Demongirl lanzó un tajo al aire, tratando de alcanzar a
Leariat, pero este esquivaba todos los ataques por los pelos. La
chica recordó la última vez que se enfrentó al equipo de Gravitta,
por aquel entonces tuvo que batallar contra J.J. “Este tipo no le
llega ni a la suela del zapato, y encima es el que está en el primer
piso, o sea, es el más débil”, pensaba. “Si libero mi poder en
mis piernas debería ser capaz de sobrepasar su velocidad”, dedujo.
Se paró y empezó a concentrar su energía. El destructor lo sintió
y se lanzó, arremetiendo con fuerza con su bastón de acero.
-¡No te dejaré!- Exclamó al tiempo que golpeaba con
fuerza. Demongirl interpuso su espada normal para rechazar el ataque,
pero la gran fuerza de su adversario la hizo retroceder. La espada
resultó aboyada, al igual que la anterior.
-Maldito seas...- Susurró la I-Men al tiempo que
despachaba la espada e invocaba a Destello. “Es la primera vez que
me rompen una espada, no sé si al desaparecer se recuperará. Espero
que sí. Ya ha destrozado a mi espada de fuego, tendré que tener
cuidado con Destello, no puedo permitir quedarme sin espadas. Ahora
sólo me queda Destello y otra espada normal”, reflexionó al
tiempo que agitaba su arma, dando una estocada.
Leariat y ella comenzaron entonces a dar vueltas
mientras se miraban fijamente. Era evidente que él quería ganar
tiempo, pues no atacaba. Demongirl, en cambio, vivía una carrera a
contrarreloj, si no subía la llave a tiempo a Eliart, este podría
perder un brazo o incluso morir. Tomando aire, la morena se lanzó,
visualizando sus ataques. Por suerte tenía el brazo derecho
transformado, de manera que sus ataques eran muy peligrosos.
El destructor lo sabía, y por eso saltaba y usaba su
bastón para evitar el filo de la espada. Usaba el gran salón en su
beneficio, saltando sofás y mesas, lanzando sillas cuando las tenía
a mano y otros objetos que había a su alcance. Demongirl comenzaba a
impacientarse. Miró el reloj en su muñeca. “Mierda, llevamos diez
minutos dando vueltas como idiotas...”, pensó. Leariat sudaba,
pero no parecía cansado en exceso, era evidente que era un tipo
resistente. Comenzó a hablar.
-¿Sabes? Hace un par de días me incorporé a los
Destructores. Encontré la torre y Gravitta me recibió, fue durante
el ataque de mis compañeros a vuestra isla- El hombre movía el
bastón de un lado a otro mientras hablaba- Cuando volvieron la torre
usó su regla de los siete habitantes, por eso me vi obligado a
vencer a Ceniza en un combate individual. Los demás aún no sabíamos
que se trataba de una regla, como os ha explicado a vosotros
Gravitta. Este edificio es bastante extraño.
-¿Por qué me cuentas todo esto?- La chica le miraba
sin comprender a donde quería llegar. Él sonrió.
-Para distraerte, claro- Con un rápido movimiento del
brazo lanzó su bastón, que cortó el aire hacía la I-Men.
Demongirl pudo reaccionar a tiempo y se apartó de la trayectoria del
arma, que impactó en el suelo justo donde ella había estado. El
metal atravesó el mármol del suelo y las piedras volaron por el
aire. “¡Ahora es el momento!”, pensó con alegría ella al
tiempo que se lanzaba y enarbolaba su espada.
-¡Toma!- Usando ambos brazos agitó la espada. Leariat
no había tratado de esquivarla, en su lugar salió corriendo
directamente hacía ella. Justo cuando estaba a punto de cortarle el
hombro, Demongirl sintió una vibración en el aire. Al siguiente
instante el destructor había pasado de largo a través de ella. Como
si fuera solo aire- ¿Qué? ¿Cómo ha hecho eso?- Se giró y vio
como el hombre recogía su bastón.
-¿Ha sido muy rápido para ti? La próxima vez abre
bien los ojos, todavía ni he usado mi poder- Se burló él.
“Esto no puede seguir así, tengo que invocar mi forma
demoníaca... ¡vamos!”, hizo amago de atacar, con lo cual Leariat
comenzó a echarse atrás. Entonces la chica cogió un cenicero de
piedra que había en una mesa cercana y lo arrojó con fuerza. El
destructor saltó a un lado, pero ella ya estaba sobre él,
levantando la espada. Bajó con fuerza los brazos y Leariat interpuso
su bastón de acero, parando el ataque. Entonces Demongirl sonrió.
-¡Destello!- La espada se iluminó y emitió una
brillante luz que cegó al destructor. Este sintió una patada que lo
echaba para atrás. Cayó al suelo, pero en seguida se levantó y
saltó hacía atrás, haciendo girar su bastón frente a él para
prevenir cualquier ataque. Cuando abrió los ojos a los pocos
segundos, se sorprendió al ver a su rival parada, concentrada.
-Mierda...- Murmuró Leariat cuando se dio cuenta de lo
que pasaba. La energía se acumuló en Demongirl, y esta fluyó hasta
sus piernas, donde las escamas negras cubrieron ambas extremidades.
Entonces abrió los ojos, y estos eran de color rojo.
-Una pregunta, Leariat...- Comenzó a decir ella- ¿Cómo
sabías lo que pretendía hacer? ¿Cómo sabías antes que quería
convertir mis piernas en demoníacas?
-No lo sabía...- Contestó él. Hablar no le importaba,
su deber era ganar tiempo- Tengo una visión especial, que he
desarrollado tras muchos años de entrenamiento. Como tensas los
músculos, cada pequeño ademán... la respiración. Todo me dice lo
que pretendes hacer, por eso no has logrado darme ni una sola vez- Él
sonrió- Y al sentir una fuerte energía a tu alrededor, supe que
algo tramabas, mi instinto de luchador me dijo que no debía dejarte
hacer eso.
-Pura suerte, vamos- Se mofó ella- Pues abre bien los
ojos, ahora no serás capaz de seguirme el ritmo.
Demongirl se lanzó a una velocidad increíble. Leariat,
gracias a su visión, pudo ver las intenciones de su rival, y logró
anticiparse al ataque. Sin embargo, ella era tan rápida que apenas
pudo reaccionar. La espada le hizo un leve corte en un brazo, de
manera que agitó su bastón en busca de las costillas de ella. La
I-Men retrocedió y de un elegante movimiento se situó a uno de los
flancos del destructor. Este pudo seguirla con la mirada, pero su
cuerpo no reaccionó a tiempo y, cuando quiso girarse, ella ya le
había hecho un profundo corte en el otro brazo. Esta vez la herida
era más grave y la sangre manó en abundancia.
Una de las vidas del joven había desaparecido. “Es
muy rápida... con ella tendré que ir al cien por cien...”, pensó
Leariat. Ella se tomó un segundo de descanso, cosa que él aprovechó
para quitarse la camisa. Una ráfaga de aire sacudió la estancia.
“Límites removidos”, dijo para sí.
-¿Qué has hecho?- Inquirió ella.
-Libero mi fuerza. No te extrañes, cualquier persona
puede liberar su fuerza interior si pelea- “Lo que no puedo
decirte, es que esta fuerza no es ilimitada. Tendré que derrotarte
rápido”, meditó. Sostuvo su bastón de manera profesional y se
preparó para recibir el ataque de ella. “Es importante que no
perciba mi impaciencia”.
La I-Men se lanzó de cabeza mientras empuñaba su
espada. Él la vio venir y respondió con un ataque de su bastón.
Aunque seguía sin ser tan rápido como ella, sus reflejos eran muy
buenos y pudo repeler el ataque. Demongirl se sorprendió, pero en
vez de retroceder atacó de nuevo, lanzando tajos en todas
direcciones. Leariat se concentró en seguir el filo de la espada,
parando cada ataque por muy poco. En un momento dado liberó su
fuerza de golpe, desestabilizando a la morena. Usó ese pequeño
instante para arremeter con su bastón, alcanzado el estómago de
ella. El impacto no fue suficiente para quitarle una vida, pero la
hizo retroceder.
-Agh...- Demongirl se resentía de la herida. Aquel tipo
le iba a suponer más problemas de lo que imaginaba. “No quiero
tener que usar todo mi poder ahora, tal vez los demás necesiten mi
ayuda... pero no me está dejando otra opción”, pensó.
Los demás ascendían las escaleras a toda velocidad.
Ahora eran sólo cinco. En cabeza iba el Guerrero, junto al Capitán.
Tras ellos estaba Shadow, quien se veía muy concentrado. En último
lugar estaban Revelación y Gaia. El místico comenzó a sentir la
energía del siguiente destructor y miró a Gaia. “Ella será la
adecuada... Dejaré unos instantes para ver si ella se muestra
voluntaria, si no le diré que ha llegado su momento”, meditaba.
Llegaron hasta el segundo piso. Los suelos eran ahora de
madera y el piso era algo más oscuro que el anterior. Varios objetos
de entrenamiento y algunas pesas ocupaban los bordes de la estancia.
La poca luz venía de unas escasas lámparas, que debido a los altos
techos apenas iluminaban. Unas cuantas cortinas tapaban las ventanas.
En el centro de la sala se hallaba la única destructora, sentada
entre dos velas, meditando. Al llegar los I-Men abrió los ojos y se
levantó.
-Bienvenidos al segundo piso, soy Psikosis- Se presentó.
Vestía ropa ajustada y deportiva. Camisa azul y pantalones cortos
negros, como mallas. El pelo rubio oscuro se encontraba recogido en
una trenza que le caía por la espalda- ¿Quién será mi rival?-
Preguntó mientras se cruzaba de brazos. Gaia dio un paso.
-Está bien, yo me encargaré- Afirmó. Los demás la
miraron, algo preocupados. Lo más inquietante es que la destructora
no emitía ningún aura. Gaia sintió las miradas de sus compañeros
y se giró- ¿Qué? ¿Creéis que no podré? La última vez no pude
luchar, esta vez me haré cargo. De entre nosotros quizá sea la más
débil, si voy a pelear lo mejor será que sea ahora, en el segundo
piso. Más arriba están los fuertes, ¿no? Además, tengo una cuenta
pendiente con ella, ya peleamos una vez en la ciudad.
-Gaia...- El Guerrero se acercó y posó su brazo sobre
el hombro de ella- Tranquila, no desconfiamos de tu fuerza. Es
simplemente que nos preocupamos por ti.
-Pues no hace falta, ahora subid, Eliart nos necesita-
Ordenó ella al tiempo que su cetro aparecía. Lo miró y le dedicó
unos pensamientos a Vanaheim.
-Venga chicos, ya la habéis oído- Les apremió el
Capitán, quien ya tenía un pié en los escalones. La voz de
Gravitta retumbó.
-Segundo piso, Psikosis
contra Gaia, ¡adelante!
Revelación miró por última vez a la tenebrosa
estancia, un pensamiento oscuro le vino a la cabeza. “Algo no está
bien, Gaia pasará un mal rato aquí... esta habitación tiene la
marca de la muerte. Puede que perdamos a otro I-Men...”, pensó con
amargura. La voz de Erzzhia llegó hasta la mente del místico.
-Yo también lo siento, pero será mejor que no
alarmemos a los demás... seguid adelante.
Revelación asintió y se giró. Él y los otros tres
comenzaron a subir las escaleras. Habían tardado cerca de cinco
minutos en subir, aquella torre era mucho más grande de lo que
realmente parecía. Seguramente parte de su magia hacía que fuera
mucho más grande por dentro.
La destructora observaba con detenimiento a Gaia, quien
estaba quieta. Sin moverse del sitió sacó unos mitones negros del
pantalón y se los puso, ajustándolos. En los nudillos había unas
pequeñas escamas de acero.
-Vaya, no utilizaste esos en la ciudad- Dijo Gaia.
Psikosis sonrió.
-Bueno, aquella vez no iba en serio. Gravitta sólo
quería atraeros. Me sorprende tu decisión, en la ciudad te di una
buena. Aunque por otro lado es verdad que arriba son incluso más
fuertes... ¿Crees que ahora será distinto?
-Tengo que creerlo- Afirmó la I-Men al tiempo que el
aura verde la envolvía. En parte por lo cansada que estaba en la
ciudad y en parte debido a su poca fuerza, la otra vez no fue capaz
de averiguar la habilidad de su enemiga. Eso la colocaba en
desventaja, pues su poder ya había sido revelado. La rubia miró en
derredor: no había vegetación ni vida cercana, de manera que no
podría sustraer energía del ambiente, eso la colocaba en mala
posición. Psikosis le dejó unos instantes más, y entonces se puso
en guardia.
La destructora hizo el primer movimiento, corriendo
hacia Gaia. La I-Men se rodeó al instante de una capa de madera. “No
hay vida, y el suelo no es tierra, por lo tanto solo puedo usar los
árboles que sea capaz de crear sobre mí”, reflexionó. Sin
embargo esto no frenó a la otra, que levantó el puño según caía
sobre Gaia.
-¡Golpe de Presión!- La I-Men se cubrió con sus
brazos convertidos en poderosos troncos y con el aura verde
recubriéndolos. La destructora lo ignoró y lanzó su directo sobre
los brazos de Gaia, que cubrían el pecho. La madera crujió y el
golpe fue tan fuerte que Gaia salió lanzada varios metros atrás,
apenas pudiendo permanecer de pie.
“¿Qué demonios ha sido esa fuerza?”, logró pensar
justo cuando la destructora ya caía de nuevo sobre ella. “Tengo
que esquivar sus golpes, no pararlos”, decidió. Psikosis lanzaba
una serie de golpes directos al pecho de la otra, que en respuesta
hizo crecer espinas sobre la madera que la cubría. Psikosis esquivó
las espinas por los pelos. Gaia vio su momento he hizo que de sus
brazos crecieran en un instante unos látigos de hiedras enormes y
cubiertos de espinas. A continuación los agitó, cubriendo el mayor
terreno posible. “No seré rápida, pero mis ataques cubren un área
enorme, al mismo tiempo que mi defensa es muy buena, ¡toma esta!”.
La destructora no se amedrentó ante el despliegue de
poder de su rival. De hecho se encaró a la barrera espinosa y corrió
hacia Gaia ignorando su ataque. Justo cuando los látigos iban a
golpearla hizo un movimiento muy extraño. Apoyó la punta de uno de
sus pies en el suelo y se dejó caer hasta prácticamente rozar el
suelo, pero sin tocarlo. Se mantenía únicamente sobre la punta de
su dedo, pero al mismo tiempo no tocaba el suelo. Los látigos
pasaron por encima y Psikosis se izó y continuó corriendo como si
no hubiera perdido la inercia. Todo esto pasó en menos de un
segundo.
Gaia trató de cubrirse, pero el ataque que acababa de
hacer dejó desprotegido su hombro izquierdo, cosa que la otra
aprovechó.
-¡Golpe de Presión!-
Exclamó al tiempo que la golpeaba en el hombro sin cubrir de madera.
Al no tener ninguna defensa, Gaia sintió como si un bloque de
cemento de muchísimos kilos la estuviera impactando a una gran
velocidad. La fuerza la levantó y la mandó a volar varios metros.
Había perdido su primera vida. Cuando se levantó su brazo izquierdo
colgaba muerto y un terrible dolor en el hombro la martilleaba.
-Pero... ¿qué demonios ha sido eso?- Preguntó la
I-Men, asustada. A pesar de toda la fuerza que había ganado, esta se
mostraba ahora insuficiente contra su rival. ¿Y los de pisos
superiores iban a ser aún más fuertes? Gaia agarró su cetro y se
preparó para lo que se le echaba encima.
Demongirl caía sobre Leariat desatando una serie de
golpes con sus espadas. En la mano derecha brillaba Destello, en la
mano izquierda manejaba su otra espada normal. El destructor, a pesar
de su incremento de fuerza, no era rival para la combinación de sus
armas. A pesar de todo se las ingeniaban para repeler los ataques,
aunque de vez en cuando recibía un pequeño arañazo. Las escamas
negras ya cubrían ambos brazos y piernas, y comenzaban a rodear los
ojos de la chica.
Ya no había casi ningún mueble a salvo. La mayoría de
sillas y sofás habían volado en mil pedazos, al igual que las
alfombras. Incluso parte del suelo de mármol estaba destrozado,
producto de los poderosos ataques de ambos contendientes. Leariat
apretaba los dientes. “No me queda demasiado tiempo con mi fuerza
liberada, tengo que ponerme serio”, pensaba. “Es hora de que use
mi poder, por mucho que canse”, decidió.
Demongirl caía en ese momento sobre él usando sus dos
espadas. Leariat saltó hacía ella, listo para colisionar en el
aire. La chica sonrió. “Con la fuerza que llevo no será rival
para mí, además cuento con la ventaja de estar encima,
¡prepárate!”. Pero entonces ocurrió algo muy extraño. Justo
cuando iba a golpearle sintió aquella vibración en el aire y,
sencillamente, pasó a través de él como si fuera aire. Nada más
pasar, él se giró y arremetió con su bastón en la espalda de
ella, haciéndola caer y causando mucho daño.
La morena golpeó el suelo con fuerza mientras que
Leariat lo hacía sobre sus pies y mirándola con rostro burlón. Una
de las vidas de la I-Men había desaparecido, y las escamas
comenzaron a retroceder. “No, no puedo perder mi poder demoníaco
ahora... ¡tengo que ser fuerte!”, pensaba ella con furia mientras
se levantaba. La mirada que le dirigió al destructor destilaba pura
furia. Por suerte, logró pensar en Lilith antes de lanzarse como una
loca a por él. “Tengo que concentrarme, le haré hablar, parece
que le gusta mucho...”.
-¿Así que ese es tu poder, eh?- Preguntó ella- ¿Pasar
a través de la gente? Eso explica como esquivaste algunos de mis
golpes.
-No- Dijo él con sequedad al tiempo que agitaba su
bastón- Mi poder es hacerme intangible durante unos breves
instantes... Aunque no otorga mucho poder de batalla, para mi estilo
de pelea es algo idóneo. Ahora sigamos, no tengo mucho tiempo.
-Como quieras- Pero Demongirl sonrió, acababa de
recibir una información muy importante. “¿Con que no tienes
tiempo, eh? Al principió resultaba obvio que intentaba ganar tiempo
para que la bomba en el reloj de Eliart se acabe. Pero desde que
desató su poder se ha lanzando con mucha más temeridad. Quizá
tiene un tiempo limitado para usarlo, quizá su energía sea la
limitación. O puede que sólo pueda usar su poder un número de
veces... tal vez varias de estas razones juntas. A pesar de que el
tiempo vaya en mi contra tengo que forzarlo a usar su poder más, a
agotarlo. Gastaré su tiempo mientras yo controlo la energía que
uso... por lo tanto”. La chica tiró sus espadas y estas se
desvanecieron. A continuación las escamas retrocedieron hasta sólo
cubrir su extremidades, y nada más. Entonces adoptó una postura
cuerpo a cuerpo y se lanzó. Leariat utilizó su bastón para
defenderse, pero a la mínima oportunidad que encontró, Demongirl se
lo arrancó con las manos.
El destructor masculló algo por lo bajo, pero aceptó
el encuentro e imitó la postura de Demongirl. Entonces comenzó una
batalla a puño limpio. La mayoría de los golpes eran esquivados,
pues ambos eran sumamente rápidos. Otros golpes chocaban entre ellos
y los echaban para atrás debido a la fuerza. La chica lo presionaba
continuamente, forzando sus límites para acorralarle. De nuevo, en
dos ocasiones se vio obligado a utilizar su poder.
Demongirl observó que cuando Leariat se hacía
intangible no se hundía en el suelo, lo cual no tenía sentido. Se
acordó de Argem, cuyo poder se parecía mucho al de su enemigo. “La
diferencia es que Argem entraba en un modo fantasmal, podía llevar a
otros con él y duraba mucho más tiempo. Incluso podía hacer
fantasmas a otros desde distancia, como aquella vez con Shadow...”,
pensaba. “Tal vez el caso de Leariat no sea el mismo... apuntaré a
sus pies”, decidió. La chica atacó con todo, centrada en obligar
a su enemigo a usar su poder.
Cuando se encontraban cerca de un muro, ella le acorraló
contra este y lanzó un directo. Leariat no dudó y se hizo
intangible, pasando a través de la I-Men. Demongirl lo esperaba y,
justo antes de que él la pasara por completo, se agachó y lanzó
una patada directa a los tobillos del destructor. Gracias a sus
sentidos súper desarrollados, él lo vio y saltó antes de que le
dieran. Ella aprovechó el momento y se reincorporó para lanzar otro
puñetazo contra Leariat, quien se cubrió con sus brazos, rechazando
el ataque.
-Vaya, parece que es verdad que solo puedes usarlo
durante un instante...- Sonrió ella- Nada más pasarme en seguida
desactivas tu poder, seguramente te costará mucha energía. ¿Podrás
mantener mucho más tu espíritu de lucha sin decaer?- añadió con
sorna.
-¡Cállate!- Exclamó él al tiempo que la rechazaba
con unos puños directos. El destructor se mordía el labio inferior,
“me está forzando a usar mi poder una y otra vez, no soy rival
para ella cuerpo a cuerpo... puedo ganar tiempo pero, ¿cuánto
aguantaré? A este paso mi poder se agotará...”, pensaba él.
Demongirl notaba el cambio de su rival por su estilo de
pelea. Había pasado de una confianza extrema a una impaciencia
preocupante. Sus movimientos eran peores y el sudor le caía por la
cara. Las escamas negras de la chica le quemaron durante un instante,
era la primera vez que usaba durante tanto tiempo seguido su
habilidad demoníaca y esta empezaba a pasarle factura. ¿Cuánto
tiempo había pasado? Miró su reloj y se sorprendió, tan sólo
llevaban unos veinte minutos. “A pesar de llevar poco tiempo me ha
estado forzando al límite... es sin duda un enemigo fuerte, si no
fuera por el entrenamiento no habría podido controlar mi poder y
situarme por encima...”, reflexionaba. La chica se lanzó dispuesta
a acabar con las fuerzas de Leariat, quien respondió al ataque con
sus propios puños.
El intercambio se alargó un poco más, pero entonces el
aire alrededor del destructor perdió su tensión y el cansancio se
reflejó en el rostro de él.
-Vaya, parece que tu poder tenía un límite...
-¿Y qué? Esto no está sentenciado, aún puedo pelear-
Contestó él levantando los puños, pero a Demongirl se le antojó
como el gesto de una criatura débil que lucha por vivir. Entonces se
percató de que podía acabar la pelea de un solo movimiento.
-¡Claymore!- Exclamó mientras las escamas negra
cubrían un poco su rostro y las de las extremidades se expandían.
Leariat sintió el incremento de fuerza alrededor de la chica.
“Mierda, tengo que hacer algo”, pensaba. El poderoso mandoble
apareció en el aire y cayó con fuerza, clavándose en el mármol
como si fuera mantequilla. La I-Men agarró la espada al tiempo que
una cola negra aparecía en su cuerpo. Miró a Leariat y enarboló la
espada.
Entonces se lanzó como un rayo contra él.
Gaia jadeaba al tiempo que levantaba una muralla de
corteza, proyectada desde sus pies. Psikosis no le dejaba ni un
instante de respiro. Las habilidades físicas que poseía eran
sobrehumanas. Su velocidad no era tan alta, pero realizaba
movimientos fuera de toda lógica. Esquivaba todos los proyectiles y
lanzas que podía arrojar, saltaba todos los obstáculos como si
pudiera andar por al aire, y hasta sus puños eran como bolas de
demolición.
La I-Men se había visto obligada a usar el poder de
Vanaheim y se transformó en árbol en la primera ocasión que tuvo.
En esa forma el control de la madera y su propia resistencia eran muy
altos, de manera que podía aguantar los golpes. Alzó una de sus
manos y las ramas salieron disparadas en todas direcciones para
atrapar a Psikosis , quien dio un salto y llegó hasta el techo, se
giró y clavó una de sus manos en la piedra, quedando colgada como
un murciélago.
“Si alargó mis ramas tan lejos la energía se
dispersará demasiado... parece conocer perfectamente como funciona
mi habilidad...”, pensaba la rubia. La destructora no sonreía, tan
solo estaba centrada en derrotar a la I-Men.
-Pareces muy confusa...- Dijo entonces la seguidora de
Gravitta. Gaia se puso en guardia, esperando cualquier cosa- Creo que
te explicaré mi poder, debe ser frustrante para ti. De todas maneras
no es algo que puedas parar- Liberó su mano y se dejó caer, o más
bien flotó, hasta el suelo- Se podría decir que tengo dos
habilidades, aunque en el fondo es lo mismo. Controlo mi masa,
pudiendo aumentarla o disminuirla mucho. Y también puedo controlar
en que parte de mi cuerpo la ubico. Por ejemplo, cuando esquivo tus
ataques desplazo toda mi masa hasta la punta de los dedos del pie, y
mi centro de gravedad está tan bajo que puedo agacharme hasta casi
rozar el suelo, y aún así no perder velocidad.
-Entonces cuando me golpeas, concentras toda tu masa en
tu puño, ¿no es así?- Preguntó Gaia, que comenzaba entenderlo.
-Sí, y además aumentó la masa. Dicho de manera
simplista, es como si pudiera controlar los kilos de mi cuerpo,
dentro del mismo volumen, y también controlar el reparto de esa
masa... Suena complicado, pero es algo muy intuitivo. Ni si quiera yo
lo entiendo del todo, fue Gravitta quien dedujo como funcionaba, yo
lo utilizaba de manera inconsciente.
-Ya veo...- “No debería estar charlando con ella,
debería estar derrotándola... no dispongo de un tiempo infinito, y
Eliart me necesita”, pensaba Gaia mientras aferraba su cetro.
Entonces recordó la conversación con el árbol y miró el suelo,
que era de madera. “Si puedo extraer vida de los árboles... tal
vez pueda insuflarle vida a este suelo, aunque haré sufrir a los
árboles, no me queda otra, necesito alguna ventaja”. La I-Men
golpeó el suelo con su cetro y un aura se expandió por las tablas
de madera.
-¿Qué has hecho?- Inquirió la Destructora.
-Tan solo controlo los árboles...- Sonrió Gaia al
tiempo que el suelo se agitaba. Numerosas ramas y espinas surgieron
desde el suelo, atacando y atrapando a Psikosis, quien no se esperaba
un ataque desde el suelo. La rubia fue en forma de árbol hasta su
rival y levantó uno de sus nudosos puños, lanzando un derechazo.
Psikosis no se quedó quieta, lanzó ambos puños
contra la madera de la I-Men, rechazando el ataque. La madera
entonces se extendió por el cuerpo de la destructora, cortándola y
constriñéndola. Gaia repitió el ataque, pero esta vez la otra no
pudo responder y recibió un poderoso golpe que le quitó una vida.
-Por fin consigo alcanzarte...- Jadeó la I-Men.
Psikosis no respondió, un aura de fuerza la rodeaba ahora. De un
movimiento brusco se liberó de las ramas y comenzó a correr
alrededor de Gaia, quien trató de atraparla de nuevo, usando las
numerosas ramas que había generado en el suelo. Sin embargo, la
destructora ya conocía la manera de actuar de su rival, así que
esquivaba todos los ataques haciendo uso de su poder y de su
increíble agilidad.
-Eso ha sido un buen movimiento, pero si no me dejo
atrapar, no podrás conmigo- Señaló.
Gaia no respondió, tan solo aumentó la frecuencia de
sus ataques. A pesar de todo, la energía no le sobraba, no había
ninguna fuente de vida cercana y sus reservas comenzaban a ser
escasas. Su rival, en cambio, se movía como si acabaran de empezar.
Demongirl se lanzó como una bala contra Leariat, quien
apenas fue consciente del ataque de la I-Men. En el último instante,
justo antes de que la Claymore se le clavara en el pecho, logró
hacerse intangible y que la morena le atravesara. El destructor se
giró para encararse a la chica, pero se la encontró justo de
frente.
-¡Ah!- Esta vez no pudo reaccionar y la espada se le
clavó en el estómago, hasta la empuñadura. El golpe fue tan
contundente que perdió las dos vidas restantes de golpe.
-Yo... como...- Comenzó a decir, pero la sangre brotaba
de su boca. Demongirl extrajo la espada y la herida empeoró. Leariat
comenzó a desaparecer.
-Siempre haces lo mismo, desaparecer y atacar justo
cuando te he atravesado. Eres predecible, y mi fuerza está muy por
encima de la tuya.
La voz del juego resonó. Jugador: Leariat. Poder:
Hacerse intocable durante unos segundos. Estado: Eliminado. Justo
cuando se desvanecía en el aire, un sonido metálico se escuchó.
Demongirl se acercó, sin saber que había sido. Donde el cuerpo de
Leariat se había esfumado había quedado una pequeña llave
metálica, de color azulado. La I-Men se agachó y la recogió. Un
brillante uno negro se veía dibujado sobre ella.
-Primera llave, ganada- Dijo la voz de Gravitta desde
ningún lugar. Demongirl miró en derredor al tiempo que fruncía el
ceño. Le molestaba sobremanera que aquel presuntuoso les estuviera
observando y diciendo todo.
-Bueno, ahora solo tengo que llevársela a Eliart...-
Comentó al tiempo que comenzaba a subir las escaleras y su
transformación se retiraba. Al mismo tiempo, la Claymore
desaparecía.
Tiempo restante en el reloj: 1:36:54.
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