lunes, 7 de mayo de 2012

Capítulo 1 - 'Y entonces, sucedió'


Era una tarde fría, de estas en las que solo te apetece salir de casa si es para tomar una taza de té o para ayudar a un amigo que sabes que lo merece. Sin embargo, esa tarde otoñal un montón de jóvenes, y no tan jóvenes, habían sido citados en el interior de lo que antiguamente fue un viejo faro. Ahora era un edifico amplio con diversas salas y perfectamente equipado. Estaba reservado para operaciones especiales.
El lugar se emplazaba en Finisterre, y era un largo viaje, pero a todos los invitados les pagaron los gastos. La mayoría de las personas que estuvieron allí esa noche se habrían pensado dos veces si ir o no, pero la historia que vino a continuación es una de esas que valen la pena contar.
Eran las 6 de la tarde, un poco pronto ya que la reunión daba comienzo a las 9, sin embargo el joven Incógnita de 19 años de edad había decidido llegar lo más pronto posible. Llevaba mucho tiempo haciéndose preguntas y sentía con frecuencia la necesidad de evadirse de la realidad que lo envolvía y de tratar de responder a sus preguntas. Era un chico de pelo castaño y desordenado, sus ojos eran marrones aunque la luz les arrancaba destellos verdosos y, en general, tenía poca pasión por la estética: tampoco iba mal vestido, pero no le importaban demasiado esas cosas .Las consideraba chorradas. De algún modo la carta que le llegó con la cita del faro le resultó esperanzadora. Albergaba en su interior la intuición de que no iba a ser un viaje en vano.
Nada más llegar al recinto donde se encontraba el faro un hombre de seguridad que vestía de negro y tenía escritas las siglas “GM” en el bolsillo del uniforme le pidió documentación. Incógnita no pudo evitar observar todos los detalles de aquel guardia: su rostro era pálido y huesudo y poseía una mirada fría e inmóvil, penetrante. Desde luego, daba de todo menos buena espina .Una vez hubo salido de su sorpresa, le entregó debidamente la documentación y sin más pudo pasar al recinto. Toda esta situación se le hacía extraña ¿Quién y para qué me había citado allí? ¿qué tendrían en común todas las personas que habían sido citadas? Había un sinfín de preguntas y el chico siempre había sido de esas personas que quieren saber lo que pasa. Era una mezcla entre curiosidad y afán de saber. Pero esta vez todo le parecía diferente. Se sentía envuelto en una sensación de incertidumbre, en un terreno donde nada era predecible, y eso le gustaba. Era algo más que una vaga sensación… no sabía si era sólo una paranoia, que tenía ganas de que algo en su vida cambiara o, si efectivamente, algo iba a cambiar.
A pesar de tener sólo 19 años le daba la impresión de haber vivido una eternidad. Era una de esas personas que vive al límite y se acuesta cuando está totalmente muerto de cansancio. Como había llegado bastante pronto decidió investigar el terreno que estaba rodeando al faro. Se agachó, se ató los cordones y se puso en marcha.
Caminó durante unos minutos por lo que parecía un frondoso parque con enormes árboles de especies diversas. todos ellos con una gran cantidad de hojas en su haber. El camino que pasaba por el parque estaba iluminado con unas luces redondas que se colocaban en el suelo como si fueran focos. Incógnita iba felizmente caminando y observaba el paisaje, pero no veía ni rastro de ninguna persona. Todo parecía transcurrir con normalidad, demasiada normalidad.
De pronto, a los veinte minutos de paseo y habiendo dado ya casi una vuelta completa al recinto, percibió un extraño sonido. Algo así como un susurro que lo dejó helado. Fue como un “¡¡suhhss nooo¡¡”. El problema del susurro es que lo escuchaba pero no era capaz de percibir de donde venía. No tenía preferencia por un sitio en concreto y eso le aturdía los sentidos. Miró a todos los lados. El resultado fue el mismo, así que finalmente hizo como si no pasara nada.
-Bah, sólo ha sido el viento-dijo, y continuó su marcha.
Pasados unos minutos ¡el susurro volvió a escucharse, pero esta vez de forma tan enérgica que parecía golpear sus oídos!, miró de nuevo a su alrededor pero no conseguía ni siquiera intuir de donde provenía.
Sus nervios iban en aumento pero pasaba de escapar. Este tipo de situaciones incómodas y extrañas en donde nada es seguro le parecían, de forma paradójica, molonas en el fondo. Así por un momento se olvidó de la sensación de desconcierto y miedo que le provocaba la situación y sonrió.
-¡Ja! Dios mío ¿me estaré volviendo loco de tanto desayunar vodka por las mañanas?-dijo sin perder una sonrisa que si la viera tacharía de estúpida y fuera de lugar.- ¿De dónde saldrá esa voz?- seguía preguntándose.
Súbitamente notó el viento moverse de un modo extraño y sintió que una sombra oscura le perseguía, se volvió y, efectivamente, había una especie de sombra a su lado. Nada más verla toda la zona se tiñó de negro. Se encontraba sumido en la oscuridad pero el susurro parecía haberse ido. Sin darle importancia a la situación continuó avanzando todo recto y comenzó a oler a tabaco cada vez más. Aunque el olor a tabaco no le resultaba agradable decidió seguirlo ya que era una pista de que ahí había alguien o al menos, algo. Giró un poco a la derecha, guiado por su nariz, hasta descubrir un montón de humo que le limitaba aún más, si cabe, su capacidad de visión.
-Cof, cof- Tosió el chico a la vez que se apartaba del humo. Tras apartarse vislumbró una persona detrás de la humareda. No le daba buena espina y, como además el tabaco le sentaba mal, decidió no preguntar y continuar recto por el oscurecido camino. Estaba algo asustado pero totalmente excitado por la situación pues, como imaginaba, había algo extraño y mágico (de algún modo) en la cita que le llegó a este faro. A pesar de haberse alejado del humo seguía oliéndolo y cada vez con más intensidad. Oyó pasos a su alrededor: la persona que había visto detrás del humo parecía perseguirle y además jadeaba, así que una de dos, o estaba corriendo alterado por aquella oscuridad, o bien se estaba ahogando de tanto tabaco. No obstante, Incógnita se dejó guiar por un sentimiento de escalofrío que le recorría el cuerpo y que estaba comenzando a dejarle heladas de pánico las piernas: no quería morir, no se veía muerto, y menos quería morir en manos del tabaco. Odiaba el tabaco y, aun así, el alcohol no le desagradaba… sin llegar a ser un borracho. Corrió todo lo que pudo perseguido por el humo y pareció chocarse con algo.
-¡Au!- Gritó.
El Chico quería preguntarle si estaba bien pero estaba envuelto en la idea de escapar. Al cabo de un rato logró despistar al humo y decidió torcer hacia la izquierda. Allí no se movía nada, era como si el tiempo se hubiera detenido en un instante y no quisiera avanzar. No pasaba el viento y todo estaba tranquilo. Cuando estaba apunto de recuperarse del shock del momento volvió a oír el susurro.
-Mierda jeje, en verdad me he vuelto loco- Dijo dándose ánimos a su modo.
Sin embargo, la situación de escalofrío volvió cuando en unos instantes, miró al frente y divisó unos ojos rojos extremadamente abiertos mirándole fijamente. Los ojos parecían sonreír de forma malévola y sin saber porque se sentía más abrumado por ellos que por el humo. Corrió dando marcha atrás, esta vez todo lo rápido que pudo, sin parar ni un momento. El corazón se le aceleraba a un ritmo exagerado y de forma continuada. Volvió a verse rodeado por el dichoso humo y de nuevo parecía que el susurro se había ido. Siguió corriendo cada vez más rápido y sintió como si una poderos energía saliera de su interior y sobre todo, como si una pequeña marca le estuviera saliendo en la frente. La cabeza le ardía.
En ese momento no tuvo miedo. Se dejó guiar por esa energía y, finalmente, la oscuridad se evaporó. Miró de nuevo a su entorno, se encontraba en la misma puerta de entrada al faro y ya no sentía la extraña energía ni la marca de su frente.
Moribundo aún por la carrerita tardó un rato en recuperarse. Pasado ese rato se sintió confiado, miró el faro con gesto afirmativo y se dispuso a entrar. Olvidé mencionar que todos los que habían recibido la carta recibieron con ella una tarjeta, de tamaño similar a una de crédito que poseía una barra electrónica que permitía identificarlos.
Se encontró con una puerta que en el lado derecho tenía una ranura en la que la tarjeta parecía encajar. Incógnita deslizó la tarjeta y una voz átona pronunció: “Identificando participante... número 040, puede pasar”. Tras este sonido electrónico la vieja puerta de madera del antiguo faro se abrió de par en par. El chico estaba rallándose la cabeza: ¿qué era aquello de “participante 040?” ¿Eran sólo números?, decidió seguir andando, tarde o temprano el misterio saldría a la luz así que era mejor no pensar.
Anduvo durante un tiempo por un largo pasillo que tenía el suelo decorado con alfombras que parecían orientales pero que tenían grabados figuras de monstruos, calaveras, seres que no conocía y motivos muy macabros. Tras continuar recto un rato finalmente vio una sala a la izquierda. Entró y vio que era una sala inmensa llena de sillas de color rojo puestas formando hileras. No se oía ni un mosquito y no se veía a nadie. Había una figura que se encontraba al fondo en una esquina, estaba sentado y parecía mirar al horizonte o estar inmerso en sus propios pensamientos. En estos momentos se activó su curiosidad y se dirigió hacia él. Tenía piel morena y ojos rasgados como un oriental además de un pelo tan negro como la noche. Parecía buena persona.
-Hola ¿cómo te llamas? –le preguntó Incógnita amablemente, aunque sin mucha esperanza de encontrar a alguien normal en aquel faro. El chaval desconocido se volvió y le miró. Su mirada era inexpresiva totalmente y no era del agrado de Incógnita, por lo que trató de esquivarla. Se sentía muy incómodo. Los segundos pasaban más lentos de lo normal y el chaval mantenía la mirada.
-J.J- dijo finalmente muy seco y tras ello marcho de la habitación sin más.
Nuestro chico pasó de rallarse, “aquí la gente está colgada pero todos tienen un aura de misterio, jaja, me encanta este sitio” pensó. Salió de la habitación por donde había salido el extraño chico, que era una puerta trasera situada al final de la enorme sala. Al poco de salir se encontró de frente una nueva sala, esta vez algo más pequeña pero con mucha gente.
Miró a todos los lados de la habitación pero ni rastro de J.J, si bien tampoco iba a ir a buscarlo a si que se dispuso a hablar con la gente que estaba por allí. Como ya he dicho había mucha gente en la sala, pero no todos parecían amistosos. De hecho la gran mayoría de ellos guardaban silencio aunque había algunos que charlaban animadamente como si se conocieran de toda la vida. Se fijó un poco en el gentío de la sala y le llamó especialmente la atención un chico con el pelo tazón que permanecía inmerso en su PSP light 4 como si le fuera la vida en ello. Tras un rato de observarle y de ver el conjunto de la zona decidió acercarse al chico.
-Hola, ¿qué tal?, ¡encantado de conocerte!- Dijo Incógnita lo más amable que pudo.
El chico no le oía, permanecía absorto en su videojuego, de tal manera que parecía darle igual el mundo real que había a su alrededor. Se fijó un poco en el juego y vio que le resultaba familiar: era uno de sus juegos favoritos.
-¿Es el “Dragon Ball Multiverse Batalla Final 3”?- Preguntó, mirando al juego atentamente. De pronto, el chico del pelo tazón salió de su mundo y contesto:
-Sí tío ¿lo conoces?- Dijo, contento de que alguien reconociera su juego.
-¿Bromeas?, claro que sí- Contestó nuestro chico. Es mi juego favorito tío y además no se porque te extrañas si es muy conocido.
-Ahh no se.. no me entero de nada nunca- Dijo sin poner cara de que le importara.
-Bueno, ¿tienes a los personajes ocultos?
-Jajaja claro que sí en este juego nadie me gana, sólo me falta la última misión para acabar el juego.
-Bien bien será divertido verlo- Concluyó Incógnita.
Mientras hablaban apareció un hombre a la puerta de entrada de la sala, no se le distinguía mucho pero llevaba una traje negro una corbata y gafas.
-Señor Juan Diego López-Oleága, venga conmigo, es su turno- Y, dicho ésto, un chico alto y corpulento se levantó y echó a andar. Gran parte de los presentes alzaron la vista y cuchichearon.
-Oye, ese tío me suena ¿no sale en la tele?- Preguntó alguien. Todo el mundo en la sala miraba al recién nombrado, algunos estaban sorprendidos pero el chico del pelo tazón e Incógnita parecían estar en Babia.
-A pues puede ser, me suena bastante su cara, es lo más probable- Respondió otra persona mientras el mentado salía de la sala con paso firme y decidido.
-No sé... le he visto antes en alguna parte- Dijo con aire pensativo la primera voz.
-Vaya preparándose usted- Ordenó el hombre del traje negro dirigiéndose al chico del pelo tazón- Es el participante siguiente, el número 33.
-¿Participante numero 33? Otra vez, como a la entrada ¿A que se referirá? - Preguntó Incógnita con aire de preocupación.
-No se...– Dijo el otro chico sin más. Parecía que no le interesaba el asunto, que pasaba de todo, pero Incógnita de algún modo sabía que estaba preocupado igual que él, sólo que no quería pensarlo. Incógnita se acercó a él y le puso la mano en el hombro sonriéndole.
-Suerte ahí dentro tío.
-Gracias- Respondió. Se dieron la mano y, tras ello, marchó hacia donde estaba el señor del traje negro.
Pasó un rato desde que el chico se fue. A Incógnita le hubiera gustado charlar con otros de la sala pero estaba ofuscado en sus propios pensamientos. 'Participantes' ¿ A que se referían con eso? Ya iban dos veces. No me gusta que nadie juegue conmigo, ni conmigo, ni con nadie – Repetía para sus adentros tratando de reprimir esa sensación que le corroía muy parecida a la angustia. Por un lado, estaba intrigado por lo que había sucedido desde que llegó a aquel faro. Apenas serán dos horas pero fueron muy intensas: había tenido sensaciones extrañas y apunto estuvo de morir ahogado entre el humo del tabaco. No eran precisamente las sensaciones que esperas de una aburrida tarde de otoño. Por otra parte le encantaba la aventura aunque, por primera vez en su vida, tenía también bastante miedo.
-¿Señor?- Le llamó otro hombre en traje desde el mismo sitio que el anterior. Incógnita estaba ausente pensando en todas estas cosas y ni se enteraba-¡Vamos hombre! ¡que te toca!-Repitió mas fuerte el trajeado mientras le hacía gestos con la mano. Tras oírle Incógnita afirmó que iba con un gesto de cabeza. Cogió aire y respiró lo más hondo que pudo. “Que haya suerte”, se dijo saliendo de la habitación.
El hombre del traje iba delante de él. Andaba rápido sin decir una sola palabra. Su cara era un muro pétreo y tenía la boca torcida en un gesto como de enfado, así que Incógnita, obligado a seguirle, prefirió mantener el silencio. Pasaron un largo pasillo mal iluminado que tenía lámparas viejas y hermosas en el techo, a pesar de estar rotas, también había algunas puertas que debían de conducir a otras salas. No se oía ni un alma. Por fin, al cabo de un rato largo, llegaron frente a una puerta de color marrón que parecía blindada. No pegaba nada con el lugar. El hombre del traje negro se aproximó hacia ella e introdujo una llave de lo más normal, la giró dos veces y abrió la puerta.
-Pase detrás de mí- Le dijo el hombre del traje negro. Incógnita se apresuró aún un poco dudoso de todo lo que iba viendo, pero le siguió. Era una sala totalmente oscura, de éstas que hay que ir a ciegas tocando las paredes para no tropezarse con lo que pueda haber en el suelo. A duras penas veía al hombre de negro que iba delante de él. De pronto miró al frente y divisó lo que parecía una fuente de luz de color azul.
-Hemos llegado- Afirmó el hombre al cabo de unos segundos. Incógnita miraba al frente, asombrado. El objeto que despedía la luz era una especie de esfera azul redonda y tridimensional, no había visto nada así salvo en alguna película- Venga ¡acércate!- Le apremió el hombre de negro con voz de general.
Incógnita le hizo caso. Se acercó hacia esa especie de esfera y vio que era como un globo terráqueo con mapas dibujados en su interior, pero no se parecía a la Tierra.
-La pantalla es táctil- Informó el hombre con aire de superioridad antes de que Incógnita pudiera preguntar nada- Elije la zona que quieras mientras giras y presionas suavemente con el dedo índice.
Se acercó aún más para ver con más claridad las zonas que parecían mapas pero le parecían todas iguales.
-Tómate unos segundos si quieres.- Le dijo el hombre. Incógnita miró la esfera y sonrió.
-No se bien por qué pero tengo una sensación cálida- Dijo tan bajito que sólo pudiera oírlo él. Colocó el dedo índice en la pantalla. De repente notó cómo el dedo índice se iba deslizando ligeramente hacia dentro. Poco a poco se rodeaba del color de la esfera. Todo ésto pasaba en cuestión de segundos pero a él le parecía una eternidad. Le pareció que la esfera se iba acercando cada vez más aunque en realidad era su cuerpo el que se veía arrastrado a la esfera como si fuera un imán. Primero fue su dedo, después, su brazo, y al cabo de unos segundos, antes de que pudiera reaccionar, todo su cuerpo se encontraba dentro de la esfera. Nada más ser absorbido por la esfera fue arrastrado por algo y cayó y cayó por un inmenso vacío.
El miedo y la sorpresa se apoderaron de él: – ¡¡¡aaaahhh!!! - gritó sin poder hacer otra cosa mientras caía a la vez que no hacía más que preguntarse que estaba pasando. Cuando no pudo más con sus fuerzas dejó de gritar y sus ojos fueron cerrándose mientras perdía el conocimiento. Su cuerpo cayó rendido al suelo tras aquel vacío que parecía no tener fin.
Pasó un rato hasta que despertó. Se encontraba tumbado. Primeramente tocó el suelo con las manos, asustado por si seguían en medio del vacío, y comprobó que se trataba de césped. Segundos después abrió los ojos lentamente y vislumbró un brillante cielo azul propio de una tarde del mes de julio, acompañado de una brisa. Con algo de esfuerzo se incorporó.
-¿Dónde estoy?- Se preguntó pensando en voz alta sin querer.
-¡Ja ja no lo se tío, pero me gustaría saberlo!- Le respondió una voz que le resultó familiar. Giró la cabeza hacia atrás desde donde le pareció que venía. Allí le encontró sonriente; era el chico del pelo tazón, con el que había hecho buenas migas en el faro.
-Hombre nos volvemos a encontrar- Dijo Incógnita sonriendo también. Los dos chocaron los puños en señal de amistad aunque seguían sin entender nada de lo que pasaba a su alrededor.
-Por cierto, no se por qué no recuerdo mi nombre, pero en esta tarjeta se me conoce como el “Guerrero Celeste”- Dijo el chico del pelo tazón sacando la tarjeta de identificación del principio, la cual tenía un nombre iluminado en la parte de atrás.
-Entonces llámame Eliart. Tampoco recuerdo mi nombre original, creo que ha debido ser el golpe de la caída desde el vacío. Bueno qué ¿investigamos ésto, tío?- A su alrededor había una zona frondosa, con árboles de todo tipo, desde palmeras hasta pinos y también zonas rocosas rodeadas de césped.
-Vale tío vayamos, no hay nada mejor que hacer- Respondió con entusiasmo el Guerrero Celeste.
Ambos se adentraron en aquella especie de bosque, caminaron un rato y de pronto se encontraron de frente con un tipo alto y fuerte. Vestía un traje con los colores del Athletic de Bilbao, un escudo con la Ikurriña y una boina negra en la cabeza. Les saludo con aire de superioridad.
-Hola, chavales ¿queréis un autógrafo?- Preguntó con arrogancia aquel tipo. Eliart cayó en que el tipo que tenía frente a él era el mismo hombre al que todo el mundo se quedó mirando cuando le nombraron.
-¡Claro, estaba tan atontado con el juego en el faro que ni siquiera me di cuenta! Tío- Exclamo el Guerrero Celeste dirigiéndose a Eliart- Este tío es un famoso héroe de mi tierra, le llaman el Capitán Vasco, dicen que es muy fuerte- Parecía impresionado-...pero a mi no me parece que sea para tanto...- Añadió en un susurro.
-¿Cómo? Soy el superhéroe más popular de Bilbao, entérate -Dijo el Capitán Vasco con cara de cabreado.
-Venga ya, ¡pero si ni siquiera eres Vasco! Naciste en Navarra ¿No es así? Un 7 de julio, en plenos San Fermines- Respondió el chico demostrando su buena memoria.
-¿Qué dices Patxi?¿Cómo sabes tú eso?- El Capitán Vasco estaba anonadado.
-Pues porque mi padre es un gran admirador tuyo, a él le encanta cómo luchas contra la corrupción y el crimen. Aunque a mí me cansas. Sales demasiado en los chismorreos de la televisión y no pudiste con “El Guipuchi”- Ahora fue el Guerrero quien puso cara de superioridad.
-¿“El Guipuchi”?- Eliart intentaba poner interés, no se sentía cómodo en la conversación. Él era manchego, allí no había superhéroes ni nada por el estilo, así que tampoco sabía qué podía aportar. Además, se encontraba inmerso en sus propios pensamientos. “¿Qué puede pintar aquí un superhéroe?” su cerebro no paraba de dar vueltas y estaba empezando a arderle la cabeza.
-El Guipuchi es un famoso delincuente, conocido por el numero de veces que ha pisado la cárcel. Cuando era pequeño sufrió un extraño accidente y al parecer le produjo una fuerza sobrehumana. Tarde bastante en creérmelo. El Capitán Vasco fue a detenerlo pero perdió- Dijo el Guerrero Celeste, mirándole sin perder su humor.
-¡Cretino, para nada perdí contra ese tipo, lo que pasa es que la policía llegó tarde y se escapó!
-Ya ya .. escusas, escusas.
-Venga, no seas tan injusto con él, a saber que haríamos en su lugar. Aunque podamos imaginarlo, no podemos saberlo- Dijo Eliart que pasaba de meterse en un pique tan tonto.
El Capitán Vasco y el Guerrero Celeste siguieron discutiendo un rato, pero Eliart los observó atentamente y tuvo la intuición de que podrían llevarse muy bien. Solía tener muchas intuiciones certeras así que tendía a guiarse por ellas aunque, a veces, se equivocara estrepitosamente.
En medio de aquella discusión, cada vez más amigable, de pronto se oyó una voz en todo el lugar, una voz misteriosa que hablaba con firmeza y con un tono grave. Eliart, el Guerrero Celeste y el Capitán Vasco miraban en todas direcciones, sin saber de dónde provenía esa voz. Al mismo tiempo apareció también ante ellos una pantalla grande, como la de un proyector, que llevaba inscritas las siglas “GM” en el extremo inferior derecha. En aquella pantalla comenzaron a aparecer por escrito las palabras que decía la voz.


BIENVENIDOS, JUGADORES.


Esta tarde, 300 personas fuisteis citadas en el faro, tan solo 256 acudisteis. Ninguno sabíais el verdadero motivo de la cita, así que os felicito por haber decidido asistir. El lugar en que se encuentran no pertenece al mundo real. El motivo por el que fuisteis citados es que todos vosotros tenéis alguna habilidad especial, sólo que aún no las habéis descubierto, salvo raras excepciones. Este lugar que veis es el escenario de un JUEGO. Un JUEGO en el que vosotros sois los protagonistas. Las reglas son simples:
-Cada uno de vosotros dispone de 3 vidas completas y, al ser eliminadas estas tres vidas, será enviado de vuelta al mundo real.
-El objetivo del juego es una lucha a 'muerte', todos contra todos. En esta lucha valen las estrategias que quieran. Pueden formar equipos o luchar individualmente. Pero SÓLO PUEDE QUEDAR UNO. SÓLO UNO SERÁ EL GANADOR DEL JUEGO. Ténganlo presente.
-Todos los jugadores tenéis una tarjeta, donde se activará a partir de ahora vuestro numero de participante y vuestras barras de vida en color verde. Cada vez que una barra de vida desaparezca se teñirá de rojo y el número de arriba, donde ahora tienen un “3” todos, indicará vuestro número de vidas. La tarjeta también muestra el número de participantes restantes.
-Durante el juego, serán enviados al mundo real en determinadas ocasiones. Queda terminantemente prohibido que usen sus poderes allí. Si lo hacen, recibirán una dura sanción.
Ahora que ya saben por qué están aquí, llegó el momento de que exploren sus poderes.


¡¡¡QUE COMIENCE … EL JUEGO JAJAJAJAJAJAJ!!!
Tras decir esto la voz desapareció entre risas burlonas que no inspiraban mucha confianza. La pantalla desapareció al instante y las tarjetas se activaron tal y como decía el mensaje. Eliart estaba pensando en lo del juego-“Claro, ahora todo tiene sentido. Esa sensación de energía que tuve cuando trataba de escapar del humo, ese algo que sentí en la frente, aquel humo en cantidades infinitas, la presencia de un superhéroe, el Capitán Vasco, no era nada casual”- El Guerrero Celeste estaba flipando después del mensaje
-¿Yo? ¿Poderes especiales? ¡Venga ya, eso es imposible! Lo más cerca que he estado ha sido en mis video juegos pero no era real. ¡Claro, eso es! Nada de ésto es real. Ja ja es un sueño de que estoy dentro de un juego, esto me pasa por viciarme tanto, 'LOL'. Cuando despierte me plantearé dejar la consola- Decía el Guerrero Celeste tratando de calmarse aunque, en el fondo, tenía la impresión de que era totalmente real.
-Vaya vaya ¿Así que tienes poderes Patxi? ¡Atrévete con el Capitán Vasco!- Bramó el Capitán bien orgulloso de sí mismo.
-Calma chicos, dejad eso para más tarde. No perdamos vidas a lo tonto- Dijo Eliart entre serio e irónico- Os propongo una cosa, formemos un equipo. Estamos ahora mismo en medio de algo que desconocemos, este juego es para nosotros pura incertidumbre. Pero nos han explicado las reglas, nos lo han dejado claro. Sabemos que el objetivo es una lucha todos contra todos y estoy igual que vosotros, no entiendo nada y me repatea que alguien se piense que somos sus juguetes. Pero también pienso que la única forma de averiguar bien estas cosas es entrar en el juego y participar. No tenemos más opciones y estando juntos seremos mucho más fuertes que por separado. ¿Estáis de acuerdo?
Tras decir ésto quedaron los otros dos pensativos hasta que el Guerrero Celeste respondió:
-Claro que sí colega. Será divertido y lo pasaremos mejor si vamos juntos- Dicho ésto chocaron las manos.
-Yo también me apunto- Dijo el Capitán Vasco con un tono más amable que el que había estado usando- Creo que este compatriota y yo vamos a llevarnos bien- Añadió mientras miraba al Guerrero Celeste sonriendo y también chocó con ellos sus puños.
Bueno,ahora que somos un equipo, ¿habrá que elegir un nombre no?- Propuso el Guerrero Celeste más animado y aceptando más la situación.
-Humm ¿que os parece... “Los I-Men”?- Preguntó Eliart.
-Jajajajaja, suena... raro tío- Dijo el Guerrero Celeste entre risas.
-¿Y un poco 'guarro' no crees? - Siguió el Capitán Vasco también riendo. Los tres se miraron a la cara, guardando un silencio durante unos instantes.
-¡Pero ...nos gusta! - Soltaron los tres a la vez, mientras se miraban.
-¡Decidido entonces, seremos los I-Men !- Dijo Eliart con mucho entusiasmo y levantó la mano, cerrando el puño- Vayamos a jugar- Añadió con sarcasmo.
-Sí ,vayamos vayamos- Concluyó el Guerrero Celeste.
Los tres pasaron un largo rato caminando por aquella especie de bosque atentos a cualquier peligro que pudiera acecharles, sin embargo no estaban todo lo atentos que deberían y, mientras caminaban, alguien les observaba desde el interior de un arbusto.
Mientras caminaban un muchacho fibroso pero escuchimizado, con el cabello rubio y altura media, se presentó ante ellos. Tenía una tarjeta brillante en el bolsillo. No cabía duda; era un contrincante. A la vez otro tío de aspecto más maduro, con más barriga y algo más bajito, se acercaba por detrás de nuestros héroes.
-Bueno Bueno, Jaume El Coco, mira que tres pringados- Dijo el chico delgado.
-Jajaja estáis perdidos - Dijo EL Coco.
Mientras les insultaban el Capitán Vasco tenía los ojos cada vez más abiertos y parecía que iba a estallar. El Guerrero Celeste frunció el ceño y se puso en una posición cómoda para luchar. Eliart, sin embargo, guardó la calma.
-¿A quién has llamado pringado?- Chilló el Capitán y se abalanzó sobre el chico delgado. Iba a propinarle un puñetazo, pero el joven lo esquivó con mucha rapidez.
-¿Sorprendido? - Se burló el rubio- Soy capaz de predecir los golpes de mi adversario antes de que se produzcan, así que te será imposible tocarme, pringado- Remarcó la última palabra con aire de superioridad y un tono cursi.
-Te aseguro Patxi, ¡que no volveré a fallar!- Dijo el Capitán, entrando en cólera. Se lanzó hacia él una y otra vez, pero el rival volvía a esquivarle sin que apenas le costara algún esfuerzo, acto seguido de esquivarlo golpeó al Capitán que antepuso velozmente el escudo- Gracias- Susurró besando su escudo- ¡ Por mi Atlethic voy a por ti, probarás mi “ Furia Vasca”!
Y, tras decir ésto, se llenó se firmeza para lanzarse hacia él mucho más rápido que antes, haciendo tambalear sus reflejos y propinándole un puñetazo fuerte en la nariz que le dejó sangrando de un sólo golpe.
-Ains mi ropa - Se quejó el rubio con tono de niño pijo al ver su blanca camiseta manchada por la sangre- Esta me las pagarás.
-Sí, con otra hostia- Escupió el Capitán volviéndose a abalanzar sobre él mucho más confiado.
A su vez el Guerrero Celeste se lanzó hacia el Coco sin saber cuál era su habilidad. Eliart, que le había estado observando a la vez que caminaba tenía la sospecha de qué tipo de poder tenía, así que le dijo:
-Celestina, mueve tus brazos rápido y con energía como si estuvieras volando, como hacías en el camino mientras te aburrías pero concentrado tus fuerzas.
-Vale tío, pero no me llames Celestina- Y entonces movió su brazo derecho con fuerza hacía abajo generando una potente corriente de aire “Wow, ¿ésto lo he hecho yo?”-se dijo orgulloso de sí mismo. Movió los brazos en dirección a su adversario con ganas creando una poderosa energía. La fuerte corriente de viento le golpeó. El contrincante estiró su cuerpo en respuesta, haciendo uso de su poder. Al estirar el cuerpo era mucho más ligero con lo que el Guerrero Celeste volvió a golpearle y la ráfaga de viento se lo llevó por los aires.
-Oh no, mierda ¿cómo fui tan imprudente de estirarme ahooora?- Dijo mientras era golpeado y arrastrado.
El chico rubio cayó al suelo sin nada de fuerza justo al lado de su compañero. Estaba totalmente derrotado. Trató de incorporarse para ver su tarjeta y pudo ver que una de sus barras se había vuelto roja y que el número de arriba era un “2”. Le habían quitado una vida. El Coco, sin embargo, se reincorporó. El Guerrero Celeste fue a golpearle con fuerza pero, en esta ocasión, puso la tripa dura y no se dejó arrastrar, aunque irremediablemente sufrió el golpe.
-Vaya vaya, me lo pones difícil- Dijo el Coco frotándose las manos. Se echó a un lado, situándose en la espalda de Celeste usando sus habilidades elásticas y le golpeo con sus brazos como si fueran un látigo. Al segundo golpe el Guerrero Celeste agarró fuertemente el brazo con una mano y comenzó a retorcérselo sin que el Coco pudiera hacer nada. Con la otra mano generó un pequeño viento muy concentrado con forma alargada y lo comprimió. Acercó la mano con viento al brazo retorcido y se lo cortó.
-Este será mi “corte de viento”- Dijo bautizando a su técnica mientras su oponente, ahora sin brazo, caía también con una vida menos.
El Guerrero Celeste y el Capitán Vasco habían derrotado a sus primeros contrincantes. Pero no se sentían bien. Desconocían el motivo por el cuál debían luchar realmente. Desconocían por qué tenían que jugar en ese cruel “juego” así que sintieron lástima por sus adversarios y, una vez que se recuperaron un poco, el Guerrero Celeste dijo:
-Marchaos chicos, estáis débiles y ya os quedan sólo dos vidas- El Coco cogió a su compañero, que aún no tenía fuerza, y se lo llevó mirando de mala gana a nuestros héroes sin mediar palabra con ellos. Los I-Men sabían que nada iba ser fácil y que si ellos hubiesen sido los derrotados les habrían atacado sin esperar ni un momento. Pero les tranquilizaba pensar que estaban actuando bien.
-Será mejor que descansemos un rato ¿no? Ahora que la cosa se ha calmado- Sugirió entonces el Guerrero Celeste.
-Sí, estoy de acuerdo. Descansemos un poco– Añadió el Capitán.
Los tres se sentaron en el césped de aquel bosque y el Guerrero Celeste sacó dos bocadillos de la mochila y su PSP. Estaba preparado para otra partida al Dragon Ball. A los cinco minutos de juego la PSP empezó a tambalear de sus manos y a moverse. Como si tuviera vida propia se soltó de las manos de su dueño y fue hacia arriba. Comenzó a agitarse cada vez más rápido hasta que de pronto estalló. El Guerrero Celeste frunció el ceño, enrabietado.
-Una PSP no se mueve sola. ¿Quién coño se ha cargado mi PSP?- Gritó con aire de auténtico friki.
-He sido yo- Contestó una voz proveniente de los arbustos- Permitid que me presente- Dijo al tiempo que salía del arbusto- Soy David Irons, para vosotros... Señor David Irons.- Se presentó el joven. Llevaba una gafas normales, un reloj y unos vaqueros además de un viejo monitor de ordenador a modo de protección. Tenía un aspecto un tanto ridículo aunque él pensaba que era sublime.
-¿Y lo dice tan chulo? ¡Yo lo mato!- Soltó el Guerrero Celeste yendo hacia el chico, que se encontraba en el arbusto.
-Frena– Le paró Eliart- Ahora es mi turno, sé que es tu PSP, pero acabas de salir de un combate y te conviene descansar, yo me encargo.
-¿Que te encargas tú? ¿Con esa cara de pagafantas que tienes? Por favor, no me hagas perder el tiempo- Le espetó el tal Irons, sintiéndose con clase. 'Aunque su cara... me recuerda a alguien, no sé de qué'-dijo para sus adentros.
'-Buff es un creído, pero tengo la sensación... de que ya le he visto antes'- Pensaba Eliart. 'Bueno acabaré con ésto rápido'- Así que, David Irons ¿No? Tienes el apellido de un científico fracasado ¿lo sabías?- Dijo Eliart burlándose de él.
-¡Imbécil cómo te atreves, ese científico es mi padre!- Respondió Irons enfadado.
-Vaya, ¿no me digas que tu apellido es el de tu padre? Enhorabuena capitán Obvio- 'Hum, ahí puede que me haya pasado'- pensó- Lo siento, no pretendía ofenderte- Eliart le tendió su mano.
-Calla, estúpido pagafantas, te voy a hacer pedazos- Afirmó el chico.
-Y dale con lo del pagafantas ¿ es que no tienes otra cosa mejor?
-Voy ha mostrarte mi poder y, después, tendrás que pedirle disculpas al gran señor David Irons- Decía sus nombre con orgullo, remarcando cada sílaba con un tono chulesco que lo hacía extremadamente cómico.
-Contrólate Eliart contrólate- Se decía a sí mismo.
-Allá voy- Y Irons dejó ver que su brazo. Estaba cubierto de un guantelete metálico con un propulsor. Al pulsarlo lanzó a Eliart un fuerte puñetazo más propio de una máquina que de una persona-¡Propellant Fist!- Gritó el Sr. Irons. Eliart intentó esquivarlo pero iba muy rápido y no lo veía posible. Justo antes de que el puño rozase su pecho una especie de energía de color rojo aunque con toques anaranjados rodeó todo su cuerpo. Saltó hacía atrás eludiendo el golpe. Tuvo la misma sensación que había tenido al escapar del humo unas horas antes y notó que le aparecía en la frente una especie de símbolo que parecía una cabeza de cabra con sus correspondientes cuernos, todo estaba en el interior de un círculo. Sentía que estaba ardiendo. Miró a sus brazos y los vio mucho más musculosos que de costumbre. Aún no podía salir de su asombro. Por otro lado, estaba feliz, parecía adrenalina en estado puro. Se acercó a Sr.Irons con determinación.
-Es mi turno ¿no?- Y tras decir ésto Eliart trató de impulsarse con esa fuerte energía. Saltó a una velocidad increíble y le golpeó con la cabeza en el torso. Rápidamente, Irons pulsó su reloj y el monitor de ordenador le tapó el cuerpo tomando forma de armadura-¡Embestida Cabrista! Suena bien, ¿eh?-Dijo guiñándole un ojo al Guerrero Celeste a la vez que golpeaba a Irons con aquel fuerte cabezazo destrozando por completo la “armadura.” Eliart pudo comprobar que llevaba otra debajo-Vaya vaya, debo reconocer que sabes mucho de tecnología, a pesar de que en ser sublime no me llegas ni a la suela de los zapatos- Presumió el joven. El Sr.Irons estaba de rodillas, afectado aún por el tremendo golpe. Eliart se acercó a él y le tendió la mano. El otro sonrió para sus adentros y aceptó la mano tendida apretándola con fuerza. En un instante, con la otra mano, le lanzó un fuerte puñetazo bastante más potente que el anterior. Eliart se dobló de dolor.
-¡Agg, sucio rastrero!- Exclamó mientras se resentía del golpe.
-Como ves, eres un auténtico pagafantas, y no sólo con chicas- Dijo el Sr.Irons con aire de superioridad mientras ponía algo de distancia.
-Pero… ¡será cabrón!- El Guerrero Celeste corriendo en dirección a él. En ese momento Eliart también corrió y le frenó.
-¡Déjale tío! Es mi rival -Eliart estaba motivado y sonreía. El Guerrero Celeste lo entendió y se quedó al margen, sintiendo rabia por su PSP. Eliart notaba algo en aquel Sr.Irons, no creía que fuera así de chulo sino que, simplemente, no sabía cómo comportarse en aquel juego. Se acercó un poco a Irons.
-¿Qué, vienes a por más, estúpido?- Dijo desafiante el chaval.
-Jajajajajajaja- Eliart soltó una gran carcajada. El último ataque de Irons había restado un poco de su primera barra verde. Pisó con fuerza el suelo y generó esa potente energía anaranjada aunque ya no le salió aquel círculo en la frente. Su tarjeta de jugador estaba brillando. La sacó lentamente del bolsillo y pudo ver que ponía: “Aries, liberado”. '¿Aries? Vaya. Bueno ¡ya habrá tiempo para analizar después, ahora le haré una demostración de mi poder, haber si logro entender por qué se comporta así..! Hum sería un curioso aliado.' -Pensaba a la vez que se lanzaba a por él. Esta vez concentró su energía en todo el cuerpo y le golpeó un fuerte placaje, seguido de un puñetazo en la pierna derecha. Ahora no hubo armadura capaz de salvarle y David Irons recibió los golpes de lleno.- 'Parece que no, pero es muy resistente' – dijo Eliart para sus adentros. Se sentía mucho más aliviado. Su contrincante cayó al suelo, perdiendo un poco de salud.
Consciente de su probable derrota, David Irons dijo, sin levantarse todavía del suelo:- Bueno, veo que estás a mi altura choca ésa, ésta vez de verdad.
Eliart chocó su mano al ver que iba en serio y preguntó: ¿ Te gustaría unirte a nosotros? Tienes el poder de controlar todas las máquinas y todo aparato tecnológico y, además, estás solo. Estamos formando un grupo para ser más fuertes juntos ¿qué me dices?
-¡Un momento Eliart! Este tipo ha roto mi PSP, no me hace ninguna gracia que venga y creo que al Capitán tampoco- Dijo señalando al Capitán que miraba con cara de pocos amigos.
-Tranquilos tranquilos, que eso puedo arreglarlo- Todavía desde el suelo, Irons chascó los dedos y reapareció la PSP rota en pedazos, la cogió con sus manos y comenzó a moldearla como si se tratara de plastelina y, tras varias vueltas, se la presentó al Guerrero Celeste. Ahora era una PSP reluciente pero algo distinta y de color amarillo.
-Toma, es una versión mejorada que saldrá al mercado dentro de unos...- Presionó la diminuta pantalla táctil de su reloj – 22 años. Y bueno, valen los juegos anteriores.
-Vaya, no esta.... mal- Dijo El Guerrero Celeste a la vez que encendía su nueva videoconsola.
-Pues si no hay inconveniente me quedaré con vosotros, aunque ya os digo que suelo ir bastante por libre- Explicó mientras se levantaba cojeando.
Tras un rato bastante tranquilo, los I-Men decidieron seguir caminando por el sendero. Pero estaba mucho más oscuro.
-Para ser un juego lo cierto es que es muy real.- Comentó el Capitán a la vez que avanzaban.
De pronto, frente a ellos, distinguieron una silueta que les resultaba familiar: Era el Coco, acompañado del chico rubio. Pero no estaban solos. A su lado se encontraba un ser mitad hombre mitad roca. La mitad de cintura para arriba estaba cubierta por rocas, al igual que las partes vitales, mientras que el resto del cuerpo era propio de un hombre normal de constitución fuerte. En los hombros sin embargo, llevaba colgadas dos placas metálicas que parecían llevar un motor eléctrico. El Coco alargó su brazo y atizó al Guerrero Celeste.
-¡Bueno chicos somos 4 contra 3 podemos vencerles, vamos allá!- Gritó Eliart, acto seguido pronuncio “¡¡Embestida Cabrista!!” y el torrente de energía le inundó y se lanzó directamente a por su enemigo rocoso al mismo tiempo que David Irons le golpeaba con su propulsor. Ambos le dieron con fuerza en la espalda, pero era demasiado fuerte como para romperse. El jugador rocoso, que así se llamaba, respondió con una velocidad inmensa situándose atrás de sus adversarios y les produjo un corte a ambos con un azote de sus rocosas manos- Mierda, es rápido - Se quejó Eliart- ¡Necesito más fuerza!
Mientras tanto El Capitán estaba teniendo dificultades para derrotar a su adversario, el chico rubio, éste lograba anticiparse a todos sus movimientos. Finalmente, el Capitán observó y pudo ver que su manera de esquivarlos era siempre la misma según lo que hiciera, así que trató de engañarle: Movió su brazo en dirección a su estómago, de tal manera que el chico se hecho para atrás lo suficiente para esquivarlo y, rápidamente, el Capitán colocó el brazo en la espalda del contrincante y golpeó con todas fuerzas. El chico no pudo reaccionar a eso y dio varias volteretas antes de caer al suelo. Al caer sus dos barras restantes se apagaron y paso algo muy raro. Una ensordecedora voz les llegó hasta la cabeza y unas letras sobre el chico aparecieron. La voz que había anunciado las reglas proclamó esta vez; 'Jugador: El Anticipador. Poder: Prever movimientos. Vidas: Cero. Estado: Eliminado.' Y entonces desapareció como si nada. Hubo un momento de silencio. Todos los jugadores parecían haberse quedado en el sitio paralizados por el miedo a que les pasara lo mismo. Pensaron frenar el combate en aquel momento, pero de algún modo sabían que tarde o temprano tendrían que pelear si no contra ellos contra otros. Así, probablemente por el mismo miedo a ser destruidos en un lugar que desconocían y por el miedo a que aquella voz que dijo las reglas pudiera estar mintiendo, prosiguieron los combates con más dureza.
El Capitán Vasco estaba extasiado tras su combate pero entendía que debía ayudar a sus compañeros, con lo que se dirigió a donde estaba el Guerrero Celeste peleando con el Coco. Era un combate bastante igualado en el que ambos contrincantes se esquivaban continuamente. El Guerrero Celeste generó una potente brisa pero su adversario se puso lo suficientemente duro como para resistirlo. Justo en ese momento, el Capitán se colocó delante de Coco y le golpeó con su escudo, lo que le impidió mantenerse rígido y lo ablandó.
-¡Ahora Celestina!- Dijo el Capitán orgulloso de sí mismo. El Guerrero Celeste cabreado en parte por el ardor del combate y en parte porque le llamaran Celestina, controló una pequeña brisa de viento con sus manos, generando una especie de bola comprimida. Tras sostenerla durante unos segundos en la palma de su mano, la descargó sobre el adversario. Los poderes elásticos de Coco no sirvieron para mucho en aquel momento y le sucedió lo mismo que a su compañero: desapareció como si no fuera nada al irse sus 2 otras vidas. La voz y las letras reaparecieron. 'Jugador: El Coco. Poder: Elasticidad y control de la dureza. Vidas: Cero. Estado: Eliminado'. De nuevo, se produjo esta sensación de parálisis momentánea pero no ya tan intensa. En ese momento, el Sr.Irons, aprovechando el miedo del momento, se acercó sigilosamente hasta el jugador rocoso logrando situarse cerca de las placas metálicas y actuó sobre ellas como un imán, de modo que se pegaron a los hombros de su propio cuerpo.
-Vaya, una piezas con motor moldeables, justo lo que necesitaba para hacerme una armadura de verdad.- Dijo Irons con sonrisa pícara.
Tras ésto el combate continuó. Eliart concentró energía para golpear las piernas humanas de su adversario y lograr que perdiera el equilibrio pero, debido a la velocidad de su contrincante, no tenía muchas esperanzas. Sin embargo logró golpearle sin problemas y el jugador calló al suelo sin siquiera intentar esquivarlo.
-Pero ¿Cómo es posible?- Se preguntaba Eliart enormemente satisfecho mientras el sudor recorría su cara y jadeaba.
-Pues resulta que esas placas eran un motor clave de su cerebro.- Dijo Irons contento- Así que ahora que no las tiene no puede reaccionar tan rápido.
-Buen trabajo colega- Le respondió Eliart que se disponía a darle el segundo golpe antes de que pudiera levantarse y reaccionar. Pero justo cuando iba a golpearle, una mancha rojiblanca, impulsada por una corriente de viento, arrolló al jugador rocoso destruyéndole al grito de: “¡Esto dejáselo al Capitán Vasco, por Patxi!”. La parte rocosa del jugador se fragmentó en pequeños trozos y su parte humana cayó al suelo desapareciendo. Sus tres vidas se habían ido. La voz dijo 'Jugador: Rocoso. Poder: Transmutación rocosa y velocidad motorizada. Vidas: Cero. Estado: Eliminado'.
-¡Vaya, mirad ésto!- Dijo el Guerrero Celeste enseñando la carta de vida a sus compañeros.- Al comenzar había 256 jugadores y en las escasas horas que llevamos, 30 ya han perdido todas sus vidas- Se pasó el ánimo tras haber ganado la batalla a una sensación de preocupación. Eliart, que veía el camino con dificultad pero con optimismo, trató de animarles:
-¡Hey chicos! Sé que todos estamos igual. Todo nuestra vida ha cambiado de repente, tenemos poderes magníficos y nos encontramos en el estúpido “juego” de algún cretino que nos ha impuesto unas normas que no podemos romper. Podríamos dejarnos matar y olvidarnos de este sufrimiento pero ¿quién nos dice que iremos al mundo real? Luchar no es fácil pero si queremos averiguar algo, continuemos luchando como un equipo. ¡Vamos I-Men!.
-Vayamos amigo mío! - Dijo el Guerrero Celeste y tanto el Capitán como David Irons afirmaron con la cabeza, más alegres que antes. Sin duda había muchas aventuras aún por vivir.
Mientras los I-Men continuaban con su viaje, en otro lugar del juego, una chica con rasgos de gata corrió a toda prisa hasta llegar a una extraña gruta sumida en la oscuridad.
-Traigo nuevas noticias, amo- Dijo la chica. Una voz de la que apenas se distinguía el rostro contestó desde lo más profundo de la oscuridad:
-¿Has encontrado algo, Kya?- Preguntó con voz de ultratumba.
-Sí, se trata de este chico, Shadow Walker- Pulsó un botón de un aparato, mostrándolo a través de una pantalla. Se trataba de un chico de piel negra de unos 16 años con aire de chulo, cachas y con un cigarrillo en la boca. En aquellas imágenes se le oía decir “Bah, ¿quién va a ser el siguiente?” y fumando tranquilamente su cigarrillo.
-Bien, tráelo ante mí, puede servir.- Respondió aquella voz desde las sombras.
Los I-Men llevaban un buen rato andando por una zona bastante seca, apenas había vegetación y el Capitán Vasco no hacía más que protestar.
-Estoy harto Patxi, teníamos que haber ido por la derecha no por la izquierda, ahora mira donde estamos.
-Haber tío no te quejes tanto que si te hubiéramos hecho caso seguro que hubiese sido peor, porque tu sentido de la orientación es pésimo.- Dijo muy inoportuno el Guerrero Celeste.
-¡Pero que sabrás tú, cabeza bolo, soy el Capitán Vasco y nunca me...- y justo antes de que acabara la frase se chocó contra un precioso Sauce Llorón, un árbol bastante grande. ¡Pumm!, se oyó la cabeza del Capitán chocando contra el árbol- Estúpido árbol me las vas a pagar! - Y el Capitán, cabreado, arrancó el árbol del suelo como si se tratara de un juguete.
-Pero tío, eso no hacía falta- Le dijo el Guerrero viendo el desaguisado.
A los pocos segundos de haber arrancado el árbol, la tierra comenzó a moverse, con una soltura que parecía que estaba bailando. A su vez dos gigantescas 'manos' hechas de madera y rodeadas de un aura verde aparecieron sobre ellos. Una voz sonó.
-“Oh, estúpido humano, ¿que derecho tienes tú a atacar a los seres vivos que nada te han hecho?¿ Crees que eres más importante que ellos?.”
-¿Quien habla ?- dijo el Sr.Irons.
-¡Mirad, es allí!- Eliart señaló la parte del cielo donde estaban las ramas que parecían flotar. Justo entre las dos ramas se divisaba a una chica rubia bastante guapa y de altura media, que vestía una especie de túnica exótica y que parecía que estaba sosteniendo aquellas ramas. No, las ramas nacían de ella.
-¿Q..quien eres?- Preguntó el Capitán Vasco.
-“¿Que quién soy? Lo peor de los hombres es ni siquiera os acordáis de quién es la gente a la que habéis hecho daño. Yo soy la protectora de las especies oprimidas, de los seres vivos a los que maltratas. Me hieres cuando dañas a ese Sauce.” Yo soy … GAIA- El eco de su voz dejó de sonar cuando se lanzó sobre nuestros héroes con intención de aplastarlos.

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