miércoles, 3 de julio de 2013

Capítulo 28 - 'Hacía la ciudad de la paz'

Los rayos del Sol alumbraban con timidez la costa, desvelando poco a poco su contorno. La escasa niebla matinal se fue disipando lentamente, los jirones de bruma se agarraban desesperados a la costa, negándose a desaparecer. Los I-Men estaban despertándose en ese momento. La primera fue Demongirl, acostumbrada a madrugar. Se levantó y se acercó hasta la playa, acto seguido levanto los brazos para estirarse y dio una profunda bocanada de aire.
-¡Ah, me encanta el Mar!- Dijo complacida mientras cerraba los ojos y dejaba que la brisa marina le revolviera el pelo. Se sentó en una roca cercana a contemplar como el oleaje asestaba golpe tras golpe sobre las piedras cercanas. Hizo un breve escaneo de los alrededores y le alegró ver que no había nadie en las cercanías. Más relajada, sacó sus espadas y las empezó a limpiar y a repasar el filo, debía de cuidarlas más de lo que lo hacía, o se estropearían con facilidad. Tras unos minutos de levantó y fue a buscar algo de fruta que había visto el día anterior. También aprovechó para recolectar moluscos de las rocas.
Cogió algo de leña y con ayuda de su espada ígnea le prendió fuego. Acto seguido montó unos pinchos con los moluscos y los cocinó. El olor de la comida hizo despertar poco a poco a los demás. El Capitán fue de los primeros en acercarse. Miró el fuego y asintió en señal de aprobación.
-Buena idea- Comentó. Entonces se sentó frente al fuego y observó como el Sol terminaba de salir por el horizonte. Luego se giró en dirección al campamento y gritó- ¡Arriba gandules!
Unos minutos después todos desayunaban alegremente al rededor del fuego, la perspectiva de la ciudad prometida era alentadora. Gaia mantenía una imperturbable sonrisa, pensaba sin parar en poder vivir en paz, sin tener que pelear, buscando una solución al problema del juego. Algunas dudas habían surgido, como siempre, ¿y si les obligaban a llevar a cabo los términos del juego? ¿Y si no eran capaces de dar con alguna solución alternativa? Sin embargo las esperanzas eran amplias, querían creer que encontrarían en la ciudad su lugar.
Aunque, por supuesto, no todos pensaban lo mismo. Eliart estaba algo más hosco, no le complacía nada tener que ir allí. Iba porque la mayoría habían apoyado la idea, y no quería llevarles la contraria. Tan solo esperaba equivocarse y que, efectivamente, la ciudad fuera un lugar seguro. Desde la linde del bosque observaba como los demás daban vueltas por la playa, charlando y planificando.
-Yo digo que atemos unos cuantos troncos y vamos para adelante- Dijo el Capitán. Revelación negó con la cabeza.
-No creo que eso baste amigo, fíjate cuantos somos, necesitamos algo más estable que ''unos cuantos troncos''- Le reprendió el místico. El Capitán se arremangó, pensando en zurrar al otro, pero el Guerrero Celeste se interpuso.
-Venga hombre tranquilizaos, al final llegaremos allí y acabaremos peleando entre nosotros- Terció.
Mientras los demás discutían que hacer, Eliart fijó la vista en la chica que conocieron el día anterior, la llamada Candy Soul. Al contrario que los I-Men, la joven mantenía la vista fija en el mar, tal y como la encontraron. El líder se acercó hasta la chica, un poco más aparta del resto. Al ver que se acercaba, se giró.
-Buenos días Eliart- Le saludó.
-Buenos días- Respondió el chico, mostrándose amable. Luego se puso a su lado para ver con ella el mar. La miró de reojo. Era algo bajita, pero eso no quitaba que sin duda fuera increíblemente guapa, ojos como la miel y unos sugerentes labios. Por no hablar de la melena castaña. Decidió que tenía que intentar saber algunas cosas antes de fiarse del todo de ella- Dime, ¿cómo es esa ciudad?
-Pues...- La chica dedicó unos segundos a pensar- Es distinta de las de la Tierra, eso desde luego. Hay bastante gente, cuando yo llegué ya había unos cuantos. No hay edificios muy grandes, al principio unas cuantas tiendas de campaña, pero utilizando unas estructuras que había allí previamente, y junto con los poderes de algunos, logramos construirla... No es muy grande a pesar de que la llame ciudad, realmente se puede considerar un pueblo de proporciones modestas, pero el Gobernador se refiere a ella como la ciudad de la Paz- Relató con calma.
-Entiendo, entonces, ¿tenéis un Gobernador?- Siguió preguntando Eliart.
-Así es, cuando yo llegue allí ya había sido elegido, pero no tuve pegas, es un buen tipo- Aseguró Candy. El líder no estaba satisfecho, las respuestas eran justo lo contrario de lo que esperaba. Pero se encogió de hombros y lo aceptó, quizá si era cierto que podía existir gente razonable allí dispuesta a cooperar. Entonces cayó en la cuenta de que no sabía algo vital.
-Entiendo, no pinta mal no- La miró fijamente ahora, sabía que lo que iba a decir era algo más delicado- Por cierto... ¿cuál es tu poder?
Candy le devolvió la mirada y, durante unos instantes, permanecieron así, quieto como estatuas. Parecía que la chica consideraba si debía darle esa información a Eliart o, por el contrario, no era recomendable. El silencio se prolongó y el líder de los I-Men sospechó que no era lógico que alguien esperara tanto.
-¿Prometes que seguiréis confiando en mi?- Dijo de pronto. No se esperaba esa respuesta y retrocedió impulsivamente, luego se arrepintió y volvió a acercarse.
-No puedo garantizarlo, pero no será tan malo, ¿no?- Inquirió Eliart. Candy se ruborizó y se miró los pies. Entonces respondió en un susurro, tan bajo que el chico tuvo que hacer un gran esfuerzo por comprenderla.
-Verás... tengo la habilidad de cambiar a mi antojo los sentimientos y emociones de los que están a mi alrededor... además de otras cosas más desagradables...- El I-Men se sorprendió, ahora todo tenía sentido. ¡La chica les había manipulado para que la hicieran caso! Sin embargo volvió a ver su cara, avergonzada. Recordó lo que había dicho, ''¿Seguiréis confiando en mi?''. Lo más probable es que su poder hubiera generado desconfianza, por eso se lo había callado. Analizó el comportamiento de todos y descubrió que nada había cambiado, realmente la chica si que podía ser de fiar.
-Ya veo, bueno, no te preocupes- Contestó Eliart, ahora un poco más tranquilo. Finalmente decidió apartar las dudas, por ahora sería mejor ayudar al resto del equipo, de manera que se acercó a los demás- A ver, ¿qué pasa?
En ese momento Demongirl y Shadow peleaban. Ambos miraron al líder y dejaron a un lado la disputa, contritos. La chica miro al otro por encima del hombro.
-Ha sido su culpa, me miraba con cara lasciva- Acusó.
-¡Mentira! No me gustas niña- Contestó el moreno, airado. Eliart sonrió, le gustaba ver que aun no habían perdido la cabeza por el juego.
-Demongirl, dudo que te mirara así- Argumentó mientras señalaba a Kya y guiñaba un ojo de manera cómplice. La chica lo comprendió al instante y se disculparon ambos- Mejor.
-Bueno, el problema sigue siendo el de antes, ¿cómo iremos hasta allí chicos?- Reanudó el Guerrero. El Capitán se adelantó, pero Celestina le cortó- Ni se te ocurra decir troncos- El vasco retrocedió, parecía que era justo eso lo que fuera a proponer.
Entre tanto, Holy y Gaia habían decidido separarse del grupo y cosechar comida, una vez estuvieran en el mar no podrían encontrar más, así que hacían acopio de todo lo que pudieran llevar. Gracias a su poder, la rubia había creado varios cestos de mimbre. La otra había hecho un asombroso descubrimiento, si usaba su poder e insuflaba vida a las plantas, estas crecían más rápido y generaban frutos.
En la orilla, algo más alejado del grupo central, estaba Llama Helada. Se había cansado de las peleas de los demás y buscaba pensar con tranquilidad. La verdad es que tenían un duro problema por delante, no veía como iban a cruzar el mar, ni si quiera sabía como llegarían a la isla, como la encontrarían en medio de la masa oceánica. Entonces cayó en la cuenta, entre Revelación y Demongirl deberían ser capaces de guiarles con eficacia. Lo cual no quitaba el principal inconveniente, que no tenían embarcación. Una idea surgió. ''Podría hacer una nave de hielo'', pero rápidamente la desechó. ¿Cómo iba a aguantar el hielo una gran travesía? Se hizo otra pregunta, ¿sería capaz de mantener un gran volumen de hielo congelado todo ese tiempo? No podría dormir.
Finalmente tomó una decisión y se adentró en el agua, fría. Activó su poder y el hielo comenzó a recubrirle. Se metió de lleno y nadó varios metros, si iba a hacer un barco debía de tener cuidado con no hacerlo encallar. Cuando vio que estaba lo suficientemente lejos concentró su energía. El hielo que tenía por su cuerpo le facilitaba flotar, así que se centró en generar un gran torrente de fuerza. En el momento en que creyó estar listo, dejó salir toda esa fuerza y fue dándole la forma deseada. El agua se congelaba y, poco a poco, emergía la figura de un gran barco, cristalino y grande, que flotaba con facilidad. Tras unos minutos de arduo trabajo, estaba listo.
Exhausto, contempló su obra. Era magnífica. Con su poder, creó un cabo de hielo que llevó hasta la orilla, evitando así que el barco se fuera a la deriva. Entonces llamó al resto de los I-Men, que vinieron a ver qué pasaba.
-¡Tío, es alucinante!- Exclamó el Guerrero, impresionado- ¿Lo has hecho tú? Es tremendo...
-Gracias, me costará mantenerlo congelado y que no se derrita, pero puede servirnos para atravesar el mar- Se giró, buscando a su chica- Demongirl, ¿cuánto crees que tardaremos en llegar allí?
-Pues...- La chica cerró los ojos, buscando presencias en la dirección del mar. Sintió una levísima fuerza a bastante distancia- Quizá un par de días... ¿cómo de rápida es la nave?- Preguntó.
-Bueno, es de hielo, no se mueve de manera tradicional, la impulsa mi propio poder, así que calculo que a una velocidad más que considerable...- Hizo unos cálculos y se lo dijo- Y si además Celestina me ayuda con su viento en la cola, entonces aún más rápido.
-Entonces, si tenemos suerte, en un día, dos como mucho, habremos llegado- Anunció triunfal.
Revelación asintió.
-Si, de hecho, creo que deberíamos irnos cuanto antes, mi sentido me indica que nos toparemos con algo de buena suerte...- Dijo, siempre en su misterioso tono.
El equipo se reunió en la playa, cerca del helado cabo. Candy Soul también estaba allí, claro. Gaia y Holy mostraron todo el acopio que habían hecho, suficiente para dos días, aunque la dieta sería fundamentalmente vegetal. Llama Helada anunció que tenía que volver ya al barco, si no este comenzaría a derretirse sin remedio, y estando cerca de él podría mantenerlo. Así pues, uno a uno, y gracias a un botecito de hielo, lograron embarcarse en el gran mastodonte congelado que era el barco.
Sin más dilación, emprendieron la marcha. Tal y como había asegurado Llama, el hielo se propulsaba gracias a su voluntad, aunque también debía usar su poder continuamente, al cabo de un par de horas el cansancio se reflejó en su rostro. ''No pensé que fuera tan difícil...'' pero no desistió y aguantó el tipo. Tras otro rato llamó al Guerrero, que se acercó.
-Dime, ¿me necesitabas?- Preguntó.
-Si, en unos diez minutos voy a tener que tomarme un pequeño descanso, aprovechando el impulso, necesito que te coloques en la cola de la barco y le des caña a tu viento... no querría perder esta velocidad...- Contó el alto con voz cansada.
-De a cuerdo, sin problemas, entonces comeré algo ahora- Dicho esto, Celestina bajó de nuevo a la bodega del barco. A pesar de estar hecho de hielo, no podían ver todo como si fuera cristal, de manera que sólo podías adivinar las formas de lo que estaba al otro lado. Cosa que el Guerrero agradecía, no le gustaban nada las criaturas marinas.
La bodega era espaciosa y, de nuevo, se maravilló. Su amigo Llama Helada era increíble, le encantaba ese poder, incluso se hubiera planteado cambiarlo por el suyo propio, pero luego rectificó. Allí abajo encontró a Demongirl, Eliart y al Capitán, aparentemente jugaban a algún juego de ingenio, para pasar el rato.
-Buenas chicos, en un rato debo sustituir a Llama, está cansado- Se acercó a la chica- Intenta que duerma algo, a ti te hará caso.
-No sé, está un poco raro, como obcecado en llegar a esa isla- Comentó Demongirl, frunciendo el entrecejo- Espero poder convencerle...
-Si... por cierto, ¿y los demás?- Preguntó el chico del viento. El Capitán respondió de inmediato.
-Gaia y Holy están descansando, se han pateado esta mañana un buen trecho de la playa, Waver está abajo, contemplando el agua, le encanta- El vasco esbozó una sonrisa, como si dijera la cosa más evidente del mundo- Revelación se ha emperrado en subir a la cofia, cree que desde ahí arriba verá mejor el tema este de la ciudad, y Candy Soul está con él. Shadow y Kya, bueno, no sé exactamente donde, pero a juzgar por sus energías diría que están intimando- Terminó mientras guiñaba un ojo.
Y así era. En uno de los diminutos camarotes estaba la pareja. El moreno y la gata habían estado hablando sobre el tema de la familia de la chica, y no sabía muy bien como, habían acabado besándose. Shadow estaba bastante emocionado, era la primera vez que besaba a una mujer (aunque fuera mitad gata) y se sentía pletórico. Por su parte, Kya no recordaba tampoco haber estado nunca con un chico, no uno humano al menos. Tras unos minutos besándose con bastante pasión pararon para fumar un poco y charlar.
-Por cierto, cuando todos volvimos a la tierra... ¿tú que hiciste?- Preguntó el chico.
-Pues... no gran cosa- Contestó la gata- Estuvisteis cerca de tres meses fuera...
-¿Tres meses?- Preguntó de nuevo, anonadado.
-Si... recuerda lo que dijo Eliart, que aquí pasa cinco veces más rápido el tiempo y, según me han dicho, pasaron quince días en el mundo humano antes de que os trajeran de nuevo- Aseguró.
-Eso explica porque al principio había un ambiente veraniego en el juego mientras que, ahora, hace más bien frío, ha pasado todo el otoño y estamos entrando en invierno, ¿me equivoco?
-Bueno, no me dedico a contar el tiempo como vosotros, pero mis instintos animales me dicen que si, se acerca el invierno- Susurró, entonces bajó la mirada, triste- No quiero que os vayáis de nuevo, sobre todo tú, lo pasé muy mal sola, y ahora que sé toda la verdad sobre mi ''familia'' no lo soportaría...
-Tendremos que encontrar una manera- Dijo Shadow. En ese momento se le pasó una idea por la cabeza- Gravitta- Murmuró.
-¿Gravitta? ¿Qué tiene que ver él?- Puso especial énfasis en decir ''él''.
-¿No lo sabes? Al parecer Irons se fue con él porque es un gran científico, y por eso J.J le sigue con tanta devoción, el traje que lleva fue ideado por Gravitta... es un tío listo, aunque no me guste reconocerlo, si hay alguien dentro del juego capaz de encontrar una manera de traerte, es él.
-Puede que tengas razón... pero no me gusta tener que recurrir a alguien como Gravitta...
-Lo sé, a mi tampoco...
Entre tanto, el Guerrero ya había comido y almacenado suficiente energía, de manera que estaba en la parte posterior del barco, acompañado por Waver, que miraba el oleaje fascinada.
-Celestina, ¿a que el mar es lo mejor? ¡Tanta agua!- Exclamó, encantada.
-Sí, sí, lo que digas, a mi no me gusta mucho- La chica le miró, enfadada- P-pero bueno, no está nada mal no...- Se apresuró a corregir. Waver sonrió satisfecha y volvió a mirar el agua- Oye, ¿sabes por qué te he traído aquí?
-En efecto... quieres que use mi poder sobre el agua, combinado con tu viento, para entre los dos impulsar la nave... o algo así- El chico se impresionó, había tomado a la joven por alguien con pocas luces, pero al parecer es que le gustaba estar callada, no tenía de tonta ni un pelo.
-Eso es- Dijo el Guerrero imperturbable- Tu hermano acaba de bajar para recuperarse un poco, así que debemos trabajar conjuntamente durante un par de horas mínimo para darle un respiro, ¿de a cuerdo?
-Por supuesto, vamos allá- Sentenció la morena. Ella se encargó de manipular las corrientes oceánicas para darle mayor fuerza al agua e impulsar la embarcación, por su parte, Celestina levantó los brazos y llamó al viento, que acudió para sacudir con fuerza el hielo. Entre ambos lograron una considerable velocidad, pero no tanta como lo había hecho Llama Helada, aunque algo era algo.
Pasaron así unas horas más. Dentro del barco los pasajeros se entretenían como podían, conversaban en intimaban más, contentos de no tener que estar todo el día de arriba abajo. Revelación escrutaba el horizonte con ayuda de Candy Soul, mientras usaba su poder de clarividencia. Algo extraño le pasaba, sólo era capaz de ver el camino correcto a la ciudad, no podía ver cualquier otro futuro. ''Quizá esto significa que estamos destinados a ir allí'', aunque algo en su interior no estaba contento con esa respuesta. Al mismo tiempo charlaba con su nueva amiga, que no paraba de contarle cosas sobre la ciudad y sus habitantes. Revelación sintió de pronto algo muy malo.
-¡¡Chicos!!- Exclamó. El Guerrero y Waver se giraron para verle- ¡Se acerca una tormenta!
Efectivamente, no podían cambiar el rumbo, pues de lo contrario podrían tardar días en llegar a la ciudad. Tenían que atravesar el corazón de la tempestad. Rápido, los I-Men fueron reuniéndose en la cubierta.
-¿No queda otro remedio?- Preguntó Eliart. Revelación, que había bajado de la cofia negó con la cabeza.
-Un desvió a estas alturas podría ser fatal...- Aseguró, apesadumbrado.
-Entiendo...- Llama Helada se adelantó.
-Yo conduciré el barco sin problemas, todos los demás ir abajo, tenéis que poneros a salvo- Su figura cobrara de repente un valor más autoritario.
-¿Y tú como sobrevivirás, cariño?- Preguntó Demongirl, asustada.
-Gaia me sujetará al hielo con ayuda de unas plantas bien clavadas, ¿vale?- La rubia asintió. Entonces el I-Men miró a sus compañeros- Celestina, Waver, sé que estáis cansados, pero para salir de esta os necesito... y a ti también Revelación, debes de indicarnos en todo momento que será lo mejor, ¿entendido? Bien vamos...
-Espera- Dijo Candy Soul en ese momento- Yo también me quedo... con mi poder para influenciar las emociones me encargaré de que los cuatro estéis serenos y tranquilos, para que la tormenta no os haga perder los nervios... vamos, entre todos lo haremos.
-Muy bien- Confirmó Eliart- Gaia, átalos a todos con tus plantas como mejor puedas para que la tormenta no se los lleve... los demás, vamos abajo, no me mires así Capitán, en esta situación no puedes hacer nada.
Dicho y hecho, todos se pusieron manos a la obra y, en unos pocos minutos, todo estaba listo, justo cuando las olas crecían con mayor ímpetu, empujándolos y empapándolos. El viento aullaba con fiereza mientras el cielo se oscurecía. El agua pronto les caló los hasta los huesos.
-¡Qué Waver, ¿te sigue gustando tanto el agua?!- Preguntó el Guerrero a su compañera, burlón.
En seguida tuvieron que callarse y centrarse, apenas podían oírse a ellos mismos con el estruendo, y debían concentrarse en manipular los elementos para salir vivos de ahí. Los truenos y relámpagos eran constantes. De no haber sido por la influencia de Candy, más de uno se hubiera venido abajo en seguida. Los que estaban en el interior de la nave sudaban copiosamente, nerviosos y frustrados por no poder hacer nada. Kya se abrazaba con fuerza al moreno, que la rodeaba con sus fuertes brazos. Eliart hacía lo propio con Gaia.
Los primeros compases de la tormenta parecían sucederse sin fin, uno tras otro. Pero avanzaban, en parte gracias por la guía de Revelación, y en parte por los tripulantes. Llama Helada se aferraba con fuerza al helado timón, que aunque realmente no servía para nada, estaba ahí. Notaba su corazón acelerado, pero estaba bastante tranquilo, sin duda gracias a la habilidad de Candy. El barco subió por la cresta de una ola especialmente alta y, al llegar al otro lado, se precipitó con fuerza sobre el agua. La espuma salpicaba a los I-Men, quienes apenas podían ver nada. Los relámpagos eran cada vez más intensos.
-¡Seguid así, vamos!- Gritaba el místico a pleno pulmón. No veía nada claro que iba a pasar, tan solo era capaz de reconocer el camino correcto, así que hacía lo único que podía, guiarlos en sentido a la ciudad. Vio que se desviaban demasiado a la derecha- ¡No, no, virad a la izquierda!
Y así lo hicieron los otros, que apenas podían oírle claramente. Candy Soul se aferró al brazo de Revelación, ambos estaban atados con ramas al mástil, para evitar caerse o resbalarse. La chica no había dicho nada, podía cambiar las emociones de los demás, pero no las suyas propias, así que estaba aterrada, intentando disimular. Un rayo cayó demasiado cerca del barco. ''Esto no me gusta un pelo'', pensó Revelación. Casi inmediatamente, otro rayó impactó directamente en el barco, haciendo estallar el mástil y lanzando fragmentos de hielo por todos lados. Uno de ellos golpeó a Candy Soul en la cabeza, haciéndole perder el conocimiento. Otro dejó aturdida a Waver, que resbaló y se hundió en el mar.
-¡Waver, no!- Exclamó el Guerrero Celeste desde su posición. Las ramas de Gaia no habían resistido. Celestina miró a Revelación- ¿¡Qué hago!?
-¡No lo sé!- Respondió el otro- No lo sé...
-¡A la mierda- El Guerrero arrancó sus ramas y se lanzó al agua sin miramientos. Un muro helado le recibió, cortándole la respiración. Buceó luchando contra el oleaje, que le mecía de un lado a otro, haciendo que perdiera el sentido de la orientación. ''Da igual, debo salvarla'', se decía a si mismo. Usando su poder reunió unas cuantas burbujas hasta formar una mayor y se la puso en la boca, para poder respirar bajo el agua, aunque fuera un par de minutos. Nadó y nadó, totalmente perdido en la negrura del mar. Otro relámpago recorrió el cielo, iluminándolo todo, y entonces divisó a Waver, estaba a pocos metros de él.
-¡Aguanta!- Exclamó, aunque dudaba que pudiera oír su voz. Con un gran esfuerzo llegó finalmente al flotante cuerpo de la chica. Palpó su cuello y se acercó, respiraba y parecía estar bien, dentro de lo posible, así que buscó el barco de nuevo. Vio la masa de hielo no muy lejos de él, ¿se habían detenido? Uso el viento a su favor para favorecer el oleaje y se fue arrastrando hasta la embarcación, donde Revelación le esperaba.
-¡Agárrate!- Dijo el místico tendiéndole el bastón. El Guerrero asió uno de los extremos con el brazo derecho mientras que, con el izquierdo, sujetaba firmemente a Waver. Entonces la Runa Negra brilló- ¡Runa Negra, adelante!
Los ojos de Revelación se oscurecieron y, ayudado de la extraordinaria fuerza que le daba aquel poder, levantó a los otros dos, dejándolos en cubierta. Desactivó el poder y señaló a Llama Helada.
-¡A perdido el juicio!- Dijo. Ambos se acercaron donde estaba con dificultad, llevando Celestina a la chica en brazos en todo momento. Cuando vieron a su hermano, este estaba arrodillado en el suelo, con las manos juntas.
-¡Padre nuestro que estás en los cielos...- Le oyeron decir-...santificado sea tu nombre, venga...!
El Guerrero no lo soportó más y se acercó a él, dándole una fuerte bofetada.
-¡Reacciona idiota!- Ahora que Candy Soul estaba inconsciente su poder no les hacía efecto, y Llama Helada se había dejado llevar por el pánico, pero Celestina asumió rápidamente el mando. El alto I-Men, al ver a su hermana, se serenó un poco- ¡Cógela y bájala donde esté segura, cuando te tranquilices, vuelve aquí, te necesitamos!
No respondió, tan solo asintió y cogió a la chica. Entre tanto Revelación había cogido a Candy y la bajaba con los demás. El Guerrero se plantó frente al timón y llamó al viento con todas sus fuerzas, dispuesto a salir de aquella tempestad. Sintió un movimiento bajo sus pies, un temblor, algo que crujía.
-No me jodas...- Susurró. De repente el crujido se hizo más y más sonoro, hasta competir con los truenos. El caso del barco comenzó a romperse por carios sitios y a dividirse en dos. La embarcación se estaba partiendo por la mitad, el hielo no estaba resistiendo. Revelación llegó arriba para ver qué estaba pasando- ¡Justo a tiempo, usa tu runa de hielo! ¡Dime por Dios que tienes una Runa de Hielo!
-¡La tengo!- Gritó y, como respuesta, alzó su cetro, que se iluminó con un color azulado, revelando una runa. Sosteniendo con firmeza su arma, la plantó en la cubierta con fuerza, insertándola en una grieta- ¡Hielo!
Un fino hielo, menos puro y resistente que el de Llama Helada, recubrió las grietas y mantuvo la embarcación cohesionada, permitiéndoles navegar. El Guerrero abandonó el timón y se plantó frente a este, alzando los brazos, desesperado.
-¡Maldita tormenta, detente!- Chilló con toda la fuerza de sus pulmones- ¡Para, te digo que pares, maldita tormenta! ¡Ahhh!- Se estaba quedando afónico de tanto gritar, pero no podía parar.
De repente, un brillo se iluminó en los ojos del Guerrero. El poder que había descubierto en su batalla con Lizzarit afloraba de nuevo, y vio el viento. La tempestad era violenta y destructora, pero era viento al fin y al cabo. Y el era el domador de viento. Alzó con mayor ímpetu los brazos y se concentró al máximo. El entrecejo se le marcó de manera exagerada.
-¡¡Detente!!- El grito de Celestina sonó con una voz hueca y poderosa, milenaria, tal vez. La tormenta, siguiendo sus deseos, comenzó a deshacerse. Las nubes se disolvieron y los vientos amainaron, en menos de un minuto, la tempestad había desaparecido y el cielo era azul de nuevo. Revelación contempló todo esto atontado, sorprendido desde hacía mucho tiempo. El poder del Guerrero paró y se desplomó sobre la cubierta, inconsciente. Eliart apareció allí.
-¿Qué está pasando, estáis bien?- Preguntó a toda prisa.
-Si, yo si- Contestó Revelación sin moverse, asegurando el hielo- Recoge a Celestina, está hecho polvo después de lo que acaba de hacer, ya te lo explicaré luego.
-Como digas.
-Y por favor, haz que venga Llama Helada, yo no podré mantener el barco en condiciones mucho más...- La cara del místico se contraía en una mueca de dolor, estaba usando al límite sus energías. El líder no tardó en aparecer con el alto I-Men, que reanudó su labor tras reparar el casco. Más tranquilo, Revelación miró al frente, preocupado. Pero se llevó otra sorpresa- Chicos... mirad allí...
-¿Qué es eso?- Preguntó Eliart aguzando la vista.
-¡Es tierra, hemos llegado!
Efectivamente, por fin habían llegado a la isla y, dentro de poco, estarían en la afamada ciudad de la Paz. La noticia de que había avistado tierra llegó a los otros rápidamente, y entre todos decidieron colaborar. Gaia fabricó una especie de remos algo toscos, pero que valdrían y, juntos, usaron su fuerza para llegar cuanto antes. En cuestión de una hora, estaba por fin en tierra.
Holy insistió en curar las pequeñas heridas que habían sufrido durante la ardua travesía, de manera que, a mitad de la tarde, ya estaban todos en condiciones más o menos decentes. Una vez estuvieron bien y después de comer, preguntaron a Candy si podía llevarlos hasta la ciudad.
-Claro, reconozco esta playa, antes del anochecer podemos estar frente a los muros de la ciudad, ya veréis, son gente muy amable- Les aseguró con una sonrisa.
Y así emprendieron de nuevo la marcha con la chica al frente, escogiendo el camino correcto. Primero escalaron la escarpada pared del acantilado, siguiendo sinuosos caminos. Al llegar arriba descubrieron un sistema montañoso en la lejanía, que se veía como silueta azules por la distancia. Entre las montañas y el acantilado había una explanada más o menos llana y extensa repleta hasta los topes por una gran selva tropical. Los árboles eran altos y pronto se vieron rodeados por la maleza. Candy Soul pareció dudar unos instantes antes de internarse de lleno en el bosque, pero los I-Men la siguieron. No tardaron en avistar un sendero que discurría cerca de un río. Candy exhaló un fuerte suspiro.
-No estaba totalmente segura, pero ahora que he encontrado el sendero, no tardaremos mucho más- Aseguró. Eliart miró a Revelación, quien asintió en señal de aprobación. El grupo siguió andando por el terroso camino, cada vez más nerviosos.
-Demongirl- Dijo Eliart- Comprueba los alrededores con tus poderes por favor.
-Un segundo- Dijo mientras se concentraba. A los pocos segundos abrió los ojos- Percibo muchas presencias frente a nosotros a unos kilómetros, no sabría decir cuantas, están muy juntas. No percibo nada más en varios kilómetros a la redonda... pero recuerda que hay jugadores que pueden escapar a mi radar...
-Lo sé, pero hay que intentarlo- Finalizó el líder. Y así pasaron unos cuantos minutos, lentos y cadenciosos.
Entonces llegaron a La Ciudad. De entrada les sorprendió bastante. Unos muros gruesos y sólidos se elevaban por encima de sus cabezas, debían de tener cerca de séis metros de altura, seguramente más. Lo más sorprendente era que estaban hechos de piedra lisa, como un gran bloque, sin fisuras, y con una ligera inclinación hacía dentro. En lo alto de la muralla patrullaban un par de persona, que al ver a Candy la saludaron, pero al ver a los I-Men, se pusieron alerta.
-¡No os preocupéis, son amigos! Avisad al Alcalde- Pidió la chica. Las grandes puertas de madera, en las que no habían reparado antes, se abrieron de par en par. La chica entro, haciéndoles señas de que la siguieran. Algunos dudaron, pero al final todos entraron.
La ciudad no era tan espectacular por dentro. Había numerosos edificios de no más de dos plantas, repartidos de manera eficiente, siguiendo un cuidado esquema de cuadrícula. La calle principal era recta y al fondo se podía ver claramente la figura de un imponente Palacio, hecho de piedra y de color dorado. La calle principal era bastante ancha y, hasta el final de la avenida, apenas unas séis o siete calles la cruzaban, de manera que más que una ciudad era, efectivamente, un pueblo. Aunque considerando las dimensiones del juego, no estaba mal.
Lo verdaderamente impresionante eran las personas. No era una gran multitud, pero fácilmente podían contar quince personas en la calle, que estuvieran a la vista. Contando con los que debían estar en otros lugares, en las casas, etc, debían de ser bastantes en total. Todo el mundo se paró parar mirar como entraban los I-Men, que miraban en todas direcciones, asombrados. Gaia estaba particularmente fascinada, había soñado todos esos días con encontrar un paraíso así. Cerca del Palacio, lograron ver un gran edificio, debía de ser la fábrica de la ciudad. Candy Soul se despidió de ellos con la mano y les dijo que esperaran ahí, que alguien iría a buscarles para registrarlos en la ciudad. Las puertas se cerraron y los aldeanos siguieron su quehaceres, aunque sin quitarles la vista de encima a los nuevos.
Vieron como un hombre bajaba corriendo la calle principal con unas cuantas carpetas en las manos, agitándolas. Eliart se puso al frente y saludó a aquel misterioso tipo.
-Buenas, somos los I-Men- Se presentó.
-Hola, hola- Respondió el otro con prisas. Llevaba una ropa relativamente elegante, como de alguien importante- Soy el Alcalde de La Ciudad, me llamo Kinético, y en nombre de la población me gustaría daros a todos la bienvenida- Una sonrisa enmarcó el rostro del Alcalde. Era bajito y delgaducho, con el pelo marrón claro cayéndole en forma de rizos. No era mayor que Eliart, pero su porte era imponente- Deberéis decirme vuestros nombres y poderes, cosas de seguridad. Afortunadamente tenemos muchas casas vacías aun, así que os podemos alojar en unas cuantas, ¿o preferís estar juntos en una casa de dos pisos?- El grupo asintió, esa idea les gustaba- Perfecto, tenemos una bastante decente en la segunda calle, si lo sé, los nombres no son muy originales, pero era lo más sencillo.
La Segunda Calle resultó ser una de las que cortaban la avenida principal, la segunda desde el portón de la muralla. Como estaba anocheciendo, Kinético dejó a los I-Men en la casa a toda prisa mientras decía que tenía que irse a resolver ciertos asuntos. Les instó a que al día siguiente se pasearan por la ciudad y buscaran un empleo para ayudar, y a cambio la ciudad se encargaría de que recibieran comida y seguridad a cambio. Parecía un buen trato. Después del agotador día, muchos del grupo se fueron a dormir sin decir gran cosa, por primera vez en mucho tiempo, no tenían que hacer guardia. No necesariamente. Aun así, Eliart y el Guerrero se quedaron despiertos mientras los demás dormían en el piso superior. Ellos estaban en la primera planta, en el salón, donde apenas había unas cuantas sillas y una especie de sofá. El líder estaba tumbado en el sofá, aunque maldecía por lo incómodo que era. El otro estaba dando vueltas de un lado a otro.
-No sé, no sé- Decía Celestina- Todos parecen bastante contentos con esto, pero ¿viste al Alcalde? No me gustó mucho... Creo que me estoy rayando sin motivo.
-Claro que hay motivo- Afirmó Eliart- Todas esas personas, tenían algo raro... lo intuyo- Decía mientras miraba el techo- Me da miedo que sea algún tipo de trampa, aunque no parece probable, quizá si que estemos algo paranoicos...
-Lo más seguro es que ya estemos acostumbrados a las puñaladas traperas...- Murmuró el Guerrero, recordando los sucesivos cambios de bando de Irons- Pero no sé, lo que pasó en la tormenta fue muy raro, durante unos instantes, pude controlarla... tenía que contártelo, pero no me sentí yo mismo- El I-Men parecía hablar muy en serio- Después de eso me he dado cuenta de lo peligroso que es el juego, y ahora que tengo a Holy, además de a todos vosotros, tengo miedo. Miedo de que nos hagan daño, miedo a perderos... por eso recelo tanto de la ciudad...
-Te entiendo, a mi me pasa lo mismo- Eliart cambió de postura- Pero los demás ansían la paz, no podemos obligarles a luchar eternamente. Lo que tenemos que hacer es permanecer atentos, por si acaso esta ciudad no es lo que parece... en fin, intentemos dormir, buenas noches.
-Buenas noches...- Se despidió Celestina.


Noveno día de Juego, finalizado. Jugadores restantes: 113.


El día siguiente amaneció frío, pero despejado. Siguiendo el consejo de Kinético, algunos del grupo decidieron darse una vuelta por la ciudad, dispuestos a encontrar una ocupación y así poder ser útiles. En la casa quedaron; Eliart, Llama Helada, Demongirl y Revelación. El líder y el místico estaban sentados en la cocina, preparando algo para cuando los demás volvieran, ese día les había tocado a ellos. A pesar de ser una ''cocina'' realmente apenas había nada muy útil. Tenían un grifo que traía agua potable aunque a muy baja presión y un pequeño aparato que generaba calor, para poder cocinar. La comida estaba ya en las despensas, y aunque no era mucha, al menos era variada.
Eliart miraba la olla con atención, esperando que bullera. Entre tanto, Revelación trataba de vislumbrar el futuro, fracasando con cada intento.
-Vaya...- Dijo para sí.
-¿Estás bien? Desde hace unos días estás como raro, ya sabes, con eso de que no puedes ver el futuro y esas cosas- Comentó Eliart, sinceramente preocupado. El otro parecía asustado.
-No, no lo estoy... jamás me había pasado esto- Contestó- A veces he tenido problemas para ver un futuro, muchas veces no es del todo claro, pero siempre he podido ver algo... ahora, sin embargo, no soy capaz de ver absolutamente nada Eliart... no puede ser bueno- El líder pensó para sus adentros que podía tener que ver con la ciudad, pero no lo dijo, sabía que Revelación creía que aquel lugar era bueno.
-Bueno, como tú me has dicho muchas veces, no te desanimes, seguro que remontas, ya lo verás, será que hay alguna fluctuación del destino o algo así, o quizás tus poderes están madurando, pueden ser mil cosas- Intentó calmarlo.
-Gracias camarada, espero que no sea grave- El místico forzó una sonrisa, pero se veía que la cuestión le carcomía por dentro.
En uno de los dormitorios, Llama Helada y Demongirl estaban juntos. La chica acariciaba la melena del alto, con dulzura y cariño.
-Ah... hacía tiempo que necesitábamos algo de tiempo para nosotros. ¿No crees?- Preguntó.
El chico la miró, y había algo raro en su mirada, no sabía muy bien qué. No contestó a la pregunta inmediatamente, se tomó su tiempo para pensar.
-Bueno... supongo que si- Dijo al fin, secamente. Ella se extrañó.
-Oye, estás un poco raro... esta mañana apenas has hablado... no sé- De repente Demongirl estaba insegura, no sabía que le podía estar pasando. Él la miró de nuevo y entrecerró los ojos, parecía enfadado. Con un ademán brusco se quitó la mano de ella del pelo.
-No te pongas pesada, ¿vale?- Contestó dándole la espalda a la chica. Ella se quedó muda del asombro, ¿qué? ¿Por qué actuaba así su querido chico, tan amable que era siempre?
-David...- Susurró usando su nombre de la Tierra. No sabía qué decir. La tensión del juego se había acumulado y ahora pasaba esto, de repente nada tenía sentido. Los ojos se le humedecieron, pero entonces la Demongirl fuerte y dura surgía de su corazón. No iba a tolerar que ningún hombre la tratara así, de manera que se levantó de la cama y le miró con furia- Mira, no sé cuál es tu problema, pero no puedes hablarme así, más vale que me pidas perdón.
-Lo que me faltaba por oír- Dijo el chico sin darse la vuelta- Anda, ¿por qué no sales? Quiero intentar dormir un poco.
Estupefacta apretó los puños y una lágrima resbaló por su mejilla. Ella era fuerte, pero siempre había confiado en él, no estaba preparada para escuchar lo que le estaba diciendo, por eso le estaba afectando tanto. Notaba en el enfado crecer su pecho, enfado contra él, por tratarla así y enfado contra ella misma, por reaccionar como una chiquilla frente a las palabras de alguien de esa manera. ¿Qué diría su hermana mayor, Claudia, si lo supiera? Salió de la habitación airada y dio un sonoro portazo. Eliart y Revelación la vieron irse por la puerta principal.
Entonces llegaban Holy y el Guerrero a una casa blanca con arcos en la entrada y una cruz roja pintada en la fachada. Era la 'Casa de Curación' y estaba en la Sexta Calle. Gracias a los vecinos se habían acercado allí, a la chica le interesaba entrar a trabajar, sería perfecto por sus poderes.
-Entrare sola- Le dijo al otro, que asintió y esperó fuero. La I-Men penetró en la penumbra de la Casa de Curación y llamó- ¡Hola! ¿Hay alguien?- Escuchó movimiento en una de las habitaciones adyacentes. La sala principal era blanca y parecía bastante limpia. Al cabo de unos momentos, una figura apareció de una de la habitaciones. Era un hombre adulto, de unos treinta muchos. Llevaba una camisa negra y un gorro de lana. Su cara estaba surcada por arrugas precoces y tenía un aspecto demacrado.
-Vaya que tenemos aquí, encantado chica, soy Infecto- Se presentó. Holy dudó de darle la mano, pero finalmente lo hizo- Soy el encargado de la Casa de Curación, mi poder tiene que ver con los venenos y los virus, así que me encargo de las heridas por picaduras y posibles infecciones, ya sabes.
-Si, la verdad es que quería trabajar aquí, ayudar y eso- Infecto la miró de arriba abajo.
-¿Cuál es tu poder?- Preguntó.
-La sanación- Contestó ella sonriendo. El hombre le devolvió la sonrisa.
-Perfecto, por fin será esto una casa de curación de verdad, acompáñame, cumplimentamos un par de trámites y puedes empezar hoy mismo o mañana, como quieras- Comenzó a explicar. Ambos fueron a otra habitación adyacente y el hombre empezó a buscar unos papeles. Entonces entró otro por otra puerta- Buenas Dimitri- Saludó Infecto.
-Hola humano- Respondió el tipo extraño. Era bastante alto y delgado, pero no tenía nada que ver con Infecto, al contrario que este, se podría decir que era guapo. Tenía una piel tersa y perfectamente cuidada y una perilla castaña y no muy larga. Llevaba gabardina negra hasta los tobillos y un sombrero muy ajustado. Le caía una lacia melena morena hasta la mitad de la espalda. Sus ojos eran pozos negros. Cuando a vio a Holy la miró con intensidad e hizo una breve reverencia- Buenas, chica- Le sonrió y dejó al descubierto una brillante dentadura.
-¿Los has traído?- Preguntó el hombre bajito. Dimitri metió las manos en el interior de la gabardina y sacó bolsas.
-Si sangre de diferentes grupos sanguíneos, por si acaso...- Dijo mientras se relamía.
-Perfecto- Le entregó a Holy un papel- Esta chica es Holy, curandera. Él es Dimitri, algo así como un doctor, especializado en transfusiones- Los presentó y volvió a sus cosas.
No muy lejos de allí, Waver descansaba en un parque de la Cuarta Calle. Había encontrado alguien que había traído numerosos paquetes de tabaco para venderlos en el juego. Ella no llevaba dinero encima, pero se las ingenio para que le diera un par de cigarrillos y ahora fumaba tranquila sobre el césped. Algún chico intentó acercarse a ella, pero los repelió con eficacia. Intentaba no pensar demasiado, aquel lugar no era tan malo como el resto del juego, y pensaba que podría llegar a acomodarse. Pero también pensó que no podrían pasar toda su vida allí, tarde o temprano querrían volver a su mundo natal.
La chica se hallaba sumida en sus pensamientos cuando, no muy lejos, en el mismo parque, escuchó a alguien haciendo ejercicio. Se acomodó y miró hacía otra zona del parque y divisó a otra chica haciendo estiramientos. Era rubia y atlética. Vestía un ceñido mono negro que se adaptaba a su figura, casi como un chándal. Waver sintió curiosidad y se acercó a saludarla.
-¡Hey!- Dijo. La otra se giró con velocidad y se puso en guardia, preparada para luchar- Tranqui tía, no quiero pegarte.
-Buf- Suspiró. La I-Men se dio cuenta de que parecía tensa- Perdona.
-No pasa nada- Contestó de forma automática- Me llamo Waver, encantada- Se presentó acercándole la mano. La rubia la estrechó.
-Yo soy Garra Nocturna, puedes decirme simplemente Garra- Sonrió, aunque parecía una sonrisa algo forzada- No te había visto por aquí antes, ¿en qué trabajas?- Sus palabra transmitían cierto nerviosismo.
-Aún en nada... llegué a la ciudad ayer... ¿por qué calentabas?- Preguntó la I-Men.
-¿¡Ayer1?- Exclamó y luego se tapó la boca, mirando a todos lados- Ayer...- Repitió- Eso es una buena noticia. Estaba calentando porque tengo que prepararme- Hizo una pausa, mirando de nuevo en derredor- Prepararme para la batalla.
-¿Batalla? Pensaba que aquí nadie peleaba...- Waver estaba contrariada. ¿Qué estaría pasando?
-Ese es el cuento con el que atraen a gente a la ciudad...- Susurró Garra- Todo será más fácil si me acompañas a ver a una amiga... vine con ella a la ciudad. Cuando la conozcas te lo explicaremos.
-Está bien, vamos- Y las dos marcharon a andar por la calle.
En la casa, Eliart le daba vueltas a muchas cosas. El Capitán había vuelto, al parecer quería encargarse de mantener el orden público, cosa que pegaba en él. Gaia había decidido trabajar con el ayuntamiento en los parques, para cuidar las plantas. El resto o no habían vuelto para comer o no habían encontrado ninguna ocupación por el momento.
Entonces una diminuta televisión en el salón se encendió, no repararon antes en ella. Una figura enmascarada habló a través del aparato.
-Buenos días conciudadanos- Saludó- Me congratula deciros que todo marcha genial y que la ciudad más prospera del juego funciona a la perfección. Dentro de poco alcanzaremos la asombrosa cifra de cien jugadores dentro de la Ciudad de la Paz- A Eliart no se le escapó el detalle de que había dicho ''jugadores'', no ''ciudadanos''- Tan sólo os daba el saludo diario, ¡seguid trabajando duro!
La televisión se apagó, aparentemente sólo funcionaba para retransmisiones del Gobernador, quien suponía era la figura que habían visto. Los I-Men charlaron sobre el tema, era extraño, pero no hablaron demasiado de ello.
Sin embargo Eliart no pensaba lo mismo. No podía quitarse la sensación de la cabeza de que aquel lugar era muy inquietante...

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