sábado, 2 de enero de 2016

Capítulo 47 - 'El fuego y el árbol'

Demongirl lanzó un tajo al aire, tratando de alcanzar a Leariat, pero este esquivaba todos los ataques por los pelos. La chica recordó la última vez que se enfrentó al equipo de Gravitta, por aquel entonces tuvo que batallar contra J.J. “Este tipo no le llega ni a la suela del zapato, y encima es el que está en el primer piso, o sea, es el más débil”, pensaba. “Si libero mi poder en mis piernas debería ser capaz de sobrepasar su velocidad”, dedujo. Se paró y empezó a concentrar su energía. El destructor lo sintió y se lanzó, arremetiendo con fuerza con su bastón de acero.
-¡No te dejaré!- Exclamó al tiempo que golpeaba con fuerza. Demongirl interpuso su espada normal para rechazar el ataque, pero la gran fuerza de su adversario la hizo retroceder. La espada resultó aboyada, al igual que la anterior.
-Maldito seas...- Susurró la I-Men al tiempo que despachaba la espada e invocaba a Destello. “Es la primera vez que me rompen una espada, no sé si al desaparecer se recuperará. Espero que sí. Ya ha destrozado a mi espada de fuego, tendré que tener cuidado con Destello, no puedo permitir quedarme sin espadas. Ahora sólo me queda Destello y otra espada normal”, reflexionó al tiempo que agitaba su arma, dando una estocada.
Leariat y ella comenzaron entonces a dar vueltas mientras se miraban fijamente. Era evidente que él quería ganar tiempo, pues no atacaba. Demongirl, en cambio, vivía una carrera a contrarreloj, si no subía la llave a tiempo a Eliart, este podría perder un brazo o incluso morir. Tomando aire, la morena se lanzó, visualizando sus ataques. Por suerte tenía el brazo derecho transformado, de manera que sus ataques eran muy peligrosos.
El destructor lo sabía, y por eso saltaba y usaba su bastón para evitar el filo de la espada. Usaba el gran salón en su beneficio, saltando sofás y mesas, lanzando sillas cuando las tenía a mano y otros objetos que había a su alcance. Demongirl comenzaba a impacientarse. Miró el reloj en su muñeca. “Mierda, llevamos diez minutos dando vueltas como idiotas...”, pensó. Leariat sudaba, pero no parecía cansado en exceso, era evidente que era un tipo resistente. Comenzó a hablar.
-¿Sabes? Hace un par de días me incorporé a los Destructores. Encontré la torre y Gravitta me recibió, fue durante el ataque de mis compañeros a vuestra isla- El hombre movía el bastón de un lado a otro mientras hablaba- Cuando volvieron la torre usó su regla de los siete habitantes, por eso me vi obligado a vencer a Ceniza en un combate individual. Los demás aún no sabíamos que se trataba de una regla, como os ha explicado a vosotros Gravitta. Este edificio es bastante extraño.
-¿Por qué me cuentas todo esto?- La chica le miraba sin comprender a donde quería llegar. Él sonrió.
-Para distraerte, claro- Con un rápido movimiento del brazo lanzó su bastón, que cortó el aire hacía la I-Men. Demongirl pudo reaccionar a tiempo y se apartó de la trayectoria del arma, que impactó en el suelo justo donde ella había estado. El metal atravesó el mármol del suelo y las piedras volaron por el aire. “¡Ahora es el momento!”, pensó con alegría ella al tiempo que se lanzaba y enarbolaba su espada.
-¡Toma!- Usando ambos brazos agitó la espada. Leariat no había tratado de esquivarla, en su lugar salió corriendo directamente hacía ella. Justo cuando estaba a punto de cortarle el hombro, Demongirl sintió una vibración en el aire. Al siguiente instante el destructor había pasado de largo a través de ella. Como si fuera solo aire- ¿Qué? ¿Cómo ha hecho eso?- Se giró y vio como el hombre recogía su bastón.
-¿Ha sido muy rápido para ti? La próxima vez abre bien los ojos, todavía ni he usado mi poder- Se burló él.
Esto no puede seguir así, tengo que invocar mi forma demoníaca... ¡vamos!”, hizo amago de atacar, con lo cual Leariat comenzó a echarse atrás. Entonces la chica cogió un cenicero de piedra que había en una mesa cercana y lo arrojó con fuerza. El destructor saltó a un lado, pero ella ya estaba sobre él, levantando la espada. Bajó con fuerza los brazos y Leariat interpuso su bastón de acero, parando el ataque. Entonces Demongirl sonrió.
-¡Destello!- La espada se iluminó y emitió una brillante luz que cegó al destructor. Este sintió una patada que lo echaba para atrás. Cayó al suelo, pero en seguida se levantó y saltó hacía atrás, haciendo girar su bastón frente a él para prevenir cualquier ataque. Cuando abrió los ojos a los pocos segundos, se sorprendió al ver a su rival parada, concentrada.
-Mierda...- Murmuró Leariat cuando se dio cuenta de lo que pasaba. La energía se acumuló en Demongirl, y esta fluyó hasta sus piernas, donde las escamas negras cubrieron ambas extremidades. Entonces abrió los ojos, y estos eran de color rojo.
-Una pregunta, Leariat...- Comenzó a decir ella- ¿Cómo sabías lo que pretendía hacer? ¿Cómo sabías antes que quería convertir mis piernas en demoníacas?
-No lo sabía...- Contestó él. Hablar no le importaba, su deber era ganar tiempo- Tengo una visión especial, que he desarrollado tras muchos años de entrenamiento. Como tensas los músculos, cada pequeño ademán... la respiración. Todo me dice lo que pretendes hacer, por eso no has logrado darme ni una sola vez- Él sonrió- Y al sentir una fuerte energía a tu alrededor, supe que algo tramabas, mi instinto de luchador me dijo que no debía dejarte hacer eso.
-Pura suerte, vamos- Se mofó ella- Pues abre bien los ojos, ahora no serás capaz de seguirme el ritmo.
Demongirl se lanzó a una velocidad increíble. Leariat, gracias a su visión, pudo ver las intenciones de su rival, y logró anticiparse al ataque. Sin embargo, ella era tan rápida que apenas pudo reaccionar. La espada le hizo un leve corte en un brazo, de manera que agitó su bastón en busca de las costillas de ella. La I-Men retrocedió y de un elegante movimiento se situó a uno de los flancos del destructor. Este pudo seguirla con la mirada, pero su cuerpo no reaccionó a tiempo y, cuando quiso girarse, ella ya le había hecho un profundo corte en el otro brazo. Esta vez la herida era más grave y la sangre manó en abundancia.
Una de las vidas del joven había desaparecido. “Es muy rápida... con ella tendré que ir al cien por cien...”, pensó Leariat. Ella se tomó un segundo de descanso, cosa que él aprovechó para quitarse la camisa. Una ráfaga de aire sacudió la estancia. “Límites removidos”, dijo para sí.
-¿Qué has hecho?- Inquirió ella.
-Libero mi fuerza. No te extrañes, cualquier persona puede liberar su fuerza interior si pelea- “Lo que no puedo decirte, es que esta fuerza no es ilimitada. Tendré que derrotarte rápido”, meditó. Sostuvo su bastón de manera profesional y se preparó para recibir el ataque de ella. “Es importante que no perciba mi impaciencia”.
La I-Men se lanzó de cabeza mientras empuñaba su espada. Él la vio venir y respondió con un ataque de su bastón. Aunque seguía sin ser tan rápido como ella, sus reflejos eran muy buenos y pudo repeler el ataque. Demongirl se sorprendió, pero en vez de retroceder atacó de nuevo, lanzando tajos en todas direcciones. Leariat se concentró en seguir el filo de la espada, parando cada ataque por muy poco. En un momento dado liberó su fuerza de golpe, desestabilizando a la morena. Usó ese pequeño instante para arremeter con su bastón, alcanzado el estómago de ella. El impacto no fue suficiente para quitarle una vida, pero la hizo retroceder.
-Agh...- Demongirl se resentía de la herida. Aquel tipo le iba a suponer más problemas de lo que imaginaba. “No quiero tener que usar todo mi poder ahora, tal vez los demás necesiten mi ayuda... pero no me está dejando otra opción”, pensó.


Los demás ascendían las escaleras a toda velocidad. Ahora eran sólo cinco. En cabeza iba el Guerrero, junto al Capitán. Tras ellos estaba Shadow, quien se veía muy concentrado. En último lugar estaban Revelación y Gaia. El místico comenzó a sentir la energía del siguiente destructor y miró a Gaia. “Ella será la adecuada... Dejaré unos instantes para ver si ella se muestra voluntaria, si no le diré que ha llegado su momento”, meditaba.
Llegaron hasta el segundo piso. Los suelos eran ahora de madera y el piso era algo más oscuro que el anterior. Varios objetos de entrenamiento y algunas pesas ocupaban los bordes de la estancia. La poca luz venía de unas escasas lámparas, que debido a los altos techos apenas iluminaban. Unas cuantas cortinas tapaban las ventanas. En el centro de la sala se hallaba la única destructora, sentada entre dos velas, meditando. Al llegar los I-Men abrió los ojos y se levantó.
-Bienvenidos al segundo piso, soy Psikosis- Se presentó. Vestía ropa ajustada y deportiva. Camisa azul y pantalones cortos negros, como mallas. El pelo rubio oscuro se encontraba recogido en una trenza que le caía por la espalda- ¿Quién será mi rival?- Preguntó mientras se cruzaba de brazos. Gaia dio un paso.
-Está bien, yo me encargaré- Afirmó. Los demás la miraron, algo preocupados. Lo más inquietante es que la destructora no emitía ningún aura. Gaia sintió las miradas de sus compañeros y se giró- ¿Qué? ¿Creéis que no podré? La última vez no pude luchar, esta vez me haré cargo. De entre nosotros quizá sea la más débil, si voy a pelear lo mejor será que sea ahora, en el segundo piso. Más arriba están los fuertes, ¿no? Además, tengo una cuenta pendiente con ella, ya peleamos una vez en la ciudad.
-Gaia...- El Guerrero se acercó y posó su brazo sobre el hombro de ella- Tranquila, no desconfiamos de tu fuerza. Es simplemente que nos preocupamos por ti.
-Pues no hace falta, ahora subid, Eliart nos necesita- Ordenó ella al tiempo que su cetro aparecía. Lo miró y le dedicó unos pensamientos a Vanaheim.
-Venga chicos, ya la habéis oído- Les apremió el Capitán, quien ya tenía un pié en los escalones. La voz de Gravitta retumbó.
-Segundo piso, Psikosis contra Gaia, ¡adelante!
Revelación miró por última vez a la tenebrosa estancia, un pensamiento oscuro le vino a la cabeza. “Algo no está bien, Gaia pasará un mal rato aquí... esta habitación tiene la marca de la muerte. Puede que perdamos a otro I-Men...”, pensó con amargura. La voz de Erzzhia llegó hasta la mente del místico.
-Yo también lo siento, pero será mejor que no alarmemos a los demás... seguid adelante.
Revelación asintió y se giró. Él y los otros tres comenzaron a subir las escaleras. Habían tardado cerca de cinco minutos en subir, aquella torre era mucho más grande de lo que realmente parecía. Seguramente parte de su magia hacía que fuera mucho más grande por dentro.
La destructora observaba con detenimiento a Gaia, quien estaba quieta. Sin moverse del sitió sacó unos mitones negros del pantalón y se los puso, ajustándolos. En los nudillos había unas pequeñas escamas de acero.
-Vaya, no utilizaste esos en la ciudad- Dijo Gaia. Psikosis sonrió.
-Bueno, aquella vez no iba en serio. Gravitta sólo quería atraeros. Me sorprende tu decisión, en la ciudad te di una buena. Aunque por otro lado es verdad que arriba son incluso más fuertes... ¿Crees que ahora será distinto?
-Tengo que creerlo- Afirmó la I-Men al tiempo que el aura verde la envolvía. En parte por lo cansada que estaba en la ciudad y en parte debido a su poca fuerza, la otra vez no fue capaz de averiguar la habilidad de su enemiga. Eso la colocaba en desventaja, pues su poder ya había sido revelado. La rubia miró en derredor: no había vegetación ni vida cercana, de manera que no podría sustraer energía del ambiente, eso la colocaba en mala posición. Psikosis le dejó unos instantes más, y entonces se puso en guardia.
La destructora hizo el primer movimiento, corriendo hacia Gaia. La I-Men se rodeó al instante de una capa de madera. “No hay vida, y el suelo no es tierra, por lo tanto solo puedo usar los árboles que sea capaz de crear sobre mí”, reflexionó. Sin embargo esto no frenó a la otra, que levantó el puño según caía sobre Gaia.
-¡Golpe de Presión!- La I-Men se cubrió con sus brazos convertidos en poderosos troncos y con el aura verde recubriéndolos. La destructora lo ignoró y lanzó su directo sobre los brazos de Gaia, que cubrían el pecho. La madera crujió y el golpe fue tan fuerte que Gaia salió lanzada varios metros atrás, apenas pudiendo permanecer de pie.
¿Qué demonios ha sido esa fuerza?”, logró pensar justo cuando la destructora ya caía de nuevo sobre ella. “Tengo que esquivar sus golpes, no pararlos”, decidió. Psikosis lanzaba una serie de golpes directos al pecho de la otra, que en respuesta hizo crecer espinas sobre la madera que la cubría. Psikosis esquivó las espinas por los pelos. Gaia vio su momento he hizo que de sus brazos crecieran en un instante unos látigos de hiedras enormes y cubiertos de espinas. A continuación los agitó, cubriendo el mayor terreno posible. “No seré rápida, pero mis ataques cubren un área enorme, al mismo tiempo que mi defensa es muy buena, ¡toma esta!”.
La destructora no se amedrentó ante el despliegue de poder de su rival. De hecho se encaró a la barrera espinosa y corrió hacia Gaia ignorando su ataque. Justo cuando los látigos iban a golpearla hizo un movimiento muy extraño. Apoyó la punta de uno de sus pies en el suelo y se dejó caer hasta prácticamente rozar el suelo, pero sin tocarlo. Se mantenía únicamente sobre la punta de su dedo, pero al mismo tiempo no tocaba el suelo. Los látigos pasaron por encima y Psikosis se izó y continuó corriendo como si no hubiera perdido la inercia. Todo esto pasó en menos de un segundo.
Gaia trató de cubrirse, pero el ataque que acababa de hacer dejó desprotegido su hombro izquierdo, cosa que la otra aprovechó.
-¡Golpe de Presión!- Exclamó al tiempo que la golpeaba en el hombro sin cubrir de madera. Al no tener ninguna defensa, Gaia sintió como si un bloque de cemento de muchísimos kilos la estuviera impactando a una gran velocidad. La fuerza la levantó y la mandó a volar varios metros. Había perdido su primera vida. Cuando se levantó su brazo izquierdo colgaba muerto y un terrible dolor en el hombro la martilleaba.
-Pero... ¿qué demonios ha sido eso?- Preguntó la I-Men, asustada. A pesar de toda la fuerza que había ganado, esta se mostraba ahora insuficiente contra su rival. ¿Y los de pisos superiores iban a ser aún más fuertes? Gaia agarró su cetro y se preparó para lo que se le echaba encima.


Demongirl caía sobre Leariat desatando una serie de golpes con sus espadas. En la mano derecha brillaba Destello, en la mano izquierda manejaba su otra espada normal. El destructor, a pesar de su incremento de fuerza, no era rival para la combinación de sus armas. A pesar de todo se las ingeniaban para repeler los ataques, aunque de vez en cuando recibía un pequeño arañazo. Las escamas negras ya cubrían ambos brazos y piernas, y comenzaban a rodear los ojos de la chica.
Ya no había casi ningún mueble a salvo. La mayoría de sillas y sofás habían volado en mil pedazos, al igual que las alfombras. Incluso parte del suelo de mármol estaba destrozado, producto de los poderosos ataques de ambos contendientes. Leariat apretaba los dientes. “No me queda demasiado tiempo con mi fuerza liberada, tengo que ponerme serio”, pensaba. “Es hora de que use mi poder, por mucho que canse”, decidió.
Demongirl caía en ese momento sobre él usando sus dos espadas. Leariat saltó hacía ella, listo para colisionar en el aire. La chica sonrió. “Con la fuerza que llevo no será rival para mí, además cuento con la ventaja de estar encima, ¡prepárate!”. Pero entonces ocurrió algo muy extraño. Justo cuando iba a golpearle sintió aquella vibración en el aire y, sencillamente, pasó a través de él como si fuera aire. Nada más pasar, él se giró y arremetió con su bastón en la espalda de ella, haciéndola caer y causando mucho daño.
La morena golpeó el suelo con fuerza mientras que Leariat lo hacía sobre sus pies y mirándola con rostro burlón. Una de las vidas de la I-Men había desaparecido, y las escamas comenzaron a retroceder. “No, no puedo perder mi poder demoníaco ahora... ¡tengo que ser fuerte!”, pensaba ella con furia mientras se levantaba. La mirada que le dirigió al destructor destilaba pura furia. Por suerte, logró pensar en Lilith antes de lanzarse como una loca a por él. “Tengo que concentrarme, le haré hablar, parece que le gusta mucho...”.
-¿Así que ese es tu poder, eh?- Preguntó ella- ¿Pasar a través de la gente? Eso explica como esquivaste algunos de mis golpes.
-No- Dijo él con sequedad al tiempo que agitaba su bastón- Mi poder es hacerme intangible durante unos breves instantes... Aunque no otorga mucho poder de batalla, para mi estilo de pelea es algo idóneo. Ahora sigamos, no tengo mucho tiempo.
-Como quieras- Pero Demongirl sonrió, acababa de recibir una información muy importante. “¿Con que no tienes tiempo, eh? Al principió resultaba obvio que intentaba ganar tiempo para que la bomba en el reloj de Eliart se acabe. Pero desde que desató su poder se ha lanzando con mucha más temeridad. Quizá tiene un tiempo limitado para usarlo, quizá su energía sea la limitación. O puede que sólo pueda usar su poder un número de veces... tal vez varias de estas razones juntas. A pesar de que el tiempo vaya en mi contra tengo que forzarlo a usar su poder más, a agotarlo. Gastaré su tiempo mientras yo controlo la energía que uso... por lo tanto”. La chica tiró sus espadas y estas se desvanecieron. A continuación las escamas retrocedieron hasta sólo cubrir su extremidades, y nada más. Entonces adoptó una postura cuerpo a cuerpo y se lanzó. Leariat utilizó su bastón para defenderse, pero a la mínima oportunidad que encontró, Demongirl se lo arrancó con las manos.
El destructor masculló algo por lo bajo, pero aceptó el encuentro e imitó la postura de Demongirl. Entonces comenzó una batalla a puño limpio. La mayoría de los golpes eran esquivados, pues ambos eran sumamente rápidos. Otros golpes chocaban entre ellos y los echaban para atrás debido a la fuerza. La chica lo presionaba continuamente, forzando sus límites para acorralarle. De nuevo, en dos ocasiones se vio obligado a utilizar su poder.
Demongirl observó que cuando Leariat se hacía intangible no se hundía en el suelo, lo cual no tenía sentido. Se acordó de Argem, cuyo poder se parecía mucho al de su enemigo. “La diferencia es que Argem entraba en un modo fantasmal, podía llevar a otros con él y duraba mucho más tiempo. Incluso podía hacer fantasmas a otros desde distancia, como aquella vez con Shadow...”, pensaba. “Tal vez el caso de Leariat no sea el mismo... apuntaré a sus pies”, decidió. La chica atacó con todo, centrada en obligar a su enemigo a usar su poder.
Cuando se encontraban cerca de un muro, ella le acorraló contra este y lanzó un directo. Leariat no dudó y se hizo intangible, pasando a través de la I-Men. Demongirl lo esperaba y, justo antes de que él la pasara por completo, se agachó y lanzó una patada directa a los tobillos del destructor. Gracias a sus sentidos súper desarrollados, él lo vio y saltó antes de que le dieran. Ella aprovechó el momento y se reincorporó para lanzar otro puñetazo contra Leariat, quien se cubrió con sus brazos, rechazando el ataque.
-Vaya, parece que es verdad que solo puedes usarlo durante un instante...- Sonrió ella- Nada más pasarme en seguida desactivas tu poder, seguramente te costará mucha energía. ¿Podrás mantener mucho más tu espíritu de lucha sin decaer?- añadió con sorna.
-¡Cállate!- Exclamó él al tiempo que la rechazaba con unos puños directos. El destructor se mordía el labio inferior, “me está forzando a usar mi poder una y otra vez, no soy rival para ella cuerpo a cuerpo... puedo ganar tiempo pero, ¿cuánto aguantaré? A este paso mi poder se agotará...”, pensaba él.
Demongirl notaba el cambio de su rival por su estilo de pelea. Había pasado de una confianza extrema a una impaciencia preocupante. Sus movimientos eran peores y el sudor le caía por la cara. Las escamas negras de la chica le quemaron durante un instante, era la primera vez que usaba durante tanto tiempo seguido su habilidad demoníaca y esta empezaba a pasarle factura. ¿Cuánto tiempo había pasado? Miró su reloj y se sorprendió, tan sólo llevaban unos veinte minutos. “A pesar de llevar poco tiempo me ha estado forzando al límite... es sin duda un enemigo fuerte, si no fuera por el entrenamiento no habría podido controlar mi poder y situarme por encima...”, reflexionaba. La chica se lanzó dispuesta a acabar con las fuerzas de Leariat, quien respondió al ataque con sus propios puños.
El intercambio se alargó un poco más, pero entonces el aire alrededor del destructor perdió su tensión y el cansancio se reflejó en el rostro de él.
-Vaya, parece que tu poder tenía un límite...
-¿Y qué? Esto no está sentenciado, aún puedo pelear- Contestó él levantando los puños, pero a Demongirl se le antojó como el gesto de una criatura débil que lucha por vivir. Entonces se percató de que podía acabar la pelea de un solo movimiento.
-¡Claymore!- Exclamó mientras las escamas negra cubrían un poco su rostro y las de las extremidades se expandían. Leariat sintió el incremento de fuerza alrededor de la chica. “Mierda, tengo que hacer algo”, pensaba. El poderoso mandoble apareció en el aire y cayó con fuerza, clavándose en el mármol como si fuera mantequilla. La I-Men agarró la espada al tiempo que una cola negra aparecía en su cuerpo. Miró a Leariat y enarboló la espada.
Entonces se lanzó como un rayo contra él.


Gaia jadeaba al tiempo que levantaba una muralla de corteza, proyectada desde sus pies. Psikosis no le dejaba ni un instante de respiro. Las habilidades físicas que poseía eran sobrehumanas. Su velocidad no era tan alta, pero realizaba movimientos fuera de toda lógica. Esquivaba todos los proyectiles y lanzas que podía arrojar, saltaba todos los obstáculos como si pudiera andar por al aire, y hasta sus puños eran como bolas de demolición.
La I-Men se había visto obligada a usar el poder de Vanaheim y se transformó en árbol en la primera ocasión que tuvo. En esa forma el control de la madera y su propia resistencia eran muy altos, de manera que podía aguantar los golpes. Alzó una de sus manos y las ramas salieron disparadas en todas direcciones para atrapar a Psikosis , quien dio un salto y llegó hasta el techo, se giró y clavó una de sus manos en la piedra, quedando colgada como un murciélago.
Si alargó mis ramas tan lejos la energía se dispersará demasiado... parece conocer perfectamente como funciona mi habilidad...”, pensaba la rubia. La destructora no sonreía, tan solo estaba centrada en derrotar a la I-Men.
-Pareces muy confusa...- Dijo entonces la seguidora de Gravitta. Gaia se puso en guardia, esperando cualquier cosa- Creo que te explicaré mi poder, debe ser frustrante para ti. De todas maneras no es algo que puedas parar- Liberó su mano y se dejó caer, o más bien flotó, hasta el suelo- Se podría decir que tengo dos habilidades, aunque en el fondo es lo mismo. Controlo mi masa, pudiendo aumentarla o disminuirla mucho. Y también puedo controlar en que parte de mi cuerpo la ubico. Por ejemplo, cuando esquivo tus ataques desplazo toda mi masa hasta la punta de los dedos del pie, y mi centro de gravedad está tan bajo que puedo agacharme hasta casi rozar el suelo, y aún así no perder velocidad.
-Entonces cuando me golpeas, concentras toda tu masa en tu puño, ¿no es así?- Preguntó Gaia, que comenzaba entenderlo.
-Sí, y además aumentó la masa. Dicho de manera simplista, es como si pudiera controlar los kilos de mi cuerpo, dentro del mismo volumen, y también controlar el reparto de esa masa... Suena complicado, pero es algo muy intuitivo. Ni si quiera yo lo entiendo del todo, fue Gravitta quien dedujo como funcionaba, yo lo utilizaba de manera inconsciente.
-Ya veo...- “No debería estar charlando con ella, debería estar derrotándola... no dispongo de un tiempo infinito, y Eliart me necesita”, pensaba Gaia mientras aferraba su cetro. Entonces recordó la conversación con el árbol y miró el suelo, que era de madera. “Si puedo extraer vida de los árboles... tal vez pueda insuflarle vida a este suelo, aunque haré sufrir a los árboles, no me queda otra, necesito alguna ventaja”. La I-Men golpeó el suelo con su cetro y un aura se expandió por las tablas de madera.
-¿Qué has hecho?- Inquirió la Destructora.
-Tan solo controlo los árboles...- Sonrió Gaia al tiempo que el suelo se agitaba. Numerosas ramas y espinas surgieron desde el suelo, atacando y atrapando a Psikosis, quien no se esperaba un ataque desde el suelo. La rubia fue en forma de árbol hasta su rival y levantó uno de sus nudosos puños, lanzando un derechazo.
Psikosis no se quedó quieta, lanzó ambos puños contra la madera de la I-Men, rechazando el ataque. La madera entonces se extendió por el cuerpo de la destructora, cortándola y constriñéndola. Gaia repitió el ataque, pero esta vez la otra no pudo responder y recibió un poderoso golpe que le quitó una vida.
-Por fin consigo alcanzarte...- Jadeó la I-Men. Psikosis no respondió, un aura de fuerza la rodeaba ahora. De un movimiento brusco se liberó de las ramas y comenzó a correr alrededor de Gaia, quien trató de atraparla de nuevo, usando las numerosas ramas que había generado en el suelo. Sin embargo, la destructora ya conocía la manera de actuar de su rival, así que esquivaba todos los ataques haciendo uso de su poder y de su increíble agilidad.
-Eso ha sido un buen movimiento, pero si no me dejo atrapar, no podrás conmigo- Señaló.
Gaia no respondió, tan solo aumentó la frecuencia de sus ataques. A pesar de todo, la energía no le sobraba, no había ninguna fuente de vida cercana y sus reservas comenzaban a ser escasas. Su rival, en cambio, se movía como si acabaran de empezar.


Demongirl se lanzó como una bala contra Leariat, quien apenas fue consciente del ataque de la I-Men. En el último instante, justo antes de que la Claymore se le clavara en el pecho, logró hacerse intangible y que la morena le atravesara. El destructor se giró para encararse a la chica, pero se la encontró justo de frente.
-¡Ah!- Esta vez no pudo reaccionar y la espada se le clavó en el estómago, hasta la empuñadura. El golpe fue tan contundente que perdió las dos vidas restantes de golpe.
-Yo... como...- Comenzó a decir, pero la sangre brotaba de su boca. Demongirl extrajo la espada y la herida empeoró. Leariat comenzó a desaparecer.
-Siempre haces lo mismo, desaparecer y atacar justo cuando te he atravesado. Eres predecible, y mi fuerza está muy por encima de la tuya.
La voz del juego resonó. Jugador: Leariat. Poder: Hacerse intocable durante unos segundos. Estado: Eliminado. Justo cuando se desvanecía en el aire, un sonido metálico se escuchó. Demongirl se acercó, sin saber que había sido. Donde el cuerpo de Leariat se había esfumado había quedado una pequeña llave metálica, de color azulado. La I-Men se agachó y la recogió. Un brillante uno negro se veía dibujado sobre ella.
-Primera llave, ganada- Dijo la voz de Gravitta desde ningún lugar. Demongirl miró en derredor al tiempo que fruncía el ceño. Le molestaba sobremanera que aquel presuntuoso les estuviera observando y diciendo todo.
-Bueno, ahora solo tengo que llevársela a Eliart...- Comentó al tiempo que comenzaba a subir las escaleras y su transformación se retiraba. Al mismo tiempo, la Claymore desaparecía.

Tiempo restante en el reloj: 1:36:54.

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