sábado, 16 de febrero de 2013

Capítulo 17 - 'Sangre y Fábricas'



No solo los I-Men habían vuelto, todos los demás jugadores regresaban ahora a sus añorados hogares. Por supuesto Irons también lo hacía, y además con muchas ganas, estaba deseando aplicar lo que tenía planeado a su empresa para devolverle la fama. Apareció de repente en medio de una estrecha callejuela del casco antiguo de Madrid. No sabía muy bien dónde estaba, pero supo llegar hasta calles más transitadas y conocidas. Para evitar llamar la atención guardó su armadura negra y plateada y lo sustituyó por una ropa más sencilla, camisa azul y vaqueros convencionales.
Las calles estaban mojadas y a juzgar por el ambiente debía de ser muy tarde, el amanecer estaría próximo, supuso. Le costaba quitarse de la cabeza la imagen de Eliart mirándole con firmeza y orgullo herido. Aun así sabía que su decisión fue la correcta, nunca pretendió permanecer mucho con los I-Men. Sacudió la cabeza con fuerza para quitarse esos pensamientos y procuró concentrarse en lo que el futuro le deparaba.
-¡Vamos allá! Debería volver a casa, supongo que mi padre estará preocupado- La relación de Irons con su familia no era muy buena, como suele pasar en las familias mas adineradas. No es que fueran especialmente ricos, pero si tenían una mansión con algunos sirvientes y todo. Al cabo de un rato localizó una boca de metro, entró y se ubicó. Finalmente puso rumbo a casa.
Estaba bastante cansado cuando llegó al reciento vallado. Los barrotes de acero se elevaban a varios metros sobre un muro de piedra, al otro lado un jardín bien cuidado repleto de árboles y arbustos le esperaba. Las hojas rojas y amarillas del otoño le daban un aire muy melancólico y agridulce a su regreso. El Sol naciente le arrancaba destellos al rocío, algo que Irons agradeció, le reconfortó un poco. Con pasos lentos atravesó la verja y recorrió el camino empedrado hasta la puerta de la mansión. Antes de abrirla él mismo, giró por si sola hacía dentro.
-Vaya, ha vuelto, bienvenido otra vez, Sr. Constanzo- De pronto cayó en la cuenta, se llamaba David Constanzo, no Irons. La persona que le abrió era el mayordomo de la casa, Tom, era un tipo alto y estirado con un bigote espeso y blanco, apenas conservaba unos ligeros mechones de pelo en la cabeza y parecía estar siempre atento para servir con diligencia a su Señor, el padre de Irons- Llega usted en un día nefasto, en verdad.
-¿Nefasto?¿Qué ha pasado mientras estuve fuera?- Preguntó alarmado mientras cruzaba el umbral. Ahora se encontraba en un gran vestíbulo bien iluminado de suelos brillantes cubiertos con alfombras de colores oscuros y sobrios. Irons subió por las grandes escaleras de mármol hasta el segundo piso donde se hallaban las habitaciones y los estudios. Se dejó guiar por Tom, no sabía que podría haber pasado. En cuanto giraron un par de veces por los largos pasillos creyó adivinarlo, iban hasta el despacho de su padre- ¿Le ha pasado algo a mi padre, Tom?
-Será mejor que lo vea usted mismo- Contestó el otro con aire misterioso, pero con una mirada triste reflejada en el rostro. Sin decir mucho más Irons aceleró el paso hasta llegar a la puerta entreabierta del despacho de su padre. Miró al mayordomo, que con un gesto le indicó que siguiera adelante. Nervioso y con algo de miedo, sin saber muy bien que es lo que esperaba, abrió la puerta con cuidado.
Al principio vio la gran ventana que estaba en el lado opuesto a la puerta y que ocupaba toda la pared. La ventana miraba al este, de manera que la brillante luz del Sol penetraba en al estancia. Irons notó el aire estancado y cargado de la habitación. Las paredes cargadas hasta el milímetro de detalles y decorados de madera eran abrumadoras a la par que bellas. A pesar de la luz natural había una especia de penumbra. Al cabo de unos segundo Irons logró acostumbrar la vista y se fijó en el gran escritorio de madera de roble, traído hace varias generaciones. Sobre la silla yacía el cuerpo de su padre, que estaba desplomado sobre el escritorio. Tenía en la mano derecha una copa ahora vacía, cuyo contenido se había desparramado sobre la madera y había goteado hasta la moqueta del suelo. Una gran mancha de vino tinto se extendía por todos lados, mezclada con algo más. Sangre. Tardo unos segundos en comprender que aquello era el cadáver de su padre. Irons ahogó un grito en la garganta.
-¡Padre!- Se acercó a toda prisa mojándose los pies con vino. Llegó al lado del hombre y le irguió sobre la silla. Estaba frío al tacto y un hilillo de sangre le salía desde la boca cayendo desde su barbilla. No pudo evitar que las lágrimas le recorrieran el rostro. Abrazó a su padre mientras Tom le miraba, apenado. Lo dejó unos segundos para que se desahogara, no habían tenido la oportunidad de despedirse. Al cabo de un rato calló y depositó a su padre sobre la silla, como si aun viviera y estuviera firmando papeles, luego giró la cabeza- ¿Has llamado a la policía y avisado a la familia?
-No, señor, he descubierto el cadáver hace escasos minutos, justo antes de que usted volviera. Lo más probable es que se suicidara, usted sabe, últimamente estaba tan deprimido y...- Irons le mandó callar.
-¡No digas una palabras más!¡Mi padre por muy deprimido que estuviera no haría esto jamás! No tengo ni idea de quien ha podido ser, pero está claro que ha sido un asesinato, ten cuidado con el vino, probablemente le metieran algo raro... mi padre estaba muy descuidado como para darse cuenta, eso, o fue un viejo amigo suyo el artífice de esta calamidad...- Irons salió de la estancia repugnado y enfadado.
-¿Qué hago joven señor?
-Nada, no avises a la policía ni a nadie. Si alguien te pregunta mi padre está en un viaje de reposo a... cualquier isla caribeña que se te ocurra, para recuperarse de su pesadumbre. No quiero que la noticia salga de estos muros, ¿ha quedado claro?- Preguntó con ira.
-Por supuesto, si me lo permite, ¿qué es lo que se propone, joven señor?- Quiso saber Tom, quien empezó a preocuparse de verdad por David.
-Si te soy sincero aun no lo sé, pero de todas maneras será mejor que no lo sepas y te mantengas al margen, por tu propio bien- Irons llegó finalmente al salón y se desplomó sobre un sillón. Con un gesto de la mano despidió al mayordomo, quería estar solo consigo mismo un rato. Sin darse cuenta se quedó dormido hasta el mediodía. Tuvo un sueño intranquilo y lleno de preocupaciones, temores y sombras de un mal próximo que le acechaba.


Lejos de allí una figura oscura se recortaba contra la luz del día. Estaba en un puente cerca de Príncipe Pío, sobre el Manzaneras, observando el lento fluir de las aguas. Se trataba del líder S-Men. Gravitta observó un rato más el escaso caudal y finalmente se alejó. Había vuelto al mundo que conocía y estaba algo aturdido. Aún tenía en la mente y muy frescos los recuerdos de su batalla con Eliart, esa persona le había dejado una honda impresión. Sin embargo no podía esperar más, debía entrar en acción, muchos de sus compañeros habían caído en el enfrentamiento y tenía que reorganizarse. Con paso firme y decidido se encaminó a su casa.
Vivía solo en un piso bastante pequeño de dos habitaciones. Cuando entró las ventanas estaban abiertas y entraba un viento frío. Se apresuró a cerrarlas, a continuación buscó algo para comer y se preguntó cual debía de ser su primer paso.
-Tengo que localizar al resto de mi equipo- Y mientras masticaba un cacho de pan bimbo encendió su portátil. Empezaría por Irons. Por lo que sabía gracias a Revelación en la información que trajo es que su nombre en el juego era David Irons, tal vez parte de ese nombre fuera real. También sabía que se andaba con aires de chulo y que su poder era la tecnología. Gracias a asociaciones lógicas dedujo que tenía al menos una fuente de dinero estable y que su fuente podría ser algún tipo de fábrica o empresa relacionada con ello, Gravitta tenía la hipótesis de que los poderes tenían cierta relación con el entorno de cada sujeto. Al cabo de una larga búsqueda encontró un artículo que hablaba de familia Constanzo, en ella aparecía una foto familiar y el hijo era muy similar a Irons- Creo que te he encontrado...
Más tarde continuó con J.J y Kya. Sin embargo esta vez la búsqueda no fue tan fructífera, no logró averiguar nada sobre los otros dos. Conociendo a J.J sería capaz de dar con él, estaba casi seguro, y Kya igual con su instinto felino, así que la prioridad era establecer contacto y presentarse ante David. Gravitta había recordado su nombre, pero no quería usarlo, por ahora seguiría siendo Gravitta. El nombre que le dio su padre cuando nació lo aborrecía, al igual que a su progenitor.
Miró entonces una fotografía sobre una pequeña mesa. En ella aparecía él con sus padres y su hermana. En la foto tenía séis años, su hermana tres. Hacía de eso casi veinte años. Cerró el portátil y desechó esos fantasmas del pasado. Pensar en ello le enfurecía sobremanera. Su objetivo en la vida era una venganza irracional y firme contra su padre. Él era la fuente de toda su maldad y odio. La ira le recorría de parte a parte. Decidió ducharse y relajarse un poco, estaba muy ofuscado.
Cuando acabó se vistió y comió algo más consistente. Consideró la posibilidad de dormir un rato, pero el tiempo corría en su contra y no sabía cuando volvería al juego. Así pues se puso una chupa de cuero y salió al frío de la calle de nuevo. Eran las diez de la mañana. Había memorizado donde estaba la mansión de Irons.


En ese momento David se despertaba sobresaltado. Había tenido sueños oscuros, malos presagios. Se levantó con esfuerzo y volvió hasta el despacho de su padre. Cuando llegó él ya no estaba, el cuerpo había desaparecido, la alfombra se había cambiado y no quedaba ningún rastro. ''Probablemente ha sido cosa de Tom, gracias'', pensó. Se sentó en el sillón frente al escritorio, pensativo. Ya no era sólo una cuestión de gloria personal o de ayudar al mundo a salir de las crisis con sus ideas revolucionarias, no... ahora se trataba de una venganza personal, ¿contra quién? Eso todavía no podía imaginárselo.
Por el momento se centraría en aumentar el poder de su empresa gracias a su don con la tecnología, muchas puertas se le habían abierto. Sin embargo para ello necesitaba una mente científica detrás de todo que le ayudara con las lagunas que tenía, y solo podía ser ayudado por alguien del juego, pues si no estaría rompiendo la regla de hablar a alguien que no perteneciera al juego de sus poderes. Inmediatamente pensó en Gravitta, gracias a la información de la gata de que aquel tipo era un investigador finalmente se decidió a traicionar a sus compañeros. ¿Cómo demonios daría con él? Solo sabía un seudónimo estúpido. Mientras andaba absorto en estas cavilaciones levantó la vista. Súbitamente se percato de algo, frente a él en la pared había un gran cuadro de su abuelo. Su padre lo puso ahí el día que murió y ocupaba una gran porción del muro. Se levantó y quito el cuadro, luego fue a buscar algo al dormitorio de su recién fallecido padre, y al igual que él hace tantos años, colocó un cuadro en su memoria.
-Ahora te tendré siempre a la vista, tu cuadro frente a mí. Así, cada vez que me sienta con tentaciones de abandonar esta locura te recordaré, y recordaré el dolor y tu injusta y prematura muerte. Las cosas no quedaran así, no señor...- Al decir esto sus ojos presentaron durante unos instantes un fulgor negro.
Sin más dilación fue hasta el vestíbulo, a uno de los laterales de la escalera de mármol se abría una puerta secreta que descendía hasta un gran sótano. Antes de entrar en la sala debías pasar una tarjeta por una banda magnética. Dentro se encontraba el laboratorio personal de Irons con una tecnología de gran calidad y valor. Aunque en realidad el verdadero científico fue su padre, David no sabía manejar del todo todas las máquinas y no era capaz de sacar el mismo resultado. Era bueno para la tecnología, pero no tenía una mente verdaderamente científica, si astuta, pero no analítica en el puro sentido de la palabra.
Justo cuando se disponía a descender por la escalera del sótano sonó un gran golpe en la puerta principal. Luego otro y otro más. Alguien llamaba. Escuchó los pasos de Tom acercándose. Irons tuvo una intuición.
-No Tom, no vayas, deja que abra yo- Le dijo.
-Pero señor...
-Hazme caso- Sentenció, autoritario. Una sombra le cruzó el rostro cuando fue hasta la puerta y la deslizó. Se quedo estupefacto cuando vio al líder S-Men.
-Hola, David Constanzo...- Dijo sonriente- Me ha sido más fácil localizarte de lo que esperaba- Continuó. Viendo que el otro no decía nada intentó entrar en la casa- Si no te importa, tenemos mucho de lo que hablar, sospecho...
-Pues sí, justo era contigo con quien yo quería hablar, no me esperaba que aparecieras...
-¿Tan rápido? En efecto, no sé de cuanto tiempo dispondremos en la Tierra hasta que seamos enviados de nuevo al...- Entonces David le tapó al boca.
-No podemos hablar de ello delante de él- Le cortó señalando a Tom. Gravitta no se había percatado de la presencia del otro y maldijo por lo bajo- No te preocupes, entra y ve al salón, está aquí a la izquierda- Le indicó. El pelirrojo entró y se acomodó en uno de los sofás. A continuación el empresario se dirigió a su mayordomo en voz baja- Lo siento, pero debes irte por ahora, te llamaré si te necesito, descansa.
Tom no estaba muy seguro de si debía dejar al joven señor con aquel desconocido que entraba de manera tan poco cortés en casas ajenas, pero no podía discutir las órdenes, de manera que a regañadientes se fue. Una vez se quedaron solos Irons llevó algo para beber, Gravitta le sonreía con una mueca burlona.
-¿No estás acostumbrado a llevar tú mismo las cosas?- Preguntó divertido.
-No demasiado, pero déjate de niñerías, como has dicho el tiempo es oro- Estaban sentados ambos en sofás enfrentados. De repente una tensión llenó el lugar, el aire se volvió espeso, los dos guardaban silencio. El invitado bebió un sorbo de su copa y rompió la quietud.
-Bueno, hay mucho que decir, lo cierto es que dentro del Juego Kya solo alcanzó a decirme que hizo un trato contigo, apenas tuvo tiempo de describirme la naturaleza del mismo- La mirada fría de Gravitta era cortante. Los ojos azules penetraban en la mente de Irons y le dejaron paralizado. ''Ahora entiendo toda esa bobada del 'Amo'...menudo tío'' pensó- ¿Y bien?- Preguntó.
-Bueno, principalmente fui porque me dijo que eras alguien fuerte, y bueno, uno de mis principales objetivos es sobrevivir al juego... cosa que aun pienso hacer.
-Sin duda.
-...pero lo que realmente me hizo decidirme fue que eras un científico, o algo así, un investigador. Y eso es algo que me interesa mucho- Le contó Irons mientras se inclinaba hacía delante y juntaba las manos. Gravitta enarcó una ceja.
-Entiendo, ¿qué es lo que quieres?
-Verás, esto no lo sabe nadie- Al instante recordó el rostro de Eliart y se sintió culpable, pero no rectificó su sentencia-...el imperio que mi abuelo construyó y mi padre levantó se ha estado yendo a pique, cada vez más y más rápido. Ahora mismo estamos al borde de la quiebra. Cuando adquirí mis poderes sobre la tecnología me di cuenta del potencial oculto que tenía, podía levantar la empresa y hacer que volviera a sus días de gloria- Al decir esto no pudo evitar ponerse de pié y levantar los brazos, estaba soñando despierto de nuevo- Y encima podría solucionar la terrible crisis energética que nos asola. Todo es muy bonito, salvo un pequeño inconveniente- Entonces miró largamente a Gravitta, quien estaba escuchando atento- La tecnología está muy bien, pero sin una labor científica de considerable magnitud poco puedo hacer, con tu ayuda podría optimizar al máximo mi trabajo, ¿entiendes?
Gravitta se quedó pensativo. Desde luego era un tipo muy visionario el tal David. Este permaneció un poco más levantado y finalmente se dejó caer sobre el sofá, resoplando.
-No me parece una mala idea, te ayudaré, no es para tanto- Contestó Gravitta, entonces Irons se alegró y fue a darle la mano- Pero me gustaría investigar también un asunto personal. Yo no tengo los enseres necesarios, si me dejarás algún fondo tuyo o tuviera acceso a un laboratorio estaría encantado de ayudarte...
-Ya veo- David lo meditó unos segundos-...está bien. Yo mismo tengo una laboratorio personal muy bueno en el sótano de la casa, te daré permiso para ir y venir como quieras. Aunque por supuesto me gustaría pedirte un último favor...- Aquella conversación se estaba retorciendo cada vez más.
-¿De qué se trata?
-Verás, mi padre ha fallecido hace escasas horas- Dijo con un hilo de voz, que apunto estuvo de quebrársele. Tomo aire y continuó- Necesito investigar su muerte, sospecho que ha sido asesinado... y vuelvo a necesitarte. No quiero que nadie se entere aún de esto- Esta vez Gravitta reflexionó más a fondo sobre las revelaciones que acababan de hacerle. ¿Realmente le convenía meterse en esos asuntos tan negros? Tras unos segundos tomó una decisión.
-De acuerdo- Se estrecharon las manos- Nos ayudaremos mutuamente. Yo investigaré lo de tu padre y te ayudaré con tu empresa, y a cambio tendré acceso a tu laboratorio y colaboraremos en el juego...
-Exacto- Confirmó Irons con una sonrisa algo siniestra para la ocasión. Lo cierto es que el trato sería satisfactorio para ambas partes, los dos estaban satisfechos- Ven por aquí, te enseñaré el laboratorio del que te hablaba- Dijo mientras se levantaba. Salieron de nuevo al vestíbulo y fueron al lateral de las escaleras. Allí el empresario abrió una puerta bien disimulada y bajó por unas escaleras en la oscuridad. Gravitta tanteó las paredes antes de atreverse a seguir al otro. Al cabo de unos segundos llegaron hasta otro puerta, esta vez metálica. Irons sacó una tarjeta de su bolsillo- Si te digo la verdad con mis poderes actuales podría entrar sin nada, pero mejor usar la tarjeta- La pasó por un banda magnética que había a la izquierda y la puerta se deslizó con un chirrido. Una luz blanquecina inundó las oscuras escaleras. David hizo un gesto con las manos mientras decía- bienvenido a mi laboratorio.
Gravitta quedó sorprendido. Había matraces por todos lados, microscopios, pipetas y más aparatos que le costó reconocer a primera vista. Había también numerosas mesas, el espacio estaba muy bien empleado, y aun así dejaba libertad de movimiento. Vio una despensa al fondo y entró, se fascinó con la increíble colección de sustancias que había allí.
-¿Sabes lo que se podría hacer con todo esto?- Preguntó mientras cogía varios de los botes y los observaba- Es mucho más peligroso de lo que parece, bien usado.
-Entiendo, desde luego. De todas maneras mi padre no lo usaba tampoco demasiado, le gustaba trastear...- Al pensar en su padre de nuevo se le ensombreció el rostro. Sacudió con fuerza la cabeza para pensar en otras cosas- ¿Con qué empezarás?
-Con todo, aquí hay suficiente material para llevar varias investigaciones al mismo tiempo, la cuestión será tenerlo bien organizado- Contestó el pelirrojo. Se había llevado una mano a la barbilla, en su cabeza ya estaba pensando como llevar a cabo cada tarea- ¿No tienes una tarjeta para mí? Sería más cómodo.
-Toma esta- David le tendió una tarjeta- No he tenido tiempo de hacer una como es lógico, esta es la de mi padre.
-Perfecto pues. Si no te importa iré a mi casa a buscar algunas cosas más y cuando vuelva me pondré con todas las tareas- Dijo Gravitta mientras se dirigía hacía las escaleras. Entonces Irons le paró.
-¿Quieres que te acomode una habitación arriba, para que no tengas que ir y venir a tu casa cada dos por tres?- Le preguntó. El otro negó con la cabeza- Otra cosa, tú sabes mi nombre y donde vivo, ¿no me dirás al menos cual es tu verdadero nombre?
-No- Contestó cortante- Yo tan solo soy Gravitta.
Y sin decir una palabra más desapareció escaleras arriba. Irons se quedó pensativo, dándole vueltas a todo lo que había pasado en esas escasas horas. Sintió que el estómago le rugía y cayó en la cuenta de que era la hora de comer. Decidió ponerse al trabajo nada más acabara su comida.


Gravitta no tardó en regresar a su diminuto piso. Entró y subió las persianas para que entrara algo de luz y aire, aunque ahora no pasaría mucho tiempo ahí tampoco debía abandonarlo. Tomo una gran bocanada de aire y se mentalizó para todo el trabajo que tenía que hacer. No le había dicho a Irons que es lo que quería investigar, y no era otra cosa si no el sobre donde recibió la invitación del juego. Tal vez eso le daría alguna pista sobre como llegar al que estaba detrás de eso. Cuando estaba ordenando unas cosas alguien llamó a la puerta. Sin saber muy bien qué esperar la abrió y descubrió a J.J que le sonreía.
-Hola, maestro- Le saludo con una leve inclinación.
-Hola, no te esperaba, adelante- El chico entró hasta el salón donde se acomodó. Su líder se sentó en una silla. Luego se miraron en silencio, finalmente fue el pelirrojo quien habló- Así que lograste localizarme, confiaba en tu intuición y tu habilidad de sentir presencias, no esperaba menos de ti.
-Gracias maestro.
-De nada, pero tenemos que hablar de cosas importantes, ya me reuní con Irons y lo tenemos en nuestro bando, pero tras la última batalla contra esos I-Men...- Apretó el puño con fuerza debido a al frustración-...perdimos al titiritero, a Sónico, además de que Shadow Walker y Revelación se pasaron a su lado. Ahora sólo tenemos a Kya, Irons a ti y a mi. Tenemos que reclutar a nuevos miembros.
-Entiendo, ¿quieres que me encargue de la tarea?- Sugirió J.J mientras juntaba las manos sobre su regazo.
-Así es, ya que puedes percibir las presencias quiero que esta vez busques gente poderosa, poderosa de verdad- A Gravitta le brilló un fuego en los ojos con tan solo pensar en ese grupo de ensueño- Demuéstrales tu fuerza si hace falta, incluso puedo encargarme yo, pero preferiría no hacerlo, estaré ocupado con Irons. Por cierto, háblame de los I-Men contra los que luchaste, cuanto más sepamos mejor.
-Como ordene; primero me enfrente con aquel al que llaman Guerrero Celeste, el chico del viento- J.J narró por encima los sucesos de sus batallas- tiene potencial, pero aún tiene que pulir sus poderes. En cuanto a la chica demonio, es bastante peligrosa, domina el arte de la lucha con y sin espadas, además de que su poder le da mucha ventaja física. El Capitán Vasco es sobre todo músculos, pero haríamos bien en tenerlo muy en cuenta. Además vi a una nueva de la que no nos habló Revelación, una chica, una sanadora.
-¿Sanadora? Eso es malo, explica muchas cosas desde luego...- Gravitta meditó unos segundos en toda la información. Repentinamente el cansancio el sobrevino, no había dormido nada aún- Bueno, ya puedes irte tranquilo, ponte a buscar posibles miembros de nuestro grupo, yo tengo un par de cosas que hacer.
-De acuerdo, hasta luego maestro- Y con otra reverencia se fue.


En las afueras de Navalcarnero Eliart se lanzaba contra el Borrador.
-¡Embestida cabrista!- Thunder-Man intentó detenerle, pero ya era tarde, el joven avanzó a toda velocidad contra el enemigo, a quien pilló desprevenido. A pesar de todo el monstruo pudo reaccionar a tiempo y atrapó la cabeza de Eliart para lanzarlo contra el suelo con fuerza. ''Tiene una fuerza prodigiosa'' pensó.
-No pensaba haceros nada, pero ahora me veré obligado a borraros...- La voz del ser sonaba artificial y descompuesta, como un eco lejano. A continuación levantó al I-Men y le propinó un puñetazo bestial en el abdomen, lanzándolo veinte metros atrás.
-Mierda, tengo que...- Intentó levantarse, estaba dolorido, pero de pronto un brazo le mantuvo en el suelo, se trataba de Thunder-Man.
-Quieto chico, agradezco al ayuda, pero ya es hora de que me ponga serio, no os acerquéis.
Eliart no pudo moverse ante la imponente presencia del ganador del juego y se quedó sentado en la tierra, mirando. Thunder-Man avanzó un poco y se paró frente al Borrador, que le observaba con una sonrisa socarrona. De repente comenzaron a surgir unos rayos increíblemente poderosos del cuerpo del héroe. Los rayos amarillos comenzaron a concentrarse y se tornaron primero rojos y luego azules, para finalmente quedarse en un tono violáceo muy misterioso. Una especie de armadura de rayos le rodeaba, era una energía inmensa y poderosa hasta límites insospechados.
-Reencarnación del Dios Rayo, voy a reducirte a cenizas... este ataque me desgasta mucho, pero ya estoy harto de esto- Dijo Thunder-Man. Acto seguido se lanzó rápido e invisible por ojos comunes, lo único que vieron los I-Men fue un destello de luz ya que al segundo siguiente había impactado contra el Borrador, elevándolos a los dos por los cielos.
Entonces se desencadenó una lucha en el aire digna de titanes, los rayos salían disparos de todos los colores y al impactar contra el suelo causaban destrozos, las ondas de energía pura deshacían nubes enteras y desviaban la luz. Un bosque cercano no tardó en arder por los rayos, la estampa era infernal. Eliart estaba fascinado, el nivel de esa persona era tan grande que daba miedo, ¿podría él llegar algún día a ser tan fuerte? Recordó las primeras entradas del blog, cuando describía como se familiarizaba con su nuevo poder, para ellos fue similar. No pudo evitar imaginarse en el futuro obteniendo mucha fuerza. De repente el Guerrero Celeste acudió a socorrerle.
-¿Estás bien tío? Menuda hostia te ha zurrado- En el rostro del joven de pelo tazón se leía la preocupación.
-Tranquilo, pega fuerte, pero no es nada que no pueda soportar- Con algo de esfuerzo finalmente se levantó, apoyado en su amigo.
Thunder-Man blandía en ese momento una alabarda compuesta de rayos y energía. Asestaba un golpe tras otro mientras el monstruo blanquecino intentaba herirle con sus golpes. En ese momento el héroe logró cortarle un ala de cuajo, de la herida del ser no brotó ni una gota de sangre, se limitó a sonreír y devolverle el golpe. El hombre no se esperaba que su enemigo se recompusiera tan rápido y recibió un mordisco en el brazo derecho. Esta vez si hubo sangre. Cayeron al suelo dando giros cada vez más rápidos.
La tierra crujió con el impacto.
-¡Mierda! Ese golpe ha sido durísimo, ¿estará bien?- Preguntó Llama Helada. La respuesta no tardó en llegar, el hombre salió de la nube de polvo agarrándose el brazo herido. Aun tenía el aura de rayos rodeándole y dándole fuerza. El Borrador no dudó en seguirle.
Mientras que Thunder-Man presentaba numerosas heridas pequeñas como arañazos y algún golpe, el caso de su contrincante era distinto. Su inmaculado cuerpo blanquecino se fracturaba cuando recibía heridas, era como porcelana extremadamente dura y fuerte, y su interior estaba hueco y lleno de una luz amarilla que parecía ser su fuente de poder. El monstruo profirió un grito espantoso mientras se lanzaba con los brazos en alto sobre el ganador.
Justo en el último segundo, antes de alcanzar al hombre, una sombra se interpuso y logró bloquear el golpe. Se trataba de Shadow Walker, que revestido de sombras intentaba ayudar. Eliart entonces salió de su ensimismamiento, debía de ayudarle, era obvio que aquel ser era demasiado incluso para un ganador del Juego. Eliart se rodeó de la energía Leo, roja como el fuego, esta vez quería velocidad ante todo. A su lado el Guerrero levantó una fuerte corriente de aire y se preparó para seguir a su líder a la batalla.
El Borrador y Shadow comenzaron a intercambiar golpes a toda velocidad, las patadas y los puñetazos volaban en ambas direcciones, sin embargo, por cada golpe que la sombra paraba recibía tres. No era rival para la destreza de su enemigo. Antes de que los daños fueran importantes fue socorrido por una ráfaga de viento cortante que los obligó a separarse, Celestina acudía en su socorro. Mientras tanto Eliart se lanzó por la espalda aprovechando que el Borrador estaba distraído. De nuevo el monstruo pudo reaccionar, pero esta vez gracias a Leo no le atrapó y sólo cruzaron un puñetazo cada uno sin muchos resultado.
El ser miró a su alrededor, estaba rodeado por tres de los I-Men, no eran muy fuertes según sus cálculos, pero si no se andaban con cuidado podían hacerle algún daño, por no hablar de que Thunder-Man estaba ahí también. Entonces algo le atacó por sorpresa desde arriba. Alcanzó a ver una figura recortada contra el Sol envuelta en llamas.
-¡Toma esto! ¡Si los demás atacan yo no seré menos!- Exclamó Llama Helada mientras caía imbuido en fuego. Pero cuando llegó al suelo su enemigo desapareció. De nuevo con su extraordinaria velocidad se zafó de ellos.
-¡Ja, ja, ja!- Se rió- No sois más que un puñado de enclenques, ni si quiera podéis rivalizar conmigo, aun estáis muy verdes, os movéis sin sentido y malgastáis mucha de vuestra energía. Admito algo de vuestro potencial, pero dejar ya este patético espectáculo, en serio- Eliart frunció el ceño ante las palabras del monstruo. Thunder-Man ya se había recuperado del golpe anterior y se acercó a los I-Men.
-Chicos, gracias por ayudarme, aunque se fuerte he de reconocer que este tipo me supera...- Su mirada reflejó añoranza al mirarles- Me traéis muchos recuerdos, pero esta es mi batalla, el próximo ataque será especialmente fuerte, si no queréis haceros daño os recomiendo que os alejéis un poco al menos.
Los cuatro se miraron y retrocedieron un paso, pero permanecieron alerta por si su nuevo amigo les necesitaba. Thunder-Man y el Borrador cruzaron una mirada llena de significado, había entre ellos una rivalidad profunda y antigua.
-Me costó dar contigo, sabes- Dijo el ser.
-Lo sé, me encargué de tener algo de tiempo, pero parece que no fue suficiente...- El hombre hizo que su aura aumentara de intensidad y juntó las manos con esfuerzo. Una lanza de luz y electricidad se formó- La estocada del Dios te destrozará, monstruo.
-Has enfadado mucho a los GM, pequeño señor del rayo- Si el Borrador hubiera tenido ojos estos tendrían ahora una mirada cargada de odio y rencor- No eres el primer que escapa, y puede que no el último, pero has sido de los más problemáticos, sobre todo con ese estúpido rollo tuyo de las paginas de internet...
-¡Cállate ya! Creo que es hora de acabar...- Eliart notó un cariz raro en su voz. ''Algo anda mal, ¿no será que pretende...?'', cuando se dio cuenta era demasiado tarde, Thunder-Man ya se había lanzado, con el arma en ristre.
-¡Como quieras, ven!- Gritó el monstruo.
De nuevo con una velocidad extraordinaria el uno chocó contra el otro, el rayo contra la inhumana energía que procedía del ser. Se produjo un estallido especialmente potente, la onda de choque los lanzó a todos varios metros y contra el suelo, una espesa capa de polvo se levantó en varios metros a la redonda. Revelación se acercó.
-He visto algo mientras peleabais... prepararos, no auguro nada bueno...
Mientras el místico decía eso, notaron como una vida se apagaba dentro de la gran humareda de polvo.

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