Era una tarde fría, de estas en las que solo
te apetece salir de casa si es para tomar una taza de té o para
ayudar a un amigo que sabes que lo merece. Sin embargo, esa tarde
otoñal un montón de jóvenes, y no tan jóvenes, habían sido
citados en el interior de lo que antiguamente fue un viejo faro.
Ahora era un edifico amplio con diversas salas y perfectamente
equipado. Estaba reservado para operaciones especiales.
El lugar se emplazaba en Finisterre, y era un
largo viaje, pero a todos los invitados les pagaron los gastos. La
mayoría de las personas que estuvieron allí esa noche se habrían
pensado dos veces si ir o no, pero la historia que vino a
continuación es una de esas que valen la pena contar.
Eran las 6 de la tarde, un poco pronto ya que
la reunión daba comienzo a las 9, sin embargo el joven Incógnita de
19 años de edad había decidido llegar lo más pronto posible.
Llevaba mucho tiempo haciéndose preguntas y sentía con frecuencia
la necesidad de evadirse de la realidad que lo envolvía y de tratar
de responder a sus preguntas. Era un chico de pelo castaño y
desordenado, sus ojos eran marrones aunque la luz les arrancaba
destellos verdosos y, en general, tenía poca pasión por la
estética: tampoco iba mal vestido, pero no le importaban demasiado
esas cosas .Las consideraba chorradas. De algún modo la carta que le
llegó con la cita del faro le resultó esperanzadora. Albergaba en
su interior la intuición de que no iba a ser un viaje en vano.
Nada más llegar al recinto donde se
encontraba el faro un hombre de seguridad que vestía de negro y
tenía escritas las siglas “GM” en el bolsillo del uniforme le
pidió documentación. Incógnita no pudo evitar observar todos los
detalles de aquel guardia: su rostro era pálido y huesudo y poseía
una mirada fría e inmóvil, penetrante. Desde luego, daba de todo
menos buena espina .Una vez hubo salido de su sorpresa, le entregó
debidamente la documentación y sin más pudo pasar al recinto. Toda
esta situación se le hacía extraña ¿Quién y para qué me había
citado allí? ¿qué tendrían en común todas las personas que
habían sido citadas? Había un sinfín de preguntas y el chico
siempre había sido de esas personas que quieren saber lo que pasa.
Era una mezcla entre curiosidad y afán de saber. Pero esta vez todo
le parecía diferente. Se sentía envuelto en una sensación de
incertidumbre, en un terreno donde nada era predecible, y eso le
gustaba. Era algo más que una vaga sensación… no sabía si era
sólo una paranoia, que tenía ganas de que algo en su vida cambiara
o, si efectivamente, algo iba a cambiar.
A pesar de tener sólo 19 años le daba la
impresión de haber vivido una eternidad. Era una de esas personas
que vive al límite y se acuesta cuando está totalmente muerto de
cansancio. Como había llegado bastante pronto decidió investigar el
terreno que estaba rodeando al faro. Se agachó, se ató los cordones
y se puso en marcha.
Caminó durante unos minutos por lo que parecía
un frondoso parque con enormes árboles de especies diversas. todos
ellos con una gran cantidad de hojas en su haber. El camino que
pasaba por el parque estaba iluminado con unas luces redondas que se
colocaban en el suelo como si fueran focos. Incógnita iba
felizmente caminando y observaba el paisaje, pero no veía ni rastro
de ninguna persona. Todo parecía transcurrir con normalidad,
demasiada normalidad.
De pronto, a los veinte minutos de paseo y
habiendo dado ya casi una vuelta completa al recinto, percibió un
extraño sonido. Algo así como un susurro que lo dejó helado. Fue
como un “¡¡suhhss nooo¡¡”. El problema del susurro es que lo
escuchaba pero no era capaz de percibir de donde venía. No tenía
preferencia por un sitio en concreto y eso le aturdía los sentidos.
Miró a todos los lados. El resultado fue el mismo, así que
finalmente hizo como si no pasara nada.
-Bah, sólo ha sido el viento-dijo, y continuó
su marcha.
Pasados unos minutos ¡el susurro volvió a
escucharse, pero esta vez de forma tan enérgica que parecía golpear
sus oídos!, miró de nuevo a su alrededor pero no conseguía ni
siquiera intuir de donde provenía.
Sus nervios iban en aumento pero pasaba de
escapar. Este tipo de situaciones incómodas y extrañas en donde
nada es seguro le parecían, de forma paradójica, molonas en el
fondo. Así por un momento se olvidó de la sensación de
desconcierto y miedo que le provocaba la situación y sonrió.
-¡Ja! Dios mío ¿me estaré volviendo loco de
tanto desayunar vodka por las mañanas?-dijo sin perder una sonrisa
que si la viera tacharía de estúpida y fuera de lugar.- ¿De dónde
saldrá esa voz?- seguía preguntándose.
Súbitamente notó el viento moverse de un modo
extraño y sintió que una sombra oscura le perseguía, se volvió y,
efectivamente, había una especie de sombra a su lado. Nada más
verla toda la zona se tiñó de negro. Se encontraba sumido en la
oscuridad pero el susurro parecía haberse ido. Sin darle importancia
a la situación continuó avanzando todo recto y comenzó a oler a
tabaco cada vez más. Aunque el olor a tabaco no le resultaba
agradable decidió seguirlo ya que era una pista de que ahí había
alguien o al menos, algo. Giró un poco a la derecha, guiado por su
nariz, hasta descubrir un montón de humo que le limitaba aún más,
si cabe, su capacidad de visión.
-Cof, cof- Tosió el chico a la vez que se
apartaba del humo. Tras apartarse vislumbró una persona detrás de
la humareda. No le daba buena espina y, como además el tabaco le
sentaba mal, decidió no preguntar y continuar recto por el
oscurecido camino. Estaba algo asustado pero totalmente excitado por
la situación pues, como imaginaba, había algo extraño y mágico
(de algún modo) en la cita que le llegó a este faro. A pesar de
haberse alejado del humo seguía oliéndolo y cada vez con más
intensidad. Oyó pasos a su alrededor: la persona que había visto
detrás del humo parecía perseguirle y además jadeaba, así que una
de dos, o estaba corriendo alterado por aquella oscuridad, o bien se
estaba ahogando de tanto tabaco. No obstante, Incógnita se dejó
guiar por un sentimiento de escalofrío que le recorría el cuerpo y
que estaba comenzando a dejarle heladas de pánico las piernas: no
quería morir, no se veía muerto, y menos quería morir en manos del
tabaco. Odiaba el tabaco y, aun así, el alcohol no le desagradaba…
sin llegar a ser un borracho. Corrió todo lo que pudo perseguido por
el humo y pareció chocarse con algo.
-¡Au!- Gritó.
El Chico quería preguntarle si estaba bien
pero estaba envuelto en la idea de escapar. Al cabo de un rato logró
despistar al humo y decidió torcer hacia la izquierda. Allí no se
movía nada, era como si el tiempo se hubiera detenido en un instante
y no quisiera avanzar. No pasaba el viento y todo estaba tranquilo.
Cuando estaba apunto de recuperarse del shock del momento volvió a
oír el susurro.
-Mierda jeje, en verdad me he vuelto loco- Dijo
dándose ánimos a su modo.
Sin embargo, la situación de escalofrío
volvió cuando en unos instantes, miró al frente y divisó unos ojos
rojos extremadamente abiertos mirándole fijamente. Los ojos parecían
sonreír de forma malévola y sin saber porque se sentía más
abrumado por ellos que por el humo. Corrió dando marcha atrás, esta
vez todo lo rápido que pudo, sin parar ni un momento. El corazón se
le aceleraba a un ritmo exagerado y de forma continuada. Volvió a
verse rodeado por el dichoso humo y de nuevo parecía que el susurro
se había ido. Siguió corriendo cada vez más rápido y sintió como
si una poderos energía saliera de su interior y sobre todo, como si
una pequeña marca le estuviera saliendo en la frente. La cabeza le
ardía.
En ese momento no tuvo miedo. Se dejó guiar
por esa energía y, finalmente, la oscuridad se evaporó. Miró de
nuevo a su entorno, se encontraba en la misma puerta de entrada al
faro y ya no sentía la extraña energía ni la marca de su frente.
Moribundo aún por la carrerita tardó un
rato en recuperarse. Pasado ese rato se sintió confiado, miró el
faro con gesto afirmativo y se dispuso a entrar. Olvidé mencionar
que todos los que habían recibido la carta recibieron con ella una
tarjeta, de tamaño similar a una de crédito que poseía una barra
electrónica que permitía identificarlos.
Se encontró con una puerta que en el lado
derecho tenía una ranura en la que la tarjeta parecía encajar.
Incógnita deslizó la tarjeta y una voz átona pronunció:
“Identificando participante... número 040, puede pasar”. Tras
este sonido electrónico la vieja puerta de madera del antiguo faro
se abrió de par en par. El chico estaba rallándose la cabeza: ¿qué
era aquello de “participante 040?” ¿Eran sólo números?,
decidió seguir andando, tarde o temprano el misterio saldría a la
luz así que era mejor no pensar.
Anduvo durante un tiempo por un largo pasillo
que tenía el suelo decorado con alfombras que parecían orientales
pero que tenían grabados figuras de monstruos, calaveras, seres que
no conocía y motivos muy macabros. Tras continuar recto un rato
finalmente vio una sala a la izquierda. Entró y vio que era una sala
inmensa llena de sillas de color rojo puestas formando hileras. No se
oía ni un mosquito y no se veía a nadie. Había una figura que se
encontraba al fondo en una esquina, estaba sentado y parecía mirar
al horizonte o estar inmerso en sus propios pensamientos. En estos
momentos se activó su curiosidad y se dirigió hacia él. Tenía
piel morena y ojos rasgados como un oriental además de un pelo tan
negro como la noche. Parecía buena persona.
-Hola ¿cómo te llamas? –le preguntó
Incógnita amablemente, aunque sin mucha esperanza de encontrar a
alguien normal en aquel faro. El chaval desconocido se volvió y le
miró. Su mirada era inexpresiva totalmente y no era del agrado de
Incógnita, por lo que trató de esquivarla. Se sentía muy
incómodo. Los segundos pasaban más lentos de lo normal y el chaval
mantenía la mirada.
-J.J- dijo finalmente muy seco y tras ello
marcho de la habitación sin más.
Nuestro chico pasó de rallarse, “aquí la
gente está colgada pero todos tienen un aura de misterio, jaja, me
encanta este sitio” pensó. Salió de la habitación por donde
había salido el extraño chico, que era una puerta trasera situada
al final de la enorme sala. Al poco de salir se encontró de frente
una nueva sala, esta vez algo más pequeña pero con mucha gente.
Miró a todos los lados de la habitación pero
ni rastro de J.J, si bien tampoco iba a ir a buscarlo a si que se
dispuso a hablar con la gente que estaba por allí. Como ya he dicho
había mucha gente en la sala, pero no todos parecían amistosos. De
hecho la gran mayoría de ellos guardaban silencio aunque había
algunos que charlaban animadamente como si se conocieran de toda la
vida. Se fijó un poco en el gentío de la sala y le llamó
especialmente la atención un chico con el pelo tazón que permanecía
inmerso en su PSP light 4 como si le fuera la vida en ello. Tras un
rato de observarle y de ver el conjunto de la zona decidió acercarse
al chico.
-Hola, ¿qué tal?, ¡encantado de conocerte!-
Dijo Incógnita lo más amable que pudo.
El chico no le oía, permanecía absorto en su
videojuego, de tal manera que parecía darle igual el mundo real que
había a su alrededor. Se fijó un poco en el juego y vio que le
resultaba familiar: era uno de sus juegos favoritos.
-¿Es el “Dragon Ball Multiverse Batalla
Final 3”?- Preguntó, mirando al juego atentamente. De pronto, el
chico del pelo tazón salió de su mundo y contesto:
-Sí tío ¿lo conoces?- Dijo, contento de que
alguien reconociera su juego.
-¿Bromeas?, claro que sí- Contestó nuestro
chico. Es mi juego favorito tío y además no se porque te extrañas
si es muy conocido.
-Ahh no se.. no me entero de nada nunca- Dijo
sin poner cara de que le importara.
-Bueno, ¿tienes a los personajes ocultos?
-Jajaja claro que sí en este juego nadie me
gana, sólo me falta la última misión para acabar el juego.
-Bien bien será divertido verlo- Concluyó
Incógnita.
Mientras hablaban apareció un hombre a la
puerta de entrada de la sala, no se le distinguía mucho pero llevaba
una traje negro una corbata y gafas.
-Señor Juan Diego López-Oleága, venga
conmigo, es su turno- Y, dicho ésto, un chico alto y corpulento se
levantó y echó a andar. Gran parte de los presentes alzaron la
vista y cuchichearon.
-Oye, ese tío me suena ¿no sale en la tele?-
Preguntó alguien. Todo el mundo en la sala miraba al recién
nombrado, algunos estaban sorprendidos pero el chico del pelo tazón
e Incógnita parecían estar en Babia.
-A pues puede ser, me suena bastante su cara,
es lo más probable- Respondió otra persona mientras el mentado
salía de la sala con paso firme y decidido.
-No sé... le he visto antes en alguna parte-
Dijo con aire pensativo la primera voz.
-Vaya preparándose usted- Ordenó el hombre
del traje negro dirigiéndose al chico del pelo tazón- Es el
participante siguiente, el número 33.
-¿Participante numero 33? Otra vez, como a la
entrada ¿A que se referirá? - Preguntó Incógnita con aire de
preocupación.
-No se...– Dijo el otro chico sin más.
Parecía que no le interesaba el asunto, que pasaba de todo, pero
Incógnita de algún modo sabía que estaba preocupado igual que él,
sólo que no quería pensarlo. Incógnita se acercó a él y le puso
la mano en el hombro sonriéndole.
-Suerte ahí dentro tío.
-Gracias- Respondió. Se dieron la mano y, tras
ello, marchó hacia donde estaba el señor del traje negro.
Pasó un rato desde que el chico se fue. A
Incógnita le hubiera gustado charlar con otros de la sala pero
estaba ofuscado en sus propios pensamientos. 'Participantes' ¿ A que
se referían con eso? Ya iban dos veces. No me gusta que nadie
juegue conmigo, ni conmigo, ni con nadie – Repetía para sus
adentros tratando de reprimir esa sensación que le corroía muy
parecida a la angustia. Por un lado, estaba intrigado por lo que
había sucedido desde que llegó a aquel faro. Apenas serán dos
horas pero fueron muy intensas: había tenido sensaciones extrañas y
apunto estuvo de morir ahogado entre el humo del tabaco. No eran
precisamente las sensaciones que esperas de una aburrida tarde de
otoño. Por otra parte le encantaba la aventura aunque, por primera
vez en su vida, tenía también bastante miedo.
-¿Señor?- Le llamó otro hombre en traje
desde el mismo sitio que el anterior. Incógnita estaba ausente
pensando en todas estas cosas y ni se enteraba-¡Vamos hombre! ¡que
te toca!-Repitió mas fuerte el trajeado mientras le hacía gestos
con la mano. Tras oírle Incógnita afirmó que iba con un gesto de
cabeza. Cogió aire y respiró lo más hondo que pudo. “Que haya
suerte”, se dijo saliendo de la habitación.
El hombre del traje iba delante de él. Andaba
rápido sin decir una sola palabra. Su cara era un muro pétreo y
tenía la boca torcida en un gesto como de enfado, así que
Incógnita, obligado a seguirle, prefirió mantener el silencio.
Pasaron un largo pasillo mal iluminado que tenía lámparas viejas y
hermosas en el techo, a pesar de estar rotas, también había algunas
puertas que debían de conducir a otras salas. No se oía ni un alma.
Por fin, al cabo de un rato largo, llegaron frente a una puerta de
color marrón que parecía blindada. No pegaba nada con el lugar. El
hombre del traje negro se aproximó hacia ella e introdujo una llave
de lo más normal, la giró dos veces y abrió la puerta.
-Pase detrás de mí- Le dijo el hombre del
traje negro. Incógnita se apresuró aún un poco dudoso de todo lo
que iba viendo, pero le siguió. Era una sala totalmente oscura, de
éstas que hay que ir a ciegas tocando las paredes para no tropezarse
con lo que pueda haber en el suelo. A duras penas veía al hombre de
negro que iba delante de él. De pronto miró al frente y divisó lo
que parecía una fuente de luz de color azul.
-Hemos llegado- Afirmó el hombre al cabo de
unos segundos. Incógnita miraba al frente, asombrado. El objeto que
despedía la luz era una especie de esfera azul redonda y
tridimensional, no había visto nada así salvo en alguna película-
Venga ¡acércate!- Le apremió el hombre de negro con voz de
general.
Incógnita le hizo caso. Se acercó hacia esa
especie de esfera y vio que era como un globo terráqueo con mapas
dibujados en su interior, pero no se parecía a la Tierra.
-La pantalla es táctil- Informó el hombre con
aire de superioridad antes de que Incógnita pudiera preguntar nada-
Elije la zona que quieras mientras giras y presionas suavemente con
el dedo índice.
Se acercó aún más para ver con más
claridad las zonas que parecían mapas pero le parecían todas
iguales.
-Tómate unos segundos si quieres.- Le dijo el
hombre. Incógnita miró la esfera y sonrió.
-No se bien por qué pero tengo una sensación
cálida- Dijo tan bajito que sólo pudiera oírlo él. Colocó el
dedo índice en la pantalla. De repente notó cómo el dedo índice
se iba deslizando ligeramente hacia dentro. Poco a poco se rodeaba
del color de la esfera. Todo ésto pasaba en cuestión de segundos
pero a él le parecía una eternidad. Le pareció que la esfera se
iba acercando cada vez más aunque en realidad era su cuerpo el que
se veía arrastrado a la esfera como si fuera un imán. Primero fue
su dedo, después, su brazo, y al cabo de unos segundos, antes de que
pudiera reaccionar, todo su cuerpo se encontraba dentro de la esfera.
Nada más ser absorbido por la esfera fue arrastrado por algo y cayó
y cayó por un inmenso vacío.
El miedo y la sorpresa se apoderaron de él: –
¡¡¡aaaahhh!!! - gritó sin poder hacer otra cosa mientras caía a
la vez que no hacía más que preguntarse que estaba pasando. Cuando
no pudo más con sus fuerzas dejó de gritar y sus ojos fueron
cerrándose mientras perdía el conocimiento. Su cuerpo cayó rendido
al suelo tras aquel vacío que parecía no tener fin.
Pasó un rato hasta que despertó. Se
encontraba tumbado. Primeramente tocó el suelo con las manos,
asustado por si seguían en medio del vacío, y comprobó que se
trataba de césped. Segundos después abrió los ojos lentamente y
vislumbró un brillante cielo azul propio de una tarde del mes de
julio, acompañado de una brisa. Con algo de esfuerzo se incorporó.
-¿Dónde estoy?- Se preguntó pensando en voz
alta sin querer.
-¡Ja ja no lo se tío, pero me gustaría
saberlo!- Le respondió una voz que le resultó familiar. Giró la
cabeza hacia atrás desde donde le pareció que venía. Allí le
encontró sonriente; era el chico del pelo tazón, con el que había
hecho buenas migas en el faro.
-Hombre nos volvemos a encontrar- Dijo
Incógnita sonriendo también. Los dos chocaron los puños en señal
de amistad aunque seguían sin entender nada de lo que pasaba a su
alrededor.
-Por cierto, no se por qué no recuerdo mi
nombre, pero en esta tarjeta se me conoce como el “Guerrero
Celeste”- Dijo el chico del pelo tazón sacando la tarjeta de
identificación del principio, la cual tenía un nombre iluminado en
la parte de atrás.
-Entonces llámame Eliart. Tampoco recuerdo mi
nombre original, creo que ha debido ser el golpe de la caída desde
el vacío. Bueno qué ¿investigamos ésto, tío?- A su alrededor
había una zona frondosa, con árboles de todo tipo, desde palmeras
hasta pinos y también zonas rocosas rodeadas de césped.
-Vale tío vayamos, no hay nada mejor que
hacer- Respondió con entusiasmo el Guerrero Celeste.
Ambos se adentraron en aquella especie de
bosque, caminaron un rato y de pronto se encontraron de frente con un
tipo alto y fuerte. Vestía un traje con los colores del Athletic de
Bilbao, un escudo con la Ikurriña y una boina negra en la cabeza.
Les saludo con aire de superioridad.
-Hola, chavales ¿queréis un autógrafo?-
Preguntó con arrogancia aquel tipo. Eliart cayó en que el tipo que
tenía frente a él era el mismo hombre al que todo el mundo se quedó
mirando cuando le nombraron.
-¡Claro, estaba tan atontado con el juego en
el faro que ni siquiera me di cuenta! Tío- Exclamo el Guerrero
Celeste dirigiéndose a Eliart- Este tío es un famoso héroe de mi
tierra, le llaman el Capitán Vasco, dicen que es muy fuerte- Parecía
impresionado-...pero a mi no me parece que sea para tanto...- Añadió
en un susurro.
-¿Cómo? Soy el superhéroe más popular de
Bilbao, entérate -Dijo el Capitán Vasco con cara de cabreado.
-Venga ya, ¡pero si ni siquiera eres Vasco!
Naciste en Navarra ¿No es así? Un 7 de julio, en plenos San
Fermines- Respondió el chico demostrando su buena memoria.
-¿Qué dices Patxi?¿Cómo sabes tú eso?- El
Capitán Vasco estaba anonadado.
-Pues porque mi padre es un gran admirador
tuyo, a él le encanta cómo luchas contra la corrupción y el
crimen. Aunque a mí me cansas. Sales demasiado en los chismorreos de
la televisión y no pudiste con “El Guipuchi”- Ahora fue el
Guerrero quien puso cara de superioridad.
-¿“El Guipuchi”?- Eliart intentaba poner
interés, no se sentía cómodo en la conversación. Él era
manchego, allí no había superhéroes ni nada por el estilo, así
que tampoco sabía qué podía aportar. Además, se encontraba
inmerso en sus propios pensamientos. “¿Qué puede pintar aquí un
superhéroe?” su cerebro no paraba de dar vueltas y estaba
empezando a arderle la cabeza.
-El Guipuchi es un famoso delincuente, conocido
por el numero de veces que ha pisado la cárcel. Cuando era pequeño
sufrió un extraño accidente y al parecer le produjo una fuerza
sobrehumana. Tarde bastante en creérmelo. El Capitán Vasco fue a
detenerlo pero perdió- Dijo el Guerrero Celeste, mirándole sin
perder su humor.
-¡Cretino, para nada perdí contra ese tipo,
lo que pasa es que la policía llegó tarde y se escapó!
-Ya ya .. escusas, escusas.
-Venga, no seas tan injusto con él, a saber
que haríamos en su lugar. Aunque podamos imaginarlo, no podemos
saberlo- Dijo Eliart que pasaba de meterse en un pique tan tonto.
El Capitán Vasco y el Guerrero Celeste
siguieron discutiendo un rato, pero Eliart los observó atentamente y
tuvo la intuición de que podrían llevarse muy bien. Solía tener
muchas intuiciones certeras así que tendía a guiarse por ellas
aunque, a veces, se equivocara estrepitosamente.
En medio de aquella discusión, cada vez más
amigable, de pronto se oyó una voz en todo el lugar, una voz
misteriosa que hablaba con firmeza y con un tono grave. Eliart, el
Guerrero Celeste y el Capitán Vasco miraban en todas direcciones,
sin saber de dónde provenía esa voz. Al mismo tiempo apareció
también ante ellos una pantalla grande, como la de un proyector, que
llevaba inscritas las siglas “GM” en el extremo inferior derecha.
En aquella pantalla comenzaron a aparecer por escrito las palabras
que decía la voz.
BIENVENIDOS, JUGADORES.
Esta tarde, 300 personas fuisteis citadas
en el faro, tan solo 256 acudisteis. Ninguno sabíais el verdadero
motivo de la cita, así que os felicito por haber decidido asistir.
El lugar en que se encuentran no pertenece al mundo real. El motivo
por el que fuisteis citados es que todos vosotros tenéis alguna
habilidad especial, sólo que aún no las habéis descubierto, salvo
raras excepciones. Este lugar que veis es el escenario de un JUEGO.
Un JUEGO en el que vosotros sois los protagonistas. Las reglas son
simples:
-Cada uno de vosotros dispone de 3 vidas
completas y, al ser eliminadas estas tres vidas, será enviado de
vuelta al mundo real.
-El objetivo del juego es una lucha a
'muerte', todos contra todos. En esta lucha valen las estrategias que
quieran. Pueden formar equipos o luchar individualmente. Pero SÓLO
PUEDE QUEDAR UNO. SÓLO UNO SERÁ EL GANADOR DEL JUEGO. Ténganlo
presente.
-Todos los jugadores tenéis una tarjeta,
donde se activará a partir de ahora vuestro numero de participante y
vuestras barras de vida en color verde. Cada vez que una barra de
vida desaparezca se teñirá de rojo y el número de arriba, donde
ahora tienen un “3” todos, indicará vuestro número de vidas. La
tarjeta también muestra el número de participantes restantes.
-Durante el juego, serán enviados al mundo
real en determinadas ocasiones. Queda terminantemente prohibido que
usen sus poderes allí. Si lo hacen, recibirán una dura sanción.
Ahora que ya saben por qué están aquí,
llegó el momento de que exploren sus poderes.
¡¡¡QUE COMIENCE … EL JUEGO
JAJAJAJAJAJAJ!!!
Tras decir esto la voz desapareció entre
risas burlonas que no inspiraban mucha confianza. La pantalla
desapareció al instante y las tarjetas se activaron tal y como decía
el mensaje. Eliart estaba pensando en lo del juego-“Claro, ahora
todo tiene sentido. Esa sensación de energía que tuve cuando
trataba de escapar del humo, ese algo que sentí en la frente, aquel
humo en cantidades infinitas, la presencia de un superhéroe, el
Capitán Vasco, no era nada casual”- El Guerrero Celeste estaba
flipando después del mensaje
-¿Yo? ¿Poderes especiales? ¡Venga ya, eso es
imposible! Lo más cerca que he estado ha sido en mis video juegos
pero no era real. ¡Claro, eso es! Nada de ésto es real. Ja ja es un
sueño de que estoy dentro de un juego, esto me pasa por viciarme
tanto, 'LOL'. Cuando despierte me plantearé dejar la consola- Decía
el Guerrero Celeste tratando de calmarse aunque, en el fondo, tenía
la impresión de que era totalmente real.
-Vaya vaya ¿Así que tienes poderes Patxi?
¡Atrévete con el Capitán Vasco!- Bramó el Capitán bien
orgulloso de sí mismo.
-Calma chicos, dejad eso para más tarde. No
perdamos vidas a lo tonto- Dijo Eliart entre serio e irónico- Os
propongo una cosa, formemos un equipo. Estamos ahora mismo en medio
de algo que desconocemos, este juego es para nosotros pura
incertidumbre. Pero nos han explicado las reglas, nos lo han dejado
claro. Sabemos que el objetivo es una lucha todos contra todos y
estoy igual que vosotros, no entiendo nada y me repatea que alguien
se piense que somos sus juguetes. Pero también pienso que la única
forma de averiguar bien estas cosas es entrar en el juego y
participar. No tenemos más opciones y estando juntos seremos mucho
más fuertes que por separado. ¿Estáis de acuerdo?
Tras decir ésto quedaron los otros dos
pensativos hasta que el Guerrero Celeste respondió:
-Claro que sí colega. Será divertido y lo
pasaremos mejor si vamos juntos- Dicho ésto chocaron las manos.
-Yo también me apunto- Dijo el Capitán Vasco
con un tono más amable que el que había estado usando- Creo que
este compatriota y yo vamos a llevarnos bien- Añadió mientras
miraba al Guerrero Celeste sonriendo y también chocó con ellos sus
puños.
Bueno,ahora que somos un equipo, ¿habrá que
elegir un nombre no?- Propuso el Guerrero Celeste más animado y
aceptando más la situación.
-Humm ¿que os parece... “Los I-Men”?-
Preguntó Eliart.
-Jajajajaja, suena... raro tío- Dijo el
Guerrero Celeste entre risas.
-¿Y un poco 'guarro' no crees? - Siguió el
Capitán Vasco también riendo. Los tres se miraron a la cara,
guardando un silencio durante unos instantes.
-¡Pero ...nos gusta! - Soltaron los tres a la
vez, mientras se miraban.
-¡Decidido entonces, seremos los I-Men !- Dijo
Eliart con mucho entusiasmo y levantó la mano, cerrando el puño-
Vayamos a jugar- Añadió con sarcasmo.
-Sí ,vayamos vayamos- Concluyó el Guerrero
Celeste.
Los tres pasaron un largo rato caminando por
aquella especie de bosque atentos a cualquier peligro que pudiera
acecharles, sin embargo no estaban todo lo atentos que deberían y,
mientras caminaban, alguien les observaba desde el interior de un
arbusto.
Mientras caminaban un muchacho fibroso pero
escuchimizado, con el cabello rubio y altura media, se presentó ante
ellos. Tenía una tarjeta brillante en el bolsillo. No cabía duda;
era un contrincante. A la vez otro tío de aspecto más maduro, con
más barriga y algo más bajito, se acercaba por detrás de nuestros
héroes.
-Bueno Bueno, Jaume El Coco, mira que tres
pringados- Dijo el chico delgado.
-Jajaja estáis perdidos - Dijo EL Coco.
Mientras les insultaban el Capitán Vasco tenía
los ojos cada vez más abiertos y parecía que iba a estallar. El
Guerrero Celeste frunció el ceño y se puso en una posición cómoda
para luchar. Eliart, sin embargo, guardó la calma.
-¿A quién has llamado pringado?- Chilló el
Capitán y se abalanzó sobre el chico delgado. Iba a propinarle un
puñetazo, pero el joven lo esquivó con mucha rapidez.
-¿Sorprendido? - Se burló el rubio- Soy capaz
de predecir los golpes de mi adversario antes de que se produzcan,
así que te será imposible tocarme, pringado- Remarcó la última
palabra con aire de superioridad y un tono cursi.
-Te aseguro Patxi, ¡que no volveré a fallar!-
Dijo el Capitán, entrando en cólera. Se lanzó hacia él una y otra
vez, pero el rival volvía a esquivarle sin que apenas le costara
algún esfuerzo, acto seguido de esquivarlo golpeó al Capitán que
antepuso velozmente el escudo- Gracias- Susurró besando su escudo- ¡
Por mi Atlethic voy a por ti, probarás mi “ Furia Vasca”!
Y, tras decir ésto, se llenó se firmeza para
lanzarse hacia él mucho más rápido que antes, haciendo tambalear
sus reflejos y propinándole un puñetazo fuerte en la nariz que le
dejó sangrando de un sólo golpe.
-Ains mi ropa - Se quejó el rubio con tono de
niño pijo al ver su blanca camiseta manchada por la sangre- Esta me
las pagarás.
-Sí, con otra hostia- Escupió el Capitán
volviéndose a abalanzar sobre él mucho más confiado.
A su vez el Guerrero Celeste se lanzó hacia el
Coco sin saber cuál era su habilidad. Eliart, que le había estado
observando a la vez que caminaba tenía la sospecha de qué tipo de
poder tenía, así que le dijo:
-Celestina, mueve tus brazos rápido y con
energía como si estuvieras volando, como hacías en el camino
mientras te aburrías pero concentrado tus fuerzas.
-Vale tío, pero no me llames Celestina- Y
entonces movió su brazo derecho con fuerza hacía abajo generando
una potente corriente de aire “Wow, ¿ésto lo he hecho yo?”-se
dijo orgulloso de sí mismo. Movió los brazos en dirección a su
adversario con ganas creando una poderosa energía. La fuerte
corriente de viento le golpeó. El contrincante estiró su cuerpo en
respuesta, haciendo uso de su poder. Al estirar el cuerpo era mucho
más ligero con lo que el Guerrero Celeste volvió a golpearle y la
ráfaga de viento se lo llevó por los aires.
-Oh no, mierda ¿cómo fui tan imprudente de
estirarme ahooora?- Dijo mientras era golpeado y arrastrado.
El chico rubio cayó al suelo sin nada de
fuerza justo al lado de su compañero. Estaba totalmente derrotado.
Trató de incorporarse para ver su tarjeta y pudo ver que una de sus
barras se había vuelto roja y que el número de arriba era un “2”.
Le habían quitado una vida. El Coco, sin embargo, se reincorporó.
El Guerrero Celeste fue a golpearle con fuerza pero, en esta ocasión,
puso la tripa dura y no se dejó arrastrar, aunque irremediablemente
sufrió el golpe.
-Vaya vaya, me lo pones difícil- Dijo el Coco
frotándose las manos. Se echó a un lado, situándose en la espalda
de Celeste usando sus habilidades elásticas y le golpeo con sus
brazos como si fueran un látigo. Al segundo golpe el Guerrero
Celeste agarró fuertemente el brazo con una mano y comenzó a
retorcérselo sin que el Coco pudiera hacer nada. Con la otra mano
generó un pequeño viento muy concentrado con forma alargada y lo
comprimió. Acercó la mano con viento al brazo retorcido y se lo
cortó.
-Este será mi “corte de viento”- Dijo
bautizando a su técnica mientras su oponente, ahora sin brazo, caía
también con una vida menos.
El Guerrero Celeste y el Capitán Vasco habían
derrotado a sus primeros contrincantes. Pero no se sentían bien.
Desconocían el motivo por el cuál debían luchar realmente.
Desconocían por qué tenían que jugar en ese cruel “juego” así
que sintieron lástima por sus adversarios y, una vez que se
recuperaron un poco, el Guerrero Celeste dijo:
-Marchaos chicos, estáis débiles y ya os
quedan sólo dos vidas- El Coco cogió a su compañero, que aún no
tenía fuerza, y se lo llevó mirando de mala gana a nuestros héroes
sin mediar palabra con ellos. Los I-Men sabían que nada iba ser
fácil y que si ellos hubiesen sido los derrotados les habrían
atacado sin esperar ni un momento. Pero les tranquilizaba pensar que
estaban actuando bien.
-Será mejor que descansemos un rato ¿no?
Ahora que la cosa se ha calmado- Sugirió entonces el Guerrero
Celeste.
-Sí, estoy de acuerdo. Descansemos un poco–
Añadió el Capitán.
Los tres se sentaron en el césped de aquel
bosque y el Guerrero Celeste sacó dos bocadillos de la mochila y su
PSP. Estaba preparado para otra partida al Dragon Ball. A los cinco
minutos de juego la PSP empezó a tambalear de sus manos y a moverse.
Como si tuviera vida propia se soltó de las manos de su dueño y fue
hacia arriba. Comenzó a agitarse cada vez más rápido hasta que de
pronto estalló. El Guerrero Celeste frunció el ceño, enrabietado.
-Una PSP no se mueve sola. ¿Quién coño se ha
cargado mi PSP?- Gritó con aire de auténtico friki.
-He sido yo- Contestó una voz proveniente de
los arbustos- Permitid que me presente- Dijo al tiempo que salía del
arbusto- Soy David Irons, para vosotros... Señor David Irons.- Se
presentó el joven. Llevaba una gafas normales, un reloj y unos
vaqueros además de un viejo monitor de ordenador a modo de
protección. Tenía un aspecto un tanto ridículo aunque él pensaba
que era sublime.
-¿Y lo dice tan chulo? ¡Yo lo mato!- Soltó
el Guerrero Celeste yendo hacia el chico, que se encontraba en el
arbusto.
-Frena– Le paró Eliart- Ahora es mi turno,
sé que es tu PSP, pero acabas de salir de un combate y te conviene
descansar, yo me encargo.
-¿Que te encargas tú? ¿Con esa cara de
pagafantas que tienes? Por favor, no me hagas perder el tiempo- Le
espetó el tal Irons, sintiéndose con clase. 'Aunque su cara... me
recuerda a alguien, no sé de qué'-dijo para sus adentros.
'-Buff es un creído, pero tengo la
sensación... de que ya le he visto antes'- Pensaba Eliart. 'Bueno
acabaré con ésto rápido'- Así que, David Irons ¿No? Tienes el
apellido de un científico fracasado ¿lo sabías?- Dijo Eliart
burlándose de él.
-¡Imbécil cómo te atreves, ese científico
es mi padre!- Respondió Irons enfadado.
-Vaya, ¿no me digas que tu apellido es el de
tu padre? Enhorabuena capitán Obvio- 'Hum, ahí puede que me haya
pasado'- pensó- Lo siento, no pretendía ofenderte- Eliart le
tendió su mano.
-Calla, estúpido pagafantas, te voy a hacer
pedazos- Afirmó el chico.
-Y dale con lo del pagafantas ¿ es que no
tienes otra cosa mejor?
-Voy ha mostrarte mi poder y, después, tendrás
que pedirle disculpas al gran señor David Irons- Decía sus nombre
con orgullo, remarcando cada sílaba con un tono chulesco que lo
hacía extremadamente cómico.
-Contrólate Eliart contrólate- Se decía a sí
mismo.
-Allá voy- Y Irons dejó ver que su brazo.
Estaba cubierto de un guantelete metálico con un propulsor. Al
pulsarlo lanzó a Eliart un fuerte puñetazo más propio de una
máquina que de una persona-¡Propellant Fist!- Gritó el Sr. Irons.
Eliart intentó esquivarlo pero iba muy rápido y no lo veía
posible. Justo antes de que el puño rozase su pecho una especie de
energía de color rojo aunque con toques anaranjados rodeó todo su
cuerpo. Saltó hacía atrás eludiendo el golpe. Tuvo la misma
sensación que había tenido al escapar del humo unas horas antes y
notó que le aparecía en la frente una especie de símbolo que
parecía una cabeza de cabra con sus correspondientes cuernos, todo
estaba en el interior de un círculo. Sentía que estaba ardiendo.
Miró a sus brazos y los vio mucho más musculosos que de costumbre.
Aún no podía salir de su asombro. Por otro lado, estaba feliz,
parecía adrenalina en estado puro. Se acercó a Sr.Irons con
determinación.
-Es mi
turno ¿no?- Y tras decir ésto Eliart trató de impulsarse con esa
fuerte energía. Saltó a una velocidad increíble y le golpeó con
la cabeza en el torso. Rápidamente, Irons pulsó su reloj y el
monitor de ordenador le tapó el cuerpo tomando forma de
armadura-¡Embestida Cabrista! Suena bien, ¿eh?-Dijo
guiñándole un ojo al Guerrero Celeste a la vez que golpeaba a Irons
con aquel fuerte cabezazo destrozando por completo la “armadura.”
Eliart pudo comprobar que llevaba otra debajo-Vaya vaya, debo
reconocer que sabes mucho de tecnología, a pesar de que en ser
sublime no me llegas ni a la suela de los zapatos- Presumió el
joven. El Sr.Irons estaba de rodillas, afectado aún por el tremendo
golpe. Eliart se acercó a él y le tendió la mano. El otro sonrió
para sus adentros y aceptó la mano tendida apretándola con fuerza.
En un instante, con la otra mano, le lanzó un fuerte puñetazo
bastante más potente que el anterior. Eliart se dobló de dolor.
-¡Agg, sucio rastrero!- Exclamó mientras se
resentía del golpe.
-Como ves, eres un auténtico pagafantas, y no
sólo con chicas- Dijo el Sr.Irons con aire de superioridad mientras
ponía algo de distancia.
-Pero… ¡será cabrón!- El Guerrero Celeste
corriendo en dirección a él. En ese momento Eliart también corrió
y le frenó.
-¡Déjale tío! Es mi rival -Eliart estaba
motivado y sonreía. El Guerrero Celeste lo entendió y se quedó al
margen, sintiendo rabia por su PSP. Eliart notaba algo en aquel
Sr.Irons, no creía que fuera así de chulo sino que, simplemente, no
sabía cómo comportarse en aquel juego. Se acercó un poco a Irons.
-¿Qué, vienes a por más, estúpido?- Dijo
desafiante el chaval.
-Jajajajajajaja- Eliart soltó una gran
carcajada. El último ataque de Irons había restado un poco de su
primera barra verde. Pisó con fuerza el suelo y generó esa potente
energía anaranjada aunque ya no le salió aquel círculo en la
frente. Su tarjeta de jugador estaba brillando. La sacó lentamente
del bolsillo y pudo ver que ponía: “Aries, liberado”. '¿Aries?
Vaya. Bueno ¡ya habrá tiempo para analizar después, ahora le haré
una demostración de mi poder, haber si logro entender por qué se
comporta así..! Hum sería un curioso aliado.' -Pensaba a la vez que
se lanzaba a por él. Esta vez concentró su energía en todo el
cuerpo y le golpeó un fuerte placaje, seguido de un puñetazo en la
pierna derecha. Ahora no hubo armadura capaz de salvarle y David
Irons recibió los golpes de lleno.- 'Parece que no, pero es muy
resistente' – dijo Eliart para sus adentros. Se sentía mucho más
aliviado. Su contrincante cayó al suelo, perdiendo un poco de salud.
Consciente de su probable derrota, David Irons
dijo, sin levantarse todavía del suelo:- Bueno, veo que estás a mi
altura choca ésa, ésta vez de verdad.
Eliart chocó su mano al ver que iba en serio y
preguntó: ¿ Te gustaría unirte a nosotros? Tienes el poder de
controlar todas las máquinas y todo aparato tecnológico y, además,
estás solo. Estamos formando un grupo para ser más fuertes juntos
¿qué me dices?
-¡Un momento Eliart! Este tipo ha roto mi PSP,
no me hace ninguna gracia que venga y creo que al Capitán tampoco-
Dijo señalando al Capitán que miraba con cara de pocos amigos.
-Tranquilos tranquilos, que eso puedo
arreglarlo- Todavía desde el suelo, Irons chascó los dedos y
reapareció la PSP rota en pedazos, la cogió con sus manos y comenzó
a moldearla como si se tratara de plastelina y, tras varias vueltas,
se la presentó al Guerrero Celeste. Ahora era una PSP reluciente
pero algo distinta y de color amarillo.
-Toma, es una versión mejorada que saldrá al
mercado dentro de unos...- Presionó la diminuta pantalla táctil de
su reloj – 22 años. Y bueno, valen los juegos anteriores.
-Vaya, no esta.... mal- Dijo El Guerrero
Celeste a la vez que encendía su nueva videoconsola.
-Pues si no hay inconveniente me quedaré con
vosotros, aunque ya os digo que suelo ir bastante por libre- Explicó
mientras se levantaba cojeando.
Tras un rato bastante tranquilo, los I-Men
decidieron seguir caminando por el sendero. Pero estaba mucho más
oscuro.
-Para ser un juego lo cierto es que es muy
real.- Comentó el Capitán a la vez que avanzaban.
De pronto, frente a ellos, distinguieron una
silueta que les resultaba familiar: Era el Coco, acompañado del
chico rubio. Pero no estaban solos. A su lado se encontraba un ser
mitad hombre mitad roca. La mitad de cintura para arriba estaba
cubierta por rocas, al igual que las partes vitales, mientras que el
resto del cuerpo era propio de un hombre normal de constitución
fuerte. En los hombros sin embargo, llevaba colgadas dos placas
metálicas que parecían llevar un motor eléctrico. El Coco alargó
su brazo y atizó al Guerrero Celeste.
-¡Bueno chicos somos 4 contra 3 podemos
vencerles, vamos allá!- Gritó Eliart, acto seguido pronuncio
“¡¡Embestida Cabrista!!” y el torrente de energía le inundó y
se lanzó directamente a por su enemigo rocoso al mismo tiempo que
David Irons le golpeaba con su propulsor. Ambos le dieron con fuerza
en la espalda, pero era demasiado fuerte como para romperse. El
jugador rocoso, que así se llamaba, respondió con una velocidad
inmensa situándose atrás de sus adversarios y les produjo un corte
a ambos con un azote de sus rocosas manos- Mierda, es rápido - Se
quejó Eliart- ¡Necesito más fuerza!
Mientras tanto El Capitán estaba teniendo
dificultades para derrotar a su adversario, el chico rubio, éste
lograba anticiparse a todos sus movimientos. Finalmente, el Capitán
observó y pudo ver que su manera de esquivarlos era siempre la misma
según lo que hiciera, así que trató de engañarle: Movió su brazo
en dirección a su estómago, de tal manera que el chico se hecho
para atrás lo suficiente para esquivarlo y, rápidamente, el Capitán
colocó el brazo en la espalda del contrincante y golpeó con todas
fuerzas. El chico no pudo reaccionar a eso y dio varias volteretas
antes de caer al suelo. Al caer sus dos barras restantes se apagaron
y paso algo muy raro. Una ensordecedora voz les llegó hasta la
cabeza y unas letras sobre el chico aparecieron. La voz que había
anunciado las reglas proclamó esta vez; 'Jugador: El Anticipador.
Poder: Prever movimientos. Vidas: Cero. Estado: Eliminado.' Y
entonces desapareció como si nada. Hubo un momento de silencio.
Todos los jugadores parecían haberse quedado en el sitio paralizados
por el miedo a que les pasara lo mismo. Pensaron frenar el combate en
aquel momento, pero de algún modo sabían que tarde o temprano
tendrían que pelear si no contra ellos contra otros. Así,
probablemente por el mismo miedo a ser destruidos en un lugar que
desconocían y por el miedo a que aquella voz que dijo las reglas
pudiera estar mintiendo, prosiguieron los combates con más dureza.
El Capitán Vasco estaba extasiado tras su
combate pero entendía que debía ayudar a sus compañeros, con lo
que se dirigió a donde estaba el Guerrero Celeste peleando con el
Coco. Era un combate bastante igualado en el que ambos contrincantes
se esquivaban continuamente. El Guerrero Celeste generó una potente
brisa pero su adversario se puso lo suficientemente duro como para
resistirlo. Justo en ese momento, el Capitán se colocó delante de
Coco y le golpeó con su escudo, lo que le impidió mantenerse rígido
y lo ablandó.
-¡Ahora Celestina!- Dijo el Capitán orgulloso
de sí mismo. El Guerrero Celeste cabreado en parte por el ardor del
combate y en parte porque le llamaran Celestina, controló una
pequeña brisa de viento con sus manos, generando una especie de bola
comprimida. Tras sostenerla durante unos segundos en la palma de su
mano, la descargó sobre el adversario. Los poderes elásticos de
Coco no sirvieron para mucho en aquel momento y le sucedió lo mismo
que a su compañero: desapareció como si no fuera nada al irse sus 2
otras vidas. La voz y las letras reaparecieron. 'Jugador: El Coco.
Poder: Elasticidad y control de la dureza. Vidas: Cero. Estado:
Eliminado'. De nuevo, se produjo esta sensación de parálisis
momentánea pero no ya tan intensa. En ese momento, el Sr.Irons,
aprovechando el miedo del momento, se acercó sigilosamente hasta el
jugador rocoso logrando situarse cerca de las placas metálicas y
actuó sobre ellas como un imán, de modo que se pegaron a los
hombros de su propio cuerpo.
-Vaya, una piezas con motor moldeables, justo
lo que necesitaba para hacerme una armadura de verdad.- Dijo Irons
con sonrisa pícara.
Tras ésto el combate continuó. Eliart
concentró energía para golpear las piernas humanas de su adversario
y lograr que perdiera el equilibrio pero, debido a la velocidad de
su contrincante, no tenía muchas esperanzas. Sin embargo logró
golpearle sin problemas y el jugador calló al suelo sin siquiera
intentar esquivarlo.
-Pero ¿Cómo es posible?- Se preguntaba Eliart
enormemente satisfecho mientras el sudor recorría su cara y jadeaba.
-Pues resulta que esas placas eran un motor
clave de su cerebro.- Dijo Irons contento- Así que ahora que no las
tiene no puede reaccionar tan rápido.
-Buen trabajo colega- Le respondió Eliart que
se disponía a darle el segundo golpe antes de que pudiera levantarse
y reaccionar. Pero justo cuando iba a golpearle, una mancha
rojiblanca, impulsada por una corriente de viento, arrolló al
jugador rocoso destruyéndole al grito de: “¡Esto dejáselo al
Capitán Vasco, por Patxi!”. La parte rocosa del jugador se
fragmentó en pequeños trozos y su parte humana cayó al suelo
desapareciendo. Sus tres vidas se habían ido. La voz dijo 'Jugador:
Rocoso. Poder: Transmutación rocosa y velocidad motorizada. Vidas:
Cero. Estado: Eliminado'.
-¡Vaya, mirad ésto!- Dijo el Guerrero Celeste
enseñando la carta de vida a sus compañeros.- Al comenzar había
256 jugadores y en las escasas horas que llevamos, 30 ya han perdido
todas sus vidas- Se pasó el ánimo tras haber ganado la batalla a
una sensación de preocupación. Eliart, que veía el camino con
dificultad pero con optimismo, trató de animarles:
-¡Hey chicos! Sé que todos estamos igual.
Todo nuestra vida ha cambiado de repente, tenemos poderes magníficos
y nos encontramos en el estúpido “juego” de algún cretino que
nos ha impuesto unas normas que no podemos romper. Podríamos
dejarnos matar y olvidarnos de este sufrimiento pero ¿quién nos
dice que iremos al mundo real? Luchar no es fácil pero si queremos
averiguar algo, continuemos luchando como un equipo. ¡Vamos I-Men!.
-Vayamos amigo mío! - Dijo el Guerrero Celeste
y tanto el Capitán como David Irons afirmaron con la cabeza, más
alegres que antes. Sin duda había muchas aventuras aún por vivir.
Mientras los I-Men continuaban con su viaje, en
otro lugar del juego, una chica con rasgos de gata corrió a toda
prisa hasta llegar a una extraña gruta sumida en la oscuridad.
-Traigo nuevas noticias, amo- Dijo la chica.
Una voz de la que apenas se distinguía el rostro contestó desde lo
más profundo de la oscuridad:
-¿Has encontrado algo, Kya?- Preguntó con voz
de ultratumba.
-Sí, se trata de este chico, Shadow Walker-
Pulsó un botón de un aparato, mostrándolo a través de una
pantalla. Se trataba de un chico de piel negra de unos 16 años con
aire de chulo, cachas y con un cigarrillo en la boca. En aquellas
imágenes se le oía decir “Bah, ¿quién va a ser el siguiente?”
y fumando tranquilamente su cigarrillo.
-Bien, tráelo ante mí, puede servir.-
Respondió aquella voz desde las sombras.
Los I-Men llevaban un buen rato andando por una
zona bastante seca, apenas había vegetación y el Capitán Vasco no
hacía más que protestar.
-Estoy harto Patxi, teníamos que haber ido
por la derecha no por la izquierda, ahora mira donde estamos.
-Haber tío no te quejes tanto que si te
hubiéramos hecho caso seguro que hubiese sido peor, porque tu
sentido de la orientación es pésimo.- Dijo muy inoportuno el
Guerrero Celeste.
-¡Pero que sabrás tú, cabeza bolo, soy el
Capitán Vasco y nunca me...- y justo antes de que acabara la frase
se chocó contra un precioso Sauce Llorón, un árbol bastante
grande. ¡Pumm!, se oyó la cabeza del Capitán chocando contra el
árbol- Estúpido árbol me las vas a pagar! - Y el Capitán,
cabreado, arrancó el árbol del suelo como si se tratara de un
juguete.
-Pero tío, eso no hacía falta- Le dijo el
Guerrero viendo el desaguisado.
A los pocos segundos de haber arrancado el
árbol, la tierra comenzó a moverse, con una soltura que parecía
que estaba bailando. A su vez dos gigantescas 'manos' hechas de
madera y rodeadas de un aura verde aparecieron sobre ellos. Una voz
sonó.
-“Oh, estúpido humano, ¿que derecho tienes
tú a atacar a los seres vivos que nada te han hecho?¿ Crees que
eres más importante que ellos?.”
-¿Quien habla ?- dijo el Sr.Irons.
-¡Mirad, es allí!- Eliart señaló la parte
del cielo donde estaban las ramas que parecían flotar. Justo entre
las dos ramas se divisaba a una chica rubia bastante guapa y de
altura media, que vestía una especie de túnica exótica y que
parecía que estaba sosteniendo aquellas ramas. No, las ramas nacían
de ella.
-¿Q..quien eres?- Preguntó el Capitán Vasco.
-“¿Que quién soy? Lo peor de los hombres es
ni siquiera os acordáis de quién es la gente a la que habéis hecho
daño. Yo soy la protectora de las especies oprimidas, de los seres
vivos a los que maltratas. Me hieres cuando dañas a ese Sauce.” Yo
soy … GAIA- El eco de su voz dejó de sonar cuando se lanzó sobre
nuestros héroes con intención de aplastarlos.
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