lunes, 4 de marzo de 2013

Capítulo 18 - 'La investigación avanza'

La nube de polvo imposibilitaba la visión al grupo de los I-Men. Eliart sintió que algo se quedaba sin fuerzas dentro y el miedo le invadió. ''Espero que Thunder-Man esté bien'', miró a Celestina y asintió.
-¡Viento!- El hacker levantó los brazos y una corriente de aire se llevó la polvareda. Cuando se despejó vieron al Borrador y al hombre tirados en el suelo. Al monstruo le faltaba el brazo izquierdo y el ala derecha, además de tener un boquete considerable en el abdomen. Por su parte el antiguo ganador sangraba con profusión por la frente, además se intuía una herida más seria en el pecho.
-¡Thunder-Man, no!- Exclamó Eliart, que fue corriendo a su lado para socorrerle. Llama Helada y Revelación se acercaron también. El líder de los I-Men le sostuvo la cabeza, aun estaba caliente, respiraba y su corazón latía, aunque con debilidad- Donde narices está Holy cuando se le necesita.
-Mierda, esto no puede estar pasando...- Susurró Llama Helada. De repente el Borrador se incorporó a pesar de las graves heridas y les miró.
-¡Está acabado! Y pronto lo estaréis vosotros también, niñatos, habéis roto las reglas... y seréis castigados- Dijo entre silbidos. Shadow se envolvió en sombras y se lanzó contra el ser.
-¡Alejar a Thunder-Man, yo me encargo de este tipejo!- Les gritó mientras chocaba con violencia contra su rival. El Borrador aguantó el impacto y se preparó para plantarle cara- Por culpa de tu jefe, ese tal GM, estamos metidos en un estúpido juego- Dijo el moreno mientras le propina puñetazos cargados de rabia- Vais a pagármelas todas juntas.
-Ju, ju, ju- El monstruo se rió por lo bajo mientras resistía con su único brazo las acometidas del otro. Cuando Shadow flaqueó debido al esfuerzo aprovechó para lanzarle una patada que le hizo perder el equilibrio, cayendo al suelo con fuerza. Entonces un rayo de energía blanca le brotó de la boca, hiriendo al joven. El Guerrero Celeste se impulsó para llegar allí cuanto antes. Comprimió el viento en su brazo y se preparó para atacar.
-¡Espada vendaval!- Gritó mientras una afilada y poderosa corriente le rodeaba el brazo derecho. Intentó cortar al Borrador, que se vio obligado a apartarse para evitar daños. Celestina miró preocupado a su compañero- ¿Estás bien?
-Si, me ha dolido, pero creo que puedo seguir- Con algo de esfuerzo Shadow ignoró el dolor y se puso al lado del hacker para pelear juntos- ¡Vamos allá!
El Guerrero invocó una corriente que les diera más velocidad, de manera que salieron disparados. Entonces el chico de viento alcanzó una aceleración tremenda, rodeó a su enemigo y provocó un giro en el aire muy potente. Alrededor de los combatientes se formó un torbellino que aumentaba la presión del aire y dificultaba los movimientos. Mientras todo esto ocurría el chico de las sombras se había fundido para formar una marea negra hecha de sombras. El borrador no pudo reaccionar a tiempo debido a las heridas causadas por Thunder-Man y sólo pudo mantener la guardia, preparado por si le atacaban.
El chico del pelo tazón se había montado en la corriente del torbellino y giraba alrededor de su contrincante, esperando el momento oportuno. En una de las vueltas se vio en la espalda de su enemigo y salió lanzado como una bala contra el, espada en ristre. El Borrador se esperaba algo así, de manera que se giró para repeler el ataque, pero de repente la sombra del suelo emergió y le empezó a rodear el cuerpo, como un montón de tentáculos oscuros.
-Maldito seas...- Dijo airado. Nada pudo evitar que el Guerrero le atravesara de lado a lado con la espada- ¡Agh!
El Borrador concentró su energía y la expulsó con fuerza casi al instante, produciendo una onda de impacto muy fuerte, lo que le permitió liberarse además de causar un serio daño a los I-Men. A Shadow le afectó bastante, pues ya estaba herido, y aunque Celestina salió menos grave, también estaba dañado. El chico moreno iba a desplomarse cuando el hacker le cogió en brazos y se lo llevó con ayuda del viento.
-Mierda, es fuerte...- La herida de la espada era profunda, pero no parecía haberle eliminado, ¿cómo era posible aquello? ¡Le habían atravesado el pecho!- Es completamente inhumano...
Mientras tanto Eliart observaba toda al situación con aprensión, no sabía si socorrer a Thunder-Man o ir a luchar al lado de sus compañeros. Notó como bajaba la temperatura del ganador.
-¡Llama Helada, ayúdame! Está perdiendo calor...- Dijo el líder.
-¿Quieres que le de calor?- Preguntó extrañado- Aunque le de calor, eso no quiere decir que se vaya a curar, tan solo se sentirá un poco mejor, pero...
-Me da igual, tu hazlo, tal vez consigamos que aguante lo suficiente...- Waver, quien hasta entonces se hubo mantenido a la expectativa, se adelantó.
-Chicos, se que parece una locura, pero puedo introducirme en su cuerpo en forma líquida. Desde dentro podría intentar minimizar los daños... aunque no puedo evitar los daños más serios...
-Cualquier ayuda es buena, hazlo por favor- Rogó Eliart. Se levantó y miró a Thunder-Man- Os lo encargo a vosotros- Y dejándolo en manos de los hermanos fue a la batalla. Había estado dándole vueltas al tema de como derrotar al monstruo, y creía tener una idea.
El Borrador le vio y se acercaron de frente.
-¿Ahora te toca a ti, polluelo?- Preguntó burlón.
-¡Cállate monstruo! ¡Géminis!- Y entonces la energía azulada le rodeó con fuerza, se dividió en dos Eliarts con mucha energía cada uno. A continuación se miraron- ¡Tauro!- Grito uno- ¡Leo!- Exclamó el otro. Las auras verdes y rojas se mezclaron en cada uno de ellos con la azul. Entonces chocaron los puños y sucedió algo extraordinario, ambos Eliart se fueron fusionando poco a poco. Al final de todo el proceso solo quedaba uno de ellos con toda la energía de los astros de Tauro y Leo- ¡Estoy listo!
-Me gusta tu espectáculo de luces, pero con eso no me derrotarás- Susurró el ser.
De repente el líder de los I-Men salió disparado, gracias a la velocidad de Leo pudo golpear con fuerza a su rival, quien no fue capaz de reaccionar a tiempo. El Borrador se recuperó y le devolvió el puñetazo con energía, sin embargo la defensa de Tauro absorbió el ataque. ''La defensa y fuerza de Tauro, combinadas con la Increíble velocidad y poder de Leo, es la combinación perfecta, pues una signo suple las carencias del otro, pero es agotador... no aguantaré mucho'' pensaba el joven para sus adentros. Acumuló energía en el brazo derecho y de nuevo descargó su poder sobre el blanco pecho de su enemigo. Esta vez la energía abrió un boquete.
-¡Mierda!- Gritó mientras salía despedido. El Monstruo trató de levantarse pero entonces apareció rápido como el viento el Guerrero Celeste. El brazo derecho estaba rodeado por una corriente en forma de espada.
-¡Espada vendaval!- Le cortó la cabeza con eficacia, luego le dio una patada y Shadow Walker la aplastó con sus puños envueltos en sombras.
-Est-o....me..lo...paga...réis...- Logró decir el Borrador antes de deshacerse en polvo blanco.
-Joder por fin hemos terminado con el capullo este- Dijo Celestina.
-Si, era duro de pelar- Confirmó Shadow. Entonces Llama Helada les llamó.
-¡Chicos, Thunder-Man ha despertado!- Todos corrieron a ver como estaba el ganador. Justo en ese momento Waver salía de su cuerpo y recuperaba la forma humana.
-No he podido hacer gran cosa con sus heridas...- Murmuró solemne. Entonces el hombre escupió algo de sangre, tosió y finalmente les miró a todos con unos ojos satisfechos.
-Parece que sois fuertes, me alegro... lo necesitaréis para lo que os espera...- Tosió de nuevo y esta vez le tomó más tiempo hablar-...escuchar, me muero, ya no puedo ayudaros... pero se de alguien que podrá contestar a todas vuestras respuestas...- Cerró lo ojos y cogió aire-...Se llama Cerebro- Entonces les dijo que había quedado con el en un callejón de Madrid dentro de varios días- Nunca le he visto, así que no puedo deciros más... tan solo que él logró sacarme... de ''allí''... el lugar donde están ellos... suerte...- Entonces exhaló su último aliento y murió delante de los I-Men, que estaban consternados.


Gravitta estaba en el laboratorio de Irons, colocando algunos elementos en su sitio. Una vez lo tuvo todo preparado se sentó en el escritorio blanco y miró unos resultados en una tabla. Gracias a los poderes tecnológicos de Irons podían manipular nanotecnología extremadamente diminuta. Sin embargo los conocimientos químicos necesarios para manipularlo correctamente debían ser amplios. Entre los dos intentaban buscar una fórmula que produjera un máximo de eficiencia. Estaba cerca de lograrlo.
Por otro lado había puesto a analizar el papel del sobre, el sello y la tinta con la que habían escrito la invitación del juego, además de buscar rastros. Por supuesto no encontró una huella o material genético. Gracias a los sellos había logrado seguir el rastro del sobre a lo largo del mundo, al parecer se había enviado y reenviado desde numerosos países, pasando incluso varias veces por algunos. Gracias a la tinta pudo descartar unos cuantos países que no utilizaban esa concreta, y pudo eliminar otros gracias al papel. Tras numerosos estudios determinó que el país origen de la invitación era el Reino unido, Londres. Frente al ordenador intentó averiguar la empresa que la mandó, pero se topo con muros informáticos que se lo impedían.
-Joder, esta información esta cifrada, y de ordenadores no es que sepa mucho- Irons rondaba por el laboratorio y le escuchó, de manera que se acercó.
-Déjame a mi, tengo algunas dotes de hacker, y mis poderes y eso...- Gravitta se apartó y le dejó trastear. Al cabo de unos instantes se apartó y le miró satisfecho- Listo, ahí tienes al información que querías. ¿De qué se trata?
-De nada importante, gracias- Le cortó el científico de manera seca- Ah, y ya he terminado las fórmulas que querías para tu tecnología, he optimizado la reacción y la obtención de energía, ahora sólo tienes que trasladarlo a una gran central.
-¿En serio? Eres más rápido de lo que pensaba, hice bien en pedirte ayuda...- El joven empresario se quedó un rato más observando, pero no tardó en alejarse. Antes de salir del laboratorio se giró de nuevo- Y del otro tema... ¿sabes algo?
-¿De lo de tu padre? No, lo siento- Esta vez Gravitta lo decía en serio, le hubiera gustado ayudarle, pero el asesino había usado un veneno prácticamente imposible de rastrear, de manera que poco podía hacer él. Irons se despidió y salió. Ahora que se encontraba sólo abrió la información que tenía en el ordenador, la empresa que envió los sobres con la invitación se llamaba ''GaMers Corporation''. Se fijó bien en el nombre- Ya veo... GM... tiene que ser esta. Rastrearé su centro de operaciones, donde se ubique la empresa.
Al cabo de un rato descubrió el lugar y guardó la información, luego usó un programa que le había regalado un amigo suyo y eliminó toda la información del ordenador, y toda la que pudo de los servidores de internet, a Irons no le sería fácil acceder a aquello ni saber que había estado haciendo. De repente el móvil le vibró en el bolsillo, cuando lo sacó descubrió un mensaje de J.J. El mensaje decía; ''He encontrado un candidato perfecto para que se una, lo llevaré hoy a las cinco en punto al garito de debajo de tu casa''. A Gravitta no le hacía mucha gracia tener que estar tan cerca de su domicilio, pero le confirmó a su subalterno que iría a la cita.


Irons intentaba desde su ordenador ver que es lo que tanto le interesaba a su compañero, sin embargo no fue capaz de sacar nada en claro. ''El tío es cuidadoso'' pensó. Lo cierto es que no terminaba de fiarse del científico, aunque le estaba agradecido, de no ser por él su proyecto energético no hubiera avanzado tan rápido. De hecho estaba apunto de acabarlo, mientras Gravitta trabajaba en el laboratorio él usaba sus recursos para preparar unas grandes instalaciones y las acondicionaba, ya tan solo le quedaba poner en marcha toda la parafernalia y pronto sería capaz de sacar al mundo de la grave crisis.
-Ya queda poco Padre- Susurró mientras miraba el cuadro de la pared sentado al otro lado del escritorio. La silla no era nada cómoda, tres generaciones de culos la habían endurecido y resultaba molesto, ''pero desde aquí dirigió mi padre'' pensaba Irons. Pero además de sus pensamientos sobre la empresa y su familia también meditaba acerca del Juego. Lo cierto es que la tal Kya le inspiraba algo de atracción, no podía evitarlo. En su mente maquinaba la mejor manera de aprovechar sus poderes y a los demás para llegar hasta el final, su determinación a sobrevivir era inmensa, y no permitiría que nadie, ni si quiera Eliart, se interpusiera.
Escuchó entonces como alguien salía de la casa, miró por el ventanal y observó alejarse a Gravitta, parecía que estaría fuera aquel día. De nuevo se preguntó que clase de investigación estaría preparando.


El líder de los S-Men llegó al bar donde se había citado con J.J. Llegaba con quince minutos de antelación, algo normal en él, pues quería asegurarse de conocer bien el terreno antes de encontrarse con otro jugador, nunca se sabía que es lo que podía ir mal. Se sentó en una mesa al fondo, oculta tras una columna, un sitio ideal para conversaciones íntimas. Se pidió una copa de vino barato y esperó. No tardó en aparecer su aliado. J.J iba seguido de un tipo alto y delgaducho, con el pelo negro liso y largo, que le llagaba hasta los hombros. En sus ojos centelleaba un ápice de locura, llevaba el brazo derecho completamente vendado hasta el codo, parecía enfermizo. Le vieron y se sentaron con él.
-Hola Maestro- Saludó J.J. El nuevo le miró.
-Buenas, me alegro de conocerte, soy Gravitta- Dijo el pelirrojo. El nuevo puso una mueca rara en la cara. Probablemente sonreía.
-Hola, hola, encantado, me llaman Death Master, ju, ju, me han dicho que eres fuerte- La voz sonaba débil y lejana, pero algo le decía que todo era una especie de actuación. Además le costaba articular las palabras, definitivamente le pasaba algo.
-Pues si, soy fuerte, bastante- Confirmó Gravitta, casi con arrogancia- Me ha dicho J.J que quieres unirte a mi grupo, ¿eres tú fuerte?
-Si me permite maestro, le puse a prueba antes de traerlo, debo decir que como mínimo está la altura de la tal Demongirl, si no más.
-¿La chica que te dio tantos problemas?
-Si, señor...- Admitió el joven de mala gana. Luego miró a Death Master y le sonrió- Creo que será un gran fichaje.
-Eso espero, hablemos de tus poderes...- El nuevo miró en derredor con miedo, parecía que la mención de sus poderes era algo que no le gustaba.
-No, no sería buena idea, no, no, hablar de ello puede ser peligroso, si, y más aquí, si, si- Entonces se quitó el vendaje del brazo derecho- Solo puedo enseñarle esto, esto.
Gravitta contempló entre asqueado y fascinado el brazo del chico. Estaba como quemado y lacerado, sin embargo la carne estaba muerta, de algunas heridas salía un asqueroso pus verdoso. Algún que otro gusano aparecía de vez en cuando, y en algunas zonas se veía el hueso. Tuvo que apartar al mirada.
-¿Qué demonios significa esto?- Death Master soltó una risita histérica.
-Es mi poder, él me lo hizo, si, si. Es peligroso, si, es poderoso, también, si, si- Poco a poco volvió a vendarse el brazo- Cuando no sabía manejarlo, no, sin querer me hice esto, si. Y ahora la muerte me va devorando, si, hace unos días me llegaba solo a la muñeca, pero se extiende, si, si.
-Esto es un problema, pero creo que algo podré hacer con ello- ''Si te deben un favor son más leales'' pensó el científico- Tal vez pueda detener el proceso de putrefacción, pero deberás hablarme sobre tu poder.
-¿De, de verdad?
-Si, pero vayámonos de aquí, se me han quitado las ganas de beber...
Los tres hombres se pusieron en pié y se fueron del Bar.


Aquella noche Irons y Gravitta cenaron en silencio. Hacía varios días que no coincidían.
-Irons, me gustaría pedirte un favor- Dijo el pelirrojo entre bocado y bocado. El empresario dejó los cubiertos en la mesa y cruzó las manos.
-Tú dirás.
-Necesito algo de dinero, mi investigación me hace pasar por Londres, tendré que coger un avión, cuanto antes- El otro se pensó bien su respuesta.
-Está bien, te daré el dinero, pero si me dices en que consiste tu investigación.
-No, lo siento.
-Entonces nada- Se dispuso a seguir comiendo, pero Gravitta le interrumpió.
-Tal vez me des el dinero si te digo lo que he averiguado sobre el asesinato de tu padre, ¿te parece bien eso?- Irons le miró durante unos segundos, como petrificado.
-Joder, eres un maldito chantajista, está bien acepto, dime que sabes.
-Pues sé que quien quiera que matara a tu padre sabe de química lo suficiente como para no dejar rastro de ningún elemento en el vino... Sé que tu padre ha trabajado en numerosos proyectos secretos, así que es posible que algún viejo amigo suyo tuviera que silenciarle. Deberías buscar en sus archivos secretos, si es que aun los conserva, los nombres de sus compañeros... entre ellos estará el asesino.
-Ya veo, gracias... ven en un rato a mi despacho y hablaremos de tu presupuesto.
Irons se levantó de la mesa y se fue sin llevar los platos a la cocina. Gravitta se tomó su tiempo para cenar y para meditar, al fin y al cabo su aliado necesitaría unos minutos para ordenar su mente. Transcurrida una hora y un poco más se decidió a subir al despacho. Cuando entró el empresario tenía el semblante serio. La luz era escasa y sumía la habitación en la penumbra.
-He mirado, se han llevado casi todos los archivos secretos, no queda casi nada- Era lo que el pelirrojo se temía.
-Esto confirma que fue un antiguo compañero suyo.
-Si- Entonces Irons sonrió- Pero no ha tenido en cuenta las copias secretas de los archivos... acabo de leerlos y he hecho una lista con los nombres de los compañeros. He omitido a los que solo aparecieron una vez y hace mucho tiempo. He eliminado a los que han muerto y a los que se con certeza que estaban en otro país durante aquella noche.
-Vaya, un gran trabajo, lo admito- Le halagó Gravitta. Se acercó hasta la mesa y vio en las manos del joven un papel. El empresario se lo tendió y lo observó. Leyó tres nombres; Miguel Hernandez, Samuel Burrieta y Guillermo Castellano.
-Lo mejor de todo es que tan solo uno de ellos es verdaderamente un científico, el resto son agregados de diferentes especialidades- Irons notó como le cambiaba el rostro a su compañero- ¿Te suenan a caso alguno de ellos?
-Bueno, se que el tal Guillermo es un científico reconocido...
-Exacto, creo que ha sido él- Confirmó Irons satisfecho.
-¿Estás seguro?- Preguntó Gravitta.
-Si, comenzaron a trabajar juntos hace casi diez años, en el proyecto SF-SV-V... ya sabes, el experimento que vio a nacer...
-...al Capitán Vasco, lo sé- El hombre se puso a meditar. Conocía a Guillermo, pero no quería compartir esa información, de manera que se hizo el loco- En fin, me alegro por ti, ahora deberíamos hablar del presupuesto.
-Por supuesto, como finalmente me has ayudado mucho con el tema de mi padre y con mi investigación energética voy a darte todo lo que necesites- Le tendió una tarjeta de crédito, satisfecho.
-Preferiría dinero metálico, las tarjetas son muy fáciles de rastrear...
-Como prefieras- Irons lo había previsto, de manera que abrió un cajón y extrajo de él un sobre grueso, probablemente lleno de billetes- Aquí está, ¿seguirás necesitando mi laboratorio?
-No lo sé, es posible.
-Bueno, cuando acabes no olvides devolverme la tarjeta de mi padre.
-Por supuesto- Se despidió y salió de la habitación. Cogió el teléfono y llamó a J.J. Tras varios pitidos el chico contestó- Escucha, mañana por la mañana voy para Londres, ya te contaré por qué, ¿tenemos alguna noticia de Kya?
-Ninguna, maestro. Death Master y yo hemos estado ocupándonos de su brazo, tal y como usted nos indicó, parece que la putrefacción se ha detenido a la altura del hombro, ya no le devora.
-Bien, eso es una buena noticia. Deja ya la búsqueda de la gata, cuando volvamos al juego acordaremos como encontrarnos si es que regresamos a la Tierra más veces. ¿Has encontrado algún otro posible candidato a unirse?
-No, señor.
-En ese caso manteneros con vida, no sé cuando podré volver, andaros con cuidado, adiós.
Colgó y se fue a su casa a dormir, mañana esperaba averiguar algo importante.


No dudó en coger el primer avión de la mañana. Para las diez ya estaba en pleno centro londinense. No conocía mucho la ciudad, había estado un par de veces antes, pero de pasada. Si se daba prisa no tendría por qué pasar la noche allí, de manera que se puso cuanto antes a buscar la dirección de la empresa. Iba abrigado hasta la nariz, era otoño cerrado, muy cerca ya del invierno, y la aguanieve el golpeaba el rostro.
Pasó por numerosas calles, la mayoría de ellas estrechas y poco transitadas, estaba en unas horas bastante adecuadas para visitar la ciudad, la mayoría de la gente estaba trabajando. Sin embargo en cuanto puso un pie en las avenidas mas transitadas dejó de disfrutar del paseo. La marabunta le dificultaba el andar y los continuos empujones eran muy molestos. ''Como me gustaría mandar a toda esta gente a volar'' pensó.
En un par de ocasiones se acercó a monumento clásicos o a palacios históricos, y aunque le gustaban no les presto mucho atención, estaba centrado en su misión. ''Tal vez allí sea capaz de averiguar quién está detrás de todo esto, sus motivaciones, y por qué ha hecho lo que ha hecho''. Le daba vueltas al tema de reagrupar a su gente, había perdido demasiados efectivos en su inútil batalla contra los I-Men, y había perdido frente a Eliart, o al menos así lo sentía él. No se quitaba de cabeza al joven, creía en la gente y pensaba que las cosas podían hacerse con ilusión y ganas. ''No, no se puede'' era la opinión de Gravitta. Por eso le gustaba Londres, era una ciudad con un toque melancólico, como él mismo. Estaba desencantado con la realidad, y los numerosos problemas que había tenido con su familia fueron clave en su desarrollo emocional. Más en concreto fue su figura paterna la que le hizo ser como era.
''Un vengador'' pensó.
A medida que avanzaba el día la nieve pasó a una simple lluvia. Las calles estaban llenas de charcos, empapadas. Gravitta no tardó en calarse hasta los huesos. Al cabo de un rato se cansó y entró en un café. Pidió una taza y se sentó a entrar en calor, tenía algo de hambre. Entre sorbo y sorbo aprovechó para consultar su información y tratar de dar con el lugar. Le llevó unos instantes ubicarse y descubrir que estaba relativamente cerca. Fue a pagar a la barra y se marchó de allí.
De nuevo estaba en la calle, esta vez orientado y sabiendo a donde iba con más seguridad. Acortó el camino por una callejuela estrecha y solitaria, algo raro en una zona tan transitada. Sintió una extraña fuerza a su alrededor y se puso alerta, preparado para lo que pudiera pasar. La sensación se fue igual que vino. ''¿Hay alguien cerca con poderes? Lo mejor será darse prisa... a saber que puede haber por aquí'' pensó. Reanudó la marcha sin más preámbulos y recordó el mapa que vio hace unos minutos en el café. Giró a la derecha en la siguiente esquina y dio de lleno con el edificio que buscaba, grande pero discreto, unos despachos. Quiso entrar sin más, pero de inmediato se topó con un problema, los guardias intentaron revisar su identidad.
-¿Quién es usted?- Le preguntaron en inglés. Gravitta sacó un fajo de mil libras para cada uno. Eran una pequeña parte de la fortuna que le había dejado Irons. Los guardias abrieron los ojos como platos, como soborno no estaba mal. El pelirrojo se llevo un dedo a los labios y los hombres cogieron el dinero y se apartaron. Lo más probable era que le delataran, pero le daría unos minutos de margen. Sin vacilar entró y fue hasta las escaleras, los ascensores solían contar con cámaras, Inglaterra es uno de los países más vídeo-vigilados. Una vez llegó a la que supuso era la planta de los directivos fue hasta el despacho más opulento, el que sin duda sería el del jefe.
El corazón le latía muy fuerte y le golpeaba las sienes, el nerviosismo se le enredaba como una capa que le complicaba los movimientos. En último recurso podía siempre recurrir a su poder, pero prefería no averiguar en que consistía la represalia del tal GM. Aunque dentro de poco podría preguntárselo en persona. Finalmente llegó al fondo del pasillo y abrió las pesadas puertas de madera gruesa, penetró y espero encontrarse con un secretario, pero lo que halló fue unas estancias vacías. El mobiliario estaba intacto, pero el silencio se apoderaba del lugar.
-¿Qué demonios?- Investigó el resto de las salas, hasta el despacho principal. No encontró absolutamente a nadie.
Al cabo de un rato se topó con una pequeña habitación donde un hombre sencillo limpiaba el suelo. La sala era poco más grande que un dormitorio individual. El señor fregaba el suelo con energía. Gravitta se acercó y le habló en inglés.
-Perdone, ¿nadie trabaja aquí?- El tipo paró de trabajar y le miró a través de unas viejas gafas. Había notado al instante que no era de allí. Parecía que mordía algo, y su blanco bigote se movía al compás.
-Si, yo trabajo aquí- Respondió secamente.
-Eso ya lo veo, caballero, pero, ¿no puede decirme nada más?- Insistió el científico. El hombre volvió a su trabajo, pero Gravitta no se iba. Al cabo de unos segundos resopló y le miró de nuevo.
-Como quiera- Señaló a un ordenador viejo que había cerca- Mi trabajo es simple, mantengo este sitio y me encargo de que no le pase nada malo a este cacharro... Nada más, eres al primera persona que veo en estas salas en meses, así que si no te importa, déjame trabajar en paz.
Gravitta retrocedió un poco ante el tono del señor, pero su contestación le aclaró algunas cosas. Miró por la ventana y contempló la calle, haciéndose el distraído. Esperó a que el otro se fuera a otra habitación y miró el ordenador, que estaba encendido.
-Desde aquí deben haberse gestionado las invitaciones, no puede ser de otra manera- Sin embargo al cabo de un rato se dio cuenta de que aquel ordenador era muy especial, su sistema operativo no tenia nada que ver con lo que hubiera visto antes, es más, ni siquiera estaba conectado a internet o a un sistema externo. Estaba totalmente aislado, tan sólo imprimía papeles que alguien se llevaría- Claro, así es más difícil rastrearlo todo...
De repente se dio cuenta de lo que eso significaba.
-El GM no está en la Tierra, debe de estar en un ''mundo paralelo'' o algo así... puede que esté en el juego.
Con esas revelaciones consideró que ya estaba satisfecho. Se decidió a volver al aeropuerto cuanto antes, su investigación había acabado, y ahora tan sólo sabía que el que estaba detrás del juego no existía, o no estaba en este mundo. Era una información valiosa, pero con eso no llegaba mucho más lejos.
Entonces sintió algo, el Juego le estaba llamando, ¿era hora de volver?

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