miércoles, 21 de mayo de 2014

Capítulo 36 - 'Una sorpresa macabra'

Silver esperaba a sus presas en la sala gris con cara de ansiosa, pues quería acabar cuanto antes. Había esparcido redes de telaraña por todo el ancho de la habitación, algunas de ellas tan finas que costaba verlas, otras más espesas y resistentes. La chica, llena de tatuajes tribales esparcidos por sus brazos, sus piernas y su espalda, examinaba su trampa: Había preparado una bola hecha de telarañas finas y extremadamente resistentes que se situaba unos metros encima de la puerta y sostenida por una cuerda hecha del mismo flujo que se deslizaba con facilidad y conectaba en sus extremos con algunas de las redes de la habitación.
Hasta alguien muy fuerte podría caer presa de aquella trampa, ya que por su elasticidad, las cuerdas eran complicadas de romper. Aunque no podía sentir las presencias, imaginaba que seguramente vendrían varios. Así que fijó la mirada en la puerta y esperó unos minutos. Eliart y Light Knight iban delante de Waver, que descansó unos minutos en el vestíbulo mientras tomaba un cigarrillo. Tenía los nervios alterados y mucho estrés, con lo que era mejor fumar antes de un posible combate. El líder de los I-Men y el poderoso guerrero de luz abrieron la puerta de la Sala gris, decididos. Nada ni nadie podría impedir que llegaran hasta el Gobernador. Al abrir la puerta la trampa de la ciudadana cayó sobre ellos de un modo fulminante. La esfera de telaraña los envolvió, enredándolos por completo.
-¡Maldición, tenía preparada una trampa!- Se quejó Light, que no contaba con ese tipo de artimañas, y confiaba demasiado en su fuerza física. Por su parte, Eliart, sin pararse a pensarlo recurrió a la segunda constelación del zodiaco para intentar romper las telarañas.
-¡Vamos allá Tauro!- Le invocó- ¡Destroza las telarañas!- El aura verde oscura se extendió por alrededor de su cuerpo y sus músculos aumentaron de volumen, como de costumbre. Sin embargo, los finos hilos eran elásticos y Silver los movía a gran velocidad. Eliart empezó a comprender que la fuerza bruta no serviría para desatarse. Sin embargo, Light Knight tampoco tenía ningún plan. Así, Silver se valió de la cuerda que sostenía las telarañas para colocar a sus oponentes sobre una de las redes de telarañas extendidas por la habitación. Los dos héroes permanecían atados a la pared a tres metros sobre el suelo. Entonces la ciudadana se percató de que una de sus presas no era otro que Light Knight, uno de los mejores hombres del Gobernador y también un amigo que llevaba varios días en la isla.
-¡Light! ¿Qué haces yendo con los I-Men? ¿Acaso has osado traicionarnos?- Le recriminó con dureza, aunque en realidad si fuera dueña de sus actos, no estaría del lado del frívolo Gobernador.
-No exactamente. Lo que me unía al Gobernador se ha esfumado y ya no tengo motivos para servirle. Lo que sucedió me hizo darme cuenta de que estaba en el bando equivocado- Explicó brevemente- Déjanos marchar, por favor. Sabemos que no puedes deshacerte de su control, por lo que no nos gustaría herirte.
-¿Dejaros marchar, dices? No es algo que pueda decidir por mi misma y… ¿sabes? Teniendo eso en cuenta he tenido suerte de que hayáis caído en mi trampa, si no, quizás no tendría ningún modo de derrotaros. En fin, ahora los enemigos de la ciudad de la paz están a mi merced, espero que nuestro Gobernador lo tenga en cuenta.
-No todos- Aclaró una voz desde el umbral de la puerta. Era Waver que había terminado su cigarrillo y se encontraba más calmada- Libera a mis amigos y déjanos seguir avanzando o tendrás que vértelas conmigo. Ambas contendientes se miraron, dispuestas luchar por sus vidas.
-¡Waver, Intenta golpear la telaraña con el agua! Tal vez la fuerza de la corriente consiga ablandarla!- Propuso Eliart.
Waver no dudó ni por un instante. “Es lo más sensato. Si se reblandece y se rompe la pondremos en jaque entre los tres y continuaremos”, pensaba. Se disolvió en líquido y se acercó a sus compañeros velozmente, pero Silver resultó ser rápida y la frenó con un látigo de telaraña que la alcanzó en una de las costillas. Volvió a su forma humana y contraatacó con una gigantesca ola. Silver hubiera tenido tiempo de apartarse, mas lo empleó en recubrir sus brazos de telaraña hasta conformar una barrera que resistió la embestida de la joven. “Si llego a apartarme, la dejaba el camino libre para que tratara de liberar a sus amigos. No perderé el tiempo, es rápida y lucha con ganas”, pensaba la ciudadana, dispuesta a darlo todo.
-¡Prepárate, no te daré tregua!- Advirtió Silver. La I-Men asintió y generó una gran corriente de agua con sus manos dirigida a su enemiga. La ciudadana se desenvolvía de manera espectacular saltando entre sus redes y esquivando el agua sin problemas, estaba muy cerca de Waver y la atacó con un látigo hecho de telaraña resistente, que la joven burló echándose a un lado. De inmediato pasó al ataque, dirigió la corriente de agua hasta el techo de la habitación, justo encima de Silver y lo hizo caer en forma de lluvia torrencial.
-¡Esa es mi cascada!- Gritó orgullosa. Lo había pensado sobre la marcha, sin estar muy segura del resultado. Parecía que ya tenía un fuerte manejo de sus poderes. Las gotas cayeron como petardos, a cierto ritmo, impidiendo a Silver moverse y Waver aprovechó para situarse detrás. Antes de que hubiese caído la última gota, una feroz tanda de puñetazos azotaban la espalda de Silver. Haciendo uso de una agilidad envidiable, la ciudadana logró darse la vuelta y parar los últimos puños de la I-Men abriendo las palmas de las manos.
Waver se disponía a continuar atacando, pero no pudo separar los puños de las palmas abiertas de su enemiga. Lo intentó una y otra vez al tiempo que se ponía nerviosa.
-¿Qué diablos pasa?- Pensaba totalmente bloqueada.
-Fíjate bien- Sugirió la oponente- He generado flujo de telaraña en las palmas de mis manos antes de pararte, ¡de tal manera que estás pegada a mi cuerpo!
La I-Men intentó despegarse, pero Silver decía la verdad. No tenía modo de separar sus brazos y las telarañas de Silver ya cubrían gran parte de las piernas. Pensó que sólo había una manera de rehuir las telarañas y contraatacar, el problema es que su rival era más rápida. Aprovechando que las piernas aún tenían cierta movilidad las transformó en agua, aguantando unos segundos mientras el volumen de líquido crecía y crecía, engordando sus piernas. Cuando ya tenía gran cantidad, dio un salto firme hasta las palmas de Silver. La fuerza y la cantidad del agua reblandecieron el tejido arácnido que todavía no era muy resistente. A continuación la I-Men, ya liberada, se lanzó al ataque. Sin embargo, Silver ya se había largado trepando por las telas que cubrían la habitación.
-¡Contaba con ello!- Admitió Silver a pocos metros de la espalda de su rival. Generó dos fuertes látigos, uno con cada brazo, pero con la novedad de que iban a velocidades distintas. Waver, que imaginaba que ese sería el ataque de Silver, se mantuvo en guardia. Pudo esquivar el primer látigo sin dificultades, pero el segundo alcanzó su cuello. Tras golpearla, la punta del látigo se afiló y se transformó hasta adquirir un color morado. Después, fue a clavarse en su cuello, pero logró apartarse- Siento decírtelo pero... no te servirá de nada- Comentó Silver sin mostrar ninguna emoción, luchaba porque no la quedaba otro remedio. El látigo aumentó la velocidad y, en esta ocasión, segregó una sustancia morada y líquida que cayó sobre el pecho de Waver, penetrando lentamente en su interior, gota a gota. La I-Men fue aguda y acertó al relacionar el líquido con las habilidades de su enemiga. “Las redes de telaraña, ese color, el olor, el látigo que intentó clavarme. Seguro que se trata de veneno”, pensó “Debo dejar que el agua lo arrastre, cuanto antes. Si llega a penetrar enteramente en mi sangre tendría problemas”, se concienciaba.
Haciendo uso de toda la velocidad que le era posible, generó una espesa corriente de agua y se disolvió en su interior, dejando que el veneno que aún no había absorbido fuese arrastrado por la corriente.
-Por los pelos- Murmuró- ¡Juro que no conseguirás envenenarme!
Silver la miró con recelo, trepó por las paredes de la habitación aprovechando el cansancio de Waver y reanudó con la misma táctica, esta vez desde el reverso de la heroína y colocando un poco de veneno en cada látigo.
-¡Waver, detrás de ti, contraataca con agua, rápido!- Le avisó Eliart, que seguía atrapado junto con Light Knight. Waver reaccionó, se dio la vuelta y frenó los látigos creando una gran masa de agua, que actuó como barrera.
La batalla proseguía y, poco a poco, Waver iba cediendo terreno. Cada vez se encontraba más cansada, pues tenía que ir a toda velocidad para contrarrestar los golpes de aquella mujer experta en hacer telarañas. Silver lanzaba esferas de telaraña que contenían veneno y Waver las sorteaba o las frenaba con burbujas y chorros de agua. Finalmente, Waver ganó algo de distancia fundiéndose en líquido, concentró gran cantidad de agua y la hizo aparecer alrededor de Silver. Un poderoso torbellino la atrapó y Silver trató de frenar su movimiento desde dentro, lanzando fluido de telaraña por la boca al mismo tiempo que giraba. El cansancio de la chica de agua hizo el resto y el torbellino se fue deshaciendo, no podía mantenerlo mucho más tiempo, si no se debilitaría. Silver, liberada, la miró furiosa desde una de las paredes.
-Bueno, después de esto no me contendré contigo, es hora de poner las cosas serias- Advirtió.
Cuatro resplandores plateados surgieron de la piel de Silver, hasta materializarse en cuatro brazos, dos a cada lado. Sonriente, miró a su presa. Ahora tenía séis brazos. Derrotar a la chica de agua sería sólo cuestión de tiempo.


Mientras tanto, el Capitán Vasco se encontraba en la Casa de curación, buscando algo que les ayudara a recuperar vidas. Por fuera era una casa baja y sencilla, en sintonía con el resto de casas de la isla y su interior era el propio de un pequeño botiquín, pero estaba bastante desordenado. A la derecha de la entrada se hallaban tres bancos pequeños de madera, para que los pacientes esperaran tranquilos, que estaban en mal estado debido a la batalla de Holy y Eliart contra Infecto. Enfrente, una mesa más amplia donde se solía encontrar Infecto y tras ella, unas cortinas de color verde que parecían dar a otra pequeña sala. El vasco no dudó en que debía rebuscar en el interior de las cortinas si quería encontrar algún medicamento. Nada más entrar, pudo ver que había un estrecho pasillo con dos estanterías, cada una de tres baldas anchas. El Capitán se agachó y agudizó la vista, ya que no había mucha luz y comenzó a observar cada utensilio que había en aquellos estantes. Había tantas cosas pululando por esas estanterías que parecía un almacén mas, por suerte, todo estaba etiquetado.
-Venga, seguro que tiene que haber algo que ponga “recuperar vida” por aquí. El Gobernador habrá contado con la posibilidad de necesitarlo- Se animaba, mientras revisaba atentamente objeto por objeto. Había de todo: frascos que parecían jarabes, tiritas y vendas por todas partes, cuchillas y herramientas para operar... pero ni rastro de algo que pudiera servir para recuperar vidas del juego.
-¡Mierda, asco de hospital!- Gritó al tiempo que derribaba las estanterías de un puñetazo, hastiado. Los trozos de madera cayeron al suelo, unos sobre otros y fue entonces cuando el I-Men descubrió un pequeño botón de color gris en aquella pared. Era difícil de ver debido a la falta de luz y a que estaba situado detrás de una de las baldas. “Qué raro. ¿Un botón justo aquí? Seguramente guardará algo de mucho valor. Puede que me sirva”, meditaba el más temerario de los I-Men y ni corto ni perezoso, optó por pulsarlo. La respuesta se hizo esperar medio minuto y, de pronto, cayó al suelo un trozo de pared en forma cilíndrica a pocos metros de donde estaba el botón gris, formándose un hueco considerable. Antes de que nuestro héroe reaccionara, una cinta mecánica salió del agujero. Sobre ella había dos envases, cada uno contenía un orbe de color verde. En los envases de plástico ponía con letra clara:“Orbe regenerador de vidas. Usar en casos extremos y sólo por orden expresa y previa del Gobernador de la ciudad o del Alcalde en caso de ausencia del primero”.
-Está claro que lo he encontrado. ¡Esperemos que funcione!- Dijo con entusiasmo mientras volvía a la casa de la Segunda Calle. En poco menos de un minuto el vasco se presentó en la casa con aire victorioso.
-¿Qué tal fue? ¿Pudiste encontrar algo?- Preguntó Garra Nocturna interesada.
-¿Bromeas? ¡Estás hablando con el Gran Capitán Vasco!- Alardeó- Aquí lo tienes. Hay dos orbes, así que supongo que valdrán para los dos- Finalizó, orgulloso. Se trataba de dos orbes verdes, pero había uno de ellos más pequeño que el otro, detalle del que no se había percatado el súper héroe.
-Un momento, ¿por qué son de diferente tamaño?- Preguntó Erzzhia.
-¡Y yo que sé muchacha! Lo mejor será que los probemos y vayamos cuanto antes a pegar a ese Gobernador. ¡No hay tiempo para pensar!- Se autoconvencía mientras hablaba- ¿Cuál de los dos quieres, gentil dama?
-Cualquiera- Contestó Garra tan cortante que el Capitán se arrepintió de haberla llamado gentil. Cogió el orbe pequeño, dejando el grande al vasco- Pero prueba tu primero, “valiente caballero”- Finalizó irónica.
-Está bien- El Capitán Vasco acercó el orbe verde a sus manos y, al tocarlo, su luz verde se fue extendiendo por sus brazos al tiempo que el orbe se reducía. Poco a poco, el color del orbe se extendió por todo el cuerpo del I-Men, hasta cubrirlo por completo durante unos segundos. Al poco, el orbe se había esfumado y la tarjeta del Capitán volvía a tener las tres vidas al completo- ¡Formidable! Vuelvo a estar en plena forma- Comentó.
-Date prisa, Garra. Waver está en problemas y Eliart y Light están inmovilizados en la tela de araña de Silver- Dijo Erzzhia. Garra hizo lo mismo que el capitán con el orbe pequeño: Se acercó hasta colocar sus manos sobre él y tuvo lugar el mismo proceso. Sin embargo, sólo había recuperado una barra de vida contando ahora con dos.
-¿Eh? ¿Por qué yo no estoy totalmente recuperada? ¿Será porque el orbe era más pequeño?- Se lamentaba. No podía permitirse morir ahora que había una oportunidad de terminar con el Gobernador.
-Ya investigaremos cuando podamos hacerlo. Este juego es de locos, al igual que esta ciudad. Me quedaré cuidando a Revelación, ¡en cuanto se recupere nos veremos en el Palacio! Id a donde están Eliart, Waver y Light, los enemigos que estaban custodiando la entrada ya han sido eliminados. Mucha suerte y estamos en contacto- Finalizó la hermana del Guerrero Celeste. Garra y el Capitán salieron a toda prisa, confiados.
-Oye, ¿conoces los poderes de Silver? Si esos tres lo están pasando mal... creo que conviene pensar una estrategia ¿no?-Propuso el Capitán.
-Sí, sé que es capaz de crear telarañas y moldearlas a su gusto. Creo que también puede segregar veneno pero no puedo decirte mucho más... ¡nunca la he visto en acción! De todos modos, me extraña que estén teniendo problemas yendo tres.
Al percatarse de las dudas de sus compañeros, Erzzhia se comunicó con ellos.
-Puedo deciros que los poderes de Silver no se resumen sólo a la generación de telarañas y veneno, sino que también pude aumentar sus extremidades y velocidad. Sin embargo, si logró atrapar a Eliart y a Light fue porque tenía una trampa sólida que había tardado bastante tiempo en construir, seguramente por si llegaban varios jugadores. Tened cuidado, es astuta y conoce perfectamente sus límites- Explicó brevemente y cortó la comunicación.
-Ya veo, así que telarañas ¿eh? Pues se rompen y listo- Respondió el hombre confiado.
-Eres un idiota. ¿No piensas que si fuera tan fácil ya lo habrían hecho ellos? Quizás sea complicado romperlas por la fuerza...- El Capitán Vasco se sintió avergonzado y admitió que la chica tenía razón: Había que pensar seriamente si querían salir victoriosos- Por la fuerza puede ser complicado... ¡Pero yo tengo cuchillas!- Dos cuchillas salieron de su espalda y otras dos de sus nudillos- Así que eso déjamelo a mi y cuando estén libres le dais una paliza.
El Capitán se animó un poco pero aún así estaba preocupado.
-¡Lleguemos antes de que sea tarde!- Dijo, y aumentaron el ritmo.




En la Sala Gris continuaba el combate. Silver con sus séis brazos, llevaba una ventaja considerable. Había comenzado por transformar dos de sus nuevos brazos en látigos y mostraba más agilidad que antes, de tal modo que no tardó en atrapar a Waver con sus látigos y atizarle con fuertes puñetazos. Waver intentaba escapar convirtiéndose en líquido pero Silver había creado un flujo pringoso que contenía veneno en los pies de la I-Men y la apretaba de tal modo que era imposible escapar estando tan debilitada. El veneno finalmente le alcanzó y comenzó a debilitarle.
-Hermano...- Recordó con lástima mientras intentaba que su furia se transformara en una gigantesca explosión de agua. Pero la realidad, con su dureza, se impuso a los deseos. Silver soltó a una Waver malherida que había perdido su primera vida y no tardó en caer al suelo.
-Al fin sé que cuento con mucha ventaja. Ya me estaba cansando de golpearla sin parar- Reflexionaba la ciudadana. Su veneno haría el resto. Era menos potente que el de Infecto pero su efecto durante la batalla era constante. Sin embargo, si la ciudadana caía en la batalla, el efecto del veneno desaparecía poco a poco.
-¡Maldición, Waver! ¡Tengo que desatarme! ¿No se te ocurre nada, Light?- Decía Eliart furioso. Se sentía impotente al ver la batalla sin intervenir y más cuando se había prometido a sí mismo que impediría la muerte de sus compañeros.
-Bueno, es hora de rematarte. Lo siento- Dijo Silver intentando tratando de ocultar la tristeza que sentía en ese momento. ¿Por qué había que matarse mutuamente? La ira de Eliart y de Light aumentaban por momentos. Fue entonces cuando, como si se tratara de un milagro, la puerta de la Sala Gris salió volando por los aires.
-¡Golpe Vasco!- Se oyó. El rostro de la ciudadana se tornó en inseguridad: Ahora eran más. Garra Nocturna y el Capitán entraron en la habitación y vieron cómo Eliart y el ciudadano estaban atrapados en una resistente telaraña y cómo Waver yacía en el suelo. Garra se acercó y extendió su mano a su amiga.
-Vamos, arriba. Querer es poder y juntas podemos acabar con ésta- Le incitó. Waver hizo un esfuerzo por incorporarse.
-Je, aún me quedan dos vidas, no lo olvides- Sonrió como pudo la mujer de agua. Garra Nocturna comenzó a dar órdenes, decidida.
-¡Muy bien! Capitán Vasco, dale combate a Silver junto con Waver ¿entendido? ¡Voy a desatarles!- Dijo mostrando sus garras.
-¡Oh no!- Exclamó Silver. Persiguió a Garra por toda la habitación. Si lograba desatarles, estaría perdida. Waver se encontraba transformada en líquido, tratando de segregar el veneno lo más que podía. “¡Qué suerte! Parece que, como tuvo que soltarme, el veneno no llegó al corazón. Me ha debilitado pero si consigo arrastrarlo fuera de mi cuerpo gracias a la corriente de agua, estaré fuera de peligro de momento”, pensaba la I-Men.
Por su parte, Silver alcanzó a Garra a duras penas, antes de que llegaba hasta sus compañeros.
-¡No te metas en mis asuntos!- Silver lanzó una esfera de telaraña que contenía veneno, pero Garra logró esquivarla- Muy bien, veamos qué haces contra mis látigos. Seis de los brazos se convirtieron en látigos con la punta morada. Garra Nocturna se sorprendió al ver que iban a velocidades diferentes y dos de ellos la golpearon aunque logró combatir el resto con sus cuchillas haciéndola algunos cortes.
-Capitán, ¿estás preparado para aparecer en su espalda?- Preguntó Waver, que había logrado expulsar gran parte del veneno.
-Por supuesto- ¡Cuenta con ello!
-La corriente marina impulsó al Capitán, que llegó ante Silver y le dio de lleno.
Garra aprovechó el momento para acercarse hasta Light y Eliart.
-La próxima vez fijaros antes de entrar, chicos. Por vuestro bien- Comentó mientras mostraba sus afiladas garras- Muy bien, se ve que las cuerdas son muy resistentes, quizás no puedan ser cortadas por una cuchilla normal. Así que no perderé el tiempo- De su espalda, salió una cuchilla un tanto diferente de las demás. Era el doble de grande que los habituales y su forma era la un cuchillo jamonero de pequeño tamaño: con una hoja larga, algo estrecha y con flexibilidad para poder cortar con precisión. Aparte, tenía doble filo, por lo que resultaba difícil de manejar.
-¡Os presento, a mi “Cuchilla Magna”!- Sentenció. Bastó un corte seco para que Eliart y Light fuesen libres.
A continuación, haciendo uso de su formidable velocidad se colocó delante de Silver y combatió sus séis brazos con cuatro cuchillas, dos en cada mano. La ciudadana recibió dos cortes profundos en dos brazos y dos leves en otros dos pero, tras ésto, ganó distancia. Seguía siendo muy veloz. Generó un fluido extenso de telaraña y formó varias esferas con veneno concentrado, que lanzaba continuamente a la I-Men, que logró esquivar dos de ellos sin problemas, la tercera, con complicaciones y justo antes de ser golpeada de lleno por la cuarta esfera, una abrumadora corriente de agua se la llevó y otra golpeó las espaldas de Silver. Garra Nocturna y Waver sonrieron. Sabían compenetrar muy bien sus habilidades de lucha y confiaban la una en la otra. Al unísono, las dos pensaron que, aunque sería difícil, se bastaban para derrotar a la ciudadana.
-¡Marchaos chicos, id a por el Gobernador! Podemos encargarnos nosotras solas- Sugirió la más nueva de los I-Men.
-¡Sí!- Afirmó Waver con la cabeza, confiada. Al ver la seguridad de las chicas, Eliart, El Capitán Vasco y Light Knight salieron de la Sala Gris y continuaron subiendo escaleras arriba.
-¡Estoy deseando ver al Gobernador!- Gritaba Eliart animado.
-Ja, ¡no eres el único!- Respondieron los otros dos, mientras subían las escaleras a toda prisa. Tras pasar al siguiente piso, les sorprendió Dimitri.
-Eh eh ¿qué os pasa? ¿Me ignoráis? ¡De aquí no se va nadie sin pelear!- Les increpó el vampiro, que permanecía envuelto en su gabardina negra y con su genuino sombrero en la cabeza.
-Mmm... Está bien. ¡ Yo le haré frente!- Se ofreció Light.
-Light pero tú, querías atacar al Gobernador y además...- El Guerrero de luz le cortó.
-Ya, ya sé todo eso. Pero conozco bien las artimañas de este sujeto- Dijo en referencia a Dimitri- Y sé que puedo vencerle.
Dimitri contestó, indignado:
-¡Eso habrá que verlo, simple humano!- Haciendo caso omiso del vampiro, Light continuó.
-Es sencillo: Alguien tiene que combatirlo y yo ya os di problemas anteriormente. Así que nos vemos en la Sala Superior. El Gobernador es muy poderoso, aunque pienso que su poder ha disminuido desde la muerte del alcalde... quizás sea tan sólo una sensación. No obstante ¡andaros con ojo!
Eliart y el Capitán asintieron y aceptaron su decisión. Pero Dimitri no.
-¡Que no! ¡Que de aquí no se va nadie!- Creó una pequeña barrera sangrienta alrededor de la puerta que impedía salir.
-Esa barrera no es muy fuerte. La ha hecho por intimidar, ya que no quiere desperdiciar su poder- Dijo rápidamente Light- Eliart, utiliza a Tauro y destruirla. Yo voy a entretenerle- Finalizó, guiñándole un ojo al vampiro. Dimitri se mostró contento, “bien, este tío me entiende ¡Con lo aburrido que estaba!”, se quejaba para sí el ciudadano.
Eliart llamó a la energía verde oscura y sus músculos se tensaron y aumentaron de volumen, como de costumbre. Aunque ya lo había hecho muchas veces, le seguía pareciendo alucinante.
-Gobernador, ¡allá vamos!- Bramó el Líder- ¡Destructor de Tauro!- El puñetazo destrozó la barrera sangrienta, partiéndola en dos y ambos I-Men marcharon rumbo a la Sala Superior.
Esta Sala Superior era diferente del resto de las Salas: Las puerta de entrada se sostenía por columnas corintias pintadas de dorado y por dentro encontrábamos una habitación espaciosa que doblaba en tamaño al resto de Salas de Palacio. No había apenas decoración en el interior salvo una lámpara gigante situada en el centro y un Orbe morado que permanecía flotando al fondo de la Sala. Más atrás había dos habitaciones contiguas a las que sólo se podía acceder por sus respectivas puertas: Eran los aposentos del Gobernador y de Tejedora.
El Gobernador ya se había percatado de que subían a visitarle, al captar sus energías.
-Vaya ¡qué interesante!- Comentaba mientras se frotaba las manos- Han conseguido llegar hasta aquí, así que tendremos que recibirles. Confío en ti Tejedora. Ya sabes qué hacer.
La pelirroja asintió. Cerró los ojos y su ropa se transformó en un vestido largo, de tonalidades verdes oscuras. Sus manos, en cambio, fueron cubiertas por unos cómodos guantes de lana del mismo color que llegaban hasta las muñecas. Por último, un antifaz rodeaba sus ojos marrones.
-Estoy preparada- Dijo sin apenas mostrar emoción, como si tuviese la mirada perdida y pocas ganas de vivir.
A los pocos segundos, Eliart y El Capitán Vasco llegaron a la Sala Superior. El Capitán quería romper la puerta pero al ver el valor arquitectónico de la misma, Eliart se lo impidió.
-Llamemos, seguramente nos estén esperando- Afirmó con contundencia el líder de los I-Men. Tejedora se acercó y abrió la puerta por orden del Gobernador.
-¡Te vas a enterar estúpido!- Gritaron ambos I-Men al mismo tiempo. Sin embargo, el Capitán se quedó boquiabierto al ver a Tejedora.
-¿Qué pasa? Parece que has visto un fantasma- Preguntó Eliart a su amigo.
-No, no... no es posible- Titubeaba el vasco mientras miraba a la prisionera.
-Sed bienvenidos a la humilde morada de mi Gobernador- Habló Tejedora con una leve reverencia. Al oírla hablar, el Capitán Vasco pasó de las dudas a la ira. La había reconocido, sin lugar a dudas.
-¡Estoy seguro! ¡Tu eres Ana, mi amiga de siempre!- Gritó el Capitán al tiempo que se acercaba.
-¿Qué haces aquí con ese imbécil del Gobernador?- Le recriminó con preocupación, pues sabía que estaba siendo controlada.
-¿Qué soy quién? ¡No sé de que me hablas!- Le esquivó la chica- Sólo se que eres enemigo de mi amo y que te mataré si me obligas a ello.
El Capitán estaba desconcertado. Era la peor de las sorpresas que podía darle el estúpido juego ¡Su amiga Ana era una jugadora y tarde o temprano podría morir! En ese momento, la Furia Vasca se activó sin ser llamada.
-¡Ana, Ana! ¿De verdad no me reconoces?- Sollozaba el Capitán.- ¡Malditos GM! ¿Quiénes se creen que son para jugar de esta manera con la gente y sobre todo, con el Gran Capitán Vasco?- Se enalteció mientras golpeaba violentamente el suelo, tan fuerte que lo oyeron Dimitri y Light, enzarzados en su batalla.
-¿Seguro que no me estás confundiendo?- Dijo la chica, algo asustada al ver su reacción. La rabia de Eliart aumentaba por momentos al sentir el sufrimiento de su camarada.
-¡No te escondas, maldito Gobernador! ¡Te mataré con mis propias manos!- Amenazó el líder con una ira como pocas veces había mostrado. Tejedora decidió intervenir y atacar al Capitán. El vestido verde brilló emitiendo un leve destello que pronto se materializó en una bola de energía verde, que atacó al Capitán. Este recibió el impacto con dureza, pero le dolía más que el golpe fuera de su amiga Ana, la de la infancia, la de toda la vida, la que siempre había estado ahí cuando la necesitaba y con la que pensaba que podía tener algo más que amistad. ¿Por qué el destino era cruel con la gente de buena voluntad?
Tejedora, que estaba totalmente controlada por el Gobernador, no dudó ni un momento en atacar a los I-Men. “¿Por qué intenta engañarme diciendo que me conoce? No entiendo nada pero no pienso permitir que hagan daño al Gobernador”, pensaba. Sin dudarlo, atacó al Capitán de nuevo lanzando varias bolas de energía al unisono. Esta vez el Vasco logró esquivarlas a duras penas, pero no tenía intención de golpear a la dama, lo cual ella aprovechó para situarse a su lado y asestarle un potente puñetazo en la cara, que lo desplazó varios metros atrás.
“¡Qué fuerza!”, pensó el Capitán mientras se incorporaba. Se volvió hacia tejedora con una sonrisa entrecortada- Vaya, debo felicitarte. ¿Cómo has mejorado tanto?- Comentó con esperanzas vanas de que recuperase la memoria.
-Ya te he dicho que no te conozco de nada, no sé por qué insistes- Afirmó la ciudadana con rotundidad y sin mostrar ni un atisbo de duda- De todas formas, te diré que parte de mi fuerza se debe a estos guantes de lana. Multiplican mi fuerza por dos. Son parte de mi poder.
La cara del Capitán le delataba: estaba hundido al descubrir que su amiga Ana era una jugadora controlada por el Gobernador. El dolor era tan intenso que no podía soportarlo. Tejedora, sin embargo, no parecía recordar absolutamente nada y golpeaba fuertemente al Vasco. Haciendo uso de mucha energía, las esferas verdes cubrieron la sala y comenzaron a concentrarse, unas con otras, hasta que una esfera gigante rebosante de fuerza, arrolló al I-Men. Eliart, sin dudarlo, se inundó de su energía anaranjada y atacó a la joven con un potente cabezazo que la dejó maltrecha.
-¡Embestida!- Gritó el líder de los I-Men mientras el aura anaranjada rodeaba su cuerpo. El Capitán, al ver a su amiga en el suelo no pudo contener su rabia y se volvió contra su amigo.
-¡Eliart! ¿Cómo te atreves? ¡Es mi amiga!- Dijo mientras se ponía en posición de atacar.
-¿Qué como me atrevo? ¡Estás cegado por cómo te gustaría que fueran las cosas! Y las cosas son como son. Puede que Tejedora fuera tu amiga en la Tierra pero ese Gobernador la tiene controlada al cien por cien. Podemos intentar ayudarla si quieres, ¡pero no voy a dejar que acabe contigo!
-Eso es decisión mía, Patxi. No voy a dejar que nadie toque un pelo a esta chica, aunque eso me cueste la vida.
-Tío. ¡Asúmelo! Está en el bando equivocado. Probablemente tenga más poderes y además esta el Gobernador. No podemos dejar que nos golpee sin responder. ¡Ponemos en riesgo a todo el equipo!- Argumentó.
Mientras discutían, Tejedora repitió su operación pero esta vez a mayor distancia de los I-Men. Todo el vestido verde brilló y las bolas de energía alcanzaron a ambos I-Men a gran velocidad. Tan sólo dos bolas consiguieron alcanzarles, una a cada uno. Eliart contraatacó con Aries dirigiéndose velozmente a Tejedora. Sin embargo, el Capitán fue a frenarle.
-He dicho que no dejaré que nadie la toque, Eliart. Si lo intentas, te las verás conmigo.
A Eliart no le gustaba ni un pelo esta situación. Trataba de entender a su amigo, pero no le parecía que hubiese otra opción que luchar con ella al menos hasta que pudiesen detener al Gobernador.
-Lo siento, Capitán, pero no tenemos tiempo- Eliart se lanzó hacia Tejedora y el Capitán le respondió con dureza.
-¡Furia Vasca!- Gritó furioso mientras el aura rojiblanca le rodeaba e impulsaba su gancho izquierdo hacia la cara del líder. Eliart sorprendido, se vio obligado a responder. El aura de Aries dio paso al de Tauro y los músculos se tensaron, como de costumbre, aumentando de volumen.
-¡Destructor de Tauro!- Respondió. Ambos ganchos alcanzaron el rostro del otro y ambos compañeros retrocedieron- ¡Esto es innecesario!- Comentó Eliart mientras sorteaba los furiosos directos del Capitán.
-Te lo advertí. Ella es muy importante para mí- Rugió el más temerario de los I-Men. Tejedora miraba asombrada el combate. “¿Se supone que está peleando con su amigo por mi? No entiendo nada, ¿ de verdad me conoce?”. El Gobernador descansaba en sus aposentos, pero pensó que iba siendo el momento de entrar en escena ya que Tejedora empezaba a estar confusa. “Disfruto viendo mucho viendo cómo se pegan entre ellos, pero no contaba con que el Capitán tuviese una relación con Tejedora en la Tierra, si empieza a dudar quizás mi control sobre ella se debilite y puedo tener problemas, ya que ese estúpido de Light Knight me ha traicionado. Más vale no arriesgar”, meditó y salió a la Sala Principal.
-Mirarles, si parecen títeres en mis manos- Dijo mofándose de nuestros héroes.
-¡El Gobernador!- Dijeron los dos I-Men a la vez, dejando sus roces a un lado.
-¡Tú, tú eres el culpable de todo esto!- Gritó Eliart mientras el aura anaranjada le rodeaba. Atacó al Gobernador sin dudarlo- ¡Embestida!- Gritó lleno de energía. El Capitán Vasco trató de seguirle impulsado por su aura rojiblanca, pero la hermosa Tejedora le salió al paso.
-¡No sé quién eres y estoy confundida! Pero pase lo que pase, ¡protegeré al Gobernador!- Dijo con ímpetu. Su vestido verde volvió a brillar y las bolas de energía se dirigieron al vasco, que se cubrió con su casi indestructible escudo. El Capitán empezaba a comprender que no había nada en Tejedora de su antigua amiga de la tierra. Aquel Gobernador se había entrometido en su cabeza, hasta el punto de que no parecía recordar nada. No obstante, se acordó del momento en que la vio en la Tierra: Aquella vez hablaron con normalidad, como de costumbre. ¿Cómo habría hecho el Gobernador para lograr controlarla hasta ese nivel en tan poco tiempo?
El ataque de Eliart no surtió efecto: El Gobernador esquivó la embestida sin dificultades haciendo uso de una velocidad envidiable. Tras esto, se giró y propinó un fuerte puñetazo a nuestro héroe que le hizo caer al suelo.
-Maldición ¿Qué diablos le hace tan fuerte?- Se preguntó el líder. A la vez que se incorporaba echó un vistazo a su oponente: Llevaba un vestido de color morado, de una tela similar a los vestidos de la Tejedora, dos guantes hechos de la misma tela, de color azul oscuro, una capa negra y una máscara que le cubría el rostro. Sobre él, flotando a pocos metros había un orbe gigantesco también de un tono morado. Había estado allí desde que entraron a la habitación, pero no habían tenido ni un momento de respiro para observarlo con detenimiento. “¿Será como los que usamos para recuperar vida? No se parece demasiado, tanto el color como el tamaño son diferentes”, pensaba.
El Capitán Vasco seguía sin querer dañar a Tejedora y tenía varios problemas para sortear a la jugadora, que se esforzaba al máximo. El Gobernador se mofó de los I-Men al ver aquella situación.
-En serio, ¿eso es todo lo que tenéis? No me explico como habéis sobrevivido tanto tiempo en este juego. No tenéis estrategia y vuestra fuerza no es mayor que la de mi más antiguo y fiel subordinado. Pero tenéis “algo”. Algo por lo que la gente os sigue. ¿Sabéis qué es lo mejor de todo? Que todos aquellos con los que habéis entablado amistad a lo largo del juego sufrirán al enterarse de que vuestra voluntad ha sucumbido, de que jamás conoceréis los misterios que rodean a este mundo. Y yo me alegraré. Me sentiré orgulloso de haber acabado con la vida de aquellos que han fastidiado mi ciudad. ¡Con lo felices que podríais haber sido todos bajos mis órdenes!- Dijo. Parecía creerse sus propias palabras. “¡No hay nada que hacer, está loco de remate!”, pensó el Capitán Vasco.
-No es una cuestión de locura o de cordura. Pues ¿quién está loco y quién está cuerdo? Son sólo acuerdos a los que la sociedad llega.
-Ah ¿También lees el pensamiento? Genial- Comentó sarcástico el Capitán.
-Y puedo hacer más cosas. Vuestras habilidades no pueden compararse con las mías y es por eso que nunca saldréis vivos de esta isla.
-¡Eso lo veremos! ¡Ven aquí, Gobernador!- Le desafió Eliart. El aura anaranjada de aries le cubrió por entero en un instante. Rebosaba de ira y deseos de venganza. Rápidamente, se acercó al Gobernador. Esta vez Eliart fue todo lo rápido que pudo y el Gobernador recibió la embestida de lleno. Sin embargo, rápidamente contraatacó con una tanda de puñetazos seguidos de una patada que le permitió ganar distancia. Sin darle tregua, se acercó de nuevo a Eliart para continuar golpeándole. Cada puñetazo de aquel tipo era como una pedrada. Había una gran diferencia entre ellos.
-Sigues extrañado por mi fuerza ¿eh? Pues te diré algo. Soy un excelente luchador por naturaleza pero, además de eso, estos guantes son como los de Tejedora pero más potentes: Multiplican por 3 mi fuerza. Además, yo tampoco estoy sólo.
Nada más decir eso, el traje de Tejedora se iluminó y comenzó a transformarse en otro vestido que combinaba con tonalidades rojas y grises. El antifaz también cambió de color. Su capacidad para crear bolas de energía había desparecido mas su velocidad y resistencia eran mucho mayores. Se trataba del mismo tipo de habilidades que tenía el traje del Gobernador, pero a un nivel menor. Apoyada en sus guantes de lana, aguantaba el ritmo del vasco y le asestó golpes continuos y sucesivos que finalmente le hicieron tomar una decisión: “Tengo que responderla, no hay otra alternativa”. El Capitán respondió a puños con puños pero aún así Tejedora le aguantaba sobremanera. Satisfecho por su superioridad, El Gobernador se acercó al Orbe morado de la sala y dijo:
-Bien, probemos algo...


Cuando Eliart iba a atacarle, el entorno había cambiado. Se encontraba caminando por un montaña y no había ni rastro de la habitación. Al fondo, se podía ver una ciudad de tamaño medio que estaba en llamas.
-¡Eh Eliart! ¿Qué ha pasado aquí? ¿Dónde están estos tipos?- Era el Capitán Vasco- No podemos perder el tiempo y... - Volvió su vista hacia adelante y al contemplar la ciudad en llamas se quedó estupefacto- ¡Bilbao, mi querida ciudad, está en llamas! ¡Tengo que ir para allá, Patxi!- Sin más dilación corrió lo más rápido que pudo montaña abajo, mientras sudaba.
-¡Para el carro, tío!- Comentó Eliart tratando de alcanzarle- ¿Cómo diantres va a ser Bilbao si estamos en el juego?- De pronto, divisó un precipicio enfrente apunto de resquebrajarse en el que se encontraba una silueta conocida, que le llamaba solicitando ayuda- ¡Gaia!- Gritó el líder. Salvarla de aquel precipicio tenía el riesgo de caer al vacío si fallaba, pero había que intentarlo. Llamó a aries, aunque le costó mucho, y se acercó a cogerla. Pero el ritmo de su caída aceleró. Nuestro héroe aceleró todo lo que pudo pero notaba que las fuerzas le abandonaban y de pronto cayó desplomado, golpeándose en la cabeza. No había ni rastro de Gaia.
-¡Mierda, Gaia! ¿Qué diablos es este lugar? La otra vez que volvimos a la Tierra el juego lo anunció, así que no creo que se trate de eso. Maldito Gobernador, ¿Qué has hecho?- Dijo confuso.
-Eliart, Eliart. ¿Puedes oírme? Soy Erzzhia. No te preocupes, ese lugar no es real. ¡Es fruto de una ilusión del Gobernador! Voy a avisar ahora mismo al Capitán... yo me comunicaré con vosotros para que estéis conectados con la realidad y bloquearé sus poderes psíquicos. Pero andaros con cuidado. Esta ilusión es de un nivel intermedio, si utiliza una ilusión más fuerte tal vez no pueda hacer nada- Finalizó Erzzhia hablando directamente a la mente del líder.
-Claro, ya entiendo. Ese orbe morado debe darle capacidad para crear ilusiones, lo cual encaja con todo lo que ha pasado en la isla- Se convenció a sí mismo de que todo aquello era una ilusión y cerró fuertemente los ojos. Al abrirlos, convencido, vio el mismo paisaje mucho más borroso- Se trataba de una ilusión, una fuerte ilusión- Añadió- Debo ayudar a mi amigo. El Capitán Vasco veía cómo su ciudad ardía y aunque no había rostros conocidos, cada vez estaba más seguro de estar allí, aunque todo le parecía extraño. De pronto, la hermana de Celestina se comunicó con él a través de su mente:
-No sigas avanzando, Capitán. Todo esto que vemos es consecuencia de una ilusión provocada por el Gobernador. ¿Recuerdas todos aquellos habitantes que se suponía que había en la ciudad y que después de morir Kinético, se esfumaron como si nada? Las personas que estás viendo son producto de lo mismo. Eliart debe estar al llegar, así que salid de esta ilusión dejando de creer en lo que ven vuestros ojos. ¡Hacedme caso! Ahora mismo estáis en la Sala Superior de Palacio con el Gobernador enfrente- El Capitán dudó por unos momentos, pero sabía que había algo raro en ese Bilbao. Eliart llegó a los pocos segundos y ambos compañeros se dispusieron a romper aquella ilusión. Cerraron los ojos y se guiaron por las palabras de Erzzhia. Colocaron sus puños al frente para golpear al Gobernador y automáticamente se encontraron de nuevo en la Sala Superior, algo más confiados.
-Ju, ju, habéis superado la primera prueba. No está nada mal- Contestó el Gobernador, cerca del Orbe Morado. Eliart le miró desafiante, era un rival duro de roer. Por su parte, Tejedora volvió a encarar al Capitán que seguía sin querer usar toda su fuerza contra su amiga.


Mientras tanto, Garra Nocturna y Waver continuaban enfrentando a Silver en la Sala Gris. Con dos brazos, atrapó a Waver y la asestó cinco puñetazos seguidos, con tanta fuerza que la I-Men escupió sangre.
-¡Detrás de ti, estúpida!- Provocó Garra mientras se ponía en guardia con una cuchilla en cada mano. Silver se libró de Waver lanzándola por los aires hasta que chocó con una de las paredes de piedra de la Sala y cayó al suelo irremediablemente herida. Aún le quedaba la mitad de la segunda vida, pero su vitalidad se estaba marchitando. Garra logró hacer varios cortes a Silver pero está aprovechaba sus extremidades restantes para no dejarle ni un respiro.
-¡Aunque me hagas daño con las cuchillas, no podrás frenarme!- Le advirtió la ciudadana. Pero la realidad fue muy distinta de sus deseos. Al principio, Garra Nocturna tenía dificultades para esquivar los seis puños de su enemiga, pero al cabo de un rato se percató de una de sus debilidades: “Sus movimientos, siempre responden al mismo patrón, aguanta mis cortes y mueve los brazos restantes haciendo círculos primero y en línea recta después. Está cómoda así que voy a romper sus esquemas a ver cómo reacciona”, pensó. En lugar de usar sus cuchillas para cortarla las lanzó al suelo cerca de sus pies, de tal manera que Silver tuvo que esquivarlas y se distrajo. Aprovechó esos instantes de desconcierto para dar un salto hasta situarse a la altura de la cara de la ciudadana y la hizo una raja de oreja a oreja.
-¡Ahh!- Se quejó Silver mientras la sangre caía de la herida- ¡No te dejaré escapar!- Furiosa, movió todas las telarañas esparcidas por la habitación para rodear a Garra desde todas las direcciones. Los flujos arácnidos comenzaban a moverse, como si tuvieran vida propia. Silver se acercó a Garra y comenzó a golpearla sin parar de forma desordenada y sin criterio, como un niño cuando patalea. Mientras intercambiaban golpes, los flujos arácnidos iban uniéndose unos con otro para lograr una mayor resistencia: Se trataba de crear una red que fuera impune a las cuchillas. Garra miró hacia atrás, varias veces, de reojo, pero Silver incrementaba la velocidad de sus ataques en esos momentos, con lo que no podía distraerse. De pronto, la tela de araña comenzó a envolver a Garra con facilidad. Con la facilidad con la que un chicle se pega a la lengua. Garra se resistió, tratando de rajar la red , pero fue inútil. En pocos segundos, sus brazos quedaron pegados al cuerpo y desde los tobillos hasta los hombros se esparcía el fluido, dejándola a merced de Silver.
-¡Al fin eres toda mía!- Exclamó la ciudadana, que comenzó a lanzar directos con los séis brazos. Garra aguantaba el dolor mordiéndose los labios pero iba languideciendo poco a poco. Tendida en el suelo, Waver se incorporó al ver tan lamentable espectáculo. Su amiga, que había ido a ayudarla, se estaba llevando la peor parte.
-Venga, sé que puedo hacer algo- Se animó y comenzó a pensar en cómo actuar. “Veamos, antes de que la envolviera, Garra llevaba una ligera ventaja, con lo cual si consigo reblandecer esa red y la ayudo podremos vencer. Pero ¿Cuánta agua hará falta para hacerlo?”, meditaba.
Razonando, al rato dio con la solución: Se trataba de que lanzase un torrente de agua muy concentrado, con la fuerza de un huracán hacia Silver, para dejarla fuera de juego y después extenderla por la habitación para arrastrar los restos de flujo que queden. Ahora sólo se trataba de hacerlo. Así, cerró los ojos para concentrarse y llamó a todo el agua que era capaz de generar. Necesitaba controlar mucha más agua que otras veces y lanzarla con toda la fuerza posible. En su interior se cruzaban diferentes corrientes de agua, todas a la máxima velocidad de la que la I-Men era capaz y se fueron conformando capas de agua extremadamente resistentes. En ese momento, le vino a la cabeza el recuerdo de su hermano. “Allí donde estés hermano, te pido que me ayudes y que me escuches. Voy a superarte. Seré una luchadora excelente, sobreviviré a este juego y te vengaré”. A la vez que sus recuerdos la llenaban de furia, también la armaban de valor y aunque tardó bastante, finalmente notó que había llegado al límite de acumular fuerzas, pues estaba hinchada.
-Ahora viene lo más difícil ¡Marea!- Un torrente de agua fue liberado del interior de Waver y se dirigió hacia Silver a una velocidad inaudita. Golpeó a Silver con la fuerza que tendría un huracán si se centrara en una sola persona y la chica cayó al suelo, perdiendo su primera vida. Tras ésto, la presión del agua disminuyó y ésta comenzó a esparcirse por la habitación reblandeciendo y arrastrando los flujos arácnidos. Silver se incorporó, pero sus ventajas habían desaparecido.


Por otra parte, en la Sala Roja, Light Knight pelaba con Dimitri. Light creó un sable de luz y lanzó a por el vampiro.
-Con eso no haces nada ¡Ya verás!- Contestó con cara de sádico mientras generaba un sable de igual tamaño, pero conformado por sangre. Ambas armas chocaron, empujadas por sus portadores, sin que ninguno cediera. Pero finalmente la velocidad de Light Knight se impuso, desplazando al vampiro unos metros. Una estocada de luz alcanzó su pierna izquierda, aunque se cubrió con el sable ensangrentado inmediatamente.
-Bueno, has tenido suerte. ¡Probemos de nuevo!- Propuso sonriendo. Light no entendía su comportamiento, ¿por qué sonreiría? ¿Qué se le pasaría por la cabeza?- No pienses tanto y ataca!- Le gritó el vampiro, que era consciente de que Light se había distraído.
En esta ocasión, ambos llevaban dos sables, uno en cada mano. Dos de ellos colisionaron con fuerza provocando un choque de energías. Ambos sables tenían una potencia similar. Los otros sables intentaban herir el cuerpo del rival y, de nuevo, la velocidad del guerrero de luz se impuso: Alcanzó la mano izquierda de Dimitri y le provocó un pequeño corte en el dedo pulgar que hizo caer al suelo el primero de los sables sangrientos. Antes de que pudiera incorporarse se pasó el filo de luz de mano y con un movimiento circular hizo caer el que faltaba. Dimitri quedó desarmado frente al traidor al Gobernador, pero éste se detuvo.
-Vamos a ver, ¿tú eres tonto? ¡Esto es la guerra! No me des ni un respiro, hombre, que es una pelea a muerte. Ahora fabricaré más sables o pensaré en otro movimiento- El vampiro se comportaba de esa manera porque era orgulloso y le parecía indigno que su rival fuera compasivo. Por supuesto, era fiel a este principio y el tampoco era compasivo con nadie.
-Calla un momento y dime algo- Le interrumpió Light- Sé que tú eres dueño de tus actos, ¿me equivoco? Entonces ¿por qué sigues al Gobernador?
-El Gobernador me controla, pero sólo un poco, soy medianamente consciente y por eso puedo contestarle. Se ve que su poder no da para más. Sin embargo, estoy seguro de que si algún día escapo de su control no recordaré las cosas con nitidez- Contestó.
-Ya veo, o sea que te controla pero no totalmente. Es una lástima, porque entonces no me queda otra que derrotarte.
-Claro que me controla. ¿Tú crees que yo obedecería sus órdenes de no ser por eso?- Se puso en guardia, en espera del nuevo movimiento de Light, que se acercó a gran velocidad hasta estar frente a Dimitri. Por suerte, éste también había sido rápido y había creado una barrera de sangre en forma de escudo gigante, que cubría todo su cuerpo. El puñetazo directo de Light impactó la barrera y ésta lo contuvo. Dimitri aprovechó para ganar distancia y se acercó nuevamente, tan rápido que desconcertó a su oponente. Era una apuesta arriesgada: había alterado el ritmo de su sangre para poder estar a la altura de Light y tarde o temprano se agotaría si tenía que hacerlo durante mucho tiempo. Cuando estuvo a poco metros del guerrero de luz creó un cuchillo de sangre y fue a clavárselo en el costado. Sin embargo, Light consiguió esquivarlo con algo de esfuerzo y apareció detrás de su rival. Antes de que se volviera, le había propinado un surtido de golpes, puñetazos y patadas, envueltos en su aura de luz. El vampiro cayó al suelo perdiendo su primera vida.
Light se mantuvo en guardia, porque sabía que su rival se iba a levantar. No era de los que dejaban las cosas a medias. Y, efectivamente, el vampiro se reincorporó, ajustándose el sombrero negro. Sin decir palabra, algo impropio en él, Dimitri marchó contra Light portando una pequeña cuchilla hecha de sangre, de fácil manejo. Light la esquivó a tiempo pero Dimitri aprovechó para fabricar un nuevo sable de sangre y le golpeó en el costado, haciéndole un fuerte corte. Light Knight estaba sorprendido de la admirable destreza del vampiro y se limitó a esquivar los golpes que venían, alejándose cada vez más. Dimitri fue bajando el ritmo por momentos, ya que empezaba a notar el cansancio y Light aprovechó este momento para incrementar la velocidad.
-¿Cómo?- Se extrañó el vampiro, mientras Light le lanzaba una onda de luz de frente, que no podía esquivar. Con la sangre creó de nuevo una barrera. Esta vez algo más resistente pero más pequeña, limitada al tamaño de la onda e intentó contenerla. Pasados unos segundos, la barrera parecía aguantar, con lo que Light optó por lanzar otra onda, algo más potente, en la misma dirección, hasta que la barrera sangrienta se resquebrajó. Dimitri estaba preparado para un contraataque pero Light había desaparecido.
-Eh, eh, nada de esconderse. ¿Dónde estás?- Gritó en voz alta a la espera de respuestas, mirando a un lado y a otro.
-Estoy aquí- Como un rayo de luz, apareció muy pegado a Dimitri, a tan sólo un metro de distancia de frente y justo en el momento en que el vampiro miraba a los lados. Portaba un sable de luz como las veces anteriores y, de una fuerte estocada, rajó el cuello de Dimitri y le hizo caer de nuevo al suelo, perdiendo su segunda vida. “¿Cómo es posible que sus golpes hagan tanto daño?”, pensaba mientras jadeaba. “En la vida me había pasado algo así”, mientras se levantaba sin mostrar un atisbo de desesperación, se chupó la sangre de las heridas y entonces se le ocurrió un plan. Tenía que recuperar vidas a costa de su adversario y, para ello, era pertinente llegar a su espalda. Sin más dilación, se levantó con aire de bravucón.
-Ya te tengo más que estudiado. ¡Ahora vas a ver! ¡Envoltura sangrienta!- Un chorro de sangre bastante espesa rodeó a Light, sin dejar de aumentar, hasta generar una espiral. Dimitri había alterado de nuevo el ritmo de su sangre, siendo ahora aún más rápido y debido a esto la espiral tardó poco en cobrar forma y envolvió al guerrero de luz. Light luchaba por romper la espiral que lo rodeaba y la risa del vampiro se oía por lo bajo. Finalmente, Light se impuso a la espiral de sangre tras un duro forcejeo, pero enseguida notó que un algo pesado se había echado encima de su espalda. Era demasiado tarde. Dimitri se había colgado de su cuello y comenzó a morderlo. Light chilló de dolor mientras el vampiro chupaba su sangre y sentía que recuperaba parte de su vida. El guerrero de luz sentía un intenso mareo, la cabeza le daba vueltas y estaba seguro de haber perdido reflejos y defensas. Cuando Dimitri se había saciado, su segunda barra de vida se había recuperado por completo y se puso en guardia, sabía que a pesar de todo, Light Knight seguía teniendo algo de ventaja.

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