart observó al maestro con curiosidad y atención. Aquel aura
morada le resultaba familiar. Tenía unas dimensiones similares a las
de su tauro. “Debe ser un poder similar, será mejor que me
prepare...”.
-Mira, hagamos algo ¿vale? Éste va a ser el último signo que te
mostraré hoy. Siéntete orgulloso de lo que has visto, muchacho. A
cambio necesitaré que continuemos la conversación. ¿Estás
conforme?- Propuso.
El líder de los I-Men se mostró de acuerdo. Los músculos del
maestro crecían y crecían sin detenerse. Efectivamente era un poder
de la misma naturaleza que Tauro, pero mucho más fuerte.
-¡Prueba la Furia del Buey!- Bramó el maestro dirigiéndose hacia
el alumno.
-Solo..hay... una manera- Se dijo Eliart. Llamó al aura rosada de
Virgo y se esfumó. Durante unos segundos permaneció tranquilo, a la
espalda de su maestro.
-Vaya, tienes un conjunto de habilidades muy interesantes. Reconozco
que me has sorprendido- Afirmó el maestro- Pero estás ahí- Señaló
con dedo el sitio exacto donde se encontraba el I-Men.¿Sería
intuición o es que podía sentir su energía? Ninguna de las cosas
sería extraña en él.
La Furia del Buey se concentró en su puño derecho y derribó a
Eliart, que apareció al momento y voló por los aires del impacto.
Esta vez tardó cinco minutos en poder levantarse, pero lo consiguió.
-Tú... ¿sientes las… energías?- Se inquietaba el líder, que
cada vez más pensaba que se encontraba frente a una divinidad.
-No exactamente, pero he logrado intuir que estabas ahí. Parece que
tú y yo tenemos un vínculo- Ambos contendientes rieron y la batalla
prosiguió. Eliart terminó por sincerarse después de una tanda
recíproca de puños y patadas.
-Sí, temo... que las próximas decisiones nos distancien- Dijo lo
más rápido que pudo para no perder el aire- Pero es algo que
afrontaré cuando llegue el momento- Continuó sorteando las patadas
de su maestro hasta que pudo volver a vocalizar- Ambos somos muy
parecidos. Tenemos ansias de justicia pero estilos muy diferentes.
Ella hay ciertas cosas que no parece poder perdonar, por ejemplo. Yo
creo mucho en la gente, aunque a veces me... equivoque. Otra
diferencia es que es más pacífica... por ejemplo, le sedujo la idea
de ir a la isla, cosa que a mí nunca me convenció- Finalizó el
I-Men algo alterado.
-Bien. Me doy por satisfecho con tu respuesta- Reconoció Wakabahashi
Taipei mientras dejaba que el aura morada le inundara. Sabía que su
alumno quería poder comparar a el toro con el buey- Ahora seré
directo, Eliart. ¿Quieres ganar el juego? ¿O prefieres que sea otra
persona?- Eliart escuchó la pregunta pero centró sus fuerzas en
tauro. Ambos puños colisionaron y ninguno perdía terreno.
“Tengo que ganar este pulso”, pensaba el I-Men. Mas no fue
posible. A los pocos segundos el buey ganó terreno al toro y Eliart
retrocedió.
-Reconozco que has aguantado bien. No es como cuando usaste a Virgo.
Ahora dime. ¿Cuál es tu respuesta? Por hoy has terminado tu
entrenamiento, descuida- Le concedió el asiático.
-Supongo que una parte de mí quiere ganar para conocer el misterio
de los GM y lograr derrotarles. Pero otro lado sabe que no soportaría
hacer eso si para ello debe derrotar a sus amigos- Finalizó, ya más
calmado. El maestro se le acercó tranquilamente y le dio una
bofetada en la cara-¡Au! Pero ¿qué haces? ¿No habíamos terminado
de entrenar por hoy?
-Eres un egoísta, muchacho. Prefieres que esa carga la sufra otro
compañero en el que confíes, como el Guerrero Celeste- Le
recriminó. Eliart se llenó de furia. Aquel era un secreto que sólo
había compartido con su amigo. Que los maestros o Cerebro supieran
de sus poderes era normal pero, ¿y las conservaciones íntimas? ¿De
verdad serían de fiar?
-Espera ¿como diantres sabéis eso Cerebro y tú?- Exclamó
visiblemente enojado- Nadie debería saberlo.
-¿Y quién dice que me lo haya dicho alguien, Eliart? Yo sólo tengo
gracias a Cerebro una información general sobre ti. Sé de tus
poderes, con quién has combatido en el juego y algunos de tus
sentimientos y conflictos más evidentes. Otros no me los dice
Cerebro, me los dices tú.
El líder le miró sin mostrarse conforme con la respuesta.
-Mira, no sólo llevo entrenando el cuerpo desde que me puse al
servicio de los monjes de shaolin cuando tenía ocho años. También
he practicado mucha meditación, se leer la mente hasta cierto punto
y tengo muchos años. La experiencia es la madre de la ciencia. Y tú
además eres parecido a mí. No sabía que el Guerrero Celeste era a
quien habías confiado tu secreto, pero sencillamente no confías en
que el Capitán Vasco pueda descubrir las cosas por sí solo, es
demasiado bruto. No confías que Gaia vaya a hacerlo porque piensas
que estaría demasiado triste como para seguir. La duda estaba entre
Revelación, Shadow y el Guerrero Celeste. Pero éste es el único de
los tres que te ha seguido desde el principio. Ha sido por descarte.
Pero parece que he acertado. ¿Te parezco un mentiroso?
Eliart seguía pensando que había algo extraño en todo aquello,
pero luego se tranquilizó al sentir que su maestro era buena gente.
“Éste es de los míos, si me miente será por mi bien. No me
agrada, pero le respeto profundamente. De ese tal Cerebro opinaré
cuando le conozca pero no ahora. No serviría de nada”, meditaba.
-No, sé que no mientes- Contestó Eliart- Al menos, eso quiero
creer. Pero, ¿no te parecen lógicas mis dudas? Quiero decir, tú
mismo me diste a entender que lo primero son mis amigos. Les salvaría
a ellos lo primero aunque me doliese mucho no saber lo que es el
juego. Por ello...- El maestro le interrumpió.
-Sí, si no es eso lo que te critico. Sólo digo dos cosas: la
primera es que debes estar seguro de tus prioridades, al cien por
cien. Y la segunda es que no debes cargar a otros con tu cruz. Tú
has prometido ser fuerte en cuerpo, mente y espíritu, y además eres
el líder de los I-Men. No hagas que el Guerrero cargue con tu dolor.
Protegerás a tus amigos pero si llega el caso de que puedes ganar el
juego, cosa que dudo a juzgar por tu nivel, no debes encargárselo a
nadie. Es una responsabilidad con la que igual no quieren cargar.
Debes ser tú quien aguante el dolor de perderles y de estar sólo-
Concluyó el maestro.
El I-Men no sabía bien qué decir.
-Hemos tenido bastante por hoy. Cenaremos y te dejaré dormir como un
lirón. Mañana seguirás escalando. Todavía tenemos tiempo para
sacar todo tu potencial.
Demongirl llevaba bastantes horas andando por ese lugar ardiente. Sus
paredes hechas de fuego parecían propias del séptimo infierno. Al
no llevar agua consigo, sentía cada pocos metros que iba a
desfallecer. ¿Qué era realmente ese lugar? ¿Quién sería su
maestro? Caminaba recto por una llanura rodeada de montañas de lava.
El ambiente le resultaba insoportable, no por la poca vegetación, ni
siquiera por el calor. Era insoportable porque cada vez que veía
lava o fuego se acordaba de su amado David. Desde que murió estaba
más vivo que nunca en sus pensamientos. “¿Por qué tuvo que ser
precisamente él?”, se lamentaba. Por lo demás iba siempre atenta,
no sabía qué cosas podían aguardar en ese misterioso lugar. Caminó
sin detenerse hasta que empezó a sentir que los reflejos le
fallaban. “Será mejor que descanse un poco... lo que menos quiero
es flaquear y acabar cayendo a la lava”, meditaba. Así, decidió
entrar en una de las pequeñas cavernas del camino, donde la humedad
era mayor.
-Aahh, aquí se está bien- Afirmó poniéndose cómoda. La
chica-demonio aprovechó para poner en orden sus pensamientos, la
mejor manera de vengar a David era no dejarse vencer, luchar en su
nombre hasta desfallecer. Ante todo, debía ser más fuerte, dominar
su transformación demoníaca para no volver a cometer errores. “Tal
vez por eso Sage dijo que debo entrenar el Fuego. A veces soy
demasiado impulsiva. Y los enemigos cada vez son más fuertes. Además
Gravitta fue capaz de raptar a mi hermana y herirla sin miramientos.
Es muy difícil contenerse frente a un tipo así”, se repetía una
y otra vez. Sólo una pisadas acercándose desde el interior de la
caverna interrumpieron sus pensamientos. Demongirl se puso en
guardia.
-¿Quién anda ahí?- Preguntó la I-Men, airada. Pero nadie
respondió. A los pocos segundos un demonio de aproximadamente metro
y medio, de color rojo, equipado con un tridente del mismo tamaño,
se lanzó a atacar a la chica sin mediar palabra.
La criatura estaba furiosa y rugía sin parar. Por suerte para la
morena, no era demasiado fuerte. Esquivó fácilmente su tridente y
le atizó una patada en el tronco, sacándolo de la caverna, hacia la
ladera. Se detuvo un momento a mirarlo, tenía una piel hecha de
escamas, como la suya. Por un instante se horrorizó. ¿Se
convertiría en una demente si alcanzaba la transformación demoníaca
completa? Negó con la cabeza y se centró en el combate. Debía
conseguir que sus pasiones fueran positivas para la batalla y no
negativas.
El demonio utilizó sus puños y alcanzó el estómago de Demongirl,
que recibió el impacto sin retroceder, pero dejando ver su
cansancio. Después, aprovechó un momento de descuido e invocó su
espada incandescente.
-Tú no puedes ser mi maestro porque eres demasiado débil. Y además
un maleducado que ataca sin razón alguna. Así que no perderé el
tiempo contigo- La chica blandió la espada y le quemó de cintura
para abajo. El demonio frunció el ceño y su frente se tiñó de un
color morado. De su boca salieron unos bufidos muy diferentes de los
rugidos de antes durante un buen rato. Demongirl comenzó a
preocuparse. ¿Qué estaba haciendo? Le empujó hasta la lava y se
volvió rápidamente hacia detrás, pues sentía una fuerte
presencia.
-Vaya, vaya. ¿Qué hace una humana en este infierno?- Se trataba de
un demonio pero esta vez de unos dos metros y medio, más musculoso y
de color azul oscuro. En lugar de un tridente llevaba consigo dos
machetes, uno en cada mano. Iba acompañado de, al menos, diez
compañeros, todos más pequeños que él y con escamas de diferentes
colores: negros, azules más claros y rojos que eran los más
abundantes.
-Ya veo, así que aquella criatura estaba llamando a otros demonios-
Se dijo la I-Men- Pues la verdad es que no sé que hago aquí. He
sido trasladada y ando sin rumbo
-Me presentaré, me llamo Gregor y soy el Gran Señor de este
infierno. Lo regento desde mi Trono Negro, al otro lado de estas
montañas de lava. Mi tarea consiste en hacer que todo el infierno
esté debidamente ordenado y que nadie moleste a mis hermanos. Ni
otros Grandes señores de infiernos ni tampoco intrusas como tú-
Finalizó mientras mostraba sus machetes. Hablaba muy bajo, como si
cuchicheara. Se dispuso a atacarla y la chica-demonio sorteó sus
golpes fácilmente. Sintió el aura de la criatura y pudo ver que no
era demasiado fuerte. Podría vencerle con un poco de esfuerzo.
-Bah, ¿y tú eres el maestro que me envía Cerebro? No eres gran
cosa- Vaciló la I-Men. El demonio la miró con curiosidad y, tras
esto, su furia aumentó de inmediato.
-¿Quién es ese Cerebro? ¡A mí nadie me da órdenes! Y además,
¿cómo te atreves a hablar así a un Gran Señor?- Cogió a
Demongirl del pescuezo sin dejar de hablar- Yo soy el nivel superior
de este lugar, un demonio de nivel dos, no como ése al que has
derrotado que era incapaz de pensar por sí mismo.
Demongirl se sonrió. Sus palabras eran suficientes para intuir que
no era su maestro. La chica se deshizo del agarre del demonio azul y
le atizó con la espada incandescente sin lograr alcanzarle.
-Eres una humana insolente. He venido justo cuando olí tu carne.
Ahora te mataré y te devoraré- Contestó con tranquilidad.
Demongirl transformó sus dos brazos en forma demoníaca y sorprendió
a Gregor, que pudo ver que no era exactamente humana. La morena se
desenvolvió con soltura, rechazando los machetazos de aquella
criatura. Rápidamente se situó a pocos metros de él y le arreó
con un directo de sus brazos.
-Bien, ya veo que tienes sangre demoníaca. Me pondré serio
entonces- Dijo sin contemplaciones. Se puso en guardia y sus músculos
aumentaron considerablemente, al igual que su velocidad. Comenzó
entonces una batalla más igualada, aunque la I-Men llevaba ventaja.
Así, al cabo de un rato, desarmó a su oponente mediante la espada,
cortándole una mano- Maldita sea- Bramó haciendo un gesto
afirmativo a sus compañeros. El resto de demonios se acercaron para
ayudar a Gregor y rodearon a la joven, que no daba a basto. La
chica-demonio invocó la espada de luz y logró deslumbrar a sus
enemigos. Cuando se acercó a Gregor, una fina katana bañada en
plata había atravesado el estómago de éste. Una mujer recogió la
misma y la envainó en su cintura.
-No te desenvuelves mal chica, pero de no haberte encontrado podría
haber sucedido una desgracia. Ten más cuidado. En estos infiernos
hay varios Grandes Señores. Todos dicen que no hay ninguno más
porque consideran ilegítimos a los demás. Por eso van deambulando,
peleándose los unos con los otros empleando a sus pupilos. En vez de
traer el orden que tienen encomendado traen el caos. Ahora hablamos
más pero primero acabemos con esto- Finalizó.
Se pusieron espalda contra espalda empleando sus armas y al cabo de
un rato acabaron con los demonios restantes. Demongirl suspiró, el
ambiente estaba más tranquilo ahora. Miró a la desconocida con una
mezcla entre agradecimiento y enojo: estaba convencida de que podría
haber ganado ella sola y ahora ya no podría demostrárselo a sí
misma. Pero por otro lado, era consciente de que habría pasado un
mal trago de no ser por ella. La mujer tenía el cabello rubio con un
brillo plateado, vestía toda entera de cuero marrón, con una chupa
y un pantalón, llevando un cinturón con la katana y dos dagas. Al
otro lado de la cintura llevaba una riñonera hecha también de cuero
marrón, donde había algún que otro alimento, que desconocía como
habían llegado hasta ella. En la espalda, un mandoble. Su mirada era
fría, como la de aquellos demonios, estaba delgada, era un poco más
alta que la I-Men y tenía los ojos azules claros.
-A propósito, me llamo Lilith- Dijo la desconocida- Soy una cazadora
de demonios- Añadió. Demongirl estaba convencida de aquella podría
ser su maestra, pero antes de que pudiera preguntar nada, la otra le
interrumpió- Veo que la sangre demoníaca corre por tus venas. Pero
aunque tienes destreza, pierdes la calma con facilidad. Te pueden las
emociones. No deberías vacilar tanto. ¿Llevas mucho tiempo
entrenando?- Preguntó, interesada.
-Antes que nada, puedes llamarme Demongirl. Y diría que sí, llevo
poco tiempo entrenando. No hace mucho que descubrí mis poderes- Se
presentó nuestra heroína. Pero Lilith estaba distraída,
escudriñando y oliendo el suelo de aquel lugar.
-Este infierno está demasiado sucio para mí. Llevaba tiempo con
ganas de luchar contra demonios pero no a cualquier coste- Explicó-
¿Tú sabes cómo se sale de aquí, Demongirl?
-Pues no, esperaba que tú si lo supieras- Se extrañó la
chica-demonio, aquella mujer estaba muy desorientada.
-Bueno, si es como en la mayoría de los infiernos que he visitado,
la salida tiene que estar pasadas las montañas. Hay que encontrar
una montaña seca, sin lava. Vente conmigo, este lugar está
infestado de demonios. No tienes pinta de cobarde, pero si nos
topásemos con un demonio de nivel tres podríamos tener problemas-
Explicó Lilith. La morena asintió y la siguió, sospechando que
podría ser la maestra que Northern Sage le había designado.
Apenas habían empezado a caminar cuando otros diez demonios salieron
a su paso. Esta vez eran todos de nivel uno, incapaces de razonar y
guiados exclusivamente por su fuerza física. Las dos chicas se
movieron con maestría y no tardaron mucho en eliminarles. Por
desgracia para ellas, sus rugidos sirvieron de llamada para más
compañeros que estaban relativamente cerca e iban capitaneados por
el Gran Señor Tinny, un demonio de color verde oscuro, muy similar a
Gregor. Se trataba de un total de treinta demonios.
-Demongirl, te dejo al líder. Quiero ver lo que eres capaz de hacer-
Propuso Lilith, que se encargaría del resto. Con suaves y ligeros
movimientos de katana, Lilith cortó dos extremidades a cada demonio,
dejándole vía libre a la I-Men.
“Vaya, es admirable. Les ha derrotado en menos que canta un gallo.
Y eran el doble que antes. Me gustaría llegar a ese nivel...”,
meditaba mientras iba a por Tinny, quien contaba con un puñal y con
un garrote. El aura de Tinny indicaba que era algo más débil que su
compañero Gregor.
-El reto está en que acabes rápido- Interrumpió Lilith- Ya sé que
puedes ganarle.
La morena asintió y, llena de furia, empleó sus ganchos demoníacos
para contrarrestar los puños de Tinny. Éste último salió
victorioso del forcejeo, pero la morena además de fuerte, era veloz.
Se valió de ello para situarse a su espalda e invocar la espada
incandescente. Como no le gustaba matar por la espalda, hizo una
voltereta en el aire para situarse frente a él. El garrote alcanzó
a la chica-demonio, pero ésta aguantó su impacto y contestó con su
espada. Pronto logró cortar por la mitad al demonio y el fuego
inundó su cuerpo. Lo había logrado y en poco tiempo. Lilith se
acercó.
-Has tardado demasiado. Pero es normal para alguien que no tiene ni
idea de utilizar sus poderes- Dijo sonriendo. Demongirl se sitió
ofendida y no dudó en recriminarle.
-¡Oye tú! Ya vale de faltar al respeto. Puede que esté algo
dispersa pero puedo llegar a ser muy poderosa- Bramó al tiempo que
mostraba su espada, que continuaba invocada. La I-Men era consciente
de la abismal diferencia que había entre ellas dos, pero no podía
evitar decirle algo que le rondaba la cabeza todo el rato- ¿Aceptas
un duelo? Tú me pareces mucho más interesante que esos demonios de
poca monta- Le retó la chica-demonio.
-Lo mismo te digo. Será interesante ver hasta qué punto eres capaz
de utilizar la sangre demoníaca. Acepto tu desafío, pero ya te digo
que no te será fácil ganarme. He vencido a demonios de nivel tres
que no tienen nada que ver con todos los que aquí habitan. Y contra
muchos más luchadores. No obstante, si vamos a pelear, lo mejor será
refugiarnos en alguna cueva que sea más o menos amplia, donde
podamos dar rienda suelta a nuestras fuerzas sin que los demonios nos
interrumpan en todo momento.
La I-Men se mostró de acuerdo y ambas avanzaron lo más rápidas que
podían hasta hallar una cueva lo suficientemente grande. Se miraron
fijamente, ambas despertaban mucha curiosidad en la otra. No
obstante, Lilith estaba algo confusa, ¿quién era aquella chica? La
batalla estaba a punto de comenzar.
Habían pasado siete días desde que Eliart consiguió luchar con su
maestro Taipei usando poderes. Había conseguido llegar finalmente
hasta la choza definitiva, el verdadero hogar del asiático. Durante
esos días había entrenado hasta llegar al agotamiento, pero todavía
no era suficiente. De algún modo sentía que seguía habiendo mucha
distancia con Gravitta. Por las noches, maestro y alumno se hacían
preguntas. Así, Eliart sabía que su maestro era de origen
hispano-japonés, de madre española y padre japonés, pero que pasó
la mayor parte de su infancia en los picos más altos de China.
También el maestro le había confesado que aún no había logrado
dominar sus doce signos. Durante los combates, el maestro le hacía
preguntas incómodas.
-Entonces Eliart. ¿Matarás a Gravitta si tienes capacidad
suficiente?- Preguntaba Wakabahashi al tiempo que las esferas de
energía de la Rata golpeaban en los brazos musculosos de Tauro.
“Llevo una semana pegándome con él y aún no consigo su
velocidad, ni su fuerza. No es que no le pueda. Es que no le llego ni
a la suela de los zapatos”, se lamentaba el I-Men, que sabía que
tenía que responder. El maestro había dejado la conversación más
difícil para el final: sus dudas acerca de Gravitta.
-Pues...es un tema confuso- Admitió el I-Men que se valió de Leo
para impulsarse a mayor velocidad. El maestro contraatacó con el
tigre, su signo más veloz. Un tatuaje con forma de tigre se dibujó
en su nuca, seguido de un aura de color naranja que se concentró en
su pierna derecha. El rostro del tigre, con sus dientes afilados,
aparecía en la punta de su pié. El puño de Leo y la patada del
Tigre colisionaron, pero éste último creció en fuerza y velocidad,
dañando finalmente a Eliart. El maestro no paró ahí: concentró el
aura anaranjada en sus brazos y se dispuso a emplear el Asalto del
tigre.
En esta ocasión, el líder de los I-Men actuó con rapidez y el aura
azul eléctrico rodeó su cuerpo.
“Ayúdame, Géminis”, pensó el I-Men. Sólo uno de los dos
recibió el impacto y el otro fue directo a por su maestro combinando
su poder con el de Aries.
-¡Embestida!- Eliart cargó con su aura anaranjada y el maestro se
limitó a frenarle con las manos.
-Venga, respóndeme a lo importante. No te escaquees- Le advirtió,
ya empezaba a conocer muy bien a su alumno.
-Gravitta es un guerrero excepcional pero está equivocado. Su camino
es el rencor y el odio. Es de los pocos jugadores que parece
realmente malévolo.
El maestro sabía perfectamente rizar el rizo en sus conversaciones,
para llevar a Eliart a manifestar sus dudas con total claridad.
-¿Parece? O sea, que no está tan claro- Indujo mientras
intercambiaban una tanda de golpes físicos.
-Sí... parece- Reconoció Eliart, que le atacaba ahora junto con el
otro Eliart, uno desde atrás y otro por delante. El maestro, aún
así, se mostraba superior en velocidad. Eliart invocó entonces a
Tauro con uno de sus cuerpos y a Leo con el otro. Ambos se volvieron
contra Wakabahashi. En la fuerza de los golpes, el maestro notaba que
Eliart no quería responderle. Pero era necesario que lo hiciese,
pues sabía que no había asunto que le preocupase más. La
conjunción de las habilidades de Leo y Tauro derribaron al maestro,
quien cayó al suelo. No tardo más de diez segundos en volver a
estar en pié.
-Muy bien, eso ha dolido muchacho. Lo has hecho empleando tu fuerza y
tu velocidad al máximo. Pero mírate, ya te estás cansando. Es muy
difícil combinar signos a tanta altura. Te aconsejo que no hagas
locuras.
-Pues... le parecerá una tontería, maestro. Pero siento un atisbo
de dudas en Gravitta. Son mínimas. Pero hay una posibilidad de
salvarle, de hacer que renuncie al camino de la oscuridad- Se explicó
el líder de los I-Men, a la vez que deshacía el poder de géminis y
se centraba en atizar a su contendiente con los duros músculos de
Tauro. Wakabahashi cambió ahora su rostro y miró a su alumno con
severidad.
-Cuidado con lo que sientes, Eliart. A veces el sentimiento no va
unido al conocimiento. Podemos sentir que estamos en lo cierto y que
en realidad, estemos totalmente errados. Y es que la gente no suele
ser como queremos que sea, sino como realmente es.
Eliart bajó la cabeza. Le había venido a la mente la marcha del
señor Irons, que tanto le impactó. No obstante, el hombre decidió
proseguir, mientras ambos luchaban.
-Soy consciente de lo que dice, maestro. Pero le aseguro que a través
de sus ojos puedo ver que en realidad se siente incomprendido, solo.
Yo durante un tiempo me sentí así. Por suerte, eso pertenece al
pasado. Hoy por hoy he aprendido a valorar la amistad. En cambio, él
no parece haberla conocido. Y todos merecemos una oportunidad ¿no?
-Sí... y no- Dictaminó el maestro con dureza, usando de nuevo el
Asalto del tigre, que alcanzó el pecho de Eliart, quien logró
soportarlo a duras penas- Me explico: por supuesto que Gravitta puede
merecer una oportunidad, pero para ello debe ser consciente de lo que
ha hecho. Debe ser consecuente del sufrimiento que ha hecho pasar a
los demás. Si no hay arrepentimiento del que erra, no debe haber
perdón del que acierta.
Eliart asintió. Sabía que su maestro tenía razón. Si quería
salvar a Gravitta, éste debía querer. De lo contrario no sería
justo perdonarle la vida.
-Estoy de acuerdo, Maestro Wakabahashi. Si Gravitta sigue sin querer
mostrar sus dudas, si sigue pensando que sus compañeros son
subordinados, si no se arrepiente por lo que le hizo a Gaia,
indudablemente no le salvaré. Haré que pierda, quizás así
entienda que yo tenía razón- Respondió el líder de los I-Men, que
utilizó a Virgo para escapar del tigre, y finalmente lo logró.
Hizo uso de su máxima velocidad con el rugido de Leo, logrando
alcanzar el estómago del maestro. Éste lo esquivo, pero con
dificultades. Asimismo, negó con la cabeza en respuesta a la premisa
de Eliart.
-De ninguna manera, querido alumno. Si pierde no necesariamente
creerá que su método falla. Quizás piense que no tenía demasiado
odio, o que su deseo de venganza flaqueó, o algo similar. Lo que
reconocería a todas luces es que tú eres más fuerte. Ahora bien
¿es eso lo que en verdad te importa?- Le importunó.
Eliart, que sentía que sus fuerzas flaqueaban, no sabía ya qué
hacer contra el maestro. Necesitaba recuperar fuerzas y volver a
emplearlas al máximo. Sentía que con cada combate aprendía, que
cada vez era más fuerte. Pero aún estaba muy lejos de aquel
anciano. Decidió utilizar la habilidad curativa de cáncer.
-Bien, has usado la cabeza. No es bueno que te agotes si todavía
puedes curarte. Hoy llevamos todo el día luchando, ni siquiera hemos
comido. Venga, contesta a mi pregunta y despierta tu verdadera
fuerza.
-Quiero vencerle, eso te lo aseguro- Se sinceró el I-Men- No quiero
que ese tipo sea más fuerte que yo. Si alguna vez me supera o me
demuestra ser realmente más poderoso, me esforzaré al máximo para
superarle. Pero si tengo que elegir entre vencerle y salvarle, creo
que la mejor manera de vencerle es salvarle de la oscuridad, de sí
mismo.
El maestro sonrío para sus adentros .
“Ju, ju, este chico me va a dar grandes sorpresas. De tal palo tal
astilla, no cabe duda”.
-Entiendo, no tengo mucho que decir a ese respecto. Pero, perdona que
insista. Si de verdad se arrepiente ¿le salvarás?- Preguntó con
interés mientras un aura nueva, de color azul, rodeaba todo su
cuerpo. Era un aura más ligera que las demás. Un tatuaje con el
rostro del Mono se dibujó en su brazo derecho. Automáticamente, su
cuerpo se volvió elástico, pero sus golpes seguían siendo tan
duros como el acero.
-Vaya, que decepción- Admitió Eliart al ver el nuevo signo- Pensé
que te convertirías en el Rey de los Monos o algo por el estilo. Iré
con cuidado- Se centró en sortear una tanda de puñetazos elásticos
dados por su maestro, valiéndose de su escudo. El maestro falló por
unos instantes frente a la frenética velocidad del manchego. Así,
este logró agarrar uno de los brazos elásticos usando a Tauro. Acto
seguido, apretó con fuerza- ¡Presión de Tauro!- Gritó Eliart
bautizando a su nueva habilidad. En realidad se trataba de usar el
destructor pero en lugar de en sus brazos, sólo en sus manos. Hizo
girar a su maestro y lo lanzó con fuerza. Wakabahashi estaba muy
satisfecho- Digamos que no sé que hacer. El raptó a mi novia y
atacó a mis compañeros. Por una parte me gustaría y por otra
rechazo la idea. No sé tampoco que pensará el grupo al respecto y
eso desde luego determinará mi...- El maestro se adelanto,
interrumpiéndole, mientras se recuperaba del golpe y trepaba por los
árboles con la agilidad del Mono.
-Debes hacer lo que tu corazón y tu razón dicten. Si no hay
coincidencia, no hagas nada. Si la hay, actúa con todas sus
consecuencias. No debes dejar que sean otros los que tomen esa
decisión. Ellos podrán aceptarla o rechazarla, pero no impedirla-
El maestro aprovechó un descuido del I-Men y le atrapó con sus dos
brazos elásticos. Esta vez se estaba empleando a fondo. Colocó los
dos brazos en la espalda del manchego y comenzó a girar, dando
vueltas en círculo, con un movimiento muy rítmico.
-¡Baile del Mono!- Un torbellino de tierra, producto de la velocidad
del anciano, rodeó a los dos. Y tras un rato lanzó a Eliart
disparado en dirección al suelo- Ahora probemos otra cosa. ¡Patada
infinita!- Una vez en el suelo, enganchó al líder de los I-Men con
una de sus piernas, alargándola hasta donde finalizaba el campo de
batalla. Tras girarle, le dio una fuerte patada.
“Si todavía tiene voluntad para seguir, querrá decir que sólo
falta que supere una prueba. Estará listo”, meditaba el asiático.
El alumno languidecía en el suelo. Habían sido golpes muy rápidos
y seguidos. Aquel baile además no sólo mareaba, también hacia
disminuir los reflejos.
-Esta bien. Me aclararé y sabré que hacer. Lo prometo. Me resultó
preocupante que albergara tanto odio. Pero lo que más miedo me da,
es que quiere matarme- Reconoció rasgándose las vestiduras.
Respirar con normalidad era cada vez más difícil.
“Tengo que levantarme, no puedo perder. Debo ganar a Gravitta”,
se mentalizó haciendo un gran esfuerzo. Entonces notó que una nueva
energía comenzaba a fluir en su interior y un aura amarilla rodeó
su cuerpo.
-Al fin despiertas un poder distinto. Estaba deseándolo- Se sinceró
Taipei. Una balanza se dibujó en la cabeza de Eliart y éste se puso
en pié, fruto de su emociones y sin vacilar.
Eliart invocó a su nuevo poder.
-¡Adelante, Libra!- Se alzó con seguridad el líder de los I-Men.
Una enorme balanza, del tamaño de una persona, hizo su aparición.
La balanza estaba conformada por dos platos, cada uno inclinado hacia
un contendiente. En el plato inclinado hacia Eliart, aparecieron dos
bolas: una gran esfera blanca y una diminuta esfera negra. En el otro
plato, inclinado hacia el poderoso Wakabahashi, la esfera blanca
ocupaba aún más espacio y había un diminuto punto negro. Las
esferas blancas comenzaron a experimentar una tensión respecto a las
negras, comenzaron a mezclarse, quedando las esferas negras
prácticamente diluidas en unas densas bolas blancas. No obstante,
la balanza se inclinó a favor del maestro, cuya esfera tenía un
mayor tamaño.
-¿Y esto que querrá decir?- Comentaron al unísono.
-¡Luz de Justicia!- Se oyó desde la balanza. Una fuerte corriente
de energía luminosa de tonalidades amarillas fue en dirección a
Wakabahashi. Iba a una velocidad estrepitosa, de manera que le cubrió
rápidamente el cuerpo. El maestro sintió cómo sus músculos se
endurecían, su mente se aliviaba y, sobre todo, su poder aumentaba.
Estaba rebosante de energía y podía sentirlo con toda claridad. El
aura blanquecina le cubría por entero.
Eliart estaba boquiabierto. ¿Qué podía significar aquel poder?
¿Por qué la luz no había golpeado a su rival? Normalmente los
signos no eran tan complejos. El asiático sonrió a su alumno.
-Vaya, vaya, vaya. Con que este es el poder de Libra, ¿eh? Tiene un
potencial extraordinario, no esperaba menos, la verdad. ¿Entiendes
lo que ha sucedido?
Eliart dudaba. Miraba todo el rato a la balanza, que aún se mantenía
inclinada en dirección al maestro. Convencido de haber entendido el
poder de Libra, el maestro se lanzó hacia el I-Men y le asestó
varios golpes seguidos, alternando puños y patadas imbuidos en
aquella intensa luz. Aunque puso todo de su parte, el I-Men no pudo
hacer nada para esquivarlos. Eran golpes más fuertes y rápidos que
los que había experimentado luchando contra su maestro. El maestro
frenó tras una breve demostración, dejando al líder exhausto.
-Creo que ya lo entiendo- Afirmó Eliart en voz alta.
-Te escucho, a ver si piensas lo mismo que yo.
-Cada plato tiene dos esferas en cada caso, una blanca y una negra,
de tamaños diferentes. Puesto que la balanza simboliza la justicia,
podrían significar cómo es nuestra alma, nuestro interior. Puesto
que los dos tenemos buenas intenciones y buen corazón, la esfera
blanca era mayor que la esfera negra en cada caso. Tú, que eres
sabio y anciano, y curtido en hacer el bien, tienes tan sólo un
diminuto punto negro. En cambio yo tengo algunas dudas más.
-Bueno, tampoco te pases con lo de anciano...- El I-Men prosiguió
exponiendo su teoría.
-El caso es que por eso, cuando las esferas luchan, ganan las
blancas. Pero como tu alma es más pura que la mía, como eres más
bueno que yo, la Justicia te premia a ti con su poder. Es decir, que
el signo no beneficia al portador, sino al que se lo merece, a juicio
de Libra.
-Al juicio de las Estrellas- Corrigió el maestro señalando el
cielo- No suelen equivocarse. Sin duda es una habilidad increíble.
Es posible que sea algo parecido a eso que planteas, sí. Yo he
pensado lo mismo. Pero bueno, podrás comprobarlo cuando luches con
Gravitta. Seguramente contra él si que te beneficiará y te dará un
extra de poder. Siéntete orgulloso, has despertado un signo
poderoso.
Eliart bajó la cabeza con una sonrisa entrecortada. Por una parte
estaba contento por haber despertado a Libra, pero contra su maestro
era un signo que le perjudicaba. ¿Cómo podría derrotarle ahora?
Había dado lo mejor de sí y aún no era suficiente.
-Respóndeme a una última pregunta, querido alumno. Esta es más
sencilla que la anterior- Eliart asintió mientras se ponía en
guardia, ya que el maestro estaba dispuesto a atacar- ¿Crees que
Irons te traicionó? ¿Crees que fue un acto de maldad?- Expuso el
asiático. Eliart se retorcía entre varios pensamientos.
-Umm. Me sentí vilmente traicionado. Pero él no tiene la culpa de
lo que yo sienta. Desde luego, considero una mala acción dejar a tus
compañeros de lado por sentir que los otros van a ganar. Pero sé
que Irons no quería traicionarnos. Sencillamente le faltó confianza
en nosotros y puso por delante su deseo de sobrevivir. Lo sé desde
la batalla con Arcángeles- Concluyó el I-Men- Es algo que me cuesta
olvidar, pero no le guardo rencor por ello.
-Bien, pues ya estás casi listo. Falta lo más difícil- Eliart le
miró con cara de incrédulo. Estaba rendido- Invocaré al Dragón,
el signo más poderoso que domino. Hace mucho tiempo, un hombre logró
superar a la Voluntad de Dragón por unos instantes. Fue increíble.
El Dragón me aporta el poder que me necesite durante un minuto. Si
necesito vencer a un hombre más fuerte que yo, me da fuerza
suficiente. Si necesito ser más rápido, me da velocidad. Responde a
mis necesidades, a mis deseos. Pero tiene el inconveniente del
tiempo. Es difícil ganar a alguien en un minuto aunque, si te digo
la verdad, casi siempre que lo he utilizado he salido victorioso al
cabo de un rato. Gracias a él, en mis tiempos, he logrado hasta
volar.
El I-Men estaba fascinado. Si había algo que envidiaba en el poder
de Celestina era que pudiese surcar los cielos. Nada le daría más
libertad.
-Tu tarea es paliar la Voluntad de Dragón, aunque sólo sea durante
unos instantes. Eso demostrará que estás preparado para volver al
juego.
-P-pero. ¿Eso no será demasiado?- Se preocupó el I-Men, que no
sabía hasta que punto lo lograría.
-No tienes por qué lograrlo a la primera. Le pediré al Dragón
fuerzas suficientes para dejarte paralizado del golpe varias horas.
Si fallas, en varias horas deberás pararme. Confía en tu fuerza,
confía en tu espíritu. Supera al Dragón- Propuso con vehemencia.
Eliart se preparó. Un gigantesco dragón cubrió toda la espalda del
anciano. Frente con los otros tatuajes, que no se borraban hasta
finalizar el combate, era sin lugar a dudas el más grande de todos.
Un aura roja hizo brillar todo su cuerpo. Un dragón rojo de su
tamaño le rodeó el cuerpo durante unos segundos. Eliart se lanzó
sin miedo hacia el dragón, valiéndose del impulso del León. “Te
frenaré. Tengo que hacerlo. Pararé la voluntad de Dragón”,
reflexionaba.
-¡Voluntad de Dragón!- Gritó el maestro sintiendo la adrenalina.
Sus músculos se fortalecieron considerablemente. Eliart cargó con
todo, pero el dragón se impuso. La batalla se desarrollaba a varios
metros de altura, impulsados ambos por su velocidad. Un increíble
poder se concentró en el puño de Wakabahashi y Eliart lo sintió
como si se tratase de varios disparos. Definitivamente no era capaz
de mover sus articulaciones. El maestro le soltó y Eliart cayó al
suelo dejando tras de sí un inmenso cráter. El líder no podía
creerlo. Estaba prácticamente fuera de sí.
-Tendrás otra oportunidad. Concéntrate, Eliart. No lo hiciste tan
mal. En unas horas volveremos a chocar los puños- En
el cráter, el I-Men sentía que su cuerpo se iba recuperando poco a
poco. Pero todavía no podía levantarse ni empleando todas sus
fuerzas.
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