miércoles, 16 de marzo de 2016

Capítulo 49 - 'Hasta siempre, hermana'

En el interior de la tercera habitación Chairner se levantaba a duras penas. La espada vendaval había destrozado su brazo izquierdo hasta el punto de que había perdido su movilidad. El Guerrero estaba frente a él, jadeando. Había sentido el peso de aquel brazalete, retrocediendo hasta casi el final de la habitación. “Otro golpe similar en esta habitación cerrada y puedo tener problemas. Debo poner fin a este combate cuanto antes”, se trataba de convencer a sí mismo. Su rival sonreía a pesar de su dolor.
-¿De qué te ríes? ¿Te has vuelto loco?
-No es nada... es simplemente que haber intentado ligar con tu hermana me está costando la vida. No pienso morir aquí, todavía no he tocado en ningún concierto.
-La verdad es que yo amo la buena música. En otras circunstancias podríamos haber sido colegas, pero no puedo permitirme perder. ¡En guardia!- Exclamó Celestina mientras se lanzaba una esfera de viento hacia su rival.
Chairner esquivó la esfera con tranquilidad, pues no había sido lanzada con mucha fuerza. El destructor ya sabía que el objetivo de su rival era abrir un gran agujero en la pared que permitiera que el viento circulase. Concentró su fuerza en las dos cadenas, que aumentaron de tamaño nuevamente y se movían en dirección al I-Men al tiempo que sus brazaletes metálicos volvían a su densidad habitual. Rápidamente el Guerrero Celeste se percató de aquel movimiento y se echó a un lado. Pero sin darle tregua, una tercera cadena le alcanzó y le hizo caer de bruces. A toda prisa, Chairner se situó sobre él y comenzó un intercambio de puñetazos y patadas desmesuradas. Finalmente, el Guerrero Celeste se impuso, ganó distancia y lanzó tres diminutas esferas que contenían gran cantidad de aire concentrado. Las cadenas presionaron hasta hacer estallar las esferas.
De repente, la voz del Guerrero resonó en la espalda de Chairner, aprovechando la concentración de su rival se había movido en una fracción de segundo.
-Lo siento pero… ¡era una trampa! ¡Espada vendaval!- El viento penetró en la espalda de su rival de manera vertical, mediante un corte profundo que iba de lado a lado de la espalda, hasta casi alcanzar la cintura. Paralizado por unos segundos , Chairner miró su tarjeta: su segunda vida se había evaporado.
El I-Men, a su vez, estaba fatigado. No le gustaba nada tener que pelear con un límite de tiempo, ya que se cansaba de poner tanta atención.
-Bueno… creo que será mejor que te muestre todo lo que soy capaz de hacer- Explicó sin mucha emoción el destructor- El Jefe no querrá a un perdedor de compañero y probablemente el Vikingo de acero, tampoco- Refunfuñando, se colocó los dos brazaletes en el brazo derecho, ya que el izquierdo apenas respondía. Al momento, el tamaño y grosor de ambos brazaletes juntos fue tal que le cubría casi por entero el brazo.
Sin mediar palabra, contrarrestó al I-Men con una velocidad impropia en él: sin duda era consciente de que se estaba jugando la vida y no había muchas más oportunidades.
-¡Brazalete del Metal!
Celestina logró rehuir el ataque, pero era incapaz de emplear a su favor el viento que generaba.
-Vaya, vaya. ¡No das una!- Se mofó el I-Men que aprendió a volar. Pero Chairner prosiguió, haciendo caso omiso de las provocaciones, hasta conseguir que el Guerrero mordiese el polvo.
-Eres muy resistente, debo felicitarte- Reconoció el destructor al ver que su segunda barra de vida seguía prácticamente completa.
-He entrenado mucho hasta ser duro como las rocas. ¡Sigamos!
El destructor optó ahora por normalizar sus brazaletes y emplear las cadenas. Mas había una peculiaridad: en esta ocasión generó cinco enormes cadenas, cuya longitud cubría toda aquella habitación sin ventilar y cuya velocidad era, como mínimo, el doble que las tres cadenas anteriores.
El Guerrero estaba boquiabierto. ¿Como iba a hacer para esquivar todas?
-¿Co.. cómo has hecho para invocar cinco cadenas de golpe? ¿Por qué no lo has hecho antes?
Chairner guardó silenció y dibujó una sonrisa entrecortada.
-Eso no es de tu incumbencia. ¿Sabes lo que debería preocuparte? ¡Tu vida!- Exclamó mientras dos de las cadenas alcanzaban por completo al I-Men.
“Ciertamente mi rival es inteligente. Sabe que el hecho de que use cinco cadenas tiene que tener algún coste para mí. Y tiene toda la razón: no podré moverme de aquí hasta que no termine el combate. El uso de tanto poder satura mi cuerpo y me impide avanzar. Si logra superar mis cadenas, estoy verdaderamente perdido”, meditaba el destructor. Las cadenas asestaban golpes al resistente I-Men, que intentaba usar el viento que generaban contra ellas.
“Si tuviese más corrientes… tengo que poder hacer una grieta en la pared”. Finalmente, aprovechó la velocidad de la cadena que tenía más cerca y generó una corriente de viento de muy poca intensidad, pero la suficiente para inutilizar por unos instantes la cadena. Acto seguido, hizo lo propio con las otras cuatro generando pequeñas corrientes, que hicieron alejarse a las cadenas en varias direcciones.
-¡Se ha escapado! Es increíble- Se lamentó Chairner mientras trataba de reconducir las cadenas paliando la presión ejercida por las corrientes de viento.
El Guerrero aprovechó aquella distracción para lograr el que había sido su objetivo durante todo el combate: abrir una grieta en la pared para que entrase el aire. Así, su ventaja sería evidente y apenas tendría que usar su poder para ganar esa batalla. Se concentró unos segundos y fabricó una esfera del tamaño de sus manos con el poco aire concentrado que había logrado reunir. Enseguida la esfera impactó en la pared. No produjo una grieta sino un portentoso agujero. El viento del exterior empezó a inundar el tercer piso en todas direcciones.
Paralizado, Chairner no pudo emitir una ligera tos. La habitación más seca y cálida de la torre estaba ahora extremadamente húmeda. El Guerrero se sentía a gusto en su terreno y volvió las corrientes de viento del exterior contra las cadenas, logrando destruir tres de ellas en pocos segundos.
Había una diferencia abismal entre ambos contendientes.
-Te pediría que te rindieras, pero la vida de Eliart está en juego. No me queda otra que darte el golpe final. Al menos, te mostraré el resultado de mi entrenamiento- Desde cierta distancia, el guerrero comenzó a reunir el viento, que fluía con libertad. Se estaba concentrando en dos puntos: detrás de su oponente y delante de sí mismo. Una vez concentradas, las corrientes de viento conformaron una bóveda visible a los ojos. Estaban encerrados dentro de ella y hacía bastante frío. Sin embargo, el Guerrero Celeste sentía que era una temperatura idónea para pelear.
Chairner comenzó a sentirse cada vez más frío, hasta el punto de que cualquier leve movimiento muscular le hacía temblar.
-¡Espada vendaval: corriente polar!- Bramó el I-Men blandiendo su brazo. El golpe hizo desaparecer a su rival al instante y la enigmática voz del juego sonó, tan neutral y fría como siempre.
Nombre: Chairner. Poder: manejar la densidad de cadenas y brazaletes de forma alterna. Estado: Eliminado. El Guerrero sintió un escalofrío. En algún momento le tocaría a él. En el mismo lugar en donde había desaparecido Chairner, apareció la tan ansiada llave con el número 3 dibujado.
-Era de esperar que la lograses. Pero piensa en tus compañeros. ¿Crees que sobrevivirán?- Irrumpió con serenidad la voz de Gravitta, para desaparecer tras ello.

En el cuarto piso, el Capitán Vasco y el Vikingo de Acero intercambiaban puños hasta la extenuación. Se trataba de un combate muy complicado en el que ninguno cedía terreno y en el que los muros de la habitación se resentían por momentos. El Vikingo se iba imponiendo poco a poco al I-Men mostrando una fuerza notablemente superior.
-No tengo ni para empezar contigo, “capitán”- Alardeó con brusquedad. Un directo atizó el rostro del vasco, consiguiendo su repliegue.
-No está mal. Pero vas a necesitar más fuerza si quieres hacerme daño- Como loco, el Capitán se batía contra el destructor con más ganas que ningún otro jugador. No en vano, entrenar y pelear eran parte de su forma de vida. Al advertir la resistencia de su rival, el Capitán comenzó a llamar a su poderosa aura rojiblanca. Al poco, ésta le rodeó todo el cuerpo y se lanzó confiado a por el destructor.
-¡Furia Vasca!- Gritó el I-Men atizando al Vikingo con dos puñetazos y una patada, que le hicieron caer de bruces. Mas el suelo de la habitación fue el que más notó aquel golpe. El Vikingo se levantó seguro de sí mismo y, sin venir a cuento, comenzó a reír a carcajada limpia.
-Ja, ja, ja. Hay que ver. ¿De verdad piensas que podrás ganarme a ese nivel? Reconozco que tu furia vasca aumenta considerablemente tu fuerza, pero sigue siendo diminuta. Si me lo hubiese esperado, lo habría sorteado sin ningún problema- Aclaró.
-¿Fuerza diminuta? ¡Cómo te atreves!- Se indignó el Capitán- ¡Te tragarás esas palabras, estúpido fanfarrón!
Y sin más dilación, el Capitán Vasco se valió de su furia para elevar el combate hacia otro nivel. Por primera vez, sentía que podía seguir el ritmo del destructor e incluso que sus fuerzas estaban a la par. El Vikingo, acostumbrado a luchar con gente más débil que él, se percató de la insistencia del vasco y comenzó a verle como un luchador digno.
Ambos contendientes se golpeaban sin cesar y seguían sin que nada pareciese hacerles el más mínimo daño. Nada más lejos de la realidad: por momentos, sus brazos y piernas se calentaban y pedían un momento de regocijo. Pero aquellos pesos pesados del cuerpo a cuerpo se lo negaban, ya que sabían que su fuerza de voluntad debía prevalecer por encima de los deseos de su cuerpo.
El Vikingo de Acero asestó un potente y veloz directo al Capitán, que tuvo que cubrirse con su escudo. El puño resonó sobre el escudo cual toro arrancando la hierba.
-Vaya, si ese puño me llega a dar de lleno hubiese sido mi perdición. Lo reconozco- Afirmó el Capitán mientras se ponía en guardia. Sorteó un par de ganchos y como respuesta, lanzó su escudo imbuido por la furia vasca. El Vikingo de Acero lo apartó de un puñetazo, pero el I-Men ya estaba sobre él. Concentró la furia vasca en su puño y lo lanzó como un proyectil, lleno de fuerza.
-¡Lanza Vasca!- Bautizó a su nueva técnica que golpeó de lleno en la boca del estómago del destructor. Este retrocedió hasta la pared. ¿Qué había sido eso?- Más te vale que te reincorpores. Todavía tienes mucho que mostrarme- Dedujo el Capitán Vasco, que disfrutaba de aquel combate. Entonces, recordó que la vida de Eliart estaba en juego. No debía de alargar mucho la pelea.
El Vikingo se incorporó anonadado. Había perdido su primera vida.

Fuera de la torre, las chicas proseguían en su peculiar enfrentamiento con los esbirros de J.J.
La arena de Hubb que había penetrado en el interior de la barrera acuática se transformó en barro y se volvió contra la I-Men. El barro comenzó a cubrir su cuerpo y a ella no le quedaba otra que apartarse.
-¡Deshacer!- Ordenó a la parte de la barrera que todavía no había sido transformada en barro. Acto seguido, se echó a un lado y logró esquivar lo que ahora era una estructura ovalada conformada por un barro bastante duro.
-Eres hábil. Veamos cuánto- Hubb generó entonces una gigantesca bola de arena, que reforzó la barrera de barro y la impulsó a toda velocidad.
“Usar el agua no es buena idea… precisamente el barro se nutre de agua. Necesitaría emplear una gran cantidad para diluirlo”, reflexionó Waver, mientras se apartaba. “Lo mejor que puedo hacer por ahora es atacar sin que logre percibirme.. y lejos de su barro”. Sin perder ni un instante, la I-Men se disolvió en una corriente de agua ardiente y corrió hacia la espalda de su rival, que seguía enfocado en que el barro alcanzase a la joven.
Waver aprovechó el descuido y sigilosamente recuperó la forma humana. Inmediatamente generó una masa de agua cálida y la dotó de forma: ahora blandía una hermosa espada conformada con agua. Acercándose un poco más, clavó la espada en la espalda de su enemigo, haciendo un corte tan profundo que atravesó a Hubb.
-¡Ah!- Chilló de dolor el oponente, mientras el agua separaba los granos de arena con intención de esparcirlos. Aquel corte le había logrado atravesar y ahora su primera vida se había esfumado.
-Bien, bien- Se animó a sí misma Waver- Seré yo quien gane.
Hubb, con una mezcla de rabia e indignación, se volvió hacia su enemiga. En pocos instantes se había hecho de barro. Waver le miró con aire de extrañeza.
-Esa espada que blandes ha esparcido el agua sobre mi cuerpo. He aceptado que la arena no puede hacer mucho frente al agua y, en contacto con la misma, he permitido que el barro se conforme- Sonrió.
Entretanto, Garra Nocturna forcejeaba contra su propio pelo que la mantenía amarrada, acercando sus pies a su cabeza. A su vez, mechones de cabello rojo de Manx más largos y anchos que los anteriores intentaban cortar a la I-Men. Tarea ardua teniendo en cuenta las cuchillas de las que estaba compuesto su cuerpo durante la batalla, que paliaban el efecto cortante del cabello. Al percatarse, Manx enfocó su estrategia en golpear a la chica con ellos, al modo que lo harían un látigo o una cuerda.
Entonces, una felina se abalanzó sobre él llena de cólera y le rajó la cara hasta hacerle sangrar por los dos carrillos. Su segunda vida se esfumó en un santiamén.
-Basta, ya las has hecho bastante daño. No permitiré que sigas excediéndote con mi amiga- declaró Kya.
A pesar del ataque de la mujer-gato, Manx seguía controlando los cabellos rojos, aunque el color rojo comenzaba a desaparecer del pelo de Garra y, en consecuencia, volvía al tamaño natural, anulándose las ataduras. Tropezar con Kya repentinamente había aflojado su poder. Pero la mujer-gato no se replegó y basó su ataque en una auténtica persecución de su oponente. Le seguía a todas partes gracias a su presteza felina.
A la par que Kya le seguía, Garra Nocturna lograba orillar a los pelos rojizos y se arrojaba sobre él con dos cuchillas en cada mano. Tan sólo lograron hacerle caer al suelo, pero consiguieron un momento de suspiro.
-Gracias por intervenir Kya, pero no quiero que te veas involucrada en ésto. He podido analizar sus movimientos y creo que ya sé como vencer.
-De ninguna manera te dejaré sola. Tu y yo tenemos habilidades parecidas así que esa estrategia puedes compartirla conmigo. Mira, hay que tener en cuenta que nuestros amigos están en la torre y no sabemos con cuántas vidas volverán. Si luchamos las dos, el combate será más sencillo y apenas perderás vidas. ¿Entiendes?
A regañadientes, la adolescente comprendió que su amiga estaba en lo cierto. Peleando juntas acabarían antes.
-Bien, esto será lo que haremos.
Por otro lado, Hubb cargaba contra Waver enarbolando dos cimitarras de barro. De pronto, Erzzhia se colocó entre ambos. Waver supo al momento las intenciones de su amiga. Tenía intención de detenerla pero pensó que hacerlo sería menospreciar su fuerza. Erzzhia tocó el hombro del adversario generando un vínculo de tercer nivel, donde ambos compartirían el dolor del combate. Estaba segura de que su entereza marcaría la diferencia.
Pasmado, Hubb no tardó en responder.
-¿Para que has intervenido? Me has hecho algo?- Interrogó mientras le clavaba la cimitarra en el costado- Lo siento, no me lo tengas en cuenta, hermosa... ¡ah!- Soltó un alarido mientras se desdoblaba por el dolor. Sentía como si aquella misma cimitarra estuviese incrustada en sus entrañas. Su primera barra de vida se había esfumado sin dejar rastro y el golpe había reducido considerablemente la segunda.
-¡Miserable!- Bramó Hubb haciéndose a un lado. No tardó en huir del escenario para preparar su próximo ataque. Waver le siguió, no sin antes guiñar un ojo a su amiga.
Waver generó una fuerte ola con una serie de armas punzantes en su interior. Si bien el agua podría absorberla, antes se llevaría varios cortes que permitirían darla una ventaja considerable. Sin embargo, Hubb invocó a su arena antes de que la ofensiva le alcanzase.
-¡Llamo a toda la arena, capa de arena!- Ordenó al tiempo que varias capas de arena entraban en contacto con el barro de su cuerpo. Al poco, una barrera sólida, conformada por barro y pequeños materiales arenosos le envolvía por entero. La ola impactó contra la barrera sin más resultado que conseguir agrandar el barro. La embestida no era suficiente para lograr destruirlo. El servidor de J.J se valió de su ventaja momentánea para atrapar a la I-Men: del suelo, una masa embarrada comenzó a surgir y atrapó los pies de la chica. Rápidamente, la masa se definió en dos fuertes y grandes manos que levantaron a Waver y la golpearon contra el suelo varias veces seguidas. Erzzhia intervino atizando a las manos de barro con una fuerte patada. El impacto surtió efecto enseguida, ya que Hubb no era muy resistente, y la I-Men se vio liberada. No obstante, había perdido su primera vida.
-Vale… no me queda más remedio que emplear mi mejor técnica. Tal vez con éso si que logre romper la barrera por completo. La confeccioné durante nuestros días de entrenamiento pero…
-¿Pero qué?
-No tengo claro que consiga destruirle del todo, aún le quedan casi dos vidas.
-Si crees que no puedes terminar la pelea con un sólo golpe, lo mejor será que me golpees. Eso le debilitará- Se ofreció Erzzhia- Soy consciente de cuál es tu fuerza así que no te preocupes, seré capaz de aguantarlo. Y mantendré el vínculo hasta que puedas realizar esa técnica- Finalizó, decidida.
Waver asintió. Era la mejor manera de acabar con su rival cuanto antes.
No tardaron en llevar a cabo su plan, haciendo así flaquear más a Hubb. Gracias a su entrenamiento, el daño que Erzzhia recibía era mucho menor, pues lo canalizaba, expulsándolo de su cuerpo. Waver no tardó mucho en ganar distancia para preparar su ataque más potente. Para permitírselo, Erzzhia bloqueaba el camino de Hubb. Éste hizo ademán de atacarla, pero prefirió no hacerlo para no salir maltrecho él también, debido al vínculo.
Garra y Kya embestían al mismo tiempo a Manx. La idea era sencilla a la par que práctica: si lograban arrancarle el pelo de raíz, probablemente dejaría de producir cabellos. Para ello, Garra había pasado a la más radical de sus ofensivas y llevaba en cada mano cuatro cuchillas muy afiladas. No se trataba de las cuchillas que fabricaba normalmente, sino de una tipología algo más dura, que había requerido de mucho entrenamiento. El problema es que fabricar este tipo de cuchillas, algo más largas por otra parte, implicaba un sacrificio: parte de su cuerpo se sentía debilitado y, en consecuencia, una de sus vidas se vería comprometida. Kya dejaba que su melena de leona y su furia hicieran su parte. Debía complementar a las cuchillas de Garra con sus afiladas uñas y, en caso de que Manx reaccionara más rápido de lo que hasta ahora había mostrado, debería lanzarse a por él como si no hubiese mañana.
Así, dando su primera vida como pago, Garra se lanzó hacia la cabeza de su contrincante y localizó la raíz. Pero éste aprovechó la cercanía para golpearla con la melena, a modo de látigo. Cada uno de sus pelos era como una potente lanza, que lógicamente obstruía la estrategia de las I-Men.
-Déjamelo a mí- Se impuso Kya- Se hizo dos veces más pequeña que una mosca, casi invisible al ojo humano y logró situarse sobre Manx. Bastó unos instantes para que las garras felinas de Kya se incrustaran en lo más profundo de su cabeza, haciéndole perder el control de manera palpable, entre chillidos. Fue en ese momento cuando la Kya diminuta se situó en su cuello, haciendo una raja bastante más profunda que la generada en los carrillos y Garra Nocturna pudo probar hasta dónde llegaban sus cuchillas. Efectivamente, el cabello era duro de roer, pero tras mucho esfuerzo consiguió arrancarlo de raíz.
Calvo y sin aliento, Manx cayó al suelo.
-Lo siento Deloria, apiádate de un pobre fiel- Concluyó mientras su cuerpo se evaporaba junto con su última vida.
Nombre: Manx. Poder: controlar el cabello propio y ajeno. Hacer cabellos casi irrompibles. Estado: Eliminado.
Waver parecía haber desaparecido: estaba imbuida en una corriente de agua cada vez más grande. Ya estaba tan unida al agua que le costaba distinguir a cuánta temperatura estaba. Nada de eso importaba, sólo la concentración. Pensó en su hermano. Diantres ¿cuántos más de sus seres queridos deberían morir en absurdas batallas? ¿Para qué estaba en este maléfico juego cuando podría ser una adolescente normal y corriente? Tras este pensamiento, vino otro más agudo. Tener poderes tenía sus ventajas. Nunca un chico intentaría hacer algo que no quisieras que sucediera, por ejemplo. Y estar en el juego le impedía estar en el instituto al que no solía acudir. “No puedo ser derrotada. ¿Qué harían mis padres si ni David ni yo aparecemos?”
Mientras su mente navegaba, un cúmulo de litros de agua se superponían unos sobre otros, con un oleaje espectacular. Sin duda, parecía un mar surgido de su propia fuerza. Un mar con una energía impresionante y con la marea agitada. En el centro de aquel mar, Waver hizo su aparición, visiblemente cansada.
“Es el momento. ¡Anulación!”. Ordenó Erzzhia logrando eliminar el vínculo con su enemigo a tiempo, antes de recibir el daño de su amiga.
-¡Alta Mar!- Dijo Waver, y aquel pequeño pero fuerte mar se acercó a la barrera de barro y arena. Lejos de absorber el agua, el barro se dividió en diminutas partículas y Hubb fue arrastrado por la fuerza de la corriente, que era como gigantesco tsunami.
En cuanto Waver paró, su rival estaba en el suelo.
-Ha sido un combate duro pero emocionante. A fin de cuentas, he perdido contra dos chicas muy guapas. Ha sido un placer- Se despidió el último sirviente de J.J al cual la última de sus vidas acababa de dejar de acompañar.
La voz del juego sonó, implacable como siempre y estremeciendo a las I-Men. Nombre: Hubb. Poder: manejo de la arena y el barro. Estado : Eliminado. Waver jadeaba de cansancio. Caminó en dirección a Erzzhia y ambas se sentaron. Ahora necesitaban descansar. Por suerte, de momento no parecía haber más enemigos a la vista y, en conjunto, las cuatro chicas habían ganado con una cierta ventaja.

Por su parte, Revelación y Shadow llegaron al quinto piso. Shadow iba decidido a pelear pero Revelación le detuvo.
-Tu combate está justo arriba. Eres el más fuerte de los dos. Ahora bien, es posible que te enfrentes con J.J, preocúpate más por sobrevivir que por la llave. Es todo lo que alcanzo a sentir. La providencia nos ayudará.
-Descuida, venceré sin problemas- Respondió el moreno con determinación.
Revelación entró en la habitación y vio a su oponente: un individuo con el pelo negro y muy largo, cuyo cuerpo parecía ser únicamente huesos. Le esperaba sentado en un trono.
Corriendo, el moreno llegó a la sexta habitación, donde había un pequeño tatami que cubría la mitad del espacio Miró a su rival con espíritu de lucha y el hombre de confianza de Gravitta le devolvió la mirada.
En el último piso, Eliart yacía preocupado, sentado en una silla.
-Estás poniéndome a prueba, ¿verdad, Gravitta? Quieres sentir cuál es mi poder después de ver el sufrimiento de mis amigos- Se decía para sí con una sonrisa extraña. Lo cierto es que no sabía si podría ganar aquella pelea. Pero tenía que hacerlo. Tenía que demostrar a Gravitta cuán errado estaba. “Sólo espero que allí abajo les esté yendo bien”, meditaba.

Entretanto, Demongirl había acudido en auxilio de su hermana.
-¡Hermana! No quiero ponerte en peligro. He sido derrotada yo y es suficiente con ello. Déjame cargar con el peso de mi error- Dijo Gaia, entre lágrimas.
-Ay, mi hermana mayor. Siempre fuiste la más racional de las dos. No te dejes llevar por las emociones ahora. Sabes perfectamente lo que significa ser hermanas. Si Eliart y el resto de los I-Men fracasa, sería una lástima. Les he cogido mucho cariño. Pero que tú murieses por tu terquedad sería una tragedia- Demongirl decía estas palabras frunciendo el ceño, con una mirada de odio hacia su enemiga, Psikosis, que escuchaba atentamente. No era momento de atacar.
-¿Sabes? Todavía recuerdo cuando éramos pequeñas e íbamos con mamá y con Claudia a jugar al Parque del Retiro. Nos vigilaban a cada rato cuando pasaba un desconocido. Recuerdo también cuando empecé a salir con ese pesado del vecino y cómo Claudia le espiaba. ¿Que crees que diría nuestra hermana mayor si supiera que tenemos poderes? Bueno, quien sabe, igual hasta se lo imagina.
Gaia no pudo evitar reír ante los recuerdos que su hermana le hacía rememorar.
-Claudia diría que protegiésemos a quien más queremos con ellos- Respondió.
-Pues eso es lo que voy a hacer contigo. Ya sé que tu eres la mayor de las dos, pero las circunstancias se han dado así. Sé que tú habrías hecho lo mismo. Ahora déjame vía libre.
La rubia accedió. Demongirl blandió la espada que tenía en la mano, su espada ígnea.
-No tendré compasión después de lo que le has hecho pasar a mi hermana.
Psikosis hizo ademán de tratar de disculparse, pero Demongirl la cortó.
-Ni lo intentes. Peleemos sin demora- Psikosis se acercaba a la I-Men con curiosidad. “Parece decidida a acabar conmigo así que pelearé al máximo desde el principio”, reflexionó la destructora.
Mientras Psikosis se ponía en guardia y concentraba su masa muscular en el brazo derecho, que aumentó rápidamente de grosor, Demongirl se acercaba sin preámbulos, empuñando su acero. Las dos eran hábiles esquivando los ataques adversarios, pero Demongirl logró alcanzarla con la espada ígnea, haciéndola un leve corte en el brazo.
De repente, la inconfundible voz de Gravitta resonó en todo el segundo piso:
-Intervención de Demongirl en la batalla. Habéis perdido la segunda llave.
Una llave con el número “2” apareció debajo de Psikosis sólo para hacerse añicos a continuación. Gaia protestó indignada.
-Estúpido… pagará por estas reglas- Hizo ademán de levantarse, pero su hermana la increpó con la mirada. Le convenía descansar.
La I-Men sorteaba los ataques de su enemiga pero cada vez con más problemas. Psikosis no sólo era hábil en el cuerpo a cuerpo, también aprendía rápido los movimientos de su adversario. Así, al poco, logró anticiparse a Demongirl.
-¡Golpe de Presión!- Su cuerpo disminuía su densidad para concentrarse en el dedo índice. Golpeó el torso de la I-Men y la hizo retroceder.
-¿Así son tus ataques normalmente? Te felicito, eres muy fuerte, y además manejas bien los tiempos de la batalla- Le alagó la I-Men- Pero ahora voy a ponerme seria.
-Tú eres muy resistente. Un ataque parecido derribó a tu hermana al instante. Debe ser tu transformación- Dijo señalando sus piernas, que estaban conformadas por escamas demoníacas.
-En cualquier caso sé que no te has esforzado al máximo en ese golpe. Te aconsejo que lo hagas. Voy a matarte.
La destructora hizo un gesto afirmativo y no hubo más intercambio de palabras. Concentró esta vez el peso de su cuerpo en los dos puños, pero la I-Men reaccionó a tiempo y evitó el embiste. Así siguieron un buen rato hasta que Demongirl la atizó con una patada demoníaca, que frenó a la destructora y permitió a ambas ganar distancia. En ese momento, la chica-demonio invocó a su espada de luz y también a su espada normal. Manejaría las tres para terminar cuanto antes. Gracias a Destello, una luz cegadora inundó la habitación y Demongirl lo aprovechó para acercarse a la destructora. Con la espada de fuego dio de lleno a Psikosis. Mas no se conformaba y seguidamente continuó con una tanda de patadas que la destructora esquivó realizando un esfuerzo considerable. En el misma dinámica, fue ahora ella la que se impuso concentrando el peso de su cuerpo en las piernas, yendo hacia el costado de Demongirl con mucha más fuerza que la vez anterior. Era como si una tonelada cayese sobre la chica-demonio sin que ésta pudiera reaccionar a tiempo. Aunque la joven aguantó el embiste, se concienció de que necesitaba más fuerza. La musculatura de sus brazos comenzó a aumentar y las escamas negras comenzaron a esparcirse por sus brazos y generaron también su rabo.
-Creía que te transformarías en un demonio completo, pero por lo visto no está en tus planes- Sentenció la destructora.
-Cada cosa a su tiempo- Respondió la morena con aire de superioridad- De momento con este nivel me basto y me sobro.
No mentía: en pocos segundos se colocó frente a ella y comenzó a asestarle una auténtica lluvia de puños directos y estridentes patadas, frente a las cuales poco pudo hacer. Al realizar su transformación intermedia, con las cuatro extremidades de demonio, su agilidad era claramente superior a la de Psikosis. En cuanto ganó distancia, la destructora concentró su fuerza en los brazos y volvió a presionar a la I-Men, que no sólo aguantó, sino que respondió clavándole su espada normal en el hombro derecho. Sacó la espada y la sangre salió a borbotones.
Maltrecha, la destructora cayó al suelo y perdió su segunda vida.
-¡No es posible!- Se alzó Psikosis, constatando su indignación- No voy a permitir que me ganes. Te derrotaré y remataré a tu hermana- Afirmó con seriedad.
La destructora transformó su rabia en fuerza y velocidad para superar, durante algunos minutos, a la morena. Concentró toda su masa muscular en el dedo pulgar de la mano derecha y le asestó un golpe directo. La magnitud de su fuerza había aumentado, lo cual era un indicio de que estaba empleándose a fondo.
-¡Presión Máxima!- Se alzó a la vez que todo su cuerpo se desvanecía, salvo el dedo pulgar. La I-Men fue incapaz de sortear ese golpe y lo encajó. Pero para su sorpresa, cayó directamente al suelo de la habitación, haciendo una pequeña grieta.

Mientras tanto, el Guerrero Celeste se disponía a subir al séptimo piso para poner a Eliart al tanto de su batalla y hacerle entrega de la tercera llave, cuando escuchó la voz de Demongirl una planta más abajo. Enseguida intuyó lo que debía de haber sucedido.
“¡Gaia!”, pensó. “Demongirl ya ha peleado antes, puede estar flaqueando. Lo primero será ver qué está sucediendo”. Y comenzó a correr escaleras abajo.
En el segundo piso, la chica-demonio se aupaba del suelo, dispuesta a terminar el combate de un momento a otro.
-¿Te ha gustado mi ataque? Has sido la primera en ver la mejor de mis técnicas, la Presión Máxima, donde puedo hacer que sientas tres toneladas cayendo sobre tu cuerpo.
Gaia se estremeció. ¿No había considerado necesario usar tanta fuerza con ella? ¿Acaso no era más que una niña débil? Intentó levantarse, pero su corazón le instaba a descansar.
-¿Y sabes qué es lo mejor de todo? ¡Que cuando estoy al límite de mis fuerzas no dejo de usarla! Aunque me debilite, merece la pena hacerlo llevándome antes la vida de mi rival- Presumió Psikosis- Lo siento, pero el juego me ha vuelto un poco cruel y bastante sincera.
-Como a todas- Contestó la morena sin pestañear- No dejaré que me alcances una vez más. La chica-demonio se dirigió hacia ella portando ahora la claymore en sus manos, pero la destructora era habilidosa escabulléndose.
-¿Qué pasa? ¿Sólo sabes huir?- Dijo Demongirl molesta. Psikosis corrió con ímpetu desde la espalda de la I-Men, hizo el pino para sortear la Claymore y le azuzó un potente directo. Esta vez, había concentrado toda su fuerza en los nudillos y la presión era similar.
-¡Presión Máxima!- Gritó, dándole de lleno. Pero la I-Men aguantó esta vez sin pestañear y le propició varias patadas demoníacas, que la destructora evitó con una consiguiente pérdida de energía. Las dos tenían buenos reflejos y aunque la chica-demonio mostraba una mayor fuerza, Psikosis era superior en velocidad cuando peleaba al límite. Por eso, tras recular las paradas demoníacas, le propinó un nuevo golpe de presión concentrando energías en su pierna izquierda. En esta ocasión, el resto de su cuerpo parecía tan sólo una pequeña mancha negra. La rápida pierna alcanzó el torso de la chica-demonio disparándola hasta la pared.
El golpe resonó en toda la torre. Había perdido su segunda vida y el combate estaba más igualado que nunca.
-¡Mary!- Gritó su hermana, logrando finalmente ponerse en pie- Mary, por favor, detente. ¡No voy a permitir que pagues por mis errores!- La rubia se puso en guardia para proteger a su hermana, al fin y al cabo ella era la mayor. Aunque tan sólo aguantó un momento. Un pequeño momento de gloria. Volvió a caer al suelo desolada. A fin de cuentas todavía sangraba. Fue la chica-demonio la que se levantó con energías renovadas.
-Bien, a estas alturas del partido parece que no me queda otra opción. Voy a mostrarte mi carta definitiva- Sonrió.
Gaia estaba asustada. ¿Hasta dónde estaba su hermana dispuesta a llegar?
-¿Últimas palabras?- Preguntó mientras las escamas negras comenzaron a extenderse por su cabeza y por pecho.
-¡Maldito juego!- Contestó Psikosis aludiendo a su pregunta y después se puso en guardia. A los pocos segundos, su adversaria ya no contaba con ningún rasgo humano. Era un demonio negro completo.
Psikosis decidió atacar directamente. Le asestaría un directo y después le tantearía con su velocidad. Concentró su densidad en torno a ambos puños y trató de presionar a la I-Men. Para su sorpresa, esquivó el ataque sin el mayor problema y le encajó un fuerte puñetazo en la mandíbula, retrocediendo hasta la pared. Psikosis se levantó pero tenía dificultades para moverse. La transformación completa permitía una mayor coordinación entre las diversas extremidades del cuerpo. No obstante, algo extraño sucedía. Después de atacar a la destructora, la I-Men comenzó a arañar las paredes y un segundo después comenzó a golpearla, distrayéndose de la batalla.
Con dos de sus puños destrozó la pared, abriendo un boquete.
Psikosis aprovechó para hacerse a un lado. Era consciente de que para vencer tendría que hacer tiempo hasta que estuviese cansada. Pero Demongirl no le concedió ni un momento. Al instante, estaba de nuevo sobre ella. Un sinfín de puños y patadas a toda velocidad hicieron imparable a la aprendiz de Lilith, que se sentía extraña. Veía la figura a la que golpeaba y sabía que tenía que hacerlo, pero no era capaz de recordar quién era ni cual era el motivo. Finalmente, cuando la tercera barra de vida comenzaba a desaparecer, el demonio negro sintió una furia insaciable. El demonio se lanzó hacia delante y la atravesó con su puño como si fuera una espada. La voz sentenció.
Nombre: Psikosis. Poder: alterar la distribución de su masa en el cuerpo. Estado: eliminado.
Tras esto, la joven chica-demonio miraba en todas direcciones. ¿Adónde había ido su oponente? Sorprendida, comenzó a buscarla por cada rincón, golpeando al suelo y a la pared fruto de la rabia del que busca respuestas y sólo encuentra preguntas.
Gaia ya se había dado cuenta de que la transformación completa estaba dañando la consciencia de su hermana. Trataba de disimular las ganas de llorar y la impotencia y comenzó a llamarla.
-¡Hermana! Me reconoces, ¿verdad? Venga, el combate ha finalizado, has ganado tú. Es el momento de que deshagas el poder demoníaco y vayamos a informar al resto- La rubia se acercaba al demonio negro a la par que hablaba. Parecía confuso y miraba a la rubia con extrañeza.
Gaia volvió a hablar.
-Has estado brillante, Demongirl. Sin duda ahora debes ser de los más tenaces del equipo. Bueno, siempre lo has sido.
La bestia seguía sin reaccionar, así que Gaia tomó la decisión más arriesgada: tratar de mostrarle su afecto. Tal vez así volviera en sí misma. La rubia se abalanzó sobre ella con cariño y la abrazó. Hubo unos segundos de calma, pero el demonio negro seguía sin emitir palabra. De pronto, volvió a sentir la rabia de antes. Un inmenso fuego se encendía en su interior y anulaba sus sentidos. Tenía ganas de matar, de golpear, de sangre.
En ese momento, detuvo el abrazo. Su mirada cambió y se dirigió hacia Gaia. La rubia sabía que tenía que apartarse, pero no quería hacerlo. Era su hermana pequeña y que recuperase la cordura era su responsabilidad. A fin de cuentas, Demongirl no habría entrado en el combate si no fuera por salvarla de una muerte segura.
El demonio negro cogió a Gaia y la elevó.
-¡Eh, hermana! ¿Qué haces? ¡Te ordeno que pares!- Chilló la rubia, presa del pánico- ¡Por favor, Mary para! ¡Piensa en nuestros padres y en nuestra hermana Claudia! ¡No me golpees, soy la persona que más te quiere! ¡Lo sabes, sé que lo sabes! Mírame- La chica-demonio dudo unos segundos, empezaba a percatarse de que esa chica podría ser alguien importante, pero no tardó en negar con la cabeza y lanzar a su hermana bruscamente, en dirección a la pared.
Entonces comenzó a sentir una brisa fresca que la hacía frenar. Envuelta en esa corriente, bajó al suelo. El I-Men del pelo tazón acaba de llegar al segundo piso.
-¡Guerrero Celeste! Tengo que asumir que me acabas de salvar la vida. Gracias...- Pero el I-Men de viento la cortó.
-Arreglaremos cuentas más tarde. ¿Qué ha pasado aquí?
-Pasa que he vuelto a ser vencida en una batalla. Y esta vez he provocado que mi hermana pierda la razón- Se resignaba, no sabía si enfadada consigo misma o con el Juego. Celestina la abrazó ligeramente.
-Deja de castigarte. No es culpa tuya. Ella podía no haber realizado la transformación completa. Y... ¿ahora qué hacemos? Puedo intentar noquearla... no sé.
Gaia se alteró.
-¡No se trata de que acabes con mi hermana! Se trata de que logre razonar.
El Guerrero lo comprendió rápidamente. Su comentario había estado fuera de lugar.
-Demongirl. ¿Puedes recordarme? Soy el Guerrero Celeste- Hablaba gesticulando en exceso e insistiendo en si le recordaba.
No hubo atisbo de duda hasta después de unos minutos, cuando el ceño del demonio negro dejó de estar fruncido-
“Este tipo... ¿le conozco? No sé , algo me dice que no debe saber bien... no voy a matarlo”, meditaba en su fuero interno. Ambos, Celestina y Demongirl, se acercaron el uno al otro.
“Sí... creo que lo conozco. Pero...”, su cabeza comenzaba a obstruirse, no recordaba de quién se trataba. Harta de la situación, Demongirl golpeó el suelo con rabia, a escasos metros de donde estaba el Guerrero. En ese momento, volvió a fruncir el ceño y atacó al I-Men sin vacilar.
A pesar de que preveía que algo así podía ocurrir, no le dio tiempo a reaccionar y su amiga le derribó. Gaia se acercó ahora al Guerrero, que se levantó dispuesto a hacerla entrar en razón.
-Ese golpe ha dolido. ¡Ya ha terminado el combate Demongirl! La destructora ha perecido y ha sido gracias a ti. Pero a nosotros no tienes que golpearnos. Somos de los tuyos. Yo soy tu amigo y ella es Gaia, tu hermana- Dijo mirando todo el rato a los ojos esquivos del demonio negro.
Éste se acercó y tanto Gaia como el Guerrero se pusieron alerta. Pero el descontrol se apoderó de la I-Men que cogió a su hermana para elevarla por los aires de nuevo.
-¡Oh no, Gaia! Como muera, Eliart me mata- Reconoció el I-Men de viento, que vio que la chica, entre lágrimas, intentaba convencer a su hermana.
-Mary, echa el freno. Esto no tiene ninguna gracia ¿vale? ¡Debes recordarnos! ¡Haz un esfuerzo!
El demonio negro se negaba. Atizó a Gaia en la mandíbula y la lanzó de nuevo. En esta ocasión, el guerrero había sido previsor y la envolvió en el interior de una barrera de viento. La rubia, malherida, flotaba en aquella sala frente a su hermana. Fue entonces cuando los ojos de la bestia se abrieron de par en par. Demongirl estaba boquiabierta.
-¿Heer .. hermana?- Se esforzaba por hablar. Se trataba de una voz grave y tosca, más propia de un animal salvaje que de un ser humano- ¡Lo siento, hermana! ¡No puede ser, he perdido el control! Y ya vuelve otra vez...
-¿Vuelve? ¿El qué?- Preguntó Celestina, que veía aún posibilidades de recuperar a su amiga.
-¡El ardor! Arrrggg- La I-Men comenzó a rugir de manera alocada destrozando todo a su paso. Nuestros héroes se echaron a un lado con esperanzas de que de nuevo, amainara su tormenta interior.
Demongirl volvió a hablar.
-Hermana, siento mucho lo que ha pasado. Lilith, mi maestra, me advirtió de que este poder era peligroso y debía evitar usarlo en el juego. Sabía que esto podía suceder, pero siempre he confiado en mi fuerza- La chica-demonio volvió a sentir desequilibrios pero usó toda la fuerza de voluntad que aún tenía para aguantarse las ganas de destrozarlo todo.
-Hermana, gracias por salvarme la vida. La próxima vez será al revés. Ahora necesitas descansar, vuelve a tu estado normal- La animó Gaia.
-Ojalá pudiera pero, ¡Agh! ¡No es para nada sencillo!- Rugió- Llevo un rato intentándolo. Y hasta me cuesta trabajo hablar. Dejaré de ser consciente del todo de un momento a otro, pero antes, quería despedirme.
-¿Despedirte? ¿No querrás decir..?- Respondieron los dos al unísono.
-No hay otro remedio, hermanita... Si no acabo con la vida que me queda... acabaré con la de alguno de vosotros. Esto va a más... cada vez... el descontrol... es más intenso. En breve me será imposible identificaros y hasta veros. Gracias Gaia por ser mi hermana, te mereces lo mejor. Sé feliz.
La rubia trató de interrumpirla, pero la chica-demonio prosiguió.
-Guerrero, cuida de ella y dile al resto del equipo que me ha sido imposible continuar la aventura. Al menos, destrozad a Gravitta y a los súbditos. La primera llave está por esta habitación, cogedla y entregársela a Eliart.
Mientras hablaba, invocó a su espada ígnea. El Guerrero invocó con todas sus fuerzas el viento, que le agitó el pelo. Rápido como una bala se elevó y salió volando para tratar de detener a su amiga.
-¡No puedo permitírtelo!- Exclamó mientras alargaba el brazo, desesperado.
Pero todo fue en vano, Demongirl había sido más rápida y se había clavado la espada en el corazón, atravesándose de lado a lado. El I-Men llegó hasta ella justo para sostenerla y mirarla a los ojos, que estaban cerrados. Las escamas negras desparecían y una sonrisa afloraba en sus labios.
-Ahora... me reuniré con Llama Helada... vengad mi muerte, destrozad a esos GM... Adiós.
Entonces, como cualquier otro jugador, desapareció en el aire. Gaia lanzó un grito desgarrador que heló el espíritu del Guerrero Celeste. La rubia permanecía aún en la esfera de viento, y el I-Men la bajó para ver como la chica había perdido el conocimiento debido al shock. La sostuvo entre sus brazos y se lamentó por lo sucedido.
La voz del juego habló sin contemplaciones:
Nombre: Demongirl. Poder: transformarse en un demonio completo e invocar armas. Estado: Eliminado.

Tiempo restante en el reloj: 00:39:08.