Tras
el duro entrenamiento en el Retiro, Eliart volvió a casa dando vueltas a su
relación con Gaia. Entendía perfectamente que la rubia no hubiese acudido a la reunión
dado el estado de shock en que se encontraba debido a la muerte de Demongirl y
a la presencia de Gravitta, pero no podía entender que no hubiese dado ninguna
señal de vida y que ni siquiera le respondiera a los WhatsApp. Figuraba de
hecho, como si no los hubiese abierto.
“¿Por
qué está reaccionando así? No logro entenderlo. Es como si me culpase a mí de
la muerte de su hermana y de todo lo que ha pasado en el juego. Entiendo su
mosqueo con lo de Gravitta, pero tampoco comprendo por qué motivo mintió y dijo
que Gravitta la había pegado cuando la raptó. Al final, eso fue cosa de Kya. No
sé, quizás no la conozca demasiado, pero no es propio de ella mentir de esa
manera”, reflexionaba sin parar, con la cabeza ardiendo del estrés. “A
diferencia de mi anterior relación, he sido sincero desde el principio y he
hecho valer mis principios. Sin tratar de imponérselos, simplemente sin
ocultarle lo que pienso y respetando su opinión”. Tras decir esto último,
Eliart mostró un arranque de orgullo y nerviosismo y comenzó a hablar en voz
alta.
-¡Si
es que es ella la que estaba equivocando! Ella se ensimismó con ir a la isla y
debido a esa decisión, Llama Helada murió. Yo podría echárselo en cara si ella
me culpa de la muerte de Demongirl por querer acercarme a Gravitta, pero es que
no somos críos. Los dos hemos tomado decisiones erradas y los dos hemos
acertado en ocasiones durante el juego- Se tranquilizó-. Pero, ¿cómo afecta
esto a mi relación con ella? ¿Ha cambiado lo que siento por Gaia? ¿Debería
decirle eso?
Tras casi
una hora de caminar y reflexionar, Eliart veía las cosas más claras: seguía
queriendo a Gaia como el primer día que salieron, pero entendía que sus formas
de pensar eran muy diferentes y eso dificultaba mucho el entendimiento. Las
desavenencias dentro del juego estaban yendo a lo personal sin que se dieran
cuenta. Y eso que todavía no habían tenido tiempo de hablar de otros temas,
como sus opiniones sobre temas de actualidad o temas políticos. Pero así era
cómo se sentía. No quería romper con ella, pero consideraba que era necesario
explicarse por su decisión de incorporar a Gravitta al equipo. Aunque era
consciente de que lo más probable es que Gaia no lo entendiera. De todas
maneras, Isidoro era muy cabezota y tenía que intentarlo. Eran las 9 de la noche
y además viernes. Era buen momento para llamarla. Cogió su móvil y marcó el
teléfono, que se sabía de memoria. A la
primera no lo cogió, así que esperó 10 minutos más. Finalmente, a la segunda
llamada, la joven respondió.
-¿Hola?
¿Sí?- Dijo mientras bostezaba- ¿Quién es?
-Soy
yo, Eliart- Se hizo el silencio durante unos segundos-. Escucha, entiendo que
estés molesta y quiero que sepas que estoy aquí para lo que necesites. Creo que
deberíamos hablar de todo lo que ha pasado. ¿Qué te parecería quedar mañana?
La
joven reflexionó unos momentos. Sabía perfectamente por los correos del
Guerrero Celeste que el domingo tendrían que ir todos a ver a Neurona, pero aun
así quería comprobar la reacción de su novio.
-Eliart,
me has pillado echándome la siesta. Tienes razón, tenemos que hablar. No
podemos estar con esta tensión- Contesto, seca- Pero mañana es un poco
complicado vernos, no tendríamos todo el día. ¿Qué te parecería vernos el
domingo? Tendríamos más tiempo para hablar.
Eliart
enarcó las cejas y fue directo al grano para evitar un debate acerca de si ella
era o no más importante que descubrir el secreto del juego. Aunque él tenía
claro que el domingo tenía que ir a ver a Neurona y no sabía cuánto podría
prolongarse, trató de ser suave.
-Gaia,
yo no tendría problemas en quedar el domingo, pero, ¿has visto los correos de
Celestina? Neurona, el enviado de Cerebro, nos quiere ver el domingo y no
tenemos ni idea de cuánto tiempo durará la reunión- Antes de que siguiera
hablando, Gaia se adelantó.
-Ah,
es verdad. Es eso. Siempre es el juego- Respondió y Eliart prosiguió antes de
que la chica replicase algo. Fue sincero y reconoció sus sentimientos.
-Gaia,
escucha. Tengo tantas ganas como tú de que este horrible juego termine. Pero si
dejamos pasar la oportunidad de hablar con Cerebro, no podremos saber cómo
resolverlo. No sabemos cuándo nos iremos de la Tierra y después no tendremos
opciones de descubrir nada nuevo. Precisamente tengo que verle entre otras
cosas porque no me gustaría perderte. ¡No podría permitir que alguien te
eliminara y no pudiera volver a besarte una vez más!- Respondió el líder, lleno
de rabia.
Gaia
se sintió más confiada ahora.
-De
acuerdo, cariño. Tiene sentido lo de quedar mañana. Nos veremos a media tarde.
Antes no me es posible. Yo tampoco quiero perderte- Finalizó.
Ambos
decidieron el sitio. Irían al Parque del Capricho, un parque decimonónico muy
acogedor., ubicado a las afueras. Allí podrían hablar tranquilos.
Eliart
se durmió como un lirón tras colgar, pero Gaia se había desvelado. Llevaba
dándole vueltas desde que llegó a su casa. Había pensado en hablar del juego
con su hermana mayor, Claudia, que estaba haciendo un Máster en Barcelona.
Podría haberla llamado, pero no se sentía segura de qué preguntarla.
Nerviosa,
comenzó a mirar las fotos que tenía con Eliart y se sintió querida. “La verdad
es que es injusto que culpe a Eliart de la muerte de mi hermana, pero… ¿qué
otra cosa puedo hacer? Si él no hubiese sentido esa rivalidad hacia Gravitta
tal vez estaría aún viva. Pero también fue culpa mía. Era mi pelea. Tendría que
haber ganado a Psicosis sin necesitar ayuda. Siempre he sido la hermana más
débil y eso tiene que cambiar”.
“De
todas maneras, algo ha cambiado en Eliart desde que le conozco. Pensaba que su
sentido de la Justicia era más claro. Aceptando a Gravitta como uno más, me
hace ver que no puedo confiar en él. ¿Es que no le importa todo lo que he
sufrido? ¿Es más importante ganar el juego o desvelar sus misterios que lo que
yo sienta? Quizá no debería pensar así, pero es como me siento. Me ha
decepcionado. Le quiero, pero no tengo claro que pueda volver a mirarle con los
mismos ojos”, se dijo. Tras media hora inquieta, dejó de mirar las fotos y se
durmió.
Mientras
tanto, Irons llevaba toda la tarde preparando su intervención ante la prensa,
ya que el representante legal de la misma, un director de comunicación llamado
Eduardo Martín, había estado de acuerdo en que el rostro de Irons era el mejor
para dar la cara ante los medios, pues era un tipo popular. Fue entonces cuando
Tom apareció en el Gran Salón. El Gran Salón de la mansión de David Irons
estaba presidido por un enorme cuadro de su abuelo, el fundador de la empresa y
un hombre extraordinario. David admiraba tanto a su abuelo como a su padre y
quería superarles.
-¿Qué
quieres, Tom? Estoy todavía ocupado- Tom venía acompañado de un perro que se
comenzó a mover la cola al ver a su dueño- ¡Hola Loki! Cómo te echaba de menos-
Dijo acariciándole.
-Bueno,
bueno, tampoco llevas tanto tiempo sin verle. Apenas una semana.
-Sí,
bueno, pero se puede echar de menos a alguien tras unos instantes- Zanjó el
señor Irons, visiblemente molesto por tener que hacerlo todo tan rápido.
-Venía
a hablarle de un asunto que me preocupa y que no he querido resolver sin saber
su opinión. Podría haberlo hecho, pero…
-Dispara
Tom, dispara.
-Verá,
hay todo un grupo empresarial que está pidiendo desde hace dos meses que Irons
Corps salga a Bolsa. En concreto el think
tank “Seguridad y Energía Alternativa” lo está comentando todos los días a
través de los medios de comunicación. Es posible que en la rueda de prensa de
mañana se lo comenten. El Presidente de ese grupo no es otro que Don Miguel
Rivas, el famoso emprendedor.
-¿Miguel
Rivas? ¿El de las bodegas y las fiestas de alto standing que es más o menos de mi edad? Me invitó a una fiesta
cuando refundamos la empresa, le recuerdo bien.
-El
mismo. Hace tiempo que ha empezado a diversificar su negocio comprando varias
empresas del sector industrial. En concreto está muy interesado en tu fórmula
para lograr energía ilimitada y limpia. Te considera un genio y, al parecer, no
va a parar hasta que compartas tu secreto con el mundo.
-Pues
va listo. Me niego rotundamente a que esta empresa deje de ser de la familia.
Podríamos perder el control- Afirmó- Hay mucho “genio” de las finanzas que
quiere hacerse rico con el trabajo ajeno- Contestó.
-Le
entiendo, señor. A mí crear una sociedad anónima tampoco me parece la mejor
opción, pero no sé hasta cuándo podremos crecer a base de pequeños
patrocinadores si no creamos acciones. Piense que, llegado el caso, podríamos
controlar el 51% de las acciones- El señor Irons negó con la cabeza, pero Tom
se adelantó- Toma, esta es su invitación para una fiesta que Manuel dará en
unos días. Sería interesante que evaluase sus intenciones con claridad- La cara
de Irons cambió.
-Mm,
alcohol y mujeres. Está bien, teniendo en cuenta que el lunes es festivo, no
habrá problema en acercarme por allí el domingo. Ahora si me disculpas…- Tom le
frenó.
-No
tan deprisa. Rivas y sus amigos de las grandes empresas no son los únicos
interesados en que Irons Corps deje de ser únicamente una empresa de capital
familiar- Se sacó de entre sus múltiples papeles una carta sellada del
Ministerio de Energía e Industria- La carta la sella el Ministro, pero realmente
el que la ha redactado es el General Luis Ortega, General del Ejército de
Tierra. Lleva 30 años en activo y aún está lejos de retirarse. Considera que su
energía es de interés estratégico para el país y que puede servir para
adelantar a otras potencias- David Irons también miraba con recelo, pues no se
fiaba ni de la competencia ni del Gobierno. Tan sólo quería mantener su
independencia- No pretenden que deje de ser una empresa familiar, pero quieren
que haya varios funcionarios en la directiva y una parte de los beneficios. A
cambio, nos darán subvenciones y nos ayudarán con más investigación.
-Y
supongo que pretenderán usarla para fines militares y tampoco estoy por la
labor. Aunque suena mejor que la otra opción- Intervino David, haciendo amago
de querer dar por sentada su postura- ¿Tú que piensas Tom?
-La
verdad es que no sé qué decirle, señor. Lo primero nos da más dinero, lo
segundo, más poder. En ambos casos tendremos menos independencia. Si quiere
puedo preguntar a su hermana y…
-No,
no, ni hablar. He aceptado que mi hermana vuelva a trabajar aquí pero siempre
estuvo en contra de ayudar a papá con sus investigaciones. Yo, en cambio,
siempre estuve aquí. No voy a permitir
que tome decisiones tan importantes- Irons mostró su lado duro- No me ha
gustado nada que la hayas dado tantos detalles sin avisarme. Será mejor que me
consultes la próxima vez, te lo digo en serio. Mi hermana está muy influida por
la gente poderosa que ha conocido en EEUU y en especial por su profesor Robert,
ese químico-empresario que le consiguió la beca. Este tipo está medio loco.
Tom
se quedó estupefacto. David había sacado todo su carácter.
-Está
bien. No le informaré la próxima vez,
pero a cambio téngala en cuenta- Respondió el mayordomo mientras salía de la
sala- Pero recuerde que su plan es proporcionar energía ilimitada y limpia a
todo aquel que la necesite. Al menos eso decía usted.
Irons
le lanzó una mirada fría y profunda, de las que intimidan y no se olvidan con
facilidad. ¿Desde cuándo se había vuelto Tom tan irreverente? No recordaba que
hubiera tratado a su padre así jamás.
-Y lo
mantengo. Pero tenemos que lograrlo asegurándonos de que se usará como tiene
que usarse. Después de verme con la prensa voy a trabajar en crear un robot que
me permita generar mucha más energía y guardarla de manera más eficaz. Va a ser
la revolución. Pero no necesito la ayuda de personas con intereses que
desconozco. Al menos, por ahora- Zanjó.
Nervioso,
el líder de los I-Men llegó al Parque de El Capricho antes de la hora fijada.
Así podría darle vueltas a lo que iba a decir y anticiparse aún más a las
respuestas de Gaia. En realidad, él no pretendía ser calculador, pero le
costaba entender la psicología de su pareja. Era mejor pensar antes de hablar.
Al rato, la rubia llegó, con unos 10 minutos de retraso.
Ambos
se saludaron con un beso en la mejilla, cortantes.
-Hola,
¿cómo estás?- Intervino ella- Tienes mala cara.
-Bueno,
a decir verdad, me he levantado demasiado pronto. Pero eso no importa ahora.
-Yo
no he podido pegar ojo. ¿Nos sentamos?- Dijo señalando el césped. Eliart
asintió.
-Verás
Gaia, sé que estamos en un momento muy delicado. Sé que he cometido muchos
errores en el juego y algunos han salido demasiado caros. Antes que nada,
quiero pedirte disculpas. Es verdad que no he tomado yo sólo las decisiones,
pero de verdad, lo siento.
Gaia
sabía que Eliart no tenía la culpa, pero la rabia que sentía por dentro le hizo
ignorarlo. No es que no pudiera razonar sobre aquello. Es que no quería. La
muerte de su hermana y el perdonar a Gravitta después eran demasiado.
-¿Qué
lo sientes? ¿Lo dices en serio? ¡Como si con eso se arreglasen las cosas tío!
Mi hermana ya no está entre nosotros. De hecho, extrañamente ha desaparecido de
los álbumes de fotos de mi familia. ¡Es como si nunca hubiese estado aquí!
-Sé
cómo te sientes, tranquilízate…
-¡Venga
ya! ¿Tú que vas a saber? Eres hijo único. Nunca sabrás el dolor que siento
ahora mismo, por mucho que te esfuerces.
-Lo
siento, pero eso no es así. Hay muchas personas que son como si fueran mis
hermanos. Y el vínculo que tengo con ellos es extraordinario- Eliart se calló
al momento. Se acaba de dar cuenta de que Gaia asociaría sus vínculos con
amigos, con Gravitta. Era inevitable.
-Ajá.
Sí, desde luego debes querer mucho a ese imbécil de Gravitta. Más que a mí, por
lo menos- Le respondió- No entiendo cómo puedes siquiera mirar a los ojos al
que nos ha causado tanto sufrimiento- Gaia moderó su tono-. Siento decírtelo,
pero estás equivocado. Y estoy segura de que muchos del grupo no te lo dicen
por no discutir, o por miedo. Celestina piensa lo mismo que yo.
-¿Por
miedo? ¡Diantres! ¿Celestina piensa eso? ¿Miedo a qué? No he podido ser más
respetuoso con las opiniones de todos.
-Ya,
pero por lo que sea, tú siempre acabas saliéndote con la tuya. Y para eso,
prefieren no decir lo que piensan.
-Perdona,
pero no es verdad lo que dices. Hubo una vez que te hicieron caso a ti.
Acabamos en una isla donde supuestamente había paz y armonía. Y sobrevivimos
gracias a gente que ni siquiera es de los I-Men, como Light Knight. A mí eso me
dio mala espina desde el principio.
-¡Ah
claro! Es que ahora va a resultar que buscar la paz es una utopía o una locura.
-¿En
un juego basado en la guerra constante todos contra todos? ¡Claro que lo es! No
tenía sentido alguno.
-Pues
perdona por creer en la paz y no buscar todo el día pelear.
-Gaia,
¿crees que yo disfruto con ese horrible juego? Es verdad que he aprendido a
pelear y me gusta entrenar y ser cada vez más fuerte. Me he adaptado muy bien.
Pero yo soy el primero que no quiere vivir en un juego basado en una guerra
absurda donde algo o alguien sin escrúpulos juega con nuestras vidas. No
podemos permitir que hagan eso. ¿Entiendes?
-Ahí
te doy la razón. No podemos quedarnos de brazos cruzados y menos ahora que mi
hermana Mary ha muerto. Debemos darle su merecido a los que nos han hecho tanto
daño. De hecho, quiero que sepas que estoy firmemente convencida de que voy a
ganar el juego. Quiero venganza por lo que le han hecho a mi hermana. Y si en
mi camino se cruza Gravitta o alguno de sus Destructores a los que consideras
colegas, no dudaré en acabar con ellos. Sin piedad.
-Te
comprendo porque yo también sé que voy a ganar el juego. Gaia, sé que ya queda
poco para saber la verdad, tenemos que sobrellevarlo y…
Gaia
le cortó
-No,
no tío. Eres demasiado optimista. Para mí ya nada volverá a ser como antes. No
entiendo cómo has podido perdonar a Gravitta, así como así. ¿Te da pena? ¡Es un
tipo que ha estado a punto de acabar con todos tus amigos! ¿Es que no lo ves?
-He
perdonado a Gravitta porque puedo saber cuándo alguien se arrepiente de corazón
y cuándo finge hacerlo. Y no es exactamente pena. Siento indignación por todo
lo que ha sufrido, estando prácticamente sólo, sin nadie a quien acudir. Y
bueno, lo de que intentó acabar con nosotros es cierto, pero son estrategias
que tienen sentido dentro del contexto del juego. ¿Tengo que culpar a Gravitta
de querer sobrevivir como cualquier otro jugador? Le culpé de secuestrarte, de
atacarnos con saña, de llevarnos hasta la Torre… pero de buscar una estrategia
para ganar el juego no puedo culparle.
-Pero
es que por mucho que hayas sufrido no tienes derecho a hacer sufrir a los
demás. Y él se ha pasado tres pueblos.
-Por
supuesto que no tiene derecho a hacerlo. Se lo estuve diciendo todo el tiempo
hasta que, al borde de la muerte de ambos, lo entendió. Y no tengo dudas acerca
de que ha cambiado. ¿No te percataste de su evolución? En la torre no era el
mismo que en nuestro primer encuentro. Lo del veneno de mi cuerpo, por ejemplo,
era mentira. Podría haberme envenenado antes del combate tranquilamente, piensa
que es un científico. La batalla habría sido muy desigual y ahora mismo yo
estaría muerto. Pero no lo hizo, quería un combate leal, justo. Y eso me dio
pistas para entender la lucha que tenía en su interior.
-De
acuerdo, para ti la perra gorda- Contestó la defensora de la Naturaleza
frunciendo el ceño- Imaginemos que ha cambiado. ¿Y qué? Eso no quiere decir que
nosotros le tengamos que dar una nueva oportunidad después de tanto
sufrimiento. Que le sufran otros y vean si ha cambiado o no. ¿Por qué
esforzarse tanto por un capullo?
-¡Porque
es mi responsabilidad! Gravitta ha cambiado, sí. Pero lo ha hecho seducido por
la idea de tener un amigo de verdad. Si vuelve a experimentar rechazo a su
alrededor, su rencor crecerá y será imposible salvarle de sí mismo. Entiendo
cómo te sientes, pero Gravitta no tiene la culpa de nuestra desdicha. La tienen
los GM.
-Gravitta
es responsable directo de la muerte de mi hermana. Lo siento Isi, los demás
pueden hacer lo que quieran, pero yo no voy a aceptarlo. No consideraré a
Gravitta parte de los I-Men.
En
ese momento, el sol se escondió bajo las nubes y comenzó a llover a cántaros.
Se oyeron varios relámpagos que avisaban de una inminente tormenta. Pero a ellos no les importó y continuaron con
su discusión.
-Hay
algo que debo preguntarte, Eugenia- Por primera vez desde el comienzo de la
cita, Isidoro la llamó por su nombre real y no por el pseudónimo del juego-
¿Por qué nos dijiste a todos que Gravitta te había estado maltratando cuando en
realidad fue Kya? Se me cayó un mito cuando me enteré de que era mentira. No
entiendo cómo pudiste utilizar algo tan grave para aumentar la tensión del
equipo hacia Gravitta. Me siento decepcionado por tu comportamiento. Te tenía
por una chica fuerte y sincera. Pero tu pudieron las ganas de vengarte y nos
mentiste a todos. Incluidos a tu hermana y a mí.
-Me
secuestró, Eliart- La rubia utilizó a propósito el nombre del juego para crear
distancia- Y estuve a punto de morir. Tenía derecho a exagerar un poco, ¿no?
¡Estaba en shock! ¡Es alucinante que me eches en cara eso!
-Es
que una cosa es que mintieras en el momento y otra que no hayas sido capaz de
sincerarte todo este tiempo. Tú tienes demasiado rencor a todos lo que te hacen
daño. Y la vida no es así. Es necesario saber perdonar cuando el perdón es
sincero y hay voluntad de cambiar- Replicó Eliart- Está claro que tenemos
formas de pensar muy diferentes y eso… me preocupa- Dijo en un tono más
tranquilo.
Gaia
también se tranquilizó. Ahora tenían que expresar claramente lo que sentían.
-Yo
también me he dado cuenta Isi, pensamos muy diferente. Yo no voy a perdonar a
alguien como Gravitta y me siento muy decepcionada por tu sentido de la
justicia. ¿Es esa la Justicia que pregonas? ¿Una capaz de perdonarle todo a un
tipo como Gravitta? Eres demasiado flexible. Para otras cosas eres muy fuerte
para sobrellevar las situaciones y eres capaz de ser responsable. Por esas
virtudes te admiraba. Pero ya no te admiro. De alguna manera siento que Demongirl
ha muerto por tu testarudez. No puedo evitarlo.
-Yo
tampoco puedo entender una Justicia que no es capaz de tener empatía ni una
mentalidad que rechaza el conflicto sabiendo que es inevitable.
En
ese momento, ambos sintieron la necesidad de aparcar sus diferencias y se
abrazaron con fuerza. Ambos sabían que no podían seguir así. Tras aquella breve
pausa, intervino Gaia.
-Eliart,
voy a ser directa. Y voy a serlo porque, a pesar de nuestras diferencias, creo
que lo nuestro podría funcionar. Demuéstrame que no estoy equivocada.
Demuéstrame que esa empatía que sientes por los malvados eres capaz de sentirla
por tu novia.
-Dispara,
pídeme lo que quieras. Yo no estoy seguro de querer continuar, pero no voy a
rendirme porque aún te quiero.
-Tienes
que elegir Isi: o Gravitta o yo. Los dos juntos no podemos estar. Si eres capaz
de decirle a Gravitta que, aunque le perdonas, no estarás a su lado ahora, que
no estará en los I-Men, entonces volveré a confiar en ti y le daré una
oportunidad a nuestra relación. No es un chantaje, es que realmente no puedo
más. No soy capaz ni de mirarle a los ojos.
Hubo
un silencio. Eliart sintió su alma dividida y una fuerte impotencia. Quería a
Gaia, pero no consideraba justo lo que le estaba pidiendo.
-Lo
siento Gaia, pero si esa es tu condición, no podemos seguir juntos. Gravitta no
me da a elegir.
-¡Entonces
está claro que ya has elegido!- Gritó Gaia mientras se iba con la mano sobre el
brazo. Se aguantó las lágrimas y marcó el número de Celestina en su móvil.
Eliart
supo que no podía ir tras ella. Era normal que quisiera estar sola. Se sentía
triste como pocas veces en su vida, pero a diferencia de otras, nunca había
tenido tan clara su postura. Sabía que no podía abandonar a Gravitta ahora que
estaba superando su odio. Esperó a que Gaia anduviera lejos para llorar. Las
lágrimas le acompañaron un buen rato mientras vagaba por el parque en medio de
la tormenta. Al rato se serenó y pensó que tenía que desahogarse.
-Veamos…
¿podría llamar al Guerrero? Es mi mejor amigo, pero sé que está en medio del
problema… será mejor no presionarle. ¿Y Shadow? Shadow me animaría, pero es
demasiado crío a veces y quizás necesite replantearme muchas cosas. Llamaré a
Revelación, aunque creo que la conversación va a ser muy rara, él ya sabe lo
que acaba de pasar.
Eliart
marcó el número de Revelación en su móvil, un teléfono sencillo de gama media y
color negro, nada que ver con el del místico.
En su
casa, Revelación escuchó que el móvil sonaba, pero no lo cogió. “No es conmigo
con quien debes hablar amigo mío. La Providencia no lo quiere así”, se dijo
para sí.
-Qué
raro, Revelación no lo coge. En ese caso… tal vez sea el momento de que
Gravitta me demuestre si será capaz de ser un buen amigo. Así le ayudo a
empatizar con los demás- Se decidió Eliart.
-¿Sí,
Eliart?- Contestó una voz fría y grave al otro lado del aparato- No esperaba tu
llamada. ¿Se sabe algo de Cerebro?
-No,
verás. Te llamo por un tema personal. Gaia y yo acabamos de cortar. Nuestra
relación se acabó.
Hubo
un silencio incómodo de al menos medio minuto. Gravitta se preguntaba
internamente qué podía hacer él al respecto.
-Oh,
vaya…- Dijo finalmente el científico- Si quieres, puedes contarme. Conozco un
pub donde voy a menudo, creo que será un buen sitio para hablar. ¿Conoces el
Larren?
-Me
suena. Pero no recuerdo haber ido nunca.
-Es
normal, es un lugar solitario. Te paso la dirección. Nos vemos allí a las nueve
si quieres.
-De
acuerdo. Pues allí estaré- Colgaron y Eliart volvió a casa a echarse una siesta
rápida, tenía que recuperar algo del sueño perdido.
El
lugar estaba ubicado bastante lejos. Eliart se preguntaba cómo Gravitta habría
conocido ese sitio. Al salir del metro se encontró una urbanización
completamente nueva, de esas que habitan normalmente familias jóvenes. Tuvo que
atravesar toda la urbanización hasta llegar a la parte antigua del barrio: un
lugar pequeño, con tres plazas compuestas por casas bajas de madera y terrazas.
En los laterales de la plaza principal había varias callejuelas que iban cuesta
abajo. En una de ellas, pudo divisar un antro de toda la vida con una puerta
negra y un cartel luminoso. Era el Larren.
El
científico ya estaba allí, sentado en la mesa más alejada. El Larren era un pub
sombrío donde solían poner power metal
más entrada la noche. Constaba de una decoración bastante épica: en el centro
había un mural donde un caballero desafiaba con su espada a un brillante
dragón. Pero el líder de los I-Men estaba demasiado ensimismado en su problema
como para percatarse en la decoración del local.
-Hola,
veo que has llegado antes de la hora- Saludó Eliart.
-Así
es. Siempre he sido muy puntual- Hubo un momento de silencio incómodo- Bueno,
querías contarme acerca de Gaia, ¿no?
-Sí…
Gaia y yo somos tan distintos, ¿sabes? Ella es demasiado ingenua a veces. Era
de los que más me insistieron en ir a la isla porque pensaba que hallaríamos la
paz.
-Bueno,
no la culpo por creer en la paz. Al fin y al cabo, no es bonito vivir en guerra
perpetua ¿no?
-Ya…
llevas razón Gravitta. Pero igualmente creo que veíamos la vida de manera muy
diferente.
-¿Quieres
decirme con eso que la ruptura era inevitable?
-Lo
era si no quería renunciar a mis principios. Es bastante complejo el asunto-
Eliart hablaba con frases cortas y poco concretas porque no quería mencionarle
a Gravitta que Gaia le dio a elegir entre si continuar su relación o permitir
que los Destructores entraran en el grupo, pues sabía que le pondría en un
compromiso. Tenía que explicarse de otra manera- Creo que ella no está a gusto
con los I-Men en general. No es sólo conmigo, pero mis decisiones la afectan-
Concluyó de manera escueta.
Gravitta,
que no tenía un pelo de tonto, supo unir cabos y entender cuál era el motivo
real de la ruptura.
-No
se cree que haya cambiado. Es eso ¿verdad? No puede soportar que estemos en el
mismo equipo. Para ella tiene que ser una barrera infranqueable.
Eliart
guardó silencio y asintió con la cabeza. Iba a decirle a Gravitta que no se
preocupara por ello, pero el científico siguió hablando.
-Bueno,
lo entiendo. Mi yo de antes no lo hubiese permitido. Supongo que no quieres
estar en el mismo equipo que alguien a quien odias. Yo nunca haría equipo con
Guillermo, por ejemplo. No por eso voy a dejar de estar si tú así lo quieres.
Podré soportarlo y espero que ella también- Finalizó.
-De
todos modos, tanta palabrería me está dejando la boca seca. ¡Tomemos algo! Pasa
la carta de bebidas.
-Eso
te iba a decir. La primera corre de mi cuenta.
Ambos
pidieron una cerveza y brindaron por los I-Men.
Al
día siguiente, el equipo se reunió en casa de Revelación para ir al encuentro
de Neurona. Estaban Eliart, Gravitta, Death, Shadow, Revelación, el Guerrero,
Waver y el Capitán Vasco, que había venido de Bilbao sólo para dicha reunión.
“Como
era de esperar, Gaia no ha venido”, pensó Eliart. “Creo que estamos todos los
que vamos a ir. Después le contaremos al resto lo que suceda”. Decidieron que
Revelación fuese en cabeza para prevenir cualquier sobresalto, pero fue un
viaje bastante tranquilo.
Todos
esperaban que la reunión fuese fructífera y saliesen de ella sabiendo algo más
de los GM o del juego. Estaban esperanzados.
Tras
coger el metro hasta una zona muy alejada del centro, tuvieron que cruzar un
puente y un parque poco iluminado, como la primera vez que intentaron reunirse
con Cerebro. Llegaron a una zona con casas bajas y en muy mal estado, donde la
calle olía a cartón de vino y cartones de vagabundo. No era precisamente un
lugar agradable. Divisaron el callejón y Revelación lo recordó con claridad.
-Es
allí- Dijo de manera escueta.
Se
acercaron en fila india y divisaron una silueta encapuchada que iba avanzando
progresivamente hacia ellos.
-Vosotros
debéis ser los I-Men ¿estoy en lo cierto?- Dijo todavía desde la penumbra.
-Así
es- Respondió Eliart.
-Encantado,
soy Neurona- Dijo mientras se quitaba la capucha. Era un hombre joven, pero
algo más mayor que los jugadores, de origen dominicano y de mediana altura y
peso. A pesar del aura de misterio que transmitía con la capucha, saludó a
todos amablemente y los hizo pasar por una puerta que daba a un salón pequeño.
Se acomodaron como pudieron y después Neurona comenzó a hablar- En primer
lugar, muchas gracias por venir. Cerebro y yo no esperábamos menos de vosotros.
Creemos que sois los elegidos, en los que podemos confiar para derrotar a los
GM de una vez por todas.
El
Guerrero Celeste iba a intervenir, pero Neurona le frenó.
-No
tenemos mucho tiempo Guerrero Celeste. Pero Revelación puede percibir ahora
mismo que responderé a eso que tanto te preocupa. Aunque no sabe que te voy a
contar. Si pudiera leer mi mente, tal vez no hubiese hecho falta traeros hasta
aquí. Bien, empezaré por el principio.
“Todo
empezó hace 120 años. Un grupo de 5 adolescentes de ciudad estaba pasando unos
días en el campo, descansando de una ciudad que estaba experimentando grandes
cambios. Fue entonces, cuando, mientras contemplaban el cielo nocturno, un
gigantesco y extraño meteorito cayó a unos cuantos metros de distancia de
ellos. El golpe fue tan fuerte que despertó la curiosidad de los chicos. Estos
se acercaron con una mezcla entre curiosidad y miedo al lugar del incidente.
Al
llegar pudieron ver que el meteorito tenía forma de prisma y era de color
violeta. Además, estaba brillando de un modo especial, con un tono blanquecino.
Tanto que los adolescentes se sintieron enseguida atraídos por él sin poder
evitarlo. Como si fuese un diamante gigantesco que tienta sólo con verlo. El
prisma les atrajo como si fuesen imanes. Así, a los pocos instantes, los
jóvenes estaban imbuidos de aquel brillo y se notaban diferentes. Durante un
rato se quedaron sin habla, en un estado de inconsciencia y de pie. Después,
poco a poco fueron recuperando la consciencia. Pero eran otros. Se sentían
llenos de poder y capaces de hacer cualquier cosa. El meteorito violeta, que se
había roto por su parte central, se evaporó sin dejar rastro.
Imbuidos
de poder y decididos, se dedicaron a investigar sobre seres con poderes y
extrañas rocas a lo largo de la Historia. Removieron cielo y tierra y
descubrieron mucha información: había habido gente con poderes en otros momentos
de la Historia y podía haber algunos reductos ahora.
Con
habilidades tan magníficas como las suyas, podían sentir el aura de gente con
potencial. Así fue como encontraron un lugar que representaba un peligro para
ellos. Se trataba de un continente que entonces estaba en la Tierra y en la
Historia como uno más. Concretamente estaba entre África y América, en medio
del Atlántico. Era un continente lleno de vida en el cual algunos humanos con
poderes habían creado comunidades para vivir entre ellos. Otros incluso habían
llegado a gobernar sobre algunas ciudades.
Como
la Atlántida era un peligro, los 5 adolescentes se introdujeron en ella y
eliminaron a gran parte de los disidentes. A los que se sometieron, decidieron
hacerles sus siervos y dieron con la clave: necesitaban tener bajo control a la
gente con poderes, para poder dirigir el destino del mundo a su antojo y desde
las sombras, sin que nadie les hiciera frente. Así que, ni cortos ni perezosos,
comenzaron por ocultar la Atlántida y toda su mágica Historia ante los ojos del
Hombre: nadie en la faz de la Tierra conocería ese continente y sería borrado
del pasado. A ojos del ser humano, sólo sería una mera leyenda. Tras esto, con
sus poderes crearon el Juego. El Juego es un modo de evitar competencia: eliminan
a los jugadores débiles y dejan vivo sólo al ganador, el más fuerte, para que
esté bajo sus órdenes. El resto de los jugadores son encerrados en unos frascos
actualmente, al principio no habían dado con la manera de contenerles y los
mataban. El Juego se ha ido perfeccionando.
No
obstante, la Atlántida sigue existiendo. Y algunos de los que sobrevivieron
decidieron convertirlo en el santuario de la Resistencia contra los GM. Pero no es fácil: los GM y sus borradores
tienen controlados relativamente a los insurrectos. De vez en cuando pillan a
alguno. Pero muchos de los candidatos a jugadores que rechazan ir al juego son
reclutados por grupos rebeldes y llevados hasta allí… si sobreviven para
contarlo. Y esa es toda la verdad. Los GM buscan eliminar rivales para mantener
el poder evitando así que aparezca alguien más fuerte que no esté bajo su
control. Ha habido 10 ediciones del Juego, una cada diez años”.
Los
I-Men se quedaron estupefactos. Esos GM tuvieron el poder para borrar de la
memoria de la gente un continente entero y ocultarlo a la vista. Era increíble.
¿Cómo iban a vencer a unos tipos así?
Y esa
es la Historia. Cerebro ha ido reclutando a jugadores valientes como vosotros
para lograr vencerles, pues él también es poderoso. Pero aún no hemos ganado.
Esperamos contar con vuestra ayuda para el futuro.
-Pero
igualmente sólo uno de nosotros puede sobrevivir ¿verdad? ¡Siendo sólo uno no
podrá hacer nada!- Comentó angustiado el Capitán Vasco.
-Tranquilo
Capitán. No os preocupéis de eso ahora. Cerebro es un hombre de recursos,
además ese uno suele ser muy fuerte. Quedaos con todo lo que he dicho y tratad
de sobrevivir. Ahora ya sabéis cual es el origen de todo- Finalizó. Sintiendo
la inquietud de los I-Men, decidió añadir unas palabras más- No puedo daros
ningún detalle, pero os puedo decir que el poder de los GM se relaja un poco
cuando el Juego acaba, es entonces cuando quizá podamos hacer algo para sacaros
del juego.
Todos
empezaron a hablar de golpe, algunos entre susurros, como Waver, y otros a gritos,
como el Capitán vasco. Sólo Eliart, Gravitta y Revelación permanecieron en
silencio. Neurona levantó las manos para imponer orden.
-Y
ahora disculpadnos un momento. Eliart, Gravitta, venid conmigo. Hay un asunto
que debo tratar sólo con vosotros dos. Así lo quiere Cerebro- Los nombrados
cruzaron una mirada, ¿qué era aquello tan especial que requería su única
presencia? Los dos guerreros se adentraron con Neurona en lo más profundo de la
casa, intrigados al mismo tiempo que dispuestos a desentrañar los secretos del
Juego.
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