La noche teñía las calles de la
ciudad de Madrid, alentada tan sólo por unos tenues farolillos que
apenas alumbraban y las luces de los escasos coches que circulaban
alrededor. De pronto, allí, bajo la Puerta de Alcalá apareció la
figura dolorida de Eliart, tumbada en el césped y con la mirada
perdida. Parecía estar mirando las estrellas con firmeza, sin
embargo su conciencia estaba ausente, quizás volando por el cielo
nocturno. Al poco rato, logró levantarse. Se sorprendió al ver que
se encontraba bajo la Puerta de Alcalá y tumbado en sus zonas de
césped. ''¿Qué diantres había pasado?''. Por más que lo
intentaba no podía recordar nada de los 5 últimos días. Lo último
que recordaba era llegar a aquel faro tras un tedioso viaje en
autobús. Se incorporó como pudo y vio que sus ropas estaban hechas
trizas. No era friolero pero el otoño estaba ya muy entrado y sería
mejor llevar una ropa en condiciones.
Frente a él pudo ver un letrero
digital de una tienda donde se leía con claridad la hora y el día:
Era jueves y eran las 5 de la madrugada, lo que explicaba que hubiese
poca gente por la calle: en días laborables como ése había muy
pocos transportes para volver a casa por la noche. Pero no podía
esperar, debía llegar y descansar un rato.
-Uumm... está a un paseo largo- Se
dijo a sí mismo- Pero bueno, tampoco tengo prisa- Marchó a buen
ritmo al lado del Retiro al tiempo que la nostalgia le invadía al
ver la ciudad en que vivía. Había estado fuera poco tiempo pero
por alguna razón que desconocía, le parecía una eternidad.
Mientras caminaba, recordó su nombre
como si un rayo hubiese atravesado la mente.
-Yo... me llamo Isidoro, claro está.
Ha tenido que suceder algo rarísimo en ese faro para que haya
olvidado hasta como me llamo. ¿Mucha fiesta tal vez?- Rió.
Siguió su camino dándole vueltas a
todo. Eliart vivía sólo desde principios del mes de agosto y se
encontraban a poco de finalizar noviembre. Llevaba cerca de un mes
sin hacer una visita a casa de sus padres, pero no eran horas de
aparecer para saludar. Pensó sobre sus padres al tiempo que andaba:
el padre de Eliart era un hombre de mucha edad, un tipo extraño,
misterioso y ''tremendamente inteligente'' según decían muchos en
su familia. Era la típica persona que se retira para no salir cuando
alguien saca una foto.
Su madre era una mujer igualmente
adulta, pero con alma de niño, muy dada a relacionarse con la gente.
Era la típica persona que pone ilusión y amor en todo lo que hace,
aunque se equivoque estrepitosamente. El problema es que también era
muy protectora, muy insistente con su hijo y eso a éste lo sacaba de
quicio.
La relación entre el I-Men y sus
padres era tensa cuanto menos por razones múltiples que nuestro
héroe no quería esforzarse en recordar. Pero a pesar de todo eran
sus padres y ahora que vivía solo, debía tratar de no aumentar su
distancia con ellos. El camino transcurrió al ritmo de las canciones
del viejo mp3 de Isidoro cuyas canciones se sabía de memoria. Al
tiempo que caminaba las tarareaba con energía, poniendo su mirada en
el cielo nocturno de cuando en cuando.
Pasó alrededor de media hora y
nuestro héroe se encontraba ya cerca de su casa. Había caminado a
buen ritmo, pues tenía muchas ganas de tumbarse en la cama. Pensar
en la cantidad de ropa que tenía encima de ella le daba mucha
pereza.
Ahora
en la calle había algo más de gente. Por encima del Puente de
Vallecas se oía el ruido continuo de los coches pasando. Su cabeza
parecía estar empezando a aclararse. De repente lo recordó todo y
sus ojos se abrieron de golpe, al tiempo que se paraba de lleno ante
el cruce. ¿Serían ciertos aquellos recuerdos? Parecían muy propios
de un fantasioso sueño y no tenía pruebas de que fuese verdad nada
de aquello. En cualquier caso, si era un sueño, lo mejor sería
despejarse un poco antes de tumbarse en la cama. Subió por la
avenida de la Albufera unas manzanas y torció después por la calle
Sierra Morera, al poco divisó su portal e introdujo la llave. Había
llegado a casa.
A muchos kilómetros al norte, El
Capitán Vasco apareció en pie en lo alto de una colina. Desde esta
colina divisaba la costa a lo lejos y el corazón de una gran ciudad.
Al verlo, las lágrimas brotaron de alegría en sus ojos al tiempo
que gritaba:
-¡Por fin estoy en Bilbao, mi tan
querida tierra!- Poco importaba que hubiesen pasado 5 días. Su
tierra era su tierra. Dicho ésto e igual de confundido que Eliart
bajó corriendo las laderas del camino.
La casa de Isi era una casa pequeña
de unos sesenta metros cuadrados bien aprovechados, pues cabían dos
habitaciones (una de ellas usada a modo de trastero con montón de
libros, cómics, juguetes y discos amontonados), un cuarto de baño y
una cocina, además de un balcón que daba a la calle. Era un primer
piso. Eliart se dirigió al baño a desperezarse un poco y a
cambiarse de ropa. Al revisar sus bolsillos descubrió la extraña
tarjeta del juego en la cual figuraba el nombre de ''Eliart''. Eso si
que era una prueba. Aunque la invitación del faro llegó a casa
dentro del sobre en ella no había ningún tipo de dato. Toda la
información estaba en la tarjeta, el nombre del jugador y el número
de vidas. Sin embargo, era muy raro. No era algo que sucediera todos
los días, claro que tampoco lo era la invitación.
Se quitó la camiseta blanca y medio
rota que llevaba y se miró al espejo. Pensó en Gravitta, aquel tipo
pelirrojo que había torturado a la chica que le gustaba desde que la
conoció en aquel macabro juego. Al tiempo que decía ''¡Aries!'',
pudo ver como la energía anaranjada se activaba. Sin duda era la
misma sensación que había sentido los días anteriores.
Era algo alucinante y daba miedo al
mismo tiempo. ¡Tenía poderes y muy buenos! La de veces que había
soñado con tener poderes y luchar por la justicia en el mundo. Sin
embargo, como todo en la vida, tenía su precio. Aquellos días había
visto gente desfallecer, había experimentado una tensión y estrés
sin precedentes al sentirse preso de algo desconocido. Ahora veía
que todo había sido real, o al menos eso parecía. ¿Qué habría
pasado con el resto de los I-Men? No podía dejar de pensar en el
Guerrero Celeste, que había sido su amigo desde el primer momento y
que guardaba una piedra que Eliart le regaló en señal de amistad.
Tampoco en el apuesto y aventurado Capitán Vasco, la intrépida y
tajante Demongirl, el alto y calmado Llama Helada, la pasota de
Waver, Holy y los dos nuevos: Revelación y Shadow Walker.
Pero
en su cabeza rondaban sobre todo tres personas: Gravitta, aquel
jugador que tanto daño les había causado. A pesar de sus actos que
dejaban mucho que desear y de su forma de ver a la vida y a la gente,
totalmente opuestas a las de Eliart, éste había visto algo de
bondad muy bien oculta en su interior. Si no se equivocaba, ¿debería
ayudarle? Era sin duda una decisión compleja. Había hecho sufrir a
Gaia. Quería saber sobre ella. Sabía que vivía en Madrid al igual
que su hermana, pero no sabía nada más. También pensaba en el Sr
Irons. Habían conectado genial y desde el primer momento, su cara le
resultaba familiar. Al ver que se había cambiado de bando, yéndose
con Gravitta, la imagen que se había construido de él se
desvanecía. Intentaba entenderle, pero no podía dejar de culparle.
Irse con los mismos que habían secuestrado a su amiga, antes de que
la misión hubiese concluido le daba qué pensar. Al mismo tiempo
ésto era algo que le hacía sentirse culpable. ''No pude estar a su
lado el tiempo necesario. Si no, no hubiese pasado ésto'', trataba
de creer.
Al cabo de un rato de reflexionar
sobre sus poderes y sobre el juego, mientras se quedaba absorto
frente al espejo, decidió descansar un rato sobre la cama. A
mediodía iría a ver a sus padres y de paso se ahorraría comprar
comida.
Mientras tanto, el Guerrero Celeste no
había tenido tanta suerte. Había aparecido en una calle estrecha y
poco iluminada, paralela al Paseo de las Delicias, de pie pero en
estado de shock e igual que el resto de sus amigos, sin recordar
nada. Al poco tiempo recordó que se llamaba Daniel mientras caminaba
hacia la estación de Atocha, pues vivía cerca de un polígono
industrial de la periferia y debía ir en el tren para llegar hasta
allí. ''Estúpido juego, ya podía haberme trasladado cerca de mi
casa''. Pensó una vez en el tren cuando recuperó la memoria., entre
estresado y malhumorado. Pensaba en el juego haciéndose varias
preguntas acerca de los objetivos que tendría, quién o qué estaría
detrás.
-Buff, en cuanto llegue a casa me
tocará buscar respuestas, que pereza- Se dijo en voz baja. Tenía
bastante interés en saber dónde estaría el resto, aún no sabía
mucho acerca del resultado del combate contra los S-Men, aunque
confiaba en que hubiese ido bien... debería buscarles y sería lo
primero que haría al llegar a casa.
Sin embargo, después de aquellos
cinco estresantes días, necesitaba también relajarse y pensar en
otras cosas que tenía en mente en su día a día. Por ejemplo,
estaba empezando a colarse por una vecina suya de pelo moreno llamada
Lorena. Era una chica bastante atractiva y de su misma altura y edad
(18 años). Tenían aficiones en común y siempre conseguía sacarle
una sonrisa. Además justo le había dicho hacía poco tiempo de ir
al cine y a tomar algo en un claro tono de primera cita. Sin embargo
el I-Men no era muy decidido y las situaciones de este tipo le
resultaban más complicadas de lo que en realidad eran.
Además aquella chica no era la única
que nublaba su mente, pues se sentía muy atraído también por una
chica a la que conocía de hacía mucho tiempo y con la que sabía
que el sentimiento era mutuo. Por lo general, era un tío que ligaba
sin proponérselo a pesar de ser muy introvertido. Ésto le daba
quebraderos de cabeza ya que no solía confiar con facilidad en las
personas y aún más le costaba tener amigas con las que poder hablar
sus problemas. Llegó la hora. El tren anunció su parada y llegó a
su casa, donde vivía con su hermana menor y sus padres. Eran una
familia de lo más normal, al menos eso pensaba.
Eliart
se despertó de un sobresalto a la 1 del mediodía: ¡Había soñado
con el juego! Y en la última parte del sueño se había visto así
mismo desapareciendo, no pudo evitar darle vueltas a aquello ¿sería
una premonición?. No tenía ni idea, pero tan sólo el hecho de que
pudiese ocurrir le hacía temblar y por muy fuerte que fuera debía
recordar las palabras de aquella voz del juego ''solo
puede quedar uno''. Llegado
un momento tendría que enfrentarse con sus propios compañeros.
-¡Basta!- Gritó para despejarse.
''Debo analizar las cosas con más calma o no hallaré ninguna
solución. De momento intentaré pensar con tranquilidad en estos
temas, y a ver si junto al resto del equipo pensamos una solución...
si es que vuelvo a verles claro''.
Concluyó de meditar, se bebió de un
trago una lata de Coca-cola y se puso música para ir camino a casa
de sus padres.
Gaia y Demongirl habían llegado ambas
cerca de su casa, también en una zona periférica. Al poco se
encontraron yendo de camino juntas, aunque Gaia tardó un rato más
que su hermana menor en recuperar la memoria, las heridas que había
recibido departe de aquellos malditos S-Men aún le pasaban factura.
Por suerte Revelación en el tiempo que estuvo cuidándola consiguió
cortar su hemorragia. El tema del juego les preocupaba bastante a
ambas. Querían descubrir qué había sucedido pero no sabían por
dónde empezar. Demongirl, no obstante, se sentía defraudada por la
actitud de la gente en el juego pues, aunque ella no era una chica
excesivamente pacífica, no esperaba actitudes tan perversas y tan
premeditas como aquellas que planearon secuestrar a su hermana. Se
sentía, como todos nos sentimos a veces, enfurruñados con el mundo.
En aquel momento a la única persona que quería ver era a Llama
Helada, su amorcito desde que empezó aquel juego. Él en muy poco
tiempo había conseguido entender a una chica complicada y dura de
pelar como era ella. Se acurrucó en un rincón de la habitación con
un peluche entre los brazos, mientras pensaba en todo ésto.
Gaia por su parte no tenía ninguna
gana de volver a aquel terrible lugar. La violencia le parecía algo
detestable en todos los casos, al menos para los humanos, que estaban
dotados de inteligencia, algo de lo que empezaba a dudar. Se sentía
un poco frustrada por su rapto y lo que supuso para todo el equipo.
Sin embargo, al recordar el momento que Eliart entró en la última
sala se le dibujó una sonrisa que la animó durante unos minutos.
Sus nuevos amigos se habían comportado como auténticos héroes y
quería verlos aunque sólo fuera para darles las gracias.
Eliart llegó finalmente a la salida
del metro más próxima a la casa de sus padres, por la zona céntrica
de Tirso de Molina. Había llegado pronto así que callejeó un poco
perdiéndose entre calles estrechas llenas de bares. Al rato llegó
al portal de la que había sido su casa durante 20 años.
-¡Hombre, mira quién viene al fin!-
Contestó una voz grave con tono de reproche al ver a Eliart abrir
con sus viejas llaves que aún conservaba.
-Gracias papá, yo también me alegro
de verte- Dijo sin dar importancia a lo que parecía ser el comienzo
de una réplica.
-Anda que... ¡es que casi un mes sin
dar señales de vida!- Dijo la voz de su madre con más amabilidad-
Anda, te prepararé algo de comer, que seguro que tienes hambre.
-Sí ja, ja, gracias. Y perdonad, es
cierto que tenía que haberme pasado antes- Concluyó el I-Men. La
comida transcurrió con una charla amistosa. Sin mucho más Eliart
marchó de vuelta a casa, aunque nada más llegar alguien llamó. Fue
a ver quien era y se encontró con su amigo de pelo tazón.
-Pero.. ¡Celestina tío, que alegría!
¿Qué haces aquí?¿Cómo me has encontra..?- El Guerrero Celeste no
le dejó terminar la frase y comenzó a hablar muy rápido, a la vez
que se movía.
-Eliart tío, ¡al fin te encuentro,
qué bien! ¡Lo del “juego” era verdad! ¿Cómo fue el combate
con el ´jefe´ de los S-Men? Es que yo después de desmayarme me
recuperé muy tarde y apenas sé lo que pasó. ¿Cómo éstas?¿Estás
bien? ¡Ah, sí! He estado pensando e investigando sobre el juego
y...
-Para, para- Le interrumpió Eliart-
Estás muy alterado tío, si hablas tan deprisa no me entero de nada.
Anda entra un rato a mi habitación y hablemos más tranquilos. Le
ofreció un poco de agua y tras serenarse reanudaron la conversación-
Antes que nada tío, ¿Cómo me has encontrado?- Preguntó Eliart que
seguía sorprendido de aquella visita tan agradable como inesperada.
-Pues verás es que, ¡Soy un
hacker!- Contestó poniendo cara de interesante.
-Nada nada, éso sólo no me basta.
¿Cómo diablos has hecho para encontrarme?- Eliart aparte de sentir
curiosidad por saber qué había hecho su amigo, pensó por un
momento en la posibilidad de que la persona que tenía enfrente no
fuese su amigo, ya que no resultaría extraño que algún jugador
pudiese imitar el cuerpo de otros. Desde luego aquello no era
descabellado. Aunque bueno, por la forma de hablar y sus gestos
estaba claramente frente al chico que conoció en el faro, así que
si fuese otro sabría imitarle muy bien.
-Lo del hacker va en serio tío.
Estuve investigando con mi ordenador hasta que dí contigo. Internet
es muy grande, amigo mío.
-Pero ¿Qué narices? ¡Si ni siquiera
estoy dado de alta en ninguna red social! Y además no sabes mi
verdadero nombre- Lo que decía Eliart era cierto. En otro tiempo si
participaba en redes sociales, pero se acabó yendo de todas.
Simplemente no le gustaban.
-No, es cierto que no estás en las
redes sociales, pero tienes un blog, Isidoro- Aclaró finalmente, el
hacker.
-Oh muy hábil tío. Supongo que con
esa respuesta me vale. Es increíble que hayas localizado mi casa- A
pesar de todo Eliart seguía mirando raro- ¿De verdad eres tú, no?
-Ja, ja, que sí tío. ¡Mira ésto!-
Celestina se sacó del bolsillo la piedra que Eliart le regaló
durante el juego y que solía llevar a modo de colgante. Sería mucha
casualidad que un “imitador” la llevase también.
-Vaya... veo que aún la conservas.
Perdona colega, con ésto del juego he llegado a pensar que podías
no ser tú.
-Nada hombre, todos estamos un poco
desorientados. Escucha, he venido a comentarte que he encontrado algo
muy interesante... creo que está relacionado con el juego pero no
estoy del todo seguro, aún debo investigar un poco más- Eliart
sonrió.
-Increíble ¿Crees que puede dar
algún tipo de pista y aclarar nuestras dudas?
-Sin duda, al menos algo nos dirá. El
caso es que me gustaría reunir a todo el equipo, a todos los I-Men
incluidos los nuevos para comentaros bien el asunto. Sería bueno que
entre todos los vierais y pensemos sobre ello, diez cabezas piensan
mejor que una.
-¡Me parece una idea brillante!- Se
ilusionó Eliart- ¿Puedes encontrar a los otros?
-Sí, no habrá problema. Ah, por
cierto toma, picarón- Se sacó del bolsillo izquierdo del pantalón
vaquero un sobre blanco, al tiempo que le daba a Eliart un leve
codazo en señal de complicidad.
-¿Y éste sobre?
-Es la dirección y el teléfono de
Gaia. Porque querrás llamarla ¿no, pillín?
Eliart se rió a carcajadas.
-Bueno, no se qué decirla ahora
mismo, pero gracias tío, eres un buen amigo. Por cierto, creo que ya
que sabes mi nombre, sería bueno que lo guardaras en secreto, tengo
la intuición de que podría ser peligroso decirnos nuestros nombres
verdaderos mientras este juego dure.
-Sí, estoy de acuerdo. Guardaré el
secreto. Yo me llamo Daniel, que no sería justo que tú no lo
supieras. La verdad es que ahora el nombre de los I-Men tiene más
sentido ¿no?
-¿Cómo?- Preguntó extrañado.
-Claro, por tu nombre. Los “Hombres
de Isi”. Los “I-Men”- Concluyó el Guerrero. Eliart se puso
rojo como un tomate.
-¡Anda ya tío! Aunque que puede que
mi subconsciente lo pensara y por eso me salió ese nombre, quién
sabe- Dijo guiñándole un ojo.
-Bueno Eliart, me voy a casa que debo
encontrar aún a parte del equipo, tengo tu mail, así que te enviaré
un correo con todos los detalles cuanto antes- Ambos se despidieron
chocando sus puños.
Al irse su amigo Eliart se quedó un
rato en aquella habitación meditando. El juego parecía una
oportunidad nueva en su vida. Había tenido buenos amigos en el
pasado, pero todos le habían fallado. El juego podía cambiarlo
todo, era como empezar de cero. Con estos mismos pensamientos observó
el sobre que contenía la dirección de Gaia y se dio de cuenta de
las ganas que tenía de oír su cálida voz. ''Tengo que llamarla'',
se dijo. Sin pensar sacó del sobre el papel que contenía su número
y comenzó a marcar. En el momento que empezó a dar señal se
percató de que no podía preguntar por Gaia y en el papel no ponía
su nombre verdadero.
-Espero que lo coja ella, si no vaya
corte.
A los pocos segundos de dar la señal,
se oyó una voz cálida al otro lado del teléfono. Era ella.
-¿Hola?
-Hola... Gaia- Titubeó Isi- ¿Cómo
te encuentras?
Gaia reconoció su voz al instante.
-¡Eliart! ¿Cómo me has localizado?
¡No me espíes!- Se quejó de broma la rubia, aunque al chico no le
pareció una broma.
-Lo siento, yo... Quería saber si
estabas bien. El Guerrero Celeste me dio tu teléfono y pensé en
llamarte, estaba preocupado- Comentó con seguridad.
-¡Gracias! Oye, irás a la reunión
de los I-Men ¿no? El Guerrero ya nos ha contado y sea cuando sea nos
apuntamos mi hermana y yo.
-¡Claro que iré!
-Bien, entonces nos vemos allí,
¡adiós!- Tras ésto colgó rápidamente.
Eliart no sabía qué pensar de que
hubiese colgado tan repentinamente. Igual fue exagerado llamarla pero
como decía el refrán a lo hecho, pecho, de nada sirve lamentarse.
Decidió tomarse un poco de tiempo para sí mismo. Encendió el
ordenador para mirar el correo. Seguro que los pesados de la
universidad le habían mandado algún largo y asqueroso trabajo.
También miraría un par de trailers de series y se relajaría un
rato.
Al encender el correo encontró un
mensaje de “Usuario desconocido”, en el primer lugar de su
bandeja:
“Hola tío, soy el Guerrero. ¡Ese
tío llamado Revelación me ha encontrado a mí! Al parecer como sus
poderes no tiene que activarlos puede usarlos sin problemas. Me ha
dicho que vendrá a la reunión y ha ofrecido su casa, al parecer es
grande. Entre él y yo localizaremos a todos, en dos días será la
reunión. Te adjunto la dirección. Está en Madrid. Nos vemos
Eliart! XDD”
Todo parecía ir viento en popa.
Mientras tanto en Bilbao el Capitán
Vasco disfrutaba de un rato de libertad, al margen tanto de
criminales como de periodistas. No había hecho ninguna declaración
acerca del juego. Sólo había alguien en todo Bilbao con quien
podría hablarlo y era una amiga de la infancia con la que acababa de
quedar. En realidad el Capitán sabía que no era sólo una amiga,
sin embargo por la propia seguridad de la chica no se atrevía a dar
el paso.
-¡Hola, Capitán!- La chica siempre
le saludaba así, con un tono de confianza. El Capitán pensó en
hablar del juego, pero recordó las palabras de la voz cuando se
fueron “no comentéis lo del juego con nadie que no sea del
juego”. Pudiera o no creerle,
era mejor abstenerse de intentarlo. Se marchó con ella dando un
paseo sin sobresaltos.
Al
cabo de dos días nuestros héroes marchaban hacia la casa de
Revelación, inquietos por el mensaje que el Guerrero Celeste
pretendía transmitirles. El portal era antiguo, de material
decimonónico y aspecto señorial. Se notaba que era una finca de
gente con pasta. Al llegar al portal Eliart se encontró con Shadow
Walker, Demongirl y Gaia. Los tres acaban de llegar desde caminos
diferentes. Shadow Walker miraba a Demongirl pensando en su atractivo
mientras ella lo miraba con recelo. Era incapaz de verle como uno más
después de todo lo que habían pasado.
-Eh
guapa, ¿por qué me miras de ese modo?¿Tengo monos en la
cara?¡También va por ti rubia!- En los ojos de ambas había cierto
rechazo por todo lo que habían pasado por culpa de su grupo.
-No
te preocupes amigo mío. Sólo están dolidas por lo que pasó y es
normal. Dales un poco de tiempo ¡Te acabarán aceptando!- Respondió
sonriendo el valiente Eliart.
Al
cabo de 10 minutos de espera, Revelación salió a su encuentro.
-Los
demás no pueden venir, así que seguidme que ya estáis todos.
Asintieron
y siguieron al místico al ascensor. Era un ascensor que chocaba
mucho con el perfil antiguo de la casa, ya que era muy moderno, no
tenía botones sino un sensor de voz que te preguntaba al piso que
querías ir. Estaba pintado de un color azul eléctrico.
-Al
piso cuarto- Dijo Revelación. Automáticamente el ascensor se puso
en marcha.
-¡Guau!-
Exclamaron todos a la vez ya que nunca habían visto nada parecido.
-Igual
reaccionó el Guerrero Celeste- Dijo sin paliativos- Bienvenidos a mi
humilde morada- Era una casa bastante grande y muy bien distribuida,
con algunos objetos antiguos y un amplio salón. En mitad del salón
había un equipo de ordenadores de última generación que estaban
conectados a un portátil mediante un cable. Celestina estaba
tecleando deprisa y todos los equipos estaban funcionando al mismo
tiempo.
-¡Qué
nivel!, así si que pareces un hacker- Bromeó Eliart.
-Gracias
y gracias a los que habéis podido venir chicos. Llama Helada, Waver
y Holy están de exámenes y no han podido venir, han hecho todo lo
posible. Me dijeron que se pondrían en contacto con Demongirl para
enterarse de lo que hablamos. El Capitán Vasco debido a que tiene
responsabilidades en Bilbao no puede venirse hasta Madrid, eso sí,
estará presente en esta reunión conectándose por videoconferencia.
En unos minutos estará.
-¿Quién
dijo,”en unos minutos”?
El Capitán Vasco no llega ni
pronto ni tarde, llega cuando tiene que llegar- Gritó la voz del
Capitán desde el ordenador.
-Bien,
entonces ya estamos todos- Habló Eliart.
-¡Que
dé comienzo la reunión de los I-Men!- Dijo finalmente Revelación.
El Guerrero Celeste tomó la palabra.
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