Los rayos del Sol alumbraban con timidez la costa,
desvelando poco a poco su contorno. La escasa niebla matinal se fue
disipando lentamente, los jirones de bruma se agarraban desesperados
a la costa, negándose a desaparecer. Los I-Men estaban despertándose
en ese momento. La primera fue Demongirl, acostumbrada a madrugar. Se
levantó y se acercó hasta la playa, acto seguido levanto los brazos
para estirarse y dio una profunda bocanada de aire.
-¡Ah, me encanta el Mar!- Dijo complacida mientras
cerraba los ojos y dejaba que la brisa marina le revolviera el pelo.
Se sentó en una roca cercana a contemplar como el oleaje asestaba
golpe tras golpe sobre las piedras cercanas. Hizo un breve escaneo de
los alrededores y le alegró ver que no había nadie en las
cercanías. Más relajada, sacó sus espadas y las empezó a limpiar
y a repasar el filo, debía de cuidarlas más de lo que lo hacía, o
se estropearían con facilidad. Tras unos minutos de levantó y fue a
buscar algo de fruta que había visto el día anterior. También
aprovechó para recolectar moluscos de las rocas.
Cogió algo de leña y con ayuda de su espada ígnea le
prendió fuego. Acto seguido montó unos pinchos con los moluscos y
los cocinó. El olor de la comida hizo despertar poco a poco a los
demás. El Capitán fue de los primeros en acercarse. Miró el fuego
y asintió en señal de aprobación.
-Buena idea- Comentó. Entonces se sentó frente al
fuego y observó como el Sol terminaba de salir por el horizonte.
Luego se giró en dirección al campamento y gritó- ¡Arriba
gandules!
Unos minutos después todos desayunaban alegremente al
rededor del fuego, la perspectiva de la ciudad prometida era
alentadora. Gaia mantenía una imperturbable sonrisa, pensaba sin
parar en poder vivir en paz, sin tener que pelear, buscando una
solución al problema del juego. Algunas dudas habían surgido, como
siempre, ¿y si les obligaban a llevar a cabo los términos del
juego? ¿Y si no eran capaces de dar con alguna solución
alternativa? Sin embargo las esperanzas eran amplias, querían creer
que encontrarían en la ciudad su lugar.
Aunque, por supuesto, no todos pensaban lo mismo. Eliart
estaba algo más hosco, no le complacía nada tener que ir allí. Iba
porque la mayoría habían apoyado la idea, y no quería llevarles la
contraria. Tan solo esperaba equivocarse y que, efectivamente, la
ciudad fuera un lugar seguro. Desde la linde del bosque observaba
como los demás daban vueltas por la playa, charlando y planificando.
-Yo digo que atemos unos cuantos troncos y vamos para
adelante- Dijo el Capitán. Revelación negó con la cabeza.
-No creo que eso baste amigo, fíjate cuantos somos,
necesitamos algo más estable que ''unos cuantos troncos''- Le
reprendió el místico. El Capitán se arremangó, pensando en zurrar
al otro, pero el Guerrero Celeste se interpuso.
-Venga hombre tranquilizaos, al final llegaremos allí y
acabaremos peleando entre nosotros- Terció.
Mientras los demás discutían que hacer, Eliart fijó
la vista en la chica que conocieron el día anterior, la llamada
Candy Soul. Al contrario que los I-Men, la joven mantenía la vista
fija en el mar, tal y como la encontraron. El líder se acercó hasta
la chica, un poco más aparta del resto. Al ver que se acercaba, se
giró.
-Buenos días Eliart- Le saludó.
-Buenos días- Respondió el chico, mostrándose amable.
Luego se puso a su lado para ver con ella el mar. La miró de reojo.
Era algo bajita, pero eso no quitaba que sin duda fuera
increíblemente guapa, ojos como la miel y unos sugerentes labios.
Por no hablar de la melena castaña. Decidió que tenía que intentar
saber algunas cosas antes de fiarse del todo de ella- Dime, ¿cómo
es esa ciudad?
-Pues...- La chica dedicó unos segundos a pensar- Es
distinta de las de la Tierra, eso desde luego. Hay bastante gente,
cuando yo llegué ya había unos cuantos. No hay edificios muy
grandes, al principio unas cuantas tiendas de campaña, pero
utilizando unas estructuras que había allí previamente, y junto con
los poderes de algunos, logramos construirla... No es muy grande a
pesar de que la llame ciudad, realmente se puede considerar un pueblo
de proporciones modestas, pero el Gobernador se refiere a ella como
la ciudad de la Paz- Relató con calma.
-Entiendo, entonces, ¿tenéis un Gobernador?- Siguió
preguntando Eliart.
-Así es, cuando yo llegue allí ya había sido elegido,
pero no tuve pegas, es un buen tipo- Aseguró Candy. El líder no
estaba satisfecho, las respuestas eran justo lo contrario de lo que
esperaba. Pero se encogió de hombros y lo aceptó, quizá si era
cierto que podía existir gente razonable allí dispuesta a cooperar.
Entonces cayó en la cuenta de que no sabía algo vital.
-Entiendo, no pinta mal no- La miró fijamente ahora,
sabía que lo que iba a decir era algo más delicado- Por cierto...
¿cuál es tu poder?
Candy le devolvió la mirada y, durante unos instantes,
permanecieron así, quieto como estatuas. Parecía que la chica
consideraba si debía darle esa información a Eliart o, por el
contrario, no era recomendable. El silencio se prolongó y el líder
de los I-Men sospechó que no era lógico que alguien esperara tanto.
-¿Prometes que seguiréis confiando en mi?- Dijo de
pronto. No se esperaba esa respuesta y retrocedió impulsivamente,
luego se arrepintió y volvió a acercarse.
-No puedo garantizarlo, pero no será tan malo, ¿no?-
Inquirió Eliart. Candy se ruborizó y se miró los pies. Entonces
respondió en un susurro, tan bajo que el chico tuvo que hacer un
gran esfuerzo por comprenderla.
-Verás... tengo la habilidad de cambiar a mi antojo los
sentimientos y emociones de los que están a mi alrededor... además
de otras cosas más desagradables...- El I-Men se sorprendió, ahora
todo tenía sentido. ¡La chica les había manipulado para que la
hicieran caso! Sin embargo volvió a ver su cara, avergonzada.
Recordó lo que había dicho, ''¿Seguiréis confiando en mi?''. Lo
más probable es que su poder hubiera generado desconfianza, por eso
se lo había callado. Analizó el comportamiento de todos y descubrió
que nada había cambiado, realmente la chica si que podía ser de
fiar.
-Ya veo, bueno, no te preocupes- Contestó Eliart, ahora
un poco más tranquilo. Finalmente decidió apartar las dudas, por
ahora sería mejor ayudar al resto del equipo, de manera que se
acercó a los demás- A ver, ¿qué pasa?
En ese momento Demongirl y Shadow peleaban. Ambos
miraron al líder y dejaron a un lado la disputa, contritos. La chica
miro al otro por encima del hombro.
-Ha sido su culpa, me miraba con cara lasciva- Acusó.
-¡Mentira! No me gustas niña- Contestó el moreno,
airado. Eliart sonrió, le gustaba ver que aun no habían perdido la
cabeza por el juego.
-Demongirl, dudo que te mirara así- Argumentó mientras
señalaba a Kya y guiñaba un ojo de manera cómplice. La chica lo
comprendió al instante y se disculparon ambos- Mejor.
-Bueno, el problema sigue siendo el de antes, ¿cómo
iremos hasta allí chicos?- Reanudó el Guerrero. El Capitán se
adelantó, pero Celestina le cortó- Ni se te ocurra decir troncos-
El vasco retrocedió, parecía que era justo eso lo que fuera a
proponer.
Entre tanto, Holy y Gaia habían decidido separarse del
grupo y cosechar comida, una vez estuvieran en el mar no podrían
encontrar más, así que hacían acopio de todo lo que pudieran
llevar. Gracias a su poder, la rubia había creado varios cestos de
mimbre. La otra había hecho un asombroso descubrimiento, si usaba su
poder e insuflaba vida a las plantas, estas crecían más rápido y
generaban frutos.
En la orilla, algo más alejado del grupo central,
estaba Llama Helada. Se había cansado de las peleas de los demás y
buscaba pensar con tranquilidad. La verdad es que tenían un duro
problema por delante, no veía como iban a cruzar el mar, ni si
quiera sabía como llegarían a la isla, como la encontrarían en
medio de la masa oceánica. Entonces cayó en la cuenta, entre
Revelación y Demongirl deberían ser capaces de guiarles con
eficacia. Lo cual no quitaba el principal inconveniente, que no
tenían embarcación. Una idea surgió. ''Podría hacer una nave de
hielo'', pero rápidamente la desechó. ¿Cómo iba a aguantar el
hielo una gran travesía? Se hizo otra pregunta, ¿sería capaz de
mantener un gran volumen de hielo congelado todo ese tiempo? No
podría dormir.
Finalmente tomó una decisión y se adentró en el agua,
fría. Activó su poder y el hielo comenzó a recubrirle. Se metió
de lleno y nadó varios metros, si iba a hacer un barco debía de
tener cuidado con no hacerlo encallar. Cuando vio que estaba lo
suficientemente lejos concentró su energía. El hielo que tenía por
su cuerpo le facilitaba flotar, así que se centró en generar un
gran torrente de fuerza. En el momento en que creyó estar listo,
dejó salir toda esa fuerza y fue dándole la forma deseada. El agua
se congelaba y, poco a poco, emergía la figura de un gran barco,
cristalino y grande, que flotaba con facilidad. Tras unos minutos de
arduo trabajo, estaba listo.
Exhausto, contempló su obra. Era magnífica. Con su
poder, creó un cabo de hielo que llevó hasta la orilla, evitando
así que el barco se fuera a la deriva. Entonces llamó al resto de
los I-Men, que vinieron a ver qué pasaba.
-¡Tío, es alucinante!- Exclamó el Guerrero,
impresionado- ¿Lo has hecho tú? Es tremendo...
-Gracias, me costará mantenerlo congelado y que no se
derrita, pero puede servirnos para atravesar el mar- Se giró,
buscando a su chica- Demongirl, ¿cuánto crees que tardaremos en
llegar allí?
-Pues...- La chica cerró los ojos, buscando presencias
en la dirección del mar. Sintió una levísima fuerza a bastante
distancia- Quizá un par de días... ¿cómo de rápida es la nave?-
Preguntó.
-Bueno, es de hielo, no se mueve de manera tradicional,
la impulsa mi propio poder, así que calculo que a una velocidad más
que considerable...- Hizo unos cálculos y se lo dijo- Y si además
Celestina me ayuda con su viento en la cola, entonces aún más
rápido.
-Entonces, si tenemos suerte, en un día, dos como
mucho, habremos llegado- Anunció triunfal.
Revelación asintió.
-Si, de hecho, creo que deberíamos irnos cuanto antes,
mi sentido me indica que nos toparemos con algo de buena suerte...-
Dijo, siempre en su misterioso tono.
El equipo se reunió en la playa, cerca del helado cabo.
Candy Soul también estaba allí, claro. Gaia y Holy mostraron todo
el acopio que habían hecho, suficiente para dos días, aunque la
dieta sería fundamentalmente vegetal. Llama Helada anunció que
tenía que volver ya al barco, si no este comenzaría a derretirse
sin remedio, y estando cerca de él podría mantenerlo. Así pues,
uno a uno, y gracias a un botecito de hielo, lograron embarcarse en
el gran mastodonte congelado que era el barco.
Sin más dilación, emprendieron la marcha. Tal y como
había asegurado Llama, el hielo se propulsaba gracias a su voluntad,
aunque también debía usar su poder continuamente, al cabo de un par
de horas el cansancio se reflejó en su rostro. ''No pensé que fuera
tan difícil...'' pero no desistió y aguantó el tipo. Tras otro
rato llamó al Guerrero, que se acercó.
-Dime, ¿me necesitabas?- Preguntó.
-Si, en unos diez minutos voy a tener que tomarme un
pequeño descanso, aprovechando el impulso, necesito que te coloques
en la cola de la barco y le des caña a tu viento... no querría
perder esta velocidad...- Contó el alto con voz cansada.
-De a cuerdo, sin problemas, entonces comeré algo
ahora- Dicho esto, Celestina bajó de nuevo a la bodega del barco. A
pesar de estar hecho de hielo, no podían ver todo como si fuera
cristal, de manera que sólo podías adivinar las formas de lo que
estaba al otro lado. Cosa que el Guerrero agradecía, no le gustaban
nada las criaturas marinas.
La bodega era espaciosa y, de nuevo, se maravilló. Su
amigo Llama Helada era increíble, le encantaba ese poder, incluso se
hubiera planteado cambiarlo por el suyo propio, pero luego rectificó.
Allí abajo encontró a Demongirl, Eliart y al Capitán,
aparentemente jugaban a algún juego de ingenio, para pasar el rato.
-Buenas chicos, en un rato debo sustituir a Llama, está
cansado- Se acercó a la chica- Intenta que duerma algo, a ti te hará
caso.
-No sé, está un poco raro, como obcecado en llegar a
esa isla- Comentó Demongirl, frunciendo el entrecejo- Espero poder
convencerle...
-Si... por cierto, ¿y los demás?- Preguntó el chico
del viento. El Capitán respondió de inmediato.
-Gaia y Holy están descansando, se han pateado esta
mañana un buen trecho de la playa, Waver está abajo, contemplando
el agua, le encanta- El vasco esbozó una sonrisa, como si dijera la
cosa más evidente del mundo- Revelación se ha emperrado en subir a
la cofia, cree que desde ahí arriba verá mejor el tema este de la
ciudad, y Candy Soul está con él. Shadow y Kya, bueno, no sé
exactamente donde, pero a juzgar por sus energías diría que están
intimando- Terminó mientras guiñaba un ojo.
Y así era. En uno de los diminutos camarotes estaba la
pareja. El moreno y la gata habían estado hablando sobre el tema de
la familia de la chica, y no sabía muy bien como, habían acabado
besándose. Shadow estaba bastante emocionado, era la primera vez que
besaba a una mujer (aunque fuera mitad gata) y se sentía pletórico.
Por su parte, Kya no recordaba tampoco haber estado nunca con un
chico, no uno humano al menos. Tras unos minutos besándose con
bastante pasión pararon para fumar un poco y charlar.
-Por cierto, cuando todos volvimos a la tierra... ¿tú
que hiciste?- Preguntó el chico.
-Pues... no gran cosa- Contestó la gata- Estuvisteis
cerca de tres meses fuera...
-¿Tres meses?- Preguntó de nuevo, anonadado.
-Si... recuerda lo que dijo Eliart, que aquí pasa cinco
veces más rápido el tiempo y, según me han dicho, pasaron quince
días en el mundo humano antes de que os trajeran de nuevo- Aseguró.
-Eso explica porque al principio había un ambiente
veraniego en el juego mientras que, ahora, hace más bien frío, ha
pasado todo el otoño y estamos entrando en invierno, ¿me equivoco?
-Bueno, no me dedico a contar el tiempo como vosotros,
pero mis instintos animales me dicen que si, se acerca el invierno-
Susurró, entonces bajó la mirada, triste- No quiero que os vayáis
de nuevo, sobre todo tú, lo pasé muy mal sola, y ahora que sé toda
la verdad sobre mi ''familia'' no lo soportaría...
-Tendremos que encontrar una manera- Dijo Shadow. En ese
momento se le pasó una idea por la cabeza- Gravitta- Murmuró.
-¿Gravitta? ¿Qué tiene que ver él?- Puso especial
énfasis en decir ''él''.
-¿No lo sabes? Al parecer Irons se fue con él porque
es un gran científico, y por eso J.J le sigue con tanta devoción,
el traje que lleva fue ideado por Gravitta... es un tío listo,
aunque no me guste reconocerlo, si hay alguien dentro del juego capaz
de encontrar una manera de traerte, es él.
-Puede que tengas razón... pero no me gusta tener que
recurrir a alguien como Gravitta...
-Lo sé, a mi tampoco...
Entre tanto, el Guerrero ya había comido y almacenado
suficiente energía, de manera que estaba en la parte posterior del
barco, acompañado por Waver, que miraba el oleaje fascinada.
-Celestina, ¿a que el mar es lo mejor? ¡Tanta agua!-
Exclamó, encantada.
-Sí, sí, lo que digas, a mi no me gusta mucho- La
chica le miró, enfadada- P-pero bueno, no está nada mal no...- Se
apresuró a corregir. Waver sonrió satisfecha y volvió a mirar el
agua- Oye, ¿sabes por qué te he traído aquí?
-En efecto... quieres que use mi poder sobre el agua,
combinado con tu viento, para entre los dos impulsar la nave... o
algo así- El chico se impresionó, había tomado a la joven por
alguien con pocas luces, pero al parecer es que le gustaba estar
callada, no tenía de tonta ni un pelo.
-Eso es- Dijo el Guerrero imperturbable- Tu hermano
acaba de bajar para recuperarse un poco, así que debemos trabajar
conjuntamente durante un par de horas mínimo para darle un respiro,
¿de a cuerdo?
-Por supuesto, vamos allá- Sentenció la morena. Ella
se encargó de manipular las corrientes oceánicas para darle mayor
fuerza al agua e impulsar la embarcación, por su parte, Celestina
levantó los brazos y llamó al viento, que acudió para sacudir con
fuerza el hielo. Entre ambos lograron una considerable velocidad,
pero no tanta como lo había hecho Llama Helada, aunque algo era
algo.
Pasaron así unas horas más. Dentro del barco los
pasajeros se entretenían como podían, conversaban en intimaban más,
contentos de no tener que estar todo el día de arriba abajo.
Revelación escrutaba el horizonte con ayuda de Candy Soul, mientras
usaba su poder de clarividencia. Algo extraño le pasaba, sólo era
capaz de ver el camino correcto a la ciudad, no podía ver cualquier
otro futuro. ''Quizá esto significa que estamos destinados a ir
allí'', aunque algo en su interior no estaba contento con esa
respuesta. Al mismo tiempo charlaba con su nueva amiga, que no paraba
de contarle cosas sobre la ciudad y sus habitantes. Revelación
sintió de pronto algo muy malo.
-¡¡Chicos!!- Exclamó. El Guerrero y Waver se giraron
para verle- ¡Se acerca una tormenta!
Efectivamente, no podían cambiar el rumbo, pues de lo
contrario podrían tardar días en llegar a la ciudad. Tenían que
atravesar el corazón de la tempestad. Rápido, los I-Men fueron
reuniéndose en la cubierta.
-¿No queda otro remedio?- Preguntó Eliart. Revelación,
que había bajado de la cofia negó con la cabeza.
-Un desvió a estas alturas podría ser fatal...-
Aseguró, apesadumbrado.
-Entiendo...- Llama Helada se adelantó.
-Yo conduciré el barco sin problemas, todos los demás
ir abajo, tenéis que poneros a salvo- Su figura cobrara de repente
un valor más autoritario.
-¿Y tú como sobrevivirás, cariño?- Preguntó
Demongirl, asustada.
-Gaia me sujetará al hielo con ayuda de unas plantas
bien clavadas, ¿vale?- La rubia asintió. Entonces el I-Men miró a
sus compañeros- Celestina, Waver, sé que estáis cansados, pero
para salir de esta os necesito... y a ti también Revelación, debes
de indicarnos en todo momento que será lo mejor, ¿entendido? Bien
vamos...
-Espera- Dijo Candy Soul en ese momento- Yo también me
quedo... con mi poder para influenciar las emociones me encargaré de
que los cuatro estéis serenos y tranquilos, para que la tormenta no
os haga perder los nervios... vamos, entre todos lo haremos.
-Muy bien- Confirmó Eliart- Gaia, átalos a todos con
tus plantas como mejor puedas para que la tormenta no se los lleve...
los demás, vamos abajo, no me mires así Capitán, en esta situación
no puedes hacer nada.
Dicho y hecho, todos se pusieron manos a la obra y, en
unos pocos minutos, todo estaba listo, justo cuando las olas crecían
con mayor ímpetu, empujándolos y empapándolos. El viento aullaba
con fiereza mientras el cielo se oscurecía. El agua pronto les caló
los hasta los huesos.
-¡Qué Waver, ¿te sigue gustando tanto el agua?!-
Preguntó el Guerrero a su compañera, burlón.
En seguida tuvieron que callarse y centrarse, apenas
podían oírse a ellos mismos con el estruendo, y debían
concentrarse en manipular los elementos para salir vivos de ahí. Los
truenos y relámpagos eran constantes. De no haber sido por la
influencia de Candy, más de uno se hubiera venido abajo en seguida.
Los que estaban en el interior de la nave sudaban copiosamente,
nerviosos y frustrados por no poder hacer nada. Kya se abrazaba con
fuerza al moreno, que la rodeaba con sus fuertes brazos. Eliart hacía
lo propio con Gaia.
Los primeros compases de la tormenta parecían sucederse
sin fin, uno tras otro. Pero avanzaban, en parte gracias por la guía
de Revelación, y en parte por los tripulantes. Llama Helada se
aferraba con fuerza al helado timón, que aunque realmente no servía
para nada, estaba ahí. Notaba su corazón acelerado, pero estaba
bastante tranquilo, sin duda gracias a la habilidad de Candy. El
barco subió por la cresta de una ola especialmente alta y, al llegar
al otro lado, se precipitó con fuerza sobre el agua. La espuma
salpicaba a los I-Men, quienes apenas podían ver nada. Los
relámpagos eran cada vez más intensos.
-¡Seguid así, vamos!- Gritaba el místico a pleno
pulmón. No veía nada claro que iba a pasar, tan solo era capaz de
reconocer el camino correcto, así que hacía lo único que podía,
guiarlos en sentido a la ciudad. Vio que se desviaban demasiado a la
derecha- ¡No, no, virad a la izquierda!
Y así lo hicieron los otros, que apenas podían oírle
claramente. Candy Soul se aferró al brazo de Revelación, ambos
estaban atados con ramas al mástil, para evitar caerse o resbalarse.
La chica no había dicho nada, podía cambiar las emociones de los
demás, pero no las suyas propias, así que estaba aterrada,
intentando disimular. Un rayo cayó demasiado cerca del barco. ''Esto
no me gusta un pelo'', pensó Revelación. Casi inmediatamente, otro
rayó impactó directamente en el barco, haciendo estallar el mástil
y lanzando fragmentos de hielo por todos lados. Uno de ellos golpeó
a Candy Soul en la cabeza, haciéndole perder el conocimiento. Otro
dejó aturdida a Waver, que resbaló y se hundió en el mar.
-¡Waver, no!- Exclamó el Guerrero Celeste desde su
posición. Las ramas de Gaia no habían resistido. Celestina miró a
Revelación- ¿¡Qué hago!?
-¡No lo sé!- Respondió el otro- No lo sé...
-¡A la mierda- El Guerrero arrancó sus ramas y se
lanzó al agua sin miramientos. Un muro helado le recibió,
cortándole la respiración. Buceó luchando contra el oleaje, que le
mecía de un lado a otro, haciendo que perdiera el sentido de la
orientación. ''Da igual, debo salvarla'', se decía a si mismo.
Usando su poder reunió unas cuantas burbujas hasta formar una mayor
y se la puso en la boca, para poder respirar bajo el agua, aunque
fuera un par de minutos. Nadó y nadó, totalmente perdido en la
negrura del mar. Otro relámpago recorrió el cielo, iluminándolo
todo, y entonces divisó a Waver, estaba a pocos metros de él.
-¡Aguanta!- Exclamó, aunque dudaba que pudiera oír su
voz. Con un gran esfuerzo llegó finalmente al flotante cuerpo de la
chica. Palpó su cuello y se acercó, respiraba y parecía estar
bien, dentro de lo posible, así que buscó el barco de nuevo. Vio la
masa de hielo no muy lejos de él, ¿se habían detenido? Uso el
viento a su favor para favorecer el oleaje y se fue arrastrando hasta
la embarcación, donde Revelación le esperaba.
-¡Agárrate!- Dijo el místico tendiéndole el bastón.
El Guerrero asió uno de los extremos con el brazo derecho mientras
que, con el izquierdo, sujetaba firmemente a Waver. Entonces la Runa
Negra brilló- ¡Runa Negra, adelante!
Los ojos de Revelación se oscurecieron y, ayudado de la
extraordinaria fuerza que le daba aquel poder, levantó a los otros
dos, dejándolos en cubierta. Desactivó el poder y señaló a Llama
Helada.
-¡A perdido el juicio!- Dijo. Ambos se acercaron donde
estaba con dificultad, llevando Celestina a la chica en brazos en
todo momento. Cuando vieron a su hermano, este estaba arrodillado en
el suelo, con las manos juntas.
-¡Padre nuestro que estás en los cielos...- Le oyeron
decir-...santificado sea tu nombre, venga...!
El Guerrero no lo soportó más y se acercó a él,
dándole una fuerte bofetada.
-¡Reacciona idiota!- Ahora que Candy Soul estaba
inconsciente su poder no les hacía efecto, y Llama Helada se había
dejado llevar por el pánico, pero Celestina asumió rápidamente el
mando. El alto I-Men, al ver a su hermana, se serenó un poco-
¡Cógela y bájala donde esté segura, cuando te tranquilices,
vuelve aquí, te necesitamos!
No respondió, tan solo asintió y cogió a la chica.
Entre tanto Revelación había cogido a Candy y la bajaba con los
demás. El Guerrero se plantó frente al timón y llamó al viento
con todas sus fuerzas, dispuesto a salir de aquella tempestad. Sintió
un movimiento bajo sus pies, un temblor, algo que crujía.
-No me jodas...- Susurró. De repente el crujido se hizo
más y más sonoro, hasta competir con los truenos. El caso del barco
comenzó a romperse por carios sitios y a dividirse en dos. La
embarcación se estaba partiendo por la mitad, el hielo no estaba
resistiendo. Revelación llegó arriba para ver qué estaba pasando-
¡Justo a tiempo, usa tu runa de hielo! ¡Dime por Dios que tienes
una Runa de Hielo!
-¡La tengo!- Gritó y, como respuesta, alzó su cetro,
que se iluminó con un color azulado, revelando una runa. Sosteniendo
con firmeza su arma, la plantó en la cubierta con fuerza,
insertándola en una grieta- ¡Hielo!
Un fino hielo, menos puro y resistente que el de Llama
Helada, recubrió las grietas y mantuvo la embarcación cohesionada,
permitiéndoles navegar. El Guerrero abandonó el timón y se plantó
frente a este, alzando los brazos, desesperado.
-¡Maldita tormenta, detente!- Chilló con toda la
fuerza de sus pulmones- ¡Para, te digo que pares, maldita tormenta!
¡Ahhh!- Se estaba quedando afónico de tanto gritar, pero no podía
parar.
De repente, un brillo se iluminó en los ojos del
Guerrero. El poder que había descubierto en su batalla con Lizzarit
afloraba de nuevo, y vio el viento. La tempestad era violenta y
destructora, pero era viento al fin y al cabo. Y el era el domador de
viento. Alzó con mayor ímpetu los brazos y se concentró al máximo.
El entrecejo se le marcó de manera exagerada.
-¡¡Detente!!-
El grito de Celestina sonó con una voz hueca y poderosa, milenaria,
tal vez. La tormenta, siguiendo sus deseos, comenzó a deshacerse.
Las nubes se disolvieron y los vientos amainaron, en menos de un
minuto, la tempestad había desaparecido y el cielo era azul de
nuevo. Revelación contempló todo esto atontado, sorprendido desde
hacía mucho tiempo. El poder del Guerrero paró y se desplomó sobre
la cubierta, inconsciente. Eliart apareció allí.
-¿Qué está pasando, estáis bien?- Preguntó a toda
prisa.
-Si, yo si- Contestó Revelación sin moverse,
asegurando el hielo- Recoge a Celestina, está hecho polvo después
de lo que acaba de hacer, ya te lo explicaré luego.
-Como digas.
-Y por favor, haz que venga Llama Helada, yo no podré
mantener el barco en condiciones mucho más...- La cara del místico
se contraía en una mueca de dolor, estaba usando al límite sus
energías. El líder no tardó en aparecer con el alto I-Men, que
reanudó su labor tras reparar el casco. Más tranquilo, Revelación
miró al frente, preocupado. Pero se llevó otra sorpresa- Chicos...
mirad allí...
-¿Qué es eso?- Preguntó Eliart aguzando la vista.
-¡Es tierra, hemos llegado!
Efectivamente, por fin habían llegado a la isla y,
dentro de poco, estarían en la afamada ciudad de la Paz. La noticia
de que había avistado tierra llegó a los otros rápidamente, y
entre todos decidieron colaborar. Gaia fabricó una especie de remos
algo toscos, pero que valdrían y, juntos, usaron su fuerza para
llegar cuanto antes. En cuestión de una hora, estaba por fin en
tierra.
Holy insistió en curar las pequeñas heridas que habían
sufrido durante la ardua travesía, de manera que, a mitad de la
tarde, ya estaban todos en condiciones más o menos decentes. Una vez
estuvieron bien y después de comer, preguntaron a Candy si podía
llevarlos hasta la ciudad.
-Claro, reconozco esta playa, antes del anochecer
podemos estar frente a los muros de la ciudad, ya veréis, son gente
muy amable- Les aseguró con una sonrisa.
Y así emprendieron de nuevo la marcha con la chica al
frente, escogiendo el camino correcto. Primero escalaron la escarpada
pared del acantilado, siguiendo sinuosos caminos. Al llegar arriba
descubrieron un sistema montañoso en la lejanía, que se veía como
silueta azules por la distancia. Entre las montañas y el acantilado
había una explanada más o menos llana y extensa repleta hasta los
topes por una gran selva tropical. Los árboles eran altos y pronto
se vieron rodeados por la maleza. Candy Soul pareció dudar unos
instantes antes de internarse de lleno en el bosque, pero los I-Men
la siguieron. No tardaron en avistar un sendero que discurría cerca
de un río. Candy exhaló un fuerte suspiro.
-No estaba totalmente segura, pero ahora que he
encontrado el sendero, no tardaremos mucho más- Aseguró. Eliart
miró a Revelación, quien asintió en señal de aprobación. El
grupo siguió andando por el terroso camino, cada vez más nerviosos.
-Demongirl- Dijo Eliart- Comprueba los alrededores con
tus poderes por favor.
-Un segundo- Dijo mientras se concentraba. A los pocos
segundos abrió los ojos- Percibo muchas presencias frente a nosotros
a unos kilómetros, no sabría decir cuantas, están muy juntas. No
percibo nada más en varios kilómetros a la redonda... pero recuerda
que hay jugadores que pueden escapar a mi radar...
-Lo sé, pero hay que intentarlo- Finalizó el líder. Y
así pasaron unos cuantos minutos, lentos y cadenciosos.
Entonces llegaron a La Ciudad. De entrada les sorprendió
bastante. Unos muros gruesos y sólidos se elevaban por encima de sus
cabezas, debían de tener cerca de séis metros de altura,
seguramente más. Lo más sorprendente era que estaban hechos de
piedra lisa, como un gran bloque, sin fisuras, y con una ligera
inclinación hacía dentro. En lo alto de la muralla patrullaban un
par de persona, que al ver a Candy la saludaron, pero al ver a los
I-Men, se pusieron alerta.
-¡No os preocupéis, son amigos! Avisad al Alcalde-
Pidió la chica. Las grandes puertas de madera, en las que no habían
reparado antes, se abrieron de par en par. La chica entro,
haciéndoles señas de que la siguieran. Algunos dudaron, pero al
final todos entraron.
La ciudad no era tan espectacular por dentro. Había
numerosos edificios de no más de dos plantas, repartidos de manera
eficiente, siguiendo un cuidado esquema de cuadrícula. La calle
principal era recta y al fondo se podía ver claramente la figura de
un imponente Palacio, hecho de piedra y de color dorado. La calle
principal era bastante ancha y, hasta el final de la avenida, apenas
unas séis o siete calles la cruzaban, de manera que más que una
ciudad era, efectivamente, un pueblo. Aunque considerando las
dimensiones del juego, no estaba mal.
Lo verdaderamente impresionante eran las personas. No
era una gran multitud, pero fácilmente podían contar quince
personas en la calle, que estuvieran a la vista. Contando con los que
debían estar en otros lugares, en las casas, etc, debían de ser
bastantes en total. Todo el mundo se paró parar mirar como entraban
los I-Men, que miraban en todas direcciones, asombrados. Gaia estaba
particularmente fascinada, había soñado todos esos días con
encontrar un paraíso así. Cerca del Palacio, lograron ver un gran
edificio, debía de ser la fábrica de la ciudad. Candy Soul se
despidió de ellos con la mano y les dijo que esperaran ahí, que
alguien iría a buscarles para registrarlos en la ciudad. Las puertas
se cerraron y los aldeanos siguieron su quehaceres, aunque sin
quitarles la vista de encima a los nuevos.
Vieron como un hombre bajaba corriendo la calle
principal con unas cuantas carpetas en las manos, agitándolas.
Eliart se puso al frente y saludó a aquel misterioso tipo.
-Buenas, somos los I-Men- Se presentó.
-Hola, hola- Respondió el otro con prisas. Llevaba una
ropa relativamente elegante, como de alguien importante- Soy el
Alcalde de La Ciudad, me llamo Kinético, y en nombre de la población
me gustaría daros a todos la bienvenida- Una sonrisa enmarcó el
rostro del Alcalde. Era bajito y delgaducho, con el pelo marrón
claro cayéndole en forma de rizos. No era mayor que Eliart, pero su
porte era imponente- Deberéis decirme vuestros nombres y poderes,
cosas de seguridad. Afortunadamente tenemos muchas casas vacías aun,
así que os podemos alojar en unas cuantas, ¿o preferís estar
juntos en una casa de dos pisos?- El grupo asintió, esa idea les
gustaba- Perfecto, tenemos una bastante decente en la segunda calle,
si lo sé, los nombres no son muy originales, pero era lo más
sencillo.
La Segunda Calle resultó ser una de las que cortaban la
avenida principal, la segunda desde el portón de la muralla. Como
estaba anocheciendo, Kinético dejó a los I-Men en la casa a toda
prisa mientras decía que tenía que irse a resolver ciertos asuntos.
Les instó a que al día siguiente se pasearan por la ciudad y
buscaran un empleo para ayudar, y a cambio la ciudad se encargaría
de que recibieran comida y seguridad a cambio. Parecía un buen
trato. Después del agotador día, muchos del grupo se fueron a
dormir sin decir gran cosa, por primera vez en mucho tiempo, no
tenían que hacer guardia. No necesariamente. Aun así, Eliart y el
Guerrero se quedaron despiertos mientras los demás dormían en el
piso superior. Ellos estaban en la primera planta, en el salón,
donde apenas había unas cuantas sillas y una especie de sofá. El
líder estaba tumbado en el sofá, aunque maldecía por lo incómodo
que era. El otro estaba dando vueltas de un lado a otro.
-No sé, no sé- Decía Celestina- Todos parecen
bastante contentos con esto, pero ¿viste al Alcalde? No me gustó
mucho... Creo que me estoy rayando sin motivo.
-Claro que hay motivo- Afirmó Eliart- Todas esas
personas, tenían algo raro... lo intuyo- Decía mientras miraba el
techo- Me da miedo que sea algún tipo de trampa, aunque no parece
probable, quizá si que estemos algo paranoicos...
-Lo más seguro es que ya estemos acostumbrados a las
puñaladas traperas...- Murmuró el Guerrero, recordando los
sucesivos cambios de bando de Irons- Pero no sé, lo que pasó en la
tormenta fue muy raro, durante unos instantes, pude controlarla...
tenía que contártelo, pero no me sentí yo mismo- El I-Men parecía
hablar muy en serio- Después de eso me he dado cuenta de lo
peligroso que es el juego, y ahora que tengo a Holy, además de a
todos vosotros, tengo miedo. Miedo de que nos hagan daño, miedo a
perderos... por eso recelo tanto de la ciudad...
-Te entiendo, a mi me pasa lo mismo- Eliart cambió de
postura- Pero los demás ansían la paz, no podemos obligarles a
luchar eternamente. Lo que tenemos que hacer es permanecer atentos,
por si acaso esta ciudad no es lo que parece... en fin, intentemos
dormir, buenas noches.
-Buenas noches...- Se despidió Celestina.
Noveno día de Juego, finalizado. Jugadores restantes:
113.
El día siguiente amaneció frío, pero despejado.
Siguiendo el consejo de Kinético, algunos del grupo decidieron darse
una vuelta por la ciudad, dispuestos a encontrar una ocupación y así
poder ser útiles. En la casa quedaron; Eliart, Llama Helada,
Demongirl y Revelación. El líder y el místico estaban sentados en
la cocina, preparando algo para cuando los demás volvieran, ese día
les había tocado a ellos. A pesar de ser una ''cocina'' realmente
apenas había nada muy útil. Tenían un grifo que traía agua
potable aunque a muy baja presión y un pequeño aparato que generaba
calor, para poder cocinar. La comida estaba ya en las despensas, y
aunque no era mucha, al menos era variada.
Eliart miraba la olla con atención, esperando que
bullera. Entre tanto, Revelación trataba de vislumbrar el futuro,
fracasando con cada intento.
-Vaya...- Dijo para sí.
-¿Estás bien? Desde hace unos días estás como raro,
ya sabes, con eso de que no puedes ver el futuro y esas cosas-
Comentó Eliart, sinceramente preocupado. El otro parecía asustado.
-No, no lo estoy... jamás me había pasado esto-
Contestó- A veces he tenido problemas para ver un futuro, muchas
veces no es del todo claro, pero siempre he podido ver algo... ahora,
sin embargo, no soy capaz de ver absolutamente nada Eliart... no
puede ser bueno- El líder pensó para sus adentros que podía tener
que ver con la ciudad, pero no lo dijo, sabía que Revelación creía
que aquel lugar era bueno.
-Bueno, como tú me has dicho muchas veces, no te
desanimes, seguro que remontas, ya lo verás, será que hay alguna
fluctuación del destino o algo así, o quizás tus poderes están
madurando, pueden ser mil cosas- Intentó calmarlo.
-Gracias camarada, espero que no sea grave- El místico
forzó una sonrisa, pero se veía que la cuestión le carcomía por
dentro.
En uno de los dormitorios, Llama Helada y Demongirl
estaban juntos. La chica acariciaba la melena del alto, con dulzura y
cariño.
-Ah... hacía tiempo que necesitábamos algo de tiempo
para nosotros. ¿No crees?- Preguntó.
El chico la miró, y había algo raro en su mirada, no
sabía muy bien qué. No contestó a la pregunta inmediatamente, se
tomó su tiempo para pensar.
-Bueno... supongo que si- Dijo al fin, secamente. Ella
se extrañó.
-Oye, estás un poco raro... esta mañana apenas has
hablado... no sé- De repente Demongirl estaba insegura, no sabía
que le podía estar pasando. Él la miró de nuevo y entrecerró los
ojos, parecía enfadado. Con un ademán brusco se quitó la mano de
ella del pelo.
-No te pongas pesada, ¿vale?- Contestó dándole la
espalda a la chica. Ella se quedó muda del asombro, ¿qué? ¿Por
qué actuaba así su querido chico, tan amable que era siempre?
-David...- Susurró usando su nombre de la Tierra. No
sabía qué decir. La tensión del juego se había acumulado y ahora
pasaba esto, de repente nada tenía sentido. Los ojos se le
humedecieron, pero entonces la Demongirl fuerte y dura surgía de su
corazón. No iba a tolerar que ningún hombre la tratara así, de
manera que se levantó de la cama y le miró con furia- Mira, no sé
cuál es tu problema, pero no puedes hablarme así, más vale que me
pidas perdón.
-Lo que me faltaba por oír- Dijo el chico sin darse la
vuelta- Anda, ¿por qué no sales? Quiero intentar dormir un poco.
Estupefacta apretó los puños y una lágrima resbaló
por su mejilla. Ella era fuerte, pero siempre había confiado en él,
no estaba preparada para escuchar lo que le estaba diciendo, por eso
le estaba afectando tanto. Notaba en el enfado crecer su pecho,
enfado contra él, por tratarla así y enfado contra ella misma, por
reaccionar como una chiquilla frente a las palabras de alguien de esa
manera. ¿Qué diría su hermana mayor, Claudia, si lo supiera? Salió
de la habitación airada y dio un sonoro portazo. Eliart y Revelación
la vieron irse por la puerta principal.
Entonces llegaban Holy y el Guerrero a una casa blanca
con arcos en la entrada y una cruz roja pintada en la fachada. Era la
'Casa de Curación' y estaba en la Sexta Calle. Gracias a los vecinos
se habían acercado allí, a la chica le interesaba entrar a
trabajar, sería perfecto por sus poderes.
-Entrare sola- Le dijo al otro, que asintió y esperó
fuero. La I-Men penetró en la penumbra de la Casa de Curación y
llamó- ¡Hola! ¿Hay alguien?- Escuchó movimiento en una de las
habitaciones adyacentes. La sala principal era blanca y parecía
bastante limpia. Al cabo de unos momentos, una figura apareció de
una de la habitaciones. Era un hombre adulto, de unos treinta muchos.
Llevaba una camisa negra y un gorro de lana. Su cara estaba surcada
por arrugas precoces y tenía un aspecto demacrado.
-Vaya que tenemos aquí, encantado chica, soy Infecto-
Se presentó. Holy dudó de darle la mano, pero finalmente lo hizo-
Soy el encargado de la Casa de Curación, mi poder tiene que ver con
los venenos y los virus, así que me encargo de las heridas por
picaduras y posibles infecciones, ya sabes.
-Si, la verdad es que quería trabajar aquí, ayudar y
eso- Infecto la miró de arriba abajo.
-¿Cuál es tu poder?- Preguntó.
-La sanación- Contestó ella sonriendo. El hombre le
devolvió la sonrisa.
-Perfecto, por fin será esto una casa de curación de
verdad, acompáñame, cumplimentamos un par de trámites y puedes
empezar hoy mismo o mañana, como quieras- Comenzó a explicar. Ambos
fueron a otra habitación adyacente y el hombre empezó a buscar unos
papeles. Entonces entró otro por otra puerta- Buenas Dimitri- Saludó
Infecto.
-Hola humano- Respondió el tipo extraño. Era bastante
alto y delgado, pero no tenía nada que ver con Infecto, al contrario
que este, se podría decir que era guapo. Tenía una piel tersa y
perfectamente cuidada y una perilla castaña y no muy larga. Llevaba
gabardina negra hasta los tobillos y un sombrero muy ajustado. Le
caía una lacia melena morena hasta la mitad de la espalda. Sus ojos
eran pozos negros. Cuando a vio a Holy la miró con intensidad e hizo
una breve reverencia- Buenas, chica- Le sonrió y dejó al
descubierto una brillante dentadura.
-¿Los has traído?- Preguntó el hombre bajito. Dimitri
metió las manos en el interior de la gabardina y sacó bolsas.
-Si sangre de diferentes grupos sanguíneos, por si
acaso...- Dijo mientras se relamía.
-Perfecto- Le entregó a Holy un papel- Esta chica es
Holy, curandera. Él es Dimitri, algo así como un doctor,
especializado en transfusiones- Los presentó y volvió a sus cosas.
No muy lejos de allí, Waver descansaba en un parque de
la Cuarta Calle. Había encontrado alguien que había traído
numerosos paquetes de tabaco para venderlos en el juego. Ella no
llevaba dinero encima, pero se las ingenio para que le diera un par
de cigarrillos y ahora fumaba tranquila sobre el césped. Algún
chico intentó acercarse a ella, pero los repelió con eficacia.
Intentaba no pensar demasiado, aquel lugar no era tan malo como el
resto del juego, y pensaba que podría llegar a acomodarse. Pero
también pensó que no podrían pasar toda su vida allí, tarde o
temprano querrían volver a su mundo natal.
La chica se hallaba sumida en sus pensamientos cuando,
no muy lejos, en el mismo parque, escuchó a alguien haciendo
ejercicio. Se acomodó y miró hacía otra zona del parque y divisó
a otra chica haciendo estiramientos. Era rubia y atlética. Vestía
un ceñido mono negro que se adaptaba a su figura, casi como un
chándal. Waver sintió curiosidad y se acercó a saludarla.
-¡Hey!- Dijo. La otra se giró con velocidad y se puso
en guardia, preparada para luchar- Tranqui tía, no quiero pegarte.
-Buf- Suspiró. La I-Men se dio cuenta de que parecía
tensa- Perdona.
-No pasa nada- Contestó de forma automática- Me llamo
Waver, encantada- Se presentó acercándole la mano. La rubia la
estrechó.
-Yo soy Garra Nocturna, puedes decirme simplemente
Garra- Sonrió, aunque parecía una sonrisa algo forzada- No te había
visto por aquí antes, ¿en qué trabajas?- Sus palabra transmitían
cierto nerviosismo.
-Aún en nada... llegué a la ciudad ayer... ¿por qué
calentabas?- Preguntó la I-Men.
-¿¡Ayer1?- Exclamó y luego se tapó la boca, mirando
a todos lados- Ayer...- Repitió- Eso es una buena noticia. Estaba
calentando porque tengo que prepararme- Hizo una pausa, mirando de
nuevo en derredor- Prepararme para la batalla.
-¿Batalla? Pensaba que aquí nadie peleaba...- Waver
estaba contrariada. ¿Qué estaría pasando?
-Ese es el cuento con el que atraen a gente a la
ciudad...- Susurró Garra- Todo será más fácil si me acompañas a
ver a una amiga... vine con ella a la ciudad. Cuando la conozcas te
lo explicaremos.
-Está bien, vamos- Y las dos marcharon a andar por la
calle.
En la casa, Eliart le daba vueltas a muchas cosas. El
Capitán había vuelto, al parecer quería encargarse de mantener el
orden público, cosa que pegaba en él. Gaia había decidido trabajar
con el ayuntamiento en los parques, para cuidar las plantas. El resto
o no habían vuelto para comer o no habían encontrado ninguna
ocupación por el momento.
Entonces una diminuta televisión en el salón se
encendió, no repararon antes en ella. Una figura enmascarada habló
a través del aparato.
-Buenos días conciudadanos- Saludó- Me
congratula deciros que todo marcha genial y que la ciudad más
prospera del juego funciona a la perfección. Dentro de poco
alcanzaremos la asombrosa cifra de cien jugadores dentro de la Ciudad
de la Paz- A Eliart no se le escapó el detalle de que había
dicho ''jugadores'', no ''ciudadanos''- Tan sólo os daba el
saludo diario, ¡seguid trabajando duro!
La televisión se apagó, aparentemente sólo funcionaba
para retransmisiones del Gobernador, quien suponía era la figura que
habían visto. Los I-Men charlaron sobre el tema, era extraño, pero
no hablaron demasiado de ello.
Sin embargo Eliart no pensaba lo mismo. No podía
quitarse la sensación de la cabeza de que aquel lugar era muy
inquietante...
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