Demongirl desenvainó su espada al tiempo que la mujer
que se hacía llamar Lilith. El arma de esta última era una
estilizada katana de origen japonés. La I-Men sonrió al verlo. “Con
un arma tan delgada seré capaz de atravesar sus defensas”,
pensaba. Se lanzó sobre ella mientras enarbolaba su espada.
-¡Toma!- Lanzó un tajo directo al vientre de la
rubia, que de un salto esquivó su ataque. Demongirl se sorprendió,
pero levantó de nuevo su arma, justo a tiempo para bloquear el
contra-ataque.
La morena puso algo de distancia al tiempo que invocaba
su espada de fuego con la mano libre, parecía que aquella mujer le
daría algo de guerra. Lilith ni siquiera pestañeó ante la segunda
espada de su rival. De hecho se lanzó de cabeza contra ella, su
katana se convirtió en un destello plateado y mortal. Usando ambas
espadas Demongirl fue capaz de detener la acometida, pero entonces
vio como la otra sonreía.
-Así no me detendrás- Susurró. Entonces los brazos de
la rubia se tensaron y su musculatura aumentó de manera exagerada.
Ante el despliegue de fuerza la I-Men no pudo hacer nada, salió
lanzada hacía atrás, golpeando la roca de la caverna y quemándose
la espalda. Lilith se irguió y miró con despreció a la chica- ¿Y
con esa fuerza pretendes ganarme?
Demongirl esperó unos segundos en el suelo para
recuperarse del impacto. -´Los reflejos de esta tía no son nada
malos, tal vez debería pensar ir más en serio, me dejaré de
juegos´-, meditaba. Se incorporó mirando a su contrincante, alzó
ambas espadas y volvió a la carga. La rubia sonrió al tiempo que
chocaban espadas. Las armas liberaban chispas con cada impacto.
-¡Ahora!- La espada incandescente emitió un brillo
rojizo al tiempo que se prendía, tomando por sorpresa a Lilith.
Demongirl comenzó entonces un furioso ataque combinando el poder de
sus espadas y su agilidad. La otra sacó una de sus pequeñas dagas y
se valió de sus propias armas para frenar a la I-Men. La I-Men veía
como lograba pararla poco a poco, así que dejó que la furia viniera
a ella. Las escamas negras cubrieron su mano derecha y comenzaron a
subir por el brazo. Los ojos de la morena se pusieron rojos- ¡Prueba
la fuerza del demonio!
El fuego de su espada se hizo más intenso, notaba como
la fuerza aumentaba con cada pulsación. Lilith no se amedrentó,
interpuso su katana entre ambas y sus brazos se hincharon de nuevo,
obteniendo unos músculos enormes. Y Demongirl fue detenida de nuevo,
para asombro de ella misma.
-Vaya, vaya, tienes un poder interesante ahí- Dijo
Lilith al tiempo que se deshacía de la I-Men. Entonces envainó su
katana y guardó su daga. La rubia estaba mirando fijamente los ojos
de la morena, intentando ver algo más allá- Ya veo, esto debe ser
cosa de Cerebro.- Cayó finalmente, aclarando sus dudas sobre por qué
estaba en aquel lugar.
-¿Qué?- Demongirl se quedó de piedra, mirándola. ¿No
se suponía que sus maestros estaban ya preparados para entrenarles?-
No entiendo, ¿tú eres mi maestra, entonces?
-Bueno, no sé exactamente que te habrán dicho- Comentó
Lilith mientras la miraba de aquella manera tan fulminante- Pero me
da bastante lástima lo débil que eres. Y lo mal que usas tu sangre
demoníaca- Parecía reflexionar- Cerebro ya me había advertido que
tal vez me pediría ayuda, pero no imaginé que sería tan pronto, y
menos aún para entrenar a una mocosa como tú.
-Oye, basta ya de meterse conmigo. Contestó Demongirl,
airada- Puede que seas más fuerte que yo, pero nadie nace sabiendo,
¿o acaso siempre has sido tan poderosa?
-¿Yo? Sí, claro- Bromeó Lilith- Bueno, no sé
exactamente como habrá hecho Cerebro para traerme. Lo más probable
es que yo sea solo una copia creada a partir de la original... Pues
estaba en la Tierra antes de ser traída aquí.
-¿Vives en la Tierra, dónde?- Preguntó la I-Men,
ansiosa por saber más.
-Yo... no puedo decírtelo- Lilith parecía luchar en su
interior- Creo que Cerebro aún no cree que estés preparada para esa
información. Porque de alguna manera, no puedo recordarlo.
Demongirl se mordió el labio inferior. ¿Con que esas
se traía Cerebro? “Si no quiere que sepamos toda la información,
será porque tiene algo que ocultar, pero... ¿el qué?”. Ella no
se fiaba nada de aquel tipo, en la Tierra no pudieron conocerle, y
ahora después de tanto tiempo descubrían que era una especie de
líder que luchaba de manera clandestina contra los organizadores del
Juego. Y de manera totalmente independiente había sido capaz de
introducir a unas entidades en el Juego, exclusivamente para que
entrenaran con ellos y se hicieran más fuertes. ¿Por qué? ¿Qué
intenciones escondía? Era evidente que quería usar la fuerza de los
I-Men para sus propósitos. Demongirl agitó la cabeza. “Ahora
mismo da igual, estoy aquí, y usaré a Cerebro y todos los medios
que me de para hacerme fuerte... Y luego ya veremos si decido
ayudarle”, decidió.
-Bueno, entonces puedes llamarme maestra, si te hace
ilusión- Dijo Lilith al tiempo que desenvainaba de nuevo su katana-
Pero no te piensen que voy a ser blanda o algo así. No se me da bien
enseñar, así que tan sólo pelearemos hasta que seas capaz de
dominar tu forma demoníaca. Ya eres fuerte, ahora lo que necesitas
es experiencia, es entender tu poder.
-Perfecto, sin complicarse la vida... ¡directos al
grano!- Contestó la morena mientras agitaba las espadas en sus
manos.
Gaia ahora estaba en forma de árbol. A través de
numerosos viajes por el árbol blanco de hojas multicolor, fue capaz
de sincronizar sus sentimientos con la naturaleza. A partir del día
en que lo descubrió pasaba las mañanas dentro del árbol, por la
tarde luchaba contra Hiedra y antes de dormir meditaban, cada día en
un lugar distinto. Sin embargo aquella mañana, su maestro se
encontraba frente al árbol blanco. Parecía estar durmiendo, pero
Gaia había aprendido mucho de él, y sabía que seguramente se
estaría preparado para atacarla.
Así fue. Cuando estuvo los suficientemente cerca,
Hiedra lanzó una raíz bajo la I-Men, pero esta la esquivó sin
problemas.
-”Bien, bien. Desde luego ya eres otra persona
totalmente distinta.- La halagó su maestro, hablando a través de la
naturaleza, mientras la miraba.”- “Veo también que ya controlas
la forma de árbol, no está mal. Noto tu fuerza fluyendo por todo el
ecosistema.”
-Todo es gracias al entrenamiento... ahora me siento
fuerte.
-Y lo eres, has despertado tu poder real, ahora ya no
solo trabajas por el bien de la naturaleza. Ahora trabajas con la
naturaleza- Contestó Hiedra con su propia voz mientras se levantaba.
Gaia sabía que su maestro solo utilizaba su propia voz cuando quería
decir algo importante, así que se tensó, preparada para escuchar
- Hoy ya no tengo más pruebas para ti, Gaia. Hoy tengo
un regalo que ofrecerte, si eres capaz de tomarlo, claro- La rubia
asintió. Estaba ansiosa- Cuando entre en el árbol de nuevo, este
decidirá si estás preparado. Será la última vez que nos veamos,
has crecido mucho. Cuando llegaste aquí solo eras un brote torcido,
y ahora eres un fuerte roble.
Hiedra la abrazó, cosa que sorprendió mucho a la
I-Men. Entonces se dio cuenta de que estaban despidiéndose.
-¿No te volveré a ver? ¿Dónde vives, maestro?-
Preguntó ella, preocupada.
-Yo ya no vivo Gaia- Contestó él, solemne- Esto es una
despedida, Cerebro ya ha usado los recuerdos que tenía de mí. Ya no
queda nada. Ahora entra, el tiempo se agota.
Las lágrimas acudieron a los ojos de la chica.
Realmente Hiedra había sido un gran maestro, en todos los sentidos.
Era la persona que mejor le había comprendido en toda su vida y
realmente lamentaba mucho tener que alejarse de él. Pero ahora sabía
que la vida era así. Las cosas llegaban y se iban, tenía que
aceptarlo. Se limpió los ojos y asintió, decidida. Había gente que
la necesitaba. Aún en forma de árbol penetró en el tronco blanco y
de inmediato la oscuridad se apoderó de ella. No miró atrás, pero
sabía que Hiedra ya no estaba allí.
Sintió como regresaba a su forma humana, el árbol no
quería que se presentara ante él con una forma que no fuera la
suya. Gaia notó que aquella vez estaba penetrando realmente profundo
dentro del hueco, hacia el centro del árbol. Hacia su corazón. Poco
a poco la luz llegó desde el final del túnel, y la chica se
encontró en un bosque. Espesa era la vegetación alrededor, dejando
solo un pequeño sendero que seguir. A los pocos metros el sendero se
abría, dejando un hueco en la arboleda. En el centro se hallaba un
tocón blanco bañado por un haz de luz. Gaia sintió que aquel tocón
era el corazón roto del árbol blanco, así que fue a sentarse sobre
él.
Mientras meditaba sobre el tocón, el árbol comenzó a
enviarle una vorágine de sentimientos. Gaia comprendió que se
trataba de una especie de confesión. Abriendo su espíritu aceptó
todas las sensaciones, haciéndolas parte de ella, y luego dejándolas
ir. Cuando el árbol blanco hubo terminado, una voz resonó en la
mente de la chica.
-“Estaba ya ansioso por poder comunicarme contigo,
Gaia- La rubia dio un ligero respingo. La voz del árbol era
cristalina y reverberante, como un millar de voces en una- Mi nombre
es Vanaheim. Como te explicó Hiedra existo en esta dimensión desde
tiempos inmemoriales, y seguiré existiendo. He visto crecer la
primera brizna de hierba, y he visto perecer mundos y tiempos
enteros. Sin embargo tu eres una de las pocas que ha llegado tan
hondo dentro de mí, por eso te daré una parte de mi poder, para que
defiendas el orden de las cosas allá donde vayas”.
Uno de los nudos del tocón comenzó a retorcerse. Gaia
emitió un aura verde y alimentó con su energía al corazón de
Vanaheim, pues sentía que no podía simplemente tomar algo sin dar
nada a cambio. El nudo creció en tamaño y comenzó a tomar forma.
Al mismo tiempo la energía de la chica era drenada. Cuando Gaia
abrió los ojos se encontró con un cetro blanco y nudoso, hecho de
madera del tocón. Se encontraba erguido sobre la tierra, frente a
ella. Era el regalo de Vanaheim, un cetro hecho con la madera de su
corazón, e imbuido con su energía. La rubia se levantó por fin y
sostuvo entre sus manos el cetro.
-“Ahora marcha, joven. Aún queda mucho que escribir
sobre tu destino...”
-Gracias, Vanaheim.
Gaia salió del árbol, y mientras lo hacía un círculo
verde y diminuto aparecía en su frente. Cuando salió no encontró a
Hiedra, como era de esperar.
-Bueno, ya estoy lista. Ahora solo tengo que encontrar
la puerta y volver con los demás- Se dijo a sí misma, segura y
llena de confianza.
El Guerrero Celeste caía ahora al suelo, agotado.
Después de mucho entrenamiento logró llegar a desviar los rayos de
mayor nivel de su maestro, incluso con diez de ellos a la vez.
Repitieron también el entrenamiento de velocidad en un par de
ocasiones, y cada vez era más y más rápido. Ahora cada vez que
necesitaba ver el viento, lograba hacerlo en unos instantes, sin
tener que concentrarse demasiado. Sin embargo, aquella última etapa
de su entrenamiento estaba siendo especialmente dura. Thunderman
decía una y otra vez que ya tenía la velocidad y destreza
dominados, que ahora necesitaba centrarse en su resistencia y en
aumentar la densidad de su energía.
Y para ello tenía que soportar los rayos cargados de
poder que le lanzaba su maestro, cosa nada fácil. Thunderman se
elevaba en ese momento, producto de su poder. La electricidad
recorría su cuerpo con una potencia increíble. La energía se
reunía en su brazo derecho.
-Prepárate Celestina, ahí va otro rayo- Dijo, esta vez
sin ningún tipo de bromas de por medio.
-Vale... vamos allá- Contestó el I-Men, visiblemente
cansado. Se levantó del suelo y de manera inconsciente llamó el
viento a su alrededor, que comenzó a arremolinarse sobre él. El
brazo del maestro seguía acumulando energía, se le acababa el
tiempo. Reuniendo toda la energía de la que fue capaz, utilizó el
viento a su alrededor para protegerse, justo cuando el rayo caía
sobre él.
Hubo un destello. El rayo caía sin cesar, Thunderman
estaba exprimiendo toda la energía que tenía.
-¡Aguanta Celestina!- Bramó. El Guerrero se mantenía
en pie, soportando con los brazos en alto todo el potencial del
ataque, que caía directamente sobre él. El viento luchaba contra la
electricidad en un combate sin igual. Durante unos instantes más,
ambas fuerzas colisionaron hasta que, finalmente, Thunderman se quedó
sin energía. Bajó al suelo, exhausto. Celestina estaba de rodillas
en el suelo, jadeando.
-Lo he... logrado... ¡he podido aguantar el rayo!-
Exclamó mientras se levantaba, agotado. Su maestro le dio una
palmada en la brazo.
-Lo has hecho bien, Celestina- Se miraron y sonrieron-
Sin embargo, eso ha sido lo último que podía enseñarte. El tiempo
se acaba, Cerebro no puede mantenernos más aquí, debes volver ya al
Juego.
-Pe-pero...
-No titubees, ahora eres mucho más fuerte que cuando
llegaste a mí. Ahora podrás combatir al lado de Eliart y los demás
hasta el final- Thunderman miró al Sol, que por primera vez desde
que llegaran, estaba poniéndose- Deberías marchar ya, tienes que
llegar hasta la puerta para regresar antes de que el Sol caiga del
todo. Esto es un adiós, me alegra haber podido ser de ayuda incluso
después de morir.
-Muchas gracias por todo, Thunderman. Todo lo que has
hecho no será en vano, lo prometo. Ganaremos el juego de alguna
manera, nos encontraremos con Cerebro y derrotaremos a los que están
detrás de esto.
-Me alegra oírlo- El ex-ganador sonrió y comenzó a
andar mientras se iba desvaneciendo- Adiós, Guerrero Celeste.
-Adiós, maestro.
El I-Men observó como aquel buen hombre desaparecía.
Lo que había dicho no era tan solo un sueño o una esperanza, era
algo que pensaba llevar a cabo. No podía fallar al jugador caído.
Sintiéndose renovado por las palabras de su maestro llamó al
viento, que acudió con furiosa fuerza. Casi de inmediato comenzó a
volar en dirección a la puerta, levantando una nube de arena a su
paso.
-¡Vamos allá, Juego!
Wakabahashi bajaba la cabeza y cuadraba los hombros. En
su espalda el tatuaje del dragón refulgió con fuerza. Un aura roja
e intensa cubría al maestro, intimidando a Eliart. El líder
observaba el impresionante despliegue de poder de la voluntad del
dragón por segunda vez, y era impresionante.- ´Esta vez tengo que
detenerlo, es mi prueba definitiva, la muestra de todo lo que he
crecido durante este entrenamiento. Debo demostrar que soy el
verdadero líder de los I-Men. Debo demostrar que los demás pueden
seguirme.´-Pensaba mientras veía como el anciano maestro le miraba
con picardía.
-¡Voluntad del Dragón!- Wakabahashi cargó a una
velocidad increíble, levantando polvo a su paso. Eliart había
fallado antes, pero no lo haría de nuevo. Sin invocar ninguno de sus
signos levantó ambos brazos, dispuesto a parar a su maestro.
-¡Ahhh!- Exclamó el I-Men en el momento en que
Wakabahashi impactó contra él. Las manos de ambos se encontraron en
el aire y presionaban el uno contra el otro. Al principio el empuje
del maestro era imparable, arrastraba a Eliart sin que este pudiera
hacer nada. Pero a los pocos segundos la cosa cambió.
“Tierra”, pensó Eliart. “He escalado todos los
días la ladera de una montaña, sin descanso. Cada día al amanecer
he ascendido, más y más. Ahora mis brazos tienen la fuerza de la
montaña”, meditaba. El maestro poco a poco dejó de empujar, ahora
no podía arrastrar a Eliart. Wakabahashi sonrió he hizo fuerza con
los brazos y con los músculo de su cuerpo. Se sobrepuso a su alumno
y usando su fuerza le aplastaba hacía el suelo.
“Agua”, pensó esta vez Eliart. “Cada tarde he
peleado mano a mano con mi Maestro. Bajo la presión de perder la
poca comida que podía conseguir, siendo hostigado por sus dudas. Por
mi petición hacía el Guerrero Celeste. Por mi ambición de
convertir a Gravitta. Por mis sentimientos y mis dudas hacía Gaia.
Pero ahora lo he superado, no dudaré. Venceré”. Con esos
pensamientos, la fuerza de Eliart pareció crecer, al estar sus
sentimientos en consonancia con él. Usó esa fuerza y recuperó el
terreno perdido, levantando la presión de Wakabahashi. Ahora se
encontraba mano a mano, igualados.
“Fuego”, fue él último vértice del triángulo en
el que pensó. “Día tras día llegaba exhausto. Y día tras día
peleaba a pesar de no tener fuerzas ni para levantar un tenedor. Y a
pesar de todo en ningún momento me he rendido, no he cejado en mi
empeño. Y he superado cada prueba que se me ha presentado”. Un
leve aura blanca envolvía ahora a Eliart, sus ojos resplandecían de
pasión. “Ahora mismo nadie puede decir que mi espíritu no sea
como un fuego ardiente”, pensó al tiempo que empujaba ligeramente
a su maestro. Con una explosión de poder empujó y las manos de
ambos se separaron, echándolos atrás unos pasos.
El aura del Dragón se apagó. Wakabahashi miraba a
Eliart como nunca lo había hecho antes. El líder se miró las manos
llenas de cayos, impresionado por lo que acababa de pasar. Aunque
fuera durante unos instantes, había detenido la voluntad del Dragón.
-Yo...
-Lo has hecho, sí- Dijo Taipei sonriendo. Se acercó a
Eliart y posó su mano sobre el hombro de este- Lo has logrado, estoy
orgulloso. Eres el mejor alumno que he tenido nunca, no lo dudo.
-Yo... Gracias, Maestro- Logró contestar el joven
mientras hacía una reverencia.
-Levántate muchacho, aún me quedan algunas lecciones
que puedo darte antes de que te vayas. Esta oscureciendo, ¿qué te
parece si cenamos algo?- Comentó el anciano alegremente. Eliart
sonrió, algo le decía que esta vez le esperaba algo distinto. Y así
fue. Juntos cocinaron y al cabo de una hora tenían ante ellos una
cena espectacular.
Una fuente de arroz con especias estaba en el centro. A
los lados había platos de carne y pescado por igual cocinados de
manera elaborada. Eliart sabía que la mayoría de lo que veía era
de origen asiático, pero no era capaz de ponerle nombre a los
platos. Había numerosas salsas dispuestas, e incluso una pequeña
jarra de sake caliente, que el I-Men sí reconoció.
-Comamos, Eliart- Dijo el maestro, y ambos se armaron
con sus palillos. Por supuesto, no tardaron en dejarlo todo limpio
como una patena. Eliart se disponía a dormir, pero Wakabahashi lo
detuvo.- Salgamos a la noche, joven alumno. Hoy quiero hablarte de
algo bajo las estrellas.
Juntos fueron hasta la cima de la montaña, que no
quedaba lejos. Allí les recibió una piedra gris y plana desde la
que se dominaba la alta montaña y los valles lejanos. El I-Men
divisó la inmensa llanura por la que había venido. Parecía tan
lejano. Wakabahashi se sentó en la piedra y cruzó la piernas,
meditando. Eliart no se sorprendió, y de hecho imitó a su maestro.
Así pasó el tiempo. El viento los azotaba, y les llevaba esencias
de la naturaleza que los embriagaban. La caricia del viento, a pesar
de ser fuerte, era al mismo tiempo delicada, como la mano de un
amante. Eliart se dejó llevar por las sensaciones, relajando el
cuerpo. Las últimas semanas de entrenamiento se interiorizaban en su
alma. Todo lo aprendido con Wakabahashi había sido una experiencia,
dura pero reconfortante. Cuando ya se había olvidado de por qué
estaban ahí, su maestro habló.
-Hoy, Eliart, has hecho que me emocione- Comenzó. El
líder sabía por el tono de su maestro que no debía interrumpirle,
así que aguardó con paciencia- Hacía mucho que alguien era capaz
de frenar el avance de la Voluntad del Dragón. En cierta manera me
has enseñado algo, y eso es un hecho sorprendente. La vida es algo
sorprendente, y debemos preservar su esencia pura. Te preguntarás
por qué te explico todo esto...
>>¿Alguna vez te has preguntado de dónde nacen
esos poderes? Supongo que no te sorprenderás si te digo que hace
mucho tiempo, no existían. Los humanos éramos sólo eso, humanos.
Me acordé de esta leyenda cuando te conocí, la Leyenda del Maestro
del Zodiaco Original. Como te he dicho nadie tenía poderes en la
antigüedad, era una época oscura, el lado más cruel y violento de
la humanidad estaba libre, como una bestia sanguinaria. Del espíritu
de alguien noble surgió por primera vez lo que hoy conocemos como
“poderes”. El se valía del poder místico de las estrellas, de
las constelaciones, y lo hacía suyo. Su nombre era Eliart, y llegó
a dominar el poder increíble que estaba a su alcance.
>>Eliart fue descubierto cuando era pequeño por
agentes del emperador de su pueblo originario. El emperador decidió
usarlo como un Guerrero excepcional. Sin embargo, el noble espíritu
de Eliart pronto se rebeló contra aquello. Él decidió que no
pertenecía a ningún pueblo, pertenecía a la humanidad. Como te he
dicho fue el primero, pero a partir de entonces otras personas
desarrollaron estos poderes, y pronto la humanidad quiso usarlo como
una nueva arma de destrucción. Sin embargo Eliart se convirtió en
un héroe, pues detuvo los conflictos más importantes, detuvo a las
personas que usaban de manera irresponsable su poder y logró una paz
momentánea. Pero sabía que tarde o temprano alguien usaría esos
poderes en el nombre del mal, del egoísmo, la codicia o el odio. Y
si él no estaba, ¿quién salvaría a los pobre humanos sin poderes?
>>Fundo entonces la Orden de los Espadachines, de
la que se erigió líder. Y paralelamente apareció el Oráculo, una
formación sin ningún tipo de afiliación, que heredarían el legado
de Eliart. El Oráculo se compuso por tres personas
extraordinariamente fuertes, ajenas a la Orden y solo siendo
superados por Eliart. Una vez asegurado el porvenir de la humanidad
ocurrió algo terrible. El joven héroe que había librado a todos de
un destino oscuro, murió. Joven, poderoso y en plena época dorada.
Afortunadamente la Orden y el Oráculo han logrado mantener la paz...
Hasta la llegada de ellos.
-¿Ellos?- Esta vez Eliart no pudo contenerse. ¿Quiénes?
-Lo que te acabo de contar es una leyenda, sin embargo
contiene una parte de verdad innegable. Y si es así, ¿no te parece
que lo que te he dicho choca contra lo que está sucediendo?-
Inquirió el maestro. Eliart dudó
- El Juego, chico. El Juego es a todas luces algo contra
lo que Eliart estaría totalmente en contra. Si es así, ¿por qué
la Orden o el Oráculo no lo han detenido?
-¿Tal vez esa parte de la leyenda es mentira?- Propuso
Eliart, aunque sabía que estaba equivocado.
-No, esa parte es verdad. Existen, pero no han podido
detenerlos... El Juego...- Wakabahashi se atragantó. No podía
seguir hablando- No puedo revelarte más. La cantidad de información
que Cerebro me permite contarte es muy restringida. No querrá daros
más de la necesaria, apuesto a que espera el momento en el que
estéis preparados para saberlo todo. De hecho, conociéndole, querrá
reunirse con vosotros en cuanto exista una oportunidad.
-Si ha podido traer al Juego a Northern Sage y nos ha
permitido dimensiones alternativas a todos para reunirnos con un
grupo de gente como tú... ¿Cómo es que no es capaz de acercarse a
nosotros igual de fácilmente?
-Piensa antes de hablar, joven- Le recriminó
Wakabahashi- Es evidente que no puede. La presión sobre él es
enorme. No te imaginas hasta que punto. De manera metafórica y
literal es el Cerebro, que planea la caída de los GM. Si él mismo
viniera a veros casualmente al Juego, ¿qué crees que pasaría?
¿Acaso no crees que estará ahora mismo siendo buscado de manera
exhaustiva?
-Ya, ya entiendo...- Murmuró Eliart, confuso. Las
revelaciones que le ofrecía Wakabahashi eran increíbles. Se
preguntó cuanto de esto debía compartir con sus I-Men.
-A pesar de todo he podido contarte mucho más de lo que
esperaba...- El Maestro sonrió, se veía muy contento- Esta copia
mía es muy barata. Mi verdadero poder es mucho mayor, incluso he
logrado sobrepasar un poco la restricción que me impuso Cerebro. No
debes quedarte con lo que yo te diga, vive por ti mismo Eliart,
acumula toda la experiencia que puedas y gana este terrible Juego,
salva a tus amigos. Y encuéntrame en la Tierra. Sigo vivo, y te
esperaré.
-¿Dónde estás?
-No puedo decírtelo, pero estoy encerrado. Por así
decirlo. Cuando nos encontremos... lo entenderás todo. Ten, lleva
este libro contigo. Presiento que en algún momento te será de gran
ayuda. Versa sobre la leyenda que te acabo de confiar- Wakabahashi
miró la horizonte. El Sol se elevaba poco a poco- Ha llegado la
hora. Debes volver al terrible Juego. Reúnete con tus compañeros.
-Sí- Eliart se levantó mientras que su maestro comenzó
a volverse transparente- Muchas gracias por su adiestramiento. Le
buscaré.
Con una reverencia el I-Men bajó de la cima, dejando
atrás la piedra. Wakabahashi lo vio marcharse mientras una lágrima
le bajaba por la mejilla. “Ojalá no tuviera que colocar sobre tus
hombros tanta presión, pero cuento contigo”, pensó mientras
desaparecía en el aire.
El Capitán estaba sudando a mares. Por fin había
acabado con su entrenamiento de las dianas. Llevaba días y días
aporreando dianas, había llegado a perfeccionar esa terrible técnica
de concentrar sus golpes. Y oh, Dios mío, como apestaba el traje a
sudor. Cada movimiento era una agonía. Al principio cincuenta kilos
le parecieron una tontería, así que a los dos días pidió a Dayana
que le cambiara el traje. Ella accedió y le puso uno de doscientos
kilos. Teniendo en cuenta que él levantaba coches y los lanzaba como
si fueran piedras, no parecía mucho peso, pero después de tantos
días comenzaba a ser algo realmente molesto. Porque ya no era solo
una cuestión de músculo, su agilidad se había visto mermada, e
incluso cada respiración era una lucha con un traje tan pesado.
Aquella tarde su maestra le había propuesto un tipo
distinto de entrenamiento. El vasco se preguntaba de qué podía
tratarse, pues intuía que no le quedaba mucho tiempo. La rubia le
llevó hasta lo alto de la colina donde se conocieron. El Capitán
recordó que se enfrentaron y que él salió bastante mal parado. La
chica se giró y le miró.
-No nos queda mucho tiempo, Cerebro no puede mantenernos
más aquí- Comenzó- Por eso creo que ha llegado la hora de
demostrar si tu entrenamiento ha servido para algo.
-Entiendo...- El I-Men sonrió, él mismo entrenaba
chavales en su tierra, así que podía predecir qué es lo que haría
ahora Dayana- ¿Quieres pelear, eh?
-¡Muy bien! Lo has adivinado, así que te llevas un
premio- Respondió ella sonriente. Pero la cara le cambió en un
segundo- ¡Un puñetazo!
La chica salió disparada contra el Capitán, que apenas
tuvo tiempo de cubrirse con el brazo izquierdo. De inmediato echó de
menos su escudo, pues el puñetazo de su maestra era como una bola de
demolición. Mañana tendría un moratón enorme. Pero Dayana no
detuvo su ataque, realizó una finta que acabó en una patada directa
a la barbilla del Capitán. El vasco logró verla justo a tiempo y se
apartó por los pelos. El traje realmente estaba siendo una molestia,
pero no podía quejarse, era parte del entrenamiento. -´Ha llegado
la hora de poner lo que he aprendido en práctica, ¡vamos allá!´-
Pensó el I-Men, quien llamó a su Furia Vasca. El aura roji-blanca
acudió rápido y con fuerza. Gracias a todo el tiempo que había
pasado con ella activada, ahora podía controlarla mucho más
fácilmente.
-¡Toma esto!- Estaba acostumbrado a pelear sin el
traje, por eso se sorprendió cuando no alcanzó a Dayana. Realmente
era una molestia. “No, no puedo echarle la culpa al traje, soy yo,
que soy demasiado débil. Necesito más fuerza”, meditaba.
-Creo que me pondré seria, ve a por tu escudo si no
quieres morir aquí- El Capitán pensó en soltarle alguna
bravuconería, pero entonces sintió el aura de su maestra. Ella
comenzó a emitir una intensa energía amarilla que la envolvía como
si fuera plasma. Ante tal muestra de poder el vasco se olvidó del
orgullo y recogió su escudo. La rubia sonrió- Vaya, pero si mas has
hecho caso.
-Bueno, a los rivales fuertes los enfrento con todo mi
poder. ¡Ven!
Dayana voló sobre la hierba, sorprendiendo a su alumno,
quien interpuso el escudo casi por instinto. El puñetazo de ella
explotó con fuerza, haciéndole retroceder. Aprovechando que ahora
el vasco contaba con menos visión, debido al escudo, se situó a su
espalda, lanzando un nuevo directo. Pero el Capitán ya empezaba a
leer en los patrones de su maestra, pues por algo era un luchador
experto. Se giró justo a tiempo y desvió su ataque con la mano
derecha.
La furia vasca se arremolinó en torno a la mano derecha
del Capitán, que atacó utilizando toda la velocidad de la que fue
capaz. Dayana usó su poder para aumentar la velocidad y logró
evadirlo. El puñetazo fue tan impresionante que un pedazo del aura
roji-blanca se desprendió, chocando contra la tierra y haciendo que
explotara.
“¿Qué ha sido eso?”, se preguntó el hombre
mirándose la mano. “Mi aura... ha salido disparada, como si cuando
la concentrara se convirtiera en un proyectil”. La maestra le
habló.
-¡Genial! Esa era la técnica que quería enseñarte-
Explicó ella- No es raro que los luchadores como nosotros, fuertes,
rápidos y con grandes reflejos desarrollemos auras de poder. Cada
una tiene su propia naturaleza, pero guardan elementos en común.
Durante esta semana y media has estando casi permanentemente
usándola, lo que te permite usarla más y mejor, y cansándote
menos.
>>Y con el entrenamiento de las dianas ahora tus
puñetazos son mucho más fuertes. Además la chaqueta ha entrenado
tu resistencia a nivel global, haciéndote más fuerte. Lo único que
quedaba era que desarrollaras el disparo de aura. Ya empezaba a
preocuparme porque no te salía, hasta que me di cuenta de que como
mejor se aprende... es en un combate.
El Capitán sonrió a su maestro. Ahora lo entendía
todo. Entonces Dayana concentró su aura en el brazo derecho, al
igual que el vasco.
-Vamos a disparar nuestras auras ahora... Me contendré,
pues de lo contrario no tendrías opciones... pero...
-¿¡Qué!?- Exclamó el vasco- ¡No te contengas! ¿O
crees que no estoy a la altura? Lánzame el mejor disparo de aura que
puedas, ¡vamos!
-Muy bien, no te subestimaré- Dayana parecía
sorprendida- Si vences a mi aura, habrás superado el entrenamiento
con un diez. ¡Toma!
Estaban a varios metros de distancia cuando lanzaron sus
puñetazos al aire, simultáneamente. El Capitán sabia que el aura
de Dayana era mucho más potente. Pero él cargaba demasiadas cosas
sobre sus hombros, no podía permitirse el lujo de perder. Era el
precio de hacerse llamar “Capitán Vasco”. Ambas auras salieron
disparadas, colisionando en el aire.
-¡Ahhh!- Exclamó el I-Men, haciendo estallar su aura.
Su disparó se abrió paso a través del de su maestra, que lo
esquivó a duras penas. El disparo voló directo hasta el árbol que
había en la cima de la colina. Impactó contra este y lo partió por
la mitad con un estallido.
-¡Oh!- Dijo la rubia- ¡Muy buen disparo! Sin duda has
crecido mucho.
-Mierda- Contestó él- Gaia me mataría si supiera lo
que acaba de pasar...
-¿Qué?- Preguntó la maestra, pero él negó con la
cabeza. Ahora que se había acordado de sus amigos se dio cuenta de
que los echaba de menos.
-No es nada...- Susurró. Hizo además de quitarse el
traje- He de irme ya, ¿no? El entrenamiento ha finalizado.
-Sí... pero no te quites el traje, quédatelo- Dijo
ella al tiempo que se ruborizaba y se acercaba al Capitán- Así
seguirás entrenando siempre. Quítatelo solo si te enfrentas contra
alguien formidable que requiera de todo tu poder.
-Así lo haré...- Dayana se acercó y se puso de
puntillas para depositar un leve beso en los labios de él. El vasco
pensó en su amiga, Ana, pero no se apartó. Sabía que sería la
última vez que vería a su maestra- Yo...
-No digas nada- Se adelantó ella- Yo ya estoy muerta.
Esto solo ha sido un intento de volver a sentir la vida... ya no hay
nada más que puedas hacer aquí. Pero es tu momento. Tuyo y de tus
compañeros. Así que vete
El Capitán parpadeó. Le parecía que la imagen de la
rubia se hacía transparente. ¿Estaba desapareciendo? Sonrió y
levantó la mano para despedirse de ella al tiempo que se giraba.
Quería quedarse con esa imagen valiente de ella.
Las cosas marchaban algo distintas en lo más profundo
de la dimensión infernal. La intrépida Demongirl luchaba con todas
sus fuerzas contra Lilith, pero la rubia era, sencillamente,
superior. Recorrieron durante sus continuas peleas tramos de aquella
cueva ardiente, hasta acabar descansando a la orilla de un lago de
color sospechoso. La I-Men estaba exhausta. Después de cada sesión
de entrenamiento ella y Lilith curaban sus heridas y discutían los
fallos de la morena.
-Has atacado muy pronto- Comenzó su maestra- Atacas con
demasiado ímpetu, con demasiada violencia. Malgastas energía a lo
loco cuando invocas tu poder demoníaco, esperando acabar rápido con
un torbellino de fuerza. Y si bien a veces puede salir como lo
esperabas... muchas veces el rival puede ser capaz de aguantar tu
acometida, y entonces estarás agotada. Como ahora- Lilith le tendió
una de las bolas de arroz y carne que llevaba en su riñonera.
También algo de fruta. Aquella comida hacía milagros, pues le
curaba las heridas con rapidez y le devolvía las fuerzas. El agua
era un problema mayor, pues allí abajo estaba ardiendo. De tal
manera que bebían sopa más que agua.
-Siempre me dices lo mismo, pero no encuentro otra
manera de pelear. Cuando utilizo el poder del demonio simplemente la
furia recorre mis venas. Es la base de mi poder.
-Por un lado sí, tienes razón. No digo que no estés
furiosa. Digo que controles la ira. Una ira controlada te daría
mucho más poder, pues lo usarías bien- Respondió la maestra.
Entonces frunció el ceño- Si no eres capaz de hacerlo tendrás
problemas cuando quieras hacer una transformación completa. Te
consumirás.
-Yo...- Demongirl recordó los últimos momentos de
Llama Helada. Precisamente por perder el control su querido amor
había perdido la vida. De nuevo un sentimiento de furia le nacía en
lo mas hondo del pecho- Lo entiendo.
-Pues venga, sigamos. Creo que hoy puede ser un día
productivo.
Lilith se levantó al tiempo que desenvainaba su katana
plateada. Demongirl se contagió del entusiasmo de su maestra y
desenvainó su espada de fuego. En la otra mano apareció Destello,
la espada luminosa. Ambas se miraron y giraron en torno a la otra,
midiéndose antes de empezar. La I-Men trató de ser paciente,
siempre era ella la que empezaba, dándole algo de ventaja a su
maestra. Pero al cabo de unos momentos no pudo suprimir por más
tiempo sus ganas de pelea y se lanzó blandiendo las armas.
La rubia se agachó y se concentró en bloquear con
elegancia los ataques de su rival. Al tener dos espadas tenía una
ligera ventaja, pero al mismo tiempo su fuerza se repartía entre
ambas armas. Lilith, por el contrario, podía atacar sumamente rápido
con su única katana, destrozando cualquier ataque que le lanzara.
Demongirl en seguida se dio cuenta de que no llegaría a ningún lado
así. Tenía que ir al cien por cien.
-¡Brazos demoníacos!- Pensando en Llama Helada sus
escamas negras acudieron, raudas y obedientes. Desde la punta de los
dedos hasta los hombros las escamas cubrían cada centímetro de
piel, otorgándole fuerza y velocidad. Lilith no se quedó atrás,
sus propios brazos aumentaron el tamaño de su musculatura, para
responder a la creciente fuerza de su alumna.
El intercambio de golpes era incesante. Algunos demonios
las oían batallar y se acercaban, curiosos, pero al ver a semejantes
portentos se alejaban. Sabían que no durarían mucho si se
aproximaban. La I-Men pronto se acostumbró al ritmo de su maestra,
comenzaba a ver sus ataques. Desde la primera vez que usó su poder
había adquirido mucha experiencia, y decidió poner en práctica lo
dicho por Lilith. Decidió controlar su furia. Sentirla, pero sin
dejar que le nublara la vista. Nada más ponerlo en práctica su
mente se despejó, de repente sentía todo con mucha más nitidez.
Era como haberse quitado una venda de los ojos.
La rubia se dio cuenta del cambió experimentado por la
otra, pero no pudo responder a tiempo. Los ataques de Demongirl se
volvieron aún más precisos y potentes, obligándola a retroceder.
No podía detenerla solo con su katana, así que extrajo una de sus
dagas para compensar las dos armas de la morena. Pero entonces la
I-Men elevó su espada y lanzó un destello.
-¡Ah!- Exclamó al tiempo que lanzaba un tajo. Lilith
lo vio llegar e interpuso su daga, pero el filo ardiente de la espada
de fuego la atravesó y le hizo un profundo corte en le pecho. La
maestra utilizó su katana, que emitió un brillo plateado, y se
deshizo con un elegante giro de la espada de fuego.
-Ese corte no ha estado mal...- Lilith se apartó,
jadeando. Numerosos cortes superficiales le cubrían los brazos y las
piernas, producto del furioso ataque de la I-Men. El tajo del pecho
sangraba profusamente, inundando su ropa. Entonces las heridas
comenzaron a humear al tiempo que se cerraban, como si estuvieran
llenas de brasas. Demongirl abrió los ojos de par en par- ¿Creías
que sería tan fácil como simplemente concentrarte un poco? Uno de
mis poderes es la regeneración acelerada, gracias a mi sangre
demoníaca. Vas a necesitar más si quieres hacerme un corte de
verdad.
-Nunca es tan fácil, ¿eh?- La I-Men calculó que aún
disponía de unos pocos segundos antes de que Lilith se curase del
todo, así que cerró los ojos y se concentró. La furia se acumulaba
en su pecho, ardiente y rabiosa. La alimentó como se alimenta un
fuego salvaje, pero esta vez guiándolo para que siguiera sus
órdenes. Como resultado sus piernas comenzaron a cubrirse de escamas
negras. Demongirl abrió los ojos, que ahora eran de color rojo, y
centró su poder en llamar a la Claymore, que apareció a su lado.
-Bonita espada- Comentó la rubia mientras se erguía,
ya curada- Con ese poder que tienes ahora tal vez tenga problemas,
creo que ha llegado la hora de enseñarte algo más de mi poder- La
rubia se concentró y un viento le levantó el cabello, que flotó
alrededor de su cabeza. Unas alas de escamas blancas le crecieron en
la espalda, además de una cola acaba en punta, también blanca. Los
ojos de la maestra pasaron de azul a violeta- Y también...- Llevó
su mano a la espalda y extrajo su propio mandoble. Guardó la katana
al tiempo que blandía con maestría su otra espada, que era tan sólo
un poco más pequeña que la Claymore de Demongirl.
-Vaya, parece que tú también puedes convertirte en
demonio...- Susurró la I-Men. Su maestra soltó una carcajada.
-¡Por supuesto!- Diminutas escamas blancas aparecían
en torno a los ojos de Lilith- Sin embargo mi demonio es muy fuerte,
si me transformase no habría manera de enseñarte nada... porque te
acabaría matando.
-¡Eso ya lo veremos!
Demongirl se impulsó con la increíble velocidad que le
daban sus piernas demoníacas, pero la otra esquivó los ataques sin
problemas. Usando las alas se elevaba y se movía muy rápido,
atacando desde diferentes ángulos. La I-Men no estaba acostumbrada
a ataques aéreos, de manera que tuvo que cambiar a una pose
defensiva, se puso más en guardia que nunca. La espada de Lilith tal
vez no fuera más grande, pero la fuerza monstruosa de su portadora y
el ataque desde arriba aplicaban mucha más presión sobre la
Claymore. La morena se mordía el labio, normalmente cuando sacaba su
arma definitiva nadie podía resistirse.
“Tiene razón, no todo es cuestión de fuerza.
Necesito controlar mi furia y liberarla con control”, pensaba la
alumna. Algo oscuro en su interior le pedía sangre, pero ella evitó
esos pensamientos al tiempo que saltaba hacía atrás para evitar
nuevos ataques de Lilith. “Tengo que llevarla a un lugar donde
volar no sea una opción, de alguna manera tengo que evitar esa
ventaja”, decidió. Las escamas de sus piernas respondieron a su
determinación, ascendiendo ligeramente por el vientre y haciendo
aparecer una cola negra.
Demongirl contuvo otra arremetida y lanzó un par de
tajos al aire para poner algo de distancia entre ella y su maestra. A
continuación agarró una piedra ardiente y la lanzó al aire para
luego cortarla con furia. Numerosas piedras cayeron sobre Lilith, que
no esperaba este tipo de ataque. La rubia se cubrió con las alas,
sin recibir ningún daño. Cuando las apartó vio como la otra
corría.
-¿Crees que puedes escapar?- Se lanzó en picado sobre
Demongirl, pero era tarde, se había ido por uno de los túneles.
Lilith sospechó qué tramaba, pero decidió entrar de igual manera
en la oquedad en la roca. Nada más hacerlo la I-Men saltó sobre
ella, aunque no la pilló desprevenida.
Cayeron al suelo y rodaron. Ambas espadas se quedaron en
el suelo, levantando polvo. Dentro de la caverna la maestra no podía
usar su vuelo, pues el espacio era reducido. Lilith se sacudió de
encima a la morena para tratar de escapar, pero cuando iba a salir
una roca tapó la salida. Demongirl había lanzado su Claymore para
provocar una avalancha directamente sobre el hueco.
-Interesante, parece que por fin empiezas a usar la
cabeza y controlar tu...- Lilith no pudo terminar la frase.
Aprovechando la momentánea distracción de la maestra, Demongirl se
acercó con un potente impulso y lanzando un derechazo directo a la
cara de la rubia.
-¡Y todavía no ha acabado!- Asestó continuos golpes,
en el estómago y en la cara, haciendo caer de espaldas a Lilith.
Demongirl se encaramó sobre ella, usando sus rodillas para bloquear
los brazos de la otra. Levantó el brazo e invocó a su espada,
Destello, para luego bajar su filo hasta el cuello de Lilith.-
Muerta.
Ambas se quedaron en esa posición durante unos
instantes. Entonces la rubia comenzó a reírse a carcajadas. La
I-Men no se movió, no sabía si la pelea continuaría y no relajó
su agarre. La maestra la miró a los ojos, divertida.
-Buen movimiento- Le halagó- Desde luego cuando
controlar tu poder te vuelves mucho más fuerte. Ya casi podrías
dominar la transformación.
Fue entonces cuando Demongirl se fijó en ello. Las
escamas le llegaban casi hasta el pecho, cubriendo todo su vientre y
piernas. Sus brazos también estaban convertidos, y una parte de su
espalda. Unas pocas escamas habían aparecido también en torno a los
ojos. Sus colmillos habían crecido ligeramente.
-Yo...
-¿No te habías dado cuenta? Es normal- Lilith hizo un
movimiento brusco usando su poder y se quitó de encima a la I-Men,
que se puso en guardia- No, no. Ya hemos acabado el entrenamiento. Mi
deber era asegurarme de que desarrollaras tus capacidades demoníacas.
Y lo hemos logrado. Si quieres exprimir ese poder al máximo y llegar
a dominar la transformación completa... necesitas solo experiencia y
poner en práctica lo que te he enseñado durante todos estos días.
-¿Días? ¿Cómo que días?
-¿Cuantas veces nos hemos parado a comer? Piénsalo,
llevas aquí mucho más tiempo del que piensas- Aseguró Lilith al
tiempo que volvía a la normalidad. Entonces su silueta se hizo
transparente- Pero tu entrenamiento no ha terminado del todo.. Si
quieres sobrevivir deberás llegar de nuevo a la puerta donde hayas
entrado. No serviría de nada buscar la salida al infierno
atravesando estas montañas hasta encontrar una sin lava , tal y como
te dije que ocurre en otras dimensiones infernales,porque esta
dimensión es distinta, es parte de tu entrenamiento. Deberás
atravesar el infierno de nuevo... y nuestra pelea ha atraído a
muchas fieras... me pregunto si lo lograrás.
-Ya veo...- Demongirl sonrió sin deshacer su
transformación, necesitaría todo su poder para llegar a la salida-
Gracias por todo, ahora siento que soy más fuerte.
-Nunca has sido débil. Simplemente no sabías como usar
esa fuerza... pero ahora sí- Justo antes de que se desvaneciera le
guiñó un ojo- Búscame en la Tierra, ahí podremos luchar de
verdad, y entonces usaré mi verdadero poder...
Finalmente la imagen de la poderosa Lilith desapareció,
dejando a Demongirl sola. Pero su confianza se había multiplicado, y
su poder ahora era más peligroso que nunca. “Ya voy para allá,
Gaia”.