-Volveremos en unos minutos. Lo digo por si queréis
moveros mientras tanto. Revelación notará el momento exacto en que termine de
hablar con ellos- Dijo Neurona. Eliart y Gravitta siguieron al hombre hasta el
fondo de la casa, pasando por un patio interno diminuto- Entrad y poneos
cómodos, pero no demasiado- Sugirió Neurona intentando parecer gracioso, pero
sin mucho éxito.
Neurona les ofreció algo de beber.
-Como no hay mucho tiempo, iré al grano. Os he hecho
llamar porque he visto en vuestros ojos la llamada de los Espadachines. Parece
que no hace mucho, ambos despertasteis una espada que emerge de vuestro
interior, gracias a vuestros poderes.
Eliart y Gravitta asintieron con la cabeza, pues sabían
exactamente que se refería a su pelea mutua.
-Así es. Ambos tenemos una espadas- Confirmó el manchego,
que se inquietaba cada vez que había un silencio en la sala- ¿Qué puedes
decirnos al respecto? ¿Acaso tienen algo especial?
-Pues en primer lugar que ni sois sus primeros portadores
ni se trata de espadas cualquiera. Os lo explicaré: hay doce espadas en el
mundo que tienen la característica de ser parte del alma de su portador y de incrementar
notoriamente sus poderes. Sus doce portadores han sido llamados por la
Historia, “los 12 Espadachines Legendarios”.
- ¿Espadachines Legendarios? - Contestó Gravitta
enarcando las cejas, incrédulo.
-Efectivamente. Los Espadachines Legendarios son guerreros
de alto nivel cuyo espíritu se reencarna cada cierto tiempo. La esencia de la
espada no cambia, pero sí su forma y sus poderes, adaptándose al nuevo usuario.
Sólo hay una excepción: el espadachín número 1, al que llaman el Espadachín de
las Estrellas. Sólo ha habido dos portadores a lo largo de la Historia. Eliart
y otro guerrero anterior, denominado de la misma manera y con el mismo poder.
Como habrás visto en tu espada, Gravitta, tú eres el espadachín número dos. El
caso es que nunca puede haber dos espadachines con el mismo número asignado en
el mismo tiempo.
Cuando los GM se enteraron de la existencia de los
Espadachines– prosiguió Neurona– decidieron acabar con ellos porque
representaban una potencial amenaza para sus planes. Trazaron un plan para
pillarles de improviso y les vencieron. Ahora vosotros sois parte de la nueva
reencarnación de esos 12 guerreros. Pero la otra vez, el primer Espadachín no
se había reencarnado aún, con lo cual esta vez podríamos tener más opciones.
-¿Y existe alguna manera de saber cada cuanto tiempo se
reencarnan los espadachines? Obedecerá a algún criterio- Razonó el científico.
-Es posible que exista un criterio, pero lo desconozco.
Lo único que sé, es que el Primer Espadachín constituye una excepción a la
regla, al menos por el momento. ¿Conocéis la historia del primer Eliart?
-Sí, Wakabahashi me contó algo y me dio un libro, pero no
sé descifrarlo- Contestó el manchego. Gravitta no conocía la historia, pues no
habían tenido tanto tiempo para hablar de ello, así que mostró curiosidad y
Neurona se extendió en su explicación, contándole a ambos, parte de lo que
explicó Wakabahashi. Para finalizar el relato, fue escueto:
-Bueno, el caso es que el primer Eliart fue uno de los
primeros humanos en mostrar abiertamente que tenía poderes, tal vez fue el
primero. Sirvió notablemente a sus emperadores, de la dinastía de los Kisir,
que dominaban prácticamente la totalidad de la Atlántida. Pero la relación
entre él y la dinastía no acabó bien, aunque eso es otra historia que no merece
la pena contar ahora. Se dice que el propio Eliart, tras romper con el imperio,
fundó en secreto la Orden de los Espadachines, posiblemente el antecedente de
los 12 espadachines. Siento no ser claro, pero todo lo que rodea al primer
hombre con poderes es un misterio. El caso es que, de ser cierta, el anterior
Eliart vivió hace 2000 años y desde entonces la primera espada nunca se ha
reencarnado en otro guerrero, hasta ahora. -Hizo una pausa para beber un largo
trago de agua y prosiguió- No tendremos muchas más oportunidades para derrotar
a los GM. A partir de hoy, debéis aprender a aprender a manejar vuestros
poderes junto a la espada. Será una prioridad si queremos sobrevivir.
-De acuerdo, pero ¿Por qué nos has contado esto aparte
del grupo? Se podrían haber enterado perfectamente.
-No, Eliart. No deben enterarse. He visto a través de los
ojos de algunos de tus compañeros que ellos también podrían llegar a
convertirse en Espadachines, no está escrito en piedra quién lo será y quién
no, pero se sabe que cualquiera con un gran poder en una situación al límite es
capaz de convertirse en espadachín. Si se enteran de ello, es mucho más difícil
que lo consigan, según está escrito al respecto. Así que lo mejor será que
guardéis el secreto.
Eliart no pareció comprender del todo lo que el enviado
de Cerebro planteaba, pero lo asumió y decidió no darle más vueltas. Neurona
volvió a ponerse la capucha y despidió a todos los I-Men amablemente, parecía
más cercano que hacía media hora.
-Mucha suerte, equipo. Cerebro confía en vosotros- Se
despidió bajando la calle poco iluminada.
-Hey tíos ¿qué os han contado? - Preguntó el Guerrero
Celeste. ¿Y por qué sólo a vosotros?
-En realidad sólo cosas embarazosas- Dijo Gravitta, que
había pensado en una posible contestación por si le preguntaban- Neurona quería
saber qué motivó a Eliart a intentar ser mi amigo y también por qué yo
rechazaba al mundo hasta hace poco. Nos ha hecho llamar a los dos porque sabía
que me daría vergüenza volver a abrir mis sentimientos delante de todos.
El Guerrero Celeste no se quedó conforme con la respuesta
de Gravitta, pero se sentía enternecido por su pasado. Desde luego, lo había
pasado muy mal.
-Pues eso me preocupa, Gravitta. Tenemos que seguir
trabajando tu empatía. ¿Quedamos mañana? - Le propuso abiertamente Erzzhia.
-De acuerdo- Respondió el científico, que no pudo evitar
sonrojarse. Celestina miraba a su hermana pequeña con preocupación, pues aún no
confiaba en Gravitta.
El equipo estuvo charlando durante un rato acerca de sus
planes para los próximos días, siendo conscientes de que los GM les podrían
trasladar al juego de nuevo en cualquier momento. También pensaron que, al no
estar ya Demongirl entre ellos, el Capitán Vasco y J.J que era de los pocos que
sentían presencias, podrían tratar de reclutarles en el juego. Otra opción era
que aquellos que pudieran volar rastrearan la zona desde el aire.
-Va a ser más complicado que nos encontremos ahora que
somos tan pocos jugadores, pero nuestra máxima debe seguir siendo permanecer
unidos y evitar pelear entre nosotros en la medida de lo posible- Explicó el
Capitán Vasco.
Eliart, estaba ensimismado en sus pensamientos y
emocionalmente impactado por su ruptura con Gaia, pero entendió que debía decir
unas palabras al equipo y alejarse de sus preocupaciones por unos momentos.
-El Capitán tiene mucha razón. Debemos continuar evitando
pelear entre nosotros y buscarnos en el juego. Pero en caso de que sea
imposible de evitar… recordad todo lo que nos ha contado Neurona. Cerebro y el
mundo nos necesitan para vencer a los GM algún día. Que uno de nosotros gane es
muy importante. Dicho esto, mucha suerte a todos. Y ánimo también a los que no
han podido venir hoy - Finalizó menos efusivo de lo habitual. Tras las palabras
de Eliart, todos marcharon a sus respectivos hogares.
Al día siguiente, los rayos de sol de un caluroso
mediodía despertaban al Guerrero Celeste que se había quedado dormido con el
móvil encendido entre sus manos. Estuvo toda la noche chateando con Gaia, que
necesitaba alguien con quien hablar acerca de la ruptura con Eliart. La rubia
estaba confusa: por una parte, pensaba que se habían precipitado, pero, por
otra tenía la sensación de que las formas de ver la vida de los dos eran
demasiado diferentes como para que la relación perdurase. El Guerrero se
limitaba a escuchar, pues no sabía muy bien qué decirle. El sentía que Eliart
era su amigo, pero al mismo tiempo se sentía defraudado por el hecho de que
hubiese perdonado a Gravitta sin el mayor problema. No era capaz de entenderlo.
Gaia le había dicho de verse en el centro de Madrid en
torno a las cuatro para poder explicarle en persona. Como todavía tenía tiempo,
se disponía a comer algo y a asearse cuando encontró en la cocina una nota de
su hermana: “He quedado para comer y estaré fuera hasta la noche. No te
preocupes por mí Celestina”.
El chico de viento se sacudió la cabeza tres veces
seguidas: ¿Era posible que se hubiese llevado bien con Gravitta tan rápido?
“Bueno, ya no es una niña. Será mejor que confíe en ella. No debo darle más
vueltas”. Se decía a sí mismo. “Volveré pronto para poder ponerme a entrenar.
Es necesario.”
El Capitán Vasco por su parte pasó el día siguiente
ejerciendo de Súper-Héroe por las calles de Bilbao, que le reclamaban bastante
a menudo. Aquello le servía de entrenamiento.
Pero el Capitán y el Guerrero no eran los únicos que
habían optado por entrenar: Waver, Shadow, Kya y Garra Nocturna estuvieron toda
la tarde de aquel caluroso lunes haciendo un entrenamiento conjunto.
-Bueno, nosotros nos vamos ya- Dijo Kya, fatigada tras
varias horas de entrenamiento- Ya sabéis que el Juego no me va permitir
regresar… y quiero aprovechar el poco tiempo que me queda junto a Shadow hasta
que marche- Explicó. Las adolescentes se rieron, pero entendieron el drama de
la pareja.
Por su parte, Erzzhia y Gravitta tuvieron otra sesión de
empatía. Habían quedado en una de las puertas del Retiro, cercana al
restaurante favorito de Erzzhia: una pizzería cuya especialidad era la Cuatro
Quesos, un gusto en el que coincidía con el científico.
-Verás Gravitta. He pensado que podríamos empezar por
repasar sentimientos sencillos como los que sentiste el otro día. Luego pasaré
a transmitirte sentimientos más complejos… y la idea es que los compares con
otros parecidos que hayas sentido. Como hicimos la vez anterior. Debes ser
capaz de asumirlos, por extraños que te parezcan. Te va a costar un poco pero
no sabemos cuánto tiempo tenemos y…
-No te preocupes- Interrumpió el científico- Me parece
muy bien hacerlo como dices.
-De acuerdo. A las seis he quedado con unas amigas para
ir al cine. No sé cuándo tendré ocasión de volver a verlas así que tenemos
hasta esa hora para nuestro ejercicio- Mientras degustaban las pizzas de la
casa, Erzzhia colocó sus manos sobre la cabeza de Gravitta y comenzó a transmitirle
sentimientos. Empezó por sentimientos de carácter positivo, como la alegría por
un tema banal, la calma, la paz. Más tarde, trató de transmitirle sentimientos
neutros, como la intriga y finalmente comenzó por sentimientos negativos como
la impotencia.
Gravitta iba asociando cada sentimiento a cosas que había
sentido en su niñez. Así, poco a poco, fue abriéndose a Erzzhia y contándola
ciertas intimidades que ni Eliart ni J.J conocían y que no se sentiría cómodo
contándoselas a otras personas. Al cabo de unas horas, mientras tomaban helado
y paseaban por el Retiro para bajar la comida, se sentaron en unas cómodas
mesas del parque y la joven le propuso complicar el ejercicio.
-Hasta ahora te he transmitido sentimientos sencillos,
fáciles de entender. Ahora voy a complicarlo un poco más.
Erzzhia volvió a colocar sus manos sobre la cabeza de
Gravitta. Éste entendió que la hermana de Celestina le estaba transmitiendo un
sentimiento difícil de explicar, el cual se basaba en una mezcla entre
confianza, respeto y admiración mutua, unido a un deseo de ayudarse y
conocerse. Al cabo de unos minutos el recién llegado a los I-Men comprendió que
se refería a la amistad. Erzzhia se sonrió.
-Bien, veo que lo has comprendido. Pero no vale que lo
asocies con Eliart o con J.J. Bucea más en tu interior.
El científico se quedó desconcertado. ¿Había tenido algún
amigo en su niñez? Recordó que su padre solía verse con otros científicos que a
veces iban acompañados de dos niños pequeños, pero nunca fue demasiado bueno
relacionándose y no recordaba en aquel momento sus nombres. Eso no podía ser
comparable a la amistad que tenía con Eliart. Finalmente se acordó de un
compañero del barrio con quien llegó a llevarse muy bien. Todas las tardes,
cuando tenían sólo 5 años, compartían la merienda y charlaban. Acto seguido,
recordó que ese mismo chaval dejó de dirigirle la palabra de la noche a la
mañana y que nunca más volvió a saber de él. La amistad que le transmitía
Erzzhia comenzó a tornarse en tristeza.
Al verlo, Erzzhia cambió de sentimiento y a la confianza,
la admiración y el respeto mutuo, le sumó el deseo de intimidad y mucha paz
interior. Como resultado, Gravitta sintió por primera vez algo parecido al
amor. Lo entendió rápidamente y lo asumió sin pestañear. No tardó en confirmarle
a la chica que nunca lo había sentido antes. Más tarde, la joven comenzó a
transmitirle sentimientos complejos en sentido negativo, que resultaban
inconfundibles para el científico. Fue entonces cuando éste se acordó de su
padre y la idea de venganza se apoderó de su mente durante más minutos de los
que le hubiese gustado. La expresión de su rostro cambió y aunque Erzzhia trató
de transmitirle de nuevo otros sentimientos… ¡No podía! Los deseos de venganza
de Gravitta eran tan fuertes aún que le cegaban y bloqueaban cualquier otro
sentimiento. Al percatarse de la situación, se sintió culpable. Se aguantó las
ganas de dar un golpe a la mesa y en su lugar, comenzó a sudar como un pollo
fruto del estrés. Entonces Erzzhia decidió parar la conexión.
-Vamos, cálmate, ya está- Le palmeó la espalda- Has
tenido bastante por hoy ¿no crees?
Experimentaste sentimientos complejos y contrarios. Y los captaste
bastante rápido.
-Sí, he tenido bastante. Muchas gracias, entiendo todo
mucho mejor gracias a ti- Se sonrojó el científico, sintiéndose extraño- Te lo
debo.
-No me debes nada, sólo una quedada más informal a solas-
Tímidamente juntó sus labios con los del científico y le dio un pico.
El científico se sonrojó aún más y se produjo un gran
silencio. Erzzhia iba a disculparse cuando Gravitta la miró sonriente.
-Me parece bien. Podríamos tener una cita informal más
adelante- Contestó, al tiempo que trató de marcar algo de distancia física.
Ambos se despidieron.
Inmerso en sus pensamientos, Gravitta decidió pasear en soledad
durante un rato, pero fue interrumpido por el bajo electrónico que sonaba cada
vez que le llamaban al móvil.
- ¿Quién es? - Preguntó, molesto.
-Hola Gravitta. Soy David Irons. Verás, mientras
estábamos en el juego, uno de mis becarios trató de robar la energía. Del
impacto murió al entrar en contacto con ella, pero esto desestabilizó la
central y ahora el sol en miniatura que se generó está fuera de la estructura
que tiene que contenerlo. Se mueve de un lado para otro de la central, pero
puede terminar hasta explotando. Estoy intentando controlar la energía, pero no
lo logro.
- ¿Y qué es lo que necesitas?
-Necesito tu ayuda para reparar la instalación. Seguro
que viéndolo se te ocurre algo.
Gravitta dudó por unos momentos. ¿Debería ayudarle? Al
fin y al cabo, el señor Irons se largó de los S-Men de un día para otro. Por
otra parte, ser buena persona implicaba ayudar desinteresadamente. Tras
meditarlo decidió que no iría, pero por un motivo razonable.
-Irons, no voy a ayudarte. Pero no es porque esté enfadado
o algo por el estilo. Simplemente es tu empresa y debes ser tu quien logre
manejarlo todo. Cuando estuve colaborando contigo vi que tenías talento.
Hubieses podido dar con la fórmula por tu cuenta tarde o temprano. Así que
confía en tus habilidades. Ahora la
responsabilidad es exclusivamente tuya. Y despide al de Recursos Humanos,
porque vaya becarios. En fin, tengo que dejarte. - Dijo el científico, seco-
Adiós.
David Irons no se sorprendió, contaba con la posibilidad
de que Gravitta no quisiera ayudarle. A fin de cuentas, él se marchó con los
Arcángeles como un potencial espía de Gravitta. Pero en ningún caso pensaba
traicionar al equipo de Árkanon. Eran buena gente y Gravitta, hasta donde él
sabía, estaba consumido por el odio. No obstante, se sintió extrañado al ver
que el científico reconocía sus capacidades. ¿Era posible que se hubiese vuelto
más amable?
-Bueno, debo concentrarme en dar con el modo de arreglar
esto. Luego con la mejora de la fórmula, podré facilitar la energía limpia a
todo el mundo- El empresario más joven del siglo miró durante algunos minutos
esa energía brillante de color amarillento que parecía un pequeño sol.
Se movía constantemente en zigzag, yendo de un lado a
otro. Al fondo, se encontraba el aparato que había logrado construir para
almacenarlo. Un depósito de energía capaz de albergar al menos 1000 unidades
como aquella a las más altas temperaturas. El depósito permitía contener los
flujos amarillos a su temperatura ambiente y fijos en su interior. Entonces
pensó que valiéndose de sus poderes podría manejar el aparato para acercarlo y
tratar de empujarlo manualmente a la fuente de energía. No debía usar sus
poderes fuera del juego por segunda vez, pero todo parecía indicar que no había
otro remedio.
- ¡Vamos allá! - Se concentró en activar el botón de
almacenamiento con la mente y en levantar al mismo tiempo la pesada estructura.
Pero la fuente de energía continuó zigzagueando hasta alejarse completamente-
¡Se mueve demasiado rápido! Tal vez sólo haya una solución … y espero vivir
para contarlo. Tardaré un poco más, pero será lo mejor- David Irons se llevó el
depósito a uno de los laboratorios adjuntos de la central para evitar que la
energía acabase por golpearlo. Buscó durante unas horas hasta que encontró los
materiales necesarios para poner en marcha otro depósito. Pero esta vez quería
simplificar sus características para crear una pieza metalizada e incombustible
que pudiera añadir a su vestuario. Tras varias horas, logró generar una pieza
que resumía las características del depósito, aunque tenía menos capacidad de
almacenamiento, tan sólo para tres o cuatro soles similares al que estaban en
la otra sala. La pieza constaba de dos botones: uno que permitía adaptarla al
cuerpo y otro que hacía aparecer un agujero en la zona abdominal y que permitía
almacenar. Muerto de miedo, acopló la pieza metalizada debajo a armadura dorada
y se acercó a la otra habitación a máxima velocidad. Tenía que acercarse a la
energía y manejarla manualmente. Podría soportar el calor, al menos unos
segundos. Cuando se encontraba a dos metros, pulsó el botón de la zona
abdominal y seguidamente atrapó la energía con ambas manos hasta depositarla
dentro de sí misma.
La energía se movió dentro del pequeño depósito metálico
alrededor de unos minutos, luchando por salir. Pero finalmente se estabilizó.
Irons en cambio se sintió algo mareado y sintió un calor
abrumador. ¿Habría sido buena idea introducir semejante energía en su traje?
Ahora podría usar esa energía limitadamente como arma. Él no era partidario de
que se usara con esos fines, pero su supervivencia dentro del juego suponía una
razonable excepción: si no sobrevivía, nadie podría mejorar su invento.
Sin pretender decirle nada a Elisa o a Tom de su jugada
maestra, se acercó al laboratorio principal de Irons Corporations, para
comprobar sus avances.
-Elisa, ya casi tengo controlada la energía. Pero voy a
necesitar más porque si comienza a ser estable, podríamos mostrar al mundo su
capacidad, así que voy a... -Comenzó a decir de manera entusiasta.
-Alto ahí, hermanito. He logrado perfeccionar la fórmula
de tu amigo. Nadie más debe saberlo-Irons observó la fórmula de su hermana y
comprobó que había mejorado la de Gravitta: la futura energía no iba a tener
que depender de él para ser generada, pues si aplicaba la fórmula a las
instalaciones renovables donde la creó por primera vez, podría multiplicar la
cantidad sin necesidad de emplear sus poderes. Elisa había dado con la clave en
poco tiempo y eso permitía a la empresa una mayor capacidad de crecimiento.
-Es increíble. Has mejorado la fórmula de Gravitta y
ahora la composición no sólo es más estable, sino que podemos hacer más como
ésta a partir de una pequeña muestra. Por una vez estoy orgulloso de ti, Elisa-
Dijo el científico.
-Y yo debo decir que te menosprecié, David. Se necesita
mucha capacidad como científico para haber manipulado la energía como lo
hiciste. Sigue siendo un misterio para mí, pero dejaré que lo siga siendo de
momento. Era importante que la muestra de energía que lograste crear no pereciera.
Mientras haya energía originaria, podremos hacer más.
-Perfecto. Pues iré a la central donde generé la energía
y haré más. Es necesario que podamos tranquilizar a los medios cuanto antes-
Así, Irons fue a la central. En otra de sus amplias salas de encontraba la
primera instalación en la que, a través de mezclar diferentes tipos de energía
renovable, logró crear su compuesto. Valiéndose de la energía almacenada en su
cuerpo, aplicó la fórmula de su hermana. Comprobó que podía seleccionar cuánta
energía quería liberar, al igual que pasaba con el depósito, que te permitía
liberar energía seleccionando previamente su cantidad. Tras un arduo trabajo,
Irons dejó la fuente de energía en la instalación. Si todo iba bien, en unas 3
semanas dispondrían ya de bastantes soles en miniatura.
Ya no era necesario cargar con la energía que quedaba
dentro de su propio cuerpo. Pensó en dejarla enteramente en el depósito, pero…
¿de verdad no quería comprobar lo poderoso que sería con ella? Al fin y al
cabo, era su invento. Sería mejor salir de dudas acerca de lo que podría
conseguir con dicha energía. El señor Irons volvió a su mansión y le explicó a
Elisa la cantidad de energía de la que dispondrían en unas semanas.
-Vamos a necesitar encontrar un modo más sencillo de
transportar la energía. La primera acción de nuestra empresa al respecto será
donar una parte a algún país recóndito de África. Un lugar donde sea muy
necesario. Pero más adelante, hay que venderlo en los países ricos, porque
nuestra marca debe sobrevivir. Esta tarde en la rueda de prensa explicaré todo
para que no haya margen de dudas. ¿Tom?
-¿Me llamaba mi amo?
-Así es. En la rueda de prensa diré que vamos a cambiar
al Jefe de Recursos Humanos y al de Comunicación. Encárgate de encontrar
candidatos adecuados. Mi hermana, si se va a quedar más tiempo…
-Hasta el próximo otoño, o hasta verano en principio.
Después voy a empezar a trabajar en una investigación muy interesante- Le
interrumpió.
-Bueno, pues para que no estés viviendo del cuento, te
ocuparás de buscar una solución a la manera de transportar la energía. Estos
meses tendré que conversar con varios potenciales clientes y no puedo perder el
tiempo con esas cosas.
Elisa asintió y todos se pusieron manos a la obra. Algo
nervioso por la rueda de prensa, David Irons lanzó un mensaje de tranquilidad
para su empresa y para la sociedad.
“Somos conscientes del lamentable error que cometimos al
seleccionar a nuestros becarios para trabajar con la energía. Pedimos perdón a
los ciudadanos y también a nuestros socios. Nos haremos cargo de todas las
indemnizaciones correspondientes. Pero eso ya es cosa del pasado. Hoy se abre
un nuevo capítulo en Irons Corporations: en dos o tres semanas podremos
comenzar a aplicar de manera masiva la energía, sin probabilidad de error.
Vamos a proporcionar energía limpia y barata a un montón de gente. Empezaremos
con una donación que otorgaremos al Congo y a Sudán. En unas semanas, la fuente
de energía que hemos creado cambiará sus vidas para siempre. Y espero que más
pronto que tarde, también las nuestras. No dejaremos a ninguna persona vivir en
malas condiciones pudiendo hacer uso de nuestra energía. Así que recuerden que
somos el futuro. Confiad en mí, confiad en la empresa de mi padre y de mi
abuelo. Confiad en Irons Corporations”.
Tras concluir la rueda de prensa y ser avasallado con
preguntas a las que daba largas, David se arregló para la fiesta del empresario
Miguel Rivas. Rivas era el propietario de una gran bodega andaluza que había
obtenido increíbles beneficios y que estaba diversificando en otras industrias.
Estaba especialmente interesado en que Irons Corporations saliese a Bolsa para
comprar participaciones e influir en el uso de la energía. Los Rivas tenían un
palacio en pleno Centro de Madrid, donde hacían fiestas cada cierto tiempo,
fiestas en las que se rumoreaba que eran frecuentes las actividades sexuales de
todo tipo. En este caso, se celebraba el cumpleaños de Miguel.
David Irons llegó en su Mercedes unos 10 minutos antes,
vestido con una túnica negra capaz de deleitar a la alta sociedad, de la que
tampoco tenía una opinión particularmente buena. Después de entrar oyó un par
de aplausos bastante secos.
-Bonito discurso el de esta tarde- El que hablaba era
Miguel Rivas, un tipo con una barba larga y cuidada, rasgos faciales de niño
pijo y buen vestir- ¿Un poco de Whisky?
-Será un placer, Miguel- Respondió Irons amable.
-Has logrado algo increíble ¿Cuándo vas a salir a Bolsa?
Estamos deseando invertir y hacernos más grandes juntos.
-Muchas gracias, estoy seguro de que serías un gran
socio, pero en este momento no he tomado ninguna decisión. Cuando la tome, te
lo haré saber- Irons vio a una jovencita de espaldas justo en la barra y lo
suficiente alejado de empresarios, periodistas y pelotas- Y ahora si me disculpas…
hay asuntos que me requieren.
Se acercó a la chica con una mezcla de galantería y
chulería propia de él. Fue entonces cuando se percató de que aquel rostro le
resultaba muy familiar. No era la misma chica, pero se parecía bastante a la
que conoció los primeros días de juego.
-Vaya… perdona, me has recordado a alguien que…- Titubeó
unos momentos.
-No te preocupes. Yo no suelo ser muy habladora y aun así
me lo han dicho más de una vez. Debo de tener una cara muy común.
-No te ofendas, es una cara muy bonita- Aclaró David
Irons- ¿Con quién tengo el gusto de hablar?
-Soy Inés Álvarez, Marquesa de Toro, bueno, todavía no he
heredado el título. Parece que mi presencia te ha librado de una buena, ¿no? -
La chica hablaba muy bajito, como para que la escuchase solamente el cuello de
su camisa. Era una expresión de su timidez.
- ¡Ni que lo digas! Esos tíos son unos pesados. Entiendo
que quieran hacer negocio en todo momento, pero me molesta que no piensen de
manera estratégica.
- ¿Qué quieres decir? - Inés se había sorprendido. Se
hubiese esperado cualquier otra respuesta.
-Llevan insistiendo con que saque mi empresa a Bolsa
mucho tiempo. Pero siempre les doy la misma respuesta y siguen preguntando lo
mismo. No hacen ningún ofrecimiento para intentar hacerme cambiar de opinión.
Esperan que lo haga sólo.
Inés se rio y pasaron gran parte de la noche juntos,
charlando de cosas ajenas al mundo de la empresa. Ambos sentían una química
propia de las personas que conectan. Se quedaron de los últimos en la fiesta y
en ese momento, Inés se percató de la hora.
-¡Vaya, es tardísimo! Mi madre me mata. Le dije que
llegaría más pronto, mañana tenemos una boda. ¡Bueno, ha sido un placer
conocerte, espero verte pronto, adiós! - Se despidió hablando de manera
atropellada. Con las prisas, la joven se dejó un libro con una tarjeta que
señalaba la página por donde iba.
Irons le siguió corriendo para devolvérselo, pero justo
cuando estaba a punto de dárselo vio que la joven ¡había desapareciendo sin
dejar rastro!
El empresario se quedó estupefacto. Sabía que no era la
chica de la otra vez, pues tenía otra cara, otra mirada y otra voz. Pero esa
chica que había despertado toda su curiosidad tenía poderes. Lo intuía.
Afortunadamente, la tarjeta del libro era una tarjeta personal, que contenía su
dirección.
- Lo mejor será que me acerque mañana tranquilamente a
darle el libro. Aprovecharé para invitarla a cenar.
Dicho y hecho, se presentó con su Mercedes en la casa de
la joven al día siguiente, ubicada en un barrio de chalés. Para su suerte, Inés
estaba en casa y aceptó la cita. Irons pasó los dos días siguientes quedando
con ella y a ratos con sus compañeros de Arcángeles. Así, la chica finalmente
le reveló en confianza sus poderes.
-Verás… desde niña siempre han dicho que soy rara. Y es
verdad. Tengo poderes desde que nací y no entiendo por qué. Puedo volverme
invisible y también convertirme en otras personas. Bueno, eso no lo domino a la
perfección a veces las copias son imperfectas. Hace un tiempo, recibí una
extraña carta para ir a un faro donde no explicaba ni por qué me habían
escogido. Naturalmente no fui, soy demasiado tímida como para ir a un sitio tan
misterioso yo sola. Y además tengo que ayudar a mis padres con sus negocios.
Pero siempre me he quedado con la duda de si en ese lugar encontraría más gente
como yo. Ya sabes, con poderes. A veces me arrepiento de no haber ido. Durante
un tiempo estuvieron persiguiéndome unos seres blancos con un gran poder… por
suerte, el hacerme invisible me ayudó a ocultarme de ellos.
-No creo que debas arrepentirte. Ese sitio parece muy
peligroso así que hiciste lo correcto. - Le confirmó el científico.
Durante aquellos días, Eliart entrenó sin hacer uso de
sus poderes, día tras día. Estaba pasando unos días en casa de sus padres, pues
hacía tiempo que no los veía. Pero en uno de los ratos que bajaba a entrenar,
Angelines, su madre, descubrió algo entre los numerosos papeles que el
desordenado líder tenía en su mesa.
-Isidoro cariño- así se llamaba su marido también- Mira
esto, ¿no te resulta familiar?
Se trataba de una fotocopia del libro del antiguo Eliart
que le había regalado Wakabahashi.
-Por supuesto, ¡qué buenos recuerdos! - Respondió el
padre- Estos jeroglíficos son un poco diferentes de los libros que leíamos hace
años, pero apuesto a que no es una tontería que ha encontrado por
Internet. Parece que nuestro hijo se
está metiendo en líos. Habrá que estar
atentos.
Mientras Revelación meditaba y otros muchos entrenaban,
el Capitán Vasco recibió un regalo inesperado de su padre: se trataba de un
nuevo escudo, esta vez algo más ligero, pero del mismo material que el
anterior.
-Toma. Defiende tu escudo con la vida, Capitán Vasco. La
mayoría de las minas que producen este material están cerradas. Afortunadamente
ha llegado antes de que vuelvas al juego- Explicó Sage.
De pronto, el Capitán notó que sus pies estaban
desapareciendo y más adelante sus piernas. Estaban siendo trasladados de nuevo.
-Se ve que poco antes de que volviese. Gracias papá-
Finalizó.
Y todos los que quedaban vivos, volvieron al dichoso
juego.
Mientras tanto, en la mansión Irons…
-Bueno ¿qué te parece el aprendizaje de tu hermano? Tiene
mucho talento. Tanto para las ciencias como para la empresa y la lucha. Es
incluso mejor que tú - Increpó Tom a Elisa.
-¡Oye ! Eso no lo digas ni en broma. La verdad es que ha
sido muy capaz al lograr solucionar el problema de la energía de manera eficaz
y rápida. Es verdad que sólo logró crearla gracias a sus poderes, pero también
son parte de él.
-Desde luego que sí. Esperemos ahora que vuelva con vida.
Pero no eran los únicos que pensaban en el joven
empresario. Al fondo de la habitación se veía el contorno de otras dos
siluetas.
-El paso de Irons por el Juego es necesario para hacerle
crecer. Necesitamos que se haga fuerte sin importar el modo. Debe ganar a
cualquier precio- Dijo una de las personas desde la oscuridad, a la vez que una
sonrisa malévola se dibujaba en su rostro- Cuando gane el juego, estaremos
listos para dar el siguiente paso.
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