miércoles, 9 de enero de 2013

Capítulo 15 - 'Vuelta a casa'

La noche teñía las calles de la ciudad de Madrid, alentada tan sólo por unos tenues farolillos que apenas alumbraban y las luces de los escasos coches que circulaban alrededor. De pronto, allí, bajo la Puerta de Alcalá apareció la figura dolorida de Eliart, tumbada en el césped y con la mirada perdida. Parecía estar mirando las estrellas con firmeza, sin embargo su conciencia estaba ausente, quizás volando por el cielo nocturno. Al poco rato, logró levantarse. Se sorprendió al ver que se encontraba bajo la Puerta de Alcalá y tumbado en sus zonas de césped. ''¿Qué diantres había pasado?''. Por más que lo intentaba no podía recordar nada de los 5 últimos días. Lo último que recordaba era llegar a aquel faro tras un tedioso viaje en autobús. Se incorporó como pudo y vio que sus ropas estaban hechas trizas. No era friolero pero el otoño estaba ya muy entrado y sería mejor llevar una ropa en condiciones.
Frente a él pudo ver un letrero digital de una tienda donde se leía con claridad la hora y el día: Era jueves y eran las 5 de la madrugada, lo que explicaba que hubiese poca gente por la calle: en días laborables como ése había muy pocos transportes para volver a casa por la noche. Pero no podía esperar, debía llegar y descansar un rato.
-Uumm... está a un paseo largo- Se dijo a sí mismo- Pero bueno, tampoco tengo prisa- Marchó a buen ritmo al lado del Retiro al tiempo que la nostalgia le invadía al ver la ciudad en que vivía. Había estado fuera poco tiempo pero por alguna razón que desconocía, le parecía una eternidad.
Mientras caminaba, recordó su nombre como si un rayo hubiese atravesado la mente.
-Yo... me llamo Isidoro, claro está. Ha tenido que suceder algo rarísimo en ese faro para que haya olvidado hasta como me llamo. ¿Mucha fiesta tal vez?- Rió.
Siguió su camino dándole vueltas a todo. Eliart vivía sólo desde principios del mes de agosto y se encontraban a poco de finalizar noviembre. Llevaba cerca de un mes sin hacer una visita a casa de sus padres, pero no eran horas de aparecer para saludar. Pensó sobre sus padres al tiempo que andaba: el padre de Eliart era un hombre de mucha edad, un tipo extraño, misterioso y ''tremendamente inteligente'' según decían muchos en su familia. Era la típica persona que se retira para no salir cuando alguien saca una foto.
Su madre era una mujer igualmente adulta, pero con alma de niño, muy dada a relacionarse con la gente. Era la típica persona que pone ilusión y amor en todo lo que hace, aunque se equivoque estrepitosamente. El problema es que también era muy protectora, muy insistente con su hijo y eso a éste lo sacaba de quicio.
La relación entre el I-Men y sus padres era tensa cuanto menos por razones múltiples que nuestro héroe no quería esforzarse en recordar. Pero a pesar de todo eran sus padres y ahora que vivía solo, debía tratar de no aumentar su distancia con ellos. El camino transcurrió al ritmo de las canciones del viejo mp3 de Isidoro cuyas canciones se sabía de memoria. Al tiempo que caminaba las tarareaba con energía, poniendo su mirada en el cielo nocturno de cuando en cuando.
Pasó alrededor de media hora y nuestro héroe se encontraba ya cerca de su casa. Había caminado a buen ritmo, pues tenía muchas ganas de tumbarse en la cama. Pensar en la cantidad de ropa que tenía encima de ella le daba mucha pereza.
Ahora en la calle había algo más de gente. Por encima del Puente de Vallecas se oía el ruido continuo de los coches pasando. Su cabeza parecía estar empezando a aclararse. De repente lo recordó todo y sus ojos se abrieron de golpe, al tiempo que se paraba de lleno ante el cruce. ¿Serían ciertos aquellos recuerdos? Parecían muy propios de un fantasioso sueño y no tenía pruebas de que fuese verdad nada de aquello. En cualquier caso, si era un sueño, lo mejor sería despejarse un poco antes de tumbarse en la cama. Subió por la avenida de la Albufera unas manzanas y torció después por la calle Sierra Morera, al poco divisó su portal e introdujo la llave. Había llegado a casa.


A muchos kilómetros al norte, El Capitán Vasco apareció en pie en lo alto de una colina. Desde esta colina divisaba la costa a lo lejos y el corazón de una gran ciudad. Al verlo, las lágrimas brotaron de alegría en sus ojos al tiempo que gritaba:
-¡Por fin estoy en Bilbao, mi tan querida tierra!- Poco importaba que hubiesen pasado 5 días. Su tierra era su tierra. Dicho ésto e igual de confundido que Eliart bajó corriendo las laderas del camino.


La casa de Isi era una casa pequeña de unos sesenta metros cuadrados bien aprovechados, pues cabían dos habitaciones (una de ellas usada a modo de trastero con montón de libros, cómics, juguetes y discos amontonados), un cuarto de baño y una cocina, además de un balcón que daba a la calle. Era un primer piso. Eliart se dirigió al baño a desperezarse un poco y a cambiarse de ropa. Al revisar sus bolsillos descubrió la extraña tarjeta del juego en la cual figuraba el nombre de ''Eliart''. Eso si que era una prueba. Aunque la invitación del faro llegó a casa dentro del sobre en ella no había ningún tipo de dato. Toda la información estaba en la tarjeta, el nombre del jugador y el número de vidas. Sin embargo, era muy raro. No era algo que sucediera todos los días, claro que tampoco lo era la invitación.
Se quitó la camiseta blanca y medio rota que llevaba y se miró al espejo. Pensó en Gravitta, aquel tipo pelirrojo que había torturado a la chica que le gustaba desde que la conoció en aquel macabro juego. Al tiempo que decía ''¡Aries!'', pudo ver como la energía anaranjada se activaba. Sin duda era la misma sensación que había sentido los días anteriores.
Era algo alucinante y daba miedo al mismo tiempo. ¡Tenía poderes y muy buenos! La de veces que había soñado con tener poderes y luchar por la justicia en el mundo. Sin embargo, como todo en la vida, tenía su precio. Aquellos días había visto gente desfallecer, había experimentado una tensión y estrés sin precedentes al sentirse preso de algo desconocido. Ahora veía que todo había sido real, o al menos eso parecía. ¿Qué habría pasado con el resto de los I-Men? No podía dejar de pensar en el Guerrero Celeste, que había sido su amigo desde el primer momento y que guardaba una piedra que Eliart le regaló en señal de amistad. Tampoco en el apuesto y aventurado Capitán Vasco, la intrépida y tajante Demongirl, el alto y calmado Llama Helada, la pasota de Waver, Holy y los dos nuevos: Revelación y Shadow Walker.
Pero en su cabeza rondaban sobre todo tres personas: Gravitta, aquel jugador que tanto daño les había causado. A pesar de sus actos que dejaban mucho que desear y de su forma de ver a la vida y a la gente, totalmente opuestas a las de Eliart, éste había visto algo de bondad muy bien oculta en su interior. Si no se equivocaba, ¿debería ayudarle? Era sin duda una decisión compleja. Había hecho sufrir a Gaia. Quería saber sobre ella. Sabía que vivía en Madrid al igual que su hermana, pero no sabía nada más. También pensaba en el Sr Irons. Habían conectado genial y desde el primer momento, su cara le resultaba familiar. Al ver que se había cambiado de bando, yéndose con Gravitta, la imagen que se había construido de él se desvanecía. Intentaba entenderle, pero no podía dejar de culparle. Irse con los mismos que habían secuestrado a su amiga, antes de que la misión hubiese concluido le daba qué pensar. Al mismo tiempo ésto era algo que le hacía sentirse culpable. ''No pude estar a su lado el tiempo necesario. Si no, no hubiese pasado ésto'', trataba de creer.
Al cabo de un rato de reflexionar sobre sus poderes y sobre el juego, mientras se quedaba absorto frente al espejo, decidió descansar un rato sobre la cama. A mediodía iría a ver a sus padres y de paso se ahorraría comprar comida.


Mientras tanto, el Guerrero Celeste no había tenido tanta suerte. Había aparecido en una calle estrecha y poco iluminada, paralela al Paseo de las Delicias, de pie pero en estado de shock e igual que el resto de sus amigos, sin recordar nada. Al poco tiempo recordó que se llamaba Daniel mientras caminaba hacia la estación de Atocha, pues vivía cerca de un polígono industrial de la periferia y debía ir en el tren para llegar hasta allí. ''Estúpido juego, ya podía haberme trasladado cerca de mi casa''. Pensó una vez en el tren cuando recuperó la memoria., entre estresado y malhumorado. Pensaba en el juego haciéndose varias preguntas acerca de los objetivos que tendría, quién o qué estaría detrás.
-Buff, en cuanto llegue a casa me tocará buscar respuestas, que pereza- Se dijo en voz baja. Tenía bastante interés en saber dónde estaría el resto, aún no sabía mucho acerca del resultado del combate contra los S-Men, aunque confiaba en que hubiese ido bien... debería buscarles y sería lo primero que haría al llegar a casa.
Sin embargo, después de aquellos cinco estresantes días, necesitaba también relajarse y pensar en otras cosas que tenía en mente en su día a día. Por ejemplo, estaba empezando a colarse por una vecina suya de pelo moreno llamada Lorena. Era una chica bastante atractiva y de su misma altura y edad (18 años). Tenían aficiones en común y siempre conseguía sacarle una sonrisa. Además justo le había dicho hacía poco tiempo de ir al cine y a tomar algo en un claro tono de primera cita. Sin embargo el I-Men no era muy decidido y las situaciones de este tipo le resultaban más complicadas de lo que en realidad eran.
Además aquella chica no era la única que nublaba su mente, pues se sentía muy atraído también por una chica a la que conocía de hacía mucho tiempo y con la que sabía que el sentimiento era mutuo. Por lo general, era un tío que ligaba sin proponérselo a pesar de ser muy introvertido. Ésto le daba quebraderos de cabeza ya que no solía confiar con facilidad en las personas y aún más le costaba tener amigas con las que poder hablar sus problemas. Llegó la hora. El tren anunció su parada y llegó a su casa, donde vivía con su hermana menor y sus padres. Eran una familia de lo más normal, al menos eso pensaba.


Eliart se despertó de un sobresalto a la 1 del mediodía: ¡Había soñado con el juego! Y en la última parte del sueño se había visto así mismo desapareciendo, no pudo evitar darle vueltas a aquello ¿sería una premonición?. No tenía ni idea, pero tan sólo el hecho de que pudiese ocurrir le hacía temblar y por muy fuerte que fuera debía recordar las palabras de aquella voz del juego ''solo puede quedar uno''. Llegado un momento tendría que enfrentarse con sus propios compañeros.
-¡Basta!- Gritó para despejarse. ''Debo analizar las cosas con más calma o no hallaré ninguna solución. De momento intentaré pensar con tranquilidad en estos temas, y a ver si junto al resto del equipo pensamos una solución... si es que vuelvo a verles claro''.
Concluyó de meditar, se bebió de un trago una lata de Coca-cola y se puso música para ir camino a casa de sus padres.


Gaia y Demongirl habían llegado ambas cerca de su casa, también en una zona periférica. Al poco se encontraron yendo de camino juntas, aunque Gaia tardó un rato más que su hermana menor en recuperar la memoria, las heridas que había recibido departe de aquellos malditos S-Men aún le pasaban factura. Por suerte Revelación en el tiempo que estuvo cuidándola consiguió cortar su hemorragia. El tema del juego les preocupaba bastante a ambas. Querían descubrir qué había sucedido pero no sabían por dónde empezar. Demongirl, no obstante, se sentía defraudada por la actitud de la gente en el juego pues, aunque ella no era una chica excesivamente pacífica, no esperaba actitudes tan perversas y tan premeditas como aquellas que planearon secuestrar a su hermana. Se sentía, como todos nos sentimos a veces, enfurruñados con el mundo. En aquel momento a la única persona que quería ver era a Llama Helada, su amorcito desde que empezó aquel juego. Él en muy poco tiempo había conseguido entender a una chica complicada y dura de pelar como era ella. Se acurrucó en un rincón de la habitación con un peluche entre los brazos, mientras pensaba en todo ésto.
Gaia por su parte no tenía ninguna gana de volver a aquel terrible lugar. La violencia le parecía algo detestable en todos los casos, al menos para los humanos, que estaban dotados de inteligencia, algo de lo que empezaba a dudar. Se sentía un poco frustrada por su rapto y lo que supuso para todo el equipo. Sin embargo, al recordar el momento que Eliart entró en la última sala se le dibujó una sonrisa que la animó durante unos minutos. Sus nuevos amigos se habían comportado como auténticos héroes y quería verlos aunque sólo fuera para darles las gracias.


Eliart llegó finalmente a la salida del metro más próxima a la casa de sus padres, por la zona céntrica de Tirso de Molina. Había llegado pronto así que callejeó un poco perdiéndose entre calles estrechas llenas de bares. Al rato llegó al portal de la que había sido su casa durante 20 años.
-¡Hombre, mira quién viene al fin!- Contestó una voz grave con tono de reproche al ver a Eliart abrir con sus viejas llaves que aún conservaba.
-Gracias papá, yo también me alegro de verte- Dijo sin dar importancia a lo que parecía ser el comienzo de una réplica.
-Anda que... ¡es que casi un mes sin dar señales de vida!- Dijo la voz de su madre con más amabilidad- Anda, te prepararé algo de comer, que seguro que tienes hambre.
-Sí ja, ja, gracias. Y perdonad, es cierto que tenía que haberme pasado antes- Concluyó el I-Men. La comida transcurrió con una charla amistosa. Sin mucho más Eliart marchó de vuelta a casa, aunque nada más llegar alguien llamó. Fue a ver quien era y se encontró con su amigo de pelo tazón.
-Pero.. ¡Celestina tío, que alegría! ¿Qué haces aquí?¿Cómo me has encontra..?- El Guerrero Celeste no le dejó terminar la frase y comenzó a hablar muy rápido, a la vez que se movía.
-Eliart tío, ¡al fin te encuentro, qué bien! ¡Lo del “juego” era verdad! ¿Cómo fue el combate con el ´jefe´ de los S-Men? Es que yo después de desmayarme me recuperé muy tarde y apenas sé lo que pasó. ¿Cómo éstas?¿Estás bien? ¡Ah, sí! He estado pensando e investigando sobre el juego y...
-Para, para- Le interrumpió Eliart- Estás muy alterado tío, si hablas tan deprisa no me entero de nada. Anda entra un rato a mi habitación y hablemos más tranquilos. Le ofreció un poco de agua y tras serenarse reanudaron la conversación- Antes que nada tío, ¿Cómo me has encontrado?- Preguntó Eliart que seguía sorprendido de aquella visita tan agradable como inesperada.
-Pues verás es que, ¡Soy un hacker!- Contestó poniendo cara de interesante.
-Nada nada, éso sólo no me basta. ¿Cómo diablos has hecho para encontrarme?- Eliart aparte de sentir curiosidad por saber qué había hecho su amigo, pensó por un momento en la posibilidad de que la persona que tenía enfrente no fuese su amigo, ya que no resultaría extraño que algún jugador pudiese imitar el cuerpo de otros. Desde luego aquello no era descabellado. Aunque bueno, por la forma de hablar y sus gestos estaba claramente frente al chico que conoció en el faro, así que si fuese otro sabría imitarle muy bien.
-Lo del hacker va en serio tío. Estuve investigando con mi ordenador hasta que dí contigo. Internet es muy grande, amigo mío.
-Pero ¿Qué narices? ¡Si ni siquiera estoy dado de alta en ninguna red social! Y además no sabes mi verdadero nombre- Lo que decía Eliart era cierto. En otro tiempo si participaba en redes sociales, pero se acabó yendo de todas. Simplemente no le gustaban.
-No, es cierto que no estás en las redes sociales, pero tienes un blog, Isidoro- Aclaró finalmente, el hacker.
-Oh muy hábil tío. Supongo que con esa respuesta me vale. Es increíble que hayas localizado mi casa- A pesar de todo Eliart seguía mirando raro- ¿De verdad eres tú, no?
-Ja, ja, que sí tío. ¡Mira ésto!- Celestina se sacó del bolsillo la piedra que Eliart le regaló durante el juego y que solía llevar a modo de colgante. Sería mucha casualidad que un “imitador” la llevase también.
-Vaya... veo que aún la conservas. Perdona colega, con ésto del juego he llegado a pensar que podías no ser tú.
-Nada hombre, todos estamos un poco desorientados. Escucha, he venido a comentarte que he encontrado algo muy interesante... creo que está relacionado con el juego pero no estoy del todo seguro, aún debo investigar un poco más- Eliart sonrió.
-Increíble ¿Crees que puede dar algún tipo de pista y aclarar nuestras dudas?
-Sin duda, al menos algo nos dirá. El caso es que me gustaría reunir a todo el equipo, a todos los I-Men incluidos los nuevos para comentaros bien el asunto. Sería bueno que entre todos los vierais y pensemos sobre ello, diez cabezas piensan mejor que una.
-¡Me parece una idea brillante!- Se ilusionó Eliart- ¿Puedes encontrar a los otros?
-Sí, no habrá problema. Ah, por cierto toma, picarón- Se sacó del bolsillo izquierdo del pantalón vaquero un sobre blanco, al tiempo que le daba a Eliart un leve codazo en señal de complicidad.
-¿Y éste sobre?
-Es la dirección y el teléfono de Gaia. Porque querrás llamarla ¿no, pillín?
Eliart se rió a carcajadas.
-Bueno, no se qué decirla ahora mismo, pero gracias tío, eres un buen amigo. Por cierto, creo que ya que sabes mi nombre, sería bueno que lo guardaras en secreto, tengo la intuición de que podría ser peligroso decirnos nuestros nombres verdaderos mientras este juego dure.
-Sí, estoy de acuerdo. Guardaré el secreto. Yo me llamo Daniel, que no sería justo que tú no lo supieras. La verdad es que ahora el nombre de los I-Men tiene más sentido ¿no?
-¿Cómo?- Preguntó extrañado.
-Claro, por tu nombre. Los “Hombres de Isi”. Los “I-Men”- Concluyó el Guerrero. Eliart se puso rojo como un tomate.
-¡Anda ya tío! Aunque que puede que mi subconsciente lo pensara y por eso me salió ese nombre, quién sabe- Dijo guiñándole un ojo.
-Bueno Eliart, me voy a casa que debo encontrar aún a parte del equipo, tengo tu mail, así que te enviaré un correo con todos los detalles cuanto antes- Ambos se despidieron chocando sus puños.
Al irse su amigo Eliart se quedó un rato en aquella habitación meditando. El juego parecía una oportunidad nueva en su vida. Había tenido buenos amigos en el pasado, pero todos le habían fallado. El juego podía cambiarlo todo, era como empezar de cero. Con estos mismos pensamientos observó el sobre que contenía la dirección de Gaia y se dio de cuenta de las ganas que tenía de oír su cálida voz. ''Tengo que llamarla'', se dijo. Sin pensar sacó del sobre el papel que contenía su número y comenzó a marcar. En el momento que empezó a dar señal se percató de que no podía preguntar por Gaia y en el papel no ponía su nombre verdadero.
-Espero que lo coja ella, si no vaya corte.
A los pocos segundos de dar la señal, se oyó una voz cálida al otro lado del teléfono. Era ella.
-¿Hola?
-Hola... Gaia- Titubeó Isi- ¿Cómo te encuentras?
Gaia reconoció su voz al instante.
-¡Eliart! ¿Cómo me has localizado? ¡No me espíes!- Se quejó de broma la rubia, aunque al chico no le pareció una broma.
-Lo siento, yo... Quería saber si estabas bien. El Guerrero Celeste me dio tu teléfono y pensé en llamarte, estaba preocupado- Comentó con seguridad.
-¡Gracias! Oye, irás a la reunión de los I-Men ¿no? El Guerrero ya nos ha contado y sea cuando sea nos apuntamos mi hermana y yo.
-¡Claro que iré!
-Bien, entonces nos vemos allí, ¡adiós!- Tras ésto colgó rápidamente.
Eliart no sabía qué pensar de que hubiese colgado tan repentinamente. Igual fue exagerado llamarla pero como decía el refrán a lo hecho, pecho, de nada sirve lamentarse. Decidió tomarse un poco de tiempo para sí mismo. Encendió el ordenador para mirar el correo. Seguro que los pesados de la universidad le habían mandado algún largo y asqueroso trabajo. También miraría un par de trailers de series y se relajaría un rato.
Al encender el correo encontró un mensaje de “Usuario desconocido”, en el primer lugar de su bandeja:
Hola tío, soy el Guerrero. ¡Ese tío llamado Revelación me ha encontrado a mí! Al parecer como sus poderes no tiene que activarlos puede usarlos sin problemas. Me ha dicho que vendrá a la reunión y ha ofrecido su casa, al parecer es grande. Entre él y yo localizaremos a todos, en dos días será la reunión. Te adjunto la dirección. Está en Madrid. Nos vemos Eliart! XDD”
Todo parecía ir viento en popa.


Mientras tanto en Bilbao el Capitán Vasco disfrutaba de un rato de libertad, al margen tanto de criminales como de periodistas. No había hecho ninguna declaración acerca del juego. Sólo había alguien en todo Bilbao con quien podría hablarlo y era una amiga de la infancia con la que acababa de quedar. En realidad el Capitán sabía que no era sólo una amiga, sin embargo por la propia seguridad de la chica no se atrevía a dar el paso.
-¡Hola, Capitán!- La chica siempre le saludaba así, con un tono de confianza. El Capitán pensó en hablar del juego, pero recordó las palabras de la voz cuando se fueron “no comentéis lo del juego con nadie que no sea del juego”. Pudiera o no creerle, era mejor abstenerse de intentarlo. Se marchó con ella dando un paseo sin sobresaltos.


Al cabo de dos días nuestros héroes marchaban hacia la casa de Revelación, inquietos por el mensaje que el Guerrero Celeste pretendía transmitirles. El portal era antiguo, de material decimonónico y aspecto señorial. Se notaba que era una finca de gente con pasta. Al llegar al portal Eliart se encontró con Shadow Walker, Demongirl y Gaia. Los tres acaban de llegar desde caminos diferentes. Shadow Walker miraba a Demongirl pensando en su atractivo mientras ella lo miraba con recelo. Era incapaz de verle como uno más después de todo lo que habían pasado.
-Eh guapa, ¿por qué me miras de ese modo?¿Tengo monos en la cara?¡También va por ti rubia!- En los ojos de ambas había cierto rechazo por todo lo que habían pasado por culpa de su grupo.
-No te preocupes amigo mío. Sólo están dolidas por lo que pasó y es normal. Dales un poco de tiempo ¡Te acabarán aceptando!- Respondió sonriendo el valiente Eliart.
Al cabo de 10 minutos de espera, Revelación salió a su encuentro.
-Los demás no pueden venir, así que seguidme que ya estáis todos.
Asintieron y siguieron al místico al ascensor. Era un ascensor que chocaba mucho con el perfil antiguo de la casa, ya que era muy moderno, no tenía botones sino un sensor de voz que te preguntaba al piso que querías ir. Estaba pintado de un color azul eléctrico.
-Al piso cuarto- Dijo Revelación. Automáticamente el ascensor se puso en marcha.
-¡Guau!- Exclamaron todos a la vez ya que nunca habían visto nada parecido.
-Igual reaccionó el Guerrero Celeste- Dijo sin paliativos- Bienvenidos a mi humilde morada- Era una casa bastante grande y muy bien distribuida, con algunos objetos antiguos y un amplio salón. En mitad del salón había un equipo de ordenadores de última generación que estaban conectados a un portátil mediante un cable. Celestina estaba tecleando deprisa y todos los equipos estaban funcionando al mismo tiempo.
-¡Qué nivel!, así si que pareces un hacker- Bromeó Eliart.
-Gracias y gracias a los que habéis podido venir chicos. Llama Helada, Waver y Holy están de exámenes y no han podido venir, han hecho todo lo posible. Me dijeron que se pondrían en contacto con Demongirl para enterarse de lo que hablamos. El Capitán Vasco debido a que tiene responsabilidades en Bilbao no puede venirse hasta Madrid, eso sí, estará presente en esta reunión conectándose por videoconferencia. En unos minutos estará.
-¿Quién dijo,”en unos minutos”? El Capitán Vasco no llega ni pronto ni tarde, llega cuando tiene que llegar- Gritó la voz del Capitán desde el ordenador.
-Bien, entonces ya estamos todos- Habló Eliart.
-¡Que dé comienzo la reunión de los I-Men!- Dijo finalmente Revelación. El Guerrero Celeste tomó la palabra.

Capítulo 14 - 'Luz y oscuridad. Eliart y Gravitta'

La desesperación se adueñó de Eliart, quien acababa de sufrir uno de los shocks más grandes de su vida. No era la primera vez que se llevaba alguna decepción con algún amigo. Pero nunca una intuición de las suyas había fallado... y lo más importante, él creía en Irons, había creído en él. Incluso habían compartida petaca. Arrodillado en el suelo se sentía impotente, notaba como si todo girase a su alrededor. Entonces Irons fue a atacar a Eliart, sin embargo un cetro de madera le impidió hacerlo, se trataba de Revelación.
-¡Arriba Eliart!- Dijo, apurado- ¡No debes hundirte ahora, ya casi hemos rescatado a Gaia, tu termina de derrotar a Gravitta, no dejes que esto te afecte!- Con un movimiento expulsó a Irons de su radio de acción. El místico agarró al I-Men y lo alzó- Vamos reacciona, no puedes rendirte ahora, yo me encargo de él, tú tan sólo derrota a Gravitta... ¿vale?
-Si, perdona, tienes razón- Aún se encontraba algo confuso.
-Y recuerda, usa todo tú poder- Las misteriosas palabras calaron en Eliart, ¿no había utilizado todo su poder? ¿Qué significaba aquello? Sin pensar mucho más se mentalizo para la batalla. Primero se encargaría del S-Men y después tendría una buena charla con su antiguo compañero.
Había utilizado bastante a Géminis y no quería abusar de ello, ese poder le desgastaba a una velocidad impresionante. Miró su escudo verde, este no había desaparecido con el aura de Cáncer, parece que podría usarlo combinado con otros signos. Dirigió la incipiente furia que sentía, producto de la traición, contra Gravitta. Activó Aries con mucha fuerza, generando una imponente aura anaranjada.
-Vaya, parece que has sacado fuerzas de flaqueza- Murmuró el pelirrojo.
-Así es... prepárate.
Eliart se lanzó de frente contra su rival quien automáticamente comenzó a volar para salir del rango de ataque del I-Men. Sin embargo, este no iba a rendirse tan fácilmente. Dio un salto prodigioso y a punto estuvo de alcanzarle. Mientras caía Gravitta usó su poder para aumentar la gravedad y que se hiciera más daño. Pero no fue así, resistió el impacto contra el suelo con las piernas flexionadas.
Gravitta miró desde el aire a su rival. Era admirable la entereza que estaba mostrando en aquella situación, pero tarde o temprano se agotaría, y él aprovecharía la oportunidad para acabarlo sin piedad. El poder de Cáncer les había pillado por sorpresa a ambos, pero no sería problema eliminarle más vidas como hasta ahora, al fin y al cabo su poder ofensivo no había aumentado. Mientras el S-Men meditaba sobre eso Eliart sentía una ira irracional recorrer cada miembro de su cuerpo. Era una furia animal y terrible que lo hacía casi temblar a la vez que las lágrimas acudían a sus ojos. Que un amigo le clavara un puñal por la espalda era lo peor que podían hacerle a uno. Aun así cerró los ojos y resistió la tentación de abandonarse al llanto. Entonces una nueva fuerza le recorrió el alma y fue consciente del poder del que hablaba Revelación antes.
Entre tanto Revelación le estaba plantando cara a Irons y a Kya un poco apartado de los otros dos combatientes. Su principal tarea consistiría en distraerlos mientras Eliart terminaba su pelea. Irons miró al otro a los ojos y rápidamente desvió la mirada. Era obvio que no estaba orgulloso de sus actos, pero tampoco veía en él una posibilidad de cambio. Tras un rato en silencio que se hizo eterno, finalmente Kya fue la que tomo la iniciativa. Corrió hacía el místico, que blandía con maestría su cetro de madera. La gata saltó al tiempo que su brazo se hacía enorme para, acto seguido, asestar un duro zarpazo. Boqueando el golpe con el cetro, Revelación pudo apartarse de la trayectoria de sus tremendas garras. Entonces el cetro comenzó a emitir un brillo amarillo.
-¡Rayo!- Una runa en la madera se iluminó y de la punta del artefacto salió un diminuto pero rápido rayo eléctrico. La mujer-gata no se lo esperaba y recibió la descarga. Cayó al suelo entumecida. Irons mientras había preparado sus misiles especiales, de manera que alzó el brazo y lanzó una descarga con doble carga explosiva.
El I-Men vio la peligrosidad de aquellos misiles y rápidamente cambió el poder de su cetro. Una runa se iluminó esta vez de azul. Una corriente de agua se formó a sus pies y le dio forma para lanzarla como una pequeña ola. Esto no paro a los misiles, pero los caló lo suficiente para que no explotaran. El Sr.Irons maldijo por lo bajo.
-Serás... oye chata, ¿este tío no era aliado vuestro antes? ¿No puedes decirme que poderes tiene? Así al menos estaremos preparados por si vuelve a hacer otro de esos truquitos raros- Le preguntó a Kya que estaba levantándose.
-Agh... pues no estoy segura, es la primera vez que veo ese cetro. Por lo que sé es capaz de prever el futuro con cierta certeza...- La chica se sacudió el polvo del suelo y gruñó luego a Revelación. Se iba a enterar.
-Esta bien... pues venga preciosa, hagamos algún ataque de esos combinados...- Dijo el siempre chulesco Irons.
Su rival no había dicho nada en todo el rato. Tan solo se centraba en su deber, no iba a ser fácil hacer frente a estos contrincantes y se preparaba para lo peor, por si Eliart no podía darse prisa. Percibió un movimiento de sus enemigos. Irons salió corriendo hacía él, parecía que quería pelear cuerpo a cuerpo aprovechando su armadura. Revelación sonrió, era un experto en técnicas físicas. Cuando llegó a su altura intercambiaron una serie de golpes rápidos sin mucho efecto. Rápidamente Irons se percató de que aquel tipo tenía nociones de pelea.
-¡Ahora verás!- De repente Revelación vio un ligero fragmento del futuro, rápido como un rayo atravesó su mente. Se vio a él quemado por algún tipo de fuego. Entonces la armadura de Irons emitió un destello en las filigranas de plata. Gracias a su visión el místico saltó hacía atrás a tiempo y la explosión no le alcanzó. ''Eso ha sido una buena idea, ha aprovechado que está protegido por alta tecnología para hacer un ataque ''Kamikaze'', y encima ahora por el humo no le veo...'' pensaba.
De repente se escuchó un chasquido metálico y un misil salió disparado a su cara. Estaba demasiado cerca para invocar una pared de agua, de manera que lo esquivó con dificultad. El misil pasó de largo rozándole. De repente algo infinitamente diminuto saltó del misil, se trataba de Kya. Agrandó su tamaño de golpe y le propinó un fuerte puñetazo en la espalda a su rival. Revelación se resintió del repentino ataque por la espalda, su poder no había podido ver a través de eso. Cayó de rodillas por el daño. Tanto Kya como Irons aprovecharon el momento para lanzarse contra él. En el último segundo brilló una runa de color rosado en su cetro y una barrera luminosa se expandió de improviso expulsando a sus enemigos. Instantáneamente la barrera desapareció, su efecto era muy corto, para protegerse de ataque muy puntuales.
Revelación suspiró cansado, esa clase de ataque mágicos le consumían energía rápidamente, su especialidad era agotar a sus rivales usando sus artes marciales y evitar la mayor parte de ataques con su premonición. Decidió tomar las riendas del combate en ese mismo momento. Concentró la energía en su cetro y se iluminó una runa negra.
Justo entonces Eliart llamaba a la energía que le recorría el alma y que estaba alimentada por la ira y furia de la traición. Pero entonces se dio cuenta de algo, aquella energía no podía ser buena viniendo de unos sentimientos tan oscuros. Pensó en el Irons que él conocía, el jovial chico que sonreía con esa cara de suficiencia mientras hacía bromas saliditas de tono. Él era su amigo, no sabía que le había pasado, pero lo recuperaría. Repentinamente un torrente de fuerza le inundó, un aura roja y brillante le envolvió dándole una fuerza increíble. Lanzó una mirada firme y decidida a Gravitta, que presionado por el aura de su rival retrocedió un poco en el aire.
-Pero... ¿qué es...- Cortó la pregunta al ver que Eliart ya no se encontraba frente a él. ¿Dónde demonios se había metido? Entonces sintió una presencia imponente detrás. Cuando se giró vio a su rival saltar sobre la pared y cogiendo impulso. Cuando salió propulsado alcanzó una velocidad extraordinaria. Gravitta a penas tuvo tiempo de reaccionar y recibió un fuerte golpe que lo hizo caer con fuerza.
Eliart profirió entonces un poderoso rugido. Gravitta chocó contra una de las paredes y unos cascotes le sepultaron. El I-Men se miró los brazos. No se sentía especialmente fuerte... sin embargo había ganado una velocidad alucinante.
-Este...- Entonces un círculo rojo con un león en la frente le apareció-...este es... ¡el poder de Leo!
Entonces un cascote de los que había caído sobre Gravitta salió disparado. Allí estaba él de pie y apenas dañado. De alguna manera había evitado la peor parte del golpe Miró con furia al renovado Eliart. ¿Cómo podía estar dándole la vuelta al combate de esta manera? Entonces decidió usar su carta definitiva. Con un movimiento de brazos dispersó sus soles oscuros formando un gran área circular. Los soles comenzaron a emitir una misterios aura.
De repente Eliart sintió como la gravedad aumentaba de una forma alarmante.
-¿Qué has hecho?- Preguntó.
-Estos soles crean un campo gravitatorio especialmente fuerte y amplio. Aunque a mi no me afecta, tampoco puedo volar ahora. Vamos ven, minino- Le provocó con una sonrisa burlona. Sin pensárselo dos veces el I-Men salió disparado. Gracias al efecto de Leo podía moverse a gran velocidad, pero la potencia de la gravedad le ralentizaba lo suficiente para contrarrestar.
Ambos contendientes chocaron el uno contra el otro. Comenzó una rápida sucesión de golpes y esquives. Estaban igualados en fuerza y velocidad, y también en técnica. Estaba siendo un combate espléndido.
Intercambiaron un derechazo que los hizo saltar hacía atrás. Les costaba mantener el ritmo y jadeaban con fuerza. Eliart entonces tuvo una idea, concentró la energía en su brazo y el aura roja lo rodeó con mas intensidad. Su intuición le decía que tal vez podría sacar más provecho de Leo. Gravitta observó con cuidado lo que hacía. ''¿Qué se propone?'' pensaba. Finalmente tras unos instantes, Eliart lanzó un puñetazo al aire al tiempo que decía.
-¡Rugido de Leo!- De su brazo surgió un torrente de energía rojiza similar a una llama. La corriente estuvo a punto de alcanzar a Gravitta, quien a duras penas logró apartarse.
-Con que esas tenemos...- Recuperado del susto el pelirrojo juntó las palmas de las manos y una energía comenzó a reunirse allí. ''Yo también puedo lanzarte ataques poderosos...'' a los pocos segundos tenía en la mano una esfera morada que giraba cada vez más rápido. Apuntó con cuidado y la lanzó contra Eliart. El I-Men bloqueó la bola con el escudo de Cáncer.
De repente, al impactar, la bola aumentó de tamaño y desintegró el escudo, echando hacía atrás a Eliart también. Fue un golpe tremendo. A duras penas se levantó y miró sus vidas, no había perdido otra aun, y el efecto de Leo aun duraba, aunque sentía que le quedaba poco.
Ambos volvieron a cargar energía.


Un par de pisos más abajo, el Capitán Vasco arremetía contra J.J. Sin embargo, cuando se acercaba demasiado, su velocidad y su fuerza se veían drásticamente reducidas. Aun así, gracias a sus nociones de lucha cuerpo a cuerpo lograba mantener el ritmo. Unos instantes después se le unió a la batalla Demongirl.
-¿Pero tu no estabas derrotada Patxi?- Preguntó el vasco impresionado.
-¡Y lo sigo estando joder! No puedo quedarme tirada en el suelo cómodamente y sin hacer nada mientras te apalean- Le contestó ala chica de manera grosera- Ten cuidado, este tío es fuerte, a un nivel inhumano.
-Gracias por el aviso- El joven miró el brazo de Demongirl- Se que no podré convencerte de que te retires, pero al menos déjame a mi delante, estás hecha unos zorros.
Ella accedió de mala gana y se lanzaron conjuntamente a por sus enemigo, que los estaba esperando. Primero atacó el Capitán, rápido como una bala. Le lanzó un poderoso derechazo a toda velocidad, pero cuando entró en el radio de acción su poder perdió fuelle, y J.J lo esquivó con maestría mientras le hacía una llave, tirándolo así al suelo. Casi inmediatamente una patada de la chica llegaba a la cabeza del S-Men. Logró cubrirse con las manos y evitar el daño. Se giró ciento ochenta grados para encargarse de Demongirl, pero el Capitán ya estaba recuperado y le atacaba desde la espalda. Viendo la situación J.J dio un gran salto para evitar a ambos y poner algo de distancia.
-Siendo dos contra uno lo tendré algo más complicado...- Murmuró. Los I-Men se reagruparon.
-Por cierto, ¿cuál es el poder de este tipo?- Quiso saber el Vasco.
-Sinceramente, no tengo ni idea, no he visto que haya usado nada especial, hasta ahora se ha limitado a atacar cuerpo a cuerpo.
-Tal tez tenga algo que ver, tenemos que averiguarlo.
Mientras peleaban entró por la puerta Holy, que había venido con el Capitán. Vio la situación y negó con la cabeza, ella no quería pelear, no le iba ese estilo, de manera que, cuando vio al Guerrero Celeste en el suelo, fue corriendo a socorrerle. Así sería más útil. Cuando llego al lado del caído le miró la tarjeta, esta indicaba ''1'' y le quedaba muy poca vida, estaba en un estado crítico. Lo envolvió en sus brazos y comenzó a brillar una luz en torno a ellos, comenzó a sanarle.
-Vamos, no debería tardar mucho en darte al menos la vitalidad suficiente para que despiertes...pero después de curar al Capitán no podré obrar milagro- Le decía aunque estuviera inconsciente.
Mientras tanto Demongirl invocaba una de sus espadas normales para pelear con algo más de ventaja. J.J tras analizar la situación cogió uno de los bastones que decoraban la pared. Se trataba de una vara de algo más de un metro de longitud y recta. Haciéndola girar con habilidad se lanzó a por sus contrincantes. La uso como pértiga y dio un increíble salto pasándoles, cosa que les pilló por sorpresa.
Nada más caer al otro lado blandió la vara para herirlos, pero tanto el Capitán como Demongirl lograron cubrirse con el escudo y la espada respectivamente. Sin embargo al cosa no quedó ahí, una vez estuvieron los tres inmovilizados J.J comenzó a empujar usando una prodigiosa fuerza y echándolos hacía atrás de manera irremisible.
-¡Y una mierda!- Exclamó el Capitán mientras hacía girar su escudo para desviar la vara. Luego rodó por el suelo para acortar la distancia entre él y J.J. Finalmente, se irguió de golpe para intentar asestar un revés con el escudo. El S-Men fue más rápido y pudo esquivar por poco el ataque. De nuevo retrocedió para salir del rango de pelea de la pareja.
-Vaya, me lo estáis poniendo difícil, ¿tendré que utilizar mi poder?- Dijo- Lo cierto es que no me gustaría...
-Cállate y déjate de tanto misterio. Úsalo o no lo hagas, pero vamos a derrotarte, así que mételo en la cabeza.
El otro no reaccionó bien ante la provocación y rompió la vara por la mitad para luego arrojar los cachos a los lados. Demongirl y el Capitán se pusieron en actitud defensiva, esperando por el ataque de su enemigo. J.J separó los pies y les miró a los ojos, se veía claramente que estaba ofendido por las palabras de la mujer.
-Seréis los segundos, después de mi maestro, en contemplar mi poder. Y ni si quiera él pudo salir bien parado...- Les advirtió.
Entonces comenzó a desabrocharse las cerraduras en forma de botones blancos que tenía su mono negro repartidas por todo el cuerpo. Los otros empezaron a sentir una fuente de energía increíblemente gigantesca y poderosa. Sin embargo, antes de que J.J pudiera quitarse el traje, miró hacía arriba de repente. Demongirl y el Capitán también lo hicieron.
-Esas fuerzas que notaba arriba... se han apagado, Eliart...- Dijo la chica.
-Gravitta...- Susurró el S-Men- Lo siento, pero otra vez será, me necesitan arriba...
Y tras decir eso y reabrocharse los botones pegó un gran salto, destrozando así el techo y subiendo los pisos de golpe.
-¿Pero qué...- Comenzó el Capitán- Rápido, no podemos permitir que el enemigo escape, vete a saber de que será capaz.
-Iros adelantando, ahora subiremos nosotros- Les grito Holy desde un extremo de la sala.
Acto seguido ambos I-Men siguieron a J.J a través del agujero del techo.


En el piso superior Revelación había activado la runa negra. Los ojos le brillaban con un aura oscura y emitía una energía inestable.
-Ahora... sufriréis la ira del Destino...- La fuerza le recorría cuando se lanzo a Irons, quien a duras penas logró bloquear el golpe. Entonces fue consciente de que, si no hubiera sido por su armadura, probablemente su brazo estaría roto.
-Pichón, mejor quédate atrás- Le dijo a Kya- Acaba de ponerse serio...
La gata sintió el creciente poder del místico y prefirió quedarse al margen siguiendo el consejo de Irons, si instinto le decía que era lo mejor. Revelación no se dio ni un segundo de descanso. Usando su cetro y ambos brazos y piernas no paraba de atacar al otro. Shadow Walker contemplaba el espectáculo desde el suelo asombrado.''Mierda tengo que hacer algo'' pensaba. Gracias a su tremenda fuerza de voluntad logró incorporarse, pero estaba tan débil que hubiera caído de nuevo de no apoyarse en la silla de Gaia. ''Yo me quedaré aquí con ella por si acaso...''.
Irons estaba acorralado, veía, o más bien sentía, que llegaban ataques desde todos lados de manera constante. Finalmente se harto y lanzó unos misiles, aunque estuviera cerca. Sin embargo estos no acertaron a su rival, ni mucho menos. Revelación los evadió como su nada y continuó atacando. Gancho de izquierda, patada baja, ahora asestaba un revés con el cetro. Apenas tenían tiempo de respirar. Viendo que no tenía salida, el S-Men se decidió a usar de nuevo la explosión de la armadura, pero, nada más pensarlo, el místico ya había retrocedido, de manera que fue inútil y un malgasto de energía.
-Pero... ¿co-como... es posible?- Dijo jadeando Irons. Su armadura le estaba salvando de la mayoría de los golpes, pero comenzaba a resentirse- ¿Qué demonios... es... ese poder tan... asquerosamente fuerte?
-Cuidado con lo que dices- Respondió el I-Men- Este cetro me fue concedido por la divina providencia, y ella también me ha otorgado este valioso poder, que usare en favor de la justicia... y si te refieres a la Runa negra, esta amplifica mi poder de predicción y me dota de energía para atacar sin cuartel...
-Ya veo... muy conveniente, demasiado- Susurró su rival. ''Lo más probable es que ese poder tenga algún efecto secundario, esa explosión de vitalidad no es normal...'' dedujo Irons. Y estaba en lo cierto, la runa negra era un arma de doble filo, cuanto más tiempo se usara peor sería para el cuerpo del usuario. ''En el peor de los casos es posible que me deje malherido y tenga que retirarme, dejándole la pelea a Kya.... no importa como, tengo que aguantar...'' pensó. Activó su puño y una granada de humo salió disparada, bloqueando la visión de los contendientes. A continuación lanzó varios puños voladores desde varias direcciones, esperando que el humo dificultase el esquivarlos a su enemigo.
Pero cuando los puños atacaron y el humo se disipó no pudo ver a Revelación. De repente sintió un golpe por la espalda.
-Has sido muy ingenuo, Irons. Te dije que amplificaba mi poder de predicción, una simple cortina de humo no iba a hacer nada- Tras el golpe con el cetro su rival había caído al suelo perdiendo finalmente una vida, quedándose con dos. Kya chilló de rabia y se lanzó a por el místico hecha una furia y sacando sus poderosas garras. Alcanzó un tamaño considerable y lanzó una ráfaga de golpes muy rápidos. Por supuesto Revelación los esquivó todos- En fin, no servirá de nada que os diga que es inútil, ¿no?
Tanto Irons como Kya se miraron impotentes, ¿qué deberían hacer ahora?
En el otro lado de la habitación, dentro del círculo de soles negros, donde la gravedad aumentaba su poder varias veces, estaban Eliart y Gravitta. Se miraban a los ojos con dureza. Cada uno defendía una causa totalmente opuesta a la del otro y, aun así, no podían evitar ver una parte de si mismo en los ojos de su enemigo. Lo cierto es que sintieron un profundo vínculo ligado más allá de la mera lucha. Quizá en otras condiciones hubieran podido ser amigos.
Sacudiendo fuertemente la cabeza el líder de los I-Men se sacó esa idea de la cabeza. Aquel tipo había torturad a Gaia y había hecho sufrir a sus amigos. Gravita no era un buen tipo según su lógica, e incluso le dio la oportunidad de redimirse y unirse a ellos, perdonándole lo que hizo. Y se rehusó insultándole. La energía formaba un torrente muy poderoso a su alrededor. Sin decir una sola palabra fue a por el pelirrojo, quien ya estaba esperándole.
Eliart le asestó un duro derechazo, que el otro no quiso esquivar. ''Ya veo, una competición de resistencia...'' a continuación Gravitta lanzó su propio puñetazo, que Eliart tampoco esquivó.
-Veamos quien aguanta más- Comentó el líder de los S-Men.
Y así estuvieron intercambiando golpes, uno detrás de otro. ''Ha picado'' pensó Gravitta. ''Leo le da velocidad, pero no defensa ni ataque, de manera que mis golpes aumentados con gravedad le harán más daño que sus ataques normales a mi, tan solo he tenido que provocar su honor ofreciéndole una batalla 'igualada'...'' pensaba mientras celebraba la idiotez de su rival, le creía más listo.
Sin embargo Eliart no desfallecía, al contrario, el contacto directo con su rival le hacía crecerse y, a pesar de no estar ni con Aries ni Tauro, su fuerza física natural le hacía atacar con todo. Llegaron a despellejarse los nudillos y a sangrar. Cuando vieron que aquello no llevaba a ningún lado se lanzaron un puñetazo doble que los lanzó hacía atrás a ambos.
-No eres muy fuerte ¿eh?- Se jactó Eliart.
-Digamos que lo mío son más las ciencias teóricas...- Siguió Gravitta con el tono de bromeo provocativo.
Viendo al situación estancada a la cual había llegado se dieron cuenta de que aquello tendría que decidirse por medio de un golpe definitivo. Llegaron a la misma conclusión a al vez, de manera que los dos se pusieron a cargar energía, Eliart en su brazo derecho y Gravitta en las palmas de sus manos juntadas. Finalmente los soles oscuros se desvanecieron en el aire, para que así el pelirrojo pudiera centrar todas sus fuerzas en el golpe final.
Se miraron por última vez.
-¡Rugido de Leo!- Exclamó Eliart mientras asestaba el puñetazo al aire y el torrente de energía salía disparado, tomando una forma similar a unas llamas.
-¡Explosión gravitacional!- Gritó Gravitta lanzando su esfera de poder, que aceleró de una manera increíble.
Ambos ataques se cruzaron en el aire muy de cerca, alterando así ligeramente sus trayectorias. El Rugido de Leo fue cambiando su forma física hasta asemejarse a la cabeza de un León rugiente que atacaba con sus colmillos. El golpe alcanzó a Gravitta en el pecho. La esfera de gravedad mientras tanto había aumentado extraordinariamente su velocidad y giraba sobre si misma haciéndola más dañina. Golpeó a Eliart en el abdomen y expandió su tamaño de golpe lanzándolo contra la pared.
Se originó una gran nube de polvo que cubrió a los dos líderes. Revelación y los otros pararon su pelea para mirar que pasaba. El estruendo despertó finalmente a Gaia, quien con ayuda de Shadow pudo liberarse.
-¿Eliart?- Preguntó ella mirando al área de combate.
-Mierda, ese tío tenía que ayudarme con ''eso''...- Susurró Irons.
Cuando una de las nubes se hubo disipado estaba allí Gravitta, de pie. Sus ropas se había quemado dejándole al descubierto el pecho y la espalda, y habían chamuscado parte de su piel y un poco del pelo. Su mirada estaba centrada en donde debía estar Eliart, jadeaba con fuerza. Miró su tarjeta, esta indicaba un ''1'' y su última barra de vida estaba cerca de agotarse. Rompió a reír al verlo.
-Parece... que al final yo tenía razón...- Dijo.
-...No tan rápido- Se escuchó desde el otro lado de la habitación. Eliart estaba encajado entre unos cascotes y a duras penas pudo salir de entre ellos para incorporarse. Su tarjeta también indicaba un uno muy cerca de agotarse- Parece que estamos en las mismas... el combate aun no ha...acabado...- Pero no pudo aguantar y cayó al suelo clavando la rodilla.
-No tienes fuerzas ¿eh?- Gravitta fue a adelantarse cuando también cayó al suelo. Al parecer ninguno de los dos podía moverse.
De repente, desde el suelo, salió J.J. Vio a su maestro y se acercó para ayudar a sostenerle. Gravitta se lo agradeció en voz baja y miró a Eliart.
-Después de todo si que tienes amigos...- Dijo él. El silencio del S-Men fue prolongado. De las escaleras de detrás del líder de los I-Men aparecieron a la vez el Capitán Vasco y Demongirl, quienes ayudaron a Eliart.
-¿Estás bien? Menos mal que hemos decidido seguir a ese capullo- Dijo el Capitán.
-Gracias chicos, ¿cómo están los demás?- Quiso saber. Demongirl se acercó.
-El Guerrero está siendo tratado por Holy, pero llegará a mañana. Cuando subíamos hemos visto a Llama Helada y a Waver, diría que ellos están bien también. Y a todo esto, ¿dónde está Gaia? ¿Y mi hermana?
Eliart hizo un gesto con la cabeza indicándoselo. Demongirl fue hasta allí para ayudar a Shadow Walker a llevarla. La chica demonio miró con recelo al joven de piel oscura, pero había oído por Waver que ahora estaba de su lado, de manera que tampoco puso reparos. Por lo que sabía el tal Revelación también estaba de su lado. Cuando vio a Irons sonrió.
-Vaya, Irons, entonces casi todos estamos aquí y bien, me alegro- Dijo ella. Sin embargo Eliart profirió un gruñido.
-Jajajaja- Fue Gravitta quien se rió- No esta bien pequeña, ahora Irons es mi aliado, parece que Eliart estaba equivocado con su idea de la amistad, ¿no es así?- Preguntó al que hasta hace poco se había creído parte de los I-Men.
-Pues...- Dudó unos instantes, pero entonces recordó el rechazo que había sentido, y el gran futuro que le esperaba con sus nuevos aliados y se decidió de nuevo- Pues si, así es. Ahora estoy con ellos pichón, lo siento, se que en el fondo me querías.
-Serás cabrón- Rugió el Capitán vasco. Irons fue hasta el lado de Gravitta para encararse a los otros y ayudó al pelirrojo.
-Gracias, aliado- Kya también se les unió mientras Revelación ocupaba su lugar al lado de Eliart.
Ambos grupos se miraron. Eliart y Irons se miraban.
-Esto no quedará así, tu yo tenemos una charla- Notaba como las lágrimas le acudían a los ojos, pero no las derramó- Y pensar que....
-...que hemos compartido petaca, ¿no?- Terminó Irons- Es verdad... pero entiéndeme, las cosas cambian y tengo que mirar por mi mismo... lo siento Eliart...
-Esto... acaba ahora...- Susurró Gravita, quien se veía en una situación complicada. Repentinamente una voz atravesó el aire y les paralizó, de manera que no podían mover ni un solo músculo del cuerpo.
Enhorabuena a todos los que habéis sobrevivido estos días. El final del quinto día se acerca y han sido unas jornadas duras e intensas para todos. Duras para vosotros, e intensas para nosotros, que tenemos que velar por el buen funcionamiento de El Juego. Como ya os dijimos al iniciar esta gran contienda, es hora de una de las pausas para que reflexionéis y descanséis. Ahora os enviaremos de vuelta a la Tierra para no saturaros mentalmente. Allí dispondréis de un tiempo límite para hacer lo que queráis. Tan solo existen dos normas que no debéis romper por vuestro propio bien y el de vuestro seres queridos... No habléis con nadie que no pertenezca al Juego de El Juego... y no uséis vuestros poderes.
Así pues, ¡volved a vuestras casas! No tardaremos en haceros regresar aquí para el segundo round... jajajajajaja...
La voz fue apagándose poco a poco y desapareció al cabo de unos segundos. Seguían sin poder moverse. Gravitta y Eliart cruzaron miradas.
-Parece que nuestra pelea no acaba aquí Eliart...
-Eso parece... la próxima vez que nos enfrentemos te haré ver la verdad de lo que te he dicho hoy...
-Si finalmente nos volvemos a encontrar seré yo quien te haga ver la verdad...- Desde los pies hasta la cabeza la figura de casi todos los presentes se fue difuminando y desapareciendo, como si estuvieran siendo teletransportados a otro lugar...


Quinto día de juego, finalizado. Jugadores restantes: 175.