Silver esperaba a sus presas en la sala gris con cara de ansiosa,
pues quería acabar cuanto antes. Había esparcido redes de telaraña
por todo el ancho de la habitación, algunas de ellas tan finas que
costaba verlas, otras más espesas y resistentes. La chica, llena de
tatuajes tribales esparcidos por sus brazos, sus piernas y su
espalda, examinaba su trampa: Había preparado una bola hecha de
telarañas finas y extremadamente resistentes que se situaba unos
metros encima de la puerta y sostenida por una cuerda hecha del
mismo flujo que se deslizaba con facilidad y conectaba en sus
extremos con algunas de las redes de la habitación.
Hasta alguien muy fuerte podría caer presa de aquella trampa, ya que
por su elasticidad, las cuerdas eran complicadas de romper. Aunque no
podía sentir las presencias, imaginaba que seguramente vendrían
varios. Así que fijó la mirada en la puerta y esperó unos minutos.
Eliart y Light Knight iban delante de Waver, que descansó unos
minutos en el vestíbulo mientras tomaba un cigarrillo. Tenía los
nervios alterados y mucho estrés, con lo que era mejor fumar antes
de un posible combate. El líder de los I-Men y el poderoso guerrero
de luz abrieron la puerta de la Sala gris, decididos. Nada ni nadie
podría impedir que llegaran hasta el Gobernador. Al abrir la puerta
la trampa de la ciudadana cayó sobre ellos de un modo fulminante. La
esfera de telaraña los envolvió, enredándolos por completo.
-¡Maldición, tenía preparada una trampa!- Se quejó Light, que no
contaba con ese tipo de artimañas, y confiaba demasiado en su fuerza
física. Por su parte, Eliart, sin pararse a pensarlo recurrió a la
segunda constelación del zodiaco para intentar romper las telarañas.
-¡Vamos allá Tauro!- Le invocó- ¡Destroza las telarañas!- El
aura verde oscura se extendió por alrededor de su cuerpo y sus
músculos aumentaron de volumen, como de costumbre. Sin embargo, los
finos hilos eran elásticos y Silver los movía a gran velocidad.
Eliart empezó a comprender que la fuerza bruta no serviría para
desatarse. Sin embargo, Light Knight tampoco tenía ningún plan.
Así, Silver se valió de la cuerda que sostenía las telarañas para
colocar a sus oponentes sobre una de las redes de telarañas
extendidas por la habitación. Los dos héroes permanecían atados a
la pared a tres metros sobre el suelo. Entonces la ciudadana se
percató de que una de sus presas no era otro que Light Knight, uno
de los mejores hombres del Gobernador y también un amigo que llevaba
varios días en la isla.
-¡Light! ¿Qué haces yendo con los I-Men? ¿Acaso has osado
traicionarnos?- Le recriminó con dureza, aunque en realidad si fuera
dueña de sus actos, no estaría del lado del frívolo Gobernador.
-No exactamente. Lo que me unía al Gobernador se ha esfumado y ya no
tengo motivos para servirle. Lo que sucedió me hizo darme cuenta de
que estaba en el bando equivocado- Explicó brevemente- Déjanos
marchar, por favor. Sabemos que no puedes deshacerte de su control,
por lo que no nos gustaría herirte.
-¿Dejaros marchar, dices? No es algo que pueda decidir por mi misma
y… ¿sabes? Teniendo eso en cuenta he tenido suerte de que hayáis
caído en mi trampa, si no, quizás no tendría ningún modo de
derrotaros. En fin, ahora los enemigos de la ciudad de la paz están
a mi merced, espero que nuestro Gobernador lo tenga en cuenta.
-No todos- Aclaró una voz desde el umbral de la puerta. Era Waver
que había terminado su cigarrillo y se encontraba más calmada-
Libera a mis amigos y déjanos seguir avanzando o tendrás que
vértelas conmigo. Ambas contendientes se miraron, dispuestas luchar
por sus vidas.
-¡Waver, Intenta golpear la telaraña con el agua! Tal vez la fuerza
de la corriente consiga ablandarla!- Propuso Eliart.
Waver no dudó ni por un instante. “Es lo más sensato. Si se
reblandece y se rompe la pondremos en jaque entre los tres y
continuaremos”, pensaba. Se disolvió en líquido y se acercó a
sus compañeros velozmente, pero Silver resultó ser rápida y la
frenó con un látigo de telaraña que la alcanzó en una de las
costillas. Volvió a su forma humana y contraatacó con una
gigantesca ola. Silver hubiera tenido tiempo de apartarse, mas lo
empleó en recubrir sus brazos de telaraña hasta conformar una
barrera que resistió la embestida de la joven. “Si llego a
apartarme, la dejaba el camino libre para que tratara de liberar a
sus amigos. No perderé el tiempo, es rápida y lucha con ganas”,
pensaba la ciudadana, dispuesta a darlo todo.
-¡Prepárate, no te daré tregua!- Advirtió Silver. La I-Men
asintió y generó una gran corriente de agua con sus manos dirigida
a su enemiga. La ciudadana se desenvolvía de manera espectacular
saltando entre sus redes y esquivando el agua sin problemas, estaba
muy cerca de Waver y la atacó con un látigo hecho de telaraña
resistente, que la joven burló echándose a un lado. De inmediato
pasó al ataque, dirigió la corriente de agua hasta el techo de la
habitación, justo encima de Silver y lo hizo caer en forma de
lluvia torrencial.
-¡Esa es mi cascada!- Gritó orgullosa. Lo había pensado sobre la
marcha, sin estar muy segura del resultado. Parecía que ya tenía un
fuerte manejo de sus poderes. Las gotas cayeron como petardos, a
cierto ritmo, impidiendo a Silver moverse y Waver aprovechó para
situarse detrás. Antes de que hubiese caído la última gota, una
feroz tanda de puñetazos azotaban la espalda de Silver. Haciendo
uso de una agilidad envidiable, la ciudadana logró darse la vuelta y
parar los últimos puños de la I-Men abriendo las palmas de las
manos.
Waver se disponía a continuar atacando, pero no pudo separar los
puños de las palmas abiertas de su enemiga. Lo intentó una y otra
vez al tiempo que se ponía nerviosa.
-¿Qué diablos pasa?- Pensaba totalmente bloqueada.
-Fíjate bien- Sugirió la oponente- He generado flujo de telaraña
en las palmas de mis manos antes de pararte, ¡de tal manera que
estás pegada a mi cuerpo!
La I-Men intentó despegarse, pero Silver decía la verdad. No tenía
modo de separar sus brazos y las telarañas de Silver ya cubrían
gran parte de las piernas. Pensó que sólo había una manera de
rehuir las telarañas y contraatacar, el problema es que su rival era
más rápida. Aprovechando que las piernas aún tenían cierta
movilidad las transformó en agua, aguantando unos segundos mientras
el volumen de líquido crecía y crecía, engordando sus piernas.
Cuando ya tenía gran cantidad, dio un salto firme hasta las palmas
de Silver. La fuerza y la cantidad del agua reblandecieron el tejido
arácnido que todavía no era muy resistente. A continuación la
I-Men, ya liberada, se lanzó al ataque. Sin embargo, Silver ya se
había largado trepando por las telas que cubrían la habitación.
-¡Contaba con ello!- Admitió Silver a pocos metros de la espalda de
su rival. Generó dos fuertes látigos, uno con cada brazo, pero con
la novedad de que iban a velocidades distintas. Waver, que imaginaba
que ese sería el ataque de Silver, se mantuvo en guardia. Pudo
esquivar el primer látigo sin dificultades, pero el segundo alcanzó
su cuello. Tras golpearla, la punta del látigo se afiló y se
transformó hasta adquirir un color morado. Después, fue a clavarse
en su cuello, pero logró apartarse- Siento decírtelo pero... no te
servirá de nada- Comentó Silver sin mostrar ninguna emoción,
luchaba porque no la quedaba otro remedio. El látigo aumentó la
velocidad y, en esta ocasión, segregó una sustancia morada y
líquida que cayó sobre el pecho de Waver, penetrando lentamente en
su interior, gota a gota. La I-Men fue aguda y acertó al relacionar
el líquido con las habilidades de su enemiga. “Las redes de
telaraña, ese color, el olor, el látigo que intentó clavarme.
Seguro que se trata de veneno”, pensó “Debo dejar que el agua lo
arrastre, cuanto antes. Si llega a penetrar enteramente en mi sangre
tendría problemas”, se concienciaba.
Haciendo uso de toda la velocidad que le era posible, generó una
espesa corriente de agua y se disolvió en su interior, dejando que
el veneno que aún no había absorbido fuese arrastrado por la
corriente.
-Por los pelos- Murmuró- ¡Juro que no conseguirás envenenarme!
Silver la miró con recelo, trepó por las paredes de la habitación
aprovechando el cansancio de Waver y reanudó con la misma táctica,
esta vez desde el reverso de la heroína y colocando un poco de
veneno en cada látigo.
-¡Waver, detrás de ti, contraataca con agua, rápido!- Le avisó
Eliart, que seguía atrapado junto con Light Knight. Waver reaccionó,
se dio la vuelta y frenó los látigos creando una gran masa de agua,
que actuó como barrera.
La batalla proseguía y, poco a poco, Waver iba cediendo terreno.
Cada vez se encontraba más cansada, pues tenía que ir a toda
velocidad para contrarrestar los golpes de aquella mujer experta en
hacer telarañas. Silver lanzaba esferas de telaraña que contenían
veneno y Waver las sorteaba o las frenaba con burbujas y chorros de
agua. Finalmente, Waver ganó algo de distancia fundiéndose en
líquido, concentró gran cantidad de agua y la hizo aparecer
alrededor de Silver. Un poderoso torbellino la atrapó y Silver trató
de frenar su movimiento desde dentro, lanzando fluido de telaraña
por la boca al mismo tiempo que giraba. El cansancio de la chica de
agua hizo el resto y el torbellino se fue deshaciendo, no podía
mantenerlo mucho más tiempo, si no se debilitaría. Silver,
liberada, la miró furiosa desde una de las paredes.
-Bueno, después de esto no me contendré contigo, es hora de poner
las cosas serias- Advirtió.
Cuatro resplandores plateados surgieron de la piel de Silver, hasta
materializarse en cuatro brazos, dos a cada lado. Sonriente, miró a
su presa. Ahora tenía séis brazos. Derrotar a la chica de agua
sería sólo cuestión de tiempo.
Mientras tanto, el Capitán Vasco se encontraba en la Casa de
curación, buscando algo que les ayudara a recuperar vidas. Por fuera
era una casa baja y sencilla, en sintonía con el resto de casas de
la isla y su interior era el propio de un pequeño botiquín, pero
estaba bastante desordenado. A la derecha de la entrada se hallaban
tres bancos pequeños de madera, para que los pacientes esperaran
tranquilos, que estaban en mal estado debido a la batalla de Holy y
Eliart contra Infecto. Enfrente, una mesa más amplia donde se solía
encontrar Infecto y tras ella, unas cortinas de color verde que
parecían dar a otra pequeña sala. El vasco no dudó en que debía
rebuscar en el interior de las cortinas si quería encontrar algún
medicamento. Nada más entrar, pudo ver que había un estrecho
pasillo con dos estanterías, cada una de tres baldas anchas. El
Capitán se agachó y agudizó la vista, ya que no había mucha luz y
comenzó a observar cada utensilio que había en aquellos estantes.
Había tantas cosas pululando por esas estanterías que parecía un
almacén mas, por suerte, todo estaba etiquetado.
-Venga, seguro que tiene que haber algo que ponga “recuperar vida”
por aquí. El Gobernador habrá contado con la posibilidad de
necesitarlo- Se animaba, mientras revisaba atentamente objeto por
objeto. Había de todo: frascos que parecían jarabes, tiritas y
vendas por todas partes, cuchillas y herramientas para operar...
pero ni rastro de algo que pudiera servir para recuperar vidas del
juego.
-¡Mierda, asco de hospital!- Gritó al tiempo que derribaba las
estanterías de un puñetazo, hastiado. Los trozos de madera cayeron
al suelo, unos sobre otros y fue entonces cuando el I-Men descubrió
un pequeño botón de color gris en aquella pared. Era difícil de
ver debido a la falta de luz y a que estaba situado detrás de una de
las baldas. “Qué raro. ¿Un botón justo aquí? Seguramente
guardará algo de mucho valor. Puede que me sirva”, meditaba el más
temerario de los I-Men y ni corto ni perezoso, optó por pulsarlo. La
respuesta se hizo esperar medio minuto y, de pronto, cayó al suelo
un trozo de pared en forma cilíndrica a pocos metros de donde estaba
el botón gris, formándose un hueco considerable. Antes de que
nuestro héroe reaccionara, una cinta mecánica salió del agujero.
Sobre ella había dos envases, cada uno contenía un orbe de color
verde. En los envases de plástico ponía con letra clara:“Orbe
regenerador de vidas. Usar en casos extremos y sólo por orden
expresa y previa del Gobernador de la ciudad o del Alcalde en caso
de ausencia del primero”.
-Está claro que lo he encontrado. ¡Esperemos que funcione!- Dijo
con entusiasmo mientras volvía a la casa de la Segunda Calle. En
poco menos de un minuto el vasco se presentó en la casa con aire
victorioso.
-¿Qué tal fue? ¿Pudiste encontrar algo?- Preguntó Garra Nocturna
interesada.
-¿Bromeas? ¡Estás hablando con el Gran Capitán Vasco!- Alardeó-
Aquí lo tienes. Hay dos orbes, así que supongo que valdrán para
los dos- Finalizó, orgulloso. Se trataba de dos orbes verdes, pero
había uno de ellos más pequeño que el otro, detalle del que no se
había percatado el súper héroe.
-Un momento, ¿por qué son de diferente tamaño?- Preguntó Erzzhia.
-¡Y yo que sé muchacha! Lo mejor será que los probemos y vayamos
cuanto antes a pegar a ese Gobernador. ¡No hay tiempo para pensar!-
Se autoconvencía mientras hablaba- ¿Cuál de los dos quieres,
gentil dama?
-Cualquiera- Contestó Garra tan cortante que el Capitán se
arrepintió de haberla llamado gentil. Cogió el orbe pequeño,
dejando el grande al vasco- Pero prueba tu primero, “valiente
caballero”- Finalizó irónica.
-Está bien- El Capitán Vasco acercó el orbe verde a sus manos y,
al tocarlo, su luz verde se fue extendiendo por sus brazos al tiempo
que el orbe se reducía. Poco a poco, el color del orbe se extendió
por todo el cuerpo del I-Men, hasta cubrirlo por completo durante
unos segundos. Al poco, el orbe se había esfumado y la tarjeta del
Capitán volvía a tener las tres vidas al completo- ¡Formidable!
Vuelvo a estar en plena forma- Comentó.
-Date prisa, Garra. Waver está en problemas y Eliart y Light están
inmovilizados en la tela de araña de Silver- Dijo Erzzhia. Garra
hizo lo mismo que el capitán con el orbe pequeño: Se acercó hasta
colocar sus manos sobre él y tuvo lugar el mismo proceso. Sin
embargo, sólo había recuperado una barra de vida contando ahora con
dos.
-¿Eh? ¿Por qué yo no estoy totalmente recuperada? ¿Será porque
el orbe era más pequeño?- Se lamentaba. No podía permitirse morir
ahora que había una oportunidad de terminar con el Gobernador.
-Ya investigaremos cuando podamos
hacerlo. Este juego es de locos, al igual que esta ciudad. Me
quedaré cuidando a Revelación, ¡en cuanto se recupere nos veremos
en el Palacio! Id a donde están Eliart, Waver y Light, los enemigos
que estaban custodiando la entrada ya han sido eliminados. Mucha
suerte y estamos en contacto- Finalizó la hermana del Guerrero
Celeste. Garra y el Capitán salieron a toda prisa, confiados.
-Oye, ¿conoces los poderes de Silver? Si esos tres lo están pasando
mal... creo que conviene pensar una estrategia ¿no?-Propuso el
Capitán.
-Sí, sé que es capaz de crear telarañas y moldearlas a su gusto.
Creo que también puede segregar veneno pero no puedo decirte mucho
más... ¡nunca la he visto en acción! De todos modos, me extraña
que estén teniendo problemas yendo tres.
Al percatarse de las dudas de sus compañeros, Erzzhia se comunicó
con ellos.
-Puedo deciros que los
poderes de Silver no se resumen sólo a la generación de telarañas
y veneno, sino que también pude aumentar sus extremidades y
velocidad. Sin embargo, si logró atrapar a Eliart y a Light fue
porque tenía una trampa sólida que había tardado bastante tiempo
en construir, seguramente por si llegaban varios jugadores. Tened
cuidado, es astuta y conoce perfectamente sus límites-
Explicó brevemente y cortó la comunicación.
-Ya veo, así que telarañas ¿eh? Pues se rompen y listo- Respondió
el hombre confiado.
-Eres un idiota. ¿No piensas que si fuera tan fácil ya lo habrían
hecho ellos? Quizás sea complicado romperlas por la fuerza...- El
Capitán Vasco se sintió avergonzado y admitió que la chica tenía
razón: Había que pensar seriamente si querían salir victoriosos-
Por la fuerza puede ser complicado... ¡Pero yo tengo cuchillas!- Dos
cuchillas salieron de su espalda y otras dos de sus nudillos- Así
que eso déjamelo a mi y cuando estén libres le dais una paliza.
El Capitán se animó un poco pero aún así estaba preocupado.
-¡Lleguemos antes de que sea tarde!- Dijo, y aumentaron el ritmo.
En la Sala Gris continuaba el combate. Silver con sus séis brazos,
llevaba una ventaja considerable. Había comenzado por transformar
dos de sus nuevos brazos en látigos y mostraba más agilidad que
antes, de tal modo que no tardó en atrapar a Waver con sus látigos
y atizarle con fuertes puñetazos. Waver intentaba escapar
convirtiéndose en líquido pero Silver había creado un flujo
pringoso que contenía veneno en los pies de la I-Men y la apretaba
de tal modo que era imposible escapar estando tan debilitada. El
veneno finalmente le alcanzó y comenzó a debilitarle.
-Hermano...- Recordó con lástima mientras intentaba que su furia se
transformara en una gigantesca explosión de agua. Pero la realidad,
con su dureza, se impuso a los deseos. Silver soltó a una Waver
malherida que había perdido su primera vida y no tardó en caer al
suelo.
-Al fin sé que cuento con mucha ventaja. Ya me estaba cansando de
golpearla sin parar- Reflexionaba la ciudadana. Su veneno haría el
resto. Era menos potente que el de Infecto pero su efecto durante la
batalla era constante. Sin embargo, si la ciudadana caía en la
batalla, el efecto del veneno desaparecía poco a poco.
-¡Maldición, Waver! ¡Tengo que
desatarme! ¿No se te ocurre nada, Light?- Decía Eliart furioso. Se
sentía impotente al ver la batalla sin intervenir y más cuando se
había prometido a sí mismo que impediría la muerte de sus
compañeros.
-Bueno, es hora de rematarte. Lo siento- Dijo Silver intentando
tratando de ocultar la tristeza que sentía en ese momento. ¿Por qué
había que matarse mutuamente? La ira de Eliart y de Light aumentaban
por momentos. Fue entonces cuando, como si se tratara de un milagro,
la puerta de la Sala Gris salió volando por los aires.
-¡Golpe Vasco!- Se oyó. El rostro de la ciudadana se tornó en
inseguridad: Ahora eran más. Garra Nocturna y el Capitán entraron
en la habitación y vieron cómo Eliart y el ciudadano estaban
atrapados en una resistente telaraña y cómo Waver yacía en el
suelo. Garra se acercó y extendió su mano a su amiga.
-Vamos, arriba. Querer es poder y juntas podemos acabar con ésta-
Le incitó. Waver hizo un esfuerzo por incorporarse.
-Je, aún me quedan dos vidas, no lo olvides- Sonrió como pudo la
mujer de agua. Garra Nocturna comenzó a dar órdenes, decidida.
-¡Muy bien! Capitán Vasco, dale combate a Silver junto con Waver
¿entendido? ¡Voy a desatarles!- Dijo mostrando sus garras.
-¡Oh no!- Exclamó Silver. Persiguió a Garra por toda la
habitación. Si lograba desatarles, estaría perdida. Waver se
encontraba transformada en líquido, tratando de segregar el veneno
lo más que podía. “¡Qué suerte! Parece que, como tuvo que
soltarme, el veneno no llegó al corazón. Me ha debilitado pero si
consigo arrastrarlo fuera de mi cuerpo gracias a la corriente de
agua, estaré fuera de peligro de momento”, pensaba la I-Men.
Por su parte, Silver alcanzó a Garra a duras penas, antes de que
llegaba hasta sus compañeros.
-¡No te metas en mis asuntos!- Silver lanzó una esfera de telaraña
que contenía veneno, pero Garra logró esquivarla- Muy bien, veamos
qué haces contra mis látigos. Seis de los brazos se convirtieron en
látigos con la punta morada. Garra Nocturna se sorprendió al ver
que iban a velocidades diferentes y dos de ellos la golpearon aunque
logró combatir el resto con sus cuchillas haciéndola algunos
cortes.
-Capitán, ¿estás preparado para aparecer en su espalda?- Preguntó
Waver, que había logrado expulsar gran parte del veneno.
-Por supuesto- ¡Cuenta con ello!
-La corriente marina impulsó al Capitán, que llegó ante Silver y
le dio de lleno.
Garra aprovechó el momento para acercarse hasta Light y Eliart.
-La próxima vez fijaros antes de entrar, chicos. Por vuestro bien-
Comentó mientras mostraba sus afiladas garras- Muy bien, se ve que
las cuerdas son muy resistentes, quizás no puedan ser cortadas por
una cuchilla normal. Así que no perderé el tiempo- De su espalda,
salió una cuchilla un tanto diferente de las demás. Era el doble de
grande que los habituales y su forma era la un cuchillo jamonero de
pequeño tamaño: con una hoja larga, algo estrecha y con
flexibilidad para poder cortar con precisión. Aparte, tenía doble
filo, por lo que resultaba difícil de manejar.
-¡Os presento, a mi “Cuchilla Magna”!- Sentenció. Bastó un
corte seco para que Eliart y Light fuesen libres.
A continuación, haciendo uso de su formidable velocidad se colocó
delante de Silver y combatió sus séis brazos con cuatro cuchillas,
dos en cada mano. La ciudadana recibió dos cortes profundos en dos
brazos y dos leves en otros dos pero, tras ésto, ganó distancia.
Seguía siendo muy veloz. Generó un fluido extenso de telaraña y
formó varias esferas con veneno concentrado, que lanzaba
continuamente a la I-Men, que logró esquivar dos de ellos sin
problemas, la tercera, con complicaciones y justo antes de ser
golpeada de lleno por la cuarta esfera, una abrumadora corriente de
agua se la llevó y otra golpeó las espaldas de Silver. Garra
Nocturna y Waver sonrieron. Sabían compenetrar muy bien sus
habilidades de lucha y confiaban la una en la otra. Al unísono, las
dos pensaron que, aunque sería difícil, se bastaban para derrotar a
la ciudadana.
-¡Marchaos chicos, id a por el Gobernador! Podemos encargarnos
nosotras solas- Sugirió la más nueva de los I-Men.
-¡Sí!- Afirmó Waver con la cabeza, confiada. Al ver la seguridad
de las chicas, Eliart, El Capitán Vasco y Light Knight salieron de
la Sala Gris y continuaron subiendo escaleras arriba.
-¡Estoy deseando ver al Gobernador!- Gritaba Eliart animado.
-Ja, ¡no eres el único!- Respondieron los otros dos, mientras
subían las escaleras a toda prisa. Tras pasar al siguiente piso, les
sorprendió Dimitri.
-Eh eh ¿qué os pasa? ¿Me ignoráis? ¡De aquí no se va nadie sin
pelear!- Les increpó el vampiro, que permanecía envuelto en su
gabardina negra y con su genuino sombrero en la cabeza.
-Mmm... Está bien. ¡ Yo le haré frente!- Se ofreció Light.
-Light pero tú, querías atacar al Gobernador y además...- El
Guerrero de luz le cortó.
-Ya, ya sé todo eso. Pero conozco bien las artimañas de este
sujeto- Dijo en referencia a Dimitri- Y sé que puedo vencerle.
Dimitri contestó, indignado:
-¡Eso habrá que verlo, simple humano!- Haciendo caso omiso del
vampiro, Light continuó.
-Es sencillo: Alguien tiene que combatirlo y yo ya os di problemas
anteriormente. Así que nos vemos en la Sala Superior. El Gobernador
es muy poderoso, aunque pienso que su poder ha disminuido desde la
muerte del alcalde... quizás sea tan sólo una sensación. No
obstante ¡andaros con ojo!
Eliart y el Capitán asintieron y aceptaron su decisión. Pero
Dimitri no.
-¡Que no! ¡Que de aquí no se va nadie!- Creó una pequeña barrera
sangrienta alrededor de la puerta que impedía salir.
-Esa barrera no es muy fuerte. La ha hecho por intimidar, ya que no
quiere desperdiciar su poder- Dijo rápidamente Light- Eliart,
utiliza a Tauro y destruirla. Yo voy a entretenerle- Finalizó,
guiñándole un ojo al vampiro. Dimitri se mostró contento, “bien,
este tío me entiende ¡Con lo aburrido que estaba!”, se quejaba
para sí el ciudadano.
Eliart llamó a la energía verde oscura y sus músculos se tensaron
y aumentaron de volumen, como de costumbre. Aunque ya lo había hecho
muchas veces, le seguía pareciendo alucinante.
-Gobernador, ¡allá vamos!- Bramó el Líder- ¡Destructor de
Tauro!- El puñetazo destrozó la barrera sangrienta, partiéndola en
dos y ambos I-Men marcharon rumbo a la Sala Superior.
Esta Sala Superior era diferente del resto de las Salas: Las puerta
de entrada se sostenía por columnas corintias pintadas de dorado y
por dentro encontrábamos una habitación espaciosa que doblaba en
tamaño al resto de Salas de Palacio. No había apenas decoración en
el interior salvo una lámpara gigante situada en el centro y un Orbe
morado que permanecía flotando al fondo de la Sala. Más atrás
había dos habitaciones contiguas a las que sólo se podía acceder
por sus respectivas puertas: Eran los aposentos del Gobernador y de
Tejedora.
El Gobernador ya se había percatado de que subían a visitarle, al
captar sus energías.
-Vaya ¡qué interesante!- Comentaba mientras se frotaba las manos-
Han conseguido llegar hasta aquí, así que tendremos que recibirles.
Confío en ti Tejedora. Ya sabes qué hacer.
La pelirroja asintió. Cerró los ojos y su ropa se transformó en un
vestido largo, de tonalidades verdes oscuras. Sus manos, en cambio,
fueron cubiertas por unos cómodos guantes de lana del mismo color
que llegaban hasta las muñecas. Por último, un antifaz rodeaba sus
ojos marrones.
-Estoy preparada- Dijo sin apenas mostrar emoción, como si tuviese
la mirada perdida y pocas ganas de vivir.
A los pocos segundos, Eliart y El Capitán Vasco llegaron a la Sala
Superior. El Capitán quería romper la puerta pero al ver el valor
arquitectónico de la misma, Eliart se lo impidió.
-Llamemos, seguramente nos estén esperando- Afirmó con contundencia
el líder de los I-Men. Tejedora se acercó y abrió la puerta por
orden del Gobernador.
-¡Te vas a enterar estúpido!- Gritaron ambos I-Men al mismo tiempo.
Sin embargo, el Capitán se quedó boquiabierto al ver a Tejedora.
-¿Qué pasa? Parece que has visto un fantasma- Preguntó Eliart a su
amigo.
-No, no... no es posible- Titubeaba el vasco mientras miraba a la
prisionera.
-Sed bienvenidos a la humilde morada de mi Gobernador- Habló
Tejedora con una leve reverencia. Al oírla hablar, el Capitán Vasco
pasó de las dudas a la ira. La había reconocido, sin lugar a dudas.
-¡Estoy seguro! ¡Tu eres Ana, mi amiga de siempre!- Gritó el
Capitán al tiempo que se acercaba.
-¿Qué haces aquí con ese imbécil del Gobernador?- Le recriminó
con preocupación, pues sabía que estaba siendo controlada.
-¿Qué soy quién? ¡No sé de que me hablas!- Le esquivó la chica-
Sólo se que eres enemigo de mi amo y que te mataré si me obligas a
ello.
El Capitán estaba desconcertado. Era la peor de las sorpresas que
podía darle el estúpido juego ¡Su amiga Ana era una jugadora y
tarde o temprano podría morir! En ese momento, la Furia Vasca se
activó sin ser llamada.
-¡Ana, Ana! ¿De verdad no me reconoces?- Sollozaba el Capitán.-
¡Malditos GM! ¿Quiénes se creen que son para jugar de esta manera
con la gente y sobre todo, con el Gran Capitán Vasco?- Se enalteció
mientras golpeaba violentamente el suelo, tan fuerte que lo oyeron
Dimitri y Light, enzarzados en su batalla.
-¿Seguro que no me estás confundiendo?- Dijo la chica, algo
asustada al ver su reacción. La rabia de Eliart aumentaba por
momentos al sentir el sufrimiento de su camarada.
-¡No te escondas, maldito Gobernador! ¡Te mataré con mis propias
manos!- Amenazó el líder con una ira como pocas veces había
mostrado. Tejedora decidió intervenir y atacar al Capitán. El
vestido verde brilló emitiendo un leve destello que pronto se
materializó en una bola de energía verde, que atacó al Capitán.
Este recibió el impacto con dureza, pero le dolía más que el golpe
fuera de su amiga Ana, la de la infancia, la de toda la vida, la que
siempre había estado ahí cuando la necesitaba y con la que pensaba
que podía tener algo más que amistad. ¿Por qué el destino era
cruel con la gente de buena voluntad?
Tejedora, que estaba totalmente controlada por el Gobernador, no dudó
ni un momento en atacar a los I-Men. “¿Por qué intenta engañarme
diciendo que me conoce? No entiendo nada pero no pienso permitir que
hagan daño al Gobernador”, pensaba. Sin dudarlo, atacó al Capitán
de nuevo lanzando varias bolas de energía al unisono. Esta vez el
Vasco logró esquivarlas a duras penas, pero no tenía intención de
golpear a la dama, lo cual ella aprovechó para situarse a su lado y
asestarle un potente puñetazo en la cara, que lo desplazó varios
metros atrás.
“¡Qué fuerza!”, pensó el Capitán mientras se incorporaba. Se
volvió hacia tejedora con una sonrisa entrecortada- Vaya, debo
felicitarte. ¿Cómo has mejorado tanto?- Comentó con esperanzas
vanas de que recuperase la memoria.
-Ya te he dicho que no te conozco de nada, no sé por qué insistes-
Afirmó la ciudadana con rotundidad y sin mostrar ni un atisbo de
duda- De todas formas, te diré que parte de mi fuerza se debe a
estos guantes de lana. Multiplican mi fuerza por dos. Son parte de mi
poder.
La cara del Capitán le delataba: estaba hundido al descubrir que su
amiga Ana era una jugadora controlada por el Gobernador. El dolor era
tan intenso que no podía soportarlo. Tejedora, sin embargo, no
parecía recordar absolutamente nada y golpeaba fuertemente al Vasco.
Haciendo uso de mucha energía, las esferas verdes cubrieron la sala
y comenzaron a concentrarse, unas con otras, hasta que una esfera
gigante rebosante de fuerza, arrolló al I-Men. Eliart, sin dudarlo,
se inundó de su energía anaranjada y atacó a la joven con un
potente cabezazo que la dejó maltrecha.
-¡Embestida!- Gritó el líder de los I-Men mientras el aura
anaranjada rodeaba su cuerpo. El Capitán, al ver a su amiga en el
suelo no pudo contener su rabia y se volvió contra su amigo.
-¡Eliart! ¿Cómo te atreves? ¡Es mi amiga!- Dijo mientras se ponía
en posición de atacar.
-¿Qué como me atrevo? ¡Estás cegado por cómo te gustaría que
fueran las cosas! Y las cosas son como son. Puede que Tejedora fuera
tu amiga en la Tierra pero ese Gobernador la tiene controlada al cien
por cien. Podemos intentar ayudarla si quieres, ¡pero no voy a dejar
que acabe contigo!
-Eso es decisión mía, Patxi. No voy a dejar que nadie toque un pelo
a esta chica, aunque eso me cueste la vida.
-Tío. ¡Asúmelo! Está en el bando equivocado. Probablemente tenga
más poderes y además esta el Gobernador. No podemos dejar que nos
golpee sin responder. ¡Ponemos en riesgo a todo el equipo!-
Argumentó.
Mientras discutían, Tejedora repitió su operación pero esta vez a
mayor distancia de los I-Men. Todo el vestido verde brilló y las
bolas de energía alcanzaron a ambos I-Men a gran velocidad. Tan sólo
dos bolas consiguieron alcanzarles, una a cada uno. Eliart
contraatacó con Aries dirigiéndose velozmente a Tejedora. Sin
embargo, el Capitán fue a frenarle.
-He dicho que no dejaré que nadie la toque, Eliart. Si lo intentas,
te las verás conmigo.
A Eliart no le gustaba ni un pelo esta situación. Trataba de
entender a su amigo, pero no le parecía que hubiese otra opción que
luchar con ella al menos hasta que pudiesen detener al Gobernador.
-Lo siento, Capitán, pero no tenemos tiempo- Eliart se lanzó hacia
Tejedora y el Capitán le respondió con dureza.
-¡Furia Vasca!- Gritó furioso mientras el aura rojiblanca le
rodeaba e impulsaba su gancho izquierdo hacia la cara del líder.
Eliart sorprendido, se vio obligado a responder. El aura de Aries dio
paso al de Tauro y los músculos se tensaron, como de costumbre,
aumentando de volumen.
-¡Destructor de Tauro!- Respondió. Ambos ganchos alcanzaron el
rostro del otro y ambos compañeros retrocedieron- ¡Esto es
innecesario!- Comentó Eliart mientras sorteaba los furiosos directos
del Capitán.
-Te lo advertí. Ella es muy importante para mí- Rugió el más
temerario de los I-Men. Tejedora miraba asombrada el combate. “¿Se
supone que está peleando con su amigo por mi? No entiendo nada, ¿
de verdad me conoce?”. El Gobernador descansaba en sus aposentos,
pero pensó que iba siendo el momento de entrar en escena ya que
Tejedora empezaba a estar confusa. “Disfruto viendo mucho viendo
cómo se pegan entre ellos, pero no contaba con que el Capitán
tuviese una relación con Tejedora en la Tierra, si empieza a dudar
quizás mi control sobre ella se debilite y puedo tener problemas, ya
que ese estúpido de Light Knight me ha traicionado. Más vale no
arriesgar”, meditó y salió a la Sala Principal.
-Mirarles, si parecen títeres en mis manos- Dijo mofándose de
nuestros héroes.
-¡El Gobernador!- Dijeron los dos I-Men a la vez, dejando sus roces
a un lado.
-¡Tú, tú eres el culpable de todo esto!- Gritó Eliart mientras el
aura anaranjada le rodeaba. Atacó al Gobernador sin dudarlo-
¡Embestida!- Gritó lleno de energía. El Capitán Vasco trató de
seguirle impulsado por su aura rojiblanca, pero la hermosa Tejedora
le salió al paso.
-¡No sé quién eres y estoy confundida! Pero pase lo que pase,
¡protegeré al Gobernador!- Dijo con ímpetu. Su vestido verde
volvió a brillar y las bolas de energía se dirigieron al vasco, que
se cubrió con su casi indestructible escudo. El Capitán empezaba a
comprender que no había nada en Tejedora de su antigua amiga de la
tierra. Aquel Gobernador se había entrometido en su cabeza, hasta el
punto de que no parecía recordar nada. No obstante, se acordó del
momento en que la vio en la Tierra: Aquella vez hablaron con
normalidad, como de costumbre. ¿Cómo habría hecho el Gobernador
para lograr controlarla hasta ese nivel en tan poco tiempo?
El ataque de Eliart no surtió efecto: El Gobernador esquivó la
embestida sin dificultades haciendo uso de una velocidad envidiable.
Tras esto, se giró y propinó un fuerte puñetazo a nuestro héroe
que le hizo caer al suelo.
-Maldición ¿Qué diablos le hace tan fuerte?- Se preguntó el
líder. A la vez que se incorporaba echó un vistazo a su oponente:
Llevaba un vestido de color morado, de una tela similar a los
vestidos de la Tejedora, dos guantes hechos de la misma tela, de
color azul oscuro, una capa negra y una máscara que le cubría el
rostro. Sobre él, flotando a pocos metros había un orbe gigantesco
también de un tono morado. Había estado allí desde que entraron a
la habitación, pero no habían tenido ni un momento de respiro para
observarlo con detenimiento. “¿Será como los que usamos para
recuperar vida? No se parece demasiado, tanto el color como el tamaño
son diferentes”, pensaba.
El Capitán Vasco seguía sin querer dañar a Tejedora y tenía
varios problemas para sortear a la jugadora, que se esforzaba al
máximo. El Gobernador se mofó de los I-Men al ver aquella
situación.
-En serio, ¿eso es todo lo que tenéis? No me explico como habéis
sobrevivido tanto tiempo en este juego. No tenéis estrategia y
vuestra fuerza no es mayor que la de mi más antiguo y fiel
subordinado. Pero tenéis “algo”. Algo por lo que la gente os
sigue. ¿Sabéis qué es lo mejor de todo? Que todos aquellos con los
que habéis entablado amistad a lo largo del juego sufrirán al
enterarse de que vuestra voluntad ha sucumbido, de que jamás
conoceréis los misterios que rodean a este mundo. Y yo me alegraré.
Me sentiré orgulloso de haber acabado con la vida de aquellos que
han fastidiado mi ciudad. ¡Con lo felices que podríais haber sido
todos bajos mis órdenes!- Dijo. Parecía creerse sus propias
palabras. “¡No hay nada que hacer, está loco de remate!”, pensó
el Capitán Vasco.
-No es una cuestión de locura o de cordura. Pues ¿quién está loco
y quién está cuerdo? Son sólo acuerdos a los que la sociedad
llega.
-Ah ¿También lees el pensamiento? Genial- Comentó sarcástico el
Capitán.
-Y puedo hacer más cosas. Vuestras habilidades no pueden compararse
con las mías y es por eso que nunca saldréis vivos de esta isla.
-¡Eso lo veremos! ¡Ven aquí, Gobernador!- Le desafió Eliart. El
aura anaranjada de aries le cubrió por entero en un instante.
Rebosaba de ira y deseos de venganza. Rápidamente, se acercó al
Gobernador. Esta vez Eliart fue todo lo rápido que pudo y el
Gobernador recibió la embestida de lleno. Sin embargo, rápidamente
contraatacó con una tanda de puñetazos seguidos de una patada que
le permitió ganar distancia. Sin darle tregua, se acercó de nuevo a
Eliart para continuar golpeándole. Cada puñetazo de aquel tipo era
como una pedrada. Había una gran diferencia entre ellos.
-Sigues extrañado por mi fuerza ¿eh? Pues te diré algo. Soy un
excelente luchador por naturaleza pero, además de eso, estos guantes
son como los de Tejedora pero más potentes: Multiplican por 3 mi
fuerza. Además, yo tampoco estoy sólo.
Nada más decir eso, el traje de Tejedora se iluminó y comenzó a
transformarse en otro vestido que combinaba con tonalidades rojas y
grises. El antifaz también cambió de color. Su capacidad para crear
bolas de energía había desparecido mas su velocidad y resistencia
eran mucho mayores. Se trataba del mismo tipo de habilidades que
tenía el traje del Gobernador, pero a un nivel menor. Apoyada en sus
guantes de lana, aguantaba el ritmo del vasco y le asestó golpes
continuos y sucesivos que finalmente le hicieron tomar una decisión:
“Tengo que responderla, no hay otra alternativa”. El Capitán
respondió a puños con puños pero aún así Tejedora le aguantaba
sobremanera. Satisfecho por su superioridad, El Gobernador se acercó
al Orbe morado de la sala y dijo:
-Bien, probemos algo...
Cuando Eliart iba a atacarle, el entorno había cambiado. Se
encontraba caminando por un montaña y no había ni rastro de la
habitación. Al fondo, se podía ver una ciudad de tamaño medio que
estaba en llamas.
-¡Eh Eliart! ¿Qué ha pasado aquí? ¿Dónde están estos tipos?-
Era el Capitán Vasco- No podemos perder el tiempo y... - Volvió su
vista hacia adelante y al contemplar la ciudad en llamas se quedó
estupefacto- ¡Bilbao, mi querida ciudad, está en llamas! ¡Tengo
que ir para allá, Patxi!- Sin más dilación corrió lo más rápido
que pudo montaña abajo, mientras sudaba.
-¡Para el carro, tío!- Comentó Eliart tratando de alcanzarle-
¿Cómo diantres va a ser Bilbao si estamos en el juego?- De pronto,
divisó un precipicio enfrente apunto de resquebrajarse en el que se
encontraba una silueta conocida, que le llamaba solicitando ayuda-
¡Gaia!- Gritó el líder. Salvarla de aquel precipicio tenía el
riesgo de caer al vacío si fallaba, pero había que intentarlo.
Llamó a aries, aunque le costó mucho, y se acercó a cogerla. Pero
el ritmo de su caída aceleró. Nuestro héroe aceleró todo lo que
pudo pero notaba que las fuerzas le abandonaban y de pronto cayó
desplomado, golpeándose en la cabeza. No había ni rastro de Gaia.
-¡Mierda, Gaia! ¿Qué diablos es este lugar? La otra vez que
volvimos a la Tierra el juego lo anunció, así que no creo que se
trate de eso. Maldito Gobernador, ¿Qué has hecho?- Dijo confuso.
-Eliart, Eliart. ¿Puedes oírme? Soy Erzzhia. No te preocupes,
ese lugar no es real. ¡Es fruto de una ilusión del Gobernador! Voy
a avisar ahora mismo al Capitán... yo me comunicaré con vosotros
para que estéis conectados con la realidad y bloquearé sus poderes
psíquicos. Pero andaros con cuidado. Esta ilusión es de un nivel
intermedio, si utiliza una ilusión más fuerte tal vez no pueda
hacer nada- Finalizó Erzzhia hablando directamente a la
mente del líder.
-Claro, ya entiendo. Ese orbe morado debe darle capacidad para crear
ilusiones, lo cual encaja con todo lo que ha pasado en la isla- Se
convenció a sí mismo de que todo aquello era una ilusión y cerró
fuertemente los ojos. Al abrirlos, convencido, vio el mismo paisaje
mucho más borroso- Se trataba de una ilusión, una fuerte ilusión-
Añadió- Debo ayudar a mi amigo. El Capitán Vasco veía cómo su
ciudad ardía y aunque no había rostros conocidos, cada vez estaba
más seguro de estar allí, aunque todo le parecía extraño. De
pronto, la hermana de Celestina se comunicó con él a través de su
mente:
-No sigas avanzando, Capitán. Todo esto que vemos es consecuencia
de una ilusión provocada por el Gobernador. ¿Recuerdas todos
aquellos habitantes que se suponía que había en la ciudad y que
después de morir Kinético, se esfumaron como si nada? Las personas
que estás viendo son producto de lo mismo. Eliart debe estar al
llegar, así que salid de esta ilusión dejando de creer en lo que
ven vuestros ojos. ¡Hacedme caso! Ahora mismo estáis en la Sala
Superior de Palacio con el Gobernador enfrente- El Capitán dudó
por unos momentos, pero sabía que había algo raro en ese Bilbao.
Eliart llegó a los pocos segundos y ambos compañeros se dispusieron
a romper aquella ilusión. Cerraron los ojos y se guiaron por las
palabras de Erzzhia. Colocaron sus puños al frente para golpear al
Gobernador y automáticamente se encontraron de nuevo en la Sala
Superior, algo más confiados.
-Ju, ju, habéis superado la primera prueba. No está nada mal-
Contestó el Gobernador, cerca del Orbe Morado. Eliart le miró
desafiante, era un rival duro de roer. Por su parte, Tejedora volvió
a encarar al Capitán que seguía sin querer usar toda su fuerza
contra su amiga.
Mientras tanto, Garra Nocturna y Waver continuaban enfrentando a
Silver en la Sala Gris. Con dos brazos, atrapó a Waver y la asestó
cinco puñetazos seguidos, con tanta fuerza que la I-Men escupió
sangre.
-¡Detrás de ti, estúpida!- Provocó Garra mientras se ponía en
guardia con una cuchilla en cada mano. Silver se libró de Waver
lanzándola por los aires hasta que chocó con una de las paredes de
piedra de la Sala y cayó al suelo irremediablemente herida. Aún le
quedaba la mitad de la segunda vida, pero su vitalidad se estaba
marchitando. Garra logró hacer varios cortes a Silver pero está
aprovechaba sus extremidades restantes para no dejarle ni un respiro.
-¡Aunque me hagas daño con las cuchillas, no podrás frenarme!- Le
advirtió la ciudadana. Pero la realidad fue muy distinta de sus
deseos. Al principio, Garra Nocturna tenía dificultades para
esquivar los seis puños de su enemiga, pero al cabo de un rato se
percató de una de sus debilidades: “Sus movimientos, siempre
responden al mismo patrón, aguanta mis cortes y mueve los brazos
restantes haciendo círculos primero y en línea recta después. Está
cómoda así que voy a romper sus esquemas a ver cómo reacciona”,
pensó. En lugar de usar sus cuchillas para cortarla las lanzó al
suelo cerca de sus pies, de tal manera que Silver tuvo que
esquivarlas y se distrajo. Aprovechó esos instantes de desconcierto
para dar un salto hasta situarse a la altura de la cara de la
ciudadana y la hizo una raja de oreja a oreja.
-¡Ahh!- Se quejó Silver mientras la sangre caía de la herida- ¡No
te dejaré escapar!- Furiosa, movió todas las telarañas esparcidas
por la habitación para rodear a Garra desde todas las direcciones.
Los flujos arácnidos comenzaban a moverse, como si tuvieran vida
propia. Silver se acercó a Garra y comenzó a golpearla sin parar de
forma desordenada y sin criterio, como un niño cuando patalea.
Mientras intercambiaban golpes, los flujos arácnidos iban uniéndose
unos con otro para lograr una mayor resistencia: Se trataba de crear
una red que fuera impune a las cuchillas. Garra miró hacia atrás,
varias veces, de reojo, pero Silver incrementaba la velocidad de sus
ataques en esos momentos, con lo que no podía distraerse. De pronto,
la tela de araña comenzó a envolver a Garra con facilidad. Con la
facilidad con la que un chicle se pega a la lengua. Garra se
resistió, tratando de rajar la red , pero fue inútil. En pocos
segundos, sus brazos quedaron pegados al cuerpo y desde los tobillos
hasta los hombros se esparcía el fluido, dejándola a merced de
Silver.
-¡Al fin eres toda mía!- Exclamó la ciudadana, que comenzó a
lanzar directos con los séis brazos. Garra aguantaba el dolor
mordiéndose los labios pero iba languideciendo poco a poco. Tendida
en el suelo, Waver se incorporó al ver tan lamentable espectáculo.
Su amiga, que había ido a ayudarla, se estaba llevando la peor
parte.
-Venga, sé que puedo hacer algo- Se animó y comenzó a pensar en
cómo actuar. “Veamos, antes de que la envolviera, Garra llevaba
una ligera ventaja, con lo cual si consigo reblandecer esa red y la
ayudo podremos vencer. Pero ¿Cuánta agua hará falta para
hacerlo?”, meditaba.
Razonando, al rato dio con la solución: Se trataba de que lanzase un
torrente de agua muy concentrado, con la fuerza de un huracán hacia
Silver, para dejarla fuera de juego y después extenderla por la
habitación para arrastrar los restos de flujo que queden. Ahora sólo
se trataba de hacerlo. Así, cerró los ojos para concentrarse y
llamó a todo el agua que era capaz de generar. Necesitaba controlar
mucha más agua que otras veces y lanzarla con toda la fuerza
posible. En su interior se cruzaban diferentes corrientes de agua,
todas a la máxima velocidad de la que la I-Men era capaz y se fueron
conformando capas de agua extremadamente resistentes. En ese momento,
le vino a la cabeza el recuerdo de su hermano. “Allí donde estés
hermano, te pido que me ayudes y que me escuches. Voy a superarte.
Seré una luchadora excelente, sobreviviré a este juego y te
vengaré”. A la vez que sus recuerdos la llenaban de furia, también
la armaban de valor y aunque tardó bastante, finalmente notó que
había llegado al límite de acumular fuerzas, pues estaba hinchada.
-Ahora viene lo más difícil ¡Marea!- Un torrente de agua fue
liberado del interior de Waver y se dirigió hacia Silver a una
velocidad inaudita. Golpeó a Silver con la fuerza que tendría un
huracán si se centrara en una sola persona y la chica cayó al
suelo, perdiendo su primera vida. Tras ésto, la presión del agua
disminuyó y ésta comenzó a esparcirse por la habitación
reblandeciendo y arrastrando los flujos arácnidos. Silver se
incorporó, pero sus ventajas habían desaparecido.
Por otra parte, en la Sala Roja, Light Knight pelaba con Dimitri.
Light creó un sable de luz y lanzó a por el vampiro.
-Con eso no haces nada ¡Ya verás!- Contestó con cara de sádico
mientras generaba un sable de igual tamaño, pero conformado por
sangre. Ambas armas chocaron, empujadas por sus portadores, sin que
ninguno cediera. Pero finalmente la velocidad de Light Knight se
impuso, desplazando al vampiro unos metros. Una estocada de luz
alcanzó su pierna izquierda, aunque se cubrió con el sable
ensangrentado inmediatamente.
-Bueno, has tenido suerte. ¡Probemos de nuevo!- Propuso sonriendo.
Light no entendía su comportamiento, ¿por qué sonreiría? ¿Qué
se le pasaría por la cabeza?- No pienses tanto y ataca!- Le gritó
el vampiro, que era consciente de que Light se había distraído.
En esta ocasión, ambos llevaban dos sables, uno en cada mano. Dos de
ellos colisionaron con fuerza provocando un choque de energías.
Ambos sables tenían una potencia similar. Los otros sables
intentaban herir el cuerpo del rival y, de nuevo, la velocidad del
guerrero de luz se impuso: Alcanzó la mano izquierda de Dimitri y
le provocó un pequeño corte en el dedo pulgar que hizo caer al
suelo el primero de los sables sangrientos. Antes de que pudiera
incorporarse se pasó el filo de luz de mano y con un movimiento
circular hizo caer el que faltaba. Dimitri quedó desarmado frente
al traidor al Gobernador, pero éste se detuvo.
-Vamos a ver, ¿tú eres tonto? ¡Esto es la guerra! No me des ni un
respiro, hombre, que es una pelea a muerte. Ahora fabricaré más
sables o pensaré en otro movimiento- El vampiro se comportaba de esa
manera porque era orgulloso y le parecía indigno que su rival fuera
compasivo. Por supuesto, era fiel a este principio y el tampoco era
compasivo con nadie.
-Calla un momento y dime algo- Le interrumpió Light- Sé que tú
eres dueño de tus actos, ¿me equivoco? Entonces ¿por qué sigues
al Gobernador?
-El Gobernador me controla, pero sólo un poco, soy medianamente
consciente y por eso puedo contestarle. Se ve que su poder no da para
más. Sin embargo, estoy seguro de que si algún día escapo de su
control no recordaré las cosas con nitidez- Contestó.
-Ya veo, o sea que te controla pero no totalmente. Es una lástima,
porque entonces no me queda otra que derrotarte.
-Claro que me controla. ¿Tú crees que yo obedecería sus órdenes
de no ser por eso?- Se puso en guardia, en espera del nuevo
movimiento de Light, que se acercó a gran velocidad hasta estar
frente a Dimitri. Por suerte, éste también había sido rápido y
había creado una barrera de sangre en forma de escudo gigante, que
cubría todo su cuerpo. El puñetazo directo de Light impactó la
barrera y ésta lo contuvo. Dimitri aprovechó para ganar distancia y
se acercó nuevamente, tan rápido que desconcertó a su oponente.
Era una apuesta arriesgada: había alterado el ritmo de su sangre
para poder estar a la altura de Light y tarde o temprano se agotaría
si tenía que hacerlo durante mucho tiempo. Cuando estuvo a poco
metros del guerrero de luz creó un cuchillo de sangre y fue a
clavárselo en el costado. Sin embargo, Light consiguió esquivarlo
con algo de esfuerzo y apareció detrás de su rival. Antes de que
se volviera, le había propinado un surtido de golpes, puñetazos y
patadas, envueltos en su aura de luz. El vampiro cayó al suelo
perdiendo su primera vida.
Light se mantuvo en guardia, porque sabía que su rival se iba a
levantar. No era de los que dejaban las cosas a medias. Y,
efectivamente, el vampiro se reincorporó, ajustándose el sombrero
negro. Sin decir palabra, algo impropio en él, Dimitri marchó
contra Light portando una pequeña cuchilla hecha de sangre, de fácil
manejo. Light la esquivó a tiempo pero Dimitri aprovechó para
fabricar un nuevo sable de sangre y le golpeó en el costado,
haciéndole un fuerte corte. Light Knight estaba sorprendido de la
admirable destreza del vampiro y se limitó a esquivar los golpes que
venían, alejándose cada vez más. Dimitri fue bajando el ritmo por
momentos, ya que empezaba a notar el cansancio y Light aprovechó
este momento para incrementar la velocidad.
-¿Cómo?- Se extrañó el vampiro, mientras Light le lanzaba una
onda de luz de frente, que no podía esquivar. Con la sangre creó de
nuevo una barrera. Esta vez algo más resistente pero más pequeña,
limitada al tamaño de la onda e intentó contenerla. Pasados unos
segundos, la barrera parecía aguantar, con lo que Light optó por
lanzar otra onda, algo más potente, en la misma dirección, hasta
que la barrera sangrienta se resquebrajó. Dimitri estaba preparado
para un contraataque pero Light había desaparecido.
-Eh, eh, nada de esconderse. ¿Dónde estás?- Gritó en voz alta a
la espera de respuestas, mirando a un lado y a otro.
-Estoy aquí- Como un rayo de luz, apareció muy pegado a Dimitri, a
tan sólo un metro de distancia de frente y justo en el momento en
que el vampiro miraba a los lados. Portaba un sable de luz como las
veces anteriores y, de una fuerte estocada, rajó el cuello de
Dimitri y le hizo caer de nuevo al suelo, perdiendo su segunda vida.
“¿Cómo es posible que sus golpes hagan tanto daño?”, pensaba
mientras jadeaba. “En la vida me había pasado algo así”,
mientras se levantaba sin mostrar un atisbo de desesperación, se
chupó la sangre de las heridas y entonces se le ocurrió un plan.
Tenía que recuperar vidas a costa de su adversario y, para ello, era
pertinente llegar a su espalda. Sin más dilación, se levantó con
aire de bravucón.
-Ya te tengo más que estudiado. ¡Ahora vas a ver! ¡Envoltura
sangrienta!- Un chorro de sangre bastante espesa rodeó a Light, sin
dejar de aumentar, hasta generar una espiral. Dimitri había alterado
de nuevo el ritmo de su sangre, siendo ahora aún más rápido y
debido a esto la espiral tardó poco en cobrar forma y envolvió al
guerrero de luz. Light luchaba por romper la espiral que lo rodeaba y
la risa del vampiro se oía por lo bajo. Finalmente, Light se impuso
a la espiral de sangre tras un duro forcejeo, pero enseguida notó
que un algo pesado se había echado encima de su espalda. Era
demasiado tarde. Dimitri se había colgado de su cuello y comenzó a
morderlo. Light chilló de dolor mientras el vampiro chupaba su
sangre y sentía que recuperaba parte de su vida. El guerrero de luz
sentía un intenso mareo, la cabeza le daba vueltas y estaba seguro
de haber perdido reflejos y defensas. Cuando Dimitri se había
saciado, su segunda barra de vida se había recuperado por completo y
se puso en guardia, sabía que a pesar de todo, Light Knight seguía
teniendo algo de ventaja.
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