No
solo los I-Men habían vuelto, todos los demás jugadores regresaban
ahora a sus añorados hogares. Por supuesto Irons también lo hacía,
y además con muchas ganas, estaba deseando aplicar lo que tenía
planeado a su empresa para devolverle la fama. Apareció de repente
en medio de una estrecha callejuela del casco antiguo de Madrid. No
sabía muy bien dónde estaba, pero supo llegar hasta calles más
transitadas y conocidas. Para evitar llamar la atención guardó su
armadura negra y plateada y lo sustituyó por una ropa más sencilla,
camisa azul y vaqueros convencionales.
Las
calles estaban mojadas y a juzgar por el ambiente debía de ser muy
tarde, el amanecer estaría próximo, supuso. Le costaba quitarse de
la cabeza la imagen de Eliart mirándole con firmeza y orgullo
herido. Aun así sabía que su decisión fue la correcta, nunca
pretendió permanecer mucho con los I-Men. Sacudió la cabeza con
fuerza para quitarse esos pensamientos y procuró concentrarse en lo
que el futuro le deparaba.
-¡Vamos
allá! Debería volver a casa, supongo que mi padre estará
preocupado- La relación de Irons con su familia no era muy buena,
como suele pasar en las familias mas adineradas. No es que fueran
especialmente ricos, pero si tenían una mansión con algunos
sirvientes y todo. Al cabo de un rato localizó una boca de metro,
entró y se ubicó. Finalmente puso rumbo a casa.
Estaba
bastante cansado cuando llegó al reciento vallado. Los barrotes de
acero se elevaban a varios metros sobre un muro de piedra, al otro
lado un jardín bien cuidado repleto de árboles y arbustos le
esperaba. Las hojas rojas y amarillas del otoño le daban un aire muy
melancólico y agridulce a su regreso. El Sol naciente le arrancaba
destellos al rocío, algo que Irons agradeció, le reconfortó un
poco. Con pasos lentos atravesó la verja y recorrió el camino
empedrado hasta la puerta de la mansión. Antes de abrirla él mismo,
giró por si sola hacía dentro.
-Vaya,
ha vuelto, bienvenido otra vez, Sr. Constanzo- De pronto cayó en la
cuenta, se llamaba David Constanzo, no Irons. La persona que le abrió
era el mayordomo de la casa, Tom, era un tipo alto y estirado con un
bigote espeso y blanco, apenas conservaba unos ligeros mechones de
pelo en la cabeza y parecía estar siempre atento para servir con
diligencia a su Señor, el padre de Irons- Llega usted en un día
nefasto, en verdad.
-¿Nefasto?¿Qué
ha pasado mientras estuve fuera?- Preguntó alarmado mientras cruzaba
el umbral. Ahora se encontraba en un gran vestíbulo bien iluminado
de suelos brillantes cubiertos con alfombras de colores oscuros y
sobrios. Irons subió por las grandes escaleras de mármol hasta el
segundo piso donde se hallaban las habitaciones y los estudios. Se
dejó guiar por Tom, no sabía que podría haber pasado. En cuanto
giraron un par de veces por los largos pasillos creyó adivinarlo,
iban hasta el despacho de su padre- ¿Le ha pasado algo a mi padre,
Tom?
-Será
mejor que lo vea usted mismo- Contestó el otro con aire misterioso,
pero con una mirada triste reflejada en el rostro. Sin decir mucho
más Irons aceleró el paso hasta llegar a la puerta entreabierta del
despacho de su padre. Miró al mayordomo, que con un gesto le indicó
que siguiera adelante. Nervioso y con algo de miedo, sin saber muy
bien que es lo que esperaba, abrió la puerta con cuidado.
Al
principio vio la gran ventana que estaba en el lado opuesto a la
puerta y que ocupaba toda la pared. La ventana miraba al este, de
manera que la brillante luz del Sol penetraba en al estancia. Irons
notó el aire estancado y cargado de la habitación. Las paredes
cargadas hasta el milímetro de detalles y decorados de madera eran
abrumadoras a la par que bellas. A pesar de la luz natural había una
especia de penumbra. Al cabo de unos segundo Irons logró acostumbrar
la vista y se fijó en el gran escritorio de madera de roble, traído
hace varias generaciones. Sobre la silla yacía el cuerpo de su
padre, que estaba desplomado sobre el escritorio. Tenía en la mano
derecha una copa ahora vacía, cuyo contenido se había desparramado
sobre la madera y había goteado hasta la moqueta del suelo. Una gran
mancha de vino tinto se extendía por todos lados, mezclada con algo
más. Sangre. Tardo unos segundos en comprender que aquello era el
cadáver de su padre. Irons ahogó un grito en la garganta.
-¡Padre!-
Se acercó a toda prisa mojándose los pies con vino. Llegó al lado
del hombre y le irguió sobre la silla. Estaba frío al tacto y un
hilillo de sangre le salía desde la boca cayendo desde su barbilla.
No pudo evitar que las lágrimas le recorrieran el rostro. Abrazó a
su padre mientras Tom le miraba, apenado. Lo dejó unos segundos para
que se desahogara, no habían tenido la oportunidad de despedirse. Al
cabo de un rato calló y depositó a su padre sobre la silla, como si
aun viviera y estuviera firmando papeles, luego giró la cabeza- ¿Has
llamado a la policía y avisado a la familia?
-No,
señor, he descubierto el cadáver hace escasos minutos, justo antes
de que usted volviera. Lo más probable es que se suicidara, usted
sabe, últimamente estaba tan deprimido y...- Irons le mandó callar.
-¡No
digas una palabras más!¡Mi padre por muy deprimido que estuviera no
haría esto jamás! No tengo ni idea de quien ha podido ser, pero
está claro que ha sido un asesinato, ten cuidado con el vino,
probablemente le metieran algo raro... mi padre estaba muy descuidado
como para darse cuenta, eso, o fue un viejo amigo suyo el artífice
de esta calamidad...- Irons salió de la estancia repugnado y
enfadado.
-¿Qué
hago joven señor?
-Nada,
no avises a la policía ni a nadie. Si alguien te pregunta mi padre
está en un viaje de reposo a... cualquier isla caribeña que se te
ocurra, para recuperarse de su pesadumbre. No quiero que la noticia
salga de estos muros, ¿ha quedado claro?- Preguntó con ira.
-Por
supuesto, si me lo permite, ¿qué es lo que se propone, joven
señor?- Quiso saber Tom, quien empezó a preocuparse de verdad por
David.
-Si
te soy sincero aun no lo sé, pero de todas maneras será mejor que
no lo sepas y te mantengas al margen, por tu propio bien- Irons llegó
finalmente al salón y se desplomó sobre un sillón. Con un gesto de
la mano despidió al mayordomo, quería estar solo consigo mismo un
rato. Sin darse cuenta se quedó dormido hasta el mediodía. Tuvo un
sueño intranquilo y lleno de preocupaciones, temores y sombras de un
mal próximo que le acechaba.
Lejos
de allí una figura oscura se recortaba contra la luz del día.
Estaba en un puente cerca de Príncipe Pío, sobre el Manzaneras,
observando el lento fluir de las aguas. Se trataba del líder S-Men.
Gravitta observó un rato más el escaso caudal y finalmente se
alejó. Había vuelto al mundo que conocía y estaba algo aturdido.
Aún tenía en la mente y muy frescos los recuerdos de su batalla con
Eliart, esa persona le había dejado una honda impresión. Sin
embargo no podía esperar más, debía entrar en acción, muchos de
sus compañeros habían caído en el enfrentamiento y tenía que
reorganizarse. Con paso firme y decidido se encaminó a su casa.
Vivía
solo en un piso bastante pequeño de dos habitaciones. Cuando entró
las ventanas estaban abiertas y entraba un viento frío. Se apresuró
a cerrarlas, a continuación buscó algo para comer y se preguntó
cual debía de ser su primer paso.
-Tengo
que localizar al resto de mi equipo- Y mientras masticaba un cacho de
pan bimbo encendió su portátil. Empezaría por Irons. Por lo que
sabía gracias a Revelación en la información que trajo es que su
nombre en el juego era David Irons, tal vez parte de ese nombre fuera
real. También sabía que se andaba con aires de chulo y que su poder
era la tecnología. Gracias a asociaciones lógicas dedujo que tenía
al menos una fuente de dinero estable y que su fuente podría ser
algún tipo de fábrica o empresa relacionada con ello, Gravitta
tenía la hipótesis de que los poderes tenían cierta relación con
el entorno de cada sujeto. Al cabo de una larga búsqueda encontró
un artículo que hablaba de familia Constanzo, en ella aparecía una
foto familiar y el hijo era muy similar a Irons- Creo que te he
encontrado...
Más
tarde continuó con J.J y Kya. Sin embargo esta vez la búsqueda no
fue tan fructífera, no logró averiguar nada sobre los otros dos.
Conociendo a J.J sería capaz de dar con él, estaba casi seguro, y
Kya igual con su instinto felino, así que la prioridad era
establecer contacto y presentarse ante David. Gravitta había
recordado su nombre, pero no quería usarlo, por ahora seguiría
siendo Gravitta. El nombre que le dio su padre cuando nació lo
aborrecía, al igual que a su progenitor.
Miró
entonces una fotografía sobre una pequeña mesa. En ella aparecía
él con sus padres y su hermana. En la foto tenía séis años, su
hermana tres. Hacía de eso casi veinte años. Cerró el portátil y
desechó esos fantasmas del pasado. Pensar en ello le enfurecía
sobremanera. Su objetivo en la vida era una venganza irracional y
firme contra su padre. Él era la fuente de toda su maldad y odio. La
ira le recorría de parte a parte. Decidió ducharse y relajarse un
poco, estaba muy ofuscado.
Cuando
acabó se vistió y comió algo más consistente. Consideró la
posibilidad de dormir un rato, pero el tiempo corría en su contra y
no sabía cuando volvería al juego. Así pues se puso una chupa de
cuero y salió al frío de la calle de nuevo. Eran las diez de la
mañana. Había memorizado donde estaba la mansión de Irons.
En
ese momento David se despertaba sobresaltado. Había tenido sueños
oscuros, malos presagios. Se levantó con esfuerzo y volvió hasta el
despacho de su padre. Cuando llegó él ya no estaba, el cuerpo había
desaparecido, la alfombra se había cambiado y no quedaba ningún
rastro. ''Probablemente ha sido cosa de Tom, gracias'', pensó. Se
sentó en el sillón frente al escritorio, pensativo. Ya no era sólo
una cuestión de gloria personal o de ayudar al mundo a salir de las
crisis con sus ideas revolucionarias, no... ahora se trataba de una
venganza personal, ¿contra quién? Eso todavía no podía
imaginárselo.
Por
el momento se centraría en aumentar el poder de su empresa gracias a
su don con la tecnología, muchas puertas se le habían abierto. Sin
embargo para ello necesitaba una mente científica detrás de todo
que le ayudara con las lagunas que tenía, y solo podía ser ayudado
por alguien del juego, pues si no estaría rompiendo la regla de
hablar a alguien que no perteneciera al juego de sus poderes.
Inmediatamente pensó en Gravitta, gracias a la información de la
gata de que aquel tipo era un investigador finalmente se decidió a
traicionar a sus compañeros. ¿Cómo demonios daría con él? Solo
sabía un seudónimo estúpido. Mientras andaba absorto en estas
cavilaciones levantó la vista. Súbitamente se percato de algo,
frente a él en la pared había un gran cuadro de su abuelo. Su padre
lo puso ahí el día que murió y ocupaba una gran porción del muro.
Se levantó y quito el cuadro, luego fue a buscar algo al dormitorio
de su recién fallecido padre, y al igual que él hace tantos años,
colocó un cuadro en su memoria.
-Ahora
te tendré siempre a la vista, tu cuadro frente a mí. Así, cada vez
que me sienta con tentaciones de abandonar esta locura te recordaré,
y recordaré el dolor y tu injusta y prematura muerte. Las cosas no
quedaran así, no señor...- Al decir esto sus ojos presentaron
durante unos instantes un fulgor negro.
Sin
más dilación fue hasta el vestíbulo, a uno de los laterales de la
escalera de mármol se abría una puerta secreta que descendía hasta
un gran sótano. Antes de entrar en la sala debías pasar una tarjeta
por una banda magnética. Dentro se encontraba el laboratorio
personal de Irons con una tecnología de gran calidad y valor. Aunque
en realidad el verdadero científico fue su padre, David no sabía
manejar del todo todas las máquinas y no era capaz de sacar el mismo
resultado. Era bueno para la tecnología, pero no tenía una mente
verdaderamente científica, si astuta, pero no analítica en el puro
sentido de la palabra.
Justo
cuando se disponía a descender por la escalera del sótano sonó un
gran golpe en la puerta principal. Luego otro y otro más. Alguien
llamaba. Escuchó los pasos de Tom acercándose. Irons tuvo una
intuición.
-No
Tom, no vayas, deja que abra yo- Le dijo.
-Pero
señor...
-Hazme
caso- Sentenció, autoritario. Una sombra le cruzó el rostro cuando
fue hasta la puerta y la deslizó. Se quedo estupefacto cuando vio al
líder S-Men.
-Hola,
David Constanzo...- Dijo sonriente- Me ha sido más fácil
localizarte de lo que esperaba- Continuó. Viendo que el otro no
decía nada intentó entrar en la casa- Si no te importa, tenemos
mucho de lo que hablar, sospecho...
-Pues
sí, justo era contigo con quien yo quería hablar, no me esperaba
que aparecieras...
-¿Tan
rápido? En efecto, no sé de cuanto tiempo dispondremos en la Tierra
hasta que seamos enviados de nuevo al...- Entonces David le tapó al
boca.
-No
podemos hablar de ello delante de él- Le cortó señalando a Tom.
Gravitta no se había percatado de la presencia del otro y maldijo
por lo bajo- No te preocupes, entra y ve al salón, está aquí a la
izquierda- Le indicó. El pelirrojo entró y se acomodó en uno de
los sofás. A continuación el empresario se dirigió a su mayordomo
en voz baja- Lo siento, pero debes irte por ahora, te llamaré si te
necesito, descansa.
Tom
no estaba muy seguro de si debía dejar al joven señor con aquel
desconocido que entraba de manera tan poco cortés en casas ajenas,
pero no podía discutir las órdenes, de manera que a regañadientes
se fue. Una vez se quedaron solos Irons llevó algo para beber,
Gravitta le sonreía con una mueca burlona.
-¿No
estás acostumbrado a llevar tú mismo las cosas?- Preguntó
divertido.
-No
demasiado, pero déjate de niñerías, como has dicho el tiempo es
oro- Estaban sentados ambos en sofás enfrentados. De repente una
tensión llenó el lugar, el aire se volvió espeso, los dos
guardaban silencio. El invitado bebió un sorbo de su copa y rompió
la quietud.
-Bueno,
hay mucho que decir, lo cierto es que dentro del Juego Kya solo
alcanzó a decirme que hizo un trato contigo, apenas tuvo tiempo de
describirme la naturaleza del mismo- La mirada fría de Gravitta era
cortante. Los ojos azules penetraban en la mente de Irons y le
dejaron paralizado. ''Ahora entiendo toda esa bobada del
'Amo'...menudo tío'' pensó- ¿Y bien?- Preguntó.
-Bueno,
principalmente fui porque me dijo que eras alguien fuerte, y bueno,
uno de mis principales objetivos es sobrevivir al juego... cosa que
aun pienso hacer.
-Sin
duda.
-...pero
lo que realmente me hizo decidirme fue que eras un científico, o
algo así, un investigador. Y eso es algo que me interesa mucho- Le
contó Irons mientras se inclinaba hacía delante y juntaba las
manos. Gravitta enarcó una ceja.
-Entiendo,
¿qué es lo que quieres?
-Verás,
esto no lo sabe nadie- Al instante recordó el rostro de Eliart y se
sintió culpable, pero no rectificó su sentencia-...el imperio que
mi abuelo construyó y mi padre levantó se ha estado yendo a pique,
cada vez más y más rápido. Ahora mismo estamos al borde de la
quiebra. Cuando adquirí mis poderes sobre la tecnología me di
cuenta del potencial oculto que tenía, podía levantar la empresa y
hacer que volviera a sus días de gloria- Al decir esto no pudo
evitar ponerse de pié y levantar los brazos, estaba soñando
despierto de nuevo- Y encima podría solucionar la terrible crisis
energética que nos asola. Todo es muy bonito, salvo un pequeño
inconveniente- Entonces miró largamente a Gravitta, quien estaba
escuchando atento- La tecnología está muy bien, pero sin una labor
científica de considerable magnitud poco puedo hacer, con tu ayuda
podría optimizar al máximo mi trabajo, ¿entiendes?
Gravitta
se quedó pensativo. Desde luego era un tipo muy visionario el tal
David. Este permaneció un poco más levantado y finalmente se dejó
caer sobre el sofá, resoplando.
-No
me parece una mala idea, te ayudaré, no es para tanto- Contestó
Gravitta, entonces Irons se alegró y fue a darle la mano- Pero me
gustaría investigar también un asunto personal. Yo no tengo los
enseres necesarios, si me dejarás algún fondo tuyo o tuviera acceso
a un laboratorio estaría encantado de ayudarte...
-Ya
veo- David lo meditó unos segundos-...está bien. Yo mismo tengo una
laboratorio personal muy bueno en el sótano de la casa, te daré
permiso para ir y venir como quieras. Aunque por supuesto me gustaría
pedirte un último favor...- Aquella conversación se estaba
retorciendo cada vez más.
-¿De
qué se trata?
-Verás,
mi padre ha fallecido hace escasas horas- Dijo con un hilo de voz,
que apunto estuvo de quebrársele. Tomo aire y continuó- Necesito
investigar su muerte, sospecho que ha sido asesinado... y vuelvo a
necesitarte. No quiero que nadie se entere aún de esto- Esta vez
Gravitta reflexionó más a fondo sobre las revelaciones que acababan
de hacerle. ¿Realmente le convenía meterse en esos asuntos tan
negros? Tras unos segundos tomó una decisión.
-De
acuerdo- Se estrecharon las manos- Nos ayudaremos mutuamente. Yo
investigaré lo de tu padre y te ayudaré con tu empresa, y a cambio
tendré acceso a tu laboratorio y colaboraremos en el juego...
-Exacto-
Confirmó Irons con una sonrisa algo siniestra para la ocasión. Lo
cierto es que el trato sería satisfactorio para ambas partes, los
dos estaban satisfechos- Ven por aquí, te enseñaré el laboratorio
del que te hablaba- Dijo mientras se levantaba. Salieron de nuevo al
vestíbulo y fueron al lateral de las escaleras. Allí el empresario
abrió una puerta bien disimulada y bajó por unas escaleras en la
oscuridad. Gravitta tanteó las paredes antes de atreverse a seguir
al otro. Al cabo de unos segundos llegaron hasta otro puerta, esta
vez metálica. Irons sacó una tarjeta de su bolsillo- Si te digo la
verdad con mis poderes actuales podría entrar sin nada, pero mejor
usar la tarjeta- La pasó por un banda magnética que había a la
izquierda y la puerta se deslizó con un chirrido. Una luz
blanquecina inundó las oscuras escaleras. David hizo un gesto con
las manos mientras decía- bienvenido a mi laboratorio.
Gravitta
quedó sorprendido. Había matraces por todos lados, microscopios,
pipetas y más aparatos que le costó reconocer a primera vista.
Había también numerosas mesas, el espacio estaba muy bien empleado,
y aun así dejaba libertad de movimiento. Vio una despensa al fondo y
entró, se fascinó con la increíble colección de sustancias que
había allí.
-¿Sabes
lo que se podría hacer con todo esto?- Preguntó mientras cogía
varios de los botes y los observaba- Es mucho más peligroso de lo
que parece, bien usado.
-Entiendo,
desde luego. De todas maneras mi padre no lo usaba tampoco demasiado,
le gustaba trastear...- Al pensar en su padre de nuevo se le
ensombreció el rostro. Sacudió con fuerza la cabeza para pensar en
otras cosas- ¿Con qué empezarás?
-Con
todo, aquí hay suficiente material para llevar varias
investigaciones al mismo tiempo, la cuestión será tenerlo bien
organizado- Contestó el pelirrojo. Se había llevado una mano a la
barbilla, en su cabeza ya estaba pensando como llevar a cabo cada
tarea- ¿No tienes una tarjeta para mí? Sería más cómodo.
-Toma
esta- David le tendió una tarjeta- No he tenido tiempo de hacer una
como es lógico, esta es la de mi padre.
-Perfecto
pues. Si no te importa iré a mi casa a buscar algunas cosas más y
cuando vuelva me pondré con todas las tareas- Dijo Gravitta mientras
se dirigía hacía las escaleras. Entonces Irons le paró.
-¿Quieres
que te acomode una habitación arriba, para que no tengas que ir y
venir a tu casa cada dos por tres?- Le preguntó. El otro negó con
la cabeza- Otra cosa, tú sabes mi nombre y donde vivo, ¿no me dirás
al menos cual es tu verdadero nombre?
-No-
Contestó cortante- Yo tan solo soy Gravitta.
Y
sin decir una palabra más desapareció escaleras arriba. Irons se
quedó pensativo, dándole vueltas a todo lo que había pasado en
esas escasas horas. Sintió que el estómago le rugía y cayó en la
cuenta de que era la hora de comer. Decidió ponerse al trabajo nada
más acabara su comida.
Gravitta
no tardó en regresar a su diminuto piso. Entró y subió las
persianas para que entrara algo de luz y aire, aunque ahora no
pasaría mucho tiempo ahí tampoco debía abandonarlo. Tomo una gran
bocanada de aire y se mentalizó para todo el trabajo que tenía que
hacer. No le había dicho a Irons que es lo que quería investigar, y
no era otra cosa si no el sobre donde recibió la invitación del
juego. Tal vez eso le daría alguna pista sobre como llegar al que
estaba detrás de eso. Cuando estaba ordenando unas cosas alguien
llamó a la puerta. Sin saber muy bien qué esperar la abrió y
descubrió a J.J que le sonreía.
-Hola,
maestro- Le saludo con una leve inclinación.
-Hola,
no te esperaba, adelante- El chico entró hasta el salón donde se
acomodó. Su líder se sentó en una silla. Luego se miraron en
silencio, finalmente fue el pelirrojo quien habló- Así que lograste
localizarme, confiaba en tu intuición y tu habilidad de sentir
presencias, no esperaba menos de ti.
-Gracias
maestro.
-De
nada, pero tenemos que hablar de cosas importantes, ya me reuní con
Irons y lo tenemos en nuestro bando, pero tras la última batalla
contra esos I-Men...- Apretó el puño con fuerza debido a al
frustración-...perdimos al titiritero, a Sónico, además de que
Shadow Walker y Revelación se pasaron a su lado. Ahora sólo tenemos
a Kya, Irons a ti y a mi. Tenemos que reclutar a nuevos miembros.
-Entiendo,
¿quieres que me encargue de la tarea?- Sugirió J.J mientras juntaba
las manos sobre su regazo.
-Así
es, ya que puedes percibir las presencias quiero que esta vez busques
gente poderosa, poderosa de verdad- A Gravitta le brilló un fuego en
los ojos con tan solo pensar en ese grupo de ensueño- Demuéstrales
tu fuerza si hace falta, incluso puedo encargarme yo, pero preferiría
no hacerlo, estaré ocupado con Irons. Por cierto, háblame de los
I-Men contra los que luchaste, cuanto más sepamos mejor.
-Como
ordene; primero me enfrente con aquel al que llaman Guerrero Celeste,
el chico del viento- J.J narró por encima los sucesos de sus
batallas- tiene potencial, pero aún tiene que pulir sus poderes. En
cuanto a la chica demonio, es bastante peligrosa, domina el arte de
la lucha con y sin espadas, además de que su poder le da mucha
ventaja física. El Capitán Vasco es sobre todo músculos, pero
haríamos bien en tenerlo muy en cuenta. Además vi a una nueva de la
que no nos habló Revelación, una chica, una sanadora.
-¿Sanadora?
Eso es malo, explica muchas cosas desde luego...- Gravitta meditó
unos segundos en toda la información. Repentinamente el cansancio el
sobrevino, no había dormido nada aún- Bueno, ya puedes irte
tranquilo, ponte a buscar posibles miembros de nuestro grupo, yo
tengo un par de cosas que hacer.
-De
acuerdo, hasta luego maestro- Y con otra reverencia se fue.
En
las afueras de Navalcarnero Eliart se lanzaba contra el Borrador.
-¡Embestida
cabrista!- Thunder-Man intentó detenerle, pero ya era tarde, el
joven avanzó a toda velocidad contra el enemigo, a quien pilló
desprevenido. A pesar de todo el monstruo pudo reaccionar a tiempo y
atrapó la cabeza de Eliart para lanzarlo contra el suelo con fuerza.
''Tiene una fuerza prodigiosa'' pensó.
-No
pensaba haceros nada, pero ahora me veré obligado a borraros...- La
voz del ser sonaba artificial y descompuesta, como un eco lejano. A
continuación levantó al I-Men y le propinó un puñetazo bestial en
el abdomen, lanzándolo veinte metros atrás.
-Mierda,
tengo que...- Intentó levantarse, estaba dolorido, pero de pronto un
brazo le mantuvo en el suelo, se trataba de Thunder-Man.
-Quieto
chico, agradezco al ayuda, pero ya es hora de que me ponga serio, no
os acerquéis.
Eliart
no pudo moverse ante la imponente presencia del ganador del juego y
se quedó sentado en la tierra, mirando. Thunder-Man avanzó un poco
y se paró frente al Borrador, que le observaba con una sonrisa
socarrona. De repente comenzaron a surgir unos rayos increíblemente
poderosos del cuerpo del héroe. Los rayos amarillos comenzaron a
concentrarse y se tornaron primero rojos y luego azules, para
finalmente quedarse en un tono violáceo muy misterioso. Una especie
de armadura de rayos le rodeaba, era una energía inmensa y poderosa
hasta límites insospechados.
-Reencarnación
del Dios Rayo, voy a reducirte a cenizas... este ataque me desgasta
mucho, pero ya estoy harto de esto- Dijo Thunder-Man. Acto seguido se
lanzó rápido e invisible por ojos comunes, lo único que vieron los
I-Men fue un destello de luz ya que al segundo siguiente había
impactado contra el Borrador, elevándolos a los dos por los cielos.
Entonces
se desencadenó una lucha en el aire digna de titanes, los rayos
salían disparos de todos los colores y al impactar contra el suelo
causaban destrozos, las ondas de energía pura deshacían nubes
enteras y desviaban la luz. Un bosque cercano no tardó en arder por
los rayos, la estampa era infernal. Eliart estaba fascinado, el nivel
de esa persona era tan grande que daba miedo, ¿podría él llegar
algún día a ser tan fuerte? Recordó las primeras entradas del
blog, cuando describía como se familiarizaba con su nuevo poder,
para ellos fue similar. No pudo evitar imaginarse en el futuro
obteniendo mucha fuerza. De repente el Guerrero Celeste acudió a
socorrerle.
-¿Estás
bien tío? Menuda hostia te ha zurrado- En el rostro del joven de
pelo tazón se leía la preocupación.
-Tranquilo,
pega fuerte, pero no es nada que no pueda soportar- Con algo de
esfuerzo finalmente se levantó, apoyado en su amigo.
Thunder-Man
blandía en ese momento una alabarda compuesta de rayos y energía.
Asestaba un golpe tras otro mientras el monstruo blanquecino
intentaba herirle con sus golpes. En ese momento el héroe logró
cortarle un ala de cuajo, de la herida del ser no brotó ni una gota
de sangre, se limitó a sonreír y devolverle el golpe. El hombre no
se esperaba que su enemigo se recompusiera tan rápido y recibió un
mordisco en el brazo derecho. Esta vez si hubo sangre. Cayeron al
suelo dando giros cada vez más rápidos.
La
tierra crujió con el impacto.
-¡Mierda!
Ese golpe ha sido durísimo, ¿estará bien?- Preguntó Llama Helada.
La respuesta no tardó en llegar, el hombre salió de la nube de
polvo agarrándose el brazo herido. Aun tenía el aura de rayos
rodeándole y dándole fuerza. El Borrador no dudó en seguirle.
Mientras
que Thunder-Man presentaba numerosas heridas pequeñas como arañazos
y algún golpe, el caso de su contrincante era distinto. Su
inmaculado cuerpo blanquecino se fracturaba cuando recibía heridas,
era como porcelana extremadamente dura y fuerte, y su interior estaba
hueco y lleno de una luz amarilla que parecía ser su fuente de
poder. El monstruo profirió un grito espantoso mientras se lanzaba
con los brazos en alto sobre el ganador.
Justo
en el último segundo, antes de alcanzar al hombre, una sombra se
interpuso y logró bloquear el golpe. Se trataba de Shadow Walker,
que revestido de sombras intentaba ayudar. Eliart entonces salió de
su ensimismamiento, debía de ayudarle, era obvio que aquel ser era
demasiado incluso para un ganador del Juego. Eliart se rodeó de la
energía Leo, roja como el fuego, esta vez quería velocidad ante
todo. A su lado el Guerrero levantó una fuerte corriente de aire y
se preparó para seguir a su líder a la batalla.
El
Borrador y Shadow comenzaron a intercambiar golpes a toda velocidad,
las patadas y los puñetazos volaban en ambas direcciones, sin
embargo, por cada golpe que la sombra paraba recibía tres. No era
rival para la destreza de su enemigo. Antes de que los daños fueran
importantes fue socorrido por una ráfaga de viento cortante que los
obligó a separarse, Celestina acudía en su socorro. Mientras tanto
Eliart se lanzó por la espalda aprovechando que el Borrador estaba
distraído. De nuevo el monstruo pudo reaccionar, pero esta vez
gracias a Leo no le atrapó y sólo cruzaron un puñetazo cada uno
sin muchos resultado.
El
ser miró a su alrededor, estaba rodeado por tres de los I-Men, no
eran muy fuertes según sus cálculos, pero si no se andaban con
cuidado podían hacerle algún daño, por no hablar de que
Thunder-Man estaba ahí también. Entonces algo le atacó por
sorpresa desde arriba. Alcanzó a ver una figura recortada contra el
Sol envuelta en llamas.
-¡Toma
esto! ¡Si los demás atacan yo no seré menos!- Exclamó Llama
Helada mientras caía imbuido en fuego. Pero cuando llegó al suelo
su enemigo desapareció. De nuevo con su extraordinaria velocidad se
zafó de ellos.
-¡Ja,
ja, ja!- Se rió- No sois más que un puñado de enclenques, ni si
quiera podéis rivalizar conmigo, aun estáis muy verdes, os movéis
sin sentido y malgastáis mucha de vuestra energía. Admito algo de
vuestro potencial, pero dejar ya este patético espectáculo, en
serio- Eliart frunció el ceño ante las palabras del monstruo.
Thunder-Man ya se había recuperado del golpe anterior y se acercó a
los I-Men.
-Chicos,
gracias por ayudarme, aunque se fuerte he de reconocer que este tipo
me supera...- Su mirada reflejó añoranza al mirarles- Me traéis
muchos recuerdos, pero esta es mi batalla, el próximo ataque será
especialmente fuerte, si no queréis haceros daño os recomiendo que
os alejéis un poco al menos.
Los
cuatro se miraron y retrocedieron un paso, pero permanecieron alerta
por si su nuevo amigo les necesitaba. Thunder-Man y el Borrador
cruzaron una mirada llena de significado, había entre ellos una
rivalidad profunda y antigua.
-Me
costó dar contigo, sabes- Dijo el ser.
-Lo
sé, me encargué de tener algo de tiempo, pero parece que no fue
suficiente...- El hombre hizo que su aura aumentara de intensidad y
juntó las manos con esfuerzo. Una lanza de luz y electricidad se
formó- La estocada del Dios te destrozará, monstruo.
-Has
enfadado mucho a los GM, pequeño señor del rayo- Si el Borrador
hubiera tenido ojos estos tendrían ahora una mirada cargada de odio
y rencor- No eres el primer que escapa, y puede que no el último,
pero has sido de los más problemáticos, sobre todo con ese estúpido
rollo tuyo de las paginas de internet...
-¡Cállate
ya! Creo que es hora de acabar...- Eliart notó un cariz raro en su
voz. ''Algo anda mal, ¿no será que pretende...?'', cuando se dio
cuenta era demasiado tarde, Thunder-Man ya se había lanzado, con el
arma en ristre.
-¡Como
quieras, ven!- Gritó el monstruo.
De
nuevo con una velocidad extraordinaria el uno chocó contra el otro,
el rayo contra la inhumana energía que procedía del ser. Se produjo
un estallido especialmente potente, la onda de choque los lanzó a
todos varios metros y contra el suelo, una espesa capa de polvo se
levantó en varios metros a la redonda. Revelación se acercó.
-He
visto algo mientras peleabais... prepararos, no auguro nada bueno...
Mientras
el místico decía eso, notaron como una vida se apagaba dentro de la
gran humareda de polvo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario