viernes, 15 de abril de 2016

Capítulo 51 - 'Soy un tipo duro'

El Capitán miraba con cuidado a su rival, el Vikingo de Acero. Este estaba riéndose como un loco.
-¿Qué te hace tanta gracia?- Inquirió el vasco mientras levantaba su escudo. El rubio le miró con una cara desquiciada.
-¡Me has quitado una vida! ¿No te parece gracioso? Ja, ja, ja- El destructor se inclinó sobre su estómago debido a la fuerza de su carcajada. El I-Men se contuvo para no saltar sobre él. “Si pierdo la concentración estoy perdido”, lograba reflexionar. El Vikingo paró entonces de reírse y fijó la vista en su enemigo. Ahora sus labios eran una delgada línea- Nunca había sospechado que un insecto pudiera quitarme una vida... Te mereces que te aplaste con todo mi poder, gusano.
De repente el brazo izquierdo del rubio se tiñó de gris metálico. El Capitán no entendía que estaba haciendo, pero sin duda era parte de su poder así que elevó el escudo, preparándose para lo que pudiera venir. El color metálico se extendió por el resto del cuerpo del destructor, quien volvía a sonreír.
-Este es mi modo Full Metal. ¿Te gusta? Sólo Gravitta fue capaz de derrotarme así, y ahora verás por qué- El Vikingo salió lanzado con aún más velocidad que antes y arremetió con su puño derecho. El I-Men interpuso su escudo y preparó un contraataque, pero la fuerza de su rival golpeó con dureza el escudo, mandando a volar al Capitán. Este chocó contra la pared y perdió el aire. Su vida se resintió. El Vikingo no paró ahí, volvió a la carga levantando ambos brazos. El I-Men se recuperó y de un saltó evitó el derribo.
-¡Furia vasca!- El aura rojiblanca le rodeó con fiereza. “No tengo otra opción, me destrozará como me de otra vez”, entonces reparó en su escudo. Estaba aboyado. El Capitán frenó en seco y observó el objeto- ¿Qué?
Pero fue un terrible error, el Vikingo ya caía sobre el con sus puños como cañones. El I-Men logró reaccionar gracias a su gran experiencia en combate y levanto el escudo como acto reflejo. Pero el destructor no detuvo su ataque, redobló la fuerza. El puño dio de lleno en el debilitado escudo, que ahora se rompió en pedazos. El Capitán recibió un derechazo que sintió como si un coche le estuviera atropellando. Su primera vida desapareció del todo al tiempo que salía volando debido a la fuerza del ataque.
-Oh, mierda...- El vasco logró incorporarse. Cuando vio al Vikingo de Acero este estaba mirándose el puño con el que había destrozado el escudo. Los nudillos estaban rotos y el metal de la mano resquebrajado. El destructor sonreía.
-Vaya, pensaba que mi metal era lo más resistente que había en este mundo, pero parece ser que tu escudo está hecho del mismo material que mi poder... eso explica porque ambos se han roto a la vez- El rubio le miró con ansias- Venga, vamos a zanjar esto.
-Como quieras, pienso ponerte en tu sitio- El Capitán estaba impactado por la pérdida de su escudo, pero no dejó que le afectara. Se concentró y pensó en todo lo que se jugaban en aquella pelea. Como respuesta a sus sentimientos el aura rojiblanca incrementó su tamaño. A continuación aplicó lo que Dayana le enseñó en su entrenamiento y concentró su voluntad en un único objetivo; “Derrotar al Vikingo”. Ambos salieron lanzados el uno contra el otro.
El Vikingo atacaba sin cuartel, sus poderosos puñetazos eran como meteoritos, prácticamente imparables. Al mismo tiempo su coraza le protegía de cualquier golpe, por lo que no tenía que cuidar sus defensas en lo más mínimo. El caso del Capitán era el contrario. Sabía que si lograba encajar un directo a su enemigo podría hacerle daño, pero él a pesar de su increíble resistencia no podía permitirse recibir un golpe. Sin escudo ni siquiera su aura podría evitar perder una vida. Los puñetazos volaban en todas direcciones, el ataque del destructor era furioso y rápido. Cada vez estaba más cerca de golpear a su rival, pero este siempre lograba evadirlo por escasos milímetros.
-¡Eres rápido para ser un insecto!- Bramó el Vikingo mientras recuperaba el aliento- Si no estuviera recubierto de acero a lo mejor estaría sudando. ¡Vamos!
El Capitán no respondió, seguía concentrado en mantener el poder de su aura. “Soy ligeramente más rápido que él, aunque no por mucho. Debo encontrar el hueco para darle mi mejor golpe”, meditaba. El destructor reanudó su acometida, pero esta vez su velocidad no era tan dramática como antes. “Si es tan fuerte como parece es posible que nunca haya tenido batallas largas, debo aprovechar eso a mi favor. Después de entrenar días enteros con Dayana mi resistencia se ha multiplicado...”, se dijo a sí mismo el Capitán.
-¡Ven por aquí, torito!- Le provocó. El Vikingo ni siquiera pensó que fuera alguna clase de táctica, simplemente asumía que su rival era igual que él. Un tipo duro orgulloso de su fuerza física, de manera que embistió con sus brazos por delante como dos poderosas lanzas. El I-Men corrió usando su máxima velocidad para mantenerse justo fuera del rango de su rival, que trataba de acorralarle.
-¡Te pienso hacer papilla!- Gritaba el Vikingo al tiempo que golpeaba el suelo con fuerza. El golpe fue tan contundente que abrió un agujero hasta el piso inferior. La intensidad desestabilizó al I-Men, que tropezó y cayó sin remedio. El rubio saltó para caer sobre él- ¡Te tengo!
-¡Mierda!- Exclamó el vasco al tiempo que rodaba en el suelo. Fue lo suficientemente rápido y evadió la carga del otro. Pero el Vikingo ya se levantaba para seguir su ataque. “Debo atacar ahora o nunca”, pensó el I-Men. Desde el suelo se apoyó sobre las manos y realizó una patada baja que pilló desprevenido al Vikingo. El golpe dio en la parte trasera de la rodilla del destructor, quien cayó al suelo. El Capitán aprovechó para levantarse y poner algo de distancia- Joder, creo que eso me ha dolido más a mí que a él...- Susurró mientras el pie le palpitaba.
El Vikingo miraba el suelo al tiempo que temblaba. Se levantó despacio y miró en dirección al Capitán. Sus ojos mostraban una furia inconmensurable.
-Has hecho que caiga sobre mis rodillas... Ja, antes sólo pensaba matarte. Ahora pienso colgar tu cabeza como trofeo- Le dijo al vasco.


En el Sexto piso las cosas tampoco pintaban muy bien para los I-Men. J.J acababa de liberar su poder y atacaba a Shadow, quien apenas podía contener los golpes del destructor. La energía que liberaba J.J le rodeaba y formaba cúmulos de poder que lanzaba como si fueran pelotas. Sin embargo cuando llegaban a su destino estallaban liberando una gran onda de choque. Gracias a que Rencor estaba allí gran parte del daño lo absorbía la sombra, por lo cual aún seguía en pie.
-Mierda, no puedo seguir así mucho tiempo más...- Las sombras le envolvieron y conformaron la armadura oscura, que se ajusto a su cuerpo. “He peleado batallas muy duras, incluso logré quitarle una vida a Light y otra J.J. Si me concentro puedo hacerlo”, pensaba. Invocó una ola de sombras que dirigió contra su rival.
El destructor saltó para esquivarla y lanzó dos orbes de energía que el I-Men esquivó. Shadow aprovechó entonces y lanzó su propio orbe oscuro, pero J.J pudo evadirlo. Entonces comenzaron una lucha cuerpo a cuerpo. La velocidad del destructor había aumentado considerablemente al liberar su energía, lo que sumado a su destreza le hacía casi imparable. Rencor apareció entonces en la espalda de J.J y atacó con ambos puños sujetando dagas de oscuridad. Sin embargo su rival se giró y las paró con sus manos, entonces desarmó a Rencor y le propino un duro derechazo que descargó muchísima energía. Fue Shadow quien recibió el golpe, cayendo al suelo, y entonces J.J entendió todo.
-Oh, así que por eso apenas te hacía daño... Entonces, ¿debo atacar a la sombra para hacerte a ti el daño?- Preguntó al tiempo que levantaba el brazo derecho. Este se iluminó con la energía amarilla y comenzó a concentrarse en la punta de los dedos. Rencor le miraba con rabia, “Si me da con eso Shadow perderá una vida casi seguro, debo poner algo de distancia o...”, pensaba la sombra, pero entonces J.J le agarró con su mano libre.
-¡Maldita sea!- Exclamó.
-Cuando libero mi energía mi sistema nervioso funciona cinco veces más rápido que el de un humano normal... prácticamente nadie puede igualar mis reflejos. Ahora muere.
Pero entonces Shadow apareció del cuerpo de Rencor y agarró el brazo que sostenía la energía. Mientras J.J pensaba que le había herido seriamente se había introducido en la dimensión sombría y luego había utilizado el cuerpo de Rencor como puerta de salida. El destructor abrió los ojos mucho, sorprendido.
-Esto no me detendrá- Se liberó del agarre y atravesó el pecho de Shadow con su mano llena de energía. El moreno sabía que no le haría daño, pues Rencor aún estaba allí, de manera que se dejó atravesar.
-Ahora no podrás escapar- Dijo Shadow mientras las sombras agarraban el brazo incrustado en el pecho del I-Men. Más sombras aparecían del cuerpo del moreno y estas envolvían a J.J. Entonces las sombras explotaron en un mar de oscuridad que hizo temblar la habitación.
J.J y Shadow salieron de la humareda, ambos estaban heridos por el ataque oscuro. Rencor había absorbido mucho daño por todos los ataques y se había visto obligado a replegarse a su dimensión oscura. Pero el daño al destructor había sido muy leve, cosa que sorprendió a Shadow.
-¿Qué? Ese golpe debería haberte hecho mucho más daño...- La mano derecha de Gravitta sonrió al tiempo que se limpiaba algo de polvo del hombro.
-Parece que no entiendes mi poder... Soy una fuente de energía, de cualquier tipo de energía. Si uso la suficiente energía soy capaz de transformar esta energía en cualquier otro tipo de energía, como calor o luz. En el momento en que tus sombras me rodearon emití toda la luz posible desde mi cuerpo, neutralizando gran parte de tu daño...
-Eso no tiene sentido, ese poder no puede existir... no tiene límites- Razonó Shadow. J.J bajó la mirada.
-Claro que tiene límite, como nunca lo he usado demasiado, todavía no soy capaz de sacar todo su potencial... Pero, ¿a qué precio? Muchas más veces de las que me gustaría he perdido el control, matando a los que estaban a mi alrededor. Si esta vez estoy usándolo es por Gravitta, gracias a él soy capaz de tener el control suficiente.
-Ya veo...- El joven miraba confuso a J.J. “No me puedo imaginar por lo que ha tenido que pasar este chico. Y pensar que Gravitta precisamente le ayudó. Estoy cansado y Rencor ha tenido que retirarse... ¿Puedo vencerle?”, pensaba entonces Shadow. Sumido en esos oscuros pensamientos llegó al sexto piso Revelación. El místico esperaba la escena ya, así que no se sorprendió al ver a J.J con su poder liberado, ni al ver a Shadow hecho un asco.
-Por fin llego, llevo un buen rato sintiendo el peligro que corres, Shadow. ¿Cómo estás?
-He tenido mejores momentos, la verdad...- Admitió. El Místico se había alejado demasiado de Erzzhia y ya no podía sentirla, los muros de la Torre ejercían su influencia, anulando toda interferencia.
-Debería ayudarte, por lo que he podido ver en el futuro- Comenzó a decir Revelación, pero entonces el moreno levantó la mano.
-¿Cuántas vidas tienes, amigo?- Inquirió. El otro se mordió el labio, veía con toda claridad a donde quería llegar Shadow.
-Una- Respondió escuetamente.
-Entonces mantente al margen, J.J no es alguien con quien puedas luchar a medias... Y si perdemos esta llave...
-No te olvides que basta con reunir cuatro de las llaves, aunque perdamos la Sexta llave aún tenemos las otras cinco- Razonó el místico, pero el moreno negó con la cabeza. El destructor se puso en postura.
-Lamento tener que cortar la cháchara, pero hemos de pelear. Intervén si lo crees necesario, pero asume el precio- Dijo J.J, calmado. El fulgor amarillo reapareció con más fuerza y comenzó a concentrar energía en sus manos. A continuación lanzó dos esferas de energía que Shadow se esforzó por evitar. Las explosiones limitaron la visión de Revelación, quien en su fuero interno se preparaba para entrar en escena.


El Guerrero llegó entonces al cuarto piso. Nada más llegar sintió una presión enorme que había evitado hasta entonces gracias a la piedra de la torre. Buscó por la habitación y su mirada encontró al Vikingo recubierto de alguna clase de metal. La energía que emanaba era monstruosa. Por otro lado el Capitán corría de un lado a otro, esquivaba y sudaba a partes iguales.
-¡Capitán! ¡Vengo a ponerte al día, luego subiré!- Exclamó. Ambos luchadores no le prestaron atención, siguieron su continuo duelo. Al cabo de un minuto el Capitán gritó.
-¡Venga habla, te escucho!- Celestina narró por encima lo ocurrido en los tres primeros pisos. Cuando le contó lo de Demongirl su velocidad bajó un poco, cosa que casi le costó otra vida. Afortunadamente pudo reponerse a tiempo. Tras darle la información el Guerrero invocó el viento y subió a toda velocidad, dejando atrás el cuarto piso.
El Vikingo caía entonces sobre el I-Men, enarbolando ambos puños. Sin embargo esta vez el Capitán no lo esquivó, realizó un movimiento de pies y entró dentro del rango de ataque, evitando los ataques y preparando el suyo propio.
-¡Lanza Vasca!- Aplicando todo su entrenamiento concentró toda la energía en su puño derecho y descargó su golpe más fuerte en el costado del Vikingo. Los movimientos del héroe habían sido tan rápidos que el destructor no fue capaz de reaccionar y retrocedió unos centímetros debido al golpe. Al cabo de unos segundos el Vikingo se recompuso.
-Tú, ¡menudo golpe!- Exclamó- Lo estás poniendo interesante- Se miró el costado y observó que había unas pequeñas fisuras un poco más abajo del corazón, en su costado izquierdo. Silbó- Menudo ataque, tienes que tener destrozada la mano.
-Como si eso fuera un problema- La mano derecha del Capitán sangraba. Los nudillos estaban abiertos y el dedo anular colgaba inerte. A pesar de todo eso, el I-Men consideraba una victoria haber podido conservar la mano. La furia vasca volvió y creció en tamaño.
-¿De dónde sale toda esa fuerza? ¿No me digas que la muerte de tu compañera te preocupa tanto?- Preguntó el Vikingo de Acero con desdén.
-¡Cállate!- Rugió el Capitán mientras sus pensamientos volaban. “Era una gran mujer y persona, no me puedo creer que ya no esté aquí. Pero al menos lo hizo por un buen motivo, salvar a Gaia. No puedo dejar que su valor sea despreciado”, pensaba. El aura roji-blanca brillaba. El Vikingo sonrió al tiempo que cargaba de nuevo con ambos brazos.
-¡Toma esto insecto!
Ambos saltaron y comenzaron a correr de un lado a otro. “De nuevo su velocidad ha bajado otro poco, realmente no está acostumbrado a largas peleas. De no haber sido por eso no podría haberme acercado como lo hice antes”, pensaba el I-Men. Mientras esquivaba y saltaba pisó un pedazo de su escudo. Entonces su mirada se posó en los restos dispersos por la estancia. “Tal vez...”. El Vikingo entonces arremetía con su puño derecho, mientras que el Capitán trataba de repetir su maniobra y asestar otro golpe. Pero justo cuando iba a acercarse, descubrió que el brazo izquierdo de su rival se mantenía en guardia, cubriendo su pecho como si fuera un escudo.
-¡Has caído!- Gritó el destructor mientras su brazo izquierdo salía lanzado como si tuviera un resorte. El vasco reaccionó lo más rápido posible y se lanzó al suelo, pero no fue lo suficientemente rápido y el brazo de su enemigo le rozó la mejilla. La fuerza del roce lo hizo retroceder y su segunda vida se resintió. Inmediatamente la rozadura se abrió como una herida de cuchillo y empezó a sangrar.
Gracias a su gran velocidad logró escapar del rango del Vikingo, pero las cosas pintaban feas. “No debo permitir que esto me frene, tengo que encontrar una manera de acceder a las grietas del costado, si le doy otro golpe romperé su coraza... Pero si usa su brazo izquierdo como escudo tengo un problema serio. No puedo bloquear ese contraataque... solo tengo una opción”, meditaba. Durante un par de minutos continuaron su lucha, hasta que el Vikingo bajó otro nivel la velocidad. Fue entonces cuando el Capitán reunió la determinación necesaria para hacer lo que debía.
-¡Por Demongirl!- Exclamó al tiempo que corría hacía el Vikingo. Este sonrió y se lanzó hacía el I-Men levantando su brazo derecho. El ataque del destructor fue evitado por poco, pues el Capitán se había agachado para rodar por el suelo y levantarse de un salto. “No pasarás de mi brazo izquierdo, mocoso”, pensó el Vikingo mientras se cubría. Cuando el Capitán se incorporó dispuesto a atacar descubrió el brazo de su enemigo como esperaba; formando un escudo.
-¡Muere!- Gritó el Vikingo al tiempo que su brazo izquierdo atacaba como un cañón. Sin embargo el Capitán no trató de esquivarlo, plantó los pies en el suelo y levantó su propio brazo izquierdo como si fuera un escudo. Toda la fuerza de su aura estaba concentrada en él, formando una barrera. El puñetazo del destructor impactó con muchísima fuerza, producto de la rabia y frustración que llevaba sintiendo el Vikingo todo este rato.
Pero el I-Men no tembló si quiera. Mantuvo la postura unos instantes al tiempo que arremetía con su brazo derecho directamente a las grietas en el costado de su rival. “Con toda su aura concentrada para defenderse no será capaz de hacerme daño. ¡Adelante, destrózate la mano mientras te machaco!”, pensaba el Vikingo triunfante. Sin embargo, cuando el ataque del Capitán dio de lleno, el destructor sintió como si algo muy frío le penetrara. De inmediato perdió su segunda vida y comenzó a escupir sangre. Cayó de rodillas mientras se agarraba el pecho. El vasco retrocedió, su brazo izquierdo colgaba inerte, seguramente se había roto algún hueso.
-Bastardo... ¿qué has hecho? ¿Cómo has podido...?- Preguntó el destructor desconcertado.
-¿No decías que sólo había una cosa capaz de penetrar tu armadura?- Sonrió el Capitán. A pesar de todo el I-Men había perdido la mitad de su vida, de manera que sólo tenía una y media. Al menos superaba a su rival.
El Vikingo abrió los ojos como platos. Bajó la mirada y descubrió un pedazo de metal incrustado en su costado. Se lo arrancó y descubrió que era uno de los fragmentos puntiagudos del escudo destrozado del vasco. “No puede ser... ¿cuando lo ha cogido sin que me diera cuenta?”, pensaba. Entonces la respuesta vino a él.
-No me lo creo... ¿Cogiste el escudo cuando rodaste por el suelo para evitar mi puñetazo? ¿Calculaste los movimientos precisos para esta situación?
-Así es. Eres tremendamente fuerte, pero hay una cosa que nos diferencia. Yo tengo mucha más experiencia en combate y mucha más resistencia. No me fue difícil deducir la manera de atacarte. Y gracias por la idea, tenía que bloquear tu último ataque si quería acceder al único momento en el que bajabas la guardia. Usar tu brazo como escudo me hizo darme cuenta de que tal vez debía sacrificar el mío para ganarte...- Explicó el Capitán mientras recuperaba el aliento. La perdida de sangre comenzaba a hacerse notar. Al mismo tiempo el brazo izquierdo le enviaba quejas, podría tener algunos huesos rotos.
-Maldito desgraciado...- Susurró el Vikingo al tiempo que la sala comenzaba a temblar- Tú, no sólo me quitas dos vidas, si no que encima tienes el descaro de reírte de mí. Lo vas a pagar caro, mequetrefe- De repente el destructor se levantó. Ahora parecía más alto, más fuerte. Pero lo más alarmante era que parecía seguir creciendo. Su voz se hacía más grave por momentos- Había desarrollado esta técnica pensando en algún día destrozar a Gravitta... y ganar el juego, pero tendré que aplastarte con todo mi poder. Prepárate, ni si quiera esta torre podrá contenerme.


El Guerrero llegaba entonces al quinto piso. En él encontró a Death Master sentado sobre su trono. El pálido seguidor de Gravitta le miró. Un escalofrío recorrió la espalda del Guerrero. No podía ser que alguien hubiera perdido. Se encaró al hombre y frunció el ceño.
-¿Dónde está mi amigo?- Inquirió. El otro le miró con curiosidad y luego señaló el techo.
-¿Revelación? Arriba. Me contó unos interesantes cuentos y decidí rendirme, chico- Explicó con toda la calma. El I-Men no se lo creyó al principio. Miró su reloj, aún quedaban quince minutos. Si subía a toda velocidad podría comprobar el estado de sus compañeros y, en el peor de los casos, bajar y acabar con Death dentro del tiempo establecido.
-Si eso es así, ¿qué ha pasado con la llave?- Preguntó entonces Celestina. Death Master frunció también el ceño. No le gustaba el tono de aquel tipo.
-Se la di. ¿Qué esperabas que hiciera?- Preguntó algo envalentonado el destructor. El Guerrero no confiaba en él, pero si alguien era capaz de convencer a otro de rendirse, ese era sin duda Revelación.
-Muy bien, me voy- Finalizó el Guerrero mientras subía las escaleras a toda velocidad. El viento se agitó en torno a él y le impulsó aún más.
Si lo que dice es cierto entonces ahora tenemos tres llaves. La primera, la tercera y la quinta. Basta con que el Capitán o Shadow derroten a uno más y podremos liberar a Eliart de la trampa de Gravitta. Sin embargo, el hecho de que Death esté ahí implica que en el último piso estará seguramente J.J. No le vi en la ciudad, pero no cabe duda de que es el súbdito más poderoso de Gravitta. Ya me enfrente una vez a él y... dudo que Shadow logre acabar con él...”, meditaba. Se concentró y subió con más energía que nunca. No le tomó ni un minuto alcanzar el sexto piso. Cuando llegó las fuerzas que colisionaban le hicieron retroceder.
Shadow estaba en el suelo, una fea herida en el estómago evidenciaba que acababa de caer. La sangre brotó y su segunda vida desapareció con presteza. Revelación temblaba mirando la escena. La energía envolvía a J.J, quien preparaba un nuevo ataque. Celestina lo analizó todo en unas milésimas de segundo y reaccionó increíblemente rápido. Voló hasta su amigo y se interpuso entre J.J y Shadow, bloqueando el poderoso ataque del destructor.
-Vaya, pero si eres tú. Tengo ganas de ver como has crecido, ya era hora de nuestra revancha- Comentó J.J. El Guerrero observó que estaba sudando y que estaba malherido hasta cierto punto.
-Puede que Shadow no haya podido contigo, pero ha hecho un trabajo excelente, yo acabaré contigo- De repente alguien atacó por la espalda al destructor, quien reaccionó a tiempo y esquivó el puñetazo de Revelación en modo espiritual. La voz de Gravitta resonó.
-Intervención del Guerrero y Revelación. Shadow ha perdido el combate, y por lo tanto la sexta llave se ha perdido- Algo brilló dentro de uno de los bolsillos de J.J. Una llave con un séis escrito flotó en el aire y se desintegró. Shadow logró incorporarse.
-¡No, qué habéis hecho!- Exclamó. Entonces el Guerrero se giró.
-Tranquilo, ahora tenemos tres llaves y el Capitán aún está peleando. Confío en él, es fuerte. Ahora todo depende de él, ya es hora de que demuestre si es un héroe- Explicó Celestina mientras Shadow procesaba todo.
-Un momento, ¿tres llaves? ¿Alguien ha perdido?- Revelación miró a Celestina. El místico supo todo lo que había ocurrido con solo dar un vistazo a su amigo, en seguida su poder se activó. Fue el mismo Guerrero quien contestó.
-Gaia iba muy mal... Demongirl subió al segundo piso para darnos la llave cuando... Vio la escena. No pudo resistir ver a su hermana perder e intervino. Perdimos la segunda llave, pero Demongirl derrotó a Psikosis- Shadow parecía aliviado, pero al ver la tensión aún presente en los otros dos se volvió a preocupar- Y... Demongirl murió también, perdió el control de sus poderes... aunque intenté detenerla...
-Ya... veo...- Un extraño sentimiento se alojó en el pecho de Shadow. Quiso gritar y llorar de rabia, pero se contuvo y clavó sus ojos en J.J. Este permanecía quieto, mirándoles- ¿Por qué no nos atacas ahora mientras hablamos, eh?
-No lo sé, supongo que no es mi costumbre- Respondió sin darle importancia- ¿Qué mas da? ¿Me atacaréis los tres a la vez?
Los I-Men se miraron. Shadow quería pelear, aunque fuera por venganza, pero fue Revelación quien posó su mano sobre el hombro del moreno.
-No deberías alimentar esos sentimientos, esto no es culpa de ningún jugador- Dijo el místico. El Guerrero aún hervía por dentro, pero asintió. Llevaba un tiempo dándole vueltas y apoyó a su amigo.
-Revelación está en lo cierto. Ni si quiera Gravitta es quizá tan malo como creemos, centra tu furia contra los creadores de este terrible juego... en el fondo todo es culpa de quien quiera que dirija esto.
-Tenéis razón... pero es duro- Asumió Shadow mientras bajaba la cabeza. De repente el suelo comenzó a temblar. ¿Qué estaba pasando?
-¿Es esto cosa tuya, J.J?- Preguntó el Guerrero. Pero fue Revelación, quien pudo ver el futuro, el que respondió.
-¡No, no es él! ¡Rápido, acercaos a mí!- Los tres se apiñaron y Revelación activó su runa rosa, preparando la barrera para cuando fuera el momento adecuado. J.J conocía los poderes del místico, así que se envolvió con su energía para conformar una esfera protectora. Entonces conformó varias capas de poder que giraban en torno a él y confluían, haciendo una defensa férrea.
Entonces el suelo estalló y todo voló por los aires.


El Capitán se quitó de encima un cascote. De alguna manera había sobrevivido al colapso del edificio. Donde antes había una torre de piedra negra ahora no había nada, tan solo una enorme nube de polvo gris. Sin embargo el Séptimo piso estaban intacto, se mantenía flotando en el aire, probablemente gracias a algún poder. Unas voces sonaron a la espalda del Capitán, quien se giró para ver como Waver iba hacía él.
-¡Capitán, estás bien!- Dijo mientras se preparaba para ayudarle. Pero entonces el vasco levantó un brazo.
-¡No te acerques! Si el Guerrero os ha informado de cual es la situación entonces no puedes intervenir, debo derrotar al Vikingo de Acero para conseguir la cuarta llave- Explicó, rápido. Waver se extrañó.
-¿A quién?
-A él- Dijo mientras levantaban la cabeza. Dentro de la nube un brazo se agitó y apartó el polvo. Un enorme gigante de quince metros se elevaba hacía el cielo. Su cuerpo estaba recubierto de una sustancia parecida al metal. Era el Vikingo de Acero. Este abrió la boca y habló. Su voz era gutural.
-Dóoonde estáaaaas, inseeeectooo...- Decía alargando las palabras. El Capitán entonces bajó la cabeza y se quitó su traje, dejando únicamente puesto la ropa interior. Waver se sonrojó, ¿por qué hacía eso?
De repente una poderosa energía emanó del cuerpo del vasco y la furia vasca reapareció como un fuego brillante. Una gran onda de choque hizo caer a Waver.
-Perdona, tenía que liberar mi poder, no me queda otra opción- Se excusó. La chica le miró y de repente observó que ya no emitía ningún aura.
-¿Dónde ha ido tu poder?- Preguntó, asustada.
-Estamos envueltos en él- Contestó mientras sonreía. Waver miró en derredor. Era verdad, no es que el aura hubiera desaparecido, es que era tan grande que estaban dentro de ella. Los límites de la furia vasca marcaban un radio de varios metros- Durante todo este tiempo sólo he usado el setenta por ciento de mí poder. Mi traje siempre absorbía una parte. En un momento de verdadera necesidad me quito el traje... y todo el poder acumulado durante estos meses viene a mí en una increíble oleada de energía.
-Eso quiere decir...
-Sí, es algo que sólo puedo hacer una vez cada mucho tiempo- Explicó.
-¿Y por qué no lo hiciste antes? ¿Para salvar a Gaia o derrotar al Gobernador?- Preguntó Waver, confusa.
-Porque no lo controlaba... es demasiada aura para ser usada- Explicó- Este sistema está preparado desde hace mucho tiempo, pero cada vez que lo usaba me hería a mí mismo de manera seria, y hacía mucho daño a los que había cerca... Ha sido gracias al entrenamiento con mi maestra que ahora puedo controlarlo.
Mientras hablaban el Vikingo les había localizado y levantaba el puño para descargar su golpe. Un enorme brazo del tamaño de un autobús caía ahora sobre ellos. El Capitán retrocedió medio paso para ajustar su postura y respondió dando su propio golpe. Ambos puños chocaron y una onda de choque hizo volar los escombros y también a Waver. Sin embargo la fuerza del vasco era superior, de manera que el Vikingo retrocedió su brazo como efecto, haciendo que se balanceara.
-Parece que con esta fuerza puedo resistir tu poder... Aunque seas grande no eres mucho más fuerte... pondré fin a esto... Porque cuando libero mi carta final ya no es la furia vasca... es la ¡Sentencia Vasca!

Tiempo restante: 00:16:23.

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