viernes, 4 de agosto de 2017

Capítulo 55 - 'Los Nuevos I-Men'

Eliart abrió los ojos. De nuevo aquella vertiginosa sensación de ser teletransportado le sobrevenía. A pesar de todo, estaba comenzando a acostumbrarse. No pudo decidir si eso era algo bueno o malo. Aquella vez había aparecido en medio de la calle, de noche. Se preguntó si los GM tenían algún modo de asegurarse de que nadie les viera. Al fin y al cabo, si alguien aparece de la nada frente a ti, algo sospecharías. No tardó en identificar la calle y comenzar su camino a casa. Al menos esta vez estaba más cerca que la última.
Mientras andaba se percató de que las temperaturas estaban bajando y él iba en mangas de camisa. Aún así no le preocupó demasiado, Isidoro no era una persona friolera, precisamente. De hecho su mente estaba centrada en otras cosas que requerían su atención. En primer lugar, ¿habría funcionado la idea de Gravitta para traer a Kya de vuelta a la Tierra? Al pensar en Gravitta una sensación le bajó por la espalda, como un escalofrío. Sentía sobre sus hombros la responsabilidad de enseñarle lo que era un verdadero amigo... y al mismo tiempo lidiar con las reticencias de sus amigos. A pesar de todo, sonrió, pues creía que podría salir adelante de aquella situación sin demasiadas complicaciones.
Por otro lado estaba el asunto de Cerebro. Justo antes de volver al Juego se encontraron con una misteriosa figura en un callejón sucio y oscuro. Eliart recordó con frustración el momento en el que los GM les reclamaron para volver a aquel ridículo juego. “Me pregunto si seremos capaces de contactar con Cerebro por nuestra cuenta. La última vez aquel tipo fue porque había quedado con Thunder-Man... Pero no tenemos manera de comunicarnos. ¿Quizá debamos confiarle la tarea al padre del Capitán, Sage? Lo mejor será que organicemos cuanto antes una reunión”, meditaba. De repente cayó en la cuenta de algo. ¡Gaia!
¿Cómo podía haber pensado en cualquier cosa antes que en ella? Eliart tenía la mente muy dispersa. Las responsabilidades se acumulaban a su alrededor y le emocionaban tanto, que a veces podía parecer que olvidaba las cosas más importantes. Pensó entonces en su querida rubia y en sus bellos ojos. Y en la muerte de Demongirl, y en su enfado con todo el asunto de Gravitta. Un sentimiento de desasosiego se instaló en el estómago del joven manchego. Debido a los últimos acontecimientos su relación con la defensora de la naturaleza estaba pasando por un mal momento.
-Lo superaremos- Se dijo a sí mismo en voz alta mientras el Sol salía, al fin. No tardó en llegar a casa y echarse un rato a dormir. Cayó rendido en un sueño profundo.
Varias horas después se levantó como nuevo, nunca había necesitado dormir demasiado. Mientras se hacia algo para comer revisó el mail. Un mensaje de Celestina parpadeaba. Por la hora de llegada lo debía de haber mandado justo nada más llegar. Decía así:
Saludos I-Men. Me he comunicado con Revelación lo más rápido que he podido y hemos decidido convocar una reunión mañana en casa de Revelación, a las 18:00. Aunque muchos no podáis venir, hemos de hacerla, no podemos perder tiempo y arriesgarnos a ser devueltos al Juego.
Sin siquiera una despedida y bastante conciso. Eliart pudo apreciar cierto nerviosismo en el tono del Guerrero en aquel mensaje. ¿Qué le preocuparía? ¿Tal vez Gravitta, o su hermana? ¿El Juego, todo a la vez? Eliart se anotó mentalmente la tarea de hablar con su amigo y se preparó para el día que le esperaba, ahora que había vuelto a su hogar las responsabilidades le acechaban como lobos hambrientos.

Gaia se encontraba ahora mismo en su habitación. Era mediodía y miraba con angustia la cama de Demongirl, pues compartían cuarto. Un increíble dolor la atenazaba, impidiendo que se moviera de la cama. Su estado de ánimo seguía un ciclo curioso. Primero se enfadaba consigo misma por todo lo que había pasado, si hubiera sido más fuerte su hermana no tendría que haber intervenido. Luego sobrevenía el dolor, y las lágrimas acudían a sus ojos, como un río que deseara abrirse paso a través de un bosque. A veces las dejaba pasar, las demás las contenía como mejor podía. Por último, una vez superado el dolor, una rabia como el fuego le quemaba dentro. Gaia culpaba a Gravitta por todo lo sucedido, a pesar de que este se defendía diciendo que era la naturaleza del juego, y alegando que nadie les había obligado a pelear contra ellos. Fue decisión de los I-Men. Y ahí precisamente es donde la rabia se acrecentaba, porque en el fondo la chica sabía que el científico tenía razón. Sabia que, en cierta manera, era injusto culparle.
Pero como le odiaba.
Y lo peor de todo es que Eliart no parecía entenderla. ¿Es que acaso aquel desconocido era más importante que ella misma para él? ¿Por qué estaba tan dispuesto su “amado” a echarle una mano a ese loco, y no a ella? Todas esas preguntas se juntaban dentro de ella, causando frustración, pues no lo entendía. Una vez superado todo eso, cuando levantaba la vista, veía la cama de su hermana. Y la culpa volvía, y así se repetía el ciclo de nuevo.
En su mesilla de noche estaba el portátil abierto y encendido. En su pantalla se veía el mensaje de Celestina abierto. Gaia lo leyó con los ojos hinchados y el estómago se le encogió al pensar en volver a verlos a todos tan temprano. No podía. Ahora no se sentía capaz de volver a pensar en ello, era demasiado para su espíritu. No se sentía capaz de mirar a los ojos a Eliart sin antes aclarar qué es lo que le pasaba a ella misma. Y, además, estaba la cuestión de si Gravitta iría o no.
La rubia volvió a la cama y se puso los cascos con la música al máximo. Tal vez luego pensaría en todo aquello. Ahora necesitaba estar a solas con sus pensamientos.

Gravitta colgaba entonces el teléfono.  Eran casi las cinco de la tarde y había comido hace poco. J.J le había facilitado la localización de Revelación, pero fue el místico quien le llamó utilizando el aparato. Al parecer los I-Men se reunían aquella tarde para discutir sus siguientes movimientos y para hablar de un tal “Cerebro”. El místico le dijo que el Guerrero Celeste les habían enviado a todos un mail. Se preguntó si a él también le habría llegado y encendió su ordenador. Su sorpresa fue mayúscula cuando observó que, efectivamente, él también lo había recibido.
-Hm, vaya. Supongo que eso significa que, aunque no le guste del todo, acepta mi presencia. Me pregunto si eso significa que soy un “I-Men”, o como lo llamen- Gravitta no podía evitar pensar que aquel nombre era ridículo. Pero era la esencia del grupo. Lo cierto es que no le interesaban demasiado los demás, su principal interés estaba en lo que Eliart le había prometido. Pero asumía que el resto eran algo necesario para avanzar en su búsqueda de sí mismo. Quizá le aportaran algo más de lo que él sospechaba.
Sacudió la cabeza y negó. Él no entendía realmente cómo funcionaba todo aquello, precisamente por eso Eliart era fundamental. “Sólo me dejaré llevar, al fin y al cabo si he aceptado su ayuda, es porque yo solo no puedo con ello”, reflexionaba. Miró al hora y se dio cuenta de que el momento de al reunión se acercaba a toda velocidad. Decidió que lo mejor sería partir cuanto antes, la curiosidad que sentía era abrumadora.

Eliart llegaba en esos momentos frente al portal de la casa de Revelación. Ya habían celebrado una reunión allí antes, de manera que fue a marcar el número en el telefonillo. Justo cuando iba a hacerlo, la puerta se abrió con un característico sonido, era el místico, que sabía que su amigo iba a llamar.
-Ventajas de ser un vidente- Susurró el líder de los I-Men mientras entraba y se dirigía al ascensor. Al llegar arriba enseguida encontró el salón principal de Revelación, donde varios equipos electrónicos se acumulaban. Había al menos dos o tres ordenadores. Y allí estaba ya el Guerrero, atrincherado detrás de su portátil, que estaba conectado a los equipos del anfitrión. Al escuchar los pasos del manchego levantó la cabeza.
-Oh, hola Eliart- Dijo a modo de saludó y sonrió. Al instante borró la sonrisa de su rostro, como si hubiera recordado que estaba enfadado por algún motivo. Aquel detalle no se le escapó a Eliart.
-Hola, amigo- Devolvió el saludo. De una de las puertas, que daba a un largo pasillo, salió Revelación con ropa algo informal y su cetro. Una combinación algo extraña.
-Bienvenido camarada. ¿Qué tal el día? No me respondas, ya sé que bien. El mío también, ya sabía que ibas a preguntarme- Dijo a toda velocidad mientras detrás de él se oían unos pasos. Eliart fue a hacer una pregunta, pero de nuevo le cortó- Oh, son las chicas. Waver, Garra y Erzzhia. Erzzhia llegó con su hermano, y las otras dos al parecer viven cerca la una de la otra.
-Tío, a veces es difícil tener una conversación contigo, ¿lo sabías? Ja, ja, ja- Respondió el líder al final. Las chicas salieron del pasillo al salón y fueron saludando al joven. Se sentaron en las sillas que rodeaban a la mesa central, que era de cristal, y miraban la gran pantalla gigante que había en una de las paredes. El Guerrero reparó en la dirección de la vista de Eliart.
-No, no parece que el Capitán pueda unirse hoy por videoconferencia. No ha contestado ninguno de mis mails, así que no los ha leído, o ha hecho caso omiso- Explicó el hacker mientras se afanaba en buscar datos en la red.
-Ya veo, supongo que ya poca gente faltará por venir- Dedujo el líder. Justo en ese instante Revelación abrió la puerta. Un segundo después, llamaron al timbre.
Al cabo de un par de minutos, Shadow y Kya aparecían en la estancia, saludando a todos y tomando asiento. Al parecer Gravitta lo había logrado, había traído de vuelta a la mujer gato. Revelación repartió algo de bebida y miró el reloj. Eran las seis en punto, la hora acordada. Eliart pensó en levantarse para hacer una introducción a la reunión, pero entonces el místico levantó una mano.
-Un segundo, compañero. Aún queda una persona por llegar- Explicó de manera misteriosa. Y así fue, al cabo de unos instantes abrió de nuevo la puerta y en la casa de Revelación entró el mismísimo Gravitta, con su expresión huraña.
Eliart se levantó y le saludó, de igual manera lo hizo Revelación. Shadow y Kya sonrieron, pues el pelirrojo había sido crucial para traer de vuelta a Kya a la Tierra. Garra y Erzzhia no mostraron ninguna emoción, ellas no conocían en ningún sentido al científico, de manera que simplemente saludaron con la mano. La reacción de Waver fue algo más agresiva, negándose a mirarle. El Guerrero se revolvió en la silla y cruzó una fría mirada con él.
-Hola a todos- Saludó casi en un susurró y se fue a sentar enfrente del Guerrero en la mesa de cristal. Todos salvó Eliart tomaron asiento. El manchego trataba de disimular, pero lo cierto es que la presencia de Gravitta le transmitía cierta esperanza. Aunque, al mismo tiempo, la ausencia de Gaia no le tranquilizaba demasiado. Miró en dirección al místico, y este, leyéndole le pensamiento, negó con la cabeza. “No vendrá”, parecía querer decir. Eliart asintió y comenzó a hablar.
-Buenas tardes a todos, I-Men- Empezó- Algunos, como Erzzhia, Garra, Kya o Gravitta, no están al tanto de nuestros movimientos aquí en la Tierra, así que antes que nada me gustaría explicarles qué es lo que hemos descubierto hasta ahora- El líder le pidió al Guerrero que proyectara en la pantalla gigante el blog que descubrieron en su primera visita a la Tierra, y además les narró por encima la aventura que les llevó a luchar contra un Borrador y ver la muerte de Thunder-Man- Fue el antiguo ganador el que nos explicó que había quedado con Cerebro, aquel que le rescató de los GM. Por desgracia el día que habíamos quedado, y justo antes de encontrarle, fuimos traídos de vuelta al juego. De manera que nuestro primer objetivo ahora que estamos aquí es encontrar a Cerebro y comunicarnos con él, desde luego tiene muchas respuestas para todas nuestra preguntas.
Entonces Eliart se percató de que Gravitta tampoco sabía que fue Cerebro quien les había ayudado con su entrenamiento en el Juego, de manera que procedieron a explicarle qué es lo que sabían de él y de Northern Sage. Entonces el Pelirrojo se levantó.
-Ya veo, es muy útil toda la información que habéis recopilado, ahora debería deciros qué es lo que yo he encontrado- De manera superficial el científico describió cómo había analizado el sobre y la carta que le llevó al faro, hasta determinar su procedencia- De manera que fui hasta Londres y encontré la supuesta empresa que envió las cartas, una tal GaMers Corporation. Cuando accedí a las instalaciones estas estaban completamente vacías. Habitaciones llenas de mesas y sillas... pero ni un alma las ocupaba. Es evidente que se trata de una empresa fantasma. La única persona que había era un empleado de la limpieza que además vigilaba el único ordenador que funcionaba. Desde esa terminal se imprimían las invitaciones... pero lo más extraño es que ni si quiera estaba conectado a la corriente eléctrica. Tras un análisis algo superficial me di cuenta de que aquel aparato tan sólo era el recepto de algo que ni si quiera estaba en la Tierra.
-¿Quieres decir que...?- Preguntó Shadow.
-Sí, los GM, sean quienes sean, no están en la Tierra- Afirmó el científico- Probablemente se encuentren en el Juego. En algún rincón, escondidos- Revelación se llevó una mano a la barbilla.
-Estos datos me abren mucho los ojos...- El pelo se le agitó levemente sobre los hombros- Creo que tienes razón, los GM no se encuentran en la Tierra. La providencia es clara al respecto, aunque tampoco están en el Juego. No sé muy bien como interpretar lo que mi ojo interior ve- Erzzhia asintió, desde que había desarrollado un vínculo espiritual con Revelación compartían de alguna manera las visiones del místico, ampliando su exactitud.
-Mis intuiciones siguen también el rumbo de las de Revelación- Secundó. El Guerrero mordía un bolígrafo mientras tecleaba a toda velocidad.
-Pues tenemos un problema, Eliart- Explicó- No logro encontrar absolutamente nada del tal Cerebro del que nos habló Thunder-Man. Ni si quiera cuando investigué su ordenador hallé nada que mereciera la pena reseñar. No sé ni como se comunicaban. Ahora mismo sigo rastreando Internet, a ver si alguna luz aparece al final del túnel, pero no pinta bien- No parecía muy animado- Dejadme la búsqueda a mí, será mejor que sigamos con los siguientes puntos de la reunión.
Eliart asintió, pero fue esta vez Waver quien se levanto mientras Gravitta se sentaba. La adolescente parecía algo nerviosa.
-Yo... bueno, tengo que contaros algo muy extraño que ha estado pasando- Comenzó- Anoche llegué temprano a casa, y nada más hacerlo fui a mi cuarto, donde guardo algunas fotos de la familia y... Llama Helada no aparecía en ninguna de ellas. Era como si hubiera desaparecido sin dejar ningún rastro- Los demás se miraron, preocupados- Pero ahí no acaba la cosa. Esta mañana les pregunté a mis padres sobre él, y tampoco recordaban nada... incluso he llegado a dudar de todo lo que creía.
Unas lágrimas amenazaron con llegar a sus ojos, pero se mordió le labio y frunció el ceño con determinación. Kya parecía asombrada, mientras que el Guerrero y Shadow abrieron los ojos como platos. ¿Era si quiera posible? Gravitta pensaba.
-Vaya, eso demuestra que el nivel de poder que ostentan es considerable. Borrar de la memoria hasta ese nivel es demasiado. Creo que hay algo que se nos escapa en todo esto, pensadlo bien, un poder de alterar la realidad hasta ese punto es algo... inconmensurable. ¿Cómo derrotaremos algo así?- Expuso mientras su cabeza volaba. Waver le miró con furia, pero la tristeza que sentía por su hermano era más fuerte. ¿Cómo podía odiar a Gravitta cuando la fuente de toda su frustración era culpa de los GM? Pensándolo bien, alguien tan fuerte como el científico era precisamente lo que necesitaría para llevar a cabo su venganza.
-Entiendo, es algo preocupante. Creo que esto sólo confirma que necesitamos desesperadamente a Cerebro. Si ha sido capaz de colar en el Juego entidades capaces de entrenarnos y de mantener varias dimensiones abiertas... quiere decir que puede competir en cierta medida con el poder de los GM. Guerrero, no quiero presionar, pero dale caña- Dijo Eliart. Celestina asintió.
-No te preocupes, estoy a tope- Dijo sin levantar la mirada de la pantalla. Eliart suspiró, ahora llegaba el tema más delicado que quería compartir con los I-Men. El asunto de qué hacer con Gravitta y los demás, J.J y Death.
-Bueno chicos, ahora que Gravitta está aquí con nosotros, creo que os merecéis una explicación, ya que quizá os resultara algo extraña la decisión que tomé en el Juego- Waver y el Guerrero se revolvieron en sus sillas. El científico le miró extrañado, no había hablado con él antes de decir nada de eso- Gravitta, creo que deberías compartir tu historia con los demás. Si conocen tu pasado y tus motivaciones tenderán más a aceptarte. Perdona por no consultarte, pero estarás de acuerdo conmigo en esto.
-Ah... qué remedio. Si de verdad crees que es necesario- Suspiró el hombre mientras se ponía de pie. El domador de viento dejó de mirar la pantalla. Celestina siempre había cuestionado la decisión de Eliart, y le parecía importante conocer al que ahora decía llamarse su aliado. Gravitta narró la historia de su vida tal y como lo hizo con Eliart, aunque entrando en menos detalles. Para él fue complicado, no estaba acostumbrado a abrirse, y menos ante tanta gente, pero había aceptado seguir  a Eliart, ahora no podía echarse atrás. Finalmente el Guerrero no lo soportó más y se levantó cuando acabó la narración.
-Lo siento Gravitta, pero no te entiendo. Vale, eres un jugador más. Hasta ahí lo entiendo, pero no sé si puedo perdonar todo el daño que nos has hecho. Y toda esa historia que cuentas... no me lo creo, es demasiado... ¡de ciencia ficción!- Exclamó. Eliart trató de mediar, pero la glaciar mirada que le dirigió el científico lo retuvo en su sitio.
-¿Qué dices? ¿Que no te lo crees? Lo que ocurre es que no lo comprendes, en tu cerebro no cabe la posibilidad de que no todo sea de color rosa. Yo tuve una vida como la tuya, pero se descarrió de la peor manera. Jamás podrás sentir lo que yo he sentido- Respondió de una manera heladora. El viento comenzó a remover el pelo del Guerrero, debido a la furia. De pronto Erzzhia se levanto, roja como un tomate.
-¡Ya basta, deteneos!- Gritó lo más fuerte que pudo, lo cual no fue mucho- ¡Gravitta, hermano, parad! Creo que aquí lo que falta es comprensión.
Se acercó hasta ellos y les tomó de la mano.
-¿Qué?- Preguntó el pelirrojo.
-¿Qué haces, hermana?
-Ahora lo verás. Vínculo de nivel dos, ¡conexión!- Dijo mientras se concentraba en su poder. Al utilizar su segundo vínculo las personas conectadas compartían sentimientos. Las emociones que navegaban en lo profundo de Gravitta fueron hasta el Guerrero. Y la incomprensión, las dudas y el miedo viajaron hasta el corazón del científico. Durante unos instantes vieron el corazón del otro. El rostro de Celestina se horrorizó al tiempo que un nudo en la garganta se formaba, al experimentar todo lo que el otro había vivido. Le miró con un nuevo respeto. A su vez, Gravitta abría los ojos y unas lágrimas comenzaban a asomar a su cara. ¿Qué eran aquellos sentimientos? Él también había tenido una hermana, al igual que Celestina, de manera que sus sentimientos le llegaron de manera más profunda.
Fue tan sólo un instante, pero cuando Erzzhia cesó el contacto el silencio se apoderó de la habitación. Ambos se miraron, esta vez sin ganas de pelear.
-Yo... perdona. Por ahora aceptaré que vengas con nosotros- Se disculpó el Guerrero. Gravitta negó con la cabeza.
-No, tranquilo, yo también lo siento. Esto... es extraño. Ahora entiendo mejor como te sientes- Una extraña luz se veía en los ojos de Gravitta- Creo que ahora entiendo a qué te referías Eliart, tienes razón, no entendía nada.
-Je- Eliart sonrió- Bueno, pensaba proponer que Erzzhia se encargara de ayudar a Gravitta con todo este asunto, ¿os parece bien a todos?- Nadie se opuso, pero fue la afirmación de Revelación el que terminó de decidirlo.
-¡Genial! No te preocupes, ya verás como lograremos que puedas volver a sentir como una persona normal- Dijo Erzzhia alegre mientras cogía del brazo a Gravitta. El hombre no sabía muy bien como reaccionar y se sonrojó, en parte porque los efectos del poder de la chica aún estaban sobre él.
-Eh... sí, claro- Acertó a decir.
Mientras todos se sentaban de nuevo, Eliart comenzó a dar por finalizada la reunión mientras todos hacían unas últimas reflexiones sobre lo que habían hablado hoy. La mayoría tenían mucha información que digerir. Mientras tanto, el Guerrero navegaba en su ordenador. Pasaba volando de una página web a otra, para luego configurar su búsqueda de nuevo. Utilizaba cualquier truco que se le ocurría, pero no daba frutos.
Hasta que, de repente, le llegó un mail con el asunto “Cerebro”. Ahogó un grito y lo abrió. Revelación lo sintió al instante y mandó callar a todos.
-¡Celestina! Acabo de sentir algo, ¿has descubierto cómo contactar con Cerebro?- Preguntó. Todos miraron atentamente al hacker. Este abrió la boca mientras leía el mail.
-He recibido un mensaje de un subalterno de Cerebro, dice: I-Men, me consta que habéis vuelto del Juego hace poco. Te contacto a ti, Guerrero Celeste, pues así me lo ha indicado Cerebro, mi maestro. Me llamo Neurona, y era el contacto de Thunder-Man con Cerebro. He borrado el registro de este mail, espero que uses tus habilidades para terminar de borrar su rastro por la red. No respondas. Nos veremos en cinco días en el mismo lugar de la última vez. Misma hora- El Guerrero cogió aire y miró a los demás.
-Esto es... ¡Increíble!- Exclamó Eliart- Bueno, Revelación, trata de hacerle saber al Capitán todo lo que hemos hablado, yo intentaré decírselo a Gaia. Tú informa a J.J y Death, Gravitta. Ahora somos todos un equipo.
-Entendido- Gravitta asintió, en seguida se dio cuenta de que su situación dentro del equipo implicaría dejar de ser el líder para cederle el puesto a Eliart. Pero no le importó demasiado, ahora estaba demasiado preocupado por todo lo que ocurría dentro de él como para darle importancia. Por una vez su sentido en la vida, su venganza, no parecía tener tanto sentido.
-Revelación, seguramente el Capitán haya hablado con su Padre, con Sage. Seguramente ha descubierto muchas cosas sobre Cerebro que nosotros desconocemos, es importante que habléis cuanto antes.
-Así se hará, Eliart. Intentaré convencerle para que venga aquí, a la reunión con Neurona.
Así dieron por finalizada la primera reunión de los I-Men tras su segunda vuelta a la Tierra. Cada uno puso rumbo a su cada mientras montones de ideas les volaban por a cabeza.

La noche en que todos volvieron a la Tierra, Irons lo hacía también. En su caso, apareció muy cerca de su vivienda. ¿Quizá los GM mejoraban la precisión con cada viaje? Bueno, aquello era un asunto secundario. Ahora lo prioritario era ponerse a trabajar cuanto antes en su proyecto. Pulsó un botón de su guantelete en el brazo izquierdo y la armadura se camufló, haciéndose invisible y proyectando ropa normal. Era un prototipo de camuflaje que permitía a Irons llevar siempre su armadura y, al mismo tiempo, poder pasar desapercibido. En menos de cinco minutos entraba en su mansión.
Nada más entrar se percató de algo extraño, las luces al fondo de uno de los pasillos estaban encendidas. Cuando cerró la puerta escuchó unos pasos llegar. Tom giró la esquina portando un arma de fuego y temblando. Cuando vio a su Amo soltó un profundo suspiro.
-Gracias a Dios es usted, joven Amo. Ya pensaba que a estas horas de la noche sería un ladrón o algo parecido- Se disculpó mientras guardaba el arma. Irons enarcó una ceja.
-¿Un ladrón que tiene las llaves y entra por la puerta principal? Tom, amigo mío, ¿estás bien?- El mayordomo se sonrojó visiblemente. El arcángel se percató de que llevaba el uniforme, y no parecía somnoliento- ¿Aún estabas despierto?
-Eh, esto, sí- Comenzó a explicar. Por algún motivo no parecía muy seguro de si debía hablar o no- Esto, verás...
-Estaba hablando conmigo, hermanito- Respondió por Tom una voz femenina desde el pasillo iluminado. Su silueta se recortaba con la luz de fondo. Se trataba de una mujer alta y delgada, con una melena marrón de pelo liso que le caía hasta media espalda. Llevaba gafas cuadradas y su mirada era dura como la piedra. Irons abrió la boca.
-¿Elisa? ¿Qué haces aquí?- Inquirió el joven mientras la chica se acercaba.
-Bueno, resulta que tras tu despliegue acerca de esa energía tuya, me enteré de la muerte de nuestro padre. Llamé a Tom hace un par de días y me informó de todo lo sucedido. ¿Cómo demonios no se te ocurrió decírmelo?- Elisa se encaró a David, su hermano, y le hincó el dedo en el pecho. Al hablar se le notaba cierto acento norteamericano, como si le costara hablar castellano.
-¿Qué?- David estaba a punto de estallar- ¿Y por qué debería haberme acordado? Hace siete años te marchaste a Estados Unidos, a vivir tu maravillosa vida de becada mientras nuestro padre se quedaba aquí, cada día más consumido que el anterior. ¡Ahora no tienes derecho a exigir nada!
-¿Te estás oyendo? No puedes recriminarme que me fuera, se trata de mi carrera. Si tu fueras tan sólo la mitad de bueno que yo, también habrías tenido una beca- Afirmó ella, contundente- En fin, dejemos esa discusión para después. Llegué hoy a la casa y resulta que te habías ido, dejando a Tom encargado de todo el asunto de la empresa, ¿en qué estabas pensando?
Irons recordó el Juego. No podía decírselo a Elisa o Tom, ellos no eran parte de él, y por lo tanto hablar en su presencia del Juego podría tener terribles consecuencias. Se mordió el labio mientras miró al suelo. Su hermana esperaba una respuesta, y al ver que no la obtenía, lanzó sus deducciones.
-Seguro que la fama se te ha subido a la cabeza y has estado dos días de Parra por ahí, perdiendo la cabeza con chicas preciosas y cosas lujosas- David bajó la cabeza. No tenía sentido discutir ahora, no. No podía explicar la verdad, así que lo mejor era que ellos pensaran cualquier otra cosa.
-Bueno, basta ya. Lo que haga o deje de hacer no te importa. ¿Qué haces aquí?- Preguntó Irons mientras andaba hasta el salón, donde se sentó. Su hermana le siguió, así como Tom desde las sombras.
-Cuando hablé con Tom me contó que metiste a un desconocido en la casa, un tipo pelirrojo. También me dijo que le dejaste dinero y nuestro laboratorio. Tras haber estudiado la nueva energía que has creado... mejor dicho, habéis, he llegado a la conclusión de que ese tipo te ha ayudado o es tu socio. Y justo después de la muerte de nuestro padre. ¿No te parece sospechoso?- Explicó ella mientras entrecerraba los ojos. Irons sintió como el corazón se le paraba durante un segundo. ¿Qué insinuaba?- Respondiendo a tu pregunta, he venido porque la empresa de papá es tan mía como tuya. Por si no lo sabías hemos heredado todo a la mitad, David. Ahora dime, ¿quién era ese tipo? Y, ¿qué sabes de la muerte de papá? Me da la impresión de que ocultas muchas cosas, y no deberías esconderlas de la familia.
-Tch...- Irons maldijo por lo bajo. Esperaba descansar tranquilamente en su casa, no tener una de las conversaciones más tensas posibles con su hermana. Estaba algo harto de las tramas ocultas dentro de tramas, de la competencia del mundo empresarial y de las luchas de poder y herencias. Pero es lo que le tocaba. Si en algo tenía razón su hermana era en una cosa, y es que no debería esconderle cosas a la familia. Miró de reojo a Tom, no pasaba nada si él se enteraba- Está bien, te lo contaré. Nuestro padre fue asesinado, y el hombre que te ha descrito Tom es Gravitta. Trabajó para mí para ayudarme a resolver la cuestión de la energía. Y también para buscar pistas sobre lo de papá. Ahora que estás aquí supongo que lo mejor es que trabajemos juntos, ¿no?- Asumió mientras elevaba su mano. Elisa sonrió mientras estrechaba la mano de su hermano.
-Así es David. Vaya, veo que a pesar de ser el menor te has vuelto muy inteligente. Para tener sólo diecinueve te lo has montado bastante bien, ese científico tuyo... Gravitta, parece bastante interesante si ha resuelto la fórmula de la energía.
-Ya bueno, ahora no trabajamos juntos, pero eso es lo menos importante. Ahora que ya hemos completado la fórmula no le necesitamos- Argumentó Irons- El principal problema será abrirnos caminó para que todo el mundo acceda a la energía... y el asuntó de papá. Tengo el nombre de un claro sospecho, hay que investigarlo.
-No estés tan seguro sobre lo de la energía. ¿Recuerdas la central que dejaste en funcionamiento? Bueno, los becarios lo han estropeado. Uno de ellos era un espía de otra empresa y trató de robar la energía, murió por culpa de una descarga de ese sol en miniatura. Bastó un segundo de contacto. Ya me dirás como manipulaste la energía... en fin, la cuestión es que a raíz de ello la energía se desestabilizó y la central corre riesgo. Además de que tenemos que responder por la muerte del becario y nos jugamos una demanda. O varias.
-¿Qué? No puede ser...- Irons de repente veía peligrar todo por lo que había trabajo. “Vaya, parece que no será tan fácil, no puedo relajarme”, pensaba. Durante un instante se permitió el lujo de deprimirse, pero en seguida se recuperó. No debía vacilar, si no solucionar todo cuanto antes- Bueno hermanita, sé que no es tu campo de especialización, pero has estudiado Química y Física, ¿no?
-Bastante- Respondió secamente.
-Bueno, en ese caso tu te encargarás de perfeccionar la fórmula de Gravitta. Yo me centraré en la mejora de la central y en responder a los medios- Elisa sonrió de manera astuta, eso era justo lo que quería.
La noche clareaba cuando finalmente Irons se fue a dormir, tenía que descansar. Una ardua estancia en la Tierra se acercaba.

Por su parte, el Capitán esperaba nervioso en el salón de su casa. Había quedado con su padre para tener una charla. Miró el reloj, eran las seis de la tarde. “Los I-Men deben de estar reunidos ahora. Ojalá pudiera conectarme en videoconferencia, pero no puedo esperar a hablar con mi padre. Con Northern Sage... tiene mucho que explicarme”, pensaba. Todas las preguntas que tenía que hacer desde el momento en el que apareció en el juego se acumulaban en el pecho. De momento, había observado una cosa, y es que todas las fotos en las que aparecía su amiga, Ana, estaban distorsionadas. Ya no aparecía en ninguna de ellas. ¿Quizá un efecto del poder de los GM?
Finalmente apareció Sage por la puerta. Llevaba una vestimenta mucho más normal que en el juego. Una chaqueta de pana verde y algo usada, y unos vaqueros cómodos. El padre del Capitán era bastante anciano, superaba los sesenta años y no había envejecido muy bien, le costaba moverse cuando había que subir o bajar escaleras. A pesar de todo una chispa de vida brillaba en su mirada. Sage fue hasta la mesa y se sentó con pesadez. El Capitán permanecía de pie mientras le miraba, nervioso. Su padre sonrió con gentileza.
-¿Por qué no te sientas? Igual la conversación se alarga, y deberías ponerte cómodo, hijo- Dijo el anciano. Juan Diego, que así se llamaba el Capitán Vasco, asintió.
-Sí, tienes razón. Tengo tantas cosas que preguntarte, que no sé por cuál empezar- Respondió el héroe de manera acelerada- ¿Quién es Cerebro? ¿Qué sabes de los GM? ¿Dónde se encuentran? ¿Por qué existe el Juego? ¿Cómo...
-Para hombre, para. Si me haces todas las preguntas a la vez, no podré responder- Explicó Sage mientras miraba con ternura a su hijo. Entonces el Capitán guardó silencio y reflexionó unos instantes.
-¿Cómo conociste a Cerebro?- Preguntó al fin. Sage asintió y sopesó a su hijo con la mirada.
-Bueno, en realidad no le conozco. Fue hace varias décadas, cuando apenas tenía veinte años que descubrí mis poderes. Junto con una elevada capacidad mental, desarrollé poderes psíquicos variados, que han ido ampliándose con la edad... Fue cuando comenzaron a manifestarse que Cerebro estableció conexión mental conmigo. Me advirtió sobre el Juego y logró que pasara desapercibido de los GM. A cambio, comencé a ayudarle- Explicó el anciano- Me contó lo que era el Juego y los objetivos de la gente que lo creó, y me pidió ayuda para rastrear la Tierra en busca de gente con poderes y ayudarle a crear una Resistencia que combatiera contra ellos para liberar a los jugadores para siempre. Esto fue hace casi cuarenta años... y como ves, fracasamos.
-Entonces, ¿sabes cuál es el objetivo de los GM?- Preguntó inmediatamente el Capitán. Sage trató de calmarle con un gesto.
-Sí, y creo que será Neurona mismo quien se lo cuente al resto de los I-Men. Creo que sería buena idea que viajaras a Madrid y te reunieras con tus compañeros. Probablemente Cerebro quiera confiaros a vosotros la misión que nosotros no logramos llevar a cabo, acabar con el Juego- Expresó el padre del Capitán con gesto solemne.
-¿Vosotros? ¿Quiénes erais?
-A lo largo de mis viajes por el mundo conocí a muchas personas, y entre ellas formamos finalmente un equipo, aunque me tomó mucho tiempo asentarlo. Para entonces ya habían pasado ocho ediciones del Juego, y en curso estaba la novena edición, justo la anterior a esta en la que estás participando. En mi camino me enfrenté en varias ocasiones a antiguos ganadores, increíblemente fuertes, apenas podía sobrevivir en un enfrentamiento directo contra ellos. En parte por eso tardé tanto en reunir un equipo, porque debía moverme por el mundo con mucho cuidado. El único motivo que me hizo quedarme aquí en Bilbao fue tu madre y tu nacimiento, hijo- Sage parecía emocionarse al recordar todo eso- Mi equipo estaba formado por Hiedra, Dayana y Cosmos. Entre los cuatro tratamos de ayudar a Cerebro en todo lo que pudiéramos, pero fue hace diez años cuando tuvimos la ocasión de participar en nuestra gran misión.
-¿Y cuál era esa misión?- Preguntó el Capitán. Sage bajó la cabeza. Cuando la levantó de nuevo sus ojos estaban nublados.

-Éramos fuertes, pero necesitábamos a alguien con un gran poder. La novena edición del Juego había finalizado y era el momento indicado- Cogió aire y lo soltó de una sola vez- Rescatar a Thunder-Man del juego antes de que los GM lo corrompieran. Ese era nuestro deber.

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