sábado, 19 de agosto de 2017

Capítulo 56 - 'El pasado de Sage'

Sage miraba al Capitán mientras se preparaba para narrar su historia. El súper-héroe no decía nada. Tan sólo miraba muy concentrado a su padre. El anciano parecía perdido en sus recuerdos y no fue hasta que pasaron unos minutos que finalmente habló.
-Como ya te dije... salvar a Thunder-Man sería nuestra misión final... aunque por aquel entonces, aún no sabíamos dónde nos metíamos...
Hace ahora casi diez años...
>>Sage miraba en dirección a Bilbao. La nostalgia le invadió, hacía bastante que no se veía obligado a abandonar su hogar para ayudar a Cerebro en una misión. “No debería preocuparme, aunque me vaya, mi hijo ahora tiene los poderes necesarios para protegerse a sí mismo y a la ciudad, si fuera necesario. Incluso aunque sea joven”, pensó el hombre mientras daba la espalda de manera definitiva a su ciudad. Entonces sintió un repentino contacto mental.
-¿Sage? Soy yo, Neurona. Te mando la localización donde te reunirás con el equipo- Dijo mientras la conexión mental desaparecía. Northern estaba algo molesto, pues Cerebro y Neurona habían asumido que simplemente les ayudaría. En el fondo no le importaba, más allá de tener que dejar su ciudad. Y le debía mucho a Cerebro, pero a pesar de todo le incomodaba que ni siquiera le preguntaran por su opinión.
Entonces recibió una imagen mental que contenía una vista aérea de la zona, y en medio de la imagen aparecía un punto remarcado en rojo que indicaba el lugar de reunión. Sage asintió, no estaba demasiado lejos. Se concentró, quizá no lo hiciera a la primera, pero intentaría teletransportarse. Sus poderes psíquicos le dotaban de múltiples habilidades y, aunque aquella le consumía mucha energía, era bastante útil. Le requería mucha concentración y por lo tanto era casi imposible de usar en una batalla.
Cerró los ojos y visualizó el riachuelo que quedaba cerca del punto de reunión. Era un lugar solitario donde probablemente nadie le vería aparecer de la nada. El viento sopló a su alrededor y sus ojos brillaron tenuemente con un fulgor, como cada vez que usaba sus poderes. Desapareció con un destello. Al abrir los ojos se encontraba en medio de la vegetación. A lo lejos podía escuchar el correr del agua. Había fallado por unos metros, pero no estaba mal considerando que sus poderes eran cada vez menos fiables.
Inmediatamente sintió presencias a su alrededor. Al otro lado de un monte notaba varias presencias conocidas, sus compañeros de equipo. Pero había algo más.
-No puede ser, ¿un borrador? No, son dos. No me puedo creer que los hayan traído tan cerca de mi hogar... maldita sea- Maldijo por lo bajo al tiempo que emprendía el camino hasta la cima del monte. Al llegar a lo alto pudo ver una pequeña planicie con escasos árboles. Del bosque salió de repente una mujer que corría a una velocidad prodigiosa. Justo detrás venía un enorme humanoide de casi dos metros de alto. De color blanco y resplandeciente, sus alas le permitieron alcanzar a la mujer y lanzar un puñetazo.
-¡Ni hablar!- La chica se giró y bloqueó el golpe con maestría mientras rodaba por el suelo debido al impacto. Sin detenerse aprovechó la inercia del movimiento y se incorporó de un salto. Entonces plantó los pies en el suelo y lanzó una serie de puñetazos cargados de energía. Un aura de energía amarilla la envolvía y cargaba sus puños de una tremenda fuerza destructora. Sage sonrío al tiempo que se concentraba.
Usando sus poderes, logró detener los movimientos del monstruo durante un instante. La mujer no lo dudó y encajó un poderoso directo en el pecho del Borrador, que salió volando. Entonces la rubia miró en dirección al anciano.
-¡Hola Sage!- Saludó. El hombre contuvo una sonrisa y se acercó.
-Hola Dayana, veo que estáis en problemas. ¿Te importa si te echo un cable?- Preguntó. Ella le devolvió la sonrisa mientras el aura crecía a su alrededor.
-No, claro, si me ayudas acabaremos esto más rápido- Contestó mientras se concentraba. El Borrador se levantó. Tenía un agujero en el pecho allí donde le había alcanzado el puñetazo de la heroína- ¡Vamos allá!
El truco de detener sus movimientos no funcionaría otra vez, así que mientras Dayana salía lanzada Sage utilizó sus poderes para levantar rocas y troncos para lanzarlos sobre su enemigo. El Borrador respondió con múltiples rayos de energía para detener los proyectiles, y al mismo tiempo esquivaba y detenía los golpes de la mujer. A pesar de todo, los puñetazos de la rubia eran muy potentes, y el ser se resentía al recibirlos.
-¡Toma esto!- La chica hizo estallar su aura durante un instante, permitiéndole obtener una velocidad extraordinaria. Se acercó y lanzó ambos puños contra el estómago de la criatura, que salió lanzada. La explosión del aura provocó que el Borrador estallara en fragmentos, por un lado la cabeza, y por otro los brazos y las piernas. La energía que mantenía la consciencia del Borrador desapareció y este comenzó a desintegrarse.
-Vaya, veo que has vuelto a aumentar tu fuerza. Cada vez me sorprendes más- Admitió Sage mientras le palmeaba la espalda a la joven. Ella se limpió el sudor de la frente.
-Espera a ver a los demás- Mientras decía esto una explosión sacudió el bosque. De la nube de humo salió volando otro Borrador igual que el anterior. La única diferencia es que a este le faltaba el bazo y el ala izquierdos, así como esa mitad de la cara.
Del bosque surgió a toda velocidad un rama que crecía a un ritmo totalmente ilógico. En el extremo de la rama un hombre moreno y de pelo oscuro saltaba, cargando en su mano un montón de energía.
-¡Star Shock!- Cayendo sobre el Borrador, el hombre le golpeó con su puño cerrado. Un estallido de energía azul sacudió al ser y un poderoso destello oscureció el cielo. El Borrador cayó en picado mientras otra explosión tenía lugar justo donde el chico había lanzado su ataque.
Del bosque salió andando entonces otro hombre, esta vez de pelo marrón. Vestía una chaqueta de hojas verdes y su mirada era muy tranquila. Enarboló un bastón de madera blanca y un aura verde le envolvió.
-¡Adelante!- El ser se incorporó, tras el ataque del moreno había perdido ahora su brazo derecho. Trató de andar cuando, de repente, la hierba a su alrededor comenzó a crecer como si fueran tentáculos. La hierba le envolvió el cuerpo y le inmovilizó. El Borrador intentó liberarse, pero la hierba era tan fuerte como cadenas. Entonces Hiedra lanzó otra orden- ¡Absorción!
Las plantas penetraron en la “piel” del ser y comenzaron a absorber la energía que este emitía. Unas ondas de energía se expandieron desde la hierba hasta todo el bosque. Debido a la energía tan fuerte todos los árboles en varios kilómetros a la redonda comenzaron a crecer poco a poco. El proceso tardó todavía un minuto, pero finalmente la energía del Borrador se agotó y se apagó, perdiendo su característico brillo. El blanco e inmaculado cuerpo se convirtió en una carcasa que poco a poco se fue convirtiendo en polvo. Entonces los dos hombres fueron hasta donde se encontraban Sage y Dayana. El anciano les saludó.
-Cosmos, Hiedra, encantado de volver a veros- Dijo. El hombre observó que Hiedra tenía ahora un punto verde en su frente. ¿Qué sería? Por otro lado, Cosmos tenía un extraño brillo en sus ojos, negros como la noche- Os habéis hecho aún más fuertes. Creo que ahora me podríais derrotar y todo...
-Probablemente, la vida de la ciudad te ha hecho oxidarte, ¿eh?- Bromeó Cosmos mientras le clavaba el codo a Hiedra, que no sonrió.
-Bueno chicos, será mejor que nos demos prisa. Con la que hemos liado aquí pronto aparecerán los guardias forestales- Explicó Dayana mientras se ajustaba una pequeña mochila que llevaba en la espalda. Sage asintió.
-Tienes razón, todos, tocad mi brazo- Dijo mientras extendía el brazo- Nos sacaré de aquí.
Utilizando su teletransportación los alejó de la zona. Hacerlo con cuatro personas era bastante agotador, pero pudo mantener el ritmo. Habían quedado con Neurona a medio camino de Madrid, de manera que Hiedra alquiló un coche y entre él y Cosmos condujeron primero por la autopista 68, más tarde enlazando con la E-80 hasta Burgos. Desde ahí enfilaron la E-5, que les llevaría hasta la Capital. Sin embargo, no hizo falta llegar hasta allí, pues al pasar Aranda de Duero, Neurona se conectó con Sage, que dijo:
-Chicos, salid por esa desviación, Neurona nos espera en un hostal que hay por aquí cerca.
Cosmos, que en ese momento llevaba el volante, asintió y giró. El Sol comenzaba a ponerse, y al haber un cielo muy nublado, el ambiente resultaba muy oscuro. A lo lejos vieron un hostal cutre cuya fachada era de color crema, aunque era difícil de decir a esas horas. Aparcaron y fueron hasta la habitación que Neurona indicaba en todo momento a Sage. Entraron y se encontraron con un joven de piel morena, gafas rectangulares y un pelo a lo afro sentado en la cama doble.
-Hola, hacía tiempo que no os veía. Vamos, pasad- Dijo el hombre con una voz algo chillona para su aspecto serio.
-Hola de nuevo, Neurona- Respondió Hiedra mientras todos entraban. La habitación estaba iluminada con una lámpara que apenas lograba expulsar la oscuridad nocturna. Unas densas cortinas tapaban todas las ventanas. Todos se acomodaron en diferentes sillas. Dayana permaneció de pie y cruzada de brazos.
-Bueno, ¿cuál es la misión? Hacía dos años ya que Cerebro no se comunicaba con nosotros directamente. ¿Ha encontrado alguna persona con poderes que necesite ayuda?- Cosmos resopló.
-Esperemos que no se repita lo de China. Perder a aquel nuevo miembro a manos de los Borradores fue una tragedia... aunque el chico era bastante inútil- Dijo sin rodeos. Hiedra frunció el ceño.
-Apenas tenía ocho años, no puedes pedirle a alguien tan joven que esté a la altura tan de repente... Si no le hubieras dejado solo...- Cosmos miró a otro lado, no quería tener que volver a pensar en ello, sabía de sobra que era culpa suya. Neurona se hartó en seguida.
-Bueno, ya basta. No tenemos tiempo que perder. Y ya sabéis que encontrándome con vosotros me arriesgo a que los Borradores y los GM me fichen...- Dijo, rozando la ira. Sage trató de mesurar sus sentimientos utilizando sus poderes, pero como siempre, la mente de Neurona era impenetrable a cualquier poder psíquico. El hombre se dio cuenta y dirigió al anciano una mirada de soslayo- No tiene sentido darle muchas vueltas. Veréis, la novena edición del Juego ha finalizado por fin. Ya hay un ganador, un tal Thunder-Man. Cerebro ha ideado un plan para traer al ganador a la Tierra y mantenerlo a salvo de los GM. Con él aquí ganaremos un importante poder ofensivo en la preparación del derrocamiento de los GM.
-Vaya, parece interesante... ¿cuáles son los detalles?- Preguntó Hiedra mientras sus ojos verdes se iluminaban.
-Sage y yo combinaremos nuestros poderes mentales. Cerebro ha preparado una ruta interdimensional que os permitirá acceder a la dimensión donde tienen a Thunder-Man. Su centro de operaciones, vamos- Los cuatro agentes de Cerebro se pusieron tensos- Sage y yo tendremos que quedarnos aquí para mantener el portal abierto. Desde el momento en el que lo abramos contaréis con cinco horas, debido a la relatividad temporal, pasará una hora aquí, Sage. ¿Podrás aguantar ese tiempo?
-Sí, mientras no nos distraigan- Expuso el anciano. Dayana no parecía convencida.
-¿Y cómo pretendes que rescatemos a Thunder-Man de gente tan poderosa?- Expuso. La rubia negó con la cabeza- No puede salir bien.
-Evidentemente deberemos ir con el mayor sigilo posible. Esta misión no trata de ser más fuerte que nuestros rivales, si no de ser astutos- Respondió Cosmos mientras elevaba la barbilla.
-Es como él dice- Secundó Neurona- ¿Estáis de acuerdo o no? Es evidente que no puedo obligaros, pero es el mejor momento para actuar. Si le lavan el cerebro a Thunder-Man para que se una a sus filas tendremos un problema.
-Por mí adelante. Es arriesgado, pero merece la pena- Afirmó Cosmos contundente. Hiedra pareció pensárselo más, pero al final asintió.
-Está bien, vamos allá. ¿Dayana, Sage?- El anciano asintió, él participaría. La rubia les miró a todos de uno en uno.
-Si todos insistís, no me queda más remedio. Venga, cuando antes empecemos, mejor- Respondió finalmente. Neurona se levantó.
-Bien, Sage. Ven aquí y concentra tu energía. Yo dirigiré el proceso- Explicó el hombre mientras se acercaba al bilbaino. Sage hizo lo que le pidió y juntaron sus manos. La energía psíquica comenzó a fluir entre ambos. Durante unos minutos que concentraron energía no pasó nada, y los demás esperaban tensos mientras se preparaban para lo que les aguardaba. Finalmente el aire pareció agitarse frente a Sage y Neurona. Una fisura apareció en el aire, era el tejido espacio-temporal, que estaba agrietándose.
-Neurona, ayúdame a estabilizar el portal, es muy difícil- Murmuró Sage. Neurona apretaba los dientes.
-Mantén el flujo de energía constante...- Respondió el moreno. Al cabo de unos segundos, el portal se agrandó y comenzó a girar sobre sí mismo. Una entrada circular se había abierto. Ambos mentalistas suspiraron- Ya está.
-¿Es seguro entrar?- Preguntó Cosmos mientras escudriñaba el interior del túnel. Neurona asintió.
-Claro. El principio y el final lo hemos creado nosotros, y parece algo precario, pero el interior del pasadizo estaba hecho ya por Cerebro. Es muy seguro, dentro de él no puede pasaros nada. Aunque recordad una cosa- Contestó Neurona, visiblemente cansado por tener que hablar y esforzarse tanto- Dentro están los GM, y los antiguos ganadores de las ocho primeras ediciones. Si Cerebro ha escogido este momento para actuar, probablemente hay poca presencia en el castillo de los GM.
-¿Castillo?- Dijo Dayana.
-Sí, por llamarlo de alguna manera. Es una enorme construcción laberíntica... pero sé muy poco al respecto. Ahora entrad, ¡el tiempo corre! Moveros con sigilo, no deben detectaros... o... sería fatal- Finalizó Neurona mientras les apremiaba a entrar. Sage mientras tanto mantenía la concentración. El portal era muy voluble y requería que ajustara todo el rato su poder. Hiedra entró primero, seguido de cerca por Cosmos. Dayana dirigió la mirada a Sage antes de entrar.
-Cuando vuelva recuérdame que tengo que echarle un ojo a tu hijo, tengo curiosidad por ver como es el “Capitán Vasco”- Comentó sonriente, y entró.


El tiempo pasaba muy lentamente en la habitación del hostal. Neurona y Sage no intercambiaron más palabras, les requería mucha fuerza mantener aquel pasadizo interdimensional, y ambos sabían que no tenían nada que decirse. Se turnaban para llevar el mayor peso del portal, de tal manera que en aquel momento Sage no tenía tanta sobrecarga en su cerebro y podía permitirse divagar. “Llevan casi cuarenta minutos ahí... empezamos a acercarnos a la hora límite... Espero que no tengan ningún problema”, pensaba mientas su mente exploraba todas las posibilidades. Si se desarrollaba una batalla él poco podría aportar, el portal le drenaba las fuerzas.
De repente sintieron algo atravesando el portal. ¡Por fin volvían! Una persona salió a toda velocidad del túnel y se dio de bruces contra la pared. Era Hiedra. Sage se dio cuenta al instante de que algo no iba bien, un chorro de sangre le bajaba por la frente. Del portal salió entonces otra persona, que cayó al suelo de rodillas. Hiedra se giró y les miró.
-¡Cerrad el Portal! ¡Cerradlo! ¡YA!- Exclamó con los ojos fuera de sí. Neurona entrecerró los ojos y miró a Sage. El anciano no sabía qué hacer.
-¿Dónde están Dayana y Cosmos?- Inquirió, aunque algo dentro de él le hizo sospechar la respuesta. La vista de Hiedra se nubló.
-Han muerto. Y no me preguntes si estoy seguro... lo he visto Sage- Entonces los mentalistas sintieron como alguien más entraba en el portal. Una enorme fuerza comenzó a llegar. Gracias a su increíble poder, Sage le sintió inmediatamente y reconoció el aura. Se había encontrado con él en una ocasión anterior.
-Neurona, deshagamos el portal, ¡rápido!- Ambos dejaron de suministrarle fuerzas y la energía se disipó con mucha violencia. En el aire no quedó ni rastro del portal. El hombre que estaba en el suelo logró incorporarse, no parecía tener heridas serias.
-Es Thunder-Man, estaba inconsciente cuando lo encontramos. Llegamos justo a tiempo... Aún está algo aturdido- El noveno ganador tenía el pelo rizado y marrón, un rostro joven y bonachón. Sus ojos, a pesar de la confusión, mostraban su experiencia en cientos de batallas que el Juego le había obligado a superar.
-Hola... gracias por salvarme- Logró decir mientras bajaba la cabeza- Lamento lo de tus amigos, no pudimos hacer nada. Estaba muy aturdido para usar mis poderes... si hubiera sido capaz de usarlos, la cosa habría sido muy distinta...
-He de irme- Dijo entonces Neurona con premura- Es posible que el que estaba cruzando el portal encuentre una manera de llegar hasta aquí con ayuda de los GM. Dentro de poco me comunicaré con vosotros y me contaréis qué demonios ha pasado.
Sin más dilación, el hombre abandonó la habitación. Hiedra se dejó caer al suelo y se llevó las manos a los ojos para contener las lágrimas. Thunder-Man se sentó en la cama mientras miraba al suelo, estaba muy impactado por lo sucedido. Una mezcla de culpabilidad y horror se instaló en su pecho. Sage se sintió tentado de dejarse caer sobre un sillón para descansar, pero su amigo le necesitaba. Se acercó al joven y posó su mano en el hombro.
-¿Por qué no me cuentas que pasó? Tal vez te ayude...- Hiedra conocía a Cosmos y a Dayana mucho más que él mismo. Sage había trabajo con ellos otras veces, y fue quien los reclutó, pero la gran mayoría del tiempo y entre misiones volvía a su hogar. Pero los otros tres solían mantenerse juntos. Hiedra levantó la vista, y su rostro ensangrentado estaba destrozado por la tristeza.
-Colarnos... fue sencillo. Gracias a la habilidad de Dayana y la mía, noqueamos a todo el personal que nos encontramos. Eran seres muy extraños, como borradores, pero sin su tremenda fuerza- Explicó- En muchas de las habitaciones no encontramos nada útil, pero sí cosas muy extrañas. Una esfera azul flotante que parecía un holograma... y experimentos de los GM, supongo. En otra había interminables hileras de tanques llenos con un líquido azul. Allí guardaban centeneras de personas, Sage- El relato de Hiedra hizo que un escalofrío bajara por la espalda del anciano. Entonces prosiguió- No tardamos en encontrar a Thunder-Man. Lo llevaban en una camilla metálica dos de las criaturas que te he dicho... los derrotamos y le hice despertar. Al principio no podía moverse, llevaba varias horas sedado, o algo así. Emprendimos el camino de vuelta... pero nos encontramos con un tipo altísimo, de casi dos metros.... vestido con un mono azul y gris que tenía un enorme Ocho dibujado en su pecho y espalda...
-Isaac...- Murmuró Sage. Hiedra asintió.
-Sí, nos hablaste de él, pero no fue hasta que lo tuve delante que comprobé lo intimidante que era su aura. Tenía le pelo negro y corto, y sus ojos azules eran fríos como el acero. Se interponía directamente en nuestro camino... pensamos que si atacábamos todos juntos, podríamos con él... pero no imaginas lo fuerte que era, el poder de los “ganadores” no se puede comparar al nuestro, Sage. Supongo que la experiencia de sobrevivir al Juego eleva su poder, no puedo encontrar otra explicación. Cuando nos dimos cuenta de que no lo lograríamos, Cosmos y Dayana lograron darnos una oportunidad. Me di cuenta de que si lograba traer a Thunder-Man... podría merecer la pena. Si este chico tiene un nivel similar al Octavo ganador... entonces ha merecido la pena...- Se decía una y otra vez, tratando de justificar lo que había ocurrido. Sage miró a Thunder-Man. Le costaba creer que un chico de veinte años pudiera albergar semejante poder.
-Bueno, supongo que es hora de que discutamos qué haremos de ahora en adelante...
De repente sintieron un aura de tremenda fuerza. Donde el portal había estado comenzó a aparecer una leve y brillante luz azul.
-¡Es él, es Isaac!- Exclamó Hiedra. Fue a levantarse del suelo, pero antes de que todos pudieran reaccionar, una enorme explosión sacudió el edificio. Cuando el polvo se disipó, Sage pensó que era un milagro que aún siguiera vivo. Entonces se dio cuenta de que estaba en el hombro de Thunder-Man.
-¿Qué, cómo has sido tan rápido?- Preguntó el anciano mientras le dejaba en el suelo. El ganador sonrió con algo de timidez y le enseñó su brazo, del cual surgió un chispazo.
-Poseo un elevado control sobre la electricidad... no es nada especial para mí- Expuso mientras miraba al hostal. De repente un montón de árboles surgieron por todos lados, en el centro se elevaba Hiedra, convertido en árbol y mostrando un poderoso aura verde mientras embestía. Otra persona recibió su ataque y lo bloqueó. Entonces una enorme explosión azul iluminó el cielo.
Cuando se disipó la nube de polvo vieron el panorama. Hiedra sangraba por aún más heridas convertido en árbol, parecía dispuesto a luchar. Frente a él flotaba un hombre alto y de pelo negro. El ocho dibujado en su mono no dejó lugar a dudas, era Isaac, el Octavo ganador, que se había abierto paso hasta su dimensión. El cuerpo le brillaba de un tenue color azul, como si irradiara permanentemente energía nuclear. Elevó el brazo y una extraña energía que parecía eléctrica tomó forma. Sage observó que aquella amalgama de energía era como un fluido, pero no se parecía a nada que hubiera visto antes. Isaac lo manipulo, liberando una ingente cantidad de energía. Hiedra trató de esquivarlo, pero la explosión fue enorme para lo pequeño que era el proyectil.
-Ese tío... controla el cuarto estado de la materia... de alguna manera es capaz de generar y controlar un plasma cargado con mucha energía- Explicó Thunder-Man a su lado. Era evidente que la experiencia que el Juego le había dado le ayudaba a entender esas cosas.
-Espera, tú también eres un ganador. Thunder-Man, ayuda a Hiedra, ¿podrás traerlo hasta mí? Voy a preparar mi energía. Si me das un minuto de margen, podré sacarnos de aquí usando mis poderes, ¿entendido?- El joven le miró y asintió.
-Los días de tormenta soy especialmente fuerte...- Dijo mientras el aire se agitaba a su alrededor. El cielo nublado comenzó a chisporrotear y todas las nubes descargaron a la vez poderosos truenos que confluyeron hasta el Noveno ganador. Toda la energía se arremolinó en el cuerpo del joven y estalló. Convertido en rayo, chocó a un tremenda velocidad contra Isaac, que logró bloquear el embiste.
Mientras los ganadores batallaban, Sage comenzó a concentrar toda la energía de la que era capaz. Mantener el portal durante tanto tiempo le había pasado factura, pero si no era capaz de sacarlos de allí, todos morirían a manos de Isaac... salvo que Thunder-Man fuera capaz de eliminarlo.
-Puño de la tormenta, ¡ah!- Exclamaba el Noveno mientras lanzaba golpes sobre su rival. Isaac permanecía frío mientras usaba su increíble velocidad para poner distancia. A Thunder-Man le costaba creer que alguien pudiera mantener su velocidad cuando estaba en la forma “tormenta”, pero entonces recordó que el plasma también es una forma de energía muy fuerte. El Octavo se posó en el suelo y tocó con sus manos las piedras.
-¡Alteración atómica!- El color azul de su cuerpo se propagó por los elementos destrozados del hostal. Todo lo que tocaba aquella luz se comenzó a derretir y a emitir vapor. Llegado cierto punto Isaac emitió un pulso eléctrico de color azul que impregno las rocas. Se elevó controlando toda aquella masa a su alrededor como si fuera agua. Pero no era agua, no. Era plasma- ¡Conversión de la materia!
Isaac salió volando hasta Thunder-Man, alguna capacidad de su poder le permitía levitar, al igual que al noveno ganador. El puñetazo cargado de plasma explotó al impactar sobre Thunder-Man, de no haber sido por los rayos que le imbuían, podría haber sido su final. “Es muy fuerte, y yo todavía estoy acusando los daños de mi última batalla en el juego... más vale que el anciano esté listo, no puedo darle más de unos segundos sin sufrir heridas serias...” pensaba. Isaac y él chocaron de nuevo en el aire. El plasma era muy superior a los rayos, pero la desesperación de Thunder-Man logró ayudarle a repeler ataques demasiado dañinos. Finalmente, el Octavo logró encajarle un directo en el estómago que lo mando a volar al suelo, donde una explosión azul terminó de destrozar el lugar.
Thunder-Man yacía ahora de espaldas. Los rayos habían agotado su energía y el “modo tormenta” agotaba su poder. Apenas le quedaban fuerzas. Isaac descendió.
-Noveno, asumiré que estás confuso, así que te lo diré ahora. Si te redimes ahora, los GM aún pueden aceptarte entre sus filas. Vamos, no seas necio, únete a nosotros- Dijo Isaac con una voz grave y poderosa. Thunder-Man se incorporó.
-Tu oferta es generosa, Octavo...- Logró decir entre dientes mientras escupía sangre. Isaac no sonreía, le miraba con una seriedad inaudita.
-Sin embargo, tu posible traición a los GM debe ser subsanada. Elimina a estos dos miembros de la resistencia, y consideraremos tu caso- Expuso Isaac sin pestañear. Thunder-Man no pensaba hacerlo, pero cualquier segundo que consiguiera, contaba. Llamó a las fuerzas que le quedaban y la electricidad le envolvió.
-Está bien- Respondió. Sin decir nada más, usó sus poderes y apareció al lado de Hiedra, que yacía inconsciente en el suelo. Sus heridas eran muy serias, y su poder sobre la madera y la vida no logró evadir el plasma de Isaac. Antes de que al Octavo le diera tiempo a procesar lo que estaba haciendo, recogió a Hiedra del suelo y salió volando a la velocidad del rayo hasta Sage- ¡Anciano, más vale que hayas logrado reunir las suficientes fuerzas!
-¡Dame la mano!- Sage elevó su mano derecha, tratando de tocar a Thunder-Man. Estaba al límite de sus fuerzas, y necesitaba sacarlos de allí, necesitaban ser transportados a muchos kilómetros, lejos de allí. Probablemente le dejaría secuelas, pero tenía que hacerlo. El Octavo ganador logró reaccionar a tiempo, y el plasma le envolvió al tiempo que salía propulsado a toda velocidad hacía Sage.
-No pienso permitiros escapar con vida.
Justo cuando Thunder-Man rozaba la mano del mentalista, Isaac lanzó un orbe de plasma que llegó hasta ellos y explotó, haciendo añicos toda el área. Cuando el polvo y la energía se disiparon, no quedaba nadie allí. Habían escapado.
Los tres aparecieron a las afueras de una ciudad. Sage se desplomó sobre el suelo, agotado. En el momento de usar sus poderes, sintió como si algo en su cerebro se desgarrara. Se había forzado al límite, y no podría usas sus habilidades en algunas semanas. Thunder-Man también se dejó caer. Recibir los impactos de Isaac no le fue fácil. El ataque final de su enemigo, además, les alcanzó parcialmente. Sin embargo, el que peor parte se había llevado fue Hiedra, sin ninguna duda. El joven tosió para, a continuación, lanzar un lastimero gemido. Sage logró acercarse hasta él y vio las tremendas heridas que tenía en el pecho y en el estómago. Le faltaba un brazo.
-Hiedra... Hiedra...- Susurraba. Él fuera la primera persona a la que logró salvar de las garras de los borradores. Le vio crecer desde que era un chaval, y había visto como desarrollaba sus poderes. Y ahora agonizaba frente a él. Mientras un profundo odio se instalaba en su corazón, hizo esfuerzos por no llorar mientras miraba a los ojos de su amigo. Hiedra le miraba con cariño.
-Sabes... en retrospectiva... debería haber hablado con Dayana antes...- Dijo mientras intentaba sonreír. Sage no sabía qué decir. Pero no hizo falta, pues los ojos del chico perdieron su brillo. El anciano le cerró los párpados y se dejó caer al lado de Thunder-Man.
-Yo... lo siento...- Dijo el joven. Sage no respondió. Miró al cielo, que apenas presentaba estrellas debido a la ciudad- Por cierto... ¿dónde estamos?
-Nos he llevado al sur de Burgos... hemos recorrido casi cien kilómetros... no me quedan fuerzas ni para moverme...
-No me extraña... has hecho algo increíble...


El Capitán Vasco escuchaba. Pero su padre no parecía querer decir nada más. Al cabo de unos minutos de silencio, finalmente habló.
-Nos quedamos dormidos allí mismo, estábamos agotados. Al día siguiente enterramos a Hiedra. Aunque yo no tenía fuerzas para casi nada, fue Thunder-Man quien hizo todo el trabajo- Sage bajó la mirada mientras recordaba todo aquello. El Capitán no sabía qué hacer, ni qué decir- Después de aquello, mis poderes no han vuelto a ser iguales. Ahora cuando los uso tengo terribles jaquecas, quizá forzarme tanto me rompiera de verdad algo en el cerebro...
-Yo... papá...
-No te preocupes. Es una historia vieja- Dijo el anciano- Debías conocerla. La crueldad de los GM. Y también que las ofertas que hacen Cerebro y Neurona... pueden conllevar grandes riegos si no estáis preparados. Durante muchos años Cosmos, Hiedra y Dayana se enfrentaron a un poder demasiado grande para poder medirse. Necesitábamos a Thunder-Man para aumentar el poder de nuestro bando. Pero perder a tantas personas a la vez fue demasiado. Me negué a participar en más misiones, ya estoy demasiado viejo... Pero al final todo lo que hicimos tuvo sus resultados, Thunder-Man logró ponerse en contacto con vosotros y dirigiros a Cerebro. Ahora está en vuestras manos lo que dejamos nosotros a medias.
-Derrotar a los GM, impedir que cosas como el Juego vuelvan a suceder... que las personas con poderes podamos vivir sin miedo a que seamos “seleccionados”...- Respondió el Capitán.
-Exacto. El resto de los I-Men se reunirán con Neurona, y él os explicará todo lo que tenéis que saber. Quiénes son, qué buscan... y por qué. Así que debes ir con ellos y ver con tus propios ojos a Neurona.
-Así lo haré... gracias por contarme todo esto, padre.


Un par de días después, Gravitta se levantaba con el sonido de su móvil. ¿Qué querría J.J a esas horas? Cuando fue a cogerlo observó que no conocía el número. “No puede ser, ¿quién será? Sólo J.J, Death y Irons tienen mi número...”. En seguida le pasó por la cabeza Revelación o el Guerrero Celeste, las únicas personas capaces de obtenerlo. Sin más dilación lo cogió, esperando que no se notara demasiado que estaba recién levantado.
-¿Sí? ¿Quién es?- Preguntó. Escuchó una risita al otro lado.
-Vaya, ¿te acabo de despertar? Imaginaba que a estas horas ya estarías levantado- Respondió una voz femenina. A Gravitta le costó ubicarla, el aparato distorsionaba bastante- Soy Erzzhia. Mi hermano consiguió tu número.
-Ah, entiendo- Entraba dentro de sus posibilidades, así que Gravitta no se sorprendió demasiado. Entonces reparó en que no tenía sentido aquella llamada- ¿Y, ocurre algo?
-No, no pasa nada. Pero recuerda que se supone que yo debo ayudarte a recuperar tu capacidad de sentir... y todo eso- Dijo ella, algo aturullada. El hombre se puso algo nervioso al pensar en ello.
-Cierto... ¿Y en qué habías pensado?- Preguntó. Escuchó al otro lado un pequeño silencio seguido de un ligero suspiro.
-Pues, tengo algunas ideas. Pero creo que deberíamos quedar y vernos. ¿Qué te parece esta tarde? Sé que es algo repentino pero...
-No, no, está bien. No sabemos de cuanto tiempo dispondremos en la Tierra... así que esta tarde nos vemos- Respondió Gravitta con una ligera sensación de vértigo en el estómago. ¿Por qué quedar con una chiquilla le preocupaba tanto?
Aquella tarde apareció frente a una de las puertas del Retiro, uno de los mayores parques de Madrid. Al menos de los más antiguos. No vivía particularmente cerca de allí, pero Erzzhia le había dicho que era lo mejor. Debido el frío de Diciembre llevaba su preciada chupa de cuero y una bufanda azul. No tuvo que esperar demasiado, la chica apareció en seguida por la calle. Fuera del juego las cosas parecían extrañamente normales. Ahora ella era sólo una pequeña chica de secundaria, mientras que él era un adulto anónimo.
-¡Hola! ¿Qué tal?- Saludo Erzzhia con una sonrisa mientras le daba unos besos en las mejillas. El pelirrojo se sintió incómodo casi al instante.
-Bien. ¿Y tú?- Logró decir. Antes de que ella respondiera miró a ambos lados de la calle. Por alguna razón no era capaz de relajarse. Buscaba enemigos, o a alguien sospechoso. Erzzhia se dio cuenta y le tocó el brazo.
-Tranquilo. Aquí no hay peligro- Dijo- Entiendo que tiendas a desconfiar de todo pero, la verdad es que la mayoría de la gente no te mirará ni dos veces. Supongo que es algo triste, ¿no?
-Si tú lo dices... ¿Cuál era tu idea?- Preguntó él, sonando terriblemente frío. La chica no parecía muy satisfecha con cómo había comenzado aquello, de manera que negó con la cabeza y comenzó a andar.
-Sígueme, vamos. Te llevaré a una cafetería.
-¿Vamos a tomar café? ¿Qué tiene eso que ver?- Gravitta estaba confuso. Asumía que él no sabía nada, pero estaba casi seguro de que una simple cafetería no le ayudaría. La sonrisa de Erzzhia le ayudó a despejar las dudas.
-Ya lo verás.
Entraron en una cafetería que había en la esquina más cercana y cogieron una mesa cerca de las ventanas. Tras pedir dos tazas de café y un trozo de pastel, se quedaron sentados mirando pasar a los viandantes. El camarero no tardó mucho en llevarles el pedido. Gravitta esperaba con paciencia que la chica comenzara con el “tratamiento”, pero ella se limitaba a tomar el café mientras comentaba banalidades. Al cabo de casi media hora el científico comenzaba a perder la paciencia. Erzzhia lo notó y posó su mano sobre la del otro.
-Vínculo de nivel dos...- Murmuró. Al instante Gravitta sintió los sentimientos de tranquilidad y paz que experimentaba en ese momento la chica. Ella le miró con esos profundos ojos verdes- Creo que deberíamos empezar porque pudieras relajarte. Tras tu historia me di cuenta de que siempre has vivido en un ambiente hostil, y rodeado de enemigos y de gente cuya desconfianza era dudosa. Pero a pesar de todo, debes poder relajarte. Cuando uno se libera de la tensión que lo atenaza, su mente se aclara. Venga, inténtalo.
Le soltó la mano y al instante los sentimientos de Erzzhia desaparecieron de su corazón. Y entonces se percató de lo que la chica decía. Notaba como se agazapaba en tensión, esperando un ataque en cualquier momento. Con algo de esfuerzo se acomodó en el sillón y relajó la espalda. Tomó un sorbo de café y miró alrededor tratando de no pensar demasiado en sus problemas. De repente su ceño ya no estaba fruncido y veía todo con más nitidez. Por primera vez en mucho tiempo sentía que su carga era menos ligera.
-Vaya... ya entiendo mejor a lo que te referías- Susurró- Perdona por mi impaciencia.
-No pasa nada- Contestó ella sonriendo- Ahora que estás más relajado pasaremos a la parte más interesante. He hablado con algunos de los I-Men. Entre todos he recopilado una gama de sentimientos característicos... y los tengo almacenados en mi memoria gracias a mi poder. Te haré sentir algunos, y probarás a recordar un momento de tu vida donde hayas sentido algo parecido. Así, poco a poco, abriremos tu corazón...
-Ya veo... no suena tan mal- Respondió el hombre mientras una vaga sonrisa se dibujaba en su rostro. Cuando se dio cuenta de ello se sorprendió. Tal vez aquello sí que funcionara.
Así pasaron varias horas. Ella le mostraba emociones y sentimientos y él recordaba y narraba a su compañera en qué consistían. Así fueron sacando lentamente a la luz los sentimientos del científico. A pesar de todo, no era nada fácil. Cada poco se saturaban y tenían que tomarse un descanso. Durante los descansos aprovechaban para charlar de cualquier cosa. Gravitta comenzaba a entender a qué se refería Eliart, pero sentía que le quedaba un gran camino por delante. Cerca de las ocho comenzó a caer una ligera llovizna. Con las tazas vacías miraban a la oscura noche, resguardados y a salvo dentro del local.
El pelirrojo miraba a su compañera. Ahora que se entendía algo mejor a sí mismo y a los demás, comenzaba a sentirse menos prisionero de su pasado, lo que le permitía mirar al futuro. Mirando a Erzzhia no pudo evitar fijarse en la luz que desprendía, como si fuera un faro en medio de una noche tormentosa. Despejó esos pensamientos mientras la oscuridad del juego ocupaba su mente. Entonces ella le miró y le sorprendió observándola.
-Bueno, parece que ha sido suficiente por hoy. ¿Qué te parece si volvemos a casa?- Sugirió ella mientras reprimía un bostezo. Él asintió.
-Sí, creo que será lo mejor.
Pagaron la cuenta y comenzaron a andar pegados a los edificios para evitar la lluvia. Esto los obligó a ir muy pegados, cosa que para sorpresa de Gravitta, no le molestó. Cuando pasaron cerca del Retiro vieron a una figura corriendo bajo la lluvia. Era Eliart, que estaba entrenándose, cómo no. Al ver a la pareja se acercó.
-¡Hola! ¿Cómo estáis?- Preguntó entre jadeos.
-Acabamos de tener una sesión para ayudar a Gravitta con su problema- Explicó la chica. El líder de los I-Men asintió y palmeó la espalda del científico.
-Ya veo. Yo he quedado con Shadow y J.J. Puede que se venga también Celestina, vamos a entrenar un poco. ¿Por qué no os venís?- Sugirió el hombre mientras su enorme sonrisa le iluminaba la cara. Erzzhia no parecía muy conforme.
-La verdad es que yo tengo cosas que hacer- Respondió escuetamente. Gravitta se lo pensó más. Le pilló por sorpresa que J.J estuviera quedando con los demás por propia iniciativa, y decidió que sería buena idea sumarse.
-Yo iré con vosotros. Ahora que trabajamos juntos será mejor estrechar lazos, ¿verdad?- Dijo con una sonrisa ladeada. Eliart se cruzó de brazos.
-Je, ya veo que fue buena idea dejarte a cargo de Erzzhia, ¿eh? Bueno, pues entonces nos veremos en unos días- Finalizó el líder mientras se despedía de la chica y echaba a correr al parque del Retiro- ¡Sígueme Gravitta!- Exclamó.
-Bueno, he de irme. Gracias por todo esta tarde- Se despidió el pelirrojo mientras hacía ademán de querer irse. Entonces Erzzhia le sujetó un instante de la manga.
-No hay de qué. Te llamaré dentro de poco para repetirlo, ¿vale?- Entonces se acercó a él y le dio un cálido beso en la mejilla para luego echar a andar mientras le lanzaba una mirada rebelde- Adiós.
Algo confuso, Gravitta echó a correr detrás del líder de los I-Men. La lluvia le mojó casi al instante, pero no le importó. Por primera vez en mucho tiempo sentía algo parecido a la felicidad. La sombra de Eliart se dibujaba contra las farolas y el científico le seguía a varios metros. Entraron en el parque y se llenaron las bota de barro. El pelirrojo apretó la marcha hasta alcanzar a su rival y le dio un empujón. Eliart sonrió al mirarle y se lanzó sobre él. Tras diez minutos de persecución llegaron donde los demás. Shadow Y J.J los esperaban mientras entrenaban el combate cuerpo a cuerpo.
-Oh, ¡hola Eliart, Gravitta!- Saludó el moreno. J.J les dedicó una breve reverencia mientras volvía a la postura de combate. Les comentaron por encima el entrenamiento que estaban realizando y se sumaron. No tardó en llegar Celestina equipado con un chándal verde.
-¡Vamos a darle caña!- Exclamó.
Pasaron un par de horas trabajando todos juntos en diferentes ejercicios. El más rápido en carrera fue el Guerrero, mientras que los que mayor fuerza física demostraron fueron Eliart y Shadow, quedando bastante parejos. En cuanto a técnica de combate, J.J era sin duda el más diestro. El campo en que destacaba Gravitta era a la hora de predecir los movimientos de su rival y desarrollar tácticas que le permitieran ganar. Sobre las diez entraron a un local de comida rápida para descansar. Eliart sonreía, muy feliz por aquel día.
-En cierta manera es bueno que cada uno tenga sus propias competencias. Al trabajar en equipo podremos sacar lo mejor de cada uno y salir victoriosos- Expuso el manchego mientras ordenaban algo de comida.
El Guerrero Celeste le daba vueltas al asunto del ganador. Un extraño miedo se alojaba en su pecho. Cada vez quedaban menos jugadores, y pronto les tocaría enfrentarse entre ellos si querían ganar y enfrentarse a los GM. Les planteó las dudas a sus compañeros.
-¿Cómo creéis que Cerebro pretende sacarnos del Juego? Si todo sigue como hasta ahora tendremos que acabar los unos con los otros. Me pregunto qué plan tendrá, o si es que tiene alguno- Dijo. Gravitta se llevó una mano a la barbilla.
-Me comentasteis que logró crear dimensiones alternativas sin que los GM se percataran, ¿no es así? Es posible que esté trabajando en un método de remover el control que ejercen sobre nosotros- Respondió el científico.
-Sí, quizá conoce un método para evitar que nos transporten de un mundo a otro a su antojo. Si somos capaces de evitar eso y que nos localicen aquí, creo que podríamos empezar a movernos, reuniendo aliados y preparándonos para la batalla- Secundó Shadow. Eliart asentía.
-Es probable, pero no creo que debamos calentarnos demasiado la cabeza. En un par de días nos veremos la cara con Neurona. Él responderá a estas preguntas- Asumió el líder mientras trataba de tranquilizar a los demás.

Tras un par de argumentos más, al final la charla se fue por derroteros más distendidos. Pero el Guerrero no dejaba de atormentarse por esos pensamientos. A su mente viajaron varios rostros. Argem, un chico inocente que había caído víctima del juego. Holy, su compañera y amada, que había sido cruelmente asesinada por Dimitri en la ciudad. Llama Helada, obligado a suicidarse por culpa de Mentalizer. Demongirl, perdiendo el control sobre sus poderes debido a la presión de las batallas. Y por último su hermana, que también estaba atrapada en el Juego. Miró a Gravitta de reojo con algo de reticencia. Le había aceptado como compañero porque era lo mejor, pero a pesar de todo no podía dejar atrás del todo el pasado. Sabía que quizá no era lo correcto, pero él necesitaba más para aceptar la redención de su antiguo enemigo.

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