Eliart abrió los ojos.
De nuevo aquella vertiginosa sensación de ser teletransportado le sobrevenía. A
pesar de todo, estaba comenzando a acostumbrarse. No pudo decidir si eso era
algo bueno o malo. Aquella vez había aparecido en medio de la calle, de noche.
Se preguntó si los GM tenían algún modo de asegurarse de que nadie les viera.
Al fin y al cabo, si alguien aparece de la nada frente a ti, algo sospecharías.
No tardó en identificar la calle y comenzar su camino a casa. Al menos esta vez
estaba más cerca que la última.
Mientras andaba se
percató de que las temperaturas estaban bajando y él iba en mangas de camisa.
Aún así no le preocupó demasiado, Isidoro no era una persona friolera,
precisamente. De hecho su mente estaba centrada en otras cosas que requerían su
atención. En primer lugar, ¿habría funcionado la idea de Gravitta para traer a
Kya de vuelta a la Tierra? Al pensar en Gravitta una sensación le bajó por la
espalda, como un escalofrío. Sentía sobre sus hombros la responsabilidad de
enseñarle lo que era un verdadero amigo... y al mismo tiempo lidiar con las
reticencias de sus amigos. A pesar de todo, sonrió, pues creía que podría salir
adelante de aquella situación sin demasiadas complicaciones.
Por otro lado estaba el
asunto de Cerebro. Justo antes de volver al Juego se encontraron con una
misteriosa figura en un callejón sucio y oscuro. Eliart recordó con frustración
el momento en el que los GM les reclamaron para volver a aquel ridículo juego.
“Me pregunto si seremos capaces de contactar con Cerebro por nuestra cuenta. La
última vez aquel tipo fue porque había quedado con Thunder-Man... Pero no
tenemos manera de comunicarnos. ¿Quizá debamos confiarle la tarea al padre del
Capitán, Sage? Lo mejor será que organicemos cuanto antes una reunión”,
meditaba. De repente cayó en la cuenta de algo. ¡Gaia!
¿Cómo podía haber
pensado en cualquier cosa antes que en ella? Eliart tenía la mente muy
dispersa. Las responsabilidades se acumulaban a su alrededor y le emocionaban
tanto, que a veces podía parecer que olvidaba las cosas más importantes. Pensó
entonces en su querida rubia y en sus bellos ojos. Y en la muerte de Demongirl,
y en su enfado con todo el asunto de Gravitta. Un sentimiento de desasosiego se
instaló en el estómago del joven manchego. Debido a los últimos acontecimientos
su relación con la defensora de la naturaleza estaba pasando por un mal
momento.
-Lo superaremos- Se
dijo a sí mismo en voz alta mientras el Sol salía, al fin. No tardó en llegar a
casa y echarse un rato a dormir. Cayó rendido en un sueño profundo.
Varias horas después se
levantó como nuevo, nunca había necesitado dormir demasiado. Mientras se hacia
algo para comer revisó el mail. Un mensaje de Celestina parpadeaba. Por la hora
de llegada lo debía de haber mandado justo nada más llegar. Decía así:
Saludos I-Men. Me he
comunicado con Revelación lo más rápido que he podido y hemos decidido convocar
una reunión mañana en casa de Revelación, a las 18:00. Aunque muchos no podáis
venir, hemos de hacerla, no podemos perder tiempo y arriesgarnos a ser
devueltos al Juego.
Sin siquiera una
despedida y bastante conciso. Eliart pudo apreciar cierto nerviosismo en el
tono del Guerrero en aquel mensaje. ¿Qué le preocuparía? ¿Tal vez Gravitta, o
su hermana? ¿El Juego, todo a la vez? Eliart se anotó mentalmente la tarea de
hablar con su amigo y se preparó para el día que le esperaba, ahora que había
vuelto a su hogar las responsabilidades le acechaban como lobos hambrientos.
Gaia se encontraba
ahora mismo en su habitación. Era mediodía y miraba con angustia la cama de
Demongirl, pues compartían cuarto. Un increíble dolor la atenazaba, impidiendo
que se moviera de la cama. Su estado de ánimo seguía un ciclo curioso. Primero
se enfadaba consigo misma por todo lo que había pasado, si hubiera sido más
fuerte su hermana no tendría que haber intervenido. Luego sobrevenía el dolor,
y las lágrimas acudían a sus ojos, como un río que deseara abrirse paso a través
de un bosque. A veces las dejaba pasar, las demás las contenía como mejor
podía. Por último, una vez superado el dolor, una rabia como el fuego le
quemaba dentro. Gaia culpaba a Gravitta por todo lo sucedido, a pesar de que
este se defendía diciendo que era la naturaleza del juego, y alegando que nadie
les había obligado a pelear contra ellos. Fue decisión de los I-Men. Y ahí
precisamente es donde la rabia se acrecentaba, porque en el fondo la chica
sabía que el científico tenía razón. Sabia que, en cierta manera, era injusto
culparle.
Pero como le odiaba.
Y lo peor de todo es
que Eliart no parecía entenderla. ¿Es que acaso aquel desconocido era más
importante que ella misma para él? ¿Por qué estaba tan dispuesto su “amado” a
echarle una mano a ese loco, y no a ella? Todas esas preguntas se juntaban
dentro de ella, causando frustración, pues no lo entendía. Una vez superado
todo eso, cuando levantaba la vista, veía la cama de su hermana. Y la culpa
volvía, y así se repetía el ciclo de nuevo.
En su mesilla de noche
estaba el portátil abierto y encendido. En su pantalla se veía el mensaje de
Celestina abierto. Gaia lo leyó con los ojos hinchados y el estómago se le
encogió al pensar en volver a verlos a todos tan temprano. No podía. Ahora no
se sentía capaz de volver a pensar en ello, era demasiado para su espíritu. No
se sentía capaz de mirar a los ojos a Eliart sin antes aclarar qué es lo que le
pasaba a ella misma. Y, además, estaba la cuestión de si Gravitta iría o no.
La rubia volvió a la
cama y se puso los cascos con la música al máximo. Tal vez luego pensaría en
todo aquello. Ahora necesitaba estar a solas con sus pensamientos.
Gravitta colgaba
entonces el teléfono. Eran casi las
cinco de la tarde y había comido hace poco. J.J le había facilitado la localización
de Revelación, pero fue el místico quien le llamó utilizando el aparato. Al
parecer los I-Men se reunían aquella tarde para discutir sus siguientes
movimientos y para hablar de un tal “Cerebro”. El místico le dijo que el
Guerrero Celeste les habían enviado a todos un mail. Se preguntó si a él
también le habría llegado y encendió su ordenador. Su sorpresa fue mayúscula
cuando observó que, efectivamente, él también lo había recibido.
-Hm, vaya. Supongo que
eso significa que, aunque no le guste del todo, acepta mi presencia. Me
pregunto si eso significa que soy un “I-Men”, o como lo llamen- Gravitta no
podía evitar pensar que aquel nombre era ridículo. Pero era la esencia del
grupo. Lo cierto es que no le interesaban demasiado los demás, su principal
interés estaba en lo que Eliart le había prometido. Pero asumía que el resto
eran algo necesario para avanzar en su búsqueda de sí mismo. Quizá le aportaran
algo más de lo que él sospechaba.
Sacudió la cabeza y
negó. Él no entendía realmente cómo funcionaba todo aquello, precisamente por
eso Eliart era fundamental. “Sólo me dejaré llevar, al fin y al cabo si he
aceptado su ayuda, es porque yo solo no puedo con ello”, reflexionaba. Miró al
hora y se dio cuenta de que el momento de al reunión se acercaba a toda
velocidad. Decidió que lo mejor sería partir cuanto antes, la curiosidad que
sentía era abrumadora.
Eliart llegaba en esos
momentos frente al portal de la casa de Revelación. Ya habían celebrado una
reunión allí antes, de manera que fue a marcar el número en el telefonillo.
Justo cuando iba a hacerlo, la puerta se abrió con un característico sonido,
era el místico, que sabía que su amigo iba a llamar.
-Ventajas de ser un
vidente- Susurró el líder de los I-Men mientras entraba y se dirigía al ascensor.
Al llegar arriba enseguida encontró el salón principal de Revelación, donde
varios equipos electrónicos se acumulaban. Había al menos dos o tres
ordenadores. Y allí estaba ya el Guerrero, atrincherado detrás de su portátil,
que estaba conectado a los equipos del anfitrión. Al escuchar los pasos del
manchego levantó la cabeza.
-Oh, hola Eliart- Dijo
a modo de saludó y sonrió. Al instante borró la sonrisa de su rostro, como si
hubiera recordado que estaba enfadado por algún motivo. Aquel detalle no se le escapó
a Eliart.
-Hola, amigo- Devolvió
el saludo. De una de las puertas, que daba a un largo pasillo, salió Revelación
con ropa algo informal y su cetro. Una combinación algo extraña.
-Bienvenido camarada.
¿Qué tal el día? No me respondas, ya sé que bien. El mío también, ya sabía que
ibas a preguntarme- Dijo a toda velocidad mientras detrás de él se oían unos
pasos. Eliart fue a hacer una pregunta, pero de nuevo le cortó- Oh, son las
chicas. Waver, Garra y Erzzhia. Erzzhia llegó con su hermano, y las otras dos
al parecer viven cerca la una de la otra.
-Tío, a veces es
difícil tener una conversación contigo, ¿lo sabías? Ja, ja, ja- Respondió el
líder al final. Las chicas salieron del pasillo al salón y fueron saludando al
joven. Se sentaron en las sillas que rodeaban a la mesa central, que era de
cristal, y miraban la gran pantalla gigante que había en una de las paredes. El
Guerrero reparó en la dirección de la vista de Eliart.
-No, no parece que el
Capitán pueda unirse hoy por videoconferencia. No ha contestado ninguno de mis
mails, así que no los ha leído, o ha hecho caso omiso- Explicó el hacker
mientras se afanaba en buscar datos en la red.
-Ya veo, supongo que ya
poca gente faltará por venir- Dedujo el líder. Justo en ese instante Revelación
abrió la puerta. Un segundo después, llamaron al timbre.
Al cabo de un par de
minutos, Shadow y Kya aparecían en la estancia, saludando a todos y tomando
asiento. Al parecer Gravitta lo había logrado, había traído de vuelta a la
mujer gato. Revelación repartió algo de bebida y miró el reloj. Eran las seis
en punto, la hora acordada. Eliart pensó en levantarse para hacer una
introducción a la reunión, pero entonces el místico levantó una mano.
-Un segundo, compañero.
Aún queda una persona por llegar- Explicó de manera misteriosa. Y así fue, al
cabo de unos instantes abrió de nuevo la puerta y en la casa de Revelación
entró el mismísimo Gravitta, con su expresión huraña.
Eliart se levantó y le
saludó, de igual manera lo hizo Revelación. Shadow y Kya sonrieron, pues el pelirrojo
había sido crucial para traer de vuelta a Kya a la Tierra. Garra y Erzzhia no
mostraron ninguna emoción, ellas no conocían en ningún sentido al científico,
de manera que simplemente saludaron con la mano. La reacción de Waver fue algo
más agresiva, negándose a mirarle. El Guerrero se revolvió en la silla y cruzó
una fría mirada con él.
-Hola a todos- Saludó
casi en un susurró y se fue a sentar enfrente del Guerrero en la mesa de
cristal. Todos salvó Eliart tomaron asiento. El manchego trataba de disimular,
pero lo cierto es que la presencia de Gravitta le transmitía cierta esperanza.
Aunque, al mismo tiempo, la ausencia de Gaia no le tranquilizaba demasiado.
Miró en dirección al místico, y este, leyéndole le pensamiento, negó con la
cabeza. “No vendrá”, parecía querer decir. Eliart asintió y comenzó a hablar.
-Buenas tardes a todos,
I-Men- Empezó- Algunos, como Erzzhia, Garra, Kya o Gravitta, no están al tanto
de nuestros movimientos aquí en la Tierra, así que antes que nada me gustaría
explicarles qué es lo que hemos descubierto hasta ahora- El líder le pidió al
Guerrero que proyectara en la pantalla gigante el blog que descubrieron en su
primera visita a la Tierra, y además les narró por encima la aventura que les
llevó a luchar contra un Borrador y ver la muerte de Thunder-Man- Fue el
antiguo ganador el que nos explicó que había quedado con Cerebro, aquel que le
rescató de los GM. Por desgracia el día que habíamos quedado, y justo antes de
encontrarle, fuimos traídos de vuelta al juego. De manera que nuestro primer
objetivo ahora que estamos aquí es encontrar a Cerebro y comunicarnos con él,
desde luego tiene muchas respuestas para todas nuestra preguntas.
Entonces Eliart se
percató de que Gravitta tampoco sabía que fue Cerebro quien les había ayudado con
su entrenamiento en el Juego, de manera que procedieron a explicarle qué es lo
que sabían de él y de Northern Sage. Entonces el Pelirrojo se levantó.
-Ya veo, es muy útil
toda la información que habéis recopilado, ahora debería deciros qué es lo que
yo he encontrado- De manera superficial el científico describió cómo había
analizado el sobre y la carta que le llevó al faro, hasta determinar su
procedencia- De manera que fui hasta Londres y encontré la supuesta empresa que
envió las cartas, una tal GaMers Corporation. Cuando accedí a las
instalaciones estas estaban completamente vacías. Habitaciones llenas de mesas
y sillas... pero ni un alma las ocupaba. Es evidente que se trata de una
empresa fantasma. La única persona que había era un empleado de la limpieza que
además vigilaba el único ordenador que funcionaba. Desde esa terminal se
imprimían las invitaciones... pero lo más extraño es que ni si quiera estaba
conectado a la corriente eléctrica. Tras un análisis algo superficial me di
cuenta de que aquel aparato tan sólo era el recepto de algo que ni si quiera
estaba en la Tierra.
-¿Quieres decir
que...?- Preguntó Shadow.
-Sí, los GM, sean
quienes sean, no están en la Tierra- Afirmó el científico- Probablemente se
encuentren en el Juego. En algún rincón, escondidos- Revelación se llevó una
mano a la barbilla.
-Estos datos me abren
mucho los ojos...- El pelo se le agitó levemente sobre los hombros- Creo que
tienes razón, los GM no se encuentran en la Tierra. La providencia es clara al
respecto, aunque tampoco están en el Juego. No sé muy bien como interpretar lo
que mi ojo interior ve- Erzzhia asintió, desde que había desarrollado un
vínculo espiritual con Revelación compartían de alguna manera las visiones del
místico, ampliando su exactitud.
-Mis intuiciones siguen
también el rumbo de las de Revelación- Secundó. El Guerrero mordía un bolígrafo
mientras tecleaba a toda velocidad.
-Pues tenemos un
problema, Eliart- Explicó- No logro encontrar absolutamente nada del tal
Cerebro del que nos habló Thunder-Man. Ni si quiera cuando investigué su
ordenador hallé nada que mereciera la pena reseñar. No sé ni como se
comunicaban. Ahora mismo sigo rastreando Internet, a ver si alguna luz aparece
al final del túnel, pero no pinta bien- No parecía muy animado- Dejadme la
búsqueda a mí, será mejor que sigamos con los siguientes puntos de la reunión.
Eliart asintió, pero
fue esta vez Waver quien se levanto mientras Gravitta se sentaba. La
adolescente parecía algo nerviosa.
-Yo... bueno, tengo que
contaros algo muy extraño que ha estado pasando- Comenzó- Anoche llegué
temprano a casa, y nada más hacerlo fui a mi cuarto, donde guardo algunas fotos
de la familia y... Llama Helada no aparecía en ninguna de ellas. Era como si
hubiera desaparecido sin dejar ningún rastro- Los demás se miraron,
preocupados- Pero ahí no acaba la cosa. Esta mañana les pregunté a mis padres
sobre él, y tampoco recordaban nada... incluso he llegado a dudar de todo lo
que creía.
Unas lágrimas
amenazaron con llegar a sus ojos, pero se mordió le labio y frunció el ceño con
determinación. Kya parecía asombrada, mientras que el Guerrero y Shadow
abrieron los ojos como platos. ¿Era si quiera posible? Gravitta pensaba.
-Vaya, eso demuestra
que el nivel de poder que ostentan es considerable. Borrar de la memoria hasta
ese nivel es demasiado. Creo que hay algo que se nos escapa en todo esto,
pensadlo bien, un poder de alterar la realidad hasta ese punto es algo...
inconmensurable. ¿Cómo derrotaremos algo así?- Expuso mientras su cabeza
volaba. Waver le miró con furia, pero la tristeza que sentía por su hermano era
más fuerte. ¿Cómo podía odiar a Gravitta cuando la fuente de toda su
frustración era culpa de los GM? Pensándolo bien, alguien tan fuerte como el
científico era precisamente lo que necesitaría para llevar a cabo su venganza.
-Entiendo, es algo
preocupante. Creo que esto sólo confirma que necesitamos desesperadamente a
Cerebro. Si ha sido capaz de colar en el Juego entidades capaces de entrenarnos
y de mantener varias dimensiones abiertas... quiere decir que puede competir en
cierta medida con el poder de los GM. Guerrero, no quiero presionar, pero dale
caña- Dijo Eliart. Celestina asintió.
-No te preocupes, estoy
a tope- Dijo sin levantar la mirada de la pantalla. Eliart suspiró, ahora
llegaba el tema más delicado que quería compartir con los I-Men. El asunto de
qué hacer con Gravitta y los demás, J.J y Death.
-Bueno chicos, ahora
que Gravitta está aquí con nosotros, creo que os merecéis una explicación, ya
que quizá os resultara algo extraña la decisión que tomé en el Juego- Waver y
el Guerrero se revolvieron en sus sillas. El científico le miró extrañado, no
había hablado con él antes de decir nada de eso- Gravitta, creo que deberías
compartir tu historia con los demás. Si conocen tu pasado y tus motivaciones
tenderán más a aceptarte. Perdona por no consultarte, pero estarás de acuerdo
conmigo en esto.
-Ah... qué remedio. Si
de verdad crees que es necesario- Suspiró el hombre mientras se ponía de pie.
El domador de viento dejó de mirar la pantalla. Celestina siempre había
cuestionado la decisión de Eliart, y le parecía importante conocer al que ahora
decía llamarse su aliado. Gravitta narró la historia de su vida tal y como lo
hizo con Eliart, aunque entrando en menos detalles. Para él fue complicado, no
estaba acostumbrado a abrirse, y menos ante tanta gente, pero había aceptado
seguir a Eliart, ahora no podía echarse
atrás. Finalmente el Guerrero no lo soportó más y se levantó cuando acabó la
narración.
-Lo siento Gravitta,
pero no te entiendo. Vale, eres un jugador más. Hasta ahí lo entiendo, pero no
sé si puedo perdonar todo el daño que nos has hecho. Y toda esa historia que
cuentas... no me lo creo, es demasiado... ¡de ciencia ficción!- Exclamó. Eliart
trató de mediar, pero la glaciar mirada que le dirigió el científico lo retuvo
en su sitio.
-¿Qué dices? ¿Que no te
lo crees? Lo que ocurre es que no lo comprendes, en tu cerebro no cabe la
posibilidad de que no todo sea de color rosa. Yo tuve una vida como la tuya,
pero se descarrió de la peor manera. Jamás podrás sentir lo que yo he sentido-
Respondió de una manera heladora. El viento comenzó a remover el pelo del
Guerrero, debido a la furia. De pronto Erzzhia se levanto, roja como un tomate.
-¡Ya basta, deteneos!-
Gritó lo más fuerte que pudo, lo cual no fue mucho- ¡Gravitta, hermano, parad!
Creo que aquí lo que falta es comprensión.
Se acercó hasta ellos y
les tomó de la mano.
-¿Qué?- Preguntó el
pelirrojo.
-¿Qué haces, hermana?
-Ahora lo verás.
Vínculo de nivel dos, ¡conexión!- Dijo mientras se concentraba en su poder. Al
utilizar su segundo vínculo las personas conectadas compartían sentimientos.
Las emociones que navegaban en lo profundo de Gravitta fueron hasta el
Guerrero. Y la incomprensión, las dudas y el miedo viajaron hasta el corazón
del científico. Durante unos instantes vieron el corazón del otro. El rostro de
Celestina se horrorizó al tiempo que un nudo en la garganta se formaba, al
experimentar todo lo que el otro había vivido. Le miró con un nuevo respeto. A
su vez, Gravitta abría los ojos y unas lágrimas comenzaban a asomar a su cara.
¿Qué eran aquellos sentimientos? Él también había tenido una hermana, al igual
que Celestina, de manera que sus sentimientos le llegaron de manera más
profunda.
Fue tan sólo un
instante, pero cuando Erzzhia cesó el contacto el silencio se apoderó de la
habitación. Ambos se miraron, esta vez sin ganas de pelear.
-Yo... perdona. Por
ahora aceptaré que vengas con nosotros- Se disculpó el Guerrero. Gravitta negó
con la cabeza.
-No, tranquilo, yo
también lo siento. Esto... es extraño. Ahora entiendo mejor como te sientes-
Una extraña luz se veía en los ojos de Gravitta- Creo que ahora entiendo a qué
te referías Eliart, tienes razón, no entendía nada.
-Je- Eliart sonrió-
Bueno, pensaba proponer que Erzzhia se encargara de ayudar a Gravitta con todo
este asunto, ¿os parece bien a todos?- Nadie se opuso, pero fue la afirmación
de Revelación el que terminó de decidirlo.
-¡Genial! No te
preocupes, ya verás como lograremos que puedas volver a sentir como una persona
normal- Dijo Erzzhia alegre mientras cogía del brazo a Gravitta. El hombre no
sabía muy bien como reaccionar y se sonrojó, en parte porque los efectos del
poder de la chica aún estaban sobre él.
-Eh... sí, claro-
Acertó a decir.
Mientras todos se
sentaban de nuevo, Eliart comenzó a dar por finalizada la reunión mientras
todos hacían unas últimas reflexiones sobre lo que habían hablado hoy. La
mayoría tenían mucha información que digerir. Mientras tanto, el Guerrero
navegaba en su ordenador. Pasaba volando de una página web a otra, para luego
configurar su búsqueda de nuevo. Utilizaba cualquier truco que se le ocurría,
pero no daba frutos.
Hasta que, de repente,
le llegó un mail con el asunto “Cerebro”. Ahogó un grito y lo abrió. Revelación
lo sintió al instante y mandó callar a todos.
-¡Celestina! Acabo de
sentir algo, ¿has descubierto cómo contactar con Cerebro?- Preguntó. Todos
miraron atentamente al hacker. Este abrió la boca mientras leía el mail.
-He recibido un mensaje
de un subalterno de Cerebro, dice: I-Men, me consta que habéis vuelto del
Juego hace poco. Te contacto a ti, Guerrero Celeste, pues así me lo ha indicado
Cerebro, mi maestro. Me llamo Neurona, y era el contacto de Thunder-Man con
Cerebro. He borrado el registro de este mail, espero que uses tus habilidades
para terminar de borrar su rastro por la red. No respondas. Nos veremos en
cinco días en el mismo lugar de la última vez. Misma hora- El Guerrero
cogió aire y miró a los demás.
-Esto es...
¡Increíble!- Exclamó Eliart- Bueno, Revelación, trata de hacerle saber al
Capitán todo lo que hemos hablado, yo intentaré decírselo a Gaia. Tú informa a
J.J y Death, Gravitta. Ahora somos todos un equipo.
-Entendido- Gravitta
asintió, en seguida se dio cuenta de que su situación dentro del equipo
implicaría dejar de ser el líder para cederle el puesto a Eliart. Pero no le
importó demasiado, ahora estaba demasiado preocupado por todo lo que ocurría
dentro de él como para darle importancia. Por una vez su sentido en la vida, su
venganza, no parecía tener tanto sentido.
-Revelación,
seguramente el Capitán haya hablado con su Padre, con Sage. Seguramente ha
descubierto muchas cosas sobre Cerebro que nosotros desconocemos, es importante
que habléis cuanto antes.
-Así se hará, Eliart.
Intentaré convencerle para que venga aquí, a la reunión con Neurona.
Así dieron por
finalizada la primera reunión de los I-Men tras su segunda vuelta a la Tierra.
Cada uno puso rumbo a su cada mientras montones de ideas les volaban por a
cabeza.
La noche en que todos
volvieron a la Tierra, Irons lo hacía también. En su caso, apareció muy cerca
de su vivienda. ¿Quizá los GM mejoraban la precisión con cada viaje? Bueno,
aquello era un asunto secundario. Ahora lo prioritario era ponerse a trabajar
cuanto antes en su proyecto. Pulsó un botón de su guantelete en el brazo
izquierdo y la armadura se camufló, haciéndose invisible y proyectando ropa
normal. Era un prototipo de camuflaje que permitía a Irons llevar siempre su
armadura y, al mismo tiempo, poder pasar desapercibido. En menos de cinco minutos
entraba en su mansión.
Nada más entrar se
percató de algo extraño, las luces al fondo de uno de los pasillos estaban
encendidas. Cuando cerró la puerta escuchó unos pasos llegar. Tom giró la
esquina portando un arma de fuego y temblando. Cuando vio a su Amo soltó un
profundo suspiro.
-Gracias a Dios es
usted, joven Amo. Ya pensaba que a estas horas de la noche sería un ladrón o
algo parecido- Se disculpó mientras guardaba el arma. Irons enarcó una ceja.
-¿Un ladrón que tiene
las llaves y entra por la puerta principal? Tom, amigo mío, ¿estás bien?- El
mayordomo se sonrojó visiblemente. El arcángel se percató de que llevaba el
uniforme, y no parecía somnoliento- ¿Aún estabas despierto?
-Eh, esto, sí- Comenzó
a explicar. Por algún motivo no parecía muy seguro de si debía hablar o no-
Esto, verás...
-Estaba hablando
conmigo, hermanito- Respondió por Tom una voz femenina desde el pasillo
iluminado. Su silueta se recortaba con la luz de fondo. Se trataba de una mujer
alta y delgada, con una melena marrón de pelo liso que le caía hasta media
espalda. Llevaba gafas cuadradas y su mirada era dura como la piedra. Irons
abrió la boca.
-¿Elisa? ¿Qué haces
aquí?- Inquirió el joven mientras la chica se acercaba.
-Bueno, resulta que
tras tu despliegue acerca de esa energía tuya, me enteré de la muerte de
nuestro padre. Llamé a Tom hace un par de días y me informó de todo lo
sucedido. ¿Cómo demonios no se te ocurrió decírmelo?- Elisa se encaró a David,
su hermano, y le hincó el dedo en el pecho. Al hablar se le notaba cierto
acento norteamericano, como si le costara hablar castellano.
-¿Qué?- David estaba a
punto de estallar- ¿Y por qué debería haberme acordado? Hace siete años te
marchaste a Estados Unidos, a vivir tu maravillosa vida de becada mientras
nuestro padre se quedaba aquí, cada día más consumido que el anterior. ¡Ahora
no tienes derecho a exigir nada!
-¿Te estás oyendo? No
puedes recriminarme que me fuera, se trata de mi carrera. Si tu fueras tan sólo
la mitad de bueno que yo, también habrías tenido una beca- Afirmó ella,
contundente- En fin, dejemos esa discusión para después. Llegué hoy a la casa y
resulta que te habías ido, dejando a Tom encargado de todo el asunto de la
empresa, ¿en qué estabas pensando?
Irons recordó el Juego.
No podía decírselo a Elisa o Tom, ellos no eran parte de él, y por lo tanto
hablar en su presencia del Juego podría tener terribles consecuencias. Se
mordió el labio mientras miró al suelo. Su hermana esperaba una respuesta, y al
ver que no la obtenía, lanzó sus deducciones.
-Seguro que la fama se
te ha subido a la cabeza y has estado dos días de Parra por ahí, perdiendo la
cabeza con chicas preciosas y cosas lujosas- David bajó la cabeza. No tenía
sentido discutir ahora, no. No podía explicar la verdad, así que lo mejor era
que ellos pensaran cualquier otra cosa.
-Bueno, basta ya. Lo
que haga o deje de hacer no te importa. ¿Qué haces aquí?- Preguntó Irons
mientras andaba hasta el salón, donde se sentó. Su hermana le siguió, así como
Tom desde las sombras.
-Cuando hablé con Tom
me contó que metiste a un desconocido en la casa, un tipo pelirrojo. También me
dijo que le dejaste dinero y nuestro laboratorio. Tras haber estudiado la nueva
energía que has creado... mejor dicho, habéis, he llegado a la conclusión de
que ese tipo te ha ayudado o es tu socio. Y justo después de la muerte de
nuestro padre. ¿No te parece sospechoso?- Explicó ella mientras entrecerraba
los ojos. Irons sintió como el corazón se le paraba durante un segundo. ¿Qué
insinuaba?- Respondiendo a tu pregunta, he venido porque la empresa de papá es
tan mía como tuya. Por si no lo sabías hemos heredado todo a la mitad, David.
Ahora dime, ¿quién era ese tipo? Y, ¿qué sabes de la muerte de papá? Me da la
impresión de que ocultas muchas cosas, y no deberías esconderlas de la familia.
-Tch...- Irons maldijo
por lo bajo. Esperaba descansar tranquilamente en su casa, no tener una de las
conversaciones más tensas posibles con su hermana. Estaba algo harto de las
tramas ocultas dentro de tramas, de la competencia del mundo empresarial y de
las luchas de poder y herencias. Pero es lo que le tocaba. Si en algo tenía
razón su hermana era en una cosa, y es que no debería esconderle cosas a la
familia. Miró de reojo a Tom, no pasaba nada si él se enteraba- Está bien, te
lo contaré. Nuestro padre fue asesinado, y el hombre que te ha descrito Tom es
Gravitta. Trabajó para mí para ayudarme a resolver la cuestión de la energía. Y
también para buscar pistas sobre lo de papá. Ahora que estás aquí supongo que
lo mejor es que trabajemos juntos, ¿no?- Asumió mientras elevaba su mano. Elisa
sonrió mientras estrechaba la mano de su hermano.
-Así es David. Vaya,
veo que a pesar de ser el menor te has vuelto muy inteligente. Para tener sólo
diecinueve te lo has montado bastante bien, ese científico tuyo... Gravitta,
parece bastante interesante si ha resuelto la fórmula de la energía.
-Ya bueno, ahora no
trabajamos juntos, pero eso es lo menos importante. Ahora que ya hemos
completado la fórmula no le necesitamos- Argumentó Irons- El principal problema
será abrirnos caminó para que todo el mundo acceda a la energía... y el asuntó
de papá. Tengo el nombre de un claro sospecho, hay que investigarlo.
-No estés tan seguro
sobre lo de la energía. ¿Recuerdas la central que dejaste en funcionamiento?
Bueno, los becarios lo han estropeado. Uno de ellos era un espía de otra
empresa y trató de robar la energía, murió por culpa de una descarga de ese sol
en miniatura. Bastó un segundo de contacto. Ya me dirás como manipulaste la
energía... en fin, la cuestión es que a raíz de ello la energía se
desestabilizó y la central corre riesgo. Además de que tenemos que responder
por la muerte del becario y nos jugamos una demanda. O varias.
-¿Qué? No puede ser...-
Irons de repente veía peligrar todo por lo que había trabajo. “Vaya, parece que
no será tan fácil, no puedo relajarme”, pensaba. Durante un instante se
permitió el lujo de deprimirse, pero en seguida se recuperó. No debía vacilar,
si no solucionar todo cuanto antes- Bueno hermanita, sé que no es tu campo de
especialización, pero has estudiado Química y Física, ¿no?
-Bastante- Respondió
secamente.
-Bueno, en ese caso tu
te encargarás de perfeccionar la fórmula de Gravitta. Yo me centraré en la
mejora de la central y en responder a los medios- Elisa sonrió de manera
astuta, eso era justo lo que quería.
La noche clareaba
cuando finalmente Irons se fue a dormir, tenía que descansar. Una ardua
estancia en la Tierra se acercaba.
Por su parte, el
Capitán esperaba nervioso en el salón de su casa. Había quedado con su padre
para tener una charla. Miró el reloj, eran las seis de la tarde. “Los I-Men
deben de estar reunidos ahora. Ojalá pudiera conectarme en videoconferencia,
pero no puedo esperar a hablar con mi padre. Con Northern Sage... tiene mucho
que explicarme”, pensaba. Todas las preguntas que tenía que hacer desde el
momento en el que apareció en el juego se acumulaban en el pecho. De momento,
había observado una cosa, y es que todas las fotos en las que aparecía su
amiga, Ana, estaban distorsionadas. Ya no aparecía en ninguna de ellas. ¿Quizá
un efecto del poder de los GM?
Finalmente apareció
Sage por la puerta. Llevaba una vestimenta mucho más normal que en el juego.
Una chaqueta de pana verde y algo usada, y unos vaqueros cómodos. El padre del
Capitán era bastante anciano, superaba los sesenta años y no había envejecido
muy bien, le costaba moverse cuando había que subir o bajar escaleras. A pesar
de todo una chispa de vida brillaba en su mirada. Sage fue hasta la mesa y se
sentó con pesadez. El Capitán permanecía de pie mientras le miraba, nervioso.
Su padre sonrió con gentileza.
-¿Por qué no te
sientas? Igual la conversación se alarga, y deberías ponerte cómodo, hijo- Dijo
el anciano. Juan Diego, que así se llamaba el Capitán Vasco, asintió.
-Sí, tienes razón.
Tengo tantas cosas que preguntarte, que no sé por cuál empezar- Respondió el
héroe de manera acelerada- ¿Quién es Cerebro? ¿Qué sabes de los GM? ¿Dónde se
encuentran? ¿Por qué existe el Juego? ¿Cómo...
-Para hombre, para. Si
me haces todas las preguntas a la vez, no podré responder- Explicó Sage
mientras miraba con ternura a su hijo. Entonces el Capitán guardó silencio y
reflexionó unos instantes.
-¿Cómo conociste a
Cerebro?- Preguntó al fin. Sage asintió y sopesó a su hijo con la mirada.
-Bueno, en realidad no
le conozco. Fue hace varias décadas, cuando apenas tenía veinte años que
descubrí mis poderes. Junto con una elevada capacidad mental, desarrollé
poderes psíquicos variados, que han ido ampliándose con la edad... Fue cuando
comenzaron a manifestarse que Cerebro estableció conexión mental conmigo. Me
advirtió sobre el Juego y logró que pasara desapercibido de los GM. A cambio,
comencé a ayudarle- Explicó el anciano- Me contó lo que era el Juego y los
objetivos de la gente que lo creó, y me pidió ayuda para rastrear la Tierra en
busca de gente con poderes y ayudarle a crear una Resistencia que combatiera
contra ellos para liberar a los jugadores para siempre. Esto fue hace casi
cuarenta años... y como ves, fracasamos.
-Entonces, ¿sabes cuál
es el objetivo de los GM?- Preguntó inmediatamente el Capitán. Sage trató de
calmarle con un gesto.
-Sí, y creo que será
Neurona mismo quien se lo cuente al resto de los I-Men. Creo que sería buena
idea que viajaras a Madrid y te reunieras con tus compañeros. Probablemente
Cerebro quiera confiaros a vosotros la misión que nosotros no logramos llevar a
cabo, acabar con el Juego- Expresó el padre del Capitán con gesto solemne.
-¿Vosotros? ¿Quiénes
erais?
-A lo largo de mis
viajes por el mundo conocí a muchas personas, y entre ellas formamos finalmente
un equipo, aunque me tomó mucho tiempo asentarlo. Para entonces ya habían
pasado ocho ediciones del Juego, y en curso estaba la novena edición, justo la
anterior a esta en la que estás participando. En mi camino me enfrenté en
varias ocasiones a antiguos ganadores, increíblemente fuertes, apenas podía
sobrevivir en un enfrentamiento directo contra ellos. En parte por eso tardé
tanto en reunir un equipo, porque debía moverme por el mundo con mucho cuidado.
El único motivo que me hizo quedarme aquí en Bilbao fue tu madre y tu
nacimiento, hijo- Sage parecía emocionarse al recordar todo eso- Mi equipo
estaba formado por Hiedra, Dayana y Cosmos. Entre los cuatro tratamos de ayudar
a Cerebro en todo lo que pudiéramos, pero fue hace diez años cuando tuvimos la
ocasión de participar en nuestra gran misión.
-¿Y cuál era esa
misión?- Preguntó el Capitán. Sage bajó la cabeza. Cuando la levantó de nuevo
sus ojos estaban nublados.
-Éramos fuertes, pero
necesitábamos a alguien con un gran poder. La novena edición del Juego había
finalizado y era el momento indicado- Cogió aire y lo soltó de una sola vez-
Rescatar a Thunder-Man del juego antes de que los GM lo corrompieran. Ese era
nuestro deber.
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