miércoles, 18 de mayo de 2016

Capítulo 53 - 'La Confesión de Gravitta'

Eliart saltó hacía delante, levantando los puños imbuidos en el aura amarilla de Libra. Su velocidad llegaba a la altura de Aries, pero su fuerza era comparable a Géminis. Gravitta esquivaba los puñetazos usando más la intuición que la vista, pues a pesar de todo el I-Men era demasiado rápido para él. “Tengo que encontrar una manera de paliar la diferencia de velocidad, en cuanto a fuerza sé que puedo responder... Es hora de que utilice los portales”, meditaba el pelirrojo al tiempo que se elevaba en el aire y penetraba en uno de sus agujeros de gusano.
El manchego adoptó una postura defensiva, pues cuando el otro se introducía en sus túneles era imposible seguirle la pista. “Ahora podría aparecer por cualquier lado, debo estar preparado”, se decía así mismo. Más allá vio como algunos portales se situaban próximos, y a través de ellos pasaba Gravitta, cada vez a más velocidad. “Esta usando los portales y la aceleración de la gravedad para moverse muy rápido, eso quiere decir que está preparando un gran golpe”.
Al cabo de unos segundos Gravitta salió a toda velocidad de uno de los portales próximos a Eliart, quien apenas tuvo tiempo de reaccionar, levantando la mano. El puñetazo del científico iba cargado de energía e impactó con muchísima fuerza contra el I-Men, quien salió lanzado contra la pared. Pero Eliart giró en el aire y apoyó los pies sobre la pared y se impulsó de vuelta.
-¡Toma esto!- Exclamó mientras caía sobre su rival. Gravitta saltó y esquivó el ataque, luego agitó una de sus cadenas como si fuera un látigo.
-¡No te creas que será tan fácil!- Respondió Gravitta. El líder de los I-Men esquivaba los ataques de las cadenas, que abrían boquetes en el suelo con cada golpe, y poco a poco iba recortando distancias. Cuando se encontró lo suficientemente cerca aceleró su velocidad y cargó energía en el puño derecho.
-¡Directo de la justicia!- Lanzó el golpe contra el costado del otro, pero las cadenas acudieron raudas a interponerse entre ambos contendientes. El golpe impactó contra Gravitta, pero su defensa logró absorber gran parte del daño- ¡Todavía no he acabado!
Eliart lanzó numerosos puñetazos al aire, liberando energía de Libra en forma de proyectiles. Gravitta tomó algo de distancia y elevó la mano, aplicando frente a él un campo gravitatorio, su técnica más básica. Las flechas de luz se apagaron al impactar contra el suelo. “Los ataques a distancia no funcionarán contra él. Ahora mismo la única ventaja que tengo es que mantener los portales le debe estar drenando mucha energía. No sé cuanto le queda a Libra de su poder, pero no debe ser mucho...”, meditaba Eliart. En ese momento Gravitta cargó energía con sus manos y lanzó dos Novas hacía los portales que había a los lados. Los proyectiles morados fueron tragados por los agujeros de gusano.
El I-Men tenía que intentar forzar las fuerzas de su rival, si dejaba que desplegase todos sus trucos acabaría atrapado en su juego. Salió lanzado hacía delante, impulsado todavía por Libra, pero el aura amarilla comenzaba a decaer, pronto cesaría su efecto. Recortó en un instante la distancia que los separaba, y Gravitta no elevó esta vez el vuelo, su energía también comenzaba a flaquear y no podía malgastarla. Usando las cadenas de gravedad trató de repeler el furioso ataque de su rival, pero Eliart era muy rápido y lograba atravesar las defensas del pelirrojo.
-Maldito seas...- Murmuró el científico al recibir un leve puñetazo. De no haber sido por su entrenamiento con J.J ahora iría mucho peor. Cuando tuvo su primer enfrentamiento contra Eliart se dio cuenta de que el cuerpo a cuerpo era su mayor fallo. Por eso había practicado todos los días combates cuerpo a cuerpo junto a su mano derecha. Ahora los frutos de aquellas prácticas salían a la luz.
Llegado cierto punto su energía comenzó a disminuir y tuvo que elegir entre mantener los portales abiertos o usar sus cadenas, de manera que las cadenas se desintegraron en el aire. El I-Men se sorprendió por esa decisión, pero redobló sus esfuerzos de tratar de alcanzar a Gravitta. El destructor aguantó la acometida y aplicó un campo de gravedad frente a él que obligó a Eliart a retroceder. Ya casi lo tenía donde quería.
-Me pregunto qué estarás tramando...- Comentó entonces Eliart. El pelirrojo sonrió y le indicó con una mano que fuera a él. El I-Men sabía que era una trampa, pero no pudo resistirse y se lanzó. Sin embargo Libra flaqueó, su límite había llegado. Eliart se percató justo a tiempo y activó a Leo en el último segundo. Gracias a ello aumentó drásticamente su velocidad. Gravitta no pudo verlo venir esta vez y recibió un puñetazo en el estómago. Pero había encajado el golpe a propósito, de manera que no le hiciera mucho daño, y no perdió una vida. En su lugar agarró el brazo de su rival y aplicó un capo gravitatorio sobre ambos, quedando inmovilizados.
-Ya te tengo en el sitio adecuado, Eliart- Le susurró el destructor mientras sonreía. De repente, de uno de los portales que había tras Eliart, surgieron las dos Novas que había lanzado Gravitta con anterioridad.
Así que por eso quería retenerme aquí, he caído en su trampa pero... Aún tengo a Tauro”, pensaba el chico mientras llamaba a su energía defensiva, pero esta no acudió. Las Novas impactaron en la espalda del manchego, que perdió una vida y tosió sangre. Gravitta detuvo entonces el campo gravitatorio y puso algo de distancia.
-Vaya, esperaba que tuvieras que activar Tauro y así hacerte cambiar mucho de signos, gastando tu energía, pero por algún motivo no la has usado. Me pregunto por qué- Decía Gravitta en esos momentos. Eliart estaba anonadado, era la primera vez que los signos no acudían cuando los llamaba. Entonces recordó que cuando despertó a Libra sintió a su vez que un poder dentro de él se guardaba. “Tal vez significa que mientras uso a Libra tengo que sacrificar temporalmente uno de mis otros Signos a cambio... me pregunto si será algo aleatorio o siempre es Tauro”.
-¡Cáncer!- Exclamó entonces el I-Men, viéndose en una situación difícil. Por fortuna el aura verde y blanca sí acudió a la llamada, restaurándole una vida y haciendo aparición el escudo circular. Gravitta sonrió.
-Al menos te he obligado a utilizar ya esa carta, de manera que no puedes recuperarte. Si no puedes usar a Tauro, entonces te quedan principalmente Aries, Leo y Sagitario. Dudo que puedas usar tan pronto a Géminis y Libra.
Eliart no decía nada, pues sabía que su rival tenía razón. En su interior sentía que podía llamar de nuevo a Libra si lo necesitaba, pero intuía que eso implicaría la desaparición de otro de sus signos, y no quería arriesgarse. Entonces cayó en la cuenta de algo.
-Más o menos tienes razón, Gravitta. Pero hay un signo que no has visto, creo que te gustará, ju, ju, ju- Respondió el I-Men mientras sonreía sin disimulo. El científico enarcó una ceja y se preparó, ¿qué podría estar guardando? Un aura enorme y rosa apareció en torno a Eliart- ¡Virgo!
El despliegue de energía fue brutal, en parte a propósito, pues Eliart quería confundir a su rival y que pensara que se trataba de un signo ofensivo. Y así fue, Gravitta retrocedió medio paso mientras se cubría con las manos.
De repente todo rastro de energía del I-Men desapareció, por completo. Gravitta abrió los ojos e inspeccionó el terreno, ¿dónde estaba? El Guerrero Celeste tampoco había visto nunca en acción a Virgo, y se mostró debidamente sorprendido. “¿Qué es esto? ¿Puede ser que se haya hecho invisible? ¿Y su energía? Debería sentir al menos algo... pero esto es...”, de repente el tren de pensamientos del científico se cortó de cuajo, pues acababa de recibir un puñetazo muy duro en la boca del estómago. Al pillarle desprevenido recibió bastante daño, pero a juzgar por el efecto que había tenido, no iba imbuido con Aries ni ninguna otra aura. El pelirrojo reaccionó con rapidez y se introdujo en uno de sus agujeros de gusano, para poner distancia. A continuación apareció por otro en el extremo más alejado de la sala.
-Ese virgo le ha hecho indetectable, de alguna manera. Pero a juzgar por la fuerza de su ataque diría que no le otorga ningún otro poder especial. Hasta que llegue aquí cuento con unos diez segundos, suponiendo que corra. Tengo que pensar algo, vamos- Se decía a sí mismo el destructor. Entonces notó la sorpresa en el rostro del Guerrero. “No ha usado este signo antes, o no mucho, por lo que es probable que no lo domine... Y no tiene pinta de que dure demasiado...”, entonces levantó las manos y creó un campo gravitatorio frente a él, de manera que cualquiera que entrase se viese retenido- Si entra dentro del rango de mi gravedad lo notaré, sólo puede atacarme ahora por la espalda...
Cerró los ojos y esperó el momento adecuado. No podía fiarse de sus sentidos, así que aprovechó lo aprendido con J.J y sus experiencias en batallas. Sólo la intuición y su Sexto sentido serían capaces de decirle cuando atacaría Eliart. “Todavía no”, se decía. Al cabo de unos minutos se hizo evidente que el I-Men estaba esperando el momento oportuno, gastando las fuerzas de su rival. De repente hubo un estallido de energía justo a la espalda del científico, y este se giró para ver al otro envuelto en un aura roja.
-¡Leo!- Eliart lanzaba un puñetazo mientras que Gravitta se giraba a toda velocidad y cargaba toda la energía que podía en sus manos. “No puedo mantener los portales, si no quiero perder deberé renunciar a ellos...”, decidió. En una fracción de segundo centró todo su poder en generar una Nova que lanzó a bocajarro. Al mismo tiempo toda la fuerza del I-Men se centraba en su puño- ¡Rugido de Leo!- Dijo Eliart.
-¡Nova!- Respondió Gravitta.
Ambos ataques impactaron con fiereza en los pechos de cada uno, echándolos atrás. El I-Men salió lanzado y se golpeó con la pared, recibiendo un muy duro golpe de la esfera de gravedad. Al mismo tiempo el Rugido empujó a Gravitta, haciéndole quemaduras por todo el cuerpo. Ambos contadores de vidas bajaron a uno. Se recuperaron con relativa rapidez y se miraron. No pudieron evitar reírse.
-Vaya, esto me trae recuerdos... La última vez dejamos el combate justo aquí. Tu rugido destrozó mi chaqueta y mi Nova te hizo chocar contra la pared- Dijo el científico. Eliart sonreía.
-Sí, es una sensación extraña- Admitió. “Ahora es el momento de hablar con él, siento que ha usado todo lo que tenía, al igual que yo. No encontraré mejor momento”, decidió. De repente los portales por toda la sala comenzaron a vibrar de manera furiosa. Las grietas que marcaban sus límites aumentaron de tamaño y su energía se hizo inestable. Gravitta se concentró y redujo el poder de sus portales, aunque de todas maneras estos explotaron, destrozando el techo del edificio. La energía gravitatoria impregnó las rocas, y estas quedaron flotando por el cielo, formando una especie de cinturón de asteroides.
-Ah... la energía que me estaban quitando era demasiada, y empezaba a perder el control sobre ellos, no tenía otra opción- Afirmó Gravitta mientras se elevaba en el aire y se situaba sobre una de las rocas flotantes- Vamos ven, acabemos con esto aquí arriba.
-Como quieras- Eliart dio un salto aprovechando los remanentes de Leo y se subió a otra roca. Entonces fijó su mirada en el otro- Pero antes hablaremos, Gravitta.
-Qué quieres, tenemos que decidir cual de los caminos que seguimos es el mejor. El adecuado.
-Y lo haremos, el diálogo también es una batalla. Pero intelectual- Adujo el I-Men mientras sonreía. Gravitta también lo hizo- Ya has usado todas tus técnicas. Igual que yo. He absorbido todo tu odio, toda tu furia. Así no llegarás a ningún lado, entiéndelo por favor. Esa oscuridad y soledad a la que te abocas sólo te llevará a la autodestrucción. ¿Realmente no quieres a nadie a quien poder llamar amigo?
-Eliart...- Gravitta bajó la cabeza. Los recuerdos se agolpaban en su mente- No me dejarás en paz hasta que te de la razón, ¿verdad? No me conoces, no me puedes entender.
-Entonces déjame intentarlo. Tienes una oportunidad ahora de cambiar tu destino, y sé que no eres idiota. ¿La dejarás pasar por orgullo?- El líder de los I-Men había tocado uno de los puntos débiles de Gravitta, pues este aborrecía a la gente orgullosa. Entonces el pelirrojo tomó una decisión.
-Está bien. Parece que no te quedarás tranquilo de otra manera, te contaré mi historia. Y una vez sepas la oscuridad que me rodea, no podrás negar que mi camino es el adecuado- Entonces bajó la mirada hasta el Guerrero Celeste- Pero tu amigo deberá irse, no quiero que él escuche esto.
-Celestina, por favor- Dijo al instante Eliart. Luego le miró- Está todo bien aquí, puedes bajar con los demás, deben estar preocupados.
-Yo...- Entonces, sin saber muy bien por qué, se vio en la necesidad de decir algo- Gravitta, más te vale que pienses muy bien lo que vas a hacer. Eliart y otros como Shadow o Revelación han sido demasiado amables contigo. J.J y Death siguen abajo, vivos y esperándote. Espero que todo esto valga para algo... Ahora, me voy.
Girándose con resignación llamó al viento y se dispuso a volver a tierra. Cuando llegó al suelo los demás estaban expectantes, mirando al cielo. Los secuaces de Gravitta también estaban por ahí cerca, de manera que podían escucharles. El I-Men miró a sus amigos antes de hablar, vio que Revelación asentía, ya sabía que quería decirles.
-Han estado peleando, de una manera muy épica. Ahora están ambos con una vida, y han usado prácticamente todos sus trucos, o eso parece. Ahora...- Le costó esfuerzo decirlo- Ahora están hablando.
-¿Hablando?- Preguntó Gaia, que ya había despertado- ¿Cómo que hablando? ¿Es una broma? Eliart debería estar acabando con ese tipejo.
-¿A qué te refieres con que están hablando?- Preguntó Shadow, pensando en Kya.
-A que Eliart está tratando de convencer a Gravitta de que deponga las armas, por así decirlo.
Creo que... quiere hacerse amigo suyo- El Guerrero bajó la cabeza, lo cierto es que no estaba de acuerdo con la decisión de su amigo. Pero él no debía juzgarlo. Serían los demás quienes serían más mordaces al respecto.
-Tienes que estar de coña- Dijo el Capitán- ¿Después de todo eso? Por su causa hemos perdido a Demongirl. No podemos dejar sencillamente que se vaya tan tranquilo.
-Bueno, eso en realidad es parte del Juego- Intervino entonces J.J, que estaba sentado más allá- En realidad las peleas que tenemos que hacer no son por voluntad propia. Ninguno, ni nosotros ni vosotros querría pelear. Si estas cosas pasan, es por culpa del Juego. No de mi maestro, así que no manchéis su nombre.
-¿Y qué me dices de la ayuda que prestó en la ciudad?- Inquirió entonces Garra, pues sabía que el científico estuvo allí. Esta vez fue Death Master quien habló.
-El Guerrero mismo os puede confirmar que si peleó fue porque lo obligasteis. El sólo hizo una visita de cortesía al Gobernador, pues en el pasado se ayudaron. Cuando quiso irse de la ciudad le retuvisteis, a pesar de que él no quería pelear. Incluso dejó con vida al Guerrero, y pudo eliminarle.
-Eso... es verdad- Tuvo que reconocer. Entonces Gaia veía que los detractores de la idea estaban perdiendo terreno y tuvo que levantar la voz.
-¿Acaso os olvidáis de lo que me hizo? ¿Del rapto? ¿De las heridas que me causó? Tú lo viste Shadow, como rompió su palabra y me hirió- Entonces J.J entrecerró los ojos. El moreno no decía nada, pues se sentía dividido. Por un lado no olvidaba la promesa que le rompió, pero por otro era consciente de que tal vez el único capaz de llevar a la Tierra a Kya era el científico. Entonces J.J habló.
-¿Por qué mientes Gaia?- Todos los I-Men se quedaron sorprendidos. ¿Qué? La rubia se puso roja, y Kya bajó la cabeza- El único daño físico que recibiste fue la bofetada que te dio porque estabas siendo muy subversiva. ¿No les contaste que todo el daño que sufriste, fue a manos de Kya? ¿Y tú por qué no has dicho la verdad, gata? No toleraré que se mienta sobre mi maestro y se lo inculpe de unos actos que no son suyos.
-¿Es eso verdad, Gaia?- Preguntó un sorprendido Capitán. Gaia estaba roja, no decía nada. Kya también se veía visiblemente avergonzada. Shadow miró a su novia como si fuera la primera vez que la veía.
-¿Entonces Gravitta en realidad no rompió su promesa?
-Es verdad lo que dice, Shadow... en realidad yo se lo hice todo. Pero en ese tiempo estaba confundida, no entendía porque todos eran tan distintos a mí. Y ella me daba mucha envidia, tenía tanta gente que la quería... Lo siento- Los I-Men estaban impactados, pues darse cuenta de que en realidad nada era blanco o negro era difícil. Ahora todos dudaban en su fuero interno, como decía J.J, ¿era realmente malvado Gravitta, o sólo perseguía sus objetivos? Una cosa era cierta, de no ser por el Juego, jamás habrían tenido ningún motivo para pelear.
En el Séptimo piso, Gravitta se preparaba para hablar. Las rocas sobre las que flotaban giraban con lentitud en torno al eje de la destruida Torre. A Gravitta no le preocupaba demasiado la estructura, pues sabía que gracias a su magia se repondría sola. Eliart guardaba silencio, esperando. Al cabo de unos minutos el pelirrojo comenzó su relato.
-Todo comenzó cuando yo tenía seis años- Dijo- Yo y mi familia eramos la típica familia feliz. Una madre, un padre, un hijo y una hija. Mi hermana tenía tres años. En aquel momento mi padre tuvo un cambio de actitud muy radical, apenas tengo recuerdos de esos días, pero sí recuerdo con claridad ver a mi madre sufrir por algo que no entendía.
>>En su momento no lo sabía, pero ahora sé que lo que ocurrió es que mi padre despertó sus poderes, al igual que nosotros en su día, Eliart. A raíz de ello su personalidad cambió de manera drástica, ya no pensaba igual que antes. Gracias a su trabajo como científico nos mantenía a todos, pero empezó a perder la razón, o eso creo yo. Sus ideas y sus experimentos empezaban a ser peligrosos y extraños. Sin embargo era muy bueno en lo suyo, y por eso los superiores no estaban seguros de qué hacer al respecto. Pero todo cambió cuando cumplí diez años. Iba con mi madre y mi hermana en nuestro coche, cuando tuvimos un accidente.
Gravitta bajó la cabeza, aún pensaba en esa noche.
-Mi madre murió al instante. Mi hermana, no- Su voz se redujo a un hilo- Cuando desperté yo sólo tenía un moratón. Ella estaba atravesada por un hierro. La vi morir lentamente, pero al menos estaba a su lado. No puedes imaginarte como era Ella, Eliart. La niña más dulce y amable que hayas conocido jamás. Y era tan inteligente... Aquello me impactó tanto que quedé en estado catatónico durante años. Mi padre, por supuesto, perdió la razón del todo. Lo echaron del laboratorio y parecía que las cosas irían de mal en peor.
>>Pero hace trece años, cuando yo tenía doce, otra cosa cambió. Ciertas personas del Gobierno se enteraron de lo bueno que era mi padre como químico y biólogo, y necesitaban alguien capaz de tomar riesgos. Lo reclutaron para el proyecto de Súper Fuerza y Súper Velocidad Vasca.
-Eso es...
-Sí, lo que permitió que naciera el Capitán Vasco. Mi padre fue el principal ejecutor del proyecto junto a un par de colegas. Sabía que él era especial, así que puso unas exigencias desorbitadas. Pero inesperadamente se las concedieron. Logró convencer a un amigo suyo multimillonario para que pusieran un satélite en órbita para él... Para que pudiera llevar a cabo su mayor experimento hasta el momento. El Gobierno decidió ser complaciente y puso mucho de su parte en cuanto a mano de obra, instalaciones y muchas otras cosas. Sospecho que existe una red más profunda detrás de todo esto, pero no lo he averiguado aún.
>>Finalmente, hace diez años, el proyecto estuvo acabado. Se inyectó el suero a un joven bilbaíno y se convirtió en un héroe, o esa es la teoría. Yo, durante todo ese tiempo, había permanecido encerrado en mí mismo, no pude superar la imagen de mi hermana muerta. Y mi padre no hizo el menor esfuerzo por ayudarme. Sólo se fijó en mí cuando por fin acabó su proyecto y tuvo a su disposición el satélite. ¿Sabes qué hizo? Nos llevó al espacio. No es una broma, su plan consistía en ir a la órbita terrestre... y experimentar. ¿Sabes quién fue el sujeto de pruebas? Fui yo, su propio hijo.
>>Estuve allí nueve años. Debido a las experiencias nuevas y al hecho de estar tan lejos de casa, poco a poco desperté de mi letargo, y algo nuevo dentro de mi brillaba como un fuego. No estaba dispuesto simplemente a convertirme en un muñeco, decidí que quería vivir. Así que al principio hice todo lo que mi padre me pedía en pro de sus experimentos. Y no solo eso, también me enseñó Biología, Química, Física, Matemáticas. Se encargó de traspasarme todos los conocimientos que pudo. Yo era un adolescente terriblemente influenciable, y no entendía nada, sólo absorbía los conocimientos que podía y me preparaba para bajar de nuevo a la Tierra. Necesitaba un objetivo, algo a lo que aferrarme.
>>Allí, a los veintitrés años, descubrí finalmente mi poder de controlar la gravedad. Mi padre estaba que no cabía en si de goce. Pero entonces cometió su mayor error...
Gravitta miraba el suelo chapado de metal. Estaba de pie sobre él, como si hubiera gravedad. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando. Estaba controlando la gravedad a voluntad propia. Su padre soltó una exclamación por el altavoz.
-¡Sí! ¡Lo hemos logrado, Sigfri!- Dijo usando el nombre terrestre de Gravitta. El pelirrojo no entendía por qué estaba pasando todo aquello, pero se contagió de la felicidad que mostraba su padre. Nuca estaba feliz, así que debía de haber pasado algo realmente bueno.
-¿Esto era lo que queríamos? ¿Podemos volver ya a la Tierra, padre?
-No, no. Después de trece años preparando el terreno, por fin he logrado que despiertes poderes. No podemos simplemente dejarlo ahora, hijo.
Algo en la mente del joven hizo una rápida conexión. “Trece años, trece. Lleva todo ese tiempo preparando el terreno... ¿Qué?”, pensó a toda velocidad. Gracias al entrenamiento mental tan severo al que le habían sometido, el joven Gravitta había desarrollado mucho su capacidad mental, por eso asoció y dedujo en un instante.
-Hace trece años... fue cuando el accidente ocurrió, en el que mamá y...
-Sí, sí. No te preocupes por eso. No he querido decir nada.
-Ya...- Pero una terrible sospecha se alojó en el pecho de Gravitta. ¿Era si quiera posible que su padre fuera tan malvado?
Después de aquello pasó un año más, Gravitta aprovechaba cualquier momento para intentar sacar toda la información de la que disponía. Finalmente, un día, logró romper los códigos de seguridad del ordenador central del satélite. Desde allí pudo acceder a la red privada de su padre. ¿Qué era lo que se traía entre manos? Y lo encontró. Se horrorizó cuando lo vio. En una carpeta llamada “Proyecto S”, numerosos archivos en forma de diario se almacenaban. Gravitta no disponía de mucho tiempo, de manera que leyó lo más rápido que pudo.
Diario, tengo poderes. Soy Guillermo Castellano y he despertado poderes. Esto es inaudito”, eso decía la primera entrada. Durante tres años de diario no había realmente nada sustancial, hasta el momento en el que el diario llegaba al accidente de su familia. Gravitta abrió los ojos como platos al leerlo; “Ha llegado el momento. Tengo motivos para sospechar que mi hijo tiene el potencial de despertar poderes. Sin embargo para ello he de realizar el experimento más difícil de todos. He de crear las condiciones adecuadas, es necesario situarlo en una brecha emocional y mental. Si la supera sus posibilidades son ilimitadas”, decía.
Eliart se estremeció.
-No querrás decir que...
-Sí. Eso es justo lo que digo...- Murmuraba Gravitta- Mi padre las mato, a las dos. Era todo parte de un plan loco para despertar mi potencial. ¿Y para qué? La furia que sentí en ese momento es inenarrable. Pero ahí no acabó la cosa.
Gravitta no podía dejar de leer. Las siguiente entradas mostraban desolación, Guillermo creía que su proyecto había fracasado. “No ha funcionado, mi Hijo sólo se ha convertido en una carcasa vacía de lo que era antes. Ya casi no habla, no come. No hace nada. Se ha convertido en un despojo inútil”, decían las entradas. Más adelante narraba el encuentro con un tal “Northern Sage”. Aparentemente fue él quien le ofreció la posibilidad de trabajar en el proyecto vasco. Y también le facilitó contactos, entre ellos los datos del Señor Constanzo, alguien con mucho dinero que podría ayudar a costear la nómina del afamado científico. Al parecer el tal Sage también tenía poderes, y advirtió a Guillermo sobre algo llamado el Juego. Aparentemente quedaban un par de años para que se llevara a cabo un reclutamiento de gente con poderes.
Fue entonces cuando decidió crear su plan del satélite, utilizando promesas y diferentes cebos se ganó la confianza de Constanzo. También utilizó sus influencias y métodos algo sucios para lograr sus objetivos. Debía ponerse a salvo de ese terrible Juego del que le habían hablado. Fue entonces cuando cayó en la cuenta de que si llevaba a su Hijo podría tratar de seguir sometiéndolo a estímulos, tal vez así llegara el momento.
El Gravitta de veinticuatro años de entonces estalló en furia. ¿Esa era su vida? ¿Su vida se resumía a eso? El mayor de los traumas de su vida era producto de un padre loco. Había pasado cinco años mirando las paredes, muerto, y luego había sido llevado a una estación espacial. Había pasado nueve años entrenando allí arriba con alguna esperanza de bajar y vivir una vida. Y ahora descubría que nada tenía sentido, que en realidad era todo obra de un loco. Un loco que lo había reducido a un experimento humano. Guillermo llegó en ese momento a la habitación y vio que su hijo estaba leyendo los documentos. La mirada de odio que el pelirrojo dirigió entonces a su padre no tenía parangón.
-Y peleamos. A miles de kilómetros sobre la Tierra- Explicó Gravitta- Mis poderes eran muy recientes, no los manejaba bien. Me derrotó muy fácilmente, pero no me mató, sólo me dejó inconsciente. Huyó a la Tierra en la única lanzadera que tenía la estación. Cuando desperté el satélite había sido saboteado por él, me intentó matar a mí también.
-¿Y cómo saliste de ahí?
-¡Ja! Me había enseñado demasiado. El odio tan puro que sentí en ese momento me ayudó a encontrar una respuesta, gracias a mis conocimientos y a mis poderes logré abrir durante una fracción de segundo un portal que me trajo a la Tierra antes de que el satélite cayera.
-Entonces, aquella noticia de hace casi un año en la que un Satélite viejo cayó...
-Sí, era ese. Había vuelto a la Tierra después de todo. Sin embargo... Yo no entendía nada. Con diez años me aislé, y con quince fue llevado a un ambiente totalmente muerto. Pase otros nueve allí arriba, lejos de cualquier persona. No sabía vivir, Eliart, era un total inepto para las relaciones humanas. Por eso no entiendo qué quieres decir con tus cuentos de la amistad. Sólo son distracciones. Lo único que me mueve es la Ira y el Odio que siento hacía el ser que es mi padre. Me ha convertido en un monstruo, y por eso he de matarlo. No puedes evitarlo Eliart, es mi destino. En parte por eso vine aquí, sabía que era posible que hubiera sido traído al Juego. Creo que era de los pocos que sabía donde se metía cuando fue al faro.
-Ya veo...- Eliart cerró los ojos un instante. Ahora sabía que no podía simplemente ganar a Gravitta y hacerle entrar en razón. Tenía que llegar a él, a cualquier precio- Lo que has pasado no es justo, Gravitta. Y estoy de acuerdo en una cosa, tu padre merece un castigo. Jugó con tu vida y con las de tu familia. Pero no puedes hacerlo sólo, no puedes hacerlo a través del odio. Te consumirás y te destruirás. Y eso no tiene ningún sentido. Dame una oportunidad, te haré ver el lado bueno de la humanidad, te enseñaré lo que vale una amistad. Sólo debes confiar en mí, aún no es tarde.
-Yo...- Gravitta estaba muy confuso en su interior. Todo lo que había aprendido nada más llegar a la Tierra fue una cosa. No confiar en nadie. Ni si quiera en tu padre, especialmente en tu padre. ¿Podía seguir él ese camino del que le hablaba Eliart? ¿Podía? ¿Debía rechazar los sentimientos que le habían empujado tan lejos? No- No puedo desprenderme de este odio, no conozco la amistad. No.
-Yo también pasé por momentos muy duros- Comenzó a decir Eliart mientras un aura dorada se dibujaba a su alrededor- No como los tuyos, claro. Pero yo también sé lo que es la soledad, sé lo que es sufrir el rechazo. Pero, ¿sabes quién me salvo? Mis amigos, ellos me han convertido en lo que soy ahora, gracias a ellos he renacido como una nueva persona, alegre. Ahora no me dejo vencer por el lado negativo del mundo . Y pienso salvarte de ti mismo, porque tu mirada me dice lo que tú no te atreves a hacer. A aceptar mi mano. Estoy decidido- Un aura dorada se amplificó en torno al I-Men mientras su resolución aumentaba. En su frente se dibujaba un círculo y dentro de este había una cabra con cola de pez. Eliart supo por instinto lo que debía hacer- Adelante, ¡Capricornio!
El cielo se oscureció durante una fracción de segundo. De repente en lo alto brilló una estrella y esta comenzó a caer. Gravitta y Eliart miraron como la estrella se precipitaba. Cuando estuvo más cerca observaron que se trataba de un objeto. Este finalmente aterrizó frente a los pies del I-Men. Una espada dorada se había clavado en la roca. La espada refulgía con el mismo aura que envolvía a Eliart, de manera que decidió acercarse y cogerla. La arrancó de la roca y al instante sintió como la fuerza le envolvía. La espada constaba de una empuñadura que permitía cogerla con una o dos manos, según la situación. A continuación tenía una guardia estilizada con un ópalo naranja incrustado. Por último tenía una hoja ancha de cerca de un metro de largo con un “I” inscrito.
Al cogerla brillaron a cada lado de la hoja seis círculos de manera tenue. Eliart miró a Gravitta.
-Esta es mi determinación a hacerte ver la luz, Gravitta. No puedes seguir luchando, si lo haces acabarás muriendo. Dame esa oportunidad. Recuerda a Libra, ¿viste la esfera blanca? Tienes luz dentro de ti.
-No puedo perder, jamás- Gravitta miraba concentrado a la espada de Eliart. Esta no se parecía en nada al resto de armas que alguien invocaba con sus poderes, la espada que había llamado era algo milenario, no al alcance de cualquiera. “Necesito algo para combatirla, debo exprimir mi poder, no puedo perder...”, pensaba Gravitta, quien sintió una fuerza que le llamaba desde dentro de su corazón. Sus instintos le hicieron crear un Sol oscuro que rápidamente se convirtió en un agujero de gusano. Este colapsó y se tragó a sí mismo, creando una brecha en el espacio-tiempo. De repente el tejido del universo se había roto y en el aire se veía una grieta al lado del científico, como si fuera un cristal roto. Gravitta introdujo la mano dentro de la grieta y extrajo una espada igual a la de Eliart, pero de color morado.
La empuñadura y la hoja eran algo más largas y estilizadas, pero no era una espada tan robusta como la dorada. La guardia era algo más corta, y tenía incrustada una amatista morada. En la hoja había inscrito un “II”. La espada del Universo y la espada de las Estrellas resonaron al encontrarse tan cerca la una de la otra, y a sus dueños no les pasó desapercibido.
-Parece que antes de tomar una decisión, primero deberíamos chocar espadas- Dijo Gravitta mientras reía. Eliart bajó la barbilla.
-Como quieras, pero si te gano, aceptarás mi propuesta.
-Está bien. Aceptó que tu poder de la amistad es fuerte, pero antes necesito saber si mi poder es lo suficientemente fuerte.
Ahora lo sé. No lo quiere admitir, pero quiere coger mi mano. Debo ganarle, y entonces... Entonces podré enseñarle lo que le arrebataron”, meditaba Eliart. De repente pasó algo extraño. Su espada quería decirle algo. ¿Su espada? Miró la empuñadura y sintió como si fuera llevado a otro lugar. Cerró los ojos ante la sensación de vértigo que lo envolvió. Cuando abrió los ojos ya no se encontraba en la cima de la torre.
A su alrededor había un cielo oscuro y estrellado, como un domo gigantesco. A sus pies también, sentía como si estuviera apoyado en un cristal. Entonces a su alrededor comenzaron a iluminarse tronos dorados, bastantes de ellos. Algunos, en cambio, permanecieron en la oscuridad. Frente a él un hombre majestuoso se levantó de su trono y se acercó a Eliart. El hombre medía cerca de un metro ochenta y vestía una armadura medieval muy ornamentada. Su casco representaba a una cabra. La espada que llevaba enfundada era igual a la que el propio I-Men llevaba. De alguna manera, Eliart supo que no tenía nada que temer.
-Tú... Eres Capricornio, ¿verdad?- Preguntó el chico. El hombre se quitó el casco y dejó ver un rostro maduro y con barba. Sus ojos eran como el hierro, pero cálidos al mismo tiempo.
-Así es, joven Eliart. Estaba deseando que despertaras mi poder por fin- Contestó el hombre con una voz cálida- Bienvenido a la dimensión de las constelaciones, al Domo de las Estrellas. Desde aquí hemos seguido tus pasos, yo y los demás. Pero no podías entrar hasta hallar la fuerza para sostener la espada de las Estrellas. Ahora que estás aquí y antes de que pelees con Gravitta, los demás y yo queremos decirte algo.
Eliart se giró y pudo ver a los demás en sus tronos. Reconoció al instante a Tauro, un hombre bajo y fornido pero con una sonrisa muy campechana. Más allá vio a una joven doncella de cabello rubio que parecía muy tímida, debía de ser Virgo. Todos los demás estaban allí, incluso Escorpio, aunque su trono permanecía en las sombras. Pudo ver el rostro en penumbra del poder que, de alguna manera, se había saltado. A su vez había varios tronos más que permanecían en la oscuridad, el resto de signos que faltaban por despertar.

Por último vio a Aries, un joven de pelo castaño que se parecía mucho a él. Era, sin ninguna duda, el primer Eliart del que su maestro le había hablado.

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