miércoles, 18 de noviembre de 2015

Capítulo 44 - 'El otro Eliart'

Demongirl desenvainó su espada al tiempo que la mujer que se hacía llamar Lilith. El arma de esta última era una estilizada katana de origen japonés. La I-Men sonrió al verlo. “Con un arma tan delgada seré capaz de atravesar sus defensas”, pensaba. Se lanzó sobre ella mientras enarbolaba su espada.
-¡Toma!- Lanzó un tajo directo al vientre de la rubia, que de un salto esquivó su ataque. Demongirl se sorprendió, pero levantó de nuevo su arma, justo a tiempo para bloquear el contra-ataque.
La morena puso algo de distancia al tiempo que invocaba su espada de fuego con la mano libre, parecía que aquella mujer le daría algo de guerra. Lilith ni siquiera pestañeó ante la segunda espada de su rival. De hecho se lanzó de cabeza contra ella, su katana se convirtió en un destello plateado y mortal. Usando ambas espadas Demongirl fue capaz de detener la acometida, pero entonces vio como la otra sonreía.
-Así no me detendrás- Susurró. Entonces los brazos de la rubia se tensaron y su musculatura aumentó de manera exagerada. Ante el despliegue de fuerza la I-Men no pudo hacer nada, salió lanzada hacía atrás, golpeando la roca de la caverna y quemándose la espalda. Lilith se irguió y miró con despreció a la chica- ¿Y con esa fuerza pretendes ganarme?
Demongirl esperó unos segundos en el suelo para recuperarse del impacto. -´Los reflejos de esta tía no son nada malos, tal vez debería pensar ir más en serio, me dejaré de juegos´-, meditaba. Se incorporó mirando a su contrincante, alzó ambas espadas y volvió a la carga. La rubia sonrió al tiempo que chocaban espadas. Las armas liberaban chispas con cada impacto.
-¡Ahora!- La espada incandescente emitió un brillo rojizo al tiempo que se prendía, tomando por sorpresa a Lilith. Demongirl comenzó entonces un furioso ataque combinando el poder de sus espadas y su agilidad. La otra sacó una de sus pequeñas dagas y se valió de sus propias armas para frenar a la I-Men. La I-Men veía como lograba pararla poco a poco, así que dejó que la furia viniera a ella. Las escamas negras cubrieron su mano derecha y comenzaron a subir por el brazo. Los ojos de la morena se pusieron rojos- ¡Prueba la fuerza del demonio!
El fuego de su espada se hizo más intenso, notaba como la fuerza aumentaba con cada pulsación. Lilith no se amedrentó, interpuso su katana entre ambas y sus brazos se hincharon de nuevo, obteniendo unos músculos enormes. Y Demongirl fue detenida de nuevo, para asombro de ella misma.
-Vaya, vaya, tienes un poder interesante ahí- Dijo Lilith al tiempo que se deshacía de la I-Men. Entonces envainó su katana y guardó su daga. La rubia estaba mirando fijamente los ojos de la morena, intentando ver algo más allá- Ya veo, esto debe ser cosa de Cerebro.- Cayó finalmente, aclarando sus dudas sobre por qué estaba en aquel lugar.
-¿Qué?- Demongirl se quedó de piedra, mirándola. ¿No se suponía que sus maestros estaban ya preparados para entrenarles?- No entiendo, ¿tú eres mi maestra, entonces?
-Bueno, no sé exactamente que te habrán dicho- Comentó Lilith mientras la miraba de aquella manera tan fulminante- Pero me da bastante lástima lo débil que eres. Y lo mal que usas tu sangre demoníaca- Parecía reflexionar- Cerebro ya me había advertido que tal vez me pediría ayuda, pero no imaginé que sería tan pronto, y menos aún para entrenar a una mocosa como tú.
-Oye, basta ya de meterse conmigo. Contestó Demongirl, airada- Puede que seas más fuerte que yo, pero nadie nace sabiendo, ¿o acaso siempre has sido tan poderosa?
-¿Yo? Sí, claro- Bromeó Lilith- Bueno, no sé exactamente como habrá hecho Cerebro para traerme. Lo más probable es que yo sea solo una copia creada a partir de la original... Pues estaba en la Tierra antes de ser traída aquí.
-¿Vives en la Tierra, dónde?- Preguntó la I-Men, ansiosa por saber más.
-Yo... no puedo decírtelo- Lilith parecía luchar en su interior- Creo que Cerebro aún no cree que estés preparada para esa información. Porque de alguna manera, no puedo recordarlo.
Demongirl se mordió el labio inferior. ¿Con que esas se traía Cerebro? “Si no quiere que sepamos toda la información, será porque tiene algo que ocultar, pero... ¿el qué?”. Ella no se fiaba nada de aquel tipo, en la Tierra no pudieron conocerle, y ahora después de tanto tiempo descubrían que era una especie de líder que luchaba de manera clandestina contra los organizadores del Juego. Y de manera totalmente independiente había sido capaz de introducir a unas entidades en el Juego, exclusivamente para que entrenaran con ellos y se hicieran más fuertes. ¿Por qué? ¿Qué intenciones escondía? Era evidente que quería usar la fuerza de los I-Men para sus propósitos. Demongirl agitó la cabeza. “Ahora mismo da igual, estoy aquí, y usaré a Cerebro y todos los medios que me de para hacerme fuerte... Y luego ya veremos si decido ayudarle”, decidió.
-Bueno, entonces puedes llamarme maestra, si te hace ilusión- Dijo Lilith al tiempo que desenvainaba de nuevo su katana- Pero no te piensen que voy a ser blanda o algo así. No se me da bien enseñar, así que tan sólo pelearemos hasta que seas capaz de dominar tu forma demoníaca. Ya eres fuerte, ahora lo que necesitas es experiencia, es entender tu poder.
-Perfecto, sin complicarse la vida... ¡directos al grano!- Contestó la morena mientras agitaba las espadas en sus manos.


Gaia ahora estaba en forma de árbol. A través de numerosos viajes por el árbol blanco de hojas multicolor, fue capaz de sincronizar sus sentimientos con la naturaleza. A partir del día en que lo descubrió pasaba las mañanas dentro del árbol, por la tarde luchaba contra Hiedra y antes de dormir meditaban, cada día en un lugar distinto. Sin embargo aquella mañana, su maestro se encontraba frente al árbol blanco. Parecía estar durmiendo, pero Gaia había aprendido mucho de él, y sabía que seguramente se estaría preparado para atacarla.
Así fue. Cuando estuvo los suficientemente cerca, Hiedra lanzó una raíz bajo la I-Men, pero esta la esquivó sin problemas.
-”Bien, bien. Desde luego ya eres otra persona totalmente distinta.- La halagó su maestro, hablando a través de la naturaleza, mientras la miraba.”- “Veo también que ya controlas la forma de árbol, no está mal. Noto tu fuerza fluyendo por todo el ecosistema.”
-Todo es gracias al entrenamiento... ahora me siento fuerte.
-Y lo eres, has despertado tu poder real, ahora ya no solo trabajas por el bien de la naturaleza. Ahora trabajas con la naturaleza- Contestó Hiedra con su propia voz mientras se levantaba. Gaia sabía que su maestro solo utilizaba su propia voz cuando quería decir algo importante, así que se tensó, preparada para escuchar
- Hoy ya no tengo más pruebas para ti, Gaia. Hoy tengo un regalo que ofrecerte, si eres capaz de tomarlo, claro- La rubia asintió. Estaba ansiosa- Cuando entre en el árbol de nuevo, este decidirá si estás preparado. Será la última vez que nos veamos, has crecido mucho. Cuando llegaste aquí solo eras un brote torcido, y ahora eres un fuerte roble.
Hiedra la abrazó, cosa que sorprendió mucho a la I-Men. Entonces se dio cuenta de que estaban despidiéndose.
-¿No te volveré a ver? ¿Dónde vives, maestro?- Preguntó ella, preocupada.
-Yo ya no vivo Gaia- Contestó él, solemne- Esto es una despedida, Cerebro ya ha usado los recuerdos que tenía de mí. Ya no queda nada. Ahora entra, el tiempo se agota.
Las lágrimas acudieron a los ojos de la chica. Realmente Hiedra había sido un gran maestro, en todos los sentidos. Era la persona que mejor le había comprendido en toda su vida y realmente lamentaba mucho tener que alejarse de él. Pero ahora sabía que la vida era así. Las cosas llegaban y se iban, tenía que aceptarlo. Se limpió los ojos y asintió, decidida. Había gente que la necesitaba. Aún en forma de árbol penetró en el tronco blanco y de inmediato la oscuridad se apoderó de ella. No miró atrás, pero sabía que Hiedra ya no estaba allí.
Sintió como regresaba a su forma humana, el árbol no quería que se presentara ante él con una forma que no fuera la suya. Gaia notó que aquella vez estaba penetrando realmente profundo dentro del hueco, hacia el centro del árbol. Hacia su corazón. Poco a poco la luz llegó desde el final del túnel, y la chica se encontró en un bosque. Espesa era la vegetación alrededor, dejando solo un pequeño sendero que seguir. A los pocos metros el sendero se abría, dejando un hueco en la arboleda. En el centro se hallaba un tocón blanco bañado por un haz de luz. Gaia sintió que aquel tocón era el corazón roto del árbol blanco, así que fue a sentarse sobre él.
Mientras meditaba sobre el tocón, el árbol comenzó a enviarle una vorágine de sentimientos. Gaia comprendió que se trataba de una especie de confesión. Abriendo su espíritu aceptó todas las sensaciones, haciéndolas parte de ella, y luego dejándolas ir. Cuando el árbol blanco hubo terminado, una voz resonó en la mente de la chica.
-“Estaba ya ansioso por poder comunicarme contigo, Gaia- La rubia dio un ligero respingo. La voz del árbol era cristalina y reverberante, como un millar de voces en una- Mi nombre es Vanaheim. Como te explicó Hiedra existo en esta dimensión desde tiempos inmemoriales, y seguiré existiendo. He visto crecer la primera brizna de hierba, y he visto perecer mundos y tiempos enteros. Sin embargo tu eres una de las pocas que ha llegado tan hondo dentro de mí, por eso te daré una parte de mi poder, para que defiendas el orden de las cosas allá donde vayas”.
Uno de los nudos del tocón comenzó a retorcerse. Gaia emitió un aura verde y alimentó con su energía al corazón de Vanaheim, pues sentía que no podía simplemente tomar algo sin dar nada a cambio. El nudo creció en tamaño y comenzó a tomar forma. Al mismo tiempo la energía de la chica era drenada. Cuando Gaia abrió los ojos se encontró con un cetro blanco y nudoso, hecho de madera del tocón. Se encontraba erguido sobre la tierra, frente a ella. Era el regalo de Vanaheim, un cetro hecho con la madera de su corazón, e imbuido con su energía. La rubia se levantó por fin y sostuvo entre sus manos el cetro.
-“Ahora marcha, joven. Aún queda mucho que escribir sobre tu destino...”
-Gracias, Vanaheim.
Gaia salió del árbol, y mientras lo hacía un círculo verde y diminuto aparecía en su frente. Cuando salió no encontró a Hiedra, como era de esperar.
-Bueno, ya estoy lista. Ahora solo tengo que encontrar la puerta y volver con los demás- Se dijo a sí misma, segura y llena de confianza.


El Guerrero Celeste caía ahora al suelo, agotado. Después de mucho entrenamiento logró llegar a desviar los rayos de mayor nivel de su maestro, incluso con diez de ellos a la vez. Repitieron también el entrenamiento de velocidad en un par de ocasiones, y cada vez era más y más rápido. Ahora cada vez que necesitaba ver el viento, lograba hacerlo en unos instantes, sin tener que concentrarse demasiado. Sin embargo, aquella última etapa de su entrenamiento estaba siendo especialmente dura. Thunderman decía una y otra vez que ya tenía la velocidad y destreza dominados, que ahora necesitaba centrarse en su resistencia y en aumentar la densidad de su energía.
Y para ello tenía que soportar los rayos cargados de poder que le lanzaba su maestro, cosa nada fácil. Thunderman se elevaba en ese momento, producto de su poder. La electricidad recorría su cuerpo con una potencia increíble. La energía se reunía en su brazo derecho.
-Prepárate Celestina, ahí va otro rayo- Dijo, esta vez sin ningún tipo de bromas de por medio.
-Vale... vamos allá- Contestó el I-Men, visiblemente cansado. Se levantó del suelo y de manera inconsciente llamó el viento a su alrededor, que comenzó a arremolinarse sobre él. El brazo del maestro seguía acumulando energía, se le acababa el tiempo. Reuniendo toda la energía de la que fue capaz, utilizó el viento a su alrededor para protegerse, justo cuando el rayo caía sobre él.
Hubo un destello. El rayo caía sin cesar, Thunderman estaba exprimiendo toda la energía que tenía.
-¡Aguanta Celestina!- Bramó. El Guerrero se mantenía en pie, soportando con los brazos en alto todo el potencial del ataque, que caía directamente sobre él. El viento luchaba contra la electricidad en un combate sin igual. Durante unos instantes más, ambas fuerzas colisionaron hasta que, finalmente, Thunderman se quedó sin energía. Bajó al suelo, exhausto. Celestina estaba de rodillas en el suelo, jadeando.
-Lo he... logrado... ¡he podido aguantar el rayo!- Exclamó mientras se levantaba, agotado. Su maestro le dio una palmada en la brazo.
-Lo has hecho bien, Celestina- Se miraron y sonrieron- Sin embargo, eso ha sido lo último que podía enseñarte. El tiempo se acaba, Cerebro no puede mantenernos más aquí, debes volver ya al Juego.
-Pe-pero...
-No titubees, ahora eres mucho más fuerte que cuando llegaste a mí. Ahora podrás combatir al lado de Eliart y los demás hasta el final- Thunderman miró al Sol, que por primera vez desde que llegaran, estaba poniéndose- Deberías marchar ya, tienes que llegar hasta la puerta para regresar antes de que el Sol caiga del todo. Esto es un adiós, me alegra haber podido ser de ayuda incluso después de morir.
-Muchas gracias por todo, Thunderman. Todo lo que has hecho no será en vano, lo prometo. Ganaremos el juego de alguna manera, nos encontraremos con Cerebro y derrotaremos a los que están detrás de esto.
-Me alegra oírlo- El ex-ganador sonrió y comenzó a andar mientras se iba desvaneciendo- Adiós, Guerrero Celeste.
-Adiós, maestro.
El I-Men observó como aquel buen hombre desaparecía. Lo que había dicho no era tan solo un sueño o una esperanza, era algo que pensaba llevar a cabo. No podía fallar al jugador caído. Sintiéndose renovado por las palabras de su maestro llamó al viento, que acudió con furiosa fuerza. Casi de inmediato comenzó a volar en dirección a la puerta, levantando una nube de arena a su paso.
-¡Vamos allá, Juego!


Wakabahashi bajaba la cabeza y cuadraba los hombros. En su espalda el tatuaje del dragón refulgió con fuerza. Un aura roja e intensa cubría al maestro, intimidando a Eliart. El líder observaba el impresionante despliegue de poder de la voluntad del dragón por segunda vez, y era impresionante.- ´Esta vez tengo que detenerlo, es mi prueba definitiva, la muestra de todo lo que he crecido durante este entrenamiento. Debo demostrar que soy el verdadero líder de los I-Men. Debo demostrar que los demás pueden seguirme.´-Pensaba mientras veía como el anciano maestro le miraba con picardía.
-¡Voluntad del Dragón!- Wakabahashi cargó a una velocidad increíble, levantando polvo a su paso. Eliart había fallado antes, pero no lo haría de nuevo. Sin invocar ninguno de sus signos levantó ambos brazos, dispuesto a parar a su maestro.
-¡Ahhh!- Exclamó el I-Men en el momento en que Wakabahashi impactó contra él. Las manos de ambos se encontraron en el aire y presionaban el uno contra el otro. Al principio el empuje del maestro era imparable, arrastraba a Eliart sin que este pudiera hacer nada. Pero a los pocos segundos la cosa cambió.
Tierra”, pensó Eliart. “He escalado todos los días la ladera de una montaña, sin descanso. Cada día al amanecer he ascendido, más y más. Ahora mis brazos tienen la fuerza de la montaña”, meditaba. El maestro poco a poco dejó de empujar, ahora no podía arrastrar a Eliart. Wakabahashi sonrió he hizo fuerza con los brazos y con los músculo de su cuerpo. Se sobrepuso a su alumno y usando su fuerza le aplastaba hacía el suelo.
Agua”, pensó esta vez Eliart. “Cada tarde he peleado mano a mano con mi Maestro. Bajo la presión de perder la poca comida que podía conseguir, siendo hostigado por sus dudas. Por mi petición hacía el Guerrero Celeste. Por mi ambición de convertir a Gravitta. Por mis sentimientos y mis dudas hacía Gaia. Pero ahora lo he superado, no dudaré. Venceré”. Con esos pensamientos, la fuerza de Eliart pareció crecer, al estar sus sentimientos en consonancia con él. Usó esa fuerza y recuperó el terreno perdido, levantando la presión de Wakabahashi. Ahora se encontraba mano a mano, igualados.
Fuego”, fue él último vértice del triángulo en el que pensó. “Día tras día llegaba exhausto. Y día tras día peleaba a pesar de no tener fuerzas ni para levantar un tenedor. Y a pesar de todo en ningún momento me he rendido, no he cejado en mi empeño. Y he superado cada prueba que se me ha presentado”. Un leve aura blanca envolvía ahora a Eliart, sus ojos resplandecían de pasión. “Ahora mismo nadie puede decir que mi espíritu no sea como un fuego ardiente”, pensó al tiempo que empujaba ligeramente a su maestro. Con una explosión de poder empujó y las manos de ambos se separaron, echándolos atrás unos pasos.
El aura del Dragón se apagó. Wakabahashi miraba a Eliart como nunca lo había hecho antes. El líder se miró las manos llenas de cayos, impresionado por lo que acababa de pasar. Aunque fuera durante unos instantes, había detenido la voluntad del Dragón.
-Yo...
-Lo has hecho, sí- Dijo Taipei sonriendo. Se acercó a Eliart y posó su mano sobre el hombro de este- Lo has logrado, estoy orgulloso. Eres el mejor alumno que he tenido nunca, no lo dudo.
-Yo... Gracias, Maestro- Logró contestar el joven mientras hacía una reverencia.
-Levántate muchacho, aún me quedan algunas lecciones que puedo darte antes de que te vayas. Esta oscureciendo, ¿qué te parece si cenamos algo?- Comentó el anciano alegremente. Eliart sonrió, algo le decía que esta vez le esperaba algo distinto. Y así fue. Juntos cocinaron y al cabo de una hora tenían ante ellos una cena espectacular.
Una fuente de arroz con especias estaba en el centro. A los lados había platos de carne y pescado por igual cocinados de manera elaborada. Eliart sabía que la mayoría de lo que veía era de origen asiático, pero no era capaz de ponerle nombre a los platos. Había numerosas salsas dispuestas, e incluso una pequeña jarra de sake caliente, que el I-Men sí reconoció.
-Comamos, Eliart- Dijo el maestro, y ambos se armaron con sus palillos. Por supuesto, no tardaron en dejarlo todo limpio como una patena. Eliart se disponía a dormir, pero Wakabahashi lo detuvo.- Salgamos a la noche, joven alumno. Hoy quiero hablarte de algo bajo las estrellas.
Juntos fueron hasta la cima de la montaña, que no quedaba lejos. Allí les recibió una piedra gris y plana desde la que se dominaba la alta montaña y los valles lejanos. El I-Men divisó la inmensa llanura por la que había venido. Parecía tan lejano. Wakabahashi se sentó en la piedra y cruzó la piernas, meditando. Eliart no se sorprendió, y de hecho imitó a su maestro. Así pasó el tiempo. El viento los azotaba, y les llevaba esencias de la naturaleza que los embriagaban. La caricia del viento, a pesar de ser fuerte, era al mismo tiempo delicada, como la mano de un amante. Eliart se dejó llevar por las sensaciones, relajando el cuerpo. Las últimas semanas de entrenamiento se interiorizaban en su alma. Todo lo aprendido con Wakabahashi había sido una experiencia, dura pero reconfortante. Cuando ya se había olvidado de por qué estaban ahí, su maestro habló.
-Hoy, Eliart, has hecho que me emocione- Comenzó. El líder sabía por el tono de su maestro que no debía interrumpirle, así que aguardó con paciencia- Hacía mucho que alguien era capaz de frenar el avance de la Voluntad del Dragón. En cierta manera me has enseñado algo, y eso es un hecho sorprendente. La vida es algo sorprendente, y debemos preservar su esencia pura. Te preguntarás por qué te explico todo esto...
>>¿Alguna vez te has preguntado de dónde nacen esos poderes? Supongo que no te sorprenderás si te digo que hace mucho tiempo, no existían. Los humanos éramos sólo eso, humanos. Me acordé de esta leyenda cuando te conocí, la Leyenda del Maestro del Zodiaco Original. Como te he dicho nadie tenía poderes en la antigüedad, era una época oscura, el lado más cruel y violento de la humanidad estaba libre, como una bestia sanguinaria. Del espíritu de alguien noble surgió por primera vez lo que hoy conocemos como “poderes”. El se valía del poder místico de las estrellas, de las constelaciones, y lo hacía suyo. Su nombre era Eliart, y llegó a dominar el poder increíble que estaba a su alcance.
>>Eliart fue descubierto cuando era pequeño por agentes del emperador de su pueblo originario. El emperador decidió usarlo como un Guerrero excepcional. Sin embargo, el noble espíritu de Eliart pronto se rebeló contra aquello. Él decidió que no pertenecía a ningún pueblo, pertenecía a la humanidad. Como te he dicho fue el primero, pero a partir de entonces otras personas desarrollaron estos poderes, y pronto la humanidad quiso usarlo como una nueva arma de destrucción. Sin embargo Eliart se convirtió en un héroe, pues detuvo los conflictos más importantes, detuvo a las personas que usaban de manera irresponsable su poder y logró una paz momentánea. Pero sabía que tarde o temprano alguien usaría esos poderes en el nombre del mal, del egoísmo, la codicia o el odio. Y si él no estaba, ¿quién salvaría a los pobre humanos sin poderes?
>>Fundo entonces la Orden de los Espadachines, de la que se erigió líder. Y paralelamente apareció el Oráculo, una formación sin ningún tipo de afiliación, que heredarían el legado de Eliart. El Oráculo se compuso por tres personas extraordinariamente fuertes, ajenas a la Orden y solo siendo superados por Eliart. Una vez asegurado el porvenir de la humanidad ocurrió algo terrible. El joven héroe que había librado a todos de un destino oscuro, murió. Joven, poderoso y en plena época dorada. Afortunadamente la Orden y el Oráculo han logrado mantener la paz... Hasta la llegada de ellos.
-¿Ellos?- Esta vez Eliart no pudo contenerse. ¿Quiénes?
-Lo que te acabo de contar es una leyenda, sin embargo contiene una parte de verdad innegable. Y si es así, ¿no te parece que lo que te he dicho choca contra lo que está sucediendo?- Inquirió el maestro. Eliart dudó
- El Juego, chico. El Juego es a todas luces algo contra lo que Eliart estaría totalmente en contra. Si es así, ¿por qué la Orden o el Oráculo no lo han detenido?
-¿Tal vez esa parte de la leyenda es mentira?- Propuso Eliart, aunque sabía que estaba equivocado.
-No, esa parte es verdad. Existen, pero no han podido detenerlos... El Juego...- Wakabahashi se atragantó. No podía seguir hablando- No puedo revelarte más. La cantidad de información que Cerebro me permite contarte es muy restringida. No querrá daros más de la necesaria, apuesto a que espera el momento en el que estéis preparados para saberlo todo. De hecho, conociéndole, querrá reunirse con vosotros en cuanto exista una oportunidad.
-Si ha podido traer al Juego a Northern Sage y nos ha permitido dimensiones alternativas a todos para reunirnos con un grupo de gente como tú... ¿Cómo es que no es capaz de acercarse a nosotros igual de fácilmente?
-Piensa antes de hablar, joven- Le recriminó Wakabahashi- Es evidente que no puede. La presión sobre él es enorme. No te imaginas hasta que punto. De manera metafórica y literal es el Cerebro, que planea la caída de los GM. Si él mismo viniera a veros casualmente al Juego, ¿qué crees que pasaría? ¿Acaso no crees que estará ahora mismo siendo buscado de manera exhaustiva?
-Ya, ya entiendo...- Murmuró Eliart, confuso. Las revelaciones que le ofrecía Wakabahashi eran increíbles. Se preguntó cuanto de esto debía compartir con sus I-Men.
-A pesar de todo he podido contarte mucho más de lo que esperaba...- El Maestro sonrió, se veía muy contento- Esta copia mía es muy barata. Mi verdadero poder es mucho mayor, incluso he logrado sobrepasar un poco la restricción que me impuso Cerebro. No debes quedarte con lo que yo te diga, vive por ti mismo Eliart, acumula toda la experiencia que puedas y gana este terrible Juego, salva a tus amigos. Y encuéntrame en la Tierra. Sigo vivo, y te esperaré.
-¿Dónde estás?
-No puedo decírtelo, pero estoy encerrado. Por así decirlo. Cuando nos encontremos... lo entenderás todo. Ten, lleva este libro contigo. Presiento que en algún momento te será de gran ayuda. Versa sobre la leyenda que te acabo de confiar- Wakabahashi miró la horizonte. El Sol se elevaba poco a poco- Ha llegado la hora. Debes volver al terrible Juego. Reúnete con tus compañeros.
-Sí- Eliart se levantó mientras que su maestro comenzó a volverse transparente- Muchas gracias por su adiestramiento. Le buscaré.
Con una reverencia el I-Men bajó de la cima, dejando atrás la piedra. Wakabahashi lo vio marcharse mientras una lágrima le bajaba por la mejilla. “Ojalá no tuviera que colocar sobre tus hombros tanta presión, pero cuento contigo”, pensó mientras desaparecía en el aire.


El Capitán estaba sudando a mares. Por fin había acabado con su entrenamiento de las dianas. Llevaba días y días aporreando dianas, había llegado a perfeccionar esa terrible técnica de concentrar sus golpes. Y oh, Dios mío, como apestaba el traje a sudor. Cada movimiento era una agonía. Al principio cincuenta kilos le parecieron una tontería, así que a los dos días pidió a Dayana que le cambiara el traje. Ella accedió y le puso uno de doscientos kilos. Teniendo en cuenta que él levantaba coches y los lanzaba como si fueran piedras, no parecía mucho peso, pero después de tantos días comenzaba a ser algo realmente molesto. Porque ya no era solo una cuestión de músculo, su agilidad se había visto mermada, e incluso cada respiración era una lucha con un traje tan pesado.
Aquella tarde su maestra le había propuesto un tipo distinto de entrenamiento. El vasco se preguntaba de qué podía tratarse, pues intuía que no le quedaba mucho tiempo. La rubia le llevó hasta lo alto de la colina donde se conocieron. El Capitán recordó que se enfrentaron y que él salió bastante mal parado. La chica se giró y le miró.
-No nos queda mucho tiempo, Cerebro no puede mantenernos más aquí- Comenzó- Por eso creo que ha llegado la hora de demostrar si tu entrenamiento ha servido para algo.
-Entiendo...- El I-Men sonrió, él mismo entrenaba chavales en su tierra, así que podía predecir qué es lo que haría ahora Dayana- ¿Quieres pelear, eh?
-¡Muy bien! Lo has adivinado, así que te llevas un premio- Respondió ella sonriente. Pero la cara le cambió en un segundo- ¡Un puñetazo!
La chica salió disparada contra el Capitán, que apenas tuvo tiempo de cubrirse con el brazo izquierdo. De inmediato echó de menos su escudo, pues el puñetazo de su maestra era como una bola de demolición. Mañana tendría un moratón enorme. Pero Dayana no detuvo su ataque, realizó una finta que acabó en una patada directa a la barbilla del Capitán. El vasco logró verla justo a tiempo y se apartó por los pelos. El traje realmente estaba siendo una molestia, pero no podía quejarse, era parte del entrenamiento. -´Ha llegado la hora de poner lo que he aprendido en práctica, ¡vamos allá!´- Pensó el I-Men, quien llamó a su Furia Vasca. El aura roji-blanca acudió rápido y con fuerza. Gracias a todo el tiempo que había pasado con ella activada, ahora podía controlarla mucho más fácilmente.
-¡Toma esto!- Estaba acostumbrado a pelear sin el traje, por eso se sorprendió cuando no alcanzó a Dayana. Realmente era una molestia. “No, no puedo echarle la culpa al traje, soy yo, que soy demasiado débil. Necesito más fuerza”, meditaba.
-Creo que me pondré seria, ve a por tu escudo si no quieres morir aquí- El Capitán pensó en soltarle alguna bravuconería, pero entonces sintió el aura de su maestra. Ella comenzó a emitir una intensa energía amarilla que la envolvía como si fuera plasma. Ante tal muestra de poder el vasco se olvidó del orgullo y recogió su escudo. La rubia sonrió- Vaya, pero si mas has hecho caso.
-Bueno, a los rivales fuertes los enfrento con todo mi poder. ¡Ven!
Dayana voló sobre la hierba, sorprendiendo a su alumno, quien interpuso el escudo casi por instinto. El puñetazo de ella explotó con fuerza, haciéndole retroceder. Aprovechando que ahora el vasco contaba con menos visión, debido al escudo, se situó a su espalda, lanzando un nuevo directo. Pero el Capitán ya empezaba a leer en los patrones de su maestra, pues por algo era un luchador experto. Se giró justo a tiempo y desvió su ataque con la mano derecha.
La furia vasca se arremolinó en torno a la mano derecha del Capitán, que atacó utilizando toda la velocidad de la que fue capaz. Dayana usó su poder para aumentar la velocidad y logró evadirlo. El puñetazo fue tan impresionante que un pedazo del aura roji-blanca se desprendió, chocando contra la tierra y haciendo que explotara.
¿Qué ha sido eso?”, se preguntó el hombre mirándose la mano. “Mi aura... ha salido disparada, como si cuando la concentrara se convirtiera en un proyectil”. La maestra le habló.
-¡Genial! Esa era la técnica que quería enseñarte- Explicó ella- No es raro que los luchadores como nosotros, fuertes, rápidos y con grandes reflejos desarrollemos auras de poder. Cada una tiene su propia naturaleza, pero guardan elementos en común. Durante esta semana y media has estando casi permanentemente usándola, lo que te permite usarla más y mejor, y cansándote menos.
>>Y con el entrenamiento de las dianas ahora tus puñetazos son mucho más fuertes. Además la chaqueta ha entrenado tu resistencia a nivel global, haciéndote más fuerte. Lo único que quedaba era que desarrollaras el disparo de aura. Ya empezaba a preocuparme porque no te salía, hasta que me di cuenta de que como mejor se aprende... es en un combate.
El Capitán sonrió a su maestro. Ahora lo entendía todo. Entonces Dayana concentró su aura en el brazo derecho, al igual que el vasco.
-Vamos a disparar nuestras auras ahora... Me contendré, pues de lo contrario no tendrías opciones... pero...
-¿¡Qué!?- Exclamó el vasco- ¡No te contengas! ¿O crees que no estoy a la altura? Lánzame el mejor disparo de aura que puedas, ¡vamos!
-Muy bien, no te subestimaré- Dayana parecía sorprendida- Si vences a mi aura, habrás superado el entrenamiento con un diez. ¡Toma!
Estaban a varios metros de distancia cuando lanzaron sus puñetazos al aire, simultáneamente. El Capitán sabia que el aura de Dayana era mucho más potente. Pero él cargaba demasiadas cosas sobre sus hombros, no podía permitirse el lujo de perder. Era el precio de hacerse llamar “Capitán Vasco”. Ambas auras salieron disparadas, colisionando en el aire.
-¡Ahhh!- Exclamó el I-Men, haciendo estallar su aura. Su disparó se abrió paso a través del de su maestra, que lo esquivó a duras penas. El disparo voló directo hasta el árbol que había en la cima de la colina. Impactó contra este y lo partió por la mitad con un estallido.
-¡Oh!- Dijo la rubia- ¡Muy buen disparo! Sin duda has crecido mucho.
-Mierda- Contestó él- Gaia me mataría si supiera lo que acaba de pasar...
-¿Qué?- Preguntó la maestra, pero él negó con la cabeza. Ahora que se había acordado de sus amigos se dio cuenta de que los echaba de menos.
-No es nada...- Susurró. Hizo además de quitarse el traje- He de irme ya, ¿no? El entrenamiento ha finalizado.
-Sí... pero no te quites el traje, quédatelo- Dijo ella al tiempo que se ruborizaba y se acercaba al Capitán- Así seguirás entrenando siempre. Quítatelo solo si te enfrentas contra alguien formidable que requiera de todo tu poder.
-Así lo haré...- Dayana se acercó y se puso de puntillas para depositar un leve beso en los labios de él. El vasco pensó en su amiga, Ana, pero no se apartó. Sabía que sería la última vez que vería a su maestra- Yo...
-No digas nada- Se adelantó ella- Yo ya estoy muerta. Esto solo ha sido un intento de volver a sentir la vida... ya no hay nada más que puedas hacer aquí. Pero es tu momento. Tuyo y de tus compañeros. Así que vete
El Capitán parpadeó. Le parecía que la imagen de la rubia se hacía transparente. ¿Estaba desapareciendo? Sonrió y levantó la mano para despedirse de ella al tiempo que se giraba. Quería quedarse con esa imagen valiente de ella.


Las cosas marchaban algo distintas en lo más profundo de la dimensión infernal. La intrépida Demongirl luchaba con todas sus fuerzas contra Lilith, pero la rubia era, sencillamente, superior. Recorrieron durante sus continuas peleas tramos de aquella cueva ardiente, hasta acabar descansando a la orilla de un lago de color sospechoso. La I-Men estaba exhausta. Después de cada sesión de entrenamiento ella y Lilith curaban sus heridas y discutían los fallos de la morena.
-Has atacado muy pronto- Comenzó su maestra- Atacas con demasiado ímpetu, con demasiada violencia. Malgastas energía a lo loco cuando invocas tu poder demoníaco, esperando acabar rápido con un torbellino de fuerza. Y si bien a veces puede salir como lo esperabas... muchas veces el rival puede ser capaz de aguantar tu acometida, y entonces estarás agotada. Como ahora- Lilith le tendió una de las bolas de arroz y carne que llevaba en su riñonera. También algo de fruta. Aquella comida hacía milagros, pues le curaba las heridas con rapidez y le devolvía las fuerzas. El agua era un problema mayor, pues allí abajo estaba ardiendo. De tal manera que bebían sopa más que agua.
-Siempre me dices lo mismo, pero no encuentro otra manera de pelear. Cuando utilizo el poder del demonio simplemente la furia recorre mis venas. Es la base de mi poder.
-Por un lado sí, tienes razón. No digo que no estés furiosa. Digo que controles la ira. Una ira controlada te daría mucho más poder, pues lo usarías bien- Respondió la maestra. Entonces frunció el ceño- Si no eres capaz de hacerlo tendrás problemas cuando quieras hacer una transformación completa. Te consumirás.
-Yo...- Demongirl recordó los últimos momentos de Llama Helada. Precisamente por perder el control su querido amor había perdido la vida. De nuevo un sentimiento de furia le nacía en lo mas hondo del pecho- Lo entiendo.
-Pues venga, sigamos. Creo que hoy puede ser un día productivo.
Lilith se levantó al tiempo que desenvainaba su katana plateada. Demongirl se contagió del entusiasmo de su maestra y desenvainó su espada de fuego. En la otra mano apareció Destello, la espada luminosa. Ambas se miraron y giraron en torno a la otra, midiéndose antes de empezar. La I-Men trató de ser paciente, siempre era ella la que empezaba, dándole algo de ventaja a su maestra. Pero al cabo de unos momentos no pudo suprimir por más tiempo sus ganas de pelea y se lanzó blandiendo las armas.
La rubia se agachó y se concentró en bloquear con elegancia los ataques de su rival. Al tener dos espadas tenía una ligera ventaja, pero al mismo tiempo su fuerza se repartía entre ambas armas. Lilith, por el contrario, podía atacar sumamente rápido con su única katana, destrozando cualquier ataque que le lanzara. Demongirl en seguida se dio cuenta de que no llegaría a ningún lado así. Tenía que ir al cien por cien.
-¡Brazos demoníacos!- Pensando en Llama Helada sus escamas negras acudieron, raudas y obedientes. Desde la punta de los dedos hasta los hombros las escamas cubrían cada centímetro de piel, otorgándole fuerza y velocidad. Lilith no se quedó atrás, sus propios brazos aumentaron el tamaño de su musculatura, para responder a la creciente fuerza de su alumna.
El intercambio de golpes era incesante. Algunos demonios las oían batallar y se acercaban, curiosos, pero al ver a semejantes portentos se alejaban. Sabían que no durarían mucho si se aproximaban. La I-Men pronto se acostumbró al ritmo de su maestra, comenzaba a ver sus ataques. Desde la primera vez que usó su poder había adquirido mucha experiencia, y decidió poner en práctica lo dicho por Lilith. Decidió controlar su furia. Sentirla, pero sin dejar que le nublara la vista. Nada más ponerlo en práctica su mente se despejó, de repente sentía todo con mucha más nitidez. Era como haberse quitado una venda de los ojos.
La rubia se dio cuenta del cambió experimentado por la otra, pero no pudo responder a tiempo. Los ataques de Demongirl se volvieron aún más precisos y potentes, obligándola a retroceder. No podía detenerla solo con su katana, así que extrajo una de sus dagas para compensar las dos armas de la morena. Pero entonces la I-Men elevó su espada y lanzó un destello.
-¡Ah!- Exclamó al tiempo que lanzaba un tajo. Lilith lo vio llegar e interpuso su daga, pero el filo ardiente de la espada de fuego la atravesó y le hizo un profundo corte en le pecho. La maestra utilizó su katana, que emitió un brillo plateado, y se deshizo con un elegante giro de la espada de fuego.
-Ese corte no ha estado mal...- Lilith se apartó, jadeando. Numerosos cortes superficiales le cubrían los brazos y las piernas, producto del furioso ataque de la I-Men. El tajo del pecho sangraba profusamente, inundando su ropa. Entonces las heridas comenzaron a humear al tiempo que se cerraban, como si estuvieran llenas de brasas. Demongirl abrió los ojos de par en par- ¿Creías que sería tan fácil como simplemente concentrarte un poco? Uno de mis poderes es la regeneración acelerada, gracias a mi sangre demoníaca. Vas a necesitar más si quieres hacerme un corte de verdad.
-Nunca es tan fácil, ¿eh?- La I-Men calculó que aún disponía de unos pocos segundos antes de que Lilith se curase del todo, así que cerró los ojos y se concentró. La furia se acumulaba en su pecho, ardiente y rabiosa. La alimentó como se alimenta un fuego salvaje, pero esta vez guiándolo para que siguiera sus órdenes. Como resultado sus piernas comenzaron a cubrirse de escamas negras. Demongirl abrió los ojos, que ahora eran de color rojo, y centró su poder en llamar a la Claymore, que apareció a su lado.
-Bonita espada- Comentó la rubia mientras se erguía, ya curada- Con ese poder que tienes ahora tal vez tenga problemas, creo que ha llegado la hora de enseñarte algo más de mi poder- La rubia se concentró y un viento le levantó el cabello, que flotó alrededor de su cabeza. Unas alas de escamas blancas le crecieron en la espalda, además de una cola acaba en punta, también blanca. Los ojos de la maestra pasaron de azul a violeta- Y también...- Llevó su mano a la espalda y extrajo su propio mandoble. Guardó la katana al tiempo que blandía con maestría su otra espada, que era tan sólo un poco más pequeña que la Claymore de Demongirl.
-Vaya, parece que tú también puedes convertirte en demonio...- Susurró la I-Men. Su maestra soltó una carcajada.
-¡Por supuesto!- Diminutas escamas blancas aparecían en torno a los ojos de Lilith- Sin embargo mi demonio es muy fuerte, si me transformase no habría manera de enseñarte nada... porque te acabaría matando.
-¡Eso ya lo veremos!
Demongirl se impulsó con la increíble velocidad que le daban sus piernas demoníacas, pero la otra esquivó los ataques sin problemas. Usando las alas se elevaba y se movía muy rápido, atacando desde diferentes ángulos. La I-Men no estaba acostumbrada a ataques aéreos, de manera que tuvo que cambiar a una pose defensiva, se puso más en guardia que nunca. La espada de Lilith tal vez no fuera más grande, pero la fuerza monstruosa de su portadora y el ataque desde arriba aplicaban mucha más presión sobre la Claymore. La morena se mordía el labio, normalmente cuando sacaba su arma definitiva nadie podía resistirse.
Tiene razón, no todo es cuestión de fuerza. Necesito controlar mi furia y liberarla con control”, pensaba la alumna. Algo oscuro en su interior le pedía sangre, pero ella evitó esos pensamientos al tiempo que saltaba hacía atrás para evitar nuevos ataques de Lilith. “Tengo que llevarla a un lugar donde volar no sea una opción, de alguna manera tengo que evitar esa ventaja”, decidió. Las escamas de sus piernas respondieron a su determinación, ascendiendo ligeramente por el vientre y haciendo aparecer una cola negra.
Demongirl contuvo otra arremetida y lanzó un par de tajos al aire para poner algo de distancia entre ella y su maestra. A continuación agarró una piedra ardiente y la lanzó al aire para luego cortarla con furia. Numerosas piedras cayeron sobre Lilith, que no esperaba este tipo de ataque. La rubia se cubrió con las alas, sin recibir ningún daño. Cuando las apartó vio como la otra corría.
-¿Crees que puedes escapar?- Se lanzó en picado sobre Demongirl, pero era tarde, se había ido por uno de los túneles. Lilith sospechó qué tramaba, pero decidió entrar de igual manera en la oquedad en la roca. Nada más hacerlo la I-Men saltó sobre ella, aunque no la pilló desprevenida.
Cayeron al suelo y rodaron. Ambas espadas se quedaron en el suelo, levantando polvo. Dentro de la caverna la maestra no podía usar su vuelo, pues el espacio era reducido. Lilith se sacudió de encima a la morena para tratar de escapar, pero cuando iba a salir una roca tapó la salida. Demongirl había lanzado su Claymore para provocar una avalancha directamente sobre el hueco.
-Interesante, parece que por fin empiezas a usar la cabeza y controlar tu...- Lilith no pudo terminar la frase. Aprovechando la momentánea distracción de la maestra, Demongirl se acercó con un potente impulso y lanzando un derechazo directo a la cara de la rubia.
-¡Y todavía no ha acabado!- Asestó continuos golpes, en el estómago y en la cara, haciendo caer de espaldas a Lilith. Demongirl se encaramó sobre ella, usando sus rodillas para bloquear los brazos de la otra. Levantó el brazo e invocó a su espada, Destello, para luego bajar su filo hasta el cuello de Lilith.- Muerta.
Ambas se quedaron en esa posición durante unos instantes. Entonces la rubia comenzó a reírse a carcajadas. La I-Men no se movió, no sabía si la pelea continuaría y no relajó su agarre. La maestra la miró a los ojos, divertida.
-Buen movimiento- Le halagó- Desde luego cuando controlar tu poder te vuelves mucho más fuerte. Ya casi podrías dominar la transformación.
Fue entonces cuando Demongirl se fijó en ello. Las escamas le llegaban casi hasta el pecho, cubriendo todo su vientre y piernas. Sus brazos también estaban convertidos, y una parte de su espalda. Unas pocas escamas habían aparecido también en torno a los ojos. Sus colmillos habían crecido ligeramente.
-Yo...
-¿No te habías dado cuenta? Es normal- Lilith hizo un movimiento brusco usando su poder y se quitó de encima a la I-Men, que se puso en guardia- No, no. Ya hemos acabado el entrenamiento. Mi deber era asegurarme de que desarrollaras tus capacidades demoníacas. Y lo hemos logrado. Si quieres exprimir ese poder al máximo y llegar a dominar la transformación completa... necesitas solo experiencia y poner en práctica lo que te he enseñado durante todos estos días.
-¿Días? ¿Cómo que días?
-¿Cuantas veces nos hemos parado a comer? Piénsalo, llevas aquí mucho más tiempo del que piensas- Aseguró Lilith al tiempo que volvía a la normalidad. Entonces su silueta se hizo transparente- Pero tu entrenamiento no ha terminado del todo.. Si quieres sobrevivir deberás llegar de nuevo a la puerta donde hayas entrado. No serviría de nada buscar la salida al infierno atravesando estas montañas hasta encontrar una sin lava , tal y como te dije que ocurre en otras dimensiones infernales,porque esta dimensión es distinta, es parte de tu entrenamiento. Deberás atravesar el infierno de nuevo... y nuestra pelea ha atraído a muchas fieras... me pregunto si lo lograrás.
-Ya veo...- Demongirl sonrió sin deshacer su transformación, necesitaría todo su poder para llegar a la salida- Gracias por todo, ahora siento que soy más fuerte.
-Nunca has sido débil. Simplemente no sabías como usar esa fuerza... pero ahora sí- Justo antes de que se desvaneciera le guiñó un ojo- Búscame en la Tierra, ahí podremos luchar de verdad, y entonces usaré mi verdadero poder...

Finalmente la imagen de la poderosa Lilith desapareció, dejando a Demongirl sola. Pero su confianza se había multiplicado, y su poder ahora era más peligroso que nunca. “Ya voy para allá, Gaia”.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Capítulo 43 - 'El formidable Wakabahashi'

 Kya y Shadow se fundían en un cariñoso abrazo. Enterarse de que todos sus recuerdos y toda su vida eran fruto de la manipulación de los GM había sido demasiado. Pero ahora debían terminar la batalla que tenían pendiente.
-Por muchos que seáis, ¡no podréis ganarme!- Gritó Malicia mientras absorbía las sombras de su propio cuerpo que, confusas, habían marchado junto a Shadow hasta el último nivel. La oscuridad del lugar aumentó aún más si cabe.
-Menos mal que yo tengo a Rencor y tú tienes una vista de lince- Se contentó Shadow, mirando a su amada. La chica se limpió las lágrimas de los ojos y le devolvió la mirada con un gesto afirmativo.
“Vamos a por él!”, pensaron ambos I-Men. Shadow restableció el vínculo que mantenía con Rencor, que volvió a ser su dimensión sombría. Acto seguido, miró entre las sombras hasta localizar a Malicia: tenía una armadura resistente y una larga sonrisa en la cara.
-Venga, ¡atacadme!- Dijo con seguridad. El moreno lanzó varios orbes oscuros generados por sus propias sombras lo más rápido que pudo, pero era consciente de que tanto el poder como la habilidad de aquella malvada sombra eran extraordinarios. Tras esquivarlos sin problemas, un Shadow imbuido en una sólida armadura le atacaba con una espada de sombras.
-¡El lanzamiento de Orbes era una trampa!- Sonrió, orgulloso y guiñó el ojo hacia enfrente, donde no parecía haber nadie. Una diminuta Kya, invisible entre tanta oscuridad, se hizo gigante y arañó a Malicia con sus potentes garras. El ataque combinado surtió efecto y la sombra retrocedió. Dark Night había aprovechado para acercarse a su alter-ego lentamente. Parecía dispuesto a rematarle con una lanza hecha de sombras.
-Ya veo, vas a hacerlo ¿verdad? Vas a acabar conmigo. Después de todo el poder que te he dado. Yo soy tú y tú eres yo, no lo olvides nunca. Si me haces desaparecer tú también desaparecerás. Deberías sentirte orgulloso de este poder en lugar de rechazarlo. ¿Que soy malvado? Si fuese tan bondadoso como tú , hubiese sido imposible almacenar tanto poder. Piénsalo.
El maestro Dark notó que sus fuerzas le flaqueaban tras oír el discurso. Su “yo” sombrío tenía más determinación y más fuerza que él. Dudó unos instantes y dejó la lanza en el suelo, lo que provocó la sorpresa del I-Men.
-¡Maestro, no le escuches! Nosotros te ayudaremos a controlarlo- Afirmó con determinación.
-Ja, ja, ja. ¿Vosotros dos? Al final sólo conseguiréis hacerme perder el tiempo-Al ritmo que hablaba, de las hendiduras de la armadura surgieron una sarta de armas variadas: cuchillos, cimitarras, diminutas dagas y puñales en sus laterales, pistolas, rifles y escopetas en su parte frontal. Todo ello hecho de sombras- Sufrid, ¡mi arsenal de armas sombrías!- Las armas blancas fueron lanzadas estratégicamente, hacia cada uno de los I-Men y hacia Dark Night. Kya cayó al suelo, dolorida, y Shadow, aunque sorteó tres de ellas, sufrió un ligero corte por causa de la cuarta. Las armas de fuego, por su parte, dispararon esferas de sombras en todas direcciones, como si se tratase de balas, causando la destrucción a su paso. Dark Night rechazó dos de estas balas, pero éstas se separaron en dirección a ambos I-Men, dándoles de lleno. Al ver a Shadow y Kya convalecientes e indefensos, la mirada del maestro experimentó un cambio. Frunció el ceño y miró con contundencia a su otro yo.
-¿Por mi culpa ha pasado esto? ¿Todo esto es porque no me sé controlar? ¡No, esto no puede estar pasando! ¡No puedo con tanto dolor!- El maestro enloquecía por momentos y tenía una fuerte batalla en su interior. Malicia se lanzó contra él con el puño alzado, ya que había gastado casi todas sus energías. La sombra jadeaba. Dark Night contraatacó con otro puño y logró dañarle. Su fuerza aumentaba con su firmeza y hacía menguar la de su sombra- Ya veo. No he sido capaz de dominarte nunca. Siempre me faltó el coraje que hoy, al ver a esta nueva generación de héroes, me sobra. Nunca he tenido la fortaleza psicológica suficiente, pero esto se acabó. Te controlaré por el bien de todos- Shadow y Kya se sorprendieron mientras hacían esfuerzos por levantarse del suelo. Les habían llamado héroes, el apelativo más honorable que les habían dicho hasta el momento.
Dicho ésto, Malicia comenzó a a estar nervioso. La batalla había mermado sus capacidades y ahora Dark Night no parecía el débil amo de siempre. Lanzó cuatro orbes oscuros y dos alcanzaron al maestro, mas éste resistió el dolor con valentía, recogió la lanza del suelo y atravesó a Malicia, aun con armadura. A continuación, cerró los ojos unos instantes y los bordes de sus ojos fueron rodeados por un aura negra.
-¡Restablecer vínculo!- Ordenó, seguro de sí mismo. El aura negra se esparció por todo el cuerpo de Dark Night y seguidamente por el de Malicia. A la vez que el aura se extendía, el cuerpo de la sombra perdía nitidez y poco a poco, sus dedos se evaporaron en la inmensa aura, seguido de todo su cuerpo- Has sido un rival muy digno. Sin duda, el más fuerte con el que me he enfrentado. Dejarme someter por ti me costó la vida y le costó la vida a otros jugadores, la mayoría amigos. Y eso es lo que hoy tenía que poner en orden. Ju, ju, ese genio de Cerebro lo tenía todo pensado, seguro. Que despertase a Kya, que Shadow tuviese que fortalecer su ingenio en una batalla claramente desigual y que yo pudiese cobrar mi venganza aunque sea después de mi muerte.
Cuando terminó de hablar Malicia estaba ya dentro de él, formando parte de sí mismo. Shadow pudo sentir que sus poderes juntos eran increíbles. La dimensión sombría desapareció y los tres guerreros se encontraron en la puerta de salida de la cueva. Shadow no pudo evitar abrazar a su maestro.
-Has logrado disuadirle, eres brutal, tío- Dijo haciendo amago de querer un combate.
-No hubiese sido posible sin vosotros. Creo que habéis aprendido bastante en este corto período de tiempo. No os habéis dado cuenta, pero dentro de esa dimensión habéis estado luchando dos días ininterrumpidamente, lo cual os convierte en unos luchadores extraordinarios que no concilian el sueño si hay una meta importante. Ha sido un placer conocerte, Shadow, y ha sido genial poder volver a verte, Kya. Lamento lo ocurrido con tu vida pasada.
Kya bajó la cabeza, no quería llorar en un momento así.
-Sé lo que estás pensando- Dijo Dark mirándole a los ojos- Estos malditos GM necesitan una lección. Concentra tu venganza en conocer la verdad acerca de este juego. Estoy seguro que podrás hacer una vida normal si logras volver a la Tierra- Finalizó la conversación con Kya y se volvió hacia el moreno- Tienes mucha capacidad, tío. Has logrado dominar a Rencor pero, cuidado, a medida que tu poder aumente, Rencor puede volverse más rebelde. Es la naturaleza propia de las sombras y algo con lo que debemos vivir. La batalla más importante es la batalla interior, ya nos lo enseñó Arjona en el Bhagavad Gita.
-¿Quién? ¿En dónde?- le miró perplejo el I-Men.
-Es igual, no importa- Zanjó el tema el Maestro- Mi consejo es que sigas teniendo esa buena relación que mantienes con Rencor. A ver si así logras elevarte sobre las sombras.
Mientras decía estas palabras, su cuerpo empezó a desaparecer, desde los pies.
-¿Qué pasa Maestro? ¿Ya te marchas?- Preguntó el I-Men.
-Sí, esto ha sido una despedida. El futuro queda en buenas manos. Ese tonto de Thunderman tenía razón con su optimismo. ¡Lástima que mi misión se acabe!- Finalizó con una sonrisa y desapareció por completo. Automáticamente, del final de la cueva salió un extraño agujero que los absorbió. Era hora de volver al juego.


En una dimensión árida, dominada por un suelo rocoso y agrietado y por un Sol que brillaba sin cesar, Garra y Waver llevaban algunas horas combatiendo sin emplearse a fondo. Era un pequeño calentamiento, entre otras cosas para no herir a Erzzhia demasiado pronto, ya que ella sólo debía resistir la fuerza de sus golpes a través de sus vínculos. La chica de agua dirigió una corriente de agua contra su amiga y ésta la evitó con un salto, que la situó a su espalda.
-Me toca- Susurró sacando dos cuchillas, una en cada mano. Sin embargo, la chica de agua fue más rápida y se diluyó en una corriente- Mierda, su habilidad le da bastantes ventajas. Debo atraparla en la distancia corta- Dijo para sí. Waver se volvió en forma de corriente de agua contra Garra. Pero ésta fue más hábil: de un pequeño salto se colocó encima de la corriente y se dejó caer. El agua se disipó y Waver cayó al suelo.
Agarró sus cuchillas y lanzó una de ellas, alcanzando el hombro de la I-Men de agua. Tras esto, empleó una serie de puñetazos y patadas, que Waver no pudo evadir. La hermana de Llama Helada retrocedió debido a los golpes y Garra se paró en seco.
-Estás muy distraída. Podrías haber esquivado mis golpes sin ningún problema. ¿Es por lo de tu hermano? Aunque tengamos que pelear, no dejas de ser mi amiga...
-No... no sé que es exactamente, la verdad. Es un cúmulo de acontecimientos. Todo ha sucedido tan deprisa. ¿Qué le diré a mi hermana pequeña y a mis padres si logro volver a la Tierra yo sola? Lo sé, no es un escenario muy probable, pero me preocupa no poder mirarles a la cara. Además de eso, estoy en shock, no entiendo nada de este juego. A nuestra edad, las chicas normales están de fiesta hasta que el cuerpo aguante. Llegan tarde a casa y sus padres les echan la bronca. Al día siguiente se hacen quebraderos de cabeza pensando en el tío que les gusta. Y nosotras ¿qué hacemos? ¡Luchar para sobrevivir a un juego absurdo!- Se quejó la quinceañera.
-Las chicas normales son bastante aburridas- Intervino Garra- De eso puedo dar fe. Tu problema es que sólo estás viendo la parte mala, pero no ves la buena.
Waver la escuchó atentamente, al igual que Erzzhia.
-Nosotras tenemos un don. Un don que podemos elegir cómo emplear. ¿No nos convierte eso en chicas interesantes?- Dijo tratando de quitarle hierro al asunto. Las tres rieron un buen rato.
-Está bien, puede que tengas razón y sea sólo que soy una adolescente desagradecida. Pero ¡ahora prepárate, voy con todo!
Waver fabricó una serie de esferas que concentraban agua caliente y las dirigió hacia su amiga, a la vez que avanzaba hacia ella manteniendo una distancia prudencial, pues sabía que Garra era mejor en el combate cuerpo a cuerpo. Garra recibió el impacto de dos de ellas y Waver aprovechó para invocar una gran cantidad de corrientes de agua, como si se tratase de pequeños lagos en constante movimiento. Las aguas comenzaron a juntarse unas con otras, rodeando a Garra hasta conformar un círculo perfecto.
“Ahora, id avanzando”, ordenó la I-Men con sus pensamientos. Se alejó y fabricó una serie de cuchillas de agua lo más rápido que pudo. Garra rechazó con destreza todas menos una que le dio de lleno. Cuando pudo mirar a su alrededor, la cantidad de agua que la rodeaba era mucho mayor. Erzzhia sentía los golpes y en sus brazos comenzaron a dibujarse pequeños moratones. Debía resistir. Saber aguantar el dolor era necesario para poder volverse más fuerte y poder ayudar mejor al equipo.
-¡Marea!- Exclamó Waver. Automáticamente, de la corriente de agua surgieron dos gigantescas olas que acertaron de lleno a Garra y la hicieron caer precipitadamente al suelo. La hermana del Guerrero Celeste y la propia Garra bufaban de dolor.
-¡Eh, perdonadme! ¿Estáis bien las dos?- Se acercó Waver, preocupada- No he podido controlar mis fuerzas.
Garra se levantó, frunció el ceño, y la obsequió con un rápido puñetazo en la cara.
-¡Estúpida! ¡Esa Marea ha sido una técnica muy fuerte para tratarse de un calentamiento! Podías haberme quitado una vida en el juego...- Exclamó indignada- Se supone que somos amigas- Finalizó mientras le daba la espalda.
Erzzhia, que sangraba un poco en el hombro derecho, se reincorporó también.
-Yo... lo siento, no pretendía atacar con tanta fuerza- Reconoció la chica de agua. Erzzhia miró a Garra con tono de reproche. Era evidente que no lo había hecho a propósito. Garra asintió, lo entendía, así que cambió el tono.
-Bien, no pasa nada. Lucharemos en serio, entonces- Contestó. Una idea rondaba por su cabeza. Tenía miedo de esta pelea entre amigas. Al fin y al cabo, acababa de conocer a la joven hacía pocos días, al igual que a todo el grupo salvo a Erzzhia. No sabía hasta que punto podía fiarse y por eso se había alterado con su técnica. “Bueno, independientemente del daño que nos hagamos, más daño se supone que puede hacernos ese tal Gravitta y su equipo de jugadores. Lo mejor será que de lo mejor de mí sin preocuparme de ella, ni de Erzzhia”, reflexionaba mientras miraba de reojo a su mejor amiga.
Con más estabilidad emocional, dio rienda suelta a su fuerza. Afinó la vista y divisó a Waver, que se encontraba detrás de una pequeña roca. Dos garras afiladas fueron lanzadas hacia ella, quien contrarrestó con un puñal hecho de agua. El puñal colisionó con una de las cuchillas y la otra volvió a Garra, que se colocó a la espalda de su amiga y le hizo un fuerte arañazo.
-No está mal...- Admitió la chica de agua, que se cubría ahora con una barrera conformada por varias capas de agua, que la rodeaban. Garra cargó contra la barrera con su cuerpo aunque fue insuficiente. En un momento de distracción de Garra, Waver deshizo la barrera y la atizó en la cabeza, con una porra hecha de agua fría como el hielo. Sin embargo, la chica se mantuvo firme a pesar del dolor. La batalla parecía igualada y ambas sentían que su vínculo de amigas se fortalecía.
-Está bien por el momento, chicas- Propuso Erzzhia- Mi cuerpo empieza a cansarse. Lo mejor será que descansemos un rato- Sacó una bolsa de detrás de ella- Sage me proporcionó numerosas piezas de fruta para nuestro entrenamiento y hace poco se ha comunicado mentalmente conmigo. Me ha dicho que hay un pequeño bar abandonado donde seguro que encontramos algo de carne y pescado. Podríamos ir allí, parece que nos quedaremos varios días- Las otras dos I-Men se mostraron de acuerdo y dedicaron el resto de la tarde a andar todo recto, con la esperanza de encontrar aquel lugar. Finalmente, tras varias horas de viaje, encontraron un oasis con una cabaña rústica con una pequeña pizarra sin nada escrito. Parecía ser un viejo restaurante, de esas casas de comidas donde el pan de pueblo está recién hecho. Por dentro había algunas mesas con sillas tiradas por el suelo y una cocina estrecha, de pequeñas dimensiones. Miraron en la nevera y encontraron carne y pescado en buen estado. Al fondo, había una sala vacía espaciosa así que optaron por instalarse allí.
Así fueron pasando los días y las chicas comenzaron a conocerse mejor. Todos los días entrenaban desde la mañana, cada vez empleándose más a fondo. Descansaban un poco al mediodía y después continuaban hasta que anochecía.
El quinto día estaban exhaustas incluso antes de empezar.
Una Garra un tanto agotada daba pasos descuidados en dirección a Waver y ésta, tampoco muy avispada, no sabía aprovecharlo. Erzzhia permanecía en una esquina del restaurante con los vínculos activados y llena de hematomas. No obstante, no dudaba ni por un momento que lo que le tocaba hacer era aguantar. Volvería mucho más fuerte al juego. De pronto, una voz grave comenzó a oírse, sin que fuese posible saber de donde venía.
-Bravo, vais muy bien. Estoy muy orgulloso. Waver, Garra, ahora os tocará luchar en equipo, pero será el último día de entrenamiento- Se trataba de la voz grave y amable de Sage- En cuanto a ti, Erzzhia, debes venir conmigo- La voz finalizó y la hermana del Guerrero se esfumó sin dejar rastro. Las otras dos quedaron perplejas. ¿A quién debían enfrentarse? Aquello aparentemente estaba vacío. Pero unas pisadas que venían de lejos no se hicieron esperar.


El líder de los I-Men se levantó de la cama con ganas de comenzar a escalar la montaña. Llevaba una semana realizando el mismo modus operandi: se levantaba con el amanecer y comenzaba a subir la montaña sin descanso. Después de comer silenciosamente, se había pasado las siete tardes intentado dañar a su maestro, pero no lo había conseguido, aunque cada día aguantaba cinco minutos más que el anterior. No obstante, se sentía un poco humillado, ya que Wakabahashi no había mostrado aún ninguno de sus poderes y se limitaba a emplear la fuerza física. Por eso aquel día tenía que ser diferente. Ya estaba harto. Subió la montaña hambriento, haciendo uso de su fuerza de voluntad. A decir verdad , sentía que se estaba aclimatando. Cada vez era más sencillo llegar a la choza.
-Vaya, veo que te superas más y más cada día- Le alagó el maestro.
-Sí, pero aún no es suficiente. ¿De qué me sirve si todavía no he podido ver ninguno de tus poderes?- Se quejó con rabia.
-Eliart, debes ser paciente. La paciencia es una virtud, probablemente la que más te cuesta junto a la prudencia. Eres como un niño a veces. Confías mucho en ti mismo y tiendes a lanzarte al vacío sin nada más a lo que agarrarte. ¿Así es como quieres ganar a un científico que lo tiene todo calculado como Gravitta? Debes sosegar, amigo mío, por tu bien y por el de todo tu grupo- Explicó con una voz calmada.
El líder refunfuñó y bajó la cabeza. Su maestro tenía mucha razón. Ensimismado en estos pensamientos iba directo hacia el interior de la choza cuando el asiático le detuvo.
-Hoy haremos una excepción, Eliart. Deberás golpearme antes de comer. Si no lo haces, no comerás- Comentó tajante- Y hoy me he encargado de preparar algo que te gustará especialmente.
Eliart le miró con una sonrisa en la cara. El maestro ya sabía cómo sacar todo su potencial. “Ya llevamos una semana aquí. ¿Será hoy el día que conseguirá despertar sus poderes o todavía no? Cada vez me cuesta más la espera. Estoy deseando ver a este chico en acción”, meditaba el anciano.
-Está bien. Que así sea- Aceptó Eliart. Se lanzó contra su maestro, alternando puños directos y patadas. El maestro se adelantaba a sus ataques mostrando unos reflejos increíbles, sin duda inusuales para alguien de su edad. Wakabahashi tomó la iniciativa, se colocó a la espalda del I-Men y le arreó una fuerte colleja en la nuca. Cuando Eliart se giró, el maestro ya estaba detrás a él.
“Necesito más velocidad… ¡Y también más fuerza! ¿Qué diantres pasa con mis poderes?”, se lamentaba. El maestro le intentó alcanzar con una fuerte patada pero esta vez Eliart la esquivó velozmente, se llenó de furia y corrió en dirección hacia el. Tenía que golpearle, aunque sólo fuera por orgullo. El maestro se movió unos milímetros y se dispuso a darle un puñetazo. Eliart se concentró por un momento en pararlo y logró contenerlo con una de sus manos. Rápidamente, alcanzó al viejo con un golpe de rodilla. El maestro se detuvo y le sonrío.
-No me esperaba que la primera vez que me golpearas fuese con tu rodilla, pero estoy emocionado. Lo has conseguido. Y además sin poderes- Reconoció maravillado- Sabía que sería hoy, al fin podremos pelear de verdad.
Eliart se no dijo nada. Le miró sonriente mientras las gotas de sudor bañaban su cara. Se dejó caer en el suelo fruto del cansancio.
-No es momento de descansar, querido alumno. Es momento de una buena comida- Le interrumpió. Ambos se dirigieron al interior de la choza- Ten, te lo has ganado- El maestro puso en el plato de Eliart un bistec bastante grueso y muy hecho, acompañado de patatas fritas. Después de llevar toda la semana comiendo pescados, caldos y verduras le pareció muy apetecible- ¿Qué se te pasa por la cabeza?- Quiso saber Taipei que ya conocía muy bien a su alumno.
-Mis poderes...- El maestro no le dejó continuar.
-Pronto, Eliart. Pronto lograrás usarlos. Si has conseguido alcanzarme, eso quiere decir que tu cuerpo se está adaptando a este lugar. Pero prométeme una cosa.
El I-Men le hizo un gesto afirmativo.
-Cuando despiertes tu poder, no lo utilices para subir la montaña más rápido. Emplea tu cuerpo únicamente y tu fortaleza mental. Como hasta ahora- Le pidió.
-Trato hecho- Respondió el I-Men con determinación- Ahora salgamos fuera. Voy a ganarte- Dijo, burlón.
-Ja, ja, ja, ese es el espíritu. Pero tengo que decirte que sólo será así en tu imaginación- Le corrigió mientras salían y se preparaban.
Eliart marchó hacia el maestro, deseando que sus poderes estuvieran con él. Trató de alcanzarle, pero su maestro lo evitó mediante un salto y logró ventaja para asestarle, desde arriba, una buena tanda de patadas. El I-Men las aguantó, a la espera de encontrar alguna flaqueza en los reflejos del maestro, ya que era extraño que dejase un flanco sin cubrir. Tras las patadas, el maestro le atacó con un gancho izquierdo dejando un lado al descubierto.
-¡Te has olvidado de tu costado!- Bramó Eliart aprovechando para golpear como loco. El maestro contrarrestó sus golpes y ambos se fundieron en una lluvia de puños y patadas. Eliart sintió calor, mucho calor. Estaba empleando toda su velocidad para seguir el ritmo del anciano y, aún así, no era suficiente. Quería sentir que tenía más energía. “Te necesito ahora... ¡Aries!”, se concentró en este pensamiento al tiempo que su cuerpo ardía cada vez más. En ese momento, la energía anaranjada empezó a fluir por todo su cuerpo y la mirada de ambos contendientes se llenó de alegría- ¡Vamos, embestida!- De frente, se lanzó hacia el anciano y logró hacerle retroceder. El maestro se frenó en seco y Eliart hizo lo mismo.
-Se acabó el calentamiento. Es de caballeros esperar a que el contrincante se prepare- Le explicó para justificar su parada. Sin más preámbulos, un aura amarilla muy intensa y densa iluminó la figura del anciano. Un tatuaje con forma de rata apareció en el centro de su frente- ¡Rayo roedor!
Los ojos de la rata en forma de tatuaje comenzaron a brillar y una fuerte corriente de energía amarilla fue en dirección hacia Eliart a un ritmo fulminante. De sus manos, además, salía energía concentrada. Eliart presintió que aquel golpe era imposible de esquivar. Iba a una velocidad increíble, como cuando Light Knight utilizaba su máxima potencia. Tenía que ser capaz de aguantar aquel golpe. Llamó a Tauro, su signo más resistente, y el aura verde oscura le respondió. Sus músculos se preparaban para aguantar el embate. Cuando el rayo de energía pasó, toda su ropa estaba chamuscada y tenía varias quemaduras en el torso.
-Uf, que fuerza tiene. Y es sólo un ataque. Es fantástico. Debo aprenderlo todo sobre él, debo superarle- Se dijo a sí mismo el I-Men.
-Eso no será fácil. Pero harás lo que puedas- Concluyó el maestro- Veamos como te las arreglas con esferas repletas de energía.
Wakabahashi atacó al I-Men con varias esferas, pero iban menos rápidas de lo esperado y bastó el impulso de aries para sortearlas. Eliart se dejó rodear por el aura verde oscura. Tauro en la corta distancia no tenía rival.
-¡Destructor de Tauro!- Se dispuso a atacarle con un directo pero el maestro despareció al instante, dejando tras de sí un ruido, como si fuese una especie de soplido.
-Estoy aquí- Dijo justo desde arriba de Eliart, impulsándose hacia abajo y cubierto por un aura de color marrón y un nuevo tatuaje, esta vez en el pezón izquierdo- Acabo de usar el caballo. El signo proporciona reflejos y capacidad para dar saltos bastante grandes. Curiosamente, su movimiento se parece al que usa el caballo en el ajedrez. Tu técnica no está mal, pero le falta velocidad. Es bastante sencilla esquivarla, pero si no lo fuese sería muy efectiva. No está mal ese Tauro- Dijo.
-Te burlas de mí. ¡Te burlas de mí!- El I-Men se alteró por momentos y llamó a Leo, su signo más poderoso. La cara de león se apareció en sus puños- ¡Rugido de Leo!- El maestro recibió el ataque pero realizó una maniobra que dejó al manchego boquiabierto: con la palma de su mano, detuvo a Leo y se lo devolvió. En el rostro de Eliart no cabía mayor sorpresa, tanta que fue incapaz de esquivarlo y recibió el efecto de su propio ataque.
Se levantó del suelo y sonrió aunque estaba lleno de rabia. ¿Cómo podía ser tan fuerte?
-¿Puedes explicarme como has hecho eso?- Quiso saber el I-Men- Ni siquiera he visto que utilizaras uno de tus signos para ello.
-No todo el poder de uno viene dado por los signos, querido alumno. Lo que has visto es consecuencia de muchas décadas de entrenamiento- Concluyó y fue a por su aprendiz con dos fuentes de energía en cada mano, esta vez en forma de rata- Y dime, Eliart. ¿Qué sientes realmente por Gaia? Veo sentimientos confusos en tu interior- Le preguntó seriamente.
-¿Eh? ¿A qué viene eso ahora? ¡Mejor centrarse en la pelea!- Saltó el líder eludiendo la pregunta.
-Si dices eso es porque tienes muchas dudas sin resolver. Y eso está muy mal. Si el Agua está fuera de su cauce, la Tierra no funciona. Y el Fuego puede mover montañas pero no gana batallas él sólo, ya que puede desbordarse. Ese es el Triángulo de la Vida- Expuso el sabio mientras lanzaba las bolas de rata a toda velocidad. Antes de responder, el I-Men empleó el Rugido de Leo para encarar el ataque e ir a misma velocidad. Mas cuando iba a rozar la rata de energía, ésta pareció cobrar vida, se movió a toda velocidad, cual roedor y dejó ver unos dientes afilados- ¡Rayo de la Gran Rata!- De los colmillos de la rata surgieron rayos hechos de energía amarilla en todas direcciones.
El rugido logró cortar algunos pero otros rodearon al I-Men. Se encontraba atrapado entre numerosos rayos. En cambio el maestro, saltando rayo a rayo, llegó hasta él.
-No escapes a mi pregunta- Insistió- Decir la verdad es parte de tu entrenamiento, es parte de tu futuro, parte de tu Destino- Maestro y alumno continuaron su duelo entre los huecos de aquella cárcel de energía.
-Pues... - Dijo Eliart sin dejar de darle una patada- Estoy muy enamorado de ella. Pero a veces siento que le molesta mi forma de ser, no sé como explicarlo.
-Explícate, explícate. Pero sin dejarte zonas por cubrir- Le aconsejó mientras le golpeaba en los riñones con otra esfera de energía. Eliart no se quejaba, pero se veía que le costaba seguir el ritmo.
-¡Adelante Tauro!- Lo invocó Eliart al tiempo que sus músculos aumentaban de volumen. Alcanzó al maestro con un directo pero éste no sintió a penas el dolor- Gaia odia luchar y me preocupa el hecho de que siempre que hay que tomar una decisión en el grupo tengamos opiniones diferentes.
-¿Y pueden esas diferencias de opinión socavar lo que habéis cimentado con amor?- Preguntó el Maestro mientras hacía una exhibición del poder del Caballo: saltó hasta casi las nubes y bajó a una velocidad vertiginosa frente a Eliart, al que derribó con tres puñetazos, haciéndole chocar con uno de los rayos de energía. Cayó al suelo ipso facto y no pudo incorporarse hasta después de unos segundos. Sus labios ya expulsaban sangre- Quizás en el suelo pienses con más claridad- Sugirió el maestro, que estaba empezando a pensar que estaba siendo un entrenamiento muy duro.
-¡No, continuemos! ¡Quiero ver más signos!- Dijo con emoción en sus ojos- Y respecto a tu pregunta… creo que no- Finalizó mientras preparaba su ataque- ¡Ahora te tengo a tiro! ¡Destructor de Tauro!- Se alzó el valiente manchego. El aura verde oscura le envolvió y atizó al maestro con un potente gancho que le hizo retroceder hasta fuera de la cárcel de energía. Seguidamente, utilizó el poder de Leo para alcanzarle sin perder ni un instante.
“Esta vez iré tan rápido que no podrá detenerlo”, pensaba. Sin embargo, Wakabahashi reaccionó a tiempo y empleando el caballo redujo la distancia entre ambos.
-¡Coz del Caballo!- Dijo el maestro. El vello del caballo tatuado en su pecho brillaba con intensidad y el aura marrón se concentraba de cintura para abajo. La pierna del maestro se impulsó hacia detrás y le propinó una coz a Eliart que le impulsó varios metros.
Taipei aprovechó para retornar la conversación.
-¿Y si crees que no a qué viene tanta incertidumbre en tu interior? ¿No será que temes que el problema se haga mayor?- Preguntó con toda tranquilidad al tiempo que volvía a utilizar la rata. En esta ocasión puso sus manos juntas, en señal de oración y cerró los ojos.
“Cierra los ojos, se burla de mi poder. ¡Y me sienta fatal!”, el I-Men se indignaba para sus adentros. Recurrió de nuevo a Leo, no quería emplear tan pronto el poder de Géminis porque lo consideraba su última carta para sorprenderle. Se lanzó a por su maestro con una furia tremenda, tanta que las pulsaciones de su corazón no dejaban de aumentar. Fue al tercer intento que logró alcanzarle de lleno con su puño izquierdo y, sin hacer amago de descanso, se dejó imbuir por Aries y placó a su oponente, quien por primera vez en el combate, mordió el polvo. El I-Men se sonrió y detuvo su ataque. Estaba cansado y comenzaba a tener dificultades para respirar.
-Paremos un rato, te estás quedando sin aire- Ordenó el maestro. Eliart negó con la cabeza.
-No... te dije que.. entrenaría al tiempo que te respondía... y eso ha-haré- El I-Men hablaba entrecortado. Wakabahashi se reincorporó y se puso en guardia.
-Que conste que es bajo tu responsabilidad. Eres tú el que insiste- Aclaró. El I-Men estaba fascinado. Aquel anciano sólo le había mostrado dos signos y ya era el rival más fuerte con el que se había encontrado.
-Vamos allá. ¡Cáncer!- Se decidió el I-Men. El aura verde clara le inundó y sintió que recuperaba fuerzas. Seguramente ya no podría volver a usarlo pero era una situación de emergencia.
-Bonito escudo has invocado. A ver cuánto te dura- Sonrió el maestro dejándose imbuir por un aura de color morado. En el pezón izquierdo, a la altura del corazón, se dibujó el tatuaje de un robusto buey.
Eliart observó al maestro con curiosidad y atención. Aquel aura morada le resultaba familiar. Tenía unas dimensiones similares a las de su tauro. “Debe ser un poder similar, será mejor que me prepare...”.
-Mira, hagamos algo ¿vale? Éste va a ser el último signo que te mostraré hoy. Siéntete orgulloso de lo que has visto, muchacho. A cambio necesitaré que continuemos la conversación. ¿Estás conforme?- Propuso.
El líder de los I-Men se mostró de acuerdo. Los músculos del maestro crecían y crecían sin detenerse. Efectivamente era un poder de la misma naturaleza que Tauro, pero mucho más fuerte.
-¡Prueba la Furia del Buey!- Bramó el maestro dirigiéndose hacia el alumno.
-Solo..hay... una manera- Se dijo Eliart. Llamó al aura rosada de Virgo y se esfumó. Durante unos segundos permaneció tranquilo, a la espalda de su maestro.
-Vaya, tienes un conjunto de habilidades muy interesantes. Reconozco que me has sorprendido- Afirmó el maestro- Pero estás ahí- Señaló con dedo el sitio exacto donde se encontraba el I-Men.¿Sería intuición o es que podía sentir su energía? Ninguna de las cosas sería extraña en él.
La Furia del Buey se concentró en su puño derecho y derribó a Eliart, que apareció al momento y voló por los aires del impacto. Esta vez tardó cinco minutos en poder levantarse, pero lo consiguió.
-Tú... ¿sientes las… energías?- Se inquietaba el líder, que cada vez más pensaba que se encontraba frente a una divinidad.
-No exactamente, pero he logrado intuir que estabas ahí. Parece que tú y yo tenemos un vínculo- Ambos contendientes rieron y la batalla prosiguió. Eliart terminó por sincerarse después de una tanda recíproca de puños y patadas.
-Sí, temo... que las próximas decisiones nos distancien- Dijo lo más rápido que pudo para no perder el aire- Pero es algo que afrontaré cuando llegue el momento- Continuó sorteando las patadas de su maestro hasta que pudo volver a vocalizar- Ambos somos muy parecidos. Tenemos ansias de justicia pero estilos muy diferentes. Ella hay ciertas cosas que no parece poder perdonar, por ejemplo. Yo creo mucho en la gente, aunque a veces me... equivoque. Otra diferencia es que es más pacífica... por ejemplo, le sedujo la idea de ir a la isla, cosa que a mí nunca me convenció- Finalizó el I-Men algo alterado.
-Bien. Me doy por satisfecho con tu respuesta- Reconoció Wakabahashi Taipei mientras dejaba que el aura morada le inundara. Sabía que su alumno quería poder comparar a el toro con el buey- Ahora seré directo, Eliart. ¿Quieres ganar el juego? ¿O prefieres que sea otra persona?- Eliart escuchó la pregunta pero centró sus fuerzas en tauro. Ambos puños colisionaron y ninguno perdía terreno.
“Tengo que ganar este pulso”, pensaba el I-Men. Mas no fue posible. A los pocos segundos el buey ganó terreno al toro y Eliart retrocedió.
-Reconozco que has aguantado bien. No es como cuando usaste a Virgo. Ahora dime. ¿Cuál es tu respuesta? Por hoy has terminado tu entrenamiento, descuida- Le concedió el asiático.
-Supongo que una parte de mí quiere ganar para conocer el misterio de los GM y lograr derrotarles. Pero otro lado sabe que no soportaría hacer eso si para ello debe derrotar a sus amigos- Finalizó, ya más calmado. El maestro se le acercó tranquilamente y le dio una bofetada en la cara-¡Au! Pero ¿qué haces? ¿No habíamos terminado de entrenar por hoy?
-Eres un egoísta, muchacho. Prefieres que esa carga la sufra otro compañero en el que confíes, como el Guerrero Celeste- Le recriminó. Eliart se llenó de furia. Aquel era un secreto que sólo había compartido con su amigo. Que los maestros o Cerebro supieran de sus poderes era normal pero, ¿y las conservaciones íntimas? ¿De verdad serían de fiar?
-Espera ¿como diantres sabéis eso Cerebro y tú?- Exclamó visiblemente enojado- Nadie debería saberlo.
-¿Y quién dice que me lo haya dicho alguien, Eliart? Yo sólo tengo gracias a Cerebro una información general sobre ti. Sé de tus poderes, con quién has combatido en el juego y algunos de tus sentimientos y conflictos más evidentes. Otros no me los dice Cerebro, me los dices tú.
El líder le miró sin mostrarse conforme con la respuesta.
-Mira, no sólo llevo entrenando el cuerpo desde que me puse al servicio de los monjes de shaolin cuando tenía ocho años. También he practicado mucha meditación, se leer la mente hasta cierto punto y tengo muchos años. La experiencia es la madre de la ciencia. Y tú además eres parecido a mí. No sabía que el Guerrero Celeste era a quien habías confiado tu secreto, pero sencillamente no confías en que el Capitán Vasco pueda descubrir las cosas por sí solo, es demasiado bruto. No confías que Gaia vaya a hacerlo porque piensas que estaría demasiado triste como para seguir. La duda estaba entre Revelación, Shadow y el Guerrero Celeste. Pero éste es el único de los tres que te ha seguido desde el principio. Ha sido por descarte. Pero parece que he acertado. ¿Te parezco un mentiroso?
Eliart seguía pensando que había algo extraño en todo aquello, pero luego se tranquilizó al sentir que su maestro era buena gente. “Éste es de los míos, si me miente será por mi bien. No me agrada, pero le respeto profundamente. De ese tal Cerebro opinaré cuando le conozca pero no ahora. No serviría de nada”, meditaba.
-No, sé que no mientes- Contestó Eliart- Al menos, eso quiero creer. Pero, ¿no te parecen lógicas mis dudas? Quiero decir, tú mismo me diste a entender que lo primero son mis amigos. Les salvaría a ellos lo primero aunque me doliese mucho no saber lo que es el juego. Por ello...- El maestro le interrumpió.
-Sí, si no es eso lo que te critico. Sólo digo dos cosas: la primera es que debes estar seguro de tus prioridades, al cien por cien. Y la segunda es que no debes cargar a otros con tu cruz. Tú has prometido ser fuerte en cuerpo, mente y espíritu, y además eres el líder de los I-Men. No hagas que el Guerrero cargue con tu dolor. Protegerás a tus amigos pero si llega el caso de que puedes ganar el juego, cosa que dudo a juzgar por tu nivel, no debes encargárselo a nadie. Es una responsabilidad con la que igual no quieren cargar. Debes ser tú quien aguante el dolor de perderles y de estar sólo- Concluyó el maestro.
El I-Men no sabía bien qué decir.
-Hemos tenido bastante por hoy. Cenaremos y te dejaré dormir como un lirón. Mañana seguirás escalando. Todavía tenemos tiempo para sacar todo tu potencial.


Demongirl llevaba bastantes horas andando por ese lugar ardiente. Sus paredes hechas de fuego parecían propias del séptimo infierno. Al no llevar agua consigo, sentía cada pocos metros que iba a desfallecer. ¿Qué era realmente ese lugar? ¿Quién sería su maestro? Caminaba recto por una llanura rodeada de montañas de lava. El ambiente le resultaba insoportable, no por la poca vegetación, ni siquiera por el calor. Era insoportable porque cada vez que veía lava o fuego se acordaba de su amado David. Desde que murió estaba más vivo que nunca en sus pensamientos. “¿Por qué tuvo que ser precisamente él?”, se lamentaba. Por lo demás iba siempre atenta, no sabía qué cosas podían aguardar en ese misterioso lugar. Caminó sin detenerse hasta que empezó a sentir que los reflejos le fallaban. “Será mejor que descanse un poco... lo que menos quiero es flaquear y acabar cayendo a la lava”, meditaba. Así, decidió entrar en una de las pequeñas cavernas del camino, donde la humedad era mayor.
-Aahh, aquí se está bien- Afirmó poniéndose cómoda. La chica-demonio aprovechó para poner en orden sus pensamientos, la mejor manera de vengar a David era no dejarse vencer, luchar en su nombre hasta desfallecer. Ante todo, debía ser más fuerte, dominar su transformación demoníaca para no volver a cometer errores. “Tal vez por eso Sage dijo que debo entrenar el Fuego. A veces soy demasiado impulsiva. Y los enemigos cada vez son más fuertes. Además Gravitta fue capaz de raptar a mi hermana y herirla sin miramientos. Es muy difícil contenerse frente a un tipo así”, se repetía una y otra vez. Sólo una pisadas acercándose desde el interior de la caverna interrumpieron sus pensamientos. Demongirl se puso en guardia.
-¿Quién anda ahí?- Preguntó la I-Men, airada. Pero nadie respondió. A los pocos segundos un demonio de aproximadamente metro y medio, de color rojo, equipado con un tridente del mismo tamaño, se lanzó a atacar a la chica sin mediar palabra.
La criatura estaba furiosa y rugía sin parar. Por suerte para la morena, no era demasiado fuerte. Esquivó fácilmente su tridente y le atizó una patada en el tronco, sacándolo de la caverna, hacia la ladera. Se detuvo un momento a mirarlo, tenía una piel hecha de escamas, como la suya. Por un instante se horrorizó. ¿Se convertiría en una demente si alcanzaba la transformación demoníaca completa? Negó con la cabeza y se centró en el combate. Debía conseguir que sus pasiones fueran positivas para la batalla y no negativas.
El demonio utilizó sus puños y alcanzó el estómago de Demongirl, que recibió el impacto sin retroceder, pero dejando ver su cansancio. Después, aprovechó un momento de descuido e invocó su espada incandescente.
-Tú no puedes ser mi maestro porque eres demasiado débil. Y además un maleducado que ataca sin razón alguna. Así que no perderé el tiempo contigo- La chica blandió la espada y le quemó de cintura para abajo. El demonio frunció el ceño y su frente se tiñó de un color morado. De su boca salieron unos bufidos muy diferentes de los rugidos de antes durante un buen rato. Demongirl comenzó a preocuparse. ¿Qué estaba haciendo? Le empujó hasta la lava y se volvió rápidamente hacia detrás, pues sentía una fuerte presencia.
-Vaya, vaya. ¿Qué hace una humana en este infierno?- Se trataba de un demonio pero esta vez de unos dos metros y medio, más musculoso y de color azul oscuro. En lugar de un tridente llevaba consigo dos machetes, uno en cada mano. Iba acompañado de, al menos, diez compañeros, todos más pequeños que él y con escamas de diferentes colores: negros, azules más claros y rojos que eran los más abundantes.
-Ya veo, así que aquella criatura estaba llamando a otros demonios- Se dijo la I-Men- Pues la verdad es que no sé que hago aquí. He sido trasladada y ando sin rumbo
-Me presentaré, me llamo Gregor y soy el Gran Señor de este infierno. Lo regento desde mi Trono Negro, al otro lado de estas montañas de lava. Mi tarea consiste en hacer que todo el infierno esté debidamente ordenado y que nadie moleste a mis hermanos. Ni otros Grandes señores de infiernos ni tampoco intrusas como tú- Finalizó mientras mostraba sus machetes. Hablaba muy bajo, como si cuchicheara. Se dispuso a atacarla y la chica-demonio sorteó sus golpes fácilmente. Sintió el aura de la criatura y pudo ver que no era demasiado fuerte. Podría vencerle con un poco de esfuerzo.
-Bah, ¿y tú eres el maestro que me envía Cerebro? No eres gran cosa- Vaciló la I-Men. El demonio la miró con curiosidad y, tras esto, su furia aumentó de inmediato.
-¿Quién es ese Cerebro? ¡A mí nadie me da órdenes! Y además, ¿cómo te atreves a hablar así a un Gran Señor?- Cogió a Demongirl del pescuezo sin dejar de hablar- Yo soy el nivel superior de este lugar, un demonio de nivel dos, no como ése al que has derrotado que era incapaz de pensar por sí mismo.
Demongirl se sonrió. Sus palabras eran suficientes para intuir que no era su maestro. La chica se deshizo del agarre del demonio azul y le atizó con la espada incandescente sin lograr alcanzarle.
-Eres una humana insolente. He venido justo cuando olí tu carne. Ahora te mataré y te devoraré- Contestó con tranquilidad. Demongirl transformó sus dos brazos en forma demoníaca y sorprendió a Gregor, que pudo ver que no era exactamente humana. La morena se desenvolvió con soltura, rechazando los machetazos de aquella criatura. Rápidamente se situó a pocos metros de él y le arreó con un directo de sus brazos.
-Bien, ya veo que tienes sangre demoníaca. Me pondré serio entonces- Dijo sin contemplaciones. Se puso en guardia y sus músculos aumentaron considerablemente, al igual que su velocidad. Comenzó entonces una batalla más igualada, aunque la I-Men llevaba ventaja. Así, al cabo de un rato, desarmó a su oponente mediante la espada, cortándole una mano- Maldita sea- Bramó haciendo un gesto afirmativo a sus compañeros. El resto de demonios se acercaron para ayudar a Gregor y rodearon a la joven, que no daba a basto. La chica-demonio invocó la espada de luz y logró deslumbrar a sus enemigos. Cuando se acercó a Gregor, una fina katana bañada en plata había atravesado el estómago de éste. Una mujer recogió la misma y la envainó en su cintura.
-No te desenvuelves mal chica, pero de no haberte encontrado podría haber sucedido una desgracia. Ten más cuidado. En estos infiernos hay varios Grandes Señores. Todos dicen que no hay ninguno más porque consideran ilegítimos a los demás. Por eso van deambulando, peleándose los unos con los otros empleando a sus pupilos. En vez de traer el orden que tienen encomendado traen el caos. Ahora hablamos más pero primero acabemos con esto- Finalizó.
Se pusieron espalda contra espalda empleando sus armas y al cabo de un rato acabaron con los demonios restantes. Demongirl suspiró, el ambiente estaba más tranquilo ahora. Miró a la desconocida con una mezcla entre agradecimiento y enojo: estaba convencida de que podría haber ganado ella sola y ahora ya no podría demostrárselo a sí misma. Pero por otro lado, era consciente de que habría pasado un mal trago de no ser por ella. La mujer tenía el cabello rubio con un brillo plateado, vestía toda entera de cuero marrón, con una chupa y un pantalón, llevando un cinturón con la katana y dos dagas. Al otro lado de la cintura llevaba una riñonera hecha también de cuero marrón, donde había algún que otro alimento, que desconocía como habían llegado hasta ella. En la espalda, un mandoble. Su mirada era fría, como la de aquellos demonios, estaba delgada, era un poco más alta que la I-Men y tenía los ojos azules claros.
-A propósito, me llamo Lilith- Dijo la desconocida- Soy una cazadora de demonios- Añadió. Demongirl estaba convencida de aquella podría ser su maestra, pero antes de que pudiera preguntar nada, la otra le interrumpió- Veo que la sangre demoníaca corre por tus venas. Pero aunque tienes destreza, pierdes la calma con facilidad. Te pueden las emociones. No deberías vacilar tanto. ¿Llevas mucho tiempo entrenando?- Preguntó, interesada.
-Antes que nada, puedes llamarme Demongirl. Y diría que sí, llevo poco tiempo entrenando. No hace mucho que descubrí mis poderes- Se presentó nuestra heroína. Pero Lilith estaba distraída, escudriñando y oliendo el suelo de aquel lugar.
-Este infierno está demasiado sucio para mí. Llevaba tiempo con ganas de luchar contra demonios pero no a cualquier coste- Explicó- ¿Tú sabes cómo se sale de aquí, Demongirl?
-Pues no, esperaba que tú si lo supieras- Se extrañó la chica-demonio, aquella mujer estaba muy desorientada.
-Bueno, si es como en la mayoría de los infiernos que he visitado, la salida tiene que estar pasadas las montañas. Hay que encontrar una montaña seca, sin lava. Vente conmigo, este lugar está infestado de demonios. No tienes pinta de cobarde, pero si nos topásemos con un demonio de nivel tres podríamos tener problemas- Explicó Lilith. La morena asintió y la siguió, sospechando que podría ser la maestra que Northern Sage le había designado.
Apenas habían empezado a caminar cuando otros diez demonios salieron a su paso. Esta vez eran todos de nivel uno, incapaces de razonar y guiados exclusivamente por su fuerza física. Las dos chicas se movieron con maestría y no tardaron mucho en eliminarles. Por desgracia para ellas, sus rugidos sirvieron de llamada para más compañeros que estaban relativamente cerca e iban capitaneados por el Gran Señor Tinny, un demonio de color verde oscuro, muy similar a Gregor. Se trataba de un total de treinta demonios.
-Demongirl, te dejo al líder. Quiero ver lo que eres capaz de hacer- Propuso Lilith, que se encargaría del resto. Con suaves y ligeros movimientos de katana, Lilith cortó dos extremidades a cada demonio, dejándole vía libre a la I-Men.
“Vaya, es admirable. Les ha derrotado en menos que canta un gallo. Y eran el doble que antes. Me gustaría llegar a ese nivel...”, meditaba mientras iba a por Tinny, quien contaba con un puñal y con un garrote. El aura de Tinny indicaba que era algo más débil que su compañero Gregor.
-El reto está en que acabes rápido- Interrumpió Lilith- Ya sé que puedes ganarle.
La morena asintió y, llena de furia, empleó sus ganchos demoníacos para contrarrestar los puños de Tinny. Éste último salió victorioso del forcejeo, pero la morena además de fuerte, era veloz. Se valió de ello para situarse a su espalda e invocar la espada incandescente. Como no le gustaba matar por la espalda, hizo una voltereta en el aire para situarse frente a él. El garrote alcanzó a la chica-demonio, pero ésta aguantó su impacto y contestó con su espada. Pronto logró cortar por la mitad al demonio y el fuego inundó su cuerpo. Lo había logrado y en poco tiempo. Lilith se acercó.
-Has tardado demasiado. Pero es normal para alguien que no tiene ni idea de utilizar sus poderes- Dijo sonriendo. Demongirl se sitió ofendida y no dudó en recriminarle.
-¡Oye tú! Ya vale de faltar al respeto. Puede que esté algo dispersa pero puedo llegar a ser muy poderosa- Bramó al tiempo que mostraba su espada, que continuaba invocada. La I-Men era consciente de la abismal diferencia que había entre ellas dos, pero no podía evitar decirle algo que le rondaba la cabeza todo el rato- ¿Aceptas un duelo? Tú me pareces mucho más interesante que esos demonios de poca monta- Le retó la chica-demonio.
-Lo mismo te digo. Será interesante ver hasta qué punto eres capaz de utilizar la sangre demoníaca. Acepto tu desafío, pero ya te digo que no te será fácil ganarme. He vencido a demonios de nivel tres que no tienen nada que ver con todos los que aquí habitan. Y contra muchos más luchadores. No obstante, si vamos a pelear, lo mejor será refugiarnos en alguna cueva que sea más o menos amplia, donde podamos dar rienda suelta a nuestras fuerzas sin que los demonios nos interrumpan en todo momento.
La I-Men se mostró de acuerdo y ambas avanzaron lo más rápidas que podían hasta hallar una cueva lo suficientemente grande. Se miraron fijamente, ambas despertaban mucha curiosidad en la otra. No obstante, Lilith estaba algo confusa, ¿quién era aquella chica? La batalla estaba a punto de comenzar.


Habían pasado siete días desde que Eliart consiguió luchar con su maestro Taipei usando poderes. Había conseguido llegar finalmente hasta la choza definitiva, el verdadero hogar del asiático. Durante esos días había entrenado hasta llegar al agotamiento, pero todavía no era suficiente. De algún modo sentía que seguía habiendo mucha distancia con Gravitta. Por las noches, maestro y alumno se hacían preguntas. Así, Eliart sabía que su maestro era de origen hispano-japonés, de madre española y padre japonés, pero que pasó la mayor parte de su infancia en los picos más altos de China. También el maestro le había confesado que aún no había logrado dominar sus doce signos. Durante los combates, el maestro le hacía preguntas incómodas.
-Entonces Eliart. ¿Matarás a Gravitta si tienes capacidad suficiente?- Preguntaba Wakabahashi al tiempo que las esferas de energía de la Rata golpeaban en los brazos musculosos de Tauro.
“Llevo una semana pegándome con él y aún no consigo su velocidad, ni su fuerza. No es que no le pueda. Es que no le llego ni a la suela de los zapatos”, se lamentaba el I-Men, que sabía que tenía que responder. El maestro había dejado la conversación más difícil para el final: sus dudas acerca de Gravitta.
-Pues...es un tema confuso- Admitió el I-Men que se valió de Leo para impulsarse a mayor velocidad. El maestro contraatacó con el tigre, su signo más veloz. Un tatuaje con forma de tigre se dibujó en su nuca, seguido de un aura de color naranja que se concentró en su pierna derecha. El rostro del tigre, con sus dientes afilados, aparecía en la punta de su pié. El puño de Leo y la patada del Tigre colisionaron, pero éste último creció en fuerza y velocidad, dañando finalmente a Eliart. El maestro no paró ahí: concentró el aura anaranjada en sus brazos y se dispuso a emplear el Asalto del tigre.
En esta ocasión, el líder de los I-Men actuó con rapidez y el aura azul eléctrico rodeó su cuerpo.
“Ayúdame, Géminis”, pensó el I-Men. Sólo uno de los dos recibió el impacto y el otro fue directo a por su maestro combinando su poder con el de Aries.
-¡Embestida!- Eliart cargó con su aura anaranjada y el maestro se limitó a frenarle con las manos.
-Venga, respóndeme a lo importante. No te escaquees- Le advirtió, ya empezaba a conocer muy bien a su alumno.
-Gravitta es un guerrero excepcional pero está equivocado. Su camino es el rencor y el odio. Es de los pocos jugadores que parece realmente malévolo.
El maestro sabía perfectamente rizar el rizo en sus conversaciones, para llevar a Eliart a manifestar sus dudas con total claridad.
-¿Parece? O sea, que no está tan claro- Indujo mientras intercambiaban una tanda de golpes físicos.
-Sí... parece- Reconoció Eliart, que le atacaba ahora junto con el otro Eliart, uno desde atrás y otro por delante. El maestro, aún así, se mostraba superior en velocidad. Eliart invocó entonces a Tauro con uno de sus cuerpos y a Leo con el otro. Ambos se volvieron contra Wakabahashi. En la fuerza de los golpes, el maestro notaba que Eliart no quería responderle. Pero era necesario que lo hiciese, pues sabía que no había asunto que le preocupase más. La conjunción de las habilidades de Leo y Tauro derribaron al maestro, quien cayó al suelo. No tardo más de diez segundos en volver a estar en pié.
-Muy bien, eso ha dolido muchacho. Lo has hecho empleando tu fuerza y tu velocidad al máximo. Pero mírate, ya te estás cansando. Es muy difícil combinar signos a tanta altura. Te aconsejo que no hagas locuras.
-Pues... le parecerá una tontería, maestro. Pero siento un atisbo de dudas en Gravitta. Son mínimas. Pero hay una posibilidad de salvarle, de hacer que renuncie al camino de la oscuridad- Se explicó el líder de los I-Men, a la vez que deshacía el poder de géminis y se centraba en atizar a su contendiente con los duros músculos de Tauro. Wakabahashi cambió ahora su rostro y miró a su alumno con severidad.
-Cuidado con lo que sientes, Eliart. A veces el sentimiento no va unido al conocimiento. Podemos sentir que estamos en lo cierto y que en realidad, estemos totalmente errados. Y es que la gente no suele ser como queremos que sea, sino como realmente es.
Eliart bajó la cabeza. Le había venido a la mente la marcha del señor Irons, que tanto le impactó. No obstante, el hombre decidió proseguir, mientras ambos luchaban.
-Soy consciente de lo que dice, maestro. Pero le aseguro que a través de sus ojos puedo ver que en realidad se siente incomprendido, solo. Yo durante un tiempo me sentí así. Por suerte, eso pertenece al pasado. Hoy por hoy he aprendido a valorar la amistad. En cambio, él no parece haberla conocido. Y todos merecemos una oportunidad ¿no?
-Sí... y no- Dictaminó el maestro con dureza, usando de nuevo el Asalto del tigre, que alcanzó el pecho de Eliart, quien logró soportarlo a duras penas- Me explico: por supuesto que Gravitta puede merecer una oportunidad, pero para ello debe ser consciente de lo que ha hecho. Debe ser consecuente del sufrimiento que ha hecho pasar a los demás. Si no hay arrepentimiento del que erra, no debe haber perdón del que acierta.
Eliart asintió. Sabía que su maestro tenía razón. Si quería salvar a Gravitta, éste debía querer. De lo contrario no sería justo perdonarle la vida.
-Estoy de acuerdo, Maestro Wakabahashi. Si Gravitta sigue sin querer mostrar sus dudas, si sigue pensando que sus compañeros son subordinados, si no se arrepiente por lo que le hizo a Gaia, indudablemente no le salvaré. Haré que pierda, quizás así entienda que yo tenía razón- Respondió el líder de los I-Men, que utilizó a Virgo para escapar del tigre, y finalmente lo logró.
Hizo uso de su máxima velocidad con el rugido de Leo, logrando alcanzar el estómago del maestro. Éste lo esquivo, pero con dificultades. Asimismo, negó con la cabeza en respuesta a la premisa de Eliart.
-De ninguna manera, querido alumno. Si pierde no necesariamente creerá que su método falla. Quizás piense que no tenía demasiado odio, o que su deseo de venganza flaqueó, o algo similar. Lo que reconocería a todas luces es que tú eres más fuerte. Ahora bien ¿es eso lo que en verdad te importa?- Le importunó.
Eliart, que sentía que sus fuerzas flaqueaban, no sabía ya qué hacer contra el maestro. Necesitaba recuperar fuerzas y volver a emplearlas al máximo. Sentía que con cada combate aprendía, que cada vez era más fuerte. Pero aún estaba muy lejos de aquel anciano. Decidió utilizar la habilidad curativa de cáncer.
-Bien, has usado la cabeza. No es bueno que te agotes si todavía puedes curarte. Hoy llevamos todo el día luchando, ni siquiera hemos comido. Venga, contesta a mi pregunta y despierta tu verdadera fuerza.
-Quiero vencerle, eso te lo aseguro- Se sinceró el I-Men- No quiero que ese tipo sea más fuerte que yo. Si alguna vez me supera o me demuestra ser realmente más poderoso, me esforzaré al máximo para superarle. Pero si tengo que elegir entre vencerle y salvarle, creo que la mejor manera de vencerle es salvarle de la oscuridad, de sí mismo.
El maestro sonrío para sus adentros .
“Ju, ju, este chico me va a dar grandes sorpresas. De tal palo tal astilla, no cabe duda”.
-Entiendo, no tengo mucho que decir a ese respecto. Pero, perdona que insista. Si de verdad se arrepiente ¿le salvarás?- Preguntó con interés mientras un aura nueva, de color azul, rodeaba todo su cuerpo. Era un aura más ligera que las demás. Un tatuaje con el rostro del Mono se dibujó en su brazo derecho. Automáticamente, su cuerpo se volvió elástico, pero sus golpes seguían siendo tan duros como el acero.
-Vaya, que decepción- Admitió Eliart al ver el nuevo signo- Pensé que te convertirías en el Rey de los Monos o algo por el estilo. Iré con cuidado- Se centró en sortear una tanda de puñetazos elásticos dados por su maestro, valiéndose de su escudo. El maestro falló por unos instantes frente a la frenética velocidad del manchego. Así, este logró agarrar uno de los brazos elásticos usando a Tauro. Acto seguido, apretó con fuerza- ¡Presión de Tauro!- Gritó Eliart bautizando a su nueva habilidad. En realidad se trataba de usar el destructor pero en lugar de en sus brazos, sólo en sus manos. Hizo girar a su maestro y lo lanzó con fuerza. Wakabahashi estaba muy satisfecho- Digamos que no sé que hacer. El raptó a mi novia y atacó a mis compañeros. Por una parte me gustaría y por otra rechazo la idea. No sé tampoco que pensará el grupo al respecto y eso desde luego determinará mi...- El maestro se adelanto, interrumpiéndole, mientras se recuperaba del golpe y trepaba por los árboles con la agilidad del Mono.
-Debes hacer lo que tu corazón y tu razón dicten. Si no hay coincidencia, no hagas nada. Si la hay, actúa con todas sus consecuencias. No debes dejar que sean otros los que tomen esa decisión. Ellos podrán aceptarla o rechazarla, pero no impedirla- El maestro aprovechó un descuido del I-Men y le atrapó con sus dos brazos elásticos. Esta vez se estaba empleando a fondo. Colocó los dos brazos en la espalda del manchego y comenzó a girar, dando vueltas en círculo, con un movimiento muy rítmico.
-¡Baile del Mono!- Un torbellino de tierra, producto de la velocidad del anciano, rodeó a los dos. Y tras un rato lanzó a Eliart disparado en dirección al suelo- Ahora probemos otra cosa. ¡Patada infinita!- Una vez en el suelo, enganchó al líder de los I-Men con una de sus piernas, alargándola hasta donde finalizaba el campo de batalla. Tras girarle, le dio una fuerte patada.
“Si todavía tiene voluntad para seguir, querrá decir que sólo falta que supere una prueba. Estará listo”, meditaba el asiático. El alumno languidecía en el suelo. Habían sido golpes muy rápidos y seguidos. Aquel baile además no sólo mareaba, también hacia disminuir los reflejos.
-Esta bien. Me aclararé y sabré que hacer. Lo prometo. Me resultó preocupante que albergara tanto odio. Pero lo que más miedo me da, es que quiere matarme- Reconoció rasgándose las vestiduras. Respirar con normalidad era cada vez más difícil.
“Tengo que levantarme, no puedo perder. Debo ganar a Gravitta”, se mentalizó haciendo un gran esfuerzo. Entonces notó que una nueva energía comenzaba a fluir en su interior y un aura amarilla rodeó su cuerpo.
-Al fin despiertas un poder distinto. Estaba deseándolo- Se sinceró Taipei. Una balanza se dibujó en la cabeza de Eliart y éste se puso en pié, fruto de su emociones y sin vacilar.
Eliart invocó a su nuevo poder.
-¡Adelante, Libra!- Se alzó con seguridad el líder de los I-Men.
Una enorme balanza, del tamaño de una persona, hizo su aparición. La balanza estaba conformada por dos platos, cada uno inclinado hacia un contendiente. En el plato inclinado hacia Eliart, aparecieron dos bolas: una gran esfera blanca y una diminuta esfera negra. En el otro plato, inclinado hacia el poderoso Wakabahashi, la esfera blanca ocupaba aún más espacio y había un diminuto punto negro. Las esferas blancas comenzaron a experimentar una tensión respecto a las negras, comenzaron a mezclarse, quedando las esferas negras prácticamente diluidas en unas densas bolas blancas. No obstante, la balanza se inclinó a favor del maestro, cuya esfera tenía un mayor tamaño.
-¿Y esto que querrá decir?- Comentaron al unísono.
-¡Luz de Justicia!- Se oyó desde la balanza. Una fuerte corriente de energía luminosa de tonalidades amarillas fue en dirección a Wakabahashi. Iba a una velocidad estrepitosa, de manera que le cubrió rápidamente el cuerpo. El maestro sintió cómo sus músculos se endurecían, su mente se aliviaba y, sobre todo, su poder aumentaba. Estaba rebosante de energía y podía sentirlo con toda claridad. El aura blanquecina le cubría por entero.
Eliart estaba boquiabierto. ¿Qué podía significar aquel poder? ¿Por qué la luz no había golpeado a su rival? Normalmente los signos no eran tan complejos. El asiático sonrió a su alumno.
-Vaya, vaya, vaya. Con que este es el poder de Libra, ¿eh? Tiene un potencial extraordinario, no esperaba menos, la verdad. ¿Entiendes lo que ha sucedido?
Eliart dudaba. Miraba todo el rato a la balanza, que aún se mantenía inclinada en dirección al maestro. Convencido de haber entendido el poder de Libra, el maestro se lanzó hacia el I-Men y le asestó varios golpes seguidos, alternando puños y patadas imbuidos en aquella intensa luz. Aunque puso todo de su parte, el I-Men no pudo hacer nada para esquivarlos. Eran golpes más fuertes y rápidos que los que había experimentado luchando contra su maestro. El maestro frenó tras una breve demostración, dejando al líder exhausto.
-Creo que ya lo entiendo- Afirmó Eliart en voz alta.
-Te escucho, a ver si piensas lo mismo que yo.
-Cada plato tiene dos esferas en cada caso, una blanca y una negra, de tamaños diferentes. Puesto que la balanza simboliza la justicia, podrían significar cómo es nuestra alma, nuestro interior. Puesto que los dos tenemos buenas intenciones y buen corazón, la esfera blanca era mayor que la esfera negra en cada caso. Tú, que eres sabio y anciano, y curtido en hacer el bien, tienes tan sólo un diminuto punto negro. En cambio yo tengo algunas dudas más.
-Bueno, tampoco te pases con lo de anciano...- El I-Men prosiguió exponiendo su teoría.
-El caso es que por eso, cuando las esferas luchan, ganan las blancas. Pero como tu alma es más pura que la mía, como eres más bueno que yo, la Justicia te premia a ti con su poder. Es decir, que el signo no beneficia al portador, sino al que se lo merece, a juicio de Libra.
-Al juicio de las Estrellas- Corrigió el maestro señalando el cielo- No suelen equivocarse. Sin duda es una habilidad increíble. Es posible que sea algo parecido a eso que planteas, sí. Yo he pensado lo mismo. Pero bueno, podrás comprobarlo cuando luches con Gravitta. Seguramente contra él si que te beneficiará y te dará un extra de poder. Siéntete orgulloso, has despertado un signo poderoso.
Eliart bajó la cabeza con una sonrisa entrecortada. Por una parte estaba contento por haber despertado a Libra, pero contra su maestro era un signo que le perjudicaba. ¿Cómo podría derrotarle ahora? Había dado lo mejor de sí y aún no era suficiente.
-Respóndeme a una última pregunta, querido alumno. Esta es más sencilla que la anterior- Eliart asintió mientras se ponía en guardia, ya que el maestro estaba dispuesto a atacar- ¿Crees que Irons te traicionó? ¿Crees que fue un acto de maldad?- Expuso el asiático. Eliart se retorcía entre varios pensamientos.
-Umm. Me sentí vilmente traicionado. Pero él no tiene la culpa de lo que yo sienta. Desde luego, considero una mala acción dejar a tus compañeros de lado por sentir que los otros van a ganar. Pero sé que Irons no quería traicionarnos. Sencillamente le faltó confianza en nosotros y puso por delante su deseo de sobrevivir. Lo sé desde la batalla con Arcángeles- Concluyó el I-Men- Es algo que me cuesta olvidar, pero no le guardo rencor por ello.
-Bien, pues ya estás casi listo. Falta lo más difícil- Eliart le miró con cara de incrédulo. Estaba rendido- Invocaré al Dragón, el signo más poderoso que domino. Hace mucho tiempo, un hombre logró superar a la Voluntad de Dragón por unos instantes. Fue increíble. El Dragón me aporta el poder que me necesite durante un minuto. Si necesito vencer a un hombre más fuerte que yo, me da fuerza suficiente. Si necesito ser más rápido, me da velocidad. Responde a mis necesidades, a mis deseos. Pero tiene el inconveniente del tiempo. Es difícil ganar a alguien en un minuto aunque, si te digo la verdad, casi siempre que lo he utilizado he salido victorioso al cabo de un rato. Gracias a él, en mis tiempos, he logrado hasta volar.
El I-Men estaba fascinado. Si había algo que envidiaba en el poder de Celestina era que pudiese surcar los cielos. Nada le daría más libertad.
-Tu tarea es paliar la Voluntad de Dragón, aunque sólo sea durante unos instantes. Eso demostrará que estás preparado para volver al juego.
-P-pero. ¿Eso no será demasiado?- Se preocupó el I-Men, que no sabía hasta que punto lo lograría.
-No tienes por qué lograrlo a la primera. Le pediré al Dragón fuerzas suficientes para dejarte paralizado del golpe varias horas. Si fallas, en varias horas deberás pararme. Confía en tu fuerza, confía en tu espíritu. Supera al Dragón- Propuso con vehemencia. Eliart se preparó. Un gigantesco dragón cubrió toda la espalda del anciano. Frente con los otros tatuajes, que no se borraban hasta finalizar el combate, era sin lugar a dudas el más grande de todos. Un aura roja hizo brillar todo su cuerpo. Un dragón rojo de su tamaño le rodeó el cuerpo durante unos segundos. Eliart se lanzó sin miedo hacia el dragón, valiéndose del impulso del León. “Te frenaré. Tengo que hacerlo. Pararé la voluntad de Dragón”, reflexionaba.
-¡Voluntad de Dragón!- Gritó el maestro sintiendo la adrenalina. Sus músculos se fortalecieron considerablemente. Eliart cargó con todo, pero el dragón se impuso. La batalla se desarrollaba a varios metros de altura, impulsados ambos por su velocidad. Un increíble poder se concentró en el puño de Wakabahashi y Eliart lo sintió como si se tratase de varios disparos. Definitivamente no era capaz de mover sus articulaciones. El maestro le soltó y Eliart cayó al suelo dejando tras de sí un inmenso cráter. El líder no podía creerlo. Estaba prácticamente fuera de sí.

-Tendrás otra oportunidad. Concéntrate, Eliart. No lo hiciste tan mal. En unas horas volveremos a chocar los puños- En el cráter, el I-Men sentía que su cuerpo se iba recuperando poco a poco. Pero todavía no podía levantarse ni empleando todas sus fuerzas.