El resto de los I-Men subieron a toda prisa, en dirección hacia el
tercer piso. Revelación reflexionaba: “el Guerrero Celeste es el
más poderoso de los que quedamos por luchar, pero por muy poco.
Shadow y el Capitán Vasco también son unos guerreros formidables.
Es difícil acertar sobre quien debe quedarse en el tercer piso y
quien debe ascender. Quizás debería quedarme yo, pero algo me dice
que es mejor que continúe hacia los siguientes pisos. Además de
conseguir las llaves, debemos salir lo más ilesos posibles como
conjunto y puedo ser un punto de apoyo para evitar males mayores.
Parece que Demongirl lleva ventaja en el combate, pero Gaia está
teniendo serios problemas con esa Psikosis”, meditaba.
Al cabo de un rato, consiguieron llegar a la tercer piso, donde había
una habitación lúgubre a la luz de dos únicas velas, una en cada
esquina. Colgaban varios posters de grupos heavys en la pared, que
parecían arrancados de manera descuidada de una revista de los
ochenta. No había ni una sola ventana. Un destructor vestido con una
chaqueta vaquera, estilo rockera y con varias cadenas que colgaban
de su cintura, estaba sentado, tarareando una canción que escuchaba
en su viejo mp3 y moviendo la cabeza. Se trataba de Chairner, el más
gamberro de los destructores.
-¡Así que tú eres el tercero!- Gritó el Guerrero Celeste, dando
un paso al frente- Te arrepentirás de haber intentado ligar con mi
hermana. Además, ya hemos peleado en una ocasión- Se volvió a sus
compañeros muy decidido- ¿Os parece bien? Yo me quedo aquí, que
tengo una cuenta pendiente con él. Vosotros avanzad lo más rápido
que podáis hasta el séptimo piso.
Revelación le frenó unos instantes. Quería reflexionar acerca de
lo adecuada que podía resultar aquella decisión. “Ciertamente
tienen una fuerza parecida. Las habilidades medianas de Chairner se
contrastan con las del Guerrero, no parece muy fuerte pero si
habilidoso. No obstante, el dominio del viento y la altura da cierta
ventaja a mi amigo. Ventaja que no tendríamos el Capitán ni yo.
Tampoco es el estilo de lucha de Shadow.”
-Tu hermano peleará contra Chairner. ¿Puedes sentir lo que
intento transmitirte acerca de él?-
Transmitió el místico a la mente de Erzzhia.
No se obtuvo respuesta. “Vaya, parece que la estructura de la torre
no nos permite comunicarnos mentalmente. Cargaré con toda la
responsabilidad de la decisión”. Admitió el místico.
-Bien, por mi parte estoy de acuerdo. Es el rival más adecuado para
Celestina. ¡Prosigamos!- Contestó Revelación, poniendo su mano
encima del Guerrero- Tarda lo menos posible en conseguir esa llave,
chico. Dudo que ganemos todas las batallas.
El Guerrero asintió.
-Cuídate, pequeñín.- Se despidió del vasco.
-Vaya, vaya. Me debes haber cogido mucho asco para tener tantas ganas
de pelear conmigo- Dijo el destructor mientras se ponía sus dos
brazaletes.
-Ni te lo imaginas- Respondió el I-Men, poniéndose en guardia-
Ahora verás lo que he mejorado en estos días.
La voz de Gravitta retumbó en la sala sin que nadie supiese de
donde provenía.
-Tercer combate, el Guerrero Celeste contra Chairner. La verdad es
que me lo esperaba, pero habéis cometido un error. Lo vais a pasar
fatal en las últimas plantas- Comentó con su voz siniestra.
-Cierra el pico, tramposo- Ordenó el I-Men.
-Veamos si has mejorado. Lo cierto... es que yo sí que lo hice.
Hemos estado entrenando con el jefe- Alardeó el destructor, soltando
sus cadenas. Al instante, dos de éstas aumentaron de tamaño y se
dirigieron hacia el Guerrero como si se tratase de dos serpientes con
vida.
-Esquivarte está chupado- Confesó el Guerrero, sorteando ambas
cadenas. Ganó un poco de espacio y generó una esfera con viento
concentrado- Vamos a empezar.
Una densa esfera fue lanzada en dirección al destructor, quien
rápidamente impuso sus cadenas para devolverla en dirección al
I-Men. Se trataba de unas cadenas tremendamente fuertes y pesadas
que lograron desplazar el viento. El Guerrero le ordenó a la esfera
detenerse y cerró los ojos para escuchar el viento. Chairner, sin
dudarlo, aprovechó la concentración de su rival para acercarse a
él. Si luchaban cuerpo a cuerpo podría atacar continuamente al
I-Men sin dejarle ni un instante de respiro. Le costaría mucho más
reunir el viento si tenía que usar continuamente sus brazos para
golpear y cubrirse.
El destructor comenzó con un fuerte puñetazo, que alcanzó el pecho
del Guerrero, quien rápidamente se puso en guardia.
-Buena jugada, tardaré en concentrar el viento peleando así-
Reconoció mientras se cubría la cara para evitar los puños de su
enemigo. Comenzó una batalla caracterizada por el cuerpo a cuerpo,
donde el I-Men retrocedía por momentos. En el cuerpo a cuerpo él no
era gran cosa, necesitaba más distancia. No obstante, respondió a
sus ganchos con puños directos y también rechazó sus patadas sin
flaquear.
“Debo ser capaz de ver el viento en esta sala sin ventilación. No
debo malgastar mi energía antes de tiempo. Le aguantaré”,
reflexionó.
Shadow, el Capitán Vasco y Revelación llegaron al cuarto piso. Al
contrario que las habitaciones anteriores, esta habitación era
amplia y elegante. Entre sus muros, destacaba un ventanal antiguo con
decoración grecolatina y un escudo heráldico. En uno de los lados
había dos poleas para ejercitar los brazos y varias mancuernas de
muchos kilos. El Vikingo de Acero estaba sentado en un amplio sillón,
bebiendo cerveza con su cuerno. Al verle, Shadow y el Capitán
saltaron al unísono. Sólo uno podría pelear pero los dos querían
la revancha
-Maldita escoria. Voy a aplastarte como si fueses una rata- Saltó
Shadow.
-Cuida tu lenguaje soez, plebeyo moreno, o te mataré en un
santiamén. Yo no voy a perder- Dijo la estilizada y musculosa
figura. Shadow se disponía a lanzarse, pero el Capitán le propinó
un puñetazo a su compañero y corrió hasta donde se encontraba el
destructor.
-Lo siento, pero es todo mío, Shadow. Un tipo así merece que el
Capitán Vasco le de una buena tunda- Dijo con seguridad.
-¡No! Soy yo quien más ganas tiene de noquearle- Reivindicó el
moreno como si fuera un crío.
-Dejad que evalúe antes de decidir quien de los dos debe quedarse,
anda. Es un asunto de vida o muerte- Se plantó el místico- Dadme un
momento- Los dos I-Men se miraban con rivalidad mientras el verdadero
rival reía a carcajadas.
-Ya está. El Capitán Vasco es el candidato adecuado para este
combate- Confesó- Lo siento Shadow pero Eliart te necesita más
arriba- “Tanto el Vikingo como el Capitán usan prácticamente en
exclusiva su tremenda fuerza física. En ese terreno, el vasco es más
hábil que Shadow, pero éste con sus rápidas sombras será útil
más adelante, estoy seguro”, meditaba, aunque no estaba seguro de
que fuera lo más adecuado, al fin y al cabo su poder no era
infalible.
-Está bien- Asumió el moreno- Adelante, compañero.
-No pierdas- Ordenó Revelación con preocupación.
-Tranquilos, este es un trabajo para... ¡El Capitán Vasco!- Dijo al
tiempo que le imbuía un aura rojiblanca.
-Cuarto combate, el Capitán Vasco contra el Vikingo de Acero. Un
duelo de titanes, ¡adelante!- Intervino la serena voz del Jefe de
los destructores. El Capitán Vasco fue con arrojo a por su rival y
le alcanzó en su musculoso estómago. El Vikingo aguantó el impacto
sin retroceder ni un milímetro.
-No está mal para comenzar, parece que tus músculos son más
fuertes que hace tres días. Así que puede que consigas divertirme-
Esbozó una sonrisa entrecortada y respondió a su ofensiva con un
potente gancho que dio de lleno al Capitán. Era como si le hubieran
golpeado con una barra de acero. El impacto le hizo retroceder hacia
la pared.
-Eso... no ha estado mal.- Se levantó jadeando. “Este jugador
tiene una fuerza extraordinaria. No debo pecar de incauto, lo daré
todo desde el comienzo”. Así, el Capitán Vasco se dejó inundar
por el aura rojiblanca- ¡Prueba mi Furia Vasca!- Bramó corriendo a
una gran velocidad. Sus puños se volvían diez veces más fuertes
cuando los rodeaba ese aura. Y también más veloces. Impulsado por
su aura, sorteó hábilmente los ganchos del Vikingo de Acero y logró
golpearle cerca del cuello, haciéndole retroceder por unos
instantes.
-Interesante ja, ja, ja- El Vikingo aumentó entonces la velocidad y
comenzó un intercambio de rabia y fuerza a toda velocidad. Un duelo
entre pesos pesados que se negaban a ceder terreno. El suelo de la
habitación se agrietaba un poco con cada movimiento. Estaban
acostumbrados a luchar en espacios abiertos y se sentían cohibidos
al batallar teniendo un espacio tan pequeño. No obstante, trataban
de amoldarse para no destruirlo todo. Al cabo de un rato, el Capitán
paró, algo cansado por el continuo acoso del destructor.
Miró el reloj y vio que ya llevaban alrededor de quince minutos
peleando sin cesar.
-Esto va a ser largo. Pero no te fallaré, Eliart. Ten paciencia-
Reflexionó.
En el tercer piso, las cadenas de Chairner golpeaban por quinta vez
al Guerrero Celeste que no conseguía sentir el viento en esa
habitación cerrada. Mientras esquivaba las duras y pesadas cadenas,
cayó en la cuenta de algo. “Un momento, sí hay un poco de viento:
el que generan nuestros movimientos. Es difícil, pero si logro
averiguar sus movimientos, podré aprovechar ese viento para ganar
distancia y atacar”, pensaba.
El I-Men, que fue capaz de ver la ofensiva, cerró los ojos y trató
de anticiparse. Flotó durante unos segundos por encima del ataque,
obligándole a desviarse y fue capaz de absorber el aire que
impulsaba su movimiento, haciéndole un pequeño corte en el brazo.
Estaba orgulloso. Había conseguido parar su ataque aprovechando el
aire que emanaba del movimiento de su propio brazo y eso le
permitiría ganar distancia. Chairner, extrañado se quedó
pensativo y el Guerrero respondió a su descuido con dos esferas de
aire concentrado, lo suficientemente grandes como para entretener un
rato a las cadenas. “Es el momento, debo generar un agujero en la
pared”, reflexionó Celestina. “Si lleno la habitación de
viento, el combate acabará pronto”.
Mas el rockero no tardó en percatarse de las pretensiones de su
oponente.
“Dejaré de aguantar las esferas. Prefiero recibir el impacto y no
darle opciones de hacer un agujero”. Además, generó otras dos
cadenas. Las cadenas abandonaron las esferas, que dieron de lleno al
destructor. Pero atraparon a Celestina antes de que éste llegase a
la pared.
-Qué rápido, maldición- Confesó mientras tres de las cadenas le
propinaban fuertes latigazos. No tardó en caer al suelo pero el
impacto de las esferas también había provocado que Chairner
mordiera el polvo. Ambos miraron su tarjeta. Habían perdido una vida
a la vez. El Guerrero Celeste fue el primero en levantarse y
concentró energía en la punta de sus dedos corazón e índice. Acto
seguido, voló a toda velocidad en dirección a Chairner, que le
esperaba manteniendo la guardia. Justo cuando el I-Men le iba a
atacar, las cadenas volvieron a la normalidad.
“Os toca, brazaletes”,
pensó. “Debo
absorber la fuerza de las cadenas y trasladarla a mis puños”
Así, las cadenas perdieron tamaño y volumen, volviendo a estar
colgadas del pantalón. En cambio, los dos brazaletes de cuero habían
aumentado su tamaño y grosor considerablemente.
-¡Espada vendaval!- Atacó el I-Men.
-¡Brazalete de metal!- Contraatacó el destructor con un puñetazo.
El brazalete incrementaba en mucho la potencia de su puño, dándole
el volumen y la dureza que tienen las cadenas. Ambos ataques
colisionaron.
Psikosis sorteaba velozmente las espinas de los numerosos árboles,
así como los movimientos de sus ramas, que buscaban atraparla.
Cuando chocaba con alguno y no podía esquivarlo, cargaba contra
ellos concentrando sus masa en los puños. Aunque se hacía daño al
pincharse con las espinas proseguía con una sonrisa en su semblante.
La rubia, por su parte, trataba de hacer más dificultoso el camino,
generando cada vez más y más ramas. Pero empezaba a sentirse
cansada, se estaba esforzando demasiado.
“Generar tantos árboles en el interior de una habitación es muy
complicado... y lo peor de todo es que nada puede frenarla”, se
quejaba. La destructora esquivó una de las ramas que la separaban de
la I-Men.
-Voy a por ti, Gaia. Tú eres muy único objetivo.
Gaia deshizo entonces parte de la vegetación y se preparó para
recibir la carga de la destructora: empleando el poder de Vanaheim,
un aura verde se extendió por todo su cuerpo y se transformó en un
árbol grande, al que le faltaba poco para rozar el techo. Sin
detenerse, generó varias capas de corteza para cubrir el tronco del
árbol y se reforzó con fuertes ramas que se movían.
-Estoy preparada de sobra. Ven a comprobarlo- Le espetó.
La destructora se imaginaba que la I-Men se cubriría de todas las
maneras posibles, pero eso no la detuvo. Cuando estaba a pocos metros
de Gaia, logró esquivar sus brazos, transformados ya en fuertes
troncos, y saltó hacia arriba como si estuviese haciendo el pino.
Entonces, la mayoría de su cuerpo perdió densidad y la masa se
concentró en el dedo índice de su mano derecha. Con ese dedo y
estando aún a suficiente altura para esquivar los troncos, golpeó
la improvisada barrera de corteza, haciéndola añicos. Mas la I-Men
fue rápida y contraatacó con uno de sus troncos que esta vez
impactó en la destructora, hiriéndola.
-No está mal. Pero no me ganarás con eso- Psikosis aumentó su
velocidad y atacó a la I-Men con vehemencia, concentrando su masa en
los puños- ¡Golpe de Presión!- Dijo, visiblemente furiosa. Gaia
sintió de nuevo como si un bloque de cemento fuese lanzado sobre
ella, esta vez con más fuerza que la anterior. La presión descorchó
el árbol, dejando a Gaia desprotegida frente a su enemiga, que se
abalanzó hacia ella. Por suerte, logró rehuirla a tiempo.
“Por los pelos... Psikosis es muy fuerte y muy rápida. Pero si la
atrapo, no podrá desenvolverse con soltura. Tengo que ser capaz de
generar más vida en este suelo artificial, que la Madre Naturaleza y
mi maestro Hiedra me perdonen... pero no hay otra manera. Es
claramente superior a mí”, meditaba la rubia. Se colocó al fondo
de la habitación y colocó el cetro en el suelo, que se tiñó del
aura verde. Las ramas y árboles que aún quedaban comenzaron a
crecer y muchos más los acompañaron floreciendo del suelo.
-Así que ¿vas a emplear la misma técnica otra vez? No eres muy
original tía.
-Tampoco es que tú seas la más indicada para hablar de
originalidad. No se trata exactamente de la misma habilidad. Ahora
habrá algo más- Explicó aparentemente confiada. De pronto, el aura
del cetro comenzó a extenderse por su piel y algunos moratones
desaparecieron. Miró sus manos, extrañada. Parecía que se trataba
de una especie de habilidad regeneradora pero muy leve. Además de
esto, se sintió apaciguada, tranquila. Su espíritu sabía que iba a
sobrevivir a aquella batalla porque se sentía capaz de hacer
cualquier cosa para derrotar a Psikosis. Así, se llenó de
confianza.
“¡En qué estaba pensando! Ella no es superior a mí. Tengo que
poner en práctica todo lo que he aprendido. No voy a fallarte,
Eliart. No fallaré a los I-Men, ni a mi hermana”. Cerró los ojos
todo lo fuerte que pudo para concentrarse y el aura verde la iluminó.
¿Puedes sentir nuestro dolor? Es la manera que tiene la
Naturaleza de llamarte. Está preocupada por su defensora. Es una
batalla complicada, pero siempre hay algo que se puede hacer.
Concéntrate y siente nuestra fuerza.
Gaia se quedó sorprendida. ¿Le estaba hablando alguna forma de
naturaleza? ¿Quizás se trataba de los árboles que acababa de
crear? En cualquier caso, después de sentir ese fuerte dolor, su
concentración creció al tiempo que lo hizo su confianza.
Por orden de aquella voz, el cetro se soltó de sus manos y tocó el
techo, haciendo que en él también floreciera la vida. Así,
hierbas, árboles, ramas y sobre todo, espinas, comenzaron a crecer
desde el suelo y desde el techo, hasta generar la vegetación de un
pequeño bosque dispuesto a atrapar a su intrusa. Las espinas se
multiplicaron por momentos, pinchando a Psikosis en la rodilla y en
los pies y generándole varios cortes en el brazo. Gaia dirigía sus
esfuerzos a no dejarle avanzar. Psikosis, por su parte, respondía
golpeando con firmeza cada rama, cada tronco, e incluso cada espina,
a pesar de que éstas le hicieran sangrar. Estaba decidida a acabar
con la I-Men, quien además se sentía presionada por el tiempo.
Tras varios segundos atrapada entre seis ramas, la destructora
distribuyó su masa en torno a los músculos de sus brazos y golpeó
a las diferentes ramas, rompiéndolas en un tiempo récord. Pero
varias espinas surgieron de la frondosa vegetación de la rubia.
“Sólo con esto no podré detenerla... es cuestión de tiempo que
me alcance. Mierda, les he fallado a todos”, se desmoralizaba por
momentos mientras ordenaba que se formase una densa red vertical de
espinas que cubriese desde el suelo hasta el techo. “Quedarás
atrapada. No puedo perder esta batalla”. Se decía Gaia.
Mientras hacía extraordinarios
esfuerzos por frenar el avance de la destructora, el cetro de Gaia
comenzó a emitir un intenso aura verde que rápidamente se extendió
por su cuerpo. La I-Men se sentía sorprendida: a pesar de que se
parecía al aura que tenía normalmente cuando luchaba, la sensación
que estaba experimentando era radicalmente nueva. “¿
Qué sucede?”, pensaba mientras se dejaba imbuir y veía cómo el
puño de Psikosis golpeaba con firmeza la red de espinas.
Esto que sientes es parte de ti. Un regalo de la Madre Tierra por
entender nuestro dolor. Gracias a tu entrenamiento con Hiedra y a la
tenacidad que estás mostrando ahora mismo, sabemos que Ella quiere
que luches en su nombre.
Gaia no preguntó quien era Ella pues le pareció evidente que se
refería a la Naturaleza, que estaba transmitiéndole energía.
Estás desarrollando las habilidades derivadas de empezar a
comprendernos. Pero tu cuerpo y tu mente aún son muy débiles para
controlar la energía que como portadora te mereces. Sé que no
entenderás mucho de esto aún. Pero queremos ayudarte. Es una
batalla difícil y nublada está tu victoria. No podemos darte gran
cosa, pero nuestra alma puede materializarse en Ataque para combatir
al enemigo y Defensa para siempre levantarte.
Es necesario que consumas la segunda vida que te queda, pero
nuestras almas serán tuyas para siempre. Si deseas nuestra ayuda,
pon las dos manos sobre el cetro ahora. Y siente el dolor a tu
alrededor. El dolor de la vida que has creado en este suelo inerte.
Gaia se concentró. Era bastante escéptica, pero empezaba a creer
que sólo un milagro le podía salvar de una derrota. Quizás esas
voces fueran parte del milagro. Al concentrarse, un destello surgió
del cetro y dos arbustos comenzaron a caminar hacia Gaia, mientras
Psikosis partía en dos la red de espinas. Los arbustos rodearon
rápidamente a Gaia, hicieron chocar sus ramas y al momento
desaparecieron en el interior de aquel prodigioso destello. La I-Men
pudo comprobar que su segunda barra de vida se había esfumado con un
pinchazo de dolor y a su lado aparecieron dos objetos hechos con
madera. Sin duda era la madera de aquellos arbustos.
-Esta espada representa el Ataque. Y este escudo la Defensa-
Reconoció cogiendo las pesadas armas- Espero saber utilizarlas.
Recuperándose del efecto del
fogonazo, Psikosis se abalanzó sobre ella con su golpe de Presión y
ésta interpuso su escudo para contrarrestar su impacto. El escudo
logró resistir el envite.
Mientras tanto, las I-Men que se habían quedado fuera tenían la
mirada puesta en la Torre. La última comunicación que tuvieron de
Revelación era que el Guerrero Celeste se disponía a pelear con
Chairner. Pese a todo, Erzzhia no había sido capaz de enviar
pensamientos hasta Revelación.
-Espero que estén todos bien. Esta torre bloquea mi capacidad para
comunicarme con todos- Explicó Erzzhia a sus amigas.
-Estoy segura de que están bien, no os preocupéis. Mi chico está
con ellos- Contestó Kya orgullosa mientras tomaba un cigarro por
cortesía de Waver. De pronto, comenzó a vislumbrar dos rostros a lo
lejos, gracias a su vista de felino- Parece que alguien se aproxima.
¡Poneos en guardia compañeras!- Propuso mientras se preparaba para
un hipotético combate. Garra Nocturna dio un paso al frente y se
colocó junto a ella, en primera línea. Waver se quedó atrás por
si era necesario proteger a Erzzhia, que no era especialmente hábil
en la lucha.
Las siluetas no se hicieron esperar. Se trataba de dos chicos
adolescentes. Uno de ellos tenía una larga melena rizada y
desordenada de color negro, era de mediana altura y facciones
delgadas. El otro era ancho de espaldas, con pelo corto, moreno de
piel, grueso y alto.
-Buenas tardes jovencitas. Somos Manx y Hubb, los leales seguidores
del poderoso J.J.- Dijo el alto, que se hacía llamar Hubb.
-Nos han hecho saber que no pudisteis entrar en la Torre... y es
nuestra misión encargarnos de que no volváis a ver a vuestros
amigos. Lo sentimos pero así es el juego, debemos combatiros-
Prosiguió Manx mientras se atusaba el cabello.
-¡Anda ya! No pensamos perder ante nadie- Afirmó Waver dando un
paso al frente. Kya retrocedió para estar cerca de Erzzhia y poder
protegerla en caso de ataque.
-¡Vamos allá!- Manx corrió hacia Garra y la propinó varias
patadas en el torso. Acto seguido la chica retrocedió unos pasos.
-Umm vaya, parece que eres fuerte y rápido. Veamos cuánto- Contestó
la I-Men a la vez que le lanzaba dos de sus cuchillas. Manx esquivó
el movimiento, se colocó al instante tras ella y su cabello comenzó
a crecer continuamente moviéndose en varias direcciones hacia su
enemiga, quien se dio cuenta antes de ser atrapada- Así que tu
habilidad es controlar tu pelo, ¿eh? Me convertiré en una peluquera
experta- Replicó mostrando dos cuchillas, una en cada puño.
Waver por su parte lanzaba una esfera de agua concentrada contra su
oponente. A pesar de su tamaño y de su peso, se movía con cierta
soltura, aunque a menor ritmo que la chica de agua. Comenzó una
fuerte lucha cuerpo a cuerpo, un intercambio de puñetazos y patadas
por doquier en el cual Hubb se imponía por momentos, debido a su
complexión física. No tardó en asestarle a la más gamberra de los
I-Men un gancho en la cara que la hizo retroceder. Además de esto,
el sirviente de J.J aprovechó la distancia generada para hacer una
demostración de la naturaleza de sus poderes: abrió la palma de
sus manos y de ellas emergieron dos gigantescas esferas de arena.
Waver no pudo evitar sonreír al ver a esas esferas dirigiéndose
hacia ella.
“Formidable. Si todo su poder consiste en emitir y manipular la
arena, sólo debo superar su velocidad y combatir su poder con mi
agua. Pero no debo confiarme demasiado... intuyo que tiene un hábil
manejo de sus habilidades, probablemente superior al que tengo yo”,
pensaba a la vez que generaba dos esferas de agua un poco más
pequeñas.
Al chocar, la fuerza del agua concentrada hizo explotar las esferas
de arena e impactó directamente en Hubb. La I-Men continuó atacando
conformando varias corrientes de agua en dirección a su objetivo,
mas éste se mostró hábil sorteando las corrientes, dio una
voltereta en el aire y se situó en la espalda de Waver, asestándole
un directo que la hizo caer de bruces.
“Otro golpe semejante podría herirme. Será mejor que no me ande
con chiquitas”, reflexionó mientras se ponía a la defensiva. Con
sus corrientes de agua, formó una barrera de agua a cero grados y se
limitó a esperar a su enemigo. Hubb se lanzó a por ella cubriendo
todo su brazo izquierdo de arena.
-Estoy seguro de que puedo romper tu barrera- Dijo decidido. Mientras
se dirigía hacia ella, la arena comenzó a cubrirle el otro brazo,
comenzando por el hombro. Juntó las dos manos y las apretó con
firmeza hasta generar una cimitarra recubierta de arena- ¡Es el
momento!- Sentenció mientras cogía con dos manos el arma y
presionaba para erosionar a barrera. Waver, que confiaba en su poder,
comenzó a generar más corrientes de agua fría para reforzar la
barrera. Pero fue insuficiente: la destreza de su enemigo produjo un
agujero en la barrera y la arena comenzó a filtrarse por él.
Mientras tanto, Garra esquivaba a duras penas los cabellos de Manx,
que estaba acostumbrándose a la rapidez de la I-Men.
-¡Ja! Te estoy dando problemas, ¿eh? La verdad es que lo siento
mucho, ni a Hubb ni a mí nos gusta pelear. Pero ya sabes… este
juego es una locura. ¿No crees?- Preguntó mientras su cabello se
hacía un nudo en el brazo de su rival.
-Pues sí, todo esto es una locura. Pero por eso mismo debemos
sobrevivir y destruir a los que hayan creado ésto- Contestó
tensando su brazo para romper el cabello que apretaba el brazo cada
vez más. Tras un rato de forcejeo, la I-Men se arriesgó a llamar a
una de sus cuchillas, para que apareciera sobre su brazo, logrando
cortar un pelo escurridizo que se movía continuamente.
Manx frunció el ceño. “Parece que tendré que usar todas mis
fuerzas. Esta chica tiene destreza y un tipo de poder ideal para
combatirme. Al menos si sigo usando mis habilidades a este nivel,
claro”. Liberada del ataque de su rival, Garra Nocturna decidió no
perder ni un instante. Corrió para ganar distancia y generó ocho
cuchillas, que se extendían por su espalda. Al unísono, las ocho
fueron disparadas hacia Manx a una velocidad que las hacía difíciles
de sortear. Cuatro de ellas impactaron en su pecho, provocando un
chorro de sangre.
-¡Te arrepentirás!- Bramó lleno de ira, abandonando la cortesía
que había tenido al comenzar el combate. Garra continuó su ofensiva
sin mediar palabra y sacó dos cuchillas, una por cada mano, que
también le alcanzaron. Atónito, Manx comprobó como su primera
barra de vida se había consumido. Garra, fatigada de luchar a esa
velocidad, retrocedió y se puso en guardia.
-Está bien. Te mostraré la verdadera naturaleza de mi poder. Luego
no te quejes diciendo que no te lo advertí- De repente, Manx cerró
los ojos y de inmediato varias tiras de pelo de color rojo comenzaron
a surgir en el aire. Se trataba de un cabello cuya densidad era mucho
mayor, e imitaba la forma de un látigo. Dos látigos. Tres látigos.
Las tiras de pelo surgían sin cesar en cuestión de unos pocos
segundos.
-¡Ah!- Gritó Manx furioso, pues le iba la vida en ello. Mientras
gritaba, una mata de cabello rojizo de su tamaño comenzó a
cubrirle haciendo la función de barrera.
-¡En guardia!- Dijo la I-Men
recurriendo a múltiples cuchillas. Las tres tiras rojizas se
lanzaron hacia la I-Men que pudo ver de cerca que median cada una un
metro y medio. Impulsadas por la acción del poder del chico, los
tres mechones se dirigieron a gran velocidad hacia Garra, que tan
sólo fue capaz de sortear una de ellas. Los densos mechones rojizos
impactaron en ella como si de dos látigos se tratara, con tanta
fuerza que la adolescente cayó al suelo. ¿Cómo era posible que
aquellos cabellos golpeasen con tanta fuerza? Se preguntaba, lanzando
con cada una de sus manos dos cuchillas en dirección a uno de
ellos. Tan sólo una de las cuchillas logró cortar un poco del pelo
de su enemigo.
-¿Lo ves ahora, muchacha? Se trata de un cabello especial. Me costó
bastante entender la naturaleza de este poder. Te lo contaré todo-
Dijo con un tono más amable- Al principio, el cabello rojizo
aparecía de repente, cuando le venía en gana y atacaba tanto a mis
enemigos como a mí mismo y a Hubb. Harto de esta situación, cuando
conocí al señor J.J, solicité su ayuda y durante unos días los
tres, Hubb, J.J y yo, estuvimos investigando de dónde podría
derivar aquel poder. Así, encontramos un viejo manuscrito que habla
de la mitología Deloria. Al parecer los Deloria fueron una antigua
tribu que llegó a dominar grandes vertientes del conocimiento. Su
origen se remonta teóricamente al continente africano antes del
Antiguo Egipto, pero en realidad los pocos que saben de la existencia
de este pueblo no logran ponerse de acuerdo respecto a su origen. El
caso es que en esta cultura existían dioses mayores, a los que se
les atribuía el origen del agua, el cielo, la Tierra y la vida. Y
luego había divinidades de origen menor con atributos más cercanos
al hombre. Uno de ellos era conocido como Delosari. “Delo”
significa, entre otras cosas, “divinidad menor”, “losa”
significa “cabello” y el prefijo “I” vendría a ser “rojo”
en español, aunque evidentemente no es una traducción muy literal.
>>En el manuscrito se especificaba que los habitantes de
Deloria hacían ofrendas a este dios porque se creía que detrás de
un cabello duro se encontraba una personalidad fuerte, capaz de
superar cualquier adversidad. Con toda seguridad, debían de ser
tiempos convulsos y ellos esperaban que ese dios les diese un poco de
su cabello rojo, al que atribuían la duración hasta muy entrada la
vejez, la dificultad de cortarlo y sobre todo la posibilidad de
usarlo como arma. Mujeres, niños y soldados le rendían pleitesía
mediante un curioso ritual que, aunque se hacía en un templo, podía
hacerse en cualquier parte. Finalmente comprendimos que habría que
intentar establecer alguna conexión con ese ser por medio del rito,
que no voy a entrar a contarte en detalle. En ese momento, pude
sentir cómo el cabello comenzaba a ser parte de mí, de mi cuerpo
pero también de mi alma. Y logré controlarlo y usarlo como arma.
La I-Men trataba de disimular un bostezo. Hubiese preferido que
siguiese peleando en lugar de haber tenido que escuchar aquel sermón.
-Vale, vale. Tampoco te pedí tanto detalle. ¿Tuviste que investigar
tanto para poder dominar tu poder? En mi caso todo fue muy intuitivo,
debe ser que soy una chica afortunada- Acto seguido miró a su rival
con alegría, dispuesta a terminar cuanto antes el combate- Bueno,
qué. ¿Seguimos o pretendes matarme de aburrimiento?- Empuño sus
garras en señal de aviso- Voy a cortarte ese pelo rojizo, no me
asusta.
Manx, protegido por su barrera, se mantuvo quieto y comenzó a
sonreír. Creó otras tres tiras de pelo rojizo y las arrojó hacia
Garra de manera brusca. Esta vez la I-Men escapó de un salto. Pero
entonces sitió cómo su propio pelo comenzaba a alargarse tiñéndose
de rojo. En un momento ató sus pies y apretó su cuello hacia
dentro. Se encontraba suspendida en el aire, sin poder moverse.
-Maldita... sea- Se quejó con voz entrecortada.
Kya se volvió hacia Manx, dispuesta a intervenir para dar un vuelco
a la situación.
-Me olvidé mencionarte que este dios también podía generar armas
en el cabello de sus semejantes, o eso decían las leyendas.
Mientras trataba de liberarse, su primera vida se esfumó.
En el segundo piso, Gaia logró frenar la embestida de Psikosis.
Gracias a su nuevo escudo aguantó su empujón y gracias a la espada
consiguió hacerle un leve corte en el brazo y tomar distancia para
volver a ordenar actuar al bosque. Concentrada, volvió a sentir cómo
su aura verde habitual la rodeaba.
-¡Bosque de espinas! Luchad con todo- Ordenó la I-Men llena de
furia. Continuas espinas comenzaron a crecer en los lugares donde aún
no había y dos fuertes ramas lograron alcanzar a Psikosis.
-¡No vuelvas a intentar lo mismo! No te dará resultado una vez más.
Has tenido suerte la primera vez, eso es todo- Explicó la
destructora concentrando su masa corporal en los dos dedos pulgares.
Los dedos destrozaron varias espinas. No obstante, Gaia sabía que el
bosque no era suficiente para detenerla, así que optó por
introducirse en él y tratar de combatirla una vez quedase atrapada.
Dos espinas brotaron del suelo al ver bajar a la defensora de la
Naturaleza y se situaron entre ella y la destructora con intención
de dificultarle el paso. Aunque empezaba a cansarse, la destructora
era consciente de que hacerlo notar no sería bueno.
“No permitiré que consiga ventaja. He estado por delante toda la
contienda y ahora no voy a perder”. Sin detenerse, golpeó con sus
puños las espinas, haciéndose sangre en los nudillos, pero no se
detuvo. La I-Men giró para golpearla con la espada, pero Psikosis
fue más rápida y golpeó con dureza sus brazos, provocando que la
espada y el escudo cayeran al suelo.
-¡Oh no!- Gritó Gaia al ver que no podía reaccionar.
-Tendrás que recibir mi golpe… sin ningún tipo de defensa- Toda
la masa se concentró en las manos de la destructora, además de
aumentarla- Pondré fin a ésto usando mi máxima habilidad. ¡Presión
Suprema!- La destructora atacó a Gaia con las dos palmas de la mano
abiertas y la joven notó como si todo un rascacielos se desplomara
sobre ella. Cayó al suelo al instante generando una nube de polvo y
el bosque comenzó a marchitarse con su caída.
-Vaya, veo que mi golpe ha surtido efecto. El combate está decidido-
Finalizó la destructora- No te haré sufrir más, te daré el golpe
de gracia.
-No… esto aún no se acaba- Insistió Gaia haciendo esfuerzos por
ponerse en pie. Recogió la espada y el escudo- Tengo que ganar.
-Me admira tu resistencia, pero no hay nada que hacer. Lo siento.
En ese momento se escuchó a alguien subir las escaleras. Demongirl
irrumpía en la habitación con ambas piernas transformadas. El sudor
perlaba su frente y una mirada frenética la poseía. Quizá había
sentido el peligro en el que se encontraba su hermana.
-¡Para de una vez hermana, no seas insensata! ¿O es que quieres
morir? Menos mal que he llegado en el momento oportuno- Intervino
Demongirl, que llevaba un acero en su mano- No pienso permitir que
mueras aquí, confiaré en los demás para conseguir las llaves,
pero... ¡te salvaré- Exclamó mientras elevaba su espada y apuntaba
hacia las otras dos.
Tiempo restante en el reloj: 00:59:01
No hay comentarios:
Publicar un comentario