La puesta de sol se veía con toda claridad desde las
ventanas de la Segunda Calle, pero pasaba inadvertida para nuestros
héroes, que se encontraban en el vestíbulo preocupados por los
últimos sucesos que habían ocurrido en la isla y dispuestos a cenar
las últimas provisiones que tenían. El Guerrero Celeste estaba
especialmente dolido por la muerte de Holy.
-¡Es que no me lo puedo creer!- Dijo entre dientes,
mientras golpeaba la pared- ¡Ese estúpido vampiro!
-¡Eh, quieto! Todos estamos afectados por su pérdida-
Intervino Gaia sin cortarse un pelo-, pero la solución no es romper
las paredes.
Eliart permanecía en silencio, intentando evadirse de
la situación. Holy había muerto por culpa de un error suyo en la
batalla y ahora no era capaz de mirar a su mejor amigo de la misma
manera. No podía permitir que muriese más gente del grupo. Por su
parte, Erzzhia estaba en el piso de arriba cuidando de Garra Nocturna
y Revelación, que seguían en las camas, inconscientes. Mientras
tocaba la frente del místico, que estaba sudorosa y fría, el
Capitán Vasco se comunicó con ella.
-Erzzhia... tengo malas noticias. Le hemos perdido
del todo. Llama helada ha muerto, hicimos lo que pudimos pero fue
imposible salvarlo. Sin embargo, he podido comprobar lo que decías
acerca de los poderes del Gobernador.
La hermana de Celestina le escuchaba con atención,
firmemente convencida de que sabía lo que iba a decir de antemano
-Prosigue- Le invitó.
-Verás,
justo en el último instante de su vida recuperó la conciencia y nos
instó a marcharnos ya que sabía que estallaría en mil pedazos y
no podía controlarlo. Con lo cual parece claro que el Gobernador
llegó a tener control total de sus actos.
-Ajá, tal y como dije- Pensó Erzzhia sin inmutarse-
Bien, ahora volved lo más rápido posible. Lo mejor será que
hablemos entre todos.
Así, bajó al
vestíbulo principal y comió un par de manzanas que su hermano
llevaba consigo. Mientras comían, decidió que lo mejor era
informar cuanto antes a sus amigos de la triste noticia.
-Veréis chicos, acabo de recibir noticias del Capitán
y tengo algo que contaros- Hizo una leve pausa para coger aire- Hemos
perdido a otro miembro- Dijo tajante. Algunos casi escupieron la
comida del susto- No han podido traer de vuelta a Llama Helada, la
idea que tenían era buena, pero parece ser que el Gobernador le
mandó explotar antes que permitir que volviera con sus camaradas-
Finalizó la recién llegada al grupo.
-¿Qué? ¡No es posible, hermano!- Waver explotó en
lágrimas y salió fuera de la casa, necesitaba relajarse. Celestina
decidió acompañarla para evitar que hicieses alguna locura, pues
tenía los nervios alterados. Además, él también necesitaba
relajarse un poco.
Eliart se levantó,
exhausto. “¡Maldición! estamos cayendo como moscas”, pensó sin
decir nada en voz alta. Gaia notó que estaba muy preocupado y que
parecía que no tenía nada claro qué hacer ante la situación. Pero
a pesar de ello entendía que no dijera nada, sabía que no quería
que los demás se preocuparan en vano. “Debo estar sereno y
proponer algo coherente, lo que sea. En estos momentos todos
necesitan ánimos”, pensó el joven líder. El silencio reinaba en
el ambiente, un silencio incómodo fruto de no saber cómo afrontar
los problemas que se sucedían uno tras otro. Tras unos minutos,
Erzzhia optó por reanudar la conversación.
-Siento haber sido tan brusca, pero consideré que era
mejor que estuvieseis enterados ya. Bastante mal estará Demongirl
como para hablar de Llama Helada a la ligera- Explicó, todos
asintieron en señal de aprobación.
-Por cierto, ¿dónde están?- Repuso Kya sin soltar las
manos de los brazos fornidos de su moreno.
-Apunto de llegar- Confirmó- Creo que Garra se
recuperará durmiendo aunque no sé cuanto tiempo más tardará.
Revelación me preocupa más ya que sigo sin saber qué le ocurre.
Hace un rato estaba sudando pero su frente permanece fría, es muy
raro.
-Pronto lo averiguaremos- Aportó Eliart mientras miraba
por la ventana en dirección al Palacio.
Unos minutos más tarde el Capitán Vasco abrió la
puerta, seguido de una cabizbaja Demongirl. Gaia corrió a
consolarla, pero su hermana se hizo la dura.
-No, por favor, no- Dijo sencillamente, apartándose-
Estaré en mi habitación hasta mañana. No quiero saber nada de
nadie- Cerró su habitación de un portazo.
-Ahora dejará que caigan sus lágrimas- Susurró el
vasco, dejándose caer en el suelo. Estaba rendido.
-¡Tú a callar!- Vociferó Waver entrando de nuevo-
Mucha super fuerza y lo que tú quieras, pero dónde está mi hermano
¿eh?
-Lo... lo siento- Se arrugó el Capitán sin saber qué
decirle. Waver, hastiada por sus nervios, se acercó y le dio una
torta en la cara con mucha fuerza. Hasta ella misma quedó
sorprendida.
-Ese potencial sácalo cuando luches. Él lo hizo lo
mejor que pudo y lo sabes- Razonó el Guerrero- Anda, pide disculpas,
no es momento de estar tensos entre nosotros.
Waver entendió que se había pasado y se disculpó
ligeramente. El Capitán decidió no tenerlo en cuenta, pues se
sentía culpable por no haber sido capaz de traer a su camarada de
vuelta. De pronto le vino a la mente un maldito recuerdo de hacía
cuatro años, cuando sólo llevaba un año ejerciendo de super-héroe
por las calles de Bilbao. En una batalla bastante complicada, cometió
un error que se llevó por delante la vida de un viejo amigo. Nunca
había podido perdonárselo del todo. Había logrado dejarlo atrás,
guardarlo en lo más profundo de su ser, pero la muerte del I-Men le
hacía revivir viejas heridas. Se paró en seco sin decir palabra y
decidió centrarse en que no volviese a pasar. Ahora no era tiempo
para lamentarse sobre el pasado sino para arrimar el hombro con los
demás y sobrevivir al incierto presente.
Por otra parte, la rubia estaba triste. Su hermana había
visto morir a su amado y, encima, mientras ambos luchaban a muerte.
¿Cómo se sentiría ella si hubiese muerto Eliart? Sabía que debía
comportarse como una hermana mayor, segura de sí misma, protectora y
capaz de los mejores consejos, tal y como haría su hermana Claudia.
Sin embargo, no tenía ni idea de por donde empezar para abordar el
tema. Al entender lo que pasaba, Eliart se acercó a su lado
-Hey, tranquila Gaia. Mañana hablaremos con ella y
trataremos de animarla ¿vale? Es normal que esté así- La rubia
posó su cabeza en el cuello de su chico y descansó durante un rato,
mientras los demás cenaban. Eliart comía un par de mandarinas,
disfrutando cada gajo como si no hubiera comido en años. Y es que
con tantas emociones no habían podido parar ni un instante.
Mientras, el tiempo pasaba y cada vez más estrellas iluminaban el
cielo de aquella ciudad de locos, la televisión se encendió de
golpe y una voz fría comenzó a hablar.
-Qué tierno,
estáis todos los I-Men juntos como buenos hermanos-
Al poco se pudo ver la imagen
del Gobernador. El tono de su voz era serio, calmado, frívolo y, sin
duda, inconfundible. Gaia despertó al escucharle.
-¿Qué quieres de nosotros? Contesta- Le interrogó el
Guerrero como si el televisor pudiera oírlo.
-¿Preguntas
qué quiero? ¡Cómo te atreves!-
Contestó desde el aparato para sorpresa de todos- Habéis
roto la paz de esta aldea, habéis interferido en mis planes. Os
felicito por haber llegado tan lejos, pero aquí termina vuestra
hazaña. ¡Acabaré con todos vosotros sin excepción! No saldréis
más de esta isla. Sin embargo, a pesar de vuestro comportamiento,
soy un caballero. Os dejaré esta noche de tregua, pues yo también
debo prepararme. Mañana al alba, toda la ciudad estará en guerra
con vosotros- Finalizó
el enmascarado.
La tele se apagó dando un chispazo y todos los I-Men se
sentaron formando un círculo. Desde luego no era momento de dormir,
sino de discutir todas las posibilidades.
-Pero ¿Debemos seguirle el juego a este tipo?- Comentó
Shadow- Tal vez deberíamos irnos de esta isla...
-¡Qué gran idea!- Se burló el Guerrero- ¿Y cómo
diantres piensas irte? ¿Crees que nos van a dejar marchar así por
las buenas? Ni hablar tío, tenemos que darles un escarmiento-
Erzzhia sonrió. Su hermano no era normalmente tan valiente, así que
estaba claro que la muerte de Holy impulsaba sus palabras.
-Cálmate tío- Le aconsejó Eliart- Para empezar
Dimitri está siendo controlado por ese Gobernador o, al menos, es lo
que dice tu hermana y no se ha equivocado hasta el momento. Así que
tampoco puedes echarle toda la culpa a él, no sabemos cómo sería
fuera de su influjo.
-Grr...- Protestó. Sabía que su amigo tenía razón.
-Chicos, tenemos que pensar todos. Pensar siendo fríos.
Sé que no es fácil después de la muerte de tres amigos en lo que
llevamos de juego. A mí personalmente me cuesta, pero no tenemos
otra opción- Intervino el líder.
El Gobernador había ordenado que todos los habitantes
de la ciudad fuesen a Palacio aquella noche. La primera en llegar fue
Silver en compañía de Candy Soul y Amazón. Parecían ansiosas por
saber qué tenía que decirles el Gobernador y, aunque algo cansadas,
estaban dispuestas a presentar batalla. Light Knight llegó al poco
con aire pensativo, seguido de la alocada Womenice. Al fondo llegaba
Dimitri asqueado. Intentaba hablar con Rawolf pero éste se mantenía
en silencio sin decir palabra. Cuando estuvieron todos reunidos,
llegó el Gobernador acompañado de su subordinada Tejedora y comenzó
a hablar con sus súbditos como si se tratara de un discurso:
-Habitantes de la
ciudad- Comenzó- Siento mucho los daños que habéis sufrido en el
último día por culpa de unos miserables- Dijo tratando de parecer
cercano- Esos recién llegados que se hacen llamar los I-Men han
quebrantado nuestros ideales de paz y armonía por los que siempre se
ha distinguido nuestra aldea desde el comienzo del juego- Mientras
pronunciaba el discurso, Dimitri estaba recostado y medio roncando y
el jefe comenzó a molestarse- ¡Dimitri! No es momento de dormir,
estamos ante un tema serio así que muestra un poco de respeto- Le
regañó con la mirada.
-Vale vale, pues ve al grano. Este discurso es un
aburrimiento y no sé los demás, pero yo tengo muchas cosas que
hacer.
El Gobernador hizo caso omiso de la respuesta del
vampiro, era uno de los pocos que no estaba totalmente controlado, a
veces tenía cierta iniciativa. Continuó:
-Como iba diciendo, han destruido la paz en nuestra
aldea y la vida en armonía que tanto buscábamos como modo de
escapar de este absurdo juego. Pues, ¿acaso no merecemos vivir al
margen de las peleas si es lo que queremos? Ellos no lo entienden.
Han venido a imponerse por la fuerza y no podemos dejar que eso
suceda. Les acogimos con los brazos abiertos y así es como nos
pagan. ¡Debemos castigar esa traición y acabar con ellos!- Candy
Soul y Silver le vitoreaban- No podemos dejarlo pasar, ya que
causaría precedente. Además han engañado a Erzzhia y a Garra
Nocturna, habitantes de nuestra aldea, para que les apoyen. Incluso
han acabado con la vida del alcalde. Por todo ésto, ¡ordeno que
mañana cuando el sol nazca, les demos su merecido hasta que no quede
ninguno con vida!- Terminó su tergiversado discurso.
Sabía que no era necesario dar explicaciones ya que
tenía control sobre todos los habitantes de la ciudad. Podían
desobedecer sus órdenes en casos excepcionales, pero él podía
decidir sobre sus vidas, como hizo con Llama. Sin embargo, pensó
explicarles el motivo de la batalla para que lucharan con más ímpetu
y sabiendo lo que estaba en juego.
-Bien- Continuó tras beber un poco de agua- Ahora
procedamos a organizarnos para mañana, lo mejor será acabar cuanto
antes para que podáis descansar. El enemigo no es precisamente débil
y no podemos permitir que mueran más de los nuestros. Lo más seguro
es que ellos estén furiosos tras la muerte de sus amigos y, después
del mensaje que les he enviado, vendrán mañana a verme- Ironizó-
Con lo que os posicionaréis en distintas zonas del Palacio y les
obligaremos a dividirse. Veamos, necesito dos personas que defiendan
el jardín, otro que defienda la Sala de Piedra Roja...- Mientras
hacía el recuento para su estrategia, Dimitri estaba haciendo
muecas, en señal de burla. El Gobernador le consideraba pesado y
estresante, pero sabía que era fuerte y lo necesitaba para el
combate, así que decidió hacerle caso, antes de que los demás, que
le reían las gracias, comenzaran también a hacer muecas- ¿Tiene
algo que objetar?- Preguntó al vampiro con tono de no permitir
ninguna discrepancia.
-Sí- Contestó sin paliativos- ¿Por qué tenemos que
esperar a mañana? ¡Qué aburrimiento! Ataquemos de una vez, los
matamos a todos y listo. Y Rawolf se los come después.
El Gobernador le contestó para dejar claro quien
mandaba.
-¿Qué pasa, que no te diviertes? Pues lo siento mucho,
pero así son las cosas. Esos chicos son peligrosos, no es prudente
atacar sin pensar.
-Buah, a mí no me convences, pero como digas- Finalizó
el vampiro. El Gobernador decidió hacer caso omiso de las
sugerencias de su súbdito y continuó planeando.
-Light Knight, tu te encargarás del vestíbulo
principal.
-Eh... sí, claro- Contestó el hombre poniéndose
firme. El Gobernador terminó de detallar el plan y les mandó
retirarse y descansar en diversas habitaciones de Palacio, pues no
convenía que estuvieran fuera aquella noche. Media hora más tarde,
cuando algunos empezaban a conciliar el sueño, Dimitri se presentó
en la habitación de Rawolf y le dio una colleja con el fin de
despertarle.
-¡Au! ¿Qué quieres?- Preguntó, sumiso.
-Calla, baja la voz y escucha- Le replicó- ¿Qué tal
si haces una visita a los I-Men ahora?
-¿Para decirles qué?- Preguntó inocente entre
bostezos.
-¿Tú eres tonto o qué? No tienes que decir nada, sólo
atácales. Les pillarás por sorpresa.
-Ya, pero el Gobernador ha dicho...- Dimitri lo
interrumpió.
-Ya sé lo que ha dicho el Gobernador, pero hasta él
puede equivocarse, es humano. ¿No crees? Además, si lo haces bien,
seguro que te lo agradece. ¡Tú eres fuerte, ve y dales un
recibimiento de mi parte a esos intrusos!
-No sé si es buena idea...
-Hombre ¿No te apetece comer carne humana? Piensa en lo
que voy a decirte, mañana probablemente se dividirán para pelear
con nosotros y sólo podrías comerte a uno como mucho, el resto
morirán y desaparecerán del juego. Ahora los tienes a todos juntos,
¿no te apetece un bonito festín?
Rawolf recordó el olor de Gaia, se relamió y
automáticamente pensó que todos debían estar muy ricos. Su apetito
salvaje había despertado.
-Está bien. Me has convencido, voy ahora mismo.- Y
marchó a gran velocidad hacia la casa de la Segunda Calle.
Mientras avanzaba por la aldea, Dimitri soltó una
carcajada.
-Qué bien me lo voy a pasar- Se dijo el vampiro a sí
mismo mientras tomaba un vaso con café traído de la Tierra para
sus noches de desvelo y se ajustaba el sombrero.
Los I-Men continuaban hablando sobre qué debían hacer.
-Tal vez lo mejor sería irse...- Continuó la
conversación Kya.
-Dame una buena razón- Insistió Eliart un poco frío,
ya que él más o menos tenía claro que había que luchar. A fin de
cuentas habían muertos dos compañeros y tampoco veía posible huir.
No obstante, debían buscar una postura unánime.
-¡No sufrir más! ¿Qué te parece?- Contestó la gata.
-Pues me parecería una razón de peso si no fuésemos a
sufrir por otros jugadores al salir de aquí- Expuso.
-Hombre, teniendo en cuenta todo lo que habéis pasado
en esta isla yo entendería tanto que os quisierais ir como que
tuvierais ganas de luchar. Eso sí, si optáis por iros. ¿Cómo lo
haríais? Dudo que os lo permitan- Explicó la hermana de Celestina.
Al escuchar a su hermana el Guerrero Celeste saltó.
-¡No hermana, no amigos! No podemos irnos como si nada-
Gritó y antes de que le dijeran algo, dio con la clave- Pararos a
pensar, ¿cuánto valen las vidas de Llama y Holy? Cuando murió
Argem, nos lanzamos como locos contra los Arcángeles, sin dudarlo
ni un momento. Ese Árkanon resultó ser un buen tipo, pero sé que
en esta ocasión no es así. Por eso creo que debemos aceptar el
desafío del Gobernador y darles una buena lección- Propuso más
calmado- ¿No estás de acuerdo, Eliart?
-Sí, yo estoy de acuerdo, tío- Confirmó el líder-
Desde el principio me opuse a venir a esta isla, ya que sonaba
demasiado bonito. Pero ahora creo que no tenemos otra opción que
combatir. Han muerto dos compañeros por culpa de ese “Gobernador”
y, además, si huyéramos ¿Qué pasaría con Revelación? ¿Se
recuperaría por sí solo? Me parece que sólo hay un modo de
averiguarlo.
-Yo estoy de acuerdo con vosotros- Confirmó Gaia- Sé
que fui de la que más insistió en venir hasta aquí ya que me
sedujo la idea de vivir en paz, pero ahora me siento responsable y
quiero pelear. Eso sí, os pido que ninguno insista a mi hermanita a
que haga lo mismo. Debe recuperarse del todo.
-No pienso quedarme al margen, yo también lucharé-
Contestó la intrépida Demongirl, mientras bajaba- En su lecho de
muerte David recuperó la conciencia y me pidió que le vengara. Y lo
cierto es que se podía haber callado, ya que pensaba hacerlo de
todas las maneras. Prefiero sufrir peleando que sufrir por ver a mis
amigos pelear mientras yo me cruzo de brazos. Dijo con una sonrisa
entrecortada. Eliart se animó al verla tan segura de sí misma.
-Yo te ayudaré. Pelearemos las dos por mi hermano- Se
animó Waver.
-Bueno, está bien. Tenéis razón- Cedió la
chica-gato- Acabemos cuanto antes.
-Lo mejor sería que pensásemos cómo organizarnos
mañana- Dijo agudo el moreno.
-Eso es cierto, Shadow. Lo pensamos y después dormimos
un rato- Zanjó el líder al tiempo que se acercaba al Capitán Vasco
que había estado todo el tiempo en silencio.
-¿Tú como lo ves, Capitán? Es raro que estés tan
callado ¿Te pasa algo?- Preguntó Eliart. El Capitán tardó un rato
en responder.
-¡Lo siento pero no hay tiempo para discusiones
tontas!- Repuso enfadado- Alguien viene hacia aquí y tiene una
energía muy fuerte.
-¿Cómo? ¿No quedamos en que esta noche era de
tregua?- Preguntó Celestina.
-Se ve que nos han tomado el pelo- Explicó el Capitán-
Y haré que se arrepientan.
-Lo raro es que sólo sea una energía... Es extraño.
Me acercaré antes de que venga. Organizaros para descansar y vigilar
la casa- Propuso Eliart lleno de coraje.
-Te acompaño, acabemos con ése en un periquete- Se
apuntó el super héroe rojiblanco.
La mayoría estaban
dispuestos a ir, pero no era prudente luchar al día siguiente sin
haber descansado, así que organizaron los turnos. Gaia sería la
primera en vigilar, seguida del Guerrero Celeste. Mientras, Eliart y
el Capitán Vasco corrían por las solitarias calles de la isla.
Parecían engullidas por el manto de la noche y la única luz
procedía de dos tenues farolas.
-Espero que puedas notar su presencia en el momento
justo- Comentó el manchego-, porque hay poca luz para verle.
El Capitán Vasco agudizó su percepción y pudo notar
la fuerte presencia. Estaba cerca, muy cerca, pero no podía verle.
Finalmente, se detuvo.
-¡Está aquí! Mantente alerta, amigo- Advirtió el
vasco desde la oscuridad.
Eliart decidió que tenían que salir de dudas. Lo mejor
que podía hacer era intentar ver a su enemigo, aunque sólo fuera
durante unos instantes. Así podría tratar de ingeniárselas. “Tal
vez activando alguno de los signos podré ver un poco, las auras me
proporcionarán algo de luz”, pensaba. Sin más, se puso manos a la
obra.
-¡Aries!- Bramó con fuerza. Pero antes de que el aura
anaranjada le rodeara, recibió un potente puño directo por la
espalda, que le hizo caer al suelo. El Capitán Vasco escuchó el
golpe, percibió cerca al enemigo y se volvió contra él sin ningún
miramiento.
-¡Furia Vasca!- Gritó el Capitán al tiempo que
lanzaba su poderoso gancho. Gracias al aura rojiblanca pudo ver como
su enemigo recibía el golpe directo, pero lo aguantó. Se trataba de
Rawolf, el chico de pelo negro que vestía de gótico y siempre
acompañaba a Dimitri. Eliart se puso en pie e, imbuido por aries,
también pudo verle.
-Rawolf ¿eh? Dudo que este chico pueda ver en la
oscuridad. Debió alcanzarnos por casualidad- Supuso Eliart en voz
alta.
-No, no fue casualidad. Tengo el olfato tan desarrollado
como un lobo y cuando tengo hambre, como ahora, no paro hasta haber
encontrado a mi presa- Explicó el chico mientras sacaba la lengua,
ansioso.
-Interesante. ¿Y qué diantres haces aquí? ¿Pensabas
comernos mientras dormíamos?- Preguntó el Capitán tratando de
entender por qué el Gobernador habría pensado en una estrategia tan
disparatada como atacar su mansión a media noche. “¿Querrá
separarnos desde ahora mismo?”, pensó. Rawolf guardó silencio
ahora. A fin de cuentas, estaba actuando por su propia cuenta y no
podía decir que era una estrategia del Gobernador, ya que éste
tomaría medidas contra él a la vuelta.
“Me los comeré, tal y como me propuso Dimitri”,
pensaba mientras se disponía a atacar. Eliart también estaba
extrañado por el ataque, pero no parecía que el hombre-lobo fuera a
darles mucha información.
-¿No contestas? ¡Tú te lo has buscado!- Exclamó el
Capitán mientras se dirigía hacia él. Los puños de ambos chocaron
y parecían tener una fuerza similar. Sin embargo, la velocidad del
chico-lobo se impuso y una veloz patada alcanzó al capitán. Éste
resistió a duras penas.
-¡Géminis!- Invocó Eliart en ayuda de su amigo.
Rápidamente, los dos Eliarts rodearon al gótico por ambos flancos y
el Capitán estaba de frente. “Parece que la situación está
controlada”, pensó el líder de los I-Men. “Mientras no vengan
más... No obstante es muy raro. Por muy fuerte que sea Rawolf somos
demasiados para mandarle atacar la casa. ¿Es que quieren que
muera?”, se extrañaba.
Rawolf se abalanzó sobre un Eliart con ansia, pensando
más con la tripa que con la cabeza. Estuvo a punto de alcanzar al
de la izquierda, que saltó justo a tiempo, mientras que el de la
derecha le atacó con rapidez. Sin embargo, mantener a los dos
Eliarts le suponía un cuantioso gasto de energía y, si querían
sobrevivir, tenían que ser consecuentes con lo que les esperaba al
día siguiente. Por ello, a toda prisa, desactivó géminis y
recurrió al infatigable poder de Leo.
-¡Rugido de Leo!- Exclamó al tiempo que el aura roja
rodeaba su puño, haciéndolo arder. Rawolf retrocedió y el Vasco
entró en escena placándole. El chico rodó por el suelo mientras
murmuraba por lo bajo.
-¡Estúpida comida!- Se levantó gruñendo y saltó con
brutalidad contra el Capitán, generando una oleada de veloces puños
y patadas. Éste se cubrió con su escudo y logró escabullirse para
arrearle una patada que le alcanzó la boca del estómago.
-Y eso que lo mío son los puñetazos- Dijo con orgullo
al ver el efecto del golpe.
Rawolf corrió hacia ellos, cada vez más enfadado.
Fruto de su ira, el pelaje gris fue cubriendo su piel, las garras
sustituyeron a sus manos, creció hasta alcanzar el metro noventa y
obtuvo mucha más velocidad. Estaba en plena transformación.
-¡Auu lo lamentaréis!- Se alzó, dejando que el lobo
que llevaba dentro fuera saliendo. “Hoy hay Luna Llena, lo mejor
será que me controle, que luego no consigo volver a mi forma
humana”, pensaba a la par que se dejaba llevar por su instinto
salvaje, que reclamaba la carne de los I-Men, en especial la de Gaia.
Las garras del lobo sacudían a Eliart, que trataba de sortearlas
moviendo la cabeza de un lado a otro. Poco a poco iban dejando atrás
al Capitán, que no era tan rápido.
“Eso ha estado cerca...”, pensaba cada vez que
evitaba un corte. “Lo bueno es que se deja llevar por su propia
ansia, así que si actúo fríamente tal vez consiga quitármelo de
encima”. Eliart comenzó a apoyar las manos en el suelo con
intención de que su rival atizara duramente al mismo. Y así fue.
Rawolf falló en su intento de dar con el I-Men y éste aprovechó el
momento para saltar y ganar ventaja.
-¡Ahora, Leo!- El signo más veloz le permitió superar
con creces la velocidad del adversario. Sin embargo, las garras del
lobo podían frenar con facilidad el golpe, por lo que trató de
engañarlo y, cuando estaba cerca desactivó el poder del león y
utilizó la energía propulsora de aries para embestirle con fuerza.
Las garras no pudieron protegerle del impulso y le impactó de lleno.
Aunque le había costado mucho alcanzarles, el Capitán había
llegado. Se acercó con firmeza al dolorido subalterno de aquel
lunático gobernador y con su Furia Vasca puso fin a su primera barra
de vida. Su rival cayó desplomado en plena calle.
El gótico estaba consternado por la situación: Nunca
antes, ni siquiera Dimitri, le había hecho sentir tan humillado.
Normalmente no le daba importancia a ese tipo de cosas, mas nunca
tenía tampoco dificultades para comerse a quien gustase. En esta
ocasión se sentía en clara desventaja.
-¡Auuuu!- Aulló expresando su otra naturaleza y
mirando fijamente a la Luna Llena. De pronto, su nariz se desdibujó
dando paso a un hocico negro, sus dientes se afilaron aún más y su
fino pelo gris se convertía en una mata de pelo negro, que se
extendía por todo su cuerpo. Su vello negro era tan intenso que se
fundía con la noche. Los I-Men dejaron de verle.
-¿Qué diablos pasa ahora?- Se quejó el vasco, que
tenía ganas de darle el golpe de gracia- Siento que su fuerza está
aumentando descomunalmente. ¡Maldita sea, no veo nada!
-Tranquilo, camarada. Sé que no has estado luchando al
cien por cien, al igual que yo, por precaución. Ahora mostrará todo
su poder, ¿llegaste a ver cómo miraba a la Luna Llena justo antes
de que su pelo cambiara de color? Los relatos de fantasía dicen que,
cuando están expuestos a la Luna Llena, los Hombres-Lobo muestran
todo su potencial...
-Umm, si lo que dices es cierto debemos acercarnos y
tratar de detener el proceso, aunque sea a ciegas. Sé que no te
gusta la idea, a mí también me gustaría conocer el alcance de su
poder y demostrar que puedo vencerle- Propuso el super héroe.
-En efecto, tienes razón- Deprisa, el Capitán percibió
su presencia y se acercaron a él. Era demasiado tarde. Frente a
ellos se hallaba un Lobo Negro de dos metros y medio, bastante
corpulento. Sus ojos rojos era lo único que podían ver.
El Gobernador se despertó sobresaltado. Había notado
unas perturbaciones psíquicas que eran señal de que algo no iba
según lo previsto. Se levantó de la cama y salió de su dormitorio.
Éste era una habitación lujosa, con varios cuadros realistas y
artesanía variada. Se acercó a la Sala Superior, allí estaba
Tejedora, que llevaba muchas horas confeccionando un traje para su
señor.
-Ya me falta poco, mire- Le mostró con actitud servil.
El Gobernador vio que estaba en lo cierto.
-Bien, acaba y descansa. Por hoy ya es suficiente
Tejedora- Reaccionó. La chica abandonó la sala a los pocos minutos,
mientras él observaba lo que pasaba en la ciudad a través del Orbe-
¡Oh no! Rawolf comenzó a atacar desde esta noche. ¡Voy a...!-
Antes de continuar clamando contra el medio lobo, se percató de la
sumisión de su carácter. “Él no tiene la culpa. Sólo puede
haberle enviado una persona”, concluyó para sí.
Se acercó a una de las habitaciones de Palacio que se
encontraban una planta por debajo. Se trataba de una puerta de
mármol, decorada con columnas que parecían corintias y acabadas con
forma de alas en su punta. Un estilo demasiado ostentoso y cursi para
el vampiro.
-¡Dimitri, haz el favor de abrir la puerta!- Ordenó
mientras llamaba despacio. Dimitri abrió al instante, portando
consigo una taza de café con hielo. A él no le gustaba en absoluto
dormir, y cuando lo hacía, el Sol lucía con todo su esplendor-
Tienes ojeras- Observó el Gobernador al ver su cara.
-¿Y qué? ¿Por qué me buscaba?- Dijo sin pestañear.
-¿Encima tienes la poca vergüenza de preguntarme?
¡Cómo se te ocurre enviar a Rawolf a la casa de los I-Men! Es una
muerte segura.
-Ah, es eso. Me aburría , simplemente- Confirmó sin
darle ni la más mínima importancia.
-¿Cómo?- El Gobernador, indignado, agarró a Dimitri
de su gabardina y lo levantó- ¡No tienes ninguna disculpa! ¿Si
muere que hacemos? ¡Has fastidiado parte de mi plan!- Reiteró.
-Tranquilo, señor- Dijo a la vez que se soltaba- Sólo
quería divertirme, es cierto. Pero no he estropeado nada. Él fue a
por los I-Men y algunos de ellos le estarán combatiendo, ¿no es
cierto? Así en unas horas estarán cansados- Razonó el vampiro.
-Idiota, ¡no son tan débiles como crees! Además, soy
un hombre de palabra y les prometí una noche de tregua. Has
vulnerado mi autoridad y ahora podría matarte, si quisiera- Le
advirtió sin dilación.
-Sí, podrías. Pero es un hecho que me necesitas para
la batalla. No querrás perder hombres a lo tonto ¿verdad?
El Gobernador gruño. Si no fuese por los I-Men, el
destino de Dimitri ya estaría decidido.
-Está bien. A lo hecho, pecho. Me pondré en contacto
con Rawolf y le ordenaré retirarse- Finalizó con rabia. Sin
embargo, al salir de la habitación del vampiro lo pensó con la
cabeza fría. “Aunque Dimitri no sabía para nada lo que iba a
pasar, lo cierto es que ese Hombre-Lobo está resultando ser un hueso
duro de roer para los I-Men. Mejor lo dejaré estar. Si muere, no
será una gran pérdida”. Mientras estos pensamientos rondaban por
la mente del Gobernador, el Guerrero Celeste se levantó de la cama.
Estaba intranquilo porque sus amigos todavía no habían vuelto y él
se había quedado con ganas de luchar. Su hermana, que estaba de
guardia, le invitó a sentarse.
-¿Sabes algo de ellos?- Preguntó con tono de réplica.
-Voy a comprobarlo- Erzzhia trató de establecer
comunicación con Eliart. Lo había pensado antes, pero tampoco
quería distraerlos y, si fuese más de uno el enemigo, lo más
seguro es que se hubieran dispersado para atacar.
Eliart y el Capitán Vasco estaban frente al gigantesco
Lobo Negro, cuyos ojos rojos eran lo más brillante de la angustiosa
noche.
-¡Auuu! Vosotros lo habéis querido. Con estos ojos
puedo ver algo a pesar de la oscuridad. Me habéis echo enfadar y en
pocos minutos habré perdido el control. ¡Os comeré a los dos!-
Refunfuñó. Sus rastros humanos habían desaparecido por completo.
Guiados por su voz, Eliart y el Capitán Vasco
comenzaron a golpear al Lobo. Eliart llamó al poder de Tauro y le
atizó varios puñetazos y patadas fuertes. Pero a pesar de su tamaño
y corpulencia, el Lobo era bastante ágil, logró tomar distancia y
se abalanzó sobre el vasco. Le dio un zarpazo que dejó dolorido
al héroe y acto seguido, le mordió el pecho.
-¡Aaagh!- Chilló el Capitán. No podía aguantar el
dolor. Tenía la huella de esos dientes clavados en su cuerpo. De
pronto pensó en si merecía la pena tanto sufrimiento. Él quería
luchar en pos de la verdad y la justicia, no porque alguien lo
obligara a matar por sobrevivir. Sumido en sus dudas, se desplomó en
el suelo. Había perdido su primera vida.
-¡No, Capitán!- Chilló el líder y lleno de furia se
impulsó con el aura anaranjada. Fue entonces cuando le llegó la
comunicación de la hermana del Guerrero.
-¡Eliart! Son ya las cinco de la mañana, falta poco
para el alba. ¿Estáis bien?- El manchego sonrió, se
sentía dichoso por tener amigos de verdad que aparecían en el
momento oportuno.
-Pues la verdad es que no nos vendría mal un poco de
ayuda- Comentó sinceramente. Le contó la situación lo
más rápido que pudo, alejado de la zona de combate. Tras dos
minutos, se plantó frente al Lobo Negro con su Rugido de Leo y
evitó que el Capitán sufriera más daño.
Mientras, en la casa de la Segunda Calle, Erzzhia
planeaba una estrategia.
-No despertemos a nadie más, pues no servirá de nada
que intervengan muchos. Irás a ayudarles con algo que alumbre. Estoy
segura de que si pueden ver al enemigo ganarán, por fuerte que sea.
-Sí, yo también lo espero, hermana. No me esperes
despierto ¿eh?- Dijo Celestina mostrándose tierno. Le dio un beso
en la frente y marchó- Veamos, He cogido un par de velas de mi
hermana y dos mecheros (El de Waver y el de Shadow). Lo suficiente
para hacer maravillas, espero- A la velocidad del viento, el Guerrero
se acercó hacia la zona del combate dejándose guiar por su hermana.
Al poco encontró los dos únicos faroles iluminados. En su interior
había dos pequeñas bombillas- Oh, aunque no iluminen mucho me viene
perfecto- Dijo en voz baja. Acto seguido, cerró los ojos para
concentrarse hasta “ver el viento”, concentró una pequeña
corriente y controlando en todo momento su intensidad, rompió el
cilindro de cristal que contenía las bombillas y el vidrio cayó
esparciéndose en mil pedazos. Satisfecho, el Guerrero recogió las
bombillas y continuó hacia donde estaban nuestros héroes.
Eliart se estaba acostumbrando poco a poco a guiarse por
los movimientos y ruidos de su adversario que, por otra parte, era un
lobo bastante escandaloso.
-¡Groaaar!- Rugía la bestia mientras sus garras
golpeaban a todas direcciones.
-No haces más que atacar a lo loco, ¡así no tiene
emoción!- Ironizaba Eliart mientras se desenvolvía sorteando con
sutileza las afiladas garras del Lobo. Aunque al principio luchar sin
luz era una tortura, poco a poco se iba acostumbrando a moverse en
medio de la oscuridad.
“Tal vez esta pelea sea un paso necesario para
sobrevivir a lo que se nos viene encima”, pensaba. El Capitán
Vasco hizo ademán de moverse, pues estaba sentado al pie de un
árbol, descansado de sus heridas.
-No te muevas tío- Le aconsejó el líder de los I-Men-
Sabes que Celestina viene hacia aquí a ayudarnos. Reposa tus heridas
y descansa porque mañana será un día duro.
-¿Esperas que me quede aquí sentado? Ni hablar, voy a
levantarme.
-Capitán... Deja que yo me encargue. Puedo hacerlo,
confía en mí- Repuso Eliart lleno de seguridad en sí mismo. A
pesar de que parecía una bestia sin ningún tipo de conciencia, la
conversación no pasó desapercibida para Rawolf que, guiado por su
olfato, se lanzó hacia la zona donde se encontraba el Capitán
Vasco.
-Auuuuu... ¡hambriento!- Fueron los únicos sonidos
humanos que Eliart distinguió por parte del lobo.
-Debo alcanzarle- Se dijo, firme. No había más remedio
que combinar varios signos si quería alcanzarle, por muy cansado que
fuera- Rápido, ¡Géminis, pongamos fin a ésto!- El aura azul
eléctrico envolvió al joven I-Men. Una de las copias se impregnó
del aura de Leo y la otra, del de Tauro- Ju, ju, ésto será difícil,
pero tengo que hacerlo- Ambos Eliarts se fundieron en uno sólo,
lleno de fuerza y velocidad. El I-Men marchó velozmente hasta estar
delante de Rawolf. El lobo, desconcertado, recibió dos ganchos con
la fuerza de tauro y leo. La mole cayó la suelo de forma inminente,
perdiendo su segunda vida.
-Bien, parece que podremos ganar aún sin ver
absolutamente nada- Comentó el Capitán.
Rawolf se levantó furioso y comenzó a moverse hacia
todas direcciones. De nada le servía ver un poco en la oscuridad.
Había perdido el control hasta tal punto que sólo quería destruir
sin importar el qué. Cansado, Eliart no pudo esquivar más de cinco
zarpazos y recibió un ligero corte, no tan duro como el del Capitán.
Éste se levantó del árbol y, sigiloso, se colocó delante del Lobo
y su aura rojiblanca reapareció.
-¡Furia Vasca!- Gritó lanzando un gancho que alcanzó
las costillas del Lobo Negro.
-¡Aggh! Con mi paciencia Capitán, terminar...- Con
mucho esfuerzo, Rawolf agarró al Capitán y volvió a hincarle el
diente en la misma zona,quitándole así otra vida y dejándole con
una. Cuando caían las primeras gotas de sangre un puño ardiente
alcanzó la cara del lobo, que soltó al vasco.
-¡Capitán! No te expongas más a este salvaje-
Insistió Eliart- Descansa y confía en mí, lograremos vencerle-
Repuso. Sin embargo, su seguridad se estaba desvaneciendo lentamente,
estaba cada vez más cansado por combinar tantos signos en tan poco
tiempo. Fue justo en aquel instante cuando nuestros héroes notaron
una fuerte corriente de viento. Ambos sonrieron.
-Hermano, nuestros compañeros están a seis metros
de distancia el uno del otro, con lo que el enemigo...- Celestina
escuchó un fuerte gruñido.
-¡Lo tengo! Gracias hermanita- El Guerrero, desde la
distancia, generó una esfera de aire comprimido, de pequeña
potencia pero con una notoria sorpresa: Las bombillas estaban en el
interior de la bola, de tal manera que al lanzarla con fuerza el
impacto causó varios cortes al Lobo y una pequeña quemadura.
-Celestina, al fin llegaste- Saludó Eliart.
-Sí, más vale tarde que nunca- Añadió el vasco,
poniéndose en pie.
-En unos segundos podremos vernos las caras y luchar sin
miramientos. Sólo esperad- Dijo mientras se alejaba rápidamente.
Calculó un espacio suficiente. Sacó las dos velas de los bolsillos
y las prendió con los mecheros. A continuación volcó las ardientes
velas en el suelo, que era de hierba, y utilizó una corriente de
viento para extenderlo. Realizó el mismo proceso tres veces, hasta
quedarse sin aliento. Poco a poco, la oscuridad se disipaba y varios
círculos de fuego rodeaban la zona. Rawolf emitió un fuerte
alarido, pues parte de las llamas habían alcanzado sus velludas
piernas.
-Vale, reconozco que es un poco basto y que mi hermana
lo habría planeado mejor. Pero al menos podemos verle y luchar si
tenemos algo de cuidado.
-No está nada mal- Felicitó el vasco- Yo hubiese
actuado parecido.
-¿Ves? Ahora es cuando pienso en mis fallos- Contestó
el Guerrero, picándole.
-Centrémonos, chicos. Ahora podemos verle y somos tres
contra uno. Tened en cuenta que es rápido- Recordó Eliart. Rawolf
fue a por el recién llegado y éste produjo un pequeño torbellino,
que al contactar con las llamas que rodeaban el suelo, las avivó,
extendiéndose por el cuerpo del Lobo.
-Este tío no nos necesita- Comentó el Capitán a
Eliart.
Sin embargo, Celestina se resintió enseguida por el
esfuerzo de todo el día y, poco a poco, el viento fue desapareciendo
y a las llamas les quedaban poco tiempo.
-Mi piel no es débil para morir quemaduras- Dijo de
pronto Rawolf. Todos quedaron estupefactos, para ser un Lobo, había
conseguido hablar más o menos bien. Haciendo uso de su magistral
velocidad, el Lobo negro atizó al Guerrero con un fuerte zarpazo y
Eliart aprovechó para dar lo mejor de sí mismo. El aura roja le
recorrió todo el cuerpo. Iba a golpearla con todo su potencial.
-Espero que esto valga- Sentenció mientras veía las
llamas apagarse- No tenemos mucho tiempo y nos espera un día muy
largo. Adiós, Rawolf, ha sido un placer. ¡Rugido de Leo!- Los
colmillos y el rostro del León aparecieron rodeando su ardiente
puño, mientras le asestaba un golpe mortal al Lobo Negro en una de
sus heridas. La voz del juego no tardó en anunciar su muerte.
Jugador: Rawolf. Poder: Convertirse en Lobo con más o
menos intensidad según las fases lunares. Estado: Eliminado.
Los tres compañeros se marcharon a casa, algo cansados
y malheridos aunque con la energía necesaria para combatir al
Gobernador. Estaban dispuestos a seguir luchando. Aquella isla se
había llevado la vida de dos amigos, pero no se llevaría ninguna
más. Con ése ímpetu, llegaron a la casa de la Segunda Calle.
Erzzhia les abrió, una vez habiendo comprobado que eran
efectivamente ellos y se exclamó al ver los colmillos de Rawolf
clavados cerca del pecho del Capitán. Toda la zona estaba morada,
tenía un hematoma fuerte.
-Sé que más a decir que me vaya al cuerno, mas no
puedo dejar que luches así mañana. Esta herida puede empeorar si no
descansas. Yo me quedaré contigo varias horas más cuando el resto
se vayan y cuando la herida haya bajado lo suficiente nos uniremos al
resto del equipo.
El Capitán frunció el ceño, pero aceptó la propuesta
de la joven, pues sabía que tenía razón. Por su parte, nada más
conocer el estado de las heridas del vasco, Eliart y el Guerrero
Celeste durmieron como lirones durante tres horas, estaban agotados.
En una de las salas de invitados del Palacio se
encontraba Gravitta. Acababa de tomar la decisión de marcharse de la
isla. Lo que hiciera el gobernador era cosa suya, él prefería
batirse con los I-Men con sus “Siete Destructores”.
-Espero que sobrevivas esta vez, Eliart. Porque seré yo
quien te humille y derrote ante los ojos de los que llamas “amigos”-
Reflexionaba Gravitta, apunto de salir de la habitación.
Aquel día amaneció tarde, alrededor de las ocho de la
mañana. Mientras desayunaban, el televisor se encendió como el día
anterior y el Gobernador anunció el comienzo de la batalla.
-Como dije ayer, al alba, este pueblo os declararía
la guerra. ¿Queréis salir vivos de esta isla y salvar a vuestro
amigo Revelación? ¡Derrotadme! Os espero con los míos en Palacio.
Los I-Men estaban preparados. Salvo Revelación, Garra
Nocturna y el Capitán Vasco, los demás se habían recuperado
medianamente de sus heridas y estaban en plena forma. Era el momento
de ir a Palacio y demostrarle al Gobernador quienes eran los I-Men.
Décimo día de Juego, finalizado. Jugadores restantes:
108. Amanece el Onceavo día.
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