sábado, 19 de agosto de 2017

Capítulo 56 - 'El pasado de Sage'

Sage miraba al Capitán mientras se preparaba para narrar su historia. El súper-héroe no decía nada. Tan sólo miraba muy concentrado a su padre. El anciano parecía perdido en sus recuerdos y no fue hasta que pasaron unos minutos que finalmente habló.
-Como ya te dije... salvar a Thunder-Man sería nuestra misión final... aunque por aquel entonces, aún no sabíamos dónde nos metíamos...
Hace ahora casi diez años...
>>Sage miraba en dirección a Bilbao. La nostalgia le invadió, hacía bastante que no se veía obligado a abandonar su hogar para ayudar a Cerebro en una misión. “No debería preocuparme, aunque me vaya, mi hijo ahora tiene los poderes necesarios para protegerse a sí mismo y a la ciudad, si fuera necesario. Incluso aunque sea joven”, pensó el hombre mientras daba la espalda de manera definitiva a su ciudad. Entonces sintió un repentino contacto mental.
-¿Sage? Soy yo, Neurona. Te mando la localización donde te reunirás con el equipo- Dijo mientras la conexión mental desaparecía. Northern estaba algo molesto, pues Cerebro y Neurona habían asumido que simplemente les ayudaría. En el fondo no le importaba, más allá de tener que dejar su ciudad. Y le debía mucho a Cerebro, pero a pesar de todo le incomodaba que ni siquiera le preguntaran por su opinión.
Entonces recibió una imagen mental que contenía una vista aérea de la zona, y en medio de la imagen aparecía un punto remarcado en rojo que indicaba el lugar de reunión. Sage asintió, no estaba demasiado lejos. Se concentró, quizá no lo hiciera a la primera, pero intentaría teletransportarse. Sus poderes psíquicos le dotaban de múltiples habilidades y, aunque aquella le consumía mucha energía, era bastante útil. Le requería mucha concentración y por lo tanto era casi imposible de usar en una batalla.
Cerró los ojos y visualizó el riachuelo que quedaba cerca del punto de reunión. Era un lugar solitario donde probablemente nadie le vería aparecer de la nada. El viento sopló a su alrededor y sus ojos brillaron tenuemente con un fulgor, como cada vez que usaba sus poderes. Desapareció con un destello. Al abrir los ojos se encontraba en medio de la vegetación. A lo lejos podía escuchar el correr del agua. Había fallado por unos metros, pero no estaba mal considerando que sus poderes eran cada vez menos fiables.
Inmediatamente sintió presencias a su alrededor. Al otro lado de un monte notaba varias presencias conocidas, sus compañeros de equipo. Pero había algo más.
-No puede ser, ¿un borrador? No, son dos. No me puedo creer que los hayan traído tan cerca de mi hogar... maldita sea- Maldijo por lo bajo al tiempo que emprendía el camino hasta la cima del monte. Al llegar a lo alto pudo ver una pequeña planicie con escasos árboles. Del bosque salió de repente una mujer que corría a una velocidad prodigiosa. Justo detrás venía un enorme humanoide de casi dos metros de alto. De color blanco y resplandeciente, sus alas le permitieron alcanzar a la mujer y lanzar un puñetazo.
-¡Ni hablar!- La chica se giró y bloqueó el golpe con maestría mientras rodaba por el suelo debido al impacto. Sin detenerse aprovechó la inercia del movimiento y se incorporó de un salto. Entonces plantó los pies en el suelo y lanzó una serie de puñetazos cargados de energía. Un aura de energía amarilla la envolvía y cargaba sus puños de una tremenda fuerza destructora. Sage sonrío al tiempo que se concentraba.
Usando sus poderes, logró detener los movimientos del monstruo durante un instante. La mujer no lo dudó y encajó un poderoso directo en el pecho del Borrador, que salió volando. Entonces la rubia miró en dirección al anciano.
-¡Hola Sage!- Saludó. El hombre contuvo una sonrisa y se acercó.
-Hola Dayana, veo que estáis en problemas. ¿Te importa si te echo un cable?- Preguntó. Ella le devolvió la sonrisa mientras el aura crecía a su alrededor.
-No, claro, si me ayudas acabaremos esto más rápido- Contestó mientras se concentraba. El Borrador se levantó. Tenía un agujero en el pecho allí donde le había alcanzado el puñetazo de la heroína- ¡Vamos allá!
El truco de detener sus movimientos no funcionaría otra vez, así que mientras Dayana salía lanzada Sage utilizó sus poderes para levantar rocas y troncos para lanzarlos sobre su enemigo. El Borrador respondió con múltiples rayos de energía para detener los proyectiles, y al mismo tiempo esquivaba y detenía los golpes de la mujer. A pesar de todo, los puñetazos de la rubia eran muy potentes, y el ser se resentía al recibirlos.
-¡Toma esto!- La chica hizo estallar su aura durante un instante, permitiéndole obtener una velocidad extraordinaria. Se acercó y lanzó ambos puños contra el estómago de la criatura, que salió lanzada. La explosión del aura provocó que el Borrador estallara en fragmentos, por un lado la cabeza, y por otro los brazos y las piernas. La energía que mantenía la consciencia del Borrador desapareció y este comenzó a desintegrarse.
-Vaya, veo que has vuelto a aumentar tu fuerza. Cada vez me sorprendes más- Admitió Sage mientras le palmeaba la espalda a la joven. Ella se limpió el sudor de la frente.
-Espera a ver a los demás- Mientras decía esto una explosión sacudió el bosque. De la nube de humo salió volando otro Borrador igual que el anterior. La única diferencia es que a este le faltaba el bazo y el ala izquierdos, así como esa mitad de la cara.
Del bosque surgió a toda velocidad un rama que crecía a un ritmo totalmente ilógico. En el extremo de la rama un hombre moreno y de pelo oscuro saltaba, cargando en su mano un montón de energía.
-¡Star Shock!- Cayendo sobre el Borrador, el hombre le golpeó con su puño cerrado. Un estallido de energía azul sacudió al ser y un poderoso destello oscureció el cielo. El Borrador cayó en picado mientras otra explosión tenía lugar justo donde el chico había lanzado su ataque.
Del bosque salió andando entonces otro hombre, esta vez de pelo marrón. Vestía una chaqueta de hojas verdes y su mirada era muy tranquila. Enarboló un bastón de madera blanca y un aura verde le envolvió.
-¡Adelante!- El ser se incorporó, tras el ataque del moreno había perdido ahora su brazo derecho. Trató de andar cuando, de repente, la hierba a su alrededor comenzó a crecer como si fueran tentáculos. La hierba le envolvió el cuerpo y le inmovilizó. El Borrador intentó liberarse, pero la hierba era tan fuerte como cadenas. Entonces Hiedra lanzó otra orden- ¡Absorción!
Las plantas penetraron en la “piel” del ser y comenzaron a absorber la energía que este emitía. Unas ondas de energía se expandieron desde la hierba hasta todo el bosque. Debido a la energía tan fuerte todos los árboles en varios kilómetros a la redonda comenzaron a crecer poco a poco. El proceso tardó todavía un minuto, pero finalmente la energía del Borrador se agotó y se apagó, perdiendo su característico brillo. El blanco e inmaculado cuerpo se convirtió en una carcasa que poco a poco se fue convirtiendo en polvo. Entonces los dos hombres fueron hasta donde se encontraban Sage y Dayana. El anciano les saludó.
-Cosmos, Hiedra, encantado de volver a veros- Dijo. El hombre observó que Hiedra tenía ahora un punto verde en su frente. ¿Qué sería? Por otro lado, Cosmos tenía un extraño brillo en sus ojos, negros como la noche- Os habéis hecho aún más fuertes. Creo que ahora me podríais derrotar y todo...
-Probablemente, la vida de la ciudad te ha hecho oxidarte, ¿eh?- Bromeó Cosmos mientras le clavaba el codo a Hiedra, que no sonrió.
-Bueno chicos, será mejor que nos demos prisa. Con la que hemos liado aquí pronto aparecerán los guardias forestales- Explicó Dayana mientras se ajustaba una pequeña mochila que llevaba en la espalda. Sage asintió.
-Tienes razón, todos, tocad mi brazo- Dijo mientras extendía el brazo- Nos sacaré de aquí.
Utilizando su teletransportación los alejó de la zona. Hacerlo con cuatro personas era bastante agotador, pero pudo mantener el ritmo. Habían quedado con Neurona a medio camino de Madrid, de manera que Hiedra alquiló un coche y entre él y Cosmos condujeron primero por la autopista 68, más tarde enlazando con la E-80 hasta Burgos. Desde ahí enfilaron la E-5, que les llevaría hasta la Capital. Sin embargo, no hizo falta llegar hasta allí, pues al pasar Aranda de Duero, Neurona se conectó con Sage, que dijo:
-Chicos, salid por esa desviación, Neurona nos espera en un hostal que hay por aquí cerca.
Cosmos, que en ese momento llevaba el volante, asintió y giró. El Sol comenzaba a ponerse, y al haber un cielo muy nublado, el ambiente resultaba muy oscuro. A lo lejos vieron un hostal cutre cuya fachada era de color crema, aunque era difícil de decir a esas horas. Aparcaron y fueron hasta la habitación que Neurona indicaba en todo momento a Sage. Entraron y se encontraron con un joven de piel morena, gafas rectangulares y un pelo a lo afro sentado en la cama doble.
-Hola, hacía tiempo que no os veía. Vamos, pasad- Dijo el hombre con una voz algo chillona para su aspecto serio.
-Hola de nuevo, Neurona- Respondió Hiedra mientras todos entraban. La habitación estaba iluminada con una lámpara que apenas lograba expulsar la oscuridad nocturna. Unas densas cortinas tapaban todas las ventanas. Todos se acomodaron en diferentes sillas. Dayana permaneció de pie y cruzada de brazos.
-Bueno, ¿cuál es la misión? Hacía dos años ya que Cerebro no se comunicaba con nosotros directamente. ¿Ha encontrado alguna persona con poderes que necesite ayuda?- Cosmos resopló.
-Esperemos que no se repita lo de China. Perder a aquel nuevo miembro a manos de los Borradores fue una tragedia... aunque el chico era bastante inútil- Dijo sin rodeos. Hiedra frunció el ceño.
-Apenas tenía ocho años, no puedes pedirle a alguien tan joven que esté a la altura tan de repente... Si no le hubieras dejado solo...- Cosmos miró a otro lado, no quería tener que volver a pensar en ello, sabía de sobra que era culpa suya. Neurona se hartó en seguida.
-Bueno, ya basta. No tenemos tiempo que perder. Y ya sabéis que encontrándome con vosotros me arriesgo a que los Borradores y los GM me fichen...- Dijo, rozando la ira. Sage trató de mesurar sus sentimientos utilizando sus poderes, pero como siempre, la mente de Neurona era impenetrable a cualquier poder psíquico. El hombre se dio cuenta y dirigió al anciano una mirada de soslayo- No tiene sentido darle muchas vueltas. Veréis, la novena edición del Juego ha finalizado por fin. Ya hay un ganador, un tal Thunder-Man. Cerebro ha ideado un plan para traer al ganador a la Tierra y mantenerlo a salvo de los GM. Con él aquí ganaremos un importante poder ofensivo en la preparación del derrocamiento de los GM.
-Vaya, parece interesante... ¿cuáles son los detalles?- Preguntó Hiedra mientras sus ojos verdes se iluminaban.
-Sage y yo combinaremos nuestros poderes mentales. Cerebro ha preparado una ruta interdimensional que os permitirá acceder a la dimensión donde tienen a Thunder-Man. Su centro de operaciones, vamos- Los cuatro agentes de Cerebro se pusieron tensos- Sage y yo tendremos que quedarnos aquí para mantener el portal abierto. Desde el momento en el que lo abramos contaréis con cinco horas, debido a la relatividad temporal, pasará una hora aquí, Sage. ¿Podrás aguantar ese tiempo?
-Sí, mientras no nos distraigan- Expuso el anciano. Dayana no parecía convencida.
-¿Y cómo pretendes que rescatemos a Thunder-Man de gente tan poderosa?- Expuso. La rubia negó con la cabeza- No puede salir bien.
-Evidentemente deberemos ir con el mayor sigilo posible. Esta misión no trata de ser más fuerte que nuestros rivales, si no de ser astutos- Respondió Cosmos mientras elevaba la barbilla.
-Es como él dice- Secundó Neurona- ¿Estáis de acuerdo o no? Es evidente que no puedo obligaros, pero es el mejor momento para actuar. Si le lavan el cerebro a Thunder-Man para que se una a sus filas tendremos un problema.
-Por mí adelante. Es arriesgado, pero merece la pena- Afirmó Cosmos contundente. Hiedra pareció pensárselo más, pero al final asintió.
-Está bien, vamos allá. ¿Dayana, Sage?- El anciano asintió, él participaría. La rubia les miró a todos de uno en uno.
-Si todos insistís, no me queda más remedio. Venga, cuando antes empecemos, mejor- Respondió finalmente. Neurona se levantó.
-Bien, Sage. Ven aquí y concentra tu energía. Yo dirigiré el proceso- Explicó el hombre mientras se acercaba al bilbaino. Sage hizo lo que le pidió y juntaron sus manos. La energía psíquica comenzó a fluir entre ambos. Durante unos minutos que concentraron energía no pasó nada, y los demás esperaban tensos mientras se preparaban para lo que les aguardaba. Finalmente el aire pareció agitarse frente a Sage y Neurona. Una fisura apareció en el aire, era el tejido espacio-temporal, que estaba agrietándose.
-Neurona, ayúdame a estabilizar el portal, es muy difícil- Murmuró Sage. Neurona apretaba los dientes.
-Mantén el flujo de energía constante...- Respondió el moreno. Al cabo de unos segundos, el portal se agrandó y comenzó a girar sobre sí mismo. Una entrada circular se había abierto. Ambos mentalistas suspiraron- Ya está.
-¿Es seguro entrar?- Preguntó Cosmos mientras escudriñaba el interior del túnel. Neurona asintió.
-Claro. El principio y el final lo hemos creado nosotros, y parece algo precario, pero el interior del pasadizo estaba hecho ya por Cerebro. Es muy seguro, dentro de él no puede pasaros nada. Aunque recordad una cosa- Contestó Neurona, visiblemente cansado por tener que hablar y esforzarse tanto- Dentro están los GM, y los antiguos ganadores de las ocho primeras ediciones. Si Cerebro ha escogido este momento para actuar, probablemente hay poca presencia en el castillo de los GM.
-¿Castillo?- Dijo Dayana.
-Sí, por llamarlo de alguna manera. Es una enorme construcción laberíntica... pero sé muy poco al respecto. Ahora entrad, ¡el tiempo corre! Moveros con sigilo, no deben detectaros... o... sería fatal- Finalizó Neurona mientras les apremiaba a entrar. Sage mientras tanto mantenía la concentración. El portal era muy voluble y requería que ajustara todo el rato su poder. Hiedra entró primero, seguido de cerca por Cosmos. Dayana dirigió la mirada a Sage antes de entrar.
-Cuando vuelva recuérdame que tengo que echarle un ojo a tu hijo, tengo curiosidad por ver como es el “Capitán Vasco”- Comentó sonriente, y entró.


El tiempo pasaba muy lentamente en la habitación del hostal. Neurona y Sage no intercambiaron más palabras, les requería mucha fuerza mantener aquel pasadizo interdimensional, y ambos sabían que no tenían nada que decirse. Se turnaban para llevar el mayor peso del portal, de tal manera que en aquel momento Sage no tenía tanta sobrecarga en su cerebro y podía permitirse divagar. “Llevan casi cuarenta minutos ahí... empezamos a acercarnos a la hora límite... Espero que no tengan ningún problema”, pensaba mientas su mente exploraba todas las posibilidades. Si se desarrollaba una batalla él poco podría aportar, el portal le drenaba las fuerzas.
De repente sintieron algo atravesando el portal. ¡Por fin volvían! Una persona salió a toda velocidad del túnel y se dio de bruces contra la pared. Era Hiedra. Sage se dio cuenta al instante de que algo no iba bien, un chorro de sangre le bajaba por la frente. Del portal salió entonces otra persona, que cayó al suelo de rodillas. Hiedra se giró y les miró.
-¡Cerrad el Portal! ¡Cerradlo! ¡YA!- Exclamó con los ojos fuera de sí. Neurona entrecerró los ojos y miró a Sage. El anciano no sabía qué hacer.
-¿Dónde están Dayana y Cosmos?- Inquirió, aunque algo dentro de él le hizo sospechar la respuesta. La vista de Hiedra se nubló.
-Han muerto. Y no me preguntes si estoy seguro... lo he visto Sage- Entonces los mentalistas sintieron como alguien más entraba en el portal. Una enorme fuerza comenzó a llegar. Gracias a su increíble poder, Sage le sintió inmediatamente y reconoció el aura. Se había encontrado con él en una ocasión anterior.
-Neurona, deshagamos el portal, ¡rápido!- Ambos dejaron de suministrarle fuerzas y la energía se disipó con mucha violencia. En el aire no quedó ni rastro del portal. El hombre que estaba en el suelo logró incorporarse, no parecía tener heridas serias.
-Es Thunder-Man, estaba inconsciente cuando lo encontramos. Llegamos justo a tiempo... Aún está algo aturdido- El noveno ganador tenía el pelo rizado y marrón, un rostro joven y bonachón. Sus ojos, a pesar de la confusión, mostraban su experiencia en cientos de batallas que el Juego le había obligado a superar.
-Hola... gracias por salvarme- Logró decir mientras bajaba la cabeza- Lamento lo de tus amigos, no pudimos hacer nada. Estaba muy aturdido para usar mis poderes... si hubiera sido capaz de usarlos, la cosa habría sido muy distinta...
-He de irme- Dijo entonces Neurona con premura- Es posible que el que estaba cruzando el portal encuentre una manera de llegar hasta aquí con ayuda de los GM. Dentro de poco me comunicaré con vosotros y me contaréis qué demonios ha pasado.
Sin más dilación, el hombre abandonó la habitación. Hiedra se dejó caer al suelo y se llevó las manos a los ojos para contener las lágrimas. Thunder-Man se sentó en la cama mientras miraba al suelo, estaba muy impactado por lo sucedido. Una mezcla de culpabilidad y horror se instaló en su pecho. Sage se sintió tentado de dejarse caer sobre un sillón para descansar, pero su amigo le necesitaba. Se acercó al joven y posó su mano en el hombro.
-¿Por qué no me cuentas que pasó? Tal vez te ayude...- Hiedra conocía a Cosmos y a Dayana mucho más que él mismo. Sage había trabajo con ellos otras veces, y fue quien los reclutó, pero la gran mayoría del tiempo y entre misiones volvía a su hogar. Pero los otros tres solían mantenerse juntos. Hiedra levantó la vista, y su rostro ensangrentado estaba destrozado por la tristeza.
-Colarnos... fue sencillo. Gracias a la habilidad de Dayana y la mía, noqueamos a todo el personal que nos encontramos. Eran seres muy extraños, como borradores, pero sin su tremenda fuerza- Explicó- En muchas de las habitaciones no encontramos nada útil, pero sí cosas muy extrañas. Una esfera azul flotante que parecía un holograma... y experimentos de los GM, supongo. En otra había interminables hileras de tanques llenos con un líquido azul. Allí guardaban centeneras de personas, Sage- El relato de Hiedra hizo que un escalofrío bajara por la espalda del anciano. Entonces prosiguió- No tardamos en encontrar a Thunder-Man. Lo llevaban en una camilla metálica dos de las criaturas que te he dicho... los derrotamos y le hice despertar. Al principio no podía moverse, llevaba varias horas sedado, o algo así. Emprendimos el camino de vuelta... pero nos encontramos con un tipo altísimo, de casi dos metros.... vestido con un mono azul y gris que tenía un enorme Ocho dibujado en su pecho y espalda...
-Isaac...- Murmuró Sage. Hiedra asintió.
-Sí, nos hablaste de él, pero no fue hasta que lo tuve delante que comprobé lo intimidante que era su aura. Tenía le pelo negro y corto, y sus ojos azules eran fríos como el acero. Se interponía directamente en nuestro camino... pensamos que si atacábamos todos juntos, podríamos con él... pero no imaginas lo fuerte que era, el poder de los “ganadores” no se puede comparar al nuestro, Sage. Supongo que la experiencia de sobrevivir al Juego eleva su poder, no puedo encontrar otra explicación. Cuando nos dimos cuenta de que no lo lograríamos, Cosmos y Dayana lograron darnos una oportunidad. Me di cuenta de que si lograba traer a Thunder-Man... podría merecer la pena. Si este chico tiene un nivel similar al Octavo ganador... entonces ha merecido la pena...- Se decía una y otra vez, tratando de justificar lo que había ocurrido. Sage miró a Thunder-Man. Le costaba creer que un chico de veinte años pudiera albergar semejante poder.
-Bueno, supongo que es hora de que discutamos qué haremos de ahora en adelante...
De repente sintieron un aura de tremenda fuerza. Donde el portal había estado comenzó a aparecer una leve y brillante luz azul.
-¡Es él, es Isaac!- Exclamó Hiedra. Fue a levantarse del suelo, pero antes de que todos pudieran reaccionar, una enorme explosión sacudió el edificio. Cuando el polvo se disipó, Sage pensó que era un milagro que aún siguiera vivo. Entonces se dio cuenta de que estaba en el hombro de Thunder-Man.
-¿Qué, cómo has sido tan rápido?- Preguntó el anciano mientras le dejaba en el suelo. El ganador sonrió con algo de timidez y le enseñó su brazo, del cual surgió un chispazo.
-Poseo un elevado control sobre la electricidad... no es nada especial para mí- Expuso mientras miraba al hostal. De repente un montón de árboles surgieron por todos lados, en el centro se elevaba Hiedra, convertido en árbol y mostrando un poderoso aura verde mientras embestía. Otra persona recibió su ataque y lo bloqueó. Entonces una enorme explosión azul iluminó el cielo.
Cuando se disipó la nube de polvo vieron el panorama. Hiedra sangraba por aún más heridas convertido en árbol, parecía dispuesto a luchar. Frente a él flotaba un hombre alto y de pelo negro. El ocho dibujado en su mono no dejó lugar a dudas, era Isaac, el Octavo ganador, que se había abierto paso hasta su dimensión. El cuerpo le brillaba de un tenue color azul, como si irradiara permanentemente energía nuclear. Elevó el brazo y una extraña energía que parecía eléctrica tomó forma. Sage observó que aquella amalgama de energía era como un fluido, pero no se parecía a nada que hubiera visto antes. Isaac lo manipulo, liberando una ingente cantidad de energía. Hiedra trató de esquivarlo, pero la explosión fue enorme para lo pequeño que era el proyectil.
-Ese tío... controla el cuarto estado de la materia... de alguna manera es capaz de generar y controlar un plasma cargado con mucha energía- Explicó Thunder-Man a su lado. Era evidente que la experiencia que el Juego le había dado le ayudaba a entender esas cosas.
-Espera, tú también eres un ganador. Thunder-Man, ayuda a Hiedra, ¿podrás traerlo hasta mí? Voy a preparar mi energía. Si me das un minuto de margen, podré sacarnos de aquí usando mis poderes, ¿entendido?- El joven le miró y asintió.
-Los días de tormenta soy especialmente fuerte...- Dijo mientras el aire se agitaba a su alrededor. El cielo nublado comenzó a chisporrotear y todas las nubes descargaron a la vez poderosos truenos que confluyeron hasta el Noveno ganador. Toda la energía se arremolinó en el cuerpo del joven y estalló. Convertido en rayo, chocó a un tremenda velocidad contra Isaac, que logró bloquear el embiste.
Mientras los ganadores batallaban, Sage comenzó a concentrar toda la energía de la que era capaz. Mantener el portal durante tanto tiempo le había pasado factura, pero si no era capaz de sacarlos de allí, todos morirían a manos de Isaac... salvo que Thunder-Man fuera capaz de eliminarlo.
-Puño de la tormenta, ¡ah!- Exclamaba el Noveno mientras lanzaba golpes sobre su rival. Isaac permanecía frío mientras usaba su increíble velocidad para poner distancia. A Thunder-Man le costaba creer que alguien pudiera mantener su velocidad cuando estaba en la forma “tormenta”, pero entonces recordó que el plasma también es una forma de energía muy fuerte. El Octavo se posó en el suelo y tocó con sus manos las piedras.
-¡Alteración atómica!- El color azul de su cuerpo se propagó por los elementos destrozados del hostal. Todo lo que tocaba aquella luz se comenzó a derretir y a emitir vapor. Llegado cierto punto Isaac emitió un pulso eléctrico de color azul que impregno las rocas. Se elevó controlando toda aquella masa a su alrededor como si fuera agua. Pero no era agua, no. Era plasma- ¡Conversión de la materia!
Isaac salió volando hasta Thunder-Man, alguna capacidad de su poder le permitía levitar, al igual que al noveno ganador. El puñetazo cargado de plasma explotó al impactar sobre Thunder-Man, de no haber sido por los rayos que le imbuían, podría haber sido su final. “Es muy fuerte, y yo todavía estoy acusando los daños de mi última batalla en el juego... más vale que el anciano esté listo, no puedo darle más de unos segundos sin sufrir heridas serias...” pensaba. Isaac y él chocaron de nuevo en el aire. El plasma era muy superior a los rayos, pero la desesperación de Thunder-Man logró ayudarle a repeler ataques demasiado dañinos. Finalmente, el Octavo logró encajarle un directo en el estómago que lo mando a volar al suelo, donde una explosión azul terminó de destrozar el lugar.
Thunder-Man yacía ahora de espaldas. Los rayos habían agotado su energía y el “modo tormenta” agotaba su poder. Apenas le quedaban fuerzas. Isaac descendió.
-Noveno, asumiré que estás confuso, así que te lo diré ahora. Si te redimes ahora, los GM aún pueden aceptarte entre sus filas. Vamos, no seas necio, únete a nosotros- Dijo Isaac con una voz grave y poderosa. Thunder-Man se incorporó.
-Tu oferta es generosa, Octavo...- Logró decir entre dientes mientras escupía sangre. Isaac no sonreía, le miraba con una seriedad inaudita.
-Sin embargo, tu posible traición a los GM debe ser subsanada. Elimina a estos dos miembros de la resistencia, y consideraremos tu caso- Expuso Isaac sin pestañear. Thunder-Man no pensaba hacerlo, pero cualquier segundo que consiguiera, contaba. Llamó a las fuerzas que le quedaban y la electricidad le envolvió.
-Está bien- Respondió. Sin decir nada más, usó sus poderes y apareció al lado de Hiedra, que yacía inconsciente en el suelo. Sus heridas eran muy serias, y su poder sobre la madera y la vida no logró evadir el plasma de Isaac. Antes de que al Octavo le diera tiempo a procesar lo que estaba haciendo, recogió a Hiedra del suelo y salió volando a la velocidad del rayo hasta Sage- ¡Anciano, más vale que hayas logrado reunir las suficientes fuerzas!
-¡Dame la mano!- Sage elevó su mano derecha, tratando de tocar a Thunder-Man. Estaba al límite de sus fuerzas, y necesitaba sacarlos de allí, necesitaban ser transportados a muchos kilómetros, lejos de allí. Probablemente le dejaría secuelas, pero tenía que hacerlo. El Octavo ganador logró reaccionar a tiempo, y el plasma le envolvió al tiempo que salía propulsado a toda velocidad hacía Sage.
-No pienso permitiros escapar con vida.
Justo cuando Thunder-Man rozaba la mano del mentalista, Isaac lanzó un orbe de plasma que llegó hasta ellos y explotó, haciendo añicos toda el área. Cuando el polvo y la energía se disiparon, no quedaba nadie allí. Habían escapado.
Los tres aparecieron a las afueras de una ciudad. Sage se desplomó sobre el suelo, agotado. En el momento de usar sus poderes, sintió como si algo en su cerebro se desgarrara. Se había forzado al límite, y no podría usas sus habilidades en algunas semanas. Thunder-Man también se dejó caer. Recibir los impactos de Isaac no le fue fácil. El ataque final de su enemigo, además, les alcanzó parcialmente. Sin embargo, el que peor parte se había llevado fue Hiedra, sin ninguna duda. El joven tosió para, a continuación, lanzar un lastimero gemido. Sage logró acercarse hasta él y vio las tremendas heridas que tenía en el pecho y en el estómago. Le faltaba un brazo.
-Hiedra... Hiedra...- Susurraba. Él fuera la primera persona a la que logró salvar de las garras de los borradores. Le vio crecer desde que era un chaval, y había visto como desarrollaba sus poderes. Y ahora agonizaba frente a él. Mientras un profundo odio se instalaba en su corazón, hizo esfuerzos por no llorar mientras miraba a los ojos de su amigo. Hiedra le miraba con cariño.
-Sabes... en retrospectiva... debería haber hablado con Dayana antes...- Dijo mientras intentaba sonreír. Sage no sabía qué decir. Pero no hizo falta, pues los ojos del chico perdieron su brillo. El anciano le cerró los párpados y se dejó caer al lado de Thunder-Man.
-Yo... lo siento...- Dijo el joven. Sage no respondió. Miró al cielo, que apenas presentaba estrellas debido a la ciudad- Por cierto... ¿dónde estamos?
-Nos he llevado al sur de Burgos... hemos recorrido casi cien kilómetros... no me quedan fuerzas ni para moverme...
-No me extraña... has hecho algo increíble...


El Capitán Vasco escuchaba. Pero su padre no parecía querer decir nada más. Al cabo de unos minutos de silencio, finalmente habló.
-Nos quedamos dormidos allí mismo, estábamos agotados. Al día siguiente enterramos a Hiedra. Aunque yo no tenía fuerzas para casi nada, fue Thunder-Man quien hizo todo el trabajo- Sage bajó la mirada mientras recordaba todo aquello. El Capitán no sabía qué hacer, ni qué decir- Después de aquello, mis poderes no han vuelto a ser iguales. Ahora cuando los uso tengo terribles jaquecas, quizá forzarme tanto me rompiera de verdad algo en el cerebro...
-Yo... papá...
-No te preocupes. Es una historia vieja- Dijo el anciano- Debías conocerla. La crueldad de los GM. Y también que las ofertas que hacen Cerebro y Neurona... pueden conllevar grandes riegos si no estáis preparados. Durante muchos años Cosmos, Hiedra y Dayana se enfrentaron a un poder demasiado grande para poder medirse. Necesitábamos a Thunder-Man para aumentar el poder de nuestro bando. Pero perder a tantas personas a la vez fue demasiado. Me negué a participar en más misiones, ya estoy demasiado viejo... Pero al final todo lo que hicimos tuvo sus resultados, Thunder-Man logró ponerse en contacto con vosotros y dirigiros a Cerebro. Ahora está en vuestras manos lo que dejamos nosotros a medias.
-Derrotar a los GM, impedir que cosas como el Juego vuelvan a suceder... que las personas con poderes podamos vivir sin miedo a que seamos “seleccionados”...- Respondió el Capitán.
-Exacto. El resto de los I-Men se reunirán con Neurona, y él os explicará todo lo que tenéis que saber. Quiénes son, qué buscan... y por qué. Así que debes ir con ellos y ver con tus propios ojos a Neurona.
-Así lo haré... gracias por contarme todo esto, padre.


Un par de días después, Gravitta se levantaba con el sonido de su móvil. ¿Qué querría J.J a esas horas? Cuando fue a cogerlo observó que no conocía el número. “No puede ser, ¿quién será? Sólo J.J, Death y Irons tienen mi número...”. En seguida le pasó por la cabeza Revelación o el Guerrero Celeste, las únicas personas capaces de obtenerlo. Sin más dilación lo cogió, esperando que no se notara demasiado que estaba recién levantado.
-¿Sí? ¿Quién es?- Preguntó. Escuchó una risita al otro lado.
-Vaya, ¿te acabo de despertar? Imaginaba que a estas horas ya estarías levantado- Respondió una voz femenina. A Gravitta le costó ubicarla, el aparato distorsionaba bastante- Soy Erzzhia. Mi hermano consiguió tu número.
-Ah, entiendo- Entraba dentro de sus posibilidades, así que Gravitta no se sorprendió demasiado. Entonces reparó en que no tenía sentido aquella llamada- ¿Y, ocurre algo?
-No, no pasa nada. Pero recuerda que se supone que yo debo ayudarte a recuperar tu capacidad de sentir... y todo eso- Dijo ella, algo aturullada. El hombre se puso algo nervioso al pensar en ello.
-Cierto... ¿Y en qué habías pensado?- Preguntó. Escuchó al otro lado un pequeño silencio seguido de un ligero suspiro.
-Pues, tengo algunas ideas. Pero creo que deberíamos quedar y vernos. ¿Qué te parece esta tarde? Sé que es algo repentino pero...
-No, no, está bien. No sabemos de cuanto tiempo dispondremos en la Tierra... así que esta tarde nos vemos- Respondió Gravitta con una ligera sensación de vértigo en el estómago. ¿Por qué quedar con una chiquilla le preocupaba tanto?
Aquella tarde apareció frente a una de las puertas del Retiro, uno de los mayores parques de Madrid. Al menos de los más antiguos. No vivía particularmente cerca de allí, pero Erzzhia le había dicho que era lo mejor. Debido el frío de Diciembre llevaba su preciada chupa de cuero y una bufanda azul. No tuvo que esperar demasiado, la chica apareció en seguida por la calle. Fuera del juego las cosas parecían extrañamente normales. Ahora ella era sólo una pequeña chica de secundaria, mientras que él era un adulto anónimo.
-¡Hola! ¿Qué tal?- Saludo Erzzhia con una sonrisa mientras le daba unos besos en las mejillas. El pelirrojo se sintió incómodo casi al instante.
-Bien. ¿Y tú?- Logró decir. Antes de que ella respondiera miró a ambos lados de la calle. Por alguna razón no era capaz de relajarse. Buscaba enemigos, o a alguien sospechoso. Erzzhia se dio cuenta y le tocó el brazo.
-Tranquilo. Aquí no hay peligro- Dijo- Entiendo que tiendas a desconfiar de todo pero, la verdad es que la mayoría de la gente no te mirará ni dos veces. Supongo que es algo triste, ¿no?
-Si tú lo dices... ¿Cuál era tu idea?- Preguntó él, sonando terriblemente frío. La chica no parecía muy satisfecha con cómo había comenzado aquello, de manera que negó con la cabeza y comenzó a andar.
-Sígueme, vamos. Te llevaré a una cafetería.
-¿Vamos a tomar café? ¿Qué tiene eso que ver?- Gravitta estaba confuso. Asumía que él no sabía nada, pero estaba casi seguro de que una simple cafetería no le ayudaría. La sonrisa de Erzzhia le ayudó a despejar las dudas.
-Ya lo verás.
Entraron en una cafetería que había en la esquina más cercana y cogieron una mesa cerca de las ventanas. Tras pedir dos tazas de café y un trozo de pastel, se quedaron sentados mirando pasar a los viandantes. El camarero no tardó mucho en llevarles el pedido. Gravitta esperaba con paciencia que la chica comenzara con el “tratamiento”, pero ella se limitaba a tomar el café mientras comentaba banalidades. Al cabo de casi media hora el científico comenzaba a perder la paciencia. Erzzhia lo notó y posó su mano sobre la del otro.
-Vínculo de nivel dos...- Murmuró. Al instante Gravitta sintió los sentimientos de tranquilidad y paz que experimentaba en ese momento la chica. Ella le miró con esos profundos ojos verdes- Creo que deberíamos empezar porque pudieras relajarte. Tras tu historia me di cuenta de que siempre has vivido en un ambiente hostil, y rodeado de enemigos y de gente cuya desconfianza era dudosa. Pero a pesar de todo, debes poder relajarte. Cuando uno se libera de la tensión que lo atenaza, su mente se aclara. Venga, inténtalo.
Le soltó la mano y al instante los sentimientos de Erzzhia desaparecieron de su corazón. Y entonces se percató de lo que la chica decía. Notaba como se agazapaba en tensión, esperando un ataque en cualquier momento. Con algo de esfuerzo se acomodó en el sillón y relajó la espalda. Tomó un sorbo de café y miró alrededor tratando de no pensar demasiado en sus problemas. De repente su ceño ya no estaba fruncido y veía todo con más nitidez. Por primera vez en mucho tiempo sentía que su carga era menos ligera.
-Vaya... ya entiendo mejor a lo que te referías- Susurró- Perdona por mi impaciencia.
-No pasa nada- Contestó ella sonriendo- Ahora que estás más relajado pasaremos a la parte más interesante. He hablado con algunos de los I-Men. Entre todos he recopilado una gama de sentimientos característicos... y los tengo almacenados en mi memoria gracias a mi poder. Te haré sentir algunos, y probarás a recordar un momento de tu vida donde hayas sentido algo parecido. Así, poco a poco, abriremos tu corazón...
-Ya veo... no suena tan mal- Respondió el hombre mientras una vaga sonrisa se dibujaba en su rostro. Cuando se dio cuenta de ello se sorprendió. Tal vez aquello sí que funcionara.
Así pasaron varias horas. Ella le mostraba emociones y sentimientos y él recordaba y narraba a su compañera en qué consistían. Así fueron sacando lentamente a la luz los sentimientos del científico. A pesar de todo, no era nada fácil. Cada poco se saturaban y tenían que tomarse un descanso. Durante los descansos aprovechaban para charlar de cualquier cosa. Gravitta comenzaba a entender a qué se refería Eliart, pero sentía que le quedaba un gran camino por delante. Cerca de las ocho comenzó a caer una ligera llovizna. Con las tazas vacías miraban a la oscura noche, resguardados y a salvo dentro del local.
El pelirrojo miraba a su compañera. Ahora que se entendía algo mejor a sí mismo y a los demás, comenzaba a sentirse menos prisionero de su pasado, lo que le permitía mirar al futuro. Mirando a Erzzhia no pudo evitar fijarse en la luz que desprendía, como si fuera un faro en medio de una noche tormentosa. Despejó esos pensamientos mientras la oscuridad del juego ocupaba su mente. Entonces ella le miró y le sorprendió observándola.
-Bueno, parece que ha sido suficiente por hoy. ¿Qué te parece si volvemos a casa?- Sugirió ella mientras reprimía un bostezo. Él asintió.
-Sí, creo que será lo mejor.
Pagaron la cuenta y comenzaron a andar pegados a los edificios para evitar la lluvia. Esto los obligó a ir muy pegados, cosa que para sorpresa de Gravitta, no le molestó. Cuando pasaron cerca del Retiro vieron a una figura corriendo bajo la lluvia. Era Eliart, que estaba entrenándose, cómo no. Al ver a la pareja se acercó.
-¡Hola! ¿Cómo estáis?- Preguntó entre jadeos.
-Acabamos de tener una sesión para ayudar a Gravitta con su problema- Explicó la chica. El líder de los I-Men asintió y palmeó la espalda del científico.
-Ya veo. Yo he quedado con Shadow y J.J. Puede que se venga también Celestina, vamos a entrenar un poco. ¿Por qué no os venís?- Sugirió el hombre mientras su enorme sonrisa le iluminaba la cara. Erzzhia no parecía muy conforme.
-La verdad es que yo tengo cosas que hacer- Respondió escuetamente. Gravitta se lo pensó más. Le pilló por sorpresa que J.J estuviera quedando con los demás por propia iniciativa, y decidió que sería buena idea sumarse.
-Yo iré con vosotros. Ahora que trabajamos juntos será mejor estrechar lazos, ¿verdad?- Dijo con una sonrisa ladeada. Eliart se cruzó de brazos.
-Je, ya veo que fue buena idea dejarte a cargo de Erzzhia, ¿eh? Bueno, pues entonces nos veremos en unos días- Finalizó el líder mientras se despedía de la chica y echaba a correr al parque del Retiro- ¡Sígueme Gravitta!- Exclamó.
-Bueno, he de irme. Gracias por todo esta tarde- Se despidió el pelirrojo mientras hacía ademán de querer irse. Entonces Erzzhia le sujetó un instante de la manga.
-No hay de qué. Te llamaré dentro de poco para repetirlo, ¿vale?- Entonces se acercó a él y le dio un cálido beso en la mejilla para luego echar a andar mientras le lanzaba una mirada rebelde- Adiós.
Algo confuso, Gravitta echó a correr detrás del líder de los I-Men. La lluvia le mojó casi al instante, pero no le importó. Por primera vez en mucho tiempo sentía algo parecido a la felicidad. La sombra de Eliart se dibujaba contra las farolas y el científico le seguía a varios metros. Entraron en el parque y se llenaron las bota de barro. El pelirrojo apretó la marcha hasta alcanzar a su rival y le dio un empujón. Eliart sonrió al mirarle y se lanzó sobre él. Tras diez minutos de persecución llegaron donde los demás. Shadow Y J.J los esperaban mientras entrenaban el combate cuerpo a cuerpo.
-Oh, ¡hola Eliart, Gravitta!- Saludó el moreno. J.J les dedicó una breve reverencia mientras volvía a la postura de combate. Les comentaron por encima el entrenamiento que estaban realizando y se sumaron. No tardó en llegar Celestina equipado con un chándal verde.
-¡Vamos a darle caña!- Exclamó.
Pasaron un par de horas trabajando todos juntos en diferentes ejercicios. El más rápido en carrera fue el Guerrero, mientras que los que mayor fuerza física demostraron fueron Eliart y Shadow, quedando bastante parejos. En cuanto a técnica de combate, J.J era sin duda el más diestro. El campo en que destacaba Gravitta era a la hora de predecir los movimientos de su rival y desarrollar tácticas que le permitieran ganar. Sobre las diez entraron a un local de comida rápida para descansar. Eliart sonreía, muy feliz por aquel día.
-En cierta manera es bueno que cada uno tenga sus propias competencias. Al trabajar en equipo podremos sacar lo mejor de cada uno y salir victoriosos- Expuso el manchego mientras ordenaban algo de comida.
El Guerrero Celeste le daba vueltas al asunto del ganador. Un extraño miedo se alojaba en su pecho. Cada vez quedaban menos jugadores, y pronto les tocaría enfrentarse entre ellos si querían ganar y enfrentarse a los GM. Les planteó las dudas a sus compañeros.
-¿Cómo creéis que Cerebro pretende sacarnos del Juego? Si todo sigue como hasta ahora tendremos que acabar los unos con los otros. Me pregunto qué plan tendrá, o si es que tiene alguno- Dijo. Gravitta se llevó una mano a la barbilla.
-Me comentasteis que logró crear dimensiones alternativas sin que los GM se percataran, ¿no es así? Es posible que esté trabajando en un método de remover el control que ejercen sobre nosotros- Respondió el científico.
-Sí, quizá conoce un método para evitar que nos transporten de un mundo a otro a su antojo. Si somos capaces de evitar eso y que nos localicen aquí, creo que podríamos empezar a movernos, reuniendo aliados y preparándonos para la batalla- Secundó Shadow. Eliart asentía.
-Es probable, pero no creo que debamos calentarnos demasiado la cabeza. En un par de días nos veremos la cara con Neurona. Él responderá a estas preguntas- Asumió el líder mientras trataba de tranquilizar a los demás.

Tras un par de argumentos más, al final la charla se fue por derroteros más distendidos. Pero el Guerrero no dejaba de atormentarse por esos pensamientos. A su mente viajaron varios rostros. Argem, un chico inocente que había caído víctima del juego. Holy, su compañera y amada, que había sido cruelmente asesinada por Dimitri en la ciudad. Llama Helada, obligado a suicidarse por culpa de Mentalizer. Demongirl, perdiendo el control sobre sus poderes debido a la presión de las batallas. Y por último su hermana, que también estaba atrapada en el Juego. Miró a Gravitta de reojo con algo de reticencia. Le había aceptado como compañero porque era lo mejor, pero a pesar de todo no podía dejar atrás del todo el pasado. Sabía que quizá no era lo correcto, pero él necesitaba más para aceptar la redención de su antiguo enemigo.

viernes, 4 de agosto de 2017

Capítulo 55 - 'Los Nuevos I-Men'

Eliart abrió los ojos. De nuevo aquella vertiginosa sensación de ser teletransportado le sobrevenía. A pesar de todo, estaba comenzando a acostumbrarse. No pudo decidir si eso era algo bueno o malo. Aquella vez había aparecido en medio de la calle, de noche. Se preguntó si los GM tenían algún modo de asegurarse de que nadie les viera. Al fin y al cabo, si alguien aparece de la nada frente a ti, algo sospecharías. No tardó en identificar la calle y comenzar su camino a casa. Al menos esta vez estaba más cerca que la última.
Mientras andaba se percató de que las temperaturas estaban bajando y él iba en mangas de camisa. Aún así no le preocupó demasiado, Isidoro no era una persona friolera, precisamente. De hecho su mente estaba centrada en otras cosas que requerían su atención. En primer lugar, ¿habría funcionado la idea de Gravitta para traer a Kya de vuelta a la Tierra? Al pensar en Gravitta una sensación le bajó por la espalda, como un escalofrío. Sentía sobre sus hombros la responsabilidad de enseñarle lo que era un verdadero amigo... y al mismo tiempo lidiar con las reticencias de sus amigos. A pesar de todo, sonrió, pues creía que podría salir adelante de aquella situación sin demasiadas complicaciones.
Por otro lado estaba el asunto de Cerebro. Justo antes de volver al Juego se encontraron con una misteriosa figura en un callejón sucio y oscuro. Eliart recordó con frustración el momento en el que los GM les reclamaron para volver a aquel ridículo juego. “Me pregunto si seremos capaces de contactar con Cerebro por nuestra cuenta. La última vez aquel tipo fue porque había quedado con Thunder-Man... Pero no tenemos manera de comunicarnos. ¿Quizá debamos confiarle la tarea al padre del Capitán, Sage? Lo mejor será que organicemos cuanto antes una reunión”, meditaba. De repente cayó en la cuenta de algo. ¡Gaia!
¿Cómo podía haber pensado en cualquier cosa antes que en ella? Eliart tenía la mente muy dispersa. Las responsabilidades se acumulaban a su alrededor y le emocionaban tanto, que a veces podía parecer que olvidaba las cosas más importantes. Pensó entonces en su querida rubia y en sus bellos ojos. Y en la muerte de Demongirl, y en su enfado con todo el asunto de Gravitta. Un sentimiento de desasosiego se instaló en el estómago del joven manchego. Debido a los últimos acontecimientos su relación con la defensora de la naturaleza estaba pasando por un mal momento.
-Lo superaremos- Se dijo a sí mismo en voz alta mientras el Sol salía, al fin. No tardó en llegar a casa y echarse un rato a dormir. Cayó rendido en un sueño profundo.
Varias horas después se levantó como nuevo, nunca había necesitado dormir demasiado. Mientras se hacia algo para comer revisó el mail. Un mensaje de Celestina parpadeaba. Por la hora de llegada lo debía de haber mandado justo nada más llegar. Decía así:
Saludos I-Men. Me he comunicado con Revelación lo más rápido que he podido y hemos decidido convocar una reunión mañana en casa de Revelación, a las 18:00. Aunque muchos no podáis venir, hemos de hacerla, no podemos perder tiempo y arriesgarnos a ser devueltos al Juego.
Sin siquiera una despedida y bastante conciso. Eliart pudo apreciar cierto nerviosismo en el tono del Guerrero en aquel mensaje. ¿Qué le preocuparía? ¿Tal vez Gravitta, o su hermana? ¿El Juego, todo a la vez? Eliart se anotó mentalmente la tarea de hablar con su amigo y se preparó para el día que le esperaba, ahora que había vuelto a su hogar las responsabilidades le acechaban como lobos hambrientos.

Gaia se encontraba ahora mismo en su habitación. Era mediodía y miraba con angustia la cama de Demongirl, pues compartían cuarto. Un increíble dolor la atenazaba, impidiendo que se moviera de la cama. Su estado de ánimo seguía un ciclo curioso. Primero se enfadaba consigo misma por todo lo que había pasado, si hubiera sido más fuerte su hermana no tendría que haber intervenido. Luego sobrevenía el dolor, y las lágrimas acudían a sus ojos, como un río que deseara abrirse paso a través de un bosque. A veces las dejaba pasar, las demás las contenía como mejor podía. Por último, una vez superado el dolor, una rabia como el fuego le quemaba dentro. Gaia culpaba a Gravitta por todo lo sucedido, a pesar de que este se defendía diciendo que era la naturaleza del juego, y alegando que nadie les había obligado a pelear contra ellos. Fue decisión de los I-Men. Y ahí precisamente es donde la rabia se acrecentaba, porque en el fondo la chica sabía que el científico tenía razón. Sabia que, en cierta manera, era injusto culparle.
Pero como le odiaba.
Y lo peor de todo es que Eliart no parecía entenderla. ¿Es que acaso aquel desconocido era más importante que ella misma para él? ¿Por qué estaba tan dispuesto su “amado” a echarle una mano a ese loco, y no a ella? Todas esas preguntas se juntaban dentro de ella, causando frustración, pues no lo entendía. Una vez superado todo eso, cuando levantaba la vista, veía la cama de su hermana. Y la culpa volvía, y así se repetía el ciclo de nuevo.
En su mesilla de noche estaba el portátil abierto y encendido. En su pantalla se veía el mensaje de Celestina abierto. Gaia lo leyó con los ojos hinchados y el estómago se le encogió al pensar en volver a verlos a todos tan temprano. No podía. Ahora no se sentía capaz de volver a pensar en ello, era demasiado para su espíritu. No se sentía capaz de mirar a los ojos a Eliart sin antes aclarar qué es lo que le pasaba a ella misma. Y, además, estaba la cuestión de si Gravitta iría o no.
La rubia volvió a la cama y se puso los cascos con la música al máximo. Tal vez luego pensaría en todo aquello. Ahora necesitaba estar a solas con sus pensamientos.

Gravitta colgaba entonces el teléfono.  Eran casi las cinco de la tarde y había comido hace poco. J.J le había facilitado la localización de Revelación, pero fue el místico quien le llamó utilizando el aparato. Al parecer los I-Men se reunían aquella tarde para discutir sus siguientes movimientos y para hablar de un tal “Cerebro”. El místico le dijo que el Guerrero Celeste les habían enviado a todos un mail. Se preguntó si a él también le habría llegado y encendió su ordenador. Su sorpresa fue mayúscula cuando observó que, efectivamente, él también lo había recibido.
-Hm, vaya. Supongo que eso significa que, aunque no le guste del todo, acepta mi presencia. Me pregunto si eso significa que soy un “I-Men”, o como lo llamen- Gravitta no podía evitar pensar que aquel nombre era ridículo. Pero era la esencia del grupo. Lo cierto es que no le interesaban demasiado los demás, su principal interés estaba en lo que Eliart le había prometido. Pero asumía que el resto eran algo necesario para avanzar en su búsqueda de sí mismo. Quizá le aportaran algo más de lo que él sospechaba.
Sacudió la cabeza y negó. Él no entendía realmente cómo funcionaba todo aquello, precisamente por eso Eliart era fundamental. “Sólo me dejaré llevar, al fin y al cabo si he aceptado su ayuda, es porque yo solo no puedo con ello”, reflexionaba. Miró al hora y se dio cuenta de que el momento de al reunión se acercaba a toda velocidad. Decidió que lo mejor sería partir cuanto antes, la curiosidad que sentía era abrumadora.

Eliart llegaba en esos momentos frente al portal de la casa de Revelación. Ya habían celebrado una reunión allí antes, de manera que fue a marcar el número en el telefonillo. Justo cuando iba a hacerlo, la puerta se abrió con un característico sonido, era el místico, que sabía que su amigo iba a llamar.
-Ventajas de ser un vidente- Susurró el líder de los I-Men mientras entraba y se dirigía al ascensor. Al llegar arriba enseguida encontró el salón principal de Revelación, donde varios equipos electrónicos se acumulaban. Había al menos dos o tres ordenadores. Y allí estaba ya el Guerrero, atrincherado detrás de su portátil, que estaba conectado a los equipos del anfitrión. Al escuchar los pasos del manchego levantó la cabeza.
-Oh, hola Eliart- Dijo a modo de saludó y sonrió. Al instante borró la sonrisa de su rostro, como si hubiera recordado que estaba enfadado por algún motivo. Aquel detalle no se le escapó a Eliart.
-Hola, amigo- Devolvió el saludo. De una de las puertas, que daba a un largo pasillo, salió Revelación con ropa algo informal y su cetro. Una combinación algo extraña.
-Bienvenido camarada. ¿Qué tal el día? No me respondas, ya sé que bien. El mío también, ya sabía que ibas a preguntarme- Dijo a toda velocidad mientras detrás de él se oían unos pasos. Eliart fue a hacer una pregunta, pero de nuevo le cortó- Oh, son las chicas. Waver, Garra y Erzzhia. Erzzhia llegó con su hermano, y las otras dos al parecer viven cerca la una de la otra.
-Tío, a veces es difícil tener una conversación contigo, ¿lo sabías? Ja, ja, ja- Respondió el líder al final. Las chicas salieron del pasillo al salón y fueron saludando al joven. Se sentaron en las sillas que rodeaban a la mesa central, que era de cristal, y miraban la gran pantalla gigante que había en una de las paredes. El Guerrero reparó en la dirección de la vista de Eliart.
-No, no parece que el Capitán pueda unirse hoy por videoconferencia. No ha contestado ninguno de mis mails, así que no los ha leído, o ha hecho caso omiso- Explicó el hacker mientras se afanaba en buscar datos en la red.
-Ya veo, supongo que ya poca gente faltará por venir- Dedujo el líder. Justo en ese instante Revelación abrió la puerta. Un segundo después, llamaron al timbre.
Al cabo de un par de minutos, Shadow y Kya aparecían en la estancia, saludando a todos y tomando asiento. Al parecer Gravitta lo había logrado, había traído de vuelta a la mujer gato. Revelación repartió algo de bebida y miró el reloj. Eran las seis en punto, la hora acordada. Eliart pensó en levantarse para hacer una introducción a la reunión, pero entonces el místico levantó una mano.
-Un segundo, compañero. Aún queda una persona por llegar- Explicó de manera misteriosa. Y así fue, al cabo de unos instantes abrió de nuevo la puerta y en la casa de Revelación entró el mismísimo Gravitta, con su expresión huraña.
Eliart se levantó y le saludó, de igual manera lo hizo Revelación. Shadow y Kya sonrieron, pues el pelirrojo había sido crucial para traer de vuelta a Kya a la Tierra. Garra y Erzzhia no mostraron ninguna emoción, ellas no conocían en ningún sentido al científico, de manera que simplemente saludaron con la mano. La reacción de Waver fue algo más agresiva, negándose a mirarle. El Guerrero se revolvió en la silla y cruzó una fría mirada con él.
-Hola a todos- Saludó casi en un susurró y se fue a sentar enfrente del Guerrero en la mesa de cristal. Todos salvó Eliart tomaron asiento. El manchego trataba de disimular, pero lo cierto es que la presencia de Gravitta le transmitía cierta esperanza. Aunque, al mismo tiempo, la ausencia de Gaia no le tranquilizaba demasiado. Miró en dirección al místico, y este, leyéndole le pensamiento, negó con la cabeza. “No vendrá”, parecía querer decir. Eliart asintió y comenzó a hablar.
-Buenas tardes a todos, I-Men- Empezó- Algunos, como Erzzhia, Garra, Kya o Gravitta, no están al tanto de nuestros movimientos aquí en la Tierra, así que antes que nada me gustaría explicarles qué es lo que hemos descubierto hasta ahora- El líder le pidió al Guerrero que proyectara en la pantalla gigante el blog que descubrieron en su primera visita a la Tierra, y además les narró por encima la aventura que les llevó a luchar contra un Borrador y ver la muerte de Thunder-Man- Fue el antiguo ganador el que nos explicó que había quedado con Cerebro, aquel que le rescató de los GM. Por desgracia el día que habíamos quedado, y justo antes de encontrarle, fuimos traídos de vuelta al juego. De manera que nuestro primer objetivo ahora que estamos aquí es encontrar a Cerebro y comunicarnos con él, desde luego tiene muchas respuestas para todas nuestra preguntas.
Entonces Eliart se percató de que Gravitta tampoco sabía que fue Cerebro quien les había ayudado con su entrenamiento en el Juego, de manera que procedieron a explicarle qué es lo que sabían de él y de Northern Sage. Entonces el Pelirrojo se levantó.
-Ya veo, es muy útil toda la información que habéis recopilado, ahora debería deciros qué es lo que yo he encontrado- De manera superficial el científico describió cómo había analizado el sobre y la carta que le llevó al faro, hasta determinar su procedencia- De manera que fui hasta Londres y encontré la supuesta empresa que envió las cartas, una tal GaMers Corporation. Cuando accedí a las instalaciones estas estaban completamente vacías. Habitaciones llenas de mesas y sillas... pero ni un alma las ocupaba. Es evidente que se trata de una empresa fantasma. La única persona que había era un empleado de la limpieza que además vigilaba el único ordenador que funcionaba. Desde esa terminal se imprimían las invitaciones... pero lo más extraño es que ni si quiera estaba conectado a la corriente eléctrica. Tras un análisis algo superficial me di cuenta de que aquel aparato tan sólo era el recepto de algo que ni si quiera estaba en la Tierra.
-¿Quieres decir que...?- Preguntó Shadow.
-Sí, los GM, sean quienes sean, no están en la Tierra- Afirmó el científico- Probablemente se encuentren en el Juego. En algún rincón, escondidos- Revelación se llevó una mano a la barbilla.
-Estos datos me abren mucho los ojos...- El pelo se le agitó levemente sobre los hombros- Creo que tienes razón, los GM no se encuentran en la Tierra. La providencia es clara al respecto, aunque tampoco están en el Juego. No sé muy bien como interpretar lo que mi ojo interior ve- Erzzhia asintió, desde que había desarrollado un vínculo espiritual con Revelación compartían de alguna manera las visiones del místico, ampliando su exactitud.
-Mis intuiciones siguen también el rumbo de las de Revelación- Secundó. El Guerrero mordía un bolígrafo mientras tecleaba a toda velocidad.
-Pues tenemos un problema, Eliart- Explicó- No logro encontrar absolutamente nada del tal Cerebro del que nos habló Thunder-Man. Ni si quiera cuando investigué su ordenador hallé nada que mereciera la pena reseñar. No sé ni como se comunicaban. Ahora mismo sigo rastreando Internet, a ver si alguna luz aparece al final del túnel, pero no pinta bien- No parecía muy animado- Dejadme la búsqueda a mí, será mejor que sigamos con los siguientes puntos de la reunión.
Eliart asintió, pero fue esta vez Waver quien se levanto mientras Gravitta se sentaba. La adolescente parecía algo nerviosa.
-Yo... bueno, tengo que contaros algo muy extraño que ha estado pasando- Comenzó- Anoche llegué temprano a casa, y nada más hacerlo fui a mi cuarto, donde guardo algunas fotos de la familia y... Llama Helada no aparecía en ninguna de ellas. Era como si hubiera desaparecido sin dejar ningún rastro- Los demás se miraron, preocupados- Pero ahí no acaba la cosa. Esta mañana les pregunté a mis padres sobre él, y tampoco recordaban nada... incluso he llegado a dudar de todo lo que creía.
Unas lágrimas amenazaron con llegar a sus ojos, pero se mordió le labio y frunció el ceño con determinación. Kya parecía asombrada, mientras que el Guerrero y Shadow abrieron los ojos como platos. ¿Era si quiera posible? Gravitta pensaba.
-Vaya, eso demuestra que el nivel de poder que ostentan es considerable. Borrar de la memoria hasta ese nivel es demasiado. Creo que hay algo que se nos escapa en todo esto, pensadlo bien, un poder de alterar la realidad hasta ese punto es algo... inconmensurable. ¿Cómo derrotaremos algo así?- Expuso mientras su cabeza volaba. Waver le miró con furia, pero la tristeza que sentía por su hermano era más fuerte. ¿Cómo podía odiar a Gravitta cuando la fuente de toda su frustración era culpa de los GM? Pensándolo bien, alguien tan fuerte como el científico era precisamente lo que necesitaría para llevar a cabo su venganza.
-Entiendo, es algo preocupante. Creo que esto sólo confirma que necesitamos desesperadamente a Cerebro. Si ha sido capaz de colar en el Juego entidades capaces de entrenarnos y de mantener varias dimensiones abiertas... quiere decir que puede competir en cierta medida con el poder de los GM. Guerrero, no quiero presionar, pero dale caña- Dijo Eliart. Celestina asintió.
-No te preocupes, estoy a tope- Dijo sin levantar la mirada de la pantalla. Eliart suspiró, ahora llegaba el tema más delicado que quería compartir con los I-Men. El asunto de qué hacer con Gravitta y los demás, J.J y Death.
-Bueno chicos, ahora que Gravitta está aquí con nosotros, creo que os merecéis una explicación, ya que quizá os resultara algo extraña la decisión que tomé en el Juego- Waver y el Guerrero se revolvieron en sus sillas. El científico le miró extrañado, no había hablado con él antes de decir nada de eso- Gravitta, creo que deberías compartir tu historia con los demás. Si conocen tu pasado y tus motivaciones tenderán más a aceptarte. Perdona por no consultarte, pero estarás de acuerdo conmigo en esto.
-Ah... qué remedio. Si de verdad crees que es necesario- Suspiró el hombre mientras se ponía de pie. El domador de viento dejó de mirar la pantalla. Celestina siempre había cuestionado la decisión de Eliart, y le parecía importante conocer al que ahora decía llamarse su aliado. Gravitta narró la historia de su vida tal y como lo hizo con Eliart, aunque entrando en menos detalles. Para él fue complicado, no estaba acostumbrado a abrirse, y menos ante tanta gente, pero había aceptado seguir  a Eliart, ahora no podía echarse atrás. Finalmente el Guerrero no lo soportó más y se levantó cuando acabó la narración.
-Lo siento Gravitta, pero no te entiendo. Vale, eres un jugador más. Hasta ahí lo entiendo, pero no sé si puedo perdonar todo el daño que nos has hecho. Y toda esa historia que cuentas... no me lo creo, es demasiado... ¡de ciencia ficción!- Exclamó. Eliart trató de mediar, pero la glaciar mirada que le dirigió el científico lo retuvo en su sitio.
-¿Qué dices? ¿Que no te lo crees? Lo que ocurre es que no lo comprendes, en tu cerebro no cabe la posibilidad de que no todo sea de color rosa. Yo tuve una vida como la tuya, pero se descarrió de la peor manera. Jamás podrás sentir lo que yo he sentido- Respondió de una manera heladora. El viento comenzó a remover el pelo del Guerrero, debido a la furia. De pronto Erzzhia se levanto, roja como un tomate.
-¡Ya basta, deteneos!- Gritó lo más fuerte que pudo, lo cual no fue mucho- ¡Gravitta, hermano, parad! Creo que aquí lo que falta es comprensión.
Se acercó hasta ellos y les tomó de la mano.
-¿Qué?- Preguntó el pelirrojo.
-¿Qué haces, hermana?
-Ahora lo verás. Vínculo de nivel dos, ¡conexión!- Dijo mientras se concentraba en su poder. Al utilizar su segundo vínculo las personas conectadas compartían sentimientos. Las emociones que navegaban en lo profundo de Gravitta fueron hasta el Guerrero. Y la incomprensión, las dudas y el miedo viajaron hasta el corazón del científico. Durante unos instantes vieron el corazón del otro. El rostro de Celestina se horrorizó al tiempo que un nudo en la garganta se formaba, al experimentar todo lo que el otro había vivido. Le miró con un nuevo respeto. A su vez, Gravitta abría los ojos y unas lágrimas comenzaban a asomar a su cara. ¿Qué eran aquellos sentimientos? Él también había tenido una hermana, al igual que Celestina, de manera que sus sentimientos le llegaron de manera más profunda.
Fue tan sólo un instante, pero cuando Erzzhia cesó el contacto el silencio se apoderó de la habitación. Ambos se miraron, esta vez sin ganas de pelear.
-Yo... perdona. Por ahora aceptaré que vengas con nosotros- Se disculpó el Guerrero. Gravitta negó con la cabeza.
-No, tranquilo, yo también lo siento. Esto... es extraño. Ahora entiendo mejor como te sientes- Una extraña luz se veía en los ojos de Gravitta- Creo que ahora entiendo a qué te referías Eliart, tienes razón, no entendía nada.
-Je- Eliart sonrió- Bueno, pensaba proponer que Erzzhia se encargara de ayudar a Gravitta con todo este asunto, ¿os parece bien a todos?- Nadie se opuso, pero fue la afirmación de Revelación el que terminó de decidirlo.
-¡Genial! No te preocupes, ya verás como lograremos que puedas volver a sentir como una persona normal- Dijo Erzzhia alegre mientras cogía del brazo a Gravitta. El hombre no sabía muy bien como reaccionar y se sonrojó, en parte porque los efectos del poder de la chica aún estaban sobre él.
-Eh... sí, claro- Acertó a decir.
Mientras todos se sentaban de nuevo, Eliart comenzó a dar por finalizada la reunión mientras todos hacían unas últimas reflexiones sobre lo que habían hablado hoy. La mayoría tenían mucha información que digerir. Mientras tanto, el Guerrero navegaba en su ordenador. Pasaba volando de una página web a otra, para luego configurar su búsqueda de nuevo. Utilizaba cualquier truco que se le ocurría, pero no daba frutos.
Hasta que, de repente, le llegó un mail con el asunto “Cerebro”. Ahogó un grito y lo abrió. Revelación lo sintió al instante y mandó callar a todos.
-¡Celestina! Acabo de sentir algo, ¿has descubierto cómo contactar con Cerebro?- Preguntó. Todos miraron atentamente al hacker. Este abrió la boca mientras leía el mail.
-He recibido un mensaje de un subalterno de Cerebro, dice: I-Men, me consta que habéis vuelto del Juego hace poco. Te contacto a ti, Guerrero Celeste, pues así me lo ha indicado Cerebro, mi maestro. Me llamo Neurona, y era el contacto de Thunder-Man con Cerebro. He borrado el registro de este mail, espero que uses tus habilidades para terminar de borrar su rastro por la red. No respondas. Nos veremos en cinco días en el mismo lugar de la última vez. Misma hora- El Guerrero cogió aire y miró a los demás.
-Esto es... ¡Increíble!- Exclamó Eliart- Bueno, Revelación, trata de hacerle saber al Capitán todo lo que hemos hablado, yo intentaré decírselo a Gaia. Tú informa a J.J y Death, Gravitta. Ahora somos todos un equipo.
-Entendido- Gravitta asintió, en seguida se dio cuenta de que su situación dentro del equipo implicaría dejar de ser el líder para cederle el puesto a Eliart. Pero no le importó demasiado, ahora estaba demasiado preocupado por todo lo que ocurría dentro de él como para darle importancia. Por una vez su sentido en la vida, su venganza, no parecía tener tanto sentido.
-Revelación, seguramente el Capitán haya hablado con su Padre, con Sage. Seguramente ha descubierto muchas cosas sobre Cerebro que nosotros desconocemos, es importante que habléis cuanto antes.
-Así se hará, Eliart. Intentaré convencerle para que venga aquí, a la reunión con Neurona.
Así dieron por finalizada la primera reunión de los I-Men tras su segunda vuelta a la Tierra. Cada uno puso rumbo a su cada mientras montones de ideas les volaban por a cabeza.

La noche en que todos volvieron a la Tierra, Irons lo hacía también. En su caso, apareció muy cerca de su vivienda. ¿Quizá los GM mejoraban la precisión con cada viaje? Bueno, aquello era un asunto secundario. Ahora lo prioritario era ponerse a trabajar cuanto antes en su proyecto. Pulsó un botón de su guantelete en el brazo izquierdo y la armadura se camufló, haciéndose invisible y proyectando ropa normal. Era un prototipo de camuflaje que permitía a Irons llevar siempre su armadura y, al mismo tiempo, poder pasar desapercibido. En menos de cinco minutos entraba en su mansión.
Nada más entrar se percató de algo extraño, las luces al fondo de uno de los pasillos estaban encendidas. Cuando cerró la puerta escuchó unos pasos llegar. Tom giró la esquina portando un arma de fuego y temblando. Cuando vio a su Amo soltó un profundo suspiro.
-Gracias a Dios es usted, joven Amo. Ya pensaba que a estas horas de la noche sería un ladrón o algo parecido- Se disculpó mientras guardaba el arma. Irons enarcó una ceja.
-¿Un ladrón que tiene las llaves y entra por la puerta principal? Tom, amigo mío, ¿estás bien?- El mayordomo se sonrojó visiblemente. El arcángel se percató de que llevaba el uniforme, y no parecía somnoliento- ¿Aún estabas despierto?
-Eh, esto, sí- Comenzó a explicar. Por algún motivo no parecía muy seguro de si debía hablar o no- Esto, verás...
-Estaba hablando conmigo, hermanito- Respondió por Tom una voz femenina desde el pasillo iluminado. Su silueta se recortaba con la luz de fondo. Se trataba de una mujer alta y delgada, con una melena marrón de pelo liso que le caía hasta media espalda. Llevaba gafas cuadradas y su mirada era dura como la piedra. Irons abrió la boca.
-¿Elisa? ¿Qué haces aquí?- Inquirió el joven mientras la chica se acercaba.
-Bueno, resulta que tras tu despliegue acerca de esa energía tuya, me enteré de la muerte de nuestro padre. Llamé a Tom hace un par de días y me informó de todo lo sucedido. ¿Cómo demonios no se te ocurrió decírmelo?- Elisa se encaró a David, su hermano, y le hincó el dedo en el pecho. Al hablar se le notaba cierto acento norteamericano, como si le costara hablar castellano.
-¿Qué?- David estaba a punto de estallar- ¿Y por qué debería haberme acordado? Hace siete años te marchaste a Estados Unidos, a vivir tu maravillosa vida de becada mientras nuestro padre se quedaba aquí, cada día más consumido que el anterior. ¡Ahora no tienes derecho a exigir nada!
-¿Te estás oyendo? No puedes recriminarme que me fuera, se trata de mi carrera. Si tu fueras tan sólo la mitad de bueno que yo, también habrías tenido una beca- Afirmó ella, contundente- En fin, dejemos esa discusión para después. Llegué hoy a la casa y resulta que te habías ido, dejando a Tom encargado de todo el asunto de la empresa, ¿en qué estabas pensando?
Irons recordó el Juego. No podía decírselo a Elisa o Tom, ellos no eran parte de él, y por lo tanto hablar en su presencia del Juego podría tener terribles consecuencias. Se mordió el labio mientras miró al suelo. Su hermana esperaba una respuesta, y al ver que no la obtenía, lanzó sus deducciones.
-Seguro que la fama se te ha subido a la cabeza y has estado dos días de Parra por ahí, perdiendo la cabeza con chicas preciosas y cosas lujosas- David bajó la cabeza. No tenía sentido discutir ahora, no. No podía explicar la verdad, así que lo mejor era que ellos pensaran cualquier otra cosa.
-Bueno, basta ya. Lo que haga o deje de hacer no te importa. ¿Qué haces aquí?- Preguntó Irons mientras andaba hasta el salón, donde se sentó. Su hermana le siguió, así como Tom desde las sombras.
-Cuando hablé con Tom me contó que metiste a un desconocido en la casa, un tipo pelirrojo. También me dijo que le dejaste dinero y nuestro laboratorio. Tras haber estudiado la nueva energía que has creado... mejor dicho, habéis, he llegado a la conclusión de que ese tipo te ha ayudado o es tu socio. Y justo después de la muerte de nuestro padre. ¿No te parece sospechoso?- Explicó ella mientras entrecerraba los ojos. Irons sintió como el corazón se le paraba durante un segundo. ¿Qué insinuaba?- Respondiendo a tu pregunta, he venido porque la empresa de papá es tan mía como tuya. Por si no lo sabías hemos heredado todo a la mitad, David. Ahora dime, ¿quién era ese tipo? Y, ¿qué sabes de la muerte de papá? Me da la impresión de que ocultas muchas cosas, y no deberías esconderlas de la familia.
-Tch...- Irons maldijo por lo bajo. Esperaba descansar tranquilamente en su casa, no tener una de las conversaciones más tensas posibles con su hermana. Estaba algo harto de las tramas ocultas dentro de tramas, de la competencia del mundo empresarial y de las luchas de poder y herencias. Pero es lo que le tocaba. Si en algo tenía razón su hermana era en una cosa, y es que no debería esconderle cosas a la familia. Miró de reojo a Tom, no pasaba nada si él se enteraba- Está bien, te lo contaré. Nuestro padre fue asesinado, y el hombre que te ha descrito Tom es Gravitta. Trabajó para mí para ayudarme a resolver la cuestión de la energía. Y también para buscar pistas sobre lo de papá. Ahora que estás aquí supongo que lo mejor es que trabajemos juntos, ¿no?- Asumió mientras elevaba su mano. Elisa sonrió mientras estrechaba la mano de su hermano.
-Así es David. Vaya, veo que a pesar de ser el menor te has vuelto muy inteligente. Para tener sólo diecinueve te lo has montado bastante bien, ese científico tuyo... Gravitta, parece bastante interesante si ha resuelto la fórmula de la energía.
-Ya bueno, ahora no trabajamos juntos, pero eso es lo menos importante. Ahora que ya hemos completado la fórmula no le necesitamos- Argumentó Irons- El principal problema será abrirnos caminó para que todo el mundo acceda a la energía... y el asuntó de papá. Tengo el nombre de un claro sospecho, hay que investigarlo.
-No estés tan seguro sobre lo de la energía. ¿Recuerdas la central que dejaste en funcionamiento? Bueno, los becarios lo han estropeado. Uno de ellos era un espía de otra empresa y trató de robar la energía, murió por culpa de una descarga de ese sol en miniatura. Bastó un segundo de contacto. Ya me dirás como manipulaste la energía... en fin, la cuestión es que a raíz de ello la energía se desestabilizó y la central corre riesgo. Además de que tenemos que responder por la muerte del becario y nos jugamos una demanda. O varias.
-¿Qué? No puede ser...- Irons de repente veía peligrar todo por lo que había trabajo. “Vaya, parece que no será tan fácil, no puedo relajarme”, pensaba. Durante un instante se permitió el lujo de deprimirse, pero en seguida se recuperó. No debía vacilar, si no solucionar todo cuanto antes- Bueno hermanita, sé que no es tu campo de especialización, pero has estudiado Química y Física, ¿no?
-Bastante- Respondió secamente.
-Bueno, en ese caso tu te encargarás de perfeccionar la fórmula de Gravitta. Yo me centraré en la mejora de la central y en responder a los medios- Elisa sonrió de manera astuta, eso era justo lo que quería.
La noche clareaba cuando finalmente Irons se fue a dormir, tenía que descansar. Una ardua estancia en la Tierra se acercaba.

Por su parte, el Capitán esperaba nervioso en el salón de su casa. Había quedado con su padre para tener una charla. Miró el reloj, eran las seis de la tarde. “Los I-Men deben de estar reunidos ahora. Ojalá pudiera conectarme en videoconferencia, pero no puedo esperar a hablar con mi padre. Con Northern Sage... tiene mucho que explicarme”, pensaba. Todas las preguntas que tenía que hacer desde el momento en el que apareció en el juego se acumulaban en el pecho. De momento, había observado una cosa, y es que todas las fotos en las que aparecía su amiga, Ana, estaban distorsionadas. Ya no aparecía en ninguna de ellas. ¿Quizá un efecto del poder de los GM?
Finalmente apareció Sage por la puerta. Llevaba una vestimenta mucho más normal que en el juego. Una chaqueta de pana verde y algo usada, y unos vaqueros cómodos. El padre del Capitán era bastante anciano, superaba los sesenta años y no había envejecido muy bien, le costaba moverse cuando había que subir o bajar escaleras. A pesar de todo una chispa de vida brillaba en su mirada. Sage fue hasta la mesa y se sentó con pesadez. El Capitán permanecía de pie mientras le miraba, nervioso. Su padre sonrió con gentileza.
-¿Por qué no te sientas? Igual la conversación se alarga, y deberías ponerte cómodo, hijo- Dijo el anciano. Juan Diego, que así se llamaba el Capitán Vasco, asintió.
-Sí, tienes razón. Tengo tantas cosas que preguntarte, que no sé por cuál empezar- Respondió el héroe de manera acelerada- ¿Quién es Cerebro? ¿Qué sabes de los GM? ¿Dónde se encuentran? ¿Por qué existe el Juego? ¿Cómo...
-Para hombre, para. Si me haces todas las preguntas a la vez, no podré responder- Explicó Sage mientras miraba con ternura a su hijo. Entonces el Capitán guardó silencio y reflexionó unos instantes.
-¿Cómo conociste a Cerebro?- Preguntó al fin. Sage asintió y sopesó a su hijo con la mirada.
-Bueno, en realidad no le conozco. Fue hace varias décadas, cuando apenas tenía veinte años que descubrí mis poderes. Junto con una elevada capacidad mental, desarrollé poderes psíquicos variados, que han ido ampliándose con la edad... Fue cuando comenzaron a manifestarse que Cerebro estableció conexión mental conmigo. Me advirtió sobre el Juego y logró que pasara desapercibido de los GM. A cambio, comencé a ayudarle- Explicó el anciano- Me contó lo que era el Juego y los objetivos de la gente que lo creó, y me pidió ayuda para rastrear la Tierra en busca de gente con poderes y ayudarle a crear una Resistencia que combatiera contra ellos para liberar a los jugadores para siempre. Esto fue hace casi cuarenta años... y como ves, fracasamos.
-Entonces, ¿sabes cuál es el objetivo de los GM?- Preguntó inmediatamente el Capitán. Sage trató de calmarle con un gesto.
-Sí, y creo que será Neurona mismo quien se lo cuente al resto de los I-Men. Creo que sería buena idea que viajaras a Madrid y te reunieras con tus compañeros. Probablemente Cerebro quiera confiaros a vosotros la misión que nosotros no logramos llevar a cabo, acabar con el Juego- Expresó el padre del Capitán con gesto solemne.
-¿Vosotros? ¿Quiénes erais?
-A lo largo de mis viajes por el mundo conocí a muchas personas, y entre ellas formamos finalmente un equipo, aunque me tomó mucho tiempo asentarlo. Para entonces ya habían pasado ocho ediciones del Juego, y en curso estaba la novena edición, justo la anterior a esta en la que estás participando. En mi camino me enfrenté en varias ocasiones a antiguos ganadores, increíblemente fuertes, apenas podía sobrevivir en un enfrentamiento directo contra ellos. En parte por eso tardé tanto en reunir un equipo, porque debía moverme por el mundo con mucho cuidado. El único motivo que me hizo quedarme aquí en Bilbao fue tu madre y tu nacimiento, hijo- Sage parecía emocionarse al recordar todo eso- Mi equipo estaba formado por Hiedra, Dayana y Cosmos. Entre los cuatro tratamos de ayudar a Cerebro en todo lo que pudiéramos, pero fue hace diez años cuando tuvimos la ocasión de participar en nuestra gran misión.
-¿Y cuál era esa misión?- Preguntó el Capitán. Sage bajó la cabeza. Cuando la levantó de nuevo sus ojos estaban nublados.

-Éramos fuertes, pero necesitábamos a alguien con un gran poder. La novena edición del Juego había finalizado y era el momento indicado- Cogió aire y lo soltó de una sola vez- Rescatar a Thunder-Man del juego antes de que los GM lo corrompieran. Ese era nuestro deber.