martes, 19 de septiembre de 2017

Capítulo 58 - La Leyenda de los Espadachines Legendarios

-Volveremos en unos minutos. Lo digo por si queréis moveros mientras tanto. Revelación notará el momento exacto en que termine de hablar con ellos- Dijo Neurona. Eliart y Gravitta siguieron al hombre hasta el fondo de la casa, pasando por un patio interno diminuto- Entrad y poneos cómodos, pero no demasiado- Sugirió Neurona intentando parecer gracioso, pero sin mucho éxito.
Neurona les ofreció algo de beber.
-Como no hay mucho tiempo, iré al grano. Os he hecho llamar porque he visto en vuestros ojos la llamada de los Espadachines. Parece que no hace mucho, ambos despertasteis una espada que emerge de vuestro interior, gracias a vuestros poderes.
Eliart y Gravitta asintieron con la cabeza, pues sabían exactamente que se refería a su pelea mutua.
-Así es. Ambos tenemos una espadas- Confirmó el manchego, que se inquietaba cada vez que había un silencio en la sala- ¿Qué puedes decirnos al respecto? ¿Acaso tienen algo especial?
-Pues en primer lugar que ni sois sus primeros portadores ni se trata de espadas cualquiera. Os lo explicaré: hay doce espadas en el mundo que tienen la característica de ser parte del alma de su portador y de incrementar notoriamente sus poderes. Sus doce portadores han sido llamados por la Historia, “los 12 Espadachines Legendarios”.
- ¿Espadachines Legendarios? - Contestó Gravitta enarcando las cejas, incrédulo.
-Efectivamente. Los Espadachines Legendarios son guerreros de alto nivel cuyo espíritu se reencarna cada cierto tiempo. La esencia de la espada no cambia, pero sí su forma y sus poderes, adaptándose al nuevo usuario. Sólo hay una excepción: el espadachín número 1, al que llaman el Espadachín de las Estrellas. Sólo ha habido dos portadores a lo largo de la Historia. Eliart y otro guerrero anterior, denominado de la misma manera y con el mismo poder. Como habrás visto en tu espada, Gravitta, tú eres el espadachín número dos. El caso es que nunca puede haber dos espadachines con el mismo número asignado en el mismo tiempo.
Cuando los GM se enteraron de la existencia de los Espadachines– prosiguió Neurona– decidieron acabar con ellos porque representaban una potencial amenaza para sus planes. Trazaron un plan para pillarles de improviso y les vencieron. Ahora vosotros sois parte de la nueva reencarnación de esos 12 guerreros. Pero la otra vez, el primer Espadachín no se había reencarnado aún, con lo cual esta vez podríamos tener más opciones.
-¿Y existe alguna manera de saber cada cuanto tiempo se reencarnan los espadachines? Obedecerá a algún criterio- Razonó el científico.
-Es posible que exista un criterio, pero lo desconozco. Lo único que sé, es que el Primer Espadachín constituye una excepción a la regla, al menos por el momento. ¿Conocéis la historia del primer Eliart?
-Sí, Wakabahashi me contó algo y me dio un libro, pero no sé descifrarlo- Contestó el manchego. Gravitta no conocía la historia, pues no habían tenido tanto tiempo para hablar de ello, así que mostró curiosidad y Neurona se extendió en su explicación, contándole a ambos, parte de lo que explicó Wakabahashi. Para finalizar el relato, fue escueto:
-Bueno, el caso es que el primer Eliart fue uno de los primeros humanos en mostrar abiertamente que tenía poderes, tal vez fue el primero. Sirvió notablemente a sus emperadores, de la dinastía de los Kisir, que dominaban prácticamente la totalidad de la Atlántida. Pero la relación entre él y la dinastía no acabó bien, aunque eso es otra historia que no merece la pena contar ahora. Se dice que el propio Eliart, tras romper con el imperio, fundó en secreto la Orden de los Espadachines, posiblemente el antecedente de los 12 espadachines. Siento no ser claro, pero todo lo que rodea al primer hombre con poderes es un misterio. El caso es que, de ser cierta, el anterior Eliart vivió hace 2000 años y desde entonces la primera espada nunca se ha reencarnado en otro guerrero, hasta ahora. -Hizo una pausa para beber un largo trago de agua y prosiguió- No tendremos muchas más oportunidades para derrotar a los GM. A partir de hoy, debéis aprender a aprender a manejar vuestros poderes junto a la espada. Será una prioridad si queremos sobrevivir.
-De acuerdo, pero ¿Por qué nos has contado esto aparte del grupo? Se podrían haber enterado perfectamente.
-No, Eliart. No deben enterarse. He visto a través de los ojos de algunos de tus compañeros que ellos también podrían llegar a convertirse en Espadachines, no está escrito en piedra quién lo será y quién no, pero se sabe que cualquiera con un gran poder en una situación al límite es capaz de convertirse en espadachín. Si se enteran de ello, es mucho más difícil que lo consigan, según está escrito al respecto. Así que lo mejor será que guardéis el secreto.
Eliart no pareció comprender del todo lo que el enviado de Cerebro planteaba, pero lo asumió y decidió no darle más vueltas. Neurona volvió a ponerse la capucha y despidió a todos los I-Men amablemente, parecía más cercano que hacía media hora.
-Mucha suerte, equipo. Cerebro confía en vosotros- Se despidió bajando la calle poco iluminada.
-Hey tíos ¿qué os han contado? - Preguntó el Guerrero Celeste. ¿Y por qué sólo a vosotros?
-En realidad sólo cosas embarazosas- Dijo Gravitta, que había pensado en una posible contestación por si le preguntaban- Neurona quería saber qué motivó a Eliart a intentar ser mi amigo y también por qué yo rechazaba al mundo hasta hace poco. Nos ha hecho llamar a los dos porque sabía que me daría vergüenza volver a abrir mis sentimientos delante de todos.
El Guerrero Celeste no se quedó conforme con la respuesta de Gravitta, pero se sentía enternecido por su pasado. Desde luego, lo había pasado muy mal.
-Pues eso me preocupa, Gravitta. Tenemos que seguir trabajando tu empatía. ¿Quedamos mañana? - Le propuso abiertamente Erzzhia.
-De acuerdo- Respondió el científico, que no pudo evitar sonrojarse. Celestina miraba a su hermana pequeña con preocupación, pues aún no confiaba en Gravitta.
El equipo estuvo charlando durante un rato acerca de sus planes para los próximos días, siendo conscientes de que los GM les podrían trasladar al juego de nuevo en cualquier momento. También pensaron que, al no estar ya Demongirl entre ellos, el Capitán Vasco y J.J que era de los pocos que sentían presencias, podrían tratar de reclutarles en el juego. Otra opción era que aquellos que pudieran volar rastrearan la zona desde el aire.
-Va a ser más complicado que nos encontremos ahora que somos tan pocos jugadores, pero nuestra máxima debe seguir siendo permanecer unidos y evitar pelear entre nosotros en la medida de lo posible- Explicó el Capitán Vasco.
Eliart, estaba ensimismado en sus pensamientos y emocionalmente impactado por su ruptura con Gaia, pero entendió que debía decir unas palabras al equipo y alejarse de sus preocupaciones por unos momentos.
-El Capitán tiene mucha razón. Debemos continuar evitando pelear entre nosotros y buscarnos en el juego. Pero en caso de que sea imposible de evitar… recordad todo lo que nos ha contado Neurona. Cerebro y el mundo nos necesitan para vencer a los GM algún día. Que uno de nosotros gane es muy importante. Dicho esto, mucha suerte a todos. Y ánimo también a los que no han podido venir hoy - Finalizó menos efusivo de lo habitual. Tras las palabras de Eliart, todos marcharon a sus respectivos hogares.

Al día siguiente, los rayos de sol de un caluroso mediodía despertaban al Guerrero Celeste que se había quedado dormido con el móvil encendido entre sus manos. Estuvo toda la noche chateando con Gaia, que necesitaba alguien con quien hablar acerca de la ruptura con Eliart. La rubia estaba confusa: por una parte, pensaba que se habían precipitado, pero, por otra tenía la sensación de que las formas de ver la vida de los dos eran demasiado diferentes como para que la relación perdurase. El Guerrero se limitaba a escuchar, pues no sabía muy bien qué decirle. El sentía que Eliart era su amigo, pero al mismo tiempo se sentía defraudado por el hecho de que hubiese perdonado a Gravitta sin el mayor problema. No era capaz de entenderlo.
Gaia le había dicho de verse en el centro de Madrid en torno a las cuatro para poder explicarle en persona. Como todavía tenía tiempo, se disponía a comer algo y a asearse cuando encontró en la cocina una nota de su hermana: “He quedado para comer y estaré fuera hasta la noche. No te preocupes por mí Celestina”.
El chico de viento se sacudió la cabeza tres veces seguidas: ¿Era posible que se hubiese llevado bien con Gravitta tan rápido? “Bueno, ya no es una niña. Será mejor que confíe en ella. No debo darle más vueltas”. Se decía a sí mismo. “Volveré pronto para poder ponerme a entrenar. Es necesario.”
El Capitán Vasco por su parte pasó el día siguiente ejerciendo de Súper-Héroe por las calles de Bilbao, que le reclamaban bastante a menudo. Aquello le servía de entrenamiento.
Pero el Capitán y el Guerrero no eran los únicos que habían optado por entrenar: Waver, Shadow, Kya y Garra Nocturna estuvieron toda la tarde de aquel caluroso lunes haciendo un entrenamiento conjunto.
-Bueno, nosotros nos vamos ya- Dijo Kya, fatigada tras varias horas de entrenamiento- Ya sabéis que el Juego no me va permitir regresar… y quiero aprovechar el poco tiempo que me queda junto a Shadow hasta que marche- Explicó. Las adolescentes se rieron, pero entendieron el drama de la pareja.

Por su parte, Erzzhia y Gravitta tuvieron otra sesión de empatía. Habían quedado en una de las puertas del Retiro, cercana al restaurante favorito de Erzzhia: una pizzería cuya especialidad era la Cuatro Quesos, un gusto en el que coincidía con el científico.
-Verás Gravitta. He pensado que podríamos empezar por repasar sentimientos sencillos como los que sentiste el otro día. Luego pasaré a transmitirte sentimientos más complejos… y la idea es que los compares con otros parecidos que hayas sentido. Como hicimos la vez anterior. Debes ser capaz de asumirlos, por extraños que te parezcan. Te va a costar un poco pero no sabemos cuánto tiempo tenemos y…
-No te preocupes- Interrumpió el científico- Me parece muy bien hacerlo como dices.
-De acuerdo. A las seis he quedado con unas amigas para ir al cine. No sé cuándo tendré ocasión de volver a verlas así que tenemos hasta esa hora para nuestro ejercicio- Mientras degustaban las pizzas de la casa, Erzzhia colocó sus manos sobre la cabeza de Gravitta y comenzó a transmitirle sentimientos. Empezó por sentimientos de carácter positivo, como la alegría por un tema banal, la calma, la paz. Más tarde, trató de transmitirle sentimientos neutros, como la intriga y finalmente comenzó por sentimientos negativos como la impotencia.
Gravitta iba asociando cada sentimiento a cosas que había sentido en su niñez. Así, poco a poco, fue abriéndose a Erzzhia y contándola ciertas intimidades que ni Eliart ni J.J conocían y que no se sentiría cómodo contándoselas a otras personas. Al cabo de unas horas, mientras tomaban helado y paseaban por el Retiro para bajar la comida, se sentaron en unas cómodas mesas del parque y la joven le propuso complicar el ejercicio.
-Hasta ahora te he transmitido sentimientos sencillos, fáciles de entender. Ahora voy a complicarlo un poco más.
Erzzhia volvió a colocar sus manos sobre la cabeza de Gravitta. Éste entendió que la hermana de Celestina le estaba transmitiendo un sentimiento difícil de explicar, el cual se basaba en una mezcla entre confianza, respeto y admiración mutua, unido a un deseo de ayudarse y conocerse. Al cabo de unos minutos el recién llegado a los I-Men comprendió que se refería a la amistad. Erzzhia se sonrió.
-Bien, veo que lo has comprendido. Pero no vale que lo asocies con Eliart o con J.J. Bucea más en tu interior.
El científico se quedó desconcertado. ¿Había tenido algún amigo en su niñez? Recordó que su padre solía verse con otros científicos que a veces iban acompañados de dos niños pequeños, pero nunca fue demasiado bueno relacionándose y no recordaba en aquel momento sus nombres. Eso no podía ser comparable a la amistad que tenía con Eliart. Finalmente se acordó de un compañero del barrio con quien llegó a llevarse muy bien. Todas las tardes, cuando tenían sólo 5 años, compartían la merienda y charlaban. Acto seguido, recordó que ese mismo chaval dejó de dirigirle la palabra de la noche a la mañana y que nunca más volvió a saber de él. La amistad que le transmitía Erzzhia comenzó a tornarse en tristeza.
Al verlo, Erzzhia cambió de sentimiento y a la confianza, la admiración y el respeto mutuo, le sumó el deseo de intimidad y mucha paz interior. Como resultado, Gravitta sintió por primera vez algo parecido al amor. Lo entendió rápidamente y lo asumió sin pestañear. No tardó en confirmarle a la chica que nunca lo había sentido antes. Más tarde, la joven comenzó a transmitirle sentimientos complejos en sentido negativo, que resultaban inconfundibles para el científico. Fue entonces cuando éste se acordó de su padre y la idea de venganza se apoderó de su mente durante más minutos de los que le hubiese gustado. La expresión de su rostro cambió y aunque Erzzhia trató de transmitirle de nuevo otros sentimientos… ¡No podía! Los deseos de venganza de Gravitta eran tan fuertes aún que le cegaban y bloqueaban cualquier otro sentimiento. Al percatarse de la situación, se sintió culpable. Se aguantó las ganas de dar un golpe a la mesa y en su lugar, comenzó a sudar como un pollo fruto del estrés. Entonces Erzzhia decidió parar la conexión.
-Vamos, cálmate, ya está- Le palmeó la espalda- Has tenido bastante por hoy ¿no crees?  Experimentaste sentimientos complejos y contrarios. Y los captaste bastante rápido. 
-Sí, he tenido bastante. Muchas gracias, entiendo todo mucho mejor gracias a ti- Se sonrojó el científico, sintiéndose extraño- Te lo debo.
-No me debes nada, sólo una quedada más informal a solas- Tímidamente juntó sus labios con los del científico y le dio un pico.
El científico se sonrojó aún más y se produjo un gran silencio. Erzzhia iba a disculparse cuando Gravitta la miró sonriente.
-Me parece bien. Podríamos tener una cita informal más adelante- Contestó, al tiempo que trató de marcar algo de distancia física. Ambos se despidieron.
Inmerso en sus pensamientos, Gravitta decidió pasear en soledad durante un rato, pero fue interrumpido por el bajo electrónico que sonaba cada vez que le llamaban al móvil.
- ¿Quién es? - Preguntó, molesto.
-Hola Gravitta. Soy David Irons. Verás, mientras estábamos en el juego, uno de mis becarios trató de robar la energía. Del impacto murió al entrar en contacto con ella, pero esto desestabilizó la central y ahora el sol en miniatura que se generó está fuera de la estructura que tiene que contenerlo. Se mueve de un lado para otro de la central, pero puede terminar hasta explotando. Estoy intentando controlar la energía, pero no lo logro.
- ¿Y qué es lo que necesitas?
-Necesito tu ayuda para reparar la instalación. Seguro que viéndolo se te ocurre algo.
Gravitta dudó por unos momentos. ¿Debería ayudarle? Al fin y al cabo, el señor Irons se largó de los S-Men de un día para otro. Por otra parte, ser buena persona implicaba ayudar desinteresadamente. Tras meditarlo decidió que no iría, pero por un motivo razonable.
-Irons, no voy a ayudarte. Pero no es porque esté enfadado o algo por el estilo. Simplemente es tu empresa y debes ser tu quien logre manejarlo todo. Cuando estuve colaborando contigo vi que tenías talento. Hubieses podido dar con la fórmula por tu cuenta tarde o temprano. Así que confía en tus habilidades.  Ahora la responsabilidad es exclusivamente tuya. Y despide al de Recursos Humanos, porque vaya becarios. En fin, tengo que dejarte. - Dijo el científico, seco- Adiós.
David Irons no se sorprendió, contaba con la posibilidad de que Gravitta no quisiera ayudarle. A fin de cuentas, él se marchó con los Arcángeles como un potencial espía de Gravitta. Pero en ningún caso pensaba traicionar al equipo de Árkanon. Eran buena gente y Gravitta, hasta donde él sabía, estaba consumido por el odio. No obstante, se sintió extrañado al ver que el científico reconocía sus capacidades. ¿Era posible que se hubiese vuelto más amable?
-Bueno, debo concentrarme en dar con el modo de arreglar esto. Luego con la mejora de la fórmula, podré facilitar la energía limpia a todo el mundo- El empresario más joven del siglo miró durante algunos minutos esa energía brillante de color amarillento que parecía un pequeño sol.
Se movía constantemente en zigzag, yendo de un lado a otro. Al fondo, se encontraba el aparato que había logrado construir para almacenarlo. Un depósito de energía capaz de albergar al menos 1000 unidades como aquella a las más altas temperaturas. El depósito permitía contener los flujos amarillos a su temperatura ambiente y fijos en su interior. Entonces pensó que valiéndose de sus poderes podría manejar el aparato para acercarlo y tratar de empujarlo manualmente a la fuente de energía. No debía usar sus poderes fuera del juego por segunda vez, pero todo parecía indicar que no había otro remedio.
- ¡Vamos allá! - Se concentró en activar el botón de almacenamiento con la mente y en levantar al mismo tiempo la pesada estructura. Pero la fuente de energía continuó zigzagueando hasta alejarse completamente- ¡Se mueve demasiado rápido! Tal vez sólo haya una solución … y espero vivir para contarlo. Tardaré un poco más, pero será lo mejor- David Irons se llevó el depósito a uno de los laboratorios adjuntos de la central para evitar que la energía acabase por golpearlo. Buscó durante unas horas hasta que encontró los materiales necesarios para poner en marcha otro depósito. Pero esta vez quería simplificar sus características para crear una pieza metalizada e incombustible que pudiera añadir a su vestuario. Tras varias horas, logró generar una pieza que resumía las características del depósito, aunque tenía menos capacidad de almacenamiento, tan sólo para tres o cuatro soles similares al que estaban en la otra sala. La pieza constaba de dos botones: uno que permitía adaptarla al cuerpo y otro que hacía aparecer un agujero en la zona abdominal y que permitía almacenar. Muerto de miedo, acopló la pieza metalizada debajo a armadura dorada y se acercó a la otra habitación a máxima velocidad. Tenía que acercarse a la energía y manejarla manualmente. Podría soportar el calor, al menos unos segundos. Cuando se encontraba a dos metros, pulsó el botón de la zona abdominal y seguidamente atrapó la energía con ambas manos hasta depositarla dentro de sí misma.
La energía se movió dentro del pequeño depósito metálico alrededor de unos minutos, luchando por salir. Pero finalmente se estabilizó.
Irons en cambio se sintió algo mareado y sintió un calor abrumador. ¿Habría sido buena idea introducir semejante energía en su traje? Ahora podría usar esa energía limitadamente como arma. Él no era partidario de que se usara con esos fines, pero su supervivencia dentro del juego suponía una razonable excepción: si no sobrevivía, nadie podría mejorar su invento.
Sin pretender decirle nada a Elisa o a Tom de su jugada maestra, se acercó al laboratorio principal de Irons Corporations, para comprobar sus avances.
-Elisa, ya casi tengo controlada la energía. Pero voy a necesitar más porque si comienza a ser estable, podríamos mostrar al mundo su capacidad, así que voy a... -Comenzó a decir de manera entusiasta.
-Alto ahí, hermanito. He logrado perfeccionar la fórmula de tu amigo. Nadie más debe saberlo-Irons observó la fórmula de su hermana y comprobó que había mejorado la de Gravitta: la futura energía no iba a tener que depender de él para ser generada, pues si aplicaba la fórmula a las instalaciones renovables donde la creó por primera vez, podría multiplicar la cantidad sin necesidad de emplear sus poderes. Elisa había dado con la clave en poco tiempo y eso permitía a la empresa una mayor capacidad de crecimiento.
-Es increíble. Has mejorado la fórmula de Gravitta y ahora la composición no sólo es más estable, sino que podemos hacer más como ésta a partir de una pequeña muestra. Por una vez estoy orgulloso de ti, Elisa- Dijo el científico.
-Y yo debo decir que te menosprecié, David. Se necesita mucha capacidad como científico para haber manipulado la energía como lo hiciste. Sigue siendo un misterio para mí, pero dejaré que lo siga siendo de momento. Era importante que la muestra de energía que lograste crear no pereciera. Mientras haya energía originaria, podremos hacer más.
-Perfecto. Pues iré a la central donde generé la energía y haré más. Es necesario que podamos tranquilizar a los medios cuanto antes- Así, Irons fue a la central. En otra de sus amplias salas de encontraba la primera instalación en la que, a través de mezclar diferentes tipos de energía renovable, logró crear su compuesto. Valiéndose de la energía almacenada en su cuerpo, aplicó la fórmula de su hermana. Comprobó que podía seleccionar cuánta energía quería liberar, al igual que pasaba con el depósito, que te permitía liberar energía seleccionando previamente su cantidad. Tras un arduo trabajo, Irons dejó la fuente de energía en la instalación. Si todo iba bien, en unas 3 semanas dispondrían ya de bastantes soles en miniatura.
Ya no era necesario cargar con la energía que quedaba dentro de su propio cuerpo. Pensó en dejarla enteramente en el depósito, pero… ¿de verdad no quería comprobar lo poderoso que sería con ella? Al fin y al cabo, era su invento. Sería mejor salir de dudas acerca de lo que podría conseguir con dicha energía. El señor Irons volvió a su mansión y le explicó a Elisa la cantidad de energía de la que dispondrían en unas semanas.
-Vamos a necesitar encontrar un modo más sencillo de transportar la energía. La primera acción de nuestra empresa al respecto será donar una parte a algún país recóndito de África. Un lugar donde sea muy necesario. Pero más adelante, hay que venderlo en los países ricos, porque nuestra marca debe sobrevivir. Esta tarde en la rueda de prensa explicaré todo para que no haya margen de dudas. ¿Tom?
-¿Me llamaba mi amo?
-Así es. En la rueda de prensa diré que vamos a cambiar al Jefe de Recursos Humanos y al de Comunicación. Encárgate de encontrar candidatos adecuados. Mi hermana, si se va a quedar más tiempo…
-Hasta el próximo otoño, o hasta verano en principio. Después voy a empezar a trabajar en una investigación muy interesante- Le interrumpió.
-Bueno, pues para que no estés viviendo del cuento, te ocuparás de buscar una solución a la manera de transportar la energía. Estos meses tendré que conversar con varios potenciales clientes y no puedo perder el tiempo con esas cosas.
Elisa asintió y todos se pusieron manos a la obra. Algo nervioso por la rueda de prensa, David Irons lanzó un mensaje de tranquilidad para su empresa y para la sociedad.
“Somos conscientes del lamentable error que cometimos al seleccionar a nuestros becarios para trabajar con la energía. Pedimos perdón a los ciudadanos y también a nuestros socios. Nos haremos cargo de todas las indemnizaciones correspondientes. Pero eso ya es cosa del pasado. Hoy se abre un nuevo capítulo en Irons Corporations: en dos o tres semanas podremos comenzar a aplicar de manera masiva la energía, sin probabilidad de error. Vamos a proporcionar energía limpia y barata a un montón de gente. Empezaremos con una donación que otorgaremos al Congo y a Sudán. En unas semanas, la fuente de energía que hemos creado cambiará sus vidas para siempre. Y espero que más pronto que tarde, también las nuestras. No dejaremos a ninguna persona vivir en malas condiciones pudiendo hacer uso de nuestra energía. Así que recuerden que somos el futuro. Confiad en mí, confiad en la empresa de mi padre y de mi abuelo. Confiad en Irons Corporations”.
Tras concluir la rueda de prensa y ser avasallado con preguntas a las que daba largas, David se arregló para la fiesta del empresario Miguel Rivas. Rivas era el propietario de una gran bodega andaluza que había obtenido increíbles beneficios y que estaba diversificando en otras industrias. Estaba especialmente interesado en que Irons Corporations saliese a Bolsa para comprar participaciones e influir en el uso de la energía. Los Rivas tenían un palacio en pleno Centro de Madrid, donde hacían fiestas cada cierto tiempo, fiestas en las que se rumoreaba que eran frecuentes las actividades sexuales de todo tipo. En este caso, se celebraba el cumpleaños de Miguel.
David Irons llegó en su Mercedes unos 10 minutos antes, vestido con una túnica negra capaz de deleitar a la alta sociedad, de la que tampoco tenía una opinión particularmente buena. Después de entrar oyó un par de aplausos bastante secos.
-Bonito discurso el de esta tarde- El que hablaba era Miguel Rivas, un tipo con una barba larga y cuidada, rasgos faciales de niño pijo y buen vestir- ¿Un poco de Whisky?
-Será un placer, Miguel- Respondió Irons amable.
-Has logrado algo increíble ¿Cuándo vas a salir a Bolsa? Estamos deseando invertir y hacernos más grandes juntos.
-Muchas gracias, estoy seguro de que serías un gran socio, pero en este momento no he tomado ninguna decisión. Cuando la tome, te lo haré saber- Irons vio a una jovencita de espaldas justo en la barra y lo suficiente alejado de empresarios, periodistas y pelotas- Y ahora si me disculpas… hay asuntos que me requieren.
Se acercó a la chica con una mezcla de galantería y chulería propia de él. Fue entonces cuando se percató de que aquel rostro le resultaba muy familiar. No era la misma chica, pero se parecía bastante a la que conoció los primeros días de juego.
-Vaya… perdona, me has recordado a alguien que…- Titubeó unos momentos.
-No te preocupes. Yo no suelo ser muy habladora y aun así me lo han dicho más de una vez. Debo de tener una cara muy común.
-No te ofendas, es una cara muy bonita- Aclaró David Irons- ¿Con quién tengo el gusto de hablar?
-Soy Inés Álvarez, Marquesa de Toro, bueno, todavía no he heredado el título. Parece que mi presencia te ha librado de una buena, ¿no? - La chica hablaba muy bajito, como para que la escuchase solamente el cuello de su camisa. Era una expresión de su timidez.
- ¡Ni que lo digas! Esos tíos son unos pesados. Entiendo que quieran hacer negocio en todo momento, pero me molesta que no piensen de manera estratégica.
- ¿Qué quieres decir? - Inés se había sorprendido. Se hubiese esperado cualquier otra respuesta.
-Llevan insistiendo con que saque mi empresa a Bolsa mucho tiempo. Pero siempre les doy la misma respuesta y siguen preguntando lo mismo. No hacen ningún ofrecimiento para intentar hacerme cambiar de opinión. Esperan que lo haga sólo.
Inés se rio y pasaron gran parte de la noche juntos, charlando de cosas ajenas al mundo de la empresa. Ambos sentían una química propia de las personas que conectan. Se quedaron de los últimos en la fiesta y en ese momento, Inés se percató de la hora.
-¡Vaya, es tardísimo! Mi madre me mata. Le dije que llegaría más pronto, mañana tenemos una boda. ¡Bueno, ha sido un placer conocerte, espero verte pronto, adiós! - Se despidió hablando de manera atropellada. Con las prisas, la joven se dejó un libro con una tarjeta que señalaba la página por donde iba.
Irons le siguió corriendo para devolvérselo, pero justo cuando estaba a punto de dárselo vio que la joven ¡había desapareciendo sin dejar rastro!
El empresario se quedó estupefacto. Sabía que no era la chica de la otra vez, pues tenía otra cara, otra mirada y otra voz. Pero esa chica que había despertado toda su curiosidad tenía poderes. Lo intuía. Afortunadamente, la tarjeta del libro era una tarjeta personal, que contenía su dirección.
- Lo mejor será que me acerque mañana tranquilamente a darle el libro. Aprovecharé para invitarla a cenar.
Dicho y hecho, se presentó con su Mercedes en la casa de la joven al día siguiente, ubicada en un barrio de chalés. Para su suerte, Inés estaba en casa y aceptó la cita. Irons pasó los dos días siguientes quedando con ella y a ratos con sus compañeros de Arcángeles. Así, la chica finalmente le reveló en confianza sus poderes.
-Verás… desde niña siempre han dicho que soy rara. Y es verdad. Tengo poderes desde que nací y no entiendo por qué. Puedo volverme invisible y también convertirme en otras personas. Bueno, eso no lo domino a la perfección a veces las copias son imperfectas. Hace un tiempo, recibí una extraña carta para ir a un faro donde no explicaba ni por qué me habían escogido. Naturalmente no fui, soy demasiado tímida como para ir a un sitio tan misterioso yo sola. Y además tengo que ayudar a mis padres con sus negocios. Pero siempre me he quedado con la duda de si en ese lugar encontraría más gente como yo. Ya sabes, con poderes. A veces me arrepiento de no haber ido. Durante un tiempo estuvieron persiguiéndome unos seres blancos con un gran poder… por suerte, el hacerme invisible me ayudó a ocultarme de ellos.
-No creo que debas arrepentirte. Ese sitio parece muy peligroso así que hiciste lo correcto. - Le confirmó el científico.

Durante aquellos días, Eliart entrenó sin hacer uso de sus poderes, día tras día. Estaba pasando unos días en casa de sus padres, pues hacía tiempo que no los veía. Pero en uno de los ratos que bajaba a entrenar, Angelines, su madre, descubrió algo entre los numerosos papeles que el desordenado líder tenía en su mesa.
-Isidoro cariño- así se llamaba su marido también- Mira esto, ¿no te resulta familiar?
Se trataba de una fotocopia del libro del antiguo Eliart que le había regalado Wakabahashi.
-Por supuesto, ¡qué buenos recuerdos! - Respondió el padre- Estos jeroglíficos son un poco diferentes de los libros que leíamos hace años, pero apuesto a que no es una tontería que ha encontrado por Internet.  Parece que nuestro hijo se está metiendo en líos.  Habrá que estar atentos.

Mientras Revelación meditaba y otros muchos entrenaban, el Capitán Vasco recibió un regalo inesperado de su padre: se trataba de un nuevo escudo, esta vez algo más ligero, pero del mismo material que el anterior.
-Toma. Defiende tu escudo con la vida, Capitán Vasco. La mayoría de las minas que producen este material están cerradas. Afortunadamente ha llegado antes de que vuelvas al juego- Explicó Sage.

De pronto, el Capitán notó que sus pies estaban desapareciendo y más adelante sus piernas. Estaban siendo trasladados de nuevo.
-Se ve que poco antes de que volviese. Gracias papá- Finalizó.
Y todos los que quedaban vivos, volvieron al dichoso juego.

Mientras tanto, en la mansión Irons…

-Bueno ¿qué te parece el aprendizaje de tu hermano? Tiene mucho talento. Tanto para las ciencias como para la empresa y la lucha. Es incluso mejor que tú - Increpó Tom a Elisa.
-¡Oye ! Eso no lo digas ni en broma. La verdad es que ha sido muy capaz al lograr solucionar el problema de la energía de manera eficaz y rápida. Es verdad que sólo logró crearla gracias a sus poderes, pero también son parte de él.
-Desde luego que sí. Esperemos ahora que vuelva con vida.
Pero no eran los únicos que pensaban en el joven empresario. Al fondo de la habitación se veía el contorno de otras dos siluetas.

-El paso de Irons por el Juego es necesario para hacerle crecer. Necesitamos que se haga fuerte sin importar el modo. Debe ganar a cualquier precio- Dijo una de las personas desde la oscuridad, a la vez que una sonrisa malévola se dibujaba en su rostro- Cuando gane el juego, estaremos listos para dar el siguiente paso.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Capítulo 57 - Ruptura

Tras el duro entrenamiento en el Retiro, Eliart volvió a casa dando vueltas a su relación con Gaia. Entendía perfectamente que la rubia no hubiese acudido a la reunión dado el estado de shock en que se encontraba debido a la muerte de Demongirl y a la presencia de Gravitta, pero no podía entender que no hubiese dado ninguna señal de vida y que ni siquiera le respondiera a los WhatsApp. Figuraba de hecho, como si no los hubiese abierto.
“¿Por qué está reaccionando así? No logro entenderlo. Es como si me culpase a mí de la muerte de su hermana y de todo lo que ha pasado en el juego. Entiendo su mosqueo con lo de Gravitta, pero tampoco comprendo por qué motivo mintió y dijo que Gravitta la había pegado cuando la raptó. Al final, eso fue cosa de Kya. No sé, quizás no la conozca demasiado, pero no es propio de ella mentir de esa manera”, reflexionaba sin parar, con la cabeza ardiendo del estrés. “A diferencia de mi anterior relación, he sido sincero desde el principio y he hecho valer mis principios. Sin tratar de imponérselos, simplemente sin ocultarle lo que pienso y respetando su opinión”. Tras decir esto último, Eliart mostró un arranque de orgullo y nerviosismo y comenzó a hablar en voz alta.
-¡Si es que es ella la que estaba equivocando! Ella se ensimismó con ir a la isla y debido a esa decisión, Llama Helada murió. Yo podría echárselo en cara si ella me culpa de la muerte de Demongirl por querer acercarme a Gravitta, pero es que no somos críos. Los dos hemos tomado decisiones erradas y los dos hemos acertado en ocasiones durante el juego- Se tranquilizó-. Pero, ¿cómo afecta esto a mi relación con ella? ¿Ha cambiado lo que siento por Gaia? ¿Debería decirle eso?
Tras casi una hora de caminar y reflexionar, Eliart veía las cosas más claras: seguía queriendo a Gaia como el primer día que salieron, pero entendía que sus formas de pensar eran muy diferentes y eso dificultaba mucho el entendimiento. Las desavenencias dentro del juego estaban yendo a lo personal sin que se dieran cuenta. Y eso que todavía no habían tenido tiempo de hablar de otros temas, como sus opiniones sobre temas de actualidad o temas políticos. Pero así era cómo se sentía. No quería romper con ella, pero consideraba que era necesario explicarse por su decisión de incorporar a Gravitta al equipo. Aunque era consciente de que lo más probable es que Gaia no lo entendiera. De todas maneras, Isidoro era muy cabezota y tenía que intentarlo. Eran las 9 de la noche y además viernes. Era buen momento para llamarla. Cogió su móvil y marcó el teléfono, que se sabía de memoria.  A la primera no lo cogió, así que esperó 10 minutos más. Finalmente, a la segunda llamada, la joven respondió.
-¿Hola? ¿Sí?- Dijo mientras bostezaba- ¿Quién es?
-Soy yo, Eliart- Se hizo el silencio durante unos segundos-. Escucha, entiendo que estés molesta y quiero que sepas que estoy aquí para lo que necesites. Creo que deberíamos hablar de todo lo que ha pasado. ¿Qué te parecería quedar mañana?
La joven reflexionó unos momentos. Sabía perfectamente por los correos del Guerrero Celeste que el domingo tendrían que ir todos a ver a Neurona, pero aun así quería comprobar la reacción de su novio.
-Eliart, me has pillado echándome la siesta. Tienes razón, tenemos que hablar. No podemos estar con esta tensión- Contesto, seca- Pero mañana es un poco complicado vernos, no tendríamos todo el día. ¿Qué te parecería vernos el domingo? Tendríamos más tiempo para hablar.
Eliart enarcó las cejas y fue directo al grano para evitar un debate acerca de si ella era o no más importante que descubrir el secreto del juego. Aunque él tenía claro que el domingo tenía que ir a ver a Neurona y no sabía cuánto podría prolongarse, trató de ser suave.
-Gaia, yo no tendría problemas en quedar el domingo, pero, ¿has visto los correos de Celestina? Neurona, el enviado de Cerebro, nos quiere ver el domingo y no tenemos ni idea de cuánto tiempo durará la reunión- Antes de que siguiera hablando, Gaia se adelantó.
-Ah, es verdad. Es eso. Siempre es el juego- Respondió y Eliart prosiguió antes de que la chica replicase algo. Fue sincero y reconoció sus sentimientos.
-Gaia, escucha. Tengo tantas ganas como tú de que este horrible juego termine. Pero si dejamos pasar la oportunidad de hablar con Cerebro, no podremos saber cómo resolverlo. No sabemos cuándo nos iremos de la Tierra y después no tendremos opciones de descubrir nada nuevo. Precisamente tengo que verle entre otras cosas porque no me gustaría perderte. ¡No podría permitir que alguien te eliminara y no pudiera volver a besarte una vez más!- Respondió el líder, lleno de rabia.
Gaia se sintió más confiada ahora.
-De acuerdo, cariño. Tiene sentido lo de quedar mañana. Nos veremos a media tarde. Antes no me es posible. Yo tampoco quiero perderte- Finalizó.
Ambos decidieron el sitio. Irían al Parque del Capricho, un parque decimonónico muy acogedor., ubicado a las afueras. Allí podrían hablar tranquilos.
Eliart se durmió como un lirón tras colgar, pero Gaia se había desvelado. Llevaba dándole vueltas desde que llegó a su casa. Había pensado en hablar del juego con su hermana mayor, Claudia, que estaba haciendo un Máster en Barcelona. Podría haberla llamado, pero no se sentía segura de qué preguntarla.
Nerviosa, comenzó a mirar las fotos que tenía con Eliart y se sintió querida. “La verdad es que es injusto que culpe a Eliart de la muerte de mi hermana, pero… ¿qué otra cosa puedo hacer? Si él no hubiese sentido esa rivalidad hacia Gravitta tal vez estaría aún viva. Pero también fue culpa mía. Era mi pelea. Tendría que haber ganado a Psicosis sin necesitar ayuda. Siempre he sido la hermana más débil y eso tiene que cambiar”.
“De todas maneras, algo ha cambiado en Eliart desde que le conozco. Pensaba que su sentido de la Justicia era más claro. Aceptando a Gravitta como uno más, me hace ver que no puedo confiar en él. ¿Es que no le importa todo lo que he sufrido? ¿Es más importante ganar el juego o desvelar sus misterios que lo que yo sienta? Quizá no debería pensar así, pero es como me siento. Me ha decepcionado. Le quiero, pero no tengo claro que pueda volver a mirarle con los mismos ojos”, se dijo. Tras media hora inquieta, dejó de mirar las fotos y se durmió.

Mientras tanto, Irons llevaba toda la tarde preparando su intervención ante la prensa, ya que el representante legal de la misma, un director de comunicación llamado Eduardo Martín, había estado de acuerdo en que el rostro de Irons era el mejor para dar la cara ante los medios, pues era un tipo popular. Fue entonces cuando Tom apareció en el Gran Salón. El Gran Salón de la mansión de David Irons estaba presidido por un enorme cuadro de su abuelo, el fundador de la empresa y un hombre extraordinario. David admiraba tanto a su abuelo como a su padre y quería superarles.
-¿Qué quieres, Tom? Estoy todavía ocupado- Tom venía acompañado de un perro que se comenzó a mover la cola al ver a su dueño- ¡Hola Loki! Cómo te echaba de menos- Dijo acariciándole.
-Bueno, bueno, tampoco llevas tanto tiempo sin verle. Apenas una semana.
-Sí, bueno, pero se puede echar de menos a alguien tras unos instantes- Zanjó el señor Irons, visiblemente molesto por tener que hacerlo todo tan rápido.
-Venía a hablarle de un asunto que me preocupa y que no he querido resolver sin saber su opinión. Podría haberlo hecho, pero…
-Dispara Tom, dispara.
-Verá, hay todo un grupo empresarial que está pidiendo desde hace dos meses que Irons Corps salga a Bolsa. En concreto el think tank “Seguridad y Energía Alternativa” lo está comentando todos los días a través de los medios de comunicación. Es posible que en la rueda de prensa de mañana se lo comenten. El Presidente de ese grupo no es otro que Don Miguel Rivas, el famoso emprendedor.
-¿Miguel Rivas? ¿El de las bodegas y las fiestas de alto standing que es más o menos de mi edad? Me invitó a una fiesta cuando refundamos la empresa, le recuerdo bien.
-El mismo. Hace tiempo que ha empezado a diversificar su negocio comprando varias empresas del sector industrial. En concreto está muy interesado en tu fórmula para lograr energía ilimitada y limpia. Te considera un genio y, al parecer, no va a parar hasta que compartas tu secreto con el mundo.
-Pues va listo. Me niego rotundamente a que esta empresa deje de ser de la familia. Podríamos perder el control- Afirmó- Hay mucho “genio” de las finanzas que quiere hacerse rico con el trabajo ajeno- Contestó.
-Le entiendo, señor. A mí crear una sociedad anónima tampoco me parece la mejor opción, pero no sé hasta cuándo podremos crecer a base de pequeños patrocinadores si no creamos acciones. Piense que, llegado el caso, podríamos controlar el 51% de las acciones- El señor Irons negó con la cabeza, pero Tom se adelantó- Toma, esta es su invitación para una fiesta que Manuel dará en unos días. Sería interesante que evaluase sus intenciones con claridad- La cara de Irons cambió.
-Mm, alcohol y mujeres. Está bien, teniendo en cuenta que el lunes es festivo, no habrá problema en acercarme por allí el domingo. Ahora si me disculpas…- Tom le frenó.
-No tan deprisa. Rivas y sus amigos de las grandes empresas no son los únicos interesados en que Irons Corps deje de ser únicamente una empresa de capital familiar- Se sacó de entre sus múltiples papeles una carta sellada del Ministerio de Energía e Industria- La carta la sella el Ministro, pero realmente el que la ha redactado es el General Luis Ortega, General del Ejército de Tierra. Lleva 30 años en activo y aún está lejos de retirarse. Considera que su energía es de interés estratégico para el país y que puede servir para adelantar a otras potencias- David Irons también miraba con recelo, pues no se fiaba ni de la competencia ni del Gobierno. Tan sólo quería mantener su independencia- No pretenden que deje de ser una empresa familiar, pero quieren que haya varios funcionarios en la directiva y una parte de los beneficios. A cambio, nos darán subvenciones y nos ayudarán con más investigación.
-Y supongo que pretenderán usarla para fines militares y tampoco estoy por la labor. Aunque suena mejor que la otra opción- Intervino David, haciendo amago de querer dar por sentada su postura- ¿Tú que piensas Tom?
-La verdad es que no sé qué decirle, señor. Lo primero nos da más dinero, lo segundo, más poder. En ambos casos tendremos menos independencia. Si quiere puedo preguntar a su hermana y…
-No, no, ni hablar. He aceptado que mi hermana vuelva a trabajar aquí pero siempre estuvo en contra de ayudar a papá con sus investigaciones. Yo, en cambio, siempre estuve aquí.  No voy a permitir que tome decisiones tan importantes- Irons mostró su lado duro- No me ha gustado nada que la hayas dado tantos detalles sin avisarme. Será mejor que me consultes la próxima vez, te lo digo en serio. Mi hermana está muy influida por la gente poderosa que ha conocido en EEUU y en especial por su profesor Robert, ese químico-empresario que le consiguió la beca. Este tipo está medio loco.
Tom se quedó estupefacto. David había sacado todo su carácter.
-Está bien. No le informaré la próxima vez, pero a cambio téngala en cuenta- Respondió el mayordomo mientras salía de la sala- Pero recuerde que su plan es proporcionar energía ilimitada y limpia a todo aquel que la necesite. Al menos eso decía usted.
Irons le lanzó una mirada fría y profunda, de las que intimidan y no se olvidan con facilidad. ¿Desde cuándo se había vuelto Tom tan irreverente? No recordaba que hubiera tratado a su padre así jamás.
-Y lo mantengo. Pero tenemos que lograrlo asegurándonos de que se usará como tiene que usarse. Después de verme con la prensa voy a trabajar en crear un robot que me permita generar mucha más energía y guardarla de manera más eficaz. Va a ser la revolución. Pero no necesito la ayuda de personas con intereses que desconozco. Al menos, por ahora- Zanjó.

Nervioso, el líder de los I-Men llegó al Parque de El Capricho antes de la hora fijada. Así podría darle vueltas a lo que iba a decir y anticiparse aún más a las respuestas de Gaia. En realidad, él no pretendía ser calculador, pero le costaba entender la psicología de su pareja. Era mejor pensar antes de hablar. Al rato, la rubia llegó, con unos 10 minutos de retraso.
Ambos se saludaron con un beso en la mejilla, cortantes.
-Hola, ¿cómo estás?- Intervino ella- Tienes mala cara.
-Bueno, a decir verdad, me he levantado demasiado pronto. Pero eso no importa ahora.
-Yo no he podido pegar ojo. ¿Nos sentamos?- Dijo señalando el césped. Eliart asintió.
-Verás Gaia, sé que estamos en un momento muy delicado. Sé que he cometido muchos errores en el juego y algunos han salido demasiado caros. Antes que nada, quiero pedirte disculpas. Es verdad que no he tomado yo sólo las decisiones, pero de verdad, lo siento.
Gaia sabía que Eliart no tenía la culpa, pero la rabia que sentía por dentro le hizo ignorarlo. No es que no pudiera razonar sobre aquello. Es que no quería. La muerte de su hermana y el perdonar a Gravitta después eran demasiado.
-¿Qué lo sientes? ¿Lo dices en serio? ¡Como si con eso se arreglasen las cosas tío! Mi hermana ya no está entre nosotros. De hecho, extrañamente ha desaparecido de los álbumes de fotos de mi familia. ¡Es como si nunca hubiese estado aquí!
-Sé cómo te sientes, tranquilízate…
-¡Venga ya! ¿Tú que vas a saber? Eres hijo único. Nunca sabrás el dolor que siento ahora mismo, por mucho que te esfuerces.
-Lo siento, pero eso no es así. Hay muchas personas que son como si fueran mis hermanos. Y el vínculo que tengo con ellos es extraordinario- Eliart se calló al momento. Se acaba de dar cuenta de que Gaia asociaría sus vínculos con amigos, con Gravitta. Era inevitable.
-Ajá. Sí, desde luego debes querer mucho a ese imbécil de Gravitta. Más que a mí, por lo menos- Le respondió- No entiendo cómo puedes siquiera mirar a los ojos al que nos ha causado tanto sufrimiento- Gaia moderó su tono-. Siento decírtelo, pero estás equivocado. Y estoy segura de que muchos del grupo no te lo dicen por no discutir, o por miedo. Celestina piensa lo mismo que yo.
-¿Por miedo? ¡Diantres! ¿Celestina piensa eso? ¿Miedo a qué? No he podido ser más respetuoso con las opiniones de todos.
-Ya, pero por lo que sea, tú siempre acabas saliéndote con la tuya. Y para eso, prefieren no decir lo que piensan.
-Perdona, pero no es verdad lo que dices. Hubo una vez que te hicieron caso a ti. Acabamos en una isla donde supuestamente había paz y armonía. Y sobrevivimos gracias a gente que ni siquiera es de los I-Men, como Light Knight. A mí eso me dio mala espina desde el principio.
-¡Ah claro! Es que ahora va a resultar que buscar la paz es una utopía o una locura.
-¿En un juego basado en la guerra constante todos contra todos? ¡Claro que lo es! No tenía sentido alguno.
-Pues perdona por creer en la paz y no buscar todo el día pelear.
-Gaia, ¿crees que yo disfruto con ese horrible juego? Es verdad que he aprendido a pelear y me gusta entrenar y ser cada vez más fuerte. Me he adaptado muy bien. Pero yo soy el primero que no quiere vivir en un juego basado en una guerra absurda donde algo o alguien sin escrúpulos juega con nuestras vidas. No podemos permitir que hagan eso. ¿Entiendes?
-Ahí te doy la razón. No podemos quedarnos de brazos cruzados y menos ahora que mi hermana Mary ha muerto. Debemos darle su merecido a los que nos han hecho tanto daño. De hecho, quiero que sepas que estoy firmemente convencida de que voy a ganar el juego. Quiero venganza por lo que le han hecho a mi hermana. Y si en mi camino se cruza Gravitta o alguno de sus Destructores a los que consideras colegas, no dudaré en acabar con ellos. Sin piedad.
-Te comprendo porque yo también sé que voy a ganar el juego. Gaia, sé que ya queda poco para saber la verdad, tenemos que sobrellevarlo y…
Gaia le cortó
-No, no tío. Eres demasiado optimista. Para mí ya nada volverá a ser como antes. No entiendo cómo has podido perdonar a Gravitta, así como así. ¿Te da pena? ¡Es un tipo que ha estado a punto de acabar con todos tus amigos! ¿Es que no lo ves?
-He perdonado a Gravitta porque puedo saber cuándo alguien se arrepiente de corazón y cuándo finge hacerlo. Y no es exactamente pena. Siento indignación por todo lo que ha sufrido, estando prácticamente sólo, sin nadie a quien acudir. Y bueno, lo de que intentó acabar con nosotros es cierto, pero son estrategias que tienen sentido dentro del contexto del juego. ¿Tengo que culpar a Gravitta de querer sobrevivir como cualquier otro jugador? Le culpé de secuestrarte, de atacarnos con saña, de llevarnos hasta la Torre… pero de buscar una estrategia para ganar el juego no puedo culparle.
-Pero es que por mucho que hayas sufrido no tienes derecho a hacer sufrir a los demás. Y él se ha pasado tres pueblos.
-Por supuesto que no tiene derecho a hacerlo. Se lo estuve diciendo todo el tiempo hasta que, al borde de la muerte de ambos, lo entendió. Y no tengo dudas acerca de que ha cambiado. ¿No te percataste de su evolución? En la torre no era el mismo que en nuestro primer encuentro. Lo del veneno de mi cuerpo, por ejemplo, era mentira. Podría haberme envenenado antes del combate tranquilamente, piensa que es un científico. La batalla habría sido muy desigual y ahora mismo yo estaría muerto. Pero no lo hizo, quería un combate leal, justo. Y eso me dio pistas para entender la lucha que tenía en su interior.
-De acuerdo, para ti la perra gorda- Contestó la defensora de la Naturaleza frunciendo el ceño- Imaginemos que ha cambiado. ¿Y qué? Eso no quiere decir que nosotros le tengamos que dar una nueva oportunidad después de tanto sufrimiento. Que le sufran otros y vean si ha cambiado o no. ¿Por qué esforzarse tanto por un capullo?
-¡Porque es mi responsabilidad! Gravitta ha cambiado, sí. Pero lo ha hecho seducido por la idea de tener un amigo de verdad. Si vuelve a experimentar rechazo a su alrededor, su rencor crecerá y será imposible salvarle de sí mismo. Entiendo cómo te sientes, pero Gravitta no tiene la culpa de nuestra desdicha. La tienen los GM.
-Gravitta es responsable directo de la muerte de mi hermana. Lo siento Isi, los demás pueden hacer lo que quieran, pero yo no voy a aceptarlo. No consideraré a Gravitta parte de los I-Men.
En ese momento, el sol se escondió bajo las nubes y comenzó a llover a cántaros. Se oyeron varios relámpagos que avisaban de una inminente tormenta.  Pero a ellos no les importó y continuaron con su discusión.
-Hay algo que debo preguntarte, Eugenia- Por primera vez desde el comienzo de la cita, Isidoro la llamó por su nombre real y no por el pseudónimo del juego- ¿Por qué nos dijiste a todos que Gravitta te había estado maltratando cuando en realidad fue Kya? Se me cayó un mito cuando me enteré de que era mentira. No entiendo cómo pudiste utilizar algo tan grave para aumentar la tensión del equipo hacia Gravitta. Me siento decepcionado por tu comportamiento. Te tenía por una chica fuerte y sincera. Pero tu pudieron las ganas de vengarte y nos mentiste a todos. Incluidos a tu hermana y a mí.
-Me secuestró, Eliart- La rubia utilizó a propósito el nombre del juego para crear distancia- Y estuve a punto de morir. Tenía derecho a exagerar un poco, ¿no? ¡Estaba en shock! ¡Es alucinante que me eches en cara eso!
-Es que una cosa es que mintieras en el momento y otra que no hayas sido capaz de sincerarte todo este tiempo. Tú tienes demasiado rencor a todos lo que te hacen daño. Y la vida no es así. Es necesario saber perdonar cuando el perdón es sincero y hay voluntad de cambiar- Replicó Eliart- Está claro que tenemos formas de pensar muy diferentes y eso… me preocupa- Dijo en un tono más tranquilo.
Gaia también se tranquilizó. Ahora tenían que expresar claramente lo que sentían.
-Yo también me he dado cuenta Isi, pensamos muy diferente. Yo no voy a perdonar a alguien como Gravitta y me siento muy decepcionada por tu sentido de la justicia. ¿Es esa la Justicia que pregonas? ¿Una capaz de perdonarle todo a un tipo como Gravitta? Eres demasiado flexible. Para otras cosas eres muy fuerte para sobrellevar las situaciones y eres capaz de ser responsable. Por esas virtudes te admiraba. Pero ya no te admiro. De alguna manera siento que Demongirl ha muerto por tu testarudez. No puedo evitarlo.
-Yo tampoco puedo entender una Justicia que no es capaz de tener empatía ni una mentalidad que rechaza el conflicto sabiendo que es inevitable.
En ese momento, ambos sintieron la necesidad de aparcar sus diferencias y se abrazaron con fuerza. Ambos sabían que no podían seguir así. Tras aquella breve pausa, intervino Gaia.
-Eliart, voy a ser directa. Y voy a serlo porque, a pesar de nuestras diferencias, creo que lo nuestro podría funcionar. Demuéstrame que no estoy equivocada. Demuéstrame que esa empatía que sientes por los malvados eres capaz de sentirla por tu novia.
-Dispara, pídeme lo que quieras. Yo no estoy seguro de querer continuar, pero no voy a rendirme porque aún te quiero.
-Tienes que elegir Isi: o Gravitta o yo. Los dos juntos no podemos estar. Si eres capaz de decirle a Gravitta que, aunque le perdonas, no estarás a su lado ahora, que no estará en los I-Men, entonces volveré a confiar en ti y le daré una oportunidad a nuestra relación. No es un chantaje, es que realmente no puedo más. No soy capaz ni de mirarle a los ojos.
Hubo un silencio. Eliart sintió su alma dividida y una fuerte impotencia. Quería a Gaia, pero no consideraba justo lo que le estaba pidiendo.
-Lo siento Gaia, pero si esa es tu condición, no podemos seguir juntos. Gravitta no me da a elegir.
-¡Entonces está claro que ya has elegido!- Gritó Gaia mientras se iba con la mano sobre el brazo. Se aguantó las lágrimas y marcó el número de Celestina en su móvil.
Eliart supo que no podía ir tras ella. Era normal que quisiera estar sola. Se sentía triste como pocas veces en su vida, pero a diferencia de otras, nunca había tenido tan clara su postura. Sabía que no podía abandonar a Gravitta ahora que estaba superando su odio. Esperó a que Gaia anduviera lejos para llorar. Las lágrimas le acompañaron un buen rato mientras vagaba por el parque en medio de la tormenta. Al rato se serenó y pensó que tenía que desahogarse.
-Veamos… ¿podría llamar al Guerrero? Es mi mejor amigo, pero sé que está en medio del problema… será mejor no presionarle. ¿Y Shadow? Shadow me animaría, pero es demasiado crío a veces y quizás necesite replantearme muchas cosas. Llamaré a Revelación, aunque creo que la conversación va a ser muy rara, él ya sabe lo que acaba de pasar.
Eliart marcó el número de Revelación en su móvil, un teléfono sencillo de gama media y color negro, nada que ver con el del místico.
En su casa, Revelación escuchó que el móvil sonaba, pero no lo cogió. “No es conmigo con quien debes hablar amigo mío. La Providencia no lo quiere así”, se dijo para sí.
-Qué raro, Revelación no lo coge. En ese caso… tal vez sea el momento de que Gravitta me demuestre si será capaz de ser un buen amigo. Así le ayudo a empatizar con los demás- Se decidió Eliart.
-¿Sí, Eliart?- Contestó una voz fría y grave al otro lado del aparato- No esperaba tu llamada. ¿Se sabe algo de Cerebro?
-No, verás. Te llamo por un tema personal. Gaia y yo acabamos de cortar. Nuestra relación se acabó.
Hubo un silencio incómodo de al menos medio minuto. Gravitta se preguntaba internamente qué podía hacer él al respecto.
-Oh, vaya…- Dijo finalmente el científico- Si quieres, puedes contarme. Conozco un pub donde voy a menudo, creo que será un buen sitio para hablar. ¿Conoces el Larren?
-Me suena. Pero no recuerdo haber ido nunca.
-Es normal, es un lugar solitario. Te paso la dirección. Nos vemos allí a las nueve si quieres.
-De acuerdo. Pues allí estaré- Colgaron y Eliart volvió a casa a echarse una siesta rápida, tenía que recuperar algo del sueño perdido.

El lugar estaba ubicado bastante lejos. Eliart se preguntaba cómo Gravitta habría conocido ese sitio. Al salir del metro se encontró una urbanización completamente nueva, de esas que habitan normalmente familias jóvenes. Tuvo que atravesar toda la urbanización hasta llegar a la parte antigua del barrio: un lugar pequeño, con tres plazas compuestas por casas bajas de madera y terrazas. En los laterales de la plaza principal había varias callejuelas que iban cuesta abajo. En una de ellas, pudo divisar un antro de toda la vida con una puerta negra y un cartel luminoso. Era el Larren.
El científico ya estaba allí, sentado en la mesa más alejada. El Larren era un pub sombrío donde solían poner power metal más entrada la noche. Constaba de una decoración bastante épica: en el centro había un mural donde un caballero desafiaba con su espada a un brillante dragón. Pero el líder de los I-Men estaba demasiado ensimismado en su problema como para percatarse en la decoración del local.
-Hola, veo que has llegado antes de la hora- Saludó Eliart.
-Así es. Siempre he sido muy puntual- Hubo un momento de silencio incómodo- Bueno, querías contarme acerca de Gaia, ¿no?
-Sí… Gaia y yo somos tan distintos, ¿sabes? Ella es demasiado ingenua a veces. Era de los que más me insistieron en ir a la isla porque pensaba que hallaríamos la paz.
-Bueno, no la culpo por creer en la paz. Al fin y al cabo, no es bonito vivir en guerra perpetua ¿no?
-Ya… llevas razón Gravitta. Pero igualmente creo que veíamos la vida de manera muy diferente.
-¿Quieres decirme con eso que la ruptura era inevitable?
-Lo era si no quería renunciar a mis principios. Es bastante complejo el asunto- Eliart hablaba con frases cortas y poco concretas porque no quería mencionarle a Gravitta que Gaia le dio a elegir entre si continuar su relación o permitir que los Destructores entraran en el grupo, pues sabía que le pondría en un compromiso. Tenía que explicarse de otra manera- Creo que ella no está a gusto con los I-Men en general. No es sólo conmigo, pero mis decisiones la afectan- Concluyó de manera escueta.
Gravitta, que no tenía un pelo de tonto, supo unir cabos y entender cuál era el motivo real de la ruptura.
-No se cree que haya cambiado. Es eso ¿verdad? No puede soportar que estemos en el mismo equipo. Para ella tiene que ser una barrera infranqueable.
Eliart guardó silencio y asintió con la cabeza. Iba a decirle a Gravitta que no se preocupara por ello, pero el científico siguió hablando.
-Bueno, lo entiendo. Mi yo de antes no lo hubiese permitido. Supongo que no quieres estar en el mismo equipo que alguien a quien odias. Yo nunca haría equipo con Guillermo, por ejemplo. No por eso voy a dejar de estar si tú así lo quieres. Podré soportarlo y espero que ella también- Finalizó.
-De todos modos, tanta palabrería me está dejando la boca seca. ¡Tomemos algo! Pasa la carta de bebidas.
-Eso te iba a decir. La primera corre de mi cuenta.
Ambos pidieron una cerveza y brindaron por los I-Men.

Al día siguiente, el equipo se reunió en casa de Revelación para ir al encuentro de Neurona. Estaban Eliart, Gravitta, Death, Shadow, Revelación, el Guerrero, Waver y el Capitán Vasco, que había venido de Bilbao sólo para dicha reunión.
“Como era de esperar, Gaia no ha venido”, pensó Eliart. “Creo que estamos todos los que vamos a ir. Después le contaremos al resto lo que suceda”. Decidieron que Revelación fuese en cabeza para prevenir cualquier sobresalto, pero fue un viaje bastante tranquilo.
Todos esperaban que la reunión fuese fructífera y saliesen de ella sabiendo algo más de los GM o del juego. Estaban esperanzados.
Tras coger el metro hasta una zona muy alejada del centro, tuvieron que cruzar un puente y un parque poco iluminado, como la primera vez que intentaron reunirse con Cerebro. Llegaron a una zona con casas bajas y en muy mal estado, donde la calle olía a cartón de vino y cartones de vagabundo. No era precisamente un lugar agradable. Divisaron el callejón y Revelación lo recordó con claridad.
-Es allí- Dijo de manera escueta.
Se acercaron en fila india y divisaron una silueta encapuchada que iba avanzando progresivamente hacia ellos.
-Vosotros debéis ser los I-Men ¿estoy en lo cierto?- Dijo todavía desde la penumbra.
-Así es- Respondió Eliart.
-Encantado, soy Neurona- Dijo mientras se quitaba la capucha. Era un hombre joven, pero algo más mayor que los jugadores, de origen dominicano y de mediana altura y peso. A pesar del aura de misterio que transmitía con la capucha, saludó a todos amablemente y los hizo pasar por una puerta que daba a un salón pequeño. Se acomodaron como pudieron y después Neurona comenzó a hablar- En primer lugar, muchas gracias por venir. Cerebro y yo no esperábamos menos de vosotros. Creemos que sois los elegidos, en los que podemos confiar para derrotar a los GM de una vez por todas.
El Guerrero Celeste iba a intervenir, pero Neurona le frenó.
-No tenemos mucho tiempo Guerrero Celeste. Pero Revelación puede percibir ahora mismo que responderé a eso que tanto te preocupa. Aunque no sabe que te voy a contar. Si pudiera leer mi mente, tal vez no hubiese hecho falta traeros hasta aquí. Bien, empezaré por el principio.

“Todo empezó hace 120 años. Un grupo de 5 adolescentes de ciudad estaba pasando unos días en el campo, descansando de una ciudad que estaba experimentando grandes cambios. Fue entonces, cuando, mientras contemplaban el cielo nocturno, un gigantesco y extraño meteorito cayó a unos cuantos metros de distancia de ellos. El golpe fue tan fuerte que despertó la curiosidad de los chicos. Estos se acercaron con una mezcla entre curiosidad y miedo al lugar del incidente.
Al llegar pudieron ver que el meteorito tenía forma de prisma y era de color violeta. Además, estaba brillando de un modo especial, con un tono blanquecino. Tanto que los adolescentes se sintieron enseguida atraídos por él sin poder evitarlo. Como si fuese un diamante gigantesco que tienta sólo con verlo. El prisma les atrajo como si fuesen imanes. Así, a los pocos instantes, los jóvenes estaban imbuidos de aquel brillo y se notaban diferentes. Durante un rato se quedaron sin habla, en un estado de inconsciencia y de pie. Después, poco a poco fueron recuperando la consciencia. Pero eran otros. Se sentían llenos de poder y capaces de hacer cualquier cosa. El meteorito violeta, que se había roto por su parte central, se evaporó sin dejar rastro.
Imbuidos de poder y decididos, se dedicaron a investigar sobre seres con poderes y extrañas rocas a lo largo de la Historia. Removieron cielo y tierra y descubrieron mucha información: había habido gente con poderes en otros momentos de la Historia y podía haber algunos reductos ahora. 
Con habilidades tan magníficas como las suyas, podían sentir el aura de gente con potencial. Así fue como encontraron un lugar que representaba un peligro para ellos. Se trataba de un continente que entonces estaba en la Tierra y en la Historia como uno más. Concretamente estaba entre África y América, en medio del Atlántico. Era un continente lleno de vida en el cual algunos humanos con poderes habían creado comunidades para vivir entre ellos. Otros incluso habían llegado a gobernar sobre algunas ciudades.
Como la Atlántida era un peligro, los 5 adolescentes se introdujeron en ella y eliminaron a gran parte de los disidentes. A los que se sometieron, decidieron hacerles sus siervos y dieron con la clave: necesitaban tener bajo control a la gente con poderes, para poder dirigir el destino del mundo a su antojo y desde las sombras, sin que nadie les hiciera frente. Así que, ni cortos ni perezosos, comenzaron por ocultar la Atlántida y toda su mágica Historia ante los ojos del Hombre: nadie en la faz de la Tierra conocería ese continente y sería borrado del pasado. A ojos del ser humano, sólo sería una mera leyenda. Tras esto, con sus poderes crearon el Juego. El Juego es un modo de evitar competencia: eliminan a los jugadores débiles y dejan vivo sólo al ganador, el más fuerte, para que esté bajo sus órdenes. El resto de los jugadores son encerrados en unos frascos actualmente, al principio no habían dado con la manera de contenerles y los mataban. El Juego se ha ido perfeccionando.
No obstante, la Atlántida sigue existiendo. Y algunos de los que sobrevivieron decidieron convertirlo en el santuario de la Resistencia contra los GM.  Pero no es fácil: los GM y sus borradores tienen controlados relativamente a los insurrectos. De vez en cuando pillan a alguno. Pero muchos de los candidatos a jugadores que rechazan ir al juego son reclutados por grupos rebeldes y llevados hasta allí… si sobreviven para contarlo. Y esa es toda la verdad. Los GM buscan eliminar rivales para mantener el poder evitando así que aparezca alguien más fuerte que no esté bajo su control. Ha habido 10 ediciones del Juego, una cada diez años”.
Los I-Men se quedaron estupefactos. Esos GM tuvieron el poder para borrar de la memoria de la gente un continente entero y ocultarlo a la vista. Era increíble. ¿Cómo iban a vencer a unos tipos así?
Y esa es la Historia. Cerebro ha ido reclutando a jugadores valientes como vosotros para lograr vencerles, pues él también es poderoso. Pero aún no hemos ganado. Esperamos contar con vuestra ayuda para el futuro.
-Pero igualmente sólo uno de nosotros puede sobrevivir ¿verdad? ¡Siendo sólo uno no podrá hacer nada!- Comentó angustiado el Capitán Vasco.
-Tranquilo Capitán. No os preocupéis de eso ahora. Cerebro es un hombre de recursos, además ese uno suele ser muy fuerte. Quedaos con todo lo que he dicho y tratad de sobrevivir. Ahora ya sabéis cual es el origen de todo- Finalizó. Sintiendo la inquietud de los I-Men, decidió añadir unas palabras más- No puedo daros ningún detalle, pero os puedo decir que el poder de los GM se relaja un poco cuando el Juego acaba, es entonces cuando quizá podamos hacer algo para sacaros del juego.
Todos empezaron a hablar de golpe, algunos entre susurros, como Waver, y otros a gritos, como el Capitán vasco. Sólo Eliart, Gravitta y Revelación permanecieron en silencio. Neurona levantó las manos para imponer orden.

-Y ahora disculpadnos un momento. Eliart, Gravitta, venid conmigo. Hay un asunto que debo tratar sólo con vosotros dos. Así lo quiere Cerebro- Los nombrados cruzaron una mirada, ¿qué era aquello tan especial que requería su única presencia? Los dos guerreros se adentraron con Neurona en lo más profundo de la casa, intrigados al mismo tiempo que dispuestos a desentrañar los secretos del Juego.