La nube de polvo imposibilitaba la visión al grupo de
los I-Men. Eliart sintió que algo se quedaba sin fuerzas dentro y el
miedo le invadió. ''Espero que Thunder-Man esté bien'', miró a
Celestina y asintió.
-¡Viento!- El hacker levantó los brazos y una
corriente de aire se llevó la polvareda. Cuando se despejó vieron
al Borrador y al hombre tirados en el suelo. Al monstruo le faltaba
el brazo izquierdo y el ala derecha, además de tener un boquete
considerable en el abdomen. Por su parte el antiguo ganador sangraba
con profusión por la frente, además se intuía una herida más
seria en el pecho.
-¡Thunder-Man, no!- Exclamó Eliart, que fue corriendo
a su lado para socorrerle. Llama Helada y Revelación se acercaron
también. El líder de los I-Men le sostuvo la cabeza, aun estaba
caliente, respiraba y su corazón latía, aunque con debilidad- Donde
narices está Holy cuando se le necesita.
-Mierda, esto no puede estar pasando...- Susurró Llama
Helada. De repente el Borrador se incorporó a pesar de las graves
heridas y les miró.
-¡Está acabado! Y pronto lo estaréis vosotros
también, niñatos, habéis roto las reglas... y seréis castigados-
Dijo entre silbidos. Shadow se envolvió en sombras y se lanzó
contra el ser.
-¡Alejar a Thunder-Man, yo me encargo de este tipejo!-
Les gritó mientras chocaba con violencia contra su rival. El
Borrador aguantó el impacto y se preparó para plantarle cara- Por
culpa de tu jefe, ese tal GM, estamos metidos en un estúpido juego-
Dijo el moreno mientras le propina puñetazos cargados de rabia- Vais
a pagármelas todas juntas.
-Ju, ju, ju- El monstruo se rió por lo bajo mientras
resistía con su único brazo las acometidas del otro. Cuando Shadow
flaqueó debido al esfuerzo aprovechó para lanzarle una patada que
le hizo perder el equilibrio, cayendo al suelo con fuerza. Entonces
un rayo de energía blanca le brotó de la boca, hiriendo al joven.
El Guerrero Celeste se impulsó para llegar allí cuanto antes.
Comprimió el viento en su brazo y se preparó para atacar.
-¡Espada vendaval!- Gritó mientras una afilada y
poderosa corriente le rodeaba el brazo derecho. Intentó cortar al
Borrador, que se vio obligado a apartarse para evitar daños.
Celestina miró preocupado a su compañero- ¿Estás bien?
-Si, me ha dolido, pero creo que puedo seguir- Con algo
de esfuerzo Shadow ignoró el dolor y se puso al lado del hacker para
pelear juntos- ¡Vamos allá!
El Guerrero invocó una corriente que les diera más
velocidad, de manera que salieron disparados. Entonces el chico de
viento alcanzó una aceleración tremenda, rodeó a su enemigo y
provocó un giro en el aire muy potente. Alrededor de los
combatientes se formó un torbellino que aumentaba la presión del
aire y dificultaba los movimientos. Mientras todo esto ocurría el
chico de las sombras se había fundido para formar una marea negra
hecha de sombras. El borrador no pudo reaccionar a tiempo debido a
las heridas causadas por Thunder-Man y sólo pudo mantener la
guardia, preparado por si le atacaban.
El chico del pelo tazón se había montado en la
corriente del torbellino y giraba alrededor de su contrincante,
esperando el momento oportuno. En una de las vueltas se vio en la
espalda de su enemigo y salió lanzado como una bala contra el,
espada en ristre. El Borrador se esperaba algo así, de manera que se
giró para repeler el ataque, pero de repente la sombra del suelo
emergió y le empezó a rodear el cuerpo, como un montón de
tentáculos oscuros.
-Maldito seas...- Dijo airado. Nada pudo evitar que el
Guerrero le atravesara de lado a lado con la espada- ¡Agh!
El Borrador concentró su energía y la expulsó con
fuerza casi al instante, produciendo una onda de impacto muy fuerte,
lo que le permitió liberarse además de causar un serio daño a los
I-Men. A Shadow le afectó bastante, pues ya estaba herido, y aunque
Celestina salió menos grave, también estaba dañado. El chico
moreno iba a desplomarse cuando el hacker le cogió en brazos y se lo
llevó con ayuda del viento.
-Mierda, es fuerte...- La herida de la espada era
profunda, pero no parecía haberle eliminado, ¿cómo era posible
aquello? ¡Le habían atravesado el pecho!- Es completamente
inhumano...
Mientras tanto Eliart observaba toda al situación con
aprensión, no sabía si socorrer a Thunder-Man o ir a luchar al lado
de sus compañeros. Notó como bajaba la temperatura del ganador.
-¡Llama Helada, ayúdame! Está perdiendo calor...-
Dijo el líder.
-¿Quieres que le de calor?- Preguntó extrañado-
Aunque le de calor, eso no quiere decir que se vaya a curar, tan solo
se sentirá un poco mejor, pero...
-Me da igual, tu hazlo, tal vez consigamos que aguante
lo suficiente...- Waver, quien hasta entonces se hubo mantenido a la
expectativa, se adelantó.
-Chicos, se que parece una locura, pero puedo
introducirme en su cuerpo en forma líquida. Desde dentro podría
intentar minimizar los daños... aunque no puedo evitar los daños
más serios...
-Cualquier ayuda es buena, hazlo por favor- Rogó
Eliart. Se levantó y miró a Thunder-Man- Os lo encargo a vosotros-
Y dejándolo en manos de los hermanos fue a la batalla. Había estado
dándole vueltas al tema de como derrotar al monstruo, y creía tener
una idea.
El Borrador le vio y se acercaron de frente.
-¿Ahora te toca a ti, polluelo?- Preguntó burlón.
-¡Cállate monstruo! ¡Géminis!- Y entonces la energía
azulada le rodeó con fuerza, se dividió en dos Eliarts con mucha
energía cada uno. A continuación se miraron- ¡Tauro!- Grito uno-
¡Leo!- Exclamó el otro. Las auras verdes y rojas se mezclaron en
cada uno de ellos con la azul. Entonces chocaron los puños y sucedió
algo extraordinario, ambos Eliart se fueron fusionando poco a poco.
Al final de todo el proceso solo quedaba uno de ellos con toda la
energía de los astros de Tauro y Leo- ¡Estoy listo!
-Me gusta tu espectáculo de luces, pero con eso no me
derrotarás- Susurró el ser.
De repente el líder de los I-Men salió disparado,
gracias a la velocidad de Leo pudo golpear con fuerza a su rival,
quien no fue capaz de reaccionar a tiempo. El Borrador se recuperó y
le devolvió el puñetazo con energía, sin embargo la defensa de
Tauro absorbió el ataque. ''La defensa y fuerza de Tauro, combinadas
con la Increíble velocidad y poder de Leo, es la combinación
perfecta, pues una signo suple las carencias del otro, pero es
agotador... no aguantaré mucho'' pensaba el joven para sus adentros.
Acumuló energía en el brazo derecho y de nuevo descargó su poder
sobre el blanco pecho de su enemigo. Esta vez la energía abrió un
boquete.
-¡Mierda!- Gritó mientras salía despedido. El
Monstruo trató de levantarse pero entonces apareció rápido como el
viento el Guerrero Celeste. El brazo derecho estaba rodeado por una
corriente en forma de espada.
-¡Espada vendaval!- Le cortó la cabeza con eficacia,
luego le dio una patada y Shadow Walker la aplastó con sus puños
envueltos en sombras.
-Est-o....me..lo...paga...réis...- Logró decir el
Borrador antes de deshacerse en polvo blanco.
-Joder por fin hemos terminado con el capullo este- Dijo
Celestina.
-Si, era duro de pelar- Confirmó Shadow. Entonces Llama
Helada les llamó.
-¡Chicos, Thunder-Man ha despertado!- Todos corrieron a
ver como estaba el ganador. Justo en ese momento Waver salía de su
cuerpo y recuperaba la forma humana.
-No he podido hacer gran cosa con sus heridas...-
Murmuró solemne. Entonces el hombre escupió algo de sangre, tosió
y finalmente les miró a todos con unos ojos satisfechos.
-Parece que sois fuertes, me alegro... lo necesitaréis
para lo que os espera...- Tosió de nuevo y esta vez le tomó más
tiempo hablar-...escuchar, me muero, ya no puedo ayudaros... pero se
de alguien que podrá contestar a todas vuestras respuestas...- Cerró
lo ojos y cogió aire-...Se llama Cerebro- Entonces les dijo que
había quedado con el en un callejón de Madrid dentro de varios
días- Nunca le he visto, así que no puedo deciros más... tan solo
que él logró sacarme... de ''allí''... el lugar donde están
ellos... suerte...- Entonces exhaló su último aliento y murió
delante de los I-Men, que estaban consternados.
Gravitta estaba en el laboratorio de Irons, colocando
algunos elementos en su sitio. Una vez lo tuvo todo preparado se
sentó en el escritorio blanco y miró unos resultados en una tabla.
Gracias a los poderes tecnológicos de Irons podían manipular
nanotecnología extremadamente diminuta. Sin embargo los
conocimientos químicos necesarios para manipularlo correctamente
debían ser amplios. Entre los dos intentaban buscar una fórmula que
produjera un máximo de eficiencia. Estaba cerca de lograrlo.
Por otro lado había puesto a analizar el papel del
sobre, el sello y la tinta con la que habían escrito la invitación
del juego, además de buscar rastros. Por supuesto no encontró una
huella o material genético. Gracias a los sellos había logrado
seguir el rastro del sobre a lo largo del mundo, al parecer se había
enviado y reenviado desde numerosos países, pasando incluso varias
veces por algunos. Gracias a la tinta pudo descartar unos cuantos
países que no utilizaban esa concreta, y pudo eliminar otros gracias
al papel. Tras numerosos estudios determinó que el país origen de
la invitación era el Reino unido, Londres. Frente al ordenador
intentó averiguar la empresa que la mandó, pero se topo con muros
informáticos que se lo impedían.
-Joder, esta información esta cifrada, y de ordenadores
no es que sepa mucho- Irons rondaba por el laboratorio y le escuchó,
de manera que se acercó.
-Déjame a mi, tengo algunas dotes de hacker, y mis
poderes y eso...- Gravitta se apartó y le dejó trastear. Al cabo de
unos instantes se apartó y le miró satisfecho- Listo, ahí tienes
al información que querías. ¿De qué se trata?
-De nada importante, gracias- Le cortó el científico
de manera seca- Ah, y ya he terminado las fórmulas que querías para
tu tecnología, he optimizado la reacción y la obtención de
energía, ahora sólo tienes que trasladarlo a una gran central.
-¿En serio? Eres más rápido de lo que pensaba, hice
bien en pedirte ayuda...- El joven empresario se quedó un rato más
observando, pero no tardó en alejarse. Antes de salir del
laboratorio se giró de nuevo- Y del otro tema... ¿sabes algo?
-¿De lo de tu padre? No, lo siento- Esta vez Gravitta
lo decía en serio, le hubiera gustado ayudarle, pero el asesino
había usado un veneno prácticamente imposible de rastrear, de
manera que poco podía hacer él. Irons se despidió y salió. Ahora
que se encontraba sólo abrió la información que tenía en el
ordenador, la empresa que envió los sobres con la invitación se
llamaba ''GaMers Corporation''.
Se fijó bien en el nombre- Ya veo... GM... tiene que ser esta.
Rastrearé su centro de operaciones, donde se ubique la empresa.
Al cabo de un rato
descubrió el lugar y guardó la información, luego usó un programa
que le había regalado un amigo suyo y eliminó toda la información
del ordenador, y toda la que pudo de los servidores de internet, a
Irons no le sería fácil acceder a aquello ni saber que había
estado haciendo. De repente el móvil le vibró en el bolsillo,
cuando lo sacó descubrió un mensaje de J.J. El mensaje decía; ''He
encontrado un candidato perfecto para que se una, lo llevaré hoy a
las cinco en punto al garito de debajo de tu casa''.
A Gravitta no le hacía mucha gracia tener que estar tan cerca de su
domicilio, pero le confirmó a su subalterno que iría a la cita.
Irons intentaba desde su ordenador ver que es lo que
tanto le interesaba a su compañero, sin embargo no fue capaz de
sacar nada en claro. ''El tío es cuidadoso'' pensó. Lo cierto es
que no terminaba de fiarse del científico, aunque le estaba
agradecido, de no ser por él su proyecto energético no hubiera
avanzado tan rápido. De hecho estaba apunto de acabarlo, mientras
Gravitta trabajaba en el laboratorio él usaba sus recursos para
preparar unas grandes instalaciones y las acondicionaba, ya tan solo
le quedaba poner en marcha toda la parafernalia y pronto sería capaz
de sacar al mundo de la grave crisis.
-Ya queda poco Padre- Susurró mientras miraba el cuadro
de la pared sentado al otro lado del escritorio. La silla no era nada
cómoda, tres generaciones de culos la habían endurecido y resultaba
molesto, ''pero desde aquí dirigió mi padre'' pensaba Irons. Pero
además de sus pensamientos sobre la empresa y su familia también
meditaba acerca del Juego. Lo cierto es que la tal Kya le inspiraba
algo de atracción, no podía evitarlo. En su mente maquinaba la
mejor manera de aprovechar sus poderes y a los demás para llegar
hasta el final, su determinación a sobrevivir era inmensa, y no
permitiría que nadie, ni si quiera Eliart, se interpusiera.
Escuchó entonces como alguien salía de la casa, miró
por el ventanal y observó alejarse a Gravitta, parecía que estaría
fuera aquel día. De nuevo se preguntó que clase de investigación
estaría preparando.
El líder de los S-Men llegó al bar donde se había
citado con J.J. Llegaba con quince minutos de antelación, algo
normal en él, pues quería asegurarse de conocer bien el terreno
antes de encontrarse con otro jugador, nunca se sabía que es lo que
podía ir mal. Se sentó en una mesa al fondo, oculta tras una
columna, un sitio ideal para conversaciones íntimas. Se pidió una
copa de vino barato y esperó. No tardó en aparecer su aliado. J.J
iba seguido de un tipo alto y delgaducho, con el pelo negro liso y
largo, que le llagaba hasta los hombros. En sus ojos centelleaba un
ápice de locura, llevaba el brazo derecho completamente vendado
hasta el codo, parecía enfermizo. Le vieron y se sentaron con él.
-Hola Maestro- Saludó J.J. El nuevo le miró.
-Buenas, me alegro de conocerte, soy Gravitta- Dijo el
pelirrojo. El nuevo puso una mueca rara en la cara. Probablemente
sonreía.
-Hola, hola, encantado, me llaman Death Master, ju, ju,
me han dicho que eres fuerte- La voz sonaba débil y lejana, pero
algo le decía que todo era una especie de actuación. Además le
costaba articular las palabras, definitivamente le pasaba algo.
-Pues si, soy fuerte, bastante- Confirmó Gravitta, casi
con arrogancia- Me ha dicho J.J que quieres unirte a mi grupo, ¿eres
tú fuerte?
-Si me permite maestro, le puse a prueba antes de
traerlo, debo decir que como mínimo está la altura de la tal
Demongirl, si no más.
-¿La chica que te dio tantos problemas?
-Si, señor...- Admitió el joven de mala gana. Luego
miró a Death Master y le sonrió- Creo que será un gran fichaje.
-Eso espero, hablemos de tus poderes...- El nuevo miró
en derredor con miedo, parecía que la mención de sus poderes era
algo que no le gustaba.
-No, no sería buena idea, no, no, hablar de ello puede
ser peligroso, si, y más aquí, si, si- Entonces se quitó el
vendaje del brazo derecho- Solo puedo enseñarle esto, esto.
Gravitta contempló entre asqueado y fascinado el brazo
del chico. Estaba como quemado y lacerado, sin embargo la carne
estaba muerta, de algunas heridas salía un asqueroso pus verdoso.
Algún que otro gusano aparecía de vez en cuando, y en algunas zonas
se veía el hueso. Tuvo que apartar al mirada.
-¿Qué demonios significa esto?- Death Master soltó
una risita histérica.
-Es mi poder, él me lo hizo, si, si. Es peligroso, si,
es poderoso, también, si, si- Poco a poco volvió a vendarse el
brazo- Cuando no sabía manejarlo, no, sin querer me hice esto, si. Y
ahora la muerte me va devorando, si, hace unos días me llegaba solo
a la muñeca, pero se extiende, si, si.
-Esto es un problema, pero creo que algo podré hacer
con ello- ''Si te deben un favor son más leales'' pensó el
científico- Tal vez pueda detener el proceso de putrefacción, pero
deberás hablarme sobre tu poder.
-¿De, de verdad?
-Si, pero vayámonos de aquí, se me han quitado las
ganas de beber...
Los tres hombres se pusieron en pié y se fueron del
Bar.
Aquella noche Irons y Gravitta cenaron en silencio.
Hacía varios días que no coincidían.
-Irons, me gustaría pedirte un favor- Dijo el pelirrojo
entre bocado y bocado. El empresario dejó los cubiertos en la mesa y
cruzó las manos.
-Tú dirás.
-Necesito algo de dinero, mi investigación me hace
pasar por Londres, tendré que coger un avión, cuanto antes- El otro
se pensó bien su respuesta.
-Está bien, te daré el dinero, pero si me dices en que
consiste tu investigación.
-No, lo siento.
-Entonces nada- Se dispuso a seguir comiendo, pero
Gravitta le interrumpió.
-Tal vez me des el dinero si te digo lo que he
averiguado sobre el asesinato de tu padre, ¿te parece bien eso?-
Irons le miró durante unos segundos, como petrificado.
-Joder, eres un maldito chantajista, está bien acepto,
dime que sabes.
-Pues sé que quien quiera que matara a tu padre sabe de
química lo suficiente como para no dejar rastro de ningún elemento
en el vino... Sé que tu padre ha trabajado en numerosos proyectos
secretos, así que es posible que algún viejo amigo suyo tuviera que
silenciarle. Deberías buscar en sus archivos secretos, si es que aun
los conserva, los nombres de sus compañeros... entre ellos estará
el asesino.
-Ya veo, gracias... ven en un rato a mi despacho y
hablaremos de tu presupuesto.
Irons se levantó de la mesa y se fue sin llevar los
platos a la cocina. Gravitta se tomó su tiempo para cenar y para
meditar, al fin y al cabo su aliado necesitaría unos minutos para
ordenar su mente. Transcurrida una hora y un poco más se decidió a
subir al despacho. Cuando entró el empresario tenía el semblante
serio. La luz era escasa y sumía la habitación en la penumbra.
-He mirado, se han llevado casi todos los archivos
secretos, no queda casi nada- Era lo que el pelirrojo se temía.
-Esto confirma que fue un antiguo compañero suyo.
-Si- Entonces Irons sonrió- Pero no ha tenido en cuenta
las copias secretas de los archivos... acabo de leerlos y he hecho
una lista con los nombres de los compañeros. He omitido a los que
solo aparecieron una vez y hace mucho tiempo. He eliminado a los que
han muerto y a los que se con certeza que estaban en otro país
durante aquella noche.
-Vaya, un gran trabajo, lo admito- Le halagó Gravitta.
Se acercó hasta la mesa y vio en las manos del joven un papel. El
empresario se lo tendió y lo observó. Leyó tres nombres; Miguel
Hernandez, Samuel Burrieta y Guillermo Castellano.
-Lo mejor de todo es que tan solo uno de ellos es
verdaderamente un científico, el resto son agregados de diferentes
especialidades- Irons notó como le cambiaba el rostro a su
compañero- ¿Te suenan a caso alguno de ellos?
-Bueno, se que el tal Guillermo es un científico
reconocido...
-Exacto, creo que ha sido él- Confirmó Irons
satisfecho.
-¿Estás seguro?- Preguntó Gravitta.
-Si, comenzaron a trabajar juntos hace casi diez años,
en el proyecto SF-SV-V... ya sabes, el experimento que vio a nacer...
-...al Capitán Vasco, lo sé- El hombre se puso a
meditar. Conocía a Guillermo, pero no quería compartir esa
información, de manera que se hizo el loco- En fin, me alegro por
ti, ahora deberíamos hablar del presupuesto.
-Por supuesto, como finalmente me has ayudado mucho con
el tema de mi padre y con mi investigación energética voy a darte
todo lo que necesites- Le tendió una tarjeta de crédito,
satisfecho.
-Preferiría dinero metálico, las tarjetas son muy
fáciles de rastrear...
-Como prefieras- Irons lo había previsto, de manera que
abrió un cajón y extrajo de él un sobre grueso, probablemente
lleno de billetes- Aquí está, ¿seguirás necesitando mi
laboratorio?
-No lo sé, es posible.
-Bueno, cuando acabes no olvides devolverme la tarjeta
de mi padre.
-Por supuesto- Se despidió y salió de la habitación.
Cogió el teléfono y llamó a J.J. Tras varios pitidos el chico
contestó- Escucha, mañana por la mañana voy para Londres, ya te
contaré por qué, ¿tenemos alguna noticia de Kya?
-Ninguna, maestro. Death Master y yo hemos estado
ocupándonos de su brazo, tal y como usted nos indicó, parece que la
putrefacción se ha detenido a la altura del hombro, ya no le devora.
-Bien, eso es una buena noticia. Deja ya la
búsqueda de la gata, cuando volvamos al juego acordaremos como
encontrarnos si es que regresamos a la Tierra más veces. ¿Has
encontrado algún otro posible candidato a unirse?
-No, señor.
-En ese caso manteneros con vida, no sé cuando podré
volver, andaros con cuidado, adiós.
Colgó y se fue a su casa a dormir, mañana esperaba
averiguar algo importante.
No dudó en coger el primer avión de la mañana. Para
las diez ya estaba en pleno centro londinense. No conocía mucho la
ciudad, había estado un par de veces antes, pero de pasada. Si se
daba prisa no tendría por qué pasar la noche allí, de manera que
se puso cuanto antes a buscar la dirección de la empresa. Iba
abrigado hasta la nariz, era otoño cerrado, muy cerca ya del
invierno, y la aguanieve el golpeaba el rostro.
Pasó por numerosas calles, la mayoría de ellas
estrechas y poco transitadas, estaba en unas horas bastante adecuadas
para visitar la ciudad, la mayoría de la gente estaba trabajando.
Sin embargo en cuanto puso un pie en las avenidas mas transitadas
dejó de disfrutar del paseo. La marabunta le dificultaba el andar y
los continuos empujones eran muy molestos. ''Como me gustaría mandar
a toda esta gente a volar'' pensó.
En un par de ocasiones se acercó a monumento clásicos
o a palacios históricos, y aunque le gustaban no les presto mucho
atención, estaba centrado en su misión. ''Tal vez allí sea capaz
de averiguar quién está detrás de todo esto, sus motivaciones, y
por qué ha hecho lo que ha hecho''. Le daba vueltas al tema de
reagrupar a su gente, había perdido demasiados efectivos en su
inútil batalla contra los I-Men, y había perdido frente a Eliart, o
al menos así lo sentía él. No se quitaba de cabeza al joven, creía
en la gente y pensaba que las cosas podían hacerse con ilusión y
ganas. ''No, no se puede'' era la opinión de Gravitta. Por eso le
gustaba Londres, era una ciudad con un toque melancólico, como él
mismo. Estaba desencantado con la realidad, y los numerosos problemas
que había tenido con su familia fueron clave en su desarrollo
emocional. Más en concreto fue su figura paterna la que le hizo ser
como era.
''Un vengador'' pensó.
A medida que avanzaba el día la nieve pasó a una
simple lluvia. Las calles estaban llenas de charcos, empapadas.
Gravitta no tardó en calarse hasta los huesos. Al cabo de un rato se
cansó y entró en un café. Pidió una taza y se sentó a entrar en
calor, tenía algo de hambre. Entre sorbo y sorbo aprovechó para
consultar su información y tratar de dar con el lugar. Le llevó
unos instantes ubicarse y descubrir que estaba relativamente cerca.
Fue a pagar a la barra y se marchó de allí.
De nuevo estaba en la calle, esta vez orientado y
sabiendo a donde iba con más seguridad. Acortó el camino por una
callejuela estrecha y solitaria, algo raro en una zona tan
transitada. Sintió una extraña fuerza a su alrededor y se puso
alerta, preparado para lo que pudiera pasar. La sensación se fue
igual que vino. ''¿Hay alguien cerca con poderes? Lo mejor será
darse prisa... a saber que puede haber por aquí'' pensó. Reanudó
la marcha sin más preámbulos y recordó el mapa que vio hace unos
minutos en el café. Giró a la derecha en la siguiente esquina y dio
de lleno con el edificio que buscaba, grande pero discreto, unos
despachos. Quiso entrar sin más, pero de inmediato se topó con un
problema, los guardias intentaron revisar su identidad.
-¿Quién es usted?- Le preguntaron en inglés. Gravitta
sacó un fajo de mil libras para cada uno. Eran una pequeña parte de
la fortuna que le había dejado Irons. Los guardias abrieron los ojos
como platos, como soborno no estaba mal. El pelirrojo se llevo un
dedo a los labios y los hombres cogieron el dinero y se apartaron. Lo
más probable era que le delataran, pero le daría unos minutos de
margen. Sin vacilar entró y fue hasta las escaleras, los ascensores
solían contar con cámaras, Inglaterra es uno de los países más
vídeo-vigilados. Una vez llegó a la que supuso era la planta de los
directivos fue hasta el despacho más opulento, el que sin duda sería
el del jefe.
El corazón le latía muy fuerte y le golpeaba las
sienes, el nerviosismo se le enredaba como una capa que le complicaba
los movimientos. En último recurso podía siempre recurrir a su
poder, pero prefería no averiguar en que consistía la represalia
del tal GM. Aunque dentro de poco podría preguntárselo en persona.
Finalmente llegó al fondo del pasillo y abrió las pesadas puertas
de madera gruesa, penetró y espero encontrarse con un secretario,
pero lo que halló fue unas estancias vacías. El mobiliario estaba
intacto, pero el silencio se apoderaba del lugar.
-¿Qué demonios?- Investigó el resto de las salas,
hasta el despacho principal. No encontró absolutamente a nadie.
Al cabo de un rato se topó con una pequeña habitación
donde un hombre sencillo limpiaba el suelo. La sala era poco más
grande que un dormitorio individual. El señor fregaba el suelo con
energía. Gravitta se acercó y le habló en inglés.
-Perdone, ¿nadie trabaja aquí?- El tipo paró de
trabajar y le miró a través de unas viejas gafas. Había notado al
instante que no era de allí. Parecía que mordía algo, y su blanco
bigote se movía al compás.
-Si, yo trabajo aquí- Respondió secamente.
-Eso ya lo veo, caballero, pero, ¿no puede decirme nada
más?- Insistió el científico. El hombre volvió a su trabajo, pero
Gravitta no se iba. Al cabo de unos segundos resopló y le miró de
nuevo.
-Como quiera- Señaló a un ordenador viejo que había
cerca- Mi trabajo es simple, mantengo este sitio y me encargo de que
no le pase nada malo a este cacharro... Nada más, eres al primera
persona que veo en estas salas en meses, así que si no te importa,
déjame trabajar en paz.
Gravitta retrocedió un poco ante el tono del señor,
pero su contestación le aclaró algunas cosas. Miró por la ventana
y contempló la calle, haciéndose el distraído. Esperó a que el
otro se fuera a otra habitación y miró el ordenador, que estaba
encendido.
-Desde aquí deben haberse gestionado las invitaciones,
no puede ser de otra manera- Sin embargo al cabo de un rato se dio
cuenta de que aquel ordenador era muy especial, su sistema operativo
no tenia nada que ver con lo que hubiera visto antes, es más, ni
siquiera estaba conectado a internet o a un sistema externo. Estaba
totalmente aislado, tan sólo imprimía papeles que alguien se
llevaría- Claro, así es más difícil rastrearlo todo...
De repente se dio cuenta de lo que eso significaba.
-El GM no está en la Tierra, debe de estar en un
''mundo paralelo'' o algo así... puede que esté en el juego.
Con esas revelaciones consideró que ya estaba
satisfecho. Se decidió a volver al aeropuerto cuanto antes, su
investigación había acabado, y ahora tan sólo sabía que el que
estaba detrás del juego no existía, o no estaba en este mundo. Era
una información valiosa, pero con eso no llegaba mucho más lejos.
Entonces sintió algo, el Juego le estaba llamando, ¿era
hora de volver?
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