domingo, 24 de enero de 2016

Capítulo 48 - 'El Bosque Artificial'

 El resto de los I-Men subieron a toda prisa, en dirección hacia el tercer piso. Revelación reflexionaba: “el Guerrero Celeste es el más poderoso de los que quedamos por luchar, pero por muy poco. Shadow y el Capitán Vasco también son unos guerreros formidables. Es difícil acertar sobre quien debe quedarse en el tercer piso y quien debe ascender. Quizás debería quedarme yo, pero algo me dice que es mejor que continúe hacia los siguientes pisos. Además de conseguir las llaves, debemos salir lo más ilesos posibles como conjunto y puedo ser un punto de apoyo para evitar males mayores. Parece que Demongirl lleva ventaja en el combate, pero Gaia está teniendo serios problemas con esa Psikosis”, meditaba.
Al cabo de un rato, consiguieron llegar a la tercer piso, donde había una habitación lúgubre a la luz de dos únicas velas, una en cada esquina. Colgaban varios posters de grupos heavys en la pared, que parecían arrancados de manera descuidada de una revista de los ochenta. No había ni una sola ventana. Un destructor vestido con una chaqueta vaquera, estilo rockera y con varias cadenas que colgaban de su cintura, estaba sentado, tarareando una canción que escuchaba en su viejo mp3 y moviendo la cabeza. Se trataba de Chairner, el más gamberro de los destructores.
-¡Así que tú eres el tercero!- Gritó el Guerrero Celeste, dando un paso al frente- Te arrepentirás de haber intentado ligar con mi hermana. Además, ya hemos peleado en una ocasión- Se volvió a sus compañeros muy decidido- ¿Os parece bien? Yo me quedo aquí, que tengo una cuenta pendiente con él. Vosotros avanzad lo más rápido que podáis hasta el séptimo piso.
Revelación le frenó unos instantes. Quería reflexionar acerca de lo adecuada que podía resultar aquella decisión. “Ciertamente tienen una fuerza parecida. Las habilidades medianas de Chairner se contrastan con las del Guerrero, no parece muy fuerte pero si habilidoso. No obstante, el dominio del viento y la altura da cierta ventaja a mi amigo. Ventaja que no tendríamos el Capitán ni yo. Tampoco es el estilo de lucha de Shadow.”
-Tu hermano peleará contra Chairner. ¿Puedes sentir lo que intento transmitirte acerca de él?- Transmitió el místico a la mente de Erzzhia.
No se obtuvo respuesta. “Vaya, parece que la estructura de la torre no nos permite comunicarnos mentalmente. Cargaré con toda la responsabilidad de la decisión”. Admitió el místico.
-Bien, por mi parte estoy de acuerdo. Es el rival más adecuado para Celestina. ¡Prosigamos!- Contestó Revelación, poniendo su mano encima del Guerrero- Tarda lo menos posible en conseguir esa llave, chico. Dudo que ganemos todas las batallas.
El Guerrero asintió.
-Cuídate, pequeñín.- Se despidió del vasco.
-Vaya, vaya. Me debes haber cogido mucho asco para tener tantas ganas de pelear conmigo- Dijo el destructor mientras se ponía sus dos brazaletes.
-Ni te lo imaginas- Respondió el I-Men, poniéndose en guardia- Ahora verás lo que he mejorado en estos días.
La voz de Gravitta retumbó en la sala sin que nadie supiese de donde provenía.
-Tercer combate, el Guerrero Celeste contra Chairner. La verdad es que me lo esperaba, pero habéis cometido un error. Lo vais a pasar fatal en las últimas plantas- Comentó con su voz siniestra.
-Cierra el pico, tramposo- Ordenó el I-Men.
-Veamos si has mejorado. Lo cierto... es que yo sí que lo hice. Hemos estado entrenando con el jefe- Alardeó el destructor, soltando sus cadenas. Al instante, dos de éstas aumentaron de tamaño y se dirigieron hacia el Guerrero como si se tratase de dos serpientes con vida.
-Esquivarte está chupado- Confesó el Guerrero, sorteando ambas cadenas. Ganó un poco de espacio y generó una esfera con viento concentrado- Vamos a empezar.
Una densa esfera fue lanzada en dirección al destructor, quien rápidamente impuso sus cadenas para devolverla en dirección al I-Men. Se trataba de unas cadenas tremendamente fuertes y pesadas que lograron desplazar el viento. El Guerrero le ordenó a la esfera detenerse y cerró los ojos para escuchar el viento. Chairner, sin dudarlo, aprovechó la concentración de su rival para acercarse a él. Si luchaban cuerpo a cuerpo podría atacar continuamente al I-Men sin dejarle ni un instante de respiro. Le costaría mucho más reunir el viento si tenía que usar continuamente sus brazos para golpear y cubrirse.
El destructor comenzó con un fuerte puñetazo, que alcanzó el pecho del Guerrero, quien rápidamente se puso en guardia.
-Buena jugada, tardaré en concentrar el viento peleando así- Reconoció mientras se cubría la cara para evitar los puños de su enemigo. Comenzó una batalla caracterizada por el cuerpo a cuerpo, donde el I-Men retrocedía por momentos. En el cuerpo a cuerpo él no era gran cosa, necesitaba más distancia. No obstante, respondió a sus ganchos con puños directos y también rechazó sus patadas sin flaquear.
“Debo ser capaz de ver el viento en esta sala sin ventilación. No debo malgastar mi energía antes de tiempo. Le aguantaré”, reflexionó.


Shadow, el Capitán Vasco y Revelación llegaron al cuarto piso. Al contrario que las habitaciones anteriores, esta habitación era amplia y elegante. Entre sus muros, destacaba un ventanal antiguo con decoración grecolatina y un escudo heráldico. En uno de los lados había dos poleas para ejercitar los brazos y varias mancuernas de muchos kilos. El Vikingo de Acero estaba sentado en un amplio sillón, bebiendo cerveza con su cuerno. Al verle, Shadow y el Capitán saltaron al unísono. Sólo uno podría pelear pero los dos querían la revancha
-Maldita escoria. Voy a aplastarte como si fueses una rata- Saltó Shadow.
-Cuida tu lenguaje soez, plebeyo moreno, o te mataré en un santiamén. Yo no voy a perder- Dijo la estilizada y musculosa figura. Shadow se disponía a lanzarse, pero el Capitán le propinó un puñetazo a su compañero y corrió hasta donde se encontraba el destructor.
-Lo siento, pero es todo mío, Shadow. Un tipo así merece que el Capitán Vasco le de una buena tunda- Dijo con seguridad.
-¡No! Soy yo quien más ganas tiene de noquearle- Reivindicó el moreno como si fuera un crío.
-Dejad que evalúe antes de decidir quien de los dos debe quedarse, anda. Es un asunto de vida o muerte- Se plantó el místico- Dadme un momento- Los dos I-Men se miraban con rivalidad mientras el verdadero rival reía a carcajadas.
-Ya está. El Capitán Vasco es el candidato adecuado para este combate- Confesó- Lo siento Shadow pero Eliart te necesita más arriba- “Tanto el Vikingo como el Capitán usan prácticamente en exclusiva su tremenda fuerza física. En ese terreno, el vasco es más hábil que Shadow, pero éste con sus rápidas sombras será útil más adelante, estoy seguro”, meditaba, aunque no estaba seguro de que fuera lo más adecuado, al fin y al cabo su poder no era infalible.
-Está bien- Asumió el moreno- Adelante, compañero.
-No pierdas- Ordenó Revelación con preocupación.
-Tranquilos, este es un trabajo para... ¡El Capitán Vasco!- Dijo al tiempo que le imbuía un aura rojiblanca.
-Cuarto combate, el Capitán Vasco contra el Vikingo de Acero. Un duelo de titanes, ¡adelante!- Intervino la serena voz del Jefe de los destructores. El Capitán Vasco fue con arrojo a por su rival y le alcanzó en su musculoso estómago. El Vikingo aguantó el impacto sin retroceder ni un milímetro.
-No está mal para comenzar, parece que tus músculos son más fuertes que hace tres días. Así que puede que consigas divertirme- Esbozó una sonrisa entrecortada y respondió a su ofensiva con un potente gancho que dio de lleno al Capitán. Era como si le hubieran golpeado con una barra de acero. El impacto le hizo retroceder hacia la pared.
-Eso... no ha estado mal.- Se levantó jadeando. “Este jugador tiene una fuerza extraordinaria. No debo pecar de incauto, lo daré todo desde el comienzo”. Así, el Capitán Vasco se dejó inundar por el aura rojiblanca- ¡Prueba mi Furia Vasca!- Bramó corriendo a una gran velocidad. Sus puños se volvían diez veces más fuertes cuando los rodeaba ese aura. Y también más veloces. Impulsado por su aura, sorteó hábilmente los ganchos del Vikingo de Acero y logró golpearle cerca del cuello, haciéndole retroceder por unos instantes.
-Interesante ja, ja, ja- El Vikingo aumentó entonces la velocidad y comenzó un intercambio de rabia y fuerza a toda velocidad. Un duelo entre pesos pesados que se negaban a ceder terreno. El suelo de la habitación se agrietaba un poco con cada movimiento. Estaban acostumbrados a luchar en espacios abiertos y se sentían cohibidos al batallar teniendo un espacio tan pequeño. No obstante, trataban de amoldarse para no destruirlo todo. Al cabo de un rato, el Capitán paró, algo cansado por el continuo acoso del destructor.
Miró el reloj y vio que ya llevaban alrededor de quince minutos peleando sin cesar.
-Esto va a ser largo. Pero no te fallaré, Eliart. Ten paciencia- Reflexionó.


En el tercer piso, las cadenas de Chairner golpeaban por quinta vez al Guerrero Celeste que no conseguía sentir el viento en esa habitación cerrada. Mientras esquivaba las duras y pesadas cadenas, cayó en la cuenta de algo. “Un momento, sí hay un poco de viento: el que generan nuestros movimientos. Es difícil, pero si logro averiguar sus movimientos, podré aprovechar ese viento para ganar distancia y atacar”, pensaba.
El I-Men, que fue capaz de ver la ofensiva, cerró los ojos y trató de anticiparse. Flotó durante unos segundos por encima del ataque, obligándole a desviarse y fue capaz de absorber el aire que impulsaba su movimiento, haciéndole un pequeño corte en el brazo. Estaba orgulloso. Había conseguido parar su ataque aprovechando el aire que emanaba del movimiento de su propio brazo y eso le permitiría ganar distancia. Chairner, extrañado se quedó pensativo y el Guerrero respondió a su descuido con dos esferas de aire concentrado, lo suficientemente grandes como para entretener un rato a las cadenas. “Es el momento, debo generar un agujero en la pared”, reflexionó Celestina. “Si lleno la habitación de viento, el combate acabará pronto”.
Mas el rockero no tardó en percatarse de las pretensiones de su oponente.
“Dejaré de aguantar las esferas. Prefiero recibir el impacto y no darle opciones de hacer un agujero”. Además, generó otras dos cadenas. Las cadenas abandonaron las esferas, que dieron de lleno al destructor. Pero atraparon a Celestina antes de que éste llegase a la pared.
-Qué rápido, maldición- Confesó mientras tres de las cadenas le propinaban fuertes latigazos. No tardó en caer al suelo pero el impacto de las esferas también había provocado que Chairner mordiera el polvo. Ambos miraron su tarjeta. Habían perdido una vida a la vez. El Guerrero Celeste fue el primero en levantarse y concentró energía en la punta de sus dedos corazón e índice. Acto seguido, voló a toda velocidad en dirección a Chairner, que le esperaba manteniendo la guardia. Justo cuando el I-Men le iba a atacar, las cadenas volvieron a la normalidad.
“Os toca, brazaletes”, pensó. Debo absorber la fuerza de las cadenas y trasladarla a mis puños Así, las cadenas perdieron tamaño y volumen, volviendo a estar colgadas del pantalón. En cambio, los dos brazaletes de cuero habían aumentado su tamaño y grosor considerablemente.
-¡Espada vendaval!- Atacó el I-Men.
-¡Brazalete de metal!- Contraatacó el destructor con un puñetazo. El brazalete incrementaba en mucho la potencia de su puño, dándole el volumen y la dureza que tienen las cadenas. Ambos ataques colisionaron.


Psikosis sorteaba velozmente las espinas de los numerosos árboles, así como los movimientos de sus ramas, que buscaban atraparla. Cuando chocaba con alguno y no podía esquivarlo, cargaba contra ellos concentrando sus masa en los puños. Aunque se hacía daño al pincharse con las espinas proseguía con una sonrisa en su semblante. La rubia, por su parte, trataba de hacer más dificultoso el camino, generando cada vez más y más ramas. Pero empezaba a sentirse cansada, se estaba esforzando demasiado.
“Generar tantos árboles en el interior de una habitación es muy complicado... y lo peor de todo es que nada puede frenarla”, se quejaba. La destructora esquivó una de las ramas que la separaban de la I-Men.
-Voy a por ti, Gaia. Tú eres muy único objetivo.
Gaia deshizo entonces parte de la vegetación y se preparó para recibir la carga de la destructora: empleando el poder de Vanaheim, un aura verde se extendió por todo su cuerpo y se transformó en un árbol grande, al que le faltaba poco para rozar el techo. Sin detenerse, generó varias capas de corteza para cubrir el tronco del árbol y se reforzó con fuertes ramas que se movían.
-Estoy preparada de sobra. Ven a comprobarlo- Le espetó.
La destructora se imaginaba que la I-Men se cubriría de todas las maneras posibles, pero eso no la detuvo. Cuando estaba a pocos metros de Gaia, logró esquivar sus brazos, transformados ya en fuertes troncos, y saltó hacia arriba como si estuviese haciendo el pino. Entonces, la mayoría de su cuerpo perdió densidad y la masa se concentró en el dedo índice de su mano derecha. Con ese dedo y estando aún a suficiente altura para esquivar los troncos, golpeó la improvisada barrera de corteza, haciéndola añicos. Mas la I-Men fue rápida y contraatacó con uno de sus troncos que esta vez impactó en la destructora, hiriéndola.
-No está mal. Pero no me ganarás con eso- Psikosis aumentó su velocidad y atacó a la I-Men con vehemencia, concentrando su masa en los puños- ¡Golpe de Presión!- Dijo, visiblemente furiosa. Gaia sintió de nuevo como si un bloque de cemento fuese lanzado sobre ella, esta vez con más fuerza que la anterior. La presión descorchó el árbol, dejando a Gaia desprotegida frente a su enemiga, que se abalanzó hacia ella. Por suerte, logró rehuirla a tiempo.
“Por los pelos... Psikosis es muy fuerte y muy rápida. Pero si la atrapo, no podrá desenvolverse con soltura. Tengo que ser capaz de generar más vida en este suelo artificial, que la Madre Naturaleza y mi maestro Hiedra me perdonen... pero no hay otra manera. Es claramente superior a mí”, meditaba la rubia. Se colocó al fondo de la habitación y colocó el cetro en el suelo, que se tiñó del aura verde. Las ramas y árboles que aún quedaban comenzaron a crecer y muchos más los acompañaron floreciendo del suelo.
-Así que ¿vas a emplear la misma técnica otra vez? No eres muy original tía.
-Tampoco es que tú seas la más indicada para hablar de originalidad. No se trata exactamente de la misma habilidad. Ahora habrá algo más- Explicó aparentemente confiada. De pronto, el aura del cetro comenzó a extenderse por su piel y algunos moratones desaparecieron. Miró sus manos, extrañada. Parecía que se trataba de una especie de habilidad regeneradora pero muy leve. Además de esto, se sintió apaciguada, tranquila. Su espíritu sabía que iba a sobrevivir a aquella batalla porque se sentía capaz de hacer cualquier cosa para derrotar a Psikosis. Así, se llenó de confianza.
“¡En qué estaba pensando! Ella no es superior a mí. Tengo que poner en práctica todo lo que he aprendido. No voy a fallarte, Eliart. No fallaré a los I-Men, ni a mi hermana”. Cerró los ojos todo lo fuerte que pudo para concentrarse y el aura verde la iluminó.
¿Puedes sentir nuestro dolor? Es la manera que tiene la Naturaleza de llamarte. Está preocupada por su defensora. Es una batalla complicada, pero siempre hay algo que se puede hacer. Concéntrate y siente nuestra fuerza.
Gaia se quedó sorprendida. ¿Le estaba hablando alguna forma de naturaleza? ¿Quizás se trataba de los árboles que acababa de crear? En cualquier caso, después de sentir ese fuerte dolor, su concentración creció al tiempo que lo hizo su confianza.
Por orden de aquella voz, el cetro se soltó de sus manos y tocó el techo, haciendo que en él también floreciera la vida. Así, hierbas, árboles, ramas y sobre todo, espinas, comenzaron a crecer desde el suelo y desde el techo, hasta generar la vegetación de un pequeño bosque dispuesto a atrapar a su intrusa. Las espinas se multiplicaron por momentos, pinchando a Psikosis en la rodilla y en los pies y generándole varios cortes en el brazo. Gaia dirigía sus esfuerzos a no dejarle avanzar. Psikosis, por su parte, respondía golpeando con firmeza cada rama, cada tronco, e incluso cada espina, a pesar de que éstas le hicieran sangrar. Estaba decidida a acabar con la I-Men, quien además se sentía presionada por el tiempo.
Tras varios segundos atrapada entre seis ramas, la destructora distribuyó su masa en torno a los músculos de sus brazos y golpeó a las diferentes ramas, rompiéndolas en un tiempo récord. Pero varias espinas surgieron de la frondosa vegetación de la rubia.
“Sólo con esto no podré detenerla... es cuestión de tiempo que me alcance. Mierda, les he fallado a todos”, se desmoralizaba por momentos mientras ordenaba que se formase una densa red vertical de espinas que cubriese desde el suelo hasta el techo. “Quedarás atrapada. No puedo perder esta batalla”. Se decía Gaia.
Mientras hacía extraordinarios esfuerzos por frenar el avance de la destructora, el cetro de Gaia comenzó a emitir un intenso aura verde que rápidamente se extendió por su cuerpo. La I-Men se sentía sorprendida: a pesar de que se parecía al aura que tenía normalmente cuando luchaba, la sensación que estaba experimentando era radicalmente nueva. “¿ Qué sucede?”, pensaba mientras se dejaba imbuir y veía cómo el puño de Psikosis golpeaba con firmeza la red de espinas.
Esto que sientes es parte de ti. Un regalo de la Madre Tierra por entender nuestro dolor. Gracias a tu entrenamiento con Hiedra y a la tenacidad que estás mostrando ahora mismo, sabemos que Ella quiere que luches en su nombre.
Gaia no preguntó quien era Ella pues le pareció evidente que se refería a la Naturaleza, que estaba transmitiéndole energía.
Estás desarrollando las habilidades derivadas de empezar a comprendernos. Pero tu cuerpo y tu mente aún son muy débiles para controlar la energía que como portadora te mereces. Sé que no entenderás mucho de esto aún. Pero queremos ayudarte. Es una batalla difícil y nublada está tu victoria. No podemos darte gran cosa, pero nuestra alma puede materializarse en Ataque para combatir al enemigo y Defensa para siempre levantarte.
Es necesario que consumas la segunda vida que te queda, pero nuestras almas serán tuyas para siempre. Si deseas nuestra ayuda, pon las dos manos sobre el cetro ahora. Y siente el dolor a tu alrededor. El dolor de la vida que has creado en este suelo inerte.
Gaia se concentró. Era bastante escéptica, pero empezaba a creer que sólo un milagro le podía salvar de una derrota. Quizás esas voces fueran parte del milagro. Al concentrarse, un destello surgió del cetro y dos arbustos comenzaron a caminar hacia Gaia, mientras Psikosis partía en dos la red de espinas. Los arbustos rodearon rápidamente a Gaia, hicieron chocar sus ramas y al momento desaparecieron en el interior de aquel prodigioso destello. La I-Men pudo comprobar que su segunda barra de vida se había esfumado con un pinchazo de dolor y a su lado aparecieron dos objetos hechos con madera. Sin duda era la madera de aquellos arbustos.
-Esta espada representa el Ataque. Y este escudo la Defensa- Reconoció cogiendo las pesadas armas- Espero saber utilizarlas.
Recuperándose del efecto del fogonazo, Psikosis se abalanzó sobre ella con su golpe de Presión y ésta interpuso su escudo para contrarrestar su impacto. El escudo logró resistir el envite.


Mientras tanto, las I-Men que se habían quedado fuera tenían la mirada puesta en la Torre. La última comunicación que tuvieron de Revelación era que el Guerrero Celeste se disponía a pelear con Chairner. Pese a todo, Erzzhia no había sido capaz de enviar pensamientos hasta Revelación.
-Espero que estén todos bien. Esta torre bloquea mi capacidad para comunicarme con todos- Explicó Erzzhia a sus amigas.
-Estoy segura de que están bien, no os preocupéis. Mi chico está con ellos- Contestó Kya orgullosa mientras tomaba un cigarro por cortesía de Waver. De pronto, comenzó a vislumbrar dos rostros a lo lejos, gracias a su vista de felino- Parece que alguien se aproxima. ¡Poneos en guardia compañeras!- Propuso mientras se preparaba para un hipotético combate. Garra Nocturna dio un paso al frente y se colocó junto a ella, en primera línea. Waver se quedó atrás por si era necesario proteger a Erzzhia, que no era especialmente hábil en la lucha.
Las siluetas no se hicieron esperar. Se trataba de dos chicos adolescentes. Uno de ellos tenía una larga melena rizada y desordenada de color negro, era de mediana altura y facciones delgadas. El otro era ancho de espaldas, con pelo corto, moreno de piel, grueso y alto.
-Buenas tardes jovencitas. Somos Manx y Hubb, los leales seguidores del poderoso J.J.- Dijo el alto, que se hacía llamar Hubb.
-Nos han hecho saber que no pudisteis entrar en la Torre... y es nuestra misión encargarnos de que no volváis a ver a vuestros amigos. Lo sentimos pero así es el juego, debemos combatiros- Prosiguió Manx mientras se atusaba el cabello.
-¡Anda ya! No pensamos perder ante nadie- Afirmó Waver dando un paso al frente. Kya retrocedió para estar cerca de Erzzhia y poder protegerla en caso de ataque.
-¡Vamos allá!- Manx corrió hacia Garra y la propinó varias patadas en el torso. Acto seguido la chica retrocedió unos pasos.
-Umm vaya, parece que eres fuerte y rápido. Veamos cuánto- Contestó la I-Men a la vez que le lanzaba dos de sus cuchillas. Manx esquivó el movimiento, se colocó al instante tras ella y su cabello comenzó a crecer continuamente moviéndose en varias direcciones hacia su enemiga, quien se dio cuenta antes de ser atrapada- Así que tu habilidad es controlar tu pelo, ¿eh? Me convertiré en una peluquera experta- Replicó mostrando dos cuchillas, una en cada puño.
Waver por su parte lanzaba una esfera de agua concentrada contra su oponente. A pesar de su tamaño y de su peso, se movía con cierta soltura, aunque a menor ritmo que la chica de agua. Comenzó una fuerte lucha cuerpo a cuerpo, un intercambio de puñetazos y patadas por doquier en el cual Hubb se imponía por momentos, debido a su complexión física. No tardó en asestarle a la más gamberra de los I-Men un gancho en la cara que la hizo retroceder. Además de esto, el sirviente de J.J aprovechó la distancia generada para hacer una demostración de la naturaleza de sus poderes: abrió la palma de sus manos y de ellas emergieron dos gigantescas esferas de arena. Waver no pudo evitar sonreír al ver a esas esferas dirigiéndose hacia ella.
“Formidable. Si todo su poder consiste en emitir y manipular la arena, sólo debo superar su velocidad y combatir su poder con mi agua. Pero no debo confiarme demasiado... intuyo que tiene un hábil manejo de sus habilidades, probablemente superior al que tengo yo”, pensaba a la vez que generaba dos esferas de agua un poco más pequeñas.
Al chocar, la fuerza del agua concentrada hizo explotar las esferas de arena e impactó directamente en Hubb. La I-Men continuó atacando conformando varias corrientes de agua en dirección a su objetivo, mas éste se mostró hábil sorteando las corrientes, dio una voltereta en el aire y se situó en la espalda de Waver, asestándole un directo que la hizo caer de bruces.
“Otro golpe semejante podría herirme. Será mejor que no me ande con chiquitas”, reflexionó mientras se ponía a la defensiva. Con sus corrientes de agua, formó una barrera de agua a cero grados y se limitó a esperar a su enemigo. Hubb se lanzó a por ella cubriendo todo su brazo izquierdo de arena.
-Estoy seguro de que puedo romper tu barrera- Dijo decidido. Mientras se dirigía hacia ella, la arena comenzó a cubrirle el otro brazo, comenzando por el hombro. Juntó las dos manos y las apretó con firmeza hasta generar una cimitarra recubierta de arena- ¡Es el momento!- Sentenció mientras cogía con dos manos el arma y presionaba para erosionar a barrera. Waver, que confiaba en su poder, comenzó a generar más corrientes de agua fría para reforzar la barrera. Pero fue insuficiente: la destreza de su enemigo produjo un agujero en la barrera y la arena comenzó a filtrarse por él.
Mientras tanto, Garra esquivaba a duras penas los cabellos de Manx, que estaba acostumbrándose a la rapidez de la I-Men.
-¡Ja! Te estoy dando problemas, ¿eh? La verdad es que lo siento mucho, ni a Hubb ni a mí nos gusta pelear. Pero ya sabes… este juego es una locura. ¿No crees?- Preguntó mientras su cabello se hacía un nudo en el brazo de su rival.
-Pues sí, todo esto es una locura. Pero por eso mismo debemos sobrevivir y destruir a los que hayan creado ésto- Contestó tensando su brazo para romper el cabello que apretaba el brazo cada vez más. Tras un rato de forcejeo, la I-Men se arriesgó a llamar a una de sus cuchillas, para que apareciera sobre su brazo, logrando cortar un pelo escurridizo que se movía continuamente.
Manx frunció el ceño. “Parece que tendré que usar todas mis fuerzas. Esta chica tiene destreza y un tipo de poder ideal para combatirme. Al menos si sigo usando mis habilidades a este nivel, claro”. Liberada del ataque de su rival, Garra Nocturna decidió no perder ni un instante. Corrió para ganar distancia y generó ocho cuchillas, que se extendían por su espalda. Al unísono, las ocho fueron disparadas hacia Manx a una velocidad que las hacía difíciles de sortear. Cuatro de ellas impactaron en su pecho, provocando un chorro de sangre.
-¡Te arrepentirás!- Bramó lleno de ira, abandonando la cortesía que había tenido al comenzar el combate. Garra continuó su ofensiva sin mediar palabra y sacó dos cuchillas, una por cada mano, que también le alcanzaron. Atónito, Manx comprobó como su primera barra de vida se había consumido. Garra, fatigada de luchar a esa velocidad, retrocedió y se puso en guardia.
-Está bien. Te mostraré la verdadera naturaleza de mi poder. Luego no te quejes diciendo que no te lo advertí- De repente, Manx cerró los ojos y de inmediato varias tiras de pelo de color rojo comenzaron a surgir en el aire. Se trataba de un cabello cuya densidad era mucho mayor, e imitaba la forma de un látigo. Dos látigos. Tres látigos. Las tiras de pelo surgían sin cesar en cuestión de unos pocos segundos.
-¡Ah!- Gritó Manx furioso, pues le iba la vida en ello. Mientras gritaba, una mata de cabello rojizo de su tamaño comenzó a cubrirle haciendo la función de barrera.
-¡En guardia!- Dijo la I-Men recurriendo a múltiples cuchillas. Las tres tiras rojizas se lanzaron hacia la I-Men que pudo ver de cerca que median cada una un metro y medio. Impulsadas por la acción del poder del chico, los tres mechones se dirigieron a gran velocidad hacia Garra, que tan sólo fue capaz de sortear una de ellas. Los densos mechones rojizos impactaron en ella como si de dos látigos se tratara, con tanta fuerza que la adolescente cayó al suelo. ¿Cómo era posible que aquellos cabellos golpeasen con tanta fuerza? Se preguntaba, lanzando con cada una de sus manos dos cuchillas en dirección a uno de ellos. Tan sólo una de las cuchillas logró cortar un poco del pelo de su enemigo.
-¿Lo ves ahora, muchacha? Se trata de un cabello especial. Me costó bastante entender la naturaleza de este poder. Te lo contaré todo- Dijo con un tono más amable- Al principio, el cabello rojizo aparecía de repente, cuando le venía en gana y atacaba tanto a mis enemigos como a mí mismo y a Hubb. Harto de esta situación, cuando conocí al señor J.J, solicité su ayuda y durante unos días los tres, Hubb, J.J y yo, estuvimos investigando de dónde podría derivar aquel poder. Así, encontramos un viejo manuscrito que habla de la mitología Deloria. Al parecer los Deloria fueron una antigua tribu que llegó a dominar grandes vertientes del conocimiento. Su origen se remonta teóricamente al continente africano antes del Antiguo Egipto, pero en realidad los pocos que saben de la existencia de este pueblo no logran ponerse de acuerdo respecto a su origen. El caso es que en esta cultura existían dioses mayores, a los que se les atribuía el origen del agua, el cielo, la Tierra y la vida. Y luego había divinidades de origen menor con atributos más cercanos al hombre. Uno de ellos era conocido como Delosari. “Delo” significa, entre otras cosas, “divinidad menor”, “losa” significa “cabello” y el prefijo “I” vendría a ser “rojo” en español, aunque evidentemente no es una traducción muy literal.
>>En el manuscrito se especificaba que los habitantes de Deloria hacían ofrendas a este dios porque se creía que detrás de un cabello duro se encontraba una personalidad fuerte, capaz de superar cualquier adversidad. Con toda seguridad, debían de ser tiempos convulsos y ellos esperaban que ese dios les diese un poco de su cabello rojo, al que atribuían la duración hasta muy entrada la vejez, la dificultad de cortarlo y sobre todo la posibilidad de usarlo como arma. Mujeres, niños y soldados le rendían pleitesía mediante un curioso ritual que, aunque se hacía en un templo, podía hacerse en cualquier parte. Finalmente comprendimos que habría que intentar establecer alguna conexión con ese ser por medio del rito, que no voy a entrar a contarte en detalle. En ese momento, pude sentir cómo el cabello comenzaba a ser parte de mí, de mi cuerpo pero también de mi alma. Y logré controlarlo y usarlo como arma.
La I-Men trataba de disimular un bostezo. Hubiese preferido que siguiese peleando en lugar de haber tenido que escuchar aquel sermón.
-Vale, vale. Tampoco te pedí tanto detalle. ¿Tuviste que investigar tanto para poder dominar tu poder? En mi caso todo fue muy intuitivo, debe ser que soy una chica afortunada- Acto seguido miró a su rival con alegría, dispuesta a terminar cuanto antes el combate- Bueno, qué. ¿Seguimos o pretendes matarme de aburrimiento?- Empuño sus garras en señal de aviso- Voy a cortarte ese pelo rojizo, no me asusta.
Manx, protegido por su barrera, se mantuvo quieto y comenzó a sonreír. Creó otras tres tiras de pelo rojizo y las arrojó hacia Garra de manera brusca. Esta vez la I-Men escapó de un salto. Pero entonces sitió cómo su propio pelo comenzaba a alargarse tiñéndose de rojo. En un momento ató sus pies y apretó su cuello hacia dentro. Se encontraba suspendida en el aire, sin poder moverse.
-Maldita... sea- Se quejó con voz entrecortada.
Kya se volvió hacia Manx, dispuesta a intervenir para dar un vuelco a la situación.
-Me olvidé mencionarte que este dios también podía generar armas en el cabello de sus semejantes, o eso decían las leyendas.
Mientras trataba de liberarse, su primera vida se esfumó.


En el segundo piso, Gaia logró frenar la embestida de Psikosis. Gracias a su nuevo escudo aguantó su empujón y gracias a la espada consiguió hacerle un leve corte en el brazo y tomar distancia para volver a ordenar actuar al bosque. Concentrada, volvió a sentir cómo su aura verde habitual la rodeaba.
-¡Bosque de espinas! Luchad con todo- Ordenó la I-Men llena de furia. Continuas espinas comenzaron a crecer en los lugares donde aún no había y dos fuertes ramas lograron alcanzar a Psikosis.
-¡No vuelvas a intentar lo mismo! No te dará resultado una vez más. Has tenido suerte la primera vez, eso es todo- Explicó la destructora concentrando su masa corporal en los dos dedos pulgares. Los dedos destrozaron varias espinas. No obstante, Gaia sabía que el bosque no era suficiente para detenerla, así que optó por introducirse en él y tratar de combatirla una vez quedase atrapada. Dos espinas brotaron del suelo al ver bajar a la defensora de la Naturaleza y se situaron entre ella y la destructora con intención de dificultarle el paso. Aunque empezaba a cansarse, la destructora era consciente de que hacerlo notar no sería bueno.
“No permitiré que consiga ventaja. He estado por delante toda la contienda y ahora no voy a perder”. Sin detenerse, golpeó con sus puños las espinas, haciéndose sangre en los nudillos, pero no se detuvo. La I-Men giró para golpearla con la espada, pero Psikosis fue más rápida y golpeó con dureza sus brazos, provocando que la espada y el escudo cayeran al suelo.
-¡Oh no!- Gritó Gaia al ver que no podía reaccionar.
-Tendrás que recibir mi golpe… sin ningún tipo de defensa- Toda la masa se concentró en las manos de la destructora, además de aumentarla- Pondré fin a ésto usando mi máxima habilidad. ¡Presión Suprema!- La destructora atacó a Gaia con las dos palmas de la mano abiertas y la joven notó como si todo un rascacielos se desplomara sobre ella. Cayó al suelo al instante generando una nube de polvo y el bosque comenzó a marchitarse con su caída.
-Vaya, veo que mi golpe ha surtido efecto. El combate está decidido- Finalizó la destructora- No te haré sufrir más, te daré el golpe de gracia.
-No… esto aún no se acaba- Insistió Gaia haciendo esfuerzos por ponerse en pie. Recogió la espada y el escudo- Tengo que ganar.
-Me admira tu resistencia, pero no hay nada que hacer. Lo siento.
En ese momento se escuchó a alguien subir las escaleras. Demongirl irrumpía en la habitación con ambas piernas transformadas. El sudor perlaba su frente y una mirada frenética la poseía. Quizá había sentido el peligro en el que se encontraba su hermana.

-¡Para de una vez hermana, no seas insensata! ¿O es que quieres morir? Menos mal que he llegado en el momento oportuno- Intervino Demongirl, que llevaba un acero en su mano- No pienso permitir que mueras aquí, confiaré en los demás para conseguir las llaves, pero... ¡te salvaré- Exclamó mientras elevaba su espada y apuntaba hacia las otras dos.

 Tiempo restante en el reloj: 00:59:01

sábado, 2 de enero de 2016

Capítulo 47 - 'El fuego y el árbol'

Demongirl lanzó un tajo al aire, tratando de alcanzar a Leariat, pero este esquivaba todos los ataques por los pelos. La chica recordó la última vez que se enfrentó al equipo de Gravitta, por aquel entonces tuvo que batallar contra J.J. “Este tipo no le llega ni a la suela del zapato, y encima es el que está en el primer piso, o sea, es el más débil”, pensaba. “Si libero mi poder en mis piernas debería ser capaz de sobrepasar su velocidad”, dedujo. Se paró y empezó a concentrar su energía. El destructor lo sintió y se lanzó, arremetiendo con fuerza con su bastón de acero.
-¡No te dejaré!- Exclamó al tiempo que golpeaba con fuerza. Demongirl interpuso su espada normal para rechazar el ataque, pero la gran fuerza de su adversario la hizo retroceder. La espada resultó aboyada, al igual que la anterior.
-Maldito seas...- Susurró la I-Men al tiempo que despachaba la espada e invocaba a Destello. “Es la primera vez que me rompen una espada, no sé si al desaparecer se recuperará. Espero que sí. Ya ha destrozado a mi espada de fuego, tendré que tener cuidado con Destello, no puedo permitir quedarme sin espadas. Ahora sólo me queda Destello y otra espada normal”, reflexionó al tiempo que agitaba su arma, dando una estocada.
Leariat y ella comenzaron entonces a dar vueltas mientras se miraban fijamente. Era evidente que él quería ganar tiempo, pues no atacaba. Demongirl, en cambio, vivía una carrera a contrarreloj, si no subía la llave a tiempo a Eliart, este podría perder un brazo o incluso morir. Tomando aire, la morena se lanzó, visualizando sus ataques. Por suerte tenía el brazo derecho transformado, de manera que sus ataques eran muy peligrosos.
El destructor lo sabía, y por eso saltaba y usaba su bastón para evitar el filo de la espada. Usaba el gran salón en su beneficio, saltando sofás y mesas, lanzando sillas cuando las tenía a mano y otros objetos que había a su alcance. Demongirl comenzaba a impacientarse. Miró el reloj en su muñeca. “Mierda, llevamos diez minutos dando vueltas como idiotas...”, pensó. Leariat sudaba, pero no parecía cansado en exceso, era evidente que era un tipo resistente. Comenzó a hablar.
-¿Sabes? Hace un par de días me incorporé a los Destructores. Encontré la torre y Gravitta me recibió, fue durante el ataque de mis compañeros a vuestra isla- El hombre movía el bastón de un lado a otro mientras hablaba- Cuando volvieron la torre usó su regla de los siete habitantes, por eso me vi obligado a vencer a Ceniza en un combate individual. Los demás aún no sabíamos que se trataba de una regla, como os ha explicado a vosotros Gravitta. Este edificio es bastante extraño.
-¿Por qué me cuentas todo esto?- La chica le miraba sin comprender a donde quería llegar. Él sonrió.
-Para distraerte, claro- Con un rápido movimiento del brazo lanzó su bastón, que cortó el aire hacía la I-Men. Demongirl pudo reaccionar a tiempo y se apartó de la trayectoria del arma, que impactó en el suelo justo donde ella había estado. El metal atravesó el mármol del suelo y las piedras volaron por el aire. “¡Ahora es el momento!”, pensó con alegría ella al tiempo que se lanzaba y enarbolaba su espada.
-¡Toma!- Usando ambos brazos agitó la espada. Leariat no había tratado de esquivarla, en su lugar salió corriendo directamente hacía ella. Justo cuando estaba a punto de cortarle el hombro, Demongirl sintió una vibración en el aire. Al siguiente instante el destructor había pasado de largo a través de ella. Como si fuera solo aire- ¿Qué? ¿Cómo ha hecho eso?- Se giró y vio como el hombre recogía su bastón.
-¿Ha sido muy rápido para ti? La próxima vez abre bien los ojos, todavía ni he usado mi poder- Se burló él.
Esto no puede seguir así, tengo que invocar mi forma demoníaca... ¡vamos!”, hizo amago de atacar, con lo cual Leariat comenzó a echarse atrás. Entonces la chica cogió un cenicero de piedra que había en una mesa cercana y lo arrojó con fuerza. El destructor saltó a un lado, pero ella ya estaba sobre él, levantando la espada. Bajó con fuerza los brazos y Leariat interpuso su bastón de acero, parando el ataque. Entonces Demongirl sonrió.
-¡Destello!- La espada se iluminó y emitió una brillante luz que cegó al destructor. Este sintió una patada que lo echaba para atrás. Cayó al suelo, pero en seguida se levantó y saltó hacía atrás, haciendo girar su bastón frente a él para prevenir cualquier ataque. Cuando abrió los ojos a los pocos segundos, se sorprendió al ver a su rival parada, concentrada.
-Mierda...- Murmuró Leariat cuando se dio cuenta de lo que pasaba. La energía se acumuló en Demongirl, y esta fluyó hasta sus piernas, donde las escamas negras cubrieron ambas extremidades. Entonces abrió los ojos, y estos eran de color rojo.
-Una pregunta, Leariat...- Comenzó a decir ella- ¿Cómo sabías lo que pretendía hacer? ¿Cómo sabías antes que quería convertir mis piernas en demoníacas?
-No lo sabía...- Contestó él. Hablar no le importaba, su deber era ganar tiempo- Tengo una visión especial, que he desarrollado tras muchos años de entrenamiento. Como tensas los músculos, cada pequeño ademán... la respiración. Todo me dice lo que pretendes hacer, por eso no has logrado darme ni una sola vez- Él sonrió- Y al sentir una fuerte energía a tu alrededor, supe que algo tramabas, mi instinto de luchador me dijo que no debía dejarte hacer eso.
-Pura suerte, vamos- Se mofó ella- Pues abre bien los ojos, ahora no serás capaz de seguirme el ritmo.
Demongirl se lanzó a una velocidad increíble. Leariat, gracias a su visión, pudo ver las intenciones de su rival, y logró anticiparse al ataque. Sin embargo, ella era tan rápida que apenas pudo reaccionar. La espada le hizo un leve corte en un brazo, de manera que agitó su bastón en busca de las costillas de ella. La I-Men retrocedió y de un elegante movimiento se situó a uno de los flancos del destructor. Este pudo seguirla con la mirada, pero su cuerpo no reaccionó a tiempo y, cuando quiso girarse, ella ya le había hecho un profundo corte en el otro brazo. Esta vez la herida era más grave y la sangre manó en abundancia.
Una de las vidas del joven había desaparecido. “Es muy rápida... con ella tendré que ir al cien por cien...”, pensó Leariat. Ella se tomó un segundo de descanso, cosa que él aprovechó para quitarse la camisa. Una ráfaga de aire sacudió la estancia. “Límites removidos”, dijo para sí.
-¿Qué has hecho?- Inquirió ella.
-Libero mi fuerza. No te extrañes, cualquier persona puede liberar su fuerza interior si pelea- “Lo que no puedo decirte, es que esta fuerza no es ilimitada. Tendré que derrotarte rápido”, meditó. Sostuvo su bastón de manera profesional y se preparó para recibir el ataque de ella. “Es importante que no perciba mi impaciencia”.
La I-Men se lanzó de cabeza mientras empuñaba su espada. Él la vio venir y respondió con un ataque de su bastón. Aunque seguía sin ser tan rápido como ella, sus reflejos eran muy buenos y pudo repeler el ataque. Demongirl se sorprendió, pero en vez de retroceder atacó de nuevo, lanzando tajos en todas direcciones. Leariat se concentró en seguir el filo de la espada, parando cada ataque por muy poco. En un momento dado liberó su fuerza de golpe, desestabilizando a la morena. Usó ese pequeño instante para arremeter con su bastón, alcanzado el estómago de ella. El impacto no fue suficiente para quitarle una vida, pero la hizo retroceder.
-Agh...- Demongirl se resentía de la herida. Aquel tipo le iba a suponer más problemas de lo que imaginaba. “No quiero tener que usar todo mi poder ahora, tal vez los demás necesiten mi ayuda... pero no me está dejando otra opción”, pensó.


Los demás ascendían las escaleras a toda velocidad. Ahora eran sólo cinco. En cabeza iba el Guerrero, junto al Capitán. Tras ellos estaba Shadow, quien se veía muy concentrado. En último lugar estaban Revelación y Gaia. El místico comenzó a sentir la energía del siguiente destructor y miró a Gaia. “Ella será la adecuada... Dejaré unos instantes para ver si ella se muestra voluntaria, si no le diré que ha llegado su momento”, meditaba.
Llegaron hasta el segundo piso. Los suelos eran ahora de madera y el piso era algo más oscuro que el anterior. Varios objetos de entrenamiento y algunas pesas ocupaban los bordes de la estancia. La poca luz venía de unas escasas lámparas, que debido a los altos techos apenas iluminaban. Unas cuantas cortinas tapaban las ventanas. En el centro de la sala se hallaba la única destructora, sentada entre dos velas, meditando. Al llegar los I-Men abrió los ojos y se levantó.
-Bienvenidos al segundo piso, soy Psikosis- Se presentó. Vestía ropa ajustada y deportiva. Camisa azul y pantalones cortos negros, como mallas. El pelo rubio oscuro se encontraba recogido en una trenza que le caía por la espalda- ¿Quién será mi rival?- Preguntó mientras se cruzaba de brazos. Gaia dio un paso.
-Está bien, yo me encargaré- Afirmó. Los demás la miraron, algo preocupados. Lo más inquietante es que la destructora no emitía ningún aura. Gaia sintió las miradas de sus compañeros y se giró- ¿Qué? ¿Creéis que no podré? La última vez no pude luchar, esta vez me haré cargo. De entre nosotros quizá sea la más débil, si voy a pelear lo mejor será que sea ahora, en el segundo piso. Más arriba están los fuertes, ¿no? Además, tengo una cuenta pendiente con ella, ya peleamos una vez en la ciudad.
-Gaia...- El Guerrero se acercó y posó su brazo sobre el hombro de ella- Tranquila, no desconfiamos de tu fuerza. Es simplemente que nos preocupamos por ti.
-Pues no hace falta, ahora subid, Eliart nos necesita- Ordenó ella al tiempo que su cetro aparecía. Lo miró y le dedicó unos pensamientos a Vanaheim.
-Venga chicos, ya la habéis oído- Les apremió el Capitán, quien ya tenía un pié en los escalones. La voz de Gravitta retumbó.
-Segundo piso, Psikosis contra Gaia, ¡adelante!
Revelación miró por última vez a la tenebrosa estancia, un pensamiento oscuro le vino a la cabeza. “Algo no está bien, Gaia pasará un mal rato aquí... esta habitación tiene la marca de la muerte. Puede que perdamos a otro I-Men...”, pensó con amargura. La voz de Erzzhia llegó hasta la mente del místico.
-Yo también lo siento, pero será mejor que no alarmemos a los demás... seguid adelante.
Revelación asintió y se giró. Él y los otros tres comenzaron a subir las escaleras. Habían tardado cerca de cinco minutos en subir, aquella torre era mucho más grande de lo que realmente parecía. Seguramente parte de su magia hacía que fuera mucho más grande por dentro.
La destructora observaba con detenimiento a Gaia, quien estaba quieta. Sin moverse del sitió sacó unos mitones negros del pantalón y se los puso, ajustándolos. En los nudillos había unas pequeñas escamas de acero.
-Vaya, no utilizaste esos en la ciudad- Dijo Gaia. Psikosis sonrió.
-Bueno, aquella vez no iba en serio. Gravitta sólo quería atraeros. Me sorprende tu decisión, en la ciudad te di una buena. Aunque por otro lado es verdad que arriba son incluso más fuertes... ¿Crees que ahora será distinto?
-Tengo que creerlo- Afirmó la I-Men al tiempo que el aura verde la envolvía. En parte por lo cansada que estaba en la ciudad y en parte debido a su poca fuerza, la otra vez no fue capaz de averiguar la habilidad de su enemiga. Eso la colocaba en desventaja, pues su poder ya había sido revelado. La rubia miró en derredor: no había vegetación ni vida cercana, de manera que no podría sustraer energía del ambiente, eso la colocaba en mala posición. Psikosis le dejó unos instantes más, y entonces se puso en guardia.
La destructora hizo el primer movimiento, corriendo hacia Gaia. La I-Men se rodeó al instante de una capa de madera. “No hay vida, y el suelo no es tierra, por lo tanto solo puedo usar los árboles que sea capaz de crear sobre mí”, reflexionó. Sin embargo esto no frenó a la otra, que levantó el puño según caía sobre Gaia.
-¡Golpe de Presión!- La I-Men se cubrió con sus brazos convertidos en poderosos troncos y con el aura verde recubriéndolos. La destructora lo ignoró y lanzó su directo sobre los brazos de Gaia, que cubrían el pecho. La madera crujió y el golpe fue tan fuerte que Gaia salió lanzada varios metros atrás, apenas pudiendo permanecer de pie.
¿Qué demonios ha sido esa fuerza?”, logró pensar justo cuando la destructora ya caía de nuevo sobre ella. “Tengo que esquivar sus golpes, no pararlos”, decidió. Psikosis lanzaba una serie de golpes directos al pecho de la otra, que en respuesta hizo crecer espinas sobre la madera que la cubría. Psikosis esquivó las espinas por los pelos. Gaia vio su momento he hizo que de sus brazos crecieran en un instante unos látigos de hiedras enormes y cubiertos de espinas. A continuación los agitó, cubriendo el mayor terreno posible. “No seré rápida, pero mis ataques cubren un área enorme, al mismo tiempo que mi defensa es muy buena, ¡toma esta!”.
La destructora no se amedrentó ante el despliegue de poder de su rival. De hecho se encaró a la barrera espinosa y corrió hacia Gaia ignorando su ataque. Justo cuando los látigos iban a golpearla hizo un movimiento muy extraño. Apoyó la punta de uno de sus pies en el suelo y se dejó caer hasta prácticamente rozar el suelo, pero sin tocarlo. Se mantenía únicamente sobre la punta de su dedo, pero al mismo tiempo no tocaba el suelo. Los látigos pasaron por encima y Psikosis se izó y continuó corriendo como si no hubiera perdido la inercia. Todo esto pasó en menos de un segundo.
Gaia trató de cubrirse, pero el ataque que acababa de hacer dejó desprotegido su hombro izquierdo, cosa que la otra aprovechó.
-¡Golpe de Presión!- Exclamó al tiempo que la golpeaba en el hombro sin cubrir de madera. Al no tener ninguna defensa, Gaia sintió como si un bloque de cemento de muchísimos kilos la estuviera impactando a una gran velocidad. La fuerza la levantó y la mandó a volar varios metros. Había perdido su primera vida. Cuando se levantó su brazo izquierdo colgaba muerto y un terrible dolor en el hombro la martilleaba.
-Pero... ¿qué demonios ha sido eso?- Preguntó la I-Men, asustada. A pesar de toda la fuerza que había ganado, esta se mostraba ahora insuficiente contra su rival. ¿Y los de pisos superiores iban a ser aún más fuertes? Gaia agarró su cetro y se preparó para lo que se le echaba encima.


Demongirl caía sobre Leariat desatando una serie de golpes con sus espadas. En la mano derecha brillaba Destello, en la mano izquierda manejaba su otra espada normal. El destructor, a pesar de su incremento de fuerza, no era rival para la combinación de sus armas. A pesar de todo se las ingeniaban para repeler los ataques, aunque de vez en cuando recibía un pequeño arañazo. Las escamas negras ya cubrían ambos brazos y piernas, y comenzaban a rodear los ojos de la chica.
Ya no había casi ningún mueble a salvo. La mayoría de sillas y sofás habían volado en mil pedazos, al igual que las alfombras. Incluso parte del suelo de mármol estaba destrozado, producto de los poderosos ataques de ambos contendientes. Leariat apretaba los dientes. “No me queda demasiado tiempo con mi fuerza liberada, tengo que ponerme serio”, pensaba. “Es hora de que use mi poder, por mucho que canse”, decidió.
Demongirl caía en ese momento sobre él usando sus dos espadas. Leariat saltó hacía ella, listo para colisionar en el aire. La chica sonrió. “Con la fuerza que llevo no será rival para mí, además cuento con la ventaja de estar encima, ¡prepárate!”. Pero entonces ocurrió algo muy extraño. Justo cuando iba a golpearle sintió aquella vibración en el aire y, sencillamente, pasó a través de él como si fuera aire. Nada más pasar, él se giró y arremetió con su bastón en la espalda de ella, haciéndola caer y causando mucho daño.
La morena golpeó el suelo con fuerza mientras que Leariat lo hacía sobre sus pies y mirándola con rostro burlón. Una de las vidas de la I-Men había desaparecido, y las escamas comenzaron a retroceder. “No, no puedo perder mi poder demoníaco ahora... ¡tengo que ser fuerte!”, pensaba ella con furia mientras se levantaba. La mirada que le dirigió al destructor destilaba pura furia. Por suerte, logró pensar en Lilith antes de lanzarse como una loca a por él. “Tengo que concentrarme, le haré hablar, parece que le gusta mucho...”.
-¿Así que ese es tu poder, eh?- Preguntó ella- ¿Pasar a través de la gente? Eso explica como esquivaste algunos de mis golpes.
-No- Dijo él con sequedad al tiempo que agitaba su bastón- Mi poder es hacerme intangible durante unos breves instantes... Aunque no otorga mucho poder de batalla, para mi estilo de pelea es algo idóneo. Ahora sigamos, no tengo mucho tiempo.
-Como quieras- Pero Demongirl sonrió, acababa de recibir una información muy importante. “¿Con que no tienes tiempo, eh? Al principió resultaba obvio que intentaba ganar tiempo para que la bomba en el reloj de Eliart se acabe. Pero desde que desató su poder se ha lanzando con mucha más temeridad. Quizá tiene un tiempo limitado para usarlo, quizá su energía sea la limitación. O puede que sólo pueda usar su poder un número de veces... tal vez varias de estas razones juntas. A pesar de que el tiempo vaya en mi contra tengo que forzarlo a usar su poder más, a agotarlo. Gastaré su tiempo mientras yo controlo la energía que uso... por lo tanto”. La chica tiró sus espadas y estas se desvanecieron. A continuación las escamas retrocedieron hasta sólo cubrir su extremidades, y nada más. Entonces adoptó una postura cuerpo a cuerpo y se lanzó. Leariat utilizó su bastón para defenderse, pero a la mínima oportunidad que encontró, Demongirl se lo arrancó con las manos.
El destructor masculló algo por lo bajo, pero aceptó el encuentro e imitó la postura de Demongirl. Entonces comenzó una batalla a puño limpio. La mayoría de los golpes eran esquivados, pues ambos eran sumamente rápidos. Otros golpes chocaban entre ellos y los echaban para atrás debido a la fuerza. La chica lo presionaba continuamente, forzando sus límites para acorralarle. De nuevo, en dos ocasiones se vio obligado a utilizar su poder.
Demongirl observó que cuando Leariat se hacía intangible no se hundía en el suelo, lo cual no tenía sentido. Se acordó de Argem, cuyo poder se parecía mucho al de su enemigo. “La diferencia es que Argem entraba en un modo fantasmal, podía llevar a otros con él y duraba mucho más tiempo. Incluso podía hacer fantasmas a otros desde distancia, como aquella vez con Shadow...”, pensaba. “Tal vez el caso de Leariat no sea el mismo... apuntaré a sus pies”, decidió. La chica atacó con todo, centrada en obligar a su enemigo a usar su poder.
Cuando se encontraban cerca de un muro, ella le acorraló contra este y lanzó un directo. Leariat no dudó y se hizo intangible, pasando a través de la I-Men. Demongirl lo esperaba y, justo antes de que él la pasara por completo, se agachó y lanzó una patada directa a los tobillos del destructor. Gracias a sus sentidos súper desarrollados, él lo vio y saltó antes de que le dieran. Ella aprovechó el momento y se reincorporó para lanzar otro puñetazo contra Leariat, quien se cubrió con sus brazos, rechazando el ataque.
-Vaya, parece que es verdad que solo puedes usarlo durante un instante...- Sonrió ella- Nada más pasarme en seguida desactivas tu poder, seguramente te costará mucha energía. ¿Podrás mantener mucho más tu espíritu de lucha sin decaer?- añadió con sorna.
-¡Cállate!- Exclamó él al tiempo que la rechazaba con unos puños directos. El destructor se mordía el labio inferior, “me está forzando a usar mi poder una y otra vez, no soy rival para ella cuerpo a cuerpo... puedo ganar tiempo pero, ¿cuánto aguantaré? A este paso mi poder se agotará...”, pensaba él.
Demongirl notaba el cambio de su rival por su estilo de pelea. Había pasado de una confianza extrema a una impaciencia preocupante. Sus movimientos eran peores y el sudor le caía por la cara. Las escamas negras de la chica le quemaron durante un instante, era la primera vez que usaba durante tanto tiempo seguido su habilidad demoníaca y esta empezaba a pasarle factura. ¿Cuánto tiempo había pasado? Miró su reloj y se sorprendió, tan sólo llevaban unos veinte minutos. “A pesar de llevar poco tiempo me ha estado forzando al límite... es sin duda un enemigo fuerte, si no fuera por el entrenamiento no habría podido controlar mi poder y situarme por encima...”, reflexionaba. La chica se lanzó dispuesta a acabar con las fuerzas de Leariat, quien respondió al ataque con sus propios puños.
El intercambio se alargó un poco más, pero entonces el aire alrededor del destructor perdió su tensión y el cansancio se reflejó en el rostro de él.
-Vaya, parece que tu poder tenía un límite...
-¿Y qué? Esto no está sentenciado, aún puedo pelear- Contestó él levantando los puños, pero a Demongirl se le antojó como el gesto de una criatura débil que lucha por vivir. Entonces se percató de que podía acabar la pelea de un solo movimiento.
-¡Claymore!- Exclamó mientras las escamas negra cubrían un poco su rostro y las de las extremidades se expandían. Leariat sintió el incremento de fuerza alrededor de la chica. “Mierda, tengo que hacer algo”, pensaba. El poderoso mandoble apareció en el aire y cayó con fuerza, clavándose en el mármol como si fuera mantequilla. La I-Men agarró la espada al tiempo que una cola negra aparecía en su cuerpo. Miró a Leariat y enarboló la espada.
Entonces se lanzó como un rayo contra él.


Gaia jadeaba al tiempo que levantaba una muralla de corteza, proyectada desde sus pies. Psikosis no le dejaba ni un instante de respiro. Las habilidades físicas que poseía eran sobrehumanas. Su velocidad no era tan alta, pero realizaba movimientos fuera de toda lógica. Esquivaba todos los proyectiles y lanzas que podía arrojar, saltaba todos los obstáculos como si pudiera andar por al aire, y hasta sus puños eran como bolas de demolición.
La I-Men se había visto obligada a usar el poder de Vanaheim y se transformó en árbol en la primera ocasión que tuvo. En esa forma el control de la madera y su propia resistencia eran muy altos, de manera que podía aguantar los golpes. Alzó una de sus manos y las ramas salieron disparadas en todas direcciones para atrapar a Psikosis , quien dio un salto y llegó hasta el techo, se giró y clavó una de sus manos en la piedra, quedando colgada como un murciélago.
Si alargó mis ramas tan lejos la energía se dispersará demasiado... parece conocer perfectamente como funciona mi habilidad...”, pensaba la rubia. La destructora no sonreía, tan solo estaba centrada en derrotar a la I-Men.
-Pareces muy confusa...- Dijo entonces la seguidora de Gravitta. Gaia se puso en guardia, esperando cualquier cosa- Creo que te explicaré mi poder, debe ser frustrante para ti. De todas maneras no es algo que puedas parar- Liberó su mano y se dejó caer, o más bien flotó, hasta el suelo- Se podría decir que tengo dos habilidades, aunque en el fondo es lo mismo. Controlo mi masa, pudiendo aumentarla o disminuirla mucho. Y también puedo controlar en que parte de mi cuerpo la ubico. Por ejemplo, cuando esquivo tus ataques desplazo toda mi masa hasta la punta de los dedos del pie, y mi centro de gravedad está tan bajo que puedo agacharme hasta casi rozar el suelo, y aún así no perder velocidad.
-Entonces cuando me golpeas, concentras toda tu masa en tu puño, ¿no es así?- Preguntó Gaia, que comenzaba entenderlo.
-Sí, y además aumentó la masa. Dicho de manera simplista, es como si pudiera controlar los kilos de mi cuerpo, dentro del mismo volumen, y también controlar el reparto de esa masa... Suena complicado, pero es algo muy intuitivo. Ni si quiera yo lo entiendo del todo, fue Gravitta quien dedujo como funcionaba, yo lo utilizaba de manera inconsciente.
-Ya veo...- “No debería estar charlando con ella, debería estar derrotándola... no dispongo de un tiempo infinito, y Eliart me necesita”, pensaba Gaia mientras aferraba su cetro. Entonces recordó la conversación con el árbol y miró el suelo, que era de madera. “Si puedo extraer vida de los árboles... tal vez pueda insuflarle vida a este suelo, aunque haré sufrir a los árboles, no me queda otra, necesito alguna ventaja”. La I-Men golpeó el suelo con su cetro y un aura se expandió por las tablas de madera.
-¿Qué has hecho?- Inquirió la Destructora.
-Tan solo controlo los árboles...- Sonrió Gaia al tiempo que el suelo se agitaba. Numerosas ramas y espinas surgieron desde el suelo, atacando y atrapando a Psikosis, quien no se esperaba un ataque desde el suelo. La rubia fue en forma de árbol hasta su rival y levantó uno de sus nudosos puños, lanzando un derechazo.
Psikosis no se quedó quieta, lanzó ambos puños contra la madera de la I-Men, rechazando el ataque. La madera entonces se extendió por el cuerpo de la destructora, cortándola y constriñéndola. Gaia repitió el ataque, pero esta vez la otra no pudo responder y recibió un poderoso golpe que le quitó una vida.
-Por fin consigo alcanzarte...- Jadeó la I-Men. Psikosis no respondió, un aura de fuerza la rodeaba ahora. De un movimiento brusco se liberó de las ramas y comenzó a correr alrededor de Gaia, quien trató de atraparla de nuevo, usando las numerosas ramas que había generado en el suelo. Sin embargo, la destructora ya conocía la manera de actuar de su rival, así que esquivaba todos los ataques haciendo uso de su poder y de su increíble agilidad.
-Eso ha sido un buen movimiento, pero si no me dejo atrapar, no podrás conmigo- Señaló.
Gaia no respondió, tan solo aumentó la frecuencia de sus ataques. A pesar de todo, la energía no le sobraba, no había ninguna fuente de vida cercana y sus reservas comenzaban a ser escasas. Su rival, en cambio, se movía como si acabaran de empezar.


Demongirl se lanzó como una bala contra Leariat, quien apenas fue consciente del ataque de la I-Men. En el último instante, justo antes de que la Claymore se le clavara en el pecho, logró hacerse intangible y que la morena le atravesara. El destructor se giró para encararse a la chica, pero se la encontró justo de frente.
-¡Ah!- Esta vez no pudo reaccionar y la espada se le clavó en el estómago, hasta la empuñadura. El golpe fue tan contundente que perdió las dos vidas restantes de golpe.
-Yo... como...- Comenzó a decir, pero la sangre brotaba de su boca. Demongirl extrajo la espada y la herida empeoró. Leariat comenzó a desaparecer.
-Siempre haces lo mismo, desaparecer y atacar justo cuando te he atravesado. Eres predecible, y mi fuerza está muy por encima de la tuya.
La voz del juego resonó. Jugador: Leariat. Poder: Hacerse intocable durante unos segundos. Estado: Eliminado. Justo cuando se desvanecía en el aire, un sonido metálico se escuchó. Demongirl se acercó, sin saber que había sido. Donde el cuerpo de Leariat se había esfumado había quedado una pequeña llave metálica, de color azulado. La I-Men se agachó y la recogió. Un brillante uno negro se veía dibujado sobre ella.
-Primera llave, ganada- Dijo la voz de Gravitta desde ningún lugar. Demongirl miró en derredor al tiempo que fruncía el ceño. Le molestaba sobremanera que aquel presuntuoso les estuviera observando y diciendo todo.
-Bueno, ahora solo tengo que llevársela a Eliart...- Comentó al tiempo que comenzaba a subir las escaleras y su transformación se retiraba. Al mismo tiempo, la Claymore desaparecía.

Tiempo restante en el reloj: 1:36:54.